Disclaimer**:Esta historia está inspirada, en parte, en el universo de Harry Potter de J.K. Rowling. Salvo algún que otro personaje de mi invención, todos los ambientes, personajes, argumentos, hechizos y todo lo reconocible pertenece a la autora. Yo solo los tomo, los mezclo y agrego cosas.

**Aclaración**: La siguiente es una historia que habla de sufrimiento y violencia de todo tipo hacia la mujer. Sugiero discreción. Aunque este fanfic está basado en el argumento de una novela turca, el siguiente Dramione tomará su propio rumbo dentro del universo de Harry Potter.

Dato: no me gusta deformar las palabras para mostrar que una persona tiene algún acento en particular, así que no lo haré. Sin embargo, siéntete libre de leer algunos diálogos con marcado acento búlgaro.

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Capítulo 4: No todo lo que brilla es oro

**Mediodía - 3 de mayo**

Era casi mediodía cuando finalmente se despertó. Al asomarse por la abertura de la tienda, pudo notar que el sol estaba alto en el cielo y que el frío de la madrugada ya era solo un mal recuerdo. Pensó en despertar a los demás, pero necesitaba un momento a solas. Así que se sentó con las piernas dobladas bajo su cuerpo y observó el bosque desde la pequeña tienda improvisada.

Despertar en una tienda de campaña, luego de tantos años, hizo que por un breve instante se sintiera como si nuevamente tuviera 18 años. Por un momento volvió a tener la esperanza y el ahínco con el que solía despertar cada mañana en esa época y, si no fuera por el suave murmullo de la respiración de su hija, hubiera podido pensar que aquella Hermione aún seguía viva dentro de su corazón.

Pero fue cuestión de mirar a su alrededor para caer en la cuenta de que ella ya no era aquella Hermione que apostaba todo por el bien mayor, por asegurar su sitio en el mundo mágico. En ese momento, no sentía que hubiera lugar para idealismos en su vida. Con Enya allí, la Hermione que luchó con todas sus fuerzas para derrotar a Voldemort no tenía razón de ser. Ella ya no tenía 18 años, ni era la joven promesa nacida de muggles, ni la bruja más inteligente de su generación, corriendo por el Reino Unido viviendo aventuras con Harry Potter, el Elegido.

Para empezar, tenía 29 años y una hija pequeña que dependía completamente de ella para sobrevivir. Había huido de su propia versión personal de Quien No Debe Ser Nombrado, pero ella no tenía profecías, ni pociones, ni siquiera una varita que le dieran la ventaja que necesitaba para enfrentar a Viktor con la esperanza de salir victoriosa. Solo contaba con Malfoy y, si no fuera por él, ya hubiera muerto en alguna de las dos oportunidades que había tenido en esas últimas horas. Además, estaba la fractura de sus dedos y su falta de fuerzas debido a los castigos físicos y psicológicos que había sufrido los últimos diez años. Estaba rota, por dentro y por fuera.

Sentía culpa por haber pensado en darse por vencida mientras estaba en el lago; ella ni siquiera había hecho un gran intento por salvarse a sí misma. Todo lo que creía ser era una mentira. Estaba fallando miserablemente en todo lo que se había propuesto en el preciso instante en el que decidió huir de la mansión. Definitivamente no tenía lo que necesitaba para procurar la seguridad de su hija. Si no fuera por Malfoy, Enya estaría sola y a su suerte.

Era solo un animal asustado, huyendo en el bosque, intentando salvarse a sí misma y a su hija de un destino peor que la muerte. Definitivamente, la Hermione de 18 años, la que ayudó a Harry Potter a vencer al mago oscuro más peligroso de la historia, ya no existía. Ese pensamiento la abrumó tanto que comenzó a llorar en silencio, sentada en la tienda, mientras oía los rítmicos ronquidos de Malfoy y la respiración acompasada de Enya.

Hasta ese momento, no se había permitido volver a pensar en su vida anterior y en cómo lo que Viktor le había hecho cambió todo para siempre. En un acto de completa condescendencia, se preguntó qué hubiera sido de su vida si él no la hubiera raptado, y se dio cuenta de lo mucho que había perdido en esos diez años.

No sabía si sus padres aún estaban con vida en Australia, no sabía qué fue de Ron y los Weasley, y mucho menos de Harry, su hermano del corazón. Viktor no solo le había quitado su libertad y su voluntad, también le había quitado la oportunidad de vivir una vida feliz al lado de quienes amaba. Él le había robado su familia y sus sueños, quizá para siempre. Debía admitir que él había logrado quebrarla.

Hasta ese momento, no había caído en la cuenta de que aquella Hermione que luchó en la batalla de Hogwarts ya no existía. Ella realmente había muerto ese día y ahora solo una sombra de aquella bruja lloraba en silencio la pérdida de sí misma. Era un fantasma, casi como la vieja Myrtle, pero ella sí respiraba. ¿Se está con vida si nadie que te haya amado en el pasado sabe que aún existes?

Mientras estaba en la mansión, vivía solo por aquel preciso instante en el que pudiera acercarse a la libertad. Y ahora que estaba libre, sentía que no la merecía y que muy probablemente la perdería más pronto de lo que pensaba. Quizá todo aquel intento fuera inútil y más le valía volver a su infierno antes de que uno más terrible se desatara. En ese preciso instante, sentía terror de lo que le deparaba el futuro.

¿Aún tienes un futuro si fuiste alejada de todo lo que conocías y tus raíces fueron cortadas tan abruptamente que ya nadie te recuerda o cree siquiera que sigues con vida?

Solo Enya la amaba y la necesitaba. Su bebé había nacido del dolor, pero era el ser más dulce que alguna vez había pisado la tierra, y era por y para ella que aún se mantenía respirando en aquella frágil versión de sí misma.

Durante los últimos siete años, Hermione solo había sobrevivido para poder estar con su hija y se había convertido en su escudo. Solo existía para protegerla del horrible mundo en el que había nacido, pero ahora sentía que nada de lo que hacía sería suficiente. Sabía que necesitaba sobreponerse a ese estado de autocompasión y recuperar un poco de la fuerza de voluntad que la había mantenido con vida por tanto tiempo, pero no encontraba las fuerzas en ese momento. Se sentía débil y perdida.

—¿Granger?

Un sollozo particularmente audible despertó súbitamente a Draco. Los viejos hábitos de la guerra y el hecho de vivir con un asesino en su casa, por tantos meses, le habían enseñado a dormir con su varita en la mano. Al despertar, tuvo que pensar un poco antes de recordar dónde estaba y quién lo había despertado. Afortunadamente, ya no lanzaba hechizos a diestra y siniestra cuando era despertado bruscamente, y pudo guardar su varita antes de que alguien en la tienda fuera herido.

Secándose las lágrimas bruscamente, Hermione pretendió fingir que se había despertado recientemente, pero para Draco fue más que obvio que ella había estado llorando. No solo porque había sido un sollozo lo que lo había despertado, sino porque ella tenía el rostro enrojecido y un hilo de lágrimas aún mojaba su mejilla, allí donde su mano no había pasado a tiempo.

—¿Debería preguntar si estás bien?

—No es necesario, Malfoy, gracias.

A pesar de que ambos susurraban, para no despertar a Enya, podía notarse claramente cómo Draco intentaba ser sarcástico y cómo ella procuraba fingir obstinación, aunque no tuviera fuerza de voluntad para ello.

Draco todavía no estaba listo para escuchar toda la historia de Granger. Algo en su interior se aterraba de solo pensar en lo que él podría hacer cuando realmente supiera los alcances de los horrores que madre e hija habían tenido que soportar a manos de aquel monstruo que alguna vez admiró cuando era un crío.

—¿Cuánto he dormido?

Respirando profundamente antes de responder, Hermione se recompuso lo suficiente y contestó:

—Creo que es mediodía.

Los objetos fuera de la tienda no emitían sombra alguna y el calor de mediados de primavera se hacía notar en el refugio improvisado.

—¿Tienes idea de dónde estamos?

Draco salió de entre las mantas y se asomó al exterior, igual que Hermione había hecho más temprano.

—Ni la más mínima idea. Solo elegí uno de los cuadros de la sala esperando que fuera un sitio real y que una aparición fallida no me dejara nuevamente frente a un Krum iracundo.

Algo en el rostro de Hermione le indicó a Draco que debía explayarse un poco más en su explicación. Ella había dado un salto de fe al permitirle aparecerlos, así que se sentía con la obligación de explicarle lo que les había sucedido.

—No conozco muchos lugares fuera de Inglaterra, pero tengo memoria eidética y eso me da ciertas ventajas a la hora de realizar apariciones. Si bien no creo que estemos demasiado lejos de Sofía, hay muchas probabilidades de que estemos fuera de Bulgaria. Cuando iniciamos la aparición, supe que este viaje sería más difícil que cualquiera que haya hecho antes; sin embargo, era tarde para cambiar el rumbo.

La mente de Hermione comenzó a trabajar, intentando recordar el cuadro de la sala del pequeño departamento, pero no lo logró. Ella siempre había destacado en su privilegiada memoria semántica, pero la eidética nunca fue su fuerte.

A pesar de que habían pasado tantos años desde que había realizado su última aparición, aún recordaba lo difícil que era mantenerse en pie cada vez que forzaba los límites de su magia para alcanzar distancias mayores junto a Ronald y Harry. Aún tenía muy claras las reglas que se aplicaban a las apariciones internacionales, y si ellos habían cruzado la línea mágica internacional entre Bulgaria y sus países limítrofes, cuando cayeron al lago, Draco debió haber estado casi al punto del colapso.

—Por Morgana y Merlín, pudiste haber agotado tu magia…

Draco observó con cierto recelo el gesto acongojado de Granger. Ella había llevado una mano a su pecho de forma automática, como si la idea de él sufriendo agotamiento fuera casi dolorosa.

—Entonces demos gracias de que no fue así. Realmente hubiera sido difícil salir de ese lago sin un empuje mágico.

Hermione observó a Draco buscando signos de dolor o agotamiento, pero decidió que su palidez extrema era algo normal en él y no debido al derroche de energía que había realizado esa madrugada para salvarle la vida a ella y a Enya.

Acostumbrada a revisar a su hija para encontrar cualquier signo de debilidad, Hermione estiró su mano hacia él para tocar su frente sin permiso, con la intención de comprobar si tenía fiebre. Recordaba haber leído alguna vez que, debido a los pactos mágicos internacionales, traspasar las fronteras mágicas entre países implicaba un desgaste tan grande de magia que muchos magos caían en cama por días debido al agotamiento. Era por eso que los magos y brujas usualmente viajaban vía traslador en vez de por simple aparición. Agotarse en medio de un viaje era peligroso: un mago podría enfermar en el proceso y quedarse varado hasta poder recuperar su magia, o podría caer en algún sitio de donde no pudiera salir sin ayuda.

En cuanto sintió la mano de Granger sobre su frente, un calor incómodo rodeó su cuerpo, y no sería hasta mucho después que descubriría lo mucho que le había gustado aquel gesto de protección. Si bien era cierto que había estado peligrosamente cerca del agotamiento, las horas de descanso habían hecho lo necesario como para que ahora él se sintiera fuerte y con energía.

Luego de un incómodo momento en el que Hermione comprobó la ausencia de fiebre en Draco y que él comprobó que era agradable ser cuidado por una mujer que no fuera su madre, ambos fueron interrumpidos por una Enya que acababa de despertar de un sueño tranquilo y reparador.

—¡Rowena!

Fueron las palabras de la niña al ver a su muñeca esperándola en la entrada de la tienda. Se había ido a dormir con profunda tristeza debido a que pensó que su muñeca de trapo se había perdido para siempre en el lago, pero al verla justo allí, frente a ella, la felicidad volvió a su rostro.

—Buenos días, mi preciosa bebé. Estás más grande cada vez que te veo.

Olvidándose del pequeño instante que había tenido con Draco, Hermione escondió todo el dolor que había estado dejando salir un momento antes y volcó toda su atención hacia su hija. La envolvió entre sus brazos y comenzó a besar sus mejillas como cada vez que ella despertaba y Viktor no estaba cerca para molestarlas.

—Hola, mamá, me haces cosquillas.

—Mmmm, te amo, te amo. Eres mi pequeñita, te amo, y te haré todas las cosquillas que sean necesarias...

Sintiéndose como un intruso en un momento íntimo, Draco se alejó de ambas todo lo que la minúscula tienda le permitía y fingió ser invisible para evitar interrumpir aquel momento entre madre e hija.

En algún momento de su vida, él había soñado con aquella escena, pero era Astoria quien cargaría a su heredero. Él realmente se había enamorado de aquella bruja y, naturalmente, había deseado todos y cada uno de los escenarios que implicaban a ambos construyendo una familia feliz, burguesa, pero feliz. Sin embargo, ella había cambiado tan rápidamente después de la boda que todas sus ilusiones se hicieron añicos con la velocidad de una Nimbus 5000 desbocada.

El mismo día en que ambos firmaron los papeles de matrimonio, Astoria había festejado en un hotel con su amante, mientras él esperaba pacientemente a que ella mudara sus cosas a la mansión. Su flamante esposa no había esperado ni siquiera dos horas después del casamiento para ir a Gringotts y constituir su propia cuenta con una gran cámara que se encargaría de llenar con oro Malfoy durante los próximos cuatro años de infeliz matrimonio.

Durante todo el matrimonio, ella había fingido problemas de fertilidad y se había gastado cada galeón que Draco le había dado para que encontrara la cura. Astoria incluso había llegado a fingir abortos espontáneos con tal de conseguir más atención y dinero de su esposo asquerosamente rico. Solo después del divorcio, él supo que todas aquellas pérdidas habían sido a causa de pociones especialmente elaboradas y que todas las lágrimas de su esposa solo habían sido para manipularlo y que él la llevara a recorrer el mundo para intentar aliviar el dolor de la pérdida.

—¿Buenos días, señor Draco, usted recuperó a Rowena? —dijo la niña cuando su madre finalmente se dio por satisfecha del cariño de su hija. La voz de Enya sacó a Draco de sus cavilaciones tan rápidamente que no tuvo casi tiempo para darse cuenta de que estaba siendo firmemente abrazado por ella. La hija de Granger podría ser una mini bruja de apenas un metro de altura, pero tenía la fuerza de mil demonios que le permitió pegarse a él como si tuviera ventosas.

—No tienes nada que agradecer, Enya —dijo, intentando ocultar su evidente falta de experiencia con los niños.

—Eres un héroe, como un príncipe caballeroso. Salvaste a mi mami y a Rowena, alguien debería darte una medalla.

Aún con los ojos húmedos y el rostro ardiendo, Hermione dejó salir una risa ahogada. Hacía poco que Enya había descubierto los cuentos de princesas y era particularmente aficionada a esos donde el caballero de brillante armadura finalmente salvaba el día.

Por su parte, Draco se había sorprendido tanto con las declaraciones de la niña que por casi un minuto guardó silencio, aunque su boca permanecía abierta.

—Oye, Príncipe Draco no suena tan mal —declaró con toda la seriedad que fue posible cuando el shock inicial había desaparecido. Él tarde o temprano tendría que admitir que Enya tenía la particular virtud de aliviar cualquier estado de ánimo oscuro y que parecía estarse adueñando de su voluntad y buen sentido.

—Entonces Príncipe Draco serás, me gusta. ¿Mamá y yo podríamos ser las princesas?

Aunque Malfoy parecía estar más cómodo ahora que fue investido como príncipe, Hermione no creía que fuera apropiado que Enya siguiera abrazada a él.

—Enya, deja que Malfoy respire.

Repentinamente asustado de perder aquel momento robado de tranquilidad familiar, Draco se sobrepuso y decidió tomar las riendas de la situación, aunque a su manera.

—No la interrumpas, Granger. Tu hija tiene buen gusto y deberías aceptar que ser un príncipe va conmigo.

—Malfoy… olvídalo.

Ver a su hija conversar tan animadamente con Malfoy le daba un poco de celos, pero en el fondo sabía que intentar deshacer aquella conexión sería un error. La claridad la había golpeado con fuerza: su improvisado plan de escape tenía demasiados huecos y todo apuntaba al fracaso, así que si dejaba que Enya hiciera que Draco la quisiera y Viktor daba con ellas, había una mínima posibilidad de evitar que ella volviera a ser encerrada en la mansión de los Krum.

—Mami, tengo hambre.

Los pensamientos de los adultos volvieron a ser interrumpidos por la voz de Enya, y ambos cayeron en la cuenta de que era más de mediodía y también tenían hambre.

—Bien. Creo que es hora de hacer un plan. ¿No lo crees así, Granger? Necesitamos alimentar a esta brujita antes de que nos convierta en sapos.

Dijo en tono alegre, usando uno de sus dedos para hacerle a Enya cosquillas en el cuello y hacerla reír.

—Creo que lo más sensato sería averiguar dónde estamos antes de hacer cualquier plan. Quizá podríamos llegar a algún pueblo mágico y buscar algún traslador.

La mente de Hermione comenzó a trabajar pensando en qué camino sería el mejor, pero al oír la idea del pueblo mágico todas las alarmas saltaron en su cabeza.

—Viktor tiene hombres en toda Europa. En cuanto pisemos suelo mágico, él nos encontrará.

—Buen punto.

Para ese momento, los tres se habían arrastrado fuera de la tienda y miraban en todas las direcciones, intentando encontrar indicios de dónde estaban parados.

—Princesa Enya, ¿ideas?

La niña puso un dedo índice bajo su mentón y comenzó a buscar ideas. Afortunadamente, ella había heredado la inteligencia de su madre y, a pesar de su corta edad, tenía mucho más sentido común que muchos adultos.

—Mmm, primero buscamos comida y luego un mapa. Si sabemos a dónde vamos y dónde estamos, será fácil llegar hasta allí con la barriga llena.

Tanto Draco como Hermione se quedaron tiesos al ver la forma en la que la niña acababa de hablarles. Sus rizos alborotados debido a que recién despertaba y su mirada inteligente hicieron que él recordara sus tiempos de colegio y la forma en la que la madre de esa brujita solía tener una respuesta para todo. En cambio, para la bruja, verse reflejada en su hija la llenó de orgullo. Puede que Enya tuviera los mismos ojos grises de la familia de Viktor, pero casi todo lo demás lo había sacado de ella.

—¡10 puntos para Gryffindor! Creo que tenemos un plan ganador.

Las palabras de Draco hicieron que las mejillas de Enya se volvieran de un tono carmesí profundo y sorprendieron tanto a Hermione que la dejaron sin palabras.

—Andando. Hay que ponerse presentables y comenzar la marcha.

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Después de caminar por casi un cuarto de hora, los tres hechiceros llegaron andando hasta un pueblo pequeño que se encontraba cerca del lago. Durante toda la caminata, el silencio entre ambos adultos solo era roto cuando debían responder alguna pregunta de Enya o para echar a la suerte cuál sería el camino que debían seguir.

No fue hasta que vieron a lo lejos un cúmulo de pequeñas casas de campo que pudieron dejar de elegir rutas al azar y se dispusieron a caminar en rumbo fijo hasta lo que luego supieron que era el pueblo de Vlasina Okruglica.

Allí, valiéndose del cariño inmediato que todos profesaban a Enya al verla, los tres consiguieron que un matrimonio de ancianos les vendiera algo de comida y un sitio donde sentarse a cambio de un anillo que Draco tenía en su meñique izquierdo. Para todos los efectos, ellos eran un matrimonio extranjero que había quedado varado durante una excursión, luego de perder sus pertenencias durante un desafortunado accidente.

—Es tu sello familiar, estoy segura de que vale mucho más que lo que ellos podrían darnos —dijo Hermione una vez que fueron dejados solos para que pudieran comer tranquilos.

Encogiéndose de hombros, Draco dio un mordisco a su pan recién horneado y casi suspiró al sentir el agradable sabor en su paladar. Hermione no estaba de acuerdo en que él "pagara" por la comida, pero no le había hecho caso. Podrían decirse muchas cosas de Draco Malfoy, pero jamás dirían que no era un digno caballero.

—Es una baratija. Esos muggles apenas conseguirán el valor de su oro. Mi padre me quitó el sello original y me dio una réplica luego de perderlo en la mansión, tan solo 24 horas después de haberlo recibido.

Aquello era parcialmente cierto. Si bien su padre le había quitado el sello familiar a los siete años, se lo había vuelto a dar cuando fue lo suficientemente maduro como para no perderlo en un cuarto de juegos. Sin embargo, Granger no necesitaba saber eso, así como el hecho de que toda reliquia Malfoy tenía un hechizo de rastreo, por lo que, si salía vivo de todo aquello, él mismo volvería a Serbia para recuperarlo. Estaba seguro de que ningún instrumento muggle podría destruirlo, así que luego de que los muggles lo vendieran, su comprador simplemente lo archivaría en algún cajón.

El frugal almuerzo compuesto de **pasulj**, un guisado de judías y costillas de cerdo, y pan recién horneado, había devuelto a los adultos algo del optimismo que necesitaban para mantenerse en movimiento, y a Enya le había dado energía suficiente como para correr de un sitio a otro jugando con los corderos que pastaban cerca del hogar que los estaba hospedando.

Ya eran cerca de las tres de la tarde cuando finalmente decidieron ponerse en marcha. Ellos habían descubierto que se encontraban bastante lejos de cualquier ciudad remotamente mágica o muggle, por lo que deberían ponerse en marcha para intentar pequeñas apariciones que los lleven más cerca de alguna ciudad, desde donde pudieran conseguir un automóvil o algún medio de transporte útil para llegar a Londres.

El plan inicial consistía en ir hasta Belgrado, pero no podían simplemente intentar llegar hasta allí en una sola aparición, pues Draco no conocía el territorio y el único mapa que los ancianos tenían correspondía a la vieja Yugoslavia.

Sin conocer el terreno, muy probablemente ellos terminarían en un sitio aún más peligroso que el lago si viajaban sin tomar precauciones. Así que simplemente lo tomarían con calma y se moverían despacio siguiendo el plan de Enya. Sabiendo dónde estaban y adónde querían ir, esperaban no tener mayores problemas.

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**Malfoy Manor - 3 de mayo - 20hs aproximadamente**

Luego de cenar y antes de ir a dormir, Narcissa había decidido culminar algunas tareas que aún tenía pendientes. Esa tarde habían podado los rosales del invernadero junto a los elfos, así que decidió colocar algunas de las rosas que había cortado en un jarrón de porcelana china en una mesa de arrime.

Daba los últimos toques a su nuevo arreglo floral cuando la chimenea del salón se activó, indicando que alguien quería contactarse de forma urgente con los residentes de la mansión Malfoy.

Dejando sus implementos sobre la mesa, limpió la suciedad inexistente de sus manos en un paño que su elfina doméstica le ofrecía y se inclinó hacia el fuego para atender la llamada.

—Oh, Blaise, ¡qué maravilla verte! —dijo saludando a Blaise Zabini, el abogado de la familia y uno de los mejores amigos de Draco.

—Narcissa, querida. El placer es todo mío. ¿Está tu insensato hijo en casa?

Una arruga se formó en la frente de la matriarca Malfoy al oír la pregunta de Blaise. Draco casi nunca daba un paso fuera del país sin comentarlo con sus socios y amigos, Theo y Blaise, así que la pregunta que este último le hacía terminó por causarle preocupación.

—Él envió una nota avisando que pasaría un tiempo más en Sofía para hacer turismo. Pensé que lo sabías, querido —contestó con tono preocupado al ver el gesto contrariado que se formaba en el fuego de la chimenea.

—Dame un minuto y estaré allí vía red flu.

Fue la única respuesta que recibió antes de que la comunicación se viera interrumpida, dejándola sola y extremadamente preocupada.

—Mippy, por favor, llama al señor Malfoy. Dile que Blaise Zabini vendrá en un instante. Creo que Draco está en problemas.

Con un fuerte crack, la elfina desapareció para ir en busca de su amo, dejando sola a la señora que parecía estar a punto de desmayarse.

Desde que recibió la nota de Draco, algo le había dicho que ya nada sería igual. Pero ahora ese presentimiento se había transformado en un mal augurio. Su hijo estaba en peligro, una madre lo sabía.

Cuando la red flu se activó indicando la llegada de Blaise, Narcissa casi saltó en su sitio. Mientras esperaba a su esposo y al recién llegado, había estado pensando en Draco y, si hubiera sido posible, lo habría traído hasta la mansión por pura fuerza de voluntad.

—Blaise, ¿qué sucede?

El joven Zabini no tuvo tiempo de contestar, pues un agitado Lucius cruzó las puertas del salón a toda velocidad, seguido por Mippy.

—Aquí estoy, ¿qué ha pasado?

Lucius estrechó rápidamente la mano del amigo de su hijo y luego cruzó su brazo en la espalda de Narcissa, hasta posar una mano en su cintura.

—¿Qué saben de Draco? ¿Ha vuelto a comunicarse con ustedes luego de haber dicho que pasaría un par de días como turista en Sofía?

—No, para nada. Blaise, por favor, dinos qué sucede con Draco.

Desde que su madre se había casado con el séptimo marido rico y se había mudado a Estados Unidos, Blaise se había refugiado en Malfoy Manor con tanta frecuencia que muy rápidamente había pasado a considerar a sus ocupantes como si fueran su propia familia.

—Esta mañana han llegado a mi oficina dos vociferadores. Uno de una agencia de alquiler de autos y otro de una agencia de renta de apartamentos.

Mientras buscaba la forma de decir lo que había ido a decir, Lucius lo urgió, así que Blaise simplemente soltó la información sin más.

—El coche ha aparecido incendiado en la entrada del complejo de apartamentos, y la unidad rentada por Draco ha sido atacada y casi demolida por completo. Algunos testigos dicen que un grupo de hombres llegó durante la madrugada y comenzó a atacar el lugar. Ellos dicen que él se ha esfumado, no tienen idea de dónde podría estar.

—¡Merlín!, Draco.

—He hecho algunas llamadas por medios muggles y mágicos, pero no he podido dar con él aún. Tenía la esperanza de que se hubiera metido en problemas en Bulgaria y que haya huido hasta aquí en cuanto las cosas se pusieron feas.

Ayudada por su esposo, y abrumada por la situación, Narcissa tomó asiento, intentando calmarse para poder ayudar a su hijo.

—¿Quién podría hacer semejante bajeza con mi hijo? Él solo viajó a Bulgaria por negocios.

Aunque aparentaba estoicismo, una gruesa vena en la sien de Lucius había comenzado a palpitar como muestra de su preocupación.

—Joven Zabini, sé que no soy quien para pedirlo, pero dado que me es imposible salir de la mansión y que mi esposa no está en condiciones de viajar, ¿hay posibilidad de que usted se encargue de averiguar qué está pasando con Draco? Pagaré lo que sea con tal de que lo encuentre y lo traiga a casa sano y salvo.

A pesar de todos los crímenes que Lucius Malfoy había cometido en su vida, él no dejaba de ser un padre preocupado por el bienestar de su único hijo y heredero. Y si bien Blaise nunca había comulgado con los pensamientos supremacistas que este profesaba, tenía que admitir que la condena social y judicial que se le había impuesto había hecho más por su camino hacia la redención que cualquier cosa que se hubiera podido aplicar.

Los últimos diez años de los Malfoy habían sido complejos y bastante grises, como si su destino fuera pagar cada pecado con sangre y lágrimas. La condena perpetua de Lucius, la enfermedad recientemente curada de Narcissa y el horrible matrimonio de Draco eran prueba de ello. Fue durante estos duros momentos que el menor de los Malfoy finalmente había vencido su orgullo y había suplicado el perdón de sus amigos de infancia, luego de haberlos abandonado en pos de un montón de matones y lamebotas, con coeficientes intelectuales apenas por encima de un troll.

Blaise y Theo, a pesar de lo que sus padres deseaban, se habían mantenido fuera de la influencia mortífaga tanto como les fue posible y huyeron a Ilvermorny en cuanto se dieron cuenta de que las cosas se pondrían feas para cualquiera que decidiera rechazar la marca del Señor Oscuro. Sin embargo, jamás olvidaron los años de infancia que pasaron en Malfoy Manor, y su amistad con Draco fue más fuerte que la estupidez de este. Así que en cuanto él fue lo suficientemente maduro como para pedir disculpas, el viejo trío de herederos volvió a reunirse, para ser esta vez más fuerte que nunca.

—Theo está consiguiendo un traslador en este instante, Lucius. En cuanto supe que no había regresado me puse en contacto con él. Saldremos apenas esté listo y buscaremos a su hijo.

Declaró solemnemente y luego se arrodilló junto a quien consideraba su segunda madre, Narcissa, para prometerle que traerían a Draco más pronto de lo que esperaba.

—Necesito que estés calmada, Narcissa, traeremos a Draco en cuanto lo encontremos. Solo necesito saber una cosa. ¿Sabes si él llevaba alguna reliquia familiar o algo que le permita ser rastreado?

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**Bozhurishte, Bulgaria - Madrugada del 4 de mayo**

Era casi medianoche cuando Theo finalmente consiguió un traslador que los llevó a ambos hasta Sofía, tras los pasos del ahora desaparecido Draco Malfoy. Había sido su secretaria quien, muy amablemente y a pesar de lo tarde que era, les había entregado el itinerario de su jefe luego de que Blaise la persuadió con algo de su encanto italiano.

Según los planes iniciales, Draco debía recoger un coche en la agencia que ahora reclamaba el pago por la destrucción total del mismo. Luego de eso, debía dirigirse a las oficinas del ex jugador de Quidditch, Viktor Krum, y regresar rápidamente a Londres con el siguiente traslador.

Sin embargo, Draco había cancelado el traslador reservado y optado por reservar un apartamento bastante lujoso en las afueras del pueblo mágico más cercano a Sofía. Según el vociferador que Blaise había recibido, Draco había traspasado las salvaguardas del apartamento con dos invitadas no estipuladas en el contrato y había permanecido allí con ellas por aproximadamente dos horas antes de que llegaran los atacantes que posiblemente habían precipitado su huida.

Blaise, por supuesto, no le había comentado nada de esto a Narcissa y a Lucius, pues no creía necesario comunicarles que muy probablemente su hijo estuviera involucrado en un gran lío amoroso.

—¿Novedades?

—Mis contactos dicen que Krum está peinando Bulgaria y sus alrededores. Y efectivamente, este es el último sitio donde fue visto.

—¿Es posible que sea a Draco a quien busca Krum?

—Blaise… ¿Te caben dudas?

Blaise pateó un trozo de escombro y se encogió de hombros. De los tres amigos, siempre creyó que quien tenía más oportunidades de ser perseguido internacionalmente por un esposo furioso era él.

—Repasemos. En algún punto de la noche, Malfoy cabreó a Krum, luego consiguió dos brujas que trajo a este lugar y cerca del amanecer desapareció con ellas sin dejar rastros.

—Eso es todo lo que sabemos. Sin embargo, mis hombres están intentando rastrear el sello familiar. En cuanto lo encontremos, daremos con él.

Theo había puesto todos sus contactos al servicio de la búsqueda pero apenas habían conseguido realizar algunos pocos avances. Él, como dueño de una importante empresa de importación y exportación de antigüedades muggles y mágicas, tenía una amplia red de información que penetraba a varios niveles en los submundos de toda Europa y parte de América, por lo que mover sus hilos en Bulgaria había sido sencillo, pues todos estaban dispuestos a hablar cuando el número correcto de galeones era puesto en la mesa.

—Señor Nott…

Un mago calvo y de aspecto algo intimidante se acercó al sitio donde Blaise y Theo se encontraban, junto a las ruinas del apartamento de alquiler.

—Dime, Gaius, ¿han encontrado a Malfoy?

A pesar de su tamaño y su evidente ventaja física frente a su jefe, Gaius bajó su mirada y se retorció, algo incómodo.

—Hemos rastreado el sello hasta una cabaña ocupada por muggles, a las afueras de Vlasina Okruglica en Serbia. No hay rastros del señor Malfoy.

Blaise y Theodore se miraron en el preciso instante en que oyeron del último paradero de Draco. Algo muy raro debía estar ocurriendo con él; su amigo jamás se hubiera desprendido de aquella reliquia familiar si no fuera estrictamente necesario, y mucho menos a manos de muggles.

—Consigue un traslador, Gaius. Iremos a la cabaña inmediatamente.

Con un asentimiento, el hombre de Theo se alejó y luego de girar sobre sí mismo desapareció, a fin de realizar el encargo de su jefe.

—Esto no me gusta, Blaise. Malfoy tiene graves problemas, o quizá ya esté muerto.

—Patrañas. Los Malfoy caen de pie. Te aseguro que mañana a esta hora estaremos tomando whiskey de fuego y riéndonos de esta nueva anécdota.

Con más esperanza que certezas, Blaise palmeó el hombro de un muy preocupado Theodore Nott. Si bien era cierto que Draco y en general toda su familia solían salir bien parados de cualquier dificultad, todo lo relacionado con su desaparición era tan extraño que incluso alguien naturalmente optimista, como Blaise, comenzaba a dudar y preocuparse.

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N.a: Hola a todos y todas. Perdón por la demora, tuve que realizar un viaje de improviso y por lo tanto escribir fue prácticamente imposible. He descubierto que aún tengo el amor por la escritura pero que ya no dispongo de todo el tiempo que tenía cuando era una estudiante sin tantas obligaciones. Agradezco todos y cada uno de sus comentarios; sé que debería publicar más seguido, pero estoy tratando de priorizar la calidad de la trama antes que la cantidad. Nuevamente agradecida por la paciencia, me despido por ahora. ¡Hasta la próxima!