Crepúsculo pertenece a Stephanie Meyer.

El Harem de la Reina

26: Una Ocasión Especial.

Alice me ayudó a entrar en su coche. Prestó especial atención a las tiras de seda que adornaban mí vestido de gasa, las flores que él me acababa de poner en los rizos, cuidadosamente peinados, y la escayola, de tan difícil manejo. Ella se sentó en el asiento del conductor después de que me hubo instalado y recorrió el largo y estrecho camino de salida. — ¿Cuándo tienes pensado decirme de qué va todo esto? —refunfuñe quejosa; odio las sorpresas de todo corazón, y ella lo sabía.

—Me sorprende que aún no lo hayas adivinado —me lanzó una sonrisa burlona, y el aliento se me atascó en la garganta. ¿Es que nunca me iba a acostumbrar a un ser tan perfecto?

—Ya te he dicho lo guapa que estás, ¿no? —me aseguré, permitiendo que mi voz, escapara como un suspiro, mientras me resistía a acariciar su mejilla, por estar su rostro tan maquillado como el mío. Volvió a sonreír. Hasta ese instante, jamás la había visto vestida de negro, y el contraste con la piel pálida convertía su belleza en algo totalmente irreal. No había mucho que pudiera ocultar, me ponía nerviosa incluso el hecho de que llevara un traje de etiqueta... un vestido negro, lleno de perlas en el pecho y en la cintura a modo de cinturón.

—Sí. Tú también estás hermosa. —me contestó ella. Resistí volver a mirar mi propio vestido ámbar rojizo (llamado coloquialmente "Color Caramelo"), también resistí bajar la mirada a mi collar de perlas, mi pulsera o mirarme en el espejo los aretes, que sabía estaban allí, debido a su peso.

Ella siguió conduciendo, hasta que llegamos a la Secundaria. En Phoenix celebran los bailes de fin de curso en el salón de recepciones de los hoteles; sin embargo, aquí, el baile se hace en el gimnasio, por supuesto. Seguro que debía de ser la única sala lo bastante amplia en la ciudad para poder organizar un baile. Cuando entramos, me dio la risa tonta. Había por todos lados arcos con globos y las paredes estaban festoneadas con guirnaldas de papel de seda. —Parece un escenario listo para rodar una película de terror —me reí por lo bajo.

—Bueno —murmuró ella mientras nos acercábamos lentamente hacia la mesa de las entradas. Alice soportaba la mayor parte de mi peso, pero aun así yo debía caminar arrastrando los pies y cojeando—, desde luego hay vampiros presentes más que de sobra.

Contemplé la pista de baile; se había abierto un espacio vacío en el centro, donde dos parejas daban vueltas con gracia. Los otros bailarines se habían apartado hacia los lados de la habitación para concederles espacio, ya que nadie se sentía capaz de competir ante tal exhibición. Nadie podía igualar la elegancia de Emmett y Jasper, que vestían trajes de etiqueta clásicos. Vanessa lucía un llamativo vestido de satén negro con cortes geométricos que dejaba al aire grandes triángulos de nívea piel pálida. Samanta llevaba un bello vestido verde botella y sonreía como la reina del baile.

Y Rosalie era... bueno, era Rosalie. Estaba increíble. Su ceñido vestido de vivido color púrpura mostraba un gran escote que llegaba hasta la cintura y dejaba la espalda totalmente al descubierto, y a la altura de las rodillas se ensanchaba en una amplia cola rizada. Me dieron pena todas las chicas de la habitación, incluyéndome yo.

Pasé mis manos por sus hombros. — "¿Quieres que eche el cerrojo a las puertas mientras masacras a todos estos incautos pueblerinos?" —susurré como si estuviéramos en medio de alguna conspiración, antes de lamerle el cuello...

Oh vamos, no me mires así. No voy a hacerle el amor, en pleno gimnasio, pero mi bello duendecillo es irresistible y está preciosa esta noche.

— ¿Y de parte de quién te pondrías tú?

—Oh, me pondría de parte de los vampiros, por supuesto. Me quedaré en un rincón y dejaré que mi cabello, cubra mi rostro, como Samara Morgan, mientras una sonrisa siniestra, se filtra en mis labios. —sonrió con renuencia. —Cualquier cosa con tal de no bailar.

—Lo que sea. —compró las entradas y nos dirigimos hacia la pista de baile. Me apreté asustada contra su brazo y empecé a arrastrar los pies. —Tengo toda la noche —me advirtió.

Al final, me llevó hasta el lugar donde su familia bailaba con elegancia, por cierto, en un estilo totalmente inapropiado para esta música y esta época. Los miré espantada. — "Alice —tenía la garganta tan seca que sólo conseguía hablar en susurros —de verdad: No puedo bailar." —Sentí que el pánico rebullía en mi interior.

—No te preocupes, tonta —me contestó con un hilo de voz—. Yo sí puedo —colocó mis brazos alrededor de su cuello, me levantó en vilo y deslizó sus pies debajo de los míos.

Y de repente, nosotros también estuvimos dando vueltas en la pista de baile. —Me siento como si tuviera cinco años —me reí después de bailar el vals sin esfuerzo alguno durante varios minutos.

—No los aparentas —murmuró Alice al tiempo que me acercaba a ella hasta tener la sensación de que mis pies habían despegado del suelo y flotaban a más de medio metro.

—De acuerdo, esto no es ni la mitad de malo de lo que pensaba —admití. En una vuelta, cambié de pareja y ahora, estaba en los brazos de Leah, cuya sonrisa iba a hacer, que su rostro se partiera.

Alice y Rosalie se inclinaron para presionar una vez más sus labios fríos contra mi garganta.

FIN