Hola chicos les traigo un nuevo capitulo
espero les guste y me dejen su opinion
nos leemos la proxima semana
Elsa y Hans se confesaron su amor y decidieron quedarse allí un rato más, dónde se sentaron y platicaron por largos momentos.
— Estoy muy feliz, cariño— una amplia sonrisa se dibujó en los labios de Elsa— recostandosu cabeza sobre el hombro del pelirrojo—Hans, quiero disculparme contigo por lo mal que te traté sin merecerlo, no queria que me gustaras, pero sin darme cuenta fuiste entrando a mi corazón—la platinada se sinceró y cerró sus ojos mientras en sus labios se dibujó una suave sonrisa.
¿Cuánto tiempo había anhelado estar así junto a él? y solo por su orgullo se había negado esa felicidad.
Hans entrelazó sus manos con las de Elsa y al estar tan juntos podía sentir su corazón latir muy rápido debido al momento íntimo que estaban compartiendo.
—Todo esta olvidado, cariño — le dijo apretando su mano—Creo que soy masoquista — suspiró — Cuanto peor me tratabas me sentía más atraído por ti, recuerdo cuando te conocí, te vi bajar por las escaleras de tu palacio—relató con nostalgia —te mirabas tan majestuosa que caí rendido a tus pies.
Elsa estaba feliz de saber que Hans no habia dejado de quererla, a pesar de sus malos tratos.
—Debo confesarte que cuando fue la selección de casas, queria que quedaras en Slytherin. Me decepcioné cuando quedaste en Gryffindor y me convencí de que debía odiarte—hizo una pausa y frunció el entrecejo al recordar —verte con Granger me desagradaba, me daba asco pensar que podrías fijarte en ella.
El décimo tercer príncipe se río, ganándose que Elsa le diera un golpe en el brazo.
—No te rías, tonto, lo digo en serio —hizo un puchero, cruzando de brazos — Me desagradabas tanto como Granger.
—Me rio por lo adorables que son tus celos... No entiendo porque todos confunden mi amistad con Hermione con algo más. Nunca la he visto de otra manera que no sea mi mejor amiga y sé que ella tampoco me ve de esa manera, además a Hermione le gustan los rubios y en todo caso—se cruzó de brazos el también— debo decir lo mismo de ti, con Draco Malfoy y Theodore Nott.
Hans recordó la forma en que su amada miraba a ese par de serpientes y se le revolvía el estomago de imaginar que ella estuviera interesada en cualquiera de esos dos idiotas.
— En primera, Draco es mi mejor amigo, nunca podríamos vernos de otra manera, somos tan parecidos en personalidad que terminaríamos matándonos el uno al otro — bromeó, dándole un beso en la mejilla — en segunda, Theodore Nott no es mi tipo ¿Has visto lo raro que es? Además, esta más interesado en la Lunática que en intentar algo conmigo.
—Bien, bien, tu ganas —concedió, Hans.
Ambos se sonrieron cálidamente y se besaron por largos instantes, al separarse se mantuvieron en silencio, solo disfrutando de la compañía del otro. De pronto, Hans recordó el regalo de Navidad para Elsa, esperaba que le gustara. Se levantó y se arrodilló frente a ella.
—Elsa, te tengo un regalo —la platinada después de la sorpresa inicial, cerró los ojos —Espero te guste, ya puedes abrir los ojos.
La platinada hizo lo que le pidió, llevó una mano a su boca cuando vio la cajita de terciopelo, la tomó entre sus manos abriéndola y la sorpresa era doblemente mayor ya que dentro de la caja se encontraba un guardapelo con el escudo de armas de la familia Black.
—Pero… Hans, esto es —la joven no sabia que decir — Es hermoso, te prometo llevarlo con orgullo—la princesa estaba maravillada con la joya.
—Estoy feliz de que te gustara, le pedí a Ron que me acompañara a Gringotts para buscar entre las joyas de la familia Black el regalo perfecto para ti. Me decidí por el guardapelo por su historia, perteneció a Arcturus Black II, se dice que se lo entregó a su prometida, una chica de la cual cayó enamorado, ella no correspondía a sus sentimientos, pero el fue persistente con su cortejo hasta que ella le dio una oportunidad y el guardapelo fue su regalo de compromiso.
—Gracias, mi amor —la joven lo tomó de la camisa para besarlo dulcemente —es precioso, nadie me había hecho un regalo como el tuyo. Te amo, Hans.
Ambos estuvieron un rato más disfrutando de su momento a solas, sin embargo, debían regresar cada uno a su sala común. Hans acompañó a Elsa hasta su torre, donde se despidieron con un beso prometiendo que se verían al día siguiente.
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— Feliz Navidad, Draco— le dijo Hermione dándole un beso en la mejilla, la chica había aprovechado que su padre estaba en el supermercado buscando algunas cosas de emergencia y su madre en la cocina. Ellos estaban en la sala esperando la cena navideña mientras Hermione le mostraba fotografías para que aprendiera sobre el mundo muggle.
— Feliz navidad, para ti también. – contestó él, acariciándole el rostro. Estaba a punto de besarla, pero el sonido de un auto deteniéndose frente a la casa lo detuvo. El señor Granger entró por la puerta, con una bolsa en su mano.
— Ya estoy en casa. – anunció. — ¿En dónde está tu madre, calabacita? – le preguntó, luego se mostró extrañado por la cercanía de su hija con el chico. Él inmediatamente se apartó unos centímetros de ella.
— Está en la cocina, preparando la cena.
— Bueno, supongo que iré a ayudarle. ¿No quieren ayudar?
— No, esta bien. Nos quedaremos aquí. – contestó la joven.
Su padre entró a la cocina, dejándolos solos de nuevo. Draco aprovechó para acercarse a ella otra vez.
— Pueden vernos. – le advirtió Hermione sin dejar de sonreír.
—¿Qué más da?
— Bueno, no creo que mis padres estén de acuerdo con que tenga novio tan joven.
— Pero ellos me adoran, no creo que tengan problema, siempre y cuando estés saliendo conmigo. – le dijo acariciándole la barbilla.
— Puede que sea cierto. – rio.
Una hora después la cena estuvo lista, y todos se sentaron a la mesa. Los señores Granger habían preparado un delicioso pavo a la naranja. El padre de Hermione no dejaba de elogiar la "dentadura casi perfecta" de Draco, y se mostró realmente sorprendido cuando el chico le dijo que jamás había visto ni de lejos a un dentista, y que solo sabía lo que era porque Hermione se lo explicó.
— Deberías pasar alguna vez por mi consultorio, no está de mas una visita de vez en cuando.
— Claro, lo haré señor. – le contestó.
— Bueno, normalmente hacemos esto la mañana de navidad, pero creo que podemos abrir los regalos hoy ¿no lo crees, amor? – dijo la señora Granger.
— Claro, no veo porque no.
Los cuatro se dirigieron a la sala para abrir los ansiados regalos. Hermione recibió de parte de sus padres unos hermosos aretes que casualmente hacían juego con su anillo y su collar. Draco obtuvo unos bonitos zapatos color negro, y los señores Granger le obsequiaron unos guantes.
El joven agradeció los regalos, y después de un rato de amena charla, subió a dormir junto con Hermione, aunque ambos se quedaron conversando hasta tarde, para Draco esas fueron las mejores navidades de su vida. Al siguiente día estaba listo para irse a casa, pasaría el resto de las vacaciones con su familia. Ya había echo su maleta, y se vistió con ropa más normal para él. Hermione lo acompañaría al callejón Diagon, y de ahí se iría a casa.
— Bueno Draco, fue un gusto tenerte estos días, puedes volver cuando quieras. – se despidió el señor Granger tendiéndole la mano.
— Por supuesto, señor. – le contestó estrechándosela.
— Vámonos ya. – dijo la señora Granger. – No queremos que llegues tarde.
— Si señora, hasta luego. – se despidió del hombre. Draco y Hermione subieron al auto. El trayecto pareció muy corto esta vez, y conforme mas se acercaban a su destino los chicos mas se entristecían.
— Listo, te esperaré aquí Hermione. – anunció la señora Granger deteniendo el auto frente a una tienda de discos. Ambos jóvenes bajaron del auto, y Draco tomó su maleta.
– Que pases unas buenas vacaciones. – le deseó al rubio.
— Gracias. – se despidió.
Entraron al caldero chorreante, y se fueron directo al callejón, ese día no había mucha gente, pues la mayoría de los negocios estaban cerrados por las fiestas navideñas. Caminaron un rato en silencio y de pronto Draco se detuvo frente a Florean Fortescue.
— ¿Por qué no tomamos un helado antes de irme? – le propuso.
— Creo que podemos, siempre y cuando no tardemos demasiado o mi madre me matará.
— No te preocupes, no lo haremos. – Entraron, y se sentaron en una de las mesas junto al mostrador. Draco pidió un helado de menta y chocolate, Hermione uno de fresa. – He estado pensando. – Comenzó.
— ¿Sí? – preguntó Hermione, llevándose una cucharada de helado a la boca.
— Bueno, verás… — respiró y se frotó las piernas con las manos.
— Sólo dime. – rio.
— Esta bien. Mis padres…
— Continúa.
— ¿Recuerdas lo que te dije sobre mis padres? ¿Sobre la sangre pura?
— Si, eso creo, ¿por qué me lo preguntas?
— Bueno, yo soy un sangre pura, y mis padres no estarían de acuerdo con lo nuestro,las únicas razones por la que permiten que tenga amistad con Elsa es por su poder de controlar el Hielo y porque es la futura Reina de Arendelle pero sobre todo y lo mas importante porque es Slytherin,así que pensé, que tal vez podíamos mantenerlo en secreto, no quiero que pienses que me avergüenzo de lo nuestro ¡Eso jamás! pero es lo mejor.
— La verdad esa idea no me gusta.
— Lo sé, pero si mi padre se enterara… no sabes lo que haría. Jamás me perdonaría si te perjudicara. — Hermione lo pensó un poco y luego suspiró.
— Supongo que tienes razón. No quiero ocasionarte problemas así que creo que será lo mejor.
— Será mejor que nadie lo sepa, al menos no por el momento.
— Esta bien.
Draco tomó su mano y le dio un suave apretón, ella sonrió y continuaron comiendo su helado.
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— Bienvenido, amo Draco. – le saludó Cherry cuando el chico apareció en la chimenea de la mansión Malfoy.
— Lleva mis cosas a la habitación. – le ordenó.
— Si, amo. – Cherry hizo una reverencia y desapareció junto con las cosas. Draco caminó por la casa buscando a su madre, la encontró en su salón de tomar el té, como siempre.
— Buenos días, madre. – saludó a la mujer sentada frente a la chimenea, tenía la varita en su mano, la golpeaba contra el posa brazos de la silla. – ¿Dónde está papá?
La mujer no dijo nada, se levantó de su silla alzó su varita, ante la mirada extrañada de su hijo, comenzó a cerrar las cortinas de la habitación una a una. Cerró la puerta, la aseguró y puso un hechizo insonorizador.
— Tu padre está en el ministerio, regresará para la cena. – contestó por fin.
— ¿Por qué nos encerraste madre? ¿pasa algo? – Le preguntó preocupado. Su madre se acercó, aún con su varita en mano.
— ¿Hace cuánto que tienes una relación con Hermione Granger ? – preguntó ella.
Draco se quedó petrificado, no llevaba ni dos semanas saliendo con ella y su madre ya estaba enterada, de nada sirvió la petición de mantenerlo en secreto. Lo peor de todo era que si ella lo sabía, muy probablemente su padre también, y eso era mucho mas preocupante.
— ¿Cómo lo sabes?
— Te hice una pregunta, contéstame Draco.
— Yo… — La mujer se dio la vuelta y comenzó a pasear por el salón. El sonido de sus tacones sobre la madera inundaba el ala silenciosa. El chico no sabía que decir, quería que la tierra se lo tragara. Antes de que pudiera pensar en una excusa ella lo interrumpió.
— Descuida, se exactamente cuando comenzó. – volvió hasta él. – Tus pensamientos no son del todo seguros Draco.
— No comprendo, madre.
— ¿No te imaginas como he sabido todo lo que te pasa en la escuela? – le preguntó– Mi madre me enseñó Legeremancia y Oclumancia, al igual que tus tías, tu padre no lo sabe, y espero que no se lo digas.
Posó una mano en el hombro de su hijo en un gesto maternal .
– Si tu padre o alguien más puede ver tus pensamientos estarás en peligro, tu y tus amigos. Escúchame, Draco no quiero que nada les pase. Hans esta en peligro y si el señor tenebroso regresa intentará matarlos .
— Aún no comprendo madre, ¿por qué me dices esto? – La mujer apuntó su varita al rostro de su hijo.
— Es por tu bien hijo, tienes que resistirte. – Pronunció con profundo dolor. — ¡Legeremens! – De inmediato Draco sintió como su madre entraba en su mente y veía todos sus recuerdos, y al mismo tiempo le dolía. Cayó al suelo cubriéndose la cabeza en un intento de aminorarlo.
— Tienes que resistirte hijo. – Escuchaba. – Sólo así estarán a salvo.
El ejercicio duró al menos dos horas, pero no sería hasta después de cinco días y muchas clases de oclumancia que Draco lograría mantener ocultos sus pensamientos.
—Escúchame, Draco tienes que comunicarme todo lo que pase contigo y con Hans. Intentaré mantenerlos a salvo pero si él vuelve tus amigos estarán en peligro.
—Madre, ¿crees que la tía Bella intente matar a Hans? Quiero decir, a que es su hijo después de todo y tú siempre has dicho que la sangre es la sangre y nuestra lealtad esta con la familia.
Narcisa suspiró negando — Draco, paraBellatrix no hay nadie por sobre El señor Oscuro, créeme no dudará en intentar matar a Hans si él se lo pide, por eso debes mantenerme informada de todo ¿Está claro?
El joven asintió con la cabeza para después dirigirse a su habitación. Debía mandarle una lechuza a Hermione.
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— ¡Draco! – Saludó Pansy cuando lo vio en la estación. Estaba junto a Theo, ambos se veían bastante fastidiados.
— Pansy, ¿cómo estuvieron tus vacaciones? – preguntó mientras subían al tren.
— Horribles como siempre, ¿qué tal las tuyas?
— Mmm… no estuvieron tan mal. – Comentó.
— ¡Draco! – Volvió a llamarlo una voz dentro de un compartimiento. Era Hermione. Los tres entraron al compartimiento, y los Slytherin no pudieron contener una risita al ver a ambos abrazarse.
– Vaya no sabía que eras tan sentimental, Draco. – comentó Pansy a lo que el joven rodó los ojos sin tomarle importancia.
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—¿Qué sucedió? —dijo Hans, incorporándose en la cama de la enfermería, tan de repente que los demás ahogaron un grito.
—Te caíste —explicó Ron —Debieron de ser... ¿cuántos? ¿Veinte metros?
—Creímos que te habías matado —dijo Hermione, temblando. Tenía los ojos rojos a causa de las lágrimas.
—Pero y ¿el partido? —preguntó Hans —¿cómo acabó? ¿Se repetirá? ¿No habremos... perdido?
—Diggory atrapó la snitch —respondió Harry .—poco después de que te cayeras. No se dio cuenta de lo que pasaba. Cuando miró hacia atrás y te vio en el suelo, quiso que se anulara. Quería que se repitiera el partido. Pero ganaron limpiamente. Incluso Wood lo ha admitido.
—¿Recogió alguien la Nimbus? – Ron, Harry y Hermione se miraron.
—¿Qué pasa? —preguntó Hans—¡Diablos, Elsa me va a matar!
—Bueno, cuando te caíste... se la llevó el viento —dijo Hermione con voz vacilante.
—¿Y?
—Y chocó... chocó... contra el sauce boxeador. — Hanssintió un pinchazo en el estómago. El sauce boxeador era un sauce muy violento que estaba solo en mitad del terreno del colegio.
—¿Y? —preguntó, temiendo la respuesta.
—Bueno, ya sabes que al sauce boxeador —dijo Ron—no le gusta que lo golpeen.
—El profesor Flitwick la trajo poco antes de que recuperarás el conocimiento —explicó Hermione en voz muy baja.
Harryse agachó para tomar una bolsa que había a sus pies, le dio la vuelta y puso sobre la cama una docena de astillas de madera y ramitas, lo que quedaba de la fiel y finalmente abatida escoba de su amigo.
Hanshabía caído de su escoba en medio del partido debido al ataque de varios dementores, Harry quien se encontraba cerca de él intento ayudarlo solo para ser atacado por uno de los dementores. Dumbledore al ver lo que pasaba conjuro un patronus salvando a ambos chicos.
—Harry ¿Te encuentras bien ? — preguntó preocupado por su mejor amigo—lamento que por mi culpa perdimos.
Harry suspiró y se sentó a un lado del pelirrojo —Estoy bien, no te preocupes — No fue tu culpa el haber perdido, ahora debes recuperarte.
El pelirrojo le sonrió y le dijo en parcel —Esto no esta bien. Debemos buscar respuestas, el porque nos han atacado a nosotros, primero en el Tren y ahora en las canchas de Quidditch .
El semblante de Harry cambio a uno serio, se acomodó las gafas y le respondió en Parcel— Tienes razon, si Dumbledore no quiere decirnos lo que esta pasando buscaremos respuestas por nuestra cuenta.
Hermione y Ron se miraban confundidos, odiaban cuando ese par se comunicaban en Parcel, se sentían excluidos de sus planes.
—Ustedes dos — los señaló Hermione con su dedo índice—Dejen de hacer eso, odiamos que hablen en Parcel, que se secreteen¡no quieran hacernos a un lado!
—Estoy de acuerdo con Hermione, estamos juntos en esto. Queremos ayudar, así que confíen en nosotros, no los dejaremos solos .
Harry y Hans se voltearon a ver e iban a hablar cuando entró Elsay Astoria, ambas estaban preocupadas por sus novios, detrás de ellas venia Draco Malfoy, quien fue obligado por las chicas.
—Harry, mi amor ¿estás bien ? Ese dementor ¿no te hizo nada? Me preocupaste mucho — la Slytherin abrazó al pelinegro .
Draco hizo una mueca de asco por la forma en que Astoria abrazaba y besaba a Harry, hizo un gesto de querer vomitar. Hermione lo fulminó con la mirada a lo cual se encogió de hombros.
—Voy a vomitar, Astoria —se quejó el rubio cruzándose de brazos — Tanta cursilería me asquea.
Astoria lo asesinó con la mirada —Cállate, Malfoy —la chica regresó su atención al pelinegro— Me preocupé mucho por ti, me muero si algo te pasa .
Harry le dio un beso en los labios acariciando, su cabello dulcemente.
—Estoy bien, hermosa, solo fue un susto —Potter intentó restarle importancia, no queria asustarla —Quien se llevo la peor parte fue Hans.
—¡Oh Hans, que bueno que estas bien!—Astoria desvió la mirada a la cama donde Hans la saludó con la mano, riendo.
— Vaya, Westergaard, caíste como un costal del papas — se burló Malfoy acomodando su túnica.
—¡Te quieres Callar, Malfoy!—Elsa lanzó una ráfaga de aire frio para abrirse paso —Potter podrías quitarte, quiero ver como se encuentra mi novio, así que quita tu elegido trasero de allí.
Hans río divertido por la actitud de la princesa de hielo. Tenia un carácter de los mil demonios pero así le gustaba .
— Oye, Malfoy deberías tener cuidado o terminarás congelado, esta chica no tiene mucha paciencia que digamos —se burló Hans, recostándose de nuevo —Lo siento, Harry.
Elsa tomó asiento a un lado de la cama, llevando su mano al cabello de Hans quien suspiró ante su suave tacto.
—Debería congelarte por preocuparme —le dijo con una pequeña sonrisa en sus labios — Me da gusto ver que estas bien Hans, no se que haría si algo te pasa .
El príncipe llevó la mano a su mejilla, acariciando con delicadeza la suave piel de la chica, se levantó un poco para rozar sus labios, ambos se olvidaron de todo los que los rodeaban.
—Tranquila, amor, no fue tan grave, estoy bien — le susurró el decimotercer príncipe cerca de sus labios.
Ambos se sonrieron, perdidos en la mirada del otro. El corazón de Hans latía muy rápido, todo era tan irreal, que Elsa correspondierasus sentimientos era un sueño tan lejano.
—Lo repito: voy a vomitar o mejor dicho, vamos a vomitar —se quejó el rubio cruzándose de brazos, Hermione le dio un golpe en el brazo —Diablos, eso duele... Granger, solo digo la verdad ¿No ves lo incomodo que esta Weasley? Corrijo, lo incomodo que estamos todos por la muestra de "afecto de ese par ¿No te incomoda?
—Esta vez estoy de acuerdo con Malfoy, es asqueroso y poco natural ¿donde has visto que los Griffyndor y los Slytherin se emparejen ? — Ron hizo una mueca de desagrado — Aún no me acostumbro a verlos juntos.
—Ronald, no digas tonterías. Harry y Hans pueden estar con quien ellos quieran, además esa rivalidad de casas es ridícula —La castaña encaró a su novio — Draco, si te desagrada tanta muestra de afecto ¿Para que viniste? Quedamos en vernos más tarde.
— Vine porque ese par de locas me arrastraron de la túnica —se quejó Draco apuntando con la mirada a Astoria y Elsa — si no fuera por ellas estaría en mi sala común descansando.
—Como sea, creo que debemos investigar el porque los dementores solo nos atacaron a nosotros, es muy extraño — Harry llevó su pulgar a su barbilla pensando — Dumbledore no va a decirnos nada.
Hans se sentó en la cama, su mano se encontraba entrelazada con la de Elsa.
—¿Crees que Sirius Black este cerca de aquí ? —le preguntó Hans —Si es así Harry, debemos estar preparados.
— Estas pensando… —Harry miró al pelirrojo —¿Buscar nosotros a Sirius Black ?
Hans asintió con la cabeza no muy convencido pero fue interrumpido por Hermione quien pensaba que era una locura.
—Deben estar locos — los regañó la castaña — ¿Buscar a Sirius Black ? Es como buscar su propia muerte — Harry recuerda que el fue quien entregó a tus padres con Voldemort, no dudará en matarlos.
—Por esa misma razon debemos buscar a Black,debe pagar la muerte de los padres de Harry. Estamos hartos de que Dumbledore nos esconda, no somos unos cobardes .
—Hans tiene razon … prefiero enfrentar de una vez por todas a Sirius, por mis padres, para vengar su muerte — el semblante de Harry demudo a uno serio—Cuando te recuperes buscaremos por nuestra cuenta a Black.
—Harry James Potter —Astoria habló a su novio enojada— ¿Quieres morir ? No estas actuando con la cabeza fría, ustedes dos —le apuntó con la mirada a ambos— podrán ser los elegidos pero en estos momentos no son capaces de vencer a un sujeto como Sirius Black, solo lograran que los maten.
— Astoria tiene razon, por una vez en su jodida vida, Potter y tú piensen con la cabeza fría. Dejen de comportarse como unos tontos leones y sean astutos ¿No creen que eso es lo que el quiere? Que lo busquen para poder matarlos, me niego a que mi novio muera de una forma tan tonta—dijo Elsa.
Harry y Hans se voltearon a ver reflexionando ante el regaño de sus novias, las chicas tenían razón, estaban actuando sin pensar, debían ser astutos si querían seguir viviendo.
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Los días fueron pasando y las cosas volvieron a la normalidad. Hans y Harry se hallaban sentados en el patio trasero. Dumbledore les habia negado el permiso de salir del castillo.
—No es justo, mientras nuestros amigos se divierten nosotros debemos quedarnos aquí… estoy aburrido —se quejó el decimo tercer príncipe —Desearía haber ido con Elsa .
—Ni que lo digas —Harry se dejó caer en el pasto —Astoria quiso quedarse pero no me parece justo —el pelinegro suspiró — Espero se estén divirtiendo.
—Tengo una idea —Hans se levantó de golpe — podemos usar la capa de invisibilidad, de ese modo podremos salir del castillo.
—No es mala idea —lo secundó Harry, acomodando sus gafas —nos pondremos nuestras capas de invisibilidad así podremos salir .
Ambos regresaron a su torre por sus capas, logrando pasar a Snape pero cuando estaban apunto de salir fueron descubiertos por Fred y George, ninguno entendía como los descubrieron pero ellos les enseñaron el Mapa del Merodeador, el cual mostraba a todos los que se encontraban en el castillo.
…..
—¿Por qué Fred y George no me lo han dejado nunca? ¡Son mis hermanos!
—¡Pero Harry y Hansno se quedarán con él! —dijo Hermione, como si la idea fuera absurda—Se lo entregará a la profesora McGonagall. ¿Verdad? – Draco soltó el brazo de Hermione para cubrirse la boca mientras reía.
—¡No! —contestaron ambos.
—¿Estás loca? —dijo Ron, mirando a Hermione con ojos muy abiertos. —¿Entregar algo tan estupendo?
—¡Si lo entrega tendrá que explicar dónde lo consiguió! Y Filch se enteraría de que Fred y George se lo robaron. – Explicó Draco.
—Pero ¿y Sirius Black? —susurró Hermione—¡Podría estar utilizando alguno de los pasadizos del mapa para entrar en el castillo! ¡Los profesores tienen que saberlo!
—No puede entrar por un pasadizo —dijo enseguida Hans .
—Hay siete pasadizos secretos en el mapa, ¿verdad? Fred y George saben que Filch conoce cuatro. Y en cuanto a los otros tres... uno está bloqueado y nadie lo puede atravesar; otro tiene plantado en la entrada el sauce boxeador; de forma que no se puede salir; y en el que entramosnosotros...bien... es realmente difícil distinguir la entrada, ahí abajo, en el sótano... Así que a menos que supiera que se encontraba allí... — Harry dudó.
¿Y si Black sabía que la entrada del pasadizo estaba allí? —dijo Ron, sin embargo, se aclaró la garganta y señaló un rótulo que estaba pegado en la parte interior de la puerta de la tienda:
POR ORDEN DEL MINISTERIO DE MAGIA:
Se recuerda a los clientes que hasta nuevo aviso los dementores patrullarán las calles cada noche después de la puesta de sol. Se ha tomado esta medida pensando en la seguridad de los habitantes de Hogsmeade y se levantará tras la captura de Sirius Black. Es aconsejable, por lo tanto, que los ciudadanos finalicen las compras mucho antes de que se haga de noche.
¡Felices Pascuas!
—¿Lo ven? —dijo Ron en voz baja.
— Me gustaría ver a Black tratando de entrar en Honeydukes, con los dementores por todo el pueblo. De cualquier forma, los propietarios de Honeydukes lo oirían entrar, ¿no? Viven encima de la tienda.
—¿Nos vas a delatar ? —le preguntó Harry a Hermione con una sonrisa.
—Claro que no, pero, la verdad...
—¿Has visto las Meigas Fritas? —preguntó Ron, tomándolo del brazoa Hans y llevándoselo hasta el tonel en que estaban—. ¿Y las babosas de gelatina? ¿Y las píldoras ácidas? Fred me dio una cuando tenía siete años. Me hizo un agujero en la lengua. Recuerdo que mi madre le dio una buena tunda con la escoba. —Ron, Hansy Harry se adelantaron dejando a la pareja atrás.
— Tranquila. – Dijo Draco. – No pasará nada.
— Pero si los descubren… se meterán en problemas. – Replicó.
— Estás olvidando que sonHarry Potter y Hans Westergaard, son losconsentidos del director, no les haránnada. – pasó el brazo por los hombros de la chica. – No te preocupes. Ven, vamos por una cerveza de mantequilla.
— ¿Pero y los chicos?
— Le dije a Weasley que iríamos ahí, luego nos alcanzarán.
— Bueno. – Dijo sonriente. Cruzaron la calle y a los pocos minutos entraron en el bar.
Estaba calentito y lleno de gente, de bullicio y de humo. Una mujer guapa y de buena figura servía a un grupo de pendencieros en la barra.
Draco y Hermione se dirigieron a la parte trasera del bar; donde quedaba libre una mesa pequeña, entre la ventana y un bonito árbol navideño, al lado de la chimenea, el cual era perfecto para que estuvieran a solas, pero la atmósfera se rompió pues Harry y Ron llegaron cinco minutos más tarde con cuatro jarras de caliente y espumosa cerveza de mantequilla.
—¡Salud! —dijo Ron levantando la jarra, muy contento. Harry bebió hasta el fondo, Hans tomó un poco, mientras que Draco y Hermione tomaron un sorbo.
—¿Que pasa contigo, Westergaard?—le preguntó Malfoy — tienes esa cara de tonto, digo siempre la tienes, pero ahora se te nota más.
—Me preocupa Elsa, sus padres le mandaron una carta, me contó que su padre no esta de acuerdo con nuestra relación y me preocupa que discuta de nuevo con sus padres por mi culpa.
— Vamos, no te desanimes, todo estará bien… verás que los padres de Elsa terminarán aceptando su relación —lo animó Harry dando unas palmaditas en su espalda.
El profesor Flitwick y la profesora McGonagall acababan de entrar en el bar con una ráfaga de copos de nieve. Los seguía Hagrid muy de cerca, inmerso en una conversación con un hombre corpulento que llevaba un sombrero hongo de color verde lima y una capa de rayas finas: era Cornelius Fudge.
En menos de un segundo, Ron, Draco y Hermione obligaron a Harryy Hans a agacharse y esconderse debajo de la mesa, empujándolos con las manos. Chorreando cerveza de mantequilla y en cuclillas, empuñando con fuerza la jarra vacía. Harry y Hans observaron los pies de los tres adultos, que se acercaban a la barra, se detenían, se daban la vuelta y avanzaban hacia donde ellos estaban.
Luego vio otro par de pies con zapatos de tacón alto y de color turquesa brillante, y oyó una voz femenina:
— Ven y únete a nosotros... – Dijo la voz de Fudge.
—Muchas gracias, señor ministro.
—¿Qué le trae por estos lares, señor ministro? —dijo la voz de la señora Rosmerta.
Fudge se giró comprobando que no había nadie cerca. Luego dijo en voz baja:
— Sirius Black. Me imagino que sabes lo que ocurrió en el colegio en Halloween.
—Sí, oí un rumor —admitió la señora Rosmerta. —¿Cree que Black sigue por la zona, señor ministro?
—Estoy seguro —dijo Fudge escuetamente.
—¿Sabe que los dementores han registrado ya dos veces este local? —dijo la señora Rosmerta—. Me espantaron a toda la clientela. Es fatal para el negocio, señor ministro.
—Rosmerta querida, a mí no me gustan más que a ti —dijo Fudge con incomodidad —Pero son precauciones necesarias... Son un mal necesario. Están aquí para defendernos de algo mucho peor. Todos sabemos de lo que Black es capaz.
—Todavía me cuesta creerlo —dijo pensativa la señora Rosmerta. —De toda la gente que se pasó al lado Tenebroso, Sirius Black era el último del que hubiera pensado.
—No sabes la mitad de la historia, Rosmerta —dijo Fudge con aspereza. —La gente desconoce lo peor.
—¿Lo peor? —dijo la señora Rosmerta con la voz impregnada de curiosidad. —¿Peor que matar a toda esa gente?
—Desde luego, eso quiero decir —dijo Fudge.
—No puedo creerlo. ¿Qué podría ser peor?
—Dices que te acuerdas de cuando estaba en Hogwarts, Rosmerta. —susurró la profesora McGonagall. —¿Sabes quién era su mejor amigo?
—Pues claro —dijo la señora Rosmerta riendo ligeramente. —Nunca se veía al uno sin el otro. James Potter.
Harry y Hansestaba en shock, al igual que sus amigos.
—Exactamente —dijo la profesora McGonagall. —Black y Potter. Cabecillas de su pandilla. Los dos eran muy inteligentes.
—¡Cualquiera habría dicho que Black y Potter eran hermanos! —terció el profesor Flitwick. —¡Inseparables!
—¡Por supuesto que lo eran! —dijo Fudge. —Potter confiaba en Black más que en ningún otro amigo. Nada cambió cuando dejaron el colegio. Black fue el padrino de boda cuando James se casó con Lily. Luego fue el padrino de Harry. Harry no sabe nada, claro. Ya te puedes imaginar cuánto se impresionaría si lo supiera .
—¿Porque Black se alió con Quien Ustedes Saben? —susurró la señora Rosmerta.
—Aún peor; querida... —Fudge bajó la voz y continuó en un susurro casi inaudible—. Los Potter no ignoraban que Quien Tú Sabes iba tras ellos. Dumbledore, que luchaba incansablemente contra Quien Tú Sabes, tenía cierto número de espías. Y Dumbledore alertó inmediatamente a James y a Lily. Les aconsejó ocultarse. Bien, por supuesto que Quien Tú Sabes no era alguien de quien uno se pudiera ocultar fácilmente. Dumbledore les dijo que su mejor defensa era el encantamiento Fidelio.
—¿Así que Black era el guardián secreto de los Potter? —susurró la señora Rosmerta.
—Naturalmente —dijo la profesora McGonagall. —James Potter le dijo a Dumbledore que Black daría su vida antes de revelar dónde se ocultaban, y que Black estaba pensando en ocultarse él también... Y aun así, Dumbledore seguía preocupado. Él mismo se ofreció como guardián secreto de los Potter.
—¿Sospechaba de Black? —exclamó la señora Rosmerta.
—Dumbledore estaba convencido de que alguien cercano a los Potter había informado a Quien Tú Sabes de sus movimientos —dijo la profesora McGonagall con voz misteriosa —Que en nuestro bando teníamos un traidor que pasaba información a Quien Tú Sabes.
—¿Y a pesar de todo James Potter insistió en que el guardián secreto fuera Black?
—Así es —confirmó Fudge. —Y apenas una semana después de que se hubiera llevado a cabo el encantamiento Fidelio…
—¿Black los traicionó? —musitó la señora Rosmerta.
—Desde luego. Black estaba cansado de su papel de espía. Estaba dispuesto a declarar abiertamente su apoyo a Quien Tú Sabes.
—Sucio y asqueroso traidor —dijo Hagrid, tan alto que la mitad del bar se quedó en silencio.
—Pero, nunca nos has contado como el Hijo del señor tenebroso llego con esos Muggles — dijo Rosmenta —Me refiero, a que el niño debió quedarse con los Malfoy, eran su familia mas cercana.
—La historia es un poco larga pero te la contaré —Minerva tomó asiento —La profecía hablaba de dos niños, uno era al que el señor tenebroso señalaría como su igual, en este caso: Harry Potter y la otra parte de la profecía hablaba que el Hijo del señor Oscuro vendría al mundo dotado de un Gran poder y junto a Harry Potter serian los únicos con el poder suficiente para derrotar al que no debe ser nombrado. Cuando Bellatrix torturó a los padres de Neville,fueron llevados a Azkaban. Dumbledore habia escuchado sobre el bebé así que fue a buscarlo, era muy peligroso que él creciera con esa ideología de sangre, por lo cual se tomó la decisión de entregarlo a una familia Muggle hasta que su carta a Hogwarts llegara.
—Eso quiere decir que ellos serán los salvadores de nuestro mundo.
—Debo confesar que no confiaba en Hans —Hagrid habló — pero cuando lo conocí pude entender a lo que Dumbledore se refería. Hans, no es el señor tenebroso, confió en que cuando llegue el momento ambos derrotaran definitivamente a quien no debe ser nombrado.
—Hagrid, por favor, baja la voz.
—Si ustedes confían en Hans, nosotros también lo haremos, pero no entiendo algo ¿qué pretende al fugarse? —preguntó la señora Rosmerta. —¡Dios mío, señor ministro! No intentará reunirse con Quien Usted Sabe, ¿verdad?
—Me atrevería a afirmar que es su... su... objetivo final —respondió Fudge evasivamente. — Pero esperamos atraparlo antes. Tengo que decir que Quien Tú Sabes, solo y sin amigos, es una cosa... pero con su más devoto seguidor, me estremezco al pensar lo poco que tardará en volver a alzarse.
Hubo un sonido hueco, como cuando el vidrio golpea la madera. Alguien había dejado su vaso.
Todos se levantaron de la mesa, la señora Rosmerta se detuvo en la barra, volvió a abrirse la puerta de Las Tres Escobas, entró otra ráfaga de nieve y los profesores desaparecieron.
—¿Harry, Hans?
Las caras de Ron, Draco y Hermione se asomaron bajo la mesa. Los tres los miraron sin saber que decir, sobre todo el rubio, a quien su padre le había dicho esto desde hace mucho.
—Potter, Westergaard —los llamó el Slytherin — ¿Estan bien ?
Harry sentía que su mundo se le venia abajo, queria buscar a Sirius Black y matarlo con sus propias manos, él era culpable de la muerte de sus padres. Odiaba a ese maldito traidor.
—¿Como puedo estar bien Malfoy? Acabo de descubrir que mis padres fueron traicionados por quien ellos creían su mejor amigo, por una asquerosa ideología de sangre —Harry golpeó la pared con su puño, frustrado —¡Maldito Sirius Black!—repetía Potter.
Hermione estaba preocupada por el estado de su amigo que se acercó abrazándolo por la espalda —Debes calmarte Harry te lastimaras… entendemos como ...
Pero Hermione no pudo terminar lo que queria decir porque fue interrumpido por Hans.
—¿Entender? No, Hermione ninguno de ustedes puede entendernos. Nunca entenderán el infierno que es vivir con personas que te odian, que te ven como un maldito estorbo —el pelirrojo queria llorar, sentía tanto odio por sus orígenes —Ustedes tres, nunca podrán entendernos.
—¿Que diablos te pasa, Westergaard? No tienes porque hablarle a Hermione de esa manera. Ustedes dos —señaló a los Elegidos con la mirada —¡Son unos malditos malagradecidos por mi pueden arder en el infierno!—espetó Malfoy.
—Entonces ¡no se metan en nuestros asuntos!—Le respondió Potter, encarando a Draco—Es fácil hablar cuando no has pasado lo que nosotros pasamos.
—Ya basta Harry, Hans, solo queremos ayudarlos. No tienen porque hablarnos de esa manera. Quizá tengan razón, no entendemos lo que ustedes han pasado pero queremos entender, compartir con ustedes su dolor, para eso estan los amigos ¿no?—Ron intentaba hacer reaccionar a sus amigos .
—No queremos compartir nada ¿Porque no quieren entender eso? Lo unico que queremos es matar a Sirius Black. Vengar lo que les hicieron a los Potter ¿Quieren terminar como Peter Pettigrew? Me niego a cargar con su muerte.
—Hans tiene razon, esto es algo entre nosotros y Sirius Black, no queremos que ustedes mueran por nuestra culpa.
Dicho aquello los Griffyndor salieron del lugar dejando a sus amigos preocupados, no queria que nada malo les pasara. Los ojos de Hermione estaban rojos y las lagrimas bajaban por sus mejillas.
—Granger, no llores —Draco la abrazó consolándola, acariciaba su cabello con toda la ternura de la que era capaz—Verás que no les pasara nada.
—Tenemos que hacer algo, Draco. ¿Escuchaste lo que dijeron? Buscaran a Black para matarlo, sabes que no podrán. Los van a matar.
Hermione tenia razon, pensaba Malfoy. Esos dos no saldrían vivos si se enfrentaban a un demente como Sirius Black. Era una misión suicida.
Estaba tan concentrado en sus pensamientos y en consolar a la castaña que tardó en darse cuenta que Ron les hablaba.
—Tengo una idea para evitar la tontería que Hans y Harry quieren hacer— el platinado y la castaña le prestaron atención —Malfoy, ¿Sabes donde estan Elsa y Astoria?
—Elsa me habló de ir a Arendelle, su madre le mandó una carta para que hablaran, pero no tenía ganas de ir y mucho menos sola así que le pidió a Astoria que fuera con ella ¿Pero que tiene que ver eso?
—Solo ellas pueden evitar que ese par hagan la tontería de ir a buscar a Black —Ustedes dos manden una lechuza a Arendelle, mientras iré a hablar con Dumbledore sobre lo que ese par tiene planeado hacer.
Draco no estaba acostumbrado a que le dieran ordenes y menos un Weasley pero no era el momento de discutir. Tanto él como Hermione se dieron prisa para regresar al castillo y poder enviar la carta.
—Oye, Malfoy —el rubio se detuvo mirando a su novia —No tengo una lechuza ¿Podemos pedir prestada la de Neville ?
—No te preocupes por eso, Granger. Usaremos la mía —Draco la tomó de la mano para continuar corriendo — Pero no puedes estar sin una lechuza te regalaré una.
….
Dumbledore se encontraba en una reunión con Snape y McGonagall cuando Ron abrió la puerta entrando de golpe.
—Señor Weasley ¡Qué son esas maneras de entrar! —lo reprendió el Profesor de Pociones — cien puntos menos para Gryffindor. Largo de aquí.
—Esta vez estoy de acuerdo con Severus ¡cincuenta puntos menos para Griffyndor! por entrar sin tocar, luego hablaré con usted, si nos permite estamos tratando un asunto importante.
En otro momento se hubiera asustado por perder tantos puntos pero no era el momento para eso, ya Hermione los recuperaría, lo importante eran sus amigos.
—Esperen —el pelirrojo intentaba recuperar la respiración —Lamento haber entrado así, no quise interrumpir pero se trata de Harry y Hans, ellos saben todo sobre Sirius Black y fueron a buscarlo.
El semblantede Dumbledore cambio rápidamente a uno muy serio, si algo les pasaba a ese par todas las esperanzas se perderían. Debía protegerlos hasta que estuvieran listos para cumplir su destino.
—Severus, ve por el Profesor Lupin tenemos que encontrar al Hans y Harry, Minerva nadie puede salir del castillo, que todos regresen a su sala común, hay toque de queda —el director salió de su oficina caminando deprisa —Todos los profesores que se unan a la búsqueda. Joven Weasley usted venga conmigo.
Ron lo siguió pidiendo a Merlín que sus amigos estuvieran bien, soltó un suspiro esperando que Hermione y Draco hubieran mandado la lechuza.
—¿Donde esta la señorita Granger?—preguntó el director—Me parece extraño que no este aquí. ¿También ella fue con Harry y Hans?
—No, profesor. Ellos no quisieron que los acompañáramos, Hermione junto a Malfoy fueron a enviar una lechuza a Elsa y Astoria.
— Así que el Joven Malfoy esta con ustedes —dijo pensativo —eso es excelente, cuando el momento llegue, Harry junto a Hans necesitarán a sus amigos.
Ron no entendía a que se refería Dumbledore, sin embargo, no le pareció correcto preguntar, lo importante es que ellos estuvieran bien.
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En Arendelle, Elsa caminaba junto Astoria. Estaba de mal humor, fue clara cuando les dijo a sus padres que no regresaría hasta que respetaran sus deseos pero no podía ignorar una carta de su madre.
—Tu Palacio es bastante bonito —Astoria le hizo un cumplido mirando a todos lados —Se parece a la mansión de mis padres.
—No es la gran cosa, durante once años fue mi prisión y mi padre mi principal carcelero —le respondió Elsa con cierto rencor.
Astoria se sentía mal por todo lo que Elsa habia pasado antes de ir a Hogwarts, entendía el porque de su carácter y llevó du mano al hombro de su amiga.
—Lo siento mucho, Elsa, pero ya no estas sola. Nos tienes a nosotros, recuerda que la lealtad de Slytherin es para su familia y sus amigos, no te dejaremos sola nunca más. También tienes a Hans que te ama con locura.
La princesa sonrió al recordar a Hans, él único chico que valía la pena para ella, el único quien se habia ganado su corazón. Hans era su príncipe, quien la habia rescatado pero en vez de un dragón habia sido una serpiente gigante, su Hans .
Llegaron al salón principal y entró sin anunciarse, su semblante cambio a uno frio, levantó la barbilla, con ese aire de superioridad que como buena Slytherin tenia, miraba a los presentes por debajo de ellae hizo un gesto de desagrado.
—¿Me hicieron venir para esto?—la futura reina miraba con desagrado a los reyes de las islas del Sur y norte junto a sus hijos —Tengan un poco de dignidad, no pienso casarme con ninguno de estos papanatas.
—Elsa, déjate de caprichos y elije a uno de estos dos príncipes, lo tuyo con Hans no puede ser. Entiende eso, tienes un deber con tu Reino —El rey comenzaba a perder la paciencia — Yo no te crie de esta manera.
—¿Criarme, padre? Para ti criarme es mantenerme en una habitación alejada de Anna. No me hagas reír. Lo que hiciste fue crearme inseguridades sobre mis poderes.
Iduna queria llorar, las palabras de Elsa eran duras y en cierto modo verdaderas, ellos actuaron pensando en su bien pero era todo lo contrario.
—Muchas veces tuve que ver a Anna jugando en el jardín, mi única conexión con el mundo era Gerda y Kai, ustedes se la pasaban ocupados con asuntos de estado —Las palabras de Elsa estaban llenas de rencor.
Las temperaturas descendieron y Astoria conjuró un hechizo de protección,nunca antes trató con Muggles pero estos parecían desagradables.
— No era fácil, Elsa. No sabíamos como lidiar con tus poderes, nos asustamos —Iduna intentó escudarse, acercándose a su hija.
— ¿Crees que para mi lo fue? Yo fui quien nació con ese poder, no ustedes. También tenía miedo y tuve que enfrentarlo sola, les aseguro algo, de no haber recibido mi carta para Hogwarts ustedes me hubieran dejado encerrada en esa habitación toda la vida.
—Elsa, deberías calmarte —aconsejó su compañera de casa, poniendo la mano en su hombro —No permitas que tu magia te controle, el control debe estar en ti.
Elsa respiró hondo, intentando recuperar el control de sus poderes y de sus emociones. Agradecía que Greengrass estuviera con ella, estaba segura que de no ser así hubiera congelado todo.
—Alteza, mi muchacho puede ser lo que usted necesita a su lado —El rey de las islas del norte intentó hablarle.
—No insista más, él nunca será lo que yo necesito, porque lo que necesito es a Hans, entiendan no pienso renunciar a el. Cuando estamos juntos puedo sonreír y me siento feliz… no lo dejaré.
Iduna se levanto de su trono y caminó a donde estaba su hija, la abrazó, queria trasmitirle a Elsa lo mucho que la queria.
—Perdón por todo el daño que te hicimos y si ese muchacho es tu felicidad los apoyaré, solo quiero verte feliz, mi pequeña Elsa—Iduna le limpió las lágrimas — lo que una madre quiere es la felicidad de sus hijas y es lo que quiero para ti.
Agnarr se quedo en su trono, con las palabras de su hija resonando en su mente, sus palabras le habían afectado y tras meditarlo una suave sonrisa se dibujó en su rostro, levantándose para abrazarla.
—Lo lamento, Elsa. Fui un mal padre pero no quiero perderte, si tu felicidad es Hans, les doy mi bendición, pueden estar juntos, solo te pido que para las vacaciones lo traigas al palacio, quiero hablar con el ¿De acuerdo?
La chica jamás pensó que su padre pudiera admitir que ella tenía razón, así que con las lágrimas picando sus ojos le abrazó y asintió.
Los reyes de las islas del Sur y Norte estaban ofendidos, sus hijos fueron humillados por una tonta niña mimada, pero una cosa tenían clara, no se darían por vencidos tan fácilmente.
—Claro, padre. Cuenta con eso, le pediré a Hans que pase las vacaciones con nosotros—dijo con evidente entusiasmo tras separarse del brazo.
De repente, una lechuza entró por la ventana dejando caer un sobre en manos de Astoria, quien prontamente se había acercado a la ventana con un mal presentimiento palpitando en su corazón.
—¿Esa es la lechuza de Draco? —preguntó Elsa — ¿Para que nos mandará a su lechuza? Debió pasar algo—añadió comenzando a preocuparse.
—No tengo idea, déjame leo lo que escribió —abrió el sobresacando la carta y se dispuso a leer:
Elsa, Astoria, deben regresar a Hogwarts lo antes posible. Potter y Westergaard fueron a buscar a Sirius Black, regresen lo más rápido que puedan, antes que ese par de imbéciles hagan una tontería.
Al terminar de leer la carta Astoria se quedó en shock y por más que Elsa le preguntaba qué era lo que ocurría ella no respondía.
—Tory ¿Qué pasa? ¿Le pasó algo a Harry?—se aventuró a preguntar, acercándose con un gesto preocupado, no obstante, al ver que no le respondía le arrebató la carta de las manos y comenzó a leer.
A medida que iba leyendo, la preocupación se hacía más evidente en su rostro. Con un movimiento de manos arrugó el papel y lo aventó al piso, para acto seguido jalar a Astoria del brazo y dirigirse a Hogwarts.
