A/N: Hola de nuevo. Lamento mucho la tardanza.

Agradezco mucho todo el apoyo que he recibido hasta ahora. Se que dije, dos semanas, pero tuve muchas complicaciones aquí. Entre quedarme sin Internet y tener que reescribir varias partes, hasta me sorprende que lo haya logrado.

En serio tratare de que no siempre sea así, ya que aun no descarto la posibilidad de que en el futuro pueda liberar un capitulo cada semana. Habría que llegar a algún arco interesante en todo caso, y si bien este es esencial al ser básicamente la fundación de la historia, muchas cosas no me convencieron y fueron sujetas a modificaciones. Nuevamente, espero que sea de su agrado.

Igual que en el prólogo, una nota de autor mucho más larga se encontrara en el final del capítulo.


AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.


Clave:

'Pensamientos.'

"Diálogo."

"Voz sobrenatural."

"Taumaturgia."

Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ


Konton no Tatakai

Capítulo Uno.

"Holocausto."


Corrió y corrió con toda la velocidad que le permitían sus piernas, haciendo caso omiso de la voz que lo llamaba desesperadamente. Shirou no tardó en atravesar por completo el pasillo y pronto había salido de la clínica, precipitándose contra la desolada calle donde no cesó ni por un segundo en su huida.

Siguió corriendo, esquivando transeúntes y uno que otro obstáculo en su camino, como si algo le estuviera persiguiendo. Las pocas personas en la calle que la recorrían en aquellos instantes le dedicaban miradas confusas, extrañados al ver un niño yendo por su cuenta y moviéndose a tal velocidad con una clara expresión de pánico en su rostro.

Pero Shirou no los estaba viendo a ellos. Su visión estaba más enfocada en un paraje diferente, y del que quería escapar a toda costa.

El fuerte olor a ceniza en el ambiente le acariciaba como un incómodo y pérfido recuerdo que hacía que su consciencia se llenara de pavor, y a su alrededor...

Las llamas lo envolvían todo.

Quemaban y consumían la tierra, alzándose furiosas contra el oscurecido cielo como si lo maldijeran por su distancia pero anhelaran su paz. Lenguas flamígeras de todas las formas y tamaños se azotaban sobre el ambiente mientras que las sombras que proyectaban se retorcían como si también estuvieran tratando de escapar.

Gritos de dolor, angustia y desesperación llenaban el aire como humo. Una auténtica cacofonía de lamentos infernales que gemían en sus oídos, taladrandolos sin piedad alguna.

Los cuerpos calcinados yacían en el suelo igualmente quemado y pocos eran los que permanecían inmóviles. Siluetas deformadas, repletas de heridas supurantes y aun envueltas en fuego se arrastraban o movían inútilmente los brazos con la esperanza de poder ser llevados lejos de aquel lugar. Un testimonio de la furia despiadada del fuego que terminaba por consumirlos, dejando poco más que cenizas y agonizantes gritos cuyos ecos maldecían el aire y la tierra.

Los cantos de los muertos eran los lamentos de los vivos. Sus gemidos perforaban la atmósfera envuelta en llamas de aspecto siniestro cuyo abrazo era fatal. Edificios, árboles y personas, todos ardían por igual.

Incapaces de hacer algo por protegerse a ellos mismos, y mucho menos a otros. La malicia reinaba suprema, mientras cubría el lugar como una gruesa manta.

En este escenario infernal, él avanzaba. Rodeado de devastación, seguía corriendo hacia una dirección incierta mientras huía de una muerte mucho más segura. Cada movimiento le traía una nueva ola de dolor. Cada respiración llenaba sus pulmones de humo, quemándolo por dentro.

Donde quiera que pisara, se encontraba la misma pesadilla ardiente que le cerraba el paso una y otra vez.

Creyó escuchar un grito a la distancia dirigido hacia él, pero no pudo ni siquiera voltear. Y aun si hubiera podido, no había nada que ver en aquel infierno más que devastación y muerte. El cielo mismo incluso parecía estar bloqueado por las densas nubes ennegrecidas que a ratos parecían reflejar toda clase de rostros con expresiones increíblemente deformadas, como si el solo visaje debajo de ellos fuera tan hórrido que no podían soportarlo.

Sin embargo, algo más ardía dentro de él. Algo entre resolución y desafío. Su mente joven sabía que no había esperanza para él, que no había forma de salir vivo de allí, pero a pesar de ese conocimiento, se impulsó un poco más hacia adelante. Un desafío a su inevitable destino.

Había un límite, por supuesto, en cuánto podía soportar tal tarea. Pronto sus piernas cedieron ante el esfuerzo y se derrumbó en el suelo entre los cuerpos carbonizados que habían estado retorciéndose de agonía.

Apenas logró girar y caer de costado en lugar de boca abajo, y luego se empujó a sí mismo para mirar hacia el cielo. El humo y las cenizas ocluían la vista como un techo opaco. La desesperación llenaba su corazón junto con una rabia ardiente, mientras el calor de las cada vez más cercanas llamas se agitaba sobre él, como si estuviera deseoso de sumarlo a los condenados.

Sin voz, maldijo y rezó alternativamente, aunque sabía que no llegarían a nadie.

Fantasmas y pesadillas monstruosas cabalgaban sobre el paraje, mientras los pocos edificios que se habían mantenido en pie terminaron por derrumbarse, sepultando bajo sus escombros a los muertos y moribundos que poco pudieron hacer más que gritar antes de que el concreto y la losa sellaran sus lamentos, y a su vez estos ardieran también.

Aquellas visiones se cernieron sobre las ruinas, danzando como la visión de un demente en medio de la vorágine apocalíptica. Y no tardaron en repetir lo mismo sobre él, con una sombra meciéndose hasta abalanzarse.

Él sintió las intrusiones con una parte remota de su cerebro. ¿O fue su alma? No podía entender lo que estaba pasando, ni podía imaginar la naturaleza de la negrura que lo consumía. Todo lo que sabía era lo perverso de esta

Luchó. Maldijo. El rezo. No quería morir, y mucho menos quería ser tragado por esa cosa. Pero mientras más lo hacía, más perdía contra la sombra. Un abismo sin fondo sumado a las brasas consumieron poco a poco lo que tenía. El fuego lo consumió todo, y la oscuridad se encargó de hacerlo desaparecer.

No podía llorar aunque quisiera. Sus lágrimas se habían secado ya hace tiempo, y estaba a nada de caer en las fauces de lo que sea que le estaba azotando.

Y de repente. Dorado y azul lo inundaron de la misma manera que la malicia negra unos momentos antes, ahuyentando la oscuridad de su interior. Una luz gentilmente le envolvió, protegiéndolo contra ese infierno.

Sus ojos contemplaron una puesta de sol eterna grabada en un cielo rojo oxidado, sobre una colina cubierta por innumerables espadas. ¿Fue una visión del cielo del infierno? ¿Salvación o condenación? Fue tan rápido como llegó, antes de que pudiera entenderlo, antes de que pudiera quemar la visión dentro de su mente consciente. Sin embargo, todavía estaba allí, en algún lugar dentro de él.

Parpadeó y estaba de vuelta en el infierno, pero esta vez no estaba solo. Un hombre de cabello oscuro y revuelto estaba encima de él, sonriendo como si acabara de encontrar un tesoro invaluable. La alegría llenó los ojos del hombre mientras lo miraba, y en ese momento se dio cuenta de que ya no sentía dolor, y la desesperación dejó lugar a una sensación de calma que no pertenecía a ese lugar. Fue muy confuso como todo lo demás hasta ese momento.

¿A dónde se había ido el miedo? ¿La sensación de ardor dentro de sus pulmones? ¿El dolor en sus extremidades? ¿Era así como se suponía que era la muerte? o era otra cosa? Quizás…

El agotamiento finalmente lo alcanzó y reclamó su mente con dichosa inconsciencia. Y aun así, le ahorró un último pensamiento al hombre sonriente cuando se dio cuenta.

'¿Podría yo sonreír así también?'

xXx

CLANG!

El golpe fue seco y directo, provocando que él lo sintiera del todo en la frente. Shirou finalmente volvió en sí tras pasar un par de segundos aturdido, antes de mirar con lo que había impactado. El culpable no era otra cosa que un poste de luz común y él había caminado justo contra él sin poder darse cuenta gracias a su…

Quedó paralizado cuando recordó lo que había visto, y poco faltó para que su mente evocara nuevamente la experiencia.

Esa pesadilla se repetía a veces cuando dormía, pero no era raro que algunas veces la experimentara cuando estaba muy intranquilo y consciente. Y hablando de eso, Shirou frunció el ceño al notar que sus alrededores no se parecían nada a la calle que había abandonado en su huida.

Sintió un hueco en el estómago al caer en cuenta. Había corrido demasiado sin realmente darse cuenta de adónde iba. Estaba prácticamente perdido.

Y por supuesto, comenzó a llover.

Afortunadamente, se hallaba en un callejón cuyo edificio aledaño más cercano contaba con un tejado algo amplio, el cual le escudaba de la lluvia. Recargado contra la pared, contempló en silencio las gotas caer contra el asfalto.

Igual que aquel mismo día.

Recordaba haber despertado y mirado blanco y blanco frente a él, con su cuerpo entumecido excepto por una pequeña picadura en su brazo derecho. Una habitación de hospital. Todavía podía evocar el típico olor a medicamentos y esterilizadores en el aire que llenó su nariz. En aquellos momentos podría jurar que nunca había olido algo tan maravilloso, aunque la falta de la sensación de ardor en su garganta y pecho podría haber jugado un papel importante en eso.

Esa fue la segunda vez en la que había conocido a Kiritsugu.

Y con todo lo que había escuchado, no estaba seguro de que sentir ahora.

Al principio fueron solo voces vagas, pero un par de gritos le hicieron despertar del sueño que el señor le había provocado con su magia. Confundido, se había mantenido quieto y con eso había alcanzado a estar presente en los últimos instantes de aquella tensa conversación.

"..."

Kiritsugu le había dicho que era un mago, y contado un par de cosas de aquella parte del mundo pero siempre había sido evasivo al respecto, y Shirou no había querido presionarlo debido a su condición.

Aun cuando realizaba sus largos viajes, en los cuales no regresaba hasta luego de un mes, Shirou no había preguntado. Incluso el molestarle para que le enseñara magia se sentía casi como un abuso para el, quien le debía demasiado al hombre de cabello negro.

Pero sin embargo, aquellas palabras pronunciadas cambiaban todo.

Maldiciones.

Tragedias.

Muertes.

El pelirrojo no era tan ingenuo. Las advertencias de Kiritsugu, así como su actitud reacia a hablar demasiado del mundo sobrenatural le habían dejado muy en claro que esos eran temas inquietantes, demasiado para que un niño como él buscará indagar sobre ellos.

Y no estaba preparado para lo último que escucho.

"Después de lo que hice. ¿Debo ahora volverlo carne de cañón contra las cosas que acechan aquí? ¿Tengo que obligarlo a que entregue su vida también?¡¿Que le quite lo único que le queda?!"

Fue como si de la nada, le hubieran prendido fuego. Y aquella sensación de inmediato trajo el muy temido olor a ceniza.

Lo que pasó después, estaba más que claro.

Shirou templo, no de frío sino de algo muy parecido al miedo. Miedo a la incertidumbre. Un gélido escalofrío se paseó desde sus piernas hasta su nuca, haciéndolo abrazarse a sí mismo mientras agachaba la cabeza.

Por el rabillo del ojo, pudo apreciar una vaga silueta roja apoyada contra un par de cajas amontonadas sobre si. Una sombrilla de plástico, de las que se podía encontrar en cualquier tienda turística que a juzgar por una capa de polvo, parecía haber estado apilada ahí desde hace días.

Seguramente había sido abandonada ahí, olvidada en un descuido por su dueño fue lo que pensó antes de tomarla y sacudirla, para después exponerla a la lluvia con el fin de bañarle algo de la suciedad.

Y sabía bien lo que era olvidar.

Los doctores lo habían llamado un milagro. De las muchas víctimas de aquel incendio, hubo apenas un puñado de sobrevivientes que se habían llevado heridas horrendas, por no decir mortales y que a la larga habían concluido por matarlos pese a los esfuerzos de los médicos. Él no había estado entre ellos.

El personal del hospital estaba anonadado. Con la excepción de un par de quemaduras y cicatrices, había salido relativamente ileso de aquel infierno. Pero no por completo.

Amnesia, le habían dicho. El trauma por la experiencia había hecho que sus recuerdos quedarán reprimidos de tal forma que era incapaz de acceder a ellos, y que probablemente no regresarían nunca. Solo una cosa había quedado conservada, su nombre.

Shirou.

O al menos, el cómo sonaba.

Sintió algo húmedo paseándose sobre su sien antes de caer hasta su mejilla. Llevando su mano libre y después haciéndola descender hasta la altura de sus ojos le sirvió para ver de qué se trataba. Sangre, al parecer el golpe le había ocasionado una herida, pero sin ningún espejo o al menos un escaparate donde pudiera ver su reflejo no tenía manera de saber que tan grande era.

Algo era claro, necesitaba salir de ahí. No podía quedarse afuera cuando anocheciera.

No quería.

Por lo que aprovechando la sombrilla que había encontrado, salió nuevamente a la calle protegido de la lluvia mientras caminaba sin rumbo fijo. Cualquier lugar era mejor que de donde había venido.

xXx

Estaba lloviendo.

Kohaku suspiró, deseando tener una mano libre para quitarse el pelo de los ojos. La lluvia repentina había salido de la nada y la había atrapado mientras hacía las compras y no se había molestado en traer un paraguas. Ahora, estaba segura de que el paquete de arroz estaba mojado, el repollo inundado con el sabor ligeramente salino de la lluvia y el plástico alrededor del pescado sería pegajoso y molesto de quitar.

'Makihisa-sama se enoja cuando su comida no es del todo de su agrado… ' Pensó, mientras fruncía los labios.

Se movió tan rápido como se lo permitían sus piernas con sus brazos cargados de bolsas y su kimono obstaculizadola, tratando desesperadamente de encontrar un lugar para protegerse del clima. El árbol ocasional ayudó algunas veces, aunque el clima otoñal ya había esparcido muchas hojas, dejando solo un dosel mínimo para protegerla. La brisa fría que acompañaba a la lluvia tampoco ayudaba mucho.

La joven sirvienta finalmente encontró un edificio con suficiente saliente que la protegía de más asaltos. Dejó las provisiones y se secó los ojos y la frente, apartando el cabello de su vista, antes de estirar la mano y quitarse la cinta del cabello. Ya había sufrido la peor parte del daño y se sentía incómodo contra su cabeza y de todos modos ya no ayudaba a sostener su cabello.

Comprobando dos veces los comestibles y encontrándolos como esperaba, húmedos pero aún no insostenibles, Kohaku se apoyó contra el edificio y suspiró.

'Si esto sigue así, espero que Hisui-chan no decida que voy a llegar tarde y sienta que necesita preparar la cena ella misma.'

Observando distraídamente a las pocas personas que pasaban, cómodas bajo sus sombrillas, Kohaku consideró si simplemente regresaría con ropa y comida empapadas y usaría el tiempo extra para trabajar más duro en la preparación de la comida, o se arriesgaría a esperar a que el clima amainara y no tener que preocuparse tanto.

Ambas opciones eran prácticamente de lo peor, y no estaba para nada entusiasmada ante el prospecto de recibir las consecuencias de cada una.

Pero los mendigos no podían ser exigentes.

Kohaku suspiró nuevamente mientras cerraba los ojos. Lo ideal sería ponerse en marcha lo más rápido posible. Con aquella decisión prácticamente ya tomada, recogió las bolsas de las provisiones y aceleró el paso, aún protegida por la saliente mientras se dirigía hacia el final de esta, justo a la esquina que planeaba doblar…

"¡Eep!"

"¡Agh!"

Solo para terminar por impactar contra un chico de casi su misma edad, que llevaba una sombrilla. El golpe no había sido muy fuerte, y afortunadamente ninguno de los dos había perdido el equilibrio.

"Owww…" Kohaku había quedado algo aturdida, pero la voz de su contrario consiguió ubicarla nuevamente. Pestañeando, sus ojos se encontraron con los de él y se abrieron levemente cuando un par de orbes color ocre, algo opacos comparados a los suyos le devolvieron la mirada. Aquello sumado a un cabello rojizo, más oscuro que el suyo solo incrementó su confusión. Sin contar a su hermana, no conocía a nadie con características algo similares a las suyas.

"Lo lamento mucho, no estaba viendo a donde iba." Se disculpó el niño, mientras inclinaba levemente la cabeza, permitiendo que Kohaku pudiera ver un leve rastro de sangre en la sien. Cayendo en cuenta de que había permanecido mirándolo por varios segundos, sintió como sus mejillas se calentaban. Dejando las bolsas en el suelo, alzó sus manos hasta tenerlas frente a ella.

"No, no. Yo tampoco me di cuenta." Respondió, usando sus manos en un ademán de realizar un gesto conciliador. El chico pareció estar a punto de protestar, pero pronto reparó en que su sombrilla yacía ahora en el suelo, al parecer la había dejado caer.

Notando la disimulada ojeada que le había echado al paraguas, el pelirrojo inclinó levemente su cabeza hacia la izquierda antes de reparar en que ella no tenía una.

"¿Oh? ¿No trajiste una?" Preguntó, provocando que el rubor en las mejillas de Kohaku se intensificara.

"E-este… La lluvia me tomó por sorpresa." Respondió, estando a casi nada de usar sus manos para esconder su rostro de la vergüenza. Honestamente, no lo entendía. ¿Porque estaba perdiendo el tiempo hablando con un niño con quien acababa de tropezar por accidente en lugar de apresurarse para llegar a la Mansión Tohno lo más rápido posible?

Sin embargo, antes de que pudiera hacer algo, escucho un pequeño carraspeo por parte de él.

Kohaku parpadeó y lo miró ausentemente, notando que se veía un poco avergonzado "Um", dijo, "¿Puedo acompañarte a donde sea que vayas?"

La pelirroja lo miró parpadeando de nuevo. No sabía qué pensar de este samaritano al azar. "Está un poco lejos", señaló.

El chico se encogió de hombros pero no dijo nada, esperando una respuesta.

"... Está bien" Kohaku recogió los comestibles y señaló en dirección a la Mansión Tohno "Por aquí".

Sonriendo, el niño sostuvo el paraguas sobre su cabeza mientras caminaba hacia la lluvia.

Comenzaron a recorrer el camino y Kohaku se acurrucó debajo del refugio provisto. Sin embargo, ella no tuvo que acercarse demasiado, ya que él cortésmente sostuvo el paraguas sobre ella en lugar de él mismo, manteniéndola completamente seca, mientras recibía algo del agua.

"¿Estás seguro de que estás bien?", Preguntó Kohaku. "Ahora te estás mojando".

El chico se encogió de hombros de nuevo, pero guardó silencio, su sonrisa aún era evidente.

Kohaku no pudo evitar pensar que en la penumbra del cielo nublado, la forma en que le sonreía estaba aún más fuera de lugar.

Tan concentrada en tratar de averiguar qué se sentía tan extraño en ese chico, no caminó tan rápido como pudo y tardaron unos buenos treinta minutos en llegar a su destino. Kohaku frunció el ceño mientras se acercaba a las puertas, tanto por no poder haberse explicado tal irregularidad, así como lo que le esperaba a través de esas puertas cuando entrara.

El chico la acompañó hasta las puertas de la mansión, donde los aleros de la casa los protegían de la lluvia. Kohaku dejó las provisiones y se volvió para dirigirse al chico. "Gracias. Siento haberte convencido".

"No fue un inconveniente", dijo el niño. "Me gusta ayudar". Cerró el paraguas y lo dejó junto a las bolsas de comestibles. "La próxima vez, sin embargo, tal vez deberías llevarla contigo", dijo. Hizo una reverencia y aparentemente sin necesidad de más complementos por parte de Kohaku, se lanzó hacia la lluvia y la puerta.

Lo extraño que Kohaku percibió de repente fue cómo, mientras dejaba el paraguas y se alejaba, era como si estuviera dejando toda la felicidad que ella había visto con ella y se alejaba con las manos vacías. Era una dicotomía extraña, como él. Estaba absolutamente feliz con solo ayudar a un extraño, pero ahora era una ausencia de cualquier sentimiento una vez que ya no era necesario.

Algo sobre eso hizo que Kohaku gritara: "Oye, espera."

xXx

Shirou no sabía ni porque había preguntado eso, pero le era preferible tener su mente ocupada en algo más. Había pasado varios minutos caminando antes de tropezar con la niña sin llegar realmente a algún lado. Había sido casi instintivo, verla casi desamparada bajo la lluvia y con él teniendo algo que ni era suyo.

De ahí que sonriera cuando ella terminó por aceptar.

No le importó colocar la mayor parte del paraguas sobre ella. Era lo justo, ya había estado expuesta a los elementos y encima cargada con cosas que no debían de mojarse más. Asintió con que estaba bien cuando ella le preguntó al respecto, y casi pudo sentir el escepticismo en sus ojos como si no se le creyera.

Fuera de eso, el trayecto fue algo largo y completamente en silencio, cosa que él agradeció en parte. Las calles no se encontraban tan vacías, por lo que había un cierto sentido de seguridad al estar rodeado de algunas personas, aun si más uno les dedicaba una mirada curiosa.

Shirou apartó la mirada cuando vio a un niño, más o menos de su edad, caminar junto a su padre y agradeció el que su acompañante no lo hubiera notado, pues ella parecía estar más enfrascada en guiarlo hacia su destino. Y tras casi media hora de estar caminando, parecieron haber llegado finalmente a este.

Una mansión de estilo occidental sobre una colina, que dejó a Shirou anonadado. Si, él vivía en una también, pero era de estilo tradicional y no se comparaba ni en tamaño ni en presencia.

No tardaron más que un par de minutos en llegar hasta las puertas de esta, donde Shirou optó por dejar su sombrilla en un último minuto una vez que noto que la lluvia había disminuido, y probablemente pronto cesaría. Eso era bueno, podría deambular un rato sin problemas antes de…

Finalmente cayó en cuenta de que seguía a donde ir.

Aun si quisiera regresar con Kiritsugu, no recordaba la dirección de la clínica y dudaba mucho que estuvieran ahí. Su corazón dio un vuelco al pensar en lo mortificado que estaría su padre y pronto una inmensa vergüenza casi se apoderó de sus pensamientos. Pero…

Una pequeña parte aún mantenía ese sentimiento que no entendía. Una angustia muy intensa que parecía querer consumirlo. Y lo peor era que aun fuera de eso, no había nada que pudiera hacer.

Mantuvo su sonrisa, antes de despedirse de la chica y comenzó a caminar por donde había venido. Al menos había hecho algo cuya memoria podría tranquilizarlo un poco.

No había recorrido ni la cuarta parte del trayecto cuando la voz de la chica lo detuvo, llamándolo.

Volteándose, se encontró con aquel par de ojos similares a los suyos mirándolo con algo de más emoción que desde la primera vez que había hablado con ella. La chica jugó nerviosamente con sus dedos mientras luchaba por encontrar las palabras correctas, antes de suspirar y mirarlo fijamente.

"Estás perdido, ¿verdad?" Preguntó, aunque la forma en que lo hizo implicaba que lo sospechaba bastante.

Shirou tragó saliva mientras trataba de decir algo, pero las palabras no salieron de su boca. Algo debió mostrarse en su rostro porque la chica inmediatamente asintió, antes de hacerle un gesto para que se acercara.

"También estás herido". Dijo mientras señalaba hacia su frente, lo que hizo que Shirou se sonrojara al recordar que se había estrellado contra un poste antes de conocerla. "Entra. Puedo tratar tu herida y tal vez podamos llamar a la policía o algo así para que puedan ayudarte".

Eso hizo que Shirou reflexionara sobre ello, pero no quería entrometerse ni involucrar a la chica en algún tipo de problema con los dueños de la casa.

"No quisiera ser una molestia ..." Trató de excusarse, solo para que la chica suspirara de nuevo y caminara hacia él, antes de tomar su muñeca y empezar a tirar de él con ella. Y antes de que pudiera resistirse, ya lo había llevado hasta el pórtico donde abrió la puerta antes de recoger una de sus bolsas, y hacerle un gesto para que levantara la otra, cosa que obedeció tentativamente.

Y pronto terminaron por entrar a la mansión.

Si el exterior le había impresionado, era casi seguro que el interior surtiría casi los mismos efectos en él. El estilo era casi antiguo, pero elegante y le daba una especie de áurea venerable, como de un museo.

Si la mansión Emiya se sentía abierta y sumamente acogedora a pesar de su extensión, está propiciaba un ambiente algo pesado y cerrado. Pero no estaba ahí para admirar la vista, ni tenía la apreciación o el interés de alguien que seguramente se vería inmerso en esta.

E incluso si lo tuviera, sintió un tirón en su brazo y por tercera vez, se encontró mirando los ojos ambarinos de la niña que ahora mostraban una sombra de algo que no pudo identificar en ellos mientras hablaba. "Ven, sígueme."

Ella lo condujo por un pasillo mientras seguían cargando las bolsas. Sus ojos miraron hacia sus alrededores, tomando nota de algunas pinturas y otros objetos como jarras y macetas con algunas plantas que apenas se veían saludables decorando ambas paredes, con la puerta ocasional que se repetía un par de veces. Una de las pocas en que vio una entreabierta, pudo atisbar una sala de estar pero debido a cómo avanzaban, le fue imposible ver más allá.

Eventualmente llegaron a lo que Shirou supuso que era un comedor debido a la gran mesa en el medio, pero pasaron de largo hacia una puerta entreabierta que los llevó a una estancia que hizo que sus ojos brillaran levemente.

Acababa de empezar a aprender a cocinar por pura curiosidad en Fuyuki debido a que finalmente se había aburrido de la comida rápida ordenada por Fuji-nee cuando Kiritsugu estaba de viaje. Al leer algunas recetas en revistas y asegurarse de tener la mayoría de los ingredientes en la alacena, logró cocinar algunos platillos muy para la aprobación de la adolescente de cabello castaño que era su hermana mayor sustituta quien de inmediato había demandado probar más.

Hasta ahora, solo había probado con sopa de miso y algo de curry, aunque esperaba poder explorar más pronto.

La niña notó la mirada que le daba a la cocina e inclinó ligeramente su cabeza hacia la izquierda. "Primera vez que veo a un niño mirar así a este lugar."

Shirou no pudo evitar sonrojarse en respuesta, lo que hizo que la chica soltara una risita antes de negar con la cabeza.

"Solo deja las cosas ahí" dijo, señalando una mesa que estaba cerca, antes de desaparecer por otra puerta." Vuelvo enseguida. No toques nada."

Y lo dejó solo en la cocina. Sabiendo que no tenía nada más que hacer, sacó las provisiones de la bolsa y las puso en la mesa mientras esperaba, lo cual no le tomó más de un minuto. Suspirando, comenzó a caminar por el lugar, procurando mantener sus manos fuera de cualquier cosa.

La cocina de la casona era mucho más grande que la suya, ocupando su propio cuarto en lugar de dar al comedor como la de la mansión Emiya, y estaba bastante mejor equipada a juzgar por el número de hornos que había, y el refrigerador que se elevaba sobre el suyo, además de las muchas ollas y sartenes que colgaban de una de las paredes. Probablemente podría cocinar suficiente comida para alimentar a algunos miembros de la familia Fujimura para la cena si tuviera algo así en casa.

Sin embargo, sus ojos terminaron por posarse en una caja de madera que parecía fuera de lugar en la cocina. Era un recipiente pequeño y sencillo que descansaba junto a un cuenco lleno de fruta que tenía su tapa cerrada y cuyo candado brillaba por su ausencia.

Shirou frunció los labios, se sentía inexplicadamente atraído por la caja aunque las palabras de la chica y el sentido común le decían que era mejor dejarla. Al cabo de un par de segundos, pensó que echar una mirada rápida no haría ningún daño.

Consumido por la curiosidad, se acercó y abrió la caja antes de mirar el contenido. Shirou alzó una ceja cuando lo único que vio fue un cuchillo pequeño. Ignorando su decisión anterior, lo sujetó y comenzó a inspeccionarlo. Era bastante viejo, y con una cuchilla retractable; le recordaba a uno que usaba para cortar vegetales en Fuyuki.

Notó una inscripción en la parte inferior, y entorno los ojos al tratar de leerla. La tinta de los kanji estaba algo corroída, lo que hacía difícil tal cosa.

"Na-natsu yoru." Alcanzo a leer el pelirrojo. Siete Noches. Dudaba mucho que fuera el nombre del dueño, por lo que intuía que seguramente era el del cuchillo. En varias películas, había visto espadas y otras armas con nombres que iban desde elegantes hasta descabellados, y recordaba que una que otra arma que fuera igual nombrada por su dueño en libros. ¿Pero un cuchillo para fruta?

"¿Qué haces aquí?"

Una voz de la nada hizo que dejara caer el cuchillo de vuelta a la caja, y voltearse rápidamente, solo para encontrarse a la misma chica mirándolo con sospecha apenas velada desde el otro lado de la cocina.

"Uh, solo estaba ..." Shirou trató de excusarse mientras balbuceaba.

"¿Cómo entraste aquí? Esta es la casa de la familia Tohno, vete antes de que llame a la policía". Presionó a la pelirroja mientras cruzaba los brazos sobre el pecho.

"¡¿Qué?!" Gritó el chico con una expresión de asombro "Pero ... si tu me invitaste a entrar".

La expresión de la niña se transformó en una mueca de desprecio. "¿De qué demonios estás hablando? Vine a cocinar la cena y te vi aquí, probablemente saqueando las cucharas de plata," le acusó.

Ahora era el turno de Shirou de indignarse.

"Me estrellé contra ti en la calle y me ofrecí a acompañarte con mi paraguas para que no te mojaras". Se quejó mientras la señalaba, solo para encontrarse con otro arrebato de la chica.

"Mentiroso. He estado adentro todo el día, ¡Ahora definitivamente voy a llamar a la policía!"

"¿Qué es todo este alboroto?" Preguntó otra voz, lo que hizo que ambos voltearan hacia la puerta. Fue en ese preciso momento que otra chica, vestida completamente similar entró por ella mientras cargaba un pequeño botiquín médico.

Shirou alzó ambas cejas al ver a las dos chicas y luego se dio cuenta de algo. La que le había gritado, tenía ojos verdes.

"¿Gemelas?"Preguntó, lo qué les hizo asentir, aunque, en el caso de la de ojos verdes, fue más una fuerza de hábito.

"Lo siento, hermanita, probablemente debería habértelo dicho." Se disculpó la de ojos ámbar a su gemela, quien le dedicó una mirada que mostraba su confusión.

"Espera. Él estaba diciendo la verdad entonces, ¿lo invitaste?" Preguntó, claramente desconcertada.

"Hmm ... Nos tropezamos cuando regresaba, y me ofreció acompañarme hasta aquí con su paraguas. Solo quería darle las gracias". Ella respondió mientras nerviosamente jugaba con sus dedos.

"Lo siento por gritarte."Se disculpó Shirou, mientras bajaba la cabeza, solo para que la chica lo mirara con una expresión de culpabilidad. "No, no lo hagas. Yo lo empecé." Ella respondió.

"Sí, pero no fue nada." Shirou agregó: "No tenías forma de saberlo. Yo también habría reaccionado así si me encontrara con un extraño en mi casa."

La otra niña tosió mientras agitaba el botiquín médico para llamar su atención. "Lo siento, bueno, aquí está la cosa. Ahora puedo hacer algo con tu herida, como te prometí." Dijo antes de ponerlo sobre la mesa y abrirlo. "Ven aquí. Será rápido y luego podemos llamar a la policía para decirles que estás perdido."

"¿Estás perdido?" Preguntó la chica de ojos verdes que ahora tenía una mirada compasiva.

"...Sí." Admitió mientras se acercaba a la niña de ojos ambarinos, quien de inmediato le pasó un pañuelo humedecido por la frente. Dejó escapar un leve gruñido cuando lo presionó contra lo que supuso era su herida.

"Eso es horrible. Espero que podamos ayudarte de alguna manera. Ella comentó con simpatía."Ah, me llamo Hisui," Se presentó.

Eso hizo que la otra chica parpadeara, antes de mirar a Shirou con una expresión avergonzada.

"Así es. Nunca nos presentamos, ¿verdad?"

Shirou se sonrojó al darse cuenta de ese detalle también, pero asintió.

"Soy Kohaku, su hermana mayor." Finalmente se presentó la chica, inclinando levemente su cabeza.

'Jade.' Pensó mientras miraba a Hisui y luego a Kohaku. 'Y Ámbar. Sus nombres son realmente adecuados '. Él concedió antes de presentarse también.

"Shirou, Shirou Emiya. Encantado de conocerlas a ambas." Sonrió, inclinando levemente la cabeza también.

Hisui sonrió de regreso antes de dirigirse a Kohaku, quien ahora colocaba una curita sobre su frente.

"Que buena suerte que Makihisa-sama no haya llegado." Aquello hizo que su gemela se estremeciera levemente, algo que no pasó desapercibido para Shirou, quien de inmediato preguntó.

"¿Makihisa-sama?"

La ojiverde se volteo nuevamente hacia el. "El padre de la familia Tohno y nuestro empleador. Es un hombre de negocios bastante conocido aquí," Explico, antes de notar algo raro. "Un momento. ¿Nunca habías oído hablar de los Tohno?"

Recibió una mirada confusa como respuesta.

"Olvide decir que no soy de aquí…" Añadió Shirou, mientras reía nerviosamente lo que hizo que la ojiverde asintiera.

"Ah, ya veo. ¿De donde eres, por cierto?"

"Fuyuki."

La respuesta hizo que ambas gemelas lo miraran sorprendidas.

"¿Que eso no queda hasta la otra punta de Japón? Está muy lejos. ¿Estás de vacaciones?" Hisui presiono, no disimulando nada su curiosidad. Kohaku por su parte, había empezado a guardar lo que había utilizado del botiquín pero mostraba cierto interés también.

De no haber estado acostumbrado a Taiga, Shirou se hubiera sentido abrumado por la avalancha de preguntas.

"Ah, no." Negó con la cabeza,"Vine aquí para ver a un doctor junto con mi...papá." Respondió, casi susurrando la última palabra, lo que hizo que Hisui frunciera el ceño pero sin decir nada mientras Kohaku mantuvia una expresión neutral.

"¿Quisieras hablar de ello?"

Shirou negó con la cabeza. "Escuché algo que no se si debía, y corrí."

"Las familias son difíciles a veces." Kohaku finalmente habló. "Nuestra madre era de una familia algo vieja llamada Fujou. Pero, se fue de esta."

"¿Cómo está ella?"

"... Paso a mejor vida hace años, estaba algo enferma. Makihisa-sama nos recogió y desde entonces, vivimos y trabajamos aquí." Respondió Hisui, con una nota algo melancólica.

Shirou se estremeció, sabiendo que había tocado un tema delicado. Después de todo, él conocía bien la sensación. "Lo siento, no debería haber preguntado."

"Está bien."Respondió Hisui. "No podrías haberlo sabido." Dijo, citando lo que él había dicho anteriormente.

Un silencio incómodo se produjo sobre los tres durante un minuto mientras se recluían en sus respectivos pensamientos.

"Hmm. ¿Qué es lo que quieres hacer ahora, Shirou?"

El pelirrojo escuchó la pregunta, pero no supo qué responder. Debía regresar con Kiritsugu,eso era obvio. Aun así, todavía dudaba.

¿Qué pasaría cuando lo volviera a ver? No era ajeno a que lo regañaran, ya que a veces había peleado con otros niños en la escuela, pero sabía muy bien que recibir un sermón sobre ese comportamiento y la reacción de su padre ante su huida no podía compararse.

Sobre todo teniendo en cuenta lo que había escuchado.

"Debería llamar a la policía. Probablemente puedan ayudarme a volver con mi papá."

"¿Estás seguro?"

Tanto Shirou como Hisui voltearon la cabeza para mirar a Kohaku, quien mostraba una mueca. "Si es tan malo, puedes quedarte aquí." Dijo, para gran sorpresa de ambos. Sin embargo, Shirou negó con la cabeza.

"Gracias, pero no quiero causarles problemas a los dos. Debería irme."

Hisui asintió. "Estoy segura de que la policía hará algo, ven. El teléfono más cercano está en la entrada".

Caminó hacia la puerta y pronto fue seguida por su hermana y Shirou, quienes compartieron una breve mirada antes de salir de la cocina. Los tres cruzaron el mismo pasillo de antes y pronto lograron llegar a la entrada.

"Ahí está." Señaló Hisui, mientras alcanzaba un teléfono viejo. "Esto no debería tomar mucho".

"Oh, ¿por qué es eso exactamente, Hisui?" De repente habló una voz de la nada que hizo estremecerse a los tres.

Shirou en particular, sintió como si un balde de agua fría hubiera tenido su contenido derramado sobre él. Miro encima de su hombro hacia las escaleras, y lo vio en la cima de estas. Era un hombre alto y maduro; fácilmente mayor que Kiritsugu por un par de años. Tenía el pelo negro y desgreñado que contrastaba fuertemente con un par de penetrantes ojos grises ocultos detras de unos lentes que los miraban desde arriba. Tenía las mejillas ligeramente hundidas y se podían ver algunos rastros de una cicatriz justo debajo del lado izquierdo de su cuello.

Shirou ni siquiera necesitó preguntar quién era, a juzgar por la reacción de las gemelas, probablemente podría adivinar con precisión la respuesta. A su lado, dichas gemelas estaban pálidas como si estuvieran viendo un fantasma; y en cierto modo, esa declaración no era tan inexacta.

"¿Y bien?" Su voz era casi tan demacrada como su apariencia. "Creo que hice una pregunta". Makihisa Tohno comenzó a bajar las escaleras a un ritmo lento, y cada paso que daba hacía que Kohaku visiblemente se estremeciera.

El hombre de la casa no tardó medio minuto en llegar a la posición de ellos, solo para que Shirou se interpusiera entre él y las gemelas mientras tragaba saliva cuando trató de encararlo, solo para recibir de vuelta una mirada curiosa, como si encontrara divertido su actuar.

"M-Makihisa-sama," Musitó Hisui mientras trataba de salvar la cara solo para quedarse en silencio cuando el hombre levantó la mano en un gesto como para decirle que se callara.

"Bien,bien. El tiempo para responder a eso ya se acabó." Señaló Makihisa mientras sus orbes grises los atravesaban. "Sé bien cuántos sirvientes tiene esta casa. Entonces, ¿alguien puede decirme por qué no lo conozco?" Shirou se sintió como si fuera un ratón acorralado por el gato que era el hombre cuando se convirtió en el único foco de atención.

"¿Tu puedes, Kohaku?" Añadió, ya que ahora tenía otro objetivo en la forma de la chica de ojos ámbar que temblaba mientras bajaba la cabeza para no encontrarse con su mirada.

"¿Mi generosidad no es suficiente para ti hasta el punto de permitir que los pilluelos de la calle deambulen por mi casa?" Sacudió la cabeza. "Qué irritante, supongo que haré algo al respecto."

A Shirou no le gustó ni un poco la forma en que lo dijo. Armándose de valor, una vez más se interpuso entre el hombre y Kohaku mientras combinaba la mirada fría y divertida con una que apenas enmascaraba su ira.

"Ella no hizo nada. ¡No la lastimes!" Gritó mucho para sorpresa de Kohaku, cuya expresión abatida se transformó en una de horror.

Makihisa frunció el ceño casi de inmediato y parecía estar listo para decir algo, pero se detuvo y miró directamente a Shirou antes de hacer algo inesperado.

El olfateó.

Olfateó el aire con una expresión de perplejidad escrita en su rostro, y luego lo hizo de nuevo solo para encarar nuevamente a Shirou con el ceño fruncido más profundo.

"Así que es así." Murmuró antes de ladrar. "Ustedes dos, vayan a sus habitaciones."

Las gemelas le devolvieron la mirada, inseguras de su orden, lo que le hizo gruñir. "Dije, déjenos." Makihisa ordenó, inyectando algo en su tono que hizo que incluso Shirou se sintiera obligado a obedecerlo. "Puedo ser indulgente con sus castigos más tarde."

Kohaku vaciló visiblemente mientras miraba a Shirou, pero cuando sintió un tirón en su brazo, cortesía de Hisui, no pudo hacer más que asentir antes de ser arrastrada por la gemela más joven.

Dejando a Shirou solo en la entrada con el hombre. Dicho chico no podía negar que estaba asustado, la confianza previa que había acumulado había sido de una sola vez y dudaba mucho que pudiera repetir la experiencia nuevamente.

"Ahora que están fuera del camino, puedo hacer las preguntas reales." Musitó Makihisa, distrayéndolo de sus pensamientos. Shirou apretó los dientes y trató de reunir la misma confianza, y finalmente volvió a mirarlo a los ojos.

Solo para encontrar al hombre completamente lívido. La sola visión de sus ojos, ahora tan duros como el metal e igualmente fríos, destrozó su confianza.

"¿Qué está haciendo un mezquino magus en mi casa?"

Fue en ese preciso momento que Shirou supo que estaba en muchos más problemas de los que había tenido en cuenta. Era casi irónico, había huido de las revelaciones involuntarias de Kiritsugu que hablaban de horrores solo para encontrarse literalmente cara a cara con uno de ellos.

Su miedo probablemente se mostró en su rostro, porque Makihisa presionó, "Pensé que había dejado claro a los Aozaki que deberían mantener a sus mocosos con correa. Eso debería sacarlos de mis terrenos, pero parece que ese montón de vejestorios no pueden hacer nada bien además de causar estragos." Comentó el hombre, solo para levantar una ceja cuando vio más confusión que miedo en los ojos de Shirou.

"¿Aozaki?" Preguntó vacilante Shirou, haciendo que Makihisa frunciera el ceño de nuevo mientras su ira retrocedía. Algo andaba mal, podía sentirlo.

"No, no eres un niño de esa familia problemática. Sus últimos mocosos son mayores ahora, y la última vez que vi, ninguna de ellas han tenido hijos, para fortuna de todos." Concluyó, antes de seguir. "Entonces, ¿de qué familia eres entonces?"

Shirou frunció el labio. Estaba atrapado entre la espada y la pared. Si bien sentía que responder eso sería malo, no era nada comparado con el pozo lleno de pavor que le advertía sobre lo terrible que sería para él si no lo hacía.

Makihisa, no tuvo el lujo de la paciencia mientras levantaba la mano y lo miraba fijamente.

"Puedes decírmelo ahora." Dijo, antes de bajar lentamente su brazo hasta el punto en que su mano estaba cerca de su cabeza. "O simplemente te lo arrancaré".

Como si lo primero no fuera lo suficientemente ominoso, comenzó a contar. "5,4,3".

"Emiya." Finalmente admitió Shirou, sin querer saber qué le esperaba si llegaba a cero.

Casi al instante, Makihisa se detuvo y parpadeó antes de lanzarle una mirada de desconcierto. Shirou vio una miríada de emociones destellar en un par de segundos a través de su rostro, antes de hablar de nuevo.

"¿Emiya?" Repitió antes de entrecerrar los ojos como si lo dudara. "Ese es un nombre que no he escuchado en un tiempo." Añadió, antes de retirar su mano de encima de la cabeza de Shirou.

El hombre guardó silencio durante un par de segundos antes de volver a dirigirse a él.

"¿Cuál es el nombre de tu padre?"

"Kiritsugu." Respondió Shirou, no queriendo enemistarse con él más.

Luego, para su sorpresa, el ceño fruncido de Makihisa fue reemplazado por una sonrisa cuando el hombre comenzó a reír.

"¿De verdad?" Comentó para sí mismo, antes de reírse brevemente de nuevo mientras Shirou lo miraba, sin saber cómo reaccionar.

"Puedes relajarte,niño." Agregó Makihisa mientras sus rasgos se calmaban, "Parece que hay más de lo que parece en este caso".

'¿Qué?' Fue el único pensamiento de Shirou mientras procesaba las palabras que acababa de escuchar solo para sentir una mano en su hombro izquierdo.

"Ahora, empezamos con el pie izquierdo aquí. Deberíamos intentar aclarar esto, ¿no crees?" Preguntó Makihisa de manera paternal lo que confundió aún más al chico pelirrojo, quien solo pudo asentir en respuesta.

"Ese es un buen muchacho." Musitó Makihisa. "Sígueme a mi estudio, respóndeme un par de preguntas y luego podemos solucionar esto." Y luego, comenzó a subir las escaleras con Shirou siguiéndolo de cerca.

xXx

Los fantasmagóricos pasos de las gemelas a duras penas producían eco alguno en uno de los pasillos de la Casona. Con una conexión como la suya, pocas eran las veces en las que tenían que hablar entre ellas para poder dar a entender lo que sentían las dos; pero en este caso, sabían bien cual era el estado de la otra.

Kohaku no necesitaba ni voltear para poder sentir la mirada de su hermana menor sobre ella con un semblante realmente angustiado. Había estado tan acostumbrada a su expresión siendo una neutral acompañada de una mirada que iba desde lo vació, hasta lo indiferente que seguramente le inquietaba el verla mostrando preocupación.

"Nee-san." Escucho, y esta vez se volteo para encontrar dos ojos color esmeralda. "No pasara nada, solo no trates de pensar en eso, ¿si?"

Hisui sonrió débilmente antes de abrazarla, cosa que Kohaku correspondió. Permanecieron en aquella posición un par de segundos antes de separarse.

"¿Quieres que-?" Sugirió la ojiverde, solo para que su hermana mayor negara con la cabeza. "Bueno, descansa nee-san." Fue lo último que dijo antes de entrar a su cuarto, y cerrar la puerta detrás de sí.

La oji-ámbar por su parte, no la imito. Su mano se aferró a la manija de la puerta que conducía al suyo, siendo incapaz de moverla. Parecía tan fácil desde el punto de vista de alguien más, solo hacerla inclinar hacia la derecha y se abriría tras haber tenido su mecanismo activado. Tan sencillo, tan simple.

Y aun así, ella no podía.

'¿En qué estaba pensando?' Le pregunto a nadie en particular, mientras su mirada permanecía fija en la manija dorada, como si intentara discernir algún secreto indescifrable de esta. Pero la búsqueda no podía ser en otro lugar que su mente, donde no podía hallar respuesta alguna ante la incertidumbre.

´Shirou-san. ́ Pensó, mientras evocaba lo desamparada que se había sentido afuera. No era lo mismo que adentro de la casona, donde se limitaba a mirar al resto sin decir nada y tampoco ser vista. Afuera, era una persona más entre la apática muchedumbre, que le era completamente ajena.

Había sido un accidente, si. Una simple coincidencia, un suceso aislado. Probablemente nunca se hubieran conocido en circunstancias normales. Ella hubiera tenido que llegar sola, y completamente mojada al mismo lugar de siempre a soportar la misma rutina, y el quizás estaría aun huyendo de lo que sea que le había pasado. Pero aun así…

Kohaku llevó su mano libre a su pecho, sintiendo a su corazón latir algo más rápido.

Por un momento, no estaba en aquel lúgubre pasillo sino de vuelta debajo de la saliente de aquel edificio, con un niño con rasgos similares a los suyos ofreciéndole una sombrilla. Y después cambió al pórtico de la casa, donde se despedía antes de irse, dejándola tanto con la sombrilla como con una sonrisa.

Había querido ayudarlo también, lo había lamentado cuando vio a eso descender de las escaleras y mirarla fijamente. Solo para que él se interpusiera entre ella y eso, escudandola aun si solo habían sido en palabras.

Lo que había sentido en aquellos momentos, solo cuando veía a Hisui-chan jugar alegre lo había experimentado. Cuando se recordaba a menudo lo ajena que era ella a los horrores de la casa.

Era extraño. Por primera vez, había alguien más en el patíbulo en lugar de ella, y encima por su culpa. Su rostro se angustió una vez más al pensar en ello.

Tal vez ese era su verdadero punto débil además de su hermana. Si, seguramente. Habían transcurrido solo un par de meses desde aquella partida, por lo que podía recordarlo claramente. Como le había entregado su listón a ese otro chico y hacerle prometer que regresaría.

Soltó la manija tentativamente, mientras suspiraba. Verdaderamente era de lo peor.

Y entonces, miró hacia el fondo del pasillo.

Pero algo podía hacer de seguro.

xXx

La nueva estancia era un estudio que no tenía nada que envidiarle a otros lugares de la casa. Poseía un escritorio, y varios estantes adosados a las paredes llenos de libros, así como una pequeña mesa para el té con dos sillones situados en lados opuestos de esta. La madera era mucho más fina de la que había visto en su casa, y nunca creía haber visto tantos libros juntos.

En el escritorio, le pareció ver un pequeño marco para fotografías, pero era incapaz de verlas al estar del lado opuesto. Al lado de este, un teléfono mucho más moderno que el de la entrada reposaba.

"Estaba hecho un desastre hace años." Escucho a Makihisa comentar. El hombre de la casa simplemente señaló a uno de los sillones y Shirou entendió rápidamente que le pedía que tomara asiento, cosa que se apresuró a hacer solo para ser imitado por el otro quien ocupó el asiento enfrente de él. Estaban ahora separados por poco menos de medio metro por la mesa en el centro, y aun así, Shirou seguía sintiendo una punzada en sus nervios.

El hombre era un magus, o al menos Shirou estaba seguro de que lo era. Aterrador era un término generoso para describirle. Si él creía que el viejo Raiga podía ser intenso, era porque no conocía realmente el significado de aquella palabra. O porque nunca antes había visto un ejemplo con sus propios ojos.

"Puedo ver que sigues aterrado." La voz de Makihisa cortó el silencio como un cuchillo. Ojos grises se fijaron en dorados mientras el hombre añadió. "Es natural, hasta mis propios hijos conocen bien la sensación."

Si eso tenía como propósito tranquilizarlo, tuvo el efecto contrario en él.

Makihisa alzó una mano, a modo de un gesto conciliador. "Tratemos de llevar esto de buena manera, ¿te parece? Mi nombre es Makihisa Tohno, guardián de facto de Misaki." Se presentó.

"Shirou, Shirou Emiya."

"Hmm." Por un par de segundos, el hombre pareció dirigirle una mirada algo extrañada antes de que esta se desvaneciera. "¿Cómo fue que llegaste a mi casa?"

Se agitó levemente en su asiento ante la pregunta. A pesar de sus palabras, el recuerdo de cómo había actuado el hombre estaba fresco aún en su mente. No tenía idea de saber qué cosa haría cuando le contara la verdad o peor, cómo reaccionaría con las dos gemelas.

"Me perdí." Finalmente confesó, causando que los ojos del contrario se entornaran en interés. Shirou relató cómo había vagado por las calles protegido de la lluvia con una sombrilla que había encontrado, como había tropezado con Kohaku y ofrecido a acompañarla, y que él le había pedido ayuda a cambio.

No era bueno mintiendo, pero cambiar un solo hecho seguramente no se notaría.Y para su fortuna, tal parecía que el hombre estaba más interesado en otro detalle.

"¿Perdido, dices?"Preguntó pensativo. "Vaya desdicha, y eso me lleva a preguntarme. ¿Está tu padre aquí también? No, no respondas eso ahora. Debo confesar que tengo más curiosidad sobre una sola cosa ahora. No pensaba que él tuviera algún hijo. No se parecen a nada."

"...Soy adoptado."

"Ah, eso lo explica." Respondió Makihisa. "Luces japonés, pero tus rasgos revelan que tienes sangre del viejo mundo. Aun así, me sorprende que ese hombre haya hecho tal cosa. A su protegida la recuerdo bien, pero nunca la adopto si no me falla la memoria."

'¿Protegida?' Pensó Shirou.

"Ahora sí. ¿Fue tu padre quien te trajo aquí?" Pregunto nuevamente, desconociendo la confusión del pelirrojo por lo que había dicho, solo para resoplar al ver como este asentía. "Típico de Kiritsugu. Sin avisar sobre su presencia, y seguramente esperando irse lo más pronto posible. No lo he visto en cerca de ocho años, y parece que no ha cambiado mucho." Comentó, aunque no lucía particularmente molesto.

"Hmmm. ¿Es amigo de Kiritsugu?" Pregunto Shirou a su vez, no pudiendo aguantar la curiosidad. Por alguna extraña razón, no podía imaginar a ambos hombres llevándose bien, mucho menos siendo amigos.

Makihisa resoplo nuevamente. "Dudo mucho que tu padre conozca el significado de aquella palabra." Respondió. "Se podría decir que somos conocidos, y quizás asociados muy distantes. Sus servicios durante la vez en que los requerí hicieron valer totalmente la pena el precio que pague por estos." Inconscientemente, el índice de su mano derecha se paseó por la pálida cicatriz de su cuello.

'¿Servicios?' Pregunto Shirou, sintiendo un hueco en el estómago mientras su mente traicionera conjuraba nuevamente los recuerdos de la plática que había escuchado por accidente. Kiritsugu nunca había especificado realmente a que solía dedicarse, y ahora la realidad apuntaba a que…

"Soy un hombre de negocios." Makihisa interrumpió sus pensamientos nuevamente. "Y se muy bien que no tengo tu confianza, así que hagamos un trato. ¿Te parece?" Sugirió, esperando una pronta respuesta del pelirrojo.

"¿Qué clase de trato?" Shirou entorno los ojos. Su experiencia con esas cosas no era precisamente estelar.

"Responderé una pregunta tuya y tu responderás una mía. De esa manera, ambos podemos obtener respuestas de una manera justa." Noto como Shirou parecía considerarlo, pero retrocedía también. "Por supuesto, ambos podemos omitir algunas cosas." Añadió.

Aquello último terminó por convencer al pelirrojo, quien solo pudo asentir, muy para la satisfacción de Makihisa quien se acomodó en su asiento antes de comenzar.

"¿Que vinieron a hacer a Misaki?"

La pregunta fue directa y no le sorprendió realmente. Aun así, el pelirrojo frunció el ceño mientras escogía bien sus palabras.

"Hmm." Balbuceo por un par de segundos antes de responder. "Kiritsugu dijo que tenía un problema con mi circuito mágico, y como él no sabía que podía ser me trajo aquí con un doctor para que me revisara."

El hombre puso los ojos en blanco demostrando una leve molestia. "Sougen"Adivinó secamente, para nada sorprendido. "Por supuesto que ese vejestorio no me lo diría, incluso si tu padre seguramente no le pagará para que se hiciera la vista gorda. Tu turno."

Shirou frunció los labios mientras luchaba por mantener sus pensamientos en orden. ¿Qué podía preguntar? Aunque todavía desconfiaba del hombre, sintió que al menos podía confiar en su palabra de respuesta. No, lo que mantenía su intención atada era realmente su renuencia a sumergirse en el agujero negro que era el lado oculto de Kiritsugu.

"¿Qué hacía Kiritsugu como mago?" Preguntó, algo vacilante.

Makihisa arqueó una ceja, demostrando una breve sorpresa, pero pronto endureció sus rasgos en una expresión cuidadosamente neutral que enmascaraba sus verdaderas emociones. Siguió mirando a Shirou con sus orbes grises mientras aparentemente trataba de reflexionar sobre qué responder.

Shirou se movió nerviosamente en su asiento. ¿Había preguntado mal? Era difícil de decir, ya que el hombre ocultaba cualquier señal que pudiera ayudarlo a identificar si estaba molesto o algo más.

Los segundos se convirtieron en un minuto y Makihisa permaneció en silencio. El hombre mayor lo estaba examinando como si fuera un rompecabezas que no podía resolver del todo, lo que puso a Shirou aún más nervioso. Se sentía como si fuera un escarabajo bajo una lupa.

Y no tenía forma de saber si dicha lupa estaba bajo el sol o no.

"Es una pregunta interesante para hacer." Habló finalmente habló Makihisa en un tono que se sentía más neutral que incluso su rostro. "No sé de la educación que tu padre te dio y no me incumbe entrometerme en eso. Por poco ortodoxo que uno sea, el acto de divulgar información sobre los misterios es un tabú entre los tabúes de los magi e incluso yo puedo reconocerlo." Sentenció.

Shirou asintió mientras recordaba claramente a Kiritsugu, en uno de esos breves momentos en los que estaba un poco dispuesto a explicarle algo, diciendo que nunca debería hablar de su magia a otros, magos o no.

Makihisa tomó el asentimiento como una señal para continuar. "Tu padre era un cazador de recompensas. Uno de los mejores en el campo, diría yo. Hasta donde yo sé, nunca profundizó en los estudios y la tradición de los magos debido al estigma que llevaba su apellido. No es que alguien pudiera culparlo por eso."

Esa palabra de nuevo, esa palabra que no presagiaba nada bueno para Shirou, quien no podía hacer nada más que preguntar sabiendo que la respuesta rompería para siempre su perspectiva sobre su padre adoptivo.

"¿Cazarrecompensas?"

Recibió un bufido divertido en respuesta, aunque la mirada de Makihisa fue todo menos eso, el hombre parecía casi desconcertado, a falta de un término mejor.

"Como pensaba." Añadió: "Si no sabes algo tan básico como eso, entonces está claro que tu educación fue mediocre. Eso es si podemos considerarla educación en primer lugar."

El patriarca Tohno se relajó contra su asiento. "Podría contestar, pero creo que ahora es mi turno de preguntar, y además." Lo miró fijamente como una lechuza."Creo que ambos sabemos que la respuesta probablemente saldrá a la luz tan pronto como formule la mía."

Por enésima vez en el día, Shirou se estremeció porque en su mente ya sospechaba lo que iba a preguntar.

"Qué cosa bastante curiosa," Comenzó Makihisa mientras jugaba con sus dedos tamborileando en el apoyabrazos del sillón. "Hasta ahora, no me había acordado de preguntar cómo fue que te perdiste aquí. Kiritsugu es muchas cosas, descuidado no está entre ellas."

Casi parecía disfrutar de cómo Shirou trataba de evitar su mirada.

Makihisa se rió entre dientes, mientras sus dedos se detenían. "Dijiste que viniste aquí para revisar tus circuitos mágicos con un médico. Ese solo podría ser Sougen, no hay nadie más en esta ciudad que tu padre conozca, y mucho menos confíe en ese campo."

Shirou recordó al viejo médico y se sintió algo avergonzado, pero aun así se retorció cuando escuchó que los dedos de Makihisa comenzaban a golpear el apoyabrazos de nuevo. Su ritmo era lento pero se podía escuchar claramente al otro lado de la habitación.

"¿No te parece un poco sospechoso?" Preguntó retóricamente Makihisa con algo de burla. "El hijo adoptivo de un mago solitario va a un chequeo, luego aparece perdido en las calles y parece no ser tan consciente del mundo iluminado por la luna." Sacudió la cabeza antes de suspirar.

"Casi parece una broma de mal gusto. Excepto que no me estoy riendo." Terminó, finalmente abandonando toda pretensión.

"¿Por qué huiste de él?"

La pregunta llegó y se sintió como una flecha, atravesando directamente a Shirou.

El chico pelirrojo no pudo hacer nada más que fruncir los labios mientras trataba desesperadamente de pensar. Sin embargo, estaba atrapado. Por un lado, el espantoso rostro de Makihisa le hizo retroceder a su mente, donde el recuerdo fresco de lo que había vivido.

Lo que había escuchado, todavía estaba vivo y coleando…

"Matar, mentir y huir. Solo esas cosas sabes hacer bien. Que excelente padre estás siendo, me pregunto si Shirou aprenderá a huir de su pasado tal y como lo haces tú."

"Esta maldición no es nada cómo haya visto antes. Tuve que cobrar un par de favores para poder averiguar todo lo que pudiera de lo que me dejaste y aun así no fue suficiente."

"Pero nunca puedes dejar este mundo, no realmente. Mi familia no exterminaba demonios ni mestizos de esta, y justamente por eso fueron un blanco fácil. Una noche, un híbrido de alguna forma logró rastrear a mi padre y asaltó nuestra casa…"

"Mi esposa murió por nada, mi protegida nunca despertará, mi hija está sola y fuera de mi alcance. Solo me queda Shirou, y no me queda mucho tiempo para poder ser su padre, si es que para protegerlo de todo esto."

"Después de lo que hice. ¿Debo ahora volverlo carne de cañón contra las cosas que acechan aquí? ¿Tengo que obligarlo a que entregue su vida también?¡¿Que le quite lo único que le queda?!"

Voces gemelas, una más áspera que la otra, parloteaban y lloraban en su mente como un vicioso vórtice de gritos que amenazaban con ahogar su conciencia.

Sintió que su puño derecho se apretaba mientras cerraba los ojos en un vano esfuerzo por tratar de disiparlos, pero se intensificaron hasta el punto de que quería llorar abiertamente y lo habría hecho de no ser por sentir una mano apretando su muñeca izquierda. Abrió los ojos, solo para mirar a Makihisa que portaba nuevamente su expresión estoica. El hombre de ojos grises le lanzó una mirada ilegible antes de soltar su mano.

"¿Así de mal?" Preguntó, probablemente ya sabiendo la respuesta, lo que se confirmó cuando el pelirrojo apenas asintió con la cabeza.

El hombre suspiró de nuevo, antes de caminar hacia la ventana más cercana y enfrentarse a ella, con las manos cruzadas a la espalda.

"No sé qué escuchaste, pero puedo tener una pista de lo que probablemente fue." Habló mientras parecía mirar algo en el jardín.

"Obviamente es algo que te ha lastimado mucho, viendo cómo estás reaccionando." Él continuó, aún con la mirada en otro lado. Shirou no podía ver su expresión desde donde estaba sentado e intentó levantarse, solo para que Makihisa volviera a hablar.

"Conocí a tu padre solo un par de veces en el pasado", Recordó el hombre, "Estrictamente por razones comerciales. Por supuesto, antes de aceptar conocerlo en persona, también había investigado sus antecedentes. Todo el currículum que tu padre tenía a su nombre, pero incluso conocer algunas de sus hazañas más espantosas en realidad no me dio una idea apropiada de quién era." Se rió entre dientes mientras aparentemente se deslizaba más hacia abajo en sus recuerdos. "Nunca olvidaré sus ojos: fríos, midiendo, calculando. Era como si cada aliento que tomaba fuera un movimiento cuidadosamente contemplado y me miró todo el tiempo como si estuviera tratando de descubrir la mejor manera de matarme si tenía que hacerlo. Uno de los hombres más interesantes que he tenido la oportunidad de conocer."

"¿Entonces era un mal hombre?" Preguntó Shirou, sintiéndose vacío ante la revelación.

Pero eso no duró mucho cuando Makihisa volvió a hablar.

"La gente no es así." Dijo el hombre cuando finalmente se enfrentó a él de nuevo en lugar de a la ventana. "Hay más de lo que se ve en ellos. Un monstruo de sangre fría podría ser en verdad un padre cariñoso, y lo contrario también puede aplicarse. Las personas son difíciles, complejas y con muchas caras. Eso es lo que nos hace únicos."

Se cruzó de brazos antes de continuar. "Eres demasiado joven para entender eso ahora, Shirou-kun." Añadió Makihisa. "Pero seguramente puedes comprender que las personas también pueden cambiar."

Shirou frunció el ceño mientras acariciaba su mejilla izquierda mientras trataba de pensar. Afortunadamente, los recuerdos no lo asaltaron y lo dejaron solo para reflexionar. Luego, volvió a mirar a su anfitrión y le preguntó.

"¿Y si es algo que no me gusta?"

No tuvo que esperar mucho.

"La verdad es dura, cruel y cortante, pero vale la pena escucharla." Fue la respuesta sorprendentemente tranquila de Makihisa. "Nuestra personalidad se forma a partir de nuestras experiencias. Sólo cuando se sabe por lo que pasó otro, se le puede juzgar, ya sea para bien o para mal.

De ti depende lo último."

Tenía razón. Puede que no le gustara, puede que quisiera seguir negándolo, pero muy en el fondo él sabía que era inutil. Y las palabras del hombre habían ayudado a que finalmente llegara a aquella conclusión.

"Estaba tratando de practicar algo que Kiritsugu me había enseñado cuando de repente…" Comenzó a hablar. Y por el transcurso de varios minutos, Shirou contó una historia. Como su padre había regresado de uno de sus muchos viajes y se encontraba descansando. Su pánico y desconcierto tras escuchar lo que él le había dicho. El viaje a Misaki que salió de la nada y su primera vez fuera de Fuyuki.

Durante todo el tiempo, Makihisa no le interrumpió ni una vez. Sus ojos grises parpadearon algunas veces, pero fuera de ello se limitaba a asentir ocasionalmente.

Shirou continuo, atravesando rápidamente el conocer a Sougen en su clínica y ser enviado a otro cuarto mientras los adultos hablaban. Que el doctor le había pedido permiso para poder hipnotizarlo, y el cae dormido de manera repentina…

Solo para que en algún punto, entre la vigilia y el despertar su consciencia captará pequeños fragmentos de una conversación. Al principio, eran poco más que voces insensatas que hablaban de cosas que ni siquiera podía escuchar con claridad, pero eso eventualmente cambió.

Los sonidos se organizaron en letras, y las letras convergieron en palabras que formaron oraciones, y finalmente pudo escuchar.

Luego habló de una discusión entre dos hombres. Incluso si no podía entender la mayoría de los detalles, algunas de las cosas dichas lo habían helado hasta los huesos.

Más que una discusión, fue más como una historia. Una historia en la que él era tanto el desafortunado protagonista como el oyente, que hasta ese momento no se había percatado de lo que se escondía bajo las sombras proyectadas por su padre.

Una triste historia de muerte y sangre, adornada con maldiciones y arrepentimientos.

Una que probablemente hubiera preferido no escuchar, si no fuera por un solo detalle.

"Y entonces, ya me había levantado cuando escuche eso y no pude evitar…" Shirou tenía la garganta seca luego de haber hablado casi sin parar, pero aun así se dispuso a continuar. "Corrí, y corrí sin fijarme a donde iba. Lo demás, es historia." Finalmente concluyó.

Makihisa permaneció en silencio durante un par de segundos, pareciendo procesar aun lo que había escuchado. Shirou no lo había contado todo, y aunque quisiera, con la excepción de un par de cosas no había escuchado todo completo, lo cual volvía casi inútil cualquier intento de testimonio. El pelirrojo no sabía que sentir en aquellos momentos más allá de que luego de finalmente contarlo, no tenía la sensación de llevar algo pesado encima.

"Eso fue ciertamente algo."Finalmente habló Makihisa con un tono suave que hizo que Shirou lo mirara. "Tu respuesta está ahí. Tu padre hizo varias cosas que fueron horribles en el pasado, no". Luego negó con la cabeza. "Realmente era un monstruo como pocos. No puedo ni empezar a contar la cantidad de personas que asesinó a sangre fría, y no lo intentaré, pero."

Un momento de silencio cayó entre ellos, principalmente debido a la sorpresa de Shirou por la descripción contundente, aunque en su mayoría precisa, de su padre por parte de su anfitrión.

"¿Pero?" Preguntó Shirou.

"Ese hombre no te crió." Makihisa sentenció: "Tus ojos son demasiado cálidos para alguien que él haya tenido. Está claro que lo que sea que le sucedió antes de conocerte fue algo que lo hizo pasar una nueva página."

"Pero, ¿cómo puede decir eso con lo que me acaba de decir?" Reclamó Shirou, solo para ser detenido por un gesto de mano.

"Recuerda lo que también te dije antes. La gente cambia." Respondió Makihisa. "Piénsalo, ¿cómo fue Kiritsugu contigo?"

Eso hizo que el pelirrojo se detuviera mientras recordaba. El hombre amable y cansado que lo había salvado y adoptado. El adulto cariñoso que le había dado un lugar en su vida. El hombre desesperado que le había dicho varias cosas. El que había estado para él cuando nadie más estaba.

No. Pero eso era una mentira, ¿no? Después de todo, lo había oído, había sido un monstruo y ...

Ese hilo de pensamientos se detuvo cuando sintió la mano de Makihisa en su hombro. El hombre había caminado hacia él cuando estaba ocupado con sus pensamientos, y ahora parecía mucho más amable.

"Él es tu padre en lo que importa." Habló el hombre para tranquilizarlo. "Y créeme cuando digo que los padres pueden ser duros a veces, pero definitivamente harán cualquier cosa por sus hijos. Más aún cuando tratan de mantenerlos a salvo." Dijo con algo que se sintió como nostalgia.

Shirou suspiró antes de bajar la cabeza y luego lo miró de nuevo cuando preguntó.

"¿Qué tengo que hacer?"

Makihisa le dio unas palmaditas en el hombro antes de caminar hacia el escritorio y presionar algo. "Eso se conecta a una campana en la habitación de Kohaku que sirve para llamarla. Ve al pasillo, ella te buscará allí. Dile que le ordenó que te lleve a alguna sala y que esperes ahí." Le dijo al sentir la pregunta que Shirou probablemente iba a hacer.

"¿Ah?"

"Yo contactare a Sougen, seguramente tu padre sigue con el y les informare sobre esto. Mientras vienen por ti, considérate un invitado." Continuó Makihisa, lo que hizo que Shirou abriera su boca sorprendido, cosa que le provocó una ligera risa al hombre.

"Muchas gracias, Tohno-san." Agradeció Shirou antes de caminar hacia la puerta, la cual abrió y se dispuso a salir, pero antes de hacerlo, se asomó nuevamente. "Y, lamento mucho haber entrado a su casa."

"La desesperación afecta a todos." Respondió de buena manera Makihisa, sonriendo de una forma conocedora antes de que el pelirrojo cerrara la puerta.

xXx

Tan pronto como se cerró la puerta, la sonrisa de Makihisa se desvaneció. No había estado mintiendo cuando dijo que lo que había escuchado era realmente algo más.

No hace falta decir que cuando regresó de su reunión con un sobrino, lo último que esperaba era encontrar un niño con circuitos mágicos en su casa, y menos aún al vástago adoptado de uno de los asesinos de magos más infames. Había pasado de sentirse curioso a entretenido e incluso sorprendido en el lapso de un par de horas y, a decir verdad, no estaba muy seguro de qué hacer con eso.

Ese chico.

A primera vista, no parecía tener nada nada notable y si no fuera por el hecho de que uno de sus sentidos mejorados le permitía detectar fragmentos de energía mágica, no habría notado lo que tenía frente a él, privándolo de una historia bastante interesante.

Ahora albergaba la sensación de que había más en Shirou de lo que se veía a simple vista, pero eso era algo que podía reflexionar más tarde. Había hecho una promesa, ¿no?

Y Makihisa Tohno era muchas cosas, pero nadie podría acusarlo nunca de no ser un hombre de palabra.

Estaba a punto de alcanzar el teléfono en su escritorio, cuando este comenzó a sonar. Parpadeando, lo tomó y se dispuso a contestar la llamada, si no era algo importante colgaría al instante y seguiría con sus asuntos.

"¿Diga?" Pregunto.

"Makihisa," la voz ronca de Sougen Jinan se dirigió a él desde el otro lado de la línea, lo que hizo que los ojos del hombre se abrieran con sorpresa. Bueno, hablando de coincidencias.

"Sougen." Él respondió con frialdad: "Esto es una sorpresa. Rara vez llamas a este número, ni siquiera en Año Nuevo. ¿Qué puedo hacer por ti?"

Juró que podía sentir el aliento áspero del sanador mientras hablaba de nuevo. "Necesito un favor, es urgente."

"Por supuesto que es." Makihisa continuó, notando con cierto humor cómo a pesar de su comportamiento rudo, el anciano no podía ocultar algunos restos de vacilación en su voz. "¿De qué trata?'"

Pasaron un par de segundos antes de que Sougen hablara de nuevo. "El hijo de un cliente mío está perdido aquí. Y necesitamos ayuda para encontrarlo." Respondió, con un toque de cautela.

Si alguien más hubiera estado en aquella habitación, habría retrocedido de inmediato con solo ver la sonrisa que se perfilaba en el rostro de Makihisa. El patriarca de los Tohno en aquellos momentos no se molestaba en disimular la influencia que venía con su linaje.

"Pero qué tragedia," Respondió con falsa simpatía."La policía existe para eso, yo no."

"... Se trata de uno de esos clientes, Makihisa." Recalcó Sougen con el fin de presionarlo, lo que hizo que el hombre reprimiera las ganas de reir.

"Ya veo," Makihisa ajusto su tono a uno que denotaba más seriedad, mientras que por dentro estaba a casi nada de soltar una auténtica carcajada. Le seguiría el juego un rato para poder ver que tan lejos podría llegar. "¿Hace cuanto desapareció el niño y como se llama?"

"Cuatro horas." Fue la pronta respuesta de Sougen, solo para después añadir lentamente ,"Y su nombre es Shirou."

"¿Cuatro horas? Vaya, eso es bastante tiempo para que un niño este desaparecido por aquí." Comentó Makihisa, "¿Shirou dices? La manera en cómo lo pronuncias ciertamente es algo inusual. Aunque, no es como si niños pelirrojos y con ojos color ocre fueran tan comunes en primer lugar."

El otro lado de la línea pareció quedarse mudo, pero no colgó. Muy para la diversión de Makihisa, no tuvo que esperar mucho para que la estupefacta voz de Sougen se manifestará nuevamente.

"¿Q-que h-has dicho?" Preguntó el hombre, quien a juzgar por su tono había quedado en shock.

"Shirou," Makihisa repitió de manera casual, como si estuviera hablando del clima. "Pelirrojo, con ojos algo dorados y vestido con una simple camiseta gris y pantalones negros. Tan solo las primeras cosas llamarían la atención, pero esta no sería nada comparada con la que podría atraer con su apellido… ¿No es así, Emiya?"

Antes de que el curandero pudiera responder, se escuchó algo parecido a un forcejeo del otro lado y un par de murmullos que no pudo alcanzar a entender, pero al cabo de unos segundos un timbre sordo le hizo comprender que alguien había tomado el teléfono.

Makihisa sonrió nuevamente. "¿Nada que decir, Kiritsugu?"

"Tohno." Lo que le respondió fue un tono casi tan gélido como el que recordaba.

"Heh, no esperaba menos de ti." Respondió animadamente mientras imaginaba la clase de expresión que estaba teniendo el otro hombre en aquellos momentos. "Pero en definitiva no esperaba que terminaras como yo. ¿Es que la llamada de la paternidad te alcanzó?"

"¿Cómo sabes de Shirou?" Kiritsugu preguntó, ignorándolo olímpicamente muy para que Makihisa dejara escapar un suspiro exasperado.

"¿Esa es forma de preguntar?" La sorna estaba bien disimulada en su habla pero no el hecho de que disfrutaba emplearla. "Nada ocurre aquí sin que yo lo sepa, deberías agradecerme de que lo tenga bajo protección. Los niños necesitan un buen cuidado después de todo."

"... Lo tienes contigo."

No era una pregunta, y la forma en que lo había dicho hizo que a Makihisa comenzará a hervirle la sangre. "¿Oh? Lo que sea que estés pensando Kiritsugu, olvídalo."

"Si le pusiste una mano encima voy a…"

"Si,si, lo que digas," Se burló Makihisa. "No hay necesidad de pasar a mayores cuando podemos llevar esto por la calma. Además, hace tanto tiempo que no tenemos una conversación apropiada."

"... ¿Qué sugieres?"

"Muy simple, Kiritsugu." Makihisa no podría sentirse más magnánimo en aquellos momentos. "Sougen y tu pueden venir a mi mansión a recogerlo, después de que tengamos una pequeña platica."

"... ¿Ahora?" Pregunto Kiritsugu, con su voz sintiéndose escéptica.

"A menos que quieran esperar hasta mañana. Ciertamente es algo tarde ya, pero no tengo ningún inconveniente." Omitió el hecho de que prefería que fuera ahora. "Habitaciones para invitados sobran aquí, y soy un anfitrión generoso para mis invitados. Ten por seguro de que tu hijo la pasará bien hasta que vengas por él."

"... No." Kiritsugu respondió, con hierro en su voz. "Voy para allá." Y antes de que pudiera contestar, el característico timbre que indicaba que la llamada había sido colgada por la otra línea se le adelantó.

Makihisa resopló de buena gana antes de colocar el teléfono en su lugar. La noche se había puesto mucho más interesante, y no podía ocultar que estaba genuinamente emocionado por lo que vendría más adelante. No se había sentido así desde aquel fatídico día, meses atrás.

Presiono un botón, casi idéntico al que había usado anteriormente antes de dirigirle una mirada hacia el marco de fotografías en su escritorio. Sus ojos permanecieron fijos en una en particular, y no pudo evitar recordar algo que le había mencionado a aquel chico pelirrojo.

"Definitivamente, los padres harán cualquier cosa por sus hijos." Musito, mientras pasaba su mano por aquella fotografía. En esta, un Makihisa algo más joven sonreía hacia la cámara acompañado de dos niños y una niña, con dos de estos siendo la viva imagen de él y su esposa ya fallecida.

" Y más aún cuando tratan de mantenerlos a salvo."

La punta de su índice cubrió la silueta del niño que era casi idéntico a él en su juventud, dejando solo al otro niño, con rasgos diferentes y a la niña en la foto.


A/N: Wow, esto fue algo más largo que el capítulo anterior. Me tomó por sorpresa, especialmente luego de todos los recortes y modificaciones que tuve que hacer durante las últimas semanas.

Voy a aprovechar este espacio para responder una cosa del prólogo, ¿vale?

Sobre la Cresta de Shirou, no está ahí para verse bonita y tampoco es un MacGuffin. Es un recurso que va a tener mucha importancia en la trama, y prácticamente una de las puertas a lo que ocurrió durante la Cuarta Guerra de este universo, que como ya había mencionado un par de veces, fue muy diferente a la mostrada en Fate/Zero. La identidad de la familia a la que pertenecía, así como su parentesco será algo que descubriremos a medida que avance esto.

Ahora, sobre este capítulo.

¿En serio alguien esperaba que no me adentrará más a Tsukihime viendo que prácticamente inicie esto en la ciudad donde los eventos de este ocurren? Pues, sucedió. Básicamente me tire un clavado ahí y estoy nadando ahora en aguas medio desconocidas.

No había mucho sobre Makihisa en los materiales referentes, por lo que tuve que tomar varias libertades con su caracterización. No puedo decir lo mismo de nuestras gemelas maids favoritas, con las cuales tuve dificultades debido a escribirlas en una etapa donde todavía no tenían las actitudes que mostraban en la novela visual. En serio me disculpo por como quedaron ahora.

Lo mismo puedo decir con el Shirou chiquito.

Si notan inconsistencias en eso, quiero dejar claro que estas tendrán su conclusión en el siguiente capítulo donde tengo ya en mente refrescar a los personajes con diálogos más adecuados a través de varias interacciones. Este sería la conclusión del arco introductorio, y finalmente nos llevaría al siguiente donde finalmente vamos a empezar a mover la trama.

Esto seria todo por ahora. ¡Nos vemos dentro de dos semanas!

- Shukracharya 7/03/21