Capítulo 3 - La fantástica aventura va a empezar.

La chica con coleta de cabello azul se sentía desprotegida. Había perdido su arma y ahora estaba a merced de aquellos dos muchachos, presumiblemente ninjas, y para colmo, el más enfadado con ella era aquel que resistió tres tiros directos al rostro, ahora con la frente enrojecida. No tuvo de otra y alzó los brazos comenzando a agitarlos en señal de sumisión.

—¡Esperen! no me hagan daño, no soy ninguna bruja, soy solo una chica.

—¡Eso no cambia nada! —Exclamó exaltado Naruto—. ¡Llegas de la nada y nos atacas con trucos extraños! ¿Qué te has creído?

—Ya supéralo, fue un accidente, el punto es que están bien — Respondió la chica bajando del vehículo revolcado, sin bajar los brazos en ningún momento.

Naruto estaba indignado ante el cinismo de aquella mujer, pero antes de poder decirle algo, Goku la miró, sosteniéndose el mentón con curiosidad, y la rodeó sin quitarle los ojos de encima.

—Que raro, tu cuerpo parece muy frágil y estas flacucha, eres diferente a nuestras compañeras de la academia.

—Eso es natural, yo soy una chica normal sin ningún tipo de entrenamiento.

Goku no era alguien precisamente observador con las personas, por lo que jamás reparó con detenimiento en el aspecto de las civiles de la hoja, que no distaban mucho del físico de aquella muchacha. A su mente vino Ayame, quien le causó una impresión similar en Ichiraku, pero no le prestó mayor atención por degustar la comida.

—¿Entonces cómo fue que me atacaste de esa forma? —como si hubiera tenido una gran revelación, Son retrocedió rápidamente afirmando el agarre de su báculo—. ¿Acaso fue magia? ¡Si eres una bruja!

—O quizá es algún arma ninja, de veras —Propuso Naruto.

—¡Ya dejen de decir eso! —Gritó la chica furiosa, aún con los brazos al aire.

Como si se tratase de una queja del mismísimo hokage, los chicos acataron temerosos.

—Si que son unos pueblerinos, ya les dije que soy una chica normal —Hizo una pequeña pausa y miró con indignación su vehículo revolcado, al que ahora le faltaba una llanta—. Esas son herramientas de mi pueblo natal. Se que los ninjas son algo anticuados, ¿pero enserio no las conocían?

—Nosotros no las necesitamos porque somos geniales. —Exclamó Naruto con arrogancia—. Podemos viajar y defendernos por nosotros mismos, de veras.

—Pues no creo que hubieras sobrevivido si te hubiera disparado a ti —dijo la chica ocultando con el dorso de su mano una sonrisa pícara.

Era oficial, Naruto había encontrado a una persona que le desesperaba casi tanto como Sasuke. ¿Quién se creí aquella mujer?

—Discúlpame, —Dijo Son humildemente haciendo una reverencia—. Ven a mi casa, como eres una chica te invitare a comer.

Naruto ensanchó los ojos y lo miró como si se hubiera vuelto loco, listo para comenzar a reclamar, mientras que la chica complacida bajaba las manos.

—Mi abuelito antes de morir siempre me decía que debía ser amable con las chicas.

Sonriendo coquetamente la muchacha miró a Naruto, y poniendo su mano sobre su mejilla le regaló un guiño.

—¡Ya ves! debes ser amable, o de lo contrario ninguna niña se fijará en ti.

Naruto estaba por echar humo, pero antes de explotar notó que Goku y la chica caminaban dándole la espalda. El rubio los alcanzó, indignado por ser ignorado.

—Por cierto ¿Cuál es su nombre? —Preguntó la chica.

—Yo soy Goku, Son Goku.

—Mi nombre es Naruto Uzumaki —Moviendo su protector de frente, Naruto sonrío orgulloso—. Soy un ninja de la aldea...

—La aldea oculta entre las hojas, ya lo sé, —Interrumpió la mujer agitando la mano con aparente desinterés, pero sin quitar una discreta mirada de la banda ninja—. Esa parte es obvia, no estamos muy lejos de ahí.

—¿Así? ¿Y tú quién eres qué te sientes tan importante?

La chica se detuvo en seco, su seguridad abandonó su cuerpo, y entre tartamudeos dignos de Hinata Hyuga, repitió la pregunta. Naruto la veía con curiosidad y desconcierto.

—Bul... Bulma.

Silencio absoluto, mismo que al paso de unos segundos de desconcierto fue roto por el par de chicos que comenzaron a reír descontroladamente, a la vez que repetían con gracia el nombre.

—¿Bulma? jajaja que nombre tan extraño.

—Jajaja, ¿Acaso de dónde vienes todos tienen nombres así de horribles? —Dijo Uzumaki entre risas.

Bulma los mandó a callar, pero los chicos siguieron riendo un poco más antes de siquiera intentar detenerse.

—Por eso odio a los chiquillos —Maldijo Bulma.

Al entrar a la casa, Goku saludó a la esfera de su abuelo, avisándole de la nueva invitada. Bulma quien aún seguía indignada por el resiente episodio, casi pierde la cabeza al ver aquella esfera de cuatro estrellas reposando tan casualmente sobre ese mueble. Corriendo con ímpetu, apartó a Goku y tomó el orbe, festejando por haberlo encontrado, justo como su radar le había indicado. Molesto, Goku rápidamente tomó la esfera.

—¡Oye!, ¡no toques a mí abuelito! —Rápidamente, Son retrocedió ocultando su esfera entre sus brazos—. Es un recuerdo de mi abuelito, ni siquiera las chicas pueden tomarlo.

Analizando sus opciones, Bulma volvió a reparar en la banda de Uzumaki, y regresó su atención a Goku, en búsqueda de un distintivo parecido.

Suspirando resignada, caminó coquetamente hacia Son, volviendo a pedirle su esfera, pero el chico le sacó la lengua como respuesta, y la apartó protectoramente de ella.

—Ya entiendo, eres un niño travieso, quieres algo a cambio ¿verdad? —Dijo Bulma, sonriendo y moviendo juguetonamente el dedo índice.

Sin decencia ni pudor, levantó la falda de su vestido por encima de su cintura, dejando expuesta parte de su ropa interior. Acto seguido flexionó seductoramente sus piernas remarcando su muslo.

—Adelante, puedes tocar, pero solo un poco.

Miró con diversión al notar a Naruto sobresaltarse y ponerse más rojo que un tomate. Había domado al impertinente muchacho. Esa chica estaba completamente loca, Naruto lo tenía claro.

—Yo no quiero tocar eso, esta sucio —quien más si no Goku, que exclamó con desagrado ante la oferta.

Ahora era Bulma la sobresaltada y apenada, pero más con el orgullo echo pedazos al ver a Naruto reírse de ella.

—¡No está sucio grosero! ¡Y tú no te rías idiota! —Tuvo que esperar un momento antes de que Naruto parara—. Hum, pues qué remedio. —murmuró, y tomando algo de su riñonera, puso su atención en el rubio—. ¿Raruto verdad?

—¡ES NARUTO! ¡Lo dijiste mal apropósito! —Exclamó con los ojos en blanco, señalándola con un dedo acusador.

Ignorando al escandaloso rubio, Bulma caminó hasta la salida siendo seguida por ambos chicos. Luego de pedirles que se quedaran detrás de ella, arrojó la pequeña capsula, explotando en una nube de humo, poniendo alerta al par.

—Y antes de que lo digan, no, no es ningún hechizo de bruja o artimaña ninja. Es una capsula Joipoi; las usamos en la capital del oeste para transportar cosas.

La cortina de humo se desvaneció rápidamente, revelando una pequeña motocicleta retro, aunque para los chicos, era de lo más moderna.

—Hace un momento dijiste que podías moverte más rápido que mi auto —Dijo Bulma para captar la atención de Naruto, quien asentía con los brazos cruzados y los ojos entrecerrados como líneas—. Ya que mi auto esta averiado, ¿por qué no pruebas lo rápida que es esta motocicleta? veras la diferencia.

—Ja, ¿quieres que compita contra esa chatarra?

Su desdén era falso, la verdad es que a pesar de ser una tecnología ajena, independientemente de su función, su diseño le causó un inexplicable amor a primera vista.

—Para nada, no tendría ningún caso, quiero que lo intentes de primera mano —Ante la sorpresa y desconfianza del rubio, Bulma agregó con una sonrisa pícara—. ¿O acaso manejar es una tarea muy complicada para los ninjas? Está bien, yo lo entiendo, no cualquiera...

—Estas loca si crees que no puedo con esta tontería, veras como lo domino en un segundo, de veras.

Sentándose sobre la moto, Naruto movió todo lo que estuvo a su alcance, sin éxito. Bulma tuvo que mostrarle rápidamente como arrancar la moto, y finalmente, Uzumaki salió disparado, rompiendo cualquier límite de velocidad prudente.

¿Había sido irresponsable darle una motocicleta a un adolescente de 12 años que nunca había visto una en su vida? Por su puesto, ¿pero quién se fija en esos detalles?

Se sentía increíble, como si siempre le hubiera faltado un aparato así. Era rápido, liberador, podía sentir la brisa del aire, y era... peligroso. Naruto movió de un lado a otro el manubrio para evitar estrellarse con algún árbol, pero no importaba, nada importaba, era increíble, lo que daria por tener sus goggles en ese momento.

Gokú veía sorprendido la escena, declarando que el vehículo era incluso más rápido que el.

Aprovechando la distracción, como quien protege un susurro, Bulma se acercó al chico y tapó la comisura de sus labios con su mano para preguntarle discretamente por su protector de frente.

—Eso solo se lo dan a los ninjas, yo no pasé el examen, así que no me lo dieron.

—¿Eres un civil?

—¿Eh? Ya te había dicho que mi nombre es Goku, que distraída eres.

Bulma evitó caer. Era perfecto, ese chiquillo sería el guardaespaldas ideal, era fuerte, no era un entrometido ninja y tampoco era muy avispado. Así que procedió a mostrarle dos orbes idénticos al suyo, y así fue como le contó sobre la leyenda de las esferas del dragón.

La historia del mágico dragón concededor de deseos le había parecido de lo más fascinante al chico, pero no fue suficiente para hacerlo dar su esfera. Por suerte Bulma logró convencerlo de que la acompañara a buscar las demás, pues sería una oportunidad única de entrenar y conocer el mundo.

—¿Y qué hay de Naruto? Si el viene también le servirá para entrenar —Propuso Goku.

—No seas tonto, el está muy ocupado con su entrenamiento especializado ninja o lo que sea —. Respondió Bulma entre risas nerviosas, agitando una mano para restar importancia—. Además no creo que para el sea tan fácil venir así como así —Agregó colocando sus manos en su cintura, sintiendo algo de pena por el.

—Bueno, entonces voy a avisarle que ya me voy.

El chico se disponía a llamar la atención de Uzumaki a la lejanía, quien daba vueltas alrededor de un grupo de árboles. Tan rapida como una bala, Bulma le tapó la boca entre risas nerviosas.

—Espera, no hay necesidad de que le cuentes todos los detalles, seguro se sentira mal por no poder ir, ¿está claro? —Declaró con hipócrita preocupación.

Goku se zafó del agarre, y antes de que pudiera contestar, el grito de Naruto llamó su atención. Un grupo de hombres lo habían atrapado en una red, haciendolo caer estrepitosamente al suelo. Cuando Son dio el primer paso para ir a socorrerlo, el sonido de multiples rifles desfundándose a sus espaldas lo hizo parar en seco.

—¿A dónde crees que vas muchachito? —Preguntó burlonamente el coronel Silver.

Evitando un acto suicida, Bulma detuvo a Goku para evitar que se abalanzara al grupo de soldados. El coronel reía, enternecido por el ímpetu del muchacho.

—Tranquilícense, no hay necesidad de causar una tragedia innecesaria. Solo quiero que me contesten un par de preguntas, pero primero lo primero —Su falso tono de amabilidad murió ahí mismo, adoptando un tono autoritario—. ¡Entréguenme su esfera del dragón!

No tuvo decencia en ocultar el interés de sus codiciosos ojos sobre la esfera que sostenía Goku, quien la guardó en su dogi, negándose a acatar la orden sacando la lengua como puchero.

Asustada y sin comprender el porque del repentino problema en el que se habían metido, Bulma reparó en el logo de la doble r sobre el uniforme de los soldados. ´´¡¿Son... son de la red ribon?!´´, pensó, no pudiendo ni retroceder, pues estaba petrificada. Histerica, tomó a Goku de los hombros con la mayor fuerza que su delicado cuerpo le permitia, y le ordenó que le diera su esfera, llevandose un no como respuesta.

—¡Esto no es ninguna broma, tonto!, ¡son la red ribon, el ejército más peligroso del mundo, no importa que tan fuerte seas, ellos tienen armamento de primera!

Las palabras de Bulma sirvieron para subirle el ego a los soldados, quienes rieron orgullosos. Sin duda, su reputación los precedía incluso en tierras lejanas.

—¡No es justo! ¿Porque tú no les das también tu...

¡Paaaam!

El pobre Goku se llevó un golpe seco y certero de Bulma que lo hizo callar, lo que llamó la atención de Silver.

Entre arrastres, Naruto era llevado con los demás, soltando una verborrea de amenazas en el camino, pero en el fondo, estaba aterrado. Luchaba con su propio cuerpo para ocultar que estaba temblando, pero no podía engañarse a sí mismo; sentía el cuerpo frio y sus articulaciones estaban rígidas.

Al llegar, fue arrojado contra el suelo como un costal de papas a los pies de Goku y Bulma, lo que hirvió la sangre de Son. Naruto levantó la mirada con falsa seguridad y les dijo:

—Si... puedo con ellos, solo estoy planeando mi estrategia, de veras.

—¡Cierra la boca gusano! —Exclamó un soldado, y de un pisotón aplastó la cabeza del impotente Naruto contra el suelo.

—¡Detente! —Gritó Goku enfadado, lanzándose contra el soldado.

¡Paaaam!

Cual rayo, el pequeño pero potente golpe de Goku le conectó al hombre en el estomago, quien solo pudo soltar un quejido suplicante de aire antes de caer al suelo. El soldado al lado de su compañero derribado, apuntó contra el pequeño con cola y justo cuando su dedo comenzó a apretar el gatillo en cámara lenta, Goku dio un salto diagonal, recibiendo a su atacante de un rodillazo al rostro, derribándolo, mientras que su dedo agarrotado contra el gatillo baseaba el cargador contra el cielo. Bulma y Naruto estaban boquiabiertos, pero eso no evitó que la chica intentara escapar rastreramente, cosa que fue impedida por uno de los soldados que había capturado a Naruto.

El resto de los soldados apuntaron sus rifles contra Goku, pero la mano alzada de Silver les ordenó parar, alegando que quería ver como se defendía del resto del grupo que capturó al rubio.

Los dos soldados restantes no perdieron tiempo y dispararon contra el chico, pero para su sorpresa, su imagen perdió nitidez hasta desaparecer.

¡Zum!

Goku apareció frente a ellos, dando un salto que lo elevó a la altura de sus rostros. Con una patada certera, hizo volar el casco de uno de los soldados, y sin perder ni un segundo, dio un giro ágil y lanzó otra patada al otro soldado. Ambos cayeron contundentemente al mismo tiempo.

El soldado restante mantenía a Bulma de rehén, inmovilizándola del cuello con un brazo, y apuntándole con una pistola a la cabeza. La pobre apenas podía mantenerse de pie de lo temblorosas que tenía las piernas, y no podía desviar su aterrada mirada del cañón sobre su cien. Era demasiado, quería llorar, y lo más vergonzoso, estaba por orinarse encima.

El soldado le ordenó al chico que se rindiera, pero sus amenazas cayeron en oídos sordos. Goku sacó rápidamente su báculo y lo apuntó a la cabeza del soldado, acto seguido este creció hasta impactar estrepitosamente su punta contra el rostro del hombre, derribándolo en el acto.

Naruto estaba estupefacto. En un Segundo Goku había derrotado a esos tipos, como si fuera algo sencillo, pero el, no pudo hacer nada. ¿Y se supone que el era el ninja? Sin soportarlo más, alcanzó un kunai y comenzó a cortar la red que lo aprisionaba.

Entre aplausos, el coronel Silver reía mirando con interés a Goku.

—Admiro tu ímpetu, niño. Pero ya has causado muchos problemas, si no cooperas, yo, el coronel Silver tomaré tu vida.

Silver tomó algo de su chaqueta y se lo entregó a un soldado, para acto seguido soltar la prenda sobre el suelo, dejando ver su tonificado torso, fruto de un arduo entrenamiento. A pesar de la tensa situación, Bulma no pudo evitar dar una sutil mirada curiosa en la anatomía masculina. "Una pena que sea un tipo de lo peor, podría ser un buen novio".

Silver y Goku intercambiaron miradas, hasta que el coronel comenzó a avanzar tranquilamente. Su caminar explotó a una veloz embestida, que ni Goku pudo anticipar, pasando a su lado para despojarlo de su esfera y báculo. Impactado, Goku notó la ausencia de sus cosas, mientras Silver reía burlonamente. Sin dejarse intimidar, Son contestó replicando la hazaña, ahora siendo el quien en un instante le quitó las cosas a Silver, y las colocó devuelta en su lugar.

—No puedo bajar la guardia contigo.

—Hum, eres muy escurridizo, pero ya fue suficiente —Dijo Silver mientras una gota de sudor recorría su cien, poniéndose al instante en guardia de boxeo—. Terminaré con tu vida en 5 segundos.

—¿Qué demonios te pasa? Déjanos en paz.

Silver lanzó un potente derechazo que Goku anticipó bloqueándolo con el antebrazo. Sin perder el tiempo, contestó con un golpe preciso al desprotegido estomago de Silver. El coronel se llevó las manos al vientre, sintiendo que el aire abandonaba sus pulmones, pero lo pudo soportar, y tras maldecirlo, contestó con una patada de barrido, que Goku esquivó de un salto que culminó en un rodillazo devastador a la mandíbula de su atacante. El impacto resonó en el aire con un sonido sordo mientras Silver se desplomaba al suelo, completamente noqueado por el golpe certero de Goku.

Los soldados restantes tras su sorpresa inicial, maldijeron a Goku llamando su atención, y abrieron fuego. Una vez más, Goku dejó una estela fantasmal parpadeante por la cual pasaron las balas de largo. Preguntándose donde se había metido, uno de los soldados lo divisó en el aire y les avisó a sus compañeros. Que tonto, así es un blanco fácil, fue lo que pensaron, pero al instante, Goku sacó su báculo y lo hizo crecer, golpeando a uno de ellos, y de un movimiento, barrió al resto como un huracán.

Naruto salió triunfante de la red con los puños en alto, listo para pelear con cualquiera que se le pusiera enfrente. Para su sorpresa, Goku aterrizaba en ese momento, al pie del grupo de soldados derrotados. Una gota de sudor bajó por la frente del desmoralizado rubio, mientras bajaba con vergüenza sus brazos.


Los soldados fueron atados en conjunto, dándole prioridad a Silver, quien fue amarrado con mayor firmeza contra un árbol. Fue lo menos que pudo hacer el apenado Naruto, que solo había sido una carga en el encuentro. Se sentía fatal, incluso las provocaciones de Bulma al cuestionar su participación en la pelea, lejos de hacerlo explotar, solo aplastaron más su confianza. Incluso Bulma entendió que se había pasado de la raya, por lo que consoló al chico con unas palmadas en el hombro.

—Oye, no te mortifiques, eran de la red ribbon, incluso mi gobierno tiene problemas para tratar con ellos.

Naruto no respondió, no había palabras para justificarse o que lo dejaran mejor parado, por lo que se limitó a asentir sin ánimos.

—Tranquilo, apenas comenzaste tu entrenamiento con el señor Kakashi, cuando regrese serás más fuerte —Dijo Goku dándole una enérgica palmada en la espalda.

¡Paaaam!

El pobre Naruto tragó tierra al impactar contra el suelo y arrastrarse medio metro. Goku lo acompañó momentos después al recibir un golpe de Bulma en la cabeza, dejándole un brillante chichón.

—¿¡Quieres animarlo o matarlo!?, tonto.

Tras reincorporarse, Goku ya estaba listo para comenzar el viaje junto a Bulma, pero fue detenido por Naruto quien le preguntó si estaba seguro de irse de la aldea. La brisa del viento se llevó un par de hojas, denotando lo solitario del bosque.

La realidad es que Goku nunca fue un habitante en toda regla, pues a pesar de que su casa estaba legalmente aún en territorio de la hoja, no era ni de lejos una zona habitable. Estaba completamente desconectado del pueblo y sus costumbres, y Bulma lo hizo notar, al preguntar por la aldea, y remarcar la grosera distancia que había. Naruto entendió el punto casi con vergüenza, pero seguía sin estar convencido.

—¿Qué pasara si encuentran al maestro Roshi y tú no estás?

—No creo que haya problema, podría encontrarlo aprovechando el viaje, además, ¿no fuiste tú quien dijo que recorriéramos el camino para ser más fuertes?

Sorprendido al chocar con sus propias palabras, Naruto por fin lo comprendió. No había nada para Goku ahí, más que esperar toda la vida a que el hokage se dignara a encontrar al maestro indicado para él. Quedarse solo lo estancaría, lo haría ir en contra de su objetivo.

Con una descarga de adrenalina recorriéndole, Naruto señaló a Goku y le dijo enérgicamente:

—¡Pues entonces ve y muéstrale a todos lo que puedes hacer! ¡Encuentra a ese tal Roshi, o Goshi, o como se llame y muéstrale quién eres!

Goku animado por las palabras de Uzumaki, quien no paraba de sorprenderlo, agregó:

—Y tu sigue tú entrenamiento, porque cuando seas hokage nos enfrentaremos para ver quién es el más fuerte.

Mirándose de manera cómplice y determinada, chocaron sus puños, sellando la promesa. El problema sería que irse no sería tan fácil, seguro el viejo pegaría el grito al cielo si se diera cuenta. Era el razonamiento de Naruto, y muy equivocado no estaba, pero Goku lo tranquilizó, contándole de los anbus escolta, que de estar en desacuerdo, ya hubieran aparecido.

Indignado, Naruto gritó a los arboles, en búsqueda de los anbus que no se habían molestado en mover un dedo para ayudarlos.

—Jajaja, ya sabes como deben ser los ninjas, invendibles. Seguro querían ver como lo manejábamos, pero en cualquier momento se harán cargo de esos sujetos.

—Creo que quisiste decir impredecibles... —Dijo Naruto, rascándose la mejilla confundido, como si tratara de recordar una lección de gramática ninja.

Mientras tanto, Bulma, que los escuchaba a un par de metros de distancia, no pudo evitar llevarse la mano a la cara y soltar un suspiro exasperado ante la idiotez de ambos.

—¿Qué tanto parlotean ustedes? —Interrumpió, zapateando su pie impaciente por dejar atrás a los soldados, por muy atados que estuvieran—. Tenemos que darnos prisa, solo tengo estas vacaciones de verano para encontrar las esferas.

—Oye, ¿Y qué hay de la moto? ¿Segura que puedo quedármela?

—Como quieras, era de mi papá cuando era joven. La tomé por error así que seguro no la extrañara —Respondió Bulma, agitando la mano con desinterés. Lo que sea con tal de que deje de hacer preguntas sobre las esferas.

No dispuesta a esperar un segundo más, Bulma arrojó una capsula apareciendo tras la nube de humo una nueva y reluciente motocicleta de lo más moderna. El par de chicos se dio una última mirada de respeto y determinación, y sin decir una palabra, Goku subió con Bulma a la moto y tras el rugido de esta, comenzaron a avanzar a gran velocidad, perdiéndose en el horizonte, mientras el eco de su partida se desvanecía en el bosque.

Cuando los perdió de vista, Naruto notó histérico como las sogas que aprisionaban a Silver estaban desatadas, y no había rastros de él. ¿En qué momento se dignarían a aparecer esos dichosos ninjas que vigilan el lugar? ¿O quizá ya habían comenzado a actuar sigilosamente? Se preguntaba, intentando mantener la calma.

Mientras le daba vueltas al asunto caminando en círculos, tropezó con una roca. Ya era la tercera vez en el día que se estrellaba la cara contra el piso, así que arto, tomó la maldita piedra para arrojarla contra un árbol. Se detuvo al instante al tomarla y notar que era una de las famosas esferas del dragón, la de siete estrellas. Una imagen vino a su mente, el momento en que Silver le dio algo a uno de sus hombres antes de quitarse la chaqueta. Y todo por tener un dragón de mascota, pensó, aunque tenía que admitir que sonaba genial, ya podía imaginarse sobrevolar Konoha en el regazo del místico animal, lo que le hubiera servido en sus épocas de vandalismo.


Avanzando toscamente por fuera del camino sobre una sigilosa moto flotante, Silver se comunicaba por la radio a la base donde estaba el resto de su equipo.

—¿Seguros que es por esta dirección?

—Afirmativo señor, detectamos un aproximado de dos o tres señales ir al suroeste a una velocidad de 100 kilómetros por hora —Respondió uno de los operadores por la radio.

—Malditos, no solo ocultaban una esfera más, también se escaparon con la nuestra.

Apretando con furia el manubrio de su moto, acerero su velocidad. No podía permitir que un niño le viera la cara de esa manera. Aunque la búsqueda de las esferas del dragón aún no era una prioridad para el ejército, lo era para el. Si fallaba, en el mejor de los casos lo degradarían a cabo, eso si no comprometía más la misión. Por eso, dio la orden por la radio que inutilizaran el equipo del pelotón que se quedó atrás. No podía arriesgarse a que los ninjas accedieran a su información, que según le avisaron por la base, estaban en camino a la escena. Habían notado más rápido de lo que creyó la falta de sus compañeros.

Ignorantes del peligro que los asechaba, Bulma y Goku se detuvieron de improvisto a medio camino. La chica le aclaró que era una pequeña parada para polvearse la nariz, pero ante la insistencia de Son por saber a que se refería, le confesó con fastidio al insensible muchacho que tenía que ir al baño.

Naruto seguía esperando a que alguien se dignara a aparecer, vigilando alerta con kunai en mano ante la posibilidad de que Silver atacara, pues a estas alturas era obvio que había escapado. Al pobre casi le da un infarto ante la instantánea aparición de un escuadrón anbu de diez integrantes a sus espaldas. Tras recuperarse del susto, y faltando al respeto que se suponía merecían, les reclamó indignado por la demora.

—Lo digo enserio, llevo como mil horas haciendo su trabajo después de que nos dejaron a nuestra suerte durante el ataque. Estos sujetos despertaran en cualquier momento, así que mejor dense prisa.

El líder del grupo ignoró sus palabras y avanzó cautelosamente a los soldados atados hasta tenerlos enfrente. Se agachó para mirarlos de cerca, y con una señal de su mano, les indicó a sus compañeros que hicieran lo mismo con los demás. Uno de ellos cruzó miradas con su líder y negó con la cabeza, y poco a poco el resto informó lo mismo.

—Chico, estos hombres están muertos —Informó el líder ambu, esfumando cualquier rastro de rebeldía de Naruto—. Mejor cuéntanos, ¿qué fue lo que sucedió?


Parado al filo de un peñasco, Silver sostenía un dispositivo con una pequeña pantalla roja parpadeante y un par de botones. Su mirada gélida se posó sobre el artefacto, mientras su mano hacia presión contra este, y cuando estuvo a punto de aplastarlo, paró, y lo guardó en una capsula. No había de otra, optó por sacrificar a los soldados que quedaron atrás, o de lo contrario les sacarían toda la información antes de ser eliminados. No había tiempo para lamentos ni vacilaciones, solo los fuertes prevalecen.

Con unos binoculares en mano, escudriñó el sendero que se extendía más abajo. Allí observó al niño con cola de mono practicando sus movimientos contra el aire junto a una moto. De entre la vegetación, apareció la figura de la chica de cabello azul, y ambos subieron al vehículo.

—Volviste muy rápido, ¿solo hiciste pipi?

—¡Cierra la boca impertinente! —Contestó Bulma entre gritos, mientras arrancaba la moto—. Decidí esperar a montar un refugio para poder usar un baño decente. Por cierto Goku, ¿qué le dijiste a Naruto sobre las esferas del dragón? —preguntó arqueando una ceja con curiosidad.

—Le dije que si las reuníamos todas el dragón se haría nuestra mascota jaja, ¿no sería increíble?

—Que básicos pueden ser los hombres —respondió Bulma, girando los ojos con exasperación.

El par retomó su camino con normalidad, mientras Silver dejaba caer sus binoculares y lanzaba una capsula sobre su cabeza. La nube de humo dejó tras de si una basuca que cayó con sincronía sobre sus manos. Ubicándolos rápidamente con la mira, disparó cuando la moto estaba por pasar una bajada junto a un acantilado.

¡PAAAAAM!

El dolor en su abdomen por el golpe de Goku le había jugado una mala pasada, y le hizo modificar su puntería al último momento. Pero el disparo detonó lo suficientemente cerca para mandar a volar al par fuera del camino.

—Maldición, eso hará las cosas más difíciles. —Dijo Silver con furia.

Para empeorar su situación, una sombra aleteante que aumentaba su tamaño comenzó a envolverlo poco a poco. De ultimo momento, Silver esquivó una veloz envestida descendente. Al alzar su vista, se topó con un pterodáctilo que lo veía burlonamente. El maldito podía hablar y le advirtió que lo convertiría en su almuerzo.

Mientras la distancia de la caída se acortaba, dejando ver el saludo de la muerte, Bulma gritaba aterrada con los ojos desorbitados, suplicando por su vida. Era demasiado joven y bella para morir, y sin haber dado su primer beso de amor.

Con una reacción rápida y calculadora, Goku tomó su báculo sagrado y lo hizo crecer con una destreza asombrosa, pasando milimétricamente a través de la manga de la ropa de Bulma, clavando la punta contra la montaña.

Sosteniéndose de su báculo, Goku reía alegre por haber logrado salir ilesos. Lo que no quedo tan ileso, fue la vergüenza de Bulma, quien se lamentaba porque después de todo, se había orinado encima.

El tenaz y feroz pterodáctilo, yacía postrado con la lengua de fuera en el suelo sobre un charco de sangre. Los tres pequeños hoyos humeantes sobre su cuerpo, delataban su fatídico destino.

Debajo del peñasco, mirando por sus binoculares al acantilado, Silver divisó la moto en la que viajaban Goku y Bulma destrozada por el impacto, pero no había rastro de ellos.

—Maldito animal estúpido, me hizo perder el tiempo.


En la oficina del hokage, Naruto era sometido a un interrogatorio a puertas cerradas. Los presentes eran el líder del escuadrón anbu que encontró a Naruto, el propio Hiruzen Sarutobi, y muy para su pesar, Kakashi, pues ya que su alumno se había metido en un lio así de serio, tenía que estar al tanto para tomar las medidas pertinentes de ser necesario. El pobre preferiría aprovechar su día libre leyendo su novela favorita o perdiéndose en el sendero de la vida, pero que remedio, gajes del oficio.

—Eso es todo lo que se viejo, de veras.

—¿Y dejaste que Goku abandonara la montaña Paoz con una desconocida para perseguir una vieja leyenda? —Preguntó Hiruzen, ensombreciendo el semblante.

—Oiga, no fue mi culpa que usted lo mantuviera cautivo ahí hasta quien sabe cuándo —Replicó, azotando la mano contra el escritorio—. Escuche, el sueño de Goku es pelear con los más fuertes. Quedarse como prisionero en su casa hasta que usted se dignara a pasarle la carga a alguien más lo haría estancarse. Por eso el mismo tomo esa decisión, de veras.

Lejos de enojarse, Hiruzen suspiró fatigado. Sabía que las palabras de Naruto no estaban del todo desatinadas, pero la situación no era tan simple. Lo que realmente le preocupaba, era el asunto de la red ribbon y las esferas del dragón. A pesar de que Naruto conto eufórico como Goku derrotó fácilmente a un pelotón junto al coronel representante, sabía que si se organizaban correctamente podían ser una verdadera amenaza, no por nada asesinaron a tres ambus de elite. También sabía que si una organización de su reputación iba tras algo, no podía ser nada bueno.

—Está bien, nosotros nos encargaremos del asunto de Goku —Dijo Hiruzen cambiando de tema, ante la mirada desaprobatoria de Naruto—. Y como dije antes, no tienes porque preocuparte de los hombres que los atacaron, no volverá a repetirse. Bien entonces, ¿seguro qué es todo lo que tienes que decir?

Con un sutil sobre salto, Naruto afirmó con la cabeza y los brazos cruzados, tratando de parecer más seguro. Suspirando resignado, Hiruzen encendió su pipa.

—De acuerdo, puedes retirarte Naruto, recuerda mantener este asunto en completo secreto.

Sin más, Uzumaki salió de la oficina, cruzando miradas una última vez con Hiruzen antes de cerrar la puerta. Por fin, el tercero pudo dar una relajante inhalada de su leal pipa.

La situación era cosa seria. Aún no podían determinar qué tan interesada estaba la red ribbon en esta búsqueda, ni que tantas fuerzas habían desplegado a sus tierras, o bajo que otros intereses podrían moverse.

Viniendo de ellos, la idea de convocar una criatura mística como un dragón para ponerlo bajo sus servicios, solo podía ser para fines bélicos. Sin embargo, algo no terminaba te convencer a Hiruzen. Le ordenó al líder de escuadrón anbu que dividiera a su grupo. Uno se coordinaría con la división de investigación y análisis para indagar sobre la leyenda de las esferas del dragón, y buscar cualquier actividad sospechosa de la red ribbon en el país del fuego, empezando con los cadaveres que tenian. El asunto debía ser secreto, por eso pidió explícitamente que se comunicaran en todo momento con Ibiki. El otro grupo, buscaría a Son Goku. El ambu asintió afirmativamente y se retiró.

Kakashi rascaba despreocupadamente su cabeza, esperando a que el hokage terminará de asignar su papel en este asunto para poder irse de una buena vez.

—Kakashi, ya sabes cómo es Naruto, seguro querrá hablar con alguien sobre alguna cosa relacionada al caso. Aunque se lo pedí personalmente, asegúrate de que no meta la pata. Nadie debe saber sobre la partida de Goku.

—Si, Naruto puede ser un poco... descuidado, pero no se preocupe, pocas son las personas con las que querría hablar del asunto.

Mientras tanto, Naruto entraba a la seguridad de su casa riendo triunfante, y tras cerrar la puerta, sacó un kunai de su estuche. En el acto, estalló en una nube de humo, revelando en su lugar una esfera del dragón.


Fin del capitulo

Bueno, no volveré a hacer bromitas sobre cuanto tiempo me tardaré en sacar el siguiente capitulo. Lo que si les puedo decir es que no tardare taaaanto en volver a sacar capitulo, eso se los aseguro.

En fin, muchas gracias por leer hasta acá, déjenme cualquier duda y observación, yo las aprecio mucho porque gracias a eso puedo mejorar.