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Capítulo 8

Plática II

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La mirada suspicaz de Mai le hizo temblar ligeramente. Sabía que por más que inventara alguna historia, la gemela no le creería y se haría su propia teoría sobre su "relación", pero no estaba segura de qué decir. Debió ser más cuidadosa, pensó, sin embargo, su ingenuidad le jugó una mala pasada pues jamás pensó que se fijarían tanto en lo que usaba o traía, por lo que no planeó dar ninguna explicación al respecto. Una parte de ella pensaba que no debía dar explicaciones, que ya era una adulta de 19 años, y nadie podía apuntarla con el dedo. Pero ella no era así, y sentía que en parte esconderse o mentir, solo la incomodaría más de lo que debiera.

Pero su prioridad era proteger a Satoru. No su relación o lo que pensaran de ella. No quería causarle problemas, por lo que fingió una sonrisa-algo torcida por los nervios-y respondió con un tono de voz animado.

— ¿De qué hablas? —se rio— ¿por qué escondería algo así? —dijo moviendo su mano, restándole importancia.

—Ah… —asintió Mai, mirándola de pies a cabeza— ¿Y todas esas cosas finas y costosas?

—P-pues… cometí una tontería —rio nerviosa y apenada—usé todo el dinero que gané cuando estuve en el pasado ¿está mal? —preguntó con culpa. Mai alzó una ceja y volvió a asentir, sonriendo soberbia.

—Ah…—repitió y alzó una ceja—y te alcanzó para la mochila y tu celular nuevo de alta gama —sonrió asintiendo y la sonrisa nerviosa de Kasumi se borró. Tragó con dificultad y volvió a sonreír con timidez.

—S-sí —dijo sin dejar de asentir—encontré una oferta —maldijo por lo bajo cuando soltó eso último, tanto ella como Mai sabían que esas marcas no lanzaban ofertas para que cualquiera pudiera adquirir sus productos.

—Uhm… te creería si fueras buena para gastar, pero no lo eres, al contrario ¿Qué escondes? —murmuró cruzándose de brazos.

—Es la verdad —respondió afligida—no escondo nada.

Mai la estudió por unos segundos y suspiró, no dejó de estudiarla y por un momento, le pareció que sus ojos la estaban hipnotizando para que escupiera toda la verdad. Sacudió su cabeza al pensarlo y desvió la mirada.

— ¿Fuiste de compras? —la voz de Mai la distrajo y miró su propia bolsa de papel y asintió— ¿Qué compraste?

—Fui a la farmacia —explicó, y esperó que con eso bastara, pero Mai le arrebató la bolsa rápidamente, sin darle tiempo de procesar lo que acababa de pasar— ¿Mai? —murmuró confundida, viendo como la gemela hurgueteaba en su bolsa. Sudó frío cuando la vio sacar la caja de sus píldoras anticonceptivas y ya no pudo decir más. El color se le fue del rostro, tenía la mente en blanco y no lograba hilar ningún pensamiento.

—Ya… ¿Con quién estás saliendo? —preguntó medio sonriendo. Silencio. Kasumi no pudo responder, parecía pasmada en su sitio. Mai negó sin dejar de sonreír y volvió a guardar las pastillas, no podía dejar de sonreír ante la situación ¿quién se iba a imaginar que la inocente y bonachona de Kasumi, andaba en esas andanzas? —él te regaló todas las cosas ¿verdad?

Kasumi se quedó en silencio, sentía el corazón latirle deprisa, volvió a preguntarse ¿qué podía decir y qué no? seguir negando que había alguien solo sería más sospechoso. Relamió sus labios y asintió sin mirarla, sintiendo como el calor se le instalaba en las mejillas. Oyó a Mai reír, y frunció el entrecejo y la miró de soslayo ¿tan extraño era que alguien se fijara en ella? No podía evitar pensar que había algo de burla e incredulidad en su mirada, quizás era paranoia o el reflejo de su propia inseguridad pues ni ella se creía que Satoru Gojo se hubiera fijado en ella.

— ¿Es tu novio? —preguntó Mai devolviéndole las pastillas. Kasumi miró las pastillas y las guardó en la bolsa, relamió sus labios y negó— ¿no es tu novio y te da ese nivel de regalos? —preguntó asombrada.

—N-no tenemos nada oficial —susurró avergonzada de reconocerlo en voz alta.

—Uhm… para no tener nada serio, te consiente bastante —dijo sonriéndole— ¿Es hechicero? —preguntó apoyándose en la pared cercada y la duda pintó los rasgos de su compañera, su sonrisa se amplió al descubrirla ¡era tan fácil de leer! Quizás era la persona más simple y honesta que conocía—por dios ¡lo es! ¿Quién es? —preguntó curiosa bajando el tono de voz.

Su sonrisa soberbia titubeó cuando vio el nerviosismo excesivo de la joven, frunció el ceño, extrañada, pues no le veía lo especial ni lo malo de que quisiera tener una relación sentimental como cualquier persona normal. El rostro ruborizado de Kasumi, su nerviosismo, sus ojos abiertos de par en par, completamente pasmada en su sitio, le alertó que aquello no era fácil de decir. Pero ¿por qué? Miró la mochila que cargaba con cuidado al mismo tiempo que pensaba en todos los hechiceros que conocían, y rápidamente su base de datos se redujo a un solo nombre. Se tensó, miró perpleja a la joven que aparentaba ser una santa y susurró sin esconder su asombro.

—Un momento… ¿es Satoru Gojo? —los ojos de Kasumi se abrieron aún más y Mai obtuvo su respuesta. Miró incrédula a la joven, la vio balbucear y sacudir las manos, intentando negarlo, pero nada coherente salía de sus labios. Tenía las mejillas rojas, nunca la había visto tan avergonzada. Miró entonces su bolsa recordando su contenido y murmuró, aun pasmada—ya se acostaron… ¿cuándo pasó?

No podía emitir sonidos. Sentía el corazón latirle tan rápido que apenas podía oír las preguntas de Mai. Estaba afligida, no sabía qué responder o como defender a Satoru ¿qué pasaría ahora? ¿Él la odiaría por exponerlo? La presión en su pecho le dolió al pensarlo. Tragó con dificultad, lo único que podía hacer era rogar por su silencio, pero no estaba segura de merecerlo. No se sentía en confianza, y a esas alturas, temía que su descuido le costara algo más que la confianza de Satoru.

— ¿Hace cuánto tienen algo? —insistió seria, ya no había espacio para la burla, solo la curiosidad le empujaba. Kasumi no lograba hablar, la oía tartamudear mentiras y excusas que no tenían sentido. Se quedó pensando unos segundos, y halló la respuesta por sí misma—desde que fuiste al pasado ¿verdad? —afirmó medio sonriendo, mirándola con superioridad.

Y Kasumi estalló.

— ¡Por favor no digas nada! —suplicó afligida, se acercó lo suficiente para que nadie pudiera oírlas—por favor, Mai, por favor —repitió observándola. La gemela estaba seria, con los brazos cruzados y mirándola con atención. No había ese aire de disgusto que siempre la rondaba.

—Es problema tuyo —dijo encogiéndose de hombros—pero… la verdad es que me sorprendiste bastante —se carcajeó— ¿quién lo hubiera imaginado? Saliste más astuta de lo que pensaba. —Kasumi desvió la mirada, algo incómoda con su comentario, pero no tenía nada que decir al respecto—vacía la tarjeta de ese idiota, averigua si tiene límite —soltó riéndose y Kasumi frunció el ceño.

—No es un idiota —murmuró molesta, desviando la mirada—y… estos regalos… fueron por mi cumpleaños —quiso explicar, no quería que pensara que estaba aprovechándose de Satoru. —No los pedí… solo llegó con todo eso. —Y sonrió al recordarlo.

—Vaya… te gusta en serio ¿eh? —Kasumi tragó saliva, juntó ambas manos con nerviosismo y levantó la mirada hacia ella, Mai alzó ambas cejas al verla. La joven parecía un ente angelical demasiado bello para el plano terrenal. Desvió la mirada rápido al pensarlo, pero era culpa de Kasumi después de todo, no solo era guapa, su actitud amable y bondadosa le hacía destacar aún más. Definitivamente no se la imaginaba haciendo cosas de adultos y mucho menos con el idiota de Gojo, hizo una mueca de desagrado al pensarlo.

—Yo… estoy enamorada de él —confesó sintiendo el calor recorrerle el cuerpo entero, Mai alzó ambas cejas al oírla—lo amo, Mai. —El corazón le latía fuerte, sentía todo su pulso acelerado, como si se lo estuviera diciendo a Satoru, pero era la primera vez que hablaba de sus sentimientos por él, no podía evitar sentirse de ese modo.

—Já —soltó burlesca—ten cuidado, es un hombre experimentado después de todo —soltó y se alejó de la pared, dispuesta a irse y dejar de atormentarla.

—Mai… ¿te puedo contar algo? —se detuvo y volteó a verla, la joven lucía seria dentro de lo avergonzada que estaba. De pronto entendió porque la había notado diferente cuando volvió. Ya no era una niña, era una mujer enamorada. Una mujer enamorada en busca de consejos.

—Invítame un café —dijo sonriéndole y Kasumi asintió emocionada.

— ¡Iré a dejar las cosas! —exclamó alegre—ya vengo.

—Bien, y me contarás todo tu romance —le ordenó y Kasumi titubeó—no te oiré gratis, quiero detalles —murmuró seria, apoyando su mano derecha en su cadera.

—Creí que para eso era el café… —susurró insegura.

—Es a cambio de mi silencio, tú eliges —se encogió de hombros, sonriendo. Y Kasumi suspiró derrotada.

—Ya vengo —dijo, aceptando el trato.


(…)


No podía evitar sentirse algo sola. No se habían visto desde su cumpleaños, dos meses exactamente, entre misiones y viajes de negocios de él, solo se mensajeaban todos los días.

No le había contado que ahora Mai sabía lo de ellos. Esa tarde en la cafetería, le contó todo de su relación, desde que se vieron en el pasado, hasta su cumpleaños. Para su sorpresa, Mai nunca la juzgó y la escuchó atenta, preguntó varias cosas y aunque le apenaba, respondió todo. No se había dado cuenta de lo ahogada que estaba con su situación hasta que abrió la boca, estuvieron casi tres horas conversando. Era la primera vez que hablaba tanto con Mai, y se sintió bien. Tenía la ligera sensación que, desde entonces, la confianza entre ambas había surgido. Se sentía algo aliviada de conversarlo con alguien, y escuchar algunos consejos.

Mai había sido clara, no debía rendirse con él si realmente lo amaba. Quizás contar su historia desde su perspectiva había ayudado a recibir los consejos que quería oír, pero quería quedarse con ello, y tal como ella le había dicho, solo debía usar su encanto femenino que ya había comprobado que tenía efecto en él. Sonrió al imaginarlo, y le apenaba un poco, pero Mai tenía razón. Si ya había logrado que él cayera una vez, podía conseguirlo nuevamente y tener suerte esta vez, y así él dejara esa idea de esperar.

No quería esperar para estar con él. Tenía claro sus sentimientos y quería esforzarse para estar con Satoru, y ser su pareja adecuada. No tenía nada que ofrecerle, pero quería averiguarlo en el camino, y ser su soporte. No dejarlo solo otra vez.

Estiró su cuerpo levantando sus brazos hacia el cielo y miró las nubes que amenazaban con bloquear el sol. Miró hacia el grupo de estudiantes que entrenaban animados y se acercó sin dejar de sonreír.

— ¿Puedo entrenar con ustedes? —preguntó mirando a las chicas, todas miraron al mismo tiempo a Chiharu, que a esas alturas se había convertido como en la líder de ambos grados, la joven se encogió de hombros— ¿entrenan con alguna arma o es cuerpo a cuerpo?

—Uhm… un poco de ambas —murmuró Mitsuki, Kasumi curvó las cejas al oírla, parecía que perdían el tiempo más que entrenar. Ahora entendía las quejas de Utahime.

—Ehm… quizás deberían organizarse un poco, el evento de intercambio con el colegio de Tokio es en unas semanas… —susurró preocupada—y con Gojo-san y Kusakabe-san como profesores, seguramente no será fácil.

—Si fuera tan importante, Utahime estaría aquí dándonos las indicaciones —se quejó Chiharu. Kasumi la miró con desaprobación al oír su informalidad, pero lo ignoró rápido.

— ¿Cómo? ¿Utahime-sensei no vino a darles instrucciones? —preguntó confundida, no creía que las dejara olvidadas, aunque fueran difíciles de tratar, ella no era así—debe estar ocupada…

—Claro, pero Sanada y Yoshioka tienen un entrenamiento definido —murmuró Risa con inseguridad.

—Es que Todou-san los… está guiando —murmuró pensativa al recordar cómo había ordenado al director y a Utahime a que le dejaran a su cargo a los nuevos por unas semanas, a pesar de que no tenía licencia de docente.

—Bueno, nosotras no tenemos esa suerte —dijo Chiharu blanqueando los ojos.

—Uhm… puedo buscar dinámicas para que practiquemos, si les parece bien —sonrió con timidez, pero su sonrisa titubeó cuando las vio mirarse las unas a las otras, sin entusiasmo ni interés—sé que no soy fuerte como Todou-san o Kamo-san, pero así se organizarían un poco…

—Uhm... ¡¿Ese es Gojo Satoru?! —exclamó Chiharu mirando hacia el edificio principal del colegio. Kasumi volteó rápido al oírla y se paralizó en su sitio cuando lo vio pasar acompañado de Utahime.

El primer pensamiento que cruzó por su cabeza fue que no le había avisado que volvía ni mucho menos que pasaría a Kioto y la decepción fue instantánea. Tragó con dificultad, como si tuviera una esfera grande en la garganta cargada de angustia e inseguridad. Relamió sus labios secos y se quedó en su sitio viendo como él sonreía y hablaba animado, y Utahime lo escuchaba con seriedad. De repente sintió el abdomen pesado, al mismo tiempo que un pensamiento incómodo surgió.

Tal vez… tal vez Satoru necesitaba estar con una mujer de su edad o similar y no con una chiquilla que intentaba aparentar ser madura y le tenía que recordar constantemente que ya era mayor de edad. No pudo seguir viéndolos. Miró sus zapatos como si fuera lo más entretenido del paisaje, al mismo tiempo que respiraba profundamente intentando borrar esas ideas que le hacían daño.

—Escuché que está podrido en dinero —escuchó decir a Hina.

— ¿En serio? —preguntó interesada Chiharu— ¿Qué tanto?

—Creo que ha sido benefactor de muchos hechiceros —comentó Risa—y todo lo que usa es caro.

—Vaya… interesante —murmuró Chiharu volteando a verlo— ¿Tendrá esposa o novia?

—Es algo reservado con su vida privada —respondió Aya, y Kasumi se tensó. Carraspeó su garganta y habló con entusiasmo fingido.

—Bueno, ¿les parece que empecemos con el entrenamiento? —necesitaba distraerse, y la plática sobre la vida privada y el dinero de Satoru no ayudaba.

—Creo que siempre invita a sus estudiantes a comer y no a cualquier sitio, es bastante generoso —susurró Risa moviendo sus dedos medio, índice y pulgar, simulando el gesto de dinero.

—Iré a hablarle —dijo entusiasmada Chiharu.

— ¿Para qué? —preguntó Aya, sonriéndole con burla—no se fijará en una chiquilla como tú.

— ¿Tú qué sabes? Tengo otros talentos —sonrió con picardía Chiharu y Kasumi contuvo la respiración—debo intentarlo, un hombre millonario no se ve todos los días —dijo moviendo su dedo índice—sería bastante útil que te rescate un millonario de esta mierda podrida.

—El sueño de cualquier mujer, un Sugar —murmuró Aya, todas se rieron al unísono—y escuché que es guapo.

— ¡Premio doble! —exclamó Chiharu.

—Lo intentaré también —habló Aya y Chiharu frunció el ceño, iba a regañarla cuando Kasumi alzó la voz.

— ¡Satoru Gojo no es una billetera andante ni una tarjeta de crédito sin cupo! —les gritó con el ceño fruncido y las manos empuñadas—escúchense, dios… ¿cómo pueden hablar así de él? Ni siquiera lo conocen.

—Seguro tú sí —le respondió Chiharu cruzándose de brazos y el rostro de Kasumi se enrojeció—como sea… no perdemos nada con hablarle —volvieron a reír.

—Increíble… —susurró desconcertada e indignada—Satoru Gojo es el hechicero más fuerte, ha ayudado a muchos hechiceros y ustedes solo comentan estas frivolidades.

— ¡Ay, por favor! Solo son bromas, Miwa —dijo no muy segura Risa—debes relajarte un poco.

—Bien, entrenemos entonces —respondió seria y levantó una espada de madera que estaba en el pasto—Chiharu —murmuró entre dientes—tú contra mí —sentía el corazón latirle deprisa, estaba actuando como sus compañeros, agresiva y directa, y esa no era su naturaleza, pero necesitaba darle un par de golpes a la joven. Su actitud hace tiempo le incomodaba, pero lo de Satoru había sido la gota que rebalsó el vaso.

Chiharu alzó ambas cejas y sonrió divertida, aceptando su desafío. Iba a tomar un palo cuando se escucharon pasos acercarse. El grupo volteó hacia atrás al mismo tiempo y todas quedaron tiesas cuando vieron al hechicero Satoru Gojo caminar hacia ellas.

— ¡Kasumi-chan! —saludó sonriendo, llevaba sus gafas puestas y una chaqueta negra de cuero. Kasumi sintió el corazón latirle deprisa, al mismo tiempo que sus mejillas se sonrojaban apenas dijo su nombre— ¿Entrenando? —preguntó mientras miraba a las niñas que rodeaban a su Kasumi.

—Buenos días, Gojo-san —respondió nerviosa, intentando parecer formal.

—Hola —saludó Chiharu, sonriéndole con amabilidad y evidente coquetería que Kasumi notó, al igual que las demás. — ¿Vino por una misión?

—Eh… algo así —sonrió a las jóvenes, ganándose varios sonrojos a los que no les prestó atención, volteó hacia Kasumi y tragó saliva con disimulo, viendo su cuello expuesto gracias a la coleta alta que peinaba, dio un vistazo sin pudor a su cuerpo, pues con sus lentes nadie notaba qué miraba— ¿ya almorzaste? ¿vamos a comer?

— ¡Uh! —soltó sorprendida ¿de verdad la estaba invitando a comer delante de todos? ¿no estaba mal? No alcanzó a responder cuando Chiharu se le adelantó.

— ¿Estamos invitadas? —preguntó emocionada y él asintió.

—Claro —se encogió de hombros— ¿Qué les apetece? —las niñas exclamaron emocionadas, y Kasumi mordió su mejilla interna conteniendo el resoplido.

—No es un buen momento, Gojo-san —dijo fingiendo una sonrisa—no han entrenado para el evento de intercambio —hizo una mueca mirándolas con reproche y las chicas soltaron un quejido—y sé que sus estudiantes no son sencillos de vencer.

—Eso es cierto —se carcajeó—bien, Nos vemos en el evento, ánimo con el entrenamiento —dijo despidiéndose con la mano.

Kasumi lo miró irse y suspiró con pesadez. El solo imaginar comer con él y el resto de sus futuras colegas le irritó.

— ¡¿Por qué lo espantaste!? —se quejó Aya—era el momento para deslumbrarlo —murmuró haciendo un puchero.

—Bueno, mejor entrenen y lo deslumbran en el evento ¿no les parece? —respondió seria.

— ¿Lo conocías? Te habló con familiaridad —preguntó Chiharu, mientras movía el bastón de madera mirándola con atención.

—Acompañaba al director Gakuganji a reuniones —se encogió de hombros, restándole importancia—y participé en el evento de intercambio en el 2018, algo hemos hablado.

Desvió la mirada sin dejar de mostrarse serena y seria, y se dio cuenta de lo fácil que le fue mentir frente a personas con las que no sentía confianza. Evitó pensar en que, nuevamente, esa actitud no era normal en ella, que tal vez estaba cambiando y no sabía si le gustaba el resultado. Quizás solo estaba usando todas las habilidades que tenía para protegerlo, quiso quedarse con eso y que no sería algo recurrente.

— ¿Y bien? —habló levantando la mirada— ¿quién será la primera?


(…)


Quizás el entrenamiento con Nanami en el pasado le había ayudado a ganar confianza, pues antes jamás habría pensado en iniciar una práctica y encima, atreverse a enfrentar a compañeros. Sonrió segura consigo misma, porque no solo había ganado confianza, también podía ver los resultados. Había dominado cada enfrentamiento con sus compañeras, quizás no debiera estar orgullosa pues eran menor que ella, sin embargo, la Kasumi del pasado jamás podría haberlo logrado y se felicitaba por eso, aunque fuera un pequeño logro.

Tomó su móvil y revisó sus notificaciones, su mirada se ensombreció al no ver ningún mensaje de Satoru. No sabía si escribirle, si bien no había ningún malentendido entre ellos, no podía evitar sentirse insegura después de que no le hubiera contado que ya había regresado o que iría a Kioto ¿se habría aburrido de ella? Se sentía afligida y no sabía cómo averiguarlo, pues no se atrevía a leer o escuchar la respuesta.

Entró a su dormitorio sintiéndose algo cansada, se quitó los pantalones de buzo y los dejó en el canasto de ropa sucia, iba a quitarse la remera cuando notó un mensaje en su móvil. Se apresuró en revisar y sonrió al ver que se trataba de él, escribió rápido preguntando si ya se había ido. Y él, rápidamente le respondió que no, que seguía en el colegio.

Pensó en ducharse rápido para alcanzarlo, pero antes de llegar al baño, escuchó unos golpecitos en la ventana, tardó un par de segundos en comprenderlo. Sonrió ampliamente y corrió a abrir la ventana sin dejar de sonreír. Sus mejillas se sonrojaron al verlo. Por un momento recordó las tantas veces en que él entró a su dormitorio en Tokio, y el pecho se le llenó de calor.

— ¿Qué estás haciendo? —preguntó entre risas mientras él entraba rápidamente a su dormitorio.

— ¿Quieres que me vaya? —respondió él medio sonriendo—me di varias vueltas esperándote —se quejó frunciendo el ceño—fuiste algo agresiva con esas chicas ¿eh? —Kasumi se tensó al oírlo ¿la había visto? La vergüenza fue inmediata—me gustó verte luchar con esa ferocidad —le halagó y acarició su cabeza con suavidad.

Kasumi sonrió apenada, y él no tardó en darse cuenta que la había sorprendido en un mal momento. Dio un vistazo rápido a sus piernas desnudas, mordió su mejilla interna por unos segundos, pero se distrajo cuando Kasumi se lanzó a sus brazos. Desactivó su infinito apenas notó sus intenciones y respondió a su abrazo rodeando su cintura, pegándola a su cuerpo.

—No dijiste que viajabas hoy —susurró ella, tratando de no sonar a reproche, aunque lo era.

—Quería sorprenderte —sonrió Satoru, cerró sus ojos y captó la sensación de tener su menudo cuerpo entre sus brazos. Apoyó su barbilla en la cabeza de Kasumi y murmuró—inventé una excusa para venir a Kioto primero… quería verte.

—También quería verte —dijo contra su pecho, el calor en sus mejillas era molesto y todavía estaba avergonzada, por lo que evitó mirarlo a la cara. Aunque estaba medio desnuda frente a él, eso ya no le apenaba, el tipo de vergüenza que sentía era diferente, sentía que en cierta manera él había visto una faceta de ella que ni siquiera ella conocía y no quería que él dejara de quererla por ser de ese modo, aunque se lo hubiera celebrado hace unos minutos atrás.

—Entonces ¿Por qué no quisiste ir a comer conmigo? —preguntó curioso. Y Kasumi guardó silencio por varios minutos— ¿Kasumi? —se alejó un poco para poder verla, alzó ambas cejas al ver su rostro rojo— ¿eh?

—Y-yo… no quería ir con ellas —susurró bajito. Él se carcajeó al oírla y la vergüenza creció, le miró por el rabillo del ojo, los labios de Satoru parecían tan suaves a pesar del frío que estaba haciendo últimamente. Relamió los suyos casi al mismo tiempo al imaginar besarlo.

— ¿Acaso me quieres para ti sola? —preguntó sin dejar de reír y Kasumi lo miró a los ojos, seria, ruborizada y con los ojos bien grandes y brillosos, tal como le gustaba. Se perdió en su mirada llena de amor y sonrió. — ¿Estabas celosa? —insistió y Kasumi asintió. La burla pasó a segundo plano, alzó ambas cejas mirándola con sorpresa.

—Te quiero solo para mí… ¿está mal? —murmuró nerviosa, las manos de Satoru en su cintura le dieron un leve apretón y ella parpadeó confundida, la acercó a su cuerpo nuevamente y la abrazó con fuerza contra su pecho.

—Eh…—soltó alargando la interjección en un tono cantarín—así que me quieres solo para ti —repitió sonriendo—es bueno saber que nos sentimos igual —Kasumi se alejó un poco para verlo a la cara, estuvo tentada de quitarle las gafas para verlo a los ojos, pero la sorpresa no la dejó moverse—también te quiero solo para mí.

Kasumi sonrió, sintiendo como los latidos de su corazón se aceleraban de pura alegría por oír sus palabras ¿sus inseguridades le habían pasado una mala jugada esa tarde? Todo apuntaba a que sí.

—Así que este es tu cuarto —murmuró mirando a su alrededor. Sonrió al ver la decoración, flores, fotos en una pared, miró sorprendido un rincón del cuarto donde había una serie de péndulos y atrapa sueños colgando. Había un olor peculiar en el aire, supo rápido que se trataba de inciensos cuando notó la estrella en el mueble que servía de soporte de los palillos. —No sabía que te gustaban lo esotérico… —murmuró alejándose de ella para revisar las cosas.

—Momo me ha regalado varias —sonrió siguiéndolo—dice que ése —apuntó al atrapa sueños—sirve para quedarse con las pesadillas y visiones malignas… por tradición, es la madre la que lo teje para sus hijos —murmuró con una sonrisa cálida en sus labios que a Satoru le apretó el pecho—ella lo tejió para mí, también le hizo uno a Mai. Durante el día lo dejo ahí, junto a las piedras. Pero por la noche lo cuelgo en la cabecera de mi cama.

—Que linda —dijo viéndola, pero Kasumi pensó que se refería al gesto de su amiga.

—Sí… siempre me regala cuarzos y cosas así, empiezo a creer un poco en esas cosas —confesó apenada.

—Si crees en esas cosas, le das poder para que funcionen —respondió y continuó revisando sus cosas.

Kasumi miró atenta como Satoru abría cajones de su cómoda y hurgaba en sus cosas, miró sus fotos y decoración, soltó una carcajada cuando pilló el muñeco que le regaló en el evento de intercambio, y ella solo pudo reírse avergonzada, escondiendo sus mejillas sonrojadas con sus manos intentando calmar el calor.

— ¿Tenías que hablar algo con Utahime-sensei? —preguntó desviando la mirada por unos segundos, Satoru revisaba su velador, abrió la gaveta y removió todo hasta que vio las pastillas anticonceptivas, Kasumi notó como dudó unos segundos y las dejó a un lado, siguiendo con su misión de hurgar cada rincón de su cuarto.

—Eh… algo así —respondió distraído, sus ojos se desviaban a cada rato a las 28 pastillas, que ya estaban al menos 15 vacías. Tragó saliva y continuó con su labor—inventé una excusa sobre el evento de intercambio para pasar a verte.

—Ah… —soltó sonriendo.

—Eh… bien, no puedo seguir haciéndome el tonto… ¿por qué las estás tomando? —preguntó levantando las pastillas y Kasumi borró su sonrisa boba. Se quedó tensa en su sitio, con las mejillas sonrojadas y desvió la mirada, avergonzada.

—P-por si acaso —susurró y se atrevió a mirarlo. Satoru se había quitado los lentes y la miraba serio, tragó en seco y murmuró encogiéndose de hombros—no sé cuándo podamos estar juntos de nuevo… quiero estar preparada para cuando eso pase —murmuró mientras jugaba con sus dedos, tratando de calmar su nerviosismo. Lo oyó suspirar, parecía cansado.

—Bueno… no pasará pronto —respondió desviando la mirada al mismo tiempo que dejaba las pastillas en el cajón y lo cerraba—puedes tomar un descanso de esto.

—No —se apresuró en responder, sorprendiéndolo. Satoru volteó hacia ella alzando ambas cejas. Kasumi tenía el ceño fruncido, las mejillas sonrojadas y las piernas bien juntas, en sus ojos había un brillo peculiar que le cautivó—no las dejaré.

— ¿Eh? —soltó confundido—te estoy diciendo que no es necesario ¿por qué insistes? —preguntó frunciendo el ceño, ella caminó lentamente hacia él, y por un momento sintió que lo estaba embrujando el movimiento de sus caderas.

Kasumi se detuvo a unos centímetros de él y lo miró hacia arriba, relamió sus labios y le abrazó con suavidad. Él devolvió su abrazo apenas se acercó, estuvieron así unos segundos, ella comenzó a caminar y él retrocedió, guiándose por ella hasta que chocó con el borde de la cama, miró atónito como la joven lo empujaba con suavidad y él le obedeció, atento a sus movimientos se sentó sin dejar de verla y ella volvió a asombrarlo cuando se sentó en sus piernas, dejando una por cada lado, haciendo que sus pelvis se tocaran.

Iba a hablar, a preguntarle sus intenciones-aunque parecían claras-, a decirle que mejor se iba, pero no pudo. Quedó mudo y expectante a los movimientos de la joven. Tragó en seco cuando ella se inclinó y lo besó, al mismo tiempo que rodeaba su cuello con sus brazos, apegándolo a su pecho suave. Se besaron lentamente al principio, pero cuando él abrazó su cintura y la apegó más a su cuerpo, el beso subió de intensidad. Movieron sus bocas en sincronía, sus manos palpaban con urgencia su cintura y bajaron un poco más, hasta que agarró su trasero y ella se meneó en su pelvis.

Entonces perdió.

La alejó de su cuerpo rápidamente y la empujó sobre la cama, quedando boca arriba y se instaló entre sus piernas al mismo tiempo que desbrochaba el botón de su pantalón, bajando el cierre y liberaba su erección; continuó besándola. Corrió su ropa interior a un costado y la folló sin pensarlo un segundo más.

Los gemidos de Kasumi fueron silenciados por su boca, metió sus manos debajo de su remera y se movió rápido y fuerte, estaba siendo brusco, pero el deseo que ella había provocado no podía socavarlo de otra manera. No con ella a unos centímetros de distancia medio vestida.

—Puedes hacerlo adentro sin temor —le susurró ella entre jadeos y él aceleró el ritmo.

Minutos más tarde, estaba acalorado y sudado, no se había quitado la camisa, solo la chamarra que estaba olvidada en el suelo. Relamió sus labios sin dejar de jadear, mientras ella sonreía satisfecha, por un momento sintió que se burlaba de él y su fuerza de voluntad y se lo merecía. La culpa volvió rápido, mordió sus labios y salió de su interior con cuidado.

— ¿Estás bien? —preguntó mientras veía como la tela volvía a su sitio y se humedecía por sus propios fluidos que salían de su interior, una vista que definitivamente no olvidaría.

—S-sí —asintió ella y lo abrazó— ¿entiendes por qué no debo dejarlas? —preguntó en un susurro y le besó la mejilla.

Satoru no respondió.

—Déjame usar tu ducha, será rápido —susurró sin mirarla y se levantó al baño.

Kasumi sonrió y se estiró en la cama nuevamente, mirando el techo y cubrió su rostro con ambas manos. Lo de ser directa y tomar la iniciativa empezaba a gustarle, pues él parecía caer siempre. Quizás lo de ellos se formalizaría en cualquier momento al paso que iban, pensó.

Satoru salió del cuarto unos 10 minutos después, suspirando y algo cabizbajo. Kasumi lo miró confundida, pero priorizó ir a asearse rápidamente, pues su ropa interior ya se sentía incómoda.

Al salir, Satoru estaba sentado en el borde de la ventana con su chamarra bajo el brazo, mirando por detrás de la cortina. Él se iba. Sintió el pecho apretarle y se acercó lentamente, apoyó su cabeza en su hombro y cerró sus ojos.

— ¿Te vas? —preguntó deprimida.

—Sí… es tarde. Venía a verte, no a follarte —murmuró derrotado, ella se rio y él hizo una mueca por su burla, pero a los segundos también soltó una risotada.

— ¿Estuvo mal? —preguntó mirándolo a los ojos. Él la miró por unos segundos y curvó sus labios en un puchero adorable, que la desarmó por completo—lo siento…

—Estuvo mal —afirmó—pero lo pasamos bien ¿no? bastante bien… —Kasumi medio sonrió, tenía una incomodidad extraña que era difícil de comprender. Un poco de culpa, como cuando cometía alguna travesura y debía disculparse.

—Sí… —susurró, él suspiró y le acarició la cabeza, revolviéndole el pelo—oye… yo… tengo que contarte algo —susurró avergonzada.

—Dime —dijo y le acarició la mejilla con suavidad, Kasumi dejó reposar su rostro en su mano y cerró sus ojos, sintiendo la calidez de su palma.

—Mai lo sabe —dijo y abrió los ojos, Satoru alzó ambas cejas cuando la escuchó, algo confundido—la gemela de Maki-san —explicó y él asintió recordándola.

— ¿Qué sabe? —preguntó serio y ella desvió la mirada— ¿lo nuestro? —preguntó sorprendido, sintiendo como un sudor frío le recorría el espinazo.

—S-sí, lo siento —tragó en seco—me descubrió por los regalos… no supe mentirle. Pero no dirá nada, confió en ella —se apresuró en decir y él asintió, pensativo—lo siento… ¿estás enojado conmigo? —preguntó afligida y él negó— ¿de verdad?

—Es tú amiga —se encogió de hombros—está bien que confíes en alguien —prefirió omitir que no era la única que lo sabía, pues si le contaba que Nanami también estaba al tanto, la joven moriría de vergüenza. —Ya debo irme, cuídate —sonrió y le besó la frente.

—Ve con cuidado —respondió ella, sonriéndole.

Se rio cuando lo vio mirar a todos lados y como se escapaba por la ventana. Él le sonrió de vuelta y desapareció en un segundo. Mordió su labio inferior y soltó un suspiro. Volvió al baño y se desvistió para darse una ducha.


(…)


Su respiración estaba agitada, no podía creer la cantidad de maldiciones que rondaban por Shinjuku, eran tantas que la escuela de Tokio tuvo que pedir soporte a Kioto. Se habían topado con la mala suerte de que Satoru estaba en otro país, como las maldiciones por el momento ninguna era de clase especial no registrada, como la que interrumpió el evento de intercambio en el 2018, habían decidido no recurrir a él todavía.

Con los hechiceros grado 1 hasta el momento mantenían controlada la situación. Soltó un profundo suspiro cuando exorcizó a un ente deforme que caminaba con 6 extremidades. Volteó hacia la otra calle donde dos de las estudiantes nuevas intentaban exorcizar a un grupo de 10 maldiciones, por lo que supuso eran débiles.

Miwa —oyó por el audífono—hay un civil en la otra calle —la voz de Momo se escuchaba con un poco de interferencia.

—Voy —respondió viendo a Risa y Aya—estaré en la otra calle, avísenme si necesitan ayuda —les dijo y sin esperar respuesta, corrió hacia la dirección que Momo le había indicado.

Al llegar, notó que estaba cerca de la barrera que los asistentes habían levantado. Había una tensión peculiar en el ambiente, cargado de energía maldita, pero no provenía de ninguna maldición en particular. Dio pasos lentos, pensando que quizás el civil estaba escondido por el miedo. Relamió sus labios y guardó su espada, pero sin soltar la empuñadura.

No encontró a nadie. Miró cada rincón y tienda de la calle, y no apareció nadie a quién rescatar.

— ¿Momo? —preguntó tocando el audífono— ¿sigues viendo al civil? —Momo no respondió.

La ansiedad pronto le recorrió el cuerpo, una inquietud incómoda, su intuición seguramente que le alertaba que algo no andaba bien. Giró sobre su talón y caminó de regreso, pero antes de alejarse, dio un vistazo nuevamente hacia atrás y entonces lo vio.

Un hombre joven, parado del otro lado de la barrera. Kasumi lo miró varios segundos, él la observaba serio, casi asustado, cosa que no comprendía pues no había maldiciones cerca.

— ¿Estás herido? —preguntó acercándose. Su cabello negro lo usaba largo, pero en una coleta. Vestía un abrigo largo de color marrón. Había una cicatriz en su mejilla izquierda, muy similar a la que tenía Utahime. Tragó saliva y estrechó los ojos, intentando buscar señales de energía maldita en él. —Quédate aquí, iré por ayuda —dijo y volvió a caminar por donde vino, miró hacia atrás otra vez, pero el hombre ya no estaba. — ¿Momo? —repitió.

¿Qué pasa? —Kasumi frunció el ceño ¿por qué no le había respondido antes? — ¿Ya rescataste al civil?

—Solo había un tipo… pero ya se fue ¿puedes verlo? —después de varios minutos, Momo respondió.

No… ya no hay nadie. Qué extraño —Kasumi se quedó viendo un rato hacia el otro lado de la barrera, con una molesta sensación en el pecho—ya se superó la misión, se levantará la barrera.

— ¿Qué? Pero si quedaban maldiciones… —comentó confundida, caminando hacia las chicas que ahora estaban en el suelo respirando agitadas— ¿están bien? Exorcizaron a todas… lo hicieron bien —les felicitó al ver que no había ninguna maldición cerca.

—N-no lo hicimos nosotras —dijo Risa—de repente corrieron y desparecieron.

— ¿Uh? —soltó y corrió hacia la calle en dónde debió estar el civil. La barrera ya había sido levantada y avanzó un poco más, buscándolo.

¿Miwa? Hay que volver —le escuchó decir a Momo.

—S-sí… —no podía levantar falsas acusaciones sin pruebas, pero estaba segura que el tipo de hace un momento no era un civil ordinario y tenía que ver con la desaparición repentina de algunas maldiciones.

Caminó de regreso para agruparse con sus colegas de Kioto, en el camino, le pareció ver al grupo de Tokio, donde les daban primeros auxilios o conversaban tranquilos, se preguntó si Satoru estuviera allí estarían igual de calmados. Sonrió, sabía la respuesta, Satoru estaría riéndose en alto, desordenando a todo el grupo. Su sonrisa se borró cuando a lo lejos vio acercarse a Nanami, sintió sus mejillas sonrojarse y agachó la mirada viendo sus zapatos, caminó rápido hacia los de Kioto para pasar desapercibida.

Tenía mucho que agradecerle al rubio, pero le avergonzaba hablar con el hechicero grado 1 cuando nunca lo habían hecho, y seguramente no la recordaba como Satoru. Lo mejor era alejarse y evitar pasar vergüenzas. Caminó rápido hacia Utahime, ajena a la mirada del hechicero que la vio a lo lejos.


(…)


Era su día libre. Usó por primera vez el vestido que Satoru le regaló, y se sentía como una princesa. No dejaba de mirarse al espejo. Se puso un poco de brillo labial, usó un par de horquillas de colores en el pelo, sujetando algunos mechones despejando un poco su rostro. Y salió del colegio.

Media hora después, iba en el metro camino a Tokio. Él había regresado hace un par de días de su viaje, y esa mañana le había dicho que estaba libre hasta el momento, a menos que le llamaran por alguna urgencia, así que no lo pensó dos veces y decidió ir a verlo.

Pensó que estando en Tokio él no se negaría verla, quizás podrían salir a dar un paseo o verse en algún hostal, se sonrojó al pensarlo. Pero estaba abierta a todas las posibilidades si era con él.

Cuando llegó a la estación, le escribió preguntándole si podían verse, que estaba en Tokio. Se quedó viendo como el icono que indicaba que escribía aparecía y se borraba a cada minuto, como si él no se decidiera a escribir. Hasta que respondió.

"No estoy en el colegio. Estoy en mi departamento ¿quieres venir?".

Y ella medio sonrió, mientras le escribía preguntando la dirección.

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N/A: Holissss, gracias por leer y comentar!

Pasaron muchas cosas hahaha este cap es principalmente desde la perspectiva de Miwa, primero, no tenía planeado que se acostaran de nuevo en este cap, pero sucedió! hahha ellos me obligaron a escribirlo, fuera de broma, como que no pude detenerlo hahha, no sé, se dio solo. No estaba en el resumen.

Hay detallitos importantes en el cap, que se retomarán en el que sigue, y a lo largo del fic de hecho xD

En fin, espero no tenga muchos errores, faltas ortográficas y esas cosas, y que el cap haya sido de su agrado y no aburrido.

Gracias por comentar, y nos leemos pronto!

Saluditos.