Después de la cena, Harry, Ron, Hansy Hermione siguieron al resto de los de su casa por el camino de la torre de Gryffindor, pero cuando llegaron al final del corredor, encontraron a muchos alumnos agolpados frente al retrato de la señora gorda.
—¿Por qué no entran? —preguntó Ron intrigado. Harry miró delante de él, por encima de las cabezas. El retrato estaba cerrado.
—Déjenme pasar por favor —dijo la voz de Percy. Se esforzaba por abrirse paso a través de la multitud, dándose importancia— ¿Qué es lo que ocurre? Déjenme pasar, soy el Premio Anual.
La multitud guardó silencio, empezando por los de delante. Fue como si un aire frío se extendiera por el corredor.
— ¿Qué sucede? – Preguntaba Hermione detrás de Hans. Oyeron que Percy decía con una voz repentinamente aguda:
—Que alguien vaya a buscar al profesor Dumbledore, rápido—Las cabezas se giraton. Los de atrás se ponían de puntillas.
—¿Qué sucede? —preguntó también Ginny, que acababa de llegar.
Al cabo de un instante hizo su aparición el profesor Dumbledore, dirigiéndose velozmente hacia el retrato.
Los alumnos de Gryffindor se apretujaban para dejarle paso, y los cuatro se acercaron un poco para ver qué sucedía.
—¡pero ¿qué...! —exclamó Hermione, tomando el brazo de Hans, asustada.
La señora gorda había desaparecido del retrato, que había sido rajado tan ferozmente que algunas tiras del lienzo habían caído al suelo. Faltaban varios trozos grandes.
Dumbledore dirigió una rápida mirada al retrato estropeado y se giró. Con ojos entristecidos vio a los profesores McGonagall, Lupin y Snape, que se acercaban a toda prisa.
—Hay que encontrarla —dijo Dumbledore— Por favor; profesora McGonagall, dígale enseguida al señor Filch que busque a la señora gorda por todos los cuadros del castillo.
—¡Pero si ella no va a salir! —dijo una voz socarrona. Era Peeves, que revoloteaba por encima de la multitud y estaba encantado, como cada vez que veía a los demás preocupados por algún problema.
—¿Qué quieres decir, Peeves? —le preguntó Dumbledore tranquilamente. La sonrisa de Peeves desapareció. No se atrevía a burlarse de Dumbledore. Adoptó una voz empalagosa que no era mejor que su risa.
—Le da vergüenza, señor director. No quiere que la vean. Es un desastre de mujer. La vi correr por el paisaje, hacia el cuarto piso, señor; esquivando los árboles y gritando algo terrible — dijo con alegría— Pobrecita —añadió.
—¿Dijo quién lo ha hecho? —preguntó Dumbledore en voz baja.
—Sí, señor director —dijo Peeves, con pinta de estar meciendo una bomba en sus brazos — Se enfadó con ella porque no le permitió entrar, ¿sabe? — Peeves dio una vuelta de campana y dirigió a Dumbledore una sonrisa por entre sus propias piernas— Ese Sirius Black tiene un genio insoportable.
El profesor Dumbledore mandó que los estudiantes de Gryffindor volvieran al Gran Comedor; donde se les unieron, diez minutos después, los de Ravenclaw, Hufflepuff y Slytherin. Todos parecían confundidos en intrigados.
—Los demás profesores y yo tenemos que llevar a cabo un rastreo por todo el castillo —explicó el profesor, mientras McGonagall y Flitwick cerraban todas las puertas del Gran Comedor
— Me temo que, por su propia seguridad, tendrán que pasar aquí la noche. Quiero que los prefectos monten guardia en las puertas del Gran Comedor y dejo de encargados a los dos Premios Anuales. Comuníquenme cualquier novedad — añadió, dirigiéndose a Percy, que se sentía inmensamente orgulloso— Avísame por medio de algún fantasma, el aludido asintió.
Con un movimiento de la varita, Dumbledore envió volando las largas mesas hacia las paredes del Gran Comedor. Con otro movimiento, el suelo quedó cubierto con cientos de mullidos sacos de dormir rojos.
—Felices sueños —dijo el profesor Dumbledore, cerrando la puerta.
A Hansno le hacía nada de gracia tener que dormir en el suelo, pero al menos significaba que dormiría junto a sus amigos. Los cuatro Gryffindor tomaron sus sacos de dormir y se acomodaron en una esquina, Ron junto a Harry y obviamente Hans junto a Hermione.
—¿Creen que Black sigue en el castillo? —susurró Hermione con preocupación.
— Evidentemente, Dumbledore piensa que es posible —dijo Hans.
—Es una suerte que haya elegido esta noche, ¿se dan cuenta? —dijo Hermione, mientras se metían vestidos en los sacos de dormir y se apoyaban en el codo para hablar— La única noche que no estábamos en la torre...
—Supongo que con la huida no sabrá en qué día vive —dijo Ron— No se ha dado cuenta de que es Halloween.
Hermione se estremeció.
—Pero me pregunto como ha podido entrar— Inquirió Harry.
A su alrededor todos se hacían la misma pregunta.
— Es demasiado sospechoso– respondió Hans que usaba su brazo como almohada y suspiraba - Porque el castillo no está protegido sólo por muros —indicó— Sino también por todo tipo de encantamientos para evitar que algún extraño entre. No es tan fácil aparecerse aquí. Y quisiera ver el disfraz capaz de engañar a los dementores. Vigilan cada una de las entradas a los terrenos del colegio. Si hubiera entrado volando, también lo habrían visto. Filch conoce todos los pasadizos secretos y estarán vigilados.
—¡Voy a apagar las luces ya! —gritó Percy— Quiero que todo el mundo esté metido en el saco y callado.
Todas las velas se apagaron a la vez. La única luz venía de los fantasmas de color de plata, que se movían por todas partes, hablando con gravedad con los prefectos, y del techo encantado, tan lleno de estrellas como el mismo cielo exterior. Entre aquello y el cuchicheo ininterrumpido de sus compañeros
….
En la sala común de Slytherin, Malfoy se encontraba sentado en uno de los sofás que estaba cerca de la chimenea. Llevó una mano a la barbilla sin dejar de pensar en las palabras de su madre cuando le relato sobre Sirius Black y no pudo evitar que una inmensa preocupación se apoderará de él, en pensar que Hermione podía estar en peligro, debido a su amistad con Potter y Westergaard. No quería ni siquiera imaginar lo que una mente trastornada cómo la de ese convicto era capaz de hacer a unos estudiantes.
—Me comienzas a poner nerviosa Draco. Dime, ¿en que estas pensando ?—le cuestionó Elsa bajando su libro de encantamientos.
Malfoy suspiró para acomodarse a un lado de su mejor amiga quien habia dejado su libro sobre sus piernas.
—Elsa, no puedo sacarme de la cabeza que Sirius Black intentara entrar aldormitorio de Gryffindor, mi madre me contó que Black fue quien dio la ubicación de los Potter al señor oscuro y además causo de la muerte de varios Muggles cuando los aurores lo atraparon. Dicen que se reía como un demente… de seguro el pasar tantos años en Azkaban le hizo que perdiera la poca cordura que le quedaba. No dudo que venga por Potter y Westergaard y me preocupa que Hermione salga lastimada.
Elsa escuchaba con atención lo que Malfoy le dijo y por alguna extraña razón y aunque odiara admitirlo la sola idea de que Hans saliera lastimado le aterraba. Ella no podía sentir nada por Westergaard, lo odiaba pero eso no evitaba que se preocupara por él.
— ¿De verdad crees que Sirius Black quiera lastimar a Potter y a Hans? Me refiero a que ese tonto pelirrojo es su sobrino, uno de los últimos Black, dudo que quiera hacerle algo.
Draco movió la cabeza en negación, suspirando — ¡Por Salazar, Elsa! ese sujeto entregó a los Potter al señor tenebroso. De seguro quiere terminar el trabajo que dejó pendientehace doce años, todos los Black son unos locos puristas, quizá Sirius piensa que Westergaard es una mancha en el linaje puro de los Black.
Elsa pareció pensarlo unos segundos para después ponerse de pie y caminar a una de las mesas de la sala común donde dejó su libro.La princesa cerró sus ojos suspirando manteniendo la mirada en el piso, últimamente se sentía confundida sobre sus sentimientos por Westergaard.
— ¿Te gusta Hermione Granger verdad, Draco?— más que una pregunta era una afirmación.
Draco se sorprendió por la pregunta repentina, provocando que se sonrojara. Era tímido al hablar de sus sentimientos, no obstante, al recordar los momentos que habia pasado con Hermione, una suave sonrisa se dibujó en su rostro y fue firme cuando habló:
— Si, Elsa me gusta Hermione Granger me ha gustado desde que la conocí—suspiró, bajando la mirada— intenté luchar con mis sentimientos, convencerme a mi mismo que la despreciaba pero cuando ese basilisco la petrifico, mi mundo se rompió en pedazos —el rubio mantenía la mirada en el piso —Se que este sentimiento esta mal, Hermione es una Griffyndor… pero te juro Elsa, que no puedo sacarme a Granger de la cabeza.
Elsa escuchaba con atención y asombro la forma en que Malfoy se sinceraba con ella. La princesa de hielo caminó a donde él estaba y lo tomó de sus mejillas para que sus miradas se encontraran.
—Mírame, Draco —le pidió la platinada dulcemente —No tienes porque sentirte mal, tampoco avergonzarte por tus sentimientos por Hermione Granger. Déjame decirte que no mal enamorarse y quien diga lo contrario es porque no se le permitió amar. Sabes que Granger no es de mi total agrado pero si es lo que tu quieres tienes mi apoyo incondicional, eres mi mejor amigo y siempre estaré para escucharte. Gracias por confiar en mi.
Draco le sonrió, inclinándose para dejar un beso en la mejilla de la platinada. Se sentía afortunado de tener a su lado a alguien como Elsa, muchos pensaban que la futura Reina de Arendelle era una chica fría y sin sentimientos pero eso era mentira, la verdadera Elsa, era una chica dulce y amable que nació con poderes de hielo y debido a eso tuvo que aprender a controlar sus emocionespara no lastimar a las personas que la rodeaban y eso lo hacía admirarla.
— Gracias por no despreciarme, Elsa —Malfoy la abrazó pasando su mano sobre su cabello—Me preocupaba que no entendieras y me despreciaras por mis sentimientos por Granger. Puedo soportar el repudio de nuestros compañeros de casa, pero no tu desprecio, eres mi mejor amiga.
Comenzaron a caer pequeños copos de nieve en la sala comúnmientras ambos chicos permanecían abrazados.Cualquiera que los viera pensaría que es un momento romántico, sin embargo, para ellos era un momento en que dos mejores amigos se demuestran el respeto y apoyo mutuo que se tienen.
—¿Cómo podría despreciarte Draco? eres el primer amigo real que tengo, el primer chico que se me acerco sin dobles intenciones, jamás demostraste miedo por mi poder —La chica levantó la mirada y le sonrió despeinando su cabello —En los sentimientos no se mandan y si te gusta las dientes de castor lo respeto.
—¡Oye, no le digas de esa manera! Además ya no tiene los dientes de castor —la defendió Malfoy riendo —Elsa, quiero que seas sincera conmigo ¿Qué sientes por Westergaard?—el semblante de Draco cambio a uno serio.
Elsa borró su sonrisa y se puso sería, le dio la espalda a su amigo mientras su cerebro pensaba en que responder. Hans no le era indiferente, últimamente se sentía atraída por la manera arrogante de responderle, además su atractivo físico iba mejorando pero también estaba el hecho de que su padre le habia indicado que llegado el día, ella seria Reina y debía elegir al hombre correcto para gobernar a su lado, como su Rey consorte. Y su Padre se habia encargado de contarle el buen partido que era Rudy, aunque a ella el tipo le desagradaba.
—¿Por que preguntas esa tontería, Malfoy ?—habló a la defensiva — ¿Porque piensas que siento algo por Hans? Pero bueno, responderé a tu pregunta, no siento nada más que un profundo desagrado por ese tonto pelirrojo.
—Vaya mentirosa que eres Elsa, todos nos damos cuenta de tu fijación con Westergaard, la forma en que lo miras, y como siempre buscas cualquier excusa para hablarle… deberías ser un poco mas sincera contigo misma y aceptar que sientes algo por Hans Westergaard, tu misma lo dijiste no tiene nada de malo—acotó y Elsa resopló molesta.
— Muy bien, Malfoy ¿Quieres saber la verdad? ... Si, tengo sentimientos por Hans Westergaard, pero eso es irrelevante, cuando llegue el momento de ser coronada deberé elegir al hombre correcto para que gobierne a mi lado ¡Mis sentimientos no importan en lo mas mínimo! mi padre me ha dejado en claro que Rudy Westergaard es el correcto para ser mi consorte. Entonces, dime ¿cómo demonios puedo ilusionarme con Hans si nunca podremos estar juntos?
De repente, Draco comenzó a sentir frio. Elsa habia dejado salir sus emociones y congeló una parte de la sala común, el rubio frunció el ceño, enojado por las palabras de la rubia platinada, no le importaba el frio y la tomó de ambos brazos intentando no lastimarla.
—¿Qué diablos te pasa Elsa? ¿Cómo puedes dejar que tus padres y tus estúpidos consejeros decidan por ti?¿ De verdad crees que tus súbditos estarán felices de ver a su Reina con un semblante deprimente? Además, ese muggle es repugnante—dijo con asco— algún día serás la Reina de Arendelle y tú mandarás y decidirás ¡Pero si piensas dejar que otros decidan por ti, estás jodida! Tú padre fue quien eligió a tu madre, así que tu tienes el mismo derecho y si te gusta Hans Westergaard ellos tendrán que respetarlo y aceptarlo.
Elsa se quedo pensativa ante las duras palabras de Malfoy, eran crueles pero tenia razon, su padre escogió a la mujer que queria como esposa. Ella tenia derecho a elegir a su compañero de vida y su futuro Rey, aún faltaba mucho para eso pero queria descubrir si Hans era el indicado para algún día llamarlo su consorte.
—Tienes razon Draco, no puedo dejar que ellos elijan con quien debo casarme, eso es algo que sólo me toca decidir a mi y créeme elegiré bien y si alguno de los consejeros reales se oponen los mandaré al demonio. Después de todo, soy la princesa de Slytherin—dijo con una sonrisa altiva.
Draco sonrió de lado —Bueno, su alteza real es hora de ir descansar —el chico imitó una reverencia causando que la platinada le lanzara una bola de nieve — ¡Oye! Que agresiva... en un futuro cercano asistiré a su coronaciónpero una cosa si te digo: No pienso reverenciar a ese león presumidocon ínfulas de héroe.
Elsa río de buena gana, no le molestaba la idea degobernarcon Hans a su lado. Ennavidad hablaría con su padre para pedirle que cancele su compromiso con Rudy, ella no pensaba casarse conese pobre diablo.
—Hablaré con mi padre en las vacaciones de Navidad, le diré que cancele ese tonto compromiso, que yo elegiré a mi compañero de vida. Draco, cuando me convierta en Reina pienso regalarte un Titulo Nobiliario, después de todo, eres mi mejor amigo ¿Qué te parece, Conde Malfoy? suena bien.
Draco rio volviendo a reverenciar —Vaya, eso suena bastante importante, los Malfoy somos una familia aristocrática en el mundo mágico y ahora también en el Muggle… me agrada.
El rubio le agradeció y ambos subieron a sus habitaciones a descansar, ya mañana un nuevo día será.
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Inevitablemente llegó el invierno, y con ello las vacaciones de navidad. Draco ya le había enviado una lechuza a su madre, diciendo que pasaría la navidad con un amigo del colegio, ella no puso objeción ni hizo preguntas, el chico supuso que su padre tampoco.
Hizo su maleta, empacó la ropa mas muggle que podía, inclusive se vistió de la manera mas ordinaria, pantalón negro, camisa blanca de vestir y su abrigo "más barato" de color negro también, bajó y esperó a su compañera en la sala común junto a sus otros dos amigos.
— Nos veremos dentro de un par de semanas Draco, ya sabes si te aburres de estar con la come libros Granger me escribes – le decía Elsa– Seguro que Grangerse pasa las vacaciones leyendo, te la vas a pasar muy mal.
— No digas tonterías Elsa, prometo mandarte tu regalo de navidad.
Ambos se despidieron con un abrazo prometiendo mantenerse en contacto por medio de cartas.
……
En la Torre de Gryffindor, Hermione terminaba de guardar algunos libros para adelantar algunos trabajos, bajo la mirada de sus tres amigos quienes se habían colado a su dormitorio por la ventana.
—No puedo creer que pasarás la Navidad con Malfoy —Hans se dejó caer en la cama de la castaña — espero puedas disfrutar tus vacaciones.
Hermione cerró su equipaje para voltear a ver a Hans con una amplia sonrisa en su rostro, estaba emocionada, pasaría la navidad con el chico que le gustaba.
—Lo mismo digo Hansy ¿Donde pasarás tu navidad? —le preguntó la castaña, tomando asiento a un lado de el —Puedes venir con nosotros si gustas.
El pelirrojo lo meditó un poco antes de contestar— Me quedaré unos días en Hogwarts y luego iré a las islas del Sur, mis padres adoptivos suelen asistir al baile de navidad en Arendelle.
— Entiendo, espero se diviertan los tres, y recuerden: no hagan cosas peligrosas que pongan en peligro su vida o peor ser expulsados —Granger cerró su maleta.
— Hermione, nos veremos en unas semanas, te escribiremos todos los días para contarte como estan las cosas por aquí —Le dijo Harry abrazando a su mejor amiga —Espero tu serpiente te deje escribirnos ¡Pasa una linda navidad, Hermione! Te vamos a extrañar.
—Al menos Hans y tú se quedarán aquí – Comentó Harry, volteando a ver a Ron— No quería quedarme aquí solo.Astoria me invitó a ir a cenar con sus padres pero siento que le causare problemas , y en definitiva no iría con mis tíos.
—¡Claro! Ya sabes que yo soy un amigo fiel, aunque en algún momento tendrás que conocer a tus suegros, Harry — contestó el pelirrojo.
Despuésde unos minutos finalmente Hermione los obligó a dejar el dormitorio para seguir empacando. Luego de un rato, bajó acompañada de Ginny que le ayudaba con sus maletas, pues ella cargaba un bolso y la canasta de Crookshanks. Vestía jeans color negro y un sencillo abrigo rojo.
…..
— Bueno, hora de irnos. – Le dijo al rubio quien la esperaba afuera del Castillo– El tren esta por salir.
—Los veremos después de las vacaciones– Se despidieron los cuatro Gryffindor.
- Y, si no es mucha molestia podrían traernos algunos dulces muggles– les dijo Ron— Hasta pronto— se despidieron, y Hermione se fue junto a Draco para tomar el tren. Harry y Hans se quedaron observando el lugar por donde su amiga se había ido, y exhalaron.
—Ron, recuerda que prometiste acompañarme a Gringotts por el regalo de Elsa —le recordó el decimotercer príncipe, para luego voltear a ver al pelinegro —¿Porque no vienes con nosotros Harry?
—No lo olvide Hansy — el pelirrojo soltó un gruñido al escuchar como lo habia llamado Weasley — ¿Que te parece si mañana vamos? Le mandaré una lechuza a Bill para que nos ayude .
Harry sopesó el plan y concluyó que no era mala idea acompañar a sus amigos a Gringotts, así podría aprovechar y sacar un poco de dinero para el regalo de navidad de Astoria, quizás en su bóveda habia alguna joya que podría regalarle.
—Cuenten conmigo, iré con ustedes, así podré tomar un poco de dinero y comprarle un regalo de navidad a Astoria.
…..
En el Tren, Malfoy y Hermione caminaban buscando un compartimiento vació para poder sentarse.
— Por aquí— Le dijo el rubio, señalando un compartimiento vacío, la castaña entró, acomodaron las maletas y cerraron la puerta. Se sentaron junto a la ventana, uno frente al otro.
—¿Y bien? – preguntó Hermione, sonriente— ¿Estás emocionado por ver el mundo muggle por primera vez? – Draco soltó una risita.
—Para tú información, no es la primera vez que veo el mundo muggle.
— ¿Ah, no? – ladeó la cabeza con curiosidad.
— Hace tiempo mi madre y yo visitamos a una tía, y para llegar a su casa tuvimos que ir por el Londres muggle y además paso con Elsa por lo menos una semana durante vacaciones.
—Y… entonces ¿Qué te parecen hasta ahora?
— Bueno ¿Qué puedo decirte? —Suspiró— son muy raros, no entiendo porque visten de esa forma tan extraña. Y no entiendo como pueden transportarse en esos autos, tardan horas en llegar a donde quieras– Hermione rio divertida.
—Pues, espero que goces el paseo en auto, porque en eso iremos a casa. Mis padres nos esperarán en Kings Cross.
—Sólo espero que no este muy lejos. – También rio.
En ese momento se abrió el compartimiento. La cabeza de Elsa se asomó por ella, sonriendo a Malfoy y movió la cabeza en forma de saludo a la castaña.
—Lamento si los molesto pero era el único compartimentoaceptable, me niego a compartirespacio con esos tejones come flores o con los raros de Nott yLovegood hablando de criaturas mágicas inexistentes —se quejó la princesa lo que causó que Malfoy riera—Me sentaré con ustedes ¡Quieran o no!— decretó sentandose.
—Claro— contestó Hermione, divertida.
—¡Oh! Tienes ungato, Granger— le preguntó Elsa, al ver a Crookshanks en el regazo de Hermione.
—Si, se llama Crookshanks.
— ¿Puedo cargarlo? – preguntó, tomó al animal entre sus brazos y comenzó a acariciarlo cariñosamente—Es hermoso, ¿Desde cuándo lo tienes?
— Hace muy poco—dijo Hermione – Draco me lo obsequió por mi cumpleaños.
– Elsa le dirigió una sonrisa socarrona a su amigo.
—Vaya, que considerado—rio y el rodó los ojos.
—No sabia que te gustaban los animales, Elsa – comentó Draco para cambiar el tema.
—Te sorprenderías Malfoy, en el palacio tenemos algunas mascotas, Anna tiene un gato llamado Marshmallow, mi madre se lo regaló cuando cumplió siete años.
—¡Que nombre tan raro e infantil, Elsa!
—Vete al demonio, Malfoy – Elsa dejó al minino en el asiento y se cruzó de brazos, fulminándolo con la mirada— Ese nombre se lo puse cuando tenia ocho años ¿Qué esperabas?
Hermione observó la discusión de ambos, se notaba que a Draco le gustaba molestar ala platinada y eso la hacia sentir como una tonta al sentir celos de la relación de ambos.
— Elsa—la castaña saco de su túnica una rana de chocolate —¿Porqué no olvidamos nuestras diferencias?
Elsa consideró la idea unos segundos, mirando de reojo a Draco y finalmente suspiró para tomar la rana de chocolate. No seria fácil, pero lo haría por su amigo.
—Muy bien Granger, dejemos todo atrás y comencemos de nuevo —tomó la rana de chocolate y se la llevó a la boca.
No serian las mejores amigas pero por lo menos intentarían ser cordiales.
Elsa suspiró, agarró su bolso de mano y sacó un libro de cuentos que Anna le habia regalado al iniciar el ciclo escolar.
El trayecto a King's Cross duró poco, cuando llegaron, los tresse fueron por distintos caminos.
Atravesaron el andén y caminaron por la estación. Justo en la entrada se encontraba la señora Granger, quien los esperaba de pie junto a su auto.
—¡Mamá! – Hermione le saludó contenta con un abrazo.
— Herms —su madre también la abrazó. Giró su vista hacia el muchacho junto a su hija— ¡Draco! Que gusto volver a verte– lo saludó.
— Es un placer— contestó cordial.
— Siempre con tus modales tan educados. Bueno, vámonos tu padre nos espera en casa—apremió la mujer.
Draco subió los baúles al maletero, y los tres subieron al auto. Draco se sentó junto a Hermione en el asiento trasero.
Recorrieron media ciudad, Draco miraba sorprendido Londres, la última vez que lo vio estaba muy diferente. No había tanta gente en la calle, ni tantos anuncios publicitarios. Bueno, a la hora que habían ido a visitar a su tía Andrómeda, todo estaba cerrado y obscuro, fue una noche en que Lucius salió de viaje fuera del país, pero aún así no debían ser vistos por nadie.
Podía ver a un hombre con bigote vendiendo lo que parecía ser comida callejera, puso una cara de asco, luego vio un parque con muchos niños jugando entre la nieve, con las mejillas rosadas por el frio.
—¿Entonces? – preguntó su amiga junto a él, quien desde hacía rato lo estaba observando, esperando que dijera algo pero al ver qué no lo haría decidió preguntar— ¿Qué te parece?
—Muy lleno— contestó. Ella y su madre rieron— Bueno, es un comienzo.
—Te gustará ya verás, Draco. – lo animó la señora Granger.
Luego de unos minutos entraron en un área residencial que de inmediato llamó la atención del chico.
—¿Por qué rodas las casas son iguales?
—Bueno, así lo hacemos en el mundo muggle, Malfoy– Hermione y su madre volvieron a reír y el frunció el entrecejo.
—Y ¿cuál de todas es tu casa?
—Esa– contestó la chica, señalando la tercer casa a su derecha, era exactamente como Draco se lo imaginaba, lo más muggle que había visto en su vida, era estilo tudor, con un pequeño jardín cubierto de nieve al frente, tenía lucecitas alrededor de las ventanas y un Santa Claus hinchable en el techo.
El chico miró extrañado a su amiga.
"Adonde me vine a meter" pensó el joven.
—Ya lo entenderás– contestó con una sonrisa.
Bajaron del auto, y se dirigieron a la entrada.
Malfoy respiró hondo antes de entrar, cuando la señora Granger abrió la puerta pudo ver todo en el interior mientras entraba, observó una pequeña sala de paredes azul pastel, sillones frente a una chimenea en la que estaban fotografías de Hermione con sus padres, junto a la puerta estaban las escaleras que daban al piso superior, y al fondo, la puerta del vaivén para la cocina.
—¡Cariño, llegamos! – anunció la madre de Hermione.
— ¡¿Dónde está mi pequeña Princesa ?! —dijo la voz a medida que se iba cercando.
Se escuchó una voz desde la cocina. El rubio tuvo que contener la risa por mera educación. Por la puerta apareció un hombre caucásico de cabello castaño, igual al de Hermione. Vestido con una camisa a cuadros y suéter rojo, traía un delantal con gallos estampados por todas partes. Por alguna extraña razón Draco se puso nervioso, tanto como si su padre estuviera en la habitación con ellos.
—¡Papá! – exclamó Hermione avergonzada.
— Oh, lo siento princesita.
— Él es Draco papá, ¿lo recuerdas? –El señor Granger sonrió.
—¡Pero claro! Que gusto verte otra vez muchacho. – saludó tendiéndole la mano. Draco inmediatamente se la estrechó.
— Encantado – apenas pudo contestar, puesto que los gallos del delantal parecía que fueran a cobrar vida y picarían sus ojos.
—Eres muy educado, que gusto me da– respondió sonriente.
—Gracias… señor.
—Bueno, muchachos ¿por qué no van por sus cosas y le muestras su habitación a Draco, Hermione? – propuso la señora Granger– Les avisaremos cuando el té este listo.
— Claro mamá – Draco exhaló, ambos se dirigieron al auto y Draco tomó ambos baúles, mientras Hermione tomaba la canasta de Crookshanks y su bolso.
Entraron a casa y subieron las escaleras, el piso de arriba era igual de pequeño que el de abajo y eso lo hacía sentirse como un ratón en una pequeña caja.
—Tu casa es realmente pequeña– se burló el rubio mientras caminaban por el pasillo. – Podría recorrerla toda en segundos—Que emoción—dijo sarcásticamente.
— Tú casa debe ser enorme— contestó Hermione, rodando los ojos.
—¡Por supuesto que si!—respondió Draco muy pagado de si mismo.
— ¿Algún día podré verla? – Draco se tensó.
—Tal vez— Hermione abrió la puerta al final del pasillo, entraron a la habitación de huéspedes, era de color azul, con una cama, un escritorio, un armario y un pequeño sofá frente a la ventana.
– Si que es pequeña— comentó— La habitación de mis elfos domésticos es mas grande que esto—murmuró y Hermione puso los ojos en blanco.
—Por favor Draco, no exageres – rio, no esperaba tantas reacciones negativas y tan graciosas de su amigo.
—En serio, no se como puedes vivir aquí—dijo dejando su maleta sobre la cama, con desgano.
—Basta. Que no voy a parar de reír en todo el día.
Draco chasqueó la lengua y escaneó el cuarto con la mirada buscando más defectos en su estructura.
—¿Qué es eso? – preguntó de repente señalando el aparato color negro frente a la cama.
— Es una televisión.
—¿Y que es? ¿Para qué sirve?—preguntó más confundido que antes.
—Bueno, te muestra programas, y películas, algo así como una obras de teatro a todas horas.
— ¿Y para qué quieres algo así? ¿De qué sirve?
— Es por entretenimiento, ya lo entenderás– puso una mano en el aire, restándole importancia – Te dejaré desempacar. Mi habitación esta enfrente por si necesitas algo.
—De acuerdo— contestó, observando cómo la joven salía de su habitación y lo dejaba solo en ese diminuto armario y con tanto artefacto muggle observándolo.
Solo esperaba salir de una pieza al terminar las vacaciones o Granger tendría mucho que explicarle a su madre.
El chico desempacó y acomodó la ropa en el armario, puso algunos libros en el escritorio, y se recostó en la cama.
¿Por qué se puso tan nervioso con el señor, Granger? Él no tenía nada de especial, claro era el sujeto mas raro que había visto en su vida, pero quería agradarle, y se esforzaría para que así fuera, sería el mejor invitado que hayan tenido los Granger, el mas encantador y refinado, ya lo verían.
Mientras pensaba en esto veía el anillo de los Malfoy en su mano, si su padre supiera donde estaba, seguramente lo mataría. Aunque claro que no sería así, mataría a los Granger junto con Hermione de eso no había duda. Sintió un miedo y una preocupación terribles, sabía que su padre era capaz de eso y mucho más.
Se levantó y salió de la habitación, no sin antes tomar el paquete que había en su baúl. La puerta frente a él estaba abierta, se apoyó sobre el marco con los brazos cruzados, mirando a su amiga mientras acomodaba algunas cosas en el armario, la habitación era color lila, y los muebles de color blanco y como era de imaginarse tenía un librero repleto de libros -típico de ella- pensó.
—Nunca imaginé que así sería tu habitación– su repentina intromisión hizo que la chica se asustara y diera un brinco.
— ¡Draco! – dijo llevándose una mano al corazón.
— Lo siento— dijo con diversión
Se adentró en la habitación, se sentó al borde de la cama y le extendió el paquete.
– Toma.
—¿Qué es? – preguntó agitando la cajita y sentándose a su lado.
—Tu regalo de navidad. Obviamente.
—Pero aún faltan unos días.
—¿Y eso importa? Soy un Malfoy y no necesito una ocasión especial para darte tu regalo.
— Está bien lo abriré– quitó el listón plateado y desenvolvió el pequeño paquete color verde botella, lo abrió– Draco…
Hermione agrandó los ojos sorprendida y emocionada por partes iguales.
—No te emociones, no te estoy proponiendo matrimonio.
— Eres un tonto— sonrió— Es hermoso.
—Bueno, no te lo regalé por eso. Tiene un propósito.
— ¿De qué hablas?
—Cuando lo necesites esto te ayudará– dijo señalando la esmeralda al centro del anillo.
—¿De verdad? – sacó el anillo de la caja.
—En serio, así que no se te ocurra perderlo— dicho esto le puso la argolla en el dedo anular de la mano derecha.
Las manos de Draco temblaron un poco al tomar la mano de Hermione entre la suya pero logró disimularlo.
— No lo haré, te lo prometo. Ambos se sonrieron, el anillo se veía hermoso en la mano de Hermione, a Draco le recordaba al de su madre, sus manos eran blancas y delgadas como las de ella, pero obviamente ella era muy diferente a Narcissa Black.
Fijó sus ojos en la chica frente a él, todavía miraba la joya maravillada, tenía unos pequeños hoyuelos en sus mejillas, y sus risos peleaban por bajar de su oreja y cubrir su rostro, sus labios se curvaban en una sonrisa perfecta, era adorable, y de pronto se preguntó si su boca era tan suave como parecía.
No tuvo mucho tiempo para reaccionar o echarse para atrás, cuando se dio cuenta estaba a pocos centímetros de su rostro, y ella parecía estar en el mismo transe, mirando sus ojos grises como el hielo acercarse a ella, instintivamente había abierto los labios a la espera, y él posó su mano en la mejilla de la chica, acercándose cada vez más.
Entonces él pudo comprobar que sus labios no sólo eran suaves, sino que también eran cálidos y sabían a fresas. Y sus mejillas, tan delicadas, no podía dejar de acariciarlas.
Ella por su parte puso sus manos en sus hombros para sostenerse, sintiendo como una corriente eléctrica la recorría por todo el cuerpo. Era una sensación adictiva. Poco a poco profundizaron el beso, tanto que les comenzaban a doler los labios, pero no podían parar. Necesitaban más el uno del otro.
— El té está listo muchachos– la voz de la señora Granger desde el pasillo los alertó y ambos se separaron de inmediato, sin embargo, no lo suficiente como para que la mujer se percatara de la cercanía de los chicos cuando llegó a la puerta— ¿Todo bien?
—Si… mamá… enseguida vamos – respondió la castaña, intentando ocultar el rubor de sus mejillas.
—¿Te sientes bien, hija? Tienes la cara roja como un tomate.
—Si, es que comí un dulce mágico, es por eso.
—Nunca entenderé esas cosas de magos—comentó—Bueno, no tarden o el té se enfriará.
—Gracias, señora Granger– contestó el rubio.
Ambos se quedaron en silencio. Se miraron, y se sonrieron.
Bajaron las escaleras, y tomaron el té en silencio, los señores Granger le hicieron toda clase de preguntas a Draco, dónde vivía, a que se dedicaban sus padres y a que se dedicaría él en un futuro. Draco respondió a todas con la mayor galantería posible y el matrimonio estaba encantado con el amigo de su hija y ella sonreía alegre.
Después de un rato vino la cena, al finalizarla siguieron con el interrogatorio al chico como en la tarde. Los señores Granger se quedaron un rato más charlando, y los jóvenes subieron a dormir sin dejar de intercambiar miradas cómplices.
—Nosotros iremos en un momento– dijo el señor Granger antes de que terminaran de subir las escaleras– Dormimos en la habitación que está junto a la de Hermy… y dormimos con la puerta abierta– creyó conveniente añadir a lo que la señora Granger rio divertida.
Antes de entrar a su habitación, Draco se giró hacía su amiga detrás de él.
—Entonces…
— ¿Si? – lo interrumpió, sonriente.
—Lo de hoy…
— Bueno, ¿tú qué piensas?
— Ya sabes… supongo que ahora somos…
— Si, eso creo– le afirmó Hermione y ambos sonrieron.
Hermione cerró la puerta lentamente, dejándolo con una mueca de satisfacción.
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Elsa suspiró cansina, era irónico, el lugar donde debería sentirse librey segura era su hogar, sin embargo, era todo menos eso, se sentía una prisionera en la torre más alta de su castillo. Era consciente que su destino estaba marcado desde el momento en que vino al mundo y aunque le costará admitirlo le tenia envidia a Anna, tenia más libertad que ella. Algún día se convertiría en Reina y eso implicaba casarse y engendrar un niño que seria su sucesor al trono, el amor quedaba en segundo plano, lo primero era su deber con su Reino. Muchas veces pensó en abdicar al trono y vivir una vida libre pero era injusto, Anna merecía casarse por amor y no por obligación.
Elsa se encontraba en la entrada de su Palacio, miró la estructura y bajó la mirada.
"La nieve pinta la montaña hoy
No hay huellas que seguir
En la soledad un reino
Y la reina vive en mí
El viento ruge
Y hay tormenta en mi interior
Una tempestad que de mi salió
Lo que hay en ti, no dejes ver
Buena chica tu siempre debes ser
No has de abrir tu corazón
Pues ya se abrió"
Susurraba para si misma con los ojos cerrados, sintiendo cada palabra haciendo mella en su corazón.
La princesa dejó caer copos de nieve sobre ella, estaba segura que cuando hablara con sus padres les daría un fuerte disgusto, pero como Malfoy le dijo, lo primero era su felicidad.
—Elsa ¿Qué haces? — habló su padre bajando por las amplias escaleras, seguido de su esposa—Kai no me informó que habías llegado ¿Como te fue? Mi pequeña princesa —el Rey la abrazo con cariño.
— Disculpa padre, saludé a los empleados y le pedí a Kai y Gerda que no dijeran nada, queria darles una sorpresa —se disculpó la princesa, correspondiendo el abrazo.
Agnarr estaba feliz de tener a Elsa de nuevo en Arendelle, dado que ya habían llegado los Westergaard con los dos príncipes: el futuro Rey Caleb y Rudy, suprometido. Tambien invitaron a otras familias Reales con sus hijos, quienes le solicitaron la oportunidad de cortejar a La princesa Elsa y no pudo negarse, puesto que él estaba seguro que su pequeña Elsa elegiría a Rudy cómo ya lo habían discutido anteriormente. Estaba feliz de que Arendelle y las islas del sur se unieran.
—Mamá, te extrañé —Elsa abrazó a Iduna — ¿Donde esta Anna ? —le preguntó, buscándola con la mirada, le pareció extraño que su hermana no estuviera para recibirla.
Iduna correspondió el abrazo con una sonrisa, pese a que estaba preocupada por la reacción Elsa cuando viera a los otros príncipes que viajaron hasta allí para tener la oportunidad de cortejarla.
—Anna se encuentra jugando, pidió permiso para salir del palacio—se separaron del abrazo— la veras en la cena, pero ven, quiero presentarte a algunas personas… además, hay alguien que esta desesperado por verte.
Los Reyes de Arendelle le sonrieron tomándose de la mano, seguido de eso caminaron por uno de los pasillos que conectaba al salón principal, donde los invitados los esperaban. Al llegar a la puerta, Kai se ya los esperaba, hizo una reverencia y les abrió la puerta.
—Buenas tardes para todos, sean bienvenidos a Arendelle, sus majestades el Rey Agnarr, La Reina Iduna junto a su Alteza Real la Princesa Elsa, les agradecen su visita y les dan la bienvenida a su palacio.
Cuando Kai terminó de hablar, los tres entraron al Gran salón, donde los invitados les presentaron sus respetos.
Elsa estaba disgustada por la presencia de esos príncipes pedantes y una mueca de disgusto se dibujó en su rostro ante el patético intento de coqueteo de Rudy y los otros príncipes.
—Agnarr, muchas gracias por la invitación. Mi hijo esta muy contento de conocer a la princesa Elsa, quizá esta navidad tengamos un compromiso .
La platinada intentaba contener su malhumorante la estupida broma deese hombre. Su madre notó su incomodidad y se acercó colocando su mano en su hombro, sin dejar de aparentar una sonrisa amable.
—Debes tranquilizarte será solo unos minutos, Elsa — le dijo en tono maternal.
—Me da gusto tenerte en mi Reino, John.Elsa esta feliz de conocer al Príncipe Dominick—dijo la reina.
—Pierdes tu tiempo John, la princesa Elsa esta comprometida con mi hijo Rudy, mi muchacho es mil veces mejor que tu hijo—pronunció la voz del gobernante de las islas del Sur, acercándose.
La Slytherin se sentía asqueada, ante todo ese lugar lleno de personas que se creían con el derecho de decidir por ella. Estaba harta de que nadie tomara en cuenta lo que ella quería, tenia ganas de salir corriendo e ir a su habitación o regresar a Hogwarts, donde de seguro estaba Hans queria verlo y confesarle sus sentimientos, decirle que le gustaba desde hacía tiempo.
Quería gritar, salir corriendo de allí, no obstante, al mirar a sus padres supo que no podría hacerlo, no podría hacer tal desplante. Tendría que soportar un poco más.
—Princesa Elsa, un gusto conocerla —el chico tomó su mano para besarla —Mi nombre es Dominick, príncipe de las Islas del Norte — estoy feliz de conocerla. Déjeme decirle que usted es hermosa.
El chico era guapo, ojos cafés claros, cabello castaño, pero en cuanto a actitud, se notaba que era un engreído, que pensaba que todo lo merecía y de seguro la queria como trofeo, y más segura lo estuvo cuando escuchó por sus padres la enemistad de las islas del Sur y Norte.
—El gusto es mío Príncipe Dominick, espero disfrute su estancia en Arendelle. Si me disculpa tengo algo que hacer—dijo dando la media vuelta, pero el príncipe la tomó del brazo.
—Si gusta puedo ayudarla en lo que tenga que hacer, así me puede mostrar su castillo—propuso con una sonrisa galante.
Rudy al ver aquello se sintió celoso por lo cual no dudoenempujar al Príncipe De las islas del Norte, nadie tocaba lo que era suyo y Elsa le pertenecía, era su prometida y algún día su esposa. Y era hora de marcar su territorio.
—¡Suéltala grandísimo estúpido! Elsa es mía, algún día será mi esposa, así que aleja tus asquerosas manos de ella—le gritó dando otro empujón.
Dominick rio con autosuficiencia, se cruzo de brazos y observó al príncipe sureño de arriba a bajo con desagrado.
—No me hagas reír ¿De verdad crees que estas a la altura de la Princesa Elsa? Sólo mírate, eres el octavo príncipe de un reino que tiene a siete príncipes antes que a ti, esperando para ser Rey. Sí su alteza sabe lo que le conviene me elegirá a mi—dijo con arrogancia.
Eso fue todo lo que la Slytherin pudo soportar ¿Quienes se creían ese par de idiotas para hablar de ella como si fuera un simple mueble? Las temperaturas comenzaron a descender, debido a lo realmente enojada que estaba con todos los presentes y principalmente con sus padres por no pensar en lo que ella queria. Sentía asco por ese par de asquerosos Muggles y el sólo hecho de pensar en contraer nupcias con alguno de ellos le revolvía el estómago.
—¡Basta !... ¿Quien diablos se creen para tratarme como si fuera un objeto? No me interesa conocer a ningún príncipe idiota ¡Estoy cansada, asqueada que quieran decidir por mi!
—Elsa… yo ... tú … nosotros—tartamudeaba Rudy intentando acercarse a ella —recuerda que estamos enamorados, cariño.
La Slytherin se burló abiertamente, mirándolo con desprecio. Ella era una orgullosa hija de Salazar Slytherin, nunca se casaría con un don nadie como Rudy Westergaard.
— No me hagas reír, jamás podría enamorarme de ti, eres un cero a la izquierda. El compromiso lo decidió mi padre sin tomar en cuenta si yo queria o no casarme contigo —la mirada de Elsa era fría, se acomodó su cabello para continuar hablando — ¡Jamás me casare contigo! el compromiso queda roto, no me gustas, ni siquiera te tolero, ¡me das asco!
—Princesa Elsa, déjeme cortejarla, demostrarle que puedo ser el compañero y Rey que usted necesita a su lado — intento acercarse Rudy a la platinada, pero lo alejó con una ráfaga de hielo.
— No me interesa tu patético cortejo, no eres digno de caminar a mi lado. Nadie de aquí es digno de ser mi compañero, sólo hay un chico que es lo suficientemente digno de estar conmigo y de algún día ser Rey y no es ninguno de ustedes—les señaló con el dedo.
Los invitados se sentían indignados por el trato altanero que Elsa les estaba dando a sus hijos, viajaron de muy lejos para conocer a la futura Reina de Arendelle, sin embargo, solo los habia humillado.
—Agnarr, no puedes permitir que tu hija nos hable así ¡qué deje en vergüenza a mi hijo!—El Rey de las islas del Sur estaba indignado —exijo una disculpa y que el compromiso continué.
Agnarr, quien hasta ese momento se había quedado perplejo ante las palabras de su hija, salió de su asombro y la ira se apoderó de él. Observó a su alrededor y todos los miraban con reprobación. Debía actuar rápido y no dejar que su hija echara por la borda todo lo que él había logrado con tanto esfuerzo.
—Elsa, discúlpate ahora mismo con tu prometido y con nuestros invitados ¿Como te atreves a tratarlos de esa manera? Recuerda quienes son ellos y quien eres tú—dijo en tono severo—algún día ocuparas mi lugar y como futura Reina tu deber es con nuestro Reino, te exijo que me respetes y nos respetes a todos — Agnarr la tomó del brazo, disgustado por la actitud caprichosa de la princesa.
—El respeto se gana padre, respétame a mi primero, ¿te has puesto a pensar si quiero casarme con él? Sólo te importa tu Reino, pues bien no te preocupes por eso, claro que Arendelle tendrá un Rey pero no será Rudy, no será ninguno de ellos—tomó aire y habló con decisión— Me gusta Hans Westergaard, ¿les queda claro a todos?
Agnarr e Iduna abrieron los ojos por la sorpresa, puesto que hasta donde ellos sabían Elsa despreciaba a Hans, siempre lo habia tratado mal y ¿de buenas a primeras le gustaba? el Rey pensó que era un capricho más de su hija para llevarle la contra.
—Déjate de caprichos, Elsa —le gritó enojado — primero dices odiarlo y luego te gusta, no eres mas que una niña mimada y consentida que no sabe lo que quiere. Y además, Hans no esta a tu altura, recuerda que ni siquiera es un príncipe ¿ Quien sabe de donde viene? no esta a tu altura, así que olvida ese capricho.
— No es ningún capricho padre, Hans me gusta… tal vez me ha gustado desde siempre ¿no esta a mi altura? Te recuerdo que de todos los chicos que me han intentado presentar, Hans es el mejor, es un mago viene de una buena Familia: los Black, es mucho más rico que los Westergaard e incluso nosotros y viene de una familia mucho más antigua que la nuestra—sentenció decidida y dio la media vuelta, dejando a su padre con la palabra en la boca.
— Elsa, espera ¿Adonde diablos crees que vas? Aún no terminamos de hablar ¡Regresa! —exigió el Rey —¡Elsa, vuelve!
—Regresaré a Hogwarts, no pienso regresar hasta que me respeten y acepten mis decisiones, padre.
Elsa salió del gran salón, disgustada y con toda la intención de regresar a Hogwarts. Estaba mas segura que nunca de lo que queria: hablaría con Hans Westergaard.
Iduna volteo a ver a Agnarr, indignada, no pensaba perder a su hija por culpa de su esposo. Elsa y Anna lo eran todo para ella y si su hija mayor queria estar con Hans Westergaard, la apoyaría .
—No puedo creer lo que acaba de pasar, lo único que lograrás es alejar a Elsa de nosotros. Si mi hija quiere a ese muchacho, la apoyaré.
—Iduna…
Salió del salón principal enojada, en busca de Anna para hablar con ella.
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Los Griffyndor se encontraban en el callejón Diagon, habían caminado por un largo rato buscando el regalo para Astoria. Hans habia sacado un guardapelo que pertenecía a la familia Black, no fue fácil pero Ron y Harry le dijeron que se le vería bien a Elsa.
— Estoy muerto —Hans se dejó caer en la silla —No entiendo como las chicas les puede gustar ir de compras, es cansado. Me duelen hasta las uñas del pie.
—Ni que lo digas, Harry debe amar mucho Astoria para ir a seis tiendas diferentes solo para que se decida por un collar de perlas mágicas.
Harry miro la cajita de terciopelo y sonrió como un tonto enamorado.
—Astoria lo es todo para mi, se merece lo mejor, de hecho firmé unos papeles donde estipule que ella puede hacer uso de mis bóvedas en Gringotts.
Los dos pelirrojos se sorprendieron, mirando al pelinegro que bebía tranquilamente su jugo de calabaza
—¡No me jodas Harry! ¿De verdad dejarás que Astoria tenga acceso a tus bóvedas en Gringotts? —lo cuestionó Weasley, mirándolo .
Potter se encogió de hombros —Claro, ella es mi novia, lo mío es suyo, creo que es lo correcto.
Hans se quedó pensando, si algún día Elsa le hiciera caso haría lo mismo que Harry, pondría todo lo que tiene a sus pies, le daría lo que quisiera.
—Tierra llamando a Hans —Ron movía su mano de un lado a otro —¿Pensando en la Princesita mimada?—preguntó riendo —Estoy seguro que le gustará el regalo que le tienes.
—Eso espero, no soy muy bueno en esta clase de cosas pero quiero que le guste mi regalo. Después de todo...
Los chicos fueron interrumpidos por una voz fría, al voltearse su sonrisa desapareció, era un hombre alto de piel pálida, ojos azules y cabello rubio, sus facciones de rostro eran duras y tenía una sonrisa desagradable.
—Vaya, miren a quien me encontré, al Señor Potter y al Señor Westergaard o ¿debo llamarte Black?
Ron se inclinó y les susurró a sus amigos — Es Corban Yaxley, trabaja con papá en el ministerio .
Yaxley hizo una mueca de desagrado al ver a Ron mirándolo de arriba a abajo como si fuera inferior a él.
— ¡Un Weasley, que sorpresa! un sangre pura o ¿debo decir traidor a la sangre?—escupió con veneno.
—¿Quien demonios se cree para hablar de esa manera de los padres de Ron?—El decimotercer príncipe lo encaró —será mejor que se largue de aquí.
El hombre los ignoró y se acercó a Hans, tomando su mano le levanto la manga de su camisa esperando encontrar la marca tenebrosa o algún indicio que demostrara que el regreso de su Señor estaba cerca, pero nada.
—Muchacho, eres tan afortunado de tener en tus vanas la sangre del mago más poderoso de todos los tiempos. No sabes lo que te envidio, eres el hijo del Señor tenebroso, muchos daríamos la vida por estar en tu lugar.
Hans se soltó de él, mirándolo con desprecio, odiaba que le recordaran la sangre que corría por sus venas. Sentía desprecio de ser hijo de Lord Voldemort, maldecía sus orígenes.
—Suélteme, no vuelva a tocarme ¿le quedó claro? —lo amenazó sacando su varita —Escúcheme bien, pierde su tiempo. Nunca vuelva a insinuar que soy como Tom Riddle, desprecio ser su hijo, desprecio todo lo que tiene que ver con la supremacía de la sangre ¿Entiende?
— Hans tiene razón, Voldemort es un vulgar asesino y los que siguen su asquerosa ideología de sangre, son despreciables — Harry también habia sacado su varita, ya que escuchó sobre los seguidores de Voldemort y Yaxley era uno de ellos.
—Harry Potter, el niño que vivió, eres bastante famoso. Me pregunto si la leyenda de ambos es verdad. Por lo que veo ninguno tiene la habilidad mágica del señor oscuro, es una pena — el mago se dio la vuelta para alejarse de ellos —Potter , Westergaard, nos volveremos a ver y lamentaran sus palabras.
—Sera mejor volver a Hogwarts y contarle lo que pasó a Dumbledore —sugirió Ron.
Harry pagó lo que habían comido y regresaron al castillo dónde acudieron rápidamente con el director y le contaron lo ocurrido. Dumbledore preocupado les pidió a Minerva y a Severus que se mantuvieran al pendiente de ambos. McGonagall estaría al pendiente de Harry y Snape de Hans. Además, que sus permisos para ir a Hogsmeade quedaban suspendidos, cosa que no fue del agrado de ambos chicos.
Harry y Hans caminaban rumbo a las canchas de Quidditch, tenían entrenamiento pues cuando las vacaciones de Navidad terminaran tendrían partido contra Slytherin.
—No entiendo porque Dumbledore nos prohibió ir a Hogsmeade — se quejó en parcel el pelinegro para que nadie escuchara lo que estaban hablando. .
—Esto es bastante sospechoso. No solo debemos cuidarnos de Sirius Black, tambien de los dementes que siguen a Voldemort —le respondió Hans en parcel.
—Hay que mantenernos juntos pero sobre todo hablar en Parcel para que nadie sepa lo que pasa, no podemos arriesgar a nuestros amigos.
Ninguno se dio cuenta que a lo lejos un par de ojos los miraban, habia seguido cada paso de ambos, pronto llegaría el momento de mostrarse pero debía mantenerse en las sombras aún no era tiempo.
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Al día siguiente, los señores Granger tenían ya instalado un árbol de navidad, listo para ser adornado.
— ¿Porque no adornan el árbol tu y Draco, princesita?– pidió el señor Granger a su hija– Tú madre y yo tenemos que hacer unas compras antes de la comida.
— Esta bien, padre– contestó la chica. Minutos después sus padres ya se encontraban en el auto para ir al centro comercial.
—Vamos, hay que adornar el árbol– Dijo la chica nerviosa, evitando mirar al rubio sentado frente a ella, lo había hecho toda la mañana, quería ocultar sus nervios.
—¿Qué se supone que haremos? – preguntó el chico poniéndose de pie.
—Bueno, primero hay que sacar los adornos, después cuélgalos como quieras en el árbol, yo pondré algunas esferas de este lado—le indicó.
Los chicos comenzaron a adornar juntos el árbol, aunque lo hacían en lados opuestos para no mirarse. Draco nunca lo había hecho en su vida, cuando llegaba a casa de las vacaciones los elfos ya habían echo el trabajo, en ocasiones Cherry, su elfo, lo hacía flotar hasta la punta para que pudiera poner la estrella.
Debía admitir que poner los adornos sin absolutamente nada de magia era bastante agotador, echó un vistazo a su compañera quien ponía algunas campanas en la parte superior y sonrió. Cuando terminaron, el rubio puso el ángel color dorado en la punta del árbol.
—Listo—dijo Hermione.
—Aún falta un adorno – le dijo Draco.
— ¿Qué adorno?
— Este—contestó sacando del fondo de una caja un listón color rojo, del cual colgaba un pequeño muérdago.
Levantó el brazo, haciendo que la ramita quedara arriba de ambos. La chica miraba sorprendida, y él no desaprovecharía el momento.
Soltó el adorno, y sin darle tiempo a la chica de huir tomó su rostro entre sus manos y le dio el beso mas dulce que ella hubiera experimentado.
—Si sigues así no podré separarme de ti– le reclamó Hermione con una sonrisa.
—No pretendo hacerlo– contestó Draco tomándola por la cintura para darle otro largo beso.
…..
Hans habia recibido una carta y aunque al principio dudo que realmente fuera de Elsa, decidió arriesgarse y acudir a la cita, lo habia citado en la torre de astronomía. Llegó allí puntual y él chico se mantenía recostado contra la pared, sólo esperando y cuando pensó que ella no vendria, escuchó un par de pasos acercándose, se puso en alerta pero no le dio tiempo de reaccionar, Elsa corrió hacia él, abrazándolo por el cuello, uniendo sus labios con los de él, era un beso apasionado, queria demostrarle todo lo que sentía, y el beso se prolongo unos segundos más .Hans tenia sus manos sobre su cintura y poco a poco se fueron separando a causa de la falta de aire y Elsa dijo:
— No puedo seguir negando lo que pasa ¡Me gustas, Hans! me gustas mucho, creo que me has gustado desde hace mucho tiempo pero mi orgullo no me dejaba aceptarlo— le confesó con sonrojo en sus mejillas.
Él decimotercer príncipe sentía su corazón latir muy rápido, estaba feliz. Elsa se le estaba declarando, habia soñado con ese momento desdd siempre y ese sueño que se veía tan lejano ahora era real.
—Te amo, Elsa. Siempre te he amado, eres la chica para mi —le dijo en un susurro, besando sus labios —¿Quieres ser mi novia, Elsa?—cuestionó con anhelo.
La rubia platinada le sonrió pasando la mano por sus mejillas —Debo agradecerle a Granger que te obligara a depilarte esas patillas tan espantosas. Ahora te ves mas atractivo y sobre ser tu Novia ¡si, acepto.
Hans estaba feliz al escuchar su respuesta, sentía que volaba, la chica de la que estaba enamorado acepto estar a su lado. No importaba lo que pasara, la protegería de quien intentara hacerle daño. Elsa era el amor de su vida y lucharía para estar juntos, contra todo y contra todos.
