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Capítulo 15
Confesión
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Le gustaba que la persiguiera, pero le daba pánico cuando lo hacía en vista y presencia de todos sus colegas o asistentes. Lo miró seria, casi advirtiéndole con la mirada de que ni se le ocurriera acercársele a saludarla o tocarla delante de todos, pero si él lo entendió o no, no importaba, porque ignoró magistralmente su advertencia y se acercó a hablarle con entusiasmo.
— ¡Lo hiciste bien! —dijo animado y le revolvió el cabello. Sus mejillas se sonrojaron, miró a su alrededor, alerta por si alguien los estaba observando y aunque nadie lo hacía, o no lo notó, sentía que de todas formas todos lo habían visto. Tragó saliva y se alejó con disimulo y desvió la mirada.
—Uhm… ¿por qué vino? Todo estaba bajo control —murmuró ordenándose el cabello que él desordenó.
Satoru no borró su sonrisa, siempre era un agrado verla, aunque fuera cinco minutos. Le bastaba. Desde que la había besado y ella le correspondió, habían pasado dos semanas, donde cada día le habló y escribió por mensajes hasta que ella le respondía. Si bien, Kasumi apenas le contestaba y era él quien hablaba todo el día y mandaba mensajes, le bastaba, estaba disfrutando las migajas que ella le obsequiaba y por el momento para él era un buen augurio. Cada día la visitó, ya sea en su habitación-aunque lo corría rápido y no se volvieron a besar-, o en sus misiones como ahora. Ella siempre parecía incómoda con su presencia, pero no se desanimaba. Sabía que en el fondo ella lo amaba y solo debía recuperar su confianza.
Y podía ser muy insistente si se lo proponía.
—Lo sé —sonrió mirando al personal que limpiaba la escena, una misión importante que requirió de cuatro chamanes y 5 asistentes en una ciudad de Kioto—pero quería verte.
—Uhm… —sintió el calor abochornarle el rostro, no podía mirarlo a la cara, estaba demasiado avergonzada y en cambio, miraba a todos esperando que nadie notara su intercambio de palabras—Gojo-san… por favor —susurró y lo miró a la cara, él usaba sus lentes, últimamente siempre lo hacía cuando se veían—no me hable en público.
— ¿Uh? —tragó saliva, incómodo, y se rio por los nervios, encogiéndose de hombros negó confundido— ¿por qué? ¿te avergüenzo?
—No quiero que se hagan ideas equivocadas —murmuró mirando a algunos asistentes que pasaron cerca, que los quedaron viendo curiosos.
—No son ideas equivocadas —respondió indignado, llamando su atención. Se quitó los lentes y la miró con el ceño fruncido—intento cortejarte, por si no te has dado cuenta —dijo blanqueando los ojos—no me importa que lo sepan.
Kasumi miró sus zapatos y mordió su labio inferior. Se le revolvió el estómago, quizás por el nerviosismo y ansiedad que él provocaba, o por felicidad por escucharlo reafirmar lo que le venía repitiendo desde que retomaron el contacto, no lo podía saber con seguridad, Satoru siempre le provocaba múltiple de sentires.
—Sí… sí de verdad le intereso… —comenzó diciendo, nerviosa, jugó con un mechón de su pelo que caía sobre su pecho, sin mirarlo— ¿puede mantenerlo bajo perfil?
— ¿Te doy vergüenza? —insistió serio, con las manos en los bolsillos— ¿también te escondes con tus pretendientes o solo es para mí este trato? —preguntó con sorna y Kasumi jadeó sorprendida. Vio como sus mejillas se sonrojaron intensamente, sus ojos bien abiertos viéndolo incrédula.
—N-no tengo por qué decirle nada —respondió enojada—y-y ¡y si sigue exponiéndome así, lo volveré a bloquear! —exclamó apenada, sin mirarlo a la cara. Lo oyó suspirar, pudo percibir su cansancio y por un momento temió aburrirle, que de tanto negarse él terminara alejándose y le dio miedo, pero se esforzó por mantenerse firme.
—Está bien… —dijo de mala gana— ¿quieres que me acerque escondido todo el tiempo? —preguntó haciendo una mueca— ¿y qué pasará después? ¿esconderemos a nuestros hijos y nuestro matrimonio?
— ¡¿Q-qué?! —exclamó incrédula, sentía todo el rostro caliente y el corazón latirle tan rápido que en cualquier momento se le salía por la garganta, balbuceó nerviosa y miró alrededor, notó un par de asistentes que voltearon a verlos por su gritillo y mordió su labio inferior otra vez, mirándolo pasmada—n-no diga disparates.
— ¿Cuál disparate? —se defendió rápido mirándola con suspicacia—ahora me rechazas, pero en unos años nos reiremos de esto.
—Ba-basta —dijo sin mirarlo—me voy, no me siga —le advirtió y giró sobre su talón, pero él la atajó desde su chaqueta y la obligó a voltear— ¡Gojo-san! —susurró suplicante—por favor… no aquí.
—Está bien, está bien —suspiró—seré más discreto —prometió haciendo una mueca—duerme bien —le sonrió.
Kasumi lo miró por unos segundos, sintiendo como el pecho se le apretaba. Memorizó cada gesto en su perfecto rostro y se ruborizó, asintió y susurró un "usted igual" sin mirarlo, él la soltó lentamente, como si no quisiera hacerlo y ella se alejó rápido, al borde de un colapso nervioso, sintiendo que todo era demasiado irreal. Volteó a verlo, pero él ya se había ido, y ahora todos podrían suponer que solo fue a verla.
—No estás siendo discreto —susurró molesta.
(…)
Cuando salió del sanitario, no se sorprendió de verlo en su habitación, pero le irritó verlo recostado en su cama. Estaba usando su móvil y veía vídeos virales, Kasumi contuvo el suspiro y caminó rápido hacia la puerta, poniéndole seguro.
—Buena idea —dijo él, apoyándose en sus codos para verla— ¿te sentirás más cómoda de ese modo? —preguntó medio sonriéndole y Kasumi giró a verlo con el ceño fruncido y los labios apretados, él encogió las cejas e hizo un mohín infantil— ¿estás enojada?
— ¿Cuál comodidad? —preguntó con sarcasmo—su idea de cortejo está al borde del acoso—suspiró cansada y caminó de regreso al sanitario.
Satoru la miró cabizbajo, podía comprender su irritación, pero sentía que ella no lo entendía a él. Llevaban un par de meses así, él insistiéndole salir por mensajes, ella apenas respondía, pero siempre le ignoraba con sus invitaciones. Le llevaba regalos, ella los recibía de mala gana y le pedía que se fuera. No le dejaba acercarse demasiado, como si fuera contagioso o un peligro, se sentía ofendido. La alegría que sintió cuando se besaron había quedado en el olvido, y por más que intentaba averiguar si estuvo saliendo con otros en ese tiempo, ella nunca contestó.
Pero creía que sí.
Se sentía en desventaja, y no sabía qué más hacer para que ella lo notara. Había intentado darle espacio, y solo comprobó que Kasumi podía estar horas y días sin prestarle atención, si él no le hablaba o la visitaba, ella no hacía ningún esfuerzo por contactarlo. Se sentía muy menospreciado, y sabía que lo merecía, pero ¿cuánto tiempo más estarían así? ¿Cuánto más podría aguantar? La amaba, y estaba a su merced, pero estaba deprimido. Mucho.
Le había hecho caso a Shoko hace unos meses y comenzó a medicarse para dormir, le estaba ayudando un poco, pero su ánimo seguía dependiente de su interacción con ella, y sabía estaba mal, pero que Kasumi lo perdonara se había vuelto casi una obsesión.
Quizás no estaría tan inquieto y desesperado si ella le hubiera rechazado de frente, pero aún no era capaz de decirle que no lo amaba, solo lo echaba de su pieza ¿qué podía concluir de eso? A veces pensaba que a Kasumi le gustaba que le persiguiera, que solo se hacía la molesta o incómoda con su presencia, o se estaba vengando de él, y ambos casos eran válidos, lo merecía. Pero le dolía profundamente, lo estaba pagando caro. Se intentaba convencer y dar ánimos de ese modo, y lo confirmaba cada noche que iba a verla a su dormitorio y se encontraba la ventana sin seguro. Para él aquello era una invitación.
—Es que no me das atención —se quejó cuando regresó, haciendo un puchero con los labios mientras abrazaba la almohada. Ella alzó una ceja en respuesta—necesito mimos y besitos de Kasumi —murmuró en tono cantarín.
— ¿Sabe? —Satoru la miró atento, borrando su sonrisa boba en segundos—estoy demasiado cansada para lidiar con usted ahora. Haga lo que quiera, me voy a la cama.
Satoru la miró serio, la vio peinar su cabello en una trenza y sujetarlo con un lazo elástico, encendió la lámpara de su velador y apagó la luz de la habitación. Parpadeó confundido cando la vio de pie al otro lado de la cama.
— ¿Qué? —dijo y ella estiró la mano hacia él.
—Mi almohada —murmuró—me iré a la cama, puede irse.
—Dijiste que hiciera lo que quiera —respondió frunciéndole el ceño y ella suspiró. Levantó las mantas y se metió a la cama, apenas podía taparse ya que su peso en las cobijas no lo soportaba. Se rio de ella y se bajó para que pudiera acostarse, pero antes de que se acomodara, él abrió el otro lado de su cama tamaño plaza y media e intentó acostarse. Kasumi se quejó en alto e intentó usar todo el espacio para evitarlo— ¡Hey!
— ¡Quiero dormir! —se quejó con las mejillas sonrojadas—n-no puede simplemente meterse a mi cama.
— ¿Por qué quieres dormir tan temprano? —preguntó con las manos en la cadera—veamos vídeos y platiquemos un poco —se quitó la chamarra y bajo los atentos ojos de ella, se desabotonó la camisa, y aunque esperaba ver su torso desnudo y marcado, se encontró con una remera delgada y ajustada sin mangas debajo, sintió el calor en sus mejillas viendo sus hombros y pectorales gracias a la tela que se adhería a su torso trabajado, obligándola a desviar la mirada.
—Dije que estaba cansada —murmuró derrotada, haciéndole un espacio en la cama.
Satoru sonrió, era la primera vez desde lo de Okayama que le dejaba acostarse junto a ella. Se acomodó con una sonrisa triunfante en sus labios y tomó su móvil, la miró por el rabillo del ojo y notó lo seria que estaba mientras miraba el techo.
— ¿Qué haces antes de dormir? —preguntó y ella se encogió de hombros. Satoru guardó silencio por unos segundos, si bien siempre lo echaba de su cuarto o rechazaba sus intentos de conquista, nunca se mostraba tan desinteresada. Siempre sonrojada y avergonzada, temblando nerviosa por su presencia— ¿estás bien? —murmuró recostándose de lado—pareces irritada…
—Solo estoy cansada —dijo sin mirarlo.
—Uhm… ¿estás menstruando? —se arriesgó a preguntar, y cuando ella se sonrojó y sus labios temblaron mientras los apretaba, obtuvo su respuesta—ah… ya veo —susurró y se acercó, antes que pudiera alejarlo o quejarse, la abrazó— ¿te duele algo?
—N-no me abrace —dijo contra su pecho, pero él no la soltó y acarició su espalda con suavidad—Gojo-san…
— ¿Te duele? —insistió— ¿tan difícil es que me respondas eso? —preguntó con el ceño fruncido. Y ella asintió escondiendo el rostro en su pecho. —Entiendo… ¿has tomado algo? —Kasumi negó—bien.
Se alejó antes de que pudiera confortarse con su calor y lo miró confundida. Iba a preguntarle sí se iba, pero se contuvo. Era lo que le había pedido después de todo, lo vio vestirse solo con su chamarra y buscar sus zapatos, miró confundida sus movimientos.
—Ya vengo —dijo y salió por la ventana.
Se quedó mirando el espacio vacío y suspiró. Estaba cansada físicamente, era cierto, pero también le agotaba estar siempre fingiendo que le molestaba su presencia cuando en el fondo quería caer rendida a sus pies con cada gesto. Mai y Momo-tuvo que contarle todo-, la aconsejaban todo el tiempo y animaban a mantener esa faceta, pero era sumamente difícil cuando actuaba tan amable y encantador. El Satoru con el que compartió en el pasado no era así de seductor, él estaba acostumbrado a mover un dedo y que ella se desviviera por complacerlo.
Satoru de su presente en cambio, estaba usando todo su encanto y poder adquisitivo para impresionarla, y lo lograba. No se lo demostraba, pero lo hacía. Cada vez que le escribía, se quedaba sonriendo a la pantalla. Cuando la veía después de sus misiones, o por la mañana, o en su habitación como ahora, se quedaba siempre anhelando por más. Él había sido respetuoso, y agradecía demasiado que fuese de ese modo, de lo contrario ya se habría acostado con él.
Lo deseaba. Su modo seductor estaba funcionando, y cada vez que se iba como ahora, se quedaba imaginando escenarios en los que él nuevamente le robaba un beso y esta vez sí lo dejaba arrastrarla a la cama.
No tenía remedio.
Se quedó viendo vídeos en una aplicación, y media hora después llegó él por la ventana otra vez. Kasumi lo miró expectante, cargaba un par de bolsas de la tienda de convivencia más cercana.
— ¿Qué…? —murmuró curiosa, Satoru dejó las bolsas en la cama y buscó una botella de agua entre las cosas que compró, se la entregó sin mirarla y continuó buscando.
— ¡Aquí está! —celebró sonriendo sacando la caja de píldoras—toma dos, son antinflamatorios —explicó y Kasumi asintió, evitando verlo a los ojos.
Sentía el pecho apretado, cada detalle y gesto de Satoru la aturdía. Si en algún momento mientras estuvieron distanciados pensó que podía dejar de amarlo, ahora definitivamente sabía que no sería así. Le hizo caso y tomó las pastillas en silencio.
—Déjame calentar esto —volteó a verlo y alzó ambas cejas cuando lo vio sacar un calentador eléctrico del tamaño de un pequeño cojín. Lo vio enchufarlo a la corriente y ajustarle un nivel, levantó las mantas y Kasumi jadeó sorprendida—uhm… —soltó viendo sus piernas desnudas, tragó la saliva que se le acumuló y la miró, ella desvió la mirada, pero no parecía rechazarlo, por lo que acercó el calentador a su vientre bajo—en un par de minutos te sentirás mejor.
—N-no era necesario —susurró sin mirarlo, avergonzada. El corazón le latía deprisa, apretó los labios nerviosa y lo miró por el rabillo del ojo—gracias.
—Descuida —sonrió y le revolvió el cabello—compré dulces —Kasumi lo miró entusiasmada y él se rio bajito, sacó varias cajas de pasteles y chocolates y se los dejó sobre el regazo. —Iré por unas cucharas y tenedores —dijo y ella asintió.
—Uhm… no creo sea bueno que coma tan tarde —susurró mirando el pastel que Satoru exponía para que ambos comieran.
— ¿Eh? ¿quién te dijo esa estupidez? —preguntó haciendo una mueca—da lo mismo la hora.
—Ehm… pero las calorías… —susurró con vergüenza y Satoru la miró perplejo.
— ¿Qué? —preguntó incrédulo— ¿Te preocupa tu peso? —la vio sonrojarse hasta las orejas y sonrió con ternura—sé que no te importa lo que piense o diga, pero estás bien así —comentó y sacó un trozo de pastel de chocolate, guio el tenedor hacia la boca de Kasumi y ella lo miró asombrada— ¡di "ah"!
—Pue-puedo sola —balbuceó nerviosa, pero él frunció el ceño en respuesta. Suspiró derrotada y abrió la boca.
Satoru relamió sus labios al verla comer, trató de no pensar en nada extraño, pero no pudo. Se imaginó su boca alrededor de otras partes de su cuerpo y tuvo que desviar la mirada.
Kasumi continuó comiendo con una sonrisa en los labios. Los antojos de dulces en esos días eran recurrentes, y casi nunca compraba nada para complacerse, en parte porque ahorraba y no quería seguir subiendo de peso. Miró en silencio como Satoru volvía a desvestirse, esta vez incluso se quitó los pantalones y quedó solo con bóxer y su camisa delgada sin mangas. No lo regañó, tampoco preguntó cuándo se acostó de nuevo a su lado, sentía que se lo había ganado.
—Gracias —volvió a decir mientras apretaba el calentador en su vientre bajo.
—Kasumi… —volteó a verlo curiosa, con la boca llena de pastel. Él elegía un postre entre todos los que trajo, levantó la vista hacia ella y susurró con timidez, sorprendiéndola— ¿puedo hacerte una pregunta?
—Uhm… dígame —por alguna extraña razón, también le dio vergüenza. Estaba nerviosa y expectante. Lo vio sacar un mousse de fresa y quitar la tapa, la miró serio y habló.
— ¿Ya no tomas anticonceptivos? —se tensó apenas le oyó, sintió las mejillas sonrojarse abruptamente y desvió la mirada.
—Uhm uhm —negó y lo miró por el rabillo del ojo. Su vergüenza se esfumó apenas lo vio sonreír, una sonrisa socarrona que le indignó y no sabía por qué— ¿qué le causa gracia?
— ¡Nada! —exclamó sin poder contener la sonrisa, pero ¿cómo hacerlo? Esa simple respuesta decía mucho para él. Que no estuviera usando anticonceptivos le dejaba en claro que no se había acostado con otros chicos, o no tan recurrente como para llegar a ese punto y eso lo calmaba—es solo que… recuerdo que dijiste que tus cólicos se habían calmado cuando empezaste a tomarlos… es todo.
—Ah… —lo miró anonadada, tragó nerviosa y desvió la mirada. Comió en silencio y murmuró—aun lo recuerda…
— ¡Por supuesto! —exclamó orgulloso—recuerdo cada detalle que compartimos.
—Uhm… —no podía controlar sus latidos cuando él le decía cosas así sin considerar lo mucho que la conmovía.
Comieron casi todo, dejaron un par de pastelillos y se acomodaron nuevamente. Satoru la miraba de soslayo, pensando si podía o no acercarse. Ella parecía cansada y pálida, no quería irritarla más. Le bajó el volumen a su móvil y miró la pantalla, pero a los segundos volvió a centrarse en ella cuando la sintió removerse. Al parecer se había ganado pasar la noche acompañándola gracias a su compra y preocupación, pues no volvió a correrlo ni hacerle mala cara. Kasumi se acomodó de costado dándole la espalda, vio su cuello blanco adornado por algunos mechones sin trenzar y sonrió. Bloqueó su celular y se acomodó imitándola.
Tragó saliva, nervioso, y de a poco fue acercándose a su cuerpo. No tardó demasiado, el espacio entre ellos no era mucho. Esperó unos minutos, por si ella lo regañaba o se alejaba, o incluso si lo echaba. Pero nada sucedió. Volvió a tragar, en seco, relamió sus labios y avanzó un poco, luego otro, hasta quedar apegado a su cuerpo. El olor de su cabello inundó sus fosas nasales, sonrió aliviado, como si fuera un remedio que le urgía hace mucho tiempo.
— ¿Estás despierta? —preguntó en un susurro.
—No —respondió y él alzó una ceja al mismo tiempo que hacía un puchero en los labios.
—Qué graciosa —respondió. No vio su sonrisa, pero si cuando su mano apagó la lámpara, quedándose a oscuras con ella. Fue su turno de sonreír— ¿me gané un espacio en tu cama esta noche? —le preguntó acercándose a su oreja.
—Sí sigue hablando, lo perderá —respondió ella con los ojos cerrados.
—Que despiadada —susurró él riéndose—me parece justo.
Pasaron dos minutos, quizás cinco, cuando sintió la mano de él en su cintura. Tragó saliva, nerviosa, y apretó las piernas. Agradeció estar menstruando, era una excusa suficiente para rechazar cualquier avance que el hechicero planeara. Mordió su labio inferior cuando lo sintió apegarse a su cuerpo, su pierna se subió a la suya abrazándola con ambas extremidades, atrapada por él. Su calor le alivió bastante, iba a protestar y apartarlo, pero apenas su pelvis choco con su espalda baja haciéndole presión, el alivio fue inmediato.
Al no ver resistencia, avanzó un poco más. Con la garganta seca, y nervioso como un inexperto, fue moviendo su mano lentamente por sus costillas hasta llegar a su premio, su seno izquierdo. Lo palpó despacio, con disimulo al principio, luego lo apretó con descaro, ganándose unos gemidos.
—N-no haga eso… —dijo sin fuerzas, cerrando sus ojos mientras se permitía sentir su caricia—Gojo-san… —soltó como advertencia, pero él no dejó de masajear su pecho.
—Parece que te gusta —le susurró y besó con suavidad su cuello.
—N-no es así —murmuró, el calor pronto fue protagonista, instalándose en su intimidad. Mordió su labio inferior para evitar gemir cuando el besuqueó una y otra vez la curva de su cuello.
— ¿Por qué me mientes? —le preguntó estremeciéndola—no sabes cuánto te he extrañado —le dijo apoyando su frente en su cabeza.
Ella no pudo responder.
Kasumi se quedó quieta en su sitio, y él besó su hombro, con tal afecto que la desarmó por completo. Se esforzó por no voltearse y besarlo, intentó pensar en cada lágrima que derramó cuando la dejó, en cada consejo que sus amigas le dijeron, y se mantuvo medio firme. Le dejó tocarla, pero no hizo nada más.
Satoru la acariciaba con suavidad, a momentos se le escapaban gemidos que le hacían sonreír. Tentó a su suerte y metió su mano debajo de su remera, ella tembló cuando sus dedos palparon su piel, masajeó entusiasmado su pecho otra vez y cerró sus ojos sintiendo su suavidad, tragó la saliva que acumuló en su boca y movió un poco su pelvis, frotando su erección que exigía atención.
—Se está sobrepasando —dijo ella en un susurro débil.
—Lo siento —respondió riéndose. — ¿Podemos quedarnos así?
Ella no respondió, pero tampoco lo apartó. Por lo que se acomodó triunfante, y con una sonrisa en los labios, pasó su otra mano por debajo de su cuerpo para agarrar su otro pecho, mientras apoyaba su barbilla en la curva de su cuello. Kasumi parecía tan pequeña entre su cuerpo, sentía que la tenía atrapada con sus largas piernas y brazos, pero ella no hacía ningún esfuerzo por liberarse. Quizás por su cansancio, o por fin estaban rindiendo frutos sus intentos de conquista, lo que fuera le ayudó a estar así con ella y lo agradecía enormemente.
—Kasumi… —dijo en un susurro.
— ¿Uhm? —la sentía relajada entre sus brazos, incluso parecía que disfrutaba de su caricia.
— ¿Me estás dejando manosearte porque me lo gané con los pasteles, estás cansada para lidiar conmigo, o porqué te duelen los pechos? —quiso saber, pasaron unos segundos antes que ella respondiera, que sintió eternos.
—Me duelen —dijo finalmente y él sonrió.
—Ya veo… —los masajeó con cuidado, y ella gimoteó en respuesta—puedes llamarme cada vez que te duelan, yo me sacrifico —sonrió—soy un hombre amable, ya sabes.
—Claro —sonrió ella—qué sacrificio…
— ¿Te burlas de mí? —preguntó con falsa indignación— ¡claro que lo es! ¿crees es sencillo solo manosearte y no hacer algo más?
—No quiero saber la respuesta —dijo después de unos minutos, con las mejillas sonrojadas. Posó su mano sobre la de él y cerró sus ojos—duérmase antes de que cambie de opinión y le pida que se vaya.
—Está bien, está bien —respondió entre dientes—descansa.
—Buenas noches.
Satoru sonrió ¿buena noche? ¡la mejor en mucho tiempo! Refugió su barbilla en la curva de su cuello y cerró sus ojos, dando ligeros apretones en su pecho, fue quedándose dormido sin necesitar una pastilla después tantas semanas de desvelo.
(…)
Hizo una mueca al ver a los asistentes. Miró de soslayo a su compañero de misión, Ryuu Sanada, un hechicero del mismo grado que ella, de la generación de Chiharu. No le agradaba, lo encontraba arrogante y déspota. La arrogancia no se veía bien en nadie-excepto en Satoru-, sentía que era demasiado orgulloso cuando no tenía motivos para serlo.
—Tendremos que quedarnos en el hostal —le sonrió girando en su dirección. Kasumi asintió, pero no dijo nada—te invito un par de copas.
— ¿Uh? —lo miró curiosa, él se encogió de hombros.
—Debe haber un bar en el hostal, vamos. —Kasumi pensó unos segundos y suspiró, no quería mostrarse apática, ella no era así. Y con Satoru tenía suficiente, no podía asimilarlo a su personalidad.
Sonrió al pensar en Satoru. Lo cierto era que poco a poco él escalaba en su muro de defensa. Había pasado una semana desde que durmieron juntos y la había manoseado, se ruborizó al recordarlo, aunque él intentó repetir, no lo permitió. A veces lo dejaba recostarse en su cama, solo eso. Se convenció que la había pillado en un momento vulnerable, cansada y desesperada por afecto.
Lo siguió en silencio, entraron en un hostal modesto, pero amplio. Tanto ellos como los asistentes tendrían que quedarse, estaban en la prefectura de Iwate, del otro lado de la isla y los vuelos partían temprano por la madrugada.
Se sentó en un piso alto mientras Ryuu pedía dos cervezas y un poco de pollo frito y frutos secos.
—Entonces… ¿Miwa-chan? —Kasumi lo miró en silencio y él apoyó su barbilla en su mano— ¿en qué sueles divertirte?
— ¿Estás coqueteándome? —preguntó sin pensarlo. Se sorprendió de sí misma cuando lo dijo, pero era exactamente el mismo discurso de sus citas. Miró el jarro de cerveza en el mesón cuando se lo sirvieron y pensó en disculparse, cuando oyó una risita en respuesta.
— ¿Tan evidente soy? —no se ruborizó, tampoco se puso nerviosa. Al contrario, se tensó y estaba alerta a cada movimiento. Volteó a verlo con una diminuta sonrisa— ¿no funciona?
—No, lo siento —dijo y bebió un sorbo de su jarra—quizás debamos ir a dormir.
— ¿Juntos? —preguntó y ella tosió.
— ¿Disculpa? —lo miró incrédula. Satoru no era así de directo, tenía una ligera sutileza en comparación a Ryuu y, sobre todo, a ella le gustaba. Quizás por eso no lo consideraba acoso, pero con su compañero se sintió incómoda, mucho. —Creo que estás siendo descortés.
—Lo siento —sonrió encorvando las cejas—siempre quise tener una misión a solas contigo. Me desesperé supongo —se encogió de hombros— ¿tienes novio?
—Sí —respondió sin pensar, y él la miró con sospecha. Pero se mostró tan firme y con convicción, que no había espacio para la duda.
—Oh… lo siento, no lo sabía —dijo decepcionado—debe ser muy afortunado ¿hace cuánto están juntos?
—Eh… —duda ¿qué decía? ¿consideraba el tiempo en su pasado con Satoru? ¿por qué pensaba en Satoru al inventar un novio? Suspiró, era lo que detestaba de ser mujer, la forma más sencilla para que un idiota aceptara un "no" como respuesta, era diciendo que había otro hombre en su vida y ahí respetaban su negativa, no, más bien, al otro hombre, no su respuesta.
—Lo estás inventando —respondió Ryuu inclinándose hacia ella—entiendo, te estoy molestando. Lo lamento —dijo y bebió un trago largo, casi tomando la mitad del contenido—es que eres tan guapa ¿te lo habían dicho? —siguió diciendo y tomó un mechón de su cabello—tu pelo tan largo... cuando caminas se mueve al compás de tus pasos. Me imagino tomándolo y tironeándolo mientras te cojo por detrás. —Kasumi abrió los ojos de par en par y lo abofeteó fuerte en la mejilla, haciéndolo jadear. — ¡Mierda!
—Imbécil —dijo y se levantó rápido de su silla y se alejó del bar ardiendo en ira.
Su habitación estaba en el primer piso. Luego de darse un baño, se vistió únicamente con una yukata que le ofrecieron en el hostal. Estaba molesta, pero más que nada por el atrevimiento de su colega, y tener que verle la cara al día siguiente. Suspiró, su intuición no le falló esta vez y definitivamente Ryuu era un idiota. Se desplomó en la cama y apretó su vientre, tenía hambre, pero no quería salir y correr el riesgo de toparse con él.
Su móvil vibró, lo miró pensativa y lo tomó de mala gana, pero al ver el nombre de Satoru en la lista de mensajes, terminó sonriendo y olvidando el mal rato. Le preguntaba dónde estaba y qué hacía. Ella dudó, terminó contándole que tendría que quedarse en el hostal-para que no fuera a Kioto-, y que tenía hambre. Él vio su mensaje, pero no respondió.
Kasumi miraba a cada momento su contacto para ver si aparecía en línea, se regañó mentalmente varias veces por estar pendiente de él, se sintió idiota una vez más. Urgida por la atención de Satoru. Suspiró derrotada y se acomodó en la cama boca abajo abrazando la almohada. Se quedó allí unos minutos y volvió a tomar su móvil, les escribió a sus hermanos, y luego a sus amigas exponiendo a Ryuu.
Oyó dos golpes en la puerta, se tensó. Pensó en no abrir, frunció el ceño ¿por qué le temía a un imbécil? No debía esconderse ni avergonzarse, al contrario, él sí. Relamió sus labios e inhaló profundamente, se afirmó el nudo de la yukata y caminó hacia la puerta.
— ¿Quién es? —preguntó alerta.
—Yo —alzó ambas cejas al oír la voz de Satoru y abrió rápido, con la boca abierta lo quedó viendo confundida— ¿sorpresa?
— ¿Cómo sabía que estaba aquí y esta era mi habitación? —preguntó mirándolo incrédula.
—Con dinero, todo se soluciona —se encogió de hombros sonriendo con soberbia—traje comida —dijo mostrándole la bolsa y entonces sintió el aroma a comida caliente.
Kasumi miró la bolsa luego a él y tragó saliva. A veces sentía que siempre la rescataba de algo… de un mal momento, de sus propios pensamientos… ¿lo sabría o lo haría sin darse cuenta? Mientras Satoru entraba y cerraba detrás de sí, no dejaba de pensar en que estaba agradecida, no sabía bien porqué.
Lo vio quitarse los zapatos, entró sin vergüenza a la habitación y dejó las bolsas sobre la mesa de centro. Sacó las bandejas mientras tarareaba y Kasumi se apoyó en la pared sin dejar de admirarlo. Se fijó en su cuello expuesto, grueso y marcado por sus músculos, en sus manos y apretó las piernas. Mordió su labio inferior viendo como movía sus dedos e imaginándolos en su cuerpo, sacudió su cabeza y volteó a verlo. Él la miraba confundido.
— ¿Pasó algo? —Kasumi alzó ambas cejas y negó— ¿segura? Te ves… preocupada.
—Uh… no pasa nada —sonrió acercándose. Vio los platillos humeantes y sonrió entusiasmada— ¿intenta comprarme con comida? —preguntó levantando la vista y él medio sonrió.
— ¿Funcionó? —y ella se rio.
Satoru borró su sonrisa, se quedó idiotizado viendo como sonreía e intentaba cubrirse con su delicada mano. Tragó, inquieto y sintiendo como el aire le escaseaba de pronto, y la única solución la encontraría en su boca. Fue consciente de sus propios latidos, fuertes y molestos, volvió a tragar y relamió suavemente su labio inferior, su silencio pareció alertar a la joven que tenía en frente. Kasumi dejó de reír y lo miró seria, él se quitó sus lentes y sus ojos se encontraron al instante mientras los dejaba sobre la superficie de la mesa.
— ¿Gojo-san? —susurró ella, fingiendo confusión. Porque ya lo sabía, ya había entendido que el ambiente había cambiado y conocía bien el encanto que se había formado entre ambos. Él tenía razón, la tensión sexual era evidente.
Fue su turno de relamer sus labios, preparándose para lo que él tuviera en mente. El hambre se fue al instante, dejando a su paso una molesta sensación de pesadumbre en su vientre, quizás los nervios y la ansiedad, no podía saberlo con seguridad. No volvieron a hablar.
Y no fueron necesarias las palabras.
Satoru dejó las bolsas y caminó hacia ella, Kasumi lo esperó. Levantó la barbilla para poder verlo a los ojos y él se agachó lo suficiente para que la diferencia de altura no fuera un problema. Su pecho se infló mientras llenaba sus pulmones de aire, nerviosa, un ligero rubor decoró sus mejillas y apretó sus manos en la tela de su yukata. Él dio otro paso y se quedó de pie a unos centímetros de distancia, se quedó viendo como su manzana de Adán subía y bajaba y sonrió ¿él estaba nervioso igual que ella? No alcanzó a averiguar la respuesta.
Jadeó cuando la mano del hechicero tomó su nuca con firmeza y la acercó a su perfil, para por fin concretar el beso que ambos anhelaban en silencio. Esta vez ella no se sorprendió, y respondió entusiasta, gimiendo en su boca y moviendo sus labios en completa sincronía.
Lo siguiente no lo recordaba bien, se vio a sí misma rodeando su cuello que tanto admiraba, apegándose a su cuerpo bien formado, mientras él tanteaba su espalda y cintura, hasta agarrar con posesividad su trasero.
Satoru la tomó sin problemas, se instaló entre sus piernas y ella rodeó su cintura con las mismas mientras la arrastraba hacia la sencilla cama del cuarto. Luchó con la necesidad de empujarla a la cama y embestirla de una vez, estaba ansioso por ser uno con Kasumi otra vez, pero también temía que ella nuevamente cambiara de opinión y terminara alejándolo. Era un manojo de nervios que disimulaba bien.
Sin embargo, cuando la dejó suavemente sobre la colchoneta, ella se apoyó en sus codos y lo miró expectante. Lo vio ahí, en sus ojos grandes y azules profundos, que ella quería lo mismo que él. La vio desanudar lentamente el cinturón de su yukata exponiendo su desnudez, él la observó boquiabierto. Le costó tragar, sus ojos color cielo no se centraban en ningún lugar, admiraba cada centímetro de su piel y agradeció a cualquier divinidad que lo estuviera escuchando, por darle esa oportunidad de verla así una vez más.
Relamió su labio inferior y se inclinó para besarla. Ella se sujetó de sus hombros y lo jaló hacia su cuerpo, Satoru se le subió encima sin dudar, con cuidado de no aplastarla demasiado, pero ella quería sentirlo. Gimió en su oído mientras metía sus manos debajo de su chamarra, buscando tocar su torso desnudo y él sonrió por su impaciencia. Se alejó un poco sin romper el beso para desvestirse.
Kasumi sentía el rostro abochornado, la vista un poco nublada y no entendía si tenía los ojos llorosos o el calor de los breves sorbos de cerveza se le habían subido a la cabeza. Quiso culpar a la cerveza. Mordió su labio inferior al ver sus pectorales y abdominales marcados, debía ser un pecado que Satoru Gojo fuera tan hermoso. Casi como un insecto atraído por la luz, se sentó en la cama y besó su pecho mientras él se quitaba la ropa. Lo escuchó gemir, y siguió besando y lamiendo cada surco. Hizo un camino desde su cuello, sus pectorales, abdomen hasta sus oblicuos, besó el camino de su ombligo hasta su cinturón y él esperó expectante. Miró hacia arriba, encontrándose con sus ojos fijos en ella, su sonrisa burlesca exhibiendo sus caninos y sus mejillas adornadas con un tierno rosa. Sin despegar su mirada de sus ojos, le quitó el cinturón, luego desabotonó su pantalón y bajó el cierre.
No fue sorpresa para Kasumi encontrar su miembro erecto, es más, casi lo sintió como un triunfo. Bajó la tela lo suficiente para llevárselo a la boca, él bajó lo demás hasta quedar de pie desnudo frente a ella. Sintió su mano posarse en la corona de su cabeza como tantas veces, pero no había ternura en su gesto esta vez. La guio suavemente en el ritmo, lo oyó gemir sin vergüenza y el cosquilleo en su intimidad comenzó a molestarle. No alcanzó a lamer y chupar demasiado cuando él la alejó con delicadeza.
Iba a preguntar, pero Satoru la empujó con sutileza de vuelta a la cama y fue su turno de recorrerla a besos. Gimió en alto cuando sintió sus labios en su cuello, lamiendo y mordisqueando, aplicando un poco de presión con los dientes encendió su cuerpo entero. Enterró sus uñas en sus hombros, y él fue bajando hasta sus pechos, los amasó con entusiasmo y se llevó un afortunado a la boca, succionando con hambre, luego el otro, para después besar sus costillas, su abdomen plano y ombligo, sus caderas y pubis.
Mordió sus labios cuando Satoru besó el interior de sus muslos, recorriendo lentamente hasta llegar a su intimidad. Él la miró desde abajo y ella, sofocada y acalorada le devolvió la mirada, gimió bajito cuando lo sintió tocarla, separar los labios y palpar con la yema de sus dedos su ranura, jugueteando con sus fluidos, llevándola al límite, hasta que besó su cúspide de carne y perdió los estribos. Se afirmó de las sábanas mientras él lamía y succionaba a ritmo constante, movió sus caderas con impaciencia, los gemidos groseros que se le escapaban la asustaban, pero no podía contenerse.
Una de las manos del hechicero subió hasta uno de sus pechos, y se quedó ahí amasando mientras la hacía venirse con la boca. Respiró agitada, con el cuerpo lánguido y adormecido, pero no había terminado. Satoru volvió a instalarse entre sus piernas, lo vio secarse la barbilla con el dorso de la mano sin dejar de sonreírle, burlándose de ella, pero esta vez no le molestó. Le pareció justo.
Sintió la punta de su miembro buscar su entrada y él la besó con necesidad mientras empujaba con cuidado, ella acarició su espalda y lo empujó a su cuerpo, apegándolos para fundirse y gimió en su boca cuando la embistió.
Ambos jadearon en la boca del otro con cada empuje, Kasumi no tardó en encontrar el ritmo y moverse junto a él. Satoru besó sus mejillas, su mentón, sus labios, adorando cada rincón de su rostro, lo tomó entre sus manos mientras seguía moviendo sus caderas entre la de ella y la besó en la boca, metiendo la lengua varias veces hasta que apoyó su frente en la de ella, ambos con el pelo pegado a sus sienes por el sudor.
—Te amo… te amo tanto —le dijo entre jadeos y Kasumi se congeló.
Tardó un par de segundos en recuperarse y continuó moviéndose, mientras lo miraba gemir, sentía su aliento en su piel y se hundía una y otra vez en su interior. Sentía el corazón latirle deprisa, y no era por el esfuerzo físico. Por un momento se desconectó por completo del encuentro y se movió por inercia, fue cuando reaccionó a tiempo al ver las señales de placer en el rostro del hechicero que le respondió.
—Adentro no… —pidió entre gemidos y Satoru la miró serio ¿esa era su respuesta a sus sentimientos? El pecho le pesó de repente, pero no dejó que la inseguridad lo inundara, no cuando estaba disfrutando de su cuerpo por fin después de tantos desprecios.
Volvió a besarla mientras asentía, y ella lo abrazó, enredó sus dedos en su melena albina y se alejó cuando sintió su eyaculación aproximarse. Salió de su interior a tiempo y continuó con su mano por unos segundos hasta que eyaculó en las sábanas entre sus piernas.
Jadearon cansados, él se desplomó con cuidado sobre ella, apoyándose en su pecho y cerró sus ojos. Sintió una mano de Kasumi acariciar su pelo y sonrió, la otra en su espalda y refregó su rostro entre sus pechos, sin dejar de sonreír.
— ¿Voy por condones? —preguntó después de unos minutos. Kasumi lo miró pensativa y asintió, él sonrió—genial… ¿debería pedir que nos calienten eso? —preguntó mirando hacia la comida mientras se sentaba.
— ¿Están muy fríos? —dijo poniéndose de pie y Satoru la admiró con una sonrisa en los labios ¡no podía dejar de sonreír! A pesar de que no había obtenido su confesión de regreso, ella se lo había dicho antes, por lo que prefirió no centrarse en eso, no ahora al menos. La vio tocar los costados de las fuentes y volteó hacia él sonriendo—están tibios.
—Comamos entonces —respondió encogiéndose de hombros. Hizo un puchero cuando la vio vestir su yukata otra vez—quédate así… —pidió en tono de berrinche y ella volteó a verlo.
—No se aproveche —respondió alzando una ceja.
Comieron en silencio, Satoru la miraba de soslayo a cada minuto, seguía con el rostro sonrojado, su cabello estaba enredado, pero parecía no importarle. Por un breve momento se preguntó si estaba arrepentida, pero temía preguntarlo.
Cuando se vistió para salir a comprar, la miró en todo momento esperando que le dijera algo, como que no regresara o no estaba de humor, en cambio, le sonrió y le dijo que fuera con cuidado. No recordaba haber comprado tan rápido en su vida, salió corriendo de su habitación hasta que encontró una tienda abierta las 24 horas. Compró dos cajas de 12 sobres y regresó ansioso. Golpeó la puerta dos veces y ella abrió. Tenía el cabello sujetado en un moño alto y desarmado, se había dado una ducha rápida.
Por supuesto que no usaron toda la caja, pero lo hicieron en más de una ocasión. No hablaron demasiado, solo follaron. Kasumi se mostró siempre dispuesta y no se quejó en ningún momento, él, aliviado e ilusionado, pensó que ella se sentía del mismo modo, desesperada por estar juntos y que el límite sería el agotamiento. Y así fue.
Cuando despertó esa mañana, el cuerpo entero lo tenía cansado, pero no era una sensación molesta. Sonrió al techo, su Kasumi ya no era una niña tímida y eso le encantaba. Sentía que en gran parte era debido a él, fue el primero y quien la guio en las artes amatorias y estaba orgulloso de ello, sabía estaba mal, pero con Kasumi le nacía ese instinto masculino ridículo de querer ser el único en su vida, se le disparaba la testosterona y no sabía bien como controlarla.
Satisfecho, volteó a verla, pero su sonrisa se borró cuando se vio solo en la habitación. Se quedó en silencio por varios minutos intentando escuchar algún ruido en el cuarto de baño, pero no había nada. Estaba solo.
Y su intuición se lo dijo, le alertó lo que no quería pensar, lo que prefería ignorar por su sanidad mental:
La noche y su confesión no habían significado lo mismo para Kasumi, que para él. Estaba en el mismo lugar de siempre, no había avanzado nada.
Pero esta vez… se sentía estúpido. Y eso era medio nuevo.
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N/A: Era cierto cuando dije que tenía varios cap adelantados, hasta el momento voy en el 17, pero por motivos de la adultez no pude actualizar el lunes como estaba haciéndolo :s es probable que sea los fin de semana de ahora en adelante.
Y bueno, por fin hubo lemon, pero al parecer, no una reconciliación. Como dijo un comentario por ahí, Ya perdónalo Kasumi, su único crimen fue amarte xD (Malcolm in the middle)
En fin, tengo mucho sueño. Así que perdón si hay errores ortográficos o de redacción,
Espero todos estén bien y nos leemos pronto!
Gracias por sus comentarios y votos c:
