Kisspril
Día 7: Beso de la vida
Necesitaba respirar. Realmente lo necesitaba. Pero, no podía. Sentía una enorme presión en el pecho que no lo dejaba. El aire simplemente no entraba en sus pulmones. Sus manos comenzaban a sudarle, no podía dejar de mover las piernas y la cabeza le daba vueltas. Era malo, muy malo. Si no se calmaba, no iba a conseguir nada y realmente tenía que lograr su objetivo.
Había actuado muy calmado, pero eso solo fue porque si expresaba sus emociones se iba a derrumbar y no podía darse el lujo.
Muchas veces había agradecido la presencia de Anissina, la máquina para el Gunter de nieve había servido una vez más para conservar el cuerpo de Wolfram, pero no era suficiente, necesitaba recuperar su corazón pronto. ¿Por qué Murata no le había dicho nunca que Wolfram también era una llave de las cajas prohibidas?
Ya tenían su plan de acción completo, pero realmente necesitaba ver a Wolfram antes de ir a la misión.
Conrart notó claramente a dónde se dirigía Yuuri y le cubrió la espalda un rato, para que se quedara a solas con su prometido.
Yuuri entró en la habitación donde estaba el cuerpo inanimado de Wolfram y se agachó junto a él.
Lo miró por unos segundos, antes de que comenzara a llorar. No podía verlo así. Había aguantado las ganas de llorar solo por Greta, no quería que ella llorara más y sí el también lo hacía frente a ella, no iba a ayudarla en nada.
Pero, realmente necesitaba ese tiempo a solas con Wolfram y dejar salir todas sus preocupaciones, probablemente no podría enfrentarse a Shinou si no se desahogaba.
Las lágrimas le impedían verlo con claridad, pero era obvio que su piel estaba más pálida de lo normal y esos ojos verdes como el fondo de un lago no lo estaban mirando como si fuera la persona más preciosa que hubiera visto.
Aún derramando lágrimas, se atrevió a acariciar su rubio cabello. Estaba muy suave. Siempre había tenido curiosidad de hacer eso, pero el contacto era demasiado íntimo por lo que nunca se había atrevido.
Una idea cruzó su mente de repente, sentía que los papeles estaban al revés, ya que después de todo Wolfram era el que parecía un príncipe, aunque él no se parecía en nada a una princesa que estaba allí para salvar a su príncipe.
¿Cuándo había pensado esas cosas tan cursis?
Rio sin ganas. Realmente no creía que eso funcionara, pero lo intentaría.
Se acercó a su rostro, admirando el largo de sus pestañas y los bonitos que estaban sus labios, grabaría esa imagen en su cabeza, no podría hacer eso si Wolfram estaba despierto, así que era lo mejor.
Con su corazón latiendo a mil por hora, terminó por acortar la distancia que quedaba entre sus rostros, dándole un pequeño beso, al cual el inerte Wolfram no respondió.
Yuuri se alejó y aún con un poco de esperanza esperó unos momentos.
Nada.
Wolfram no despertó.
—Debía suponerlo, solo fue el típico beso cliché de un cuento de princesas.
Las lágrimas corrieron nuevamente con libertad por sus mejillas.
—Te salvaré, de alguna manera lo haré y te prometo que al fin tendremos ese primer beso.
