Capítulo 50
David Rossi observó la dinámica del equipo durante la presentación del último caso. A primera vista, no se observaba ningún cambio respecto a otros días, todo parecía normal. Sin embargo, él sabía lo que estaba mal.
Para empezar, habían cambiado la distribución de los sitios donde se sentaba cada uno. Morgan y Reid (y JJ una vez que terminaba de presentar el caso), se sentaban juntos, lo más lejos posible de Prentiss. García, Jordan y él mismo, hacían un frente junto a la agente morena; y Hotch se mantenía al margen, como buen líder que era.
Había tensión en el ambiente. Era el primer caso después de la vuelta de Prentiss, y Rossi temía cómo iba a salir todo.
Había escuchado a García discutir con Morgan, intentando convencerlo de que escuchara y perdonara a Emily. La respuesta de Morgan fue que, por el momento, no iba a hacerlo.
Ni Prentiss se merecía el desprecio de la mitad de su equipo ni nadie quería que el equipo se rompiera por la mitad, así que él intentaría hacer lo que estuviera en su mano para arreglarlo.
Ya en Michigan, en la comisaría, Rossi acorraló a JJ. Necesitaba hablar con ella de todo lo que estaba pasando. La rubia supo enseguida de qué iba la conversación.
-No tengo ganas, ni tiempo ahora mismo de hablar, Dave. Por si no te has dado cuenta, estamos en medio de un caso.
-Seré breve. ¿Qué te pasa, JJ? Emily es tu mejor amiga, y la estás dando de lado. ¿Te has parado a pensar lo duro que todo esto ha sido para ella? Siete meses lejos de todos nosotros, y cuando puede volver, se encuentra con vuestro desprecio e indiferencia.
JJ lo miró fijamente, pensando su respuesta. Luego apartó la mirada sin decir nada. Rossi sabía que sus palabras estaban calando en el corazón de la rubia.
-Cuando volvamos, voy a celebrar una cena en casa, una cena de equipo. Quiero que vengáis todos. Habla con Morgan y Reid, por favor.
-No te prometo nada. Y ahora vamos, Hotch nos está esperando.
La vio salir de la habitación, más huyendo de él que por el trabajo que tenían que hacer, pero tuvo la impresión de haber acertado en hablar con ella: JJ era mujer, amiga de Emily y lo más probable, es que ella terminara convenciendo a Reid de que la perdonaran.
Morgan era otra cosa.
Hotch había intentado permanecer al margen de todo el asunto con Prentiss, pero cuando veía que tres de sus agentes (dos que viajaran en los casos) seguían alejándose de todos, decidió que debía intervenir.
Decidió, una vez más, que hablaría con Morgan. Su agente estaba realmente enfadado, con él, Strauss, Prentiss y toda la situación. Pero intentaría hablar con él una vez más.
Esperó una media hora desde que llegaron al hotel para mantener esa conversación. Llamó con decisión a la puerta de su habitación.
La expresión de Morgan al verlo cambió a una irritada.
-Hotch, estoy a punto de ducharme. Ha sido un día largo y estoy cansado.
-No te robaré mucho tiempo -y se coló en la habitación.
Escuchó a Morgan resoplar a su espalda y cerrar la puerta con fuerza.
-Debéis terminar con esta situación tan absurda. No es buena para nadie.
Morgan puso los ojos en blanco y se cruzó de brazos.
-Todo se podía haber evitado, ya sabes, si lo hubieras contado.
Hotch, cansado de darle vueltas siempre a lo mismo, respiró hondo antes de acercarse peligrosamente a él. Morgan dio un paso atrás.
-Mira Morgan, eres uno de los mejores agentes que tiene la agencia y sabes cómo funciona esto. Imagínate que te lo hubiese contado a ti. ¿Hubieras sido capaz de guardar el secreto viendo lo mal que lo estaban pasando Reid, JJ o García? ¿O que lo hubiéramos contado a todo el equipo?
"Entiendo, créeme que sí, lo mal que lo estás pasando, lo desplazado que os habéis podido sentir, pero era realmente necesario guardar el secreto. Y te aseguro, que no fue nada fácil hacerlo, porque cada día hubiera querido gritarlo. Deciros la verdad a todos para evitaros más sufrimiento del necesario.
Ambos guardaron silencio unos segundos, hasta que Morgan asintió, haciéndole entender que había captado el mensaje. Entonces Hotch se marchó sin despedirse, sabiendo que por fin, las cosas empezarían poco a poco a mejorar.
Emily esperó con impaciencia en el pasillo a que terminara la clase, mordiéndose la uña del pulgar y moviendo la pierna con impaciencia. Cuando vio salir a los cadetes del aula, se puso en pie.
Reid resopló irritado cuando la vio allí parada y echó a andar. Ella fue detrás.
-Reid, necesito hablar contigo un minuto, por favor.
-Estoy ocupado -no le importó si ella lo siguiera o no, no pensaba pararse.
Al llegar al ascensor, Emily se puso delante para evitar que lo cogiera. Se miraron fijamente un instante, hasta que el agente cedió.
-Te doy dos minutos.
Se apartaron a un lado cuando alguien se acercó para coger el ascensor, y Emily supo que debía jugar bien sus cartas, puesto que sabía que era su última oportunidad para convencer a Reid de que los perdonara.
-Lo siento ¿vale? Sé que estás enfadado por lo que pasó, por lo que te ocultaron, pero las circunstancias lo exigían. Y sé que en el fondo, lo sabes.
"Para mi no fue fácil tampoco. Estaba sola en París, sin saber si volvería a ver a mis siete amigos. Al menos vosotros os teníais unos a otros -Reid endureció su expresión y supo que ahí se había pasado-. Spencer, necesito que me perdones. No sé cuánto más puedo aguantar con vosotros enfadados conmigo.
Parpadeó rápidamente para no llorar, puesto que Reid seguía callado. Ya no sabía qué más hacer. Había notado el cambio en JJ en los tres días que había durado el caso, más abierta a hablar un poco más con ella y eso le daba esperanzas a Morgan y Reid.
-Mañana por la noche Rossi hace una cena de equipo en su casa. Es a las siete. Me gustaría mucho que vinieras, por favor.
Y como Reid parecía no reaccionar, se marchó. Un nudo en la garganta y las lágrimas no derramadas la acompañaron fuera del edificio de la academia.
La música italiana, el vino, y los ingredientes para la pasta, estaban preparados para la lección de cocina que el agente italiano había decidido darle a sus compañeros para amenizar la velada.
La conversación entre la mayoría del equipo, que ya estaba allí, fluía sin problemas. No obstante, la duda y los nervios flotaban en el aire.
Cuando sonó el timbre, el corazón de todos dio un vuelco. Se miraron unos a otros, con la esperanza pintada en el rostro.
Instantes después, cuando Morgan y JJ entraron en la cocina y saludaron, Emily sintió ganas de llorar. Por verlos, porque estaban allí y eso significaba que la perdonaban, y por Reid, que no parecía querer hacer lo mismo.
Morgan la miró un segundo con expresión de pena, luego abrió los brazos y Emily, sonriendo, se abalanzó sobre él. Luego abrazó a JJ.
-¡Por fin! Esto es lo que tendría que haber sido desde el principio -dijo García alzando su copa.
Estaban todos tan entusiasmados hablando y riendo, que no escucharon cuando el timbre sonó de nuevo. Rossi volvió a escabullirse, deseando no equivocarse en su predicción.
-Buenas noches.
La voz del agente más joven los calló a todos, que se sintió cohibido de repente. Rossi decidió que era el momento de echarle una mano.
-Bien, ahora que estamos todos, vamos a comenzar nuestra lección de cocina. ¡Os aviso! Lo que cocinéis, es lo que os vais a comer, así que ya podéis prestar atención y hacerlo bien.
Las risas estallaron en la cocina ante la advertencia de Rossi. Todos cogieron una copa de vino, y antes de empezar, brindaron. Por la amistad, por la familia y porque nada más volviera a separarlos.
Al final de la noche, Hotch y Rossi pudieron comprobar que las relaciones rotas entre el equipo se habían restablecido, y que parecía que todo volvía a ir bien.
Continuará…
