Disclaimer: Los personajes de Final Fantasy pertenecen a Square-Enix. Tan solo los inventados son de cosecha propia ^^


CAPÍTULO 17

Rinoa corrió deprisa entre los árboles, y saltando por encima de unas raíces que sobresalían del suelo, aterrizó frente a dos fungos de tamaño intermedio. La pelinegra acabó con ellos en un abrir y cerrar de ojos, dejando algo perplejos al par de instructores que los supervisaban, pero no a Zell que la llevaba entrenando algunas semanas.

- ¡Vaya es realmente buena! ¿no? -dijo una joven instructora de coleta junto a Zell-.

- Si, lo es.

- Entrenas con ella ¿verdad? -preguntó la muchacha de pelo oscuro-.

El artista marcial asintió orgulloso de ver los avances de Rinoa.

- Vaya, pues sigue así, creo que será muy buena en combate cuerpo a cuerpo. ¿Y su poder? -preguntó de nuevo mientras avanzaban junto al grupo de alumnos, corrigiéndoles de vez en cuando-.

- Bueno, poco a poco, aún debe aprender mucho, pero desde luego, sus reflejos son de otro mundo -sonrió el joven rubio-.

- Si, es lo que te iba a decir, es como si pudiese adelantarse a los movimientos de sus enemigos, es increíble -comentó con admiración aquella instructora-.

Zell junto al grupo de alumnos y esa instructora, caminaron hasta un claro, donde se detuvieron y les dieron instrucciones de que hacer. El artista marcial no le quitaba ojo a Yinna, quien parecía tener bastante destreza en combate. De vez en cuando se acercaba a Rinoa y la decía algo, pero la pelinegra se dedicaba a ignorarla. En cuanto el ejercicio comenzó, se había relajado al comprobar que los alumnos iban en grupo en todo momento y él, junto a la otra instructora, iban detrás supervisando el ejercicio. Era imposible que esa mujer intentase algo con Rinoa.

Selphie caminaba por un camino de piedra junto al instructor que habían asignado a dicho grupo. No podía apartar la mirada de esos dos hermanos, quienes, a pesar de lo que hubiera imaginado, se desenvolvían bastante bien en la lucha.

Tras un par de enemigos más derrotados, llegaron a una zona despejada de vegetación con un camino que se bifurcaba en dos y antes de que pudieran hacer nada, un grupo de monstruos salieron a su encuentro. Selphie, que iba junto a ese instructor mayor que ella y veterano del jardín, dio una serie de órdenes y sin saber muy bien cómo ocurrió, se vio sola con Sonhen por el camino que giraba a la izquierda.

La joven Seed intentó mantener la calma mientras caminaba con cautela tras él. ¿Sería consciente de que estaban los dos solos?

- ¿Sabes? -dijo de pronto para sorpresa de Selphie mientras seguían avanzando entre la maleza-. Aquel día en Trabia, creí haber acabado contigo.

La mujer de pelo despuntado se detuvo de pronto al escuchar aquello. Su corazón comenzó a latir con fuerza y un sudor frio, la invadió.

- Eres más dura de lo que pareces, tan pequeña…

En ese momento el chico se paró en seco y unió sus manos mientras cerraba sus ojos. Selphie comenzó a escuchar como susurraba una serie de palabras incomprensibles y un aura amarillenta apareció de la nada.

- ¿Qué... estás haciendo? -preguntó con cautela acercándose a él-.

Pudo escuchar de manera más clara como esas palabras que pronunciaba, parecía parte de un ritual. Dispuesta a no seguir presenciando aquello, se dio la vuelta para marcharse de allí, pero sin saber cómo, un enorme arqueosaurio se materializó frente a ella.

Selphie, de la impresión de ver al enorme animal rugiendo sin piedad, trastabilló y calló de espaldas. En ese momento vio como Sonhen pasaba por su lado y pronunciando una serie de palabras indescifrables, se desvaneció frente a sus narices.

La joven perpleja, intentó decir algo, pero de pronto se vio paralizada frente al imponente animal. Cuando reaccionó intentó levantarse, pero otro rugido resonó en los oídos de la joven. Asustada consiguió avanzar hasta el enorme tronco de un árbol, pero ya era demasiado tarde, el animal corría hacia ella mientras bramaba. Sabía que no le daría tiempo a defenderse, así que cuando vio que el ataque del arqueosaurio era inevitable, simplemente intentó protegerse. Pero aquello no ocurrió, el sonido de un arma, que de sobra ella conocía, la hizo abrir los ojos, en ese momento vio desplomarse al animal a escasos milímetros de ella.

- ¡Selphie!

Irvine corrió hasta la mujer y arrodillándose, la envolvió entre sus brazos. Pudo sentir como temblaba levemente y se aferraba a su cuello con fuerza.

- ¿Qué ha pasado? ¿Eso era un…?

Cuando el vaquero desvió la mirada hacia el animal sin vida, solo le dio tiempo a ver como desaparecía delante de sus narices dejando una estela a su paso.

- ¡Pero que…!

La pareja cruzó miradas de estupefacción.

- ¿Se puede saber que ha pasado?

- Sonhen… él… me he quedado sola con él y… de pronto ha parecido ese bicho. Es como si lo hubiera invocado -intentaba explicarse con verdadera dificultad-. Ha desaparecido… lo has visto ¿verdad? -dijo demasiado inquieta-.

- Si, si, tranquila, volvamos con los demás.

Irvine la ayudó a levantarse y juntos volvieron al lugar de encuentro, donde casi todos los alumnos estaban ya de vuelta. Al llegar Sonhen estaba hablando con uno de los instructores llamado Adam, quien, al verlos, indicó a Selphie que se acercará. Ésta miró con preocupación al vaquero y se fue acercando con cautela.

- Tilmitt, acérquese, por favor. Sonhen me estaba informando de que le ha dejado solo en combate tras pedir su ayuda.

La pequeña Seed lo miró con indignación y después desvió sus ojos llenos de ira hacia Sonhen que se mantenía impasible al lado de aquel instructor.

- Eso no es cierto -dijo intentando mantener la calma-. Ha sido él quien me ha dejado sola frente a… -la mujer dudó de si comentar el tipo de monstruo-.

No era tonta, sabía de sobra que en esa zona no había arqueosaurios, por lo que si lo decía, la tacharían de mentirosa y ¿cómo explicaría tal hecho?

- Prosiga -dijo Adam con incertidumbre-.

Selphie suspiró cansada.

- Creo que ha cometido un gran error señorita Tilmitt, será mejor volver al jardín. Allí deberá dar explicaciones al director, no podemos pasar por alto este hecho. Usted era la encargada del grupo, no podemos permitir que deje a un alumno solo frente a una pelea y más cuando éste le pidió ayuda.

- Ya le he dicho que fue el quien salió huyendo, un arqu…

- Selphie, será mejor volver al jardín -dijo de pronto Irvine tras ella mientras la cogía de los hombros-.

Sabía, tan bien como ella, que lo del arqueosaurio no colaría y más cuando ni siquiera estaba el cadáver para corroborarlo. Tal vez, explicándoselo con calma a Kramer, llegaban a un entendimiento, pero no en ese momento y con el resto de los alumnos delante.


Eran las dos del mediodía cuando Shu llamó a la puerta del director. Squall, quien se encontraba con el hombre repasando unos presupuestos que debían entregar el lunes, desvió la mirada hacia la joven quien parecía levemente preocupada.

- Director, el instructor Adam desea hablar con usted, es sobre el examen de los de primero.

Squall no pudo evitar tensarse y dejando las hojas que sostenía en la mano, escuchó la voz de Kramer dando permiso para que pasase.

Tras Shu aparecía ese instructor que a Squall nunca le había caído demasiado bien. Tendría unos treinta y cinco años y recuerda perfectamente cuando le daba clase. Su forma de enseñar era demasiado estricta y no solía escuchar demasiado a sus alumnos. Era de esas personas que siempre debía tener la razón. Además, sabía, por habladurías en el jardín, que tanto a Squall como al resto de sus amigos, no los tenía en muy buena estima. Parece ser que aquel tipo no encajó nada bien que unos críos de dieciocho años hubieran alcanzado tanto reconocimiento y mucho menos que Squall Leonhart fuera el comandante del jardín de Balamb.

El joven comandante vio que tras ese hombre aparecía Selphie y Sonhen. Observó como Selphie lo miraba con unos ojos que muy pocas veces había visto en la dicharachera Seed, parecía asustada y muy preocupada. Squall la hizo un gesto con la cabeza intentando saber qué demonios había pasado, pero ésta negó levemente. La voz de aquel instructor se dejó escuchar en la sala y pasó a relatar lo que había sucedido o más bien, lo que Sonhen le había contado.

- Señorita Tilmitt ¿es eso cierto? -preguntó el director recostándose en su sillón-.

- No, claro que no -rebatió con cierta urgencia-. Ya le he dicho al instructor Adam que fue Sonhen quién me dejó sola cuando necesitaba ayuda.

El director dio un largo suspiro.

- Usted ¿necesita ayuda? Los monstruos de aquella zona son de nivel intermedio puede deshacerse de ellos sin ayuda de nadie -comentó con calma-.

- Bueno… -Selphie volvió a dudar de si decir lo que había pasado realmente-. Yo me tropecé y caí justo cuando un…

- ¿Por qué miente? -interrumpió Cid ante la sorpresa de todos-.

Squall desvió la mirada hacia él con algo de desesperación.

- Director… -intentó intermediar el joven-.

- Usted ¡cállese! -ordenó sin apenas mirarlo-.

Selphie vio como media sonrisa aparecía en la cara de Sonhen, estaba claro que sabía que tenía la batalla ganada. Así que, sin pensarlo demasiado, decidió contar la verdad, sabía que no la creerían, pero total, ¿qué más tenía que perder?

- Esta bien, un arqueosaurio ha parecido delante de mis narices y Sonhen ha salido huyendo, dejándome sola frente al animal. Yo sola no podía con él.

- ¿Un arqueosaurio?, ¿en serio? -se burló esta vez Adam-.

- Señorita Tilmitt, en esa zona no hay arqueosaurio -matizó el director-.

- Lo sé, pero él -dijo señalando con odio a Sonhen que se mantenía impasible-, lo ha invocado o algo así, ha aparecido de la nada, se lo juro -dijo bajando el tono de voz siendo consciente que la historia no era nada creíble-.

- ¿Invocar, dices? Estás loca y eres una maldita cobarde -espetó Sonhen que se había mantenido en silencio-.

Al chico no le pasó inadvertida la mirada de odio de aquel comandante cuando se atrevió a decir eso sobre su amiga. Tenía que admitir que ese tipo imponía bastante.

De pronto Selphie se levantó envuelta en un halo de rabia y sin ser consciente, se abalanzó sobre Sonhen, desde luego había perdido toda la paciencia que le quedaba. Fue Squall quien viendo lo que iba a pasar consiguió parar a Selphie antes de que llegase a tocarle.

- Tranquilízate -la susurró al oído mientras la acompañaba a asentarse en una silla cercana-.

- Bueno ¡basta ya! -bufó esta vez el director para sorpresa de todos-. Estoy más que harto, Selphie has infligido las normas y serás castigada por ello.

- ¡Pero fue él! -gritó de nuevo-.

Squall volvió a ponerse delante de ella.

- Selphie, por favor cálmate, así no vas a conseguir nada -la aconsejó clavando su mirada en la de ella-.

La joven Seed titubeó unos segundos, pero después leyó a la perfección esa mirada de Squall, diciéndole que él estaba con ella, él la creía.

- ¿No se da cuenta, señorita Tilmitt que ha dejado solo en combate a un cadete? Es una falta grave, no puedo quedarme de brazos cruzados ante algo así -comentó Cid en tono grave-.

La muchacha de pelo despuntado suspiró sonoramente y echó la cabeza hacia atrás.

- Ya se lo he dicho, yo no he huido, ¿por qué no me cree? -preguntó realmente dolida frente a la injusticia del director-.

- ¿Cómo quiere que la crea si me habla de invocaciones y arqueosaurios inexistente?

- Es la verdad… -musitó Selphie bajando la mirada hasta el suelo-.

- Mire, da igual, por ser usted tan solo la destituiré del cargo de organizadora del baile, pero créame que no me olvidaré tan fácil de esto que usted ha hecho -explicó tomando asiento de nuevo en su sillón-.

De nuevo Squall observó a Sonhen y como sonreía con disimulo. Le dieron ganas de hacerle pedazos con su gunblade, eso si que hubiera sido divertido.

- Si ninguno tiene nada más que decir, podéis retiraros -comentó el director volviendo a esos presupuestos que había dejado a medias-.

Todos se dirigieron a la salida, Squall fue tras Selphie y la detuvo cogiéndola del hombro. Los demás cogieron el ascensor y desaparecieron de la vista de ellos. Después y sin que el director los viese, se apartaron hacia la puerta del despacho de Squall.

- Lo siento -dijo ella con la voz algo quebrada-.

Squall dejó escapar el aire por la nariz a modo de risa.

- No pasa nada -la tranquilizó apoyando una mano sobre su cabeza-.

Selphie levantó la vista hasta él.

- Ha intentado matarme de nuevo, Squall. No sé cómo lo ha hecho, pero ha invocado a un arqueosaurio delante de mis narices -dijo hablando en voz baja-. Fue Irvine quien se cargó a ese bicho, si no llega a ser por el…

- Tranquila ¿vale? Yo te creo.

La joven asintió mostrando una leve sonrisa a su comandante y amigo.

- Nos vemos luego ¿vale? -dijo despidiéndose de la chica-.

El joven castaño vio como Selphie cogía el ascensor y cuándo la vio desaparecer, se dirigió de nuevo al despacho de Kramer. Se acercó hasta la mesa donde con anterioridad habían estado mirando esos presupuestos y empezó a recoger algunos de ellos. Miró de reojo al director quien se mantenía impasible. El chico suspiró sonoramente y no aguantó más.

- ¿No cree que se ha pasado? -dijo dejando los papeles para enfrentarse a Cid-.

- ¿Cómo dice? Yo creo que he sido demasiado blando, porque no solo ha puesto en peligro la vida de un alumno, sino que me ha mentido -contestó acercándose hasta Squall-.

- No sabe lo que está diciendo... lo que ocurre es que esta cegado, ya no confía en nosotros ¿verdad? -dijo apoyando sus manos sobre la mesa-. Le recuerdo que, si no llega a ser por nosotros, ahora mismo estaríamos todos muertos, por si se le ha olvidado –dijo acercándose a la puerta para marcharse-. No se fíe de ellos –finalizó saliendo y dando un fuerte portazo-.

El director se quedó de pie con las palabras de Squall rondando por su cabeza. Empezaba a estar realmente confuso.


Sonhen caminaba más que satisfecho por los pasillos de aquel enorme jardín, que seguro echaría de menos, cuando su plan se llevase a cabo. Cuando estuvo cerca de las habitaciones femeninas, vio a su hermana acercarse hacia él.

- ¿Y, bien? ¿Qué te han dicho? -preguntó la mujer llegando hasta él-.

- A mí nada, pero han insinuado que Selphie está loca, -dijo entre risas-. ¡Ah! y la han retirado de la organización del baile, ahora tú estás al mando -añadió-.

- ¡Eres un estúpido! -exclamó la muchacha muy enfadada-.

Ésta lo cogió del brazo y lo arrastró por el pasillo hasta llegar a su habitación, donde a trompicones, lo metió dentro y cerró con un portazo.

- ¿Se puede saber que te pasa ahora?, joder… -se quejó el chico mientras masajeaba el brazo del que había sido arrastrado-.

- ¿Y si llegan a pillarte?, ¿qué hubiera pasado? o ¿si esa Seed llega a morir?

- Ella debía haber muerto en su momento -dijo con rencor perdiendo la mirada en la sobria estancia-.

- ¡Déjalo ya!, ¿me oyes?, ella no es el objetivo –dijo mientras recogía algunos libros de la mesa-. El día está cerca, ahora todo será mucho más fácil sin ella en la organización. Aun así, iré luego a verla, tal vez consiga que se olvide de este incidente.

Aquel hombre miró a su hermana de reojo y se dejó caer en el borde de la cama.

- Entonces mi plan no ha salido del todo mal, en realidad debería estar muerta, pero si con eso te conformas... – comentó levantando los hombros-.

- De momento...

Yinna se giró y mirando a su hermano empezaron a reír con demencia. Cada vez quedaba menos pero aún tenían algo importante que hacer.


Aquel viernes de principios de abril no había resultado nada fácil para aquellos Seeds. Tras lo ocurrido en el examen de cadetes, el ambiente se había enrarecido aún más. A esas alturas casi todo el mundo se había enterado de lo ocurrido esa misma mañana y las suposiciones, conjeturas y habladurías se habían extendido rápidamente. En la hora de la comida habían conseguido reunirse todos y habían intentado animar a Selphie que aún parecía demasiado afectada. No paraba de decir lo mucho que odiaba a esos hermanos y de cuantas formas inimaginables de vengarse se le estaban ocurriendo.

Intentaron calmarla, alegando que no merecía la pena seguir con esa actitud y tras varios intentos, se les ocurrió, que tal vez podían salir un rato a la noche, cenar por ahí y así despejarse de aquel ambiente que empezaba a ahogarles.

Así que ahora, tras haber cenado algo en la plaza principal del pueblo de Balamb, se encontraban sentados en una mesa circular al fondo de aquel bar, que como bien había predicho Zell, se había puesto de moda.

Llevaban una media hora charlando, tomando algo y riendo de cosas sin importancia. Squall, sentado en el borde de aquel sofá, con Irvine a su lado, simplemente se dedicaba a observar y escuchar a sus amigos, él no era muy de participar en esas charlas al igual que Quistis. Solían ser Zell, Irvine y Selphie quien casi siempre tenían algo divertido que contar.

Entre aquel ameno y entretenido ambiente, el joven comandante desvió un par de veces su vista al móvil que se mantenía sobre la mesa. Tras dar un trago a su bebida vio como su pantalla se iluminaba con un mensaje de Rinoa avisándole que ya estaba de camino. La joven pelinegra era la única que no había podido salir con ellos desde el principio, ya que tenía un compromiso con un par de compañeros de clase.

Sonrió para sí y dejando el móvil en la mesa tras contestarla, jugueteó con el vaso sobre la mesa volviendo la atención a su grupo. Fue Selphie la que le preguntó por ella y tras decirle que estaba por llegar, sonrió de oreja a oreja. El joven castaño, sintió una especie de alivio al verla así, parecía que por ahora se había olvidado de lo ocurrido. Irvine que se mantenía a su lado, se esforzaba continuamente por hacerla sonreír e intentar desviar las conversaciones a temas más banales. Estaba claro, que aquel vaquero haría cualquier cosa por esa chica, lo que Squall no entendía era porque aún no se había decidido a decirle nada.

Pasado unos veinte minutos, Squall desvió la mirada hasta la entrada de aquel bar y por fin vio entrar a Rinoa. Se sorprendió a él mismo de que, en su estómago, aun notase esas cosquillas cada vez que la veía, ¿cuánto duraría aquello?, sonrió para sí mismo.

Durante unos instantes quedó cautivo de la figura de la joven pelinegra que caminaba con decisión haciéndose hueco entre la multitud de aquel bar. Todo en ella le hacía desearla con todas sus ganas, era sexy, cosa que ella pasaba completamente por alto y a la vez, era demasiado tierna e inocente, haciendo que se despertasen sentimientos de protección y pasión por igual. Observó su esbelta figura, ataviada con unos pantalones negros ceñidos y una camiseta azul de tirantes finos y escote en pico que caía con gracia, realzando sus atributos femeninos. La tela de aquella prenda era de un tejido vaporosa y Squall pensó que debía ser realmente agradable acariciar su cintura por encima de esa prenda. En su brazo izquierdo llevaba aquel lazo negro y en su muñeca derecha una pulsera de cuero del mismo color.

Mientras caminaba la vio sonreír a un par de compañeras de clase para luego acercarse hasta la barra donde se acomodó dispuesta a pedir algo de beber. Squall se recostó en su asiento dispuesto a disfrutar un poco más de la imagen que le brindaba aquella mujer, ajena totalmente a las miradas de su novio. Observó de manera entretenida, como ella enredaba su dedo índice en un mechón de su pelo, el cual brillaba bajo los focos blanquecinos de aquella barra de bar. De manera mecánica ella recogió toda su melena, la cual había crecido en estos meses, y se la colocó hacia el lado derecho, dejando a la vista el más que sugerente cuello.

- Imagino que este charco de aquí será de tu bebida y no de tus babas -bromeó el vaquero acercándose a Squall mientras señalaba el pequeño charquito de agua que se había formado por la bebida fría-.

El joven comandante soltó un sonido a modo de risa.

- Eres muy idiota, Irvine -dijo con media sonrisa-.

Fue en ese momento que, desviando levemente la mirada hacia su derecha, divisó a un tipo de unos veinte años y bastante atractivo que no le quitaba ojo de encima a Rinoa. Squall frunció el ceño ante la escena y volvió a recostarse en el asiento. Miró de nuevo a Rinoa quien se mantenía a la espera de que alguien la atendiese y entonces aquel tipo empezó a caminar hacia ella.

- Vaya, esto se pone interesante -comentó el vaquero quien también se había fijado en ese chico-.

- Si, eso parece -dijo entretenido mientras seguía a aquel hombre con la mirada-.

Squall observó cómo, antes de llegar hasta la joven pelinegra, la miró de arriba abajo y en su rostro se dibujó una leve sonrisa. El comandante se inquietó en su asiento, pero se dijo a él mismo que no pasaba absolutamente nada, estaba seguro de que Rinoa sabría salir airosa de aquello.

Cuando Rinoa llegó hasta la barra, comprobó que parecía tarea imposible pedir algo de beber. La verdad que el bar estaba abarrotado de gente joven. De pronto una voz masculina y bastante atractiva, la sorprendió.

- Es bastante difícil conseguir bebida ¿verdad?

Cuando la pelinegra se giró en dirección a esa persona, comprobó que era un joven que no conocía de nada.

- Eh… ¿te conozco? -preguntó ella realmente curiosa-.

- No, todavía no -sonrió el joven de medio lado-.

El chico, de pelo oscuro y rapado por la parte de atrás, pero con el pelo mas largo en la parte de arriba, se acomodó junto a Rinoa e intentó llamar la atención de algún camarero.

- Por cierto, me llamo Kasey -aclaró mirando directamente a Rinoa y mostrándole una sonrisa que la muchacha no pasó inadvertida-.

Seguro que cualquier otra chica caería rendida ante ese joven encantador, pero ella no. Lo observó durante unos segundos y sonrió de manera educada.

- Soy Rinoa -dijo ella al fin-.

- ¡Oh! Bonito nombre.

El joven se giró hacia ella y dejó de prestar atención a la barra para reducir el espacio que los separaba.

- Bueno y ¿a qué te dedicas? -preguntó invadiendo el espacio vital de la pelinegra-.

Ésta se apartó con sutileza, pero el chico la siguió, no queriendo que se escapara. Rinoa volvió a mirar con impaciencia hacia la barra y de nuevo, observó que nadie la atendería de momento. Así que viendo lo incomodo de la situación, decidió marcharse en busca de sus amigos.

- Lo intentaré más tarde -dijo Rinoa dirigiéndose a ese desconocido para despedirse mostrando una sonrisa algo fingida-.

Pero cuando la joven bruja se disponía a dar el primer paso para marcharse de allí, ese muchacho de pelo oscuro la detuvo cogiéndola de la cintura. Rinoa, algo sorprendida por el atrevimiento de ese hombre, desvió la mirada hasta las manos de ese desconocido para después clavar una mirada felina en ese chico que la retenía.

- ¿Y estas confianzas? -dijo ella apartándose y deshaciendo el agarre-.

- Vamos, ¿ya te vas? Estoy con un par de amigos ¿por qué no te vienes con nosotros?

Rinoa cerró los ojos y suspiró con calma, no quería ser grosera pero no le gustaba nada ese tipo de trato.

- Oye, solo quería ser amable contigo, pero estoy con alguien ¿vale? -intentó explicar Rinoa dándole a entender que de ninguna de las maneras se iría con él-.

- Ah, ¿sí? Pues yo no veo a nadie -dijo con sorna mientras se inclinaba hacia delante para reducir el poco espacio que los separaba-.

La pelinegra se echó hacia atrás de manera instintiva y fue cuando se dio cuenta que la mirada de ese chico había cambiado por completo. Cuando lo miró la primera vez le pareció alguien amable pero ahora su mirada era sin duda, la de un depredador.


Squall había estado viendo toda la escena desde su sitio con una calma que hasta a él mismo le había sorprendió. Confiaba tanto en ella que nada ni nadie le hacía perder la compostura. Sabía perfectamente lo que ella sentía por él, se lo demostraba a cada minuto que pasaban juntos. Pero aquel tipo estaba siendo bastante persistente y su instinto le decía que no era de fiar.

Cuando ese hombre frenó a Rinoa cogiéndola de la cintura y le impidió marcharse de allí, fue cuando ya no aguantó más.

- ¿Cuándo vas a ir a patearle el culo? -comentó Irvine quien había empezado a incomodarse con el comportamiento de ese tío con su amiga-.

- Pues ahora mismo.

Squall dio el último trago a su bebida y dejando el vaso sobre la mesa, se levantó con agilidad de su asiento. Caminó despacio, con las manos en los bolsillos y esquivando a algunos grupos de personas. Llegó justo en el momento que, de nuevo, ese tipo impedía a Rinoa dejarla marchar de allí.

- Ésta conmigo -dijo de pronto Squall plantándose frente a él-.

El chico moreno, se sorprendió de ver a esa persona de repente allí ¿de dónde demonios había salido? y ¿por qué parecía un maldito soldado de élite? Aquel joven alternó la mirada entre uno y otro con gesto sorprendido.

- Te lo dije -dijo Rinoa levantando sus hombros mientras suspiraba algo resignada-.

El chico levantó las manos en alto dando a entender que no quería problemas. Con cara de fastidio se alejó de allí, no sin antes cruzar una mirada recelosa con Squall. Él comandante lo siguió con la mirada hasta que lo perdió entre el gentío. Tras aquello se giró en dirección a Rinoa y sonriéndola, la besó.

- Hola -dijo él-.

- Hola, comandante -contestó recogiendo un mechón de pelo tras su oreja y sin poder evitar una sonrisa por verlo allí-.

Ambos jóvenes se acercaron de nuevo a la barra y se recostaron en ella, intentando de nuevo que algún camarero se dignase a atenderlos.

- Has tardado mucho en aparecer por aquí ¿sabes? -dijo ella con un falso desinterés-.

Squall dejó entrever una media sonrisa ante el comentario y captó al instante el tono de Rinoa. Sabía de sobra que había sentido un gran alivio al verlo aparecer por allí en el momento justo y sacarla de aquella situación un tanto incomoda.

- Estaba esperando a que la bruja de Balamb lo hiciera pedacitos.

- Bueno, él era… majo.

El joven castaño clavó aquello ojos azules en ella.

- Majo… ¿eh? -rebatió enarcando una ceja-.

Rinoa vio el gesto de Squall y no pudo evitar sonreír.

- Solo intentaba ser amable -explicó la joven pegándose a él y recostando la cabeza en su hombro-, gracias por venir-.

- De nada señorita Heartilly -dijo besándola en la mejilla-.

- No sé cómo lo haces, pero siempre apareces en el momento justo, ¿eres tú el de los superpoderes? -bromeó ella-.

Squall dejó escapar una risa seca.

- Te he visto entrar en el bar y he observado toda la escena desde la mesa -confesó sin darle mayor importancia-.

- ¡Oh! A sí que me espías -comentó divertida-.

El chico la miró de reojo dibujando media sonrisa traviesa y no dijo nada. La pelinegra volvió a quedar cautiva de esos gestos que aún le seguían sorprendiendo en el taciturno y serio comandante.

Antes de que ninguno de los dos pudiera decir nada, por fin, un camarero los atendió.


El resto vieron llegar a la pareja y tras saludar a Rinoa, se acomodaron todos juntos en aquella mesa. La pelinegra estuvo un rato hablando con Selphie sobre lo ocurrido. Tras regresar al jardín, después del examen, Rinoa había tenido que ir directa a clase, por lo que no había tenido mucho tiempo de estar con su amiga. Se había enterado por comentarios del resto de alumnos lo que había pasado y aún no daba crédito. Estaba claro que aquella situación en la que se habían visto envueltos cada vez iba a peor.

- Por cierto, Zell -comenzó a hablar Rinoa-, he devuelto el libro a la biblioteca. He hecho un par de fotocopias de las hojas, por si necesitamos enseñárselas a Edea o Kramer…

- A Kramer, no creo -bufó Squall quien cada vez estaba más cabreado con su director-. Ya habéis visto de qué lado está.

Los chicos resoplaron sabiendo que Squall tenía razón.

- Antes he estado dándole vueltas al texto de ese libro -habló esta vez Irvine-.

Todos desviaron su atención al vaquero quien se recostó contra el mullido respaldo de ese sofá.

- Se supone que, con las muertes de esas chicas en los distintos jardines, han cerrado el círculo, pero no ha pasado nada de lo que dice el libro ¿no? Ni noche eterna, ni tinieblas… -comentó encogiéndose de hombros-. ¿Y cómo hacen todas esas cosas? La invocación del arqueosaurio o estar en varios jardines al mismo tiempo.

- Parece que tienen la habilidad de teletransportarse -habló Selphie quien también había estado dando vueltas a ese tema-. La primera vez que Irvine vio aquella estela amarilla, resultó que ese tipo había desaparecido, o Rinoa cuando vio a Yinna en el baño y esta misma mañana, yo he podido ver como Sonhen desaparecía delante de mis narices dejando esa misma aura amarillenta.

Todos se quedaron algo pensativos, aquello encajaba bastante bien con todos eso hechos inexplicables.

- Eso parece tener bastante sentido -resopló Zell-. ¿Y el sacrificio del bienaventurado? Se supone que se refiere a… ¿la elegida? -dijo con cautela sabiendo que cada vez que ese término salía a relucir todos pensaban en Rinoa-.

- Esa debo ser yo ¿verdad? -dijo con sarcasmo acusado-.

Squall no pudo evitar mirarla con preocupación.

- Seifer lo ha dicho en varias ocasiones -argumentó ante la mirada del comandante-.

- No nos podemos fiar de lo que diga Seifer -contestó con rapidez intentando restarle importancia-.

- Oh… tal vez si…

La voz de la instructora, quien se había mantenido callada, se escuchó entre el gentío del bar. Todos la miraron como si esa mujer supiera algo que los demás no sabían.

- Yo le creo -se atrevió a decir delante de todos-.

Las conversaciones que venía teniendo con sus amigos le habían hecho ver que, si ella creía tal cosa, debía defenderlo hasta el final, aunque se equivocase.

Todos se quedaron en silencio tras aquella confesión. En el fondo cada uno de ellos, creía en Seifer a su manera, pero no querían ver la terrible realidad.

El tiempo fue pasando en aquel bar y tras la charla sobre los extraños hechos, decidieron dejar el tema y divertirse, aunque solo fuera un par de horas. Y así lo hicieron, pero era ya media noche y creyeron conveniente volver al jardín. Cuando estaban emprendiendo los pasos hacia el exterior, Rinoa decidió ir al baño, el resto la esperaría fuera.

Caminó entre la gente, aun había algún conocido en el bar el cual saludó y rezó por no encontrarse con el tipo de antes, no le apetecía nada volver a aquella situación. Llegó al baño sin percances y cuando cerró la puerta tras de sí, el barullo del bar quedó amortiguado por la puerta de madera. La pelinegra suspiró y se recostó en la encimera del baño, no sabía por qué, pero necesitaba un respiro, necesitaba estar un rato sola y pensar. Todos decían que ella era la elegida, pero ¿qué significaba eso exactamente? Hace días que empezaba a estar asustada, desde que Yinna había vuelto, notaba mas a menudo esas desconexiones de la realidad que aún no sabía explicar.

Se mojó un poco la cara y nuca y creyó estar más aliviada, pero cuando se miró al espejo, todo cambió. Aquella estancia se oscureció de repente y observó con verdadero terror que ya no estaba en el baño del Crush. Esa nueva habitación parecía la de algún lugar abandona, como si hubiera pasado años en deterioro. Entre esa siniestra penumbra, dio un par de pasos hacia atrás intentando, como tantas otras veces, encontrar la calma. Sintió su espalda chocar con algo, pero justo cuando iba a girarse, de nuevo esa voz la sacó de su trance.

- Nada es real, debes despertar… cuanto antes…

El terror empezó a apoderarse de ella y cuando quiso gritar, no consiguió emitir ningún sonido. Tan solo pudo agacharse y esconder la cara entre sus brazos. Fue en ese momento, cuando unas voces femeninas irrumpían en el lugar.

- ¿Estás bien?

Rinoa abrió los ojos cuando escuchó aquella voz y vio que todo volvía a ser normal. Dos chicas la miraban realmente sorprendidas. Hizo un rápido recorrido con su mirada y observó que todo estaba en su sitio. Carraspeó nerviosa y se levantó con agilidad del suelo.

- Si, gracias…

Fue lo único que acertó a decir antes de salir de allí.

Cuando el aire nocturno rozó su fina piel, ésta se removió incómoda y se maldijo por no haber cogido ninguna chaqueta. A pesar del día lluvioso, un bochorno nada habitual, los había acompañado durante todo el día. Pero ahora, casi media noche, la temperatura había descendido drásticamente.

- Tenías que haber cogido algo que ponerte.

La voz de Squall la hizo girarse hacia la izquierda. Vio al chico recostado contra la pared del bar con los brazos cruzados y como el resto del grupo se alejaba unos metros camino al jardín.

- Has tardado -volvió a hablar abandonando la postura y acercándose hasta la chica-

- Eh… sí, me he encontrado con otra compañera -sonrió con algo de falsedad para no preocuparlo-.

Observó como Squall la escrutaba con la mirada y enfrentaba sus cejar al máximo. Últimamente creía que ese hombre podía leer su pensamiento. Estaba empezando a conocerla demasiado bien y eso le daba algo de miedo.

- Toma… -dijo él ofreciéndole su chaqueta mientras dejaba entrever esa sonrisa amable-.

Rinoa observó la prenda de ropa, era una sudadera con cremallera, de color negro y con dos rayas blancas en las mangas.

- Me va a quedar enorme -comentó mientras la cogía y comenzaba a ponérsela-.

Squall no pudo evitar sonreír cuando la vio con ella puesta. Le llegaba hasta la mitad de los muslos y sus manos quedaban escondidas en el largo de las mangas. La joven se ató la cremallera hasta el cuello y se remangó para sacar sus manos. Tenía que confesar que el calor que aún mantenía la prenda y el olor a Squall, la reconfortó al instante.

- No te rías -dijo ella mientras se agarraba al brazo del joven y emprendían sus pasos al jardín-.

- En realidad estás bastante sexy con ella -dijo él con la mirada al frente-.

La pelinegra elevó la mirada hasta él y lo vio dibujar media sonrisa. Rinoa meneó la cabeza e intentó borrar lo ocurrido hacía tan solo unos minutos, solo quería disfrutar de la compañía de Squall todo el tiempo que le fuera posible, pero tenía la sensación de que su tiempo se iba agotando, poco a poco.


Al llegar al jardín Quistis fue la primera en despedirse, la verdad es que estaba agotada del día y necesitaba descansar. Así que se encaminó hacia su habitación.

Por el camino apenas se cruzó con algunos alumnos y un par de instructores que conocía y a tan solo un par de pasos de su habitación, vio pasar a Seifer por el pasillo que cruzaba hacia las habitaciones de los chicos.

Si pensar en nada más, salió corriendo y consiguió alcanzarlo cogiéndolo de la mano.

- ¡Seifer!

Éste se detuvo en seco y sus ojos viajaron hasta la delgada mano de Quistis sujetando su muñeca. Era cálida y suave, pero sin dejar que ese contacto se alargase más de la cuenta, se zafó con rapidez.

- Déjame instructora -se limitó a decir sin apenas mirarla-.

Quistis no se rindió, sabía o más bien quería creer, que no estaba siendo el mismo, nunca había sido tan cruel con ella como ahora.

- ¿Por qué me tratas así? -dijo de pronto para sorpresa de Seifer-.

El joven rubio se giró y posó esos ojos verdes sobre la instructora, parecía preocupada y triste. Seifer gruñó molesto y se llevó una mano hasta su cara.

- No pueden verme contigo -confesó bajando el tono de voz-.

- ¿Quien?

- Sabes de sobra quienes.

- Y ¿por qué sigues con ellos?

- No tengo escapatoria, ellos… -el chico calló de repente-.

La mirada casi cristalina de la mujer lo escrutaba sin ningún tipo de pudor.

- ¡Joder, Quistis!, no puedo contarte nada, ya os he advertido, a ti, a Squall, a Rinoa, debéis tener cuidado…

- Han vuelo a atacar a Selphie ¿lo sabías? -le interrumpió enfadada ante tanto secretismo-.

Los ojos de Seifer se abrieron de par en par y después desvió la mirada hacia un lado mientras su ceño se fruncía al máximo en un gesto de desesperación.

- Debo irme -dijo sin más, pero antes de que emprendiera sus pasos la cálida mano de ella volvió a retenerlo-.

- Te… echo de menos.

Seifer, al escuchar aquello, echó la cabeza haca atrás en un gesto de agobio. El también la echaba de menos, echaba de menos reír juntos, que le recriminara por tonterías o que le riñera sin venir a cuento, solo por el mero hecho de entablar una conversación, así era su relación. Echaba de menos verla sonreír y sentirla a su lado.

- Quistis por favor, no me lo pongas más difícil -dijo girándose hacia ella y cogiéndole la cara entre sus manos-. Quiero arreglar esto, solo quiero que sepas que en todo este tiempo no era yo, ¿vale? He cambiado y tú lo sabes.

La joven instructora asintió cautiva por aquella mirada y por el tacto de esas manos de soldado en su cara. Las acarició con suavidad y sin ser muy consciente, fue acercándose a la boca de Seifer. Quería besarlo, sentía una necesidad casi extrema de hacer aquello y cuando sus alientos se mezclaron a escasos milímetros, el chico cerró los ojos y depositó un beso en su frente.

- No te mesa por favor, no soportaría que te pasara algo a ti también.

Dicho esto, se marchó de allí en dirección a los cuartos masculinos y la dejó allí plantada más confusa, si cabe, de lo normal. En ese instante se dio cuenta de que Seifer jamás le contaría nada que la pusiera en peligro y estaba claro que aquello en lo que andaba metido era realmente peligroso.


Notitas…

Pues otro capitulito terminado, ya sé qué tardo más que antes pero no me da la vida. Creo que a partir del siguiente capi la cosa irá más rapidita porque los capítulos de la primera versión son más decentes y puedo rescatar más contenido de ellos.

Como siempre, gracias a todos por leer y si os animáis a dejar un comentario, ¡sería genial! Hasta la próxima.

Nancyriny: Siiiiii, lo sé, he tardado una eternidad, ¡sorry! Bueno espero que te haya gustado la pequeña escena de Rinoa y Squall en el bar, ya sé que no es vital para el desarrollo de la historia, pero me apetecía mucho escribir algo así. Parece que siempre es Squall el que liga un montón, jejeje. Gracias por seguir leyendo y por tus comentarios, me ayudan a seguir con esto. Un abrazo!