Si te preguntas cómo es que estaba tan seguro de que, otra vez, le había robado una de sus primeras veces a Akane es porque yo mismo me he encargado de alejar a cualquier despistado que pensará que podía acercarse a ella desde que la conocí.
No me malentiendas, no es que a mí particularmente me interese Akane, sólo que no soportaba ver a esos tontos.
Así que, supongo que se puede decir que asusté, amenacé o golpeé a algunos de ellos.
Claro, que nunca fue por celos o algo así.
Solo no me gustaba verlos merodeándola como tiburones o escucharlos hablar de ella como si pudieran tenerla realmente.
Como sea, mantuve en castidad vigilada a la menor de las hijas de Soun Tendo durante 5 años, hasta que el año pasado se marchó, en contra de la voluntad de su padre, para estudiar en la Universidad.
Y aún así me aseguré de averiguar, aunque fuera de lejos, si salía con alguien, pero creo que esa torpe marimacho sigue de duelo por ese tonto del doctor Tofu.
Y eso me da un poco de alivio, debo admitir.
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Recuerdo bien el día en que llegué a casa de las hermanas Tendo. Tenía 16 años y una maldición que me convertía en chica al contacto con el agua fría.
De hecho, bajo la implacable lluvia, viajaba yo medio inconsciente sobre el hombro de mi estúpido panda padre y aunque luché con todas mis fuerzas para no llegar con esa familia en tal vergonzosa condición, finalmente así es como fuimos presentados.
Soun Tendo me abrazó y descubrió en ese instante mi forma femenina. Hubo un gran alboroto por eso, pero Akane fue muy amable y me ofreció su amistad en ese primer encuentro.
Después, entrenamos un poco en el Dojo y ella no era mala, tenía mucha energía pero le hacía falta un buen maestro, seguro su padre no le daba un entrenamiento riguroso por ser niña, pensé en ese momento.
La parte incómoda vino después, en el baño, donde recuperé mi forma real con agua caliente.
Akane, apenas cubriéndose los senos con un paño, abrió la puerta en el instante en que yo salía de la tina ya como un hombre.
Nos quedamos ahí sin decir nada, evaluando en silencio nuestros cuerpos desnudos. O al menos eso hice yo. Todavía hoy, años después, puedo recordar con claridad cada detalle de su piel.
Mierda!
Entonces si se desató el infierno!
A pesar de mi maldición y el encuentro en el baño con su hija menor, Soun Tendo no cambió de opinión y continuó con ofrecerme la mano de una de sus hijas, tal y como había sido pactado por mi padre y él, muchos años antes.
Entonces me dieron a elegir entre las tres hijas a mí futura esposa, aunque de ellas mismas salió la primera candidata para mí.
La señalada fue Akane, pero ella se negó rotundamente. Y yo igual, es más hasta amenacé con largarme a China de regreso en busca de un remedio a mi condición.
Nuestros padres lo solucionaron de inmediato. El par de viejos dio con una "solución" muy rápida.
Entonces fui comprometido con la mayor de las hijas de Soun, Kasumi.
- Ya saben lo que dicen, Señor Tendo: Hija saltada, hija no casada-soltó mi padre y ambos rieron como si una genialidad hubieran citado.
Quise negarme pero no había razones para no aceptarla como prometida y ella intentó alegar la diferencia de edades, pero terminó cediendo al deseo de su padre.
Sin embargo no había pasado más que unos meses del compromiso cuando el doctor del barrio se apareció en la sala de la casa, con Kasumi de la mano y dos sobres blancos que entregó al padre de la chica.
Uno contenía un acta Matrimonial y el otro los resultados de una prueba de embarazo.
Soun Tendo cayó desmayado al leer el segundo sobre antes de ver el acta.
Tras algunos gritos y un pequeño drama paterno el reciente yerno fue aceptado a regañadientes en la familia.
Soun se sentó esa misma tarde junto a mí y volvió a ofrecerme la mano de una de sus hijas.
Para ese momento rogué para mis adentros que me diera a elegir otra vez. Aunque nos llevábamos como perros y gatos yo, bueno, tenía ya cierto interés o curiosidad en ella.
Y es que detrás de todos nuestros insultos y discusiones, al menos yo, escondía mis verdaderos sentimientos y deseos, incluso de mi mismo.
Sin embargo la creciente discordia entre Akane y yo era conocida en todo Nerima.
Y para mi mala suerte el señor Tendo pasó de todo conflicto y me dio a Nabiki como prometida palmeando mi espalda con un simple "así son las cosas a veces, Ranma".
Ella, por supuesto tomó aquello con la misma frialdad de siempre. Cuando su padre avisó en la cena sobre el cambio de prometida debido al embarazo y matrimonio de Kasumi, ella solo respondió:
-Sí, cómo no.-y continuó comiendo como si nada.
Nadie entendió si había aceptado o no pero las cosas continuaron igual a como eran antes entre Nabiki y yo. Osea, seguimos casi sin dirigirnos la palabra, excepto para hacer negocios.
Esa noche mientras cenábamos miré a Akane, que estaba sentada frente a mí, detenidamente. Se veía pensativa y me atrevería a decir, decepcionada y triste aunque no sabía la razón en ese momento.
Tal vez ella, pensé, esperaba ser mi prometida tanto como yo quería que ella lo fuera.
Y una mierda!, mi imaginación a veces me hace meter la pata terriblemente.
Esa noche, cuando todos se habían retirado seguí estúpidamente a Akane al Dojo.
Y, yo... Jesús, no puedo creer lo que hice...
Loco, bastardo, cuántas de sus primeras veces vas a robarle a esta chica?!
Cuando entré al Dojo ella me miró y su rostro pasó de inmediato de reflexivo a molesto.
-Qué quieres ahora?-dijo ella azotando el muñeco de entrenamiento.
-Nada-respondí acercándome a paso lento-No te aburres de estar siempre de malas?
-Eso no te importa!
-Por qué estás tan molesta?-seguí rodeándola
-No es asunto tuyo.
-Bueno, es solo que pareces triste de no ser la elegida tampoco está vez-me burlé para provocarla-y eso que eres a la que más deberían considerar para el compromiso.
-Pues yo preferiría saltar de un puente a tener que casarme contigo, entérate.-me respondió deteniéndose para mirarme a los ojos con una mueca de enojo en el rostro.
-Sabes? Te vas a llenar de arrugas por amargada.-le aseguré cruzándome de brazos-Seguro te verás mayor que Kasumi en unos años.
Los ojos de Akane se llenaron de lágrimas apenas mencioné el nombre de su hermana mayor y yo me arrepentí apenas terminé de hablar.
-Akane-dije intentando retractarme pero las lágrimas no llegaron a caer de sus ojos. En su lugar ella me atacó con tal furia que logró darme un buen par de golpes.
Cuando por fin logré sujetarla de ambas manos la escuché sollozar y, creyéndome culpable, la solté de inmediato.
Akane cayó de rodillas y se cubrió el rostro con las manos.
Recordé entonces la infantil fascinación que ella siempre mostró al hablar de ese doctor y lo entendí todo en ese instante.
Entendí la naturaleza de mis sentimientos y los de ella y el estómago se me revolvió con una sensación desconocida para mí hasta ese día.
- No llores por él!-le exigí impaciente, pero ella me ignoró.
Abrumado por la situación, la tomé por las muñecas y la obligué a mirarme.
Ni siquiera yo supe lo que estaba haciendo en ese momento pero uní mis labios a los suyos en el segundo en que ella los despegó para reclamarme y así conocí torpemente el sabor su boca mezclado con el de su llanto.
