"Amanece, ha llegado el sol

Johnny se levanta y se pasea

¿Compromiso o perseverancia?

Su mente se acelera

Johnny no tiene guía

Johnny quiere esconderse

¿Podrá dejar su huella si renuncia a su chispa?

Johnny no puede decidir."1

• ── ◦ ◦ ── •

—Oh… Has mejorado muchísimo, Draco.

El chico esbozó una media sonrisa y terminó de curar al maniquí. Por primera vez realizaba una curación de una herida de tamaño medio-pequeño, sin dejar cicatriz alguna.

Madame Pomfrey pasó por entre los estudiantes para hacerles correcciones respecto a la técnica empleada. Draco se hizo sonar los nudillos orgulloso de su avance, dispuesto a guardar los materiales que utilizó durante la clase en el bolso e irse a desayunar; si se apresuraba, quizás aún podía alcanzar algún bollo de canela.

No fue hasta que la clase se acercaba a su fin, que las cosas se torcieron.

Llegaron a la enfermería un grupo de niñas. Romilda Vane tenía la nariz rota y el par de amigas de la hermana pequeña de Daphne, llegaron con un par de dientes en las manos. La última en entrar fue Jessica, que tenía el uniforme y el pelo disparatado, además de una visible hinchazón en el labio inferior.

La clase concluyó de inmediato y las chicas entre lloriqueos se fueron a sentar en camillas dispares. Los alumnos que recién se integraron a la clase de sanación ese año fueron los primeros en desaparecer de la enfermería, pero Madame Pomfrey le pidió a Draco y a otros dos muchachos de Ravenclaw (de séptimo) que la ayudaran.

—¡Spooner está demente! —sollozó Romilda, que se cubría la nariz con restos de sangre—. ¡Es un animal!

Jessica rodó los ojos y se cruzó de brazos hastiada.

—Deberías alegrarte, Romilda, ya no tendrás que ir a San Mungo para que te arreglen la nariz.

Draco aguantó una risa y miró a Madame Pomfrey que empezó a tratar las heridas de Romilda.

No tardaron en aparecer los profesores. Snape, McGonagall y Sprout, miraron a las alumnas de cada casa respectivamente sin saber qué versión creer. El primero en irse fue en Snape, que le dirigió una larga mirada recriminatoria a Jessica antes de marcharse.

—¡Draco! ¡Ayuda a la señorita Spooner!

Asintió y Jessica se sorbió la nariz mientras escuchaba los alegatos de la profesora Sprout.

—Cierra la cortina, Malfoy —le pidió Jessica, a lo que el chico obedeció.

Jessica se desabrochó la camisa escolar y quedó en brasier. Draco la ayudó a recostarse en la camilla, y tanto él como la profesora guardaron silencio tan pronto notaron los hematomas y heridas sangrantes que cubrían parte del abdomen. Además, en torno al delgado cuello se definían con claridad unas marcas de dedos que con el paso del tiempo se enrojecían más y más.

Te patearon —aseguró Draco, a lo que Jessica ladeó la cabeza— y ahorcaron.

La actitud de la profesora Sprout cambió de repente y se sentó al lado de su estudiante, mientras le acariciaba la cabeza en busca de explicaciones que Jessica no le dio.

—Cuando estés mejor, ven a mi despacho, Jess, tenemos que hablar seriamente.

La chica respondió con un sutil asentimiento y quedó a solas con Draco, que ya había comenzado a desinfectar los arañazos.

Draco había creído que Jessica estaba mejor, porque se veía más saludable, pero estuvo claro que se había equivocado. Con solo estar ahí recostada, las costillas de Jessica eran signos visibles de una gravísima desnutrición y no fue necesario que se pusiera del otro lado, para que notara las cicatrices que le cubrían la espalda.

—Ya me tenían cansada —gruñó Jessica—. ¿Es tan malo haberme defendido?

Draco no supo que responder, porque seguía impresionado de la manera en la que Jessica llevó a las lágrimas a las otras cuatro matonas que no dejaban de sollozar victimizadas, las cuales, además eran el doble de grandes que ella.

El chico continuó examinado las heridas y notó como las uñas de sus dedos sangraban. Las cutículas las tenía destrozadas. Signos los cuales comenzaron a formar una imagen más clara de la situación.

—Te rodearon, para molestarte acerca de algo y ahí comenzaron a pegarte. Primero te tiraron el pelo y te ahorcaron, y en el momento en que caíste al suelo comenzaron con las patadas —comenzó Draco, que pudo notar como el gesto de Jessica se ensombrecía—. Entonces la furia comenzó a crecer, tus uñas crecieron y no pudiste contenerlo… —Draco apuntó con la varita al moretón del estomagó que comenzó a recuperarse—. Voy a suponer que las primeras fueron las niñas de Slytherin ¿no? Y la última Romilda. No usaste magia.

—No fue necesario —escupió Jessica—, no vale la pena desgastarme con ellas.

Madame Pomfrey abrió la cortina y revisó el estado de Jessica, para luego volver a salir al darse cuenta de que, una vez recuperado de los hematomas, era la que tenía mejor aspecto.

—¿Y el motivo fue…?

Jessica esbozó una media sonrisa y no contestó. Draco acercó una bandeja con vendaje y la enderezó. Como supuso, toda la espalda de niña estaba cubierta de cicatrices.

Pero Draco reconoció que no eran como las suyas; feroces, desiguales y hambrientas. Estas eran largas líneas parejas, que se sobreponían las una con las otras como si se trataran de una pintura abstracta que exponía la furia de un ser humano consciente.

Cortesía de mi madre —dijo Jessica tranquila, mientras Draco comenzaba a vendarle el cuello—, pero no me arrepiento de ninguna.

—Tu madre…

Jessica volvió a asentir con un deje de nostalgia.

—Solo espero que este año no se desahogara con Frank

Draco le rozó los pendientes de acero inoxidable y, en cuanto Jessica se soltó el pelo, este cubrió sus orejas.

—¿No fuiste a casa en Navidad?

La niña se separó de Draco y tomó la camisa con rapidez, mientras comenzaba a abrocharla.

—¿Qué pretendes, Malfoy? Dímelo.

—No, ¿Qué pretendes tú, Jessica? —gruñó Draco, al mismo tiempo en que invocaba un hechizo insonorizador—. Dejando que estas niñas te peguen, para luego darles una paliza. Es casi como… si pretendieras que te expulsaran.

—Tú no sabes una mierda.

—¿Qué pretendes, Jessica? ¿Qué pretendes juntándote con esos otros lobos?

Jessica de colocó de pie de un salto y se aproximó a Draco para darle un par de palmaditas en el rostro de manera burlesca.

—Al menos yo estoy en una manada donde no me pierdo; donde de verdad sirvo. Y tú pudiste haberte vuelto uno de nosotros; pero bueno… supongo que ser un peón más de Dumbledore no está mal ¿no? —Draco la miró con frialdad y ella se separó—. Pierde el tiempo como quieras, Malfoy; sigue jugando a la parejita feliz con Potter, pero luego no digas que nunca tuviste la oportunidad de ir al bando ganador —concluyó la chica—. Gracias por tu cuidado, adiós.

Draco la vio salir del rango del hechizo y volvió a escuchar el bullicio en la enfermería. Descorrió las cortinas y chocó miradas con los ojos enamorados de Astoria que fue a la enfermería para corroborar el estado de sus amigas. La niña se colocó de pie rápidamente, pero Draco la ignoró, para devolverle el material a Madame Pomfrey y marcharse.

En cuanto llegó al castillo, se halló a sí mismo en medio del pasillo sin ningún rastro de nadie y se abrazó a sí mismo. Ya era junio, por lo que los pocos estudiantes que circulaban temprano, iban con camisas de manga corta. Quiso ir a comer, pero un nudo le oprimió el estómago y mareado se fue a la biblioteca.

Durante lo que quedaba de mañana, terminó el trabajo acumulado en la semana y comenzó a estudiar para los exámenes que se aproximaban. Sin dudarlo la asignatura que más le generaba dificultad era Runas antiguas y, todavía no descubría como fue capaz de acabar el semestre con unas notas decentes. No tan buenas (y a ojos de Draco: pretenciosas) como las de Grenger, pero si un par de décimas sobre la media.

En el almuerzo se sentó con Harry por primera vez en mucho tiempo y lo notó ansioso, ya que solo le dedicó un par de murmullos cuando Draco le contó acerca de lo sucedido en la mañana. De cualquier modo, no sabía cuál era la reacción que esperaba de Harry; nunca sabía qué esperar de él.

El almuerzo, al final, no fue nada del otro mundo. Ignoró las miradas insidiosas de Ron y acabó por aceptar, luego de mucha insistencia, una sesión de estudio con Hermione después de comer.

Toda la tarde la pasaron en la biblioteca y, cuándo se disponían a salir, se encontraron con Harry que era perseguido por Ron, quien mostraba un claro semblante preocupado. Harry, en contraste, sonreía de oreja a oreja y tan pronto se acercó a Draco, le plantó un beso que lo hizo sonrojarse muchísimo, antes de empujarlo y buscar alarmado si alguien los había visto, pero por suerte, no había nadie.

—¿¡Qué te pasa?! ¿Estás loco?

Harry se encogió de hombros y ensanchó aún más (si eso era posible) su sonrisa.

—Me apetecía —reconoció sincero–. Bueno, ¡Me tengo que ir! ¡Nos vemos!

Draco lo agarró por la manga de la túnica y frunció el cejo. Olía a algo dulzón, como piña o frutilla, que no reconoció.

—¿A dónde?

—Voy donde Hagrid.

Abrió la boca y observó a Ron, que fruncía muchísimo el cejo.

—¿Qué le pasa a Harry? —preguntó Hermione.

—Después te digo —respondió Ron desconfiado de Draco, quien arrugó la nariz y devolvió la mirada a Harry.

—¡Bueno me marcho que se me hace tarde!

Harry antes de irse, sin fijarse en ninguna parte, tomó a Draco del cuello de la camisa y le dio otro beso antes de soltarlo. Draco, volvió a verificar alrededor, pero nadie indeseado los vio.

¡Para la buena suerte! —exclamó Harry, que se fue contento del lugar.

Draco se quedó sonrojado y muy confundido. Miró a Hermione y Ron, que también se miraban entre ellos con una mezcla de estupefacción.

—Siento que voy a vomitar por lo que acabo de ver —dijo Ron de manera dramática—. Mione, acompáñame, no soporto estar frente a Malfoy por otros cinco minutos.

Hermione rodó los ojos y le dio una palmadita en la espalda a Draco en señal de disculpas antes de ir tras Ron. Draco se quedó puertas afuera de la biblioteca, y caminó bastante extrañado a su sala común, sin dejar de preguntarse que mosca le había picado a Harry.

• ── ◦ ◦ ── •

Con el efecto de la Félix Felicis desvaneciéndose de sí mismo, y la boca aún impregnada del sabor de la cerveza de mantequilla de Hagrid, Harry corrió de regreso al castillo.

La botellita con el verdadero recuerdo de Slughorn vibraba en su mano. Al compás de sus pasos, iba de manera implícita un leve sentimiento de temor. De saber que el futuro que Dumbledore le fue revelando durante todo el ciclo escolar dependía de las declaraciones que el profesor le confió.

"Que valga la pena la muerte de mis padres, Profesor. Que mi madre no haya muerto en vano".

Estuvo claro que utilizó la manipulación sentimental en aquel momento frente al estado vulnerable del profesor, pero Harry, que ya estaba bastante influenciado con la mentalidad de Draco, se inclinó ante la ideología de "el fin justifica los medios".

Y le dio resultados. Eso era todo lo que importaba.

Frente a la puerta del despacho, Harry entró sin llamar y se encontró al profesor que leía un libro, como si estuviera esperándolo desde hace horas.

—¡Profesor! ¡Lo tengo! ¡Lo logré!

Vio por primera vez el rostro de Dumbledore iluminándose de esa manera, como si rejuveneciera una decena de años durante un par de segundos. El anciano cerró el libro de un movimiento y extendió la mano para que Harry depositara la botellita justo en el centro.

Dumbledore le revolvió el pelo orgulloso. Harry al sentir esa aprobación, juró que se iba a colocar a llorar en cualquier segundo.

Ese es mi chico.

Nunca creyó que se sentiría tan alagado ante unas palabras de Dumbledore, pero el calor que le abrigó el corazón fue la verdadera prueba de que todo, absolutamente todo, valió la pena.

Dumbledore sacó el pensadero y sin dudarlo, vertió el recuerdo. Harry se acercó con emoción y, al mismo tiempo que el anciano, metieron la cabeza.

• ── ◦ ◦ ── •

Mientras devoraban las galletas de mantequilla que Dumbledore le obsequió; Ron, Hermione y Harry revisaban juntos los libros de artes oscuras de la biblioteca.

Aunque Hermione era la única que parecía saber lo que estaba haciendo.

Ron, por su parte, hojeaba un par de libros desinteresado, hasta encontrar alguna palabra que le hacía gracia y bromeaba con Harry acerca de la misma.

Harry un par de veces despegó la vista de la hoja. Y en una de esas ocasiones se enderezó de golpe al ver como Draco clavaba la mirada en él, para fruncir, seguidamente el cejo. Harry sonrió, pero Draco no respondió de la misma manera y, en lugar de eso, se giró sobre sus talones y salió de la biblioteca.

Harry le prestó mucha atención y pretendió querer levantarse de la mesa para correr detrás de Draco y explicarle todo acerca de la tarde pasada. Tratar de que disculparse por su extraño actuar, pero fue retenido por Ron.

—¡Vamos, Harry! ¡Atención!

Harry se rascó la nuca dudoso y vio el calendario de Hermione. Aún quedaban semanas para luna llena.

—Ni siquiera sabría cómo explicárselo… Draco no sabe acerca de esto.

Sus amigos abrieron mucho los ojos y dejaron de poner atención.

—¿En serio? —dijeron los dos sincronizados.

—Eh… sí.

—De verdad pensaba que Draco estaba enterado —reconoció Hermione, que le arrebató una de las tres galletas que Ron iba a comerse de golpe—. ¿Ni un poco?

—O sea, sabe que tengo clases con Dumbledore y que vemos recuerdos de Voldemort, pero nada más.

Hermione puso mala cara—. Una relación se construye a base de confianza, Harry… ¿Por qué no sabe esto? ¡Es importante!

Hermano, me cae muy mal Malfoy y todo, pero con el cerebro que tiene, a lo mejor sería de ayuda —bufó Ron, que apoyó las palabras de Hermione—. Es extraño.

—¿De verdad es tan malo?

—¡Pues si! ¡Normal que ahora se haya ido!

—¡Pero Dumbledore me pidió que no le dijera nada a Draco!

Ron y Hermione acallaron al momento y devolvieron la vista a los libros.

Ah… bueno, eso es jodido—contestó Ron—. ¿Y eso cuando fue?

—Inicios de año.

—En las vacaciones, ¿no?

Seh…

Hermione quiso sacar otra galleta, pero se dio cuenta de que se había acabado todas las con forma de espiral, así que cambió a las con chips de chocolate.

—Es comprensible entonces. A inicios de año Draco y tú, no eran nada más que amigos —agregó Hermione—. Bueno. No importa, pero sigo pensando que Draco debería saber… no es justo para ninguno de los dos.

Incluso Ron asintió ante las palabras de Hermione y Harry se quedó pensativo, mientras continuaba hojeando un par de libros.

Se sintió asqueado de sí mismo. Draco, literalmente, le había confiado todo y él no fue capaz de hacer lo mismo. En ese punto, Harry pondría por completo las manos al fuego por la confianza que Draco había vertido en él.

En determinado punto se olvidó del tema de la confianza, pero ahora que lo recordó, no podía seguir haciéndose el estúpido. Aunque él no era el único que acabo de olvidarse del asunto. Draco tampoco se lo había vuelto a mencionar desde la primera vez que se pelearon por aquel tema.

Eran al final dos chicos que habían crecido bajo la visión de "si no se menciona no existe".

Y ahora, que conocía el peligro de lo horrocruxes, Harry lo que menos quería era que Draco se involucrara en el asunto. Era, quizás, unas de las áreas de la maga más peligrosas en las que Harry alguna vez decidió indagar.

Suspiró y añadió en el esquema que Hermione había escrito un par de cosas que le parecieron importantes. Luego alzó la mirada y vio a sus amigos, que por el momento avanzaban concentrados en la tarea de investigar.

—¡Mira! ¡Encontré algo! —exclamó Hermione, que les volteó el texto y sonrió.

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Notas:

1)Johny Can't Decide: Soundtrack de la película "Tick, tick… Boom!"

Hola!

Cito textual de mi última actualización: "Ya la próxima semana habrá capítulos de su longitud habitual."

Soy una mentirosa de categoría sjsjs Lo siento. ¡Poco a poco me voy acostumbrando a esto de la uni! Tengo que reconocerlo ¡Es más difícil de lo que parece! Aparte mi horario de clases es bastante basura.

Un capítulo cortito pero bastante revelador a mi parecer. Ya estamos en junio, así que pronto se viene el cumpleaños de Draco, además del arco final y último plot twist, no tan plot twist en este punto.

He leído sus comentarios, y les agradezco el apoyo incondicional. Quizás no soy la persona más elocuente a la hora de responder sus mensajes pero intento hacerlo lo mejor posible.

MUUUUCHAS GRACIAS. LOS QUIERO MUCHÍSIMO.

THE_MACHINE.