CAPITULO 12
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Candy se apoyó del barandal del barco. Estaba en la cubierta, recibiendo el fresco viento en su rostro. Iría a vivir a Inglaterra junto a su ahora esposo, tendría un hogar que sería verdaderamente suyo, y tal vez, si Dios lo quería, pronto su casa estaría llena de pequeñas personas alegres e inocentes.
—¿Pecosa? ¿Qué haces acá afuera? —preguntó Terry con una sonrisa, acabando de salir de la ducha. Se colocó a espaldas de ella y bajó la cabeza para dejar un beso en su nuca.
—Estaba pensando en el nuevo paso en nuestra vida, en nuestro hogar.
—¿Y cómo se ve?
—Perfecto. —Suspiró y se derritió en los brazos de él.
—Candy —susurró su nombre, abrazándola más fuerte—, fue en un lugar como este que nos conocimos.
—Es verdad. —Candy miró a su alrededor, recordando haberlo visto apoyado en el barandal del Mauretania. En aquel momento, se había sentido inexplicablemente atraída por su alma solitaria, sin saber que se trataba del hombre al que amaría más que a nadie, y con el que en ese preciso momento, estaría por compartir el resto de sus días—. Soy muy feliz, Terry.
—Yo también —admitió, comenzando a besar el cuello de ella, dejando un rastro húmedo hasta sus hombros—. Te amo, esposa mia.
—Que bien suena eso —rió. Se dió la vuelta para quedar frente a él, y lo besó en los labios. Él la rodeó por la cintura y la apretó a su cuerpo, disfrutando el calor y los besos que les arrancaban innumerables gemidos. Candy percibió una sensación inquietante en su pecho. Eran los nervios que se apoderaban de ella al pensar que tal vez el próximo paso se daría a cabo, el momento en el que ambos consumarían su amor, pero para su sorpresa, Terry se despegó de ella.
—Quiero darte algo —dijo con una sonrisa gigante. La tomó de la mano sin esperar respuesta, y la llevó consigo hasta el interior del camarote. Ahí la hizo sentarse sobre la cama a lo que él buscaba entre una de sus maletas. Al encontrar lo que buscaba, se regresó a sentar a su lado, y le pasó a ver dicho objeto. Era un joyero—. Este joyero ha sido pasado por generaciones en la familia Granchester. Mi padre me lo pasó desde que era pequeño para que se lo regalara a alguien cuando contrajera matrimonio. Por favor acéptalo.
—Está precioso, pero es demasiado lujoso para mí. Además, no uso joyas...
—Puedes usarlo para lo que quieras, Pecosa. Llénalo de dulces si lo encuentras necesario —bromeó, conociendo bien su gusto por las golosinas.
Candy le echó otro vistazo, tal vez Terry tenía razón, podía darle otro uso. Así, supo perfectamente para qué lo utilizaría.
—Será mi cofre de tesoros. Ahí guardaré todo lo que sea importante para mí... Gracias, Terry. —Besó su mejilla en agradecimiento, pero a juzgar por su mirada, Candy sabía que Terry exigía algo más, así que también lo hizo en los labios—. Yo no te traje nada... —La pecosa se sintió avergonzada de no haber pensado en darle un regalo.
—No tenías que hacerlo. No necesito nada mas que tenerte aquí a mi lado. —Terry se abrazó a ella y de nuevo comenzó a besarla por todo el rostro. Al parecer no podía mantenerse mucho tiempo despegado de ella, pero mas bien estaba buscando cierta aprobación...
—Hoy estás muy meloso —Candy rió y colocó su mano sobre el cabello de él, comenzando a acariciarlo y agarrarlo en el momento en que Terry comenzó a descender por su cuello. De nuevo los nervios la atacaron al percibir sobre su piel la humedad de la boca de él, degustando del sabor que impregnaba su piel. Terry aventuró su mano y la coloco sobre la espalda de ella, donde fue buscando deshacer los listones que ceñían el vestido al cuerpo de su amada.
—Tengo que darme una ducha antes de dormir —Candy interrumpió, poniéndose de pie sin darle la oportunidad a Terry de objetar. Sacó de sus maletas la ropa que utilizaría, y se metió al baño, con las mejillas incendiadas de vergüenza. Sabía muy bien lo que estaba por suceder entre los dos.
Se dio una ducha rápida, sin poder apaciguar el latido desbocado de su corazón. No sabia tan siquiera cómo iba a acercarse a él, a pesar de que Annie había tenido una conversación con ella sobre lo que debía esperar.
Se envolvió a sí misma con la toalla, y comenzó a colocarse su ropa interior. Era un baby doll blanco que Annie le había regalado y dicho que usara especialmente para esa noche.
Se miró al espejo y sintió un cosquilleo agradable. Esperaba que a Terry le gustara.
Unos minutos después, luego de acoplar todo su valor, salió del baño, usando por encima una bata de ceda blanca.
—Ya estoy —anunció, acercándose a él, quien extrañamente se encontraba arreglando la cama.
—¿De qué lado de la cama usualmente duermes? —preguntó Terry, echando algunas almohadas sobre el colchón.
—¿Hm? —Candy no pudo responder mejor, se encontraba demasiado confundida ante su pregunta. Se preguntó si había malinterpretado las cosas, y en realidad irían a dormir—. Pues... En el medio.
Terry se quedó congelado en su sitio por unos segundos, para luego voltearse a ella con una sonrisa retenida, como queriendo callar una carcajada antes de hacer un chiste.
—Ah, claro, en el medio —dijo Terry, asintiendo exageradamente—. Perfecto, porque eso me da la libertad de rodar por el suelo —se soltó a reír, negando con la cabeza a lo que Candy se sonrojaba—. Y yo aquí pensando que teníamos una cama para los dos...
—¡No voy a acaparar la cama! Puedo dormir en la esquina —se defendió, cruzando los brazos.
—No me mientas, se ve que te retuerces por toda la cama. Pero no te preocupes, Pecosa, no me molesta que termines en mis brazos... ¡Ey! —se quejó audiblemente tras haber recibido un almohadazo al rostro—. Solo estoy jugando contigo. —Alzó el brazo, en una clara invitación para que se metiera debajo de las sabanas con él, pero Candy se acercó dubitativa, y se metió a la cama con una lentitud impresionante—. ¿Qué te ocurre?
—Estoy un poco nerviosa —admitió en un susurro, y bajó la mirada hacia sus manos, las cuales se aferraban a las sábanas.
Terry observó a su esposa detalladamente mientras pensaba en qué debió hacer. Había notado su nerviosismo desde hace un buen rato, por lo cual había desistido en hacer más acercamientos. Lo menos que deseaba era presionarla o incomodarla.
—Yo también —susurró con ternura, alcanzando las manos de ella para que se fijara en él. Una vez consciente de que ella lo miraba, le sonrió. Ella hizo lo mismo y se acercó a él para abrazarlo.
En ese momento ambos decidieron dejar de pensar tanto, y dejar que todo fluyera. Ambos juntaron sus labios en un beso tímido, mismo que pronto fue adquiriendo confianza hasta convertirse en uno lleno de pasión. Por su parte, las manos comenzaron su trabajo, buscando hacer alguna caricia al cuerpo del ser amado.
—Terry... —lo llamó ella con un temblor en su voz, a pesar de estar decidida en lo que diría.
—¿Si? —respondió con un jadeo.
—Hazme el amor.
Terry rompió el beso y la miró a los ojos para asegurarse de que no había duda en sus palabras. En la mirada verde de su amada, no vio mas que seguridad y amor.
Llevó su mano a la bata de Candy y deshizo el nudo para revelar la lencería que utilizaba debajo. Terry se sonrojó con la misma intensidad de ella al verse atrapado en la figura de Candy. Lo había tomado por sorpresa, pero tampoco podía desviar la mirada.
Como reflejo, Candy sintió la necesidad te taparse, pero él la detuvo, tomándola de ambas manos.
—Me encantas —le aseguró, quitando por completo la bata de su cuerpo y admirando cada detalle—. Eres mi Pecosa, mi esposa perfecta. Amo cada cosa de ti y no quiero que te escondas, ¿si? No sientas pena —mientras decía esto, recorría los hombros de Candy con pequeños besos, a lo que comenzaba a viajar sus manos por su piel tersa. Encargándose de no ser muy brusco, bajó los tirantes del baby doll para dejar a la vista sus senos blancos y poder trazarlos con la punta de sus dedos, acostumbrándola a la caricia—. Estás repleta de pecas...
Candy cerró los ojos, dejándose llevar por aquella sensación desconocida. Le encantaba cómo la tibia piel de Terry se sentía contra la de ella, y cómo esta rozaba sobre sí.
—Te amo —le dijo ella luego de un suspiro.
—Yo te amo más. —Terry la tomó por la cintura y la alzó para que quedara sentada sobre las piernas de él. Acunó los senos de ella entre sus manos, y hundió el rostro para besarlos. Los lamió y los succionó hasta dejar marcas de amor, a lo que Candy colocó su mano en la cabeza de él y cepilló su cabello.
—Terry... —Ella tembló al sentir algo duro erguirse bajo ella.
Él la interrumpió al tomar posesión de su boca, besándola con la misma necesidad que sentía la vez que le propuso matrimonio en la Colina de Pony. La habría amado esa noche si ella no se hubiera detenido, pero a su vez estaba feliz de que así fuera. Ahora la amaría de la manera correcta, como su esposa.
A comparación de la última vez, Candy pudo sentir con mucha mas intensidad aquel calor alojándose entre sus piernas. Era la primera vez que sobrepasaba todos sus sentidos, y sabía muy bien la razón. Conocía cómo funcionaba su cuerpo al estar listo para recibir a alguien mas.
—Candy —lo escuchó llamarla—, me puedes tocar también —autorizó, despegándose de sus labios para darle la oportunidad a ella de hacer lo que quisiera.
Ella le asintió levemente, y llevo sus manos hacia la pijama de él para desabotonarla y dejar su torso completamente desnudo. Candy se quedó unos segundos observándolo con cuidado, recorriendo con la mirada su pecho y abdomen marcado. No sabía muy bien lo que debía hacer, pero se dejó llevar, y colocó sus manos en el pecho agitado de él, reconociendo su calor bajo su tacto. Hundió el rostro en el cuello de él y lo besó, mientras dejaba que sus manos inexpertas conocieran el resto su piel. Una vez llegó a su espalda, lo abrazó y pegó su pecho al de él, arrancando un jadeo en ambos.
Terry volteó a Candy y la dejó de espaldas sobre el colchón, para entonces colocarse sobre ella y terminar de quitarle la ropa interior.
—No te avergüences —pidió Terry al darse cuenta de que su esposa evitaba conectar con su mirada. Su rostro pecoso ardía con un potente sonrojo—. Estás preciosa. —Las caricias de Terry dejaron de concentrarse en la parte superior del cuerpo de su amada, y sin dejar de besar su piel, comenzó a descender sobre ella.
Candy empuño las sabanas una vez su esposo comenzó a jugar con ella, rozando sus labios contra la piel suave de sus muslos.
—Terry... Tranquilo —Candy gimió al sentir cómo su amado besaba y succionaba sus muslos internos, acercándose al punto de mayor calor—. Terry, por favor...
El castaño dejó de molestarla y volvió a subir, mordisqueando la piel de ella hasta quedar de regreso en su cuello.
—Quiero besar cada centímetro de ti.
Candy tomó el rostro de Terry entre sus manos, y lo llevó hacia sus labios. Lo abrazó por el cuello y lo besó con mas atrevimiento, sintiendose libre de poder disfrutar del sabor de su boca. Terry era su esposo y era completamente para ella.
—Quítatelo —susurró la rubia, refiriéndose al pantalón que Terry aun llevaba puesto. Ante el pedido de su esposa, él obedeció al instante.
Candy ató sus piernas alrededor de las caderas de él, y ambos gimieron dentro de la boca del otro al sentir una gran onda de placer al su intimidad rosarse, y buscando profundizar ese contacto, comenzaron a restregarse contra el otro con mas intensidad, cubriéndose de su humedad. Estaban al limite.
—Estoy tan enamorado de ti —Terry le confesó jadeante, no reconociendo su propia voz. La deseaba con locura, pero no de una manera únicamente carnal. Iba mucho más allá de eso. Con ella deseaba sentirse emocionalmente y físicamente conectado, deseaba complacerla, y deseaba amarla sin limites.
Terry entrelazó sus dedos con los de Candy, dejándole saber que iba a tomar el próximo paso. Ella le dio un apretón como asegurándole que estaba bien, que lo esperaba. Juntó su frente a la de Terry y cerró sus ojos, sabiendo que iba a experimentar un poco de incomodidad.
De pronto, un punzante ardor se apoderó de ella ante la intromisión a su cuerpo. Sin poder retenerlo, soltó un quejido y apretó con mas fuerza las manos de Terry. Por mas que él había intentado ser delicado, ella aun había derramado algunas lágrimas. Sin embargo; cuando él hubo terminado de introducirse, su cuerpo comenzó a adaptarse a lo nuevo, y el dolor fue disipándose poco a poco.
Candy sintió algo caer sobre su rostro, pero no prestó atención, ya que todavía permanecía con los ojos cerrados, acostumbrandose a aquella sensación tan extraña y a la vez placentera.
—¿Candy? —lo escuchó llamarla—. Mírame.
Abrió los ojos, y sintió ternura al verlo observandola con preocupación y con los ojos cristalizados.
—Estoy bien —aseguró ella, sin necesidad de que él hiciera la pregunta. Estiró su mano y alcanzó el rostro de él para secar las lágrimas que había derramado—. Puedes seguir.
Terry asintió con la cabeza, e hizo su primer movimiento dentro de ella. Fue lento y suave, pero aun asi, sintió una ola de placer recorrerle todo el cuerpo casi de inmediato. Para él también era algo nuevo lo que su cuerpo estaba experimentando. Aquel espacio húmedo y estrecho era, hasta ese momento, desconocido, y una vez movió las caderas para embestirla, creyó perderse por completo.
—Terry... —Candy susurró su nombre, abrazándose a él con las piernas y brazos. Él había aumentado el ritmo en sus embestidas, comenzando a arrancarles varios jadeos y gemidos.
Los ojos de Candy volvieron a cerrarse, esta vez contra su voluntad. Había querido seguir mirando el rostro de su amado, pero aquel nudo creciendo en su vientre con cada golpe profundo que Terry hacia se lo había impedido. Tenía la extraña sensación de querer estallar.
—Terry, por favor... Yo... —la Pecosa intentó formular una oración, pero no pudo decir una palabra cuerda entre gemidos.
Terry buscó los labios de ella, enmudeciendo el gemido que llevaba atorado en la garganta desde hace un buen rato. Quería aguantar un poco más por ella, pero sus movimientos ya se estaban haciendo torpes.
—Candy... —murmuró con un temblor inusual en su voz. Estaba al borde de terminar.
Cuando los espasmos se apoderaron del cuerpo de Candy, ella se aferró con fuerza a la espalda de él, quien al sentir como las paredes de ella se contrajeron al rededor de él, se dejó correr también.
Segundos después, Terry se recuperó de los temblores, y pasó a mirar a su amada, quien seguía debajo de él. Ella aún parecía abatida por la manera tan pesada en la cual respiraba.
—Amor —llamó él, quitándose de encima y colocándose al costado de ella. Observó detalladamente el cuerpo de su Pecosa, marcado por todas las muestras de amor, y sonrió complacido, deseando volver a recorrer con su boca aquella piel.
Los labios rosados de Candy dibujaron una leve sonrisa cuando se hubo calmado, como si por su mente volviera a repasar todo lo que había vívido. Con lentitud, abrió sus ojos para conectar con la mirada anhelante de él.
—Te ves hermosa —Terry le dijo, quitándole los cabellos que tenía pegados a su frente humedecida.
—Gracias —dijo con voz suave. Se acomodó junto a él para seguir sintiendo su calor y su aroma, y suspiró.
—¿Estas bien, Pecosa? —preguntó, a lo que ella primero respondió con pequeños besos en su pecho.
—Si, mi amor. Fue hermoso... —Alzó el rostro para recibir un pico en los labios—. Hagámoslo de nuevo —pidió, pero justo después, un bostezo escapó de su boca. A pesar de sus deseos, no tenía una pizca mas de energía para dar.
Terry sonrió pícaramente.
—Deberías descansar, tenemos varios días para estar aquí solos... —bromeó, aunque si hablaba enserio. Estaba seguro que ya se le haría imposible despegarse de ella—. Te amo. —Besó su frente, y la abrazó más a él, consiguiendo de nuevo el contacto entre sus cuerpos desnudos.
—Yo también te amo... —Las palabras fueron arrastradas, pero entendibles para él. Candy cayó en un profundo sueño justo después, y para Terry no fue difícil quedarse dormido junto a ella.
Continuará...
꧁•𑁍•꧂
Tardé más de lo esperado, pero finalmente pude terminar de editar la primera noche! Fue un reto porque es la primera vez que escribo una escena así entre esta pareja, pero traté de que fuera linda ;)
Oficialmente, este es el penúltimo capítulo de este fic :( Es bastante corto en mi opinión, aunque en realidad se extendió más de lo que tenía planeado, ya que originalmente iba a ser un segundo epílogo para TGHD, y luego un mini fic! Pero sentí que merecían más, así que hice el intento.
Bueno, espero que les haya gustado este capítulo queridas lectoras! Nos estaremos leyendo pronto (trataré de publicar el siguiente capítulo lo más pronto posible)
