N.A: elevamos un poco el tono de la historia. Vamos, escenas explicitas.
Las citas con Nami eran toda una aventura.
De una forma salvaje e incontrolada, como un huracán, la peli naranja había borrado su tranquilidad y abordado su vida como una vil pirata. Cambió todos sus tiempos libres por tantas actividades e interacciones que casi se sentía mareado y sobrecargado. Un día comían juntos una extraña ensalada de arroz hawaiana en calma contando sus días laborales y en la noche un intercambio alocado de besos del que no sabía como podía seguir respirando. Aun no habían hecho el tedioso acto del amor, pero cada instante podía parecer el momento perfecto para ella y no era que se negara, simplemente aun estaba en ese punto de no saber como hacer que su primera vez fuera especial para ambos.
Ella era ese salvaje Yin que seguía su calmado Yan.
Ese día, en concreto, nada más salir de su trabajo en urgencias a las 12 de la noche, ella de pronto propuso ir al cine. Sorprendido, no sabía como decirle que no, ya que estaba en la entrada, con ese precioso vestido y cardigan de melocotón, esperándolo con esas dos entradas en la mano. Encima, la película no le sonaba en lo absoluto, pero si Nami ya se había gastado el dinero, por lo que si decía que no, debía devolverlo con 300% de interés. Y aun no se había recuperado de haberle tenido que pagar un extraño café del Starbucks con tanta crema y chispas de colores que se preguntaba donde estaba el café.
Seguía pensando que eso no era café, pero no podía rebatir a la dueña y señora de su frío corazón.
Sus amigos ya estaban abordando a su futura mujer (aun no se lo había propuesto por temas de logística con el anillo que su reina se merecía) en la entrada y, al verla, supo porqué lo hacía. Hermosa como siempre, llevaba un corto vestido de color coral con un escote de vértigo. Intentó disimular su interés y tosió para que todos dejaran a su reina en paz. Con una seña, evitó dar un efusivo saludo, completamente avergonzado, pero veía como su chica inflaba los mofletes esperando por lo menos un beso de saludo delante de todos ellos. Mostrando un lado que para nada era el suyo.
Law lo negó y la arrastró a fuera del trabajo. Ella lo siguió, de mala gana. Sabía que quería que mostrara más ese cariño que tanto pregonaba en la intimidad, pero Law aun no se atrevía a ello. Si, tenía un lado tierno, pero aun no se sentía cómodo con él y mucho menos expresándolo. Finalmente llegaron al coche y le abrió la puerta, intentando apaciguar su mal carácter. Nami se adelanto y le robo un beso en la mejilla antes de sentarse, algo juguetona.
Ella puso las canciones en la radio y las cantaba a pleno pulmón. Eran pop de aquel que, en cuanto pasaran tres meses, se olvidarían hasta hacer un tik tok años más tarde. Pero todo fuera por su mujer. Con paciencia y casi admiración, escuchó cada afinada nota que daba hasta aparcar. Ahí, se dio cuenta que casi todo estaba desierto y en los pocos coches que estaban aparcados, era mejor no tocar la ventanilla. Decidió ignorarlos y seguir a la peli naranja a dentro del cine.
Para poca sorpresa, viendo la película que era, estaban solos. En la pequeña sala, todas y cada una de las butacas estaba vacía. Solo una vez paso el revisor y los dejó solos rápido, con la cinta en marcha. Law intentaba centrarse en la mala película, pero era imposible por tres estúpidos factores:
1º- El exagerado calor que hacía en aquella sala. La persona que estuviera a cargo del termostato debía ser de Siberia o algo, porque ese calor era demasiado. Ambos se tuvieron que quitar las chaquetas y se desabrochó un par de botones de la camisa para evitar asfixiarse.
2º- La película era mala hasta decir basta. Había terminado de trabajar y mentalmente se imaginaba en su cama abrazado a Nami, descansando sobre ella, después de haber cenado un buen par de onigiris, no intentando comprender porque una joven bailarina, después de dejar al celoso e idiota de su pareja, se casaba tan rápido con un señor que podía ser su padre y abrían una tienda de decoración. Nami le decía que dejara de sobre analizar y que viera que situaciones tan "románticas" ocurrían en la cinta entre ese par, pero a Law se le hacía imposible, más si no comprendía a que era a lo que le llamaba ella "romántico".
Simplemente habían cosas que se le estaban escapando.
3º- Nami. Ella, hermosa y seductora, estaba solamente con ese vestido, pegada a él a pesar del calor de la sala. Law sabía que Nami odiaba a los chicos babosos, que solo sabían ladrar como perros ante su bella figura, más con ese suave vestido, con ese gran escote, del que podía ver algunas perlas de sudor bajar hasta cierto punto peligroso...
Trafalgar no quería admitir que tenía muy bajo autocontrol. En cualquier momento iba a saltar a besarla y tocar donde ya sabía que a ella no le gustaba. La iba a espantar por ese inmenso deseo que él tenía de poseerla lo más pronto posible. No quería decir en voz alta que ansiaba devorarla, romperla desde dentro, no dejar ni una esquina sin besar... Empalarla tan fuerte que no pudiera caminar correctamente por semanas. Se estaba tornando una muy mala obsesión tener su primera noche de sexo como a él le gustaba. Ante su corta ropa, muchas veces se había imaginado fogosos escenarios de los que solo su mano era testigo. Tantas posibilidades, tantos sitios y estaban solos en el cine, sudados ante un claro típico momento en el que por lo menos debían estar intercambiando saliva como adolescentes, conociendo las caries ajenas. Hicieran lo que hicieran, solo esa mala película sería el único que sabría lo que estaría ocurriendo entre ellos, si tan solo cediera... pero le daba pánico ahuyentarla. Que en cuanto su mano apretará ese buen par que tenía ella por pechos, le diera una bofetada y rompieran.
En cualquier momento debía fugarse al baño. Ya notaba como se estaba despertando y eso era muy mala señal.
"¿Por qué no me miras?¿No te gusta como voy?" preguntó de golpe Nami
Law se quedó en el asiento. Por el rabillo del ojo, se fijo en como se pegaba a él más, haciendo destacar ese escote de vértigo, aquellas cruzadas piernas de crema, esos muslos que tanto ansiaba que sandwicharan su cabeza... estaba al límite. Necesitaba salir de aquel lugar. Aire. Pensar en cosas nada eróticas como sus amigos disfrazados de mujer cantando Cher, las últimas operaciones con los intestinos ajenos en sus manos, Luffy comiendo sin control o esa misma horrenda película.
Notó como Nami lo soltó y se levantaba. Preguntas fuertes nublaron en cuestión de mili segundos como: ¿La habría decepcionado? ¿qué era lo que realmente quería ella? ¿qué esperaba Nami de esa cita?
Pero todos se marcharon cuando ella, sin previo aviso, se sentó sobre él. El film había sido brutalmente sustituido por la femenina y seductora figura de Nami, teniendo su gran busto en primera plana. Dada la cómoda y desenfada postura que él tenía, ella lo había cerrado entre sus finas piernas y sus intimidades se estaban prácticamente rozando a pesar de la ropa. Ella se había inclinado para intentar robarle un beso, algo que simplemente no pudo negar.
Estupendo, había caído en el juego de provocación de la peligrosa gata y no tenía como escapar.
En cuanto ella chocó sus labios, buscando un apasionado beso, Law fue derrotado. Sus manos viajaron desde aquellas maquilladas mejillas hasta sus hermosos cabellos, peinando y enredando como una muñeca, pero se notaba que ese contacto no era el que ella quería. Clavó su fina manicura a modo de agarre y lo obligó a que tocara de cadera para abajo. Que por primera vez tocara y dejara su palma en sus nalgas. Si, en la carne. Law no pudo evitar abrir los ojos de la sorpresa al ver que no se había detenido encima de la falda del vestido. Lo había hecho viajar hasta debajo de él. Llevaba un fino tanga de hilo que sabía que si se pasaba, lo rompía. La estaba acariciando. La estaba tocando de forma íntima. Ella lo estaba llevando a aquello que quería reservar a un momento más idóneo que en un cine. Todo ello en un loco y caluroso beso en el que saboreó todo ese refresco de cola que tanto odiaba pero habían cogido en la entrada con ese café frío negro que se arrepentía de tomar.
"Me encantas" suspiró al separarse, buscando aire.
"Demuéstralo de una vez, Torao" retó ella de inmediato
Ese brillo en los ojos, la forma en la que manicura rascaba de forma leve su torso completamente expuesto hasta el cierre de su pantalón y tiraba de la goma de sus calzones que asomaban, el como su escote había bajado de forma sospechosa hasta casi poder ver sus sonrosados pezones, la falda levantada y sus manos en sus nalgas, la poca o inexistente ropa interior de la pelinaranja... el cuadro completo. Law trago seco y sonrió, de forma perversa. Esa jodida diosa lo había sentenciado por los dos: esa era la noche. Ese era el lugar. Por fin lo iban a hacer
Sin dudarlo un solo segundo más, asintió y permitió que ella abriera sus pantalones y jugara con su despierto amigo, en lo que sus dedos descubrían su intimidad. Estaba muy excitada y se notaba que, al igual que él, se había contenido todo ese tiempo. Queriendo buscar su máximo placer, buscó jugar inicialmente con unas suaves caricias. Vio que ella reaccionaba con un temblor electrificado, siguió adelante entrando primero con un dedo. Por fin escuchó un quejido de sus apretados dientes. Ansiado escucharla más y notándola tan lubricada, entró con el segundo y ahí no pudo reprimir su voz. Empezó a moverlos mientras que su pulgar no dejaba de juguetear de forma suave su clit. En respuesta, Nami no se quedó atrás, iniciando un tortuoso vaivén con su mano del que solo podía responder con un gruñido de placer. Muchisimo mejor que su propia mano.
"No quiero tus dedos, quiero esto, Law" respondía ella entre fuertes jadeos, sin poder reprimir algún que otro gemido. "¡dámelo!"
"Gata codiciosa..."
De forma algo bruta, sacó sus dedos y la acomodó con su manos, obligándola a que parara. Ella se veía querer tener la iniciativa, al guiar a su miembro a su entrada, solo para dejarlo entrar de una.
Law acababa de conocer el cielo. Estaba aun algo apretada y notar como ella temblaba y se perdía ante su primera penetrada, era lo más equiparable a conocer a dios. Nami no reprimió un fuerte "Ah" que retumbó en toda la sala, mientras que sus manos apretaban fuerte sus muñecas. Su cabeza se había inclinado hacia atrás y pudo ver como un hilo de saliva se escapaba de su boca, mientras que su mirada se quedó en blanco.
Necesitando más de ella, inició ese fuerte y hondo empalamiento con el que tantas veces había soñado. Pero aquello era mejor que una paja solo en su habitación. Mil veces mejor. Notaba como ella jugaba, lo rasgaba y le suplicaba que terminara de bajar del todo su escote para que lamiera sus erectos pezones. Law obedecía, gustoso de poder cumplir sus más profundas y nunca verbalizadas fantasías. La cómoda butaca dejaba que ambos pudieran acomodarse sin tener que rasparse, en lo que el pelinegro no dejaba de conocer a su bella novia desde dentro. Su mente se nubló por completo y solo podía pensar en destrozarla. Que al salir, todos vieran como su leche caía desde su satisfecho sexo, con sus cabellos revueltos y muchas marcas. Que se viera que ella era de él y viceversa. Nami, por su parte, estaba desatada, como si finalmente lo hubiera logrado un gran propósito, disfrutando de cada atención, dejándole arañazos como la gata que era, sin controlar su voz, el cual estaba más elevada que la cita.
Notó como por fin Nami llegaba al orgasmo, antes de que terminara la película, prácticamente ahogándolo con sus grandes senos, temblando cual flan, en lo que esperaba que él la llenara. Law profundizó más, hasta que se corrió dentro. Mientras jadeaba, comprendió que necesitaba más. No podían parar en ese momento. Buscó que ninguna gota blanca saliera de su apretado sexo, tocándola.
En ese momento, se dio cuenta de que no habían usado condón. No quería romper el momento, ya que correrse dentro de ella había sido perfecto, de la misma forma que sintió como ella se corría sobre él, pero si que fue la primera preocupación que llegó a su mente, mientras se acomodaban. En varias ocasiones la había visto tomar alguna pastilla y si que había dicho que él no quería hijos, por lo que realmente no tenía de que preocuparse. Aunque, igualmente, lo estaba.
Al verla sonreír sobre él, pidiendo más sesiones de esas en su coche, Law simplemente no pudo decir que no, avisando de que tenía la casa libre y que el coche estaba cerca.
"Law, tu eres una persona... muy especial en mi vida. Pero antes de romper, llevábamos tiempo que no estábamos en la misma página. Tu mismo lo dijiste, ambos valoramos mucho la libertad y el trabajo del otro, el cariño... todo estaba bien, aunque no fuera perfecto. Pero yo quiero tres cosas que tu no me puedes dar y no puedo obligarte a que hagas algo que tu no quieras. No sería una relación real y perfecta si yo cedo a perder algo que quiero o si te obligo a que compartas conmigo un camino que tu no quieres."
Nami se mordió la lengua una vez terminó la última frase. Quiso mirar a los ojos del que un día fue su pareja, pero costaba a horrores. Ella misma había dicho que, para salir de esa, había que ser honesta, pero terminó por edulcorar parte de la realidad que ambos estaban viviendo. Sus dedos empezaron a jugar con su manicura y simplemente decidió esquivar la mirada del que un día considero uno de los hombres más importantes de su vida.
Solo ahí, se dio cuenta de su estúpido error.
Eran señales de que estaba mintiendo.
Y Trafalgar lo sabía perfectamente.
Estaba apretando más su agarre, tirando de ella de forma escueta, con una respiración tranquila, completamente natural. Sintiéndose arrinconada, terminó por buscar la mirada de Law, pero solo veía esa neblina que no terminaba de comprender que podía significar. Maldijo en su interior, comprendiendo que estaba ocurriendo con él y en como solo empeoraban las cosas en pasos agigantados en su búsqueda por la libertad.
El tiempo pasaba de forma lenta, casi como como un gran peso en cada bolsillo al andar. Sabía que Law estaba en ese proceso de hacer algo, de querer manifestar alguna cosa, pero simplemente no daba el paso. Como si esperara algo más de ella antes de saltar o estuviera midiendo cada una de sus palabras para poder contestar. Pero Nami se quedó con ese endulzado discurso en el paladar, sin querer ahondar o trabajar más aquellas palabras o en siquiera revelar algo de la realidad del que Law no era consciente.
"Tan solo necesitas más tiempo" terminó por sentenciar Law "has dicho prácticamente lo mismo que ese día, por lo que pasaremos un tiempo solos..."
"¡No!" interrumpió ella, asustada "¡Para con esto, por favor!"
No sabía que era lo que más miedo: si la calma con la que iba a decir lo que ella ya podía imaginar o en como la iba a seguir reteniendo en aquel lugar en contra de su voluntad. Nami terminó por romper con el agarre y levantarse. Sabía que la única salida estaba bloqueada, aunque no pudiera irse muy lejos. Tampoco era lo que quería en ese momento, ya que no ganaría nada. Pero necesitaba pensar con claridad y todo aquello simplemente podía con ella.
Notó como Law se levantaba y, con una facilidad que había demostrado en más de una cita, la rodeaba con sus fuertes brazos y lo atraía hacia él. Intentó resistirse, pero era simplemente imposible. Viendo ese agarre, se fijo en sus propias muñecas, rojas del agarre previo de Trafalgar. No pudo evitar temblar ante la cercanía a su oreja, notando su respiración en contra de su mejilla y aquella perfecta barba prácticamente acariciando su piel.
"Si son solo tres deseos para juntar nuevamente nuestros caminos, déjame concedértelos"
Su susurro le dio escalofríos. No sabía si era por la cercanía, por la forma tan suave que tenía de hablar o de como su aliento chocaba en su oído, pero Nami notó esa pequeña corriente eléctrica recorrer toda su espina dorsal hasta la yema de los dedos. Era la misma sensación de citas anteriores, cuando la tocaba y demostraba todos esos sentimientos que, durante su relación, solo lo hizo de puertas para adentro. Como en ese momento, solo ellos dos eran testigos de las más puras emociones de alguien como Law.
Cosa que, nunca le dijo, pero siempre la frustró.
"Ya tengo quien me los conceda" respondió Nami, intentando resistir cualquier idea o movimiento que pudiera hacerla flaquear "debo volver con él"
Notó como las ávidas manos del doctor iban cerrándose sobre ella, buscando su calor. Pero ella se resistía. Seguía manteniendo alto ese muro entre ambos, consciente de todo lo que significaba. Law se resistía en admitir la realidad y Nami podía sentir como estaba idealizando un desenlace que ella realmente no terminaba de ver. Lo sentía demasiado irreal, tan falso que solo en aquellas novelas de romance podía suceder. Su imaginación lo estaba haciendo y ella simplemente se veía como una muñeca bailando a ese son. No, eso no era lo que ella quería y debía quedar bien claro.
Al tragar seco, supo que había delatado como se estaba reprimiendo a si misma. Las ávidas manos del doctor subieron hasta su busto, mientras que sus gruesos y secos labios dejaban un primer y escueto beso en su cuello de cisne.
"¿Qué me estás ocultando?" preguntó de forma directa, mientras sus manos apretaban sus grandes senos de esa forma que tanto le encantaba a la peli naranja
Su pregunta no tuvo respuesta. Nami cerraba con fuerza la boca, apretando los dientes mientras intentaba que aquellas furtivas caricias no surgieran ningún efecto. Pero era innegable, su cuerpo la traicionaba a segundos que aquellas tatuadas y callosas manos jugaba con sus senos y torturaba su cuello con besos, lamidas y alguna que otra marca que iba dejando. Amaba esas atenciones. Casi las suplicaba, ya que ningún otro hombre sabía como le encantaba que besaran su fino cuello. Se mordió sus palabras, aquellas con la que quería implorar por que lamiera sus pezones como en el pasado. Que nuevamente dejara alguna que otra marca en ellas.
Y ese extraño picor en su entrepierna regresaba. Aquella olvidada necesidad de tener sexo con su doctor favorito estaba de vuelta con tal fuerza que era imposible seguir reprimiendo sus gemidos.
"Vamos a ver cuanto aguantas, pequeña gatita" le susurró en el oído antes de dejarla libre de su agarre.
No había forma de disimular aquel fuerte sonrojo, las perlas de sudor o su agitada respiración. Todo en ella la delataba con tal fuerza que quedaba invalidado cualquier mecanismo de defensa o palabra que usara. Todo delataba que necesitaba más, que había presionado unos importantes y bien escondidos botones que ni su prometido u otro hombre habían encontrado.
Al dejarla sola, se fijó en la pequeña bandeja que había dejado, con una ligera cena. Antes de siquiera plantearse en cenar, si o si necesitaba una larga y fría ducha.
NA: frases que se quedaron fuera del capitulo, pero son dignos de mención :
- Uso su rabo como joystick de scalextric.
- Algo que Law no pudo evitar gemir de placer fue ante la primera turbo-mamada después de tomar un caramelo de menta. Aun habían cosas de la anatomía masculina que no conocía.
- Por primera vez en su vida, sintió como le disparaban en medio del alma. Y pudo ver que no estaba sangrando rojo, era negro como el café.
Si, tengo unos grandes amigos. Les debo una cena 👍
