Capítulo 1. Namikaze Naruto.


Destino.

Una simple palabra, pero con tantos significados. Para algunos, el destino es un hilo invisible que guía cada paso de nuestras vidas, un plan divino trazado mucho antes de nuestro nacimiento. Para otros, era una ilusión, una coincidencia de eventos aleatorios que parecen tener un propósito solo en retrospectiva.

Para Naruto, esa simple palabra podría catalogarse como la base de su existencia. Desde su nacimiento, incluso antes, el mundo ya tenía definido lo que se esperaba de él. Al fin de cuentas, era hijo de un héroe de guerra, una guerra cruel y sangrienta, si hablábamos de ella. Descendiente de la princesa del Remolino, quien precisamente fue la última sobreviviente de dicho lugar.

A simple vista, su vida parecía la fantasía de cualquier niño. Y no podía negar que tenía todo lo que un niño pudiera desear: un hogar cálido, comida deliciosa, un baño refrescante, y diversión sin límites. Todo estaba a su alcance, y en muchos aspectos, su vida era realmente agradable.

Sin embargo, siempre había un sentimiento extraño que lo acompañaba a cada lugar que iba, una sensación de deber hacia los demás. Sentía la necesidad de demostrar que no estaba desperdiciando el legado que corría por sus venas. Ese sentimiento de que todo el cariño y respeto que le mostraban no era completamente merecido, que todo lo que tenía se debía simplemente al hecho de ser hijo de personas extraordinarias.

Le dolía admitirlo, pero realmente esa era la realidad.

Era como si, a pesar de disfrutar de todas esas comodidades, hubiera una sombra constante recordándole que debía hacer algo más, ser alguien más. La comodidad y la seguridad que lo rodeaban a veces se sentían como una jaula dorada, recordándole que tenía una deuda con su propio linaje, una responsabilidad que no podía ignorar.

Y, aun sabiendo eso, disfrutaba de su vida. Sí, le dolía no tener el amor de una familia, pero siempre sentía que sus padres lo amaban desde el más allá. Las historias que el viejo le contaba sobre sus padres le traían tranquilidad al corazón, suavizando el dolor persistente.

De pequeño, le había costado aceptar que no tenía padres y saber que nunca entendería a sus amigos cuando hablaban de ellos. Sin embargo, con el tiempo, logró aceptarlo como parte de su vida.

Ayudó que su tiempo con el viejo fuera sumamente divertido.

Realmente convivía pocas veces con el hombre mayor, pero sus momentos juntos siempre eran memorables. El hombre siempre tenía respuesta a todas sus preguntas, por más infantiles y poco coherentes que estas fueran, como él lo decía. Además, disfrutaba de los grandes e interminables bosques dentro del pueblo.

Los bosques eran su refugio. El susurro del viento entre los árboles y el frescor del agua le proporcionaban una paz que pocas otras cosas podían darle. Valoraba los momentos de quietud en la naturaleza. En esos instantes, lejos de las miradas, sentía que podía ser simplemente Naruto, un ser humano buscando su propio camino en un mundo lleno de expectativas.

Respiró profundamente, llevándose a sus pulmones el delicioso y fresco aire del ambiente, llenándolos del oxígeno que tanto apreciaba el ser humano. Abrió sus profundos ojos azules, aceptando la cálida luz que le proporcionaba el sol. Acostado sobre el pasto de uno de los bastos bosques dentro de la aldea, disfrutó de la sensación de la hierba en sus pies desnudos. Oh si, como disfrutaba esto.

Sus ojos se concentraron en las nubes blancas. Siempre le parecieron creaciones maravillosas. El saber que esas cosas en forma de algodón producían la lluvia, reafirmó cada pensamiento bueno sobre ellas. Le agradaba la lluvia, demasiado. La sensación de las gotas chocando con su rostro pálido, el agua cayendo por su cabello mojado, la sensación de sus pies húmedos, siempre lo hicieron sentir bien. Pero la sensación que más amaba en el mundo, por simple que fuera, era el viento soplando su cabello. Oh, como amaba eso. Más si era en la espalda de un mono, tratando de huir del viejo que tanto se parecía a sus invocaciones.

Sin duda, la vida era buena.

La naturaleza, aún más.

El sonido de pasos acercándose a su posición lo sacó de sus ensoñaciones. Miró a su costado, justo para ver al hombre que había asaltado sus pensamientos, acercándose con calma a su posición. Sonriendo, se levantó ligeramente del suelo, justo lo necesario para recargarse en el tronco de madera.

—Sabía que te encontraría aquí, Naruto.

El rubio sonrió avergonzado mientras observaba al Hokage sentarse a su lado, dejando su pesado bastón a un costado.

—Este lugar es tranquilo... —murmuró después de un momento de silencio, sus ojos fijos en el agua cristalina que fluía hacia el horizonte.

Hiruzen sonrió ante las palabras.

—Todavía recuerdo cuando la corriente del río te arrastró hasta el complejo del clan Uchiha —incluso con todo su esfuerzo, el Sandaime no pudo evitar soltar una risa al recordar—. Oh, cómo me había divertido ver el rostro asustado y avergonzado del niño, después de ser salvado por uno de los miembros del clan.

Naruto hinchó sus mejillas.

—Nunca dijiste que los ríos podían ser peligrosos.

Hiruzen se encogió de hombros.

—Que yo recuerde, nunca lo preguntaste.

Naruto negó lentamente con la cabeza.

—Y pensar que te consideraba el hombre más sabio del mundo.

—Oh, un gran cumplido.

—Consideraba —Naruto volvió a recalcar la palabra importante, sonriendo un poco al ver el rostro abatido del hombre.

—¿Y quién sería ahora ese hombre? —preguntó Hiruzen fingiendo dolor, pero la sonrisa en su rostro decía todo lo contrario.

Naruto, esta vez, sonrió con tranquilidad.

—No es un hombre. Ni una mujer.

Hiruzen alzó las cejas, intrigado.

—¿Quién sería, entonces? No me digas que el ramen ahora es el pastor del conocimiento.

Naruto soltó una carcajada, divertido por la idea.

—No, nada de eso. Es la naturaleza.

Oh, eso por sí mismo fue una sorpresa. La naturaleza, una respuesta interesante. Miró la sonrisa serena en el rostro de porcelana del niño, un contraste con la tez bronceada de su difunto padre.

—Ilumíname, Naruto…, ¿por qué la naturaleza?

Naruto sonrió feliz.

—Porque la naturaleza lo sabe todo. El viento escucha todo lo que hablamos. El agua siente todo lo que pasa en nuestro cuerpo, sabe cuándo lo necesitamos. La tierra conoce todo lo que sembramos y nos da los nutrientes que necesitamos. Los árboles son testigos de todo lo que ha ocurrido en el mundo. Y, sobre todo, los bosques fueron los primeros habitantes de este país.

Hiruzen levantó una ceja, sorprendido. El niño era un gran observador. Y ese razonamiento era digno de alguien que comprendía la importancia de todo lo que lo rodeaba. Sonrió interiormente; el niño estaba creciendo correctamente. Eran estos momentos los que le permitían descansar de todos los errores que había cometido en su vida. Fue un alivio saber que había hecho lo correcto con el héroe de Konoha.

—¿Y a qué vino este descubrimiento?

Naruto se encogió de hombros.

—Todos deberían saberlo. Existimos gracias a la naturaleza.

Hiruzen sacudió la cabeza del niño.

—Sabes, a veces se me olvida que apenas tienes seis años.

Las mejillas de Naruto se oscurecieron de un rosado intenso.

—Ya casi cumplo siete años —trató de protestar.

—Es cierto. Solo faltan unos… —comenzó a contar con los dedos de su mano—. Diez meses, nada más —Hiruzen no pudo evitar reírse.

Naruto hinchó sus mejillas, no divertido por el comentario. Cada día que pasaba para llegar a su cumpleaños siempre parecía una eternidad. No era su culpa que no tuviera control absoluto del tiempo.

—Ahora que lo recuerdo, por algo relacionado con tu cumpleaños vine a buscarte.

Ante las palabras, Naruto olvidó su berrinche.

—¿Finalmente podré ver lo que hay afuera del pueblo como regalo?

Hiruzen sonrió, y negó con la cabeza.

—No, nada de eso. Aún eres solo un niño para salir del pueblo.

Esta vez, no fue un berrinche lo que recibió Hiruzen como respuesta. Esta vez, solo fue recibido con ojos expectantes, como si ya hubiera esperado esa respuesta. Y conociendo al niño, estaba seguro de que ya la esperaba.

—No, era solo para informarte que en un mes ingresarás a la Academia Ninja.

Naruto sonrió enormemente ante la noticia. Finalmente, por fin podría comenzar a trazar su propio camino, su leyenda. Pero su emoción se detuvo momentáneamente, sustituida por la confusión.

—¿Qué tiene que ver esto con mi cumpleaños?

Hiruzen no pudo evitar encogerse de hombros, una sonrisa tonta en su rostro.

—No lo sé. Tal vez que ambas cosas suceden en una fecha específica. Ya sabes, 10 de octubre tu cumpleaños, 20 de febrero tu primer día de clases.

Naruto parpadeó como una lechuza. El silencio se asentó en el lugar en el que se encontraban, ambos mirándose tontamente. Un segundo después, ambos empezaron a reírse descontroladamente. Oh sí, cómo amaba estos momentos.

Cuando el humor se aligeró, Hiruzen miró al niño feliz a su lado. También había venido por otra cosa. Había querido asegurarse de que el niño se estaba tomando bien la noticia de ser el jinchuriki del Kyuubi. Se lo había contado hace un mes, y desde entonces, no había vuelto a tocar el tema. Sabía que era difícil que alguien aceptara ser un sacrificio humano. Pero si en alguien confiaba para poder soportarlo, era en el niño sentado a su lado. Era un niño fuerte, física y mentalmente.

Viendo su rostro tranquilo, se animó a preguntar finalmente.

—¿Cómo lo has llevado?

Naruto cerró los ojos ante la pregunta, ya sabiendo a qué se refería el hombre. Si era sincero, una semana después de enterarse, había dejado de pensar en el tema. Sabiendo que no había peligro para la gente ni para sí mismo, y que no había consecuencia extraña en su cuerpo, realmente no cambió nada en su vida. Solo un peso más al costal que llevaba cargando desde que tenía conciencia.

Abrió los ojos, soltó un largo suspiro, y miró al hombre mayor a su lado.

—Realmente… no cambia nada. Es solo otra cosa que…, que debo superar.

Hiruzen miró con un leve tono de tristeza al niño. Le dolía saber que pensara que su existencia solo se tratara de soportar, seguir adelante y hacerse paso a través de las expectativas del mundo sobre su espalda. Y aunque lo admiraba por su fuerza, no hizo nada para disminuir el peso en su pecho.

—Sabes que siempre estoy aquí para escucharte, Naruto. Recuerda, no estás solo en este mundo.

Naruto asintió lentamente, la sonrisa volviendo de nuevo a su rostro.

—Lo sé, realmente lo sé. Es por eso por lo que no me detengo a pensar en los problemas. Sé que, si llego a tener una dificultad con un problema, tengo todo un pueblo para ayudarme a resolverlo.

Hiruzen rompió su rostro triste y volvió a formar una sonrisa.

—Es bueno que lo sepas.

—Además… —se tocó un par de veces el estómago—. El zorro será de gran utilidad para volver a levantar lo que destruyó hace seis años.

Hiruzen levantó una ceja.

—He visto mucha gente que sigue viviendo en los centros de ayuda. Hay demasiadas casas que aún no se reconstruyen, por lo que hay muchas familias sin hogar. Quiero ayudar, con lo poco que sea, pero quiero ayudar.

Bastante observador, de hecho. Fue increíble que siempre el niño le sacara una sonrisa.

Hiruzen asintió, admirando la fuerza y la madurez del joven.

—Eres una gran persona, Naruto. Estoy seguro de que seguirás ayudando aún más al pueblo. Pero, por ahora, disfruta de la vida. Eres demasiado joven como para preocuparte por eso —dijo Hiruzen, levantándose con ayuda de su bastón. Realmente, se estaba haciendo muy viejo.

Naruto asintió con una pequeña sonrisa. Siempre le alegraban el día los buenos comentarios del hombre.

—¿Quieres que le pida a alguien que busque las cosas que vas a necesitar para la academia?

Naruto negó de inmediato.

—No, yo lo haré.

Hiruzen sonrió de nuevo, un buen niño, de hecho.

—Como pensé. Toma, es la lista de lo que necesitarás. Dejaré que encuentres los lugares indicados por tu cuenta, solo recuerda que hay muchas tiendas, no siempre la primera es la indicada.

Naruto tomó el trozo de papel que le ofreció el viejo y asintió a sus palabras. La emoción ya estaba floreciendo en su ser, la idea de una aventura por el pueblo en busca de sus cosas era, cómo explicarlo, excitante. Sí, esa palabra sonaba bien.

—Lo haré —respondió, terminando de leer la pequeña lista. Había esperado más cosas, pero bueno, sería su primer año. Según lo que había aprendido, el primer año sería más teoría que práctica, pero eso no disminuyó su emoción. Además, las ganas de conocer nuevos niños de su edad eran mayores que sus ganas de aprender técnicas shinobi. Aparte, hace un año ya había comenzado con eso.

—Bien —dijo Hiruzen, antes de comenzar a caminar. Pero antes de pasar el árbol en el que habían estado recargados, se detuvo y giró la cabeza ligeramente.

—Y recuerda, Naruto. El simple hecho de ser el contenedor del Kyuubi, de contenerlo todos los días, ya te hace un héroe. La gente no lo sabe, pero todo el aprecio y respeto que la gente te dé, míralo como una forma de recompensa por tu sacrificio. Mereces eso y más, nunca lo olvides.

Con esas palabras, desapareció entre los árboles del bosque.

Naruto abrió los ojos antes de que una pequeña y sincera sonrisa se formara en su rostro. Nunca supo cómo lo hacía, pero el hombre siempre sabía lo que estaba pensando o lo que le estaba molestando. Sin duda, el hombre más sabio del mundo.

Miró de nuevo el trozo de papel en su mano y luego subió la vista, notando el sol brillando en su máximo esplendor.

¿Por qué esperar?

Con una sonrisa, se dirigió a casa.

Primero, tenía que ir a buscar el dinero.


Dos horas más tarde.


Devolvió el saludo con un movimiento de mano y continuó su caminata, sonriendo a todo aquel que lo saludara. Ya se había acostumbrado a esto. No había persona mínimamente informada que no conociera su existencia. Era de conocimiento público que Namikaze Naruto era hijo del Yondaime Hokage. Y si existía alguna duda, su gran parecido con su padre las disipaba rápidamente.

Siempre le decían que era demasiado parecido a su padre. Y aunque le encantaba el comentario, él podía encontrar varias diferencias. Su padre tenía el cabello rubio brillante, mientras que él lo tenía un poco más claro, ligeramente pálido. Su padre era de tez bronceada, con una piel curtida por las batallas y el entrenamiento bajo el sol. En cambio, él tenía la piel clara de su madre, un tono casi pálido que parecía reflejar la luz en lugar de absorberla. A veces sentía que le faltaba un poco de exposición al sol, lo cual era curioso, considerando que la mayor parte de su tiempo la pasaba bajo él.

Otra diferencia notable era la forma de su cabello. Su padre lo tenía en punta, bastante descontrolado y salvaje. En cambio, su cabello era más controlado; aún tenía la forma de punta, pero caía hacia abajo en lugar de desafiar la gravedad como el de su padre. Esta diferencia le daba un aire un poco más sereno y tranquilo, aunque no menos decidido.

El resto de sus rasgos eran prácticamente idénticos a los de su padre: los mismos ojos azul cerúleo, la misma nariz recta, los mismos labios finos y la forma de su rostro, que combinaba fuerza y suavidad en perfecta armonía. Incluso, según el viejo Hiruzen, tenía la misma sonrisa que su padre, una mezcla de determinación y calidez que podía inspirar confianza en cualquiera. Estos rasgos opacaban cualquier discrepancia con su parentesco. Y no le molestaba, estaba orgulloso de eso.

Sonriendo de nuevo, esta vez a una pequeña niña que iba acompañada por su madre, Naruto fijó su mirada en el gran letrero frente a él: "Armas Ninja: Voluntad de Fuego". Naruto sonrió ante el nombre de la tienda; sin duda, el dueño era un verdadero patriota. Sintiendo curiosidad, se dirigió hacia el lugar. Las puertas eran grandes y de madera maciza, lo que le hizo imaginar que el local sería amplio y bien abastecido.

Empujó con cuidado una de las puertas de roble y, al entrar, quedó hipnotizado por la vista que se le presentó. La tienda era enorme, especialmente considerando su estatura. Las largas y grandes estanterías se expandían a lo largo de todos los laterales del lugar, alcanzando casi hasta el techo. En ellas, había una increíble cantidad y variedad de armas que nunca había visto ni escuchado antes.

El centro del local estaba dividido en varias secciones de ropa, cada una con una temática diferente: uniformes tradicionales, trajes de combate, y vestimentas ceremoniales. Los colores y tejidos variaban, desde el algodón más sencillo hasta la seda más fina, adornada con bordados detallados. Cada sección parecía contar una historia distinta.

El ambiente dentro de la tienda era acogedor, con un aroma a madera recién pulida y el ligero tintineo de los objetos metálicos cuando algún cliente los examinaba. La iluminación cálida realzaba los detalles de los productos, dándoles un brillo casi místico. Naruto estaba maravillado. Sin duda, este lugar era espectacular.

Sonriendo, volvió a leer el papel en su mano. "Ropa de entrenamiento ninja", fue el primer punto. Miró alrededor de la tienda, sin saber muy bien por dónde empezar a buscar. Solo algo tenía claro: lo que buscaba iba a estar en el centro del local, donde se encontraba toda la ropa, según veía.

—¿Estás buscando algo en específico, pequeño?

Naruto saltó ligeramente ante la repentina voz grave. Se giró en dirección de la voz y solo pudo rascarse la cabeza por detrás, avergonzado.

—Uh, sí —trató de sonreír, no queriendo mostrar su incomodidad. Vio cómo los ojos del hombre grande se iluminaban ligeramente al reconocerlo. Esperó algún tipo de alabanza, pero nunca llegó. El hombre volvió a su sonrisa delgada y tranquila.

—¿Y qué sería lo que podría proporcionarte mi humilde tienda, pequeño?

No pudo evitar formar una sonrisa; le agradaba el hombre. Siempre era bienvenido el trato igual al resto, sin dejarse llevar por su apellido. Cuando comprendió bien la pregunta, se dio cuenta de que era el dueño del lugar.

Moviéndose un poco incómodo ante la perspectiva, respondió:

—No hay necesidad de ayudarme, no le quiero quitar tiempo. Gracias —hizo una breve reverencia para enfatizar sus palabras. Lo último que quería era molestar a un hombre que seguramente tenía cosas más importantes que hacer.

La sonrisa del hombre castaño se ensanchó un poco más.

—Ayudar a mis clientes a encontrar lo que buscan no es una pérdida de tiempo, muchacho. Así que, dime, ¿qué es lo que estamos buscando?

Naruto volvió a frotarse detrás de la cabeza, avergonzado.

—Estoy buscando ropa para entrenamiento ninja.

—Oh, así que ya vas a ingresar a la Academia Ninja, ¿eh? —sonrió el hombre, antes de moverse en una dirección específica.

Naruto lo siguió por detrás.

—Sí, en un mes comienzo.

—Me alegra escuchar eso. Ya hacía falta un poco de emoción en el pueblo.

Naruto levantó una ceja, pero no respondió al comentario. No entendió a qué se refería el hombre.

—Bien. Así que dime, uh, ¿cuál sería tu nombre, pequeño?

Naruto sonrió, apreciando el gesto. Era consciente de que el hombre lo conocía, su mirada al verlo se lo indicó.

—Naruto, Namikaze Naruto.

El hombre castaño hizo unos movimientos con la cabeza, como si aprobara el nombre.

—Suena genial, combina bastante bien. Yo soy Higurashi Kenji —sonrió—. Entonces, Naruto —lo miró de arriba hacia abajo—. En esta sección está lo que buscas, y los conjuntos de tu talla están aquí —apuntó con un pulgar detrás de él, justo donde se encontraba un estante con diferentes conjuntos de ropa.

Naruto sonrió ante el gran estante en forma de semicírculo.

—Los conjuntos del lado izquierdo son los de mejor calidad —explicó Kenji.

Por obvias razones, Naruto se acercó al costado izquierdo. Si quería dar lo mejor de sí, debía tener las mejores herramientas a su alcance. Y la ropa era esencial para un ninja. Así que sus ojos se movieron alrededor de los conjuntos. Azul y blanco, rojo y negro, blanco y negro, gris y negro; había demasiadas combinaciones.

"Un buen shinobi se caracteriza por ser discreto", recordó las palabras del viejo Sandaime. Sonriendo, tomó el conjunto de la camisa negra y pantalones cortos grises. Sí, estos eran colores bastante discretos. Además, contrastarían con su tono de cabello rubio. Miró hacia abajo, donde se encontraban varios tipos de sandalias ninja. Queriendo combinar su conjunto, eligió las sandalias estándar ninja que llegaban a la altura del tobillo, de color negro.

Sintiéndose seguro de su elección, se giró para sonreírle al dueño de la tienda.

—Me llevaré estos.

Kenji sonrió.

—¿Nada más que un conjunto?

Las mejillas de Naruto se oscurecieron ligeramente. Cierto, con un solo cambio iba a ser difícil asistir la semana completa a la academia. Rascándose de nuevo la cabeza, se dio la vuelta y tomó otros seis conjuntos iguales. De las sandalias, solo agarró otras tres. Sonriendo de nuevo, colocó la ropa sobre su hombro y volvió a girarse en dirección al hombre.

—Listo.

—Toma —Kenji le acercó una canasta—. No creo que sea lo único que vayas a comprar, ¿verdad?

—Gracias —Naruto tomó la canasta, colocando con cuidado los finos conjuntos que había elegido.

—Buena elección —asintió Kenji—. La tela de esos conjuntos es a prueba de fuego, se seca rápido, y no se desgarra fácilmente. Lo mejor de lo mejor en el País del Fuego.

Naruto sonrió, podía verlo. A simple vista parecían normales, pero al tacto se sentía la calidad. Justo lo que necesitaba.

—Entonces, ¿qué más tienes en esa lista tuya?

—Cierto —Naruto volvió a leer el papel, esta vez, el segundo y el tercer punto—. Un paquete de shurikens de práctica y otro de kunais, también de práctica.

—Muy bien, esos los tenemos en el mostrador. ¿Otra cosa que necesites por estos lugares?

Naruto leyó de nuevo el papel.

—Um, creo que no. Solo falta un paquete de papeles de chakra, alambre ninja, y… —se detuvo momentáneamente—. ¿Un conjunto de pinceles y tinta de chakra? —fue más una pregunta que una declaración, confundido por el raro material—. ¿No se suponía que escribían con lápices normales?

Kenji sonrió internamente. El paquete de papeles, pinceles y tinta de chakra era lo necesario para comenzar a aprender el arte del sellado. Sin duda, el Sandaime ya quería ingresar al niño en el mundo del abstracto y complicado arte.

—El alambre también lo tenemos en el mostrador. Pero las otras cosas están por acá, sígueme.

Naruto hizo lo que le dijeron, un poco confundido por los materiales. Oh, bueno. Quizás eran necesarios en algunas actividades de arte. Sí, tal vez era eso. Su sonrisa volvió justo antes de detenerse a un lado del hombre, frente a un pequeño pero elegante estante de madera roja.

—Como estoy seguro de que necesitarás muchos de estos —señaló los paquetes de papeles de chakra—, recomendaría que te llevaras por lo menos cinco paquetes de cien hojas. Así, por lo menos, no tendrás que preocuparte de abastecerte de ellos de nuevo.

Naruto asintió lentamente. ¿Quinientas hojas? ¿Qué demonios, estaba yendo a una escuela de arte o qué? Una sensación rara se instaló en su estómago. ¿O el hombre quería sacarle un poco más de dinero? Sacudió la cabeza; se veía un buen hombre. Además, no creía que quisiera llevarse la fama de haber estafado al hijo del héroe de la hoja.

—Y este kit de pinceles son los mejores que tenemos. Son veinte pinceles, todos y cada uno de ellos de diferente tamaño y tipo de trazo. La mejor calidad del País del Fuego —Kenji sonrió al ver el rostro abrumado del niño.

Tomó un gran bote de tinta negra de chakra, incluso a él le costó un poco sostenerlo.

—Y este bote de tinta de chakra es el más grande que tenemos. Como dije, con esto no tendrás que preocuparte por volver a comprar —sin esperar respuesta, colocó los paquetes de papeles y pinceles de chakra en el canasto en las manos del niño. El bote de tinta lo iba a llevar él, no creía que el niño pudiese cargarlo sin tener que arrastrarlo.

Naruto parpadeó ante el gigantesco bote de tinta, ahora estaba seguro de que el viejo se había equivocado. No sería raro que el hombre lo inscribiera a una academia de arte, y no a la de los ninjas. Oh, cómo podía ser ese viejo a veces.

—Gracias —sonrió un poco al ver al hombre ayudando a cargar el gran bote.

—Entonces, ¿es todo lo que necesitarás?

Naruto asintió.

—Sí, ya es todo.

—Perfecto. Vamos al mostrador entonces.

Naruto siguió al hombre a través de los largos pasillos. Unos dos minutos después, el hombre dejó el gran bote sobre un gran mostrador. Su cabeza apenas lograba asomarse por encima del mueble, haciéndole difícil ver otras cosas más que las que estaban detrás del cristal.

Una mano apareció en su visión, detrás del cristal, agarrando un pergamino de tamaño mediano que tenía en el centro un símbolo de shuriken. Después, la mano agarró otro pergamino del mismo tamaño, pero este tenía el símbolo de kunai. Por último, la mano agarró otro pergamino con el símbolo de alambre. Finalmente reconoció la mano como la del dueño de la tienda. Y esos pergaminos supuso que contenían las otras cosas que había pedido.

Se hizo un poco hacia atrás para poder ver el rostro del hombre por encima del mostrador. Lo recibió una divertida sonrisa. Oh, cómo esperaba crecer más rápido. Lástima que solo tuviera seis años apenas. El tiempo realmente se movía demasiado lento a veces. A veces soñaba que tenía control absoluto del tiempo, y lo usaba solo para adelantar el tiempo hasta su cumpleaños. Sonrió un poco, sin duda un gran sueño.

—Bien, mira, dentro de estos pergaminos —acercó un poco más los pergaminos para que Naruto los pudiera ver—, se encuentran los shuriken, kunai y alambre ninja, respectivamente. ¿Ves el símbolo impreso en cada uno de ellos?

—Sí.

—Bien, mira atentamente —sostuvo en alto uno de los pergaminos—. Si colocas la palma de tu mano sobre el símbolo, justo así —presionó con su palma justo en el centro del símbolo de shuriken—. Si insertas en él un poco de chakra, aparecerán las herramientas que quieras, en este caso, shuriken —explicando, hizo lo que dijo, y en una pequeña nube de humo apareció un shuriken de práctica—. En cada pergamino hay quinientos shuriken, kunai y alambre ninja, respectivamente.

Naruto abrió los ojos sorprendido. ¿Qué tipo de truco de magia era ese? Fue genial.

Después de un momento de contemplación en forma de admiración, preguntó:

—¿Y cómo elijo cuántos shuriken quiero que aparezcan?

Kenji sonrió.

—Oh, simple, cuando sepas moldear chakra en lugares específicos de tu cuerpo, podrás medir la cantidad de chakra que induces, en este caso, en el símbolo. Entre más chakra, más armas salen, y así de forma contraria.

—Oh —Naruto no pudo evitar la sorpresa en su rostro. ¿Qué tipo de arte ninja era este? Parecía demasiado increíble para ser verdad—. Entiendo, gracias.

—Si todavía no sabes moldear tu chakra, puedes pedirle ayuda a tu instructor de la academia para abrirlo. Todos mis clientes de tu edad lo hacen, no te preocupes por ello —Kenji le sonrió al pequeño rubio.

Naruto asintió, la preocupación anterior desvaneciéndose. Había estado pensando justo eso. Ya había desbloqueado su chakra, pero todavía no había empezado con un ejercicio orientado al chakra; todo fue más físico y mental, en palabras del viejo. A lo que se tradujo a correr alrededor de la mansión todas las mañanas después de su sexto cumpleaños, es decir, hace tres meses. Y por las tardes, escuchar al viejo sobre la historia del pueblo, y aunque era un poco cansado, disfrutaba de las historias, más cuando se trataban de los Hokage.

—Bien, entonces, vamos a empezar —Kenji tomó otro pergamino un poco más grande—. Por los siete conjuntos ninja, serán siete mil. Por el pergamino de quinientos shuriken de práctica, serán quinientos. Por el pergamino de quinientos kunai, serán seiscientos. Por el pergamino de quinientos alambres ninja, serán mil doscientos. Por los cinco paquetes de papel de chakra, serán cinco mil. Por el kit de pinceles de chakra, serán dos mil. Y, por el bote de cincuenta litros de tinta de chakra, serán cinco mil. En total, serán veintidós mil cien ryo.

Naruto asintió con una pequeña sonrisa. Fue bastante dinero, pero había comprado todo de la mejor calidad. Fue un pequeño sacrificio si quería sacarle el mayor provecho a la academia. Sacando su cartera de rana, su querido y precioso Gama-chan, sacó el dinero necesario.

Fue buena la decisión de ir antes a la mansión Hokage por más dinero. Asuma había levantado divertido una ceja, pero se lo dio de todas formas, demasiado preocupado por no desperdiciar el cigarrillo en su boca. Oh, cómo odiaba eso.

—Veintidós mil cien, aquí están —dijo, levantándose de puntillas lo mejor que pudo para darle el dinero al hombre alto.

Kenji sonrió divertido ante la escena. Pocas veces había visto niños venir a comprar sus cosas sin compañía. Bastante independiente era el niño, si podía apostarlo. El Sandaime estaba haciendo un gran trabajo con el niño, sin duda. Nadie quería un Namikaze pequeño y mimado caminando por las calles. Sonrió ante el pensamiento. Nadie lo quería, y hacían todo lo contrario.

—Sellaré las cosas en este pergamino para que puedas llevarte todo sin problemas, ¿vale?

—Muchas gracias.

Naruto vio cómo una por una sus cosas desaparecían dentro del pergamino, y un segundo después, aparecía un símbolo que identificaba al producto. Un momento después, el dueño de la tienda le ofreció el pergamino.

Con una sonrisa, lo recibió.

—Gracias, Kenji-san.

—No hay de qué, espero que vuelvas pronto. Ya sabes, un ninja siempre necesita muchas cosas.

Naruto no quiso decirle que aún no era un ninja, por lo que solo asintió con una sonrisa. Con el pergamino seguro en su mano, salió del gran local.

La luz del sol lo golpeó al instante en que salió. Perplejo, parpadeó un par de veces, acostumbrándose de nuevo a la luz. Cuando los destellos de colores desaparecieron de su visión, sonrió, tomando el camino de regreso a la mansión Hokage. Tenía que dejar sus compras en su cuarto.

"Solo recuerda que hay muchas tiendas, no siempre la primera es la indicada".

Se detuvo en seco, rascándose la cabeza mientras una sonrisa divertida se dibujaba en su rostro. Observó el pergamino con una mezcla de vergüenza. Había sido cautivado por la amabilidad y el conocimiento del hombre de la tienda, sin siquiera considerar buscar otras opciones.

Naruto suspiró y se encogió de hombros. ¿Qué le iba a hacer? El hombre lo había impresionado desde el primer momento con su trato genuino y sus conocimientos sobre los productos. A pesar de las palabras de advertencia del Sandaime, no podía evitar sentirse satisfecho con su elección. Continuó su caminata, disfrutando del cálido sol que le acariciaba la piel y del suave crujido de la grava bajo sus sandalias.

Mientras caminaba por el camino principal, no pudo evitar fijarse en las construcciones apenas iniciadas de algunos edificios. El pueblo todavía no se recuperaba de los daños causados por el ataque del Kyuubi. Los edificios a medio construir y las caras cansadas de los aldeanos eran un recordatorio constante del caos que había ocurrido. Suspiró y, sin darse cuenta, se tocó el estómago. Hizo una ligera mueca, tratando de alejar esa sensación extraña en su cuerpo. Aunque él no había hecho nada, no podía evitar sentirse responsable.

El ataque del Kyuubi había dejado una marca profunda en Konoha. Muchos hogares y comercios habían sido destruidos, y aunque los aldeanos trabajaban incansablemente para reconstruir su pueblo, el progreso era lento. La visión de hombres y mujeres levantando escombros, martillando nuevas vigas y reparando paredes le recordó la magnitud del desastre. No solo habían perdido propiedades, sino también seres queridos, y la tristeza todavía se reflejaba en sus rostros.

Ser el contenedor del bijuu, de alguna manera, lo convertía en un representante de la bestia, ¿no?

Miró hacia el cielo y cerró los ojos por un momento. Se sentía como si tuviera una carga enorme sobre sus hombros, una carga que apenas empezaba a entender. Pero él sabía una cosa con certeza: no iba a ignorar sus responsabilidades. No, él se encargaría de todo lo que había causado la bestia de las nueve colas.

¿Era esto lo que significaba ser jinchuriki?

Tal vez.

Abrió los ojos y observó a las personas que trabajaban en las obras, levantando los escombros y reconstruyendo sus hogares. Vio la determinación en sus rostros, la misma que sentía crecer dentro de él. Quería ser alguien en quien ellos pudieran confiar, alguien que pudiera ayudarlos a sanar y a reconstruir no solo los edificios, sino también sus vidas.

Recordó las palabras del viejo Sandaime, siempre llenas de sabiduría.

"Naruto, el verdadero poder de un ninja no reside solo en sus habilidades, sino en su capacidad para proteger a aquellos que ama y a su hogar".

Y eso era exactamente lo que planeaba hacer.

Miró nuevamente el pergamino en su mano y sonrió con determinación. Continuó su caminata hacia la mansión Hokage, con una renovada determinación ardiendo en su pecho. Podía sentir que su camino apenas estaba comenzando, y no importaba cuán difícil fuera, él estaba listo para enfrentarlo.

Al acercarse a la mansión Hokage, vio a más personas trabajando juntas, colaborando para levantar una nueva estructura donde antes no había nada. Niños jugando cerca, riendo a pesar de todo, le dio una sensación de esperanza. Konoha era su hogar, y aunque había sido herida, la voluntad de fuego ardía intensamente en cada uno de sus habitantes.

Naruto supo que, con esa misma voluntad, algún día él también protegería a todos ellos.

¿Por qué?

Porque él era Namikaze Naruto.