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Capítulo 9

Desacuerdos

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Viajó tranquila hasta la dirección que él le envió, pero al ver el lujoso condominio los nervios la asaltaron. De pronto se sintió fuera de lugar, incómoda de que se dieran cuenta que era una pobretona común y corriente. Mordió su labio inferior y dudó, le sudaron las manos cuando notó la mirada del guardia en la cabina de la entrada. Se acercó con timidez y le sonrío.

—Disculpe…—el hombre inclinó la cabeza a modo de reverencia y ella le imitó—vengo a visitar a Gojo Satoru… —murmuró insegura. Él asintió y buscó en el computador rápidamente, para minutos después tomar el teléfono y llamar al departamento.

—Buenas tardes Gojo-sama, hay una joven aquí… —la miró por unos segundos y Kasumi se apresuró en presentarse—Miwa Kasumi, que quiere ¡Ah! Entiendo, descuide—Kasumi relamió sus labios y volteó hacia el interior del condominio, donde el pasto bien cuidado rodeado de flores encantadoras la saludaban. A lo lejos, el primer edificio se alzaba intimidante. —Adelante señorita, es el piso 7 de la torre 1, dpto. 0611.

—Muchas gracias —volvió a reverenciarlo y esperó que el hombre le abriera la puerta. Entró dudosa, tanto lujo le ponía nerviosa y no dejaba de pensar que sobraba en ese paisaje.

Jamás pensó que Satoru tuviera un departamento, tenía entendido que él vivía en el colegio de Tokio, supuso que no tendría problemas para pagar uno o unos cuantos, pero él nunca lo mencionó ¿qué más había en su vida que desconocía? Era difícil sentirse con confianza cuando los pequeños detalles le gritaban que le faltaba mucho-en tantos sentidos-por recorrer para poder caminar a su lado.

Dentro de la torre 1, la elegancia y lujo de la infraestructura era incluso más intimidante. Volvió a tragar saliva al ver al conserje en la entrada y le saludo con una leve reverencia que él imitó. Todo se veía demasiado iluminado, el mármol en las paredes y el azulejo blanco, limpio en su totalidad. Vio unos inquilinos en el pasillo camino al elevador, que la saludaron sin señales de desprecio, se preguntó si tenía que ver con su vestuario ese día.

Al subir al elevador, se apoyó en el fondo y cerró sus ojos por unos segundos. Esa mañana se sintió como una princesa al vestirse así para él, ahora estaba incómoda, sentía que estaba disfrazándose de alguien que no era y nunca sería. Era difícil lidiar con la idea de que estaba enamorada del hechicero más fuerte cuando ella era quizás la más débil de su generación, el brillaba tanto que se le hacía imposible mirarlo sin quemarse los ojos. Pero su situación económica le recordaba aún más lo difícil que sería estar juntos viniendo de realidades tan distintas. Él no era despectivo ni menospreciaba a la gente por algo tan banal, pero se sentía como un elefante en la sala.

Su incomodidad se quedó en el elevador cuando llegó al séptimo piso. No hizo más que poner un pie en el pasillo cuando oyó una melodía y volteó en su dirección, para luego ver a Satoru asomarse por la puerta, esperándola con una amplia sonrisa que le aceleró el corazón.

Sonrió apenas lo vio, al mismo tiempo que sus mejillas se sonrojaban y de repente se sintió atrevida, por estar allí sabiendo que estarían a solas, pero era lo que planeó desde que decidió visitarlo esa mañana, que estuvieran juntos solos los dos, y lo que pasaría a continuación sería decisión de él, pues ella estaba dispuesta a todo.

— ¿Te fue difícil llegar? —preguntó sin dejar de sonreírle, le dio un vistazo de pies a cabeza y relamió sus labios, tragó nervioso y continuó riendo—te ves… muy bien.

—G-gracias —desvió la mirada nerviosa y él se hizo a un lado para dejarla pasar.

—Bienvenida a mi humilde morada —Kasumi alzó una ceja al oírlo y él se carcajeó—lo sé, lo sé… no tiene nada de humilde.

—Permiso —susurró y se inclinó para quitarse las sandalias. Satoru se apresuró y trajo unas zapatillas de casa de color rosa, dejándoselas en frente. Sintió una presión en el pecho al verlas y la pregunta maliciosa se instaló rápidamente en su cabeza ¿no era la primera chica que traía a su departamento? ¿y si para eso se lo había comprado? Se mareó de solo pensarlo.

—Espero sean de tu talla —murmuró él—porque las otras que vi eran muy grandes —se encogió de hombros— ¿te quedan bien? —Kasumi asintió sin mirarlo y él le sonrió—genial, soy bueno adivinando tus tallas.

—Uhm —tragó con dificultad y levantó la mirada, observó el departamento, boquiabierta. Si antes pensó que el lujo en el condominio le hizo sentir fuera de lugar, el departamento subió las apuestas con creces.

Todo parecía tan inmaculado que le daba miedo tocarlo incluso con la yema de sus dedos. Se sintió más pequeña que de costumbre, era un inmueble amplio, demasiado para la norma japonés; exhibía una bella sala de estar muy al estilo europeo o gringo, tenía un sofá con forma de L de color marfil, en frente una mesa blanca de centro donde había un mando de una consola. Entonces notó qué había estado haciendo.

—Siento interrumpir… —murmuró mirando la pantalla plana donde aparecía el menú del juego que había pausado.

—Tonterías —exclamó él y apoyó su mano en su espalda, sus dedos largos alcanzaron a tocar su hombro desnudo entre mechones de su cabello, y ese simple toque bastó para que se estremeciera— ¿está muy bajo el aire acondicionado? —preguntó él medio sonriéndole, y Kasumi sintió que se burlaba de ella, de lo loca que estaba por él.

—Uhm… no —tragó saliva. Las cosas no estaban saliendo como esperaba. Mai la había animado a tomar la iniciativa, pero ahora que estaba allí con él a solas, pensando que era el lugar en donde llevaba chicas, que no era más que una chiquilla que se deslumbraba con todo, no se sentía capaz de dar un paso más.

—Bueno, me dices —sonrió él—oye… —Kasumi levantó la vista hacia él y se esforzó por no apartar la mirada de su rostro varonil. Satoru usaba gafas redondas, como cuando era un adolescente y sus mejillas se sonrojaron al recordarlo— ¿tienes buena memoria? —alzó ambas cejas al oírle, pero él continuó parloteando sin darle tiempo de responder—o anótalo en tu celular, la clave de seguridad es 071289.

— ¿P-por qué me das la clave? —preguntó confundida en un susurro débil. Satoru la miró por unos segundos y frunció el entrecejo.

— ¿Por qué más? Para que puedas venir cuando quieras —se encogió de hombros—si quieres estar sola o si estas en Tokio y necesitas alojamiento —movió su mano restándole importancia—no uso mucho este departamento… lo compré hace unos años para descansar de las misiones o las quejas de mis estudiantes —movió su pulgar junto a sus cuatro dedos repetidamente simulando una burla—puedes venir cuando quieras.

Kasumi no se dejó maravillar por su invitación, al contrario, en su vientre se instaló una sensación molesta, al mismo tiempo que su raciocinio femenino despertó como una bestia hambrienta de saber, que buscaba migajas para hacerse una idea de su situación y rápidamente elaboró una idea brillante para salir de sus dudas, de forma sutil que esperaba él no notara.

—Pero… ¿no crees que es poco seguro? Podría interrumpirte en algún momento… no me parece una buena idea —susurró desviando la mirada, fingiendo timidez.

— ¿Qué vas a interrumpir? —preguntó él con sospecha—aquí no viene nadie, solo yo. A veces pasan meses sin que venga —volvió a encogerse de hombros—ya le informé a Tatsuo-chan que serás una inquilina recurrente y te inscriba en mi registro, que tendrás la clave de mi departamento.

— ¿T-Tatsuo-chan? —preguntó sintiendo sus mejillas sonrojarse al escucharlo.

—El conserje —respondió caminando hacia la sala de estar—lo que es mío, es tuyo —soltó como si nada, ignorando lo que provocó en la joven.

Kasumi agachó la mirada, algo avergonzada no solo por sus palabras, sino también por sus propios pensamientos. Su inseguridad le estaba jugando una muy mala pasada, era difícil de controlar los celos que ni siquiera él provocaba, eran pensamientos que ella sola se inventaba y no era sano. Mientras ella pensaba que era un espacio para que él estuviera con chicas, él se preocupaba por dejarle en claro que ahora era un espacio que compartiría con ella. Tal vez en el pasado fue así pero no tendría como saberlo, además ¿importaba ahora?

Lo vio tomar la consola y guardar la partida, se apresuró en llegar a su lado y sonrió como solía hacerlo.

—No lo saques —pidió llamando su atención—no quiero interrumpirte, sigue jugando.

—No jugaré mientras miras —dijo frunciendo el ceño—no viniste a verme jugar.

—Pero no quiero molestarte —susurró apenada— ¿y si me enseñas? Así jugaré con mis hermanos —sonrió mirando la pantalla y su sonrisa titubeó al ver la calidad de imagen, miró la consola que estaba en un espacio cerca de la televisión—ehm… pero no creo que ese juego lo tengan mis hermanos—se quedó viendo el mando en las manos de Satoru y notó lo moderno que era, soltó una risa nerviosa y susurró—ni la consola…

—Es la última de Sony, aunque ya anunciaron la 5 —respondió viéndola— ¿quieres aprender entonces? —sonrió a la joven y ella asintió entusiasta.

Satoru se sentó en su cómodo sofá y apoyó su espalda en el respaldo de éste, pensó en configurar un segundo control, pero antes de proponerlo, Kasumi se acercó a él y le pidió el mando, no lo pensó demasiado y se lo entregó, iba a hablar para explicarle como jugar, pero se quedó inmóvil cuando vio a la joven sentarse sobre sus piernas.

Sintió el corazón latirle deprisa, el cosquilleo en su pelvis fue instantáneo, se tensó por completo, pero apenas olió su aroma dulce detrás de su nuca sintió como el cuerpo se le iba relajando y cediendo a su cercanía. Mordió su labio inferior y observó como ella se inclinaba hacia delante, meciendo su largo cabello dejándole ver su cintura y caderas, bajó la mirada hasta su trasero que estaba cómodamente instalado sobre su pelvis. Infló el pecho con disimulo, trató de pensar en otra cosa, buscando el autocontrol que sabía tenía, pero cuando se trataba de ella se le dificultaba encontrar.

— ¿Hago una partida nueva o sigo en esta? —preguntó volteando hacia atrás y evitó sonreír al verlo.

Estaba nerviosa, pensando que podía rechazarla o pedirle espacio, pero él estaba sonriendo, con un tenue rosa en sus mejillas y para su sorpresa, lucía inquieto, tal vez más que ella. Celebró mentalmente, los arcos de sus labios se elevaron cuando giró hacia el frente, simulando poner atención a lo que diría.

—U-uno nuevo —carraspeó su garganta y contuvo el suspiro—eeh… mi partida está avanzada y en modo difícil —ella asintió y giró hacia él, miró sus labios rosados y sus grandes ojos azules que le engatusaban sin poder evitarlo.

— ¿Cómo lo hago? —preguntó mirando el mando—nunca he jugado —susurró haciendo un puchero en sus labios.

—A ver… —se acomodó un poco dejando la espalda recta, acercándose a su espalda femenina. Al hacerlo, pudo oler su cuello y ella volteó a verlo apenas sintió su aliento tocar su hombro desnudo. Por un momento quiso quitarse las gafas, pero sentía que era lo último que le quedaba que podía controlar, que era una especie de seguro que le recordaba que no podía relajarse nunca. Volvió a carraspear la garganta y miró el mando en las manos de la joven—presiona ese —dijo apuntando a la X.

Kasumi mordió su labio inferior, y obedeció cada indicación, sin embargo, no podía dejar de pensar en lo mucho que quería girarse y besarlo. Pensó que con esa cercanía él al menos haría el intento de tocarla, pero él seguía en su sitio, susurrándole concentrado cómo jugar.

—Eres malísima —se burló al ver como la mataban apenas había pasado cinco minutos en el juego.

— ¡Nunca he jugado estas cosas! —se quejó encogiendo las cejas al mismo tiempo que se movía al ritmo del personaje en la pantalla, si corría hacia un lado, ella ladeaba su cuerpo, si debía saltar, movía en alto el mando como si eso le ayudara, y saltó fuerte cuando sintió el control inalámbrico vibrar en su mano— ¡Ah! ¿qué hice? ¡está vibrando! —asustada volteó a verlo, Satoru tenía una sonrisa burlesca en sus labios, e iba a defenderse, pero cuando él se acercó sus lentes se deslizaron por su nariz, pudo ver sus ojos, y notó el deseo en su mirada y su vergüenza se esfumó.

Podía lograrlo, se dijo, lo que fuera que estaba haciendo funcionaba con él. Relamió sus labios y volteó hacia el frente, sintió las manos de él sobre las suyas, parecía que la abrazaba, y tal vez ambos se aprovecharon del momento, pero él continuó mostrándole como jugar, que a esas alturas no le interesaba. Se quedó viendo su perfil, sus labios moverse mientras le explicaba los movimientos, olfateó con disimulo su perfume varonil y el cosquilleo fue inmediato, apretó las piernas y se meneó sobre su pelvis, intentando controlarse, pero apenas lo hizo, sintió su erección, y su ropa interior se humedeció.

Contuvo el suspiro, Kasumi se movía ajena a su situación, o tal vez lo hacía apropósito, no lo sabía. Lo cierto era que se sentía como un degenerado. Mientras ella hablaba, se quejaba o se reía, él estaba atento viendo su cintura, su cadera menearse. Y cuando la rodeó para tomar el control, pudo ver su escote. Relamió sus labios y comenzó a explicarle el juego, se quedaron así por varios minutos, él guiándola y ella intentando avanzar, jugando juntos.

Kasumi seguía moviendo el control según los comandos que hacía el personaje en la pantalla, y él se reía y burlaba de ella siempre. Pero su sonrisa titubeó cuando ella acercó el control a su pecho y sus manos rozaron su pecho. No supo si ella se dio cuenta, pero continuó en esa posición por varios minutos. Simuló accidentalmente rozar la curva de su pecho con su pulgar derecho, ella no dijo nada.

Tragó saliva, sabía que, si no la bajaba, la cosa subiría de tono. Pero ¿a quién engañaba? Al invitarla a su departamento a solas ¿qué esperaba que pasara? Si bien, pensó en compartir con ella sanamente, en el fondo, muy en el fondo, sin siquiera ser consciente, planeó un momento así con ella. Ahora que la tenía sobre sus piernas, moviendo su trasero sobre su erección que a esas alturas estaba seguro ella había notado, sabía que la situación cambiaría en cualquier momento, que el próximo movimiento sería decisivo. Por lo que, haciendo uso de su fuerza de voluntad, prefirió alejarse. Soltó sus manos y apoyó nuevamente su espalda sobre el respaldo del sillón y se quedó viendo como la joven intentaba jugar.

—Intenta hacerlo sola —dijo sin dejar de sonreír, pero eran los nervios. Sus ojos se fueron a su cintura y cadera de nuevo y mordió su labio inferior cuando ella volvió a saltar y chillar al perder.

— ¿No puede ser en modo fácil? —preguntó volteando a verlo, haciendo un puchero.

—Está en modo fácil —dijo burlesco y ella bufó.

—No entiendo qué es lo entretenido —se quejó volviendo a intentarlo—me mata todo el tiempo.

—Porque eres muy mala —continuó burlándose y ella guardó silencio.

—Si le gano al villano… ¿puedo pedirte algo? —susurró sin mirarlo y Satoru alzó ambas cejas, curioso e interesado, sabía de qué índole podría ser su petición, y aun así continuó con su juego.

—Difícilmente lo lograrás, ese ni siquiera es el villano —dijo mirando al esqueleto.

—Uhm… ¿y si le gano al esqueleto? —preguntó volteando hacia atrás, Satoru se carcajeó fuerte, apoyando una de sus manos en su abdomen y la otra en la cadera de Kasumi, para que no se cayera por sus movimientos. —No te burles.

—Eres tramposa —continúo riendo—bien ¿qué quieres pedirme? —preguntó y miró su mano sobre su cadera, tragó saliva y la movió lentamente por la curva hasta llegar a su cintura, luego bajó, y se mantuvo así jugando, sintiendo como su erección hervía debajo de su cuerpo femenino.

—Un beso —dijo sin mirarlo, sintiendo sus mejillas arder. Él no respondió, en cambio, con ambas manos tomó su cadera y siguió tocándola, Kasumi se meneó hacia delante lentamente, disimulando, y murmuró— ¿puede ser?

—No creo sea buena idea —dijo, pero sus acciones decían lo contrario. Sus manos sobre su cadera, tocando con firmeza a momentos y suavidad al otro, sus dedos rosaban cada vez un poco más arriba cerca de sus costillas. El calor poco a poco se fue instalando en su cuerpo, no era ajeno al vaivén de caderas que ella disimulaba lentamente, al contrario, estaba muy al tanto de ello y lo estaba mortificando, porque quería más.

Se le secó la garganta, y sin poder soportarlo más, alzó su cadera en un único movimiento, hundiendo su dureza en la falda de ella, fingiendo acomodarse en su sitio. Y ella continuó intentando derrotar el esqueleto, no protestó por sus palabras, pensó que había entendido su posición, sin embargo, era lo más lejano a la realidad.

Kasumi comprendió que ya había ganado. Que él había cedido a su deseo y tal como pensaron con Mai, él no era ajeno a sus encantos femeninos y podía controlar la situación desde ahí si sabía usar sus cartas. Creía firmemente que lo estaba consiguiendo, por lo que avanzó un poco más.

Las caderas de Kasumi se menearon con más intensidad, sin sutilezas y cuando él no se quejó, lo volvió a repetir. Él guardó silencio, y ella continuó. Oía como la respiración del hechicero más fuerte se volvía grave y ruidosa, las manos de él sobre su cadera subieron por toda su curva, hasta quedar en sus costillas y con un poco de duda, subieron lentamente a su pecho. Oyó un suspiro de él, mordió sus labios, seguramente ya se había dado cuenta que no usaba sujetador. La vergüenza se apoderó de su cuerpo al igual que el calor, sentía que el aire acondicionado no era lo suficientemente refrescante.

Sus manos palparon con suavidad al principio, y al sentir la tela suave adherida a su pecho, y notar que no había nada más debajo, la manoseó con urgencia. Ella soltó un quejido, y ya no pudieron continuar con la farsa.

Se acercó a su espalda y besó su hombro, sin soltar sus pechos. Lamió su piel y ella continuó meneándose sobre su pelvis.

— ¿Por qué no llevas sujetador? —preguntó en un grave susurro que le erizó los vellos.

—Se veían los tirantes —susurró volteando a verlo— ¿está mal? —preguntó en un tono bajito y coqueto-que no notó que usó-, y Satoru perdió por completo esa batalla. — ¿Se nota mucho? —continuó avergonzada.

—No… solo cuanto te toco —murmuró con la voz ronca—oh… ahora sí —dijo en un tono juguetón cuando palpó sus pezones erizados.

Kasumi apoyó su cabeza en el hombro de él y gimió sin pudor ante sus caricias, sin dejar de menearse sobre su erección. Pero necesitaba más. Con determinación, apoyó sus propias manos sobre las de él en su pecho y las apartó, Satoru frunció el ceño molesto y frustrado, pero no dijo nada cuando la vio ponerse de pie.

El pantalón de buzo de Satoru estaba húmedo, y Kasumi mordió su labio inferior al ver la prominencia orgullosa que había provocado. Antes que él se arrepintiera o entrara en razón, movió su mano derecha hacia su espalda y deslizó el cierre de su vestido. El hechicero la miró boquiabierto, inmóvil en su sitio, completamente hechizado con sus movimientos gráciles, viendo como la fina tela blanca se deslizaba por sus hombros y pecho, para caer suavemente a los pies de la joven.

Kasumi se acercó a él y se sentó sobre su regazo, dejando su intimidad sobre su erección, quedando frente a frente. Se inclinó para besarlo, pero él se alejó y le sonrió burlesco.

—No derrotaste al esqueleto —le recordó y ella hico un mohín infantil. Satoru se burló unos segundos, pero su atención bajó rápido a sus senos desnudos que se lucían orgullosos frente a él. —Pero puedo hacer una excepción —susurró sin dejar de admirar su desnudez.

Se inclinó para besar su pecho, aprisionó su cintura con ambas manos y ella se meneó sobre su erección, ahora sin el vestido podía sentir a la perfección su dureza y calidez. Satoru gimió contra su piel y desesperado, metió una mano entre sus pelvis para poder liberar su erección, Kasumi se alejó lo suficiente para que lo hiciera y volvió a sentarse sobre su miembro.

Fue el turno de ella de gemir, se sorprendió con lo rápido que había alcanzado su placer, quizás el momento a solas o el haber partido con una inocente actuación la había excitado, pero apenas gimió en su oído, él se apresuró en levantarla y correr su ropa interior húmeda, guio su erección a su interior y ella bajó suavemente.

Minutos después, Satoru gemía mientras Kasumi se meneaba como toda una experta sobre él, podía sentir como su interior se contraía al mismo tiempo y su erección parecía hincharse más. Sabía que no podría resistir mucho tiempo, no con esos movimientos de Kasumi. La miró perplejo, ella plena y hermosa se movía sobre él meciendo sus pechos, sacudiendo su cabello y jadeando su nombre. Apretó con fuerza su trasero y meneó su pelvis, hundiendo aún más su erección y fue el turno de ella de gemir en alto.

—Más rápido —le ordenó y besó su cuello, y ella obedeció de inmediato, segundos después, él se estremeció y ella recibió su placer con una amplia sonrisa triunfante—maldición…

— ¿Me gané un beso? —preguntó entre jadeos y él frunció el entrecejo.

—Maldición —repitió molesto consigo mismo y tomó del pelo a la joven, ella jadeó y él la acercó a su perfil, besándola con pasión abrumadora, aun jadeando contra su boca.

La situación continuó avanzando el resto de la mañana. Eran las 2 de la tarde cuando dejaron de besarse, agotados. Él la llevó al dormitorio para el segundo y el tercer encuentro. Kasumi sentía el cuerpo flácido y el aliento le faltaba, tenía las mejillas hirviendo y la entrepierna adolorida, pero no dejaba de sonreír satisfecha.

Satoru por su parte, tenía el cuerpo relajado y descansado, la frente perlada de sudor, algunos mechones adheridos a su piel, tenía sed. Pero la pesadez en su pecho era más molesta. Miró de soslayo a la dueña de sus tormentos y placeres, un poco con resentimiento, pero apenas intentaba culparla de sus acciones, se arrepentía.

Él era el adulto.

Suspiró derrotado. La situación no podía avanzar más, debía ponerle un alto, pero ¿cómo podía conseguirlo? Kasumi parecía saber el efecto que tenía en él, era cosa de minutos y lo doblegaba, lo exprimía como una fruta y él no hacía nada por evitarlo ¿Lo haría a propósito? La miró con sospecha, si ese era el caso…

—Me dio hambre —susurró ella y él asintió— ¿quieres que cocine para ti?

—No —respondió sin mirarla—descansa. Pediré algo —dijo y se puso de pie.

Kasumi miró atenta su cuerpo trabajado y desnudo que se exhibía sin vergüenza por la habitación. Sonrió tontamente y se abrazó a la almohada dando vueltas en la cama, girando como una niña emocionada por conseguir lo que quería. Estando allí, en su cama tamaño King en la suavidad del colchón, rodeada de las finas sábanas de quizás cuantos hilos, sintió que se había ganado la lotería. Algo muy bueno debió hacer en su vida pasada para tener ese privilegio, estar en la cama con Satoru Gojo.

— ¿Qué se te antoja? —preguntó levantando la vista del celular al entrar al dormitorio. Kasumi aun desnuda, estaba boca abajo abrazada del almohadón. Miró su perfecto y bien proporcionado trasero y se subió a la cama, apoyó su cabeza en su cintura y deslizó su dedo por la aplicación de pedidos.

—Lo que sea —dijo ella.

Kasumi no borró su sonrisa en todo momento. Ajena al silencio e introspección de Satoru, que respondía lo que preguntaba o se reía de sus comentarios, pero no aportaba nada más a la plática. Apenas podía mirarla a la cara, estaba molesto consigo mismo, y un poco con ella ¿por qué de repente actuaba así? Le encantaba verla resuelta y sin pudor con él, pero era un arma de doble filo, porque todo lo que ella le entregaba era un detonante para él. La amaba profundamente, pero también la deseaba, la deseaba demasiado.

Y se culpaba por ello. Mientras Kasumi le contaba de los preparativos para el juego de intercambio, pensaba en lo distinto que sería si ella fuera una docente como él o Utahime. Sería todo tan diferente «tal vez ya nos habríamos casado…» pensó mientras la miraba sonreír.

—Así que le dije que sí —sonrió entusiasmada—será agradable quedarme en Tokio de nuevo —murmuró apenada, esperando que él captara la indirecta.

— ¿Cómo? —preguntó confundido mientras movía los fideos de su sopa.

—Por el intercambio —repitió confundida—Utahime-sensei me pidió que la acompañe ¿no me escuchaste? —preguntó en un susurro.

—Lo siento… pensaba en otra cosa —confesó y soltó un suspiro. Estaban sentados en la cocina, frente al mostrador estilo americano. Kasumi bebió un sorbo de té y relamió sus labios.

— ¿Pasa algo? —preguntó al notar su semblante anormalmente serio.

—Eh… no lo sé —reconoció sin mirarla—creo que esto no está bien.

— ¿Tu sopa? —preguntó mirando su plato—déjame oler —susurró inclinándose hacia él.

—No, Kasumi. No hablo de la comida —murmuró inseguro, soltó un suspiro y apartó el plato. —Habíamos acordado algo tú y yo.

Kasumi dejó los palillos a un costado de su plato y guardó silencio. Sintió una molestia en el pecho, expectante a su regaño, pero ya pensando qué responder, aun así, sintió que las piernas le temblaban, nerviosa por lo que él le diría. Pero él no habló, esperando por su respuesta. Tragó con dificultad y contuvo el suspiro, asintió apenada sin mirarlo y murmuró en un tono bajo.

—Quizás… quizás no lo hemos podido cumplir porque no hace falta —se animó a decir y lo miró hacia arriba, temerosa por su reacción. Satoru alzó ambas cejas al oírla, pero no dijo nada—ambos queremos estar juntos —dijo haciendo una mueca—no le veo lo malo a eso.

—No es el momento —se apresuró en decir, Kasumi iba a responder por lo que continuó hablando, serio—no estás lista para algo así.

Sus palabras le hirieron profundamente, no supo bien porqué, después de todo no la estaba ofendiendo, pero nuevamente su sentimiento de inferioridad salió a flote. Alzó la barbilla, intentando mostrarse segura y no llorar como lo haría una niñita.

— ¿Por qué dices que no estoy lista? —le hubiera gustado preguntar qué le hacía falta para estar con él en su lugar, pero no se atrevió. Sentía el corazón latirle deprisa, como si estuviera en una especie de entrevista.

—En tu posición, aceptarías cualquier cosa con tal de estar conmigo —era cierto, pero aun así sintió que su soberbia le molestó un poco, lo miró con el ceño fruncido, sintiendo como las palmas le sudaban de puros nervios. —Y eso no está bien, quiero que seamos iguales. No tener al lado a una persona que me idolatre y que a todo me diga que sí.

Fue una punzada al pecho oírlo. De pronto sintió que el aire le escaseaba un poco, sus miedos se hicieron reales. Ella no era suficiente para él, y él lo sabía, sentía sus ojos escocer, temía que en cualquier momento rompería en llanto y le daría la razón. Ella no estaba a su altura. Respiró profundamente y desvió la mirada, mordiendo su mejilla interna derecha, tratando de calmarse.

—Ahora no te estoy dando la razón —pudo decir después de un par de minutos en silencio, él soltó un bufido burlesco y volteó a verlo, Satoru medio sonreía. Su sonrisa no hizo más que avergonzarla, se sintió diminuta y pensó en irse, en huir llorando como la inútil que era. Pero su orgullo no la dejó moverse ni romperse en frente de él.

—Me refiero a qué harías cualquier cosa que te pida —explicó en un tono suave, notó su respiración forzosa, ella estaba alterándose y no quería que la plática se tornara así—quiero decir… por ejemplo, si te pido que lo hagamos anal… estoy seguro que me dirías que sí. —Dijo entre risas y ella se sonrojó.

— ¿Q-quieres intentarlo? —preguntó apenada—p-porque… creo que hay que hacer algunas cosas primero —susurró desviando la mirada.

— ¡Kasumi! —le regañó y ella dio un respingo en su silla— ¿ves a lo que me refiero? Lo estás pensando ¡y ni siquiera te gustaría! —suspiró derrotado y se acarició la frente—por eso quiero que madures un poco… —susurró mirándola y ella frunció el ceño— ¿uh?

— ¿Me estás llamando mocosa? —preguntó indignada y se bajó de su silla, sintiendo las mejillas sonrojadas. Él titubeó moviendo las manos, negando.

— ¡No es a lo que me refiero! —se apresuró en decir, pero no sirvió de nada.

Kasumi sentía el pecho pesado. No solo la estaba llamando una cría, también que no estaba a su nivel y que era una fan que lo idolatraba… ¿en serio dudaba así de sus sentimientos? Tenía ganas de llorar. Buscó con su mirada su vestido y lo vio junto al sillón y sin mirarlo, habló.

—Creo que es mejor que me vaya, es tarde —susurró y caminó hacia el vestido.

—Kasumi… —murmuró afligido—no quiero que te vayas enojada —susurró alcanzándola. La joven se detuvo y él detrás de ella. La abrazó a la altura de su pecho y apoyó su barbilla en su hombro— ¿estás enojada? —insistió.

—No —respondió en un hilo de voz, y no lo estaba, solo dolida y frustrada—pero es tarde.

Satoru soltó un suspiro mirando la hora en el reloj del mueble de la televisión, no era tarde, pero también creía que lo mejor era que se fuera, o terminaría follándola el resto de la tarde, contradiciéndose una vez más.

—Está bien. Te acompaño a la estación. —Kasumi asintió, y sin decir una palabra más, tomó su vestido y se encerró en el baño.

Una hora más tarde, estaban caminando por las calles transitadas de Tokio. Satoru la miraba de soslayo, la joven no había dicho nada desde que hablaron en la comida, sentía que quizás había sido muy indolente, tal vez debió decirlo de otra forma, pero esperaba que, con ello, entendiera su punto. Suspiró cansado, lidiar con mujeres nunca fue su don, pero estaba haciendo un esfuerzo con Kasumi y sentía que le estaba yendo como la mierda.

—Es él —volteó a verla cuando la escuchó, Kasumi miraba al otro lado de la calle, donde había un grupo de gente esperando que el semáforo cambiara para cruzar. —El chico de la otra vez… —murmuró viendo al joven entre la multitud, alzó ambas cejas cuando notó que él también la estaba viendo, su mirada era extraña, parecía incómodo o sorprendido por algo.

Satoru frunció el ceño como primera reacción al oírla ¿de qué chico hablaba y porqué era importante? Infló el pecho, molesto con la idea de que otro sujeto estuviera en la mente de Kasumi y buscó con la mirada, pero no sabía qué o quién era.

— ¿Qué chico? —preguntó en un tono golpeado, más de lo que hubiera querido, pero no se dio cuenta, y ella parecía muy interesada en el joven que no conocía para prestarle atención, lo que le irritó aún más.

—El de la misión de la otra vez… —susurró—seguramente lo olvidaste —murmuró en un tono acusador.

— ¡¿Eh?! —se quejó dispuesto a defenderse, pero apenas la luz cambió, Kasumi cruzó entre la multitud para alcanzar al tipo—oye ¡espera! —le tomó la mano para cruzar, sintió el pecho cálido apenas ella envolvió sus dedos entre los de él, aceptándolo.

Caminaron juntos hacia el otro lado, Kasumi miró a ambas direcciones, estirando el cuello.

—Estaba aquí… lo sé —susurró convencida—tenía el pelo negro, creo usaba una coleta.

—Uhm… lo miraste demasiado —soltó entre dientes—quizás lo imaginaste —y la idea le incomodó aún más.

—No… estaba mirándonos —murmuró insegura—parecía… sorprendido —susurró levantando la vista hacia él. Satoru alzó una ceja y se acomodó los lentes—creo que es un hechicero ¿puedes percibir o ver algo?

—Hay mucha energía maldita por aquí —explicó volteando a ambos lados—si es un hechicero, seguramente lo veremos de nuevo.

—Uhm… tal vez —comentó mirando hacia todos lados, aun buscándolo. Satoru le tironeó la mano con suavidad llamando su atención, y ella lo miró atenta.

—Vamos, es tarde —sonrió— ¿quieres un helado? —preguntó mirando hacia la otra esquina—venden un sabor buenísimo en esa heladería. Nos lo podemos comer de camino a la estación.

—Bueno —sonrió y él la guio hacia el recinto, sin soltar su mano. Kasumi miró deprimida sus manos entrelazadas, en otro momento estaría emocionada y riendo como una boba, ahora no dejaba de pensar en lo cruel que era al tocarla y darle alas de esa forma cuando hace unos minutos le había dicho que lo de ellos estaba mal.

Pero no se atrevía a enfrentarlo.


(…)


La había visto llegar junto al grupo de Kioto, pero no se acercó a saludarla personalmente, solo le sonrío y ella le devolvió la sonrisa con timidez y un dulce sonrojo. Pensó durante toda la noche, que lo mejor era evitarla esos días mientras durara el juego de intercambio, había demasiados ojos y no podía dejar que nadie sospechara de ellos.

Después de lo que habían vivido en su departamento, sentía que lo mejor era tomar cierta distancia, al menos físicamente. Ella no había vuelto a tocar el tema en los mensajes que se enviaban a diario, pero si la notaba distante y no sabía cómo abordar el asunto, después de todo la comprendía.

Soltó un profundo suspiro y exclamó alegre al saludar a sus colegas que ingresaron al salón, donde mirarían lo que ocurría en el bosque del colegio gracias a la técnica de Mei, que se habían encargado de pagar.

—Después de tantos años, al menos deberías hacernos un descuento, Mei-san —le comentó sentándose delante de ella, junto a Utahime.

—Por lo mismo, a estas alturas deberías saber que lo valgo, ¿o no lo piensas así? —le preguntó mirándolo detrás de su trenza que cubría su rostro.

—Es cierto, pero somos colegas —continuó quejándose.

— ¿Acaso salió de tu cuenta corriente? —sonrió Mei—debí pedir más.

Kasumi estaba detrás de Mei, miraba en silencio como platicaban entre Mei, Utahime y él. Se sintió aislada, y sobretodo, ignorada por Satoru. Tragó saliva y jugó con sus dedos, intentando disimular lo atenta que estaba a la plática entre los hechiceros.

—Utahime —la hechicera volteó hacia el director que entró al salón— ¿cómo sigue el director Gakuganji?

—Por favor dinos que le quedan semanas de vida —suplicó Satoru y Utahime le gritó molesta. —Tranquila, no creo que se muera. Seguramente será el último en morir —dijo haciendo una mueca de desagrado.

— ¡Lo dices como si nada! ¿Cuándo respetarás a tus mayores? —se quejó mirándolo con el ceño fruncido, Satoru solo se burló en su cara y bebió un sorbo de té.

—Deberías estar feliz, seguramente quedarás a cargo del colegio de Kioto —dijo Satoru, sonriéndole ampliamente y Utahime titubeó—aunque deberían buscar a alguien más capaz…

— ¡Maldito…! —el insulto quedó en sus labios, apretándolos con fuerzas para no perder la compostura tan temprano. Él sonrió burlesco y tuvo que controlar las ganas que tenía de darle un golpe, pues no podía.

—Ya vuelvo —susurró Kasumi con un hilo de voz, apenas audible para nadie.

Salió del salón con rapidez, sintiendo el cuerpo pesado y el pecho apretado. Ver a Mei-san hablar tan íntimamente-así le pareció-con Satoru y a Utahime-sensei con tanta confianza, le hizo darse cuenta de que él tenía razón. Ella para él debía parecer una admiradora, no era un igual como las hechiceras con las que platicaba animosamente, pero lo que más le molestó fue lo inferior que se sintió como mujer frente a ellas.

Mei era hermosa, era alta y con un cuerpo trabajado y despampanante, se maquillaba con un labial rojo e intenso, pero se le veía bien, si ella usara algo así se vería ridícula y seguramente jamás llenaría un brasier como ella. Su sensei no se quedaba atrás, a pesar que su traje de miko escondía el detalle de su figura, era fácil notar que debajo de esas telas tenía un cuerpo femenino, quizás no como el de Mei, pero si mejor que el de ella. Eran mujeres ¿y ella? Una mocosa, tal como él le había insinuado.

Entonces ¿por qué continuó sus caricias y besos? No entendía lo que pasaba entre ellos, quizás estaba sobre pensando la situación y su inseguridad no ayudaba en nada. Se sentía un poco ahogada. Pensó en escribirle a Mai, pedir algún consejo, pero lo descartó rápidamente pues pronto estarían allí con Momo para ver el juego de intercambio.

Miró por la ventana más próxima y se apoyó en el marco, sus mechones celestes se mecieron al compás de la corriente fría, intentó acomodar algunas hebras detrás de su oreja, pero desobedientes, se salían apenas lo hacía.

—No soy una niña… —susurró para sí misma—él debería saberlo a estas alturas —se lamentó soltando un profundo suspiro.

Mordió su mejilla interna y giró sobre su talón. Miró por el pasillo y notó una puerta abierta en la habitación de al lado, miró hacia el salón y luego a la puerta por la que había salido y sin pensarlo detenidamente, entró al cuarto vacío. Había algunos pupitres ordenados, olía a polvo, era evidente que no había sido usado en mucho tiempo. Su bolsillo del pantalón vibró sobresaltándola, tomó el aparato y leyó, seria, el mensaje de Satoru que le preguntaba dónde estaba, pues los estudiantes ya habían empezado a competir.


(…)


Movió su pierna repetidamente en un tic nervioso del que no se percató, miraba a cada rato la pantalla de su móvil por si se iluminaba con alguna notificación, pero eso no pasó. Sus estudiantes ya habían comenzado a buscar la maldición que liberaron en el bosque, pero él estaba más atento a un mensaje de ella. No sabía bien porqué, pero sentía que algo no andaba bien, quizás el compartir tanto con Kasumi le había ayudado a entender un poco más las relaciones sociales sin ser tan idiota, quería creerlo.

Pasaron diez minutos más y ella no respondió; tomó su móvil, ella había leído su mensaje y no le había contestado, frunció el ceño y volvió a escribir, esta vez insistiendo en su ubicación. Pasaron dos minutos o tres, cuando ella respondió que estaba en el salón de al lado. Extrañado, y sin ninguna excusa en mente, se levantó y salió del salón.

— ¿A dónde vas? —le preguntó el director antes de salir, con sus lentes oscuros no pudo ver sus ojos, y él no pudo ver los suyos por su venda, pero su pregunta le inquietó, pues en el fondo sabía que estaba mal ir a verla.

—Al baño —respondió rápidamente y salió dando pasos suaves. Retrocedió de espaldas, sin dejar de mirar el cuarto en que estaban sus colegas, asegurándose de que nadie lo vería entrar al salón supuestamente vacío.

Dio un vistazo hacia ambas direcciones y deslizó la puerta con suavidad, evitando meter demasiado ruido. Asomó la cabeza y vio a la joven observando hacia afuera desde la ventana, su cabello se movía lentamente, la luz del sol le iluminaba algunos mechones haciéndolos ver más claros. Entró suavemente y cerró la puerta detrás de sí. Ella volteó hacia atrás al oír el leve ruido, y él sonrió.

— ¿Qué haces aquí sola? —preguntó y se acercó dando largos pasos.

—No lo sé —susurró y se apoyó en el marco de la ventana—supongo que me dio un poco de nostalgia estar en un salón de clases en Tokio otra vez. —No era del todo mentira, pero evitó verlo a los ojos cuando lo dijo.

—Sí… es curioso —asintió él, parándose en frente de ella a unos 10 centímetros. Miró su pecho subir y bajar al dar un profundo suspiro y desvió la mirada—deberíamos volver…

—Uhm… —murmuró sin mirarlo—o… podríamos hacer otra cosa —susurró y giró para verlo a la cara.

Satoru alzó ambas cejas al oírla, sorprendido, pero intrigado por lo que no dijo nada y la miró expectante. Tragó en seco cuando la vio acercarse, no le costó demasiado pues se había parado muy cerca de ella. Se tensó cuando ella le abrazó y apegó su cuerpo al suyo; ya se le había hecho costumbre desactivar su infinito cuando la tenía cerca. Si el día de mañana ella decidiera enterrarle un cuchillo en el corazón, estaba seguro que se lo permitiría aun viendo la amenaza en sus manos.

Se quedó varios segundos sin saber qué hacer, pero finalmente se rindió y correspondió a su abrazo rodeando su cintura con ambas manos. El calor de su cuerpo femenino le relajó, cerró sus ojos y se deleitó con su afecto. Las manos de Kasumi se quedaron en su espalda, sujetándose de su chaqueta por unos minutos, para luego estirar sus dedos y acariciarlo en movimientos suaves y gráciles, estremeciéndolo.

Kasumi podía oír sus latidos en su pecho, eran una armoniosa melodía que le hubiera gustado grabar para dormir escuchándolo. Sus manos fueron tocando más y más firme su espalda varonil, y sin titubeos-pero nerviosa-, metió ambas debajo de su chaqueta para poder tocarlo más de cerca. Usaba una camisa, la tela delgada era molesta por lo que la fue retirando de su pantalón con un poco de dificultad.

—Oye, oye ¿qué haces? —rio él, alejándose un poco para verle el rostro, pero su sonrisa se esfumó al ver la determinación en sus ojos azules—no… —susurró nervioso, algo incrédulo al entender sus intenciones—Kasumi… —no había mucho ímpetu en su voz, quizás porque, aunque intentaba negarse a sus ocurrencias, en el fondo quería saber hasta qué punto llegaría.

Sus palmas estaban algo frías cuando tocaron su espalda desnuda aun vestida, se estremeció entre sus brazos, sintiéndose por primera vez, vulnerable. Completamente expuesto a los encantos de la joven que lo miraba seria, con rubor en las mejillas y los labios entreabiertos, exigiendo atención. Entonces ella consiguió su propósito, se puso de puntillas y estiró el cuello para alcanzarlo, y él respondió a su llamado. El beso fue suave al comienzo, pero Kasumi fue poco a poco cambiando el ritmo hasta terminar gimiendo en su boca mientras sus lenguas se tocaban y succionaban.

Ella lo fue empujando contra un pupitre, y él se lo permitió, terminó sentado en una mesa cubierta de polvo, y con ello, ella pudo besarlo sin problemas por la diferencia de altura. Él rodeó su cintura, palpando arriba y abajo, pero pronto volvió a la realidad.

—N-no —dijo cortando el beso de repente y volteó hacia la puerta, viendo nervioso por los vidrios de esta por si pasaba alguien—volvamos al… —no pudo continuar hablando cuando la vio arrodillarse entre sus piernas— ¿Ka…sumi? —susurró tenso, y sabiendo que aquello no podía darse nuevamente, y peor aún, en ese lugar específicamente cuando en el salón de al lado estaba el director Yaga y el resto de sus colegas, el pánico le sacudió los nervios, y ni así pudo apartarla.

Estaba completamente inmóvil, miró afligido-y excitado-, como Kasumi desabrochaba su pantalón y con increíble habilidad, sacaba su miembro ya medio erguido de su ropa interior.

—N-no —repitió, pero no la alejó, cuando podía hacerlo sin problemas. Era una lucha mental y física para el hechicero, porque aun con todos los nervios y la culpa abordándole, su cuerpo reaccionaba a las caricias y atenciones de ella buscando más.

Tragó en seco y cubrió su boca cuando ella chupó la punta, y ahogó cada gemido cuando ella continuó succionando y moviendo su mano. En algún punto, no recordaba cuando, terminó enredando sus dedos en su pelo y guiando el ritmo, conteniendo los gemidos y moviendo levemente su cadera, hasta que eyaculó en su dulce boca.

Respiró agitado y espantado por su propio actuar. Vio mudo como la joven se secaba la comisura de la boca con la mano, tenía las mejillas sonrojadas y el pelo revuelto por su culpa. Su propio pecho subía y bajaba sin dejar de mirarla con recelo, y cuando ella se puso de pie, sacudiendo sus rodillas y sonriéndole como toda una victoriosa, el enojo le cegó.

Se sintió estúpido, y nuevamente vulnerable por ella. Aquel mantra que se repetía constantemente, la declaración de amor y respeto profundo que le obligaba a esperar por ella, lo olvidaba rápidamente por un par de miraditas coquetas y unos besos. No podía seguir de ese modo. Aun pasmado, viéndola con un poco de rencor, acomodó su miembro y subió el cierre de su pantalón.

—Esto no está bien —comenzó diciendo con la respiración aun entrecortada y la sonrisa-burlesca para él a esas alturas-, de Kasumi se borró— ¡Te lo he dicho muchas veces! Maldita sea —desvió la mirada, molesto consigo mismo y por primera vez, con ella también.

Ya era difícil estar cerca de ella para que actuara de esa forma ¿dónde se había ido la Kasumi tímida y vergonzosa que perseguía cuando era un crío? La Kasumi que ahora le miraba confundida la sentía como una farsa. Una farsa que le complicaba la existencia. No podía estar cerca de una Kasumi que sabía lo mucho que le provocaba, jamás iba a poder contenerse si ella le buscaba, debía ponerle un alto o lo mucho que le había costado tomar una decisión sobre ella, se iría a la mierda.

—P-pero ¿no te gustó? —preguntó en un tono suave ¡Ahí estaba otra vez! La Kasumi amable y tímida, definitivamente no resultaría nada bueno para él si Kasumi resultaba ser así, inocente y bondadosa, y al mismo tiempo provocativa y femenina, no podía soportarlo. —Parecía que lo disfrutabas… —dijo mirándolo con timidez y la rabia de Satoru creció ¿se divertía burlándose de él? No era justo.

—S-sí, claro que lo disfruté ¡y por eso te aprovechas! —exclamó acusador y ella dio un brinco en su sitio cubriendo su pecho con ambas manos, como si se protegiera de él. Satoru negó molesto y derrotado, suspiró y bajó el tono de voz inclinándose para quedar frente a frente— ¿Cómo se te ocurre hacer estas tonterías? ¡el director Yaga y los demás están al lado!

—L-lo siento —tragó con dificultad, intentando contener la angustia que se arremolinaba en su garganta—yo… pensé que…

—No pensaste —le regañó y se alejó de ella, caminando hacia la salida—espera unos minutos antes de regresar a la sala—le ordenó serio, y Kasumi se quedó pasmada en su sitio.

El corazón le latía fuerte en el pecho, la vergüenza se le subió al rostro enrojeciéndolo, relamió sus labios sintiéndolos secos, y sus ojos le ardieron mientras intentaba contener las lágrimas. No era cierto lo que él le decía, claro que lo había pensado. Creyó que actuando atrevida y con iniciativa, como una mujer madura y coqueta, él se daría cuenta de a poco, que no era una admiradora ni una mocosa. Pero ahora empezaba a entender su punto, pero a la vez, sentía que estaba siendo injusto con ella.

La vergüenza fue mezclándose con culpa ¿qué pasaría ahora entre ellos? Temía que él no quisiera volver a verla, nunca le había hablado en ese tono, ni siquiera cuando se enojó con ella en el pasado por llamarlo insoportable. Había sido distinto ahora, pues le pareció que él estaba decepcionado y molesto, y no sabía cómo remediarlo.

Sus manos aun olían a su virilidad, no lograba comprender como la situación había resultado así, cuando hace unos minutos él estaba entusiasmado respondiendo a su boca en su miembro ¿qué había hecho mal? No lo había obligado ¿por qué toda la culpa caía en ella? Algo incómoda por no tener la respuesta, decidió ir al sanitario a asearse.

Esperó al menos 20 minutos y regresó al salón, donde Utahime se quejaba ruidosamente en contra de los estudiantes de Satoru, y éste se reía de ella. Al ingresar, todos voltearon hacia ella, pero ninguno dijo nada. Por un momento se sintió expuesta y que todos los habían escuchado, las mejillas se le ruborizaron apenas lo pensó, sin embargo, lo que más le afectó fue el desdén de Satoru, que al menos le pareció sentirlo. Pues él no volvió a mirar en su dirección, sonreírle ni enviarle mensajes el resto del día.


(…)


Mai y Momo llegaron por la noche al colegio, el primer día se lo habían perdido. Se sintió más acompañada al verlas, pues durante la tarde llegaron los antiguos estudiantes de Satoru, y se sintió aún más sola viendo como interactuaba con todos, ignorándola.

Miró el líquido amarillo en su vaso e hizo una mueca, no le gustaba el sabor de la cerveza, pero todos habían insistido en que ahora eran adultos-y quería creerlo con todas sus fuerzas-, por lo que no rechazó el jarrón que le entregó Kugisaki. Estaban en la sala de estar con los de Tokio compartiendo, pero no se sentía a gusto. Vio frustrada como los mayores, él y su maestra junto a otros colegas, salieron juntos a divertirse y ella estaba allí, rodeada de hechiceros de su generación, como debía ser ¡pero se sentía tan tonta! Miró su móvil esperando algún mensaje de él, pero no había nada y no se atrevía a escribirle. Tenía miedo, sentía que estaba viviendo las últimas migajas de su no relación.

—Bebe —le ordenó Mai sin mirarla—y olvida a ese idiota —le susurró.

Con un nudo en la garganta, sintiendo las pestañas húmedas por las lágrimas que a cada minuto se asomaban y se esforzaba por contener, tomó el vaso y bebió un sorbo pequeño, hizo una mueca de desagrado y volvió a beber, esta vez dando un trago más largo, oyó una celebración de fondo, no supo si de Maki o Kugisaki.


(…)


Volvió a su cuarto a eso de las 1 de la madrugada, ya había borrado la falsa sonrisa que mantuvo durante la noche acompañado de sus colegas. Se quedó de pie frente a la puerta de su dormitorio por varios minutos, temiendo-y esperando en cierta manera-, que ella estuviese del otro lado. Contuvo el suspiro y entró rápido, encendió las luces y miró decepcionado al principio, pero más tranquilo después, el espacio vacío.

Se lanzó a la cama y cerró sus ojos. La situación no podía seguir así, ya lo había decidido, no podían volver a verse a solas, debía ponerle un alto a lo de ellos o terminaría mal. Su mayor temor era que la relación avanzara cuando ella no estaba lista para eso, su actuar de la tarde se lo había confirmado. Aun así, se sentía culpable por hablarle de ese modo y no sabía cómo disculparse, porque por una parte creía que su enojo estaba bien fundamentado, pero ver su rostro desmoronarse en la congoja y que encima fuera su culpa, le carcomía por dentro.

No quería seguir pensando en su situación, se quitó la venda y la lanzó al mueble junto a la cama. Se recostó de espaldas y miró el techo, intentando mantener la mente en blanco, pero apenas apagaba sus culpas y lamentos, venía a su memoria su sonrisa triunfante y sus ojos observándole hacia arriba mientras le hacía el oral y la rabia mezclada con deseo le golpeaba nuevamente.

Lo mejor sería darse una ducha fría. Se quitó la chaqueta cansado, alcanzó a desabotonar dos botones de su camisa cuando oyó dos golpes firmes en la puerta. Frunció el ceño y pensó por unos segundos qué hacer ¿le abría y conversaban ahora dejando claro sus puntos? ¿o era mejor ignorarla y esperar hasta mañana? ¿realmente podría hablar con ella a solas en su cuarto? No podía engañarse, sabía que no podría conseguirlo sin ponerle un dedo encima.

Suspiró profundamente derrotado-y sumamente humillado-, abrió la puerta unos centímetros para pedirle que se fuera, pero antes de hablar vio el rostro de la gemela Zenin.

— ¿Uh? —soltó confundido, ella lo miraba con desagrado, más que el de Maki, tenía los brazos cruzados y una mueca en los labios— ¿Qué pasa, hermana de Maki?

—Mai —le corrigió frunciéndole el ceño—Kasumi… —dijo y él alzó ambas cejas, tensándose, sintiendo como sus mejillas se acaloraban por solo escuchar su nombre viniendo de otra persona—está en la sala, completamente ebria y ya todos se fueron a dormir, no puedo llevarla al cuarto.

Satoru abrió la boca para responder, pero varias ideas vinieron al mismo tiempo. Desde el pavor por verse sorprendido por lo que tenía con Kasumi, pero recordó rápido que ella le había contado a la gemela, por lo que estaban a salvo por ese lado; pero la idea de Kasumi ebria no le agradó para nada. Expuesta en un salón, vulnerable a cualquiera que pasara por allí ¿Por qué había sido tan descuidada e irresponsable? Frunció el ceño, pero casi al instante se respondió por qué y supo enseguida que era su culpa. Su semblante se ensombreció en segundos, si antes ya se sentía mal por haberle hablado así, saber que ella se había sentido triste por ello le hacía sentir peor.

Definitivamente debía alejarse de ella.

—No hay nadie —insistió y Satoru asintió.

Mai se hizo a un lado y caminaron en silencio al salón. Sonrió enternecido cuando la vio recostada en el sillón, con las mejillas sonrojadas y los labios entreabiertos, con un hilo de baba deslizándose en su rostro hasta mojar el cojín. Se acercó suavemente y movió unos mechones de su rostro, la admiró en silencio por unos minutos hasta que oyó a Mai carraspear la garganta. La tomó con cuidado pasando un brazo debajo de su espalda y el otro detrás de sus rodillas y sin esfuerzo alguno, la levantó del sillón. Ella se quejó débilmente, pero continuó durmiendo.

— ¿Dónde…? —preguntó mirando a la gemela, que sentía lo juzgaba con cada movimiento. Ella no respondió, pero caminó delante de él para guiarlo.

El cuarto de invitados no estaba lejos, y estuvo atento al camino por si venía alguien, por suerte, estuvieron solo los tres en todo momento. Mai abrió la puerta y encendió las luces, el dormitorio tenía dos camas ubicadas en cada extremo y un pequeño baño, en el que ella se encerró apenas entraron. Satoru miró algo confundido, le pareció que quería dejarlos a solas. Cerró la puerta con su pie derecho y caminó hacia una de las camas vacías, apoyó el cuerpo de Kasumi en su pecho mientras desocupaba un brazo para levantar las sábanas y cobijas, la dejó con cuidado en el colchón y ella abrió los ojos.

Estaban más brillantes que otras veces, pero irritados. Notó las ojeras violáceas y ligeramente hinchadas, estuvo llorando y no pudo hacer más que acariciarle la mejilla.

— ¿Me vas a dejar? —preguntó ella en un susurro y a Satoru se le tensó la mandíbula, no supo qué expresión puso, pero ella pareció entender su silencio. La vio sonreír sin ganas al mismo tiempo que sus ojos se humedecían— ¿no soy lo suficiente para ti? —preguntó mirándolo con tristeza y él frunció el ceño.

— ¿A qué te refieres? —su semblante se ablandó cuando vio las primeras lágrimas rodar por su mejilla, hizo una mueca curvando sus cejas y se apresuró en secarlas con sus dedos.

—N-no soy fuerte ni especial como tus estudiantes —dijo con dificultad entre sollozos, sintiendo un fuerte dolor en la garganta—soy pobre… no vengo de una familia importante. Soy descartable y reemplazable —susurró avergonzada y le dio la espalda.

Satoru guardó silencio por unos segundos y se sentó en la cama junto a ella, acarició su cabello, luego la corona de su cabeza con suavidad.

—Eso no es así —le dijo en un tono meloso—no digas esas cosas…

— ¿Me amas? —le oyó preguntar y su mano sobre su cabeza se detuvo al instante.

Observó sus hombros pequeños que podía cubrir con sus manos en su totalidad, su cabello desparramado como un abanico sobre las sábanas, su aroma normalmente dulce estaba mezclado con el amargor de la cerveza; podía imaginar su expresión. Sus mejillas sonrosadas, los labios amurrados y su mirada entristecida, sus azules brillando expectantes por una respuesta. Sonrió. Se inclinó sobre su hombro y lo besó suavemente.

—Te amo profundamente —susurró para ella, y solo para ella. Sintiendo el corazón latirle fuerte en el pecho, suplicando por más espacio, al mismo tiempo sus mejillas se sonrojaban como un tonto y hormonal adolescente, se rio de sí mismo. Pero la respuesta nunca llegó. Parpadeó confundido y la jaló hacia él dejándola de espaldas a la colchoneta, entonces la vio durmiendo— ¿escuchaste siquiera? —preguntó con un hilo de voz, sin dejar de admirarla con ternura y sonriéndole. Suspiró cansado—eres mi pequeño desastre ¿lo sabías?

Acarició su mejilla con la yema de sus dedos, acomodó su flequillo despejando su frente y vio sus labios entreabiertos, invitándolo. Pero los rechazó frustrado, ya había tomado una decisión y no podía arrepentirse por el bien de ambos.

Volvió a suspirar y desabotonó su chaqueta, la levantó con cuidado para quitársela, ella no despertó en ningún momento. Dejó la tela azul olvidada a los pies de la cama, desanudó su corbata y terminó desarmándola por completo, solo esperaba que ella supiera armarla después. Alcanzó a desabotonar tres botones de su blusa, vio un poco de su escote cuando la puerta del baño se abrió.

—Quieto ahí, degenerado —le escuchó decir a Mai y Satoru giró hacia ella levantando ambas manos en el aire como si le estuviera apuntando con su arma—yo me hago cargo ahora.

—Bien —dijo y se bajó de la cama, dio una última mirada a la joven y salió de la habitación.

—Ese idiota… —susurró Mai, sintiendo náuseas después de todo lo que había escuchado.


(…)


Avergonzada miró la respuesta de su maestra, suspiró y guardó su móvil en el pantalón. Le había enviado un mensaje temprano por la mañana diciéndole que se sentía mal, que la disculpara, pero había regresado a Kioto. Le había preguntado a Mai si había dicho o hecho alguna estupidez mientras estuvo ebria, para su alivio, solo se durmió.

No recordaba mucho de la noche anterior, pero su rostro decepcionado era algo que se había grabado en su memoria. Mai le había explicado que Satoru la había llevado al cuarto, y lo que le había preguntado ella lo había escuchado, más no la respuesta de él.

¿Si hubiera estado sobria, qué le habría respondido? Temía conocer la respuesta, porque en el fondo sabía qué le diría. Lo tenía escrito en su rostro.

Él no le había escrito tampoco esa mañana, sentía que no lo volvería a hacer y que tal como lo había hecho en el pasado, él simplemente se alejaría y no le daría ninguna explicación, y no estaba segura de qué pensar o sentir sobre eso.

No quería derrumbarse otra vez por él, pero ahora era tan diferente. Satoru le había dejado en claro que sí quería estar con ella, no ahora, pero algo sentía por ella… ese sentimiento ¿era tan diminuto que ni siquiera merecía una explicación o despedida? Quizás estaba siendo pesimista, y era solo una discusión de pareja.

—Pero no somos pareja —susurró ensimismada y se recostó en su cama.

Su indiferencia era muy evidente; desde que había regresado del pasado que hablaban todos los días, incluso sin tener nada qué decir, siempre había algún tema de qué reírse o platicar. El silencio entre ellos ahora era tan revelador… sentía el abdomen pesado, tenía ganas de vomitar y no sabía si era por la resaca o por el estrés emocional que le estaba causando su discusión con Satoru.

Bebió un remedio para las náuseas y el dolor de cabeza, después de una ducha rápida se acostó un momento y dejó el móvil con sonido por si le llamaban por alguna misión, lo mejor era descansar.

Pero no pudo dormir. Sentía tal angustia que le inquietaba pensar, sentir y no saber nada. Se sentó en la cama y cubrió su rostro con ambas manos, el corazón le latía fuerte y molesto, temblaba ligeramente y pronto el nudo en la garganta fue subiendo, y lo reconoció enseguida. Se levantó de un brinco y corrió al sanitario, alcanzó a levantar la tapa y vomitar, esperaba que fuera el efecto del remedio.

Respiró agitada y tiró la cadena, cepilló sus dientes y miró su reflejo en el espejo. Lucía demacrada, no entendía como su maestra era una bebedora regular y no sufría consecuencias, quizás ya se había acostumbrado.

Cuando regresó al dormitorio, notó la luz de su móvil que le alertaba por una notificación. Nerviosa y temblando, lo tomó y leyó por la barra de notificaciones el mensaje de él. Sintió el cuerpo entero tensarse, el pecho le apretó y no supo qué responder. Pensó en ignorarlo, pero cuando leyó que ya estaba en el colegio sintió los ojos humedecerse.

Él había venido a verla mientras seguía en curso el juego de intercambio, eso le alertó que no era una visita normal. La ansiedad le fue recorriendo el cuerpo, no dejaba de temblar y se le escaparon unos sollozos de pura desesperación. No quería enfrentarlo, no quería escucharlo. No quería verlo.

—Cálmate —susurró para sí misma, el celular volvió a vibrar y lo tomó rápidamente. Él pedía verla, pero en el patio. Cerró sus ojos y lo supo, lo confirmó en ese momento. Había arruinado todo.

Secó las lágrimas de sus ojos y se dio un último vistazo en el espejo, acomodó su cabello y subió el cierre de su chamarra, suspiró profundamente y salió del dormitorio.

En todo el camino sintió que le costaba separar los pies del suelo, el corazón latirle rápido, la angustia en un enorme nudo en su garganta y los ojos escocer, las palmas le sudaban y tenía la boca seca. Se quedó de pie en la entrada del colegio al verlo a la distancia, sentado junto a un enorme viejo roble.

Él pareció sentir su mirada y giró su rostro en su dirección. Se puso de pie y bajó su venda, Kasumi tembló. Inhaló profundamente y caminó hacia él, rogando, suplicando una y otra vez que solo fueran ideas suyas, que su inseguridad nuevamente le estaba jugando una mala pasada.

— ¿Cómo estás? —preguntó él con una diminuta sonrisa en sus labios, pero Kasumi la sintió falsa. Más como una cortesía, asintió desviando la mirada y él bufó— ¿no tienes resaca?

—N-no lo sé —susurró—me siento un poco mareada.

—Uhm… bebiste demasiado —le regañó frunciendo el ceño—cuando Utahime dijo que te fuiste, supe enseguida que era por eso —mintió.

Ella forzó una sonrisa y le miró apenada, entonces la sonrisa de él se borró. Lo supo… él se lo diría y no quería escucharlo, los latidos de su corazón le dolieron de repente, mordió su mejilla interna esperando qué diría a continuación, pero el silencio se prolongó por un par de minutos, hasta que él suspiró ruidosamente mientras se rascaba la oreja. Sus ojos celestes viraron hacia ella, sus pestañas largas y blancas lucían perfectas como siempre y Kasumi contuvo las ganas de llorar. Le temblaban las piernas, el dolor en su vientre volvió más fuerte y entendió que no era resaca, lo suyo era un dolor emocional.

—Kasumi… —«no lo digas, por favor no lo digas», pensó mientras se preparaba mentalmente—tenemos que tomar distancia —dijo serio y Kasumi contuvo la respiración.

— ¿Cómo tomar distancia? —preguntó con la voz débil— ¿es por… lo de ayer? —sintió las mejillas sonrojarse por la vergüenza, porque ahora ya no veía con orgullo su actitud de tomar la iniciativa, ahora estaba avergonzada y sentía mucha culpa. Se abrazó a sí misma, protegiéndose inconscientemente—no se volverá a repetir… —susurró mirándolo afligida.

—No es solo por lo de ayer —respondió desviando la mirada hacia las hojas del árbol más próximo que los cobijaba con su sombra—ya te lo había dicho antes, no podemos estar juntos ahora. Lo mejor es que no nos veamos a solas.

— ¿Qué? —pudo decir confundida ¿qué significaba? ¿qué significaba para ellos? Satoru volteó a verla, lo vio tragar y mover el pie una y otra vez, él quería terminar con lo que había ido a hacer rápido y Kasumi se sintió como un mero trámite.

—Esta es la última vez que nos vemos a solas —reiteró, pero en un tono sereno, tratando de no sonar cruel ni egoísta. El rojo de sus mejillas se esfumó, de pronto la vio pálida y sus ojos azules se veían más oscuros, como si ese brillo de admiración por él se hubiera ido, y la idea le pesó en el pecho, apretándole dolorosamente. Relamió sus labios y le sonrió, intentando parecer amable—puedo ofrecerte mi amistad por ahora.

El cliché, la desfachatez… la facilidad con la que soltó aquella estupidez le dejó atónita. Lo miró boquiabierta, sintiendo como los ojos se le humedecían, pero contuvo las lágrimas que le ardían los ojos. Infló su pecho y negó, meciendo sus mechones que rodeaban su rostro. Satoru la miró incómodo, o eso le pareció, ahora no podía dejar de pensar si él siempre la vio de esa manera, como una molestia y la idea le hizo temblar.

—N-no —negó nuevamente—no quiero tu amistad —susurró—yo te amo —dijo con la voz entrecortada y él agachó la mirada, se sintió ignorada, pero continuó hablando—estoy cansada… de esa estupidez de esperar.

—No nos veremos a solas de nuevo —repitió enfático y alzó la barbilla, con el semblante serio y determinado, sintiendo el cuerpo entero tenso por estar esforzándose en mostrarse seguro de lo que estaba haciendo, cuando en el fondo solo quería disculparse y abrazarla.

Kasumi separó sus labios, pero tardó varios segundos en procesar lo que estaba pasando y lo que diría a continuación. Su pecho dolía, un peso y apretón al mismo tiempo le auguraba que lo de ahora era la punta del iceberg, que lo más doloroso estaba por venir.

—Entonces… se acabó —susurró y se extrañó por no tartamudear, de oír su propia voz tan calmada, por un segundo creyó que no había sido ella la que había hablado. Lo miró esperanzada de que él mostrara un poco de dolor o arrepentimiento al soltar aquello, pero Satoru simplemente asintió conforme y Kasumi se hundió aún más en su dolor.

—Puedes contar conmigo para lo que sea —dijo en un tono bajito, condescendiente que a Kasumi le irritó. Levantó la mirada hacia él, con el ceño fruncido y las mejillas rojas de rabia. El despecho fue inmediato, ver su actitud relajada y amistosa le dio asco ¿por qué no sentía nada más? ¿no estaba triste? ¿solo era ella la estúpida que le dolía toda esa mierda? La inseguridad nuevamente le habló, y sentirse insuficiente e inferior para él ya se había vuelto una constante.

—Vete —dijo entre dientes y él alzó ambas cejas al oírla—no… no quiero volver a verte —dijo con la voz entre cortada y él suspiró.

— ¿De verdad? —preguntó alzando una ceja— ¿Quieres que sea de ese modo? ¿No estás siendo infantil? —su tono de voz le pareció una burla.

O tal vez era ella lo que le causaba gracia, una chiquilla idiota que pensó que podía tener algo con alguien como él. Su luz nunca le alcanzaría, personas como Satoru Gojo no caminaban entre los corrientes como ella. El despecho le dio la mano al rencor, miró con rabia al hombre que amaba tanto y ahora sentía que le odiaba un poquito, la angustia no le dejaba pensar con claridad. Pero de lo que sí estaba segura era de que estaba molesta y dolida, muy dolida.

—B-bueno… eso soy ¿no? una mocosa —dijo en un tono hostil, alzando la barbilla intentando mostrarse orgullosa, cuando en el fondo quería rogarle que no la dejara, que iba a mejorar, pero la poca dignidad que le quedaba la orillaba a actuar así al sentirse vulnerable y miserable.

—Bien —suspiró cansado—me decepciona un poco tu actitud infantil… pero si eso es lo que quieres, lo respeto —soltó sin mirarla, rascándose mejilla con nerviosismo.

—No quiero saber de ti nunca más —él se rio y Kasumi se sonrojó, sus burlas solo la hacían sentir más estúpida—vete.

—Bueno… es un poco difícil que no sepas nada de mí, soy Satoru Gojo después de todo —dijo con su arrogancia natural, encogiéndose de hombros—pero no volverás a verme si es lo que quieres —susurró eso último.

—Largo —dijo Kasumi desviando la mirada y él asintió, pero no se movió. Volteó a verlo con el ceño fruncido, él la miraba a los ojos, hacia abajo por la diferencia de altura evidente entre ambos, pero para ella fue un desprecio más— ¡Lárgate! —le gritó con las manos empuñadas y él volvió a asentir, pero esta vez giró sobre su talón y se alejó lentamente.

Kasumi lo miró irse con un nudo en la garganta, y mientras lo miraba con el ceño fruncido y las lágrimas caían una tras otra sin darse cuenta, se repetía una y otra vez «vuelve… da la vuelta… vuelve, no me dejes…vuelve, por favor». Vio su espalda cada vez más diminuta mientras se alejaba, su vista se volvió borrosa y no supo en qué momento se le perdió de vista, secó rápido las lágrimas pensando que él seguía allí, pero no había rastros de Satoru Gojo. Sollozó silenciosa y se derrumbó en el suelo.

—Al menos esta vez me lo dijiste a la cara —susurró temblando, viendo el paisaje desolado mientras el viento sacudía su cabello.

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N/A: Holisssss, tanto que decir sobre este cap. Principalmente, este quedó más largo porque habían muchas escenas que debían pasar antes que ocurra el quiebre definitivo, que espero de verdad, haberlo plasmado bien. Los próximos cap vuelven al largo de siempre espero.

Sobre Miwa... uff, qué decir? ella peca de insegura, los celos, la inferioridad que siente el incluso pensar en rogarle, todo es porque se siente inferior y cuando no se trata, pasa este tipo de cosas, afectan aun más un rompimiento, pues la culpa la siente toda sobre ella y para protegerse, resiente un poco a Gojo. Alguien una vez me comentó que no entendía a Gojo, porque no estaba con ella, y espero que haya quedado claro en este cap. Él la ve inmadura emocional/mentalmente, y tal como está ahora miwa, ella aceptaría cualquier cosa con tal de darle en el gusto o estar con él, y no es justo. Creo que es un acto de amor de su parte el dejarla ir, pero obvio, es un idiota, no lo hizo de la mejor forma. Por eso siente culpa cada vez que cae en los encantos de miwa, la desea, pero sabe que está mal, en cierta forma cree que se aprovecha de ella.

Y bueno, se terminó su historia de amorsh, al menos la primera parte hahaha, ahora habrá un salto de tiempo, no muy largo, y algunas cosillas del canon del manga, así que habrá spoilerss,

Espero leernos pronto y que les haya gustado el cap, gracias por leer y dejar rw!

Nos leemos!