¡Por fin la historia vuelve a avanzar!
Mil gracias a los que han continuado fieles a ella. Lamento mi ausencia como no se imaginan; ha sido un año muy difícil, pero ahí vamos.
"Innevitable destino"
KIOTO 1865
El sol parecía renacer al tiempo que una nueva determinación crecía en el corazón de la sacerdotisa de ojos azules.
Aunque era cierto que el trabajo en el santuario empezaba desde antes incluso de que cantara el gallo, aquella madrugada encontró a varios miembros despiertos; reunidos en la sala de eventos y operaciones, el nuevo Guji, la eterna chokkai Hikari, el sacerdote del Maekkai Sato, y la chokkai Sasaki, además de las dos aprendices a cargo de Kaoru - las cuales hacían guardia fuera de la habitación - escucharon atentos los planes de la vidente.
Kaoru apenas y fue capaz de recibir los reclamos que siguieron a su declaración.
-¡No puedes hablar en serio! -Exclamó Hikari, decir que estaba consternada era poco para lo que sentía la ahogaba.
-¡Es un suicidio lo que pretendes! -Opinó Sato igual de consternado, se le veía incluso furioso.
El nuevo Guji, al igual que Sasaki, fue quizá el que pudo aparentar una cierta calma; parecía debatir consigo mismo.
-Su excelencia no estoy seguro de que éste sea el camino adecuado. -Dijo al final aquel hombre, en sus ojos había una súplica hacia la vidente, pedía desde luego el que ésta reconsiderara sobre sus planes.
Sin embargo, Kaoru se mantuvo firme.
-No les estoy preguntando su opinión, les estoy exponiendo mis planes para con el santuario.
Mutismo.
Cada uno por igual lamentaba aquella noticia.
Sasaki fue la única que permaneció totalmente en silencio, se le notaba resignada, su silencio era tal que incluso sus compañeros parecían haberse olvidado de su presencia. La castaña entendía mejor que nadie la desesperación que sentían cada uno de los ahí reunidos, pero por sobre todo, entendía - y aceptaba - la motivación de Kaoru, por lo que no la retaría.
-Apoyar abiertamente el movimiento idealista es muy peligroso, Kaoru dono. -Refutó Sato, quien parecía haberse recuperado de un golpe. -Imagina las repercusiones de los creyentes.
Hikari asintió de igual modo que lo hizo el Guji.
Mas a pesar de esto Kaoru siguió firme en su postura.
-No somos tan diferentes en ese aspecto. -Les dijo. -Estoy segura que lo entienden. Hemos llegado al punto en el que estamos estancados. Lo que decidamos hacer a partir de ahora será lo que incline la balanza.
Aquella guerra se había ralentizado, ahora lo sabía, e incluso si no tenía un corazón inclinado hacia la violencia, sabía que no dudaría en salir a formar parte si con eso conseguía que el conflicto terminase antes, o de menos cuando debía hacerlo. Si el movimiento idealista respaldaba al sintoismo, sería absurdo por parte de éste último de fingir demencía cuando la situación no estaba a su favor.
A partir de ese momento, con Kaoru al frente, el santuario Fushimi Inari sería voz y parte en la creación de la nueva era.
-¿Y qué hay del compromiso? -Cuestionó Hikari luciendo desesperada. -Pensé que tal arreglo era precisamente para proteger al santuario. No creo que Kiyosato sama esté de acuerdo además con declararse en favor del emperador.
Kaoru frunció el seño. Si no se hubiese enterado por boca de Tomoe sobre lo que estaba en juego por debajo de aquel arreglo, quizá seguiría creyendo que no tenía otra opción; pero ahora el tablero estaba a su favor.
-El compromiso seguirá como lo que es, una pantalla. Pero no se llevará a término. -Declaró, y en su mirada no dejó espacio para reclamos. -Ahora bien, sé los planes que tenían para el clan Kiyosato y para conmigo en ese respecto, que no haya dicho nada no significa que estuviese de acuerdo.
Aquello fue un golpe directo para los presentes, incluida Sasaki, quien permanecía con el rostro agachado. Sato y Hikari desviaron la mirada, conscientes de que guardaban más secretos de los que se les culpaba.
-Todos fueron movimientos buscando su beneficio, excelencia. -Fue el Guji quien intentó menguar las aguas.
Mas fue en vano, Kaoru no tendría compasión por nadie, al menos no en lo referente a sus planes.
-Tal vez se los plantearon así, Guji sama. -Le dijo con voz dura. -Pero hay otros intereses de por medio. Y en este juego no puedo darme el lujo de perder.
La sacerdotisa se puso de pie, hizo llamar a sus dos doncellas, las cuales entraron con prisa, cada una con una cesta entre sus manos llenas de pergaminos. La miko dio instrucciones a las dos jóvenes quienes comenzaron a repartir los pergaminos sobre la mesa y mover elementos dentro de la sala. Al notar lo que ocurría, Hikari se levantó con prisa.
-¿Piensas empezar desde ahora? -Cuestionó.
Kaoru se mantuvo serena, sin embargo, negándose a mirarla se dirigió hacia la entrada de la habitación, se detuvo justo frente al shoji y luego les dirigió una mirada a cada uno de los ahí presentes.
-Preparen al santuario -ordenó. -A partir de hoy recibiremos visita por parte del Maekkai del emperador para discutir los cambios en las políticas a seguir a partir de ahora. En una semana a lo mucho partiré rumbo a Edo, para entonces, el plan debe ir ya en marcha. No me busquen hoy, tengo asuntos que resolver por mi cuenta.
Sasaki cerró los ojos al escucharla decir aquello con angustia, aunque había el asomo de una sonrisa en sus labios; mientras que sus compañeros le miraron estupefactos hasta que ella les abandonó en la sala.
La última carta que Tomoe había recibido de Akira había sido de tres días atrás. En su misiva no mencionaba nada claro sobre su misión en Edo ni el desarrollo de ésta. No. Todo estaba codificado en palabras y expresiones de amor que únicamente ellos dos entendían.
Si bien nunca pensó en convertirse en una espía - y una doble agente además - no había podido contenerse tras de que el clan al que ahora pertenecía hubiese involucrado a Enishi. Aunque entendía que aquello lejos de ser una ofensa era un privilegio, su hermano apenas estaba por cumplir los doce. Incluso si había crecido mucho en estatura y en en músculo, a sus ojos no dejaba de ser un niño. Sumado al plan de usarlo como señuelo en su afán de hacerse de la vidente, Tomoe sabía que no se perdonaría si permitía un daño para alguien que más que su salvadora, había sido su amiga.
Tomó el tanto en sus manos por enésima vez, desenfundó un poco la daga lo suficiente para ver su reflejo en ésta. Su expresión seguía siendo fría, notó, y volvió a enfundar la hoja con cierta molestia.
"Si tan sólo pudiese concebir..." Lamentó.
Había llorado desconsoladamente al descubrir que no podría concebir hijos. Se había sentido como una mujer a medias, más Akira había estado con ella en todo momento y de a poco había logrado llevarse aquella pena... al menos por momentos. Quizá había sido por eso, pensó la mujer mientras seguía sopesando su próximo movimiento.
Tras regresar de la aldea de repudiados, el silencio la había recibido en su mansión. No era tonta, ella era samurai después de todo, y entendía que estaba siendo observada; Shinji había tardado en descubrirla pero al final lo había hecho. Y ahora unicamente lamentaba el que de nuevo, quien menos quería se involucrase en tal riña, resultase ser su carcelero.
Hubo un golpe sordo en el fusuma antes de que la puerta se deslizara y revelara la figura de su hermano.
-Neesan, he traído té de jazmín para ti. -Le dijo. Tomoe apenas y lo miró. -Sé lo mucho que te cuesta permanecer quieta...
La mirada que el menor le dedicó a su hermana parecía decir "por favor, compórtate", y Tomoe se preguntó cuánto tiempo llevaba Enishi fingiendo ser un adulto. Enishi comenzó a ordenar el servicio frente al futón de su hermana, hablando mientras hacía la labor.
-Descuida. Será pronto cuando puedas volver a salir por tu cuenta -le dijo él, absorto en su labor. -Aunque deberás disculparte con Shinji niisan -Ella arrugó el gesto al escucharlo -estoy seguro de que te perdoná si prometes no volver a moverte sin su permiso.
-Enishi -le llamó ella, contenta de ver el control que todavía poseía sobre su hermano.
Éste le miró al instante con los ojos iluminados.
-Hai, neesan.
Lejos de sentirse aliviada por comprobar que su pequeño hermano todavía conservaba algo de inocencia, Tomoe sintió una gran desdicha. Era en momentos como ésos donde más se convencía de estar haciendo lo correcto.
-¿Tan pronto te has olvidado del apellido Yukishiro? - Le recriminó.
El efecto fue inmediato. El tazón que había sostenido hasta entonces, y en el que había estado por llenar de dulces, resbaló de su mano hasta caer con un sonoro golpe al suelo. El niño - porque todavía era un niño - le miró como quien acaba de recibir un golpe que sabe merecía.
Tomoe se sintió más altiva.
-Ya me lo temía. -Sentenció con voz firme y recriminatoria. -Eras demasiado pequeño para traerte conmigo, y ahora estas son las consecuencias.
-¡Neesan! -Reclamó Enishi poniéndose de pie, se notaba en su expresión el pánico que sentía, nunca le había gustado el ser regañado por su hermana, el sentir que le decepcionaba. -¿De qué hablas? ¡Estoy a menos de tres años de ser un hombre!
-¿Lo estás? -Le retó ella con la mirada. Su hermano enmudeció. -Enishi... No puedo ser madre. ¿Lo entiendes, verdad? ¿Todo lo que conlleva?
Silencio.
La mirada del menor se desvió de su querida hermana, aquello también le dolía a él. Sabiendo lo cariñosa que ésta era sumado a lo mucho que ella deseaba ser madre, tal sentencia se sentía peor que una de muerte.
-Si tu lealtad está con el clan, dímelo ahora y acabaré con mi vida mordiéndome la lengua y ahogándome con ella. -Declaró la morena para la sorpresa y el miedo de su hermano. -Si por el contrario, tu lealtad sigue siendo mía... Serás mis ojos y mi boca allá afuera.
-¿Es cierto entonces? -Cuestionó él sintiéndose desfallecer. -¿Fuiste tú quien mandó a Akira niisan a Edo?
Tomoe afiló la mirada.
-Enishi, ¿cuál es tu respuesta? -Le presionó.
-¡¿Por qué neesan?! -Refutó él, casi como si estuviese haciendo un berrinche. -Incluso con tu situación, nadie se atrevería a repudiarte. ¡Shinji niisan no lo permitiría!
Afonía.
Tomoe suspiró. Quedaba claro lo mucho que su hermano había sufrido con ella por su desfortuna, pero había tanto que por su calidad de niño no alcanzaba a entender.
-Es cierto, no lo haría -Aceptó ella. -Porque entonces tú serías el nuevo heredero de la segunda rama del clan Kiyosato. Yo sólo sería tu hermana.
Aquello acabó por deshacer la tensión en el cuerpo de Enishi, quien la miró con cierta derrota en sus ojos.
-¿Estás... de parte de los idealistas? -Le cuestionó temeroso.
Tomoe le sonrió con tristeza.
-¿No lo estamos todos? -Le preguntó con cierto cinismo. -Peleamos por lo mismo, Enishi. Las condiciones son lo único que cambian. ¿Ha tu corazón cambiado, querido hermano?
-Nunca. -Contestó al instante, toda duda olvidada. Y entonces, recordando en dónde yacía su lealtad, Enishi volvió a sentarse frente a su hermana - aquella que lo había cuidado como una madre - en forma sumisa, de total obediencia y entrega. -Dime qué hacer.
Tomoe así lo hizo.
Ambos hermanos compartieron el té. Y una vez las instrucciones fueron dadas, cada uno se dedicó a seguir desempeñando su papel. Enishi volvía a salir con un semblante de derrota y ligera molestia, incluso si por dentro la excitación lo llenaba hasta abrumarlo.
Avanzó hasta donde su pequeña escolta lo esperaba, dos samurais y un shinobi. Fue el último quien se acercó, un muchacho de no más de veinte años de estatura baja y facciones relativamente similares a las de su señor.
-¿Iremos a donde mismo? -Le preguntó.
Enishi negó con la cabeza antes de responder.
-No. Daremos un paseo por la ciudad. -Declaró rebuscando un papel en la manga de su kimono. -Después pretenderás mi regreso a la mansión. Y cuando estés libre de vigilancia, mandarás esta carta a Edo. -Le ordenó.
El ninja tomó el pequeño pergamino en sus manos.
-Entendido. -Dijo antes de desaparecer.
EDO
Cerca de siete horas habían pasado desde que recibieran la noticia de la muerte del anterior líder del clan Kamiya, y de que una pequeña comitiva representativa de éste se marchara a un punto de encuentro con lo que quedaba del shichogumi a negociar el innevitable conflicto. Los miembros que habían quedado en la mansión junto con los pocos aliados que se habían sumado al rescate del castillo, esperaban con ansiedad el veredicto de tal reunión.
En particular Kenshin permanecía evidentemente desesperado aunque quieto, en una esquina del gran salón, aguardando igual que el resto. La tensión que poseía, sin embargo, era tan pesada que todos le evadían, incluidos Sanosuke y Megumi.
-No ha dicho una sola palabra desde que recibimos la noticia. -Notó la joven mientras miraba igual que su compañero la evidente desolación del pelirrojo.
Sanosuke bufó simulando molestia.
-Es de esperarse, considerando de quién se trataba. -Dijo el castaño.
Megumi le miró con sorpresa.
-¿Lo conocía? -Inquirió con evidente curiosidad, pues el anterior líder del clan Kamiya había sido noble muy reconocido en Edo.
-No lo sé realmente, pero lo dudo. -Respondió él. -Creo que era más por Jouchan.
Jouchan. Princesa de Kioto, la vidente de Inari, la miko de ojos azules... Kaoru sama.
Incluso más que antes, la curiosidad que Megumi sentía hacia la heredera del clan Kamiya creció.
-Jamás he visto a la princesa de Kioto, ¿en verdad es tan magnífica como la pintan? -Cuestionó cruzándose de brazos.
Sanosuke contestó sin dejar de mirar a Kenshin, su mente empalmaba los recuerdos que tenía de Kaoru sobre su primer encuentro y el recuerdo de la reacción de Kenshin ante la mención de la primera.
-Es algo, éso sin duda. -Dijo.
-¿Para ti? -Inquirió Megumi.
Sano parpadeó y le miró confuso.
-Es mi amiga. -Contestó.
-¿Y para Ken san? -Presionó Megumi.
"Ah, ya entiendo" Se dijo el castaño. -Mucho más. -Fue su respuesta.
Entonces las puertas del frente se abrieron, se escucharon los pasos y las voces que llegaban del patio y que avanzaban con prisa hacia el interior de la estancia. Kenshin ya se había puesto de pie y corría hacia la entrada cuando las puertas del fusuma se abrieron.
-Kamiya dono. -Le llamó.
Koishijirou no se negó a atender a Kenshin - sentía que cada vez le debía más - permitió que se acercara al tiempo en que quiso procurar hablar a todos los presentes. Sin embargo, la voz le falló.
A su lado Masato habló por él.
-Hemos llegado a un acuerdo. -Declaró el hombre no sin cierto pesar. -Si pudieran apoyarnos para reunir a todos en la sala de reuniones, al menos a los que cuentan... -Pidió.
Se hizo el movimiento. Koishijirou, tras dedicarle una mirada a Kenshin, le indicó el que los acompañase. El muchacho no dudo ni siquiera un segundo.
Tan pronto estuvieron todos reunidos se informó sobre las condiciones del acuerdo de rendición. En principio de cuentas hubo un respiro de alivio tan pronto quedó claro que el shinchogumi había accedido a rendirse; Koshijirou había logrado convencerlos de que un acuerdo de rendición sería mil veces mejor a que todos sangrasen en el campo de batalla cuyo resultado ya estaba predicho. El shinchogumi había recibido grandes y significativas bajas; incluso con dos de sus mejores generales todavía con vida, no sería suficiente.
Podían tener una muerte digna, era cierto también, y más el que había muchos deseando el ver a más de uno morir por venganza. Mas aquello seguía en contra de las nuevas creencias que promulgaba el estilo del clan Kamiya. Nadie debía morir.
Excepto que incluso el regalo de la vida no siempre puede apaciguar el orgullo de un hombre.
Los soldados exigían un combate. Un último combate para calmar el sentimiento. Sin importar el resultado - esto era una obvia mentira - el grupo en favor del shogun se rendiría sin pelear o terminaría luchando tras días de recuperación a sabiendas de que perderían y morirían en el intento.
Fue a esto último que las discusiones se prendieron en la sala; voces divididas entre los que estaban de acuerdo y los que no; entre los que exigían retribución en sangre y los que sólo deseaban tregua para Edo; sin mencionar a los que cuestionaban quién debía pelear en tal duelo.
En medio del caos, y con la mano firme en el mango de su katana, Kenshin se acercó al doctor Genzai, decidiendo que de momento Koishijirou sería incapaz de darle audiencia, lo más educado sería dejarle desahogarse en soledad.
-Maestro Genzai. -Le llamó tan pronto llegó a éste.
Mas el hombre se veía cansado, molesto incluso y le rechazó al instante.
-Ahora no, Himura kun. -Le dijo. -Es mejor si descansas. Ha sido una larga noche, es tan tarde que ya se ha hecho temprano, y mucho me temo que aun con el arreglo, pasará al menos una semana antes de que todo se tranquilice.
"¿¡Una semana?!" Gritó su subconsicente, por fuera se mantuvo relativamente sereno. -¿Y en cuanto al secreto del clan? -Cuestionó.
El semblante del doctor se suavizó al comprender qué era o más bien en quién yacía su preocupación.
-Se mantendrá el silencio, por ahora al menos. -Le dijo, luego se disculpó y se alejó del samurai.
Kenshin se quedó de pie mirándolo por un instante.
Afuera, tanto Megumi como Sanosuke veían el ir y venir de los miembros del clan mientras escuchaban por la superficie sus discusiones.
-¿Qué habrá pasado? -Se preguntaron ambos.
KIOTO
Durante todo el camino a la base principal del shinsengumi Kaoru se mantuvo elevando plegarias al cielo. Si era honesta, aún con esta nueva determinación era incapaz de dejar de sentir miedo. Si daba un paso en falso, no. Se dijo. No podía permitirse pensar de esa manera.
-Hemos llegado. -Les informó el cochero a ella y a su acólita del día, Emi, mientras se detenía por delante del portón de aquella enorme mansión, cuyas puertas estaban abiertas.
Emi era una joven de apenas once años y de quien la miko de ojos azules se había encariñado desde la llegada de ésta al santuario cuatro meses atrás. De temperamento sereno, casi hasta tímida, ojos castaños y cabello negro, la niña era amorosa en demasía y solía seguir a Kaoru como un pollito sigue a su mamá gallina. Era observadora por naturaleza, más aun al provenir de una familia de sacerdotes, y por tanto, sabía identificar cuando su superior se sentía inquieta.
-¿Su excelencia? -Le llamó Emi, notando el ligero temblor de su superiora.
Kaoru dio un pequeño brinquito en sorpresa.
-Ah... Perdona. -Se disculpó. -Sólo necesitaba un momento.
Emi sonrió.
-Desde luego.
Ambas bajaron del vehículo y se encaminaron a la mansión, reportándose con los samurai en guardia antes de avanzar hacia el interior.
En otras circunstancias, Kaoru habría mirado en derredor suyo con admiración, emocionada por ver la escena que entonces se apreciaba - los samurais en medio de su sesión de entrenamiento en el patio - y se habría animado incluso, a analizar cada estilo.
Sin embargo, ahora su corazón latía pesado en su pecho. Estaba por demás nerviosa.
Keisuke, que entonces entrenaba a una cuadrilla junto Okita, fue el primero en notarla. Siendo un fiel creyente de las prácticas sintoistas, el samurai sentía una gran admiración por el clero de Japón, por lo que no pudo evitar emocionarse.
-¡Oh! -Exclamó al verla y luego sonrió, sin despegar la vista de ella, sacudió a su compañero con una mano dandole empujones. -Okita, Okita, dime que mis ojos no me engañan.
El castaño - deshecha a fuerza su concentración - giró para ver lo que ocurría a sus espaldas.
-¿Mm? ¡Oh! Es la vidente de Inari. -Exclamó tan pronto vio a la joven y entendió la reacción de su compañero. -¿Deberíamos buscar a Kondo san? -Cuestionó a sabiendas de que el alto clero seguramente iría en busca del Comandante de la facción.
Keisuke negó sin embargo.
-No volverá hasta mañana, ¡recuerda! -Le recriminó.
Con el relajo en Edo, Kondo había tenido que salir en apoyo a las prefecturas circundantes para evitar el que el conflicto se saliese de los límites de la ciudad.
-¿Entonces a Saito? -Propuso Okita.
Keisuke arrugó el gesto.
-¿Bromeas? Sería mejor recibirla nosotros. -Dijo haciendo un gesto dramático. -Saito no es precisamente una cara bonita para ver.
Okita rió por lo bajó.
-Keisuke, me hieres con tu falta de afecto. -Y el capitán del que hablaban contestó por detrás de ellos con su clásica sonrisa.
-¡Saito san! -Exclamó el capitán de la primera división todavía riendo.
El aludido compartió una mirada con Keisuke, quien se la sostuvo, este último acabó por desviar la mirada tras bufar sin dejar de sonreír.
-Vayan a cambiarse. Apestan a sudor. -Les ordenó Saito.
Keisuke negó con la cabeza, mientras Okita se olfateó a sí mismo, pero al final ambos hicieron como se les dijo.
-Lo que digas, amigo. -Le dijo Keisuke tocándole el hombro al pasar. -Pero está vez no te salvarás de una explicación.
Saito por su parte, se dirigió a recibir a la sacerdotisa de Inari. Molesto, sí, pero igualmente intrigado de saber porqué la miko se había presentado ahí y de aquella manera.
...
La sala de reuniones era parte de una habitación más grande que pertenecía a Kondo dono, el líder de los shinsengumi. Aunque ausente, la sala podía usarse por cualquiera de los capitanes de la compañía siempre que hubiese una razón justificable. Por lo que nadie cuestionó el que Saito dispusiese de ésta ni el que se encargase de recibir a la compañía de Inari; en especial al ser quien mejor dominaba los temas políticos dentro del grupo de capitanes.
-Lamento el agravio. -Dijo Saito tan pronto el servicio de té fue dispuesto para él y sus dos invitadas, y los tres dieran el primer sorbo. -Dígame, su excelencia, ¿qué puedo hacer por usted?
Kaoru, sentada directamente frente a él, dejó con cuidado la taza antes de volver a erguirse y mirarle a los ojos. Internamente temblaba de miedo, pero por fuera se mantuvo serena.
-Estoy aquí para concertar un trato con las fuerzas del Shinsengumi. -Declaró.
Saito bufó a modo de burla.
-¿Abandonarás al fin tu puesto de caridad? -Cuestionó con aire divertido, luego analizó a la joven por delante de él. -No. Parece que tienes algo diferente en mente.
Kaoru no lo negó, ni tampoco desvió la mirada de él. Saito le dio crédito por eso, mas no le sería suficiente. Bebió de su té con una tranquilidad nada propia del momento y volvió a hablarle tras dejar la taza de nueva cuenta en el tatami.
-Digame, su excelencia, ¿cómo va la escuela de Kendo del clan Kamiya? -Le preguntó con la sonrisa todavía más extendida.
Por esta vez, la joven no consiguió evitar el mostrar emoción en su expresión. Saito rio internamente.
-Veo que su opinión sobre la ideología de mi familia sigue sin ser de su agrado. -Dijo ella.
-Simplemente pienso que es una tontería. Un asesino siempre será un asesino. -Refutó el hombre. -El trato que propones es una tregua, ¿o no? -Inquirió. Kaoru asintió. -No estoy seguro de que a Kondo dono le parezca conveniente una tregua si hemos de considerar lo que seguro pedirás a cambio. Si yo fuera él, mi respuesta sería no. -Sentenció.
Kaoru apretó la tela de su hakama rojo.
-Por lo cual es bueno que usted no sea Kondo san. -Refutó la miko.
La sonrisa de Saito se deshizo.
-¡Kaoru sama! -Gritó Emi a medio paso de levantarse y sin conseguir moverse al final.
Saito había sido demasiado rápido, Kaoru apenas si lo había visto desenfundar. La hoja del wakizashi había alcanzado superficialmente el cuello de la sacerdotisa de Inari, y un hilillo de sangre se formó tan pronto el movimiento cesó, mas el arma permanecía en su postura amenazante. Kaoru, había levantado la mano hacia Emi, en señal de que se detuviese, ésta lo hizo aunque no muy convencida.
-Agradece que todavía te debo una vida. -Le advirtió el capitán; su sonrisa había desaparecido y su mirada se había afilado. -Sin embargo, no podré mantener mi palabra si tus acciones van en contra de mi juramento.
-Jamás me atravería a hacer tal cosa. -Declaró Kaoru con la mirada clavada en la de su atacante.
Tras un breve instante en el que el hombre analizó a la joven frente a sí, éste alejó la espada y volvió a enfundarla. Se puso de pie sin embargo, no pudiendo seguir mirando a la joven que años atrás había salvado las vidas de su mujer y del hijo de ambos, incluyendo además la suya propia.
-Kondo san se encuentra de momento atendiendo una situación fuera de Kioto. Asumo que sabes de qué situación hablo. -Le dijo él con intención. -Volverá en dos días, no será necesario que vengas. Deja que sea él quien realice una visita al santuario. -Le aconsejó. -Los dioses saben que si abrirás las puertas del santuario como un refugio, necesitarás servir a dos amos. Y quizá hasta hacer un espectáculo de todo esto.
-Lo sé. -Declaró la miko, la joven seguía sentada con la espalda recta y las manos cerradas en puño apretando con fuerza la tela del hakama.
-Por suerte para ti parece que la situación en Edo será un buen distractor.
-No será el único. -Le interrumpió ella.
Saito se giró a mirarla al instante con una expreisón de sorpresa e incredulidad.
-No estarás diciendo...
La miko asintió.
-Ésa será la parte del trato que me tocará realizar a mí. -Le dijo la joven. -Si el shinsengumi accede a mi propuesta, me aseguraré de que sobrevivan a la siguiente intervención extranjera.
Saito afiló la mirada.
No era una suposición sino una declaración. Y aunque todos habían concluido lo mismo, ninguno había tenido una prueba certera de que ocurriría una nueva intervención extranjera; sin embargo, nadie se atrevería a cuestionar las visiones de la sacerdotisa de Inari, pues hasta el momento no había fallado en ni una sola de sus predicciones. La mano izquierda del capitán termino sobre la empuñadura de su katana.
-¿Cuándo? -Preguntó.
-Meses, cerca del fin de año. -Contestó ella.
Estaban en Junio, si debían prepararse para fin de año, apenas y tendrían tiempo suficiente; eso sin contar el apoyo económico que deberían conseguir pues no podían permitirse un ejército débil.
-¿Partirás a Edo? -Cuestionó él.
Afonía.
Incluso si no dijo nada, su expresión habló por ella. En sus ojos se notaba la angustia que sufría. El capitán de la tercera división del shinsengumi dejó salir una corta risa, casi como una burla, aunque interiormente sentía empatía por la joven.
-A veces me pregunto si sabes el desenlace de esta revolución... Y sólo juegas igual que los dioses sacudiendo dados en favor de quienes te son cercanos. -Le dijo el hombre. -Pero veo tu expresión y sé que sufres igual que el resto. Dígame algo, su excelencia, ¿es su don realmente un regalo? ¿o una maldición?
-Un poco de ambos si he de ser honesta. -Respondió ella. Luego, hizo una reverencia a modo de despedida, ya había dicho lo que debía y ya no le quedaban fuerzas para seguir en presencia de aquel hombre. -Le agradezco su tiempo, Capitán Saito.
Volviendo a erguirse, con ayuda de Emi, salió de aquella sala todavía con la frente en alto; aunque el capitán era capaz de notar en el temblor del ki de la joven lo mucho que le costaba mantenerse serena. Suspirando tras sentir la otra presencia fuera de la sala, en la habitación contigua además, el capitán de la tercera división cuestionó al recién llegado "¿Cuánto tiempo más permanecerás ahí, Okita?"
El aludido no pudo evitar reír al saberse descubierto, abrió el shoji y salió al encuentro de su compañero.
-Keisuke temía que fueras muy duro. -Dijo a modo de explicación, pues no tenía caso aparentar nada.
Saito elevó una ceja.
-¿Lo fui? -Cuestionó.
La sonrisa de Okita estaba llena de cariño.
-No más de lo necesario. -Le dijo, luego, su mirada se llenó de tintes de tristeza. -Dime Saito san, ¿al final somos igual que los hombres al mando del shogunato? -Cuestionó.
Hajime Saito no fue capaz de dar una respuesta, sus ojos volvieron hacia la figura de la joven miko que ya abandonaba la mansión; pero internamente sabía la respuesta y aunque no comunaba del todo, sabía que no podía ser de otra forma.
...
Afuera - y tras de que volvieran a subir a la carroza - el temple de Kaoru se deshizo, dejándose caer sobre el asiento cerró los ojos con pesar mientras intentaba controlar el mareo que sintió.
-¡Su excelencia, Kaoru sama! -Exclamó Emi alterada, se había acercado a atenderla tan pronto su superiora había perdido su porte regal.
La miko sonrió con pena, mas fue incapaz de abrir los ojos.
-Discúlpame. -Le dijo en un susurro, justo cuando la carroza comenzaba a andar.
-Lie(no) -Contestó Emi, sus ojos brillaban con emoción. -Fue admirable la manera en la que se contuvo.
Kaoru entendía que para otros pudiera pensarse que había sido así, e incluso le admirarían por mantener su porte por delante del Capitán Saito, mas ella sabía que todo eran sólo apariencias; sus manos todavía temblaban y el corazón seguía sin conseguir recuperar su ritmo normal. No. Todavía le faltaba mucho para estar al nivel de sus predecesoras; pero si sus planes rendían fruto, ya no tendría que preocuparse por no dar la talla como miko.
Si sus planes rendían fruto... Si las visiones ocurrían como las había visto... Si lograba cambiar algunas...
Suspiró con cansancio.
-Volvamos al santuario. -Pidió cubriéndose el rostro con las manos. -Todavía queda mucho por hacer.
Emi asintió.
Quedaban ceremonias pendientes, instrucciones que dar al clero de Inari, y las debidas adecuaciones del santuario.
Dos días, quizá serían suficientes, se dijo la miko. Entonces recibiría la visita de Kondo dono y podría asegurarse el santuario como refugio neutro durante el resto de la revolución.
Sólo entonces, podría volver a ver a Kenshin, mas no antes de reunirse con su padre y enfrentarse al clan Kamiya.
EDO
Cuando la sala de reuniones finalmente se vació, ya era de noche. E incluso entonces, el lugar se mantuvo en movimiento. Todo mundo estaba tenso y ansioso, pues aunque se había accedido - algunos con gusto y otros a fuerza - a la resolución pactada con el shinchogumi y las facciones que aún los apoyaban, todavía quedaba pendiente el tema de quién participaría en el duelo.
Para esas horas, no había ni una sola alma que no supiese de lo que se avecinaba.
Kenshin estaba consciente de esto, por eso fue que tan pronto como Sanosuke lo encontró en la habitación que compartían en compañía de Megumi, lo primero que le preguntó tan pronto lo vio fue "¿Te enteraste?"
Sano arrugó el gesto en respuesta. Todo aquel asunto le sabía amargo.
-¿Qué harán? ¿Pelearán con el resto? -Cuestionó Megumi mirando a uno y luego a otro.
Que derrotaran al shinchogumi no aseguraba el que el conflicto en Edo cesara, pero sin duda sería un gran avance. Lo más probable era que el resto de los enfrentamientos con los clanes restantes se diesen justo ahí, y luego avanzara por el resto del país, pues si se contaban las últimas expediciones, la balanza estaba en favor de los imperialistas.
Sin embargo, lejos del Sekihotai y el abrigo que éste le daba sumado a la protección de su identidad, podría perderse si se declaraba abiertamente en favor de un clan. Todavía tenía pendiente un encuentro con Katsura Kogoro...
-Me gustaría, pero tengo que ir a Kioto. -Contestó Sanosuke rompiendo con esto la burbuja de los pensamientos de Kenshin quien le miró con sorpresa.
-¿A Kioto? -Preguntó desde su posición en el suelo.
Sano suspiró y se sentó frente a su amigo, Megumi igualmente aprovechó para sentarse cerca de ambos.
-En realidad, debería de haberme ido ya. -Confesó el castaño recordando las palabras de su general y que pronto se convertiría en su tutor. -Esperaba que pudieras venir conmigo, pero supongo que dada la situación dudo mucho que lo hagas.
El pelirrojo alejó la mirada.
Lo cierto era que había estado deseando volver a Kioto; el conflicto con Kaoru estaba todavía pendiente, deseaba hacer las paces con ella lo más pronto posible. Pero era también justo por esto que deseaba quedarse hasta que cuando menos el conflicto que envolvía al clan Kamiya se disipase.
-Todavía no lo decido -Respondió en su lugar, porque era cierto. Y supo, en la mirada de preocupación que le dedicó el castaño que éste entendía lo que pretendía.
Ser el soldado que peleara en el encuentro en dos días.
-El funeral debería de ser primero. -Declaró Megumi ajena al intercambio entre ambos jóvenes.
-Entiendo por qué puede parecértelo. -Refutó Kenshin secretamente agradeciendo la distracción para no tener que decir en voz alta lo que planeaba.
-Explícame cómo -le instó la morena.
Kenshin se cruzó de brazos, espalda recargada sobre el banquillo de la ventana.
-Si dejamos el conflicto para después del servicio funerario, el resentimiento aumentará y el conflicto podría no ser tan pasivo como lo deseamos. -Explicó. -Si se hace ahora, el funeral será lo que debe de ser, un momento de resignación y duelo.
-¿Pero está bien? -le provocó el castaño, su mirada se notaba molesta y a la vez preocupada.
Kenshin se sintió conflictuado.
-Sanosuke...
-¿Será correcto que tomes tal lugar? -Le cortó el castaño.
-¡¿Cómo?! -Exclamó Megumi entendiendo al fin lo que Kenshin pretendía y la molestia de Sanosuke -Himura kun, no es cierto ¿o sí? ¿Planeas poner tu vida en la línea?
Silencio.
Megumi se sintió desfallecer.
-...Pero, ¿qué hay de tu herida? -Cuestionó recordando algo en qué justificarse.
El pelirrojo suspiró antes de responder.
-...Si guardo reposo, dos días serán suficientes. -Aseguró mientras tocaba la parte herida por debajo de su hombro izquierdo. Afortunadamente, a pesar del conflicto reciente, las heridas no se habían reabierto, y el dolor era casi nulo. -Entiendo su preocupación -dijo de pronto, no dejando el que ninguno de los dos encontrase otra razón, especialmente una de ojos azules. -Sin embargo, me gustaría que tratasen al menos de entenderme. Cuando me uní a la rebelión no lo hice pensando en cuestiones políticas, difícilmente las entiendo aún ahora, sólo quería un cambio en favor de la gente que sufría. Pero la realidad es que el conflicto es mucho más complejo que lo alcanzo a ver con mis ojos. A eso he de sumarle mi sentir, cuando es gente cercana a mí quien sufre el daño.
Megumi le miró con pena.
-¿Te sientes responsable de alguna manera?
Kenshin arrugó el gesto con angustia. Si fuera un hombre más fuerte no sentiría el deseo de ocultar sus lágrimas.
-En parte... incluso cuando sé que no debería, no puedo evitar sentir que debo hacer algo.
Sanosuke bufó.
-Es normal. -Le dijo. -Como bien lo dijiste, se vuelve personal cuando quien sufre es alguien a quien quieres.
En ese instante al menos, tanto Sanosuke como Megumi fueron capaces de entender a Kenshin y de no refutarle nada. Sería mucho después cuando la preocupación volviera a instalarse en su psique.
KIOTO
Para cuando las labores en el santuario concluyeron y se informó al resto del clero sobre los planes de alianza con el shinsengumi y su postura en cuanto a la revolución terminaron, ya era de noche.
Kaoru se había sentido aliviada de que ni Hikari ni Sato siguiesen insistiendo en persuadirla de sus planes. La miko sabía que si bien había representado una piedra en los planes de sus compañeros, éstos serían capaces de sortear los nuevos obstáculos y adecuarlos en lo que preparaban para los meses siguientes. Quizá Yumi no le había revelado nada en palabras en su reciente encuentro, pero el anterior Guji - Udo Jineh - sí lo había hecho.
De momento, incluso si no le gustaba, no podía confiar ni en Sato, ni en Hikari, ni en la misma Yumi - donde quiera que ésta última estuviera - Sasaki era otro tema, mas sabía que la castaña no le diría nada, al menos no todavía. El nuevo Guji, Matsumoto, era un hombre amable era cierto, pero también era cierto que había sido fiel acólito de Yumi y Momiji. Tampoco podía confiar en él.
"Con el agua hasta el cuello" pensó la miko para sí misma mientras veía su reflejo en las cálidas aguas del onsen. Incluso en un momento de privacidad sentía que no estaba sola... "Emi y Touko serán ahora mis aliadas" pensó.
Las dos nuevas acólitas una menor y la otra mayor que la miko, eran hijas de sacerdotes que antaño habían tenido poder en el gobierno del shogun. Kaoru sabía lo deseosas que estaban de ganarse su favor por deseos de sus familias, por lo que serían perfectas como apoyo, uno que no respondería a ninguno de los miembros altos del actual clero de Inari.
Sonriendo satisfecha, la miko de ojos azules terminó su baño y se retiró a sus habitaciones a descansar.
...
Todavía ahora le costaba trabajo el ver la nueva habitación como propia. Yumi la había usado por poco tiempo, e incluso entonces no había podido mirarla como el espacio de Momiji. Sintiendo nostalgia por su anterior superiora, Kaoru ofreció una plegaria por ésta. Luego, preparó su futón, y tras esto, tomó el viejo trompo - aquel que había sido un regalo de Kenshin - depositó un beso en éste y sonriendo volvió a guardarlo en la caja de madera.
-¿uh? -Exclamó confusa.
Cuando fue a hacerlo, sin embargo, sus ojos dieron con el pergamino que descansaba sobre una pequeña charola de plata. Ésta no había estado ahí antes, y la joven no pudo mirar en derredor suyo para asegurarse de que en verdad estaba sola; cuando quedó convencida de que era la única en su habitación tomó aquel papel y extendió la hoja para leerlo.
Sus ojos se abrieron en asombro.
Era una carta.
Una carta de Tomoe.
Kaoru comenzó a leer la carta con el corazón pendiéndole de un hilo, las manos le temblaban mientras sus ojos leían cada palabra; fue incapaz de soltar exclamaciones de desconcierto y angustia al leer las líneas, sintiendo como de a poco la desesperación se asentaba en su mente.
Luego, analizó las demás hojas, tras leerlas, sin embargo, sus ojos se abrieron en desconcierto.
Cayendo sentada al suelo, con la mirada perdida en la distancia y una mano sobre su boca, la miko fue sintiendo una a una las emociones abrirse camino por su pecho hasta subir por su garganta.
Aquella noche, la joven concilió el sueño entre lágrimas...
...
Kaoru sama:
Quisiera disculparme por mi burda confesión horas atrás. No era mi intención causarle ningún agravio ni pena; aunque entiendo que lo que compartí no podía recibirse de ninguna otra manera.
Mucho me temo, mi querida amiga, que no es lo único que he de confesarle.
Como se lo he dicho, me he dedicado a ser una doble agente dentro de la familia Kiyosato, mas no he entrado en este juego sola. Mi honorable esposo, Akira sama, es partícipe de este engaño.
En nuestra primera estadía en Edo tras la boda, tuvimos la oportunidad de comulgar con el clan Kamiya y conocer su escuela de kendo así como su ideología. Akira sama incluso se incorporó como alumno temporal de la escuela de vuestra familia; aunque esto lo mantuvimos como secreto. La razón fue que descubrimos entonces el secreto de vuestro nacimiento e inmediatamente entendimos el riesgo que su excelencia corría si se llegase a revelar en el contexto actual del país.
Fue entonces cuando tomamos la decisión de separarnos de la familia que nos había acogido a ambos por una lealtad mayor hacia su excelencia. Comenzamos a movernos por nuestra cuenta, aprovechando el que nadie presta atención a una pareja de esposos. Actualmente estamos tratando de mover el tablero en vuestro favor, asegurándo que el compromiso con mi pequeño hermano, Enishi, sea lo que se prometió en un inicio y nada más, una pantalla.
Entiendo cuáles serán sus sentimientos al enterarse de esto, y me disculpo por habernos inmiscuido en los asuntos de su familia. Pero ¿cómo podíamos permanecer sin hacer nada? ¿Cuando el destino de Akira sama y mío ha sido posible gracias a su excelencia? No se ha de olvidar tampoco el apoyo dado a mi honorable tía, Kagome, y a su bebé en la alborada de su nacimiento; sin mencionar el apoyo que tuvo para conmigo al evitar el que Enishi entrase en la milicia... Como puede ver, mi deuda es grande y no deseo ser mal agradecida.
Mi intención con esta carta, además de confesarme, es apoyarla con los asuntos que están por venir, particularmente en el respectivo al compromiso con el clan Kiyosato. Toda la información reunida está aquí. Enishi ha aceptado igualmente ser vuestro aliado. Se lo suplico, escúchelo. Es la única familia que me queda, y es su inocencia la que deseo proteger.
Espero pueda entenderme, y que en su corazón pueda perdonarnos. Hemos llegado al punto en que no podemos dar marcha atrás.
Akira sama, tras participar en la liberación de la mansión Kamiya - la cual fue un éxito -, ha sido descubierto me temo...
He recibido carta de él con sus deseos hacia mí sea que lo peor ocurra.
Ambos somos conscientes de lo que nuestros actos representan para vuestro clan si se ha de descubrir nuestras intenciones; mas hemos tomado medidas al respecto... Pero sé que aunque le pida no preocuparse, su corazón ya debé estar sufriendo esta verdad.
Quisiera haber podido preveer esta situación, mas sé que incluso usted con sus visiones es incapaz de vislumbrar más que retazos del futuro, sólo lo que los dioses permiten... He de confesar que mi corazón se encuentra dividido, y que aceptar este desenlace ¡me resulta una tarea casi imposible! Mas he prometido mantenerme firme, sin importar cuál sea el resultado.
Su excelencia, Kaoru sama, me he de permitir al menos aquí el ser egoísta. Por favor, tome el ejemplo de este humilde ser; no deje que el tiempo se le escape entre las manos, aquella persona a la que ha entragado vuestro corazón necesita escuchar de su boca lo que usted siente, de otro modo, sus sentimientos jamás serán capaces de alcanzarlo... y créame que la culpa que sentirá después será inmensa...
A partir de ahora, dejo a Enishi en su cuidado. Me despido deseando, mi querida amiga, Kaoru, el éxito de vuestra empresa.
Kiyosato Tomoe.
...
EDO
Reunidos nuevamente en la sala de reuniones al medio día, los líderes y representantes de los clanes en favor del clan Kamiya y los imperialistas declararon su decisión sobre el acuerdo con el shinchogumi. Kenshin también estaba entre los presentes; su mano izquierda, envuelta en el listón de Kaoru, sostenía con fuerza el mango de la katana.
-Tras deliberar cuidadosamente este asunto -Informó Masato -Se ha decidido aceptar la propuesta. Y se abre el espacio para que cualquier samurai que desee el honor de tal contienda se postule o sea postulado por alguno de los aquí presentes.
Silencio.
Más de uno de los presentes se dedicaron miradas significativas, ya había una lista de posibles prospectos para el encuentro entre ambas fuerzas enemigas.
-¿Cómo se decidirá por nuestro representante si tenemos prospectos con excelente técnica y manejo de la espada, además de su base familiar? -Cuestionó Kurama. Los demás asintieron con él.
Masato dedicó una mirada rápida, casi imperceptible hacia Koishijiro quien estaba sentado junto a él.
-Haremos un pequeño encuentro interno. -Respondió. -Una demostración de habilidad. La mejor técnica será quien nos represente.
...
Afuera Megumi y Sanosuke esperaban con ansia a que la reunión concluyera y pudieran tener un atisbo del destino de su amigo.
Incluso si sabían en su interior que sería Kenshin quien pelearía.
"Jouchan" Pensó Sano. "Por ahora, prometo cuidar de Kenshin por ti." Se dijo internamente, un pensamiento que se sentía de antaño, viejo, como si fuese otra versión de él - una adulta - la que había hablado; un hombre seguro de su deber para con sus amigos...
El recuerdo era tan familiar, que no se sorprendió cuando en su mente escuchó la respuesta de su anterior amiga, Kaoru, su siempre Jouchan.
"Arigatou, Sanosuke"
A/N: Uno o dos capis más y por fin el último de los Secretos que guardamos, y bang! xD ¡Puras promesas conmigo!
Siguiente capítulo: "Primera Cicatriz"
