.-.-.


.

.

.

Capítulo 11

Declaración de triunfo

.

.

.

Percibió la duda en su postura, la notó tensa apenas la siguió, pero ahora parecía titubear, sin embargo, continuó caminando sin mirar hacia atrás. Contuvo el suspiro, miró su cabello menearse como si buscara hipnotizarlo, sonrió al pensarlo y la siguió en silencio. La miró de soslayo, parecía seria y calmada, pero la conocía. Incluso después del tiempo que pasaron separados, podía notar que estaba incómoda con su presencia. Y aunque le dolía, prefirió pensar con positividad, pues una reacción era mejor que la indiferencia y por mucho que ella intentara ignorarlo, no era ajena a su presencia.

— ¿Qué quiere? —preguntó sin mirarlo. Satoru alzó ambas cejas al oír su tono formal, medio sonrió— ¿Por qué me sigue? —continuó diciendo, y a esas alturas su seriedad le incomodó. Hizo una mueca en los labios, pensó en tomarle el pelo, pero su actitud distante le alertaba que no era el momento.

—Ya te lo dije… —susurró acercándose para caminar a su lado—hablar… creo que llegó el momento de que hablemos —dijo sonriendo con timidez. Ella detuvo su paso de repente, sorprendiéndolo y volteó a verlo con una máscara de seriedad e inexpresividad. Tragó en seco, y aunque se sintió intimidado por esta Kasumi fría, no borró su sonrisa boba.

—Lo siento, no tengo nada que hablar con usted —respondió, le dio una pequeña reverencia y continuó caminando.

Satoru se quedó pasmado. Por un momento recordó la formalidad con la que lo trató cuando le conoció, pero ni en ese momento fue tan distante. Volvió a tragar, incómodo y la siguió rápido hasta alcanzarla. Soltó una carcajada armoniosa y habló.

—Oh ¡Vamos! —exclamó sonriéndole—estamos solos, dime Satoru —dijo en tono de berrinche, haciendo un mohín infantil en los labios. Ella frunció el ceño, por segundos solamente, pero él lo notó pues no dejaba de observarle, casi como un animal a su presa.

—No —respondió alzando la barbilla, sin mirarle—no existen las confianzas como para eso —la sonrisa amable que se había formado en sus labios, mutó a una maliciosa, exhibiendo sus colmillos y sintiendo como su desprecio le tocaba en su ego masculino, habló.

— ¿En serio? —dijo con sarcasmo—te conozco desnuda… ¿y no hay confianza entre nosotros? —preguntó alzando una ceja sin dejar de sonreírle.

Pero esa sonrisa para Kasumi fue una burla. Un recordatorio humillante de lo que permitió que pasara solo por estar con él. Sus mejillas se sonrojaron por la vergüenza y la rabia, lo miró enojada, con el ceño fruncido y sintiendo que, si no se calmaba en los próximos segundos terminaría perdiendo la serenidad y actuando como una loca. Por lo que respiró profundamente, alzó la barbilla intentando no verse-ni sentirse-más pequeña de lo que era en comparación a Satoru.

— ¿Qué quiere? —preguntó entre dientes y Satoru se rio nervioso.

—Lo siento. Me pasé —murmuró apenado, rascándose la cabeza—pero, de verdad que necesito hablar contigo. —El silencio que le siguió a sus palabras le tensó. Se le revolvió el estómago esperando una respuesta, Kasumi continuó caminando por al menos dos minutos, quizás pensando si le daba o no en el gusto. Se detuvo en seco y volteó a verlo, el rojo en sus mejillas ya se había esfumado, pero en su mirada seguía habiendo hostilidad. Relamió sus labios y le sonrió tímido—por favor. —Suplicó en un susurro.

—Bien —dijo y él suspiró aliviado—dígame.

—Aquí no, ven —respondió mirando a los lados y antes que pudiera responder, le tomó la mano y la jaló.

— ¿Qué-qué está…? —su voz se fue apagando en su garganta al sentir la calidez y suavidad de la mano de Satoru. Su pecho se apretó mientras veía sus manos ¿qué no hubiera dado porque él la tomara así antes? ¡y en los pasillos del colegio! Cualquiera podía verlos ¿Por qué ahora no era un problema? El dolor en su pecho fue bajando a su abdomen, sintió las tripas revueltas y pronto la cercanía del hechicero le incomodó al mismo tiempo que la culpa y vergüenza.

Intentó romper el agarre varias veces, pero su fuerza no era rival para el gran Satoru Gojo. Permitió que él la llevara afuera del colegio, caminaron en silencio hasta adentrarse en un bosque que rodeaba el patio trasero. El viento era bastante fresco, se estremeció cuando una brisa le sacudió el pelo y terminó abrazándose con el brazo libre mientras miraba a su alrededor. Estaba oscuro, la iluminación de la cancha donde entrenaban los estudiantes no alcanzaba a cubrir todo el terreno del establecimiento. Cuando se detuvieron, ella le quitó su mano como si él fuera un peligro del que debía huir, y en cierto modo se sentía de esa forma. A solas con él, le costaba mirarlo a la cara; trató de concentrarse en otras cosas como en la curiosidad que sentía por oírle. Si bien, no quería relacionarse con él, no podía engañarse.

Después de alejarse por tanto tiempo ¿qué podía querer? La ansiedad era imposible de controlar bajo esa premisa. Estaba convencida de que había aprendido a lidiar con su rechazo, y estaba por olvidarlo. Cada vez era más fácil no pensar en él ni sentirse apenada por lo que hizo en el pasado, pero no podía ignorarlo para siempre y no porque no tuviera ganas de hacerlo, sin embargo, sentía que actuar de esa manera era un llamado de atención para sí misma, que le recordaba constantemente que no había dado vuelta la página del todo. Por lo que aparte de la curiosidad que sentía por escucharlo, también era una prueba para ella y estaba nerviosa por aprobarla.

—Primero que nada… —partió diciendo con torpeza apenas se soltaron de las manos, estaba casi ahogado por las palabras y no quería asustarla o aburrirla. Sentía que cada segundo que pasaba podía jugarle en contra. Kasumi se abrazó a sí misma mientras lo miraba con desconfianza—… quería pedirte disculpas —susurró en un tono dulce, que en otro momento la habría derretido, pero ahora le pareció una broma. —Sí te hice sentir mal… de verdad lo siento —tragó en seco y la miró.

Kasumi tenía el ceño fruncido, los labios entreabiertos y lo miraba con incredulidad. No era el escenario que imaginó, pensó que ella le sonreiría apenada e incluso emocionada, que también se disculparía por reaccionar así y le diría que lo había extrañado. En cambio, parecía que en cualquier momento lo miraría con desprecio y se reiría en su cara por su incredulidad. Le sudaron las palmas de nuevo y se las secó con disimulo en el pantalón, para luego quitarse los lentes y así ella pudiera ver el amor con que la observaba. Que no bromeaba, que lo que le confesaba era real.

— ¿Disculpas? —repitió sin interés, asustándolo. Se le formó un nudo en la garganta y le miró angustiado, sacando un escudo imaginario para protegerse de sus palabras— ¿5 años después? —se le escapó una sonrisa diminuta, pero no de alegría, lo notó enseguida. Era sarcasmo.

Esa no era su Kasumi. Era una mujer diferente que usaba un disfraz de ella y lo atormentaba con su bonita figura y dulce tono de voz. No podía ser ella.

—4 y medio —le corrigió incómodo. Y ella se encogió de hombros— ¿uh?

—Da igual —dijo calmada, desviando la mirada—ya pasó —murmuró restándole importancia y giró sobre su talón dando como finalizada la plática.

Satoru contuvo el aliento ¿lo iba a dejar allí botado? Después de disculparse por lo que dijo ¿de verdad esa era su reacción? ¿Qué daba igual? Si daba igual ¿por qué no quiso verlo por tanto tiempo? No lo comprendía. Su ego se lo gritó, ella estaba actuando con desinterés a propósito, no era posible que sus palabras no tuvieran ningún efecto en ella aparte de la burla ¿verdad? Volvió a tragar con dificultad y tomó aire profundamente.

—No me gusta esta actitud de niña mala y ruda —dijo frunciendo el ceño, Kasumi se detuvo al escucharlo y volteó a verlo— ¿A dónde se fue mi Kasumi amable? —preguntó en un tono infantil, tratando de suavizar el ambiente, o tener alguna reacción de su parte, cualquier cosa le servía en esas circunstancias.

—No se merece mi amabilidad, Gojo-san —respondió con calma, pero notó en sus mejillas un leve rubor que encendió su mirada y él sonrió triunfante—y no era suya —susurró incómoda.

Satoru sonrió, mostrando su perfecta dentadura y negó meciendo su cabello. Ella le miró molesta, sintiéndose incómoda por su actitud burlesca y arrogante ¿por qué antes admiraba todo de él? Ahora podía verlo con todos sus matices, y lo que más detestaba era cuando se burlaba de ella. Tal vez por su constante sentir de inferioridad, sus risas solo servían para recordarle lo ilusa y estúpida que fue por dejarle tomar todo de ella sin siquiera recibir un ápice de amor que entregó.

—Claro que sí —respondió medio sonriendo, acercándose a ella en pasos lentos como si la depredara y ella retrocedió con calma—me lo susurraste muchas veces al oído.

La ira se le subió al rostro, mezclada con la vergüenza. Las palabras quedaron estancadas en su garganta, al mismo tiempo que su cuerpo temblaba y no sabía si se debía al frío o a la rabia. Muchas ideas pasaron por su cabeza, qué responder o qué hacer, pero al ver su actitud triunfante y arrogante, comprendió que no serviría de nada. Que nunca podría hacerle frente a Satoru, en ningún ámbito y terminaría más desgastada que nada. No entendía por qué se esmeraba en hacerla sentir así, diminuta. Tal vez no lo notaba, era tan grande y avasallador que no se fijaba en lo que provocaba en personas como ella. Pero ya había tenido suficiente ¿qué más quería de ella? Apenas se lo preguntó, sintió los ojos escocer. No se derrumbaría en frente de él. Se habría prometido no volver a sufrir por Satoru Gojo y llevaba una buena racha de triunfos, por lo que solo respiró profundamente y le dio la espalda dispuesta a irse, a huir.

Su sonrisa burlesca se borró cuando la vio alejarse. Se apresuró en alcanzarla y la tomó de la muñeca, ella volteó a verlo con el ceño fruncido y lanzándole cuchillos por los ojos. Abrió la boca, sorprendido pues en el tiempo que llevaba conociéndola jamás vio sus ojos tan feroces. Debía disculparse, otra vez, lo sabía. Pero ver su semblante ensombrecido y furioso por su culpa, sus labios fruncidos y sellados, percibir esa aura cargada de desprecio hacia él, le empujó a no perder más tiempo y dejar de arruinarlo todo.

—Dame una oportunidad —le suplicó en un tono varonil que la estremeció, pero supo disimular. Se tensó bajo su agarre y balbuceó confundida, pero él no le dio tiempo de ordenar sus ideas y siguió hablando—volvamos a hablar —pidió en un susurro.

Kasumi no dejó de mirarlo con incredulidad, sus ojos celestes se veían oscuros bajo el manto nocturno, pero aun así brillaban con anhelo y podían opacar cualquier mirada. El corazón le latió deprisa, otra vez por él y en ese momento la indignación junto con el enojo, que debería dirigir en contra de Satoru, lo sintió por sí misma. Él la había herido dos veces en el pasado, se humilló por él y ahora ¿le pedía una oportunidad y ella se ilusionaba? ¿podía ser más tonta? Ahora comprobaba que sí. El rubor en sus mejillas por la vergüenza no se iba, sintió el cuerpo temblar nuevamente y la rabia en su garganta le incitaba a gritar para desahogarse.

—Desbloquéame —pidió afligido—ya no me ignores… por favor —susurró e intentó acercarse más; tomó su silencio como una señal, como una invitación. Creyó que ella había bajado la guardia, que el muro imaginario contra él se había derrumbado, pero apenas dio un paso más e intentó apegarla a su cuerpo, Kasumi se alejó, escabulléndose una vez más, tironeando su brazo para que la soltara. Lo hizo apenas notó que la estaba sujetando con mucha fuerza—lo siento… —murmuró al verla sobarse la muñeca.

— ¿Por qué haría tal cosa? —cuestionó con rabia—fui clara ¿no? no quiero volver a verlo o hablar con usted y de repente ¿se acuerda que existo? ¡por favor! —exclamó indignada, iba a irse cuando lo vio negar e intentó acercarse nuevamente. Levantó su mano libre para pedirle que se detenga, y él frustrado, acató.

—No seas injusta… —susurró dolido—cumplí con lo que me pediste y no me acerqué —tragó en seco y murmuró—pero nunca dejé de pensar en ti, Kasumi.

La vio blanquear los ojos y soltar un bufido, frunció el ceño incómodo. Su actitud le hacía sentir menospreciado, y sabía lo merecía, pero le dolía de todas formas. La anheló dolorosamente todos los días y esperaba que ella también hubiera pensado en él, pero su rechazo le alertaba cuan equivocado estaba ¿siquiera seguía sintiendo algo por él aparte de desprecio? Le aterraba la respuesta.

—Déjeme en paz —susurró sin mirarlo—siga su vida tal cual la ha llevado estos años.

—No puedo —dijo tajante, llamando su atención—estás presente en mi día a día y en las noches—sonrió malicioso—nunca he dejado de estar pendiente de ti, y lo sabes. Te envíe regalos por tus cumpleaños—Kasumi desvió la mirada, incómoda—que sé no has abierto, pues uno de ellos era un celular nuevo y sigues usando el anterior—le reprochó frunciéndole el ceño—pero es asunto tuyo… te he observado de lejos —confesó y ella lo miró confundida, pero expectante. Por primera vez desde su reencuentro vio algo de interés en su mirada—porque tal como me pediste, no querías verme. Pero ya no aguanto más —susurró en un hilo de voz y rompió la distancia entre ambos.

Kasumi jadeó cuando él se apegó a su cuerpo, sosteniéndola desde los hombros para que no se alejara. Él la miraba como tantas veces lo hizo en el pasado, con deseo y lo que parecía ser afecto. Contuvo el aliento, a esas alturas su vientre era un manojo de nervios, el calor que él desprendía era adictivo. Tuvo que concentrarse en no caer rendida a sus brazos cuando olió su perfume, y tantos buenos recuerdos le asaltaron uno tras otros, y en todos era profundamente feliz junto a él.

No era justo.

Estuvo meses intentando lidiar con su rechazo. Soñando que él la visitaba y le decía que no podía estar sin ella, tal como ella se sentía y estaban juntos. Para que al despertar se encontrara llorando por seguir anhelándolo. Tuvo que tratar su problema de autoestima, entender que, porque no fuera del gusto o elección de Satoru no significaba que fuera su culpa, que simplemente no era la indicada para él, y aunque creyó que él lo era para ella, el destino quiso otra cosa. Creyó ingenuamente que ya no le guardaba rencor, pero bastó con ver su sonrisa boba y actitud relajada, refregándole su felicidad en el rostro, para que todos sus demonios afloraran.

No era justo.

Ahora… ahora venía como si nada intentando tomar lo que quedaba ¿qué clase de ser cruel era Satoru Gojo? Sintió ganas de llorar. Después de lo que le había hecho sufrir tenía la osadía de pedirle que le diera una oportunidad y ella… ella lo pensó. Por micro segundos lo pensó, pero eso le bastó para entender que no podía ceder, si permitía que él volviera a entrar en su vida, todo el tiempo que pasó intentando mejorar como persona se iría a la basura.

—Pronto cumplirás 24 —continuó diciendo mirándola a los ojos y a los labios, tragó con disimulo sin dejar de verlos, imaginando su sabor y textura—pero creo que ya podemos intentarlo ¿no te parece? —sonrió con ternura.

Las manos que cubrían sus hombros cambiaron de un agarre firme a uno gentil, y acariciaron suavemente desde sus hombros hasta sus brazos, una caricia cargada de afecto y deseo oculto, pero para Kasumi fue una burla más. Si fuera como Mai, ya le habría abofeteado y se habría ido con la frente en alto, pero era la inútil de siempre y lo único que podía hacer era mirarse los zapatos, sintiendo como el abdomen se le revolvía e intentaba contener las lágrimas de pura frustración por su debilidad por él. Relamió sus labios y sacando fuerzas que no tenía-las tenía, pero cuando se trataba de Satoru creía que no era buena en nada-, alzó la barbilla con dignidad y habló suavemente.

—Suélteme —pidió calmada. Satoru titubeó por unos segundos, pero le hizo caso. La miró atento, expectante a cualquier expresión que la delatara para calmar su ansiedad por una respuesta. Pero al ver su semblante triste, la inseguridad afloró. Hizo una mueca mientras mordía su mejilla interna. La vio ordenar su cabello detrás de su oreja y suspirar, lo miró a los ojos y no vio ese desprecio de antes, vio indiferencia. Y su cuerpo se tensó, preso del miedo le escuchó—no me parece —respondió segura—lo que hubo… ya pasó. No quiero tener nada que ver con usted otra vez. Le regresaré los regalos, no los abrí.

—No-no es necesario —pudo decir en modo automático, aun procesando su rechazo. El corazón le latía fuerte, tanto que le dolía. El nudo en su garganta era incómodo, pero no más que la angustia que le nublaba la vista. La vio reverenciarlo, nuevamente dejando en claro la formalidad y distancia entre ambos y sintió ganas de llorar. Se sintió estúpido ¿cómo llegó a pensar que ella aun estaría esperándolo? Era imposible, pero él aun así lo llegó a pensar, a esperar con ilusión. A segundos se burlaba de sí mismo pues ¿quién lo iba a amar con tal profundidad? Dejó ir a la única persona que lo admiraba y amaba en verdad, sin condiciones. Pecó de avaro. Creyó que ella siempre lo querría y estaría allí para él, siempre supo que había una remota posibilidad de que ella encontrara a alguien más, pero su ego e ilusión le hizo creer que no, que Kasumi solo tendría ojos para él. La vio alejarse sin prisa, con el corazón apretado sintiéndolo en la garganta, habló— ¡Oye!

Detuvo sus pasos con duda, pero se le hizo incómodo dejarlo así sin terminar bien la plática. Contuvo el suspiro y volteó a verlo, actuando con calma, cuando en el fondo lo único que quería hacer era salir corriendo y esconderse debajo de las sábanas y llorar hasta quedarse dormida.

— ¿Podemos ser amigos al menos? —preguntó con una sonrisa cautivadora. Kasumi tragó saliva, sintiendo el corazón latirle fuerte. Movió sus dedos con nerviosismo y negó, sabía que si le daba espacio o momentos para que se relacionaran-de cualquier tipo-, terminaría cediendo a su encanto masculino, debían mantener la distancia tal cual como estaban, era la única forma. Lo oyó bufar, sonriendo con burla y ella frunció el ceño extrañada, mirándolo confundida—entonces sigues enamorada de mí. —Soltó con soberbia triunfal y sus mejillas se incendiaron.

Apretó las manos en puño, apretó los labios y giró sobre su talón. Esta vez aceleró el paso, buscando desesperadamente alejarse de él. Satoru no tardó en alcanzarla, pero no habló, solo se rio a su lado. El calor en su rostro no se iba, si fuera más lista, le habría mentido con la misma frialdad que respondió en toda la noche, pero apenas soltó esas palabras se vio al descubierto. Le sudaron las manos, el frío que antes sintió se esfumó, sentía todo el cuerpo caliente de pura vergüenza.

—No me rendiré —dijo él en un tono suave y melodioso. Estuvo tentada a mirarlo, a detenerse y enfrentarlo, pero las ganas de escabullírsele eran más fuertes por lo que no detuvo su paso—entiendo que estés sentida conmigo, y sé que me lo merezco… pero no me detendré, Kasumi. —Su pulso se detuvo por segundos, se tuvo que recordar respirar apenas le escuchó, el rubor en sus mejillas dejó de ser por rabia o vergüenza, era por timidez esta vez, la timidez que él despertaba cuando le rondaba—a menos que me digas que ya no me amas… si lo dices, dejaré de perseguirte. Lo prometo.

Kasumi detuvo el paso. El corazón de Satoru se detuvo, se tensó en su sitio y esperó con miedo lo que ella diría. La respiración le escaseó, pero supo disimularlo. Miró angustiado su cabello que se mecía con suavidad, se le secó la garganta y los labios, pero no pudo siquiera tragar. Miró con pánico su espalda, ya pensando qué diría si ella le soltaba aquella fatídica frase.

Pero Kasumi no pudo decir nada. Mudo observó como ella retomó el camino y aceleró el paso, intentando alejarse lo antes posible de él. Se lo permitió esta vez, miró aliviado como entraba al colegio y la sonrisa se le tatúo en el rostro. Ella aun lo amaba, eso le bastaba. Podía soportar sus desplantes y frialdad, siempre y cuando al final del día ella continuara amándolo, él ya había ganado. Era cuestión de tiempo, se dijo, solo debía ser paciente y ella lo perdonaría en algún momento, y por ella podía esperar otros 14 años.

—Creo que debo averiguar cómo cortejar a una chica… —susurró ensimismado. No creía que con Kasumi bastaran las flores y los chocolates, lo haría de todos modos, pero quería estar preparado para dejar de meter la pata. No había espacios para errores esta vez, ella ya estaba harta de su estupidez, no podía darle más motivos para elegir no estar con él.

Más animado, entró al colegio y fue a su dormitorio. Estaba entusiasmado, ahora tenía el permiso-según él-, de rondarla sin esconderse y no lo desperdiciaría.


(…)


Se levantó animado, esta vez no perdió tiempo en la ducha y salió temprano de su dormitorio, esperando encontrársela antes de que se fuera. Tenía planeado incluso invitarla a desayunar a alguna cafetería vintage que conoció hace unos meses. Tal vez estaba ilusionándose con su presencia, en el fondo sabía que lo rechazaría, pero no perdía nada con intentarlo y, por el contrario, creía que le ayudaría a sumar puntos y que ella entendiera que iba en serio. La iba a recuperar.

Lo que le complicaba era saber si ya se había ido. Ella no recibía sus mensajes ni llamadas pues lo tenía bloqueado, tal vez preguntarles a los muchachos no se vería tan extraño después de todo habían compartido la misión. Frunció el ceño ¿por qué debería seguir disimulando lo que sentía por ella?

Realmente no le encontraba problema ahora. Si bien, ella aún tenía 23 años, era una adulta y no se veía tan extraño que la cortejara, era legal, se dijo. Y lo que pensara el resto de él le tenía sin cuidado. Mientras no dijera que tuvieron una historia juntos en el pasado, bastaba. Pero más que nada para no ensuciar la reputación de Kasumi.

Decidido, fue a la cocina a prepararse un té mientras esperaba por ella. Eran las 6 de la madrugada, las clases comenzaban a las 8, esperaba tener algo de tiempo para poder verla y cruzar algunas palabras. Sonrió al pensarlo.

Aún estaba deprimido por su rechazo, pero que no pudiera decirle a la cara que no lo amaba lo había ilusionado tanto como si le dijera que lo iba a pensar. A su parecer tenía posibilidades y muchas, lo principal ahora era ganarse su confianza nuevamente, poder escuchar su nombre saliendo de sus labios era su prioridad. Iba tarareando una melodía que escuchó en algún comercial de televisión, entró al comedor sonriendo y se quedó en el umbral al ver a Kusakabe sentado junto a Kasumi, bebiendo un café y comiendo unas galletas. Ambos guardaron silencio apenas lo vieron, y él sintió el corazón latirle deprisa solo por verla.

Kasumi no se mostró distante esta vez, más bien parecía triste. La vio desviar la mirada a su café y revolverlo con una cuchara como si fuera la acción más entretenida de la vida, intentando no prestarle atención.

— ¡Buenos días! —saludó con una sonrisa amplia a ambos. Su voz en tan altos decibeles incomodó al hechicero de primer grado que entrecerró los ojos al escucharlo e hizo una mueca con los labios.

— ¿Qué haces en pie tan temprano? —le cuestionó y bebió un sorbo de café.

—Bueno, podría preguntarte lo mismo —dijo con una sonrisa encantadora en los labios, sin dejar de mirar a Kasumi. Maldijo por lo bajo no usar lentes esa mañana, no creyó la vería tan pronto y quería lucir genial para ella. — ¿Qué hacen levantados a esta hora?

—Miwa ya se va —explicó Kusakabe mirándola por el rabillo del ojo—platicamos un poco antes.

—Oh, ya veo —dijo y tomó su taza y la llenó de agua hervida junto al té reposado con canela. Vio que el azúcar estaba en la mesa y se sentó en frente de ambos, como si lo hubieran invitado. — ¿Me la prestas? —preguntó a Kasumi, apuntándole a la cuchara. La joven jadeó en sorpresa y negó meciendo su cabello.

—Lo siento, la chupé —dijo avergonzada—le traeré una —murmuró dispuesta a pararse, pero él extendió su mano y tomó el mango de la cuchara y se lo quitó con suavidad— ¿uh?

—No importa —dijo sonriéndole y ella se sonrojó.

Kasumi miró apenada, como Satoru echaba 6 cubos de azúcar y luego revolvía el líquido con su cuchara. Miró de soslayo a Kusakabe que miraba el intercambio con desagrado, pero no con curiosidad por lo que supuso no se sorprendió. Era difícil ignorarlo o actuar con naturalidad si se tomaba esas atribuciones, sentía que cada sonrisa era solo para ella, que se divertía con el secreto que compartían y a ella solo le daba vergüenza y temía que dijera alguna imprudencia al lado del hechicero de primer grado.

—Anoche vi el ritual de Kasumi-chan —comenzó diciendo mirándola y ella se tensó—muy interesante ¿Cuándo lo desarrollaste? —preguntó y probó el sabor de su té desde la cucharita. Kasumi se sonrojó al verlo, en algún otro momento de su vida aquel simple gesto la habría derretido a sus pies, ahora estaba inquieta y temiendo que Kusakabe sospechara algo.

—No está completo —murmuró y contuvo el suspiro, intentando calmarse y actuar con normalidad, tomó una galleta y se la echó a la boca.

—Aun así, es bastante bueno ¿tú ya lo sabías? —preguntó a Kusakabe que parecía demasiado cansado para ser tan temprano, tenía la barbilla apoyada en su mano derecha y con la otra sujetaba su taza de café— ¿entrenaste con ella? —quiso saber, esperanzado con que hubiera sido su colega quien la guio y no otro hechicero.

—Ya lo había visto —concordó—pero lo hizo sola —dijo mirándola con fastidio, pero tanto Kasumi como Kusakabe sabían que en el fondo estaba orgulloso de ella—no dejes que se te suba a la cabeza —le regañó y ella frunció el ceño—tarda mucho en formarse y si tu contrincante es muy fuerte, no podrás contenerlo con esos anillos de mierda.

—Ya lo sé —se quejó en un tono aburrido—es mejor que me vaya —murmuró desviando la mirada, y Satoru la miró angustiado. Compartir 5 minutos y con compañía no era suficiente.

— ¿Tan temprano? —preguntó y mordió su mejilla interna—espera que algunos de los asistentes puedan llevarte a la estación.

—No es necesario —dijo sin mirarlo—tengo que hacer.

—Llamaré a Ijichi —respondió sacando su móvil y Kasumi alzó ambas cejas.

— ¡No-no lo despierte! —pidió incómoda—no es su deber ni nada, puedo irme sola.

—Deja que lo haga —habló Kusakabe—está oscuro todavía y es peligroso para una chica.

—Puedo defenderme sola —refutó frunciendo el ceño y tanto Kusakabe como Satoru, sonrieron en respuesta—es en serio.

—Lo sabemos —dijo Satoru, sonriéndole con ternura—pero dejarás más tranquilos a este par de viejos si Ijichi te lleva. Sé una buena chica ¿sí? —Kasumi se sonrojó, la vergüenza le ganó a su frustración y no pudo responder en el momento.

—E-está bien —aceptó sin mirarlos—pero no lo despierte —susurró apenada.

— ¡Excelente! —concordó guardando el móvil—entonces… déjenme compartirles de mi pastel de queso —dijo y se levantó.

—Empezamos bien el día —respondió Kusakabe aplaudiendo en la mesa, pero con calma propia de él—nunca comparte sus pasteles —le explicó sonriendo y Kasumi sonrió sin ganas en respuesta.

—Para impresionar a una chica linda, se hacen excepciones —dijo acercándose con una caja decorada con flores que sacó del refrigerador. Kasumi se tensó apenas le oyó y el calor se le fue del rostro, Satoru lo notó, la estaba incomodando y no era la idea, pero le costaba mantener la boca cerrada.

—Pierdes tu tiempo —respondió Kusakabe y Satoru lo miró atento. Dejó la tarta sobre la mesa y le quitó la caja, le faltaban un par de trozos, pero aún quedaba una buena porción para cada uno. Tragó con disimulo y miró a la joven con sospecha, había un detalle que sentía le estaba faltando y tuvo que aparentar frente a Kusakabe que el comentario no le había afectado, cuando quería interrogar en profundidad a la joven.

—Oh —soltó sonriendo, acercándose con tres platillos y tenedores— ¿no se impresiona con estas cosas? —prefirió decir, medio sonriéndole a Kasumi. La joven frunció el ceño, no molestar a Ijichi le estaba costando caro, su estabilidad mental se estaba viendo afectada, creía que saldría con un ataque de nervios si la plática entre ambos hechiceros continuaba entorno a ella.

— ¿Esta tonta? Nah… se impresiona con poco —dijo recibiendo la porción de Gojo, que iba para Kasumi, pero él se la arrebató. Satoru alzó ambas cejas y soltó un "eh" bajito y le cortó otro trozo a la joven.

—Estoy aquí —le recordó Kasumi mirándolo con indignación, Satoru le extendió otro platillo y ella le reverenció en respuesta—gracias. —Susurró sin mirarlo.

— ¿Entonces? —quiso saber, Kusakabe tenía la boca llena, bebió de su café y negó mirando a la joven.

—Las jóvenes de hoy en día no buscan maridos ni casas que mantener —respondió con desagrado y Satoru suspiró con disimulo, miró a Kasumi y sonrió divertido al verla rodar los ojos—hace 10 años fue el momento que debimos buscar esposas, ahora ninguna acepta nada más que una noche o algo casual —se quejó y chistó por lo bajo.

—Quizás si fueras más atento, podrías conseguir una esposa —le regañó Kasumi y Kusakabe se quejó mirándola con indignación. Satoru se carcajeó al verlos, le gustaba ver a su Kasumi más relajada delante de él, y sabía tenía que ver con la presencia del hechicero, pero no importaba mientras pudiera admirarla.

— ¿Qué sabes tú, chiquilla? —preguntó frunciéndole el ceño—no sabes como soy como pareja, así que no hables —le apuntó con el tenedor—para que sepas, si quieres conseguir marido. Debes ser atenta y no responder todo lo que te dicen, eso aburre. Lo que tienes de linda y femenina, lo tienes de contestadora. No recibirás propuestas si sigues así.

— ¿Y quién dice que busco marido? —se quejó ella frunciéndole el ceño—y por ese tipo de pensamientos, no te casarás. Serás un solterón toda la vida, y ni tu perro te aguantará.

—Eh… yo creo que es lindo, Kasumi-chan —dijo él apoyando su barbilla en su mano. La joven lo miró confundida al principio, pero apenas comenzó a hablar, el rubor en sus mejillas apareció—que defiendas tu opinión. El que no pueda manejar eso, no te merece.

— ¡Bah! —interrumpió Kusakabe, y Kasumi lo agradeció mentalmente, Satoru tenía la facilidad de volver cada interacción en algo íntimo y no le ayudaba en nada a mantener su máscara de indiferencia. —Tú eres de otra generación, por eso no te molesta. Y con tu apariencia y billetera, dudo termines soltero. Claro, si existe alguien que te pueda aguantar.

—Uhm… me pregunto si la habrá —susurró en un tono cantarín sonriéndole a Kasumi y la joven no pudo seguir comiendo.

Kasumi mordió su mejilla interna y se concentró en su café. Prefirió no abrir más la boca y escuchar en silencio las quejas de Kusakabe y los comentarios de Satoru. Lo miraba a hurtadillas, él parecía el mismo desde hace cuatro años y medio, no se veía mayor o más maduro, seguía risueño y relajado. No podía ver sus ojos, pero sentía su mirada fija en ella y le ponía nerviosa, se obligó a comer en silencio y con cuidado por estar siendo observada, miraba la hora a cada rato en su móvil.

Eran casi las 8 de la mañana cuando Ijichi apareció por el comedor y Satoru junto a Kusakabe le encargaron llevarla a la estación. Él, cordial como siempre no se negó, salió a buscar unos documentos y quedaron de verse en la salida del colegio.

—Gracias por el pastel, Gojo-san —dijo reverenciándolo y se levantó de la mesa. Ambos hechiceros la imitaron y los quedó viendo con curiosidad— ¿tienen clases? —preguntó, sabía que Kusakabe las tenía, era más para Satoru la pregunta.

—Sí —respondió Kusakabe—te acompaño, los chicos me esperan en el patio de todas formas —dijo rascándose la cabeza, cansado.

Satoru sonrió y los acompañó sin inventarse una excusa. Iba caminando en medio de los hechiceros, no sabía a donde mirar por los nervios por lo que optó en ver sus zapatos. A medida que se acercaban a la puerta de la salida, la corriente de aire matutino se colaba en el interior del colegio, y al salir, se estremeció al sentir la brisa fría de pleno invierno. Se abrazó a sí misma y maldijo no cargar su casaca.

—Idiota —le dijo Kusakabe— ¿cómo puedes perder tu abrigo en el metro? —preguntó molesto.

—Pensé lo recuperaría —susurró haciendo una mueca.

—Ah… por eso te atrasaste anoche —se rio Satoru y ella asintió avergonzada. Iba a sacarse la chaqueta cuando vio que Kusakabe se quitaba su abrigo café sin problemas y se lo tiraba en la cabeza a la joven. Maldijo por lo bajo, si no usara su chamarra cerrada se la habría podido entregar primero.

—Más te vale que la cuides —le amenazó, viendo como la joven blanqueaba los ojos y se la ponía sin quejarse.

Se tensó al verla usar la ropa de su colega, le quedaba grande y se veía adorable, pero la intimidad que antes le causaba gracia o ternura presenciar, ahora le molestó. Prestarle ropa a una mujer era otro nivel de confianzas, y él ya la habría cruzado con Kasumi. Pero el contexto entre ellos siempre fue romántico, ver a la joven discutiendo con el hechicero ignorándolo le pareció de mal gusto. Como si sobrara.

—Está toda vieja —se excusó Kasumi—si le pasa algo no es mi culpa —dijo alzando la barbilla.

—Mira, mocosa de mierda… —comenzó diciendo mientras la tomaba de la blusa—me la devuelves porque es de la suerte ¿me oíste? ¡si la pierdes me la pagas!

— ¡Está bien! —exclamó negando—la mandaré a la tintorería y te la regresaré. —Satoru apoyó su mano en el hombro de Kusakabe y este le miró de mala gana.

—Tus estudiantes —dijo y consiguió que soltara a su Kasumi. Los chicos miraban sorprendidos a los profesores junto a la jovencita que desconocían, pero reconocieron rápido el abrigo de su maestro.

—Ya podemos irnos, Miwa-san —sonrió Ijichi llegando junto al grupo.

—Gracias por todo —dijo a ambos y se despidió rápido. —Siento las molestias, Ijichi-san.

—No hay problema —respondió con una sonrisa amable y se alejaron bajo la atenta mirada de Satoru.

— ¿Era tu novia Kusakabe-sensei? —preguntó un chico y Satoru contuvo la respiración, la comisura de sus labios temblaron por el tic nervioso, sentía un "¡NO!" atorado en la garganta, pero el hechicero fue más rápido en responder.

— ¡¿Qué mierda inventan!? ¡vayan a dar 10 vueltas alrededor de la pista! —los regañó apuntándolos.

— ¡Eh! —se quejaron en conjunto— ¡ya me parecía que era imposible fuera tu novia! Es demasiado guapa para ti —respondió otro sacándole la lengua y Kusakabe alcanzó a darle con el puño en la cabeza.

Satoru fingió reírse mientras los veía y carraspeó su garganta, incómodo y ahogado, habló.

—Vaya… estos chicos se hacen ideas equivocadas rápidamente —murmuró metiendo las manos en los bolsillos— ¿Son ideas equivocadas verdad? —preguntó serio. Y Kusakabe lo miró alzando una ceja, al mismo tiempo que hacía una mueca de desagrado.

— ¿Qué mierda? ¡por supuesto! —exclamó molesto—aunque fuera la última mujer en el mundo, Miwa no es de mi tipo —dijo restándole importancia—es como una chiquilla tonta, no sé qué le ven.

—He… no es una chiquilla —respondió aliviado—y es muy atractiva. —soltó sin pudor, pero los nervios le dominaron cuando Kusakabe lo miró con sospecha—di-digo, es lo que dicen todos los muchachos.

—Lo sé —dijo suspirando—pero aun la veo como una chiquilla de 12-13 años —murmuró recordándola atendiendo la tienda de convivencia que visitaba con regularidad hace diez años.

—Pareciera que la ves como una hija —respondió serio.

—Nah…. —dijo riéndose—no tengo hijos, no sé cómo es eso. Creo que… la veo como una hermana menor ¡No se lo digas! —exclamó avergonzado—en fin, tengo clases. Adiós.

—Bye, bye —susurró sonriendo.

Lo vio alejarse y soltó un profundo suspiro. Bien, había conseguido desayunar con ella, pero con Kusakabe en medio no logró avanzar en su plan de conquista, pero era algo, se animó. Siempre supo que su colega no era un contrincante amoroso con Kasumi, pero los celos despertaron de inmediato ante la idea. Además, Kusakabe tenía una ventaja sobre él, a pesar de cómo se trataban, Kasumi lo mantenía en su vida y tenían una confianza distinta. Él pudo ser el primer hombre de ella, pero estaba a años luz de conseguir esa familiaridad y lo envidiaba por ello. Kusakabe se preocupaba de Kasumi a su manera, y eso le agradaba. Más tranquilo, regresó al establecimiento para buscar otra porción de pastel.


(…)


El departamento estaba vacío, sus hermanos estaban en clases, uno en la universidad y el otro en preparatoria. Suspiró cansada y se quitó el viejo abrigo de Kusakabe, se rio al ver la tela marrón y lo dejó sobre una silla. Fue directo al cuarto de baño para poder darse una ducha, pero sus pies la guiaron a su dormitorio, caminando con la mente en blanco entró y buscó entre su armario los regalos que él le había enviado en sus cumpleaños.

Su semblante se ensombreció al verlos, relamió sus labios y tomó el primero de cuatro que envío, dudó un poco, tragó en seco y lo abrió con cuidado de no arruinar el papel de regalo, miró incómoda la caja de una Tablet digital de última generación, a su lado una tarjeta de felicitaciones escrita por él. Se le formó un nudo en la garganta, al mismo tiempo que sus ojos se humedecían. De una u otra forma, ella estuvo presente en su vida en esos años ¿no? no se le enviaban regalos a alguien que no estimabas, aunque fuera un poco ¿no? suspiró y abrió los demás. Su mirada lucía vacía mientras observaba el bolso de diseñador, la caja de chocolates finos que ya estaban vencidos, una serie de pañuelos delicados, otra caja de celular de última gama del año anterior y joyas. Un set de pulseras, aros y collar de oro blanco con una flor en el centro de color fucsia. No sabía de joyas, pero tenía un ligero presentimiento que eran igual de costosos que todo lo demás.

Pero lo que la deprimió profundamente fueron las tarjetas. En todas deseándole sus mejores deseos, felicitándola y recordándole que aun pensaba en ella. No se dio cuenta cuando las primeras lágrimas rodaron por su mejilla, se sentía frustrada. Una parte quería creerle, la que se emocionaba por sus palabras, detalles y obsequios, pero la que imperaba en ella era la precavida, la que le alertaba que no confiara nuevamente en él. La había dejado dos veces ¿qué impedía que lo volviera a hacer? Ella misma se lo había dicho y debía repetírselo, su tiempo ya había pasado.

Sin embargo, había algo de verdad en sus palabras. Lo podía ver en cada tarjeta. Él no dejó de pensar en ella ¿de verdad la estuvo visitando sin que se diera cuenta? Era algo que él podía hacer y no tenía como desmentir. Dejó las tarjetas sobre la cama deshecha que había usado su hermano menor y se apoyó en el borde mientras estaba sentada en el suelo. Tal vez él tenía verdaderas intenciones en estar con ella, o quizás solo buscaba algo pasajero como antes, sin compromisos y pasar un buen rato, pero ella no estaba para prestarle su corazón otra vez. No lo soportaría, y sentía que lo de ellos ya no tenía razón de ser. Pero su mirada llena de anhelo y su voz en un suave susurro diciéndole que no se iba a rendir se le repetía una y otra vez y no sabía qué y cómo sentirse al respecto.

— ¿Hasta dónde llegarás, Satoru Gojo? —susurró viendo las tarjetas y cerró sus ojos.

.

.

.

.

.

.


N/A: De ahora en adelante, imagínense a Gojo como el meme del tipo que está en tras una puerta con flores, globos y chocolates. xDDDD fuera de broma, no es mentira xD el plan de conquista de este hombre empieza. Y, por todo el material extra que hay de los juegos y novelas, tengo claro que será muy persistente y ya me está dando risa pensarlo.

Sobre el cap, sé que Gojo merecer sufrir un poquito, pero me dio penita cuando ella lo rechaza y se queda ahí estoico, le falto la lluvia y me rompe el alma hahha aparte que Miwa no quiere ser ni su amiga xD (no es tonta, a la hora que le da confianza, cae en su red)

Kusakabe siempre me ha parecido que cuida mucho a Miwa a su manera, y pensando mucho, siento la ve como su hermana menor, aparte Miwa tiene un aire a su hermana, no sé, es mi nuevo headcanon hgahha

El cap 12 ya lo tengo listo, y de hecho he estado adelantando capítulos y me encanta hahaha

Espero no tenga muchos errores ortográficos, y nos leemos prontito!