Disclaimer: H.P. no me pertenece. Le pertenece a J.K Rowling


Había una vez...

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Habían sido tres olas. Tres olas de magia que separaron a los magos no solo de los muggles, sino de las criaturas mágicas. Tres olas que habían afectado a todos, excepto a los niños que apenas empezaban a tener magia. Excepto a los niños que estaban por nacer.

El proceso era natural, fue el informe a la población, la cual se sentía insegura de cambiar su forma de vivir. Los hijos de muggles fueron de gran ayuda para la adaptación de todos, especialmente en Hogwarts; donde, por alguna razón también estaba alojándose Harry Potter.

Al menos los niños estaban seguros, era lo que todos decían.

Pero luego Harry Potter también desapareció. Fue imposible ocultarlo cuando era una figura pública.

Entonces empezaron las especulaciones de que estaba muerto. Que quien robó a su hijo, lo había tomado a él, especialmente que ahora no podía defenderse con su gran poder mágico.

Si Harry se hubiera quedado con los aurores, si la magia no se hubiera ido, quizá hubiera terminado atrapando a quien tomó a su hijo, o estaría a salvo, era el pensamiento general. La mayoría de los pobladores aseguraban que había muerto, incluso hablaban de él en pasado. Los más osados le hicieron un altar público donde la gente lloraba.

Nadie sabía cómo o por qué había desaparecido. Así que, eventualmente, lo dieron por perdido. Que había cometido suicidio, o que seguía buscando a su hijo a la manera muggle. Nadie fuera de los Weasley, o Minerva conocía el hecho que Harry no recordaba al niño que se perdió. Para ser sinceros, más que por el bienestar de Harry, fue más que nada por el hecho que Ginny fue quien le borró la memoria. Los Weasley le habían insistido a Harry que sin la magia, muchos tenían esperanzas y seguridad solo por su presencia, que si se enteraban de lo que había pasado entrarían en pánico. Que alguien podría imitarla o los aurores levantarían cargos... Harry eventualmente cedió, pero no pudo recuperar sus memorias porque no había manera de evaluar el daño que Ginny había hecho. Ni podían darle el tratamiento adecuado.

Ron y Hermione le pidieron que comprendiera un poco a Ginny, quien estaba lidiando con la pérdida de un hijo, y el divorcio con su esposo; asumieron que estaba desesperada. Intentaron intermediar entre ambos. Finalmente Harry aceptó guardar silencio, sin embargo se alejó de ellos y de los Weasley, renunció a los aurores y se unió a Hogwarts como profesor. Cuando ellos llamaban, los ignoraba. Cuando visitaban, las visitas eran cortas y las palabras cortantes. Su falta de memoria y habilidades adquiridas por años fueron la única razón por la que Harry le explicó a McGonagall lo que pasaba. La Directora aceptó a Harry sin problema, dándole la bienvenida a enseñar Defensa contra las Artes oscuras ya que, anteriormente, había podido enseñar antes a sus propios compañeros.

De cualquier manera, ahora todo es más teórico, le explicó y Harry había asentido agradecido y le había sonreído con timidez.

-Lo haré lo mejor que pueda- prometió.

Y lo hizo, por eso cuando desapareció frente a sus ojos, McGonagall estuvo tentada a no compartir con nadie su partida. Segura de que estaba bien. Sin embargo, debía notificar a la familia. Era protocolo. Como Harry no tenía, ya que estaba divorciado, no tenía hijos ni padres, fueron Hermione y Ron, quienes fueron notificados de esto.

La directora fue breve y concisa. Le explicó lo que pasó, lo que hizo Harry luego de entrar a su oficina.

-Algo estaba mal y él lo sabía, parecía tener mucha prisa.

Hermione miró al ave, a quien Ron le pedía sin resultados que le prestara magia para buscar a Harry, y se preguntó si Harry había descubierto donde estaba el niño, o se sentía en peligro porque ahora quien tomó el niño lo había encontrado y lastimado a él. Si había un enemigo del que no tenían idea. Pero todo eran conjeturas, porque Harry no les había dado la palabra en meses. Estaba segura que, de hecho, Harry hubiera preferido que no les dijeran nada.

-Gracias por notificarnos, Directora-exclamó, pero la mujer solo asintió antes de despedirlos.

-Me temo que no había nadie más a quien notificar-respondió.

Apenas salieron de la oficina de Minerva, Ron se volteó hacia su esposa.

-Tenemos que encontrarlo-exclamó.-Iré a comprar pociones de seguimiento.

Hermione asintió, pero la poción de seguimiento lo único que hacía era llevarlos a Grimmauld Place, donde Harry no estaba. Para ser específicos, a la entrada.

-No está en a casa, y Kreacher dice que no ha estado desde que se hizo profesor.

Tras pensarlo mucho tiempo, Hermione se dio cuenta que, quizá, tanto la poción como ellos se habían topado con los límites de las barreras.

-Creo que está en el mundo muggle, Ron. Me temo que no podremos ir más allá.

Y no lo hicieron. Porque no había manera de cruzar la barrera. Entonces, se adaptaron a la vida sin él. Hermione era hija de muggles, y sabía vivir sin magia, pero cuando la magia se fue, sintió terror porque estaba tan acostumbrada a vivir en el mundo mágico, y su marido pertenecía a una familia mágica sangre pura, que el hecho que su bebé no tuviera magia la mantenía ansiosa. Gracias a Merlín, cuando ese bebé nació y realizó su primera muestra de magia, le quedó claro que la magia florecería de nuevo, aunque fuera solo en las nuevas generaciones. Y por un momento pensó en Harry, y en Albus, y deseó que pudieran volver a estar juntos, una vez más.

Se sintió tan frustrada y avergonzada de sí misma al recordar el consejo que le dio a su amigo, que cuando por fin empezaron a caer las barreras, no pudo evitar lanzar patronus para intentar encontrarlo. Sin embargo, la separación seguía activa.

Fue cuando la tercera ola por fin hizo su aparición, que entusiasmada llamó a Ron con la intención de encontrar a Harry. Así que hizo lo primero que se le ocurrió, lanzar un patronus.

-Harry, ¿estás bien? Por favor, respóndeme lo más pronto posible.

-Mione, ¡no! Dijiste que quizá estaba en el mundo muggle. Todos verán el patronus.

Hermione suspiró sabiendo que su emoción la había hecho hacer algo que quizá enojaría más a Harry. Por suerte, los patronus eran rápidos. Y si tenía más suerte, no sería la única emocionada intentando contactar a la gente que no había visto en años de esta manera.

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La magia solo crece en las almas especiales. Ese era el dicho de Grindelwald, quien creía que los magos debían gobernar el mundo sobre los muggles. Voldemort fue un poco más allá de él, exclamando que solo los sangre puras debían hacerlo. Astoria no tenía ninguna ideología, más que gobernar como a ella le placiera. A ella no le importaba si el mundo bajo su mando se conformaba de mestizos, sangre sucias o muggles. Mientras ella estuviera en la cadena superior, mientras sus compañeros sangre puras fueran los siguientes en la línea de poder. No es que siguiera las ideologías de Voldemort, sino que ella era lo que Voldemort fingía y quería ser, una sangre pura.

Su plan era tan simple, si tanta necesidad de atención como los dos magos oscuros anteriores, que rayaba en lo absurdo. Solo tenía que realizar su plan de obtener la magia de los otros magos, para cumplirlo; pero, estaba tan resentida con el bando ganador de la guerra que, al igual que sus antecesores oscuros, cometió el error de permitirse crear un enemigo. No solo se creó un enemigo, sino el mismo que el de Lord Voldemort, Harry Potter, entrenado por Dumbledore, quien venció a Grindelwald.

Desde el punto de vista de Blaise Zabini, no hubo nada astuto en ello.

Cuando Blaise se apareció, en el lado muggle, no pudo evitar respirar asustado y agitado, ya que su punto de aparición terminó por casi incidirlo. Habiendo teniendo que desviarse tan repentinamente, solo pudo mirar hacia un lado, pero no pudo adivinar cual era la casa donde había estado a punto de aterrizar. Regañándose por tratar de aparecerse en los territorios de una casa, la cual activó sus protecciones, en lugar de la calle, fue bastante obvio que ese lugar tenía no solo barreras, sino también un fidelio, porque, externamente, no podía adivinar cual era.

Al menos no se apareció frente a un muggle, pensó. Sin embargo, el hecho que un mago viviera en el lado muggle, llamó sinceramente su atención. Especialmente por lo fuerte de sus barreras.

¿Que tan irónico sería que fuese el desaparecido Harry Potter quien estuviera ahí?, pensó.

-¿Donde estamos?-preguntó cuando Astoria apareció a su lado; pero ella no contestó.

-¿Lograste comunicarte con ellos?

-No-respondió la mujer empezando a mirar a los alrededores. -Imaginé que era algún tipo de barrera restante. Quizá puedan sentir que la última barrera ha caído. He perdido al niño. Ellos tenían consigo el último objeto que tenía de él. Espero que lo hayan recuperado o de lo contrario acabaré con ellos.

-Sigo sin entender por qué quieres al hijo de Potter. Si es decir, conozco el plan-exclamó cuando ella lo miró con desdén-pero no tiene nada que ver. Solo enfréntate a él.

-Perderé.

Y claro que lo harás, pensó Blaise.

-En todo caso, ¿por qué estamos aquí? ¿Dónde es aquí?

Astoria suspiró.

-Porque tenía la vaga esperanza que esos idiotas estarían cerca del hogar de Potter.

-¿El hogar de Potter?

-Si, un par de esos inútiles conocían la dirección. No podemos entrar pero sé donde está. Tiene un fidelio. Era la vieja casa Black. Sin embargo, a menos que el guardián de Potter o el mismo Potter nos dé la dirección, es inútil intentar invadirla.

Blaise miró entre los números 11 y 13.

-La casa Black. Draco es un Black-exclamó en voz alta, y luego frunció el ceño y miró a Astoria. -Tiene la sangre Black. Quieres ver si puede entrar.

Astoria se alzó de hombros.

-No exactamente. Lo que quiero de Draco no tiene que ver con Potter. De hecho, me convendría mantener a Draco lejos de las garras morales de Potter. Todos sabemos lo muy sensible que Draco es a su opinión.

Blaise asintió y caminó ligeramente en los alrededores, mirando a Astoria de reojo. Durante todo este tiempo sin magia, había estado quieta, silenciosa, esperando el momento en que sus planes serían concluidos. Y durante todo este tiempo, Blaise había estado a su lado. Observándola.

No que no hubiera intentado matarla.

Había sido el momento perfecto, sin magia los aurores no hubieran podido descubrir a Blaise; pero también hubiera sido difícil esconder el cuerpo. Además, como un medio de protección, había llenado su casa de elfos (y sí, esto había sido culpa del propio Blaise) y de su pandilla de idiotas. Pero ahora estaban solos.

Bien no totalmente solos.

Pelear una batalla mágica frente a muggles estaba tan penado que influyó mucho en la condena de Sirius Black, pero Blaise podía sentir la magia cosquillear en la punta de sus dedos. No necesitaba mucho, solo alzar la varita, lanzar un buen Avada y entonces no absorbería la magia de nadie.

Oh, y Blaise habría salvado al mundo de una batalla y muertes innecesarias.

Por supuesto, nadie lo sabría.

Con una sonrisa irónica, Blaise se preguntó ¿realmente valía la pena enfrentarla? Blaise no ganaba nada, ni perdía nada con el mandato de Astoria.

Sin embargo, Astri, Astri, parecía tan dulce e inocente ante la mirada de algunos.

¿Blaise quería acabar en Azkabán por matarla?

¿Valía Astoria la pena?

Sin embargo el plan de Astoria fracasaría, e intentaría llevar a Blaise con él.

Con disimulo, sacó su varita y apuntó hacia ella.

-Avada-empezó a murmurar cuando ella le dio la espalda, sin embargo, un patronus cruzó frente a él, interrumpiendo las palabras del moreno y llamando la atención de Astoria.

-¿Viste eso?

-Era un patronus.

-No solo era una patronus, Blaise. Era una nutria.

El italiano alzó la ceja como demostrando la falta de conocimiento de ese hecho y Astoria miró al exterior.

-¿Hacia dónde fue?

-No lo vi.

Los pasos de Astoria se detuvieron cerca de él y miró la varita en la mano de su acompañante.

-¿Que haces?-preguntó.

-Es solo... -respondió metiéndola en su bolsillo- el patronus me tomó por sorpresa. Pasó detrás de ti, pero casi se mete en mi cara.

-Estoy segura de que ese patronus iba dirigido a Harry Potter.

-¿Granger no es hija de muggle? Quizá va hacia sus padres.

Ella no respondió, sacó su varita.

-¿Qué haces?-preguntó en esta ocasión Blaise, preguntándose si ella realmente ignoraba que hace unos segundos intentó matarla o solo esperaba el momento para devolver el favor.

-Intento invocar a esos idiotas-respondió ella acariciando una pequeña flor tatuada en su brazo. Blaise alzó la ceja, ¿esa era la marca oscura de Astoria? ¿Una flor?

Nadie sospecharía de una flor, pensó, una calavera con una serpiente por otro lado...

-¿Y por qué yo estoy aquí?, de todas formas.

-Prometiste llevarme con Draco.

-Han pasado años, ¿siquiera me dejarás ver si vive en el mismo lugar?

-Podemos verificarlo ambos-respondió ella-juntos.

Blaise rodó los ojos.

-Si bueno, si lo que querías era que te llevara a ver a Draco,es obvio que no vive frente a Harry Potter.

-Da igual, llévame.

Blaise rodó los ojos y se la llevó.

Aparecieron en una pequeña casa, un hombre en un sillón mirando la tele se asustó al verlos.

-¿Quienes son? ¿Qué hacen en mi casa?

Ella alzó la varita dispuesto a matarlo. Blaise fue más rápido y le lanzó un obliviate, apareciendo a Astoria nuevamente en el mundo mágico.

-¿Estás loca? Ahora que hay magia de nuevo ellos sabrán si matas a un muggle.

-Están oxidados y tardarán un rato en organizarse. Ahora, ¿seguro que me llevaste donde vivía Draco?

-Debió haberse mudado. Los muggles hacen eso. Se mudan continuamente.

Astoria resopló.

-Esos idiotas no contestaron. ¿Será posible que estén muertos?

Blaise asintió.

-Quizá la vida muggle fue mucho para ellos.

-Inútiles-murmuró Astoria marchándose, probablemente a su casa. Blaise no quería saber qué es lo que haría ahora que la magia estaba activa.

Había perdido su oportunidad.

Inútil Granger, murmuró. Jamás volvería a darse la ocasión.

Preocupado, se apareció en casa y decidió mandarle una lechuza a Draco. Era tonto, pero estaba preocupado por él.

Probablemente los muggles notarían una lechuza, pero era mejor advertirle al rubio que dejarlo a ciegas a la mira de Astoria. Aunque, ¿qué tan probable era que Astoria ya estuviera vigilando los movimientos de Blaise?

Debo actualizar mis barreras, pensó. Quizá también era momento de buscar hablar con los amigos de Potter. O el mismo Potter.

-Sin embargo, si soy capturado soy hombre muerto.

Porque sí, Astoria era frágil y pequeña, pero tenía todos esos brutos rodéandola y obedeciendo.

Sacó su varita y pensó en Grimmauld Place una vez más. ¿Existía la posibilidad de que Potter ya hubiera vuelto a casa, qué estuviera cerca en primer lugar? ¿Sería verdad que estuviera muerto? Pero Astoria estaba tan segura que ese patronus iba a él, y Blaise no creía que alguien podría matar a Potter. No cuando ni siquiera un Avada lo mató...

Sin embargo, si deseo sobrevivir a esto, debo escoger el bando correcto. Una vez que empezara a intentar hablar con Potter tenía que continuar moviéndose o Astoria lo capturaría antes de que pudiera cumplir su objetivo.

Dinero, necesito dinero.

Estaba a punto de ir a Gringotts cuando alguien se apareció en su casa y al escuchar el ruido de la aparición, volteó de inmediato solo para sentir la oscuridad empezar a invadirlo.

Alguien estaba en su casa, alguien lo había hechizado.

Que maldita suerte.

Espero que no sea Astoria, fue su último pensamiento.

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Había una vez tres niños que crecieron entre monstruos.

El primero deseaba un futuro brillante, lleno de amor y aventuras.

La segunda deseaba un presente agradable, lleno de cosas y personas bellas.

El tercero deseaba el pasado, donde las personas le sonreían, lo miraban, lo reconocían.

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Y hubo un cuarto niño y una quinta niña.

El cuarto niño solo deseaba ser feliz. Ser libre, que nadie lo lastimara.

La quinta niña deseaba la grandeza, la posición y el poder.

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Y los cinco crearon su historia cada uno por su parte.

Sin darse cuenta que cada una de ellas se entrelazada con las otras.