NOTA! Fanfiction se rayó la última vez cuando subí el capítulo 9 y me duplicó el capítulo 8. Gracias a Jessica que me aviso, ya lo corregí :) TQM Jessi. Así que si no han alcanzado a ver el capítulo 9 vayan a darle una ojeada para asegurarse y no se pierdan al leer este.
CAPÍTULO 10: Preparativos
Estaba feliz. Se estiró en la cama con una sonrisa de oreja a oreja y se levantó a pesar de que aún estaba oscuro. Se puso una bata y bajó a la cocina; tenía que asegurar ciertas cosas ahora que la situación había cambiado.
Cuando llegó todos voltearon a verlo, era extraño que estuviera ahí y sobre todo tan temprano. Los cocineros se pusieron nerviosos sólo con su presencia. Alguna vez los ancianos se habían asomado por el lugar y los habían obligado a probar lo que preparaban y ahora al ver ahí al heredero podían imaginar a lo que venía.
Él pidió algunos dulces y se quedó sentado viendo como preparaban la comida. Ella aún no se asomaba ¿Habría cambiado de parecer y se fue durante la noche? Apenas lo pensó se le fue el apetito y el dulce que tenía en la boca le supo a tierra. Él había dado por sentado el pedido que ella le había hecho ¿Se habría arrepentido al ver a MeiMei? ¡Qué inoportuna había sido esa mujer! Definitivamente tantos años espantando a sus conquistas no eran en vano. Cuando la vio en la puerta se acercó a ella, la agarró del brazo para sacarla de su habitación y por primera vez desde que regresó, la vio molesta, sin la sonrisa socarrona que solía tener desde su discusión. Probablemente fue directo a contarle todo a los viejos cretinos. Ya arreglaría cuentas con ella, pero antes tenía que pensar bien sus opciones.
Cuando volvió a la mesa, Kasumi ya se había acomodado la ropa con el cinturón y estaba poniéndose el pañuelo en la cabeza. El ambiente se había perdido, pero se consoló al pensar que tendría todo el tiempo para volver al punto donde se habían quedado y más. Ahora se daba cuenta de que se había confiado demasiado, quizás ella había encontrado la forma de escabullirse o quizás le pidió ayuda a Yuji. Estaba a punto de ir a su cuarto a buscarla cuando la vio entrar y el alma le regresó al cuerpo dibujándole una sonrisa apenas cruzaron miradas.
Kasumi sintió como sus mejillas cambiaban de color y la piel le empezó a quemar recordando la noche anterior, se llevó una mano al pecho y se ajustó la ropa por inercia. La vergüenza la invadió cuando recordó sus besos y caricias, había perdido la cordura al escuchar su confesión y sentir sus manos sobre ella. Eso estaba mal, muy mal, pero a pesar de todo le había gustado y aunque no lo quisiera aceptar, en el fondo deseaba más.
—Buenos días. —La saludó Satoru con el mismo entusiasmo de siempre, volviendo a comer los dulces que tenía. —Pasé a ver cómo iban las cosas por aquí.
Ella le devolvió el saludo aún con el rostro sonrojado y casi podía sentir el calor que desprendía su rostro. Hizo una mueca cuando se dio cuenta que se había teñido el cabello de negro otra vez y se había puesto el pañuelo. Ella empezó a preparar las bandejas del desayuno, mientras él la seguía con la mirada, viéndola cocinar algunas cosas. Cuando todo estuvo listo, él se acercó poniéndose detrás de ella y llamando a todos los cocineros que prepararon la comida. —Vengan todos, agarren una cuchara y prueben un plato.
Se vieron entre ellos, nerviosos y obedecieron uno por uno, bajo la mirada atenta de él. Kasumi iba a hacer lo mismo, pero él la detuvo. Después de probar la comida, se quedaron unos minutos en silencio, esperando; mientras Kasumi volteaba a verlos sin comprender lo que sucedía. —Bueno, parece que todos están bien, así que me lo llevo, espero tenga buen sabor. —Agarró la bandeja más grande y le hizo señas a Kasumi para que llevara la otra y ambos salieron de la cocina con ella delante, mientras los demás los siguieron unos pasos y se quedaron en la puerta viendo sorprendidos el insólito comportamiento de Satoru, que jamás había puesto un dedo en algún tipo de tarea doméstica.
Se sentía expuesta con él detrás suyo, quiso cambiar de lugar, pero él no la dejó diciendo un "las damas primero" con una sonrisa. Sentía cosquillas en el cuello y la espalda, a pesar de que él mantenía la distancia y escuchó su risa suave mientras subían las escaleras. Cuando llegaron al cuarto ella dejó la bandeja e iba a salir, pero él le rozó la mano. —¿No te quedas a desayunar conmigo?
Tomaron asiento uno frente al otro, pero ella no probó nada. —Gojo-san ¿Le puedo hacer una pregunta?
Él frunció el ceño despacio, ya se había metido un buen bocado a la boca, pero pasó rápido casi sin masticar. —Claro, pregunta lo que quieras. —Y la quedó viendo.
—¿Qué fue lo que pasó allá abajo? ¿Por qué hizo eso?
—¿Recuerdas lo que te comenté ayer sobre los viejos? —Ella se sonrojó ligeramente y asintió. —Bueno, puede que se les dé por mandar alguna sorpresa en la comida, por eso quise asegurarme de que estuviera bien.
Kasumi seguía viéndolo confundida. —Disculpe ¿A qué se refiere con sorpresa?
—Veneno. —Ella abrió los ojos y se llevó la mano a la boca. —Hay de diferentes tipos, los simples son inmediatos para personas normales y los peores pueden acabar con hechiceros. Yo podría resistir hasta recibir un antídoto o la técnica inversa, pero tú… no sabría decirlo. Eres hechicera, pero no tienes entrenamiento, no sabemos nada sobre tu técnica y tampoco sé cuánto saben los viejos sobre ti.
Los ojos de Kasumi brillaron ligeramente y bajó la mirada. Su debilidad y falta de preparación le pasaba la cuenta convirtiéndola en un estorbo. Sintió el cuerpo de él a su lado y su mano levantándole el rostro.
—Mi propuesta del viaje para ti y tu familia sigue en pie. Es peligroso. No sólo es la comida, puede ser cualquier otra cosa. —Su voz era serena, pero su mirada celeste era opaca. —Entiendo si cambias de opinión, quizás sea lo mejor para ti.
Ella vio la comida y luego a él. Recordó la noche anterior, no sólo era lo que él le hacía sentir con sus caricias, era su confesión, su deseo de protegerla y lo que él afrontaba solo. Satoru estaba regresando a su sitio cuando ella lo agarró del brazo. Ella no quería irse, le había dicho que se quedaría y cumpliría su palabra. Podía ser débil, pero no una cobarde y si él estaba dispuesto a cuidarla, entonces ella se arriesgaría y pondría de su parte. Había vivido tres años bajo las narices de Naoya y los Zenin, esta vez tampoco agacharía la cabeza. Se quedaría con él.
—No me quiero ir, pero tampoco quiero ser una carga para usted ¿Siempre vamos a hacer esto con la comida? ¿Y qué va a hacer cuando tenga que ir a hacer mis otras tareas? No creo que sea buena idea lo de hoy.
Satoru parpadeó varias veces. —Para mí no es problema, puedo hacer lo que yo quiera ¿Estás segura? ¿A pesar de todo te vas a quedar?...
—Sí, me quedo, no le tengo miedo a los ancianos. No me quiero ir… porque me gusta estar aquí. —dijo un poco sofocada desviando la mirada y bajando su tono.
Él agarró su mano, con una sonrisa. —Me alegra escuchar eso, usualmente las personas suelen quejarse cuando están cerca de mí. —rio suave y entrelazó sus dedos con los de ella presionándolos suavemente. —Podemos ordenar algunas cosas para que estés segura. Si tienes algo en mente, lo podemos hacer.
Ella se quedó pensativa un momento. —Quizás, con la comida podemos manejarlo con dos o tres personas que la preparen, conmigo incluida para no incomodar a los demás. Y pedir un voluntario para probarla, quizás ofrecer algún beneficio especial o compensación ¿Qué le parece?
Satoru levantó las cejas sorprendido por su propuesta. —No es una mala idea, pero si nos traicionan, tendrían pena máxima, sin apelación. —Él pasó su mano por el cuello como haciendo un corte y sacando la lengua. Ella asintió, aunque un poco incómoda. —Y hay otra cosa de la que me gustaría hablar. —Le vio el cabello teñido de negro una vez más. —Quisiera que dejes de teñirte, no tiene sentido que lo hagas porque aquí casi todos somos hechiceros. Además, se te ve muy bien. —Y le guiñó un ojo, haciendo que ella desviara la mirada una vez más. —Pero, sobre todo, porque quiero que aprendas a manejar la energía maldita y descubras tu técnica para que puedas protegerte. Quizás el tinte la obstaculice si hay algo especial en tu cabello. Se lo podemos preguntar a mi amiga Shoko, es una sabelotodo.
Ella se veía fastidiada con lo último que dijo, pero aun así asintió. Él lo notó y le apretó los dedos que seguían entrelazados. —Tu cabello es lindo, no tienes de qué avergonzarte, es parte de ti y quiero enseñarte todo para que seas una gran hechicera.
Miwa lo vio con una sonrisa. —¿Será usted quien me enseñe?
—Sí, vas a estar conmigo un poco más de tiempo hasta que aprendas lo básico, si no te molesta claro.
—No, por supuesto que no. Creo que he tenido suerte de que sea usted quien me guíe. Gracias por todo, creo que nunca saldaré mi deuda con usted. —Le dijo apenada.
—Gracias a ti por quedarte. No te pasará nada mientras estés conmigo. Y una última cosa muy importante. —Ella lo vio atenta. —Soy Satoru, no usted. No lo olvides.
Kasumi sólo atinó a asentir una vez más y él le dio un beso rápido en los labios, aprovechando la duda de ella. En su mente ya iba planeando los recordatorios que le daría si ella seguía insistiendo con el usted. Sonrió travieso de sólo pensarlo. —Ahora a comer. —Ambos notaron que seguían agarrados de las manos, pero él no la soltó y en su lugar llevó sus palillos a la boca de ella. —Toma. —Ella apenas pudo tartamudear un "pero"; sin embargo, él insistió. Hasta que ella terminó aceptando y luego fue su turno de hacer lo mismo.
Se sentía rara al estar siempre acompañada. El primer día que se quitó el tinte sintió las miradas y los murmullos siguiéndola. Las visitas de Satoru a la cocina tampoco ayudaban. Uno de sus compañeros de entrenamiento, Yu Haibara, se había ofrecido a probar la comida. Al contrario de lo que pensó se mostraba muy animado por la idea y no parecía preocuparle que su vida estuviera en riesgo. De hecho, siempre "probaba" más de la cuenta, por lo que prácticamente tenía una ración para el solo. El único pedido que había hecho era que en caso sucediera lo peor, lo llevaran con Shoko, comentando que, si ella no podía salvarlo, entonces nadie más podría hacerlo.
En cuanto al entrenamiento de hechicería le estaba yendo fatal. Le estaba costando generar energía y mantenerla estable y eso era lo básico. Ni que decir de la sorpresa que se llevó cuando supo de la técnica de Yuji y de Nobara. Satoru ya le había dicho que casi todos eran hechiceros, pero jamás los consideró a ellos dentro de ese grupo por lo normales y tranquilos que se mostraban a pesar de ser menores que ella. La técnica de Nobara era bastante útil al dañar al enemigo a distancia, le daba ventaja para poder atacar sin tener que mostrar su posición.
Mientras que la de Yuji era bastante reveladora y se sintió un poco expuesta. Por lo que le había explicado, golpear el alma del enemigo llegaba a ser más fuerte que golpear el cuerpo, pero aún no había tenido la oportunidad de usarlo en una batalla real, por lo que el alcance de su potencial aún era incierto. Sin embargo, en el día a día, podía saber el estado de las personas si las tocaba o si la emoción era muy fuerte podía llegar a sentirlo en el ambiente como si de un aroma se tratara. Ahora entendía por qué habían sido ellos los encargados de filtrar el ingreso del personal nuevo con el que ella llegó. Ambos eran increíbles y talentosos.
Sin embargo, el que captó toda su atención fue Satoru. Lo había visto de lejos aquella vez cayendo entre las rocas, pero verlo de cerca era impresionante, simplemente estaba a otro nivel. Él y su amigo Suguru, eran mucho más rápidos y fuertes que los demás, tanto que a veces no alcanzaba a ver todos sus movimientos.
Había un recinto cerrado, especial para entrenar en peleas cuerpo a cuerpo y ejercicios en general y otro a campo abierto con obstáculos cuando era con técnicas. Ambos habían hecho algunas demostraciones y usualmente luchaban con diferentes hechiceros hasta enfrentarse. Y en esas ocasiones todos aprovechaban para apostar quién sería el ganador. La mayoría de las veces fue Satoru, pero Geto no se quedaba atrás y también le dio algunas palizas.
Shoko estaba presente en aquellas ocasiones lista para atenderlos y también a algunos de los otros chicos que habían terminado muy lastimados. En un inicio, Shoko había ido por ella. Hizo varias pruebas y hasta sacó varias muestras sacándole el cabello de raíz para llevárselo a su casa a estudiarlo. Sin embargo, todo fue en vano. Su cabello era como cualquier otro a excepción del color. Su esperanza de tener alguna técnica en el cabello se desvaneció con aquellos resultados.
Aun así, Shoko no descartaba que tuviera alguna técnica. Ella confirmó las sospechas de Satoru, pues también pensaba que quizás los años de reprimir su energía y rechazar su naturaleza le habían pasado factura, pero que con el tiempo y la práctica quizás podía despertar. Por lo que le había hecho énfasis en el control y producción de su energía, así como su resistencia física.
Aquel día estaban en el recinto cerrado. Miwa trataba de generar energía de forma estable, pero se le dificultaba demasiado. Satoru le había dado un pequeño muñeco de trapo con forma de un gato blanco, para que practicara, pero el animal no dejaba de moverse cuando el objetivo era que esté quieto.
Satoru y sus amigos la veían de lejos. Él ya se había resignado a las bromas constantes de ellos. Por un lado, le gustaba verlos unidos como antes, aunque él fuera el punto de burla. Y por otro lado, ya no le molestaba sus comentarios, incluso algunas veces hasta les seguía la corriente, sin importarle darles motivos.
—Satoru, ya me estoy aburriendo de dejarte ganar para llamar su atención. Aunque no hagas nada, ella no te quita los ojos de encima. No te vendría mal una buena golpiza para que cambies esa horrible cara de borrego a medio morir y así ella se ocuparía de cuidarte. —Geto estaba sentado al lado de Shoko que tenía sus manos sobre su mejilla, curando el corte que le había hecho Satoru mientras entrenaban.
Gojo rio y volteó a verlo. —¿Te estás dejando ganar? No me hagas reír. Si eres un enclenque. A mí el amor no me vuelve débil como a otros.
Suguru y Shoko se vieron de costado listos para tomarle el pelo a su amigo. —Míralo, está hablando de amor. Pensé que esa palabra no estaba en tu diccionario Gojo ¿Será que Miwa te la está enseñando? —Dijo Shoko con una mirada burlona.
—De eso no tengo dudas. —Replicó Geto. —Él dice que no, pero todos sabemos que sí. Se la enseña en privado por las noches. —Shoko le dio un codazo en las costillas. —¡Ouchhh! Está bien me excedí, disculpa Shoko, pero es la verdad.
Satoru había vuelto a ver a Miwa lidiando con el muñeco y respondió sin verlos. —Para que sepan, no la he tocado.
—¿Tú crees que sea cierto Shoko? Este tipo no sabe lo que es el respeto. No puede tener ni las manos ni la boca tranquilas. No creo que el lobo feroz haya podido resistir tanto tiempo sin ponerle las garras encima.
—No lo sé, es posible Suguru. Ella es una chica tranquila y educada, no creo que le haya puesto las cosas fáciles, aunque no parece tener mucho carácter ¿Deberíamos darle el beneficio de la duda?
¿Que no tenía carácter? Por supuesto que lo tenía y él lo sabía muy bien, pues tuvo que aguantar la humillación de su indiferencia por semanas cuando recién llegó y ahora le ponía paños fríos a sus besos cuando él quería salirse de control. Sus besos: recordó el juego con las fresas picadas y se le dibujó una sonrisa boba en la cara mientras la veía. Pero jamás les diría aquello a sus amigos; esos recuerdos sólo eran de ellos dos.
—Por supuesto que tiene carácter, par de idiotas. Si no, no estaría aquí sabiendo que los viejos la pueden lastimar en cualquier momento.
—¡Ver y no creer como la defiende! Suguru, la próxima vez hazle una herida en la cara, que no lo curaré. A ver qué dice su amada cuando lo vea desfigurado.
—Ella me seguiría quer… —Shoko y Suguru cruzaron miradas expectantes, pero Satoru pareció darse cuenta de sus palabras y cambió. —A ella le seguiría gustando, porque no hay forma de arruinar mi belleza. —Les dijo sacando la lengua.
—Estuvimos tan cerca Shoko, será para la próxima y esa vez iré en serio, así que prepárate. Voy a entrenar con Haibara, con él no tengo que hacer el ridículo. —Geto se levantó y llamó al joven Yu, que fue contento a entrenar con él. Shoko lo vio irse y soltó un suspiro.
—El que siempre se deja golpear es Haibara, empiezo a creer que está enamorado de Geto. —Pero Shoko en lugar de reírse veía al pelinegro con nostalgia. —No te preocupes, en algún momento se dará cuenta de que está en un error y volverá a ti. Utahime no te llega ni a los talones.
—Ya no importa, será mejor que me enfoque en otras cosas. Como el cabello de Miwa. —Gojo la vio preocupado, hace días quería hacerle esa pregunta, pero ya sospechaba la respuesta y no le gustaba. —Es como si la energía maldita lo hubiera teñido de ese color, no hay otra explicación, pero por algún motivo no quedan rastros de energía.
Ambos vieron a Miwa tratando de atrapar al muñeco de gato que se le había escapado de las manos. El manejo de su energía era muy malo. —Shoko… —se sentó a su lado y habló bajito para que nadie más escuchara a pesar de que la sala estaba llena de gritos. —¿Es posible que su técnica haya quedado dañada al haberla retenido tanto tiempo? Alguna vez escuché a los sabios del clan hablar sobre eso y decían que era peligroso…
Shoko volteó a verlo. —Eso es un hecho Satoru. Si no tuviera técnica no le costaría tanto manejar su energía. Es como si estuviera tratando de reconstruir un camino que nunca debió borrar. La vía normal ya está dañada, así que debe hacer nuevos caminos para que su energía pueda fluir. Lo mejor sería que simplemente pierda su técnica, pero si aún está ahí podría volverse contra ella y… —El rostro de Satoru parecía tranquilo, pero su mirada empezó a brillar. —…y hacer que pierda la cabeza o… matarla. Por eso es muy importante, que entrene, cuanto más preparada esté física y mentalmente, mejor podrá controlar su poder en caso se manifieste. Sólo hay que tratar de evitar situaciones de estrés para que no se salga de control.
Satoru sólo asintió sin quitar la vista de Kasumi, que tenía al muñeco en las manos de nuevo y trataba de hacer que se quedara quieto. Recordó la noche en que la enfrentó después de escuchar lo de Naoya y el estómago se le encogió al pensar en lo que podría haber pasado. Shoko volteó a ver a Haibara que ya se encontraba en el suelo sujetándose las costillas. Antes de levantarse para ir a curarlo le puso la mano en el hombro a Satoru. —Lo que importa es que la has encontrado a tiempo, está aquí entrenando y cuando aprenda a controlar su energía todo será más fácil para ella. Anímala e insístele en que practique. —Él apoyó la cabeza sobre sus brazos y suspiró.
—No vayas a comentarle esto a nadie. Sólo a Suguru si es que te pregunta. Por favor. —Shoko se fue diciendo un "No te preocupes". Y él se quedó sumido en las posibilidades que le carcomían los pensamientos.
Desde otro lado del salón, Kasumi lo veía y lo notó extraño mientras hablaba con Shoko. Después de tanto tiempo a su lado, sabía cuándo su rostro serio escondía tristeza. Ambos cruzaron miradas y ella le sonrió, saludándolo con el muñeco en la mano, que no dejaba de moverse.
Satoru le había ofrecido un cuarto al lado del suyo, pero ella lo había rechazado, pues era poner al límite su determinación de hacerse respetar y ya de por sí le estaba costando bastante ponerles freno a los arrebatos de Satoru.
En su lugar había preferido compartir cuarto con Nobara y se habían cambiado a un cuarto más amplio dentro del área de servicio. Ahora compartían más tiempo juntas, pues Nobara era su pareja de entrenamiento en lucha y para ser más pequeña y joven, era más fuerte que ella, aunque recientemente había podido superarla en algunas pruebas. Ya no se mostraba tan hostil, por el contrario, le preguntaba sobre su relación con Satoru, pues según ella, era la primera mujer que veía tan feliz a su lado, aparte de Mei-san.
Estaba en la cama, pero no podía dormir y daba vueltas tratando de encontrar una posición cómoda. Se abrazó a la almohada y soltó un suspiro pensando en Satoru. Su vida había cambiado desde que lo había conocido. Lo que empezó como un malentendido, ahora se hacía más claro cada día, al menos para ella. Por primera vez se aceptaba a sí misma, sin miedo ni pesar de ser una hechicera, el mundo al que le había temido no parecía tan malo ahora que estaba ahí. Si bien los ancianos eran un peligro latente, pesaban más los buenos momentos, que el miedo que pudiera sentir. La sombra de Naoya y los Zenin se había disipado, para dar paso a una nueva etapa.
Con él.
Agarró su collar llevándoselo a los labios, su estrella la había guiado a él y era feliz a su lado. Podía conversar con él todo el día de cualquier cosa. Fuera de su máscara juguetona había un hombre muy inteligente. Sabía de ciencia, astronomía, números y letras, aunque historia no era su fuerte. Conocía muchos lugares y se había ofrecido a llevarla. Él siempre tenía una respuesta a cualquier duda que tuviera y si no lo sabía lo consultaba con los sabios de su clan. A veces la llevaba a comer al balcón a ver el cielo estrellado y le contaba las historias y leyendas sobre ellas que había escuchado en tierras lejanas.
Todo en él le gustaba, sus ojos, su aroma, sus manos, el cuidado con el que la tocaba y por qué no, sus besos y sus caricias. Se le había metido en el corazón poco a poco, todos los días con sus detalles. Y no eran los regalos materiales. Era el tiempo que pasaba con ella, el heredero del clan siguiéndola en los quehaceres sólo para estar a su lado. Sumado a ello, era el que más ánimos le daba en sus entrenamientos, se sentaba con ella y le explicaba varias veces cómo debía hacerlo. No importaba lo inútil que ella fuera. Él siempre estaba a su lado y lo quería por eso.
Aceptaba sus besos y cada día era más difícil negarse a sus avances, porque ella también lo quería, aunque era inevitable preguntarse qué pasaría con ellos dos si ella cedía a sus deseos. Apoyó la cabeza en la almohada preparándose para dormir mientras hacía un recuento de los momentos que habían compartido juntos.
Notas:
¡Disculpen la demora!
Este capítulo es el último "de paz y ligero". A PARTIR DEL SIGUIENTE CAPÍTULO LA HISTORIA EMPIEZA A JUSTIFICAR SU CALIFICACIÓN Y YA NO PONDRÉ ALERTAS DE LO QUE SUCEDE. Hay situaciones de todo tipo, así que vayan con cuidado.
Esta vez me tomó un poco más de tiempo porque… estuve escribiendo otro fic :D del cual ya teng capítulos. Realmente me afané y me salió más rápido y fácil que este. Quizás porque la trama va a ser más ligera y no tan densa como esta.
Estaba leyendo el fic de AliceDanae11, Llamas del Amor (pasen a darle amor) en Wattpad y dije yo también quiero.
Empieza con una temática que he visto un par de veces en otros fics y quisiera hacer mi versión :') Supuestamente la iba a utilizar para hacer el reto de la semana del beso que lanzó "Es de Fanfics", pero como me excedí, dije: bueno quedará como one shot y al final terminó como fic xD En mi defensa debo decir que cumpliré con todos los besos del reto jajajaja
En cuanto a "La Estrella en el Cielo" tiene una trama más compleja y más personajes que van a tener un gran impacto en nuestra pareja, ninguno está ahí por casualidad, bueno quizás Ijichi jajajaja Tengo que pensar bien las posibilidades e ir uniendo los puntos que se han ido dejando anteriormente y a la par, tengo que ir abriendo otros. Me gusta pensar en la historia como si fuera una trenza doble. Tengo que pensar muy bien lo que escriba ahora ya que todo tendrá repercusiones en el futuro, por eso me demoro dos semanas entre capítulo y capítulo.
Los destinos de cada uno ya están decididos desde que empecé con esta historia y difícilmente cambiarán Ya está decidido quienes saldrán victoriosos, quienes perderán, quienes empezarán su karma y quienes están condenados a repetir su historia.
A este fic le tengo un cariño muy especial porque estoy poniendo todos mis headcanon :') y es lo que me gustaría que escriba Gege, pero ya sabemos que tiene una obsesión con sukuna, que por cierto también saldrá.
Los siguientes dos capítulos ya están casi listos, así que probablemente salgan antes de las dos semanas usuales para compensar la demora de este :D
Hasta aquí mi reporte Joaquin. Gracias a quienes pasan a leer :D
Pd. Este y los siguientes capítulos están basados en Moulin Rouge 2001.
