Capítulo 47
Cuando Morgan se despertó, estaba solo en la cama. No le sorprendió, porque lo raro es que amaneciera acompañado. Se levantó, se puso una camiseta y un pantalón cómodo y se dirigió a la cocina.
El olor a café y tortitas inundó sus fosas nasales antes incluso de llegar allí. No pudo evitar una sonrisa.
-Buenos días, dormilón -Jordan lo saludó y le puso una taza de café en la mano-. Siéntate, que te sirvo.
-No sabía que sabías cocinar -observó él mientras hacía lo que le había mandado-. Creí que te habías ido.
-Hay muchas cosas que no sabes de mí…pero que ya irás averiguando.
Le puso un plato lleno de tortitas delante y se sentó. Le sonrió con picardía mientras se llevaba un pedazo a la boca.
Morgan sonrió a medias, pensando que sí, que le gustaría averiguarlo todo sobre ella. Ojalá le dejara hacerlo.
La noche anterior, García y Jordan habían estado en su casa para hablar de los últimos avances de su investigación. Seguían tras la pista de Doyle, y lo estaban haciendo los tres solos.
Tenían localizado y vigilado a Declan, y sabían que Doyle lo haría en breve. Un paso en falso y sería suyo. Pagaría caro lo que le había hecho a Emily.
Morgan tenía claro que hasta que no tuvieran localizado a Doyle no informarían al equipo, así que en principio, estaban trabajando los tres solos.
Después de cenar una pizza y beberse entre los tres una botella de vino, García se fue a casa. Esperaba que Jordan se fuera con ella, pero la morena se quedó con la excusa de ayudar a recoger a Morgan. La sonrisa de García le partió la cara en dos. Estaba casi segura de que entre esos dos, había algo más que amistad.
-¿Quieres que nos duchemos juntos? Así ahorramos agua y tiempo…-propuso Morgan mientras se levantaba y recogía la mesa.
-No sé si mucho tiempo íbamos a ahorrar…-Jordan se acercó y lo besó-. Tú friega los platos, que yo me voy a duchar.
Morgan rio divertido cuando ella le dio una palmada en el culo y se alejó. Le gustaba, le gustaba mucho esa mujer.
Estaban cerca de atrapar a Doyle, pero ahora tenía cerca a Jordan Todd e iba a aprovecharlo al máximo.
Se había pasado todo el día distraída, con la mente en el pasado. Salió pronto del trabajo, recogió a los niños y fueron al cementerio. Era el día del cumpleaños de Mark. Hubiera cumplido 42 años.
Dejaron las flores sobre la tumba, y como cada vez que iban, cada uno de ellos se tomaba unos minutos para estar a solas con él.
Olivia, a pesar de su corta edad, comenzaba a darse cuenta de donde estaban. La niña se agarró fuerte a la mano de sus hermanos mientras los tres contemplaban a su madre, de espaldas a ellos, despedirse de su marido. Cuando se acercó a ellos, con una sonrisa temblorosa en la cara y los ojos brillantes, Olivia alzó los brazos para que la cogiera en brazos.
-Te quiero, mamá -dijo la niña mientras enterraba la cara en su cuello.
Nora y Jasper se abrazaron a ella, haciendo que tuviera que tragarse un sollozo. Hacía meses que el dolor no los había golpeado tanto a todos, y eso la hacía sentir que estaban dando un paso atrás. Quería que todos pudieran avanzar, respetando los tiempos de cada uno, pero era un día difícil y pensaba sentirlo con toda la intensidad.
Nora se despertó temprano, y no pudo volver a dormir. Dio vueltas y vueltas en la cama hasta que ya no pudo más. Se levantó despacio y sin hacer ruido y bajó las escaleras. Al entrar en el salón, durante un segundo, se quedó sin respiración, luego corrió hacia el sofá.
Erin estaba acostada allí, boca abajo con un brazo colgando y la saliva resbalando por su barbilla. Nora la empezó a zarandear, pero no consiguió despertarla. Lo único que salió de su boca fue un ruido extraño, pero no llegó a despertarse. Nora vio dos botellas de alcohol vacías en la mesa, y entonces lo entendió.
Corrió escaleras arriba, y entró en su cuarto. Abrió la mesita de noche y sacó la tarjeta que en su día le había dado el agente Hotchner. Volvió al salón y temblando, marcó su número.
-Hotchner.
-¿Agente Hotchner? Soy Nora Strauss -su voz sonaba temblorosa, pero se obligó a serenarse-. Necesito ayuda, mi madre no se despierta, creo…creo que está borracha.
-Está bien, Nora, voy para allá. No tardaré más de veinte minutos.
Colgó y volvió junto a su madre. La volvió a mover, y aunque abrió brevemente los ojos y emitió un sonido ininteligible, no se despertó.
-Por favor, mamá, despierta -rogó la niña al borde del llanto.
Sonó el timbre, y Nora corrió a abrir la puerta. Cuando Hotch entró en la casa, se fijó que tanto Jasper como Olivia bajaban las escaleras en ese momento.
-Nora, llévate a tus hermanos arriba, yo me ocupo de tu madre -cogió a la niña por los hombros y se puso a su altura.
-Está en el salón -los ojos de Nora se llenaron de lágrimas.
-Estará bien, me ocuparé de ello.
La niña asintió y se llevó a sus hermanos, que no comprendían nada. Hotch entró en el salón y en lo primero que se fijó fue en las botellas vacías en la mesa.
-Oh, joder, Erin -corrió hacia ella, y con mucho cuidado, le dio la vuelta y la sentó. Ella reaccionó abriendo un poco los ojos, pero no pareció reconocerlo.
Él la golpeó levemente en la mejilla para que reaccionara.
-Erin, abre los ojos y mírame ¿de acuerdo?
-No -murmuró ella intentando tumbarse de nuevo.
-Eh, no, quédate sentada, Erin -la sujetó con suavidad por los hombros y la zarandeó.
-Déjame dormir. O mejor, déjame morirme -susurró cerrando los ojos nuevamente.
Él la soltó, y cayó en una posición probablemente incómoda, aunque no se movió. Sin embargo, no iba a darse por vencido.
Fue a la cocina y preparó un poco de café. Le echó una cucharada de sal, ya que decían que era bueno para provocar el vómito. Lo llevó al baño de abajo, y luego fue a buscar a Erin.
Parecía más despierta, pero igual de borracha. Se arrodilló frente a ella y le cogió la cara con las manos.
-Erin, escúchame, voy a hacer que te sientas mejor ¿de acuerdo?
-¿Para siempre? -su tono de voz, bajo y lleno de tristeza, le partió el corazón.
-Vamos a empezar con ahora mismo ¿vale? Ven conmigo.
La ayudó a ponerse en pie, y como le costaba caminar, la agarró de la cintura y la llevó hasta el cuarto de baño de la planta baja.
La sentó en el suelo y le dio la taza de café. Sabía que el vómito llegaría casi de inmediato, y quería estar preparado. La instó a beber, y cuando se inclinó hacia taza para vomitar segundos después, le sujetó el pelo.
Minutos después, cuando levantó la cabeza, vio que tenía los ojos llenos de lágrimas.
-No me encuentro bien -gimió cerrando los ojos.
-Lo sé, Erin -agarró una toalla, la mojó en el lavabo y la puso en su frente.
Permanecieron en silencio, cada uno sumido en sus pensamientos y sentados uno junto al otro, con sus brazos rozándose.
-Tengo que ver como están los niños -Erin se quitó la toalla de la frente e intentó levantarse.
-Los niños están bien. Nora está cuidando de los pequeños -la sujetó del brazo para que se quedara sentada.
-Nora…ella…-él asintió, sabiendo lo que quería decir.
-Fue ella la que me llamó por teléfono.
Erin se cubrió la cara con las manos, totalmente avergonzada.
-Yo no quería…no quiero que pienses que…-era incapaz de formar una frase coherente, de lo mal que se sentía y lo avergonzada que estaba.
Aaron posó una mano en su hombro y le dio un suave apretón.
-Vamos Erin, necesitas descansar.
Se pusieron en pie, y la acompañó a su habitación.
-Voy a prepararte un café en condiciones. Ahora mismo vuelvo -la vio asentir con aire distraído.
Mientras estaba en la cocina, sintió que estaba invadiendo su espacio personal. Ya había estado ahí, pero siempre con ella. También pensó en que necesitaba ayuda, y en cómo lo abordaría. Estaba sufriendo mucho, y no quería separarla de sus hijos. Aunque lo haría si fuera necesario.
Cuando entró en la habitación, Erin estaba metida en la cama, apoyada en el cabecero y mirando ausente por la ventana. Le tendió el café, y tuvo que hacer un gran esfuerzo para escuchar el "gracias" de su respuesta. Cogió la silla del tocador y se sentó frente a ella.
-Erin, creo que tenemos que hablar.
-¿Es necesario? -su voz no era más que un susurro, y su vista seguía puesta en la ventana.
-Me temo que sí.
Espero paciente hasta que ella lo mirara, dispuesta a mantener esa dura conversación.
-Lo siento. No suelo beber tanto, pero ayer fue el cumpleaños de Mark, discutí con mi suegra por teléfono a última hora, los niños se van mañana con ellos tres semanas y…no sé que me pasó.
-¿Desde cuando llevas bebiendo, Erin? -preguntó con más seriedad de la que quería.
Ella lo miró con asombro, sabiendo lo que él quería decir pero sin querer creerlo.
-¿Qué intentas decir, Aaron? No me gusta lo que estás insinuando -escondió su expresión indignada tras la taza de café.
-Simplemente digo, que está claro que no es la primera vez que bebes. Aunque tal vez sí la primera que se te ha ido tanto de las manos -la miró con el ceño fruncido y se inclinó un poco hacia ella.
-¿Tú nunca has llegado a casa y te has tomado una copa después de un día duro? -su mirada esta vez era desafiante.
-Sí, pero no es lo mismo.
-¿Por qué no? Creo que tú mejor que nadie me entiendes.
-Lo de ayer no fue sólo una copa, Erin. Y lo sabes -bajó la voz y la miró con cariño.
Erin se mordió el labio y se frotó la cara con las manos. Tenía los ojos llenos de lágrimas cuando lo miró de nuevo.
-Me ayuda a sentirme mejor, a sobrellevarlo todo. Ayer…se me fue de las manos -murmuró con la voz quebrada.
Aaron posó una mano sobre su rodilla, y asintió despacio.
-Erin, necesitas ayuda, lo sabes ¿verdad?
-Lo tengo controlado, no volveré a beber. Te lo prometo -la súplica en su voz hizo que se le rompiera un poco más el corazón por ella.
-Todos dicen lo mismo, pero es muy difícil. No sé si lo conseguirás tú sola. Piensa que es lo mejor para ti y los niños. Piensa en cómo has asustado a Nora esta mañana.
-Pero no volveré a hacerlo. Tenemos…tenemos que ir a Disney World el mes que viene, no puedo decepcionarlos más…-las lágrimas rodaban ya por su cara, y él resistió el impulso de limpiarlas con sus pulgares.
Lo que sí hizo fue sentarse en el borde de la cama y abrazarla. Sus sollozos quedaron amortiguados por su hombro, y unos minutos después, ella se separó, un poco más tranquila.
-Confío en ti, Erin, de verdad que lo hago, pero tienes que tener mucha fuerza de voluntad. ¿En serio te ves con fuerza para hacer esto sola?
-Lo haré, te lo prometo -de pronto, le pareció una niña indefensa, que lo único que necesitaba era a alguien que confiara en ella.
-Está bien. Deberías buscar algo que te distraiga cuando tengas ganas de beber, como hacer ejercicio o algo así.
-Antes solía hacer yoga -murmuró mordiéndose el labio.
-Eso puede servir -sonrió de medio lado, y notó cómo la tensión que había en la habitación, se iba disipando.
La vio retorcer la sábana entre los dedos, nerviosa, y supo que haría lo que fuera para que volviera a sentirse bien. Por ella, porque merecía ser feliz de nuevo, y por los niños, porque vio el miedo en los ojos de Nora y no quería que esos niños sintieran la pérdida de otro ser querido.
Continuará…
