Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es CullensTwiMistress, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to CullensTwiMistress. I'm only translating with her permission.
Capítulo 22
En Nochebuena, usualmente soy recompensada con una niña alegre que corre a mi alrededor y ruega abrir al menos un regalo. A menudo digo que no, pero termino cediendo en algún momento cerca de la cena. Es algo que hacemos. Ha sido así desde que Ellie era una cosita pequeña con volados rosas y pantuflas de conejo.
Esta mañana, soy recompensada con un orgasmo alucinante que me deja jadeando y débil mientras Edward me abraza y acomoda las pesadas mantas a nuestro alrededor.
—Y una muy Feliz Navidad para ti también, cariño. —Me derrito contra él y cierro los ojos. No puedo evitarlo. Ningún músculo es funcional actualmente.
Él besa ese punto en mi cuello, bajo mi oreja y frota su rostro contra mi cabello.
—Hmm, ¿podemos quedarnos en la cama todo el día?
—Creo que eso se puede arreglar. —Y se puede. No tenemos ningún plan. Nada. No hay que cocinar. Ni reunirse con la familia. La casa ni siquiera está decorada. Suspiro—. Aunque extraño un poco el aroma a pino en la casa.
—¿Quieres ir a buscar un árbol? —Suena muy entusiasmado ante la idea de conseguir un pequeño árbol, y escogerlo con él suena divertido. No nos habíamos molestado con decoraciones sabiendo muy bien que con la mudanza y la ausencia de Ellie no tendría sentido, sin embargo... no está funcionando para mí.
—Definitivamente. Quiero que consigamos un árbol. —Me doy la vuelta y miro a Edward. Su rostro es... Él está sonriendo de oreja a oreja y es completamente hermoso en todo su estado desaliñado poscoital.
Me besa profundamente y cuando se aparta, sí, ese rostro, esa sonrisa... vale la pena todo.
—Te amo mucho, Edward.
Sus ojos me miran fijamente; verde claro, llenos de vida.
—También te amo. Ahora, si no queremos terminar con un árbol de Charlie Brown...
—Sí, sí... Tenemos que levantarnos —termino, poniendo los ojos en blanco. Él sonríe y todo mi cuerpo se pone rígido—. No... No... Edward, no...
—Ven aquí. —Se lanza hacia mí, pero logro salir corriendo por el pasillo. Sus dedos largos y hábiles son dispositivos de tortura brutales cuando se usan para el poder de hacer cosquillas.
—Edward, no —chillo cuando lo veo dar pasos largos hacia mí. No quiero bajar las escaleras en mi estado de desnudez ya que las cortinas seguramente están abiertas. Son alrededor de las diez treinta en Nochebuena, y estoy bastante segura de que mis vecinos siguen despiertos. No hay manera de que dejé al Sr. Johnson ver mi trasero desnudo.
Presiono mi espalda contra la pared y cierro los ojos, esperando a que comience el ataque; solo que no lo hace. Edward suavemente desliza sus dedos por mis brazos, haciendo que mi piel se erice. Mi piel cosquillea bajo su toque, y aunque todo lo que él está haciendo es rozar mi piel desde mi muñeca a mi hombro, lo encuentro sumamente excitante.
Mi pezones se endurecen y mi respiración se acelera. Estoy anticipando que suceda algo más y me niego a abrir los ojos, pero él se detiene abruptamente y sus pasos se alejan.
—¿Edward? —Parpadeo varias veces y miro a mi alrededor. Él está apoyado contra la puerta de nuestra habitación, los brazos cruzados sobre su pecho y sus piernas cruzadas sobre sus tobillos.
Y está desnudo.
Cielos.
—¿Qué estás haciendo? —Sigo desnuda también y maldita sea, ahora quiero la ronda... ¿cuatro? ¿O es la cinco?
—Te miro. —Se encoge de hombros y se da la vuelta para regresar a nuestro cuarto.
Miro sus nalgas por unos momentos antes de salir de mi confusión y dar unos pasos hacia adelante. Me acerco detrás de él y rodeo su cintura con mis brazos, completamente decidida a hacer de su serpiente de un ojo mi perra de nuevo.
—No soy tan interesante —mascullo, dejando besos en sus hombros.
—Para mí, lo eres, Bella. —Se da la vuelta y me sujeta contra él—. Eres mi todo, sabes eso, ¿verdad? —Me mira atentamente a los ojos, haciéndome saber lo mucho que va en serio con esas palabras. Aparto la mirada, y me muerdo el labio. He sido un desastre emocional toda la semana y si él no termina con esto, voy a llorar—. Ahora, ¿qué tal si buscamos ese árbol, y entonces lo instalamos y cerramos varias cortinas. —Mueve las cejas.
Asiento y sonrío.
—Creo que me gusta ese plan.
~ALLO~
—Este.
—Es demasiado grande, y tiene una mancha marrón allí arriba.
—¿Qué tal este?
—Hmm, ese costado es muy plano. Mierda, ¿cómo es que todos los árboles buenos se han agotado? —Doy un pisotón como una niña caprichosa, y Edward solo se ríe y sacude la cabeza.
Hemos mirado todo el lote. Ningún árbol parece... apropiado.
—Nena, es vísperas de Navidad. La mayoría de las personas ya tienen sus árboles. —Me envuelve en sus brazos y besa mi mejilla—. Ahora, vamos, vayamos a echarle un vistazo a esos. —Señala detrás de mí—. Estoy seguro de que hay uno allí que funcionará.
Toma mi mano y resoplo, siguiéndolo por un camino lleno de árboles torcidos y frágiles.
—¡Ja! Sé que este te gustará, Bella. —Ni siquiera lo estoy mirando porque a mi izquierda se encuentra él árbol perfecto.
—Este.
—¿Este?
—Sí, quiero este. —Está decidido. Es perfecto.
—Pero... es tan pequeño —confirma, caminando hacia el árbol... y sí, es pequeño. Es tan alto como yo, lo cual quiere decir que Edward lo supera.
—Pero mira, todas las agujas son verdes, y será fácil de instalar —discuto. Él sonríe con suficiencia, haciéndome poner los ojos en blanco—. Sí, está bien, tienes razón, encontramos uno.
—Ahí tienes. Eso no fue tan difícil. —Toma el árbol de la base y fácilmente lo lleva hacia el mostrador de ventas.
Edward paga por el árbol y el vendedor, Ben, no envuelve en una red de plástico.
Él rechaza mi ayuda con el árbol cuando lo carga en el coche.
—¿Te das cuenta que este árbol es la primera cosa que compramos juntos?
—La primera de muchas, Bella. —Me da una nalgada con su mano libre y se ríe cuando intento hacer lo mismo pero fracaso. Ubicando el árbol junto al coche, toma mis manos en las suyas y me jala hacia un abrazo—. Esto fue divertido. ¿Estás segura de que tenemos suficientes decoraciones?
—Sí, hay varias cajas en el sótano. La mayoría de las cosas que Ellie ha hecho a lo largo de los años. Estoy segura que hay suficiente para este pequeño. —Asiento en dirección al árbol—. Es un poco pequeño, ¿eh?
—Un poco. Pero solo somos nosotros dos, no hay muchos regalos.
—Sí, Ellie ya recibió su regalo. No puedo creer que me haya engañado para comprarle ese iPhone.
—Bueno, mami —Edward imita su voz—. Sin mi propio teléfono, ¿cómo esperas que te llame desde la casa de papi?
—Para. —Me río—. Eso no fue tan fácil.
—Er, sí, lo fuiste. Esa niña te engañó con mucha facilidad.
—Oh, bueno, a ella le encanta y fue un regalo fácil, considerando todo. Tiene catorce años y ha superado el entusiasmo de todos modos. —Me encojo de hombros y siento una punzada de tristeza. Incluso si Ellie hubiera estado aquí, no hubiera sido como solía serlo. Ella es una niña, pero...—. Eh... ella está creciendo, ¿o no?
—¿Acabas de darte cuenta de eso, nena? —Edward está atando el árbol al techo del coche, mientras mentalmente debato los "y si" de tener una hija adolescente.
—Solo... Sí, supongo. Quiero decir... ¿cuándo cumplió catorce años? —pregunto, tendiéndole una de las sogas y ayudando un poco mientras él resopla y gruñe. Es bastante sexy verlo ser tan hábil con el portaequipaje y la soga.
Sin mencionar que cada vez que levanta los brazos por encima de la cabeza, tengo una buena vista de su vientre esbelto y ese pequeño camino de vello que da paso a...
—¿Bella?
—¿Qué? —Llevo mis ojos a los suyos. Diablos, esa sonrisa.
—Ehmm, creo que hemos terminado. —Sacude la cabeza y guiña un ojo con complicidad.
Atónita, asiento con la cabeza.
—Oh... Cierto... Lo siento.
Él se inclina sobre mí.
—Sí... ¿Mirabas la mercancía?
Mi boca se abre y mis mejillas enrojecen.
—No lo hacía.
Doy un paso atrás porque si no lo hago, me temo que simplemente lo besaré estúpidamente en el medio del estacionamiento del lote de árboles.
Sus labios se curvan en las esquinas y camina hacia mí con dos pasos cortos.
—¿Estás segura de eso?
Doy otro paso atrás.
—Sí... Oh, Dios, no de nuevo. —Me río y corro hacia la puerta del pasajero, pero Edward me atrapa antes que pueda abrirla.
Y me besa hasta dejarme sin aliento, con su cuerpo presionado contra el mío, y mi espalda presionada contra el costado del coche.
~ALLO~
Hemos logrado instalar el coche en un rincón de la sala. Las suaves luces blancas hacen que el cuarto brille, y finalmente parezca Navidad.
—Jamás voy a no colocar un árbol —comento mientras cuelgo el último adorno. Me encuentro de rodillas y la pobre cosa es solo alrededor de un metro más alto que yo. Probablemente sea el árbol más pequeño que he tenido, pero me encanta. Ilumina el lugar y se lleva la melancolía un poco.
Una vez que terminamos con el árbol, pude mostrarle a Edward qué cajas traer arriba. En momentos como este, tener a un hombre en la casa es útil.
—Esto es bonito, Bella. ¿Ellie hizo todos estos? —Edward señala a varias de las pequeñas estrellas pintadas.
—Hicimos esas el año pasado. —Señalo a unos pequeños patines de hielo de cerámica mal pintados—. Esos son de hace unos años. A menudo hacemos al menos uno cada año. Supongo que no haremos eso este año. —Frunzo el ceño y me paro frente al árbol, una ola de tristeza apoderándose de mí mientras pienso en Ellie y el hecho de que no está aquí.
Edward me envuelve en sus brazos por detrás.
—¿Quizás nosotros podemos hacer algo?
Me doy la vuelta y me inclino hacia él, sonriendo.
—¿En serio? ¿Harías esto conmigo?
Se encoge de hombros.
—¿Por qué no? Quiero ser parte de tus tradiciones, Bella. Si involucra pintar pequeñas estrellas, voy a pintar una estrella. —Besa mi nariz—. Pero yo elijo el color.
—Guardo los materiales para manualidades en el armario de Ellie. Veamos que hay allí. —Tomo su mano en la mía y actuamos como dos niños mientras subimos las escaleras corriendo y vamos al armario de Ellie.
Ella va a querer matarme por entrar a su habitación... especialmente con Edward. Oh, bueno, el hecho de que pude encontrar cartón, tijeras, y brillantina, vale la pena.
Ver a Edward ponerse como Martha Stewart por un adorno de cartón tridimensional es muy sexy.
Jamás creí que lo sería, pero diablos...
—Deja de mirarme, Bella. Soy maestro, ¿recuerdas? He dado clases de arte en tercer grado antes. —Sonríe y dibuja una línea de pegamento en los bordes de su estrella, y entonces le rocía brillantina haciéndole lucir fenomenal, mientras que la mía se ve... bueno, parece algo que un niño de tercer grado hubiera hecho.
—Te ves sexy todo concentrado y eso. —La mesa ratona está llena de brillantina de colores y mi trasero se está entumeciendo por estar sentada en el suelo, pero esto es agradable; en cierto modo no quiero que el día termine.
—Tú también te ves sexy, nena. Especialmente con brillantina en la nariz. —Se inclina hacia adelante y quita un poco de brillantina.
Tomo su mano y me acerco a él, besando sus labios castamente.
—Nunca tan sexy como tú. —Sacudo un poco de brillantina de su pecho—. Estamos brillando. —Me río, pensando en esas historias cochinas que leo.
Están basadas en esos libros de vampiros que brillan así que...
—¿Y te ríes de mí porque...? —pregunta, sonriendo con complicidad.
Hemos estado bebiendo un poco de vino, y aparentemente me hace desearlo más de lo que normalmente hago. Lo cual dice mucho, porque lo deseo todo el tiempo.
Y también hace que el filtro de mi cerebro no funcione, aparentemente.
—Estás muy brillante —afirmo con naturalidad—. Ya sabes, como ese tipo sexy en esas películas.
Me pongo de pie y llevo nuestros adornos brillantes hacia el árbol. El pegamento ya está parcialmente seco, y supongo que pueden terminar de secarse mientras cuelgan.
Cuando me doy la vuelta, Edward me está mirando con hambre, mordiéndose el labio inferior, sus dedos tamborileando sobre la mesa ratona distraídamente.
Se ve tan bien, sentado en el suelo, relajado con sus tobillos cruzados y su brazo apoyado en la mesa ratona. Él simplemente pertenece aquí, en esta sala. En mi casa. En mi vida. Su destino es estar conmigo... en nuestra casa.
—¿Qué? —Sonrío nerviosamente.
Me gusta la manera en que me está mirando.
—Tu trasero se ve muy bien con esos jeans —comenta, su voz ronca y baja.
Y esas palabras... Me encanta cuando él es así; deseándome y mirándome como si fuera algo que él quiera comer.
—Por Dios —susurro, pensando que, sí... Edward y su lengua. Sí, por favor, y gracias.
—Ven aquí. —Extiende sus brazos y acepto su invitación y me uno a él en el suelo.
Me siento a horcajadas en su regazo y rodeo su cuello con mis brazos.
—¿Tenías algo en mente?
Por supuesto que lo tiene. Tiene esa mirada en sus ojos. Esa misma mirada que me convenció de dejarlo rellenar mi pavo en el cuarto de lavado el fin de semana de Acción de Gracias, mientras nuestros padres se encontraban a unos metros de distancia.
Él sonríe y se inclina para besarme suavemente, y me derrito contra él, devolviéndole el beso, dándole todo lo que recibo.
Ya ni siquiera puedo contar cuántas veces hemos estado juntos, pero siento que cada vez es especial y diferente. Edward despierta a la diosa del sexo insaciable que ha estado escondida dentro de mí durante los últimos treinta y cinco años, y leyendo historias sexys para saciarse de lo que realmente busca.
Él satisface este anhelo dentro de mí que nadie más ha podido satisfacer y sacar a la luz.
Jamás creí en las almas gemelas hasta que lo conocí, pero mientras más tiempo pasamos juntos, más crisis atravesamos juntos, más me encuentro pensando que el camino que me dieron en la vida era el camino que estaba destinada a seguir para poder llegar a él.
No seríamos las personas que somos ahora si ninguno de los dos hubiera atravesado todos los obstáculos que nos han convertido en los que somos hoy.
Las manos de Edward tomando mi trasero me traen de regreso al presente, y gimo cuando siento lo duro que está por mí.
—Esto... quítatelo —masculla contra mi piel mientras roza sus dedos a lo largo de mis costillas, levantando mi camiseta y pasándola por mi cabeza en el proceso.
Me estiro detrás de mí y desabrocho mi sostén, dejándolo caer por mis hombros mientras sus dedos ágiles se deslizan hacia mis endurecidos pezones.
—Eso se siente bien —gimo mientras su boca desciende por mi garganta y sus labios se cierran alrededor de mi pezón izquierdo mientras sus manos se mueven por mi espalda, haciendo que mi piel se erice.
Aún tiene puesto una camisa, y para ser honesta, es demasiada ropa. Para los dos.
—Quítate esto.
—Bueno, ¿acaso no estamos ansiosos de repente? —Sonríe y estira un brazo para quitarse la maldita prenda ofensiva.
Me encojo de hombros.
—Bueno, si vamos a defenestrar mi sala, bien podríamos hacerlo plenamente.
—Oh, definitivamente vamos a hacer esto plenamente. —Su sonrisa engreída me hace jadear.
Antes de darme cuenta de lo que está pasando, me está sujetando de la cintura y me sienta sobre la mesa ratona.
—Reza por que esto resista. —Me río.
—¿Y si no lo hace? —Mueve sus cejas y manipula mi bragueta.
—Entonces, vamos a tener que sacar todas las astillas de mi trasero —le digo con severidad, pero mi voz titubea cuando él baja mis pantalones y mi ropa interior, lo que me hace resbalar de la mesa sin gracia y soltar un gritito.
—Mierda, lo siento, nena. ¿Quieres que le dé un beso para que mejore? —Se está arrodillando frente a la mesa, entre mis rodillas separadas y estoy completamente desnuda.
Sé qué quiero que bese, pero no puedo obligarme a decir eso en voz alta. En cambio, me inclino hacia adelante y beso sus labios, esperando distraerlo para que haga algo, cualquier cosa, a mi cuerpo.
Pero Edward jamás decepciona, con sus labios descendiendo por mi cuerpo, me reclino apoyándome sobre mis codos y observo mientras él besa mi montículo y pasa su lengua sobre mi piel hinchada.
Lo que me recuerda sobre esa tarjeta de agradecimiento que tengo que enviarle a su exesposa. En serio, ella lo entrenó bien en ese departamento.
La lengua de Edward hace su magia y no puedo mirar por mucho que me gustaría mientras me pierdo en la sensación de su boca sobre mí. Me dejo caer sobre la mesa, sin importarme si puede o no soportarme.
Todo mi cuerpo está prendido, encendido por lo que está haciendo y antes de darme cuenta, estoy tan tensa que ruego; suplico por la liberación.
—Por favor, no te detengas —jadeo, y grito, y por Dios, esto se siente increíble. Lo quiero... mucho. Está justo allí, fuera de alcance.
Subiendo y subiendo, cada vez más alto, y cuando creo que nunca va a suceder, Edward hace esto con sus dedos y lengua y caigo fuerte, jadeando en busca de aire y clamando a Dios, a Edward y a todas las otras deidades que se me ocurren.
Siento sus labios en la parte interna de mi muslo, besando mi piel mientras lucho con mi respiración e intento descifrar cómo voy a siquiera usar mis piernas para caminar, mucho menos para devolver el gesto.
Débil no es solo un término, realmente pasa, lo juro.
—Santo cielo... —Me apoyo sobre mis codos y sonrío perezosamente—. Cada vez... No sé cómo haces eso.
Se encoge de hombros.
—Es un don.
—Bueno, es un don muy bueno. Ahora, ¿qué tal si nos quitamos esos pantalones y liberamos al monstruo? —Muevo mis cejas, pero probablemente parezco una idiota ya que sigo en mi estado posorgásmico, perezoso y feliz.
—¿Liberar el monstruo, eh?
Me encojo de hombros.
—Sí, ¿por qué no? Es grande, duro y le gusta explorarme. —Mi piel se caliente y probablemente esté roja como un tomate después de mascullar esas palabras provocativas, pero por la expresión salvaje en los ojos de Edward, le gusta. Mucho.
Me muerdo el labio mientras desabrocho su bragueta, pero aparentemente no soy lo suficientemente rápida ya que Edward tiene otros planes.
—Esto probablemente vaya a ser rápido, Bella. No puedo ir lento cuando dices cosas así.
Él se para y rápidamente se deshace de sus jeans, tambaleándose y quitándoselo de sus pies hasta que se encuentra completamente desnudo frente a mí.
Estiro una mano hacia él, pero me detiene, besando mi palma antes de que siquiera pueda tocarlo.
—No ahora, estoy demasiado cerca... no tienes idea. —Sus palabras son entrecortadas y su respiración está acelerada mientras se arrodilla en el mismo lugar que estaba antes. Me jala hacia adelante, haciendo que mis trasero haga sonidos pegajosos y desagradables sobre la mesa, hasta que estamos alineados.
Estoy mojada, brillando para él mientras frota su polla contra mi entrada, cubriéndose con mi humedad. Verlo lentamente, tortuosamente, entrando en mí es algo a lo que jamás me acostumbraré a ver. Es erótico y completamente sucio. O al menos, lo es para mí.
Este es el tipo de cosa que nunca antes había tenido. El sexo con Edward siempre es nuevo y se siente tan bien y tan correcto. La conexión que compartimos, tanto fisica como emocionalmente, no se parece a nada que haya experimentado en mi relación anterior.
Lo observo desaparecer dentro de mí y salir, brillando con mi humedad. Al menos, no se nos pegó nada de brillantina en su polla. Tengo una ligera sospecha de que la mayoría está pegada a mi trasero, pero no me importa porque Edward está sujetando mis caderas y embistiendo cada vez más y más profundo dentro de mí. Estoy bastante segura de que su polla está marcando mi interior como suyo.
Él está gimiendo y jadeando, su lengua está succionando mi pezón y me dice cosas dulces como que me ama y quiere esto para siempre. Me pierdo en la sensación de él de nuevo mientras otro orgasmo crece y crece hasta que ya no puedo soportarlo más y empujo mis caderas, moviéndome con él tratando desesperadamente de solo llegar allí y llevarlo allí.
Ningún otro sonido puede ser escuchado en la sala excepto por nuestros gemidos y piel chocando contra piel.
Es una lujuria intensa, carnal y devoradora.
Y cuando los dos caemos en nuestra dicha simultánea, es como si todo simplemente se uniera mientras nos desmoronamos, jadeantes, sudados y completamente saciados.
—Carajo...
—Sí...
—¿Qué tal si vamos a la cama?
Asiento.
—Sí...
—¿Necesitas que te cargue? —Se ríe ante mi falta de movimiento.
Gimo.
—Dame un segundo.
Observo mientras se para y se estira, y entonces va y apaga las luces del árbol de Navidad. La única luz que queda es el suave brillo del reproductor de DVD. La maldita cosa siempre ha sido una molestia, iluminando la mitad de la sala en el medio de la noche, pero nos hemos acostumbrado a ello cuando apagamos todas las luces y nos vamos a la cama.
Finalmente recupero el aliento y me levanto, agradecida de que la mesa haya sobrevivido a nuestro encuentro.
~ALLO~
En la mañana de Navidad, dormimos hasta que los pájaros afuera se vuelven muy molestos.
Después de una ducha rápida, desayunamos y entonces lo provoco con mi regalo para él.
Ayer no habíamos puesto nada debajo del árbol, pero esta mañana, cuando bajé por primera vez las escaleras, noté una pequeña caja roja, ubicada al frente y en el centro, debajo del árbol. Somos los únicos en la casa y no creo en Santa Claus, así que todo lo que puedo suponer es que Edward quiere sorprenderme.
Estoy sorprendida.
Por muchas razones.
La caja es pequeña.
Y cuadrada.
Y no estoy segura de cómo me siento al respecto.
Siento sus brazos a mi alrededor, envolviéndome en su calor. No puedo apartar la mirada del árbol.
—¿Vamos a intercambiar nuestros regalos ahora? —Mi voz se quiebra un poco. Espero que eso de allí sean unos pendientes. O no. Mierda.
Mierda.
Mierda.
—No te asustes, Bella. —La voz de Edward me tranquiliza mientras me adentra en la sala así podemos tomar asiento.
—No me estoy asustando... ¿Quién se está asustando? Yo no. Ten, te compré algo. —Le tiendo la pequeña caja que he estado escondiendo junto al sofá.
Él abre su regalo y, como era de esperar, le encanta. Una primera edición de Drácula de Bram Stoker. A él le encanta ese libro y cuando lo vi en eBay, solo pude pensar en él.
—Esto es increíble, Bella. Gracias, nena. Me encanta. —Sonríe y me besa cariñosamente.
Estoy jodidamente nerviosa y lucho para no divagar y hacer esto incluso más incómodo.
—De acuerdo, no te asustes. Por favor. —Me da la pequeña caja y la abro, sonriendo cuando veo lo que hay dentro.
—Esto es hermoso —susurro, las emociones que crecen dentro de mí, las lágrimas amenazan con caer.
—¿Te gusta? —Seco las lágrimas de mis mejillas y lo miro, incapaz de entender lo maravilloso que es y lo afortunada que soy.
—Me encanta. —Y lo hago. Es perfecto.
El pequeño relicario ovalado tiene un corazón grabado en él con las palabras "Mi corazón es tuyo". Adentro hay una fotografía de Ellie en un lado y en el otro hay una fotografía de nosotros tres que mis padres tomaron en Acción de Gracias.
No puedo creer lo considerado que es esto; lo atesoraré siempre.
—Es increíble, Edward.
Me lanzo hacia él y lo abrazo fuerte mientras las lágrimas caen. Estaba preocupada de que él me pidiera casamiento, y parte de mí está agradecida de que no lo hiciera, pero esa otra parte de mí, lo desea un poco.
—De acuerdo, llamemos a Ellie. Creo que es hora de que ustedes tengan esa sesión en Skype, ¿sí? —Besa mi cabeza, me sorbo la nariz y asiento.
Después de unos momentos, lo beso y le agradezco de nuevo por lo maravilloso y considerado que es, y por hacer que nuestra primera Navidad juntos sea tan memorable.
Cuando veo el rostro de Ellie en la pantalla de la computadora, es como si todo encajara. Los tres hablamos por un momento, y entonces Edward pone una excusa para irse. Ellie parece feliz y relajada. Dice que me extraña, pero lo está pasando bien con su padre. A Kate le está yendo mejor, y parece que tener a Ellie allí es bueno para ella.
Ella vendrá a casa pronto y eso es lo que tengo en mente cuando termino la llamada. Es todo lo que me mantiene adelante. Espero no ser este desastre cuando ella se vaya a la universidad.
En serio, necesito dejar de luchar con esto. Puede que todo sea debido al hecho de que estoy pasando por muchos cambios últimamente. O podría ser el síndrome premenstrual. De cualquier modo, necesito controlarme.
Cuando bajo las escaleras para unirme a Edward, está sentado en la mesa del comedor, leyendo el periódico y comiendo un sándwich.
—Te preparé el almuerzo —dice y asiente hacia el plato del otro lado de él.
Rodeo su cuello con mis brazos y beso su mejilla.
—Gracias.
Le estoy agradeciendo por muchas cosas. El almuerzo de hoy es solo una pequeña parte de ello.
Él está haciendo mi vida mucho... mucho mejor, menos ordinaria, y digna de disfrutar. Le estoy agradeciendo por compartir su vida conmigo. Le estoy agradeciendo por estar conmigo... en corazón y alma.
Y más que todo, le agradezco por amarme.
