Descargo de Responsabilidad: La traducción de "Come Undone" llega a ustedes gracias al permiso de su talentosa autora, drotuno. Queremos expresar nuestro agradecimiento a la autora por su creatividad y compartir su pasión por el mundo de Twilight, propiedad de Stephenie Meyer.
Esta traducción es realizada sin ánimo de lucro, simplemente por el placer de compartir esta historia con los fans de habla hispana.
Disclaimer: The translation of "Come Undone" comes to you with the permission of its talented author, drotuno. We want to express our gratitude to the author for her creativity and share her passion for the Twilight universe, which is the property of Stephenie Meyer.
This translation is done without any intention of profit, simply for the pleasure of sharing this story with Spanish-speaking fans.
¡Sully y Shikara, mil gracias!
Nota de la autora: ¡Hola gente!, esta es la historia que escribí para la compilación Babies at the Border*. Estaba feliz y orgullosa de ser parte de esto.
¡Ah, sí!, esta historia tiene como referencia a la canción de Duran Duran del mismo nombre. Sin embargo, en esta historia se hace referencia a varias canciones. Espero la disfrutes
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Resumen: No debería querer tocarla, pero lo hacía, cada vez que ella estaba en su bar. Ella debería estar centrada en la universidad, pero él era peligrosamente sexy y encantador. ¿A quién necesitas?, ¿a quién amas cuando te deshaces? Escrita por drotuno. ShortFic. TRADUCCIÓN.
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Capítulo 1: Bella
La música sonaba a través de mis auriculares mientras escribía. Cuando un rollo de papel rebotó en mi cabeza, me saqué los auriculares y miré hacia la puerta de mi habitación.
—¿Qué pasa, Rose? —le pregunté a mi compañera de cuarto, sin apenas detenerme.
—¡Cielos, Bella! Dime que no estarás trabajando toda la maldita noche —exigió, sentándose en el borde de mi cama.
—Tengo que terminar esto antes del lunes. —Poniendo los ojos en blanco cuando ella me hizo un chasquido, sacudí la cabeza y guardé mi documento—. Creo que me amenazaste con noquearme, secuestrarme y llevarme en pijama al bar si te decía que no. —Enumeré con los dedos.
Rose sonrió malvadamente. —Estabas escuchando. Excelente. Apaga esa computadora y vístete, no es que no crea que a ese sexy barman no le importaría que estuvieras así en su bar.
Puse los ojos en blanco de nuevo y la ahuyenté, mis mejillas se calentaban al pensar en Edward, pero sacudí la cabeza para aclararla. —Estoy segura de que recibirá muchas ofertas —respondí con sarcasmo.
Ella asomó la cabeza por la puerta. —Sí. Sí, lo hace, pero no estoy muy segura de que le importe una mierda alguien cuando estás ahí. ¡Vístete!
—¡Está bien, está bien, está bien! —Guardé mi documento nuevamente y cerré la computadora portátil—. No te preocupes por mí. Son sólo mis calificaciones, mi futuro, mi… —Me detuve cuando Rose se inclinó en la puerta nuevamente.
—Isabella Swan —dijo con un suspiro exasperado—, ¡deja de escuchar a tus padres! Eres una mujer adulta, estás estudiando en la universidad a más de cinco mil kilómetros de ese pequeño pueblo de Washington, y probablemente te graduarás antes de tiempo, todo summa cum… o lo que sea.
Riendo, levanté las manos en señal de rendición. —¡Lo sé! Pero fueron sus reglas estrictas las que me trajeron aquí.
—Bien, y fíjate que estás en Florida, al otro lado del país, de sus reglas, y eres la perra más pálida aquí. ¡Vístete o te juro que te arrastraré a The Pour House con eso! —Hizo un gesto hacia mi ropa y yo miré mi camiseta sin mangas y mis pantalones cortos, mirándola—. Créeme, matarías a Edward. Así que, si no quieres tener la muerte de ese hermoso hombre en tus manos, ponte algo más.
Sonreí y luego le cerré la puerta en la cara. Por muy interesante que fuera probar esa idea, finalmente entré al baño para prepararme.
Una vez vestida con algo más que mi pijama, nos fuimos al mejor restobar del planeta. En The Pour House no se escuchaba música atronadora ni se bailaba en una pista de baile. No había estudiantes de primer año emborrachándose cada noche. Era más que un simple bar de playa; había buena comida, café fuerte, música de todos los géneros y un público algo mayor. Los fines de semana, la música era en vivo.
Olía a hogar y comodidad cada vez que entramos, y estaba condenadamente segura de que Edward podía leer mi mente mientras deslizaba una cerveza fría en mi dirección en el mismo momento en que me sentaba.
—Bella —dijo, su boca y lengua envolviendo mi nombre de una manera que me gustaría que probara contra mi piel.
—Gracias, Edward —le respondí, sonriendo en su dirección.
—Eh, sí, quedas en buenas manos. Me voy a... —Ella se detuvo, saludando por encima del hombro.
Resoplé suavemente, sacudiendo la cabeza mientras me enfrentaba al hombre que había aparecido en mis sueños muchas más veces de las que jamás admitiría ante nadie. Parecía estar luchando contra su sonrisa mientras fregaba vasos en el fregadero al otro lado de la barra. Traté de ignorar el movimiento de los músculos bíceps en una camiseta negra mientras él hacía la tarea mundana, pero fallé estrepitosamente.
No estaba segura de haber visto nunca a un hombre más guapo. Edward llevaba los vaqueros de esa forma baja y sexy que ponía celosos a los modelos masculinos; era un hecho, ya que había oído esa conversación en el bar hacía un mes. Su pelo no era castaño oscuro, pero tampoco castaño rojizo, y caía de forma natural, despreocupado y alborotado, como le gusta usarlo a la mayoría de los hombres. Sus ojos eran marrones verdosos, dependiendo de la luz, y estaban enmarcados por unas pestañas que las mujeres envidiaban, también un hecho, ya que la mayoría de las mujeres pagaban por esa longitud. Su sonrisa era impresionante, pero no siempre era igual para todos. Era torcida y burlona con sus amigos y clientes habituales. Apenas existía para los maleducados y odiosos. Coqueteaba con las mujeres y bromeaba o hablaba de deportes con los hombres, todo a cambio de buenas propinas y buenas ventas.
Edward conocía cada maldita canción que sonaba por el sistema de sonido. Y esa era la parte de él que me volvía loca. No es que él cantara para sí mismo; todos hacían eso. Cantaba para sí mismo tan suavemente que era como si estuviera tratando de ocultarlo o ni siquiera fuera consciente de que lo estaba haciendo.
Y su voz era hermosa, suave, profunda, sexy, como calidez y seda. Al final de un turno largo, había un leve tono áspero porque había estado hablando todo el día.
Mientras limpiaba la barra y se acercaba, cantó palabras sobre tumbarse y simplemente olvidarse del mundo. Canturreó sobre la incapacidad de decir cómo se sentía. Y parecía estar justo en mi oído, que se extendió por todo mi cuerpo en una ola lenta y llena de calor.
Quería responderle, decirle que me acostaría con él, pero me mordí el interior de la mejilla para quedarme callada. Habría sido algo cursi y desesperado. Sabía que estaba mirando, así que me obligué a darme la vuelta y buscar a Rose. Había venido a ver al portero. Ella se ha estado viendo con él desde hacía algún tiempo, y por eso condujimos por separado, en caso de que decidiera sellar el trato con él.
—¿Cómo va el periódico, Bella? —Escuché a mi lado y sonreí, volteándome para ver la mirada de Edward sobre mí.
Arrugué la nariz. —Está casi terminado. Es para el lunes. Todavía estaría trabajando en ello, pero Rose amenazó con traerme en pijama si no me tomaba un descanso.
Edward se rio entre dientes, sus mejillas se tiñeron de rosa. —Lástima, me hubiera gustado ver eso —bromeó con una ceja levantada, mirando a Emmett y Rose—. Creo que es buena para mi hermano.
Mis cejas se alzaron. —¿Él es tu hermano? —pregunté, mirando entre los dos hombres.
—Ajá, mi hermanito —lo dijo como si hubiera estado cuidando de Emmett toda su vida—. Habla de Rose todo el tiempo.
Sonriendo a Edward, asentí. —Eso es dulce.
—Dulce no suele ser el modus operandi de Emmett. —La voz de Edward era irónica y sarcástica cuando dijo eso poniendo los ojos en blanco, pero sonrió hermosamente cuando me reí—. Pero supongo que estamos empatados —añadió suavemente, casi en un susurro. Me dio una pequeña sonrisa, golpeando la barra frente a mí cuando un grupo de chicas entró y se sentó en la mesa a lo largo de la pared—. Avísame cuando estés lista para otra, Bella.
Reconocí a algunas de las chicas del campus: Jessica y Angela. Había un par más con ellas que no conocía, rubias con toques rojos: hermanas, si tuviera que adivinar. Todas eran un desastre risueño y coqueto de odiosidad femenina cuando Edward se acercó a la mesa. Poniendo los ojos en blanco, sacudí la cabeza y revisé mi teléfono. Me dedicaré a la enseñanza cuando me gradúe y escribiré en mi tiempo libre. Rose me mataría si supiera que puedo continuar mi trabajo desde mi teléfono, pero una relectura, una palabra aquí y allá, y sonreí cuando pusieron una cerveza nueva frente a mí.
—Gracias, Ed… —dejé de hablar cuando vi el rostro de Edward—. ¿Qué ocurre?
—La bebida es del caballero al otro lado de la barra. —Lo había dicho con los dientes apretados, pero sonrió de todos modos. Sus ojos estaban oscuros.
Miré alrededor de la alta figura de Edward, vislumbrando al «caballero». El chico tenía cabello largo y rubio, piel bronceada y una sonrisa de depredador.
—Tú…
—Se llama James —respondió Edward con brusquedad, con los ojos oscuros—. Es el cantante de la banda de esta noche.
Mi ceño se frunció mientras mis ojos oscilaban entre la bebida en la mano de Edward y su rostro. Por un breve momento, me pregunté si los hombres entendían lo que pensaban las mujeres en ese tipo de situaciones. Naturalmente, se suponía que la gratitud entraría en juego, pero claro, yo era bastante capaz de pagar mis propias bebidas, fuera una estudiante universitaria sin dinero o no. Entonces la posible reacción del chico siempre me atormentaba, lo pensara o no. ¿Decir que sí? Es posible que quieran charlar o algo más. ¿Y si digo no? Podrían enojarse, lo que podría resultar en muchos escenarios diferentes y desagradables en los que mi pequeña estatura fuera superada por un ser más grande, más fuerte y más agresivo.
Sin embargo, por encima de todo eso, en realidad no estaba allí para que me «recogieran». Rose y yo vinimos aquí porque The Pour House era diferente a otros bares. Era más seguro, no estaba muy lejos en automóvil y es más tranquilo que el ambiente habitual de un bar. Y sí, la cosa alta y hermosa frente a mí era probablemente la razón por la que seguía regresando, que fue el pensamiento que me hizo arrugar la nariz y sacudir la cabeza.
—¿Bella? —preguntó Edward suavemente, la conducta dura desapareció cuando se inclinó más cerca—. Oye —susurró—, puedes rechazarla. O no tienes que beberla. Yo me encargo de él, no te preocupes.
Sonreí porque se había colocado a propósito entre el tal James y yo. —Está escrito en toda mi cara, ¿verdad? Rose dice que mi cara lo dice todo.
Edward soltó una suave risa. —Te leí como si fueras un hermoso libro —bromeó con una sonrisa deslumbrante mientras se acercaba y tocaba ligeramente mi barbilla.
—¿Él no te gusta? —pregunté antes de que se alejara.
—¿Qué me delató? —Edward preguntó retóricamente, pero luego hizo un gesto con la mano ante eso—. Es un buen cantante. Incrementa las ventas los fines de semana. Pero es un bastardo turbio con las chicas.
—Entonces... —alargué la palabra—. ¿Qué dirección debo tomar? Feminazi, ¿puedo pagar mi propia mierda? Umm, ¿tengo novio? O... ¿qué tal si he alcanzado mi límite de noche para poder conducir a casa?
—¿Qué tal si no significa no? —preguntó Edward, poniendo los ojos en blanco, pero sonrió cuando le resoplé. Comenzó a alejarse, pero luego se detuvo y preguntó—: Espera, ¿tienes novio?
—No, Edward —dije entre risas—, pero dile lo que quieras para decepcionarlo. Confío en ti.
Algo en su expresión cambió, dándome una mirada más suave, pero asintió y caminó de regreso hacia James. Dejó la cerveza frente a él, dijo algo que no pude oír y negó con la cabeza. James pareció sorprendido, con las cejas arqueadas y una risa incrédula.
Tú te lo pierdes, me articuló.
—¡James! —le gritó Edward, haciendo que el hombre saltara y mirara en su dirección.
Lo que Edward dijo a continuación fue inaudible, pero sus manos estaban en puños, apoyadas en la barra. Sus bíceps se flexionaron y los músculos de la mandíbula se tensaron. Por un momento, James pareció asustado, pero rápidamente cambió a indiferencia cuando se deslizó del taburete y se alejó riendo.
Edward entró a la cocina y un chico más joven salió para ocuparse de la barra. Me gustaba Jasper. Lo conocía de la universidad, pero él no era Edward.
—¿Qué pasó? —escuché a mi lado y le sonreí a Rose.
—Rechacé una cerveza y al chico no le gustó.
—Ahh, síndrome del ego herido —murmuró, tomando un sorbo de mi cerveza—. Pero ¿por qué llamaron a Emmett?
—¿Lo llamaron?
—Sí. ¿Quién era el chico? —me preguntó.
—El cantante de la banda, James.
—Ah, carajo —refunfuñó—. Ese hombre no puede aceptar un no.
—Bueno, tendrá que aprender —respondí con ironía, bajándome de mi taburete—. Pausa para ir al baño. Cuida mi lugar, ¿de acuerdo?
Mientras cruzaba la barra y recorría el pasillo que conducía a los baños, vi a James detrás del telón del escenario. Aparentemente había avanzado rápidamente, porque esta tomándose una foto con una linda pelirroja. Estaba perfectamente de bien con eso.
Cuando terminé en el baño, salí al pasillo justo en medio de una multitud de hombres que reían, bromeaban y se burlaban unos de otros.
—¡Jesús, chicos, miren por dónde carajo van! —Reconocí la voz de Edward y una mano cálida me guio fuera del grupo. Su mano permaneció en mi hombro, un pulgar frotando mi piel suavemente.
—Oh, Dios mío. Lo siento —murmuró uno de ellos, sacando un par de baquetas de su bolsillo trasero. Miró a Edward—. ¿Seguro que no quieres unirte a nosotros, Cullen? No es lo mismo sin ti.
Edward sonrió, sacudiendo la cabeza. —No, estoy bien. Ahora tengo este lugar.
Había un toque de tristeza en el rostro de Edward cuando les dijo a los miembros de la banda que subieran al escenario.
Cuando captó mi mirada, sonrió y sus mejillas se enrojecieron un poco. —Esa solía ser mi banda, pero tuve que dejarla. Necesitaba algo más... estable.
—¿Este lugar? —pregunté.
—Ajá —tarareó, apoyándose contra la pared—. Mis padres fundaron este lugar. Ahora están prácticamente jubilados. Lo administro por ellos. —Cuando la música comenzó en el escenario, me reí cuando Edward me guio más cerca, susurrando—: Está bien. Escúchame, Bella —me pidió suavemente al oído, y no tenía ningún deseo de decir que no.
Los siguientes minutos fueron una prueba de moderación. No estaba segura de qué era mejor: la música o la persona que cantaba en mi oído todo el tiempo. Edward era significativamente más talentoso que James, pero a estas alturas, estaba bastante segura de que no era objetiva. Su cuerpo se alineó detrás del mío, y con cada letra susurrada en mi oído, en mi cabello, a través de mi piel, me encontré recostada contra él y su fuerte brazo envuelto alrededor de mi cintura desde atrás para abrazarme.
Cantó palabras y frases suavemente contra el punto sensible justo detrás de mi oreja. Tarareó dulces palabras sobre sentir los latidos de mi corazón. Entonó sobre la piel y la desnudez mientras sus dedos jugaban con el borde de mi camisa. Su voz era la tristeza encarnada cuando cantaba sobre enamorarse en lugares equivocados y en momentos equivocados.
—Tú deberías cantar, no él —le dije por encima del hombro.
Él sonrió brevemente. —Tal vez por ti lo haga algún día. —Me giró para mirar al escenario nuevamente mientras continuaba cantando contra mi piel.
Al final del set, prácticamente estaba temblando, pero quería ver su cara. Me volví para mirarlo. Su expresión era hermosa, necesitada y triste al mismo tiempo. Su mano ahuecó el costado de mi cara mientras su frente caía sobre la mía.
—Bella —susurró, tragando espesamente—. Carajo, quiero… —Se detuvo, con los ojos cerrados—. Yo no…
—Está bien —lo tranquilicé, acercándolo más, porque ahora quería besarlo. O que me bese él. O algo que involucre labios y lenguas y tacto.
—¡Edward! —Jasper llamó detrás de nosotros, haciéndonos a ambos saltar hacia atrás. El pobre chico nos miró, dándose cuenta en su rostro, y miró a Edward, quien se estaba pasando una mano por el cabello—. ¡Ay, la cagué! ¡Maldición! ¡Mierda! Lo siento, pero me están superando.
Edward soltó una carcajada cuando me reí un poco. —Ya voy, Jasper. —Cuando volvió a mirarme, sus ojos estaban tristes—. No debí haber hecho eso, Bella. Lo siento. No... no debimos…
De todas las cosas que podría haber dicho, no me esperaba eso, pero forcé una sonrisa en mi rostro y asentí. —No hay problema. Lo entiendo. —Empecé a girarme y dije—: Tengo que irme de todos modos. Tengo que entregar ese trabajo el lunes.
—Oye —dijo, deteniéndome. Puso ambas manos a cada lado de mi cara—. No, Bella, no lo entiendes, yo... —Hizo una pausa, mirando por encima del hombro cuando el sonido de llamadas de la cocina y cubos de hielo cayendo se convirtió en un alboroto—. Quiero explicártelo, pero...
—Pero estás ocupado, Edward. Está bien.
—Nada está jodidamente bien —resopló, sacudiendo la cabeza. Metió la mano en su bolsillo y sacó su teléfono—. Por favor, por favor, ¿me puedes dar tu número?
Me sentía un poco en carne viva, un poco herida, pero él parecía estar realmente molesto, así que me envié un mensaje de texto desde su teléfono, programando mi nombre para él.
—Gracias —dijo, guardando su teléfono en su bolsillo—. ¿Realmente tienes que irte? ¿Puedes quedarte un poco más?
Asentí y regresé a mi ubicación en la barra.
—Oye, te pedí un refresco. Sé que te irás en breve. No me esperes despierta —charló Rose mientras yo tomaba asiento junto a ella.
Resoplé una risa sin humor, pero la escondí detrás de la pajita de mi bebida. El lugar estaba lleno, la cocina era un flujo constante de comida entrando y saliendo, la música estaba demasiado alta y la charla a mi alrededor era interminable y estúpida. De repente, terminé, más aún cuando vi a Edward lidiando con la mesa llena de chicas coquetas.
Me volví hacia Rose, bajándose de mi taburete. —¿Quieres pagar por mí? Me entregas la tarjeta cuando vuelvas a casa.
—¿Bella? —preguntó, deteniéndome antes de que me alejara—. ¿Estás bien?
—Sí, dolor de cabeza y… —Agité una mano con una arruga en la nariz—. Ya terminé. Pero diviértete.
Ella se rio, pero me fui antes de que pudiera leer más mi cara. Le di a Emmett una pequeña sonrisa mientras cruzaba la puerta, pero luego fruncí el ceño cuando el calor y la humedad me golpearon como una bofetada húmeda, a pesar de la hora y el hecho de que era noviembre. El estacionamiento estaba lleno, con más autos entrando. El sonido del océano golpeando los muelles de madera al otro lado del edificio era relajante y espeluznante al mismo tiempo. Mientras me dirigía hacia mi auto, escuché pasos detrás de mí.
—Qué curioso, no actúas como la chica de Eddie —el acento de James arrastraba las palabras debido a la evidente borrachera.
Solté una carcajada. Le había dicho a Edward que le diera cualquier excusa que quisiera. No me había dado cuenta de que había usado esa.
—Lamento no estar a la altura de tus estándares. No sabía que me estaban evaluando —respondí sarcásticamente—. Tal vez si te preocuparas por ti mismo, no te decepcionarías tan fácilmente.
Se paró entre la puerta de mi auto y yo, recargándose contra el lado del conductor. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho, la boca en una mueca de desprecio y los ojos caídos por todo el alcohol que había consumido.
—¿Estás segura de que no puedo invitarte a una bebida... o algo así?
—No, gracias. Por favor, apártate de mi camino, James.
Cuando simplemente me sonrió desde su lugar en mi puerta, me giré para regresar al interior para buscar a Emmett o Edward, pero este último estaba saliendo por la puerta del restaurante justo cuando di un paso. Una mano se envolvió dolorosamente alrededor de mi muñeca, jalándome hacia atrás con fuerza.
—¿Crees que eres demasiado buena para mí? —siseó James, oliendo a cerveza y whisky.
Me volví hacia él y lo abofeteé al mismo tiempo. —¡No me toques!
El sonido del puño chocando con la carne fue fuerte en el estacionamiento, más fuerte y más fuerte que mi bofetada, y James se encontró agachado con otro puño dirigiéndose hacia su cara nuevamente.
—¿Edward? —lo llamé y él inmediatamente se detuvo y me miró.
—¿Estás bien? ¿Te lastimó? ¿Qué te dijo, Bella? —preguntó con respiración agitada y voz ronca.
Nunca antes había visto enojado al coqueto barman, siempre cantando y tranquilo, pero si antes era guapo, ahora estaba glorioso, y perdí la capacidad de hablar, optando simplemente por sacudir la cabeza.
»Oye —susurró, caminando hacia mí—. Sé que estás enojada conmigo, pero ¿te lastimó?
—No, simplemente no me dejaba subir a mi auto. —Señalé hacia la puerta de The Pour House—. Estaba yendo a buscarte a ti o a Emmett. —Me froté la muñeca donde James me había agarrado.
Abrí la puerta de mi auto y me senté bruscamente, con los pies todavía sobre el asfalto. Escuché a Edward decirle algo en voz baja a James, incapaz de distinguir las palabras, pero James asintió y se alejó tambaleándose.
Edward se arrodilló frente a mí. —Déjame ver, Bella —pidió casi en un susurro mientras colocaba suavemente mi mano en la suya, con la palma hacia arriba.
—Estoy bien. —Fruncí el ceño, comencé a girar en mi asiento y encendí mi auto.
—¡Espera! Bella, ¿por favor? —dijo con urgencia—. Déjame al menos poner un poco de hielo en esa muñeca, ¿bueno? Dame... ¿diez minutos?
Quería preguntarle por qué, porque el hombre me estaba dando un latigazo con todos los giros y vueltas de su personalidad.
»Tal vez también pueda explicar mi terrible comportamiento esta noche. ¿Sí? —ofreció arrepentido, aparentemente leyendo mi mente otra vez, o probablemente mi cara. Cuando le lancé una mirada, sonrió—. Por favor, Bella. Si no lo explico bien, entonces puedes abofetearme como lo hiciste con James. Buen trabajo en eso, por cierto.
Me reí a pesar de todo y dejé escapar un profundo suspiro cuando me entregué a él por completo.
Sus cálidos labios presionaron la furiosa piel roja de mi muñeca. —Gracias.
Me levanté mientras Edward cerraba la puerta de mi auto, luego puse la cerradura y me dirigí hacia la puerta de The Pour House.
—No, cariño. Por aquí. Tengo algo que mostrarte —dijo, señalando las escaleras que conducían al edificio de apartamentos al lado de su restaurante.
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*The Babies at the Border compilation, fue una recaudación de fondos creada para ayudar a reunir a las familias detenidas en la frontera. Se realizó durante varios años de manera consecutiva. Esta entrada participó en el del 2018.
Nota de la traductora: ¡Hola! Bienvenidos a esta nueva traducción, en esta ocasión un historia corta, mientras tomo fuerzas para la siguiente traducción larga.
Recuerden que en sus manos está el ritmo de las actualizaciones. ¿Cuento con ustedes?
