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Capítulo 7
Plática
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Observó atento como su hermana guardaba sus cosas en su nueva y costosa mochila. No podía evitar fruncir el ceño mientras la miraba, la tonta no dejaba de sonreír mientras lo hacía. Él por su parte ordenó sus cuadernos y se fijó que Sochi hiciera lo mismo, pero el niño estaba más dormido que despierto mientras bebía su leche.
—Oye… llegaremos tarde —le regañó, su hermano asintió sin ánimos y él suspiró, siempre le costaban los lunes por la mañana.
—Sí, si —murmuró de mala gana.
—No debiste quedarte hasta tarde con ese celular… —siguió Kano—no debiste dárselo en primer lugar. —Dijo mirando a su hermana.
—Creo que es bueno que lo tenga —respondió mirándolo con las cejas curvadas—así podremos estar los 3 en contacto, pero si no respetarás tus horas de sueño en la semana, Kano lo confiscará ¿queda claro? —le advirtió severa, frunciendo el entrecejo.
—Está bien… —respondió derrotado— ¿Cuándo volverás?
—No lo sé aun —sonrió—ya debo irme…
— ¡Salgamos todos juntos! —exclamó el menor y se puso de pie de un brinco—iré a cepillarme los dientes, espérenme.
—Está bien —respondió Kasumi, sintió su móvil vibrar y lo tomó con cuidado, sonrió cuando vio el mensaje de Satoru, respondió rápido sin dejar de sonreír como una tonta enamorada.
—Oye —habló Kano, pero Kasumi solo asintió sin despegar su atención de su nuevo celular mientras escribía rápidamente— ¿Qué pasa con ese tipo que vino a tu cumpleaños?
— ¿Qué pasa de qué? —preguntó tensa, evitando su mirada suspicaz—es el hechicero más fuerte —contó emocionada, pensando que con eso distraería a su hermano. Kano frunció el ceño y se cruzó de brazos.
—Ya, pero eso no me importa. ¿Por qué vino a tu cumpleaños? —las mejillas de su hermana mayor se incendiaron, la vio bloquear su móvil con nerviosismo y guardarlo en su nueva mochila y estrechó sus ojos.
—S-somos amigos ¿qué tiene de malo? —dijo sin mirarlo, temía que, si Kano la veía a los ojos, se diera cuenta de lo que sentía por Satoru y no estaba lista para confesarlo.
—Amigos —repitió mirándola con sospecha—amigos… a un amigo no se le dan regalos tan costosos, Kasumi. Una mochila y vestido de diseñador y un celular último modelo —enumeró con los dedos, sin dejar de estudiarla—es raro.
—Gojo-san es de buena situación económica —murmuró, le dio un vistazo rápido y volvió su atención a su hermosa mochila—está acostumbrado al lujo, para él es normal dar estas cosas, es como para nosotros comprar fideos instantáneos… —se encogió de hombros.
—Ah ¿entonces es tu sugar? —Kasumi pegó un brinco al oírlo y volteó a verlo con el rostro rojo y los ojos bien grandes.
— ¡¿C-cómo se te ocurre decir algo así?! —balbuceó nerviosa—él es así con todos…
—Sigue siendo raro —murmuró no muy convencido. Kasumi suspiró y lo miró de soslayo, tragó con disimulo y habló.
—Él estuvo ayudándolos cuando yo no estuve —susurró apenada—los mantuvo económicamente, para que no usen mi seguro de vida —confesó y Kano alzó ambas cejas al oírlo. —Es muy amable, Kano… no es una mala persona. —Sonrió con calidez al hablar de él, y las sospechas en su hermano volvieron.
—Entiendo… —asintió pensativo—pero sigue siendo raro que te dé tanto sin pedir nada a cambio, ten cuidado.
—C-claro —susurró desviando la mirada, ruborizada.
Sentía el corazón latirle deprisa, cuando su hermanito volvió del sanitario, solo pudo sonreírle sin ganas. No le gustaba mentir, pero no estaba lista para explicar lo que había con Satoru, porque, aunque querían estar juntos, no había nada serio entre ambos y reconocerlo le avergonzaba y entristecía al mismo tiempo.
(…)
Hizo un puchero mientras miraba la pantalla del computador portátil. No quería revisar informes ni completar los que tenía pendiente, pero ya los había postergado más de dos semanas y el director Yaga lo había regañado dos días seguidos por lo mismo. Suspiró aburrido y miró su móvil, revisó si tenía algún mensaje de Kasumi, hizo una mueca cuando no encontró ninguno.
Al pensar en ella, inconscientemente se llevó la mano a su boca y la cubrió. Como si con ello pudiera olvidar la sensación de sus labios, tragó saliva y cerró sus ojos por unos segundos, rememorando aquel beso cargado de pasión que se dieron en su arrebato de estupidez e irresponsabilidad.
Estaba algo cansado de sí mismo. Porque no quería ceder a los encantos de ella, no ahora al menos, pero no podía evitarlo y a la única conclusión que llegaba era que debía alejarse y volver a ella cuando fuera el momento, peor no quería hacerlo. Había pasado años sin poder oler su aroma, tocar su cabello, ser bendecido con su mirada ¿por qué debía tomar distancia? No se le hacía justo, quería conseguir la fuerza necesaria para poder compartir con ella sin tener que cometer tonterías. No podía apelar a su moralidad, pues sentía que no era lo suficiente, debía aferrarse a lo único certero que actualmente tenía, y eran sus sentimientos por ella.
Suspiró derrotado, volvió su atención a la pantalla cuando oyó pasos ingresar a la sala de estar compartida del colegio. Miró hacia la entrada y sonrió cuando vio al trío de sus antiguos estudiantes. Los tres ya se habían graduado de la escuela de hechicería en el 2019, era el primer año en que no estaban bajo su tutela, pero siempre estaba pendiente de ellos y muy para su sorpresa, siempre lo buscaban para pasar el rato o pedir algún consejo o ayuda. Lo valoraba profundamente, a pesar de que Megumi o Nobara no fueran muy directos, sentía que en el fondo lo veían como una figura en cierta forma responsable de ellos, lo que le llenaba de calor, era una de las bendiciones de la docencia.
— ¡Gojo-sensei! —saludó Yuji al llegar a su lado— ¿no deberías estar con los de primero?
—Ignorando sus deberes, como siempre —le acusó Megumi, mirándolo con resentimiento.
—Oye, oye —se quejó frunciendo el ceño—estoy haciendo trabajo administrativo, los chicos están con tareas mientras —dijo cruzándose de brazos—y no sé por qué te tengo que dar explicaciones.
—Porque te sientes aludido —le acusó Nobara—pero da igual ¿cómo te fue con tu cita?
La indignación de Satoru se quedó en segundo plano cuando oyó a su ex estudiante. Se quedó tenso en su sitio, segundos tardó en procesar su insinuación y solo pudo soltar una risa boba y nerviosa, en respuesta. Sus ojos viraron de inmediato al otro extremo del salón, donde Nanami bebía un café cargado y daba vuelta una hoja de su periódico.
— ¿De qué hablas? —preguntó riéndose y volvió a mirar la pantalla, intentando ignorarlos. Le dio un vistazo rápido a Nanami, y tragó saliva cuando notó que el rubio los estaba viendo.
—De la cita del cumpleaños —explicó Yuji y fue donde Nanami— ¿Puedo hacer el crucigrama, Nanamin? —preguntó acercándose.
— ¿Tienes cabeza para eso? —se burló Nobara, escondiendo la curiosidad que le daba ver a su compañero compartir con el hechicero de grado 1.
—Toma —respondió el hechicero en su tono grave de voz y Yuji recibió el diario feliz sentándose a su lado. Satoru tragó con disimulo, le dio un vistazo rápido al hechicero que estaba sentado en el sillón de en frente en el extremo opuesto.
— ¿Tienes un bolígrafo? —preguntó y el rubio negó— ¿Sensei? —Gojo dio un brinquito en su sitio y negó rápido, ganándose una mueca de Yuji en respuesta.
—Bueno ¿Y? —habló Megumi, llamando la atención de todos que voltearon a verlo— ¿a tu novia le gustó el celular?
— ¡N-no era para mí! —exclamó dándole un vistazo rápido a Nanami. Hubiera sido rápido y fácil lidiar con las acusaciones-que eran reales-de sus estudiantes, pero con Nanami escuchando, los nervios lo traicionaron. Sentía el corazón latirle rápido, como si lo hubieran descubierto en alguna travesura. Tragó saliva y se rio sin ganas, intentando restarle importancia.
— ¿Cuál le compraste? —quiso saber Nobara, sonriéndole con suspicacia. Gojo giró en su dirección y estuvo a punto de responder, ella alzó una ceja, entonces cerró su boca y frunció el ceño, completamente avergonzado. Se sentía como un adolescente que ponen en ridículo.
— ¡Que no era para mí! ¿por qué insisten con eso? —se rio, aunque estaba molesto y tenía ganas de echarlos del salón para que lo dejaran trabajar.
—A otro perro con ese hueso —sonrió Nobara— ¡cuéntanos! ¿le pediste que fuera tu novia o ya lo son? —preguntó entusiasmada, los ojos parecían brillarles más que cuando recibía el pago por sus misiones.
Satoru se tensó y miró a todos a su alrededor, pero sus ojos quedaron fijos en Nanami, el serio hechicero aparentaba serenidad, como siempre, pero estaba atento a la plática y eso le apretaba el abdomen de puros nervios. Nunca se había sentido más atrapado que ahora, ni en misiones, ni en desafíos laborales, nada. Ahora se daba cuenta lo inútil y tonto que era para las relaciones personales. Tragó saliva, sentía que llevaba minutos en silencio, cuando respondió rápido a sus entrometidos ex estudiantes.
—Paren con eso —se rio—si tuviera a alguien, lo diría sin problema ¿por qué lo escondería? —continuó riendo—no tengo tiempo para esas cosas. —Dijo y volvió a mirar a Nanami, que parecía mirar su móvil.
—No lo sé —murmuró Nobara—quizás para evitar que te molestemos o pongamos en vergüenza con ella ¿o es "él"? —preguntó alzando una ceja y Satoru suspiró.
—No hay nadie —se quejó rascándose la cabeza— ¿no tienen nada mejor que hacer?
—Vamos a almorzar —habló Megumi mirando a sus compañeros, frunció el ceño cuando vio a Yuji tomar el diario bajo su brazo y caminar hacia él, como si fuera un viejo.
—Sí, mejor. Dejen a los adultos trabajar —refunfuñó y miró la pantalla, en ese momento su celular vibró con el tono especifico que había seleccionado para ella. Se apresuró en tomarlo y abrió el mensaje, sonrió cuando lo leyó y respondió rápido.
— ¿Es ella? —preguntó Megumi y Satoru asintió, entonces se quedó estoico en su sitio, sin mover ni un dedo. Escuchó la risotada de Nobara, tragó en seco y miró a Nanami que lo observaba atento, pero sintió que lo juzgaba. Volteó hacia Megumi quién lo observaba triunfante y deseó en el fondo de su ser, poder darle un manotazo en la cabeza, pero no se movió.
— ¡Dejen de inventarse cosas! —exclamó molesto—y vayan a comer de una vez o le diré a Yaga que les asigne una misión y se queden sin almorzar.
— ¡Ya nos vamos! —se apresuró en decir Yuji y dobló el diario en un rollo y le dio un golpe suave a Megumi—vamos, vamos —ordenó y el serio hechicero se lo quitó de un movimiento para devolverle el golpe, pero fuerte. Yuji se quejó acariciando su cabeza. —Dame mi diario…
—No te pongas nervioso, eres un adulto —le regañó Nobara—no aceptará ser tu novia si actúas de ese modo.
— ¡Que no era para mí! —exclamó perdiendo la paciencia— ¿en qué idioma debo hablarles? Un amigo me pidió su ayuda, solo fue eso —suspiró cansado y miró la pantalla, intentando ignorarlos.
—Te apuesto que, en unos meses, nos dice que se casa —le acusó Nobara mirando a Megumi, y éste asintió silencioso. Satoru contuvo la respiración por unos segundos y suspiró sin mirarlos, prefirió ignorarlos y comenzó a redactar el informe.
—Sensei… —la voz bajita de Yuji lo distrajo, volteó a verlo con atención. A diferencia de los otros dos, no podía enojarse con él, además no lo había molestado con su novia— ¿nos invitará a la boda? No tengo nada formal, como para comprarme un traje… —Satoru se tensó y antes de poder gritarle que se calle, Nobara estalló en una ruidosa carcajada y Megumi sonrió burlesco. Yuji los miró confundido, como si no entendiera el trasfondo de la discusión entre su antiguo maestro y sus compañeros.
—Yuji… —dijo entre dientes, y sonrió falsamente—no te preocupes. Eso no pasará, no pronto al menos —susurró lo último al imaginarse a Kasumi vestida con un fino kimono blanco y sus mejillas se sonrosaron débilmente—vayan a comer o a molestar a otro lado.
—Está bien —murmuró derrotado. Tanto Nobara como Megumi continuaron burlándose de la situación mientras caminaban a la salida—a lo mejor la chica lo rechazó… —alcanzó a escuchar susurrar a Yuji antes de salir y soltó un profundo suspiro.
Apenas los jóvenes se fueron del salón, pudo respirar un poco más tranquilo. Tenía las palmas sudadas, y no era que le molestaran sus comentarios, pero verse descubierto de ese modo le incomodó más de lo que hubiera pensado. Tal vez se debía al carácter "secreto" que tenía lo que estaba pasando entre Kasumi y él, y, sobre todo, porque si alguien difundiera algún comentario sobre ella, la reputación de la joven no se podría recuperar y era lo que buscaba proteger.
Estaba acostumbrado a que pensaran mal de él. Pero no quería que Kasumi fuera la comidilla del mundo de la hechicería, porque lo sería. Cualquiera que se involucrara con él, directa o indirectamente, lo sería. Y si se sabía que tenía una pareja romántica… no quería averiguar qué podría pasar. Su clan hace mucho tiempo que le insistía en que sentara cabeza, que dejara la docencia y se dedicara en serio a ser el líder. Si el rumor de una posible novia les llegaba a los oídos, le exigirían conocerla y averiguarían su linaje, para darle una opinión si era digna de ser la señora Gojo y madre de la siguiente generación de hechiceros. Y le daba igual lo que opinaran, pero Kasumi no estaba lista para ese escrutinio y… no sabía si ella quería ser su pareja oficialmente.
Ella era joven, estaba enamorada-quizás era solo admiración-de un idiota, y temía que en cualquier momento se diera cuenta y se le pasara el encantamiento. No podía exponerla a eso. Si sus planes funcionaban, y ella quería estar con él cuando tuviera al menos 25 años, se lo expondría, antes no.
Volvió a suspirar y oyó un suave sorbido. Entonces recordó que no estaba solo.
Sintió su sien sudar, y si no fuera por su banda lo hubiera corroborado. Miró de soslayo a Nanami que bebía su café con calma, pero apenas sintió la atención del hechicero, levantó la vista en su dirección y se quedaron viendo al menos unos 30 segundos.
— ¿Qué? —preguntó en un tono golpeado, que se arrepintió de usar apenas se oyó. Desvió la mirada, algo avergonzado y volvió a mirar a Nanami, el rubio solo levantó la vista de su café por unos segundos y continuó bebiendo, con calma. Satoru frunció el entrecejo y soltó un bufido—si tienes algo que decir, dilo.
— ¿Por qué crees que tengo algo que decir? —respondió en tono calmado, y Satoru se sonrojó. Hundió su rostro en el cuello de su chaqueta e ignoró su pregunta.
No lograba concentrarse en el documento que tenía en frente, miraba a cada momento al rubio hechicero que ahora parecía leyendo algo desde su móvil, algo extraño en él. No podía dejar de pensar que Nanami sabía lo que estaba haciendo, y que no le dijera nada no era algo anormal en él, pero quería escuchar lo que tuviera que decir. Sin embargo, no se atrevía a hablarlo.
Frunció el ceño, él no era una persona tímida ¿por qué le costaba tanto hablar de lo que le pasaba con Kasumi? ¿qué mierda le había hecho esa joven? También sabía que no le preocupaba qué pensaran de él, a pesar de que siempre molestaba a todo el mundo diciéndole que le digan lo que les gustaba de él, en el fondo sabía que nadie le tenía mucha estima y que solo confiaban en él-y lo soportaban-porque era el más fuerte. Un comentario más o menos de su persona no le afectaba, pero decir el nombre de Kasumi en voz alta le avergonzaba.
Se sentía como un crío. Sonrió sin ganas al pensarlo. Se preguntó si Suguru estuviera allí con él ¿le habría sido igual de difícil contarle? Probablemente no. Porque Suguru sabía lo que sentía por Kasumi desde que eran adolescentes, y su amigo lo conocía mejor que él a Suguru, sabría que no era un juego, no lo juzgaría. Por algo había hecho que la maldición enviara a Kasumi a su presente un año y medio después ¿no? pero no lograba imaginar que le aconsejara o le apoyara, tal vez porque nunca había hablado con él de cosas normales como una relación de pareja. La única vez fue por Kasumi, y tenía la ligera impresión de que, si Kasumi no hubiera ido al pasado, jamás habrían conversado de aquello.
Dio una profunda inhalada, inflando su pecho y soltó el aire ruidosamente. Volvió a mirar a Nanami, notó que parecía guardar sus cosas para irse. Mordió su mejilla interna y antes de que el rubio se pusiera de pie, habló.
—Oye… —Nanami lo miró con fastidio, pero atento— ¿tienes tiempo esta noche?
— ¿Eh? —tragó con disimulo y lo miró serio, Nanami igual a él. Guardaron silencio por unos minutos hasta que Satoru suspiró cansado por quizás quinta vez en ese rato.
—Te invito a beber, yo pago —dijo y le sonrió. Nanami tomó su chaqueta bajo el brazo y guardó su móvil en el bolsillo trasero de su pantalón, lo quedó viendo por unos segundos y murmuró al mismo tiempo que se acomodaba los lentes.
—Tú no bebes —dijo y se cruzó de brazos. Satoru se encogió de hombros y cerró su portátil.
—Beberé otra cosa —siguió sonriendo. A pesar de que los ojos afilados del rubio lo intimidaron un poco al estar fijos en él, continuó mostrándose amable y alegre, como solía ser. Se estaba preparando para un "no" como respuesta, pero Nanami se encogió de hombros y caminó hacia la salida— ¿eso es un sí?
—Seguro, te escribo cuando me desocupe —dijo sin mirarlo. — ¿Le aviso a Shoko-san? —preguntó deteniéndose y Satoru negó, alzó una ceja cuando lo vio— ¿seremos solo los dos?
—Una cita —sonrió burlesco y el rubio se alejó rápido— ¡Es broma! —exclamó en tono lastimoso— ¡Nanami! —gritó, pero el hechicero salió del cuarto sin mirar atrás. Se apresuró en alcanzarlo y se asomó por el umbral, apoyándose en el marco— ¿Es un sí? —preguntó, pero el rubio siguió caminando sin mirar hacia atrás— ¡Si no me dices que sí, te seguiré todo el día y te haré un berrinche en la calle! —y consiguió que Nanami detuviera su andar.
—Te enviaré un mensaje, te dije —repitió cansado, volteando a verlo.
—Ah —sonrió bobamente y juntó ambas manos aliviado— ¡estaré atento entonces!
—Como sea —le alcanzó a escuchar y continuó caminando.
La sonrisa de Satoru se borró apenas quedó solo. Hizo una mueca, ahora estaba seguro de que Nanami sabía por qué lo había invitado a beber, después de todo nunca le aceptaba una salida tan rápido. Normalmente lo seguía varias horas antes de recurrir al berrinche. No se sentía listo para hablarlo con él, pero le sería de ayuda una opinión como la del rubio. Más animado, volvió al salón a intentar terminar algún informe de los que tenía atrasados.
(…)
Las luces tenues del bar no le incomodaban. Parecía un ambiente bastante íntimo y adulto, no estaba acostumbrado a visitar sitios tan silenciosos, pero creía que para Nanami sería más cómodo. Contuvo el suspiro y miró la hora en su móvil, el rubio le había dicho que iría a darse un baño y lo encontraría en ese sitio. Él normalmente llegaba entre 7-8 minutos tardes a todos los lugares, quien lo conocía lo sabía, quizás por eso Nanami aún no llegaba, o tal vez lo había plantado.
—No creo… —susurró pensativo, un poco con duda. Si bien Nanami era reacio a pasar tiempo con él, si se comprometía con algo, lo cumplía. Pensó en escribirle, dudó unos segundos y terminó enviándole una foto sonriendo, mostrando su perfecta dentadura y haciendo amor y paz con sus dedos, para evidenciarle que ya había llegado.
— ¿Estás solo? —volteó hacia la voz femenina con curiosidad. Una mujer de tal vez la misma edad que él, delgada y piel blanca, con maquillaje sencillo, pero notorio. Pelo negro y largo, liso. Usaba un vestido ceñido al cuerpo, algo corto. Ella buscaba acción esa noche— ¿puedo sentarme aquí? —preguntó sonriendo coqueta.
—Claro —sonrió de regreso—espero a alguien —dijo y miró que Nanami vio su mensaje, segundos después le contestó "lo siento. Llego en 5 minutos". Sonrió aliviado y se acomodó en la silla junto al mesón del bar.
—Ah… ¿a tu novia? —preguntó apoyando su rostro en su mano, mientras se acomodaba. Satoru pensó unos segundos, imaginándose a Kasumi en ese lugar con él y frunció el ceño, no lograba verla allí rodeada de las luces nocturnas.
—No —sonrió—a un amigo.
—Ya veo —sonrió y llamó al barman— ¿qué quieres beber? —Satoru alzó ambas cejas al oírla, era bastante directa y eso le llamó la atención. La mayoría de las mujeres eran tímidas y esperaban la iniciativa masculina, sobretodo en una sociedad arcaica como Japón. Seguramente no había crecido allí, o tenía bastante experiencia en ese terreno.
—Esperaré a mi amigo —dijo y miró hacia la entrada del bar cuando vio a Nanami entrar.
El hechicero ex oficinista, lucía un pantalón oscuro y una camisa gris, vestía un abrigo largo de color negro. Alzó ambas cejas cuando lo vio con la mujer y dudó en acercarse, pero Satoru levantó la mano para llamarlo y terminó suspirando, caminando hacia él.
—Siento la demora —murmuró y se sentó del otro lado—hubo un problema en el colegio.
— ¿Qué pasó? —preguntó preocupado, y miró las notificaciones en su móvil por si le habían avisado de alguna misión—no me han dicho nada.
— ¿Son profesores? —tanto Satoru como Nanami miraron en su dirección—lo siento, soy Mayu.
—Satoru —se presentó—él es Kento Nanami —le apuntó con el pulgar—yo soy profesor, pero Nanami no —la joven alzó ambas cejas y les dio una mirada coqueta a ambos.
—Ya veo ¿y qué planean para esta noche? —Satoru dudó un poco, miró a Nanami buscando ayuda, pero él era un caballero, jamás le diría que se fuera porque necesitaban hablar.
—La verdad que nada —se rio rascándose la cabeza— ¿Qué quieres beber, Nanami? —preguntó mirándolo con una sonrisa. El barman parecía estar atento a la plática, pues se acercó apenas le oyó— ¿y tú Mayu-chan? Yo invito.
—Oh, gracias —sonrió la mujer guiñándole un ojo—quiero un Daiquiri.
—Una cerveza amarga —pidió Nanami, lo necesitaba para esa noche.
—Yo un Shirley temple —dijo mirando al hombre que asintió rápido—y una tabla salada y dulce de cóctel —murmuró pensando que a Nanami no le agradaría si pedía solo dulces.
— ¿No bebes alcohol? —preguntó curiosa, él negó sonriendo y volteó a Nanami.
— ¿Prefieres que me vaya? —preguntó Nanami viendo la interacción con la mujer, que le llamó la atención presenciar, pues no conocía esa faceta del hechicero.
—No —dijo rápido—necesito hablar contigo —pidió haciendo un mohín infantil. Se acomodó los lentes oscuros y murmuró— ¿pasó algo grave en el colegio?
—No —respondió y asintió al barman cuando le extendió su jarra de cerveza—líos menores con los de segundo año en el entrenamiento. Kusakabe-san se estaba quejando con Yaga.
—Ah… ya veo —asintió pensando el hechicero huraño. —Gracias —sonrió al barman cuando recibió su copa y a Mayu cuando le dieron la suya—si quieres pedir algo más, hazlo.
—Oh, gracias ¿tú número quizás? —sonrió y apoyó su pecho en el mesón.
—Oh… lo siento, tengo a alguien importante —dijo sin duda en su voz—tal vez Nanami… —susurró mirando al hechicero y este frunció el ceño.
—No necesito tus dotes de casamentera —murmuró y bebió un sorbo de su cerveza fría.
—Ah… que desilusión —se quejó encogiéndose de hombros—seguiré buscando compañía esta noche entonces, gracias por el trago —dijo y le sonrió ambos y con movimientos sensuales, se bajó de la silla y se perdió entre los clientes.
—Eso fue raro —susurró Satoru cuando se quedaron solos—era bastante directa ¿eh? O en este tipo de ambientes siempre es así ¿eh? —murmuró mirando al barman y el tipo se encogió de hombros—debiste darle tu número, te hubieras desestresado un poco.
—No lo necesito —murmuró sin mirarlo y sacó un trozo de queso cuando pusieron ambas tablas de cóctel entre ellos— ¿de eso querías hablar? —preguntó girando hacia él— ¿de tu persona importante? —Satoru se ruborizó y desvió la mirada.
—Sí… más o menos —mintió—yo… no sé qué hacer —reconoció en un susurro. —Más bien, si sé qué debo hacer, pero no quiero. En realidad, me cuesta mucho —dijo abrumado y bebió un sorbo de su bebida.
— ¿Es tu novia? —preguntó Nanami, mirándolo atento. Debía reconocer que toda la situación le divertía un poco ¿Cuándo el gran Satoru Gojo se había visto nervioso o en busca de algún consejo?
—Más o menos… —repitió sin mirarlo, sintiendo como el calor se le subía al rostro. No pensó que hablarlo en voz alta le fuera tan incómodo. No sabía si era por el contexto amoroso en sí-cosa que dudaba-, o simplemente porque se trataba de Kasumi. Y creía era la segunda opción, pues nunca le avergonzaba nada, pero incluso decir su nombre en voz alta le apenaba.
Nanami guardó silencio por unos minutos, dándole tiempo para que contara su problema u ordenara sus ideas, pero el hechicero simplemente se quedó mudo mirando su reflejo en su copa. Parecía un adolescente y de repente se vio a sí mismo y a Satoru como unos críos de 17-18 años, casi pudo imaginar a Suguru-san, Shoko-san y a Yu con ellos y su semblante se ensombreció un poco. Contuvo el suspiro, si Suguru-san no hubiera muerto ni desertado, seguramente él estaría en su lugar en ese momento. Dio otro sorbo a su cerveza y miró al hechicero más fuerte de todos, que ahora parecía un idiota enamorado.
— ¿Por qué no sabes qué hacer? —preguntó intentando empujarlo a hablar. Satoru se quitó los lentes y frunció el ceño, volteó a verlo con un gesto de desagrado, haciendo una mueca con los labios y los ojos cansados.
— ¿Realmente no lo sabes? —terminó diciendo, sintiendo el corazón latirle deprisa por lo que estaba a punto de confesar y reconocer en voz alta. Nanami lo miró en silencio, tardó un par de minutos en hablar. Dio un sorbo pequeño a su jarra y lo observó expectante.
— ¿Es… Miwa-chan? —preguntó y el corazón de Satoru dio un vuelco. El cuerpo entero se le tensó, pero sonrió de todas formas. Un poco burlándose de su propia situación, y como acostumbraba, soltó una risotada ruidosa y dio varios aplausos al aire.
— ¡Bingo! —celebró, intentando relajarse, pero no lo consiguió.
Encogió las cejas y terminó riéndose nervioso, para finalmente soltar una risa sin ganas y hacer una mueca. Volteó hacia Nanami, que lo miraba serio y silencioso. Tragó saliva y murmuró desviando la mirada.
—Antes de que me juzgues… —susurró apenado, dio un sorbo pequeño a su bebida, sentía la garganta seca, pero los nervios le impedían comer o beber algo más—No estoy jugando con ella —murmuró y volteó a verlo, apretó las manos en puño y como si estuviera pidiendo su mano o autorización-aunque creía que cuando llegara el momento, debía preguntárselo a Kusakabe, sinceramente lo creía-, habló—y… decidí no hacer nada hasta que tenga 25 años.
—Uhm… ¿Y eso por qué? —preguntó curioso.
—A esa edad es mentalmente una adulta —explicó haciendo un mohín infantil, fastidiado con la situación.
—Entonces lo tienes resuelto ¿cuál es el problema? —preguntó y bebió otro sorbo, sacó un trozo de salame y se lo echó a la boca.
Satoru frunció el ceño y guardó silencio. Miró su reflejo en el vidrio de su copa, luego su tabla de cóctel dulce, no había tocado nada y no tenía ánimos de comer. Relamió sus labios y volteó a ver al rubio, y completamente serio-y un poco cansado-, habló.
—Que quiero estar con ella —confesó algo derrotado—, y ella conmigo. Sé que está mal —se apresuró en decir ante la mirada reservada del hechicero—y ya me decidí a esperarla —se defendió rápido—pero, es difícil… —susurró en un hilo de voz, y bebió un sorbo del líquido dulce.
Nanami lo observó por unos minutos, el semblante frustrado de Satoru era algo que pocas veces se veía. No recordaba incluso si lo había visto así de deprimido antes. Miró su propio vaso y suspiró, imaginar a Gojo con Miwa no era descabellado para él. Desde que recordó que compartió con ella, lo primero que vino a su memoria fue la interacción que ella tenía con el hechicero, la atracción que sentían era palpable. Pero jamás imaginó que continuaría sintiéndose de ese modo. Volteó hacia el deprimido hechicero y habló.
— ¿Realmente la amas eh? —preguntó sonriendo levemente.
Satoru medio sonrió. Sintió el corazón latirle deprisa ¿amor? Claro que lo sentía. Y se sentía maldito desde que lo comprendió. Volteó hacia Nanami y con una sonrisa resignada le miró.
—Es lo más fuerte que he sentido por alguien —confesó sin vergüenza alguna, con el corazón golpeándole el pecho y el pulso acelerado, las palmas sudándole—por primera vez no estoy pensando en mí mismo —sonrió sin ganas.
Nanami bebió otro sorbo, sin disimular su breve sonrisa. Le era curioso, pues era la primera vez que veía a Satoru Gojo siendo un hombre. Uno que se ponía nervioso, que estaba confundido y amaba como cualquier otro. De repente ya no era el hechicero más fuerte, solo era Satoru Gojo, un idiota enamorado de una jovencita.
—Estás bien encaminado… —dijo después de unos minutos—la decisión que has tomado es la correcta —omitió las felicitaciones, y cuando no oyó respuesta, giró a verlo. Su semblante se endureció al ver la expresión de fastidio de Satoru, lo vio suspirar profundamente, ruidoso y derrotado— ¿Qué? ¿Qué esperabas? —preguntó frunciéndole el ceño, volviendo a su humor de siempre cuando se trataba de él— ¿Qué te apoye en ir tras una jovencita?
Satoru soltó un bufido en respuesta, luego se rio frente a un estupefacto Nanami. Una risa burlesca, pero no se reía de Nanami sino de sí mismo. Se sentía decepcionado, la confusión anterior y nervios se habían ido, incluso se sentía un poco aliviado al conversar de sus sentimientos, pero la frustración no lo dejaba ni por un segundo.
—En el fondo sí —susurró cabizbajo y apoyó su rostro en su mano, jugó con un chocolate relleno de la bandeja sin mirarlo—quiero que alguien me dé una palmada en la espalda y me diga "¡ve por ella!" —exclamó lo último actuando una voz más grave. —Y así no sentirme tan culpable...
—Pues de equivocaste de persona —respondió serio, cruzándose de brazos. Satoru se echó a reír, Nanami frunció el ceño, mirándolo confundido. El hechicero más fuerte volteó a verlo sin dejar de sonreír y por primera vez, no le molestó su sonrisa e incluso se le hizo tolerable. Había algo distinto en su expresión, tal vez era naturalidad, e incluso lo estaba viendo más maduro ¿era respeto acaso lo que sentía en ese momento? Era posible. Después de todo que decidiera no actuar y esperar a la joven, hablaba muy bien de él.
—No… por lo mismo decidí compartirlo contigo —confesó sonriendo y soltó un suspiro—necesitaba un cable a tierra —murmuró para sí mismo, pero Nanami le oyó de todos modos.
Nanami lo miró en silencio. Definitivamente no era el mismo Satoru Gojo de siempre. Tal vez sus sentimientos por la joven lo habían hecho madurar a la fuerza, quizás el sentir algo "normal" como cualquier otro lo había de cierta manera, humanizado.
— ¿Me guardas el secreto? —preguntó haciendo un mohín infantil, y ahí estaba de nuevo, el Satoru enérgico y bobo de siempre.
— ¿Por quién me tomas? —bufó molesto y tomó lo que quedaba de su cerveza.
Satoru sonrió, de repente el cuerpo lo sentía más relajado. Toda la tensión y preocupación se había disipado. Miró su reflejo en la copa e imitó a Nanami, bebiendo todo el contenido. Le hizo una seña al barman para que llenara sus vasos a lo que el rubio no se negó, tenía buen aguante cuando se trataba de alcohol.
—Gracias —le susurró sin mirarlo.
—Tú solo cuida a esa chica —respondió mirándolo de soslayo.
—No tienes que decírmelo —sonrió soberbio.
(…)
Kasumi subió la escalera del colegio con cansancio, después de varios días por fin tenía una tarde libre y había aprovechado para ir de compras. No esperó que el centro de Kioto estuviera lleno de gente, le costó trabajo encontrar una farmacia sin tanto público. Había decidido comprar pastillas anticonceptivas, y no se sentía completamente segura de sí misma para enfrentar el escrutinio de desconocidos, por lo que quiso solo hacerles frente a los farmacéuticos. Le costó encontrar la marca de píldoras que el doctor de cabecera del clan Gojo le había recetado en el 2008, después de visitar 4 farmacias las encontró y por suerte, no le parecieron tan costosas. Quizás tenía que ver con que su cuenta de ahorro en esos momentos estaba bien llena.
Por lo que se auto animó. Al menos ya las había conseguido y debía esperar que llegara su período ese mes para iniciar a tomarlas. Sabía que Satoru le había dicho que no se repetiría lo de esa noche, pero tenía la confianza de que no sería así. En parte porque no se quedaría tranquila hasta estar con él, y había comprendido con ese beso en su cumpleaños que él la deseaba mucho y eso le había ayudado a tomar la decisión.
Al llegar a la entrada del colegio, pasó por los Torii y notó al grupo de chicas de primero y segundo en el patio de entrenamiento. Ya llevaba varias semanas desde que había regresado y había compartido misiones con la mayoría, por lo que no dudó en saludarlas cuando las vio. Las chicas le respondieron el saludo de mala gana, parecían cansadas y no las culpaba. Sonrió al grupo y siguió caminando, tarareando una melodía pop que había escuchado esa mañana.
— ¡Miwa! —volteó hacia las jóvenes y detuvo su andar, el grupo corrió en su dirección y las esperó algo confundida, pero expectante. Parecían apuradas y ansiosas, cosa que nunca veía en ellas. — ¡Oh, dios!
— ¿Q-qué pasa? —dijo preocupada, la primera en llegar a su lado fue Chiharu Ikari, la más grosera del grupo, seguido de Hina Nakahara, ambas de segundo y Risa y Mitsuki de primero.
— ¡Qué linda! —exclamó Hina mirando su mochila y el rostro de Kasumi se volvió rojo de vergüenza. Era primera vez que salía con su mochila Gucci, cuando volvió de sus días libres por su cumpleaños nadie la había visto por la mañana.
— ¿Cuánto te salió? —preguntó Chiharu, estudiando el material de la mochila, tocándolo y la sujetó sin sacársela, por lo que la jaló hacia ella para poder verla. Kasumi jadeó con sorpresa y riendo nerviosa, habló.
—N-no lo sé, es un regalo —soltó una risa sin ganas e intentó alejarse. Pero las chicas la rodearon y continuaron revisando su mochila y no pudo escapar.
— ¡Dios! ¿quién te la regaló? —preguntó Risa— ¡Son carísimas!
—A ver —murmuró Mitsuki mientras miraba por encima del hombro de Risa para ver los precios de internet.
El rubor en el rostro de Kasumi se intensificó, al mismo tiempo que un intenso calor cargado de vergüenza le recorrió el cuerpo. Se secó las palmas en su pantalón de mezclilla y balbuceó sin mirar a ninguna en particular.
—S-seguro es una imitación —balbuceó riéndose sin ganas, y sintió una gota de sudor recorrerle la sien al pensar en la expresión que Satoru pondría por esa acusación.
— ¡Déjame ver! —exclamó Chiharu y se la arrebató de un tirón, haciéndola girar en su sitio. Se le cayó la bolsa que cargaba con sus pastillas al suelo, y a pesar de que no quería que le miraran la mochila, priorizó las pastillas. Se agachó rápido para tomarlas y cuando se reincorporó, miró angustiada como todas las chicas manoseaban su mochila y revisaban la costura y la etiqueta—no… es original —dijo haciendo una mueca—es hermosa… ¡Cuánto lujo! —exclamó emocionaba mirándola.
—Ay por dios —la voz llena de desagrado de Mai las interrumpió y por un momento Kasumi la miró agradecida y con movimientos suaves, le quitó la mochila a Chiharu y la sacudió con disimulo, mirando a su alrededor para que nadie lo notara— ¿es que no saben de clase?
— ¿Qué dijiste? —Mai solía ganarse reputación de desagradable o complicada de tratar. Además, al ser miembro de uno de los 3 clanes importantes de hechicería, a pesar de no poseer un buen ritual, si tenía más prestigio e importancia que cualquiera de las que estaba allí, incluyéndola. Quizás solo Kamo estaba por encima por ser el futuro líder de su clan. Por lo que no le extrañó que su presencia o palabras les molestara a las chicas de primero o segundo, que la miraron con el ceño fruncido y de pies a cabeza. Pero Chiharu era otro asunto.
Chiharu intimidaba más que Todou, porque la joven parecía casi una delincuente juvenil, y tenía la teoría que estuvo en alguna banda adolescente. No lo había dicho en voz alta, y si bien se enfrentaban a maldiciones peligrosas todo el tiempo, tenía la firme creencia que a veces las personas asustaban más que una maldición.
—Ven un poco de lujo y se escandalizan —dijo y se sacudió el cabello con arrogancia—ven, Miwa. Debo hablar contigo.
—Ah… entiendo —se despidió de las niñas moviendo la mano y se puso su mochila rápido mientras seguía a Mai. Suspiró aliviada cuando entraron al colegio, en la zona residencial donde estaban sus habitaciones.
—Bien… —susurró Mai cuando estuvieron completamente solas, y Miwa la miró confundida— ¿Quién mierda te regaló una mochila Gucci? Porque tú no te la comprarías ni en un millón de años —dijo en un tono despectivo al cual ya estaba acostumbrada.
Kasumi guardó silencio y por un segundo deseó haberse quedado con las niñas en el patio. Tragó saliva con dificultad y la miró de soslayo, nerviosa y notó sus ojos estrechados observándola con atención, casi como si buscara alguna respuesta en sus facciones. Se sintió intimidada. Balbuceó nerviosa, sin saber qué decir hasta que Mai se acercó un poco y rodeó su hombro con su brazo derecho. Ella era más alta por centímetros de diferencia, como su gemela, pero en ese momento se sintió sumamente pequeña bajo su brazo y no en el buen sentido, como le pasaba con Satoru.
— ¿Y bien? —susurró sonriendo con malicia— ¿tienes un novio secreto o algo?
Kasumi cerró sus ojos y mordió su labio inferior, sin saber qué responder, porque estaba segura que Mai leería entre su mentira ¿Qué podía decir y qué no? es más ¿qué quería decir y qué no?
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N/A: Atrapada~~ hahha
holis, espero que hayan pasado lindas fiestas! aquí de vuelta con este fic que me gusta mucho y espero que el cap haya sido de su agrado. Me moría de ganas de poner esa plática de Nanami y Gojo, espero que haya sido buena :c
Siento los errores de redacción, ortográficos y gramaticales!
Nos leemos pronto!
Gracias por comentar, y votar c:
