Disclaimer: H.P. no me pertenece. Le pertenece a J.K Rowling


Había una vez...

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El día que la última barrera cayó, fue un martes a las 4:30 de la tarde.

Harry lo recordaría porque los niños, de ahora casi siete años, estaban intentando hacer sus tareas de su escuela primaria muggle en la mesa de la cocina de su pequeño restaurante-café. El interior estaba, por supuesto, unido a su casa, usando una puerta en su segundo piso, por lo que, para sus empleados, Harry Potter y su esposo, tenían un departamento de su propiedad sobre su propio local, a pesar de no vivir ahí. Cuando sus empleados preguntaban, Harry respondía que era para que sus hijos descansaran o vieran televisión mientras Harry trabajaba. O su esposo durmiera un rato luego de un largo día de trabajo. Aunque Draco estaba confundido por la razón porque Harry había decidido esto, pareció estar de acuerdo en que un segundo hogar estaba bien. Especialmente si quería proteger a los niños y enviarlos de un lado a otro con rapidez.

-Sin embargo-recalcó Harry-debemos ir de un lugar a otro de la manera muggle, o alguien empezará a sospechar de como llegamos de una casa a otra-había sugerido divertido Harry, cuando el rubio hizo un puchero, quejándose de lo poco útil que era entonces la casa.-Siempre puedes ir a casa desde el segundo piso, y luego volver a la cafetería para irnos a casa. Amas el viaje de todos modos.

Desde entonces, Harry conducía al trabajo de Draco, lo dejaba, dejaba a los niños y luego iba a la cafetería, donde pasaba el resto del día y solo salía para recoger a los niños, pues Draco llegaba por el mismo de su trabajo a la cafetería.

Ese día podía haber sido como los demás. Harry vigilaba a sus hijos intercambiar colores en una mesa cerca de las puertas que daban al área de la cafetería, mientras que, desde el otro lado de la cocina, más cerca de las estufas, él preparaba los pedidos. Y mientras cortaba algunas verduras, y preparaba algunas órdenes, la magia cruzó como una ola de aire de gran fuerza. Los niños saltaron mirándose asustados, y corrieron hacia él, y él tomó su mano y los guio al segundo piso con rapidez.

Entró directo a la pequeña oficina de Draco y se movió a su sala de estar. Desde ahí miró por la ventana hacia Grimmauld Place, que con toda su gloria y grandeza empezaba a tomar forma frente a su dueño y vibraba de magia al sentir a Harry cerca. El corazón del gryffindor latió fuertemente al sentir cada barrera alzarse nuevamente del lado muggle, y como su magia volvía a conectarse con Harry, que estaba en ese lado. Sintió cada ladrillo vibrar de nuevo, y vio la puerta delantera aparecer, tentando a Harry a abrirla, dándole la bienvenida. Por un momento, Harry estuvo tentado a caminar a ella y entrar a su anterior hogar, pero las pequeñas manos en las suyas lo detuvieron.

Mirando los ojos grises de Scorpius fijos en él, pensó que Grimmauld, el hogar que reconoció a Albus como un Black e hijo de Draco Malfoy, también le daría la bienvenida a Scorpius como el hijo de ambos.

La sola idea lo hizo sonreír enormemente.

Habían pasado años desde que miró el lugar. Un lugar que sirvió como un refugio durante la guerra, un hogar donde viviría con Sirius, donde su hijo nació y donde mantuvo una familia que ya no recordaba. La última vez que vio Grimmauld, Harry estaba deshecho por el hijo que había perdido, enojado por la esposa que lo había engañado, indignado por los amigos que le pedían abandonar su lucha. Se había marchado a Hogwarts, en busca de algo que lo ayudara a encontrarlo, y ahora, podía regresar no solo con él. Sino con Draco, y Scorpius. Tenía una familia. Su yo de 11 años miraría incrédulo si futuro. Casado con Malfoy, siendo amado y cuidado. La nostalgia lo invadió por completo pensando en cómo había extrañado su conexión con esa casa. Se preguntó si Draco sentiría lo mismo respecto a Malfoy Manor.

-¿Qué ves, papi? ¿Pasa algo con la casa de ahí?-preguntó el pequeño Malfoy, señalando la casa de los vecinos, porque claro, él no veía Grimmauld, y Harry lo miró con travesura antes de responder.

-Veo el 12 de Grimmauld Place.

-12 de Grimmauld...-empezó a repetir Scorpius, pero se interrumpió cuando Albus gritó al ver la casa aparecer.

Scorpius también lo miró.

-Eso no estaba ahí.

-No, esa es mi casa-exclamó emocionado.

-Esta es tu casa-dijo Al levemente confundido y Scorpius tomó la mano de Al, asustado. Como si asegurando la mano de su hermano, todo estuviera bien y Harry no los dejaría atrás.

-¿Vas a irte, papi?-preguntó con voz dudosa, mirando hacia el teléfono, sin duda pensando en llamar al slytherin.

-No, claro que no. Esa es la casa que mi padrino me dejó. Ahí es donde tu y yo vivíamos antes de mudarnos con papá, Al. Y también es nuestra casa Scorpius, ambas lo son. Como la cafetería.

Albus abrió enormemente los ojos hablando de la enorme casa que al parecer era suya, mientras le murmuraba a Scorpius en cuanto tiempo podrían recorrer toda. Como todo niño pequeño, ninguno de los dos hermanos recordaba el hecho de que alguna vez estuvieron separados, pero mientras Al dejó pasar ese detalle, Scorpius miró la enorme casa con sospecha y luego a Harry como si no comprendiera algo.

-¿Por qué yo no vivía ahí?-preguntó con un puchero, el mismo puchero que Draco solía tratar de ocultar, y Harry sonrió con ternura y besó su cabeza, agradecido de que las palabras de Draco, acerca como los niños no recordarían que Harry no había estado algunos años, se hicieran realidad.

-Bueno, Al y yo estábamos visitando a algunos amigos.

-¿Sin mí?

-No podía dejar solo a papá, ¿cierto? Papá se siente muy solo cuando no está con uno de nosotros. Tú estabas cuidando a papá diligentemente.

Scorpius pareció pensarlo un poco antes de asentir.

-No nos fuimos durante mucho tiempo, lo prometo.

-Porque papá quiere a papi-gritó alegre Albus.

-Porque papá ama a papi, y no puede estar alejado por mucho tiempo de él, y de ustedes dos-afirmó Harry, y como si lo invocaran, Draco apareció, agitado y sonrojado.

-Harry, ¿están bien?

Harry sonrió y asintió, besándolo con suavidad. Los niños taparon sus ojos rápidamente, entre risitas de Albus y sonidos de disgusto de Scorpius.

-Llegas temprano-murmuró Harry- ¿tú estás bien?

-Dije que estaba enfermo del estómago, ¿acaso no sentiste...?

-Si, parece que se han unido.

-¿Qué están mirando?

-Oh, el 12 de Grimmauld Place.

Draco miró desconcertado el lugar.

-No puedo creer, esperé por mucho tiempo a verlo-susurró,- aún recuerdo...

Harry tomó su mano cuando el otro dejó de hablar.

-¿Quieres entrar?-preguntó- Estoy seguro que a Kreacher le encantaría conocerte y servirte. Le encantará sus nuevos amos. Solía hablar de la manera en que había esperado el relevo del heredero para servir al hijo de la señora Narcissa, y se había quedado con el ahijado del vagabundo Sirius.

Draco pareció pensarlo un poco, pero Albus lo interrumpió.

-¿Quien es Kreacher?-preguntó. Curioso, Scorpius miró a Harry y jaló su camisa para que lo mirara. Harry tomó su mano.

-Kreacher es el mayordomo de Harry-respondió Draco a sus hijos.-¿Podemos entrar? ¿De verdad?

-¿Por qué no?-preguntó el profesor.- ¿Estamos casados, no es así?

-No mágicamente. Además, aunque la casa me recuerda, seguramente sabe que no estoy autorizado a entrar por el dueño anterior. No sé cómo reaccionará.

-Bueno, probablemente reconozca que estamos enlazados-exclamó Harry con coqueteo-y que probablemente pronto tendremos un bebé. Puede que esos vómitos...

Y Draco se sonrojó y lo codeó.

-Es un dolor estomacal. Tu grandiosa idea de probar ese restaurante chino.

-Ha durado una larga semana.

-Un largo sufrimiento, gracias a ti.

-Lo intenté-se resignó Harry.-Tal vez si me dieras más oportunidades...

-No con el restaurante-sentenció.

-Ojalá cedieras con lo del bebé-murmuró.

-Harry Potter, no puedo creer que estés insinuando que no te dejo salirte con la tuya cada vez que-Harry miró de reojo a los niños y Draco hizo una mueca, enrojeciendo- Eso sería demasiado hipócrita.

Los niños los miraron con curiosidad.

-¿Qué bebé?

-¿Tendremos un bebé?

Draco negó.

-No. No hay bebé.

-Entonces, ¿Vamos a ir allá?-preguntaron, y Draco pareció recordar el principio de la conversación.

-No. Deberíamos quedarnos dentro. Esos hombres sabían dónde vivías, y vinieron a buscarte- le dijo a Harry.- Fue solo cuestión de momentos antes de notar mi casa al frente, debemos tener cuidado.

-Oh, seguro-respondió Harry, -también debemos volver a la cafetería. Salí sin avisar.

-Claro. Mmmm creo que me quedaré aquí. No puedo aparecer solo en la cafetería.

-Podrías, si confundimos un poco a los chicos, y les hacemos creer que estabas ahí desde la mañana.

-No, creo que prefiero vomitar en la privacidad de la casa.

-¿Te sientes fatal, no? Deberíamos ir al doctor.

-Ya fuimos. Él cree que fue la comida.

-Si tan solo pudiera llevarte al sanador-susurró y ambos saltaron cuando la casa detectó a alguien queriendo entrar.

-¿Qué fue eso?

-¿Alguien intentó aparecerse?

-¿Quién?

-¿Más bien por qué?

Ambos se asomaron para observar por la ventana.

-¿Ese es Blaise? ¿Cómo sabe dónde vivo ahora?-se cuestionó, frunciendo el ceño y preparándose para salir, pero Harry lo detuvo con la mano.

-¿Cómo sabe que estamos aquí? No se supone que pueda ver la casa-le preguntó. Ah, las barreras anti magos, se recordó Draco. -¿Tienes algo que le permita localizarte?

El rubio frunció el ceño.

-No. No tengo nada. Blaise nunca...

Una persona se unió a Blaise y Draco jadeó al verla.

-¿Qué? ¿Quién es?-preguntó el héroe y Draco apretó los labios antes de responder.

-Es Astoria Greengrass.

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Había una vez la magia retiró las cadenas que un día impuso a los magos

y con ellas no solo héroes, maestros, sanadores, o soñadores fueron liberados,

sino también los magos que iniciaban las guerras, y ocupaban la magia con egoísmo.

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Y entre ellas había una muchacha que una vez vivió en un mundo lleno de joyas preciosas, palabras dulces y sonrisas alegres.

Que soñaba con revivir los ayeres,

reuniendo almas que anhelaban el pasado.