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Capítulo 12

Plan en marcha

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Después de acompañar a su hermano menor al colegio, pidió un taxi para ir al establecimiento de Kioto. Hacía frío y ya se había resignado a recuperar su abrigo, por lo que decidió comprar uno nuevo, miraba aburrida los modelos que salían en internet y descartaba rápido los que eran más lindos por el precio elevado. Lo malo era que, por ser en plena temporada de invierno, sería difícil encontrar uno a un buen precio. Suspiró cansada, pagó el servicio de taxi apenas llegó a la escuela de hechicería y se bajó agradeciendo al chofer.

Al tener misiones más o menos básicas, que para ella no eran problema alguno, pero también para muchos hechiceros, el pago no era tan bueno como le gustaría. Por lo que intentaba hacer más de una al día para así poder tener un buen sueldo; ahora que su hermano Kano había ingresado a la universidad-ya cursaba el segundo año-, había aumentado la carga laboral para poder pagar el porcentaje de arancel que la beca de Kano no cubría. Le había prohibido trabajar a pesar de los reclamos, quería que se concentrara exclusivamente en su carrera de medicina, por lo que ahora más que nunca evitaba hacer cualquier gasto adicional a lo presupuestado.

Se cerró el cárdigan al sentir la primera corriente de aire frío, miró las nubes y frunció el ceño, probablemente llovería esa noche. Se apresuró a entrar al colegio y fue directamente a la habitación que aun usaba, entró rápido y antes de poder dejar sus cosas, se quedó viendo la bolsa blanca que había en la cama.

— ¿Qué…? —miró extrañada la bolsa, dejó su mochila en el mueble más cercano y caminó hacia su cama. Lo primero que pensó era que se trataba de alguna cosa que le dejó Mai, por lo que no se entusiasmó demasiado al tomarlo. Pero cuando leyó la marca del otro lado y notó la calidad de la misma bolsa, supo que no había sido ella—Satoru… —susurró confundida.

Abrió el paquete y alzó ambas cejas al ver el abrigo Chanel de color crema. Era precioso, tenía delicados diseños bordados por toda la prenda, era de una tela suave y se veía al mismo tiempo grueso, se quedó sin aliento viéndolo. Pero recuperó el sentido común rápidamente, mordió su labio inferior y pensó en guardarlo, sin embargo, antes de poder dejarlo dentro de la bolsa notó otra detrás de la misma, y al abrirlo encontró una chamarra negra de la misma marca. Soltó un profundo suspiro cargado de exasperación ¿cómo iba a rechazar tan lindas prendas y que más encima necesitaba? ¡se estaba aprovechando de su necesidad! Sintió sus mejillas sonrojarse, hizo una mueca con los labios y dobló con cuidado la prenda para dejarla en la bolsa.

—Debo devolvérselo —susurró deprimida mirando frustrada la ropa. Al guardar el abrigo notó un sobre pequeño entre los pliegues del papel que resguardaba la tela, lo abrió rápido y miró la pequeña nota que le dejó el hechicero.

"No me lo regreses ni lo botes. Tómalo como una disculpa por fastidiarte la otra noche, y en la mañana… y por lo que haré de ahora en adelante. Además, lo necesitas ¿no?"; se leía en el papel, en la esquina se había dibujado él mismo con un corazón al lado, y aunque quería enojarse, no pudo.

Eran esos gestos tan simples-la nota y el dibujo, definitivamente no la ropa costosa-, lo que le hacía imposible no sonreír y sonrojarse como una tonta. Se sentó en el borde de la cama, pensativa. Había pasado todo el fin de semana pensando en él, en sus palabras y en su sonrisa. Estaba decidida a no darle lo que quería, no porque quisiera hacerlo sufrir o algo parecido, sino más bien porque no iba a arriesgarse de nuevo con él.

No confiaba en él, o más bien en sus sentimientos. No podía abrirle las puertas de nuevo cuando ni siquiera sabía lo que él quería o sus planes con ella. Pero más importante, seguía muy dolida por como resultaron las cosas para ellos. Si un día la abrazaba y le decía que le importaba y al siguiente cortaba lo que tenían con la expresión más fría que le había visto ¿cómo podía asegurarle que no sucedería de nuevo? Ya no quería ni estaba dispuesta a sobre pensar y estresarse por nadie. No era su prioridad actual.

Pero sería difícil si él continuaba haciendo acto de presencia en su vida como si nada. Miró de soslayo los regalos y suspiró ¿qué más estaba dispuesto a hacer? Unos regalos costosos para él eran el pelo de un gato. En el fondo tenía curiosidad, pero sabía que, si él seguía apareciendo en su vida, tarde o temprano terminaría ganándole.

Él siempre ganaba.

Volvió a mirar las bolsas sobre su cama y se puso de pie. Luego de pasar al sanitario, vio una lucecita de notificación en su móvil, lo miró curiosa. Frunció el ceño extrañada al ver el mensaje de Mai, indicándole que habían citado a una reunión urgente a todos los hechiceros de Kioto, incluyendo estudiantes y que empezaba en unos minutos.

Pasó nuevamente al cuarto de baño y esta vez se peinó rápido mirándose al espejo y salió de su habitación. Caminó dando pasos largos y rápidos, guardó su móvil en el bolsillo de su pantalón negro, por lo que no notó el segundo mensaje que lo hizo vibrar.

Oyó el bullicio en el salón de la reunión antes de llegar al pasillo, por lo que supuso ya estaba la mayoría allí. Le dolió el estómago al pensar qué podría estar pasando, el peor de los casos sería una misión de grado especial, pero a nivel regional, más que nada por las bajas de hechiceros que resultarían de algo así.

Entró rápido al salón, estaba repleto de hechiceros que conocía y estudiantes más jóvenes sentados adelante, cerca de su maestra. Por su timidez no pensó en saludar a todo el mundo y decidió buscar a Momo y Mai, pero antes de siquiera buscarlas vio a Satoru de pie junto a Utahime, en frente de la sala. Se quedó tensa en el umbral, mirando confundida al hechicero que sonreía, pero al verla su sonrisa se amplió aún más y movió su mano saludándola.

— ¿No leíste mi último mensaje? —le susurró Mai al llegar a su lado, la tomó del brazo y jaló al rincón en donde se habían ubicado junto a Momo y Kamo.

—No —murmuró mirando al suelo—maldición, no ¿por qué no enviaste todo al principio? —le preguntó incómoda.

—Porque llegó recién —le respondió solo a ella.

— ¿Qué diablos hace aquí? —se preguntó mirándolo con recelo.

En 4 años y medio él nunca se presentó a ninguna actividad en Kioto ¿por qué de repente hacía acto de presencia? Entonces recordó sus palabras y la nota. Sus mejillas se sonrosaron ¿él estaba allí por ella? Tragó en seco y levantó la vista, Satoru estaba de pie con las manos en los bolsillos, no usaba su uniforme. Usaba una camisa oscura fuera de los pantalones también oscuros, una chamarra de cuero y sus lentes. Para variar se veía encantador y no era la única que lo notaba. Varias hechiceras estaban actuando más femeninas y risueñas que de costumbre, incluso Utahime parecía notar el furor entre sus estudiantes que el hechicero causaba.

—Vino a revolver el gallinero —susurró Mai y Kasumi medio sonrió— ¿pasó algo en Tokio? —preguntó en su oreja y ella asintió—ya me lo temía…

—Luego hablamos —pidió, Mai iba a responder, pero Utahime comenzó con su discurso interrumpiéndolas.

—Primero que nada, les pido disculpas por citarlos tan de repente —comenzó diciendo, cubrió su boca con su mano y carraspeó su garganta—lo que diré a continuación es más que nada un "boletín preventivo" —Kasumi frunció el ceño al oírla y miró a su alrededor, muchos colegas con los que había trabajado parecían igual de extrañados, mientras que los estudiantes parecían confundidos. —Hemos recibido ciertas alertas… sobre una asociación de brujos con maldiciones.

— ¿Brujos con maldiciones? —cuestionó Chiharu cerca de la profesora, pero mirando a Satoru— ¿Están seguros?

—Sí —respondió la maestra mirando el suelo—esta asociación tiene relación con el aumento abrumador de maldiciones en los últimos años. Creemos que es algo premeditado en contra de las escuelas, por lo que… de ahora en adelante, la situación es muy delicada y entendemos si alguno quiere retirarse.

Kasumi y Mai se miraron la una a la otra, le pareció escuchar que Momo le hablaba a Kamo y este respondía en un susurro. Levantó la vista hacia Satoru, su sonrisa se había borrado y por los lentes no lograba saber si la miraba, pero prefirió desviar la mirada. En la sala se levantaron varios murmullos, Utahime les pidió silencio más de una vez.

—Déjenme dejarles en claro que, a cada misión que los enviemos será de acuerdo a su grado. Solo que es necesario que sepan esto para que nos preparemos cuando algo más suceda… —susurró insegura—pueden pensarlo y si tienen algunas dudas, mi oficina está abierta para ustedes.

Kasumi miró a varios estudiantes de primero y segundo salir del salón, junto a algunos hechiceros que no conocía. Después de unos minutos, solo se quedaron su grupo y el grupo de Chiharu junto a los maestros de Tokio y Kioto.

—Las misiones siempre han sido peligrosas ¿por qué ahora es diferente? —preguntó Mai cruzándose de brazos mientras se acercaba a la maestra.

—Nos llegó información importante hace un tiempo —habló Satoru, llamando la atención del grupo—que decidimos mantener en secreto hasta comprobar su veracidad.

— ¿Y… cómo están seguros de que sea real? —preguntó Kasumi desde el fondo y Satoru la miró expectante al principio, para al segundo después sonreírle como solo él sabía hacerlo. Tragó con disimulo y se forzó a no apartar la mirada, tratando de lucir natural.

—Quién filtró la información… nos dijo dónde iban a ocurrir hechos importantes y se cumplieron. Pudimos prepararnos y afrontar la situación de la mejor manera posible gracias a esto —murmuró Utahime.

— ¿Y se sabe el origen o quién está filtrando esto? —habló Kamo con seriedad—podría incluso ser una trampa a largo plazo…

—Es cierto —concordó Momo—es bastante delicado…

—Por lo mismo debemos estar atentos —murmuró Utahime—si ven que una situación se les escapa de las manos, hablen directamente con Gojo —Kasumi alzó ambas cejas al oírla y lo miró de soslayo, él medio sonreía y sus lentes se deslizaron por el puente de su nariz justo para ver sus ojos fijos en ella.

—No tenemos el contacto —habló Chiharu sonriéndole a Satoru.

—Se los daré —murmuró Utahime—es más rápido que hablen directamente con él a que yo sea la intermediaria.

—Eviten enviarme memes ¿eh? —dijo serio—esto es para urgencias. —Soltó serio— ¡Nah! Envíenlos, pero pongan aviso para priorizar los mensajes importantes.

Kasumi soltó un suspiro y desvió la mirada de la escena grotesca que se dio a continuación, el grupo de Chiharu coqueteándole a Satoru y este reía con naturalidad, encantándolas. Utahime se despidió rápido del grupo y salió de la habitación casi huyendo de Satoru, y Kasumi le siguió de cerca.

—Creo que tendremos que ir acompañadas a las misiones —murmuró mirando a Mai— ¿quieres ser mi pareja? —sonrió a la gemela y esta alzó una ceja.

— ¿Es para que yo me ponga en contacto con él, en caso de que sea necesario? —preguntó en un tono de desagrado.

—Solo decía…—susurró apenada.

— ¿Cómo te ha ido con las misiones? —cuestionó Kamo acercándose.

—Eh… igual de siempre —dijo con desagrado—pura basura ¿y a ti como el nuevo líder del clan Kamo? —sonrió al hechicero.

—Bien… —susurró agachando la mirada—quizás… quizás debas buscar otras opciones. —Kasumi lo miró confundida, pero su atención viró rápido a sus amigas que se daban codazos mientras se reían sin disimular—bueno. Nos vemos.

—Adiós… —susurró viéndolo partir. Kamo ahora usaba una coleta baja y su cabello había crecido bastante. Su traje de líder del clan parecía fino e importante. —Eso fue raro.

— ¡Qué cobarde! —se quejó Mai mirándolo con el ceño fruncido.

— ¿Qué esperabas? ¡no iba a hablar con nosotras al lado y riéndonos! —se burló Momo.

— ¿De qué hablan? —quiso saber, pero ambas se miraron entre ellas y volvieron a carcajearse— ¿de qué me perdí? —preguntó frunciendo el ceño.

— ¡Kasumi! —al oír su voz se detuvo al instante y volteó hacia atrás con curiosidad al principio, pero apenas lo vio acercarse se lamentó de su decisión. Sus mejillas se sonrojaron abruptamente y volteó hacia Mai con los ojos bien abiertos.

—Ya las alcanzo —murmuró mirándola, Mai miró hacia Satoru y luego a ella con sospecha, asintió y jaló a Momo del brazo para alejarse, dándole espacio.

Relamió sus labios y volteó a verlo justo a tiempo, él se paró en frente de ella sonriéndole, luciendo tan hermoso y perfecto a sus ojos. Tragó saliva, miró a su alrededor y notó a Chiharu con las demás saliendo recién de la sala, por lo que si no se apuraba pronto llegarían junto a ellos.

— ¿Se le ofrece algo Gojo-san? —dijo mirándolo con calma que no sentía. Él hizo un puchero en sus labios y suspiró cansado.

—Deja de decirme así… —murmuró en un tono infantil—te dejé algo en tu pieza. No puedes rechazarlo ¿eh? Porque sé que lo necesitas —murmuró frunciéndole el ceño. Kasumi se sonrojó por la vergüenza de su situación económica en comparación a la de él, desvió la mirada incómoda y murmuró.

—Sí lo vi —acomodó su pelo detrás de su oreja y lo miró de soslayo—y esta vez lo aceptaré… por las molestias —dijo con énfasis y él se carcajeó—pero que sea la última vez que me deja cosas y entra a mi cuarto.

— ¡No prometo nada! —exclamó jovial, dejándola pasmada por su carisma—te dije que no me rendiría, así que acostúmbrate a verme seguido y a mis ofrendas —murmuró con dramatismo al final.

—Eh… debo irme —murmuró viendo que las chicas se acercaban.

—Te invito a comer —habló él y Kasumi alzó ambas cejas al oírlo, para segundos después fruncir el ceño y mirarlo con sospecha—bien… entiendo ¡debía intentarlo!

—Eso de ponerse en contacto con usted por lo de las misiones… ¿es cierto o…? —preguntó sin siquiera darse cuenta. Pero no podía evitar soltarse un poco con él. A pesar de todo lo que habían vivido, había una historia importante para ella y por mucha distancia que hubiera entre ambos y su determinación a alejarse, hablar con él le salía natural sin darse cuenta.

— ¿O es una excusa para que me desbloquees y me hables? —terminó su pregunta medio sonriendo y ella se sonrojó—siempre tan astuta… ¡por supuesto que es una excusa! —confesó sin vergüenza, sorprendiéndola—nuestro sistema de comunicación es eficiente, no necesitan mi número, pero con esta condición, tendrás que contactarme si hace falta —se encogió de hombros—o si quieres hablar de repente o salir. Estoy abierto a todo lo que quieras.

—Uhm —asintió estrechando los ojos, sentía las mejillas calientes, imaginaba que estaba sonrojada por su culpa—puedo buscar alternativas…

—Eso es cierto… pero también yo —sonrió—exigí hacer esta reunión para verte —confesó, apretándole el pecho y no supo si se debía a la emoción o a los nervios, o ambos—te ves muy linda. Como siempre.

—Basta —susurró desviando la mirada—que tenga buen día, Gojo-san—dijo al ver a Chiharu acercarse.

— ¡Satoru-kun! —le tembló el ojo cuando oyó a su colega hablarle con esa familiaridad al hechicero, se mordió la mejilla interna al verla hablarle con confianza y excesivo interés— ¿Vienes a comer con nosotras? ¡te invitamos!

—Oh, que buen panorama —dijo sonriendo—pero tengo que hacer, en otra ocasión será —respondió y Kasumi frunció el ceño ¿la había invitado a comer cuando no tenía tiempo o era una excusa para las demás? —nos vemos, Kasumi-chan.

—Adiós… Gojo-san —susurró viéndolo alejarse del grupo de mujeres que suspiraba a sus espaldas-incluyéndola-, pero ella contuvo el suspiro.

— ¿De qué hablaban? —preguntó Risa mirándola con curiosidad—salió rápido del salón diciendo que tenía que hacer y estaba perdiendo el tiempo contigo —dijo enojada cruzándose de brazos. Kasumi frunció el ceño y se mordió la lengua para no decir que de hecho a ella sí la había invitado a comer, en cambio, sonrió con falsedad y negó encogiéndose de hombros.

—Así es Gojo-san, algo disperso —sonrió—nos vemos.

—Parece que lo conoces bastante bien —murmuró Chiharu, mirándola con sospecha—siempre que viene, se acerca a hablarte.

— ¿Sí? —dijo con sorpresa—no lo había notado… ¿por qué el interés, Chiharu-san? —murmuró con inocencia.

— ¡Haru-chan quiere atrapar a Gojo Satoru! —se burló Hina y todas se rieron, incluso Chiharu, sin ninguna vergüenza por exponer sus intenciones. Kasumi las miró con incomodidad, sonrió y miró a la hechicera conflictiva de Kioto.

—Suerte con eso —dijo y se alejó rápidamente.


(…)


Chuteó una piedra sin mucho ánimo, miró a su alrededor algo distraída, cosa que se venía repitiendo todo el día. Satoru había conseguido que dudara y pensara en la opción de desbloquearlo, pero temía que consiguiera su objetivo y terminara aceptando estar con él una vez más. Habían pasado unos cuantos días solamente desde que lo vio en Tokio y ya se encontraba pensando todo el día en él. Suspiró cansada y se estremeció por el frío aire de la tarde. Cerró su abrigo y esperó a Mai que compraba café.

Les habían asignado una misión en otro estado, un pueblo rural en Okayama que apenas tenía un colegio y un hospital. Por lo que el café que encontraron no era el mejor, pero servía para defenderse del frío.

—Que bien se te ve el abrigo Chanel —le comentó mordaz al llegar a su lado extendiéndole el vaso de café.

— ¡Ya te dije que lo acepté para no comprar otro! —exclamó avergonzada—y es bonito… —susurró con las mejillas sonrojadas.

—No te juzgo —respondió mirando a su alrededor—sigo pensando que es un imbécil y está bien que no le des otra oportunidad, pero sí que sabe cómo congraciarse con las mujeres.

—Lo peor de todo… es que me hace dudar —confesó pensativa.

— ¡No caigas en su palabrería! —exclamó con desagrado y comenzó a caminar hacia el bosque, donde se habían dado los casos de desapariciones recientes—te ignoró por 4 años y medio, de repente te ve y ¿quiere intentarlo de nuevo? ¡por favor! —negó meciendo su pelo—vio que te crecieron las tetas y ahora quiere tenerte de nuevo como su perrito faldero.

— ¡Mai! —jadeó incómoda—n-no me crecieron —susurró apenada—solo subí de peso —suspiró—como sea… no planeo hacerle caso, pero es difícil ignorarlo.

—Me imagino… debe tirar como los dioses si estás dudando tanto —murmuró aburrida, pero ante el silencio de su compañera, volteó a verla con curiosidad. Kasumi estaba sonrojada y con los labios fruncidos, intentando no sonreír— ¡oh por dios! ¿lo hace? ¡¿Ese idiota folla bien?! —el rojo en las mejillas de Kasumi se extendió por todo su rostro y balbuceó nerviosa y tímida algo que no se le entendió—dios… ahora entiendo que lo pienses, es difícil encontrar un hombre guapo, millonario y que folle bien… pero es un idiota ¿realmente lo vale?

—Ya-ya no saques conclusiones —susurró apenada—no me arriesgaré con él otra vez —dijo tajante.

—Veamos cuanto te dura —murmuró cansada, bebió de su café e hizo una mueca—esta mierda sabe a tierra.

—Es lo que me preocupa —susurró afligida—aun siento cosas por él, si sigue apareciéndose así… como me amenazó que haría ¿Cuánto tiempo podré mantener esta farsa?

—Debiste decirle que salías con alguien —dijo mirando la entrada del bosque. Había un gran Torii que se alzaba con una soga de un extremo al otro con pergaminos, que ya no conservaba ningún tipo de ritual.

—No se me ocurrió —susurró haciendo una mueca— ¿es muy tarde para que se lo diga?

—No, pero dudo que puedas mentirle ahora —dijo, se agachó y dejó el café en el suelo junto al Torii y conjuró la barrera en susurros.

—Si… lo sé —asintió imitándola—y los idiotas con los que he salido no me convencen —susurró apenada.

—Quizás has salido con idiotas incorrectos —comentó entrando a la barrera. —Deberías probar con algún idiota que conozcas… no lo sé —se encogió de hombros—Kamo es guapo y es líder de uno de los 3 clanes.

— ¿¡Kamo-san!? —exclamó avergonzada—no-no podría —se rio bajito—es guapo… pero no lo sé—se encogió de hombros—somos muy distintos.

— ¡Ah! ¿Y Satoru Gojo es muy parecido a ti? —preguntó con sarcasmo, Kasumi la miró con el ceño fruncido—no seas tonta y dale una oportunidad… claro que ser la madre de futuros herederos de un clan no se lo recomiendo a nadie…—susurró ensimismada.

— ¿Darle una oportunidad? Si ni siquiera hemos hablado de algo así —se rio nerviosa.

—Eres muy lenta para estas cosas ¿Cómo es que conseguiste follarte a Gojo Satoru? Me imagino que él tomó la iniciativa… —la miró de soslayo y ella asintió apenada—le interesas a Kamo, pero también es muy lento.

— ¿Tú crees? —preguntó asombrada—siempre ha sido muy educado y amable a su manera…

—Intenta ser más coqueta con él, y te aseguro que te invitará a salir —sonrió, Kasumi iba a responder cuando ambas sintieron la energía de la maldición aproximarse.

—Esto es… —susurró alerta con una mano en la empuñadura de su espada—es fuerte.

—Uhm —Mai alzó su barbilla y miró a su alrededor, dio un paso con cuidado de no hacer demasiado ruido—terminemos rápido, ya me quiero ir de este pueblo de mierda.

— ¡Cuidado! —gritó Kasumi cuando vio un destello negro aproximarse a gran velocidad a Mai. La gemela tomó su arma con rapidez y volteó hacia atrás, pero la maldición le atravesó el costado izquierdo haciéndola caer— ¡Mai!

—Ve-ve tras él —balbuceó y tosió sangre, asustándola.

—No-no —negó—no puedo dejarte aquí—Mai iba a quejarse, pero volvió a toser sangre y terminó desmayándose. —No… no, Mai… ¡mierda! —exclamó entre lágrimas y tomó su móvil, los dedos le temblaban, toda ella temblaba, y al borde del llanto marcó a Utahime.

Alcanzó a escuchar tres tonos cuando vio el destello negro aproximarse, y furiosa, dejó caer su celular al suelo y esperó al ente con su mano en la empuñadura de su espada y sus pies firmes en el suelo, activando su dominio simple. Para su suerte, el ser cayó por completo en su técnica y no tardó en exorcizarlo. Miró enojada como la maldición desaparecía y la barrera se bajaba. Por estar platicando de estupideces bajaron la guardia, estaba frustrada, pero, sobre todo, asustada.

—Mai… resiste —susurró llorando, limpiándole la barbilla y la boca con un pañuelo. Escuchó la voz de su antigua maestra a lo lejos y recordó su móvil. Gateó rápido a buscarlo y respondió angustiada— ¡Utahime-sensei! —exclamó entre sollozos—Mai está herida… sangra mucho.

—Dios… llévala al hospital más cercano mientras —murmuró insegura—contactaré a Gojo.

—No-no… —susurró confundida—la maldición ya la exorcicé, no hace falta —murmuró mirando a Mai—la llamaré cuando esté en el hospital. —No esperó por una respuesta y colgó. Miró a su compañera y tragó saliva, se quitó el abrigo y desabotonó su blusa, se la quitó con torpeza, y la envolvió en la herida haciendo presión intentando detener la hemorragia, la tela enrojeció apenas tocó el cuerpo inerte de Mai—resiste… por favor—susurró y se puso el abrigo. Con mucho esfuerzo, la subió a su espalda y salió del bosque arrastrando los pies, necesitaba buscar ayuda.

Estrechó los ojos cuando vio las luces de un auto a lo lejos, no dudó y se paró en medio de la carretera, forzándolo a parar.


(…)


Estaba cansado, recién había llegado de un vuelo nacional desde Akita y lo único que quería era acostarse. Al llegar a su habitación, encendió las luces y dejó la comida rápida que había comprado de camino al colegio sobre la mesa. Bostezó ruidoso y fue al cuarto de baño a darse una ducha rápida, al salir con la toalla envuelta en la cintura escuchó el tono de su móvil por trabajo. Hizo una mueca ¿más misiones a esa hora? Suspiró, era el precio por ser el hechicero más fuerte.

Caminó con pesadez y tomó el aparato, miró extrañado el contacto de Utahime y contestó la llamada, no alcanzó a hablar cuando la profesora de Kioto le gritó histérica.

— ¡Gojo! Busca a Maki-san y llévala al hospital de un pueblo de Okayama, te enviaré la dirección —Satoru frunció el ceño confundido, iba a pedir más detalles, pero Utahime se adelantó—Mai está herida y Miwa la llevó al hospital de allí, ha perdido mucha sangre y no tienen para transferirle.

—Voy —respondió y colgó.

Se vistió con rapidez y salió de su habitación, le dio un último vistazo a su comida y suspiró. No recordaba qué habitación era la de Maki, por lo que tuvo que preguntarle a Nobara. Dos minutos después se encontró nuevamente caminando por esos pasillos que tantas veces transitó cuando tenía 18 años para escabullirse al cuarto de Kasumi. Sonrió al pensarlo, pero borró su sonrisa rápido al recordar la situación. Al llegar al dormitorio de Maki, golpeó bruscamente la puerta varias veces.

— ¡¿Qué mierda?! —exclamó molesta abriendo la puerta —¿Satoru? —preguntó confundida. La joven vestía un buzo holgado y parecía prepararse para dormir.

—Debemos salir ahora —dijo tomándola del brazo.

— ¿Qué? ¿qué pasa? —preguntó frunciéndole el ceño, él volteó a verla con el semblante ensombrecido y ella ablandó su expresión— ¿Qué ocurre?

—Tu hermana… —dijo en tono suave, el rostro de Maki palideció solo por nombrarla—está herida, necesita una transfusión de sangre ahora.

—Mai… —susurró afligida, parecía ida y no reaccionaba. Satoru tuvo que zamarrearla desde el brazo para que volviera en sí— ¿Do-dónde está?

—Vamos —dijo y ella le siguió de cerca.

Revisó la ubicación que Utahime envió y preparó el círculo en el suelo del patio para poder ir rápidamente donde las jóvenes hechiceras. Pudo enviar a Maki sola, pero supuso que Kasumi necesitaba apoyo en ese momento. Ambos entraron el círculo de conjuros y en segundos fueron transportados detrás de lo que parecía ser un centro de hospital. Era pequeño, de una sola planta y no alcanzaba a cubrir toda la cuadra. Naturalmente no tendrían banco de sangre en la instalación.

—Vamos —murmuró—llama a Kasumi, pregúntale dónde está —dijo sombrío, pensando en lo fácil que habría sido si él lo hubiera hecho.

Miró en silencio como Maki llamaba a su Kasumi mientras entraban al recinto. Se acercaron al mesón para pedir información mientras la gemela esperaba que contestaran.

—Disculpe —comentó Satoru a una señora de avanzada edad que lo quedó viendo con sorpresa. No usaba sus lentes y todavía tenía el pelo húmedo— ¿ingresó una joven gravemente herida?

—Si-si —asintió—está en urgencia ¿son familiares? —preguntó mirando a Maki, justo en el momento en que le contestaron la llamada.

—Es su gemela —explicó mirando a Maki—nos informaron que necesitaba una transfusión de sangre.

—Sí, ven por acá —murmuró poniéndose de pie. Maki estaba pálida, sus rasgos mostraban su excesiva preocupación y fue allí que Satoru no pudo evitar sonreírle. Por primera vez la seria y mal humorada hechicera mostraba algo más que desdén o aburrimiento.

— ¿Dónde está Kasumi? —le preguntó antes de que el personal de salud se la llevara.

—En la sala de espera en Urgencias —explicó y se perdió en el pasillo junto a un paramédico.

Suspiró cansado y se peinó con los dedos mientras caminaba siguiendo las indicaciones. Volteó por un pasillo largo hasta llegar a la sala de espera, donde había al menos cinco personas sentadas en asientos separados y entre ellos, ella. Sonrió enternecido al verla, Kasumi estaba usando el abrigo que le había obsequiado, su cabello estaba desordenado e incluso a la distancia pudo notar que estuvo llorando. Caminó rápido hacia ella y se paró en frente, llamando su atención. La joven levantó la vista y desvió la mirada. Debajo de sus ojos tenía unas ojeras enrojecidas e inflamadas, sus mejillas sonrosadas y parecía más pequeña de lo que era al estar encorvada en su asiento. Se sentó a su lado en silencio, con las manos en los bolsillos de su chamarra y murmuró mirándola de soslayo.

— ¿Dijeron algo los doctores? —preguntó en un tono amable.

—El doctor —corrigió sin mirarlo—solo hay uno de turno… —susurró con rencor—no saben… no saben si pueda salvarse. —Dijo y ahogó un sollozo.

—Esperemos que puedan estabilizarla con la sangre de Maki y la llevaremos con Shoko. Todo saldrá bien —dijo sonriéndole y le acarició la corona de su cabeza con timidez, pero al ver que ella no se alejó, la tocó con más confianza—así que quédate tranquila.

—Gracias por traer a Maki-san… —susurró apenada—yo…no supe qué hacer. Quizás si no hubiera sido tan orgullosa… —sintió el nudo en su garganta, que le incomodaba tragar. Relamió sus labios y se cubrió el rostro con una mano, evitando que viera sus lágrimas.

Lo pensó mucho en ese momento en que la llevaba al hospital. Si tan solo hubiera esperado en ese sitio por Satoru, Mai ya estaría bajo los cuidados de Shoko, pero como no quería verlo ni tener nada que ver con él, prefirió la medicina tradicional. Grande fue su sorpresa cuando llegó al "hospital" del pueblo, pues no alcanzaba a ser un centro de salud local. Era solo un edificio con muchas salas y poco personal; ahora Mai estaba el peligro, no recibió primeros auxilios como correspondía. Aunque ya habían detenido su hemorragia, seguía sintiéndose culpable por su salud.

—Tranquila —dijo y bajó su mano desde su cabeza hasta su cabello, para finalmente llegar a su espalda y acariciarla con suavidad, alzó ambas cejas al ver la mancha escarlata— ¿tú estás bien? —preguntó serio—tienes sangre en el abrigo.

—Oh… se ensució cuando cargué a Mai… —murmuró volteando hacia atrás—se arruinó… espero puedan sacar la mancha en una tintorería —dijo sombría, pensando en lo difícil que es limpiar sangre seca.

—Bótalo —dijo restándole importancia—te traeré uno nuevo —Kasumi lo miró por unos segundos y negó desviando la mirada—no saldrá la mancha ¿quieres el mismo?

—No-no es necesario —dijo sin mirarlo—se puede limpiar.

Satoru iba a responder cuando sonó su móvil. Lo tomó con curiosidad y alzó ambas cejas al ver el nombre de Maki en la pantalla.

— ¿Maki? —preguntó mirando a Kasumi que, al escucharlo, volteó a verlo con preocupación—ah… entiendo. Descuida ¿necesitas algo? Bueno… está bien —esperó que la joven cortara y bloqueó el aparato, miró a Kasumi que lo observaba atenta y pálida—tranquila, Mai está bien. Maki tendrá que quedarse internada, donó mucha sangre y prefieren mantenerla en observación. Mai está estable, Maki podrá irse mañana por la mañana.

— ¿Necesita que le traigamos algo? —preguntó poniéndose de pie y Satoru notó que debajo del escote de su abrigo, no había más que piel. Frunció el ceño y la miró curioso, negó rápido y sonrió.

—Está bien, todo se lo han proporcionado ya. Me imagino que no te quieres ir ¿buscamos hospedaje? —Kasumi lo miró con los ojos bien abiertos al principio, pero no notó segundas intenciones ni en su actitud ni en su tono de voz, por lo que lo dejó pasar.

—Puede irse, yo me quedaré. No hace falta que se quede —comentó metiendo las manos en los bolsillos.

—No te dejaré sola —respondió y se puso de pie, estirando el cuerpo—vamos a buscar algo para comer y hospedaje.

Kasumi iba a negarse, pero antes de poder decir algo, él la tomó de la mano y la llevó a la salida del centro de salud, sin soltarle. En otro momento de su vida, aquel gesto la habría ilusionado y apenado, ahora solo pensaba en Mai. Dio un vistazo hacia atrás a medida que se alejaban y suspiró. Se sentía un poco más tranquila con las palabras de Satoru y por qué negarlo, también con su compañía, pero no dejaba de sentir culpa por su descuido.


(…)


Observó en silencio como Satoru hablaba con el dueño del pequeño residencial que encontraron, el único del pueblo. Le había intentado decir en varias oportunidades que no era necesario que él se quedara, pero se rehusó a dejarla sola, y en el fondo estaba agradecida. Le distraía de toda la sangre de Mai que se escurrió entre sus dedos en la oscuridad del bosque, cada que vez que se quedaba en silencio aquella desagradable postal se le cruzaba por la mente.

Volteó hacia el cielo con semblante sereno, las nubes se veían cargadas y oscuras, el frío de hace unas horas se había ido, dejando a su paso una brisa húmeda y tibia.

—Va a llover… —susurró sin dejar de mirar las nubes.

— ¡Kasumi! —giró hacia el hostal y vio al hechicero viéndola con una sonrisa dibujada en sus labios, con la mano le hacía señas para que entrara. Contuvo el suspiro e ingresó con curiosidad, saludó al posadero con una reverencia y se acercó a Satoru—conseguí un cuarto.

— ¿Un cuarto? —preguntó alzando la ceja, y vio que el dueño le entregaba una llave. Satoru la recibió y volteó hacia ella sin dejar de sonreír.

—Vamos —dijo, volvió a tomarla de la mano y la guio siguiendo al dueño que los llevaba al dormitorio—cree que somos un matrimonio —susurró en su oído y volteó a verlo sorprendida, con las mejillas sonrosadas—me gustó como se oía, así que no lo contradije.

—No compartiré habitación con usted —susurró avergonzada. Él soltó su mano y la llevó hacia su cabeza y la acarició como solo él sabía, sin dejar de sonreírle y sus ojos fijos en ella.

—Descuida, no intentaré nada —dijo entre risas—de todos modos, no tiene más cuartos —hizo un mohín con los labios y suspiró derrotado—bueno… si quieres puedo dormir en la banca de afuera… creo que lloverá—susurró en tono lastimero mirándola fijamente a los ojos.

Kasumi contuvo el aliento por segundos, sabía que la manipulaba, pero su expresión triste le quebró. Por segundos pensó en disculparse y abrazarlo y consolarlo, pero entendió rápido que solo era un intento más de salirse con la suya.

—Se-señor —murmuró apenada, el dueño volteó a verla con curiosidad, un caballero de tal vez 60 años, ya calvo, pero que caminaba bien erguido—lamento decirle esto pero… ¿tiene otra habitación? Estamos algo enojados con mi… esposo —se ruborizó al llamarlo así, y el sonrojo se intensificó cuando vio la sonrisa de oreja a oreja de Satoru, él ya había ganado, tenía la actitud de un triunfador y eso le irritaba.

— ¿Eh? Debe ser más amable con su marido, señora —le dijo frunciendo el ceño—tendrán que arreglárselas, es el único cuarto que me queda, los otros están con arreglos pendientes —dijo y se detuvo frente a una puerta de madera. —Quizás sea un buen momento para reconciliarse —murmuró mirando a Satoru mientras alzaba y bajaba las cejas, y Kasumi hizo una mueca de asco al verlo.

— ¡Heh!… intentaré convencerla —dijo riendo—buenas noches —el dueño asintió y se alejó rápidamente—bien… ¿qué tenemos aquí? —preguntó en tono cantarín mientras ingresaba la llave y la giraba, abrió la puerta y miró serio la pequeña habitación vacía, con un futon doblado junto a algunos edredones por ordenar—Heh… —repitió pensativo—creo que es el hostal más feo en el que me he quedado.

—Quizás tiene más de uno —murmuró mirando el futon.

— ¡Oh! Vamos… no es primera vez que dormimos juntos —sonrió animado—ni será la última… —susurró para sí mismo.

— ¿Qué? —preguntó mirándolo con el ceño fruncido.

— ¿Qué? —repitió mirándola con una sonrisa coqueta que la sonrojó—oh vamos, es tarde. Debemos dormir algo… lástima que no tuviera cena, estoy muerto de hambre.

—Bien… pero si se sobrepasa… —murmuró en tono de advertencia mirándolo con sospecha y un sonrojo débil en sus mejillas.

— ¿Qué pasará? —preguntó él alzando una ceja mientras ordenaba el futon. Kasumi tragó en seco, su media sonrisa y sus ojos fijos en ella la estremecieron— ¡Tranquila! —exclamó jovial, dándole palmadas al edredón y sonriendo alegre—era broma, no pasará nada. Ya te lo dije, solo quiero acompañarte. Otra noche lo intentaré…

— ¿Otra noche? —su corazón latía con fuerzas, lo cierto era que dudaba más de ella que de él. Tragó incomoda y negó, suspiró cansada y pensó en sus opciones—yo… no tengo cabeza para lidiar con usted ahora…—reconoció sentándose en el futon.

—Lo sé —sonrió él desviando la mirada—por eso, mejor descansa ¿era muy fuerte la maldición? —preguntó ladeando el rostro, la vio negar sin mirarlo. Notó que tenía el pelo enredado, lo había lavado quizás en algún baño, supuso se había manchado con sangre al igual que el abrigo.

—Es lo más frustrante de todo… podíamos con él fácilmente, pero estábamos distraídas platicando —confesó con vergüenza.

— ¿Hablaban de mí? —preguntó serio y ella se tensó, sintió las palmas sudarle por los nervios y aunque tenía el rostro abochornado, volteó a enfrentarlo con el ceño fruncido y las manos empuñadas.

— ¡No-no todo gira a su alrededor! —exclamó avergonzada por verse atrapada, pero él la miró atento sin responder, cohibiéndola. Desvió la mirada y suspiró—como sea… si se acerca un centímetro, gritaré.

—Oh… suena excitante —asintió pensativo y ella le dio la espalda apenada—toma… —Kasumi volteó hacia él justo para verlo quitarse su chamarra y desabotonar su camisa, balbuceó nerviosa al verlo desvestirse, pero sus ojos fijos en sus músculos tonificados la desconcentraron—me la puse hace unas horas, está limpia —se encogió de hombros. Kasumi tomó su camisa celeste aun tibia y lo miró confundida—no llevas nada debajo del abrigo ¿no? úsala.

—Gracias… —murmuró mirando la tela fina, levantó la vista hacia él y lo vio cubrir sus ojos con sus manos y sonrió mirándolo enternecida. Desabotonó su abrigo y lo dejó sobre el futon, se puso la camisa de Satoru sin dejar de sonreír, aún estaba cálida y apenas la tela le rozó la piel, sintió su aroma varonil mezclado con su perfume. —Ya puede mirar…

Satoru medio sonrió y bajó sus manos, Kasumi tenía las mejillas sonrosadas y no lo miraba a la cara, pero bastaba para él. Ella usando su camisa, con un adorable rubor y su actuar tímido le traía buenos recuerdos. Mordió su mejilla interna cuando la vio darle la espalda y bajarse los pantalones, gracias a la diferencia de tallas entre ellos, no pudo ver más que sus piernas desnudas. Tragó saliva, imaginando tocar su piel suave y tuvo que apartar la mirada, le había dado su palabra, no intentaría nada esta vez.

Se acostaron en silencio, ella en el otro extremo del futon intentando tomar la mayor distancia posible de él. Satoru miró el techo por varios minutos, cuando se oyeron las primeras gotas golpear el tejado del pequeño hostal, habló.

—Tu cabello… ¿no te molesta para las misiones? —preguntó volteando hacia ella. Kasumi estaba de costado dándole la espalda, aun con la luz apagada podía distinguir su silueta gracias a la mala distribución de la habitación.

—Ya me acostumbré —respondió bajito.

—Lo tienes muy lindo —dijo, estiró su brazo y tomó unos mechones que estaban húmedos. — ¿Kasumi?

— ¿Uhm?

— ¿Aun me guardas rencor? —se le secó la garganta de repente, al mismo tiempo que el nudo en sus tripas se formaba, sintió el corazón latirle deprisa, mordió su labio inferior y pensó qué responder ¿cómo le decía que no lo odiaba, pero que no lo quería cerca porque tenía miedo? No podía… hacerlo era darle todo el poder para que hiciera con ella lo que quisiera y no iba a ceder esta vez, no de nuevo. Se tensó cuando lo sintió acercarse, casi se quedó sin aliento cuando él besó con excesiva suavidad su hombro expuesto y luego apoyó su barbilla en el mismo. —Sé que estoy siendo oportunista… y egoísta, pero… al menos dame la oportunidad de enmendar la forma en que nos distanciamos. —Su respiración le golpeaba la piel de su cuello, apenas podía pensar con él tan cerca, solo pudo abrazarse para protegerse de los efectos de Satoru Gojo. Lo oyó suspirar— ¿Sabes? Aun pienso que estuvo bien que nos separáramos, eras muy joven… pero sí sé que fui desconsiderado, ahora lo entiendo más que antes —reconoció. Kasumi frunció el ceño, en parte sabía que tenía razón, pero aún le molestaba que la llamara indirectamente una mocosa. Por lo que prefirió callar—al menos desbloquéame… —pidió en un tono meloso.

—Lo pensaré —dijo cerrando los ojos y él sonrió.

—Genial… duerme bien —respondió, volvió a besar su hombro y esta vez se aventuró un poco más al no ver rechazo por su cercanía. Buscó su cintura y la abrazó con cuidado, pero apenas su brazo entró en su rango, ella tomó su mano y la empujó lejos, apartándola de ella. Y Satoru se quedó pasmado en su sitio.

Relamió sus labios, nervioso y derrotado y se alejó de ella, sintiendo que el pequeño triunfo de hace segundos atrás se había ido a la basura por ese simple gesto. Su rechazo le dolía profundamente, jamás se había sentido tan pequeño como Kasumi lo hacía sentir. Su mirada fría, su formalidad para responderle y evitar su toque con esa determinación, le estaba pasando factura y sentía que por cada paso que avanzaba con ella, retrocedía cinco. Quizás estaba siendo sensible a su desprecio, después de todo no estaba acostumbrado a que ella entre todas las personas le tratara así, aunque sabía lo merecía, pero era difícil soportarlo. Se acomodó de costado viendo su cabello y cerró sus ojos, se consoló con que podía esta noche sentir su olor y no imaginarlo como otras veces.

Se conformó con eso, por esa noche al menos.

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N/A: Holissss, gracias por sus comentarios! c: debo reiterar que me cuesta tenerlos separados, quiero que estén solitos siempre y haciendo cositas pecaminosas u-u

Respecto al cap, me gusta hacer que Miwa converse con Mai, siento es muy charla de chicas hahah disfruté escribiendo eso y haré otras hahaha yo también quiero que Gojo me regale cosas, de verdad que me cuesta que Miwa rechace sus avances porque se me hace poco creíble hhahaha, pero bueno, uno no ve los errores que cometió y se nubla por su belleza.

Qué más? no recuerdo, espero no tenga muchos errores, y que el cap sea de su agrado,

Nos leemos!