Disclaimer: H.P. no me pertenece. Le pertenece a J.K Rowling


Había una vez...

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Astoria no pretendía revivir a Voldemort.

No, realmente no lo hacía.

Voldemort había sido caos, destrucción, ella lo había odiado tanto como odió al bando de la luz, pero necesitaba que esos idiotas fanáticos confiaran en ella y la siguieran, y la forma más rápida que eso sucediera era decirles que cumpliría su absurdo sueño, para que hicieran el trabajo sucio. Una forma de redimirse, dijeron ellos. Una forma de conseguir lo que más quería, pensaba ella. Quería volver al mundo donde creció, donde su sangre era apreciada, donde su familia era feliz, un mundo de bailes, sonrisas, palabras agradables. Así que, podía conseguirlo, podía conquistar todo. Era poderosa, era fuerte, podría gobernar con equidad para todos, incluso para aquellos cuya sangre sucia. Podía conquistar todo el mundo mágico si quería, porque de hecho sí que tenía un ritual que le permitiría usar magia negra o blanca a su libre antojo. De capturar la magia de otros magos y volverla suya para hacerse más poderosa. Era por eso que necesitaba a todos esos idiotas, porque al final, todos ellos servirían para ser nada más que una fuente de magia. Y una vez que consumiera su poder, podría matar a todo aquel que se interpusiera en su camino hacia la grandeza. Por supuesto, estaba más que dispuesta a conseguir aliados y considerar las ideas de los demás, siempre que no le estorbaran.

Algunos dirían que estaba imponiéndose a los demás, pero nadie podría detenerla.

Excepto, quizá, Potter.

De cierta forma, Astoria se convertiría en un señor Oscuro, y como todo señor Oscuro anterior, habría alguien intentando detenerla. Y, si ella no se preparaba para derrotarlo antes que el otro se enterara, podría acabar como los anteriores. Muerta, o en Azkabán.

Probablemente Potter tomaría el liderazgo, y se opondría a su idea directamente; o tal vez podría preparar a un sucesor, tal como Dumbledore hizo con él. Tenía a Granger y a Weasley con él, tenía su poderosa magia.

Potter era muy difícil de vencer y tenía una maldita suerte de su lado que lo había librado de morir siendo un bebé y de revivir luego de morir, así que Astoria pensó en distraerlo un poco, ir tras un blanco más fácil que no solo hiciera que Potter perdiera los movimientos de Astoria, sino que, a la vez, impulsara su nuevo proyecto.

Eso fue lo que la llevó a ir tras el bebé de Potter.

Su hijo.

Tener a ese niño entre sus brazos, no solo le permitiría tener a Potter anclado a una cosa, persiguiendo a alguien que trabajaba para Astoria, si no que podía usar al niño para maldecir la sangre de su padre mediante él. Consumir la magia de Potter, usando como canal a su propio hijo.

Parecía buena idea. Astoria estaba preparada, lo había estado planeando por tanto tiempo...

Nunca recuperaría a sus padres. Sus padres no habían sido juzgados y/o encarcelados, como los demás, pero ambos fueron asesinados en un acto de venganza. El Ministerio dijo de que les creía ser neutrales, pero no hizo nada para protegerlos cuando los ex-compañeros prófugos de su padre empezaron a amenazar a su familia. Decían que eran traidores. Tampoco hicieron nada cuando la misma sociedad los rechazó y atacó. Los aurores se negaron a protegerlos de la gente común que los agredía por ser seguidores de Lord Voldemort. Salir se convirtió en un martirio, y se encerraron en casa. El único lugar seguro. O eso parecía; porque un día, cuando amaneció encontró la sala de estar llena de sangre. Los cuerpos de sus padres fueron colocados en una posición incómoda, sus ojos abiertos parecían horrorizados. Fue más que notorio que habían sido torturados cruelmente. Solo ella y Daphne habían quedado; pero luego Daphne no soportó el odio, la pobreza de su nueva condición, las palabras humillantes, los rechazos, las imágenes de sus padres...y se había suicidado, dejándola sola por completo.

¿Por qué? ¿Por qué ellas habían quedado vivas?

¿Por qué Daphne la abandonó?

¿Esperaba que Astoria los siguiera?

Ella lo había intentado, pero había sido tan cobarde...

Y ahora estaba sola.

No podía regresar a los Malfoy. Malfoy padre estaba en Azkabán en ese entonces, alguien había terminado matándolo en una pelea interna de prisioneros cuando la magia se fue. Narcissa Malfoy se encerró en su mansión, y Draco Malfoy, al haber aceptado la marca fue desterrado al mundo muggle como parte de su castigo.

Cuando intentó pedirle ayuda a Narcissa ella le escupió en la cara.

-Tu padre vendió a mi esposo. Y tienes el descaro de pararte en mi puerta... Miraste a mi hijo y cruzaste a su lado, como si él fuera una basura. Tu y tu sucio linaje pueden desaparecer en lo que a mi respecta.

Y si, ese era punto principal con los Greengrass, la sociedad no aceptaba que ellos no apoyaron en la guerra al bando oscuro, y los sangre puras, que una vez fueron sus amigos, los rechazaban porque ellos los rechazaron primero. Intentaron salvar el honor de su familia, hundiendo a los que fue necesario. Cuando rogaron por ayuda, ellos les dieron la espalda en un intento de salvar su propio cuello.

A Astoria, solo le quedaba salir del país o enamorar a un traidor a la sangre, a algún mestizo, o algún sangre sucia...

Pero ella no tenía a dónde ir, no sabía cómo vivir de otra forma y pensar que alguien como ella, con su sangre tan pura, fina y elegante desposara o o se volviera amante de alguien con tal mancha en su linaje... la asqueaba.

No tenía un lugar en el mundo ahora.

Hasta que un día se le ocurrió que si el mundo no le gustaba, simplemente crearía uno.

Uno, con todo lo que se suponía debió tener.

Un buen lugar en la sociedad, un prometido sangre pura, una familia feliz.

Así que mientras sus planes eran realizados por otras personas, Astoria empezó a buscar a Draco. Quería prometerle que pronto volvería a casa, donde nunca debió ser alejado. Quería que contribuyera a sus propios planes. Quería regresarle la grandeza y que él se uniera a su bando. Alguien que odiara al Ministerio tanto como ella.

La búsqueda la llevó a Blaise, que intentaba en vano integrarse a la sociedad. Blaise no aceptó su idea, pero tampoco la rechazó. No fingió conocerla, pero tampoco no hacerlo.

Sin embargo, negó saber nada de Draco.

Simplemente no diría nada, y Astoria sabía por qué; porque Draco estaba con Parkinson.

Levantándose de la cama del italiano, y tapando su delgado y desnudo cuerpo, Astoria miró a quien una vez pensó desposaría a Pansy. Blaise la miró de regreso, no con deseo, ni necesidad, solo tristeza. Se veía así últimamente, lo que fuera que hubiera descubierto.

Quizá Astoria se preocupaba por nada, quizá aquella zorra estaba muerta y Draco estaba solo por ahí, necesitando consuelo...

Sonrió, si tan solo pudiera ser verdad.

Probablemente ella y Draco se habían enamorado y vivían miserablemente felices.

Draco era un niño perdido, necesitado de amor.

Hubiera aceptado a Astoria, hubiera aceptado a cualquiera.

Bien, no tenía que amar a Astoria. Solo ayudarlo. Hizo que los mortífagos entraran a Hogwarts, la impenetrable Hogwarts después de todo. Y siempre había odiado al Ministerio y a Potter y compañía.

Algo podría hacer por ella.

Nadie pensaría que alguien desterrado regresaría para morderles el trasero. Menos desde el mundo muggle.

-¿Que tal si los encontramos y los traemos de regreso?-expresó acercándose a él y besándolo con suavidad.-¿No te gustaría eso Blaise, Pansy de tu mano, entrando a la fiestas como antaño? Solo tienes que ayudarme un poco, vamos, dime dónde está Draco. Pansy está con él, ¿no es así?

-Te he dicho que no lo sé.

-Proteges demasiado bien tu mente para que sea cierto.

-No creo que tu sueño sea posible, Greengrass. Sin embargo, si lo logras no me opondré a ti. Crea un mundo nuevo si quieres, no me importa. He perdido toda oportunidad de tener lo que un día quise. Vivir en un mundo ideal para ti no debe ser tan malo.

Astoria frunció el ceño y se separó de él, empezando a vestirse. Salió de Zabini Cottage, ante la vista indiferente de Blaise, y sonrió cuando vio a esos dos inútiles mostrarle al bebé. Lo acarició y besó su frente.

-Cariño, gracias por tu servicio. Jamás lo olvidaré- murmuró. -Ahora quédate aquí mientras tía Astoria prepara todo.

No había estado en sus planes que alguien le robara a ella misma el bebé mientras las condiciones favorecían su ritual.

-¿Quién? -gritó- ¿Quién se lo llevó? ¡Recupérenlo o romperé sus cuellos!

En algún momento, todo empezó a desbaratarse.

Potter regresó de su misión y empezó a buscar a su hijo con fuerza, estaba tan cerca, estaba respirándole en el cuello.

Hasta que ya no lo estuvo.

Y la magia se fue.

Entonces, todos sus planes fueron inútiles. No había magia que robar. No había rituales que pudiera usar. Solo las criaturas mágicas podían hacer cosas. Solo pociones y artefactos mágicos funcionaban.

Y los dos idiotas que envió a buscarlo, usando uno de sus pequeños guantes dejados atrás, no regresaban.

Astoria se mantuvo inactiva.

Potter, sin embargo, buscó más fuerte que nunca.

Hasta que un día no lo hizo.

Parecía que no extrañaba del mismo modo a ese niño. Lo que significaba una sola cosa.

Lo había encontrado, o al menos sabía dónde estaba.

Sin embargo, no parecía relacionar a Astoria con su desaparición, después de todo no había venido por ella.

Y luego desapareció de Hogwarts. El Ministerio parecía saber cómo, pero a la población general no se le dijo que el héroe se había marchado, era información que ella apenas pudo enterarse gracias a sus contactos.

Él ya no estaba cerca, se felicitó ella. Sin embargo, no había mucho que ella pudiera hacer sin la magia.

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Cuando Astoria dejó el lugar, Blaise se levantó y se vistió. Pensó mucho en las palabras de Astoria y finalmente decidió que le diría donde estaba Draco, así que se apareció en su mansión. Una mansión tétrica en su opinión, sin elfos, aunque con personas yendo de aquí para allá. Las barreras no saltaron, a diferencia de lo que creía, lo que indicaba que Astoria no se había tomado el tiempo de apropiarse de ellas.

Le pareció extraño, pero continuó su camino.

Hasta que escuchó el llanto de un bebé.

Siguió el sonido y, sorprendido, miró los ojos verdes y cabellos oscuros del infante, quien lloraba desesperado. Sorprendido, su mente relacionó al niño con el bebé que el Mundo Mágico estaba buscando por todos lados.

Que estuviera con Astoria no podía ser nada bueno.

No lo pensó mucho.

Lo tomó y se desapareció a su mansión.

Sin embargo, su instante de locura lo estresó cuando se dio cuenta que Astoria se enteraría si se lo quedaba o se lo entregaba a Potter. Potter, quien seguramente ni siquiera miraría a Blaise antes de acusarlo de robo y meterlo a Azkabán. Así que hizo lo único que se le ocurrió. Fue a un lugar seguro. El único lugar que podía pensar.

Con Draco.

Porque Draco no podía entrar al mundo mágico. No sabía que pasaba. No podía ser culpado.

Y era padre, no dañaría al niño, incluso si sabía de quien era.

Entonces Blaise iría más tarde y le explicaría, quizá. Le pediría ayuda. Pensarían juntos algo con más calma.

Pero Draco no estaba en la casa vacía.

Así que pensó y pensó, y recordó que su amigo visitaba ese parque cercano. Tardó bastante en encontrarlo, pero cuando lo divisó, empezó a caminar hacia él. No obstante, cuando sintió a Astoria solicitando entrar a su mansión, transformó rápidamente su collar familiar en un muñeco que funcionara de barrera antimuggles y escondió al niño.

-Suerte-le deseó al niño. -Sé que te encontrará, y si no, trataré de volver lo más pronto posible.

Se apareció en su mansión, ignorante que los aliados de Astoria estaban cerca y donde la chica esperaba, y le abrió el lugar como si nada hubiera pasado.

-Blaise, alguien dijo que te vio en la mansión-dijo con sospecha.

Blaise asintió como si nada estuviera fuera de lugar.

-Fui, pero no logré encontrarte. Creo que tienes razón, deberíamos traer de vuelta a Draco.

Astoria se iluminó.

Pero luego pareció recordar su sospecha.

-Entonces, ¿Por qué irte?

-Vi que tenías visitas. No quise molestar.

Ella sonrió como si nada pasara.

-Oh, ya veo.

-Entonces, ¿me dirás dónde encontrar a Draco? Y a Pansy, por supuesto.

-No encontrarás a Pansy, está muerta.

-Oh- exclamó con fingida pena-Lo siento mucho, Blaise.

-Está bien.

-Entonces ¿dónde estabas, con él? No estabas aquí-susurró con astucia. Y Blaise sonrió como si nada.

-Si con él- exclamó.-Le comenté tu idea, dijo que te ayudaría.

Astoria pareció pensar que entonces, Blaise no era sospechoso, porque la estaba ayudando.

-Aunque aún no me comentas cómo piensas lograr llegar tan lejos. Es decir, ¿no temes que Potter o los gryffindors se metan en tu camino?

Pudo ver la tensión en ella.

-Me he encargado de ello, lo prometo. Entonces ¿cuando puedo ver a Draco?

Blaise sonrió, no obstante, por dentro, estaba pensando en qué haría para alejar a Astoria del rubio.

-Dijo que se reunirá con nosotros pronto-prometió.

-¿Qué tan pronto?

-En una semana como máximo.

-Es mucho tiempo. Dime dónde está, lo visitaré.

-No. Él no quiere que veas cómo vive ahora. Deja al hombre conservar un poco de dignidad. Espera a que esté listo.

-Bien. De todos modos, ¿por qué has venido? ¿Solo para eso? ¿No podías esperar nuestra próxima reunión?

-¿Te molestó mi visita?Sin embargo, me sorprende que hayas tenido que escuchar que te visité en lugar de sentir que me aparecí y desaparecí. Deberías ajustar tus barreras, sería peligroso que la gente entrara y saliera de tu casa, sin tu consentimiento. ¿Quieres que te enseñe a dominarlas?

-Sería muy útil. ¿Puedes detectar quién entró antes?

El italiano frunció el ceño.

-¿Te han atacado?-preguntó.

-No, alguien ha tomado algo mío.

-¿Una reliquia familiar?

-Algo así.

-¿Has intentado localizarlo? Debe haber alguna forma de rastrearlo.

-Estoy en ello.

-Bien, como sea. Ahora que estás aquí deberíamos tener un poco de sexo antes de que regreses a conquistar al mundo. Como dije, no quiero involucrarme mucho en tu proyecto.

-Es por el bien de todos. Será como antes... No, será mucho mejor.

Blaise la silenció besándola. Y mientras la besaba se preguntaba cómo deshacerse de ella y que haría en una semana para que no se encontrara con Draco

Entonces, el mundo mágico se quedó sin magia.

Y el mundo muggle y mágico se separaron.

La falta de magia neutralizó los movimientos de Astoria, enfadándola.

Pero Blaise respiró aliviado por la reunión que jamás pudo concretarse.

Hasta que la magia volviera.

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Había una vez dos serpientes que danzaban en el mismo lugar, cerca una de otra, pero su baile se dirigía a dos direcciones completamente diferentes.

Y su danza marcó el futuro.