Capítulo 46

Faltaba apenas una semana para el final de curso, y Nora estaba deseando que llegara ya. No es que no le gustara la escuela, al contrario, con el paso de los meses se había sentido más cómo ella misma, como si todo volviera a la normalidad en su vida. Sin embargo, quería alejarse de la rutina y poder estar sola, como le gustaba estar cada vez más. "Eres una pequeña señora mayor de once años", escuchó en su cabeza la voz de su padre. Eso la hizo sonreír.

Con la ayuda de sus amigas, había conseguido ser casi la misma de antes, comportarse como una niña de su edad, al menos, cuando estaba en la escuela. Al llegar a casa, aunque lo intentara, la tristeza volvió a instalarse en su pecho, sobre todo cuando miraba a su madre. Sabía que intentaba disimular delante de sus hijos (igual que ella), pero todavía sentía la soledad y tristeza de la pérdida en los ojos de su madre.

Solía almorzar con sus amigas, pero algunos días, en vez de quedarse hablando de chicos, ropa o maquillaje, temas que parecía que comenzaban a interesarles a sus amigas, ella prefería pasar el tiempo sola. Paseaba por las instalaciones del colegio, o iba a la biblioteca a leer algún libro.

Ese día, paseaba distraída con el alboroto de la escuela de fondo, cuando vio a su hermano a lo lejos. Parecía molesto, hablando con otro niño de su edad. Cuando el niño rompió a reír y la cara de Jasper se transformó llena de ira, Nora corrió hacia ellos.

-¡Retira lo que ha dicho! -gritó Jasper justo cuando Nora se acercaba a ellos.

-¡Para qué! ¡Si sabes que es verdad!

Antes de que Nora pudiera reaccionar, Jasper se abalanzó sobre el niño, empujándolo y tirándolo al suelo. Nora apartó a su hermano rápidamente, antes de que pudiera hacer algo más.

-¡Déjame! Va a pagar por lo que ha dicho -la cara de Jasper estaba roja de ira.

-¿Y se puede saber qué es eso tan grave que ha dicho? -la niña separó un poco a su hermano, intentando calmarlo. Se dio cuenta que la gente se empezaba a congregar a su alrededor.

Jasper miró a su hermana, y ya más calmado, le contestó.

-Ha dicho que somos tan malos hijos que papá se ha muerto para no aguantarnos.

Nora abrió la boca con incredulidad. Y aunque su intención al llegar allí fue calmar a su hermano y evitar que se metiera en un lío, la ira le nubló la cabeza. Se dio la vuelta y sin decir nada, fue ella en esta ocasión la que le dio una patata en la espinilla y después un empujón.

Se alejó de allí, con Jasper pisándole los talones, mientras escuchaba el alboroto que habían formado. Sabía que aunque era lo que quería evitar, se habían metido en un buen lío.


Erin se cubrió la cara con las manos y suspiró profundamente. Acababan de llamarla del colegio para informarla que Jasper y Nora le habían pegado a un niño. Nada podía justificar el comportamiento de sus hijos, pero deseaba que todo volviera a la normalidad, que todos volvieran a ser los mismos que meses (años) atrás. Escucharía lo que había pasado, y después, aunque les doliera a todos, los castigaría en consecuencia.

Recogió sus cosas y le dio instrucciones a Lisa de que atendiera sus llamadas. Que no la molestara a no ser que fuera muy urgente. Probablemente, no volvería en lo que quedaba de tarde.

Cuando llegó al colegio, la secretaria la hizo pasar enseguida, diciéndole que era la última en llegar.

-Señora Strauss, la estábamos esperando -la señora Warner, la directora, le hizo un gesto con la mano para que se acercara y se sentara en el único asiento vacío.

Nora y Jasper estaban sentados a la izquierda, muy rectos y tensos. Erin se dio cuenta que el niño estaba imitando a su hermana. A la derecha, un niño pelirrojo estaba sentado entre sus padres. La mujer, con el pelo tan corto como un hombre le echó una mirada fulminante cuando se acercó. El hombre, en la otra esquina, posaba una mano protectora sobre el hombro de su hijo.

-Bien, ahora que ya estamos todos, vamos a empezar.

-Quiero que expulsen a estos salvajes del colegio inmediatamente. Me parece increíble que haya gente como ellos en un colegio tan respetable como este -la mujer interrumpió indignada a la directora.

-Señora Milton, por favor -la mujer le dirigió una mirada de advertencia. La otra mujer frunció los labios, conteniendo su enfado-. Según lo que Dash nos ha contado, fue Jasper el que…

-¡Se lo merecía! ¡Ha dicho cosas horribles! -gritó Jasper enfadado.

-Jasper…-Erin cogió la mano del niño para tranquilizarlo.

-¿Lo ve? ¡Son unos salvajes! ¡Si hasta le han dejado una marca en la espinilla! -la señora Milton cogió la pierna izquierda de su hijo y le levantó el pantalón-. ¡Mire! ¡Tendrá marca por lo menos una semana!

-¡Oiga! No le permito que hable así de mis hijos. Todavía no sabemos qué sucedió -Erin se giró hacia la mujer, todavía sujetando la mano de Jasper.

-Por favor, vamos a calmarnos todos ¿de acuerdo? -la señora Warner intentó poner paz en la habitación.

Los tres adultos la miraron, cada uno con una expresión distinta en su cara. Los señores Milton respiraban hostilidad e ira, mientras que Erin todavía tenía la esperanza de que sus hijos fueran inocentes.

-Según los testigos, y los testimonios de los tres niños aquí presentes, Jasper y Dash se estaban peleando, Nora llegó para separarlos y unos momentos después, ella le pegó una patada y lo empujó al suelo.

-¡Son unos salvajes! -la señora Milton volvió al ataque. Erin se dio cuenta que su marido no había abierto la boca todavía.

-Por favor, antes deberíamos saber cuál era la razón por la que se peleaban -Erin miró a la directora, y luego a sus hijos. Ninguno de los dos le devolvió la mirada.

Erin esperó, mirando directamente a la señora Warner. La mujer carraspeó, bajó la mirada y movió unos papeles.

-Dijo algo muy malo sobre papá -murmuró Nora.

Todas las miradas se dirigieron a Dash, que se sonrojó y bajó la cabeza. Erin respiró profundamente para contener la ira.

-Bueno, algo le habrán dicho para provocarlo -saltó la señora Milton altiva. Erin se giró hacia ella, dispuesta a rebatirla.

-Le recuerdo, señora Milton, que Dash ha tenido problemas con varios compañeros y compañeras, y siempre, ha sido él el que ha comenzado -la directora fue la que contestó, frenando en seco la discusión que sabía que estaba a punto de ocurrir.

Veinte minutos después, Erin salió de la oficina de la directora, flanqueada por sus hijos. Posó una mano sobre el hombro de cada uno y les dio un suave apretón.

-Vámonos a casa -ambos asintieron en silencio y siguieron a su madre.


En el coche, el aire era espeso, y el silencio comenzaba a ahogarlos a los tres. Nora miró de reojo a su madre desde el asiento del pasajero, y se preguntó qué es lo que pasaría por su mente. ¿Estaría muy enfadada? Probablemente sí, aunque no lo pareciera en la escuela. Aunque era su trabajo como madre defenderlos ¿no?

Erin no dejaba de darle vueltas a lo sucedido en la escuela, y a porqué un niño de nueve años podía llegar a ser tan cruel. Aunque después de haber conocido a su madre, no le extrañaba nada.

Como sólo faltaba una semana para terminar el curso, la directora Warner había decidido dejarlos ir a todos sin más consecuencias, pero con una advertencia en el expediente de Dash. Todos parecieron conformes, y Erin decidió llevarse a sus hijos a casa el resto del día.

-Mamá…lo siento -dijo Nora en voz baja.

Erin la miró de reojo un segundo, antes de volver la vista a la carretera.

-Lo sé. Sin embargo, no deberíais dejar que los comentarios os afecten tanto. A lo largo de vuestra vida, os encontraréis con distintas situaciones, y diferentes personas, que os hará reaccionar de diversas maneras. Incluso algunas veces seréis vosotros mismos la parte negativa, pero debéis mantener la calma y la compostura. ¿Lo habéis entendido?

Nora asintió y murmuró, pero Jasper no dijo nada. Erin lo miró a través del espejo retrovisor, y lo vio mirar pensativo por la ventanilla. No había dicho una palabra desde que habían salido de la escuela, y eso la preocupaba.

-¿Jas? ¿Has escuchado lo que te he dicho?

-Sí, mamá -respondió el niño sin moverse.

-Bien -afirmó, aunque no estaba segura que Jasper la hubiera escuchado y entendido.

El silencio invadió de nuevo el coche hasta que la voz de Jasper lo rompió unos minutos después.

-Luego seré bueno otra vez, pero pienso que debiste darle más fuerte, hasta romperle la pierna.

Nora se giró para mirar a su hermano, y Erin lo hizo a través del espejo. El niño sonrió cuando miró a su hermana, que también lo hacía. Sus sonrisas se convirtieron en risas, llenando el coche de vida. Sabía que estaba mal, que debía regañarlos, pero no pudo. Al final, terminó riendo ella también.

-¿Qué os parece si vamos a tomarnos un helado? -preguntó cuando dejaron de reírse y el silencio volvió.

-¿Puedo coger dos bolas? -Jasper parecía entusiasmado.

-Por supuesto, cariño.

Sabía que no debía premiarlos, no después de lo que habían hecho, pero necesitaba ver la ilusión de nuevo en el rostro de sus hijos, no el dolor que los acompañaba a todos el último año.


Erin se recostó en el sofá con la taza en la mano. Bebió y enfocó la vista en la mesa, delante de ella. Pensó en todo lo que había pasado esa tarde. Nora y Jasper eran buenos niños, pero como a todos, les dolía que se metieran con los suyos.

Al llegar a casa, la niña le había contado lo que Dash había dicho, y ella tuvo que hacer un gran esfuerzo para no felicitarla por lo que había hecho. Por supuesto que no estaba de acuerdo, jamás alabaría la violencia, pero sabía que había sido un desahogo puntual para ellos. Habían tenido una charla después, y ambos sabían que no debían volver a hacerlo.

Escuchó un ruido en la escalera, cogió rápidamente la botella de vodka de la mesa, y la escondió tras unos cojines del sofá. Segundos después, Nora apareció en el salón.

-Oye, bichito, ¿qué haces levantada?

-No podía dormir -la niña se acercó al sofá y se acurrucó en los brazos de su madre.

Erin besó la cabeza de su hija, mientras la apretaba contra ella. Pensó que ojalá los tres se quedaran así para siempre, que no crecieran nunca.

-Mamá…estaremos bien ¿verdad? Quiero decir…llegará un día en que no duela pensar ni hablar de papá ¿no?

-Así es. Lo hablamos un día, cariño. Necesitamos tiempo para sanar, pero volveremos a ser los de antes.

-O casi. Porque no estará papá -respondió Nora con tristeza.

Erin no supo que decir, así que la abrazó un poco más fuerte.

-Se me está ocurriendo una cosa -separó a la niña de ella para mirarla a la cara-. ¿Qué te parece si nos vamos unos días a Disney World? En verano, cuando tenga vacaciones.

-¿De verdad? -la cara de ilusión la niña le llenó el corazón de felicidad.

-Claro. Mañana lo hablamos con tus hermanos. Ahora a dormir, bichito.

La niña la abrazó y corrió escaleras arriba. Erin exageradamente al verla tan feliz. Luego sacó la botella del escondite, cogió la taza de la mesa y se sirvió un poco. Se lo bebió de un trago y volvió a servirse. Usaba tazas de café para que los niños no la descubrieran. No se sentía orgullosa, pero en esos momentos, una copa de vez en cuando adormecía su dolor.

Continuará….