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Capítulo 14

Celos

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En sus sueños siempre le sonreía con timidez, pero últimamente su sonrisa le esquivaba e incluso lo miraba con desdén. No le gustaba, ni en su sueño ni despertar con ese recuerdo, pero ahora la mujer que estaba en medio de una habitación con la luz apagada sonriéndole, se burlaba. Su cabello estaba suelto y algunos mechones caían sobre sus pechos desnudos, secándole la garganta cada vez que sus ojos la miraban. Quería acercarse, pero su cuerpo no reaccionaba, solo podía admirarla en silencio y con frustración. Sin embargo, cuando vio al primer sujeto acercársele y besarla con rudeza y ella gemir en su boca, la ira le hirvió la sangre.

Frunció el ceño e intentó hablarle, su voz le traicionó al igual que cada parte de su cuerpo. Ella pareció notar su esfuerzo y le miró soberbia, cuando un segundo sujeto la abordó por la espalda, abrazándola y besando su cuello. Tuvo que cerrar los ojos con fuerza, el corazón le latía fuerte al punto que le dolía, sus ojos se abrieron de golpe cuando la oyó gemir como lo hizo tantas veces con él y la indignación le brotó haciéndolo jadear. El pecho le subía y bajaba con fuerza mientras miraba como un tercero y un cuarto la rodeaban, y cuando vio que la agacharon para follarla, despertó sudando y jadeando.

—Maldición… —susurró entre respiraciones agitadas. Estuvo varios minutos intentando calmarse, bajó la mirada a su pelvis e hizo una mueca al ver su erección. Había sido una pesadilla desagradable, pero verla desnuda siempre obtenía el mismo resultado: su cuerpo reaccionando.

No podía seguir aguantando la incertidumbre en su relación-aunque no lo fuera, prefería pensar que sí-, ni su desdén. Llevaba semanas pensándola y cada vez que lo hacía, sus ojos fríos era lo único que le asaltaba y quedaba más deprimido que nunca.

Decidió esa mañana, actuar, ya no le daría más espacio. A su parecer, le había dejado varios días para que procesara sus intenciones. Cansado, se levantó y comenzó su día.

Lo que más le inquietaba era la información de Nanami. No le parecía extraño que Kasumi tuviera pretendientes si lo pensaba, pues era una joven hermosa y amable, femenina y educada. Era el sueño de cualquier imbécil-incluyéndolo-, lo que le incomodaba era saber que Kasumi de alguna manera les estaba dando el espacio para tenerlos, después de todo, tener un gusto por una persona a ser un pretendiente oficialmente, era un salto grande. Que los tuviera implicaba que algo-lo que sea-, había pasado para llegar a tener esa etiqueta, y la idea le carcomía los nervios.

Sabía y siempre fue consciente de que, si se distanciaba de ella uno de los objetivos era que pudiera experimentar más de la vida, y salir con chicos siempre estuvo dentro de las opciones, pero saber que se había vuelto real… no lo estaba soportando. Incluso cuando se lo planteó en el pasado, era una idea que no le gustaba, pero estaba dispuesto a asumir, ahora que lo estaba viviendo se sentía un completo imbécil.

¿Con cuántos chicos habría salido? ¿Hasta dónde llegó con ellos? ¿Quiénes eran? Necesitaba con urgencia las respuestas, no podría dormir otra noche si no las tenía. No le importaba que hubiera salido con muchos chicos, no le restaba ningún sentimiento por ella, pero su ego masculino era quien le gritaba desesperado por saber. Jamás pensó que sería un hombre celoso, pero Kasumi lo inquietaba de tantas maneras que ya no le sorprendía. Era seguro de sí mismo, y sabía que nadie se le comparaba, pero ¿Kasumi pensaba lo mismo? Eso era lo que le urgía saber.

Con el pasar de los días y no tener noticias suyas, solo conseguía inquietarlo. Había sido muy directo y sincero con sus intenciones, y no tener ninguna reacción de su parte no era un buen indicio. Ahora sumarle que Kasumi tenía pretendientes, era aún más desfavorable para él. Caminó por todo el pasillo con la barbilla y la boca escondida en el cuello de su chamarra, apenas saludaba a los estudiantes y asistentes que se topó en el trayecto, no tenía ánimos ni cabeza para nada ese día. La imagen de Kasumi desnuda rodeada de desconocidos no se borraba ¿Por qué no ocurría lo que pasaba con todos los sueños y lo olvidaba apenas se despertaba? Parecía que la existencia de Kasumi se había vuelto un tormento para él, como una ridícula ironía si lo pensaba bien. Él, el hechicero más fuerte siendo atormentado por una hechicera que no tenía ni poder ni prestigio, por una mujer completamente diferente a él. Se había vuelto en su debilidad, lo quisiera o no, y podía ser peligroso ahora que lo pensaba.

Nunca se lo había cuestionado, estaba tan idiotizado por el amor que sentía por ella, aturdido con la novedad de sentir algo así por alguien, sintiéndose una persona, un hombre normal que, no había contemplado todas las aristas. Estaba aprendiendo a lidiar con sus sentimientos, intentaba averiguar cómo expresarlos adecuadamente para que ella los entendiera, y sentirse irritado o vulnerable no podía ser parte del juego ¿o sí? ¿todos pasaban por ello?

Suspiró agotado e ingresó al comedor, un buen café dulce lo relajaría. Hizo una mueca al ver a su colega sentado en un rincón desayunando. Normalmente lo saludaría y se iría, pero al verlo un pensamiento cruzó por su mente casi al instante. Kusakabe era el recuerdo andante de Kasumi, o quizás él buscaba sacarla a colación con todo a su alrededor, no podía asegurarlo, pero que su colega tuviera una relación cercana a su Kasumi era un hecho, y podía usarlo a su favor, pensó.

—Hey —saludó fingiendo una sonrisa. Kusakabe alzó ambas cejas en respuesta y continuó comiendo mientras miraba su móvil— ¿harás algo esta noche?

— ¿Eh? —preguntó elevando la comisura de su labio superior— ¿tienes real interés o solo es una pregunta estúpida?

—Uhm… real interés, supongo —susurró lo último, encogiéndose de hombros. Tomó su taza favorita y la dejó en la cafetera.

—Espero caer rendido en mi cama, solo eso —bufó molesto—es recién miércoles… necesito vacaciones, maldición. —Suspiró y bebió de su té.

—Te invito a cenar —sonrió amable, pero su colega solo lo miró extrañado— ¿qué?

— ¿Y eso? —cuestionó con sospecha.

—No lo sé —se encogió de hombros—cenar con tu colega de vez en cuando… no le veo lo extraño. —Le sonrió amistoso, pero el gesto de sospecha de Kusakabe no se borró.

— ¿Casi 10-15 años después? —preguntó alzando una ceja y Satoru fingió reírse.

— ¡Por lo mismo! —exclamó alegre, y Kusakabe hizo una mueca de desagrado al oírlo—puedes elegir el lugar, yo pago —sonrió apuntándose a sí mismo— ¿te parece esta noche?

—Sigue siendo raro —respondió en su lugar, se puso de pie y suspiró—pero si tú pagas, está bien. —Se encogió de hombros y se rascó la cabeza—tengo clases, luego nos ponemos de acuerdo.

Satoru amplió su sonrisa y se despidió moviendo la mano. Su expresión amistosa se borró apenas se quedó solo en la habitación. No tenía problemas con gastar dinero en compartir con colegas, pero la cena de esa noche tenía un único fin y era averiguar sobre los pretendientes de Kasumi. Si resultaba que Kusakabe no sabía nada al respecto, sería una pérdida de tiempo. Suspiró y endulzó su café, sacó su móvil de su bolsillo y vio una notificación de mensaje, alzó ambas cejas y lo abrió entusiasmado, pero al ver el número desconocido se desanimó, leyó inexpresivo el mensaje de una hechicera de Kioto, no recordaba su nombre, pero era de una generación después de la de Kasumi. Pensó qué responder por unos segundos, y escribió su mensaje.


(…)


El sitio que Kusakabe eligió para cenar era bastante refinado para su sorpresa. Después de una misión rápida en otro estado, regresó al colegio para darse una ducha y vestir más informal. Una camisa blanca y pantalones de jean oscuros, usaba un abrigo negro y sus gafas ovaladas. Suspiró cansado mientras miraba a su alrededor, en dicho restaurante había que reservar mesa, tuvo que pagar un adicional para que le permitieran entrar y no había señales del hechicero.

Miró su móvil aburrido, tenía mensajes de sus estudiantes, Shoko y la chica de Kioto, pero de Kusakabe no había señales ¿lo dejaría plantado? Hizo una mueca con los labios y bebió de su cóctel sin alcohol. Decidió llamarlo, pero el móvil no alcanzó a sonar tres tonos cuando le cortaron.

—Este idiota… —susurró aturdido, frunció el entrecejo y buscó su contacto para enviarle un mensaje cuando oyó pasos acercarse, alzó ambas cejas y sonrió aliviado al verlo caminar hacia él— ¡pensé no venías!

—Lo siento —dijo de mala gana—tuve que pasar a otro lado y me costó encontrar locomoción…

— ¿Por qué no le pediste a algún asistente que te llevara? —preguntó curioso y Kusakabe lo miró alzando una ceja, se quitó el dulce de la boca y suspiró exasperado.

—No trabajan para nuestros caprichos personales, pero supongo que es algo que no te importa —Satoru frunció el ceño y le miró serio, escondiendo la frustración.

— ¿Esa es la imagen que proyecto? —preguntó sonriendo sin ganas, lo vio quitarse el abrigo y colgarlo en su silla para luego desplomarse en el asiento y suspirar cansado.

— ¿De verdad te importa? ¿O preguntas para que la plática se trate de ti? —Satoru rio sin ganas, la cena ni siquiera había empezado y no estaba resultando como esperaba.

—Solo era curiosidad —murmuró bajito y miró el menú— ¿De qué tienes antojo? —

— ¡De lo que sea costoso! —respondió serio y leyó el menú, se acercó un camarero y le ofreció de beber, Satoru miró el intercambio atento, se sorprendió un poco cuando lo escuchó pedir agua—no bebo demasiado —explicó mirando los platillos que ofrecían.

La cena pasó sin mucho dialogo entre ambos. Preguntas como qué tal estaba la comida, qué tal el día con los estudiantes, si estaba viendo alguna serie o leyendo algún libro, las respuestas siempre fueron escuetas. Frunció el ceño, algo frustrado, cuando desayunaron con Kasumi parecía más hablador ¿por qué con él no era así? Resopló con disimulo y lo miró por encima de sus lentes. Parecía cansado o aburrido, y no sabía bien qué hacer o cómo sacar a colación el tema principal.

—Pareces cansado… —comentó mientras comían el postre.

—Lo estoy —reconoció—quisiera unas largas vacaciones —murmuró frustrado.

—Sí… es cierto —sonrió—no sé cómo los muchachos tienen energía para tener vida social ¿eh? —le animó alzando las cejas, esperando que soltara algo más.

—Uhm bueno, son jóvenes ¿qué esperabas? Y son otros tiempos —se encogió de hombros.

—Seh… es cierto, aunque no me imagino a los chicos teniendo citas y esas cosas —se encogió de hombros—nosotros no tenemos tiempo para esas cosas, pero ellos se hacen el tiempo… pero ni así lo imagino —se rio nervioso, sentía que estaba siendo evidente o quizás era la paranoia.

—Cuando hay interés —se encogió de hombros—supongo que se pueden hacer el tiempo ¿acaso te falta tiempo para liarte con mujeres? —preguntó alzando una ceja—por eso las llevas al colegio ¿eh?

—Eso fue solo una vez —respondió incómodo—y no… no era a lo que me refería —suspiró, se sostuvo la barbilla por unos segundos y comentó—quizás estoy algo nostálgico… cuando veo a Megumi tan adulto y pienso que en cualquier momento aparecerá diciendo que tiene una novia o que se va a ir… no lo sé. Ha pasado mucho tiempo, supongo —dijo encogiéndose de hombros.

—Te entiendo —murmuró pensativo—fuiste tutor de Megumi por mucho tiempo, es normal que te sientas de ese modo… y él es tan esquivo que es fácil imaginar que en cualquier momento se irá y ni siquiera te darás cuenta —Satoru se puso serio de repente, porque ni siquiera lo había pensado y solo escupió toda esa basura para sacar el lado emocional de Kusakabe y hablaran de Kasumi, pero ahora de verdad que la nostalgia le inquietó. Sonrió sin ganas y sacó de su postre, lo comió pensativo.

— ¿Crees que ya tengan novias o novios? —preguntó mirándolo con atención.

—Uhm… los de la generación de Maki y Megumi no creo… los más jóvenes sí, son algo precoces —suspiró pensando en ellos.

— ¿Y los de Kioto? —murmuró con inocencia—nunca me entero de ningún chisme…

—Uhm… Mai y Momo tienen novios, el de Mai es ocasional creo —se encogió de hombros—Miwa tiene algunos pretendientes, pero aún no se decide por ninguno —Satoru se obligó a sonreír como si esa mierda le causara gracia, cuando sentía que el calor le recorría por todo el cuerpo. Se le secó la garganta al confirmar lo que Nanami le había dicho, relamió sus labios y bebió un sorbo de agua. —Se preocupa más de su trabajo y hermanos.

—Oh… es popular ¿eh? —dijo entre dientes— ¿y cómo sabes todo eso?

—Utahime se entera de todo—explicó sonriendo—no le cuentan las cosas, pero siempre termina enterándose de los chismes y líos de faldas que hay en Kioto.

—Así que es chismosa —sonrió sin ánimos— ¿y crees que se decida por alguno?

— ¿Quién? —preguntó confundido y alzó ambas cejas al recordar— ah ¿Miwa? —Satoru asintió sonriendo, y él suspiró—no lo sé… esa tonta se fija en puras estupideces, solo espero que Kamo se mueva pronto o se le adelantarán.

— ¿Kamo? —dijo frunciendo el ceño, apretó su mano izquierda en un puño intentando controlar la rabia, de repente sintió que el estúpido sitio tenía el aire acondicionado apagado— ¿Kamo Noritoshi? ¿el nuevo líder del clan Kamo? —preguntó serio.

—Ajá —murmuró aburrido. Satoru esperó por unos segundos a que se explayara, pero como no lo hizo, habló.

—Y… ¿Por qué quieres que Kamo haga algo? —preguntó escondiendo su malhumor y apartó el postre, ya no tenía ganas de nada más.

—No estaría malo que consiga un novio importante —se encogió de hombros—, sería ideal para Miwa… que se case y la mantenga. Se le solucionaría la vida —dijo pensativo.

Satoru se obligó a guardar silencio y se mordió la mejilla interna derecha. Lo primero que pensó en refutar fue que Kasumi no quería ese estilo de vida, pero no estaba tan seguro. Nunca habían conversado del futuro, si bien él tenía un plan con ella, jamás se lo mencionó. Se dio cuenta que, como todo en su vida, estaba decidiendo todo por su cuenta y ni siquiera consideraba los sentimientos de ella. Soltó un profundo suspiro y se forzó a sonreír.

—Hay mejores —dijo sin pensar, y Kusakabe lo miró confundido. Pudo hacerse el tonto, pero los celos lo empujaron a hablar—hay mejores pretendientes para Miwa que Kamo —dijo sonriendo con burla.

—No se me ocurre ninguno —murmuró Kusakabe y Satoru blanqueó los ojos.


(…)


Mai aún no llegaba de su misión. Ella había regresado al colegio hace unas horas, luego de cenar y compartir con Momo, fue a su habitación y se dio una ducha larga. Mientras el agua tibia mojaba su cabello, cerró sus ojos y pensó en el ajetreado día. Hizo una mueca al recordar la cita que había programado para el día siguiente. Un amigo del novio de Momo le había estado insistiendo por meses salir, casi no tenía tiempo en esos días, pero necesitaba distraerse.

Intentaba de todo para no pensar en Satoru; a menudo se encontraba mirando por los alrededores, buscándolo. Él le había dicho que la observaba a la distancia, pero empezaba a pensar que le mintió. Cuando se sintió decepcionada por no ver ningún avance de su parte en su plan de conquista, se dio cuenta de que estaba muy pendiente de él y que si lo que quería era mantener la distancia del hechicero, debían seguir las cosas como estaban.

Por lo que no podía seguir así. De a poco comenzó a responder los mensajes de nuevo y por fin se había animado a retomar las citas. Kamo no volvió a intentar nada y empezaba a pensar que lo estaba malinterpretando todo y le avergonzaba. Por un momento se imaginó saliendo con él, y aunque era extraño pues Kamo era muy serio, no lo vio improbable. No sabía si le gustaba, pero podría intentarlo.

Al salir de la ducha, se envolvió con una toalla y cepilló sus dientes. Se vistió solo con una remera y como iba a dormirse pronto, ni siquiera se puso ropa interior. Volvió al cuarto de baño para secarse el cabello, lo malo de usarlo tan largo era lo mucho que tardaba en secarlo, como media hora y ni así quedaba del todo seco, pero era lo máximo que aguantaba.

Volvió a cepillarse el pelo y aplicó algo de crema para hidratarlo. Ya cansada, salió del cuarto mirándose los pies, pensando si dormía con calcetines o no, al levantar la vista pegó un brinco al verlo de pie en medio de su habitación. Llevó una mano a su pecho por el susto, intentando calmar sus latidos, respiró agitada por unos segundos y frunció el ceño al entender la situación.

— ¿Qué hace aquí? —preguntó enojada, miró hacia la ventana y suspiró al verla abierta, volvió su atención al hechicero que estaba serio mirándola. Tragó saliva, incómoda y contuvo el suspiro—no vuelva a entrar a mi cuarto sin mi permiso.

—Lo siento —dijo y Kasumi lo miró extrañada ¿y su sonrisa habitual? tragó incómoda y lo miró con disimulo, vestía una camisa blanca y encima un abrigo que imaginaba era costoso, se veía elegante y guapo. Desvió la mirada y se cruzó de brazos, entonces recordó que no traía pantalones, pero le avergonzó mostrarse apenada y por puro orgullo fingió desinterés—pero no me desbloqueaste.

—Ah… —un leve rubor le adornó las mejillas. Ahí estaba otra vez, el efecto Satoru. Frunció el ceño, molesta consigo misma. Él la ignoró por semanas y ahora venía exigiendo de ella y se ilusionaba ¿Por qué era tan estúpida cuando se trataba de él? —dije que lo pensaría.

— ¿Lo pensaste? —preguntó anormalmente serio. Intentando no distraerse con su apariencia, pero era difícil cuando notaba como no llevaba sujetador y su remera le llegaba a mitad del muslo. Seguramente así se iba a la cama, como cuando compartían en el pasado. Tragó saliva dándole un vistazo rápido a sus piernas blancas, había un hematoma en su muslo izquierdo que destacaba mucho por su nívea piel.

—No he tenido tiempo para eso —dijo fingiendo desinterés, cuando estuvo cada día pensando ansiosa si sería el día en que él haría su aparición.

—Ah… —soltó asintiendo— ¿lo puedes pensar ahora? —Kasumi suspiró y bajó los brazos, Satoru relamió sus labios de forma inconsciente al ver el relieve en la tela por sus pezones erizados.

—No —dijo tajante—ahora por favor, váyase —dijo apuntando a la ventana abierta y se estremeció por el frío nocturno.

— ¿Por qué no? —preguntó con las manos en los bolsillos, haciendo una mueca—no tiene ninguna ciencia, es si o no ¿te gusta fastidiarme? —Kasumi alzó ambas cejas al oírlo, sintió el calor en el rostro por la rabia ¿ella lo fastidiaba? ¡¿y quién era el que se metía al cuarto del otro en medio de la noche a exigir cosas?! No se veían hace días y era lo primero que decía.

—Bien —dijo molesta, con el ceño fruncido y una mueca en los labios, caminó hasta el otro lado de su habitación, cerca de la puerta donde había dejado su bolso sobre una cajonera y buscó su móvil, buscó su contacto rápidamente y lo desbloqueó—listo —dijo mostrándole la pantalla. Él se acercó a mirar, y Kasumi desvió la mirada incómoda—ahora por favor, váyase.

Satoru guardó silencio. Se quedó viéndola por varios segundos, dudando si hablar o no lo que le molestaba. Incluso ahora que había conseguido que lo desbloqueara, no sentía ninguna alegría por el triunfo. Kasumi lo había hecho de mala gana, y solo para quitárselo de encima e incluso, nada le aseguraba que apenas se fuera, volviera a bloquearlo. Se sentía muy frustrado e inseguro. Miró su expresión irritada y mordió su mejilla, se había despedido de Kusakabe y le inventó una excusa para no volver al colegio de Tokio juntos, en cambio se fue sin pensar a verla, porque ya no aguantaba más la incertidumbre y los celos.

Kasumi cambio su peso de pie y lo miró aparentemente molesta. El silencio que los envolvió la puso nerviosa, su cercanía le inquietaba y no sabía qué decir o hacer bajo su escrutinio. Lo vio quitarse los lentes y notó que se veía aún más serio de lo que pensó.

— ¿Haz salido con otros chicos desde que nos distanciamos? —preguntó con los ojos fijos en los de ella y Kasumi entreabrió los labios con sorpresa al oírlo.

Sintió vergüenza de repente, por verse atrapada en ello como si estuviera haciendo algo malo, y que él entre todas las personas se hiciera una idea equivocada de ella. Entonces se molestó, entre ellos no había nada y no le debía explicaciones. Y lo que pensara de ella era problema de él. Indignada, sonrió sin ganas y le contestó.

—Bueno… usted debería saber la respuesta —dijo sin dejar de sonreírle, y Satoru frunció el ceño, su sonrisa burlesca era un golpe bajo, como si estuviera mofándose de que otros pudieran estar con ella y él no, como en su pesadilla—ya que me ha estado viendo ¿no?

—Nunca te vi con nadie —respondió con la garganta seca—y me enteré que tienes pretendientes. —Reconoció molesto. La vio alzar ambas cejas por la sorpresa, un ligero rubor rosáceo decoró sus mejillas, sus labios se amurraron al mismo tiempo que arrugaba el entrecejo, y aunque ella intentaba mostrarse enojada, no pudo evitar pensar en lo linda que se veía cuando trataba de actuar así. Le recordó cuando la conoció, que no dudó en amenazarlo con informar su mal comportamiento frente al viejo Gakuganji, su Kasumi tenía carácter cuando era necesario, y eso le gustaba.

—Bu-bueno… eso no es asunto suyo —dijo negando—ahora por favor, váyase —repitió apuntando hacia la ventana—es tarde y quiero dormir.

—No —negó calmado, acercándose y ella dio un paso hacia atrás—te equivocas —dijo frunciendo sus cejas—claro que es asunto mío —murmuró en un tono ronco y varonil que le erizó los vellos.

Kasumi tragó saliva, nerviosa y continuó retrocediendo a medida que él se aproximaba, hasta que chocó con la puerta y se quedó ahí apoyada. Satoru se acercó y la atrapó entre ambos brazos, dejando sus manos sobre la superficie de la madera. Ella jadeó por su cercanía, él la miró a los ojos y luego los labios, levantó la vista hacia ella otra vez que estaba refugiada en la puerta.

—Eres la mujer con la que quiero estar —le susurró y el corazón le latió deprisa, apenas podía sostenerle la mirada. Tragó nerviosa e intentó desviar la mirada, estiraba el cuello para alejar su boca lo que más pudiera de la de él—no me molesta que hayas salido con otras personas…—dijo y bufó molesto consigo mismo—bueno, sí. Pero son solo mis celos tontos —Kasumi se distrajo al oírlo y dejó de intentar alejar sus labios de su perfil ¿por eso le preguntaba? ¿tenía celos? Una sensación extraña le invadió, como una satisfacción culposa que no lograba comprender del todo—pero ahora… ¿sales con alguien? ¿te gusta alguien más aparte de mí? —preguntó en un tono susurrante que disimuló su desesperación por saber la respuesta.

Kasumi lo miró perpleja, tenía tanto que pensar y sentir, pero no lograba centrarse en una sola cosa. Satoru estaba inclinado a su altura, sus perfiles a una corta distancia y entre su boca y sus celos, no sabía qué decir, ¿realmente ella, Kasumi Miwa, estaba provocándole celos al gran Satoru Gojo? Parecía una mala broma, pero bastante placentera, al menos para su ego. Sonrió divertida, sorprendiéndolo y bufó desviando la mirada.

— ¿Cómo está tan seguro de que aún me gusta? —preguntó y le dio un vistazo rápido, su sonrisa titubeó cuando lo vio inclinar el rostro para besarla o eso pensó, pero Satoru se quedó a centímetros de su perfil, miró sus ojos luego su boca y le sonrió por primera vez desde que llegó.

—Porque la tensión sexual es evidente —Kasumi se tensó, por un momento sintió que le faltaba el aire y ya no le importaba que la corriente fría se colara por la ventana abierta, al contrario, la necesitaba para bajarle el calor. Sentía las mejillas sonrojadas y solo pudo susurrar bajito y sin fuerzas.

—Por favor… apártese —dijo sin mirarlo.

Al sentir su hálito tibio en su mejilla volteó a verlo, Satoru la miraba serio nuevamente, pero ya no había irritación en su expresión. Al contrario, había deseo, lo reconocía muy bien en sus ojos color cielo.

La sentía nerviosa, él también lo estaba, pero lo disimulaba muy bien. La ansiedad por su toque y cercanía le ganaba a sus celos, olvidó en primer lugar porque había ido a visitarla y hacerle una escenita. Su aroma femenino le embriagó, relamió sus labios cuando miró los suyos y ya mandando al diablo su inseguridad por un posible rechazo, se acercó y le robó un beso.

Un beso profundo, ella se sorprendió al principio y se quedó inmóvil, pero él la incitó a corresponderle moviendo con intensidad su boca sobre la de ella. Fueron segundos en los que dudó, al sentir su dulzor y calor, cayó rendida una vez más a sus encantos. Se le escapó un gemido entre besos, se sonrojó al oírlo, pero no había tiempo para avergonzarse cuando él le robaba el aliento con cada beso. Pasaron solo unos segundos para que Satoru metiera su lengua en su boca y ella, con timidez, correspondió con su propia lengua.

Satoru apegó su cuerpo al suyo, y frunció el ceño cuando por culpa del abrigo no pudo sentirla en su totalidad, por un momento pensó en quitárselo y también la camisa, pero no quiso tentar a su suerte. En cambio, rodeó su cintura con ansiedad y la apegó más a su cuerpo, levantándola un poco para que sus bocas pudieran encontrarse sin problema. Los labios de Kasumi eran tan suaves como los recordaba, ella soltaba quejidos a ratos y eso lo volvía loco. Sus manos no se quedaron quietas, poco a poco comenzó a recorrer su espalda al mismo tiempo que retrocedía para llevarla a la cama.

Kasumi volvió en sí cuando su mano derecha bajó a su trasero, se alejó un poco rompiendo el beso y respiró agitada, él también, pero continuó a los segundos besando su cuello sorprendiéndola, soltó un gemido alto que cubrió rápido con su boca. Apretó las piernas, sentía como el calor se concentraba en su intimidad y solo habían pasado unos minutos desde que él la había besado. La mano que aún estaba en su cintura fue subiendo por su abdomen y agarró su pecho derecho con suavidad, masajeándolo y fue el momento en que la hizo reaccionar.

—No-no —pidió sin fuerzas, alejándolo y él le obedeció, respirando agitado.

— ¿Por-por qué? —dijo entre jadeos—nos estábamos divirtiendo ¿no? —medio sonrió, relamió sus labios y dio un par de pasos hacia ella, pero Kasumi se cruzó de brazos evitando que volviera a asaltarla.

—Le-le pedí varias veces que se fuera —respondió sin mirarlo y se acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja, nerviosa. Notó que estaba temblando ligeramente, esperaba que fuera por el frío y no por la ansiedad, pero dudaba que fuera por lo primero, Satoru había encendido el deseo en su cuerpo y era difícil apagarlo ahora.

—Oh… —suspiró derrotado, viéndola con anhelo. Sus mejillas sonrosadas, y sus muslos desnudos que no alcanzó a acariciar, hizo un puchero al pensarlo. Tragó saliva y miró hacia su propio pantalón, se cerró el abrigo para esconder su erección y asintió para sí mismo, algo frustrado, pero no insistiría. Le había ido mejor de lo que esperaba en esa visita nocturna—entiendo… lo siento —dijo y se acercó— ¿puedo besarte antes de irme? —pidió sonriéndole con ternura, ella lo miró por unos segundos y negó—bien… —respondió de mala gana y suspiró nuevamente—descansa —murmuró y le revolvió el cabello.

— ¿Qué está…? —alcanzó a decir cuando lo vio caminar hacia la puerta — ¡Gojo-san! —exclamó asustada.

—Buenas noches —dijo sonriendo y abrió sin mirarla.

Kasumi miró angustiada como Satoru salía muy campante por la puerta de su cuarto, sin esconderse como si fuera algo normal que la visitara a solas en su dormitorio a esa hora. Sintió el corazón latirle a toda prisa, con pánico pensando si alguien lo había visto ¿qué explicación podía dar? Rogó a todos los dioses que nadie lo viera.

Le puso pestillo a su puerta y cerro la ventana, pero no le dejó el seguro. Se quedó viéndolo unos segundos y mordió su labio inferior. Le gustaba la atención de Satoru, le gustaba que le dijera que la quería para él, y se sorprendió de sí misma lo mucho que disfrutaba saber que Satoru sentía celos de otros hombres. Tenía claro que no quería regresar con él, pero ¿era tan malo disfrutar la atención que le daba? En cierta manera sentía que se lo merecía, tanto que él le rogara como que ella se hiciera esperar, después de lo mucho que había llorado por su culpa, era lo mínimo.

Pero estaba frustrada… habían bastado unos minutos de susurros y cercanías para caer rendida a sus besos. No sabía si podía culparse, después de todo… él sabía cómo besarla y dejarla pidiendo más, la conocía y disfrutaba de cada toque y beso. Y… no era un triunfo solo para él si a ella igual le gustaba ¿no? suspiró cansada y se desplomó en la cama ¿a quién engañaba? Cada vez que cedía a los encantos de Satoru Gojo, él ganaba.

Él siempre ganaba.

Apagó la luz y se obligó a dormir, pero no pudo. Cada roce de las sábanas en su piel le recordaba sus manos en su cuerpo, y se lamentó detener el encuentro. Sus propias manos comenzaron a recorrerse sin pensarlo demasiado, y cuando rememoró sus besos, se vio a sí misma tocándose un poco más abajo, cada vez más abajo. Y por primera vez en sus 23 años, se dio placer… y fue pensando en Satoru.


(…)


Cuando despertó esa mañana, no pudo evitar sentir el cuerpo adormecido. Se quedó profundamente dormida apenas alcanzó el placer pensando en él. Se sonrojó al recordarlo y se quedó viendo sus propios dedos por unos segundos. Se estiró perezosa entre las sábanas y olfateó el aire cuando notó la fragancia dulce. Frunció el ceño extrañada y se sentó, giró buscando su móvil cuando vio la caja de donas sobre su velador y encima su móvil.

— ¿Qué…? —dio una mirada por toda la habitación, sintiendo el corazón latirle rápido y las mejillas sonrojadas, pero no había señales de Satoru. — ¿En qué momento…? —se preguntó nerviosa, tomó su celular y luego la caja, la abrió y alzó ambas cejas a ver las 24 donas aun tibias. Se le hizo agua la boca, pero era demasiado para ella sola.

Desbloqueó su celular y notó que aún no sonaba su alarma diaria, iba a escribirle a Mai y Momo para invitarlas a desayunar, cuando vio el mensaje de Satoru. Se tensó en su cama, al mismo tiempo que una sonrisa temblorosa se le escapaba, abrió el mensaje, ansiosa y alzó ambas cejas cuando solo vio una fotografía de él posando al lado de su rostro dormido mientras sonreía exhibiendo sus perfectos dientes y hacía amor y paz con 3 dedos. Se le subió el calor al rostro ¡él la había visto dormir! Frunció el ceño al ver la almohada mojada por su baba.

No sabía cómo sentirse. En parte le causaba gracia, y también le conmovía que le dejara cosas, pero no le gustaba que entrara a su dormitorio sin permiso. Frunció el ceño apenas lo pensó, pues si fuera del todo cierto habría dejado con seguro la ventana ¿no? suspiró y le envío un emoji de un rostro indignado. Les escribió a sus amigas y se levantó.

Luego de bañarse, vestir su uniforme y cepillar sus dientes, recibió el mensaje de confirmación de ambas y que ya la esperaban en el comedor. Tomó su móvil y vio la respuesta de él, un emoji de corazón. Mordió su labio inferior, viendo la pantalla como una tonta enamorada y suspiró.

— ¿Qué voy a hacer contigo…? —se preguntó sin poder borrar la sonrisa.

Se apresuró en ir al comedor, cuando llegó, ambas alzaron las cejas y la miraron con una sonrisa ansiosa por ver las donas.

— ¡Dios! ¿Te levantaste temprano para conseguirlas? ¡esta tienda está siempre llena a toda hora! Hay que hacer fila —dijo Momo salivando mientras miraba las donas.

— ¿Sí? —preguntó sorprendida y se imaginó a Satoru haciendo fila para comprarlas por ella, tuvo que hacer una mueca con los labios para esconder su sonrisa boba, rápidamente se calmó al pensar que seguramente lo hizo por él y no por cortejarla. Que solo había matado dos pájaros de un tiro.

—Sí, es muy popular —murmuró sacando una glaseada—y por lo mismo es algo cara ¿qué te dio por gastar en esto? —preguntó sorprendida.

—Sí… es curioso —dijo Mai sonriendo burlesca, y supo Kasumi que Mai ya tenía la respuesta.

— ¿Tienen el té? —prefirió decir poniéndose de pie. Volvió con una teterita con té y unas tazas, dejó la bandeja sobre la mesa y notó que ambas ya habían empezado a comer.

—Estas tienen relleno —sonrió maravillada— ¡me alegraste el día! —exclamó Momo.

—Tengo curiosidad —siguió hablando Mai— ¿te levantaste temprano?

—Uhm —dijo sin mirarla, evitando enfrentarla y sacó una rosquilla empolvada, no alcanzó a darle un mordisco cuando vio entrar a Chiharu. Iba a ignorarla, pero al verla caminar en su dirección la saludó.

—Hey —saludó mirándolas con desagrado, Mai no le respondió y continuó desayunando—Miwa —Kasumi levantó la vista en su dirección, no alcanzó a responder cuando habló— ¿Qué hacía Satoru-chan en tu habitación anoche?

— ¿Q-qué? —pudo decir sin pensarlo.

Se quedó viendo a las tres, sin mover un músculo. Mai la miró con una sonrisa burlesca, no le sorprendió, pero en su rostro tenía dibujado un "ya lo sabía" que le avergonzó. Momo frunció el ceño, viéndola confundida, no entendía absolutamente nada de lo que sucedía, mientras que Chiharu la miraba como un buitre al acecho. Atenta a cualquier señal, había algo de enojo en sus ojos y no entendía bien porqué. Entonces recordó sus intenciones que dejó tan claras en cada ocasión. Contuvo el suspiro, por un momento, solo segundos, pensó en comportarse con arrogancia para sacarle celos, pero así no era ella. Relamió su labio inferior y rio nerviosa, sintiendo como poco a poco el calor se le subía al rostro.

— ¿A-anoche? —preguntó fingiendo desinterés— ¿estás segura?

—Sí, lo estoy. —Dijo seria—lo vi salir de tu cuarto e incluso me saludó —sonrió, pero sus ojos seguían viéndose amenazantes. Carraspeó su garganta y pensó por unos segundos.

—Ah… ya recordé —se rio con torpeza—vino a… vino… ¡por Kusakabe-san! —exclamó sorprendida de sí misma, las tres la miraron extrañadas y ella volvió a sonreír—es-es que pronto estará de cumpleaños y no sabe qué regalarle —sonrió—y… como yo… yo lo conozco un poco más ¡me vino a preguntar! —explicó y movió su mano restándole importancia— ¿por qué? ¿qué pensaste? —se rio nerviosa.

—No lo sé —se encogió de hombros—tú dime ¿te parece normal que un hombre esté en tu cuarto a la media noche? A mí no —dijo alzando su barbilla— ¿y qué le dijiste?

— ¿De qué? —preguntó distraída, aun pensando en su insinuación, sintió la vergüenza recorrerle el cuerpo—ah ¡Kusakabe-san! —exclamó nerviosa y Chiharu alzó una ceja—le sugerí un abrigo nuevo.

—Debe encantarle regalar abrigos ¿no? —habló Mai sonriendo y Kasumi la miró con rencor.

—Ya veo… —dijo asintiendo. La miró por unos segundos y sacó una dona sin preguntarles. Tanto Momo como Mai la miraron con desprecio e indignación, Kasumi solo la observó seria, la vio despedirse y caminar lentamente hacia la salida mientras contorneaba sus caderas, y supo en seguida, quizás por mera intuición femenina, que Chiharu no le había creído nada.

— ¡¿Qué mierda pasó?! —preguntó exaltada apenas quedaron solas— ¿Qué hacía en tu cuarto? ¿Cogieron?

— ¿Qué? —soltó Momo abriendo los ojos de par en par.

— ¡Es tu culpa! —exclamó sonrojada— ¡si no te hubieras herido no se habría acercado tanto! —Mai la miró con indignación y negó rápido—y-y no pasó nada ¡nada!

— ¡Mentirosa! —le apuntó sonriendo con soberbia— ¡Te lo quieres coger de nuevo!

— ¡¿Qué?! ¡¿De nuevo?! —preguntó asombrada Momo.

Kasumi se mordió el labio, miró enojada y avergonzada a Mai y no supo qué decir ¿cómo negarlo? Pudo ponerle un atajo a tiempo la noche anterior y había quedado con ganas de más, al punto que se lamentó por su decisión ¿qué haría si él lo volvía a intentar? Era difícil mantener la apariencia ahora, cuando lo que decía su amiga era verdad ¿tanto se le notaba?

—Te estás haciendo ideas equivocadas —murmuró desviando la mirada.

—Claro —dijo con burla— ¿las donas las trajo él? —Kasumi la miró con la boca abierta sin poder negarlo— ¿un agradecimiento por perdonarlo tan rápido?

— ¡No es así! —exclamó avergonzada con el ceño fruncido, y negó temblando—no pasó nada.

—Oye… no necesitas darme explicaciones —se apresuró en decir al verla alterada, Kasumi desvió la mirada—pero tampoco necesitas mentir —se encogió de hombros—puedes cogértelo —dijo con desagrado—tienes mi aprobación ¿eso querías?

—¿Por qué necesitaría esa mierda? —preguntó enojada, sorprendiéndolas y se avergonzó apenas lo dijo, pensó en disculparse, pero tenía demasiada rabia y se sentía humillada, porque todo lo que Mai decía… era verdad. Incluso lo de que buscaba su aprobación o permiso, no lo había pensado, pero ahora que lo escuchaba le encontraba sentido.

—Mira… lo siento —murmuró restándole importancia—puedes cogértelo —repitió—solo… no te ilusiones esta vez ¿sí?

Kasumi se puso de pie rápido sin mirarla y salió de la sala, con las mejillas rojas de rabia y vergüenza. Mai suspiró cansada y tomó una dona, le dio un mordisco y negó.

— ¿De qué me perdí? ¿qué está pasando? —preguntó Momo, aun en completo asombro sin procesar lo que estaba pensando y escuchó.

—Te apuesto que no llega a dormir esta noche —sonrió divertida.


(…)


Volvió indignada a su cuarto, la respiración pesada y ruidosa, sentía el corazón latirle deprisa y no se le iba el rubor del rostro. Quizás no estaría tan molesta si Mai no tuviera razón, si todo lo que dijo hubiera sido falso, solo lo negaría y se reiría incluso de sus ideas, pero cada palabra de Mai era un dedo en la herida que le recordaba de sus tropiezos y de lo que deseaba. Era un llamado de atención, y le avergonzaba sentirse así, desearlo cuando como dijo Mai, ya se había ilusionado antes y perdonarlo no estaba en sus planes, pero se contradecía.

Suspiró cansada y miró su móvil, frunció el ceño y lo tomó. Estaba enojándose con la persona equivocada ¡no era ni su culpa ni la de Mai! Era la de Satoru Gojo que la exponía al escrutinio y no se merecía todo eso, menos que por su culpa tuviera problemas con sus amigas o colegas. Al pensar en la mirada de Chiharu se estremeció… ella no había ido a preguntarle solo por chismosa, ella tenía otras intenciones y estaba dejándoselo en claro ¿estaba dispuesta a enfrentarla por él? No le tenía miedo, pero no quería verse metida en medio de Satoru y Chiharu, ni mucho menos tener problemas por un hombre, aunque lo amara.

Además, él no se lo merecía. Con el semblante ensombrecido, buscó su contacto y le marcó. No pasaron ni dos tonos cuando él le respondió, se oyó sorprendido y alegre. Incluso su voz podía transmitir su jovialidad, lo que la sonrojó. Carraspeó la garganta y habló rápido.

¡Hey! —saludó alegre— ¿ya me extrañas? —frunció el ceño y suspiró.

—Anoche lo vieron salir de mi cuarto y por su culpa tuve que inventar mentiras —le acusó rápido apretando el puño al recordarlo.

Oh… —soltó y Kasumi jadeó por la sorpresa ¿solo eso iba a decir? Lo escuchó reírse y la indignación creció, se sintió tonta de repente, que nuevamente caía en sus burlas y era su juguete que podía hacer lo que quisiera, de repente la culpa y vergüenza la invadieron por responder su beso e incluso tocarse pensando en él—bueno… lo siento, pero por mí está bien. Estaba marcando territorio.

— ¿Marcando…? —soltó un resoplido y exclamó— ¡no vuelva a mi habitación! —lo escuchó titubear cuando se quitó el móvil de la oreja y le colgó. Resopló molesta y lanzó el aparato a la cama.

Respiró agitada por varios segundos, cuando el móvil sonó. Lo tomó con el ceño fruncido y blanqueó los ojos al ver que la llamaba, le cortó rápido y suspiró. Dos minutos después le escribió, pensó unos segundos y miró el mensaje. Una foto suya haciendo un puchero y un mensaje:

"Perdón. Si no me perdonas iré con una radio y música ochentera a tu ventana"

Kasumi sonrió, olvidando por completo el enojo consigo misma, con él y con Mai. Intentó borrar la sonrisa y negó suspirando ¿cómo podía doblegarla tan fácil? Se disculparía con Mai, y le daría la razón. Tal vez escuchar sus críticas ácidas le ayudarían a recuperar su convicción.

No podía ceder. No otra vez.

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N/A: Momo en este capítulo me recordó a Doña Margarita de Betty la fea ahjhakjhajkahja ; me picaban los dedos por hacer que Gojo la empujara a la cama e hicieran cositas de adultos u-u ; Kusakabe tuvo su primera cena con su cuñado y no lo sabe hahaha no recuerdo qué más debía decir acá. Tengo dos cap más adelantados del fic, y si todo sale como espero, quiero terminarlo este mes (la escritura, porque publicarlo demorará más), ojalá se me de.

En fin, espero no tener muchos errores ortográficos ni de redacción,

Gracias por sus rw, espero leernos pronto!

Bye bye