Capítulo 45

JJ salió de la ducha tarareando una canción. Se secó tranquilamente y desayunó despacio, saboreando la comida. Sólo cuando estaba a punto de salir de casa, se dio cuenta que era la primera vez en casi dos meses que se sentía normal de nuevo, que el dolor no había sido su primer pensamiento al despertar.

Por supuesto que seguía echando mucho de menos a Emily, pero tal vez, el dolor por su pérdida ya comenzaba a remitir.

Un par de noches a la semana, al igual que cada dos fines de semana, Henry se quedaba a dormir con Will. Ya tenía casi un año y medio, tenía controlada su enfermedad y el policía le había demostrado que era un buen padre.

Aparcó frente a su edificio, un bloque de apartamentos relativamente nuevo al que se había mudado hacía apenas un par de meses. Debía recogerlo y llevarlo a la guardería, de donde lo recogería Carla por la tarde y se quedaría con él hasta que ella llegara a casa.

Le había costado convencerlo de que era lo mejor para Henry; de nada serviría sobreprotegerlo y hacer infeliz al niño si querían que tuviera una vida normal y creciera feliz.

Así que todas las mañanas el pequeño Henry iba feliz y encantado a la guardería a jugar con sus nuevos amiguitos.

Se estaba bajando del coche cuando vio que Will salía del edificio con Henry en brazos y con una mujer, que llevaba agarrada de la mano. Frunció el ceño confusa, puesto que no estaba al corriente que el padre de su hijo, hubiera rehecho su vida.

La mujer, casi de la misma altura que Will, vestía un traje de chaqueta y pantalón en color beige. El pelo corto y negro le confería un aspecto rudo a sus facciones, pero los ojos azules las suavizaba lo suficiente como para decir que era atractiva.

Los vio hablar durante unos segundos, luego se besaron brevemente, y antes de que ella se alejara, vio cómo le hizo una carantoña a Henry, que sonrió feliz.

Unos segundos después, Will y Henry estaban junto a ella. El niño se abalanzó a sus brazos en cuanto la vio. Su expresión cambió a una de felicidad en cuanto tuvo al pequeño entre sus brazos.

-¿Cómo estás, JJ? -preguntó el policía con una sonrisa.

-Bien, gracias -llenó a Henry de besos, esperando que el pequeño soltara una risa, que la llenó de felicidad-. ¿Por qué lo preguntas?

-Porque me preocupo por ti. Y porque sé que me has visto con Camille.

-Puedes hacer con tu vida lo que quieras, Will. No somos nada, sólo compartimos la paternidad de Henry, eso es todo. No voy a meterme en tu vida -respondió a la defensiva.

Will la miró serio, y unos segundos después, esbozó una ligera sonrisa, lo que la molestó sobremanera.

-Sé que no somos nada, pero también sé, que al igual que yo me preocupo por ti, tú lo haces por mi, aunque no quieras reconocerlo. Y aunque no lo hicieras, sí te preocupa Henry y con quién pueda pasar su tiempo. Pero puedes estar tranquila, Camille es una buena mujer. Es representante de productos farmacéuticos, y hace un par de meses que nos estamos viendo.

Las mejillas de la agente se tiñeron de rojo mientras intentaba disimular jugando con su hijo. No entendía la razón por la cual le había molestado ver a Will con esa mujer.

-Me alegro por ti, Will. Te mereces lo mejor -murmuró.

-Gracias, estoy seguro que tarde o temprano tú también encontrarás a alguien, JJ.

Ella asintió, y segundos después, ambos se despedían. Debían darse prisa si no quería llegar tarde.


JJ se dio cuenta que había estado distraída durante toda la mañana, así que decidió que iría a la cafetería que había frente al edificio, y comería allí. Le vendría bien estar sola y dejar de pensar en todo.

Cuando salió de su oficina y pasó por el bullpen, se sorprendió al escuchar unas risas. Era Reid, que estaba sentado en su mesa junto a una chica pelirroja.

Lo que más llamó su atención, a parte del sonido de su risa, fue la expresión de felicidad que tenía su compañero en la cara. Sus ojos brillaban, y toda su cara vibraba de alegría. Nunca lo había visto así.

Se fue antes de que la vieran con el sonido de su risa retumbando en sus oídos.


Al volver, iba tan perdida en sus pensamientos, que chocó con alguien.

-Lo siento…-comenzó a decir.

-¡JJ! Ven, quiero presentarte a alguien -a Reid no pareció molestarle su encontronazo y la cogió de la mano con intención de llevársela.

-Es que tengo mucho trabajo, Spence. Mejor otro día -se disculpó.

-Faltan quince minutos para volver a trabajar. Y el resto todavía no ha vuelto. Por favor, es importante para mi -él la miró con ojos de cachorrillo y la desarmó.

-Está bien. Vamos -se obligó a sonreír.

Llegaron al bullpen, a la mesa de Reid, y la chica pelirroja se levantó, con una sonrisa en la cara.

-JJ, esta es Ruth Rowan, mi vecina. Está pasando unos meses en la ciudad.

-Encantada. Spencer me ha hablado mucho de ti. Me ha dicho que eres su gran apoyo y su mejor amiga.

-Sí, bueno. Él también es muy importante para mí -sonrió un poco nerviosa.

Se dio cuenta de las miradas cómplices de Spencer y la chica, y se sintió incómoda. Se despidió de ellos y se marchó rápidamente a su oficina. ¿Era posible que Reid estuviera enamorado? ¿Y qué significaba el nudo que se le estaba formando en el estómago? Definitivamente, el día que tan bien había comenzado, se estaba torciendo, y lo peor, es que no podía entender porqué.


El sonido del teléfono a última hora de la tarde las sobresaltó a las dos. Finalmente, fue Jordan la que contestó. Aunque lo intentó, JJ no pudo descifrar nada en los veinte segundos que duró la conversación por su expresión.

-Strauss quiere verte en su despacho ahora -informó la morena cuando colgó el teléfono.

-¿A mí? ¿Por qué? -lo que le faltaba para terminar el día.

-Eso tendrás que averiguarlo tú -Jordan sonrió, encogiéndose de hombros.

JJ hizo una mueca de burla, y escuchó la suave risa de su compañera al cerrar la puerta. No tenía ni idea de porqué Strauss querría verla, pero prefirió no hacer conjeturas precipitadas antes de hablar con ella. Aunque esperaba que no fuera algo como lo del Pentágono; tenía claro que no iba a abandonar a su equipo.

-Puede pasar. La está esperando -la informó Lisa, la secretaria de Strauss.

-Gracias.

Entró sin llamar, aunque golpeó levemente la puerta para hacer valer su presencia.

-Agente Jareau, pase y siéntese, por favor -Strauss señaló la silla frente a ella.

Asintió y se sentó, esperando a que la mujer comenzara a hablar.

-Supongo que se estará preguntando cuál es la razón por la cual la he mandado llamar -Strauss se quitó las gafas y las posó encima de los papeles-. La muerte de la agente Prentiss y la situación especial del doctor Reid ha dejado al equipo con sólo tres perfiladores. El nivel de casos sigue aumentando, y aunque las estadísticas de casos resueltos sigue siendo espectacular, desde arriba presionan para que se contrate, al menos, a otro perfilador.

-Entiendo, pero…-carraspeó nerviosa-. ¿No debería tratar eso con el agente Hotchner? Es el jefe de Unidad y…

-Lo haré en su momento. Ahora mismo, es algo que debemos tratar usted y yo -esbozó una ligera sonrisa, que pretendía tranquilizar a la agente frente a ella-. ¿Qué le parece, Jennifer, si dejara de ser enlace con los medios y pasara a ser perfiladora?

JJ la miró boquiabierta un instante, sin saber qué decir.

-¿Cómo? -balbuceó al cabo de un momento.

-Tendría que hacer los cursos pertinentes, por supuesto. Pero no se me ocurre a nadie mejor para el puesto.

Ella asintió distraída, mientras pensaba en los pros y en los contras. Sabía que no sólo significaba cambiar de puesto dentro del equipo, sino mucho más.

-Puedo pensarlo, ¿verdad?

-Por supuesto. Tómate el fin de semana para reflexionar sobre ello, y el Lunes si quieres. Y me informas de tu decisión el Martes.

-Supongo que tendría que viajar…

Strauss asintió despacio.

-Así es. La agente Todd seguiría siendo el enlace con los medios de comunicación, y si aceptas, ya habría cuatro perfiladores. El doctor Reid y la señorita García seguirían ayudando al equipo desde aquí.

-Está bien. Lo pensaré y el Lunes a última hora le daré una respuesta.

Antes de cruzar las puertas de cristal, se detuvo. Se quedó mirando embobada cómo el bullpen bullía de actividad, a pesar de ser casi el final de la jornada.

Pensó en todo lo que le había contado Strauss, en cómo cambiaría su vida, tanto profesional, como personalmente. De pronto, sonrió. Ya había tomado una decisión.

Continuará...