Capítulo 2.

Todo empezó hace doce años.

Flashback.

Hace 12 años.

Ocurrió un trece de julio. Era el día de mi cumpleaños número dieciocho. Hacía un calor tan asfixiante que el ventilador estuvo en marcha durante toda la noche. Cuando sonó el despertador lo paré y me vestí con el uniforme del supermercado en el que comencé a trabajar ese verano para ganar algo de dinero y ayudar a mi madre con los gastos. Entonces, cuando me miré al espejo me quedé paralizado. Tuve que sentarme de la impresión. El apuesto joven de pelo castaño que esperaba ver no era el que me devolvía la mirada. Era más bien un hombre que se acercaba a los cuarenta. Me toqué el rostro para cerciorarme de que era real y no una pesadilla de la que todavía no había despertado. Volví a mirarme en el espejo, pero no reconocía a esa persona.

Todavía en shock, fui andando al centro comercial en el que mi madre regentaba una pequeña tienda de lanas y crochet. Mi madre vio aparecer a un hombre desconcertado, con una sola de las zapatillas y sin peinar.

Ma…má. Mamá. –dijo Shaoran a punto de derrumbarse. Entonces, Ieran, la madre de Shaoran, vio la etiqueta identificativa de su trabajo. Ieran no dijo nada. Simplemente se agachó para ponerle una zapatilla de casa para que no anduviera descalzo, lo abrazó y supo que era su hijo. Shaoran comenzó a llorar como un niño pequeño e indefenso en los brazos de su madre. Había sido tal la impresión que ni siquiera había sido capaz de vestirse adecuadamente.

¿Por qué ocurrió? Todavía no lo sé. Mamá no me llevó al hospital. No quería que mi caso se convirtiera en un circo. Además, sería algo difícil de creer. Simplemente me acompañó a casa y lloró conmigo. No sólo lloró, sino que incluso se disculpaba. Obviamente, dejé el instituto. Desde aquel día, nunca llegué a tener una vida normal. Tuve que hacer cosas que nunca creí que llegaría a hacer, como comprarme ropa interior femenina, aunque tuve que ir en varias ocasiones al sentirme incapaz de comprar por la vergüenza que sentía, a pesar de que iba teniendo cuerpo de mujer. Mientras mis amigos mostraban sus vidas en facebook, se graduaron y salían con chicas, yo vivía una vida completamente diferente. Una vida que nunca nadie comprendería.

Varios años después comencé a acostumbrarme a mi nueva vida y entonces, Eriol llamó a mi puerta después de haber estado en Inglaterra desde unas semanas antes de que mi vida hubiera cambiado.

Hola, ¿está Shaoran? –preguntó Eriol a una mujer de unos cincuenta y cuatro años. Ella no contestó. –Supongo que no está, pero si lo ve, dele esto, le gustará. Solía comerlo cuando íbamos al instituto.

La mujer lo aceptó sin decir nada.

Por cierto, Ieran, has ganado peso. –dijo Eriol, que parecía llevar alguna copa de más en el cuerpo y pensaba que hablaba con Ieran. La mujer simplemente lo invitó a pasar sin decir nada y Eriol acabó comiéndose lo que le había llevado a Shaoran. –Supongo que será el estrés.

Entonces, mientras Eriol reía por una tonta anécdota del pasado que le estaba contando a la mujer, apareció Ieran con semblante serio. Aquello descolocó a Eriol. Si Ieran estaba allí, ¿quién era la mujer que le abrió la puerta?

Ieran convenció a su hijo para que fueran a su cuarto y le contara la verdad. Le vendría bien compartir la naturaleza de su condición con alguien más y podría ayudarlo a llevar una vida algo más normal.

¿Me estás diciendo que tú eres Shaoran Li? –preguntó Eriol todavía sin creerse lo que le acababa de contar su amigo. –Vale, necesito cerciorarme de lo que me acabas de contar. ¿Qué solíamos comer después de clases?

Arroz salteado. –respondió la mujer.

¿Mi Spice Girl favorita?

La pija.

¿Mi raza en el videojuego Starcraft?

Zerg.

¿Mi ataque Zerg favorito?

Los cuatro drones.

¡Joder! –exclamó Eriol. Había acertado todas las preguntas. Preguntas que sólo él y Shaoran sabían. –Vale, la última pregunta. ¿Quién es mi actriz favorita?

Scarlett Johanson. –Shaoran había vuelto a acertar.

¿Y hoy te has despertado así? ¿No deberías estar en una reunión de la asociación de padres? Eriol comenzó a reír a carcajadas.

Entonces, yo también reí. Durante los primeros días, Eriol y yo reíamos por mi aspecto y comenzamos a salir por ahí.

Tengo que hacerme a la idea de que eres tú. En realidad eres mi colega. –dijo Eriol en un izakaya, junto a un Shaoran mujer joven y atractiva.

¿De qué hablas? –preguntó Shaoran.

De que eres mi amigo desde hace quince años y estoy realmente contento de que seamos amigos. –dijo Eriol pasando su mano por el hombro. –No podría estar más feliz.

¿Qué te pasa? –preguntó Shaoran zafándose de la mano de Eriol.

Lo que quiero decir es que somos los mejores amigos y hemos vivido muchas cosas juntos, así que, por nuestra amistad, déjame hacerlo. –dijo Eriol.

¿Estás majara? Ni hablar. –dijo Shaoran comprendiendo qué era lo que quería Eriol.

No estoy loco. Sólo una vez. –insistió Eriol. –No he visto a una mujer como tú en mi vida y si no lo haces con ese cuerpo estarías cometiendo un gran error.

Por si lo has olvidado, soy Shaoran. –se negó Shaoran.

Y yo soy Eriol. –dijo él. Entonces percibió la mirada inquisitiva de su mejor amigo. –Está bien. Sólo bromeaba. Pero al menos déjame ver tus tetas. Es lo menos que puedes hacer.

Shaoran le dio un bofetón a Eriol harto de sus insinuaciones.

Tenía que intentarlo.

Un par de años después, mientras lijaba una silla en el lugar en el que me había establecido, Eriol entró y me dijo que había dejado su trabajo.

Es ridículo. –dijo Eriol sentándose mientras se abría una lata de cerveza. –He dimitido. Mi empresa ha copiado el diseño de tu silla. Menudos bastardos. Tienen cero creatividad.

Shaoran, con aspecto treintañero, cogió el móvil que su amigo le ofrecía para ver el diseño copiado y suspiró.

Necesito diseñar algo único. Como si fuera alta costura. –reflexionó Shaoran.

¿Qué quieres decir?

Todo el mundo se sienta en una posición diferente: unos en la esquina, otros en los bordes. ¿Y si hiciera muebles hechos a medida para cada cliente? Tomamos medidas y lo hacemos a mano. ¿Qué te parece?

Eres un genio. Hacer muebles por encargo es un concepto de alta gama. Creo que nunca se me habría ocurrido. Trabajaremos juntos. Tú y yo. Tú diseñas y fabricas y yo vendo.

Eriol sugirió crear nuestra propia marca. La llamamos Clow.

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En la actualidad.

Shaoran entró en el almacén que tenían alquilado y donde incluso tenían algunos trabajadores, ya que la empresa había adquirido cierto renombre y no podían asumir solos el volumen de trabajo, a pesar de que Shaoran siempre trabajaba en su taller.

–Eriol. –lo llamó Shaoran, viendo a Eriol concentrado trabajando en un mueble. De vez en cuando Eriol también colaboraba en tareas de carpintería.

–Hola, colega. –saludó Eriol tras comprender que aquel hombre con aspecto de cuarentón era Shaoran. Los trabajadores se miraron incrédulos por la familiaridad con la que Eriol trató a alguien que evidentemente era mayor que él, por lo que rectificó al darse cuenta de su error. –Hola, señor. Oye, he estado pensando. ¿Qué te parece si tratamos de colaborar con alguna tienda de muebles o de electrodomésticos? Así podríamos fabricar muebles para introducir hornos o muebles de los que salga la televisión de la nada, como si fuera un Transformer.

–Yo diseño los muebles y tú los vendes, ¿no? Me decías que era un genio con la madera. Pues hazme caso y mira el ángulo de este tirador. –dijo Shaoran haciendo caso omiso a Eriol y tocando el cajón de la mesa que Eriol había estado lijando antes de que llegara. –Estaría perfecto si lo lijaras un poco más.

–Tus cumplidos me hieren. Pero está bien. Lo ajustaré un poco más. Pero hazme el favor de usar materia prima más barata, como por ejemplo, un pomo.

–Ya he elegido uno. –dijo Shaoran.

–Lo sé, idiota. Uno que es demasiado caro. –se quejó Eriol.

Continuará…