"¡He vuelto a ganar!" gritó pletórica Nami revelando sus cartas.
Con una burda estratagema, había vuelto a caer en los engaños de Nami, perdiendo una vez más al póker. Law suspiró, derrotado, comprendiendo que era el momento. Ante la atenta mirada de algunos de sus amigos y de los sombrero de paja, Trafalgar se vio obligado a quitarse la camiseta. Sonrojado, admitía su derrota y de un simple manotazo, se quitó la camiseta beige que usaba. Se fijó que no era el único sonrojado, pues entre gritos de euforia al ver que era el primer derrotado del día, pudo ver como Nami cambiaba a un suave tono manzana en sus mejillas. Se le hizo tremendamente adorable y se quiso centrar solamente en ella, olvidando realmente donde estaba, con quienes más y a que estaban.
Desde ese momento en el hospital, Trafalgar Law sabía que Nami debía ser su mujer.
Sus amigos le instaban a que no hiciera ningún movimiento que pudiera espantarla, pues al parecer ella no dejaba de recibir demasiadas y muy babosas miradas y atenciones de hombre a los que no quería ni darles el saludo. Pero eso no espantaba al pelinegro. Es más, lo animaba a seguir persiguiendo a la joven inalcanzable. De una forma que no terminaba de comprender, Law prácticamente idolatraba a la joven, llegando a conocer cada detalle de su vida, gustos, intereses, miedos, sueños, anhelos y hasta pensamientos. Por no decir que, gracias a cada encuentro, había podido armar la estructura del chico perfecto para ella.
Y sabía que no entraba en ese esquema.
Pero quería intentarlo.
Quería ser ese hombre que ella buscaba: alguien que no la tratara como una bonita muñeca, que fuera inteligente, alto, fuerte, bien hermoso, que la quisiera por cómo era y no por su apariencia, que la llenara de bonitos detalles y le gustara el café todas las mañanas. Por alguna razón, a Nami le gustaban los tatuajes, por lo que ya jugaba con algo de ventaja. También mencionaba algo de que supiera salvar vidas y que tuviera buenos amigos... pero no terminaba de entender los detalles tan específicos que le dejaba caer a todos.
Desde ese momento en que la conoció, empezó a aprovechar cada minuto para entrar más en el grupo de los sombrero de paja. No los consideraba sus amigos, eso estaba demasiado lejos, pero Luffy prácticamente lo llamaba hermano y abrazaba con tal fuerza que lo descontracturaba como un buen quiropráctico. Si que cada vez comía mejor gracias a los platos de Sanji y las conversaciones que tenía con Chopper y Robin eran maravillosas. Algo que nadie sabía era que admiraba los robots de Franky y como ganaba las batallas con modificaciones que le había hecho.
Además, Nami se había hecho muy amiga de todos sus amigos. No había día que no abrazara a su buen amigo Bepo, solía ir todos los fines de semana de compras con Ikkaku, ayudaba a Shachi y Penguin en su desastrosa vida sentimental... en definitiva, de la misma forma atropellada en la que entró en su vida y en la sala de urgencias, se había acomodado en cada aspecto de ella.
Simplemente por eso no podía dejar de suspirar por ella. Estaba tan llenada de talles que era hasta divertido resolver su puzle. A veces sobre pensaba que era lo que más le gustaba de ella. Y sabía que no encontraría a otra mujer que cumpliera con aquellas malditas características.
¿Qué tipo de anillo de boda le debía regalar en cuanto le pidiera matrimonio?
"Aun no entiendo cómo es que no tienes pareja, Torao" terminó por decir Nico Robin mientras barajaba el mazo con una agilidad impresionante. Law miró sorprendido a la peli negra, ya que aquella no era una pregunta que dejaría caer alguien como ella, tenía secretas intenciones que no terminaba de descifrar. "¿qué debe tener tu persona especial? ¿qué tipo tiene el cirujano de la muerte para qué siga soltero?"
"Será muy exigente" se rio Sanji antes de darle una calada a su cigarro.
"Algún título, trabajo estable... extraña obsesión con la muerte" enumero de forma burlesca Usopp "Y que odie el pan, eso obligatorio" remató finalmente
"¡No!" se negó molesto, mostrando más emoción que quería. Su mirada se fijó en la tranquila Nami, quien tenía una media sonrisa burlesca, aun sonrojada y con un brillo que no terminaba de descifrar en los ojos, a pesar de la poca luz del Baratie
Por un momento se quedó mudo. Buscó bien las palabras para rebatir aquellas exigencias. Law nunca había idealizado a una mujer. Si, buscaba a alguien como Corazón, pero que no llegara a la categoría de figura paterna. Pero después de conocer a Nami, comprendió que era lo que verdaderamente estaba buscando en una mujer.
Ante la inquisitiva mirada de los sombrero de paja y sus propios amigos, sonrió a medias, mostrando una curva línea perfecta con el que no se podía diferenciar si era una sonrisa divertida o algo ladina y atrevida. De aquellas que, no terminaba de comprender, sonrojaban tanto a Nami. Debía no verse nada bien ante ella para tal reacción, al tener también esa barba, sus ojeras bien pronunciadas siempre en una mirada seria... seguro que a ella no le gustaban.
"La mujer que yo quiero tiene que ser inteligente. De esas que te asombra sus conocimientos. Bella como una rosa. Y que siempre tenga la más hermosa de las sonrisas. No quiero tener descendencia, pero si los tuviéramos, tendría que ser la más amorosa de las madres. Alguien que supiera tratar a los pequeños con mucho amor. Y si ya supiera manejar a Luffy, sería perfecta"
"¡Qué hombre tan poeta!" lloró de forma exagerada Franky de fondo
"Es un tipo un poco demasiado específico..." susurró meditabundo Usopp
"¡Primero el pan, ahora esto!" se rio Sanji "de paso pide que también que tenga café por sangre"
"Jo, ¿Por qué tiene que saber controlarme?" se quejó el sombrero de paja mientras comía un trozo de los tantos aperitivos del cocinero
"Espera un momento... ¿te estás refiriendo a una mujer qué conocemos?" se fijó Zoro, para asombro de todos, al ser el primero en especular con esa posibilidad.
"Esa descripción me encaja con Robin" dijo Nami de pronto, ganando todas las miradas, de asombro "¿No os parece? Ella es super inteligente, super guapa, sonríe hermosa y para algunos de mis peques eres como una gran mami"
Trafalgar sintió que se había congelado el mismísimo infierno.
Creyó haber descrito a ella de una forma que solo Nico Robin pudiera entender, pero en vez de ello, de alguna forma que no terminaba de comprender, Nami solo había comprendido que se refería a la peli negra. Si, era cierto que era con la que más hablaba por su extraña pasión por los cadáveres y las reacciones del cuerpo humano cuando llegaba la muerte, además de haberse vuelto prácticamente su confidente. Incluso ya se imaginaba que Robin sabría que la chica que le gustaba era Nami. Pero nunca se imaginó que fuera a pensar que era Nico Robin la mujer que le había robado el corazón. Más cuando la historiadora y arqueología estaba prácticamente casada con Franky, aunque no hubiera anillo o certificado.
"Es normal que le guste mi chica" dijo con orgullo y cero celos el peli azul, expresando así una sana relación que tenía con la peli negra "pero dudo que sea ella. ¡Más madre eres tú, lil sis!" dijo refiriéndose a Nami
"¡Es verdad!" puntualizó con una gran sonrisa Chopper "y le das unos golpes a Luffy que cada vez me cuesta más curar..."
"¡Os equivocáis!" se negó en rotundo la peli naranja "Además, solo golpee a Luffy porque casi se come toda la tarta de Momo. ¡Tragón!"
"¡No es cierto!" infló los mofletes indignado
La atención se desvió por completo a criticar diferentes aspectos de Luffy, el supuesto gran capitán. A pesar de ser críticas sobre los mil y un fallos del pelinegro, Law podía ver que se hacía con cierto cariño. Tenían tantas vivencias juntos que tranquilamente podían competir con las desventuras de cualquier novela ficticia.
Trafalgar se fijó más en como Nami iba contando todo aquello. Con una permanente sonrisa, no paraba de sacar fallos a todas y cada una de aquellas desventuras. Se notaba un brillo en los ojos que parecía polvo de hadas, de pura emoción a medida que relataba. Cada palabra, a pesar de incluir con algún que otro insulto, lo decía con un toque de cariño y alguna que otra palmadita. Le revolvía los cabellos ya de por si desordenados de su capitán y se quejaba de la falta de uso de champú en sus ya muy escuetas duchas. Casi como a un perro adorable.
Le dio envidia. Pura envidia. No quería sonar infantil o alguien tierno como una nube de azúcar, pero no podía negar que quería uno de esos gestos monos que tenía con el sombrero de paja. Un pensamiento furtivo se encendió en su cabeza de pronto:
¿A Nami le podía gustar Luffy?
Con tantas desventuras, con tantas atenciones y mimos... No era la primera vez que le daba tanto cariño al peli negro. Luffy, de alguna manera, siempre encontraba la forma de robar su atención, desde cuando le pedía algo para comer, algún accidente que requiriera una venda o cualquier cosa que, desde su punto de vista, le parecía una estupidez. Pero ahí estaba Nami, dándole toda su atención. Sin prestársela a él en lo absoluto. Abrazándolo, dándole de comer, peinándolo...
A su forma de ver, también era una muestra de amor, por lo que, a su forma más primitiva, podía amor genuino. Y simplemente llegaba tarde a una carrera que en el que nunca habría cruzado la línea de salida.
"¿Te vas, Nami-mi?" preguntó Robin sorprendida
En ese momento, Law despertó de sus pensamiento. Se fijó en como la peli naranja se acomodaba su fino abrigo beige antes de cruzarse el bolso. Esbozó una sonrisa cansada antes de abrazar a la peli negra y despedirse de todos. Vio como Nico le daba una señal con la mirada. Era un movimiento simple, señalando a la amiga que salía por la puerta. Con ello confirmaba dos cosas: que sabía de su intenso interés por ser parte de la vida de Nami y que estaba teniendo en bandeja de plata una preciosa oportunidad.
Espero unos segundos después de que cruzara la puerta antes de recoger y decir que se tenía que marchar. Sin muchas excusas y con las quejas de los hombres atravesando sus orejas, cruzó la puerta del Baratie y buscó con la mirada a Nami. Ella estaba unos metros más adelante, con un precioso paraguas naranja. Suspiró, embelesado del contraste de la lluvia en una oscura noche de verano en contra de una mujer que desprendía una cálida luz.
Armado de valor, cogió aire y corrió debajo de la lluvia hasta alcanzarla. Solo en ese momento, al tocar su antebrazo, ella dio un pequeño bote y escapó una exclamación de la sorpresa. Law dio una de sus medias sonrisas, hipnotizado de ver como intentaba recuperar el aire, completamente sonrojada.
"¡No hagas eso, Traffy!" se quejó ella mientras se intentaba recuperar del susto.
"Disculpa, Nami-ya... pero tengo que insistir nuevamente que no me llames Traffy"
"Pues no me asustes" insistió ella mientras intentaba taparlo con su paraguas, de una forma un tanto adorable por la diferencia de altura. "¿vas a casa?"
"Si" respondió intentando mantenerse serio, a pesar de que se viera su lucha interna por no quebrar su voz "¿y tú?"
"También" respondió ella sin mirarlo
Entre ambos se hizo un tímido silencio. Si bien empezaron a caminar, Law sentía las molestias de haberse colocado la ropa tan rápido, ya que la etiqueta lo estaba raspando. Pero intentó aparentar esa seriedad que tanto lo caracterizaba y aprovechar cada segundo que estaba al lado de Nami. Su corazón estaba latiendo demasiado fuerte en contra de su pecho, sentía cada bum-bum en contra de la caja torácica que casi no podía respirar. Y lo poco que podía respirar, era la mezcla de la humedad de la lluvia con las mandarinas de Nami.
"Te acompaño, Nami-ya" se ofreció Trafalgar
Sabía que esa frase, después de haber caminado un poco, quedaba extraña, pero necesitaba saber si ella estaba tan cómoda a su lado como él. Vio que asentía con una inusual timidez, a lo que siguieron caminando. Solo entonces, ella suspiró, mostró esa sonrisa que tanto adoraba y habló de varias cosas que habían ocurrido durante su semana. Law escuchó y añadió algunas de sus vivencias en consulta y operación, sin entrar en muchos detalles para evitar que la señorita se asqueara.
Se hizo un paseo corto, en el que la lluvia fue la única testigo de las tantas veces que Law intentó un acercamiento. Se sentía fuera de personaje, quería sacar ese lado más atrevido que tenía, sin embargo, ella lo desarmaba con una sencillez casi insultante al hablar de cosas tan tiernas y monas. Casi devolviendo la fe en la humanidad que sentía tan perdida.
"Entonces, ¿era sobre Robin quien hablabas antes?"
Aquella pregunta descolocó por completo al peli negro. Se quedó en su sitio, prácticamente pegado al suelo. Nami había avanzado un poco y, por lo tanto, se había mojado un poco con la lluvia. Nami se detuvo al darse cuenta y se giró. Solo entonces, pudo ver una infantil expresión adornar su bello rostro, con una sonrisa mal dibujada, como imperfectas olas de mar. Casi parecía morder por dentro su mejilla.
"¡No es Robin-ya!" insistió con fuerza, casi gritando en el proceso. No veía otra forma de hacer ver que en verdad no era sobre Nico Robin quien hablaba.
"Puedes ser honesto conmigo" seguía en la misma línea Nami, aunque algo más acomplejada "es normal que te de vergüenza admitirlo cuando ella está con aniki... pero como siempre estás con ella y se te ve muy feliz a su lado"
"¡Qué no!" insistió Law, completamente harto "Eres tú, Nami-ya, ¡solo tú!"
Law se sorprendió de si mismo y en la forma abrupta en la que había terminado por admitir sus sentimientos. En la misma línea, a Nami se le cayó el paraguas de la propia vergüenza de escuchar aquellas palabras. Ambas miradas chocaron, sin saber que más decirse después de esa gran declaración.
¿Qué se debía hacer?¿Cómo se debía responder?¿y después?
¿Si quiera Nami sentía lo mismo por él?
Bajo las gruesas gotas de lluvia, completamente empapados, con un solo sentimiento en mano, ambos se acercaron. Aquel brillo en los ojos, la sonrisa tonta... no hacían falta palabras. Todo estaba dicho. Y para que no hubiera lugar a duda, sellaron sus caminos con un beso.
"Se que hace tiempo que no nos vemos, pero aun guardo todo lo que dejaste en mi casa"
Para sorpresa de la peli naranja, veía que aun incluso conservaba su viejo cepillo de dientes naranja con dibujitos de gatitos. Ella sonrió, con cierta nostalgia, mientras que agarraba sus viejas prendas con cuidado. Estaban en perfecto estado, impolutos y con un gran olor al único perfume que ella usaba.
Por un momento, sus manos se tocaron y Law sonrió ante tal gesto, aunque fuera accidental. Nami no sabía como interpretar esa reacción, casi como si fuera un cachorro suplicando por sus atenciones. Sin mostrar ese lado atrevido que tantas veces usaba para hacerla derretir con suma facilidad. Sin embargo, esa faceta tierna como la de una nube de golosina, le resultaba tierna. Ahí estaba ella, con su maldita sonrisa de enamorada, escapándose sin remedio. Simplemente por él. Por el hombre de los ojos grises con el que tanto había suspirado.
Un contraste real a toda la realidad que estaban viviendo. Todo aquello no borraba el como había llegado hasta ese lugar, arruinando su boda, encerrándola no sabía dónde, sin poder ver el sol.
Trafalgar pareció interpretar aquello como un avance entre ambos. Sin previo aviso, dejó caer las prendas y la tomó por sus muñecas, queriendo acercarse hasta el punto de borrar cualquier espacio entre ambos. Nuevamente aparecía ese cambio completo por él, con aquella media sonrisa, queriendo acercarse a probar de sus labios. Nami buscó un atisbo de fuerza dentro de ella, librándose tanto del agarre como de su cercanía.
"Para, por favor... estoy prometida" se reafirmo Nami, con cierta vehemencia.
Ante aquellas palabras, Law se detuvo de golpe. Su cara cambio a una expresión neutra, no estaba molesto, pero no había más emoción que el que no sabía descifrar. La dejó ahí, sola, para que se pudiera cambiar. Sin mediar ninguna palabra, en un muy incómodo silencio. Decidida, al verse sola nuevamente, se vistió con aquellas prendas. Se sentía mucho más fresca, notando de verdad el poder de la buena ducha refrescante. No quería admitir que echaba de menos vestir ese tipo de prendas cortas, sus preciados shorts de mezclilla y el top floral.
Nada más sentarse nuevamente en el borde de la cama, Law entró. Casi como si tuviera una sincronización o supiera de cada uno de sus movimientos. Nami no se quiso amedrentar, pero ante aquel silencio y aquella mirada, estaba completamente indefensa. Quería apartar la mirada, pero nuevamente se topaba con aquella tormenta en los ojos de Trafalgar. De aquellas que siempre buscaba sortear, deslizarse y huir.
"Tienes miedo"
Aquella afirmación del varón sonó demasiado cerca. Solo en ese entonces se dio cuenta que estaba frente a ella, con una silla en mano que parecía haber casteado con un hechizo. Nami quiso negarse, pero no había forma a decir que no. Al ver como se sentaba y buscaba sus manos, se fijó en las tatuadas de él. En como eran más grandes y callosas, de los esfuerzos que habría realizado a lo largo de su vida para estar en donde estaba. Temblorosas, mostro las suyas, con ese anillo de prometidos que compartía con el abandonado novio, la manicura francesa que le había hecho la estética y algo ásperas al no haber usado una de sus cremas después de la ducha.
Entrelazó sus dedos con las de él, en un intento tanto de calmarse y de iniciar una tranquila conversación. Sabía que podía intentarlo, que insistiría con ello, pero entre aquella fuerte tormenta el contacto del anillo no habría buena pata con la que empezar. Por un momento la plata del anillo pareciera cercenar ese dedo cual guillotina.
Intentó no fijarse en sus manos y levantó un poco la mirada para ver su apretada camisa negra, entreabierta, mostrando aquel trabajado torso, con aquellos tatuajes, subiendo y bajado de su lenta pero pesada respiración, hasta toparse con su afeitado cuello. No podía concentrarse, Nami se veía incapaz de fijarse en cualquier perfecto detalle del cirujano. Incluso a veces se preguntaba si en verdad lo era y no un modelo alemán.
"No debí invitarte a la boda, ¿verdad?" terminó por preguntar, comprendiendo parte de su error "pensé que todo estaba hablado y cerrado entre nosotros... que podría ver a un buen amigo, pero sigues enamorado de mi"
"No finjas que no es reciproco, Nami-ya" su autoritaria voz hizo ver aquello como una orden del que Nami solo pudo temblar, no sabía porque "Lo noto en tus manos, en tus miradas... en como llorabas en la capilla por todo lo que dije. ¿Por qué te estás casando con alguien que no quieres?"
"No entres en temas que ya no te deberían importar. Lo único que vale es que me estaba casando y tu interrumpiste la boda"
"¡Déjate de tonterías, Nami-ya!" prácticamente grito el cirujano, completamente indignado mientras apretaba fuerte sus manos, hiriéndola en el proceso "deja tus mecanismos de defensa, tus sacrificios con complejo de mártir y se honesta. No compro más esta basura"
"¡Me haces daño!" se quejó finalmente mientras intentaba soltarse, sin éxito "¡Law, por favor! Ya no debería ser tu preocupación, no somos nada desde hace más que amigos desde hace dos años. Me debiste superar, irte con la doctora aquella, ¡qué se yo!"
"¿De verdad crees que eres olvidable?" preguntó bajando el tono de su voz y liberaba parte de ese fuerte agarre. "¿De verdad crees que esta mierda de corazón no ha dejado de latir por ti? eres irrempazable, única... mi reina"
Finalmente, ambas miradas se volvieron a encontrar. Nami no podía escapar más de aquella fría y abandonada mirada grisácea, rezando por un poco de atención y dulzura de su mirada de chocolate. Esa tormenta que Nami no dejaba de ver y querer escapar, ese miedo, esos males, se sentían como tentáculos de pulpo, agarrando toda su atención y tirando de ella hacia él. Aprisionándola. Obligándola de una forma no verbal a parar todo ese caos. A calmarlo de una forma que ella no sabía cómo.
Nami sabía que, si quería ser libre, por una vez en mucho tiempo, debía ser honesta:
Honesta con Trafalgar. Honesta con su hermana. Honesta con sus amigos.
Honesta consigo misma.
"Nunca vi y sigo sin ver un futuro contigo"
