¡Actualización de la semana!

¡Perdonen la demora en la actualización, pero ya está aquí!

Después de casi 6 meses de castigo en el mundo humano, Jill finalmente puede regresar a su hogar, y volver a ver a Grell. Aunque su descanso no durara mucho tiempo, ya que William ya le tiene lista otra misión


Capítulo 30: Al regreso

Se marchó de la escena después de asegurarse que todo estaba en orden, no podía cometer ningún error, de lo contrario, William sería capaz de regresarla al mundo humano el resto del año, ¡o peor, de la década!

Se alejó corriendo por el bosque, bajo la luz de la luna llena, abrió su conexión con su mundo, esfumándose de aquel sendero nocturno.

Nuevamente estaba en casa, la luna alta, y un pequeño reloj en una torrecilla central en un parque le indicaron que eran casi las 2:30 de la madrugada. Levantó la mirada al imponente edificio con ventanas de cristal a lo lejos, siempre había personal en las oficinas para recibir su lista de la muerte, pero por otra parte…

Apretó los puños y se dio la vuelta, caminando en dirección contraria al edificio, iba a casa, no quería ver a una secretaria haciendo turno de noche, quería ver a Grell cuanto antes. Hecho a correr sin darse cuenta, llegando a la cómoda vivienda de dos pisos que ambos habitaban. Salto la verja del jardín de rosas que su hermano cuidaba, y entro a la casa, las luces de la sala estaban encendidas, pero Grell no estaba ahí.

Escucho pasos bajando la escalera, se quedó inmóvil al verle nuevamente, los ojos de la joven shinigami se llenaron de lágrimas.

— Ji…Jill — susurro el mayor terminando de bajar la escalera

— Grell… — gimoteo sin poder contenerse más tiempo, se lanzó sobre el para abrazarle, derribándolo al piso, Grell la estrechó en sus brazos, provocando que las lágrimas escaparan de los ojos de su pequeña hermana — te extrañé tanto! — sollozo aferrándose a su camisa

— Ya, ya, todo está bien ahora — susurro acariciando su azulina cabellera — también te extrañé mucho — susurro restregando su mejilla en la cabeza de su hermana, se quedó serio unos momentos — ese olor… ¿Sebas-chan…?

— Llevo casi 6 meses atrapada en el mundo humano, ¡¿Y tú solo puedes pensar en el demonio?! — protesto inflando las mejillas alejándose de el — es que no entiendes que quería verte!

— Lo siento, no pude evitarlo — le sonrió revolviendo su cabello — también yo quería verte Jill, pero William no me permitía salir del mundo shinigami para ir a verte

— ¿A mí? ¿o al demonio? — le volteo la cara con indignación

— Hubiera sido una agradable visita si además de ver a mi hermanita, también veía a Sebas-chan

— ¡No tienes remedio! — bufo, dándole la espalda

Grell la abrazó de este modo, estrechándola con fuerza.

— Me alegro que estés bien Jill, sobre todo después del enfrentamiento que tuviste con el

— ¿Supiste de eso? — pregunto apenada, seguramente sabía que había perdido aquel combate

— Ronald me lo contó, después le pregunté a William y me corroboró todo

— ¡Ese maldito de Ronald! — gruño con desprecio

— Ha estado hablando mucho conmigo últimamente, de hecho, me ayudo a acelerar el trámite de modificación de mi Death Scythe

— Aun así, lo mataré cuando lo vea — susurro quedamente como un gruñido

— ¿Acaso estas celosa, hermanita? — le pregunto burlón, mientras se ponía de pie y sacudía sus ropas — ¿no piensas quedarte ahí toda la noche verdad? — le tendió su mano

Jill no respondió, tomo la mano de Grell para ponerse de pie, notando como aun llevaba con él aquella gabardina roja que había tomado del cuerpo de la tía de Ciel.

— No esperaba que aun llevaras esa gabardina

— Digamos que me gusta cómo se me ve — respondió restándole importancia

— El rojo siempre te ha ido bien — sonrió abrazándole nuevamente

— Para una dama como yo, siempre debo lucir a la moda ¿no crees?

— lamento que aún me cueste trabajo dirigirme a ti de esa manera — susurro apenada

— Para ti, mi pequeña hermanita, siempre tendrás un hermano en mi para protegerte — le sonrió revolviendo su cabello — solo no te acerques tanto a mi Sebas-chan — bromeo dándole un golpecito en la frente, guiñándole un ojo.

Jill lo observo fijamente, tratando de averiguar si su hermana bromeaba o no, pero ella simplemente le sonrió de medio lado, inflo las mejillas en señal de molestia, y se separó de ella, muy a su pesar, para ir a buscar algo para comer a la cocina.

Abrió el refrigerador, para su mala suerte solo había botellas de leche, y algunas latas de duraznos. Las atenciones que había recibido en la mansión, ahora hacían estragos en ella, a partir de ese momento tendría que regresar a su dieta de comida enlatada y botellas de leche. Tomo una, bebiendo directamente de la botella.

Regresó a la sala y se tumbó en el sofá, apoyando la cabeza en las piernas de Grell, el cual se encontraba limando sus uñas.

— Debes estar agotada — dijo observándola de reojo — ¿por qué no vas a descansar?

— Quiero estar un rato mas así — respondió — ¿qué hay de ti? ¿No dices que desvelarse es malo para la piel?

— Solo terminaré esto y me iré a dormir

Jill cerró los ojos, arrullándose con el sonido de la lima de uñas, no quería dormirse, tenía miedo de que, al despertar, todo aquello hubiera sido un sueño, tenía que, al abrir los ojos, estuviera en su habitación de la mansión, con el maldito de Sebastian quitándole las colchas para sacarle de la cama, como cada mañana hacia.

Un agradable aroma a rosas invadió sus sentidos, abrió los ojos repentinamente, viendo la gabardina roja sobre sus hombros. Grell la miraba cálidamente.

— Vamos, duerme un poco — le sonrió besando su frente

Jill sonrió y se acurruco debajo de la gabardina, cerrando los ojos, deseando que, al despertar, aquello no hubiera sido un sueño.

Un rayo de sol le golpeó la cara por la mañana, se incorporó de golpe, observando todo a su alrededor, era su pequeña y modesta habitación, con su escritorio, su librero y las blancas y austeras paredes, la gabardina roja resbalo por sus hombros, había dormido con ella toda la noche; la tomo en sus manos, y salió de su habitación llamando a Grell, mas no hubo respuesta.

Bajo a la planta baja, Grell no estaba en ninguna parte, se llenó de miedo de que nuevamente se hubiera marchado dejándola sola, vio una nota sobre la mesa, era la caligrafía de su hermana, se había marchado temprano a la oficina, pero por más que había intentado recobrar su gabardina, no había podido quitársela, así que esperaba que se la llevara cuando ella fuera a entregar su reporte.

Jill suspiro de alivio, y subió nuevamente para tomar un baño antes de marcharse a las oficinas, tenía que intentar quitarse el aroma a demonio que tenía impregnado después de tantos meses de convivencia. Abrió las llaves de la ducha para tibiar el agua un poco, se soltó el cabello, escucho ruido en la planta baja, esperaba que fuera Grell, quizá regreso porque olvido algo, o no confiaba en que ella le llevaría su gabardina y volvió por la prenda.

Comenzó a desvestirse, comenzando con las prendas superiores, justo cuándo se quitó el sostén, abrieron la puerta del baño.

— Sempai, se supone que Jill… — murmuró Ronald con calma — ¿ah?! ¡Veo que ya llegaste! — exclamo

La sangre del cuerpo de Jill, subió a su rostro, tomo lo primero que pudo, en este caso su camisa de vestir, y se cubrió el pecho con ella, por instinto pateo la puerta del baño para golpearle, sacarle de ahí, y sobre todo volver a cerrar la puerta.

— ¿QUE RAYOS HACES AQUI? — gruñó — ¡¿que no te enseñaron a llamar a la puerta antes de entrar?!

— Pero solo venía a avisarle a sempai que tú regreso estaba contemplado para hoy — se quejó desde el pasillo — ¿cuándo volviste?

— Por la madrugada, para tu mala suerte — respondió entrando a la ducha

— Y yo quería aprovechar mi último rato con sempai sin que estuvieras en medio — gimoteo

— ¡NO ME HAGAS SALIR A GOLPEARTE!

— Eres una niña muy violenta, ¡casi me rompes la nariz con ese portazo!

— ¡Bien merecido lo tienes por entrar sin llamar a la puerta! — grito — ¡me hubiera gustado rompértela con todo y anteojos!

— Tampoco es que haya sido placentero verte — se defendió con un ligero tono de burla

— ¡Te voy a descuartizar! — gruño terminando de lavarse.

Salió del cuarto de baño envuelta en una bata y se dirigió a su habitación, cerrando la puerta por dentro, se vistió con unos pantalones cortos de mezclilla, sus botas militares, y una blusa con cuello de vestir, pero sin mangas. Salió de su habitación llevando su katana, su lista de recolección, y la gabardina de Grell.

— ¿No crees que Will se molesté si te ve vestida así? — pregunto el rubio

— ¿Dime que cosa no le molesta a William? — suspiro la shinigami colocándose sus gafas y acomodando su cabello — a él no le importa cómo me vista realmente, así que no le doy importancia

— ¿Y si no le das importancia, por que llevas tus gafas entonces?

— Porque William no me abandono en el mundo humano por mis ropas, sino por estas malditas gafas — gruño por lo bajo — no quiero otro castigo como el que me dio

Salió de la casa para dirigirse a las oficinas, llego en poco tiempo a el imponente edificio con ventanas de cristal, hacía meses que no estaba ahí, y por alguna razón se sentía nerviosa de entrar, tal como había pasado la primera vez que había ingresado al grupo de recolectores.

— ¿Te piensas quedar aquí toda la mañana? — le pregunto Ronald, notando como la shinigami dudaba en tomar los sujetadores de las puertas para entrar — ¡tal vez necesitas un pequeño empujón! — agrego empujándole por la espalda, obligándola a entrar a las oficinas.

Jill paso las puertas por la inercia, trato de mantener el equilibrio para no caer, pero repentinamente se estampo contra algo, o alguien, era más blando que un muro, pero más rígido que cualquier otro ser vivo que conociera. Levantó la mirada para ver contra que había chocado, arrepintiéndose en el acto de haberlo hecho.

— Ustedes dos jamás dejaran de jugar y de causar problemas, ¿no es así? — William se acomodó las gafas con expresión severa

— ¡Yo no tuve nada que ver! — se defendió la peli azul — ¡todo es culpa de este tonto! — señalo a Ronald

— ¡Aun así, llegas tarde, Jill Sutcliff! — le indicó — espero hayas hecho tu recolección, completa y apropiadamente

— Por supuesto que sí — suspiro entregándole su libreta

— Solo resta revisarla, has estado demasiados meses en suspensión, espero no te hayas aflojado como el inútil de tu hermano — le advirtió, Jill frunció el ceño con molestia, expresión que William no paso por alto — síganme los dos

— ¿El también? — Jill señalo a Ronald

Soltó un bufido de resignación y siguió a William por los pasillos, ¿por qué demonios Ronald tenía que acompañarles también? Durante el trayecto se toparon con Grell en la oficina de todo lo relacionado con las Death Scythes, posiblemente terminando los trámites de la personalización de su motosierra.

Cuando se percató de su presencia se le iluminaron los ojos de alegría.

— ¡William! — exclamo lanzándose sobre el

— ¡Grell! — exclamó Jill al mismo tiempo abrazando a la pelirroja antes de que llegara con Will.

— Les recuerdo que se encuentran en las oficinas, así que más les vale comportarse, o arruinaran el buen nombre de un shinigami

— ¡Ahhh! ¡Amo cuando eres así de frio! — gimió Grell

— ¡DEJEN DE PERDER EL TIEMPO EN TONTERÍAS! — les reclamo molesto, con un tic en la ceja — Lamentablemente para mí, necesito que me sigan los 3, por lo menos no perdí demasiado tiempo buscándote, Grell Sutcliff.

William siguió su camino hasta su oficina, dejando la lista completada por Jill en la oficina de recursos para su análisis.

— Caminar así los 3 me recuerda al primer día de capacitación que tuvimos, Jill temblaba como un cachorro — bromeó Ronald

— Prácticamente tuve que cargar a Jill desde casa, porque no quería venir — sonrió Grell

— ¡Eso no es cierto! — protesto Jill completamente sonrojada

Jill tampoco podía olvidar la primera vez que estuvo en capacitación, pero de eso habían pasado años, ahora era una recolectora en forma, ya no estaba en capacitación, ahora tenía misiones reales en el mundo humano.

"Durante años había entrenado junto a Grell para eso, aun así, su temor al mundo humano era paralizante, no importaba su fuerza y su agilidad, el mundo humano le aterraba. Grell muchas veces insistió en que mejor intentara dedicarse a algo en algún otro departamento, no necesariamente tenía que ser recolectora, había más cosas que podía hacer en el mundo shinigami.

¡Es importante para mí! — lloriqueo la joven peli azul

¡Es peligroso que vayas! ¡Y más si tienes tanto miedo de estar en el mundo de los humanos! — insistió Grell — preferiría que estuvieras aquí, en la seguridad de nuestro mundo

¡Tú te arriesgas cada que vas a una recolección! ¡Yo también quiero salir!

Grell no estaba segura de querer permitir que su hermana estuviera en el mundo humano, años atrás ambos habían perdido a sus padres en un ataque de lo que pudieron ser demonios en el mundo humano, Jill estaba con ellos en ese momento, solo tenía 6 años en ese entonces, y, había sido la única en salir con vida de aquel ataque, por poco.

Sabía que esa era la razón del terror de su hermana al mundo humano, aun así, la peli azul estaba esforzándose por ser una recolectora como sus padres, como Grell.

Las pruebas de selección en la academia de shinigamis habían sido pesadas, pero Jill pudo con ello sin inmutarse, los grupos de preparación para los nuevos recolectores eran reducidos, no más de 10 graduados por grupo, y ella era la única mujer en esa reducida comitiva, y a eso decía sumarle el hecho de que ella no necesitaba anteojos para ver bien.

Como era de esperarse, y para su mala suerte, el encargado de su grupo había sido William, el shinigami más cuadrado, estricto y apegado a las reglas que jamás conocería, y en su primer día, lo primero que recibió fue un regaño de parte de su supervisor por no portar sus anteojos reglamentarios. Había sido la burla del reducido grupo cuando mencionó que ella no requería de gafas para ver bien, todos menos Ronald la tacharon de mentirosa en ese momento.

William quiso comprobar esto de inmediato, llevando al reducido grupo a un examen de la vista para ajustar sus anteojos de ser necesario. Grell los había visto por el pasillo y decidió seguirlos.

¿Acaso no tienes que estar en otro lugar, Grell Sutcliff? — la frialdad de William causaba escalofríos

Si es para verte, no me importa el lugar — gimió Grell mordiéndose el labio

Deja de perder el tiempo y haz tu trabajo como es debido, no eres el mejor ejemplo que se le pueda dar a los novatos

Tan frio como siempre, querido Will — sonrió Grell — asustaras a estos pobres jóvenes a tu cuidado

Creía que no tenías interés en los recién llegados, así que, ¿que buscas aquí?

La verdad es que estoy en un papel de hermana mayor protectora — respondió encogiéndose de hombros — me temí que mi pequeña hermanita hubiera causado tu molestia y se hubiera ganado un regaño

¿Tu hermana menor? — pregunto levantando una ceja

¿Acaso no te diste cuenta ni por el apellido? ¿O es que acaso no les has preguntado siquiera su nombre y te diriges a ellos por su número de empleado? — le reclamo Grell — el que estén aquí, es porque creo que te ha tomado por sorpresa que Jill no necesite anteojos para ver claramente

Está estipulado en el reglamento que …

Will, cariño, ella no los necesita — lo interrumpió Grell — ve y hazle el examen si quieres, pero te llevaras una sorpresa con ella.

William estaba escéptico, le realizaron el examen de la vista a Jill, lo cual bastó para callar a todos los que se habían burlado de ella, aun así, se le fueron asignados un par de anteojos sin graduación, mismos que acepto solo por cumplir con las reglas.

Su preparación había sido dura, y luego de 6 meses habían sido asignados en parejas junto con un tutor para una recolección real, este tutor se encargaría de mostrarles las técnicas de recolección y cómo hacerlo correctamente, en el mundo humano.

Jill partió con Ronald y Grell, la pelirroja había insistido mucho en que le permitieran ser el tutor de esa dupla en específico. Jill no era muy afín a Ronald, pero el hecho de estar en el mundo humano le aterraba más.

Tenían que pasar un mes ahí, aprendiendo técnicas de infiltración, recolección de información, como identificar al objetivo, y como realizar el juicio, la teoría era una cosa, pero la práctica era algo muy distinto.

Puedes hacerlo — Grell la alentaba día con día

finalmente, cuando la recolección se llevó a cabo, no tuvieron mayores problemas en realizarla. Ronald y ella se graduaron con facilidad, y se les otorgó el título de recolectores.

Pan comido ¿no lo crees Jill? …

—... ill? Jill!

— Jill Sutcliff! — la voz de William fue lo que la saco de su trance — ¡Habrá que ver! ¡Eres tan distraída como tu hermano!

— Lo siento — respondió apenada

— Espero que pongas atención a tu nueva misión, es muy importante ya que es una recolección a gran escala

— Es extraño que sucedan recolecciones así — murmuro

— Su recolección se llevará a cabo entre la noche del 19 de abril a la madrugada del 20 de abril, aun así, tenemos otro trabajo aparte de la recolección, que deberá ser investigado minuciosamente.

— ¿Otro trabajo de investigación? ¿Qué puede ser más importante que la recolección? — pregunto Ronald

— Hemos tenido reportes de otros recolectores de la zona sobre cuerpos reanimados

— ¿Quieres decir que… los cadáveres empezaron a moverse? ¡Will eso es una locura! — protesto Jill, pero William les mostró unas fotografías, aunque no se podía decir mucho con ellas

— Posiblemente alguien no esté haciendo bien su trabajo — les dijo seriamente — así que espero que ustedes lo hagan como se debe! — les advirtió

— ¿Nosotros? Ósea…. ¿Te refieres a … nosotros tres? — pregunto Jill sorprendida

— Lamentablemente, no hay más personal para atender esta situación — suspiro Will con fastidio, mientras se acomodaba las gafas — La recolección se hará a bordo de un barco de lujo con destino a Nueva York, aunque este barco no llegara a su destino.

— ¿Recolectaremos almas en el mar? — pregunto Jill, no era un área agradable de recolección, no era fácil esconderse o infiltrarse en sitios así.

— Ronald y Jill abordaran el barco en el muelle de Southampton la mañana del 17 de abril, el día que zarpe en su viaje inaugural, el trasatlántico en cuestión se llama R.M.S. Campania

— ¡Espera! ¿Ronald y yo?! ¿Qué hay de Grell?

— Grell Sutcliff les dará alcance después, aún tiene muchas cosas que arreglar antes de irse de crucero. — respondió William — considerando tus experiencias recientes, tienes una tarea específica, Jill Sutcliff.

— ¿Yo? ¿Qué clase de tarea?

— Según los reportes que tenemos, los muertos que revivieron tienen que ver con una sociedad médica humana, llamada "la sociedad de la aurora" y parece que harán una demostración en el barco en cuestión, aunque solo un grupo muy selecto de personas puede acceder a dicha reunión.

— Me imagino que grupo selecto de personas — bufo la shinigami — y… ¿crees que por que pase 6 meses en una casa noble, puedo infiltrarme en una reunión de nobles? — pregunto levantando una ceja

— Además de ello, parece que tienen una contraseña, y si no la conocen, terminaran por echarles de la reunión

— William, puedo mezclarme entre nobles en cuanto a educación básica y modales se refiere, pero no tienes idea de que tan herméticos son con grupos así de selectos

— Eso forma parte de tu misión, Jill Sutcliff — le dijo seriamente — Ronald y Grell se harán cargo de dos tercios de la lista, por tu parte tu tendrás el otro tercio, ¿fui claro?

— Entendido — bufó Jill, recibiendo una carpeta de su superior con toda la información del caso

— El informe está en esta carpeta, y también sus pasajes, conseguimos que Ronald y tu estén en el mismo camarote para que tengan mejor comunicación

— Son camarotes de segunda clase — murmuro Ronald — ¿que los trasatlánticos de este tipo no tienen camarotes compartidos para más de dos personas?

— Por lo menos tiene camarotes — respondió Grell viendo la carpeta de Jill — la mayoría tienen una cubierta comunitaria con hamacas para la tercera clase y dormitorios comunitarios para la segunda, solo esperemos que no haya oídos curiosos, pero siendo pasajero de segunda clase… mezclarse con la primera clase es…

— Asumo que tu hermana puede con esto — puntualizó William — son los pasajes que nos facilitó la oficina administrativa, alégrense que no irán de polizones

— Viéndolo de ese modo, hay cosas peores — suspiró Jill encogiéndose de hombros

— Retírense y prepárense para su siguiente misión — les ordeno William.

Los tres fueron sacados de aquella sobria oficina, Ronald argumentó que tenía hambre, Grell y Jill lo acompañaron. Durante todo el almuerzo Jill se la paso repasando el informe de su nueva misión, mezclarse en primera clase con las dificultades que eso representaba, quizá debiera partir al mundo humano nuevamente antes del día del viaje.