N/A: Todos los personajes, así como lo que podáis reconocer pertenece a J.K. Rowling.
Flashback 6
Draco se paseaba por su habitación como un león enjaulado. La idea de tener que ver a esa sangre sucia cada día le revolvía las tripas. No había podido convencer a Snape de que la llevase a otro sitio a pesar que había intentado persuadirlo de todas las maneras posibles hasta lo había amenazado… pero en el fondo, sabía que no podía hacer nada.
Le debía la vida a su antiguo profesor.
Habían pasado dos semanas desde que Snape se lo llevó de esa cabaña mugrienta donde El Señor Tenebroso lo torturaba día tras día. Aún quedaban resquicios en su cuerpo en forma de espasmos de la intensidad de los Cruciatus que había recibido.
Snape había convencido al Lord de que Draco necesitaba entrenar para la nueva misión que se le iba a encomendar. Draco no sabía que había hecho Snape para que El Señor Tenebroso le dejase marchar tan fácilmente…pero aquí estaba, en La Hilandera; bajo la protección de Severus Snape.
Hermione esperaba sentada en lo que se suponía que era el estudio de Snape.
La habitación era pequeña, contaba con dos sillones color verde esmeralda y una moqueta gris que reflejaba los colores de la casa de Slytherin. Al fondo había un pequeño escritorio y varias estanterías con libros.
Snape le había dejado una nota bajo la puerta de su habitación citándola allí.
Cuando se abrió la puerta pudo ver los ojos negros penetrantes y ese cabello negro grasiento tan característico de su ex profesor. Hermione jamás pensó que le perdería el respeto a cualquier profesor de Howarts, en su cabeza de estudiante aplicada no entraba eso.
Es cierto que Snape nunca fue de su agrado; siempre intentó dejarla como una sabelotodo insufrible que necesitaba alardear de sus conocimientos…pero aún así, ella lo respetaba como profesor.
Hasta que asesinó a Dumbledore. Ahora solo sentía rechazo hacia él.
-Señorita Granger , tenemos que establecer unas condiciones para su estancia aquí.
- Antes que nada, me gustaría saber a porque un leal siervo de Voldemort como es usted quiere ayudar a la Orden y protegerme. – A Snape no se le escapó la mira de desprecio que la chica le echó –
- Usted siempre quiere saber todo. No estamos en Howarts Y no va a rendir examen así que tendrá que conformarse con la explicación que el señor Shacklebolt le haya dado. – Snape escupió las palabras mostrándole a Hermione que no pensaba tratarla de forma especial porque fuese su protegida-.
- ¡Ya sé que no estamos en Howarts! ¡Estamos en guerra! Y no entiendo porqué usted quiere estar de parte de la Orden cuando usted mismo asesinó a Dumb..- Snape no dejó que Hermione terminase de hablar levantando la voz por encima de ella-
- ¡NO PERMITIRÉ QUE JUZGUE MIS ACTOS EN MI PROPIA CASA! –Hermione dio un respingo pero le mantuvo la mirada firme, ella no iba a acobardarse, sino su estancia allí sería una condena más grande de lo que ya era- Entiendo que el Señor Potter y el Señor Wasley no puedan llegar a algunas conclusiones debido a su corta inteligencia…- Snape hizo una pausa mientras buscaba algo en su escritorio- pero me sorprende que usted, siendo la bruja mas brillante de su generación no haya pensado que pueda haber otras explicaciones más complejas que el simple hecho de que traicioné la confianza de Albus.
Esas palabras dieron de lleno en Hermione. ¿ Sería posible, que haya algo más? Quizás Snape solo intenta que dude de mi criterio.
· Trabajé con Albus Dumbledore durante mucho tiempo en una poción para mantenerlo con vida tras la maldición que le golpeó en la mano cuando destruyó el primer Horrocrux. El anillo de Sorvolo Gaunt.- Hermione abrió la boca involuntariamente… entonces Snape sabía de los horrocruxes…incluso antes que Harry-
· ¿Sorprendida? ¿Por qué cree que mataría al hombre que intentaba salvar desesperadamente de una muerte por maldición? – Hermione miraba fijamente a su antiguo profesor, esta información estaba haciendo que su mente colapsara.
Necesitaba respuestas, necesitaba encajar la historia y por qué ella era una pieza de la misma-.
· Yo…- Hermione dudó un momento; pero necesitaba tener la mente clara, su instinto le decía que había algo más de la historia sin contar pero sus emociones no le dejaban ver más allá que de Dumbledore estaba muerto y era culpa de Snape- no se que intenta decirme, pero creo que siendo uno de los mortifagos más cercanos a Voldemort es normal que sepa acerca de los horrocruxes y puede ser que Dumbledore confiase en usted, por eso pudo matarlo. Porque confiaba en usted…
· Señorita Granger, la única razón por la que maté a Albus Dumbledore fue porqué él mismo me lo suplicó. – Snape cerró los ojos… casi podía escuchar las ultimas palabras que salieron de la boca del director –
Por favor …Severus
Hermione lloraba en silencio, no sabía en qué momento había comenzado a llorar pero recordar todo lo que Harry le había contado sobre esa noche en la torre había abierto una puerta en su mente que llevaba cerrada mucho tiempo y todos sus emociones salieron disparadas.
Snape carraspeó y continuó hablando.
· Como sabrás Albus destruyó el primer Horrocrux que encontró. La maldición que estaba ligada al anillo por el horrocrux se alojó en el cuerpo de Albus; su muerte estaba escrita. A pesar de mis intentos por salvarle era cuestión de tiempo que la maldición se llevase a Albus. -La chica escuchaba en silencio, soltando algún hipido producido por el silencioso llanto-
Albus me suplicó que fuese yo el que lo matase, quería salvar el alma de Draco Malfoy. La muerte era inminente para el director, así que él mismo me dio las órdenes precisas.
· Pero…¿Por qué usted? ¿Por qué Dumbledore confiaba tanto en que cumpliría sus órdenes?
· No necesita saberlo- Snape pensó en Lily, en sus ojos verdes y se refugió en la Oclumancia para que el dolor no saliese a la luz- lo que quiero que entienda es que usted está aquí al igual que Draco Malfoy porque necesitan protección. Una vez más debo jugar un doble papel por lo tanto necesito que escuche mis condiciones para que la muerte de Albus no haya sido en vano.
Hermione asintió sintiéndose derrotada. Había luchado contra sus emociones para no creer la historia que Snape le había contado. Su parte racional y de la que ella siempre se había fiado le decía que debía confiar en las palabras de Snape…
De todos modos, no es que le quedara otra opción.
