Aquí una segunda escena ambientada en este universo, planeo hacer unas dos o tres más antes de iniciar con lo que sería la historia, si es que les gusta. Por eso mismo, tomen esto como una beta de lo que se podrían encontrar.

Espero les guste.


Unos días después del encuentro de Yang con Jaune, los vientos han cambiado, una tormenta se avecina y trae consigo un encuentro inesperado.

Ruby Branwen inicia su avance en Anima.

Whitley Schnee ha sido designado a una misión.

"Correr suele ser la mejor solución para encontrar tu verdadera identidad"


"Has crecido mucho, Whitley"

Se cubrió los ojos con su cabello y se recostó en su hamaca, intentando conciliar un sueño ligero que le permita despertarse ante cualquier enemigo posible. Tenía una mano descolgada por el lado derecho, cerca de su propia arma.

Esbozó una pequeña sonrisa al imaginarse los comentarios que le diría Qrow Branwen si lo encontraba descansando en aquella posición. La hamaca era la lección estrella de sus clases de supervivencia, podía servir para descansar e incluso salvar tu vida en ciertas situaciones desesperadas.

Sus primeras expediciones con él fueron tutoriales rápidos para sobrevivir bajo la constante amenaza de Grimm cada cinco segundos, ahora todo era diferente. Las propias criaturas se desvanecieron cuando su reina cayó, y las que se encontraban lejos del epicentro del combate, siguieron moviéndose como pollos sin cabeza hasta ser exterminados por los cazadores.

Los pocos cazadores que quedaban.

Una época de relativa paz como en la que vivían había tenido sus consecuencias, buenas y malas. Él no era alguien para juzgar a todos aquellos cazadores que optaron por retirarse a vivir con sus familias o ejercer alguna otra profesión, aquel fue el camino que tomaron la mayoría de los compañeros de su hermana mayor, Weiss.

En el caso de Winter, había sido un milagro que le permitiesen dejar el servicio luego de toda una vida entregada al combate. No sabía todos los detalles de lo ocurrido en la batalla final, pero según le explicaron, los poderes de Doncella de Winter irían mermando con el tiempo hasta desvanecerse.

Whitley se llevó una mano al mentón y se detuvo por un segundo para pensar en la mayor de sus dos hermanas, hace meses que no visitaba a Winter. Supo de parte de Weiss que se había mudado a Argus y que ahora sufría de dolores de cabeza de parte de sus dos hijos.

Ah, sus sobrinos… Whitley adoraba pasar tiempo con esos niños, cuando se lo permitían, por supuesto. Winter parecía tener grabado en lo profundo de su ser los recuerdos de cuando él se encontraba bajo el ala de su padre, y tenía la manía loca de amenazarlo si soltaba algún discurso digno de Jacques frente a los niños.

Whitley los compadecía, tenían como madre a la más severa de los tres locos hermanos Schnee, no se quería imaginar a Weiss teniendo sus propios hijos, estaba seguro de que sus sobrinos compartirían los traumas de cada una de las hermanas.

Winter y el alcoholismo, junto a Weiss y sus Vaterschaftsangelegenheiten, o daddy issues como dicen en Vale.

—White y Krähen no lo tienen nada fácil —susurró el joven de cabello blanco, observando las estrellas y la luna destruida en el cielo de Remnant a través de las copas de los árboles—. Winter querrá darse una patada en el trasero si a alguno de ellos le gusta una mujer mayor y alcohólica.

Sonrió ante aquel pensamiento y cerró los parpados, dejando que sean sus lindos pensamientos sobre su familia los que lo transportasen al mundo de los sueños.


Blood Rose agitó su guadaña a una gran velocidad y la sangre voló del filo hacia las paredes de la estancia, luego la tomó con delicadeza y se sentó en el suelo de madera de la cabaña, adoptó una posición de flor de loto y tomando un trapo negro, se dispuso a pasarlo por la larga y afilada hoja de Crimson Requiem, su nueva arma.

El borde de color rojo oscuro que adornaba el filo de la guadaña parecía absorber la luz de la fogata que iluminaba la habitación. Cada vez que ella pasaba el trapo para quitar la sangre seca, el brillo del fuego incrementaba e iluminaba más las paredes antes de volver a debilitarse.

—Mi señora, el grupo enviado a la capital ha regresado con información —anunció Bianca, apareciendo por la puerta contigua y arrodillándose para mostrar respeto. Unos mechones rubios se colaban por su capucha y sus ojos azules refulgían entre la oscuridad de la habitación.

—Que redacte un informe y lo presente mañana por la mañana, será una reunión antes de partir, avísales a todos que empaquen solo lo necesario —ordenó Blood Rose, moviendo la cabeza unos centímetros para mostrar su ojo rojo y su cicatriz—. Y no causes problemas.

Bianca tragó saliva y se le notó ligeramente avergonzada.

—Sí, señora —pronunció la pequeña rubia, abandonando la habitación para proceder a hacer su trabajo.

Los labios rosados de la mujer encapuchada se entreabrieron y soltaron un suspiro, tomó su guadaña por el mango negro y brillante y los grabados en rojo brillaron por unos segundos antes de desactivarse. Se levantó del suelo y giró un par de veces a Crimson Requiem antes de colgarla en la pared.

Se retiró la capucha y dejó que su cabello negro fuera libre, se retiró los dos primeros botones de la prenda y dejó que esta cayera al suelo, dejando a la vista su cuello desnudo. Las líneas oscuras de su mejilla llegaban hasta un lado de su mandíbula y las marcas de quemadura hasta su clavícula.

—Yang, Yang, Yang… —pronunció Ruby con una voz ronca y muerta, caminando hacia un lado de la habitación y abriendo una puerta. Un estudio pequeño y personal la recibió, con notas por todas partes y un olor a quemado impregnado en el ambiente. Las fotografías de Yang, Weiss y Blake colgaban de un tablero junto a papeles con fechas y ubicaciones—. Yang, Weiss y Blake…

El ojo rojo de Ruby expulsó un chorro se sangre por su canal lacrimal y este bajó por su mejilla hasta caer sobre la mesa de madera.

—Son un puto dolor en el culo —masculló Ruby, sacando una pequeña daga del bolsillo de cuero en su muslo—. Y las presas más apetecibles.

Rasgó las tres fotografías con la daga y la clavó sobre unos registros de venta que obtuvo en el asalto de hace unos días, los revisó del derecho y del revés, encontrando así a una personita que buscaba de hace un tiempo.

—Mierda, debí decirle a Bianca que trajera la información… —Ruby suspiró y se llevó un dedo a los labios, el pulgar de su mano izquierda que tenía manchas rojas y cicatrices de mordidas suyas en momentos de desesperación—. Da igual, mañana por la mañana estaremos en camino y llegaremos en tres días de viaje, si evitamos la ruta comercial podemos hacerlo en dos, pero no tenemos suministros suficientes… ¡Mierda!

Gruñó y lanzó una patada a la mesa, partiéndola por la mitad. Los papeles volaron y Ruby se tomó del rostro, reprimiendo un dolor ardiente en su interior que buscaba salir en forma de un grito. La cicatriz había sido curada hace mucho tiempo, pero el dolor fantasma de la quemadura lo experimentaba cada noche desde entonces.

Y solo una persona había sabido calmarlo.

Las lágrimas de sangre cayeron a borbotones y apretó los labios, aguantando las lágrimas normales, reprimiendo el grito de dolor y cayendo de rodillas.

—Madre… ¿Qué debo hacer? ¿De verdad soy lo suficientemente buena para guiarlos? —preguntó a la absoluta nada Ruby, inclinándose y dejando que su frente tocase el suelo de madera de la cabaña.

"Ruby, sé que lo harás bien"

Las últimas palabras de aquella mujer se repitieron en su mente, dejándola tranquila, calmando su respiración y haciendo que el dolor ardiente se detuviera por fin.

—Gracias, Madre. —Ruby se llevó una mano al muslo contrario y sacó una fotografía del bolsillo, la observó y la pegó a su pecho, sintiendo su corazón latir mientras se levantaba del suelo y salía de aquella pequeña oficina.

La otra sala todavía se encontraba iluminada débilmente, con una pequeña luz que se filtraba desde la ventana. Ruby se dirigió hacia allí e hizo a un lado las cortinas, dejando que la luz del sol naciente le iluminase el rostro, rojo por la sangre y con sus ojos de diferente color fijos en el sol.

Su cabello negro de puntas rojizas estaba peinado hacia atrás y sus mechones rebeldes eran grandes y notorios, justo detrás de su cabeza su cabello emplumado era casi siempre oculto por su capucha.

Y en su mano, la foto de aquella mujer que había llegado a considerar una segunda madre. Una imagen de Ruby durmiendo sobre las piernas de una seria, pero feliz Raven Branwen.


Whitley guardó todas sus cosas en la mochila de viaje y siguió su camino. Sus pantalones tejanos estaban sujetos a su cadera gracias a un cinturón de dos capas y unas cuantas correas que llegaban hasta sus rodillas, una chaqueta de tono azul marino con el símbolo de los Schnee en la espalda y unas botas de cuero.

Todas sus prendas contaban con partes de armadura ocultas que le brindaban protección en las expediciones, que eran los momentos en los que se deshacía de su ropa de combate habitual. Su primer conjunto era tan estrambótico que se deshizo de él en la primera oportunidad; Qrow se hubiera reído en su propia cara si llegaba a aparecer en la zona de la misión con ese traje de payaso puesto.

Pronto se vengaría de Weiss por eso.

Sea como fuere, tomo el scroll de su bolsillo e inspeccionó los detalles de su encomienda. Tenía que visitar una aldea para averiguar la razón por la que los suministros que exportaban se habían detenido. Las tiendas grandes y pequeñas se abastecían gracias a cientos de aldeas agrícolas y ganaderas que rondaban por el interior de Anima, por lo que, si una dejaba de realizar su trabajo, estaba más que claro que algo raro ocurría.

Si seguía por su camino, podía llegar al anochecer. Tendría suerte si el pequeño gobernador seguía despierto para poder hablar sobre el problema de las exportaciones. A pesar de sus horribles años bajo el mando de Jacques, algo bueno se le había quedado de su padre, sus habilidades de negociación eran incluso mejores que la de su hermana.

—Solo espero no encontrar bandidos en el camino —rogó por lo bajo Whitley, suspirando y guardando su scroll para continuar con su andadura, saliendo finalmente a campo abierto y entrecerrando los ojos cuando los primeros rayos del sol resultaron ser más intensos de lo que pensaba.

Caminar por Anima podía ser en algunas situaciones un buen pasatiempo, o un paseo con la muerte. A pesar de tener paisajes muy bonitos, las tribus de bandidos tenían monopolizados varios sectores del continente; si ponías algún pie por confusión en su territorio, podías perder la vida en un parpadeo.

Eso redujo el turismo en la zona, y los balnearios de Vacuo ganaron mucha popularidad luego de que cierto empresario de masajes iniciara su imperio de la relajación y el spa.

Su último viaje a Vacuo fue en compañía de Penny, que aprovechaba al máximo su cuerpo semisintético construido gracias a un milagro de la ingeniería. Podía crecer, pero de vez en cuando debía pasar ciertas revisiones, y si ella quería, implementarse un par de funciones extra.

Y no lo admitiría en voz alta, pero se veía muy bien.

Agitó la cabeza y volvió a centrarse en su misión, ignorando el pequeño calor que se asentó en sus orejas. Ese tipo de reacción era la que siempre intentaba ocultar, porque el rubor contrastaba en su piel pálida como una mancha de carbón en el papel blanco.

Se dedicó a repasar las lecciones de Qrow Branwen mientras caminaba solo por el lugar, las primeras cinco eran lecciones valiosas para sobrevivir en la naturaleza, y los últimos cuatro eran lecciones de vida de parte de un ex miembro de Alcohólicos Anónimos de Vale.

Bien, ni siquiera sabía si eso existía en su tiempo. Ese tipo de asociaciones surgieron después de la batalla final, cuando los reinos caídos se reformaron en estados republicanos e iniciaron su expansión. En Nueva Atlas estaban muy orgullosos de haber podido poblar todo el continente de Solitas, incluyendo las salvajes tierras del norte.

Él mismo formó parte del primer grupo que incursionó en las faldas de las montañas y establecieron los primeros asentamientos fuera de la capital. Lo hizo junto a su equipo, un grupo tan extravagante de adolescentes que pasaron de ser completos desconocidos a convertirse en su segunda familia.

Los extrañaba.

Una sonrisa triste se posó en sus labios y suspiró, llevando una mano hacia la espalda y palpando el borde de su arco, los grabados hechos a mano solían brillar cada vez que ponía un poco de su aura en su arma, creando un efecto muy bonito.

Whitley alzó la mirada y se detuvo cuando llegó a un camino, un cartel de madera rasgado y chamuscado se encontraba a sus pies, señalando la ubicación del pueblo que tenía que visitar. Se agachó y palpó con las manos enguantadas los daños ocasionados, revisando la madera astillada de un lado y las cenizas que quedaron sobre la tierra.

—Esto es reciente, diría que de hace uno o dos días —concluyó el joven de cabello blanco, sacando su scroll y tomando una fotografía para la bitácora de la misión; le gustaba tener registros organizados de las actividades que le obligaban a realizar—. Si tuviera que decir algo, diré que lo hicieron bandidos.

Whitley decidió bajar unos cuantos centímetros la posición de su arma para poder retirarla con facilidad por abajo, se levantó y se dirigió a paso rápido hacia su objetivo. Era una mala señal que los bandidos hubiesen pasado cerca, no quería imaginar el destrozo total de una aldea solo porque alguien quisiera robar su comida y pertenencias.

El nuevo gobierno de Mistral estaba teniendo problemas con los bandidos, pandillas y nuevas organizaciones terroristas que intentaban tomar el poder. Tuvieron cinco presidentes en apenas tres años y al único que tuvo el valor de enfrentarse directamente contra las organizaciones criminales, lo enviaron a la cárcel por alguna tontería relacionada con los derechos de los humanos y faunos.

Los idiotas siempre encarcelando a sus héroes, lo típico. Aunque no iba a negar que algunos se lo merecían.

Sus botas dejaron de pisar el camino de tierra para toparse con el suelo de ladrillo, sin embargo, él no veía nada, se supone que aquello era el inicio del camino hacia la puerta principal de la aldea.

Pero no existía ninguna.

Bloques grandes de piedra estaban desparramados por el suelo, manchados con hollín y un líquido rojo que se secó en el pasto que crecía a los alrededores del lugar. Whitley entornó los ojos y sintió que el corazón se le detenía.

La aldea ya no existía, las casas estaban destrozadas y se caían a pedazos, cuerpos revueltos por todos los lados lo saludaban en un estado de muerte y leve putrefacción, la fauna cadavérica ya estaba haciendo de las suyas y las moscas se posaban en los cuerpos para poder alimentarse.

Tomó nuevamente su scroll para tomar un par de imágenes del lugar, la pequeña plaza del pueblo estaba destruida y los cadáveres colgaban como lámparas a su alrededor, tomó varias fotografías y tragó saliva.

Siguió caminando hacia el que fuera el edificio más grande de aquel lugar, la casa del gobernador, las paredes estaban colapsadas hacia adentro y el olor pútrido le hizo arrugar la nariz. Ni siquiera pudo acercarse más de medio metro cuando el olor hizo de las suyas y lo obligó a volver a la fuente.

La luz del sol se iba posicionando lentamente en su cenit, Whitley le dio una vuelta más al lugar e intentó descubrir lo ocurrido, pero no tenía pistas claras. Los cuerpos tendidos en el suelo tenían un corte largo y profundo, la sangre saltó a las paredes y se quedó allí hasta que se escurrió por la lluvia de la tarde anterior.

Whitley tomó una foto a los cortes en el cadáver de una joven mujer fauno, inspeccionó la imagen antes de guardarla y notó algo. Se acercó usando los dedos y luego guardó su scroll, se agachó por segunda vez en ese día e inspeccionó el mismo el corte en el cadáver.

—Esto lo hizo… —Los ojos de Whitley se abrieron a más no poder y un estremecimiento le recorrió el cuerpo, el corte tenía forma de medialuna y era mucho más profundo en el centro—. Una guadaña…

Un golpe seco se oyó justo detrás de él y Whitley reaccionó con unos reflejos agudos heredados de su maestro. Tomó el arco sin pensárselo dos veces y actuó con un piloto automático que pondría orgulloso a su hermana Winter. El mecanismo hizo de las suyas y el filo de su ahora espada impactó con una guadaña negra que se dirigía a su cuello.

—Mierda —masculló Whitley, entornando los ojos mientras se alejaba de un salto de su atacante.

—Creo que te subestimé, Whitley Schnee —pronunció una voz rota y femenina. La capucha negra envolvía su cabello, pero la luz del sol delataba su rostro, Whitley sintió que le temblaban las piernas cuando aquel ojo rojo hizo contacto visual con los suyos.

—Ruby… —susurró el joven Schnee, sujetando su espada larga y adoptando una postura defensiva.

—Sabía que el puto sol me delataría, pero tenía que intentarlo. —Se encogió de hombros mientras se retiraba la capucha, dejando a la vista su rostro. La mejilla destruida por la cicatriz y su ojo rojo era lo más llamativo, pero Whitley apenas le prestó atención, en su lugar, se fijó en Ruby.

Su cabello emplumado hacia atrás con los mechones rojizos del color de la sangre alrededor de su rostro lo dejaron observando como un idiota.

—¿Qué ocurre? ¿El cuervo te comió la lengua, o te sacó los ojos? —preguntó Ruby, esbozando una sonrisa mordaz mientras movía su guadaña y la dejaba clavada a un par de metros de Whitley.

Él reconoció la táctica de inmediato e intentó calmarse para no caer en ella.

No se iba a dejar intimidar.

—¿Tú hiciste esto? —preguntó finalmente el joven de cabello blanco, usando su espada larga para señalar el pueblo reducido a un vertedero de cuerpos.

—No me des tanto crédito, Schnee… Lo hicimos juntos… —habló Ruby, dejando que su lengua deslizara las palabras mientras se llevaba las manos a los bolsillos de su ajustado pantalón negro—. Mi tribu y yo…

Whitley siguió el movimiento de sus manos y se fijó en donde no debía, el pantalón, la capa, la chaqueta de cuero debajo de ella; todo el conjunto de asesina de Ruby hacia que se viera… increíblemente atractiva, entreabrió los labios y se abstuvo de hablar al sentir algo hipnotizante en su presencia.

—¿Te gusta lo que ves, Schnee? —preguntó Ruby, enarcando una ceja y acercándose un poco hacia él, Whitley habría reaccionado subiendo la guardia de no ser porque la pelinegra decidió dejar su arma lejos de su alcance.

En su lugar, reaccionó tragando saliva y negando varias veces con la cabeza, sintiendo que el calor se acumulaba en sus mejillas y las manos le sudaban debajo de sus guantes.

—No, no… Yo… no —tartamudeó Whitley, cubriéndose la boca con una mano para evitar hablar, había fracasado en su primer objetivo y ahora sufría las consecuencias. La mirada depredadora proveniente de aquellos ojos tan desiguales le hizo sentir como un conejo perdido, a punto de ser cazado y usado como cena para un lobo furioso.

Ruby se acercó más y le puso la mano en el hombro, la diferencia de altura era notoria entre ambos, pero ella la cerró poniéndose de puntillas y acercando su rostro.

—Relájate, Whitley… —susurró su nombre de una forma única mientras pasaba la mano por sus hombros, recurriendo lentamente hasta llegar a su cuello y seguir la línea de su mandíbula—. No todos los días te encuentras con una belleza letal como yo…

—¿Qué…? —balbuceó el menor, recibiendo un leve empujón de parte de Ruby mientras ella rompía en fuertes carcajadas, llevándose las manos a su estómago mientras se doblaba justo frente a él.

Whitley quiso golpearse el mismo y sacudió la cabeza, intentando que aquella sensación tan rara se fuera para poder ponerse serio de nuevo.

—Ruby… —pronunció una vez que la mujer se calmó y se apoyó en la pared que tenía detrás, un ladrillo de arriba cayó justo detrás y levantó una pequeña cortina de polvo, pero eso no pareció importarle a nadie.

—¿Sí, Whitley? —Ruby se cruzó de brazos y esperó pacientemente a lo que quisiera decir, el menor de los hermanos Schnee la miró y por un segundo, no se creyó que ella fuera la causante de toda esa muerte.

—¿Por qué…? ¿Por qué hicieron esto? —preguntó finalmente Whitley, detectando el cambio en la mirada de Ruby, la forma en la que su ojo rojo pareció brillar y las cicatrices de su rostro se acentuaron.

—Eso no te incumbe, Schnee —sentenció Ruby, estirando un brazo hacia esa guadaña roja y negra para sujetar el mango—. Solo te diré que este es el mundo real, no tu maldita mierda de fantasía donde vives feliz y esperas que todos hagan lo que les pides.

Whitley apretó el agarre sobre la empuñadura de su espada.

—Aquí la fuerza y el poder son lo único que importa, y yo tengo ambos —Ruby sonrió de forma siniestra y extendió los brazos, regocijándose en su magnificencia—. ¡Solo mira esto! ¡El poder de reducir un pueblo a sus cimientos en solo diez minutos! ¡Imagina lo que haría en una gran ciudad!

La expresión de Ruby se deformó en una sonrisa de locura, su ojo rojo brilló con fuerza y apretó los puños, el rostro horrorizado de Whitley le hizo ver quizá tenía que hacer un movimiento más audaz.

—Esa cara que pones Schnee… No me gusta nada —murmuró Ruby, dejando caer su cabeza, inclinándola hacia un lado con una sonrisa psicótica mientras acariciaba el mango de su guadaña con el pulgar.

Whitley intentó calmar su expresión, pero sentía la ira bullir dentro de su cuerpo, esperando salir.

—¡¿Cómo puedes hacer esto?! ¡Tú no eres así, Ruby! ¡Tú…!

Un golpe seco lo obligó a detenerse abruptamente, jadeando cuando el filo rojo de la guadaña se detuvo a centímetros de su cuello.

—Tú no sabes nada, Schnee. No sabes nada de mi puta vida, y no quieres saber toda la mierda que llevo detrás… —gruñó Ruby, su puente de la nariz arrugado de furia y mostrando los dientes mientras sujetaba su arma con un agarre firme e infranqueable—. Así que no digas ni una jodida palabra más o te cierro la puta boca y te arranco la lengua antes de metértela por el culo. ¿Entendido?

Whitley jadeó y tragó saliva, asintiendo lentamente, sus manos temblorosas soltaron su espada hace tiempo, Frostwind no podía despegarse mucho de su propio amo, por lo que esperaba que Ruby no hiciera nada con ella.

Sin embargo, ella pareció detectar su mirada.

Y puso una sonrisa de mierda.

—Oh, mira que tenemos aquí —dijo Ruby, agachándose para tomar el arma de Withley y dándole un giro suave con su mano dominante.

—No… —intentó replicar Whitley, pero Ruby acercó más su guadaña mientras jugaba con la espada en su mano izquierda—. Ruby…

—Es una buena arma, un mecanismo simple, una aleación de metales ligeros, con fibra de carbono en buena parte de la estructura y una carga doble de polvo de hielo —analizó Ruby, sonriendo mientras giraba la espada y presionaba el botón que activaba el mecanismo. En un instante, la espada larga se convirtió en un arco—. Oh, que lindo, es casi como el mío.

—¿Eh…? ¿A qué te refie…? —Whitley pudo respirar de golpe cuando Ruby dejó de amenazarlo con su arma y la convirtió también en un arco, con una mira telescópica y el filo de la guadaña formando parte de toda la cara frontal.

—Siento que tu arma es un poco diferente, déjame adivinar, ¿te la hicieron los mismos fabricantes de Myrtenaster? —preguntó Ruby, tomando Frostwind por la hoja y devolviéndose a su dueño.

—No… La hizo mi compañera de equipo —explicó Whitley, recuperando su arma y volviendo a convertirla en un arco antes de colgárselo de nuevo a la espalda—. ¿Por qué te estoy contando estas cosas?

—Porque si no lo haces, entonces me aburriré, y si me aburro, te consideraré mi enemigo; un obstáculo a eliminar —dijo Ruby, manteniendo una sonrisa en su rostro mientras toqueteaba su arco con los dedos de su mano izquierda—. Y te mataré, te quitaré la cabeza y se la enviaré por correo a la puta barata que tienes por hermana.

—No hables así de Weiss… —reclamó por lo bajo Whitley.

—Ah, ¿no puedo? —Ruby ladeó la cabeza y se le acercó—. Y quien me lo impide, ¿tú?

Tener la presencia de Ruby tan cerca volvió a marear a Whitley, su respiración se agitó y volvió a sentirse como un idiota, el olor de aquel cabello negro, desordenado y rebelde lo estaba regresando a su adolescencia.

—Oh, Whitley, Whitley, Whitley —tarareó Ruby, entrecerrando los ojos y sonriendo de forma coqueta cuando se percató de su mirada—. Detecto esas miradas tuyas.

—Bueno… —Whitley se sintió tímido y se golpeó por hacerlo, estaba frente a una asesina, ¡no tenía tiempo para ser tímido!

—No creas que era una tonta, te gusté, y no te atrevas a mentirme. —Ruby levantó su guadaña de nuevo y frunció el ceño, adoptando un estilo para nada pasivo y cien por ciento agresivo en su charla.

—Me pareces muy bonita… —declaró finalmente Whitley, sintiendo su rostro rojo y muy avergonzado, bajando la mirada y evitando el contacto visual; no sabía si aquella mujer frente a él seguía siendo Ruby o no, pero podía matarlo en cualquier momento, y prefería no verlo venir.

—¿Así que te sigo pareciendo bonita?

Whitley abrió los ojos de forma desmesurada y se apresuró a intentar negarlo todo, esa mujer estaba jugando con él, era un monstruo. La expresión que mantenía era una que no sabía si debía ponerlo confuso, caliente o aterrorizado. Sus sentimientos de joven eran solo eso, tontos sentimientos, pensamientos y sueños que pasaron por su cabeza un par de veces.

No es como si se hubiera imaginado una vida con la compañera de equipo de su hermana, una familia, hijos…

Se golpeó a sí mismo cuando Ruby soltó un chillido de colegiada enamorada.

—Bueno, como acabo de descubrir tus sentimientos por mí, te diré algo, Whitley Schnee. —Ruby se acercó a él con rapidez y lo tomó del cuello, levantándolo con fuerza y arrastrándolo hasta que sus rostros estuvieron solo a un par de centímetros—. Estoy planeando ir a la capital y tomar el control de este inútil gobierno, para convertirlo en algo más.

—¿Qué? —Whitley se ruborizó al sentir el aliento ensangrentado de Ruby acariciarle el rostro.

—Así es, estas a punto de ver el nacimiento de un nuevo imperio, ¡mi imperio! —Los ojos de Ruby brillaron de emoción y lo soltó del cuello, dejando que el pobre joven de cabello blanco respirase hondo para calmarse.

—¿Tu imperio? ¡Llevas años desaparecida, ¿y solo piensas en tu imperio?! —Whitley Schnee apretó los labios y explotó, soltando todo aquello que pasaba por su mente luego de escuchar a Ruby, lo que hizo que ella se detuviera y su expresión cambiara—. ¡Yang lleva diez años buscándote, maldita sea!

—¡Ella me importa una mierda, como si se muere, me da absolutamente igual! —rugió Ruby, tomando su guadaña y golpeando el suelo con ella—. Si sigue viva para cuando mi imperio se alce, ¡Yang Xiao Long será la primera en morir!

—¡¿Qué demonios te ocurrió, Ruby?!

—¡Desperté! ¡Eso paso! —exclamó Ruby con fuerza, su ojo rojo comenzó a llorar sangre y esta cayó al suelo, Whitley se quedó perplejo ante la escena y levantó una mano con suavidad—. Ruby Rose murió… Ahora soy la verdadera yo, Ruby Branwen…

—Todos sufrieron tanto por tu partida… —comentó Whitley, palpando su propio pantalón por encima y suspirando mientras la miraba, haciendo contacto visual con sus ojos heterocromáticos.

—Que pena —dijo Ruby, dejando su ojo rojo sangrar y estirando una mano hacia él, ignorando su conversación anterior para culminar su proposición—. Whitley Schnee, quiero que seas el que gobierne conmigo cuando el Imperio Branwen se alce… Lo haremos juntos.

—Ruby Branwen —pronunció su nuevo apellido con un sabor amago en su boca y apretó los puños, Whitley negó con la cabeza y dio un paso atrás—. No puedo aceptarlo.

Ruby Branwen, también conocida como Blood Rose, apretó los labios y bajó la mano, dejándola, colgando mientras se ponía la capucha con la otra, cargó su arma y se la echó al hombro con naturalidad mientras su ojo rojo lo observaba.

—Piensa en mi propuesta, Whitley Schnee. —La sonrisa torcida de Blood Rose debajo de la capucha se hizo notoria cuando su ojo rojo brilló—. Puede que la segunda vez que nos veamos, sea la última para ti.

Whitley cerró los ojos y se cubrió cuando un resplandor plateado llenó el lugar, el viento se levantó y trajo consigo una pequeña ráfaga de polvo y tierra. Cuando los abrió, solo pudo ver un cuervo alejándose en la dirección contraria por la que vino.

Whitley tragó saliva y cuando sintió que no había peligro, cayó de rodillas, llevándose una mano al estómago y sintiendo ganas de vómitar.

—Que mal lo he pasado, por amor de… ¡Ah! —Whitley dio un grito al cielo y se dio unos golpes en el pecho mientras dejaba que la mala sensación abandonara su cuerpo—. Pudo matarme en cualquier momento.

Tomó su scroll y tecleó el número de su hermana de inmediato. Tenía que decirle que había visto a Ruby.

Se sentó en el suelo y acunó el scroll junto a su pecho mientras jadeaba de cansancio.

No iba a pedir más misiones por al menos un mes.


Blood Rose volvió al campamento provisional, todos los miembros empacaban lo más importante y Bianca se encargaba de organizarlos en grupos para el largo viaje. Asintió con la cabeza cuando la vio hacer bien su trabajo y entró a su cabaña, observando su mochila lista y revisando que estuviera todo.

—Esa niña hizo muy bien el trabajo —comentó la pelinegra, caminando hacia su pequeña oficina y sentándose por última vez en aquella silla.

Observó por un segundo las fotos destruidas y luego su mirada pasó a los papeles, ordenados y archivados para poder tenerlos a la mano si los necesitaba.

Sintió que su ojo volvía a llorar sangre y la gota cayó sobre su escritorio, manchándolo de inmediato.

—Weiss Schnee… —musitó mientras su mirada se volvía a la foto de Weiss—. Eres una maldita, ¿por qué carajos tú hermano se puso tan bueno?

Ruby se golpeó la frente contra la mesa y calmó su respiración, apretando los puños mientras se levantaba de golpe y comenzada a destruir la oficina con sus propias manos.

—Encima el imbécil se atrevió a rechazar mi oferta —gruñó mientras partía la mesa en dos y la lanzaba por la ventana de su cabaña, golpeando a uno de sus miembros y enviándolo a la enfermería del campamento.

Tomó a Crimson Requiem y dio tres grandes tajos, rompiendo su propia pared y derrumbando la cabaña de sopetón.

—Ya lo verás, Whitley Schnee… No puedes rechazar a Blood Rose una segunda vez y salir vivo —dijo Ruby, con sus ojos brillantes y apretando los dientes con furia.

A unos cuantos metros, Bianca observaba la escena y se llevó una mano al mentón, sus suposiciones habían sido ciertas después de todo.

—Parece que el novio secreto de la jefa no aceptó el plan —concluyó mientras se peinaba el cabello rubio y sus ojos azules marca Arc se movían entre la escena de destrucción que ocasionaba la adulta de mechones rojos—. Veo una gran ruptura.

Se encogió de hombros y se dispuso a seguir haciendo su trabajo mientras seguía teorizando sobre la salida de su jefa.

Eso era un caso de desamor, y no iba a dejar que nadie la convenza de lo contrario.


Blood Rose – Broken

Espero les haya gustado, cualquier opinión o idea que tengan la leeré y podría considerarla para el resto de la historia.

Sin nada más que decir, un saludo y hasta el siguiente cap.