A/N: Y, regresamos aquí luego de casi otros dos meses. En serio, una disculpa por eso, la Universidad se convirtió en un auténtico suplicio y hasta apenas hace una semana me soltó. Dios, qué pesadilla fue.

Pero por fortuna, logré terminar esta cosa más rápido de lo que pensaba, y debo confesar que esta vez sí estoy más satisfecho con el resultado. Como siempre, habrá una Nota mas larga debajo del capítulo y sin nada más que decir, vamos a este.

Espero que lo disfruten. Y, muchas gracias por las Review que me dejan, siento mucho no poder responderlas a todas.


AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.


Clave:

'Pensamientos.'

"Diálogo."

"Voz sobrenatural."

"Taumaturgia."

Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ


Konton no Tatakai

Capítulo Tres.

"El Dilema de Peleo"


Las bisagras de la puerta gimieron levemente a medida que Sougen la cerraba. El curandero emitió un último suspiro cuando concluyó con ello, no sin antes echar un último vistazo a la estancia que estaba abandonando o mejor dicho, a los ocupantes de esta.

Por un lado, Makihisa Tohno. Mezcla de hombre y oni, y cabeza de la familia más prominente de Japón que pertenecía a dicho grupo. Un hombre de negocios astuto y exitoso dirían algunos, una fiera sádica y monstruosa dirían otros. A decir verdad, pocas eran las personas que bien podían saber cual de esos dos alter ego reptaba por debajo de la piel del hombre en aquellos momentos.

Sougen podía afirmar tener cierta idea de que el demonio que había orquestado el fin de los Nanaya no se encontraba en aquellos momentos disponible, pero conservaba cerca el sentimiento de que dicha cosa podría cambiar en un abrir y cerrar de ojos, después de todo, tal cosa dependía de la actitud de la persona contraria.

Y del otro lado, Kiritsugu Emiya. Mercenario profesional y asesino a sueldo del lado normal, pero cazarrecompensas de alto calibre y catalogado como el mayor Asesino de Magos de su generación en el mundo iluminado por la luna. Un hombre con una carrera de cerca de cinco años en los cuales había exterminado Designaciones de Sellado, Apóstoles Muertos y toda clase de enemigos más mundanos con una alta tasa de efectividad, suficiente para alcanzar un reconocimiento por parte de la Asociación de Magos, pese a no estar afiliado a esta.

Fundamentalmente, ambos hombres no podían ser más diferentes, y Sougen encontraba hasta difícil el imaginar el escenario en el cual ambos fueran amigos. Si bien estaba al tanto de las interacciones que habían tenido una década antes, también conocía bien el resultado de estas.

De ahí la raíz de su preocupación. Conocía bien a ambos hombres, lo suficiente para saber que con un paso en falso, la conversación terminaría por tornarse en un baño de sangre. Uno que terminaría irremediablemente con Kiritsugu acelerando su reencuentro con Natalia dada las circunstancias.

Naturalmente, el resultado sería diferente si el Emiya se encontrara en forma y con su arsenal a la mano pero no valía la pena el tratar de debatir sobre probabilidades inexistentes.

Sougen solo podía esperar a que ambos mantuvieran su agresividad en un lugar bajo, y tuvieran una conversación más civil. No arriesgaría su suerte pidiendo algo más que eso, y no es como si tampoco creyera mucho en los milagros.

"Jinan-sama." Escucho, haciéndolo regresar a la realidad. Se volteó hacia su izquierda, encontrándose con los ojos color esmeralda de Hisui, quien le miraba expectante. Aquella sola visión bastó para que se perdiera unos segundos más en las memorias que le asaltaban.

Ella y su hermana mayor habían sido solo descubiertas por Makihisa después de que el tratara de buscarles un nuevo hogar luego de que su madre, Shinju Fujou terminara por perecer a causa del incurable mal que afligía a los miembros de su decadente clan. Y con integrantes de familias de la Taima Soshiki corriendo particular peligro contra demonios y mestizos, especialmente si provenían de las cuatro principales, las opciones eran escasas.

De ahí que fuera inaudito que Makihisa las colocara bajo su protección. Inaudito, pero terriblemente eficaz. Pues con las gemelas bajo la égida de los Tohno, no había ningún demonio que fuera capaz de tomar venganza por sus ancestros contra ellas y menos con la influencia de estos y la de sus descendientes semi-humanos perdiendo cada vez más su influencia con cada generación

Sougen suspiro, la ironía no se le escapaba en aquellos momentos. Bastante hipócrita había sido al recriminarle a Kiritsugu, cuando él perfectamente había causado otra tragedia más en un esfuerzo por justamente evitar lo que él temía. Pero bien sabía el dicho.

El camino al infierno está lleno de buenas intenciones.

"Bueno, vamos a buscar a tu hermana, Hisui-chan." Finalmente habló, con la ojiverde asintiendo antes de comenzar a caminar hacia las escaleras, con el curandero siguiéndole el paso. Descendieron a través de estas lentamente, permitiéndole a Sougen admirar nuevamente el interior de la casa. A pesar de su aversión a esta y el nombre que llevaba, no podía evitar el reconocer que el porte de la mansión ciertamente era una obra de arte, que hablaba del dinero que la familia poseía, así como la historia que había acumulado.

Lo único que la arruinaba, como una mancha de óxido en una moneda era aquella aura sombría que parecía estar permanentemente asentada en esta. Personas normales no tenían la oportunidad de sentirla más allá que como un escalofrío húmedo recorriendo sus cuerpos de vez en cuando, pero aquellos afinados a lo sobrenatural, y especialmente curanderos espirituales como él sí que podían percibirla bien.

Había veces en las que aquella cosa era más tenue de lo normal, y otras en las que se tornaba en algo de lo más asfixiante. Si normalmente era un miasma invisible que hacía que la atmósfera luciera más lúgubre de lo normal, bien podía convertirse en una vorágine viciosa que despedía algo más.

Si de él dependiera, mandaría a llamar a un exorcista para deshacerse de posibles apariciones antes de correr algún riesgo, pero tal propuesta caería en oídos sordos ya que por obvias razones Makihisa no dejaría que uno pusiera un solo pie en su propiedad. Además de que por naturaleza, no temía a tales cosas ni se vería muy afectado por posibles tretas.

Y era con aquellos pensamientos en mente, que Sougen juraba que aquella sensación parecía haberse tornado mucho más fuerte.

"¿Se siente bien?" Escuchó a Hisui preguntar, y por segunda vez volvió a encontrarse con sus ojos. La criada ahora portaba un semblante algo preocupado mientras lo observaba escaleras abajo, con él habiéndose detenido en algún momento.

"Me distraje, descuida." Respondió tentativamente antes de menear levemente la cabeza y dar una palmada. Satisfecho, terminó por bajar los últimos escalones y ambos prosiguieron con la caminata.

El piso inferior era algo menos elaborado, pero igual conservaba el porte de la vivienda. Yendo a parar a uno de los pasillos más sencillos, lo recorrieron en poco tiempo aun con el ritmo al que se desplazaban hasta finalmente llegar a una puerta.

"Neesan." Llamó Hisui mientras tocaba la puerta. "¿En dónde fue que dejaste a Shirou-san?" Pregunto, antes de detenerse al creer haber escuchado algo del otro lado solo para darse cuenta de que no era nada.

Extrañada, tocó nuevamente sin recibir respuesta alguna, lo que hizo que la ojiverde frunciera el ceño antes de colocar su mano en la manija, dandole vuelta. La puerta se abrió con un leve quejido, permitiendo a ambos observar un cuerpo completamente desprovisto de ocupantes.

Pasaron varios segundos antes de que ambos se voltearan a ver, y Sougen dijera en voz alta la pregunta que ambos estaban pensando.

"¿En dónde está?"

xXx

"Tu arroz quedó bastante bien. ¿Dices que solo has hecho esto un par de veces antes?"

Shirou asintió, antes de echarle una mirada a los granos del cereal que parecían haber tomado una textura mucho más blanda luego de haberlos puesto a hervir. Estaría mintiendo si dijera que dicha cosa era difícil, pero no podía evitar sentir una satisfacción latente ante el resultado.

Se cuidó de no distraerse mientras cortaba las setas y escuchaba como Kohaku repetía la misma acción, pero con un pescado al lado de él. Se notaba que llevaba ya tiempo realizando aquella tarea e imagino una Kohaku aún más pequeña, con un gorro de chef cómicamente enorme que cortaba vegetales con un cuchillo aún más grande.

Predeciblemente, aquello le hizo emitir una risita.

"No te distraigas."

Que le valió un regaño por parte de la pelirroja, quien había terminado de rebanar un salmón hasta reducirlo a una docena de trozos que fueron a parar a otro plato antes de que ella se enfocara en un pequeño paquete de vegetales que comenzaba a abrir con una práctica marcada.

El trayecto desde su cuarto a la cocina había sido bastante corto. Kohaku había comentado que las habitaciones destinadas a los sirvientes estaban cerca de esta para que pudieran cumplir sus labores lo más temprano posible. Y ahí estaban, cocinando una merienda rápida para los dos.

La pelirroja había dicho que ella se ocuparía de la tarea, solo para conocer la legendaria terquedad de Shirou, quien se había empeñado en insistir que él también ayudaría. Luego de varios minutos de discutir, que se limitaban a Kohaku negándose y Shirou no cediendo, terminaron por llegar a un acuerdo.

No queriendo complicarse tanto, y notando que no había mucha variedad en la despensa aun con las compras que había realizado la criada varias horas antes, se decantaron por cocinar algo que los dos conocieran y fuera sencillo de realizar.

Chirashizushi, también llamado el "Sushi para torpes''. Esencialmente se trata de una base de arroz sobre la que se colocan ingredientes variados, normalmente los típicos del sushi, en proporción variable. Pescado crudo,encurtidos, algas y setas son algunos de los más comunes.

Teniendo varios de los ingredientes a la mano listos, comenzaron a preparar el platillo.

Shirou se había encargado de hervir el arroz mientras Kohaku cortaba el salmón. Como aquella tarea no le había tomado mucho, rebanar las setas había terminado por ser su siguiente tarea, misma que acababa de terminar.

Sin mucha prisa, Kohaku tomo el plato a donde habían ido a parar los trozos de pescado y depósito las setas rebanadas por Shirou en este. Empleando una cuchara que había extraído antes, revolvió el contenido antes de dejarlo caer en la cazuela junto el arroz.

"¿Las verduras van después,no?"

Kohaku asintió, sin separar su mirada del guisado que comenzaba a cocinarse, causando que el pelirrojo dejara escapar un suspiro. A decir verdad, todavía no se acostumbraba del todo a lo silenciosa que podía ser la ojiámbar.

Él tampoco era alguien que hablara demasiado, pero difícilmente podía compararse con las pocas veces en las que Kohaku decía algo más de una oración. El hecho de que la mayor parte del tiempo llevaba una expresión de lo más vacía no ayudaba mucho en su predicamento.

Una expresión que era más apropiada para alguien como Kiritsugu, quien en ocasiones lucía casi permanentemente melancólico. No en el rostro de una niña como ella. El hombre que lo había adoptado le había dicho una vez que los chicos que hacen llorar a las niñas siempre terminan mal.

Ambos permanecieron un tiempo en silencio mientras veían cómo continuaba cocinándose la merienda, hasta que en algún punto Kohaku pareció recordar que no habían sacado ningún plato para ambos.

De otro cajón, extrajeron dos al igual que tenedores y cuchillos, dejando a Shirou perplejo hasta que recordó que dado el marcado estilo occidental de la casa, no era muy descabellado asumir que la forma común de comer era rara de ver en la mesa.

Tras colocar aquello en una pequeña mesa donde tendrían su merienda, tomaron asiento en un par de taburetes que convenientemente yacían al lado.

Algo harto del silencio, pero no queriendo incomodar a su compañero, Shirou aprovecho para preguntar algo que le había dejado con algunas dudas desde que había caído en cuenta.

"Oye, una pregunta." Se dirigió a Kohaku, quien volteo a verlo mientras ladeaba levemente su cabeza. "Para una casa tan grande, ¿porque solo están tú y tu hermana para hacer las tareas?"

Kohaku parpadeo ante la pregunta y demoró unos segundos en responder. "No solo somos nosotras dos…" Comentó, antes de comenzar a jugar con sus dedos.

"En realidad, hay otros sirvientes más, sin embargo, no han estado en los terrenos de la mansión por un tiempo." Confesó.

"¿Oh?" Se preguntó Shirou, un poco confundido. "¿Por qué eso?"

Se dio cuenta de un breve estremecimiento hecho por la pelirroja y estuvo a punto de disculparse, solo para que ella continuara.

"Órdenes del maestro." Dijo, algo más inexpresiva. "Hubo un ... accidente hace un par de meses que afectó su estado de ánimo y desde entonces, solo nosotras dos hemos estado aquí."

Shirou frunció los labios. Bueno, eso sonaba bastante desconcertante en su opinión.

Estaba a punto de decir algo, solo para darse cuenta de que su plato ya estaba listo a juzgar por el olor que desprendía.

xXx

No había transcurrido ni un minuto entero desde que Makihisa soltó aquella última oración. Pero para Kiritsugu perfectamente pudieron haber pasado cien años en aquel mísero instante, y otros cien más en lo que su cerebro trataba de comprender del todo a que se estaba refiriendo. El anterior Asesino de Magos se concentró en las palabras, mientras trataba de encontrar algo más en el rostro impasible del contrario, quien mantenía aquel semblante de seriedad absoluta.

Se sentía casi igual que hace más de once años, cuando había sido invitado a Weisse Hügel por Jubsteich von Einzbern para recibir una propuesta bastante lucrativa para cualquier cazarrecompensas. Y si bien estaba en el corazón del cubil de quien le había llamado, frente a frente otro ser igual de inhumano también sabía que la ocasión no podría ser más distinta.

No, dicha cosa era mucho más similar a las numerosas negociaciones a las que había asistido desde sus días con Natalia. Acuerdos con personas tan traicioneras y nefastas como varios Magi, así como con señores del crimen y demás figuras que bien cumplían a la perfección la definición de escoria.

Hasta el ambiente era el mismo. Aun si la tensión anterior había dejado de ser asfixiante, aún persistían remanentes de esta en la atmósfera que envolvía la estancia.

"¿Y qué puede ser tan importante para que propongas tal cosa?" Pregunto Kiritsugu, esta vez no dispuesto a dejar que Makihisa sostuviera férreamente las riendas de la conversación. "Es muy raro que busques hacer tratos de manera directa."

"Ciertamente no tan raro como todos los eventos con los que hemos lidiado en este día." Fue la pronta respuesta del magnate, quien parecía seguir buscando algo dentro de aquel cajón y a juzgar por el tiempo que había tardado, no lograba encontrarlo aun. "¿Que es uno más comparado con estos?"

"Supongo que tienes razón." Concedió Kiritsugu, reprimiendo las ganas de soltar un suspiro. Tratar de adivinar qué era lo que buscaba, era una tarea inútil, razonar a pesar de lo que había intentado anteriormente. Debido a las revelaciones repentinas y aquel cambio de humor en el hombre de negocios, era casi inverosímil deducir en que se había metido ahora Makihisa, que le había llevado a considerar llegar a un acuerdo con él.

Tuvo un mal presentimiento cuando el hombre no respondió al instante, limitándose a asentir mientras finalmente extraia una pequeña carpeta que terminó por ir a parar a su escritorio, donde la abrió antes de comenzar a recorrer sus páginas.

"Hay cierto objeto de mi posesión que ha estado perdido desde hace más de dos años." Confesó Makihisa, cuyo tono no pudo ocultar del todo una pincelada de molestia. "No puedo decirte de que se trata hasta que accedas al acuerdo así que me tendrás que disculpar por los detalles tan vagos, pero sí puedo contarte que es casi invaluable para mi."

Kiritsugu asintió, comprendiendo a lo que se refería el mestizo y rápidamente aprovechó para adelantarse. "Adivinare," Comentó, mirando fijamente a Makihisa a la espera de tomarlo por sorpresa y poder leer bien su inevitable reacción. "¿Te enteraste que esa cosa reapareció de de alguna manera?"

Jaque al rey.

Makihisa se mantuvo estático por un momento, y la máscara que llevaba mostró una grieta que permitió a Kiritsugu advertir un dejo de sorpresa en la mirada de este. Y tan rápido como se había manifestado, se desvaneció sin dejar ni rastro detrás.

Kiritsugu:1 - Makihisa: 0

"Hace unos días," continuó Makihisa mientras trataba de endurecer sus rasgos una vez más, "Alguien estaba tratando de emplear los servicios de mi compañía para transportar algo bastante valioso al continente. Al principio, no pensé mucho en eso, ¿Por qué debería? No fisgoneo en cada pedido que viene. Para eso tengo a mis empleados después de todo."

Kiritsugu no dijo nada, simplemente esperó a que el hombre profundizará más en su relato.

"Sin embargo, encontré bastante curioso que entre los artículos de ese cargamento, había algunas cosas que podía identificar. ¿Cómo no podría? Las había vendido antes a un conocido mío. Un buen hombre, que lamentablemente ya no está entre nosotros."

"Mis condolencias." Dijo Kiritsugu secamente, quien estaba más que consciente de qué tipo de personas eran parte del círculo de influencia de la familia Tohno.

Pero Makihisa simplemente dejó eso de lado con un simple gesto. "Sí, una verdadera lástima." Dijo sin sentir aquello realmente. "Intrigado por mi descubrimiento, me comuniqué con el único familiar de ese hombre para preguntarle el motivo de tales acciones. Curiosidad personal, seguramente entenderás."

"¿Y entonces?" Presiono Kiritsugu.

Makihisa se detuvo. "La señorita estaba bastante confundida acerca de mi llamada. Sabía quién era yo después de que le dije por supuesto, además ya la había visto un par de veces antes. Después de aclarar mis razones, afirmó algo que realmente convirtió esa leve curiosidad en pleno interés."

Ahora, eso atrapó toda la atención de Kiritsugu.

"Verás." Makihisa giró los dedos antes de mirar al antiguo Asesino de Magos. "Parece que esos artículos fueron robados hace años, al mismo tiempo que mi propiedad desapareció de hecho. ¿Ves a donde quiero llegar?"

Kiritsugu lo hacía, de hecho. La respuesta era más que clara, y yacía frente a él.

"Esa persona que falleció, tenía aquel objeto en el momento de su muerte." Dedujo Kiritsugu. "Y piensas que al estar conectados ambos eventos, acabas de encontrar una pista para el posible paradero de este."

Makihisa negó con la cabeza.

"No lo creo, Kiritsugu. Sé que lo están". Dijo mientras sus ojos brillaban detrás de sus lentes como si hubiera recordado algo que empeoró su estado de ánimo. "Verá, cuando traté de investigar más, recibí una carta anónima que me advertía que no me aventurara más en el tema."

Kiritsugu alzó una ceja en respuesta. ¿Una carta? Bueno, algo así solo podría esperarse de un…

"Un magus amenazándome." Makihisa resopló antes de que su expresión se contrajera en una mueca de desprecio. "Aparte de ese insulto, la carta decía que estaban en posesión de mi propiedad y se aseguraría de que nunca volviera a mis manos a menos que me mantuviera alejado de sus asuntos."

Kiritsugu asintió aunque sus ojos delataron el hecho de que se estaba sintiendo bastante divertido por la molestia de Makihisa. "¿Y qué papel juego en todo esto?"

La mirada molesta lanzada por Makihisa casi lo hizo reír. Oh, cómo habían cambiado las mareas.

"A la luz de los acontecimientos recientes, lo ignoraré." Dijo el hombre de anteojos antes de agarrar ambas manos. "Si es que no era obvio, necesito los servicios de uno de los tuyos para lidiar con este problema."

Entonces, eso era todo. Kiritsugu realmente debería haberlo visto venir. Las razones por las que Makihisa trataría de hablar extensamente con él eran limitadas en retrospectiva. No era un trabajo que no hubiera experimentado en el pasado, pero no era algo que hubiera aceptado por nada más que dinero.

No era como si simpatizara con el hombre, y aun si quisiera acceder, no tenía ni las facultades para llevar a cabo tal empresa.

Eso sin contar que tenía una responsabilidad ya. Una en la que ya había fallado de por sí.

Su respuesta fue más que clara.

"Ya no acepto trabajos." Reclamó Kiritsugu antes de cruzarse de brazos. "Además, no soy el único cazarrecompensas que vive en este país. Estoy bastante seguro de que a alguien con los bolsillos profundos como tú no le resultará difícil contratar a otra persona."

"Soy muy consciente de la cantidad de tu calaña que está cerca." Makihisa dijo con calma: "Sin embargo, el número de ellos con los que he tratado en el pasado puede contarse con una sola mano, y el de aquellos que considero lo suficientemente capaces para esto es aún menor."

El magnate alcanzó su taza de té y tomó un sorbo, antes de enfrentarse a Kiritsugu una vez más. "La única persona de interés que tiene suficiente de mi confianza para cumplir con esta pequeña tarea está sentada frente a mí."

"Me halagas." El sarcasmo en la voz de Kiritsugu era tan filoso como un cuchillo de carnicero. "Eso apenas me convence de escucharte más. De hecho, creo que me estas viendo la cara de tonto."

Al ver la indignación en el rostro del hombre, prosiguió.

"Hay otra razón por la que preguntas por mí, ¿no es así?"

"Bueno, si insistes en profundizar más. Digamos que te necesito particularmente porque este problema está relacionado con un evento que estoy seguro de que estás bastante familiarizado."

Kiritsugu se congeló cuando Makihisa habló de nuevo.

"Verás, vino del Ritual de la Cuarta Guerra del Santo Grial de Fuyuki."

xXx

"Tres hijos entonces." Repitió Shirou, alzando una ceja.

En el lado opuesto de la mesa, Kohaku asintió antes de cortar un trozo particularmente grande del Chirashi y ensartarlo con el tenedor. "Uno adoptado por Makihisa-sama hace unos años, y dos siendo suyos. Dos niños, y una niña."

Shirou, que lo más cercano a una hermana que tenía no era otra que Fuji-nee apenas podía imaginarse el tener a alguien más. Le hubiera gustado preguntar más, pero el sabor del pescado y las verduras le distrajeron de seguir hablando por un tiempo mientras masticaba.

Llevaban ya un rato merendando, y charlando bocado entre bocado. Si bien el pelirrojo había procurado no preguntar tanto e insistir en mantener la conversación, lentamente parecía haberse tornado en algo más fluido que un constante intercambio de monosílabos, muy para el alivio de Shirou, y aunque no estaba del todo seguro, parecía que de la chica también.

Chica que había imitado su acción, y que casi había terminado por vaciar su plato por completo.

Acostumbrado como estaba a ver a Fuji-nee prácticamente devorar un par de estos de tamaño mucho mayor, no encontró para nada extraña la escena.

Estaba más tranquilo luego de danzar más allá del tema del accidente que había mencionado seguramente había tenido que ver con uno de los hijos del señor Makihisa. Había desviado esa corriente al preguntar por quienes más habían habitado en la casa y su compañera pelirroja mencionó tentativamente a dichos hijos así como algo de la historia de la familia.

La pregunta de donde estaban ellos fue algo que pareció haber sido transmitido telepáticamente hasta la mente de Kohaku, porque ella respondió con algo que no identificó casi al instante.

"La hija Akiha está en un internado, una escuela privada llamada la Academia Reien, algo lejos del pueblo." Reveló, soltando su tenedor. "No regresara aquí hasta dentro de unos meses, según nos informó Makihisa-sama. El hijo mayor Shiki, está delicado de salud y fue enviado a vivir con unos parientes que viven en la región hasta que se recupere."

Lo último fue dicho con un toque algo melancólico tan leve, que Shirou creyó haberlo imaginado por un momento.

No queriendo que Kohaku retrocediera a la faceta silenciosa con la cual había tratado ya antes, quiso enfocar su atención a algo más.

"...¿Y el otro niño?"

Quizás no había sido la idea más brillante, pero sí que había funcionado. Porque casi al instante, Kohaku pareció entornar los ojos y comenzó a voltear discretamente a su alrededor, como si buscara algo. Shirou inclinó levemente su rostro hacia la derecha en respuesta, y se fijó que la ojiámbar parecía mirar a las paredes en específico, casi como si tuviera miedo de estas.

Al cabo de unos minutos, pareció tranquilizarse y tomó ambas manos antes de mirarlo nuevamente a él mientras parecía estar mordiendo uno de sus labios, como si tratara de estar de acuerdo con algo.

Poco podía hacer Shirou más que preguntarle si estaba bien, pese a notar que no lo estaba. Pero eso era mejor que nada, por lo que se armó de valor y lo pregunto.

"¿Estás bien?"

Kohaku vaciló durante un par de segundos antes de asentir. "S-sí," tartamudeó mientras jugueteaba con sus dedos antes de tragar saliva y dejar escapar un suspiro.

"Te dije antes que la familia Tohno no eran magos, y eso es cierto." Comentó, antes de agregar. "Y dije que no eran del todo humanos."

Shirou asintió, intrigado pero algo nervioso por el tono siniestro que estaba usando la chica de ojos ámbar.

"El otro niño tenía algo en él que causó un incidente que lo dejó en mal estado, y falleció. Makihisa-sama afirmó que fue un accidente automovilístico y el caso fue abandonado."

Shirou tragó saliva a cambio y le dio una mirada de disculpa que fue descartada. Kohaku no parecía estar particularmente angustiada por el destino del chico, lo cual era un poco extraño pero nada por lo que tuviera ganas de preguntar.

"Lo siento por sus hermanos." Dijo: "Realmente no puedo imaginar que la mía se haya ido, así como así". Ofreció amargamente.

Eso captó el interés de Kohaku. "¿Tienes una hermana?" Preguntó con algo de sorpresa.

Shirou tímidamente se rascó la nuca. "Hmm, en realidad no. Es la hija del vecino, pero ha estado cerca de mí hasta donde recuerdo. Su nombre es Taiga, y la veo como una hermana mayor."

"Oh," respondió Kohaku. "Una hermanastra entonces."

"Sí," dijo Shirou mientras una leve sonrisa se formaba en sus labios. "Ella es muy alegre y un poco brava, pero me agrada mucho. Solía ser mi niñera cuando Kiritsugu estaba fuera."

"Tu padre debe confiar realmente en ella entonces." Señaló a la pelirroja.

"Bueno, a veces era su tutor de inglés y se llevaban muy bien." Explicó Shirou. "Ella también es buena en Kendo y usualmente molestaba a Kiritsugu para que entrenara con ella, sin embargo..."

Para sorpresa de Kohaku, Shirou pareció tener escalofríos. Ella alzó una ceja y lo miró fijamente, esperando que explicara más.

"Su víctima habitual era yo." Terminó con una mueca, mientras se frotaba el brazo izquierdo como si hubiera sentido un dolor fantasma.

Fuji-nee era tan viciosa como el animal que odiaba que la compararan cuando peleaba con alguien. Podría jurar que ni siquiera los hombres que a veces la seguían y que trabajaban para Raiga-jiji estaban dispuestos a cambiar de lugar con él en el momento en que ella desenvainaba su shinai de madera.

Una risa rompió el silencio.

Al principio parecía haber sido un murmullo, pero lentamente aumento de volumen hasta tornarse en una ligera.

Kohaku se rió entre dientes, con sus hombros sacudiéndose como si estuviera reprimiendo las ganas de hacerlo más fuerte.

Era todo un contraste a la imagen reservada a la que Shirou se había acostumbrado ya. Pero, la encontraba muy agradable.

Sin darse cuenta, él también comenzó a reírse.

Durante un intervalo de un par de minutos, no hicieron más que reírse hasta el punto en que lagrimas escapaban de sus cuencas.

"Vaya, así que aquí estaban los dos." Se escuchó hablar a una voz áspera que hizo que los dos se quedaran completamente quietos, como ciervos siendo sorprendidos en la carretera. Al mismo tiempo, voltearon hacia la puerta más cercana y vieron ahí a un Sougen acompañado de Hisui, quien tenía los ojos muy abiertos como si hubiera visto una aparición.

"..."

"..."

xXx

Ni toda su experiencia fue suficiente para evitar que Kiritsugu mostrara sorpresa abiertamente al escuchar eso. Sus ojos se abrieron de par en par, mientras daba inconscientemente un paso hacia atrás en busca de equilibrio.

El día parecía complicarse más y más con cada minuto que transcurría, luego de una situación, otra surgía de la nada y lo arrastraba a una red de intrigas que ciertamente no había extrañado para nada.

Se fijó en la mirada de Makihisa, quien mantenía aquel semblante de seriedad y contra todo pronóstico, no parecía estar disfrutando de su reacción como lo hubiera hecho en otras ocasiones. En su lugar, el magnate se limitaba a devolverle la mirada, como esperando a que recuperara el habla.

"No fue exactamente un secreto que participaste en ese evento." Continuó, viendo que Kiritsugu se mantenía mudo. "Que estés conectado a este siendo una de las personas de interés que mejor récord tienen realizando la tarea que necesito es casi una bendición." Indicó Makihisa con sequedad.

"Me sorprende más que lo sepas bien". Kiritsugu respondió con el ceño fruncido. "Nunca te tomé por alguien que prestara mucha atención a los rituales de los magos."

El magnate resopló antes de comenzar a narrar: "Hace ciento cuarenta años, un ancestro mío fue invitado a Fuyuki por un socio suyo, la hija de un hombre llamado Nagato Tohsaka." Luego añadió. "No estoy al tanto de los detalles particulares, los registros de tal cosa fueron vagos en el mejor de los casos ... Sin embargo, sé que fue un baño de sangre."

Terminó, juntando ambas manos.

Kiritsugu asintió, a juzgar por el tiempo, estaba hablando de la Segunda Guerra del Santo Grial que, según los Einzbern, se había convertido en nada más que una juerga de asesinatos glorificados, aunque nunca había investigado sobre los participantes de ese evento.

"El Clan Tohno, desde entonces nunca ha concebido interés en aventurarse en esa cosa nuevamente." Makihisa continuó."Estamos al tanto de cuando ocurre, pero procuramos mantenernos alejados, por nuestro propio bien y el de los involucrados en esa carnicería."

"¿Qué cambió, entonces?" Kiritsugu cuestionó.

"Como todas las cosas importantes, es una larga historia." Continuó el hombre de anteojos mientras suspiraba. "Sé que es algo que ustedes los magos idearon para crear algún dispositivo que otorgue deseos y que para reclamarlo deben traer almas legendarias para luchar por ese derecho exclusivo. Un buen espectáculo, estoy seguro." Dijo, antes de fruncir el ceño. "Sin embargo, yo mismo no tengo ningún interés en el Ritual, pero sí conocía a un par de hombres que ciertamente tenían un interés personal muy marcado en él."

"El hombre que murió entonces." Kiritsugu dedujo. "Él era un participante."

Makihisa asintió. "Precisamente, él sabía del evento años antes de que comenzara y se aseguró de tener muchas cosas preparadas. Por supuesto, siendo un socio mío, le vendí algunas de las que necesitaba, o simplemente se las señalé a cambio de un buen pago. Fue un buen negocio, seguro lo entiendes."

"¿Quién era él?" Presionó a Kiritsugu, ya tratando de eliminar las opciones en su cabeza. Al ver que la mayoría de los Masters y sus asociados no habían logrado sobrevivir a la Guerra, ese pensamiento tomaría demasiado tiempo. En el fondo, fue una bendición disfrazada que Makihisa por una vez hubiera decidido ir directo al grano.

"Era Saitou Reiroukan. El antiguo segundo propietario de Tokio." Reveló Makihisa, recordando finalmente que todavía había algo de té en su taza.

Kiritsugu parpadeó al escuchar eso y no dijo nada. Eso tenía ... sentido.

Había estado medio esperando que apareciera el nombre del ex-patriarca Tohsaka ya que dudaba mucho que Makihisa Tohno hubiera sido un asociado del ex Lord El-Melloi, sabiendo cuán arrogante había sido el magus de rango Brand.

No, era apropiado que Makihisa hubiera estado en acorde con el antiguo administrador del territorio mágico más cercano en Japón. Sin embargo...

Saitou Reiroukan había sido uno de los Master con los que no había logrado encontrarse cara a cara durante la Guerra. Ni vivo ni muerto. De hecho, solo sabía que había sido el Master de Caster debido a que era uno de los participantes que se había registrado correctamente con el Supervisor.

Y aunque había visto al Servant del Hechizo unas cuantas veces, los signos de actividad de su Master brillaban por su ausencia.

"El objeto que es mío fue durante ese tiempo con Saitou. Era parte de un trato hecho entre nosotros, en el que él haría algunos retoques que debían hacerse antes de que me lo devolvieran." Explicó Makihisa, antes de fruncir el ceño. "Sin embargo, en algún momento durante el Ritual fue asesinado y algunas de sus cosas fueron robadas, incluida mi posesión."

Una mueca de desagrado alcanzó a notarse en su rostro, solo para desaparecer tan rápido como había surgido. Bebió un sorbo de té antes de dirigirse al Emiya de nuevo. "Aquí es donde entras tú, Kiritsugu. Es por eso que necesito particularmente tus servicios."

"Ya lo veo." Respondió asintiendo. "Sin embargo, estas olvidando algo, Tohno."

"¿Oh?" Makihisa arqueó una ceja.

"No tengo ninguna razón para involucrarme en esto." Kiritsugu reclamó tranquilamente."Nada. Esto va más allá de un favor, está muy claro.

"Por eso dije al principio que podríamos intentar llegar a un acuerdo entre nosotros que beneficie a ambas partes." Respondió Makihisa, que no parecía preocupado por su negativa.

Kiritsugu resopló. "Incluso si me ofrecieras la mitad de tu fortuna, no lo aceptaría. No hay nada que puedas ofrecerme que realmente desee, Tohno." Le dedico una mirada que prometía infligir dolor. "Y si te atreves a amenazar a Shirou en represalia, entonces te juro que..."

Makihisa lo detuvo con un gesto con la mano. "Lo creas o no, no tengo intenciones de dañar a tu hijo adoptivo. Ciertamente no soy tan cruel ni mezquino, a diferencia de como me has de ver en tu mente."

Sus ojos grises se enfocaron en Kiritsugu. "¿Y eres realmente tan despiadado como para simplemente morir y dejarlo en paz antes de que crezca?"

Esta vez, no se sorprendió. La ira nubló su vista mientras rechinaba los dientes. Que Sougen le dijera eso era una cosa, podía aceptarlo del viejo sanador.

¿Pero de alguien como él?

"Estoy seguro de que puedo encontrar una manera de romper esa maldición que azota tu cuerpo." Ofreció Makihisa. "Estoy bastante seguro de que tal cosa sería invaluable para ti."

"Buena suerte." Kiritsugu respondió. "Es terminal. Sougen prácticamente declaró que no hay cura, Tohno".

Makihisa meramente se limitó a reír en respuesta.

"Vamos, seguro que no crees que en un mundo como el nuestro, lleno de imposibilidades, no hay una forma o dos de deshacerse de ese mal".

xXx

Dos pares de ojos color ámbar, uno siendo mas brillante que el otro se toparon con unos color negro y otros siendo verdes.

Y durante varios segundos, ninguno de los dos grupos profirió palabra alguna, pero por razones distintas.

Shirou se sentía como aquella vez en la que había sido sorprendido por Taiga tratando de cocinar por su cuenta luego de haber sido sometido a subsistir en base de comida rápida ordenada por ella una vez que ella había terminado por actuar como su niñera. Aunque en parte, se había paralizado más por la presencia del viejo curandero quien en cierta manera también había sido responsable por todas las peripecias que el pelirrojo había pasado ese día.

Tal fue su sorpresa que pasó casi de largo de Hisui, quien mantenía aquella expresión con ojos como platos, misma que parecía estar incomodando a su hermana mayor, quien inconscientemente dio un paso hacia atrás.

Pero que también recuperó sus facultades lo suficiente para salir de ese estupor. "Ahh, Jinan-sama." Se dirigió hacia el curandero con toda la cortesía que era capaz de conjurar en aquellos momentos. "Buenas noches."

"Buenas noches, Kohaku-chan." Saludo Sougen, adoptando el tono suave que usaba para tratar con niños. "Fuimos a tu cuarto a preguntarte donde habías dejado a Shirou-kun." Hizo una pausa mientras le dirigía una mirada al pelirrojo, "Pero ya veo que lo tenías contigo, estoy seguro de que su padre estará muy agradecido contigo."

No pareció escapársele la reacción de los dos pelirrojos ante esa oración, y dejó escapar un suspiro.

"¿Porque está aquí?" Consiguió preguntar Shirou, incapaz de permanecer callado por más tiempo. De no haber comido, probablemente hubiera sonado de una manera bastante ruda, por lo que aquello había sido una bendición.

"¿Makihisa no te lo dijo?" Pregunto Sougen, alzando una ceja. "Vine con tu padre para recogerte, y ambos me enviaron a ver como estabas." Término mientras se cruzaba de brazos. "El susto que le diste a Kiritsugu fue algo que no creí que vería alguna vez." Añadió en un intento de parecer severo, pero que falló con el último comentario.

Sin embargo, no pareció tener mucho efecto en Shirou a juzgar por la expresión dudosa que mostraba.

"Hmm, siento que los dos tienen mucho de qué hablar y no quisiéramos interrumpir." Dijo de repente Hisui, llamando la atención de los otros tres, especialmente de su hermana, quien mostró signos de querer decir algo, pero se limitó a asentir.

Hisui caminó hasta ella y tras tomarla de la mano, comenzó a arrastrarla fuera de la cocina. Kohaku no opuso resistencia alguna, pero igual le dedicó una última mirada a Shirou, quien no pudo hacer otra cosa que dedicarle una leve sonrisa nerviosa.

Y pronto terminó por quedarse en la cocina con nadie más que el curandero quien parecía estar pensando seriamente sobre algo a juzgar por la expresión concentrada que portaba.

Expresión que soltó de repente mientras fruncía el ceño al notar algo en el pelirrojo.

"Shirou-kun, ¿y esa curita que tienes en la frente?" Pregunto, antes de acercarse. El ojiámbar se ruborizó al caer en cuenta de que se había olvidado de esta, y apartó algo de su flequillo con el fin de volver el trozo de tela en su frente más visible.

"E-ste..." Trato de hablar, apenado por la causa. "En la calle, no me fijé por donde estaba corriendo y choque con un poste sin querer." Confesó, rojo de la vergüenza.

"Ya veo." Resoplo Sougen de buena gana antes de alzar su mano. "No te muevas, por favor." Pidió, y coloco esta en su frente mientras murmuraba algo que Shirou no alcanzó a distinguir bien. Casi al instante, la cálida sensación de energía mágica fluyendo desde los dedos del curandero invadió su piel, y salvo un leve ardor que no duró ni un par de segundos, no sintió ninguna molestia.

"Listo, como nuevo." Sougen retiró su mano, tras haber usado un simple hechizo básico para hacer que la herida se curase mucho más rápido. En lesiones extremadamente ligeras como esa, no era muy difícil lograr que estas desaparecieran con el misterio adecuado.

"Gracias," Shirou sonrió al pasar su mano derecha por ahí, comprobando que no sentía nada de la hinchazón que había anidado ahí antes.

"No fue nada." Respondió el curandero. "Menos mal que era algo ligero y que no tuvo nada que ver con Makihisa. De lo contrario, no creo que tu padre se lo hubiera perdonado." Comentó.

Shirou se apresuró a negar con la cabeza. "Makihisa-san no me hizo nada malo." Evito mencionar que el hombre al principio había amenazado con sacarle lo que quería saber por la fuerza, pues no quería alterar al hombre luego de lo que seguramente había sido algo muy estresante para él. "Oh, bueno. Lo admito, si me dio algo de miedo al principio." Terminó por confesar cuando Sougen le dedicó una mirada de sospecha.

Sin embargo aquello solo hizo que el hombre diera un suspiro de exasperación.

"Típico Makihisa, no puede vivir un solo día sin actuar así." Sentenció mientras meneaba la cabeza.

Shirou no pudo hacer más que asentir a modo de respuesta, y el silencio volvió a envolver la atmósfera.

Decir que solo era por incomodidad sería poco. Un sinfín de motivos, equiparables a cadenas impedía que alguno de los dos hablara, condenándolos entonces a meramente dejar que el tiempo pasara.

El pelirrojo se retorció en su lugar mientras fruncía el ceño, y echó un vistazo hacia el curandero, quien parecía estar a un paso de la meditación.

Juntando valor, abrió la boca.

"Hmm, Jinan-san." Dijo, tratando de sonar lo más respetuoso posible. "Lo siento mucho por todo esto."

"¿A qué te refieres?" Preguntó el curandero, alzando una ceja. Shirou mordió uno de sus labios antes de responder. "El haberme escapado, hacer que el viejo se haya preocupado tanto, y haberlo arrastrado por mi culpa."

Sougen cerró los ojos antes de cruzarse de brazos. "Tu reacción fue algo natural. Te asustaste e hiciste lo que se te ocurrió primero, nadie puede culparte de eso, ni siquiera Kiritsugu." Explico de manera conciliadora. "Especialmente el."

Su expresión se tornó amarga.

"No estoy de acuerdo en la manera en como Kiritsugu te crió. Pero entiendo que es lo que quería lograr, protegerte."

Shirou titubeó por unos segundos, antes de asentir tímidamente. "Makihisa-san me contó algunas cosas," Admitió apenado. "Pero fue solo porque yo le pregunté, y me ayudó como pudo."

"¿Él hizo qué cosa?" Había un escepticismo muy marcado en la voz de Sougen, cuyo semblante lucía ahora preocupado.

"... Necesitaba saber lo que había pasado." Shirou sujeto el borde de su camiseta mientras dirigía su mirada hacia el suelo, en un gesto que hizo que el curandero suavizará su rostro antes de colocar su mano en el hombro del pelirrojo.

"¿El de verdad fue una mala persona antes, no?" Pregunto una vez que alzo su rostro.

"Puedes preguntárselo cuando lo veas pronto." Respondió Sougen con toda la sinceridad de la que era capaz. "Pasó por muchas cosas y a decir verdad, estoy sorprendido con lo mucho que ha cambiado, y estoy mas que seguro de que la causa fuiste tu."

"..." Shirou sonrió inconscientemente al escuchar aquello y su postura se relajo. Solo para voltear hacia el curandero al caer en cuenta de algo.

"... Un momento, ¿Kiritsugu y Makihisa-san están hablando solos?" Preguntó con una expresión que comunicaba algo de pavor.

Pavor que aumentó cuando el curandero asintió.

xXx

"Así que estás aceptando esto como tu final." Musitó Makihisa con algo de simpatía en su voz mientras finalmente dejaba su taza de té.

Kiritsugu puso los ojos en blanco en respuesta, tan acostumbrado se había tornado a los gestos del hombre mayor que preferiría ignorarlos la mayor parte del tiempo.

Casi apretó los dientes en respuesta a un dolor agudo en su brazo izquierdo, cuando la maldición que asolaba su cuerpo se manifestó nuevamente como un recordatorio de que estaba prácticamente condenado. La maldición que había venido del Grial era realmente algo especial en comparación con las otras cosas que había visto emerger del recipiente contaminado.

Podía recordar muy bien el lodo espeso y oscuro que convertía en llamas todo lo que era suficientemente desafortunado en tocarlo y rezumaba una sensación de maldad pura. Nunca fue un mago talentoso ni había albergado el deseo de convertirse en uno, sin embargo, en su línea de trabajo se había familiarizado bien con cosas como esa, para bien o para mal.

Una enorme cantidad de energía mágica corrompida por hórridas intenciones que había tomado forma física. Bien podría decirse que era la marea de un mar de maldiciones y demás conjuros negativos, pero ninguno siendo realmente sofisticado, no.

A juzgar por los efectos que habían infringido en el centro de Shinto, eran una acumulación de cientos de miles de blasfemias que llevaban el atributo de asesinar y consumir puñado por sí solos difícilmente serían un problema para algún magus con control promedio sobre su energía mágica, pero a una escala como aquella… Kiritsugu no podía ni imaginarse los estragos que se cobraría antes de que inevitablemente se activarán las medidas del propio mundo contra cataclismos de aquella magnitud.

Sin embargo. La que había terminado en sus circuitos, cortesía de Angra Mainyu, fue algo especialmente diseñado en un ataque de ira y malicia. No era una maldición de muerte o decadencia.

Era una de sufrimiento.

La maldición se liberaba en forma de dolorosos pulsos esporádicos que se sentían como si innumerables agujas calientes intentaran perforar su piel, e intensificaba la sensación si hacía movimientos bruscos.

También había descubierto que reaccionaba mal si intentaba canalizar energía mágica. Lo había probado un par de veces antes de decidir que no valía la pena correr el riesgo.

Al principio, había sido un dolor agudo que hacía que el común se sintiera como una caricia en comparación y había terminado como un ataque.

El dolor era casi insoportable, y se volvía mucho más fuerte a medida que le azotaba. Sumado al hecho de que también causaba disrupciones en el flujo de energía mágica de sus circuitos, bien se convertía en una trampa letal.

Taumaturgia fuera de los límites de un magus lo mataría, eso era una verdad casi absoluta, pero lo mismo aplicaba a exponerse a riesgos de los circuitos. Siendo estos parte fundamental de un magus, el daño a estos bien podría significar el fin de la carrera de uno como este o la muerte misma.

Bien lo sabia el, cuya carta de triunfo consistía en prácticamente joder aquella parte de los mago que habían tenido la mala suerte de ser sus blancos.

Que irónico que él tenía ahora una Espada de Damocles encima con un caso similar. Estaba casi inerme sin acceso a sus circuitos por completo y solo una parte de su conocimiento bélico a su disposición.

De ahí que los viales del brebaje que Sougen había confeccionado fuesen una bendición para él. Tenían un efecto santificador con la maldición, que hacían que el dolor desapareciera temporalmente, pero que bien podría terminar en cualquier momento.

Pero no era una cura.

Ni siquiera un tratamiento. Lo único que el brebaje hacía era adormecer los efectos de la maldición y evitar que él sintiera el dolor.

Nada hacía para disipar la raíz de esta, que cómodamente yacía dentro de él y cuyos colmillos se clavaban viciosamente en su cuerpo, haciendo que este no estaba exento a su suplicio.

Y de ahí la razón de su desesperanza.

El cuerpo humano era frágil, increíblemente frágil. Aun con los avances de la medicina moderna e incluso con la taumaturgia misma, tenía un marcado límite de que tanto daño podía soportar antes de colapsar sobre uno.

Kiritsugu había recibido varias heridas a lo largo de su carrera, y no todas por medio de causas mundanas. Disparos, puñaladas, golpes contundentes, mordeduras, quemaduras, hechizos y demás le empezaban a cobrar factura.

Aunque ninguno como una de las pocas piezas de Taumaturgia que había empleado de manera extensiva en sus misiones.

Control de Tiempo Innato, desarrollado a partir de los fragmentos de la Taumaturgia trabajada por la Familia Emiya que había recibido del remanente de la Cresta comprada a la Asociación por Natalia.

Una serie de hechizos que le permite por medio de un campo acotado personal el acelerar el flujo de tiempo en su cuerpo por un par de segundos, permitiéndole moverse a una velocidad vastamente superior.

Sonaba como una habilidad envidiable para cualquier combatiente o mercenario en su mismo negocio, hasta que las consecuencias por emplearla salían a la luz.

Forzar dicho cambio repentino en el cuerpo y luego detenerlo causaba estragos en este. Desde ligamentos rotos hasta sangrado interno, el emplear el Control de Tiempo Innato era el responsable de dejar innumerables heridas a lo ancho y largo de este. Tan solo haber usado Avalon durante un tiempo había evitado que estas fueran más graves, pues había reducido las más profundas a cortes menos riesgosos y las más pequeñas a dicho fenómeno no había aplicado a todas sus heridas.

Muchas de las cuales no se habían cerrado por completo, y que la presión del dolor que causaba la maldición se encargaban de estimular.

Eventualmente, llegaría al punto de causar un daño irreparable a sus órganos vitales debido al extenso trauma, y lo llevaría a una tumba temprana.

"¿Y sabes algo?" De repente preguntó Makihisa, haciendo que Kiritsugu alzara una ceja. "Realmente me agrada tu hijo. Es como un soplo de aire fresco en comparación con las cosas habituales con las que he de lidiar. Sin embargo, me apena bastante la idea de que un joven como él tenga que experimentar una vez más lo que es perder a un padre. Eso es algo que incluso yo puedo sentir lástima."

Kiritsugu tardó unos segundos en conectar los puntos y luego suspirar antes de responderle. "¿Cuánto te contó Shirou?"

No estaba muy seguro de lo malo que era el hecho de que Makihisa Tohno de todas las personas posibles, estaba ahora al tanto de una cantidad insospechada de su vida personal actual. Eso sí, podría ser peor, pero aún así ...

"Por supuesto que no." El hombre de anteojos resopló divertido. "Dale algo de crédito. Solo dijo algunas cosas sobre sí mismo, aparte de la curiosa historia de cómo terminó en mi mansión, deberías preguntarle eso cuando te encuentres con él de nuevo. Eso sí que es un recuerdo de la infancia."

El hombre se detuvo y se rió entre dientes como si encontrara la idea divertida antes de enfrentarse al Emiya después de dejar escapar un suspiro. "No, Kiritsugu. Solo dijo lo suficiente para que yo recogiera los pedazos y adivinara la historia e incluso entonces, apenas creo que esté completamente en lo cierto."

"Cuéntame". Kiritsugu respondió mientras se cruzaba de brazos, lo que hizo que Makihisa parpadeara antes de sonreír.

"Muy bien," dijo antes de juntar ambas manos. "Te diré lo que creo y luego, lo que sé". Remarcó, mientras buscaba encontrar algo de incomodidad en el rostro de Kiritsugu, y al no hallarla, se dispuso a comenzar.

"Lo que sé es que adoptaste al pobre niño después de un incidente atroz que lo dejó huérfano. Que apenas le enseñaste algo sobre este mundo en el que vivimos y que lo trajiste aquí para que Sougen pudiera verificar si algo andaba mal con sus circuitos mágicos , solo para que Shirou se despertara y los oyera a ustedes dos hablando de cosas lúgubres que obviamente lo aterrorizaron e hicieron que huyera como si una aparición lo estuviera persiguiendo." Dijo, mirando fijamente a Kiritsugu como si lo estuviera desafiando a demostrar que estaba equivocado solo para encontrarse con el rostro del ex mercenario teniendo el visaje inexpresivo.

"¿Y en qué crees entonces?" Preguntó, presionando aún más.

"Bueno, tenemos un niño huérfano con potencial mágico que sobrevivió a un desastre en el que te viste involucrado según las palabras que dijo escuchar de ti. Entonces, apareces aparentemente retirado de tu carrera y con una maldición en ti." Makihisa notó, aparentando estar sumido en una profunda reflexión. "Todo encaja de acuerdo con lo que sé, y no fue tan complicado de adivinar en verdad. Estaría decepcionado si no fuera por el hecho de que estoy seguro de que hay muchas profundidades ocultas en esa historia."

"Solo ve al grano ya." Exigió Kiritsugu.

Makihisa puso los ojos en blanco antes de asentir. "Cualquiera que haya sido el desastre que afectó a Fuyuki hace dos años, fue de una forma u otra realizado por ti mismo, y ese pobre chico es probablemente una de las víctimas sobrevivientes, que en un sentido de culpa lograste rescatar y luego adoptar como tu propio."

Luego se enfrentó a Kiritsugu una vez más, y simplemente esperó una respuesta. La pregunta era innecesaria.

El pelinegro suspiró mientras cerraba los ojos por un par de segundos antes de abrirlos y asintió.

"Shirou estuvo en el epicentro de ese infierno, y a duras penas sobrevivió. Lo encontré por pura suerte entre los escombros mientras trataba de rescatar a quienes habían quedado atrapados en medio del fuego cruzado." Recordó Kiritsugu, teniendo una visión repentina de aquella escena.

"No voy a negar que fue mi culpa." Dijo con una mueca. "Sin embargo, en comparación con la alternativa que estaba a punto de ser lanzada, realmente no había otra opción."

"El mismo enfoque utilitario que predicaste hace algún tiempo, sí". Respondió Makihisa, quien mantuvo su tono algo cordial comparado con el habitual. "No soy un santo para criticar tal pensamiento, pero ya sabes lo que creo al respecto".

Kiritsugu asintió pero no dijo nada, lo que llevó a otro momento de silencio entre los dos hombres. Momento que se extendió por varios minutos, permitiéndole a los dos el concentrarse en sus pensamientos.

Emiya no podía decir que lo disfrutaba, pero si estaba agradecido con la oportunidad de calma luego de lo estresante que había sido discutir con el mestizo.

Aprovechando, tomó la taza de té que había quedado abandonada frente a él y se dispuso a darle un sorbo. El líquido, que se había enfriado luego de varios minutos de descuido, humedeció sus labios antes de inundar su boca, brindándole su sabor.

El Karma realmente le estaba cobrando mucho ese día. Lo que había comenzado con una simple visita médica había terminado en una especie de conspiración atada al peor momento de su vida en los últimos años. Casi parecía otro producto más de la maldición de Angra Mainyuu.

Y pensar que todo esto se hubiera podido evitar por ...

Fue entonces que cayó en cuenta del Deja Vu y la semilla de la sospecha terminó de germinar en su mente.

"¿Puedo preguntarte algo, Tohno?" Pregunto, de manera calmada, lo que hizo que el hombre alzara una ceja en respuesta, extrañado ante la petición, pero no viendo ninguna razón para negarla, por lo que asintió.

Viendo ello, Kiritsugu preguntó nuevamente. "Fuera del tema de querer contratarme para investigar tu pequeño misterio y presionarme para que acepte el discutir esos términos, ¿porque estas tan fijado en Shirou cuando argumentas?"

Los ojos de Makihisa se entornaron detrás de sus gafas por un breve momento. "No se de que me hablas. Viendo lo mucho que te preocupas por él, es lógico usarlo para hacerte cambiar de parecer."

Pero Kiritsugu no estaba convencido.

"Lo dudo mucho". Dijo, antes de continuar. "Te conozco también, Tohno. Sé que clase de hombre eres, y más cuando estás en el rol de negociante. Eres despiadado, aprovechado y te gusta ir por la yugular de lo personal." Esta vez fue el turno de los ojos de Kiritsugu de entornarse.

"No, hay algo más. El que lo estás mencionando mucho, me dice que tienes algún motivo más que no me estás contando."

Los dos hombres se enfrentaron en un duelo de miradas penetrantes durante un minuto antes de que Makihisa se interrumpiera con un bufido.

"Tan perspicaz cuando quieres serlo." Se quejó el magnate sin un dejo de malicia antes de suspirar. Sus ojos parecían estar mirando varios lugares de la habitación, sin poder concentrarse en algún punto en particular. Aquello le decía a Kiritsugu que Makihisa no sabía cómo decir lo que estaba a punto de revelar, lo cual indicaba que posiblemente era algo muy personal.

Pero no tuvo que esperar mucho tiempo para averiguarlo.

"La vida trae cosas bastante curiosas." Comenzó a contar el mestizo, aun sin mirar a Kiritsugu. "Hay ocasiones en que salen muchas coincidencias con situaciones y personas que no podrían ser más diferentes pero que sin embargo, no pueden evitar sorprenderse cuando les cae en el regazo una de estas."

Se llevó una mano a su cuello, y con el índice comenzó a recorrer una parte de este.

"No fuiste el único que adoptó a un niño." Finalmente sentenció, antes de que su tono adquiriese un dejo más nostálgico. "Uno que también fue víctima de una tragedia bien podría decirse fue la consecuencia de uno de mis actos. Aunque, mis motivos para hacerlo no fueron tan nobles como los tuyos."

"Sin embargo, lo hiciste." Kiritsugu señaló.

"En efecto." Makihisa asintió con la cabeza, antes de fruncir el ceño. "Originalmente fue algo que decidí por capricho. Una decisión tonta nacida de la coincidencia que de repente apareció frente a mí y la tome. Él fue bienvenido en mi casa por mis otros hijos hace un par de años, y llegué a realmente disfrutar de su presencia."

"Supongo que algo pasó." No fue una pregunta.

Makihisa asintió sombríamente y realmente parecía un hombre de su edad por primera vez. "Hubo un incidente aquí un día y yo estaba sentado en esta misma silla cuando sucedió. Estaba ocupado leyendo algunos periódicos, como la mayoría de las veces cuando el grito de mi hija llegó a mis oídos. Corrí lo más rápido que pude temiendo lo peor y cuando llegué al jardín, ya era demasiado tarde ... "

Kiritsugu compartió una mueca similar.

"La sangre de los demonios heredada de nuestros antepasados se adelgaza con cada generación, eso es cierto. Sin embargo, siempre hay casos en los que un miembro de la familia termina con algo más que la carga de sangre demoníaca." Dijo Makihisa mientras su tono se volvía amargo. "También llevan la sed de sangre que suele acompañar a estas criaturas."

Eso hizo que Kiritsugu se detuviera.

La descendencia entre humanos y especies fantasmales había sido posible en el pasado. Sin embargo, era una práctica poco común incluso en la época en que el misterio era fuerte en el mundo y casi había desaparecido en la era moderna.

Sin embargo, los descendientes de aquellos que alguna vez estuvieron involucrados vivían todavía de una forma u otra. Su propio mentor tenía antepasados que se habían cruzado con una súcubo una vez, pero Natalia no había heredado mucho más que reflejos mejorados.

El asunto aquí, era otro caso.

En el pasado de Japón, muchas familias querían cruzarse con la raza de los Oni. Esto resultó en múltiples clanes de sangre mixta, siendo el Tohno uno de ellos.

Rara vez había estado involucrado en la caza de aquellos que se habían entrado en frenesí cuando su Impulso de Inversión corroía su sentido de sí mismos y los convertía en bestias sedientas de sangre, pero sabía lo suficiente como para tener una idea clara de lo que había sucedido.

"Mis condolencias." Se ofreció sinceramente.

Makihisa no lo reprendió. En cambio, el hombre mayor parecía haber retrocedido a un estado algo similar al duelo.

"Eso fue hace algunos meses." Dijo: "Y he enviado a mis otros hijos por ahora para que puedan recuperarse de esa experiencia traumática mientras me pregunto si hubo algo que pudiera haber hecho para evitarlo."

Era la segunda vez en ese día que escuchaba la historia de una tragedia familiar íntimamente ligada a los demonios.

"No he terminado aún," Makihisa habló de repente, sacando a Kiritsugu de sus pensamientos. El mestizo ahora poseía una expresión algo severa en su rostro mientras contemplaba al pelinegro fríamente.

"Preguntabas la razón de porque puse tanto énfasis en tu hijo. Ahí la tienes." Continuo inflexible, esta vez siendo él quien se cruzaba de brazos.

"¿Presientes que Shirou pueda estar en peligro en el futuro?"

"No lo presiento, Kiritsugu." Resoplo Makihisa antes de acomodar sus gafas. "Puedo ver perfectamente que lo estará. Y el número de veces que ocurra antes de que tome lugar lo peor está por verse."

"Es justo por eso que necesito mantenerlo lo más humanamente alejado de todo esto." Respondió Kiritsugu antes de entornar los ojos. "Y cosas como tu encargo son exactamente lo contrario a eso."

"Y has hecho un trabajo fenomenal hasta ahora." El sarcasmo regresó al tono de Makihisa luego de haber estado ausente por varios minutos. "Estoy seguro que tu y Shirou-kun solo estaban jugando a las escondidas, pero en versión extrema."

"¡Que uno de tus hijos muriera por un accidente de la condición de tu familia no te da el menor derecho de!-" Kiritsugu a duras penas alcanzó a terminar la frase antes de que sus instintos se pusieran alerta y se moviera lo más rápido posible hacia la izquierda, evitando un puñetazo que por poco hubiera conectado con su abdomen.

Volteo hacia el frente, solo para encontrarse con Makihisa dedicandole su mirada más gélida. Se había movido a tal velocidad alrededor de su escritorio, que ni siquiera lo había percibido.

Ventajas de su linaje inhumano.

"Repite tal cosa frente a mi una vez más, Emiya." Hablo Makihisa con un tono sumamente sepulcral y cargado de hostilidad que difería por mucho de todos los que había usado. "Y te enteraras de lo que sucedió ahí en carne propia."

Y como si no fuera suficiente, la maldición se cobró aquel movimiento, mandando una punzada en su pierna izquierda que le hizo apretar los dientes.

"... Lo lamento, eso fue demasiado." Admitió, dejando escapar algo de la agonía repentina en su tono.

Agonía que fue captada por el contrario, quien meramente asintió antes de caminar un par de pasos y voltear hacia la ventana.

"Hablé con Shirou-kun en este mismo lugar no hace mucho." Continuó, mientras sus manos se colocaban a sus espaldas. "Nuestra introducción quizás no fue la mejor, y se noto que estaba bastante nervioso por mi presencia, por lo que busque ganarme algo de su confianza por medio de un intercambio de respuestas que satisficieran la curiosidad de ambos."

Kiritsugu no dijo nada, sabiendo que estaba a punto de escuchar lo que había ocurrido entre los dos.

"Naturalmente, las primeras cosas que le pregunté estuvieron relacionadas al porqué de su estadía en Misaki, así como de tu presencia aquí. ¿Pero sabes cual fue una de las primeras que él me hizo?"

Casi instintivamente, Kiritsugu negó con la cabeza y Makihisa interpretó el silencio como una respuesta negativa.

"Preguntó directamente qué era lo que tu hacías como magus."

Decir que la sangre se heló en sus venas fue poco para el ex-mercenario, quien casi de inmediato apretó los puños.

"Dime que..."

"Lo hice." Lo corto Makihisa sin miramientos, y nada de malicia en su voz. "¿Sabes que vi? Un pobre niño asustado con la idea de que todo se estaba yendo abajo y estaba viviendo una mentira. Un niño que necesitaba saber la verdad, por muy dolorosa que fuera y que no podría soportar esas dudas carcomiéndolo. Así que, le conté. Le conté a ese niño sobre el Asesino de Magos más infame de su generación."

"Entonces él lo sabe todo..." La amargura se apoderó de la voz del Emiya ante aquella noción.

"No soy tan burdo." Makihisa se volteó, notando la cadavérica expresión de Kiritsugu y puso los ojos en blanco. "No mencione detalle alguno de tus 'empresas' y tampoco incluí las exageraciones que se han hecho."

"Y eso seguramente mejorará las cosas." Reprocho Kiritsugu con una mezcla de melancolía e irritación. "¿Qué clase de imagen tendrá de mí ahora gracias a eso?"

Makihisa resoplo.

"¿Qué? ¿Piensas que de la nada te ve como el hombre del saco?¿Que tu sola presencia le aterroriza y ahora buscará esconderse tantas veces como pueda de ti? Por favor." Casi pareciera que el mestizo se estuviera burlando.

"¿Podrías culparlo si fuera así después de oír todo eso de mi?" Le recrimino Kiritsugu.

"No, lo haría." Tranquilamente respondió el magnate. "Pero dudo que eso pase, porque ese niño te tiene demasiada estima para dejar que eso te convierta en una imagen así de horrenda para él."

Confundido, Kiritsugu alzó una ceja, lo cual hizo que Makihisa suspirara.

"El niño te adora. Eso lo puede notar cualquiera. Incluso con ese temor, esa angustia y esas revelaciones terribles, se puede ver que aún conserva un fuerte apego hacia ti. Uno que no se romperá fácilmente, si es que llega a hacerlo alguna vez." Sentenció Makihisa de una manera que bien podría denominarse como paternal.

"Además, no fue lo único que le dije."

Kiritsugu alzó la cabeza y prestó atención.

"El Asesino de Magos. El carnicero despiadado que ha sido responsable de la muerte de múltiples magi y otros, así como el llamado embajador del infierno que hasta los propios forzadores de la Asociación de Magos temían ir en contra no es el hombre que lo adoptó y crió." Repitió Makihisa. "La diferencia es palpable, y estaba claro que lo que sea que ocurrió en aquel Ritual, te cambió para bien."

"..." Kiritsugu pareció quedarse sin palabras, no tenía realmente idea de cómo responder a eso. No es como si no fuese verdad, solo que jamás se hubiera imaginado que ese hombre diría algo así para ayudarlo.

"... Lo agradezco."

"No invalidaré ese gesto mío al decir que no fue nada." Respondió Makihisa. "Pero eso no quita el hecho de que simpatizo con el caso, y estoy dispuesto a darte una mano, pero no gratis. El precio es mas que obvio."

Kiritsugu asintió, habiendo esperado una cosa así y hubiera rechazado una vez más dicha propuesta de no ser porque el magnate aún no había terminado.

"Ignoro qué es lo que tienes planeado con Shirou-kun. Y a decir verdad, tampoco es de mi incumbencia. Te compartí mi experiencia por mero reflejo, esperando que logres aprender algo de ella, pero no te diré que es lo que debes hacer." Makihisa retiró sus gafas, dejando que sus ojos grises estuviesen expuestos.

"Pero si estoy seguro de algo. Sea lo que sea que pienses, no vas a poder mantenerlo a salvo solo, y mucho menos cuando te hayas ido ya por lo que te esta consumiendo la vida." No sonrió triunfalmente ni realizó otro gesto más que juntar otra vez sus manos detrás de su espalda. "Solo espero que tu conciencia te permita superar eso."

Si Makihisa hubiese disparado una pistola, aquello último bien hubiese sido comparable a una bala de alto calibre, que atravesó el corazón de Kiritsugu con una precisión envidiable.

Había sido certero, directo y lo suficientemente fuerte para derribar el castillo de naipes de la convicción de Kiritsugu sobre sus ideas sobre cómo lidiar con la situación. Muchas de estas habían sido de lo más inverosímiles, y más de una le había hecho temblar ante la obvia desesperación que le había azotado.

Quizás lo peor es que nada de hipnosis o interferencia mental había tenido lugar en aquel intercambio. Toda había sido la pura opinión sincera de Makihisa Tohno, un monstruo auténtico que había mostrado un instinto paternal superior al suyo por unos minutos.

Irónico, muy irónico.

Kiritsugu no estaba ciego. Sabía bien lo que le esperaba y que muy probablemente le depararía a su hijo después de todo esto una vez que se fuera.

El camino al infierno está lleno de buenas intenciones al fin y al cabo...

Pensó en las palabras de Sougen. Entonces en las de Makihisa, y finalmente en Shirou.

Kiritsugu cerró los ojos antes de suspirar. Luego de un largo historial de malas decisiones, probablemente una más sería añadida a la lista.

"Esta bien, Tohno." Hablo, abriendo los ojos de manera en que pudiera encarar al magnate. "Tomaré tu encargo, pero bajo varias condiciones."

Makihisa sonrió por enésima vez. "Por supuesto, soy todo oídos."

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Siendo la hermana mayor, Kohaku estaba más que acostumbrada a poner el ejemplo ante Hisui. Así había sido desde antes de que fueran recibidas por los Tohno, y había continuado en su entrenamiento como sirvientas de la casa. Si bien las dos habían tomado la misma instrucción de parte de otros sirvientes con más tiempo y por ende, experiencia, era claro que quien realmente estaba a cargo de la otra.

Hisui era una niña muy buena y obediente, incluso a su edad. Pero eso no significaba que no hiciera una que otra tontería de vez en cuando y ella tuviera que regañarla.

Que irónico que ahora ella pareciese estar experimentando dicha posición..

Había sido arrastrada por su hermana afuera de la cocina con el fin de respetar la privacidad de Shirou y Sougen, quienes a juzgar por las voces a la distancia aun no terminaban de discutir. Honestamente, no quería tener esta conversación ahora, pero había aprendido hace tiempo que casi nunca podía tener lo que quería.

"¿Estás segura de que te encuentras bien, nee-san?" Preguntó Hisui una vez, con sus ojos color jade mostrando la preocupación fraternal tan característica de su hermana.

Preocupación que la hizo suspirar antes de dejar que una leve sonrisa conciliadora se manifestara en sus labios. El estoicismo de la ojiámbar era algo abierto dentro de la Mansión Tohno, pero la excepción más marcada era obviamente con su hermana menor.

"Estoy bien, hermanita." La tranquilizo Kohaku. "Yo debería preguntarte lo mismo. Te deje sola con Makihisa-sama y las visitas."

Sin embargo, Hisui negó con la cabeza. "No estuve mucho tiempo, pero se notaba que el ambiente estaba tenso," La ojiverde mordió ligeramente su labio inferior antes de continuar. "El padre de Shirou-san da un poco de miedo. Casi me recordó a las veces en las que Makihisa-sama venía furioso por algo en el trabajo."

Kohaku alzó una ceja en respuesta a ello. De por si ella no tenía la mejor imagen del padre de su inusual compañero pelirrojo gracias a lo que este le había contado, pero con lo que su hermana describía, estaba segura de que dicha imagen mental solo se iba a degradar mas y mas hasta el punto en que cuestionaba si era realmente indispensable que Shirou regresará bajo el cargo de tal persona.

"... ¿Y lo dejaron en el mismo cuarto que el señor?" Pregunto Kohaku con algo de incredulidad. Por cómo había sido descrito, los dos hombres bien podrían estar matándose en aquellos momentos mientras los cuatro estaban en la planta más baja.

Hisui pareció tener la misma idea a juzgar por el escalofrío que ella pudo notar.

"Ambos estuvieron de acuerdo," Reveló mientras jugueteaba con sus dedos. "Eso, y que querían que Jinan-sama revisará como está Shirou-san." Aquello último fue acompañado con la gemela más joven señalando hacia la puerta de la cocina.

Kohaku dirigió su mirada ahí e internamente, realizó una mueca. No habían transcurrido ni diez minutos desde que había salido de ahí, y ya extrañaba la presencia del pelirrojo con quien había compartido un par de momentos que nunca pensó tener con alguien que no fuese su hermana, o su difunta madre.

Y algo debió de mostrarse en su rostro.

"Me alegra que lo hayas conocido."

Kohaku volteo hacia su hermana, quien había sustituido la expresión algo angustiada de su rostro por una que reflejaba algo de júbilo fraternal y que no recordaba nunca haber visto antes.

"Más que un accidente, yo diría que fue buena suerte." Continuó Hisui mientras juntaba ambas manos. "Puedo ver que ambos se llevan muy bien aun si apenas se conocen."

Kohaku asintió tentativamente, pero no dijo nada. Bueno, eso era cierto. Ambos no habían sido niños de muchas palabras, pero rápidamente se habían conectado y sin darse cuenta, se habían convertido en compañeros de la desventura que había sido ese día.

Más allá de haberse ayudado mutuamente con acciones, algo más había surgido entre ambos. Algo que Kohaku no entendía del todo, pero no podía negar que le gustaba.

"Esos días en los que no tenía tanto trabajo y jugaba con los señoritos, siempre quise que te unieras." Confesó Hisui, sacando a la hermana mayor de sus pensamientos, quien reprimió un respingo con aquella mención.

Desde ese accidente, las hermanas habían evitado hablar lo menos posible de los días anteriores. Y el que Hisui, quien había sido la más cercana al trío de hijos del hombre de la casa lo rompiera, indicaba que estaba haciendo una excepción.

"Desde que mamá se fue, te volviste distinta." Continuó la ojiverde con algo de tristeza. "Creí que si jugabas con nosotros, podrías regresar a ser como eras, pero no querías hacerlo. Y eso me hacía sentir mal."

Kohaku cerró los ojos, mientras agachaba su cabeza levemente. Las cosas que tenía que hacer dolían en más de una forma, pero mientras no fuese su hermanita quien tuviera que sufrir por ellas... Esa línea de pensamiento fue interrumpida cuando sintió los brazos de dicha hermana rodeándola en un abrazo.

"...¿?"

Alzó la vista, solo para toparse con el rostro lloroso de su hermana.

"Pensé que nunca volvería a escuchar tu risa."

Kohaku comenzó a sentir un leve ardor en sus ojos y poco tiempo después, algo húmedo descendiendo por su mejilla.

"... Hermanita." Alcanzó a decir, antes de que Hisui hablara otra vez.

"Me alegra mucho que hayas hecho un amigo." Terminó, hundiendo su rostro en el pecho de su hermana mayor.

Aquello hizo que la ojiámbar quedará paralizada en medio de aquel abrazo, mientras su mente trataba de descifrar esas palabras. Todo lo que había conocido hasta ahora era la sensación de su madre, quien se había ido mucho más temprano de lo que debería, a su hermana a quien estaba sosteniendo ahora, el monstruoso toque de aquel hombre...

Antes, se había encontrado con una mirada que parecía verla más allá de la ventana desde la cual ella observaba el exterior, tan cercano y a la vez distante para ella.

Esa conexión no había llegado a más. Ni siquiera había comenzado como tal. Y en un arrebato de inspiración, ella había entregado su listón favorito a aquel niño con la promesa de que regresara algún día por él.

Tal no era el caso con Shirou.

Habían hablado, se habían ayudado, e incluso se habían consolado a la par que compartían cosas de uno con el otro.

'Amigo,¿eh?' Pensó la ojiámbar antes de finalmente corresponder al abrazo de su hermana. 'Me gusta como suena eso.'

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"¿Estás dispuesto a aceptar un contrato con un pergamino de auto-geis?" Pregunto Kiritsugu, decidido a probar el alcance de la necesidad de Makihisa, quien a juzgar por la mueca que sustituyó su sonrisa, no estaba muy contento con aquella propuesta, y tenía razón suficiente para sentirse de aquella manera.

La práctica de establecer un Geis consta en formar una maldición sobre un objetivo que impone una restricción mística sobre la acción de uno con el consentimiento de ambas partes. Una forma de taumaturgia ideada por los celtas en la antigüedad, que se había convertido en una de las más difundidas en todo el mundo desde antes de que la Torre del Reloj se convirtiera en el importante bastión que es ahora.

Los versos del encantamiento viajan a través de los nervios para infundirse en el cuerpo y la mente, y la unión del hechizo, descrito como un "segundo corazón", se coloca justo al lado del original.

Una versión aún más despiadada de un geis es un Pergamino de Auto-Geas. Colocar un contrato escrito sobre un pergamino de vitela que aparecería solo como figuras sin sentido y patrones bien hechos para aquellos que no son magi, es una maldición que incluso puede atar la Cresta Mágica del objetivo. La firma del declarante es colocada con sangre e infundida con Energía Mágica para demostrar que el hechizo se ha establecido y activado. El contrato enumera el objetivo de la magia vinculante, un juramento del objetivo y las condiciones para aceptar el contrato. Una vez que se cumplan las condiciones, el objetivo cederá parte de su libre albedrío, y el contrato se confirmará como una maldición inquebrantable. Utiliza a la fuerza las funciones del objetivo sobre sí mismos para hacer cumplir el contrato, y es un poder que no puede ser borrado por ningún método en teoría. Incluso si se pierde la vida del taumaturgo, el Geas ataría el alma del muerto dentro de su propio cadáver. Es una taumaturgia muy peligrosa hecha para la traicionera sociedad de los magi donde se requiere un contrato que implica ofrecer una concesión máxima que absolutamente no puede ser desobedecida.

Ese método despiadado fue el que empleó para eliminar al Servant Clase Lancer de la Cuarta Guerra del Grial junto con su Master.

Y para alguien tan orgulloso como Makihisa, era más que obvio que dicho método sería algo que encontraría degradante, pero sumado a su naturaleza más pragmática, igualmente estaría de acuerdo en que seria increíblemente útil para no solo dejar en claro las condiciones para el beneficio de los dos en su negociación, sino que para asegurarse de que ambos hombres efectivamente cumplieran sus respectivas partes del trato.

El honor era cosa rara en las sociedades en las que vivían, donde ni siquiera los nobles más perfumados podían jactarse de seguir al pie de la letra tal código que en cientos de ocasiones había demostrado una y otra vez que no valía más que el papel en el que estaba escrito.

Era preferible no arriesgarse.

"En vista de que es la única forma de convencerte por completo lo aceptaré, pero no ahora." Respondió Makihisa, quien había tomado asiento detrás de su escritorio nuevamente. "Prefiero mejor discutir las condiciones ahora y anotarlas, de modo que lo tengamos todo claro para cuando hagamos el contrato."

Era algo razonable, por lo que Kiritsugu asintió.

"Entonces, dime lo que quieres que haga y especifica lo mas que puedas ahora."

"Es muy simple. Requiero que investigues no solo el paradero de mi propiedad, sino que la identidad de quien la tiene actualmente en su posesión." Makihisa tamborileo la superficie del escritorio mientras sus ojos se entornaban. "De ser posible, quiero que la encuentres y recuperes para mi. Como un objetivo adicional, me gustaría la cabeza del responsable sobre una pica, pero estoy seguro de que protestaras contra eso."

"Me sorprende que no lo hayas incluido como una condición obligatoria." Respondió Kiritsugu. "No es de ti ser tan generoso en estos casos."

"Ahórratelo." La mano derecha de Makihisa había atrapado un lápiz antes de empezar a jugar con él. "La única razón por la cual no lo hago, es porque yo mismo quiero tener la satisfacción de arrancársela de su cuello como si se tratara del corcho una botella."

Y apenas dijo eso, el lápiz fue partido a la mitad apenas el mestizo aplicó algo de más de presión en su agarre.

"Eso, y dudo mucho que puedas capturarlo y traerlo ante mí. No era tu especialidad, y tampoco la de Kaminski-san." Concluyo, sin mostrar algún tipo de reacción por el lápiz mutilado.

Kiritsugu decidió ignorar eso mientras asentía. "Entiendo, me imagino que me suministraras toda la información que tienes disponible sobre esto."

"Así es." Confirmó Makihisa, "Sin embargo no podré ayudarte ahí de otras formas. Me gustaría mantener lo más posible este acuerdo en secreto, y no quisiera ver tal cosa comprometida por algún posible fisgón entre mis empleados."

"¿Sospechas de un espía?" Pregunto Kiritsugu con cautela.

"Estoy seguro de que hay uno, si no es que un par de ellos por ahí." Musito Makihisa con plena confianza. "Fuera de rivales empresariales, no me sorprendería si hubiera uno conectado a nuestro misterioso amigo, o amigos. Y es por eso que quiero que nuestro contacto sea directo y que evites solicitar más cosas de mis recursos. Enfocar la atención de ellos en mí otra vez y por ende en ti no es algo que ambos deseamos,¿o si?"

El Emiya alzo una ceja mientras pensaba en las condiciones establecidas por Makihisa. Intentar investigar a alguien en secreto no era raro para él, sin embargo, sabía muy bien que tales acciones inevitablemente conducirían a una pelea. Una pelea que no estaba seguro de poder ganar como estaba ahora.

Por lo tanto, compartió sus preocupaciones con Makihisa.

"No te preocupes por no tener la fuerza suficiente para lidiar con el responsable." Dijo con una sonrisa de complicidad que Kiritsugu no estaba exactamente seguro de sí confiaba. "Digamos que tengo algo a mi disposición, que es más que suficiente para aplastar incluso a los magi mas fuertes."

"¿Y hay alguna razón en particular por la que no lo estás usando para resolver este problema tuyo?" Pregunto Kiritsugu con un marcado escepticismo.

La sonrisa de Makihisa se redujo mientras dejaba escapar un suspiro exasperado. "Más bien, desafortunadamente, es completamente inútil para la tarea de rastrear a los ladrones. Después de todo, no envías un monstruo para investigar. Y mucho menos cuando este es el tipo de matar primero y preguntar después."

Makihisa se aseguro de omitir la parte en que por matar se refería a aplastar los cráneos de sus víctimas y descuartizarlas brutalmente.

"... Entiendo." Respondió Kiritsugu, haciéndose una idea ya de a que se estaba refiriendo el mestizo. "¿Y eso no supondrá ningún problema para lo que dijiste?"

"Para nada." Respondió Makihisa. "Incluso si el espía proviene de esos tontos de mi familia extendida, no tienen forma de saber que puedo llamarlo para que cumpla mis órdenes. Créeme, ya he probado tal cosa en el pasado."

"No es necesario, confío en tu palabra." Dijo así no eran algo que quería conocer.

Y además, ahora era su turno.

"Muy bien," concedió Makihisa antes de acomodarse en su asiento. El mestizo lo miró con una mirada evaluadora mientras juntaba ambas manos y esperaba a que comenzara.

Kiritsugu respiró hondo antes de asentir y luego abrió la boca.

"Ya dijiste que me ibas a dar toda la información que está disponible sobre el caso del robo de tu misteriosa posesión, que se confirmó que estuvo en manos del difunto antiguo administrador de Tokio fallecido en la misma guerra en la que participé dos años atrás." Reanudó el ex-mercenario antes de continuar. "Así que pedir más información sería inútil. El peso pesado que dices que puedes proporcionarme en caso de que las cosas empeoren también es bienvenido, sin embargo, tengo mis propias condiciones para esto."

"Nómbralas." Pidió el magnate.

"Número uno, ya que estabas tan seguro de que podrías encontrar una manera de liberarme de esta maldición, entonces quiero que lo hagas." Dijo Kiritsugu. "Haré este último trabajo por ti en tanto puedas asegurarme que pasarás un buen tiempo buscando formas de curarme."

"..."

El magnate se quedó en silencio por un momento mientras sus ojos se abrían con sorpresa. "Eso es algo que no vi venir. Tenía la impresión de que ya te habías resignado a ese destino." Comentó, sin siquiera molestarse en ocultar la incredulidad en su voz.

"No he terminado aún." Continuó Kiritsugu, haciendo que Makihisa parpadeara mientras inclinaba la cabeza con algo de intriga.

El ex-mercenario pareció algo vacilante durante un par de segundos hasta el punto de que Makihisa pensó que ni siquiera estaba seguro de qué preguntar, pero se demostró que estaba equivocado. Y, a diferencia de la primera vez, no le sorprendió tanto la revelación.

"Fuera de eso, quiero que jures esto. No importa si sucede porque fallaste en encontrar una cura o porque algo salió horriblemente mal con esto", declaró Kiritsugu mientras palidecía. "Quiero que jures que garantizarás la seguridad de mi hijo en caso de que muera."

Y eso fue todo.

'Una selección de venenos, ¿eh…?' Kiritsugu pensó, con cuidado de mantener su rostro despejado. '... Lo peor de todo, no estoy eligiendo solo por mí mismo. Ya soy un hombre muerto caminando, lo estoy eligiendo por el bien de Shirou.'

Cerró los ojos brevemente y miró por la ventana.

'Pero no hay otras alternativas aquí.' Continuo. 'La única opción de la que no me arrepiento es salvar la vida de Shirou. Todas las otras elecciones que he hecho ... Intentar sabotear su aprendizaje de magia, sacrificar a Iri, incluso destruir el Grial ... todas han venido con pesar …' Suspiró y tomó un sorbo de su propio té.

'Perdóname Shirou…' Pensó. '... Tengo que elegir por ti. No confío en mí mismo para hacerlo y ni siquiera debería intentarlo ... pero esa es una elección en sí misma, ¿no es así? Y como todas mis elecciones, trae arrepentimiento, siempre arrepentimiento ... '

"No puedo decir que no estoy sorprendido.", finalmente habló Makihisa después de varios minutos de silencio. El tono del mestizo era neutral, sin embargo, había algunos indicios de simpatía debajo de él que delataban el hecho de que ya no hablaba como el despiadado hombre de negocios que era conocido por ser. "Estaría mintiendo."

El magnate suspiró mientras descansaba la cabeza contra su mano derecha.

"Si bien hay algunas cosas que sin duda abordaremos cuando redactemos el contrato, puedo decirte de antemano que tu última petición es algo que cumpliré hasta mi último aliento." Dijo mientras sus ojos grises adquirieron un leve brillo por un segundo. "Eso, lo juro en el nombre de los Tohno."

Kiritsugu asintió a la par que sentía como se estaba librando de una parte de su carga.

"Gracias por eso."

"Un trato es un trato." Makihisa respondió: "Y yo soy un hombre de palabra. Mientras te embarques en esta misión mía, haré todo lo que esté en mi poder para cumplir con lo que se me pidió. Sin embargo, confieso que tengo un poco de curiosidad."

"¿Acerca de?" Kiritsugu cuestionó.

"Dije que no es asunto mío saber cuáles son tus planes para Shirou-kun, sin embargo, ver esta dirección que tomaste me ha interesado un poco en cuáles son esos." Reveló Makihisa mientras fruncía el ceño. "¿No querrás seguirme?"

"Lo que debería haber hecho antes." Kiritsugu respondió mientras bajaba su taza. "Le pediré disculpas y le explicaré por qué hice esas cosas. También haré todo lo que esté en mi poder para ser el padre que él necesita que sea y también ..."

"¿Sí?" Preguntó Makihisa, notando el cambio de mentalidad del ex-mercenario.

"También le enseñaré lo suficiente para que pueda sobrevivir en este mundo." Kiritsugu dijo con firmeza. "Él nunca tendrá la vida que yo tuve, no si puedo hacer algo al respecto. Pero no lo dejaré indefenso ante las cosas que definitivamente intentarán lastimarlo."

"Bueno, eso es ciertamente algo." Dijo Makihisa. "Parece que aprendiste algo después de todo, bien hecho."

"Es más fácil decirlo que hacerlo." Kiritsugu respondió antes de mirar el reloj en la pared más cercana. "Eh, pasamos casi una hora hablando, el tiempo seguramente pasó volando."

"Así parece." Dijo el mestizo antes de fruncir el ceño al darse cuenta de que se había olvidado de algo. Kiritsugu arqueó una ceja ante su expresión y luego siguió la mirada del hombre hasta el escritorio, donde descansaba ese sobre olvidado, con sus páginas abiertas.

"Acabo de recordar que nunca especifiqué qué es lo que necesito que recuperes." Dijo Makihisa: "Parece que mi edad realmente me está alcanzando."

"¿No sería mejor para ti revelar eso en el momento en que firmemos los Geis?" Preguntó Kiritsugu, extrañado.

"Quizás, sin embargo, creo que sería mejor si vieras lo que es ahora mismo." Dijo Makihisa con tono dudoso mientras le pasaba el sobre.

Kiritsugu solo tuvo que mirar la única imagen en el medio de la primera página para sentir que sus ojos se agrandaban mientras maldecía.

"Ay, mierda."


A/N: Y con ese capítulo, queda prácticamente solo uno para poder darle fin a este pequeño arco que nos sirve como prólogo para la historia. Podemos ver como la trama se está poniendo en marcha, y muchas cosas se avecinan en el futuro.

Este 'trabajo' que Makihisa le ha encomendado a Kiritsugu es la punta de lanza para adentrarnos en el Nasuverse, y vaya que iremos hondo. Los Arcos que vienen, no serán tan lentos como este, pero igual servirán como introducción para cosas que tengo preparadas, y puedo garantizar que varias de estas van a subvertir lo que se ha visto ya numerosas veces en el mundo del Fanfiction de Fate, o que de plano romperán expectativas.

La cosa que vio Kiritsugu, pues… Dudo mucho que alguien adivine que es, pero no tendrán que esperar mucho, porque el siguiente capítulo saldrá más pronto de lo que creen.

Por ahora, toca leer los Spoilers de la parte del Sexto Lostbelt que salió hoy.

Nos vemos hasta el siguiente capítulo.

Sukracharya (14/07/21)