HA PASADO ALGÚN TIEMPO Y AUNQUE SABÍA QUÉ QUERÍA CON ESTE CAPÍTULO, FUE UN POCO COMPLEJO DE PLASMAR PORQUE INVARIABLEMENTE TENÍA QUE SER DISTINTO A LOS PRIMEROS DOS, PERO MANTENIENDO, EN LA MEDIDA DE LO POSIBLE, SU ESENCIA.
SIN MÁS, ESPERO DISFRUTEN.
Secretos III
Apenas y alcanzaron a cubrirse de la lluvia, y para cuando ésta comenzó a arreciar un poco, los encontró casi riendo y corriendo por los muelles.
La verdad es que los había tomado por sorpresa e incluso no sospecharon que aquella tarde pudiera llover así, pues incluso era un día soleado y todo parecía indicar que en un rato hasta podría aparecer un arcoíris.
Al menos eso ella le había comentado.
Y quizás a Ikki todo eso le hacía sentido y le hacía pensar un poco en cómo se habían dado las cosas entre ellos.
Todo, como la lluvia de esa tarde, era inesperado, refrescante y con una posibilidad de que pudieran apreciar un milagro de la naturaleza como un arcoíris.
– Entra, por favor – indicó ella en cuanto llegaron al lugar.
En todas esas semanas que llevaban viéndose, él se limitaba a dejarla en la puerta y, ya en algunos días en adelante, darle un beso de despedida.
En cuanto entró se sintió sumamente extraño. Sabía de la existencia de ese lugar, pero en realidad nunca había estado ahí. Por voz de su hermano menor, sabía que era un punto de encuentro de los muchachos, pero él solía mantener distancia de ese tipo de reuniones y no solía visitar el lugar.
Qué ironía era que estuviera ahí, con ella.
– ¿Estás bien? – le preguntó de inmediato, con un tono un poco preocupado.
– Sí, descuida – trató de tranquilizarla.
La chica cruzó la pequeña estancia hacia la ventana, sólo para comprobar que apenas habían alcanzado a llegar.
Él se quedó un instante sin saber qué hacer, era una situación nueva entre ellos estar a solas en un lugar así. Sin embargo, después de dudarlo un momento fue hacia donde ella.
La chica se apartó un poquito para hacerle un espacio en la ventana y pudiera él ver.
Sin duda era una vista muy agradable de los muelles de la ciudad. Entendió un poco por qué a los chicos les gustaba reunirse ahí y porque Seiya había quedado encantado con vivir en esa pequeña habitación.
Ikki se quedó observando un instante, pensando en todos los momentos y charlas que se había perdido en ese lugar, todo por aferrarse a permanecer lejos del resto, de ser enigmático, de guardarse las cosas, de tener sus secretos.
Entonces sintió cómo unas manos pequeñas y femeninas lo abrazaban por detrás hasta descansar en su pecho. Ella también apoyó su cabeza en su espalda.
Claro, esa chica le estaba alejando muchas de esas ideas de su cabeza e Ikki estaba seguro que a ella no podría mantenerla en secreto ante el resto.
– ¿En qué piensas? – le preguntó la pelirroja.
– No sé… Tal vez que han sido semanas muy extrañas.
– Yo creo que han sido muy lindas contigo– Ikki no pudo evitar sonreír un poco. Esa chica tenía una manera especial de ver al mundo, con la que podía encontrar algo bueno en estar en compañía de alguien tan osco como él.
Era tan gentil y positiva, no cabía duda que era la hermana de Seiya… pero en bonita, desde luego.
Se separó un poco para poder darse la vuelta y tenerla de frente para besarla. Desde la primera vez que probó esos labios se le hizo tan difícil alejarse de ellos.
Su encuentro y joven relación se habían dado apenas unas semanas atrás, luego de que todos fueran dados de alta satisfactoriamente del hospital tras una relativamente larga recuperación de sus heridas por la última batalla contra los Dioses.
Seiya, por obvias razones, había sido él último en salir del hospital y él (Ikki) había permanecido cerca (aunque no mucho) sólo para asegurarse de que todos sus amigos estaban bien.
Shun fue quien le contó que Seiya ya estaba en su casa al cuidado de su hermana y que Saori Kido también se había comprometido a estar al pendiente de todo lo que necesitara.
En ese momento Ikki había determinado que era momento de alejarse e irse de nuevo a quién sabe dónde, pero siempre preparado para regresar si su hermano o sus amigos lo necesitaban. Sin embargo, el propio Shun, casi adivinando lo que su hermano mayor ya pensaba hacer, le pidió primero asistir a una reunión convocada por Saori en su mansión, pues tenía importantes anuncios que dar.
No muy convencido, acudió a la reunión para encontrarse con el resto de los chicos, las Santas de Águila y Ofiuco, así como el resto de Caballeros de Bronce sobrevivientes, es decir, lo que quedaba de la Orden de Athena.
Saori Kido les había comunicado que las guerras habían terminado y que sus obligaciones para con ella como deidad, habían concluido que cada uno sería libre de hacer lo que decidieran. Ella había reconocido que no era una decisión sencilla, porque ese modo de vida era prácticamente lo único que conocían, pero en su rol como heredera de una cuantiosa fortuna estaba dispuesta a poner a disposición de ellos todos los recursos que requirieran para rehacer sus vidas.
– Es lo menos que puedo hacer por ustedes – había dicho.
Les pidió que no le respondieran nada aún, y otorgó un plazo de unas semanas para volver a reunirse, escuchar su posición y ella misma compartirles su propia postura.
En ese tiempo, ella tenía que hacer un viaje al Santuario para hacer un recuento de daños e Ikki escuchó que algunos de sus compañeros de armas también saldrían de viaje para ordenar algunas cosas.
El de Fénix no tenía claro qué haría en ese tiempo e incluso se planteó ni siquiera volver para la siguiente reunión y sólo hacer lo de siempre: estar lejos.
Incluso en esa misma reunión él se salió discretamente del salón y de la mansión, pero cuando caminaba por los jardines para marcharse, una voz femenina lo llamó.
– ¿Ikki? – preguntó y él miró hacia la chica que lo llamaba, una joven de cabellos castaños rojizos que se le hizo vagamente familiar – ¿Eres tú, Ikki?
No tenía muy claro quién era y por qué le estaba llamando – ¿La conozco, señorita? – respondió tratando de no sonar hostil con una chica que francamente estaba hablando con un tono muy amable.
– Soy yo, Seika ¿me recuerdas?
Ikki la recordaba, claro; era la hermana mayor de Seiya, quien siempre velaba por su amigo, antes de que apartaran al grupo de niños para iniciar su entrenamiento.
De hecho, él tenía muy presente ese sentido de protección de Seika con Seiya, porque era el mismo sentimiento que siempre lo unía a Shun.
– Sí – sólo respondió y, en un movimiento completamente inesperado, la chica fue a abrazarlo.
Ikki no entendía qué sucedía, todos ya sabían cómo era él y ya ni siquiera hacían muchos esfuerzos por interactuar, inimaginable que alguien se atreviera siquiera a abrazarlo. Seguramente la chica no estaba al tanto de su carácter.
– Qué gusto verte – comentó Seika – Muchas gracias por todo lo que has hecho para ayudar a mi hermano.
Así que eso era.
De pronto la chica se separó y se disculpó por la repentina efusividad, pero el resto de los chicos le habían hablado de las cosas por las que habían pasado todo ese tiempo; ella ya les había agradecido a sus amigos por cuidar de Seiya cuando ella no pudo, pero no había tenido oportunidad de encontrarse con él.
Él le había comentado que no había qué agradecer, era parte de su deber ayudar a sus compañeros, a lo que Seika, con una cálida sonrisa, le había respondido que era demasiado humilde su postura.
Un poco por cambiar de tema, él le preguntó qué hacía vagando por los jardines de la mansión. Seika le contó que ese lugar le recordaba mucho la crueldad de Mitsumasa Kido al haberla separado de su hermano y no soportaba la idea de estar adentro.
Le comentó también que había tenido una pequeña discusión con Seiya antes de ir a esa reunión, pues él le había adelantado un poco sobre lo que se hablaría ahí y que, después de eso, él acompañaría a Saori Kido a Grecia por unas semanas.
Ella no entendía cómo o por qué apenas su hermano ya pudo mantenerse en pie de nuevo, y ya iba otra vez detrás de esa chica que, en sus años de infancia, había sido tan odiosa.
Ikki vio cómo ese rostro que lo había saludado con tanta emoción y calidez, había cambiado a uno de angustia. No pudo con la idea y trató de reconfortarla.
Le dijo que entendía su preocupación por su hermano menor, pero tenía que ver que Seiya ya no era un niño, sino un hombre que tomaba sus propias decisiones y ella debía confiar en él y lo que hacía.
– No es fácil, créeme que me ha costado mucho trabajo entender que Shun ya no es un niño pequeño que debo proteger.
Ella había soltado unas lágrimas, pero se las limpió y le agradeció por sus palabras. Lo volvió a abrazar.
Después de eso, Ikki sintió la necesidad de ir a buscarla, saber cómo estaba pasándola con el breve viaje de Seiya. Shun le había comentado alguna vez dónde estaba la casa de su amigo y ahí fue para encontrar a Seika.
Después de todo, era algo que no necesariamente debían saber los demás. Todos habían salido de la ciudad y probablemente cuando regresaran, él ya se habría borrado de nuevo.
Pero Seika cambió todos esos planes. Salían y tenían largas charlas sobre sus experiencias como hermanos mayores, recordando sus años en el orfanato y ella le preguntaba mucho por su hermano, quería saber todo de él; aunque el de Fénix no estaba seguro de ser él el adecuado para esos temas, igual lo poco que le decía de Seiya, ella lo escuchaba con atención y valoraba cada palabra.
Pero no todo habían sido charlas ligeras, también habían abordado asuntos más profundos, sobre lo que vivieron durante los duros años de entrenamiento y las batallas. Seika incluso le habló de cómo había sufrido al ser separada de Seiya, cómo había escapado a Grecia para alcanzarlo allá y cómo un terrible accidente le había hecho olvidar todo ello, incluso no recordaba quién era ella misma, y después de eso se había visto obligada a sobrevivir hasta que de golpe sus recuerdos volvieron.
A Ikki le parecía una historia dura para una jovencita tan dulce, pero lejos de atormentarse por ello, ella se mostraba muy madura por lo que aprendió en esos años e ilusionada por la oportunidad que la vida le estaba regalando para estar con su hermano.
El Fénix admiraba mucho esa capacidad que tenía de ver lo positivo en todo.
Él, por su parte, estar con ella le brindaba la oportunidad por primera vez en su vida de hablar con alguien que sabía de ese mundo cruel de Caballeros, pero que no lo trataba a él con miedo o con lástima al conocer el infierno que había sido la Isla de la Reina Muerte.
Lo más curioso de todo es que juntos estaban aprendiendo. Ella estaba trabajando en confiar en las decisiones de Seiya, especialmente respecto a Saori Kido, a quien la pelirroja le tenía cierto recelo, pero se esforzaba por no guardarle rencor. Justo esa lección estaba dejándole a Ikki, quien había aprendido a ser motivado por el odio, y ver que Seika estaba dispuesta a dejar de lado los rencores del pasado hacia los Kido por separarla de su hermano, era algo increíble que encontraba en ella.
Y así estar con Seika se había convertido en toda una experiencia para Ikki. Le era algo tan diferente, muy auténtico y natural.
Y entre tantas charlas y la convivencia, vinieron más emociones. Ikki ya había vivido el amor muy puro y juvenil de la mano de su querida Esmeralda e incluso la atracción y el deseo casi instantáneo con Pandora, pero Seika le despertaba otras sensaciones, era como una mezcla de ambas cosas pero a la vez diferente.
En las charlas, poco a poco se asomaron las miradas, los roces, las sonrisas y los silencios incómodos; para cuando llegó el primer beso, Ikki sabía que estaba demasiado involucrado con Seika.
Y la diferencia más grande que había con las otras mujeres que había tenido en su vida era que ese sentimiento parecía tan libre de cualquier sombra.
Ahora, tras esas semanas juntos, lo único que le preocupaba era cómo hacérselo saber al resto, especialmente a Seiya.
– ¿Qué pasa? – preguntó ella cuando él interrumpió el contacto al sentirse asaltado por la idea.
– Nada… – mintió.
Ella tiró de él para sentarse en el lugar más cercano, que era la cama de ese pequeño departamento.
– Creo que he aprendido a leerte bien y sé que algo te preocupa, ¿es Shun? ¿Ya regresó a la ciudad?
– Llegaba esta mañana, él está bien; lo sé, puedo sentirlo.
Ella lo tomó de las manos y se las acarició suavemente – ¿Entonces…?
– Los muchachos quieren que nos reunamos mañana por la noche – poco antes de su viaje, Shun le comentó que el grupo de amigos se vería previo a la reunión con Saori Kido; su hermano menor le insistió mucho en que los acompañara, si es que seguía en la ciudad.
– Seiya me dijo algo sobre eso… – Ikki se quedó callado y ella agregó – Supongo que el tema saldrá ¿no? En algún momento lo deben de saber.
Él seguía sin responder, sin saber cómo decirle que si bien con ella era muy sencillo ser honesto y abierto, con el resto nunca fue así y no sabría cómo decirles que estaba con ella.
– También he pensado en eso ¿sabes? – continuó ella – Digo, Seiya y tú son amigos y no sé cómo tome él que yo… – respiró profundo – me enamoré de ti.
En un principio no pensó en aclarar a qué nivel estaba su amistad con Seiya; lo que realmente retumbó en su cabeza fue la última frase: ella estaba enamorada de él, y él… él…
– ¿De verdad? ¿Tú estás…?
Ella se puso roja y desvió la mirada – Perdóname si crees que es precipitado, pero las cosas en mi vida están cambiando así de rápido.
Él la tomó por la barbilla para que lo mirara – No, es perfecto ¿Sabes? Yo también siento cosas que pensé jamás podría volver a sentir – se acercó a ella y se dejó perder en sus labios.
Había pasado unas semanas increíbles a su lado y sí, todo era rápido y ya había pasado por algo así de instantáneo con Pandora, pero esto era muy diferente, porque ella era tan honesta y transparente para él.
Ella correspondió el beso, que comenzaba a extenderse más de lo usual entre ellos, pues hasta ese momento no habían tenido la oportunidad de compartir ese contacto en privado, sin que alguien los viera.
Por ello no fue una sorpresa que también se tornará más profundo y el Fénix tomó la iniciativa para invadir un poco más y abrirse espacio con su lengua, encontrando que ella también deseaba hacerlo, lo que hizo que ambas se encontraran con la ansia de dos amantes desesperados por acariciar el cuerpo del otro.
De pronto sintió cómo la mano de ella lo acariciaba en su mejilla y poco a poco comenzó a bajar por su cuello, sus hombros, hasta posarse en el músculo de su brazo, el cual encontró tan fuerte y apretó un poco.
La verdad era que para Seika la geografía masculina era un tema ya explorado, pero no estaba muy acostumbrada a convivir con muchachos tan atléticos como los compañeros de su hermano, y ni en una fantasía imaginó poder tocar un cuerpo así.
Con ese tacto, la pelirroja no pudo evitar soltar un suspiro; algo que no pasó desapercibido por Ikki y supuso que su cuerpo trabajado le estaba provocando algo a la chica.
Interrumpió el beso sólo para encontrar el rostro de Seika completamente rojo. Sonrió ante esa reacción y le tomó la mano para guiarla en un pequeño recorrido por su torso que, aun con su camiseta de por medio, podía sentirse cada relieve de sus músculos.
Eso no basta – fue la única idea que le pasó por la cabeza al muchacho y sin reflexionar más, se retiró aquella prenda para dejar al descubierto aquel físico que estaba provocando tanta curiosidad en Seika.
Ella tomó unos segundos en sólo admirarlo, era como ver uno de esos anuncios publicitarios con cuerpos casi perfectos, irreales; pero éste estaba ahí y a su disposición. Tan real que podía ver cada cicatriz que le habían hecho desde que Ikki era muy joven.
La apreciación duró poco, porque su mano volvió a posarse en el torso. Ahora, piel a piel, fue completamente diferente para ambos.
Seika incluso pudo ver cómo se erizaba y cada milímetro que tocaba se cambiaba de textura. Era curioso de pensar: un torso tan grande y fuerte, pero que al mínimo contacto se encrespaba.
Ikki, por su parte, no se imaginaba que la pequeña mano de Seika, que apenas había tomado algunas veces al caminar por las calles, tuviera el poder de alterarlo así. Estaba haciendo un auténtico esfuerzo sobrehumano para no emitir ni un solo ruido que delatara la excitación que lo estaba invadiendo.
Necesitaba controlar el impulso de saltar sobre ella y sin más saciarse. No es que fuera algo malo, pero no estaba seguro si ya era momento de llevar a esas instancias su relación, y más considerando que Seika era una chica demasiado dulce e inocente.
Y quizás él podía hacer mucho esfuerzo por controlar su boca y no emitir sonido alguno que le provocara, pero había algo que no estaba logrando ocultar.
Para ese momento, su creciente erección estaba incomodándolo.
Seika seguía recorriéndolo e incluso en algún momento incluyó a su otra mano, acariciando especialmente las cicatrices que encontraba. De pronto su vista fue más abajo y notó lo que el muchacho ya no podía ocultar.
Ella lo miró fugazmente y él no fue capaz de sostenerle la mirada. No sabía cómo reaccionar, si eso le incomodaba a Seika o no.
La respuesta le llegó cuando ella decidió ampliar su exploración y posó su mano en la abultada entrepierna, acariciando.
La tensión que había tenido Ikki por su pequeño debate interno, se escapó de pronto en una respiración profunda, que incluso lo relajó lo suficiente y abrió un poco más sus piernas.
Se inclinó hacia atrás casi por mero reflejo, no pensaba con claridad pero se sentía tan bien aunque fuera por encima de su pantalón.
Estaba tan enbebido en esa sensación que cerró los ojos y no vio venir lo que Seika haría a continuación. En un movimiento rápido ella desabotonó su pantalón y bajó el cierre lo suficientemente para dejar a la vista su boxer, y con maestría movió el resorte para liberar la parte más íntima del cuerpo del Fénix.
Eso hizo que él se incorporara y la mirara sorprendido de la iniciativa que ella estaba tomando. Seika seguía roja pero aún así le sonrió y sin despegar la mirada de su rostro comenzó a manipular con sus manos su miembro, sintiendo cómo la sangre bombeaba más en él.
En su tranquila vida como una campesina en Grecia llegó a conocer a un par de muchachos con intenciones más o menos serias y a quienes llegó a conocer a ese nivel; pero no negaba que Ikki le estaba pareciendo muy diferente, no sólo más apasionado y fuerte, sino mejor privilegiado en su masculinidad. Algo que le despertaba aún más su curiosidad.
Mientras tanto, Ikki no lo soportó más y la atrajo para besarla con el mayor arrebato que pudo. No se imaginaba que aquella chica tan dulce pudiera manejarse así. Lo estaba sorprendiendo de sobremanera e imaginar que esa fase provocativa estaba oculta detrás de un rostro tan puro, lo estaba excitando aún más.
No podía quedarse quieto y una de sus manos fue directo a buscar sus pechos para apoderarse de ellos aún por encima de la tela del vestido de la chica.
Tocarlos y masajearlos un poco para poder palpar con claridad su tamaño, estremeció un poco a la pelirroja que, aún besándolo dejó escapar un gemido y aumentó el ritmo de su mano, que seguía subiendo y bajando por la virilidad de Ikki, que ya estaba en su máximo explendor.
Por un momento Ikki se preguntó si su nueva amante tendría alguna experiencia en esos temas, porque lo estaba haciendo tan bien, como si conociera perfectamente cada fibra que lo estimulara allá abajo. Desde luego, a él no le molestaría que ella tuviera experiencia y no sería un tema a hablar en ese momento. Sólo quería seguir adelante.
La chica también parecía en cierto grado de éxtasis y sin poder resistirse, su mano libre alzó la falda de su vestido lo suficiente para buscar y atender su propia intimidad. A él le hubiera encantado poder ayudarle con esa labor, pero ella lo tenía completamente dominado y sentía que ya no tenía control de sí mismo.
Y eso le empezó a preocupar un poco, no porque le impusiera la idea que una mujer lo sometiera así, sino porque todo era tan agradable que sentía que no podría aguantar mucho el terminar.
Trató de concentrarse, pero ella le dio un juguetón mordisco en el labio. De nuevo ella se mostraba provocativa y eso motivó aún más a Ikki, quien quiso demostrar que también podría ser arrebatado y se separó de su boca para ir directo a su cuello.
Eso dejó completamente libre a Seika para expresar oralmente todo lo que ella sentía y rápidamente sus suspiros se convirtieron en gemidos. Eso sí, era tan diestra que no abandonaba su labor en el cuerpo de Ikki.
El muchacho estaba en un completo extasis al oír aquellas expresiones cada vez que intercalaba besos, lamidas y mordidas en el cuello de la chica, incluso por fin pudo llevar su mano hacia la zona más íntima de Seika que, gracias a la labor que ella estaba haciendo, ya estaba completamente húmeda.
Seika lo dejó ayudarle y sólo sentir el cambio de su pequeña mano por el masculino toque de Ikki, provocó que no pudiera controlar los sonidos que emanaban de su boca.
El de Fénix jamás había escuchado una voz tan dulce como la de Seika dejarse ir así, sin ocultar que estaba disfrutando.
Permanecieron así un buen rato, pues Ikki estaba dispuesto a soportar lo que fuera necesario hasta que sintiera que ella llegara al extasis total.
Fue entonces que Ikki decidió ir más lejos y le propinó semejante mordisco que seguro le dejaría una marca en su delicado cuello y eso provocó que ella se estremeciera y soltara un gemido aún más fuerte y sentido, acompañado de su nombre.
Eso fue suficiente para que él ya no resistiera y liberara la muestra de su máximo placer, manchando la parte baja de su abdomen, ese mismo que ella había acariciado con tanta suavidad.
Ella se dejó caer en la cama y lo miró con un fuego que resaltaba en sus castaños ojos, como si le advirtiera que eso apenas empezaba.
Al verla ahí, tendida en la cama, pensó: La cama, la cama, la cama de Seiya, la cama de mi amigo.
– Ven – dijo aún con respiración agitada – Quédate conmigo.
Ikki sólo pensó en una palabra – Seiya…
– Él llegará mañana por la tarde. No te preocupes.
Se sintió incómodo con la idea de hacer suyo algo tan sagrado para Seiya en su propia casa, en su cama; sin siquiera alguna vez haber tenido el valor de compartirle a ellos que él ya tenía experiencia con las mujeres. Que ese era "el lado B" de su vida y no quería que Seika fuera parte de esos secretos.
– Lo siento – miró hacia la mesa de noche y vio una caja de pañuelos, tomó uno pensando en la inapropiada idea de que estaban ahí justo porque Seiya los necesitaba a la mano para hacer lo que él iba a hacer.
No me siento bien con esto.
Ikki se limpió, se puso de pie, se acomodó sus pantalones y tomó su camiseta.
– ¿Te marchas?
– Perdóname, no me siento cómodo con esto – pronunció mientras se volvía a poner su camiseta.
– Pero…
– Seika – la interrumpió y trató de hablarle con calma para que no pensara que había algo mal con ella o entre ellos – No quiero que me malinterpretes – respiró profundo – Eres increíble y me muero por que esto suceda, pero… necesito aclarar unas cosas primero.
– Ikki…
– Por favor, te prometo que en cuanto resuelva esto, te demostraré todo lo que significas para mí.
No quiso escuchar más porque estaba seguro de que una sola palabra o mirada de ella sería suficiente para desarmarlo y terminaría por convencerlo de hacerlo. Salió rápido de ahí.
Afuera, ya no llovía.
-o-o-o-
Me voy a arrepentir de esto, seguro – se dijo antes de entrar en el lugar.
Resultó que se trataba de un pequeño bar el lugar que Shun le indicó se reunirían y tuvo la idea de cuestionarle a su hermanito si es que acostumbraba ir a beber con sus amigos, pero reprimió rápidamente esa idea pues en las últimas semanas había hablado mucho con Seika sobre el hecho de dejar ser a sus hermanos menores.
Seika…
No había tenido el valor de ir a buscarla desde que huyó de ella la tarde de ayer. Y la razón de ello estaba justo en ese bar; sí, quería hablar con Seiya sobre su relación con Seika (de ninguna manera era un permiso, sino un aviso), pero lo más importante era decirle a los cuatro que él era más que el solitario y atormentado Fénix, sino que era un hombre normal, que sentía, que había amado intensamente y que ahora había encontrado a otra mujer con la que quería compartir sus días y era tan serio que no estaba dispuesto a tenerla como un secreto ante ellos.
Se estaba enamorando de verdad. Ya que por cosas del destino fuera la hermana de uno de ellos, sólo era eso: cosa del destino.
En cuanto entró vio a Shun, Seiya, Hyoga y Shiryu que ya compartían sus primeras bebidas de la noche. Los cuatro reían, estaban tan relajados como hacía mucho que no los veía, quizá desde que eran niños.
Era agradable verlos así, tan normales.
Hyoga fue el primero en verlo y le dio un codazo a su hermano, a quien simplemente se le iluminó el rostro al verlo y se acercó a él diciéndole lo increíble que era que sí llegara. En cuanto lo llevó a la mesa, los chicos lo saludaron efusivos y le pidieron una cerveza para que se "pusiera a mano con ellos".
– ¿Y entonces qué te dijo ella? – preguntó Seiya a Shiryu y él le respondió con una risa nerviosa que "ella" estaba encantada con la idea.
Ikki no entendía nada. Cuando los veía era en un contexto muy diferente, de batallas, de sufrimiento.
Sin embargo, sus amigos vitorearon, aplaudieron y brindaron con las palabras de Shiryu.
Y siguieron hablando, lo que le permitió al Fénix entrar en contexto, aparentemente Shiryu se le había declarado a la muchacha con la que había crecido en China y estaban dispuestos a aprovechar la oportunidad que Athena les estaba dando para rehacer sus vidas en paz.
Si bien Ikki se sorprendió de aparentemente él no ser el único que tenía una vida personal activa, alguna vez escuchó de esa chica y casi parecía lógico. Sin embargo, no terminaban las sorpresas esa noche.
Resultó que los chicos también le preguntaron a Hyoga por "su asunto" y él les contó que había aprovechado esas semanas para volver a Asgard, lugar que aparentemente visitaba frecuentemente para estar cerca de la menor de las hermanas del Templo de Valhalla. Su más reciente visita fue para plantearles la posibilidad de quedarse por una larga temporada con ellas para ayudarles a reconstruir su Orden.
– Y estar con Freya – dijo Shun en tono juguetón.
Y es que resultó que el rubio ya tenía tiempo pretendiéndola sin poder concretar algo debido a sus múltiples responsabilidades como Caballero.
Bueno, pensaba Ikki, Hyoga tenía la pinta de galán y parecía natural que un tipo como él tuviera un interés amoroso por ahí.
Pero las declaraciones de sus amigos no terminaban. El propio Hyoga le dijo a su hermano que no "fingiera demencia" y mejor contara de una vez cómo le había ido con su "amiguita".
El Fénix no esperaba que Shun contara que, gracias a la información que le había compartido Saori Kido, había ido a encontrarse con June, su antigua compañera de entrenamiento y a quien en esta nueva faceta de sus vidas no dejaría que se alejara nunca más.
Según entendía, su hermano menor llevaba años pensando en esa chica, quien ya ni siquiera estaba "prohibida", pues había renunciado a la Orden de Athena tiempo atrás.
Eso le voló la cabeza a Ikki. Sus amigos y su hermano hablaban tan abiertamente de mujeres que hasta se sintió un completo estúpido al jamás acercarse a ellos para compartir lo que él pasó con Esmeralda y Pandora.
Ahora él sólo escuchaba a sus amigos.
Y entonces fue turno de Seiya de hablar, algo que generó expectativa entre el resto pues él los había convocado ahí. Quiso darles un adelanto de lo que Saori Kido les diría en la reunión del día siguiente.
El Pegaso les anunció que en esas semanas platicó mucho con Saori y decidieron que era momento de dejar de darle vuelta a las cosas y entablar una relación de noviazgo.
Y de nuevo los chicos vitorearon. Ikki sólo había alzado la ceja. Desde lejos podía verse que ese par se gustaba, pero no imaginó que decidieran estar juntos, por sus obligaciones, por sus posiciones en el Santuario e incluso las diferencias que tuvieron en un principio.
Otra cuestión que le llamaba mucho la atención es que, mientras el resto de los chicos contó todo con base en preguntas que respondían con sonrisas nerviosas, el Pegaso hablaba con tanta naturalidad del asunto que lo hacía ver tan fácil.
También me falta aprender de él.
Seiya les explicó que quería contárselo a ellos, sus amigos, porque Saori no lo mencionaría tan abiertamente ante el resto de la Orden.
– ¿Es un secreto? – se atrevió Ikki a hablar por primera vez en toda la velada.
– No – aclaró su amigo – Desde luego que es algo que tarde o temprano todo el mundo sabrá; pero, primero, ella no quiere que me sienta presionado, pues como sea me tocará ser el novio (que salió de la nada) de una de las jóvenes solteras más ricas de Japón.
Continuó – Y también pensamos que hablarlo así con el resto podría herir susceptibilidades.
Ikki no entendió, pero los comentarios de sus amigos lo aclararon.
– Sí – dijo Shun a Seiya – Ya me imagino a Jabu irse a los golpes contra ti.
– O cómo se sentirá la pobre Shaina al escuchar eso – comentó Hyoga.
– Hasta cómo podrá sentirse tu maestra, Marín – agregó Shiryu – que vea cómo lograron ser felices, mientras ella quedó devastada desde lo que sucedió con Aioria.
Ikki no sabía qué pensar de todo lo que escuchaba, pues mientras él mantuvo reservado todos sus asuntos con las mujeres, la Orden de Athena era una completa telenovela con triángulos amorosos e historias de despecho y tragedia incluidas.
Y él siempre estuvo ajeno a todo.
Como sea, los muchachos felicitaron a Seiya por decidirse, brindaron por ello y entre ellos se desearon suerte en lo que estaba por venir en sus vidas.
Conociendo cómo era Ikki, ninguno se atrevió a preguntarle a él qué pensaba hacer o siquiera por qué por fin se había decidido a acompañarlos aquella noche. Y la verdad era que el de Fénix no sabía si estaría listo para hablar.
De pronto Shun, Hyoga y Shiryu anunciaron que ya debían marcharse. Los tres se estaban quedando en la mansión Kido y no querían que Tatsumi les llamara la atención por llegar muy tarde y con aliento alcohólico.
Ikki sabía por demás lo desagradable que ese tipo podría llegar a ser, así que comprendió un poco que se marcharan. En cuanto lo hicieron pensó que la reunión había terminado, pero Seiya sólo dijo: – Espera, no te vayas aún.
Dudó un poco, pero tal vez era una señal de que esa noche sí resultaba una oportunidad de hablar sobre Seika.
El de Pegaso pidió una ronda más para ellos dos y le dijo que en verdad le daba mucho gusto que por fin los acompañara.
– ¿Sabes? – le comenzó a decir – Le pedí a Shun que te insistiera, si era necesario.
Ikki sólo alzó la ceja en respuesta.
– Esto que está pasándome con Saori es tan importante y especial que necesitaba compartirlo con todos ustedes.
– Y… – se atrevió a decirle después de un silencio entre ellos – ¿tu hermana lo sabe?
– Hablé con ella antes de venir con ustedes. Pensé que enfurecería, he visto cómo mira a Saori, pero lo tomó con bastante calma y me dijo que estas semanas había reflexionado mucho sobre que debía confiar en mis decisiones. Creo que ve que estoy muy feliz con todo esto y eso le basta.
El Fénix se sintió complacido de que Seika estuviera bien con la noticia y se moría por verla y cerciorarse personalmente de cómo estaba tomando la situación.
– Ikki… – su amigo atrajo de nuevo su atención – Quisiera aprovechar que estás aquí para hablar contigo.
¿Sabrá algo?
– Sé que siempre estás lejos, no sé si estás ocupado o si te desagrada nuestra compañía; pero eres el mayor de nosotros y creo que puedes ayudarme.
–No Seiya, no es eso. Sólo me cuesta mucho trabajo… ya sabes, estar con la gente – hizo una pausa – Y dime si en algo puedo ayudarte.
El moreno sonrió, tenía una sonrisa tan contagiosa como la de su hermana.
– Bueno, es que en estas semanas que acompañé a Saori a Grecia, no sólo estuvimos en el Santuario – se puso un poco rojo, pero aun así no dejaba de narrar con fluidez – Acordamos pasar unos pocos días juntos y apartados de todos para probar si esto puede funcionar.
– La verdad es que creo que ninguno de los dos lo dudaba y sólo queríamos un espacio para nosotros – continuó – Ella es tan increíble y cuidó cada detalle de nuestra estancia en unas islas griegas… De verdad son lugares muy bonitos y… románticos.
– El punto es que estuvimos ahí y última noche, cuando fui a dejarla en su habitación, como que Saori me besó diferente y yo también lo hice. Y pensé si debía pasar algo más, pero no supe qué hacer y sólo me despedí de ella.
– Perdóname si te incomodo con todo esto, pero siempre te veo tan independiente, que a veces creo que tienes más experiencia en muchas cosas y… Bueno, alguna vez Marín me llevó con Aiora para que me explicara algunas cosas que me pasarían al crecer, pero él ya no está y no sé – respiró profundo – Ikki, ¿qué debo hacer cuando esté así a solas con Saori?
El de Fénix no supo qué decir en primera instancia.
– Discúlpame… Creo que asumí cosas y…
– No – interrumpió y trató de buscar las palabras correctas e incluso se dio tiempo para dar un largo sorbo a su bebida – Escucha, ¿la amas? – Seiya asintió prestándole mucha atención –Bien, eso es muy importante, esto no es sólo por satisfacerse ¿me entiendes?
El de Pegaso asintió de nuevo y sin separar la vista de él dio un sorbo – Ikki, ¿tú alguna vez te has enamorado? – preguntó sin pena.
Él respiró profundo – Sí, más de una vez – confesó sin poder creer lo que estaba diciendo.
– ¿Y has…?
Ikki sólo asintió. Así que procedió a decirle algunas cosas que a él le hubiera gustado que alguien le informara sobre las mujeres, sobre lo que sienten en su primera vez y ese pequeño miedo que invade al creer que la lastimas, sobre lo importante que es que se cuiden, porque ésta también es una responsabilidad de los dos; que a veces las palabras sobran antes, durante e incluso al terminar el encuentro, y es que son los cuerpos de ambos lo que dicen todo.
– Creo que no hay una manera clara que te lo diga, pero sé que lo sentirás cuando llegue el momento – Seiya asintió una vez más, aunque Ikki lo notó un poco agobiado con tanta información – Escucha, cuando suceda, todo estará bien, es normal ponerse nervioso la primera vez, pero disfruta y aprende de la experiencia ¿sí?
– Gracias, Ikki – como respuesta, al Fénix le nació darle una palmada en el hombro – Creí que tú eras el indicado para orientarme, aunque superaste mis expectativas y me has ayudado muchísimo.
– Descuida.
– No, me siento como un tonto. De verdad estoy en deuda contigo y siento que tal vez te hice hablar de cosas difíciles para ti.
Ikki lo miró sin comprender.
– No te enojes con Shun, pero él nos contó que conociste a una chica en esa infernal isla, que la querías y que ella murió. Perdóname si todas mis dudas ridículas abrieron una vieja herida… – Seiya apretó los puños demostrando que le costaba trabajo preguntar – ¿Fue con ella?
Ikki asintió.
– Lo lamento muchísimo.
– No – respiró profundo – Primero, quiero que sepas que ninguna de tus dudas es ridícula, hay cosas que la gente no habla, nunca te explica, como si fuera malo o un secreto – dijo la última palabra con un poco de pesadez.
– Segundo, aunque mi actitud o mi cara no lo demuestren, lo de Esmeralda he aprendido a superarlo; no la olvido, desde luego, y siempre la voy a amar, pero eso no me ha impedido darme otra oportunidad con las mujeres – y contó por primera vez – De hecho, te sorprendería saber que tuve un fugaz romance con Pandora… antes de lo que sucedió en el Inframundo y sin saber muchas cosas de ella – aclaró – Pero a pesar de todo, fue especial para mí y aprendí de ello para seguir con mi vida.
Seiya sonrió al fin – ¡¿De verdad?! ¡Wow! Ikki eres increíble, no deja de sorprenderme tu madurez para estas cosas.
– Pero hay algo malo en todo esto – se sinceró por fin – Los escuché esta noche y te veo tan contento con la señorita Saori y pienso en lo estúpido que fui al no querer hablarles de mis cosas, de tener mis secretos.
– No te preocupes, creo que de alguna manera lo entendemos por lo que has vivido y por tu forma de ser – y luego dibujo una sonrisa traviesa del típico Seiya – ¿Y… hay alguna chica especial ahora?
Es momento.
– Sí, en las últimas semanas he estado saliendo con alguien.
Seiya, ya más confiado de la nueva etapa de amistad que había con él, celebró su comentario – ¿Y? ¿Cómo es? ¿Te le has declarado, es tu novia?
– No es mi novia, pero creo que pronto se lo pediré – se puso rojo pero siguió hablando – Es una chica fantástica, es tan cálida, tan amable y positiva; es hermosa y realmente me he enamorado de ella. De hecho, si no fuera por ella, quizá me hubiera largado de la ciudad desde hace tiempo.
– Entonces, ya estamos en deuda con ella por que te acercará a nosotros – sonrió.
Y entonces Ikki ya no pudo retenerlo más y soltó – Es Seika, tu hermana.
La sonrisa del Pegaso se borró inmediatamente y se acomodó en su asiento, pensativo. Ikki pensó que una reacción normal sería saltar y darle un puñetazo. Vaya, llevaba un buen rato dejándole en claro que tenía experiencia sexual y de pronto saltaban a esta revelación.
Aunque el silencio de Seiya se había prolongado un poco, de pronto su gesto volvió a cambiar y empezó a reír. Ikki no supo qué pensar, si pensaba que era una broma o si no se estaba tomando en serio los sentimientos hacia su hermana. Así que su rostro no pudo ocultar que a él no le estaba pareciendo divertida esa risa.
– Perdón – se detuvo hasta limpiando la lágrima que la risa le provocó – ¡Así que eres tú!… Claro que noté ciertas cosas de mi hermana esta tarde, en cuanto regresé, e imaginé algo así, pero no me pasó por la cabeza que fueras tú.
– ¿Te molesta?
– Claro que no. Me da mucho gusto que estés enamorado y que te refieras a esa chica con tan buenas palabras; que sea mi hermana es perfecto, seremos como una gran familia ¿no crees?
– Supongo.
– Claro que sí – sonrió.
– Y no te molesta que… bueno, con lo que hablamos.
– No me molesta, pero no es que no me importe. Te he escuchado y eres muy maduro y responsable en esos temas; y ella es tan libre como yo de vivir su vida como quiera y con quien quiera. Claro, no me cuenten detalles, por favor.
Ikki sonrió un poco, no cabía duda que era el hermanito de su querida Seika e igual que ella era capaz de sacar lo mejor de cualquier situación.
– Eso sí – dijo Seiya y trató de ponerse serio, aunque era difícil porque realmente estaba chispeante por todo lo que pasaba – ¿Sin secretos? – le tendió la mano para sellar el trato.
Ikki le tendió la mano.
– Otra cosita – dijo sin soltarle la mano – Si vas a morderla, al menos traten de ocultar un poco las marcas ¿sí?
Un último secreto.
Al final, Seiya había tenido razón y aquellas islas griegas de las que les hablaba eran realmente bonitas y con un aire romántico. No por algo el Pegaso y su novia habían hecho de esa zona su frecuente sitio para escaparse juntos.
Ikki apreciaba las "escapadas" que esa pareja se daba fuera de Japón, pues le daba oportunidad de estar a sus anchas con Seika. Seiya había cumplido en no meterse en esos asuntos, pero al Fénix todavía le costaba trabajo encontrarse con él una mañana cualquiera después de pasar la noche en su casa y todavía que él le insistiera que se quedara a desayunar con ellos.
Afortunadamente los hermanos habían decidido rentar un departamento más grande para que, al menos, hubiera paredes y puertas que dieran algo de privacidad.
Como sea. Seiya pasaba contándoles de aquellas islas que a Seika le dio gran curiosidad conocerlas y el propio Pegaso convenció a Ikki que la sorprendiera y la llevara a conocerlas.
La conmemoración de su primer año como novios formales fue la oportunidad ideal para hacerlo.
Él no se consideraba un romántico ni nada, pero su hermano y sus amigos le habían insistido en que tuviera ese detalle, argumentando que para ella seguro era muy importante celebrar ese gran año juntos.
En eso coincidía el Fénix, había sido un año vertiginoso, de cambios, pero muy agradable, con mucho aprendizaje, experiencias, cariño y, desde luego, pasión. Claro que había razones para celebrar.
Llegaron al lugar e Ikki se enteró que Seiya y Saori les habían preparado una reservación en un hotel con una vista impresionante hacia las playas, las cuales, de hecho, Seika quiso ir a visitar inmediatamente, pues nunca había tenido la oportunidad de ir a una playa en términos de descanso.
Él la complació, aunque no se sintió interesado en adentrarse en el mar, pues no quería pasar por la pena que le daba andar entre turistas y gente normal con su torso desnudo y exhibiendo las múltiples cicatrices de lo dura que había sido su vida.
Entonces decidieron por ahora sólo caminar por las playas. Aunque trató de decirle que no le tomara importancia a eso; además le reiteró, como ya lo había hecho en otras ocasiones en su intimidad, que esas marcas lo hacían de alguna manera sensual.
Lejos de avergonzarlo, ese tipo de comentarios viniendo de ella, siempre lo excitaban mucho en la cama y Seika lo sabía y hasta lo usaba a su favor.
En la construcción de su relación muy honesta, él le confesó lo mucho que le estimulaba la idea de que ella tuviera un lado tan tierno, dulce y cálido, pero que sólo para él se mostrara tan arrojada, provocativa, hasta traviesa, con la capacidad de domar al Fénix con un simple toque.
Y ella le decía que le pasaba algo parecido, pues mientras todos lo tenían en un concepto de hombre duro, tosco y serio, con ella podía llegar a ser un hombre amoroso.
Pasaron prácticamente todo el día disfrutando del paisaje de la playa e Ikki jamás pensó sentirse tan en paz en una isla, pues a veces le recordaba a los horrores de su adolescencia.
Cuando regresaron a la suite. Seika quiso asearse y con esa mirada de fuego que tendía a dedicarle, le sugirió a Ikki que la acompañara, pues el baño tenía una enorme área para ducharse y sería una pena desperdiciar tanta agua solo en ella.
Él no se hizo del rogar y, en cuanto la alcanzó, ella le sonrió y se puso de espaldas, indicándole sin palabras que le ayudara a bajar el cierre que había escogido para su paseo por la playa esa tarde.
No era nada provocador ni nada, e incluso eso le remarcaba a Ikki más la idea de que ella se reservaba todo para él. Como siempre, disfrutó ayudarle a quitarse cualquier prenda y no perdió oportunidad de, al ayudarle a desprenderse de la tela, acariciar su cuerpo, ese mismo que, a un año de distancia le conocía cada borde, cada curva, cada lunar, cada zona donde terminaba el ligero bronceado que le había dejado sus años como campesina y cada parte específica que la estimulaba.
En cuanto terminó de ayudarle y la tuvo completamente a su disposición, se acercó para besar ese delicado cuello, un gesto que siempre la hacía perder el control.
Pero la chica se alejó un poco y le dijo en ese tono seductor que no fuera así con ella, porque ella simplemente había ido a asearse.
Y así había sido. Se adentró en la ducha para comenzar con su rutina, algo que Ikki observó por fuera como hipnotizado hasta que ella lo llamó para que le volviera a ayudar.
Él se desvistió completamente y la acompañó para, como ella había pedido, le ayudara a tallar con suavidad cada parte de su cuerpo. Para cuando ya había explorado toda su geografía con ese acto, Seika le agradecía atendiendo la erección que le había provocado toda la situación.
Desde la primera vez que tuvieron un momento a solas. Él había disfrutado mucho la manera en la que ella lo tocaba y era algo recurrente entre ellos; tal como lo era lo que ella hizo a continuación.
Sin dejar de fluir el agua, ella procedió a atender con su boca aquella parte de su novio. Él Fénix sentía recorrer el agua como una caricia suave por su cuerpo, quizá por eso le gustaba estar en la lluvia, y sentir la boca de Seika, mientras él podía acariciar su cabellera castaña rojizo, complementaba un cuadro de placer para él.
A veces para él era complicado recibir esas muestras, porque él quería también complacerla; aunque reconocía que era un momento en el que ella brillaba por su maestría, al reconocer lo que él demandaba en ese acto, cada ritmo y cada detalle de su boca llegaban justo en el momento que su cuerpo se lo demandaba.
Cuando ella leyó que lo que necesitaba era un ritmo más frenético, en el que incluso las caderas de él debían tener el control, no tardó mucho en advertirle que estaba llegando a ese punto máximo.
Y de nuevo ella soltó uno de esos comentarios provocativos, acusándolo de que tendría que volver a asearse después de recibir de lleno aquel testigo de su orgasmo.
La solicitud de que volviera a ayudarle, no tardó y él procedió a hacerlo, lo que provocó que pudiera recuperarse y estar listo para lo que siguiera.
Claro. La finalidad de bañarse juntos había sido en un principio ahorrar agua, por lo que el tiempo en la ducha ya no iba a extenderse y procedieron a la habitación.
Ya estaba oscureciendo, así que Ikki se permitió encender una tenue luz. Siempre era un placer para él no perder detalle y verla mientras estaban juntos.
Ella se acomodó en la cama, la cual era bastante grande y mullida para lo que ellos estaban acostumbrados. Tomó unos segundos para observarla y suspiró.
Su vida tan dura, cada batalla a la que sobrevivió y hasta lo que había amado y aprendido con otras mujeres, lo habían llevado a sentirse tan pleno al estar ahí. Estar con ella, libre de cualquier sombra y secreto. Feliz al fin.
– ¿Qué piensas? – interrumpió sus ideas.
– En que todo ha valido la pena.
Ella le sonrió, cálida, enamorada tanto como él lo estaba – Ven. No sé por qué te gusta siempre dejarme en suspenso.
Él sonrió. Era una broma recurrente entre ellos, pues ella a veces le recordaba aquella vez que salió huyendo del cuarto que rentaba su hermano y la había dejado en suspenso y con ansias al límite.
Se acercó lentamente, como presa que acecha y aunque se moría por ir directo a sus labios. En su recorrido se dio el tiempo de hacer una escala en el centro del placer de su novia.
Un espacio que atendió con su boca como si quisiera devorarla por completo. Sólo con ella había compartido algo así y tenía que reconocer que fue una idea que le surgió en una conversación con sus amigos, que durante ese tiempo también aprendieron a ser más abiertos con ciertos temas.
Ikki creía que aún estaba aprendiendo a satisfacerla de esa manera, pero las reacciones que ella tenía le indicaban que iba por un buen camino de aprendizaje.
Era tal, que él no aguantó más y subió más, dándoles la debida atención a sus pechos y luego fue directo a sus labios, que desde hacía un año lo tenían atrapado.
La estrechó con los fuertes brazos que a ella, dicho por su propia voz, la volvían loca.
Repartió besos en todo su rostro y bajó por el cuello para prepararla para él. Nunca fallaba, para cuando dispuso a unirse a ella, la intimidad de su novia estaba lista.
Siempre disfrutaba ese momento entre ellos, el acto de ser uno mismo, de amarla a plenitud. Habían probado muchas cosas en ese año, y a veces ella se dejaba dominar, pero otras prefería tener control, otras, como en esta ocasión ella gustaba de aprisionarlo con sus piernas, haciendo que él llegara a lo más profundo de su feminidad con cada embestida.
Eso le hacía difícil controlar su voz y todo lo que le provocaba, algo que Ikki también disfrutaba particularmente y que siempre tenía que ayudarle a retener cuando sabían que potencialmente alguno de sus hermanos podría oírlos.
Ésta vez no era el caso y dejó que ella soltara cada suspiro, cada mención de su nombre, cada gemido, que le parecía melodioso en su voz.
Eso siempre le indicaba el ritmo que tenía que ofrecerle, y lograba llevarla justo al punto máximo del placer, algo le provocaba a él ya no retener su propio orgasmo y así llegar juntos hasta ese lugar donde no existía nada más que ellos unidos, enamorados.
¿Qué más hacía falta para ser felices? Quizá sellarlo para siempre. Era una idea que a Ikki ya venía dándole vueltas las últimas semanas y que, como hacía mucho, se había guardado para él como un secreto.
Trató de despejarse y se acomodó en el lecho para recuperar el aliento, a pesar de todo el espacio con el que contaban primera vez, sintió cómo Seika se acercaba para estar cerca de su fuerte cuerpo.
Su respiración comenzaba a acompasarse y creyó que ella ya dormía hasta que le dijo – Descansa.
– Ya voy.
–No te estás esforzándote mucho – se incorporó un poco para verlo directo a los ojos – Sabes que aprendí a leerte casi desde el principio, ¿pasa algo?
Era cierto. Ya le había contado de todo a ella y era completamente transparente, justo porque siempre era sencillo abrirse con ella. Pero no estaba listo para decirle esto, que ya pensaba en sellar su amor para siempre con un compromiso para el resto de sus vidas.
– Ikki… ¿qué pasa?
Un secreto.
– Nada – mintió. Y es que si bien no iba a enfrascarse con el debate interno si era muy precipitado ya pensar en matrimonio, estaba convencido que no era malo, simplemente quería reservarlo como una sorpresa.
Ella adivinó la mentira, pero no quería armar más escándalo. Era una mujer de paz.
– De acuerdo – volvió a acostarse, pero ahora poniendo un poco de distancia e incluso dándole la espalda. Él se acercó para abrazarla y decirle al oído.
– Pronto lo sabrás y espero que te agrade – la besó en la mejilla con ternura – Por ahora, dejémoslo como mi pequeño secreto.
FIN.
HOLA DE NUEVO. QUÉ TAL. COMO DIJE AL PRINCIPIO, ESTE ÚLTIMO CAPÍTULO IBA A SER DISTINTO A LOS ANTERIORES. Y ES QUE MUCHO TEXTO, MUCHO CONTEXTO.
MI OBJETIVO ERA VENDERLES LA IDEA DE ESTA PAREJA Y SÍ O SÍ PRIMERO TENÍA QUE HASTA CASI PRESENTARLOS.. AHORA BIEN, DEBO CONFESAR QUE SEIKA NO FUE MI PRIMERA OPCIÓN Y CONSIDERÉ MUCHO, MUCHO, MUCHO A CIERTA AMAZONA QUE INCLUSO ME PUSIERON EN SUS AMABLES COMENTARIOS. INCLUSO EXISTIÓ UN PRIMER BORRADOR DE ESO, PERO NO TERMINABA DE CONVENCERME, QUIÉN SABE IGUAL Y ALGÚN DÍA VERÁN LA LUZ EN OTRO PROYECTO.
Y ENTONCES POR QUÉ SEIKA. LA RESPONSABLE ES QUIEN DE HECHO ME METIÓ EN EL LÍO DE ESTE FIC: MI ESTIMADA AMIGA FUEGO VALCARENGHI (O FUEGO V S EN ESTOS LARES), QUE PROPUSO EL RETO DE UN LEEMON EN LA COMUNIDAD DE SAINT SEIYA UNIÓN FANFICKERA. EN MI FACETA COMO LECTORA, ENCONTRÉ ENTRE SUS LÍNEAS ESTA PAREJA QUE ME LOGRÓ CONVENCER Y QUISE COMPARTIRLA CON MIS PROPIOS LECTORES. ESPERO HAYA SIDO DE SU AGRADO. Y YA APROVECHANDO SU ATENCIÓN HAGO UN PEQUEÑO COMERCIAL DE SU HISTORIA "EL VIAJE DE LAS ALMAS", DE DONDE ME SECUESTRÉ A ESTA PAREJA. VIVA EL FUEGOVERSO / VIAJEVERSO.
BUENO. TAMBIÉN LES COMENTO QUE TODO ESTE FIC FUE UN INOCENTE SHOT QUE NO ME DEJABA TRANQUILA MIENTRAS LO ESCRIBÍA, PUES TENÍA UNA PAREJA MUY TRÁGICA. LA SEGUNDA PARTE ME ILUSIONABA PORQUE, CONFIESO, ME ENCANTA IKKI CON PANDORA, PERO AL TRATAR DE DARLES UN CONTEXTO PARA JUNTARLOS, LOS TERMINÉ SEPARANDO Y NO DESCANSARÍA HASTA QUE NUESTRO QUERIDO FÉNIX FUERA FELIZ. ESPERO HABERLO LOGRADO.
Y COMO SIEMPRE PASA CUANDO TERMINO UN FIC, ME PONGO REFLEXIVA PORQUE FUERON SÓLO TRES CAPÍTULOS LOS QUE LO CONFORMAN PERO NO POR ELLO DEJA DE SER CURIOSO. EL PRIMERO NACIÓ EN UNA ETAPA EN LA QUE DECIDÍ EMPEZAR A EXPERIMENTAR CON MIS FICS, SALIR DE ZONAS DE CONFORT E INCLUSO BORRARME PREJUICIOS. EL SEGUNDO NACIÓ EN PLENO INICIO DE LA PANDEMIA, CUANDO AGARRÉ UNA DISCIPLINA FANFICKER EN LA QUE HE PERMANECIDO ACTIVA, CON POCOS MESES DE DIFERENCIA ENTRE UNA ACTUALIZACIÓN Y OTRA, Y CON MUCHAS HISTORIAS EN EL TINTERO. ESTA ÚLTIMA ENTREGA LLEGA EN OTRA ETAPA, UNA EN LA QUE DISFRUTO MUCHO LEERME, EN LA QUE COMPARTO CON MI CONCUBINO MIS IDEAS Y ÉL ME MOTIVA Y ME DA MIS ESPACIOS PARA QUE SIGA ESCRIBIENDO, PORQUE ES ALGO YA MUY PARTE DE MÍ Y QUE AMO HACER.
NO SÉ QUÉ OTROS HORIZONTES FANFICKERS VAYA A EXPLORAR PERO ESPERO ENCONTRARLOS POR AHÍ Y SEGUIRNOS LEYENDO EN MÁS HISTORIAS PRESENTES, PASADAS Y FUTURAS.
COMO SIEMPRE: MUCHAS GRACIAS POR LEER.
