A/N: Este capítulo hubiera salido unos días antes de no ser porque me tocó vacunarme y la reacción fue bastante fuerte. Pero la verdad, me alegra no haberme tardado tanto en sacarlo.

Podría decirse que este es el verdadero inicio de la historia, y estoy bastante satisfecho con el resultado. Tanto, que terminó por ser el capítulo más largo por ahora.

Nuevamente, a responder Reviews:

GustavoIVS: Yep, muy temprano para que Shiki Potter haga aparicion aqui. Si mis cálculos no me fallan, es probable que no lo veamos hasta dentro de unos seis arcos.

maxtime: Shirou no la va a pasar muy bien, teniendo que compartir Fuyuki con esos tres xD

Y en cuanto a su magecraft y Kiritsugu, pues este intentara ser el mejor maestro posible, pero a la larga no sirve para el campo.

Giuseppe: Una nota, por "Caída del Cielo" (Heaven's Fall) no me estaba refiriendo al Heaven's Feel (A la Magia Verdadera), me estaba refiriendo al fenómeno del agujero en el cielo. Este es un término que tomé prestado de un Fanfic en inglés muy viejo llamado Fate/Génesis, a modo de referencia.

En cuanto al segundo punto. Si, lo concedo.

Forzador como traducción de Enforcer suena ridículo. El caso es que la traducción correcta de esta es Ejecutor, término que ya ocupó para los de la Iglesia. Así que tras pensarlo mucho.

Me he decidido a dejarlo tentativamente como 'Sicarios' aunque si noto que no pega, pues tendré que dejarlo como Enforcers.

Sobre lo demás. Kiritsugu hará su mejor esfuerzo, pero lo que realmente le enseñara a Shirou no estará dentro de lo mágico en su mayoría. Para eso van a estar otros personajes.


AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.


Clave:

'Pensamientos.'

"Diálogo."

"Voz sobrenatural."

"Taumaturgia."

Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ


Konton no Tatakai

Capítulo Cinco

"Trigésimo-Noveno Nombre"


"Muy bien, vamos a repasar esto una vez más antes de comenzar, ¿está bien?" Pregunto Kiritsugu, solo para que Shirou asintiera.

Estaban en el cobertizo de la casa, el cual había sido limpiado de pies a cabeza con el fin de que padre e hijo pudieran usarlo sin tener que verse importunados por la pila de chatarra y cosas sin usar que habían ido a parar ahí con el paso de los años. Entre estas, habían encontrado un pizarrón que Kiritsugu vagamente recordaba haber usado durante las primeras veces en las que le dio sus lecciones de inglés a Taiga.

El viejo equipo didáctico se encontraba todavía en buen estado y el pelinegro había optado por usarlo una vez más en algo más importante.

"De acuerdo." Comenzó Kiritsugu antes de empezar a escribir algo en este. "Los circuitos mágicos son lo más importante para un mago. Son básicamente lo que le permite a una persona ser uno. ¿Por qué es así?"

Se dirigió hacia Shirou, revelando que había escrito esas dos palabras y encerrado ambas dentro de un círculo.

El pelirrojo frunció el ceño tratando de recordarlo antes de responder. "Porque es lo que te permite hacer magia ya que puedes mover energía a través de estos, ¿no?"

Kiritsugu asintió mientras dibujaba una flecha que se extendía desde el círculo que había dibujado y dejo que señalara a otro: el mejor boceto que podía hacer de una tubería. "Así es. Los circuitos mágicos son el canal que le permite a uno utilizar energía para realizar hechizos, ¿pero cuál es ese tipo de energía y de donde viene?"

Esta vez Shirou no tardó en responder, pues justamente lo había leído minutos antes en una de las notas que había tomado. "¡Es energía mágica! Y viene de adentro de las personas y los animales, y del mundo mismo." Exclamó, visiblemente entusiasmado.

Kiritsugu negó levemente con la cabeza. "No exactamente. La energía del mundo o energía ambiental es llamada Mana. Mientras que la energía que viene de nuestro interior es la fuerza vital de los seres vivos, y es llamada Od. Lo que permiten los circuitos mágicos es manipular ambas para transformarlas en lo que llamamos energía mágica."

Los hombros de Shirou cayeron al estar desanimado por haber respondido mal, lo cual hizo que Kiritsugu suspirara. Habían pasado cerca de tres semanas desde la desventura de Misaki, y el pelinegro había pasado los primeros días reflexionando sobre algo que consideraba inevitable: Enseñarle correctamente el como usar taumaturgia a Shirou.

Enseñarle a defenderse de una forma más convencional (y por no decir mundana) no era viable a esa edad y menos en el mundo donde vivían. No, Kiritsugu había caído en cuenta ya de que debía de dejar que el pelirrojo aprovechará el talento que tenía.

Lo cual los llevaba a otro problema que era más difícil de sortear que el anterior.

Kiritsugu no era realmente ni el mejor magus ni el mejor maestro disponible. Su única experiencia en el último campo se limitaba a lo poco que había alcanzado a enseñarle a Maiya, quien a decir verdad estaba a un paso de ser una persona incapaz de emplear taumaturgia gracias a la misera cantidad de circuitos mágicos con los que había nacido y la poca calidad de estos.

Por mucho que adorara el recuerdo de su figura materna adoptiva que era Natalia, Kiritsugu debía de admitir que entre sus muchos puntos fuertes, el ser una buena maestra no estaba entre ellos. De ahí podía culpar su poca habilidad en ese campo.

Por lo que tras casi una semana de pensar en qué hacer, había logrado trazar una especie de plan de estudio para Shirou, quien se había emocionado de más tras recibir la noticia, a juzgar por la fuerza del abrazo que le había dado.

Y obligado a tomar uno de los viales de Sougen rápidamente antes de que la maldición decidiera surtir efecto y le arruinara la tarde.

Y eso era lo que habían estado haciendo durante las dos últimas semanas. Prácticamente enseñándole algunos conceptos básicos e intermedios de la taumaturgia y del mundo sobrenatural en general, y tomándose su tiempo en explicárselos a detalle de la mejor manera en que un niño de nueve años pudiera comprenderlo.

Shirou se había adaptado bastante bien en algunos temas, pero tenía algo de dificultad entendiendo otros, a veces como resultado de Kiritsugu no sabiendo cómo resumir una parte. Eso le había llevado a sugerirle al pelirrojo que tomara apuntes y los leyera de vez en cuando antes de su pequeña lección.

"Shirou, no te desanimes. Aun si llevas unos días estudiando eso, algo así es difícil de entender la primera vez que te lo cuentan." Comentó Kiritsugu, y en cierta manera no estaba muy lejos de la verdad. Los hijos de familias de magi que habían sido designados como herederos aprendían esas cosas desde que comenzaban a caminar y practicaban hechizos ya apenas se había declarado que era seguro que usaran sus circuitos mágicos (o mucho antes, según padres particularmente impacientes).

"Lo sé, solo que me molesta no recordarlo todo." Shirou se enfurruño en su asiento mientras tomaba el cuaderno que había dejado en una pequeña mesa al lado suyo y con una pluma, remarcaba su propia anotación, que decía letra por letra lo que Kiritsugu había afirmado.

Al menos, unas ocho páginas de este estaban cubiertas con notas como esas y uno que otro garabato que mostraba la mejor copia posible de algunos de los dibujos que Kiritsugu había realizado en la pizarra.

La información era variada. Poseía anotaciones de temas esotéricos como los que acababan de repasar y otros como el perfil de un magus (Shirou seguía escribiéndolo como 'mago' al no ver ninguna diferencia) hasta el nombre de las facciones más importantes del Mundo Iluminado por la Luna como la Asociación de Magos y la Santa Iglesia.

La revelación de que esta última poseía divisiones enteras que se dedicaban a la caza de seres monstruosos como vampiros y demonios no pareció haber sorprendido mucho a Shirou, quien había visto varias películas sobre el tema, cortesía de Taiga y hasta había preguntado a modo de broma si esta no tenia un vampiro que cazara a otros vampiros dentro de sus filas.

Kiritsugu se había quedado callado en respuesta, haciendo que el pelirrojo tragara saliva mientras se cuestionaba dentro de su mente que tanto que había considerado como fantasía era muy posiblemente una realidad ahora.

"Creo que ya lo tengo." Hablo nuevamente, tras cerrar el cuaderno y señalar hacia el pizarrón. "Los circuitos mágicos nos permiten tomar nuestra energía y la del aire para poder convertirla dentro de estos en el combustible de los hechizos."

"Muy bien." Kiritsugu asintió antes de lucir algo apenado. "Cuando forzabas tus nervios a convertirse en un circuito mágico falso, usabas tu fuerza vital para manipularlo y luego la ensartabas en este, generando energía mágica que utilizabas para tratar de reforzar algo...Fui muy estúpido al no darme cuenta."

"Viejo, ¿que habíamos acordado con eso?" Protesto Shirou con algo de reproche. Tener a su padre pidiendo perdón cada día solamente le hacía sentirse culpable.

Kiritsugu suspiro."Si, disculpa." El pelinegro hizo un gesto de mano antes de comenzar a borrar lo escrito en el pizarrón. "Bueno, lo prometido es deuda." Mencionó, haciendo que Shirou parpadeara antes de caer en cuenta de a qué se refería.

Una sonrisa de complicidad atravesó su rostro mientras se aguantaba las ganas de frotarse las manos, recordando la promesa que Kiritsugu había hecho hace una semana.

Que finalmente le enseñaría a usar sus circuitos mágicos. Un prospecto que había mantenido al pelirrojo más que al borde de su asiento (literal y figurativamente) por días, y que iba a finalmente experimentar en momentos próximos.

Kiritsugu noto su entusiasmo y se acercó con confianza, pues a diferencia del conocimiento teórico que le había estado impartiendo, esto era algo para lo que se había preparado adecuadamente.

"¿Recuerdas lo que te dije sobre el gatillo?" Se aseguro de preguntar con el fin de que no ocurriera nada inesperado.

"Tengo que pensar en una imagen y sensación cuando se abran. Eso la conectará con mis circuitos, y así poder abrirlos cada vez que me concentre en ella." Recito Shirou mientras asentía. "Ese es mi gatillo mental."

"Si, es la forma más básica de hipnosis que uno puede aprender." Respondió Kiritsugu haciendo una mueca. "Tiene que ser algo que te imagines bien. Por ejemplo, el mio es el martillo de una pistola siendo disparado, aunque también hay otras formas de hacerlo."

Por obvias razones no iba a sugerir el infringirse dolor para hacerlo como hacían algunos, mientras que la otra alternativa era un completo no.

"Hmmm, esta bien." Shirou se acomodó en su asiento y cerró sus ojos, listo para comenzar. Aquello hizo que Kiritsugu suspirara mientras preparaba su mano, con la cual iba a canalizar un ligero pulso de energía mágica en Shirou que éste usaría para "abrir" sus circuitos.

Entre las muchas cosas que no le había contado a su hijo aún, estaba el tema de que sus actuales treinta circuitos principales de acuerdo con Sougen no estaban cerrados sino adormecidos. Aquello prácticamente indicaba que habían sido abiertos hace tiempo y al menos usados alguna vez.

Por muy dudoso que fuera, uno podría creer que aquello había sucedido la primera vez en la que Kiritsugu había intentado 'enseñarle' taumaturgia a Shirou y dejándolo así.

Pero Kiritsugu no solo tenía el instinto suficiente para saber que tal cosa no era cierta. Otra pieza más se encargaba de echar abajo dicha teoría para bien y para mal.

La presencia de una Cresta Mágica en Shirou, que a juzgar por el análisis de Sougen sobre los distintos circuitos que la componían, tenía al menos unas cuatro generaciones era algo realmente inaudito aunque podía explicar cosas como la cantidad de circuitos de Shirou siendo relativamente alta.

Pues dicho factor solo ocurría en las familias que habían realizado la práctica de casar miembros con circuitos mágicos con el fin de que el hijo heredase una buena cantidad. La calidad de estos era variable y a veces se manifestaba muy alta en personas comunes.

La respuesta estaba más que clara: Shirou era el heredero de una familia de magi.

Aunque tratar de sacar alguna respuesta del pelirrojo era inutil, puesto que el no recordaba ni un ápice de su vida anterior al incendio de Fuyuki, cortesía del inmenso trauma que había sufrido en aquel evento, el cual de acuerdo con los médicos que le habían atendido durante su estancia en el hospital así como la opinión profesional de Sougen, era muy probable que estos no regresaran nunca de manera natural.

Eso le dejaba algunas dudas a Kiritsugu, sobre si no habría alguna consecuencia para activar algo de aquella manera dadas las condiciones, pero de acuerdo con una conversación telefónica que le había hecho a Sougen un par de días antes, era inofensivo.

Claro que una cosa era decirlo y otra, hacerlo.

Por si las dudas, usó su mano libre para agarrar uno de los viales que descansaba en un estante cercano por precaución, y bebió el contenido. El sabor de este no era realmente agradable, pero comparado a lo que la maldición le hacía sentir bien podría ser el té más dulce de todos.

Usar taumaturgia sin estos activaría la maldición, y los efectos de esta se intensificarían mientras más energía mágica usará. Bebiendo uno de los viales, esto podría evitarse bajo una condición: El efecto santificador del vial perdería potencia en tanto ocurriera lo mismo.

Si bien un simple pulso de energía mágica no era mucho, prefería no arriesgarse y menos con Shirou involucrado.

Con su resolución firmada ya, activó sus circuitos mágicos y colocó su mano derecha en la espalda de Shirou. "Ahora." Anuncio, enviando ya la energía desde su palma.

Shirou se había electrocutado una vez, y también quemado con la estufa en una ocasión. La sensación que lo invadió repentinamente fue un aguijón que portaba ambos recuerdos y le hizo temblar en su lugar.

Alcanzó a escuchar la voz de Kiritsugu y apretó sus dientes mientras que un río candente parecía estar fluyendo lentamente dentro de él.

Con trabajo, busco aferrarse a cualquier imagen que pudiera venirse a su cabeza, pero solo alcanzaba a percibir una y otra vez aquel poderoso torrente de energía que amenazaba con inundar cada parte de él y ahogarlo desde sus entrañas.

Una y otra vez, intentó conjurar algo, pero la vorágine que se había formado dentro de él se lo impedía con un poderoso impulso.

Shirou apretó sus dientes y permaneció firme en aquella visión, hasta finalmente captar algo que le dio fuerzas.

Un cañón se dibujó en su mente, adosado a una empuñadura y una guardia simples. Toda una serie de partes desconocidas para él se unieron a este, y finalmente mostraron el gatillo del cual tiró con todas su fuerzas, dejando que sonase el martillo de la pistola.

Y entonces.

Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince...

Más de dos docenas de líneas paralelas se manifestaron alrededor de él, todas brillando con un furor que resplandecía entre los tonos verde y azul pálido.

Lentamente, el vórtice de sus adentros pareció calmarse a medida que las corrientes que lo componían iban perdiendo fuerza y su contenido se vertió dentro de las líneas como si se tratase de canales de riego.

Canales cuyo número seguía aumentando.

Veinticinco, veintiséis, veintisiete, veintiocho...

Y de la nada, este se cortó de golpe.

"¡Shirou!" Kiritsugu lo sacudió gentilmente, "¿Te encuentras bien?"

El pelirrojo parpadeo algo adolorido luego de la surreal experiencia que acababa de vivir. "Ughh," se quejó mientras llevaba su mano derecha a su sien. "Eso fue... raro."

Kiritsugu extrajo un pequeño termo con agua que había preparado específicamente para la ocasión, y asintió sabiamente. "Recuerdo la primera vez que me tocó pasar por eso, se sintió como si me hubiera atropellado una motocicleta."

Shirou hizo una mueca al oír eso y suspiró. "Disculpa viejo, me tomó mucho... Solo podía sentir ese calor a pesar de que intentaba pensar en cualquier otra cosa. Supongo que hay que intentarlo otra vez." Añadió, meciendo sus piernas.

Kiritsugu alzó una ceja. "¿Pero de qué hablas? Si lo lograste." Le señalo, extrañado.

El pelirrojo lo miró perplejo antes de sentir un leve cosquilleo recorriendo su brazo izquierdo. Miró el dorso de este, no encontrando nada en particular, hasta que lo volteo y no pudo evitar exclamar en sorpresa.

Una serie de líneas, casi idénticas a las que había visto en aquel trance recorrían desde su muñeca a su hombro, brillando levemente. Levantándose de su taburete, corrió hasta un viejo espejo recargado contra la pared que por alguna extraña razón ninguno de los dos había desechado y echó un vistazo a su reflejo.

Las líneas estaban presentes en otras partes de su cuerpo. Había una, siguiendo un patrón distinto en su mejilla izquierda, mientras que otra recorría su cuello y descendía hasta su torso en el lado opuesto. Alzando una parte de su camisa, pudo ver otras dos recorriendo este desde su vientre, y estaba seguro de que había al menos una en su espalda.

"Tus circuitos mágicos." Confirmó Kiritsugu con algo de orgullo paternal. "Son treinta, y están repartidos por ahora a lo largo de tu cuerpo ya que no estás concentrando en usarlos."

Al escuchar eso, Shirou cerró sus ojos por un segundo y un par de líneas más aparecieron en su brazo izquierdo, estando paralelas a las que ya había en él. Contempló el fenómeno por un tiempo, manipulando las líneas una y otra vez con tal de que se movieran y sonrió.

"Encenderlos es solo el primer paso, Shirou. El siguiente consiste en transformar la energía por medio de estas y usarla en el hechizo." El pelirrojo parpadeo al escuchar aquello y trato de recordar una de las partes de lo que solía hacer cuando creía que tenía que crear un circuito mágico, solo para sentir la mano de Kiritsugu en su hombro.

"Ya veremos eso mañana, no es muy seguro que trates de practicar taumaturgia en estos momentos," Le indico Kiritsugu gentilmente, aunque se notaba en su mirada que aquella decisión no estaba sujeta a discusión.

Shirou, que ya había pasado dos semanas acostumbrándose al hecho de que su padre adoptivo realmente cumplía con la promesa de ser un maestro exigente, y que debía de obedecerlo en serio, asintió con algo de desgano y fijo en su mente la imagen del martillo de una pistola siendo disparado.

Casi al instante, las líneas luminosas que representaban a sus circuitos se apagaron y Shirou suspiro.

Kiritsugu miró el reloj que llevaba en la muñeca y se sorprendió al ver que había pasado más tiempo del que esperaba. "Puedes ir a hacer la cena si quieres, aunque no hay ninguna prisa."

Eso bastó para que el pelirrojo se animara, y prácticamente saliera disparado fuera del cobertizo en dirección hacia la casa, haciendo que Kiritsugu dejara escapar un leve resoplido de humor.

Si bien Shirou siempre había estado dispuesto a ayudar con los deberes domésticos, cocinar había sido algo que había tratado de empezar a aprender hace un par de meses. Sin embargo, desde hace unas semanas, el pelirrojo prácticamente había conquistado la cocina de la casa y declarado que sería su deber el preparar los alimentos de ahora en adelante.

Kiritsugu, cuyo talento culinario se limitaba a comida de microondas y ultramarinos, no tuvo ninguna queja al respecto, solo cuidando que su hijo no sufriera ningún accidente. Honestamente, no esperaba que Shirou se tomara tan en serio aquello y nuevamente el poder de la terquedad del pelirrojo se había encargado de demostrarle lo contrario.

Shirou había adquirido casi un fervor religioso al aprender a elaborar distintos platillos, y la mejor manera de cortejar su ira consistía en ordenar comida a domicilio.

Típico, los niños usualmente se molestaban si no les comprabas algo que querían o no los dejabas salir a jugar. Pero Shirou se indignaba cuando no tenía la oportunidad de practicar lo que bien estaba por convertirse en su nueva vocación.

'Si las cosas fueran normales, quizás estaría completamente enfocado en volverse un cocinero en lugar de aprender taumaturgia.' Suspiro Kiritsugu antes de menear la cabeza, buscando deshacerse de aquellos pensamientos. Lo hecho, hecho estaba y no valía la pena buscar indulgarse en lo que hubiera sido.

Tras asegurarse de que no quedara nada incriminatorio en el lugar, salió de este mientras cerraba la puerta detrás de sí. Contempló la casa que tenía enfrente y se permitió unos segundos más de descanso, mismos que aprovechó para activar sus circuitos respectivos y enfocarse en el ambiente.

No le tomó nada el detectar la presencia del campo delimitante que envolvía toda la propiedad, lo había creado él después de todo. La creación de estos era algo básico para cualquier magus y el área de desarrollo era inmensa. Desde barreras hasta cosas como ambientes artificiales, eran una de las formas de taumaturgia global más empleada sin importar la era.

Había escuchado incluso rumores de que cierta facción de la Iglesia había desarrollado uno que era portátil.

Natalia le había enseñado mucho acerca de las características de estos, pero no para su creación. Una de las especialidades de alguien dedicado a la caza de magi heréticos era la destrucción de campos delimitantes. Afortunadamente, había sido mediante las enseñanzas de un magus bastante razonable que el pelinegro había adquirido el suficiente conocimiento para elaborar los suyos.

Como todo su conocimiento de taumaturgia, no era algo realmente elaborado. El colocado en la Residencia Emiya solo tenia la simple función de alertar a los ocupantes sobre si una persona con actitud hostil trataba de entrar, y dada la falta de complejidad en su estructura, era casi imposible de encontrar a menos que alguien realizara un análisis más detallado y supiera que era lo que quería encontrar en primer lugar.

Probablemente una de las primeras cosas que le enseñaría a Shirou sería el detectarlo y poder manipularlo en caso de que algo le ocurriera. Los campos delimitantes requerían mantenimiento de vez en cuando si se encontraban desplegados y aun si contaban con múltiples funciones.

Sintiéndose satisfecho, desactivo sus circuitos habiendo terminado de revisar la estructura de la barrera y comenzó a caminar hacia la casa.

Sin dar rodeos, fue directo hacia su habitación y se aseguró de dejar la puerta cerrada por mera costumbre.

La pieza no era tan espartana como la de Shirou por muy poco. Fuera de una cama de estilo occidental y un escritorio con su vieja computadora portátil en ella, había también un librero con un par de baratijas y una mesita de noche con una lámpara.

Una silla de aspecto bastante cómodo se hallaba frente al escritorio, y fue ahí donde tomó asiento antes de encender la laptop y abrir uno de los cajones de éste, del cual se encargó de extraer el mismo sobre con el que se había familiarizado durante las últimas tres semanas.

Tratar de enseñarle a Shirou servía también como una bienvenida distracción para la verdadera tarea titánica con la tenía que lidiar.

Tratar de encontrar la cabeza decapitada de alguien con Ojos Puros de ese tipo en Japón sería peor que buscar una aguja en un pajar, y eso era bajo la esperanza de que dicho objeto estuviera aún dentro del país.

Estaba claro que Makihisa no podía ni quería mover recursos mayores para recuperarla por el riesgo que presentaba el hecho de que podía desaparecer para siempre, lo cual indicaba que la afirmación del magnate sobre esa cosa siendo invaluable para su familia era cierta.

Y ahí entraba el. Operando como la mano oculta de este una vez más.

La información disponible que le había sido entregada no era mucha y Makihisa había afirmado que solo debía contactarlo si era absolutamente necesario. Puede que aún no hayan firmado el contrato de geias que habían prometido los dos, pero el valor de la palabra del magnate no era algo que había que tomar a la ligera.

Aun así, Kiritsugu había confiado en que esta le sería suficiente para comenzar. Y aquello había sido hace más de una semana.

Cada día, había repasado los pocos archivos que conservaba de aquellos días en los que realizaba sus preparativos para la Guerra del Santo Grial así como una que otra nota suya durante esta.

Tal y como recordaba, había borrado buena parte de estos y pocos de los que conservaba aún ofrecían información útil más allá de solo confirmar lo que recordaba.

Honestamente, era frustrante pero no había nada que pudiera hacer al respecto más que leerlos una y otra vez, tratando de encontrar algo más.

Su atención estaba enfocada en una sola persona: Saitou Reiroukan, quien había sido la cabeza de su Clan y quizás uno de los magi más influyentes de Japón. Su participación en la Cuarta Guerra no había sido ningún secreto de acuerdo con los Einzbern, y había estado a casi nada de desafiar la hegemonía que Tokiomi Tohsaka poseía sobre la ciudad gracias a las conexiones regionales que este poseía y su lazo con la Asociación, siendo el mayor representante de esta en Japón.

Pero de nada le sirvió tal estatus en la Guerra, donde Kiritsugu jamás le había encontrado a diferencia de la mayoría de los demás y donde de acuerdo con Makihisa, había sido asesinado y despojado de varias cosas.

Sus ojos se posaron en la pantalla donde rezaba la ficha que había guardado cuando los espías de los Einzbern le proporcionaron la información de que ese hombre entraría a la Cuarta Guerra; Milagrosamente, era una de las dos que había sobrevivido en conjunto con la del representante de los Matou, la cual había procedido a guardar tras tener una corazonada de que quizás le sería útil después.

Fuera de su nombre, edad y posición, había un par de datos más como las formas de taumaturgia en las cuales se había comentado que destacaba: Alquimia, Magia Negra, Runas (Kiritsugu había alzado una ceja al leer eso, pues el uso de estas no era realmente popular en Asia) y Necromancia. Eso le daba al Emiya una mejor imagen de que clase de oponente hubiera sido en caso de que un enfrentamiento entre ambos se hubiese realizado en la Guerra.

Fácilmente arriba del Patriarca de los Tohsaka, pero debajo de Kayneth Archibald El-Melloi. A menos de que el fallecido Reiroukan hubiera tenido algo bajo su manga que rivalizara con el Código Místico del Master de Lancer, Kiritsugu dudaba mucho que hubiera sido una pelea más difícil.

... Claro, eso sin contar el posible factor de Caster haciendo algo para amplificar el poder de su Master. Había sido casi una regla el que quienes invocaban a los Servants del Hechizo usarán las habilidades de estos para mejorar las suyas de una forma u otra. Y viendo la identidad del que había visto hace dos años, era más que obvio que de haber sido así, hubiera estado en serios aprietos si hubiera buscado un enfrentamiento bajo las mismas condiciones que con El-Melloi.

Aunque de ser así... ¿Cómo es que había sido asesinado Saitou Reiroukan, y en donde?

Estaba claro de que las respuestas no las iba a encontrar ni en esos papeles ni en la computadora. Eso significaba que era hora de salir al campo a investigar directamente.

Y ya se hacía una idea de por dónde empezar exactamente.

xXx

Genki Toyoka, de treinta años, era un detective con problemas. Cuando se mudó por primera vez a Fuyuki un par de meses antes, estaba bastante contento con lo tranquila que era la ciudad. Era el tipo de lugar donde quería que su hija Yumiko creciera: animado y densamente poblado pero sin la tasa de criminalidad de otras ciudades del mismo tamaño.

En retrospectiva, debería haberlo sabido mejor. Cinco años en el departamento de aplicación de la ley le habían enseñado que el hecho de que no veas algo no significa necesariamente que no esté allí. Su opinión sobre la ciudad y sus habitantes había cambiado drásticamente en los últimos cincuenta días, comenzando por sus colegas.

Inicialmente, no le sorprendió que estuvieran algo relajados. Además de los pocos robos, no había tantos delitos para mantener alerta a las fuerzas policiales. Pero a medida que pasaba el tiempo, se dio cuenta de que la mayoría de sus colegas eran vagos e incompetentes. A decir verdad, él sabía que era demasiado serio e inflexible en lo que respecta a su trabajo, por lo que su opinión podría haber sido un poco sesgada. Pero el hecho es que la mayoría de sus colegas estaban demasiado ansiosos por dejar un caso difícil en el hombro de otra persona.

Si bien Genki no podía culparlos por el ambiente aparentemente tranquilo de Fuyuki, tampoco podía perdonar el comportamiento de sus colegas y no se molestaba en disimularlo. Decir que estaba disgustado era quedarse corto y eso, junto con su ética de trabajo, lo convertía en un paria dentro del departamento con la única excepción de quienes trabajaban en el archivero. Por supuesto, aunque a sus colegas les desagradaba con pasión, tampoco se atrevían a enfadarse con él. Por un lado, el hombre era duro como una pared de ladrillos y ninguna cantidad de enemistad lo haría retroceder, y segundo, tenía el apoyo de los superiores por la misma razón. Con todo, Genki Tokoya era un hombre con el que no se podía jugar.

Si bien saber todo eso lo enorgullecía de sí mismo, perjudicaba enormemente su trabajo. Ser nuevo en la ciudad significaba que no tenía ni la misma cantidad de conocimientos que el resto de los detectives. Por lo tanto, tenía que depender mucho de su fofo asistente que había vivido y trabajado en Fuyuki toda su vida. Sin embargo, el hombre, aunque bondadoso y bien intencionado, era tan confiable como un castillo de naipes en un día ventoso, lo que complicaba aún más el trabajo y la vida de Genki en general.

Que no se diga que la suerte no sonríe a los testarudos. Por otra parte, el umbral entre una bendición y una maldición es a menudo una línea tan delgada que es inevitable pasar más allá.

Esa era una verdad que Genki Tokoya estaba a punto de descubrir por su cuenta.

"¿Qué demonios?" Gruñó cuando su computadora portátil se congeló mientras examinaba los casos anteriores. Con un fuerte pitido, se apagó y se negó a arrancar de nuevo. "Maravilloso; justo lo que necesitaba en un momento como este. ¡Kaito!"

"¿Q-Qué sucede, senpai?" Preguntó el escuálido detective mientras miraba dentro de la oficina de Genki.

"Esta maldita cosa dejó de funcionar. Llama al encargado de mantenimiento por mí, ¿quieres? Ire afuera."

"Uh, está bien, pero ... puedes usar mi computadora si lo necesitas", Ofreció su asistente.

"¿Para que tengas una hora de recreo mientras yo trabajo? De ninguna manera. Además, me gusta más el papel que estos pedazos de mierda modernos que no funcionan cuando más los necesitas."

Verdaderamente habría aceptado la oferta de Kaito si hubiera sabido qué tipo de prueba le esperaba.

El detective caminó por el pasillo hasta la entrada de la estación y salió a la calle, mientras murmuraba toda clase de maldiciones para sus adentros sobre todo lo relacionado a su trabajo; el ambiente, sus colegas, el propio equipo y hasta el café que se servía.

Genki meneo la cabeza, no molestandose en ocultar su ceño fruncido mientras caminaba en dirección a su tienda de autoservicio favorita, localizada justo a la vuelta de la esquina. Y cuando estaba a casi nada de doblarla, terminó por tropezar con alguien que parecía haber estado caminando del otro lado.

"Ugh." Gruño el detective, algo aturdido por el golpe. Lo que faltaba, el día realmente había estado de perros con él. Estuvo a punto de proferir otra sarta de maldiciones contra el pobre incauto que había sido el responsable, cuando escucho la voz de un hombre que no podía ser más mayor que el preguntar cortésmente.

"¿Se encuentra bien, oficial? Una disculpa, no lo vi venir." Era un hombre alto cuyo rasgo mas destacable era el cabello negro erizado y una barba de unos dos días sin afeitar. Parecía el típico oficinista que acababa de perder su empleo.

"No, no lo estoy. Ten más cuidado." Gruño, buscando apartarlo con un gesto de mano. Pero el hombre no se movió, y meramente se limitó a mirarlo. "¿Qué me ves? ¡Piérdete!"

"Necesito que me haga un pequeño favor." Hablo de repente el hombre mientras sus ojos parecían haberse tornado más afilados de golpe. Genki sintió como si sus piernas se hubieran convertido en gelatina, y sus párpados comenzaban a cerrarse. Trató de sacudir su cabeza, pero la repentina sensación era demasiado fuerte, y no tardó en ceder.

Entonces, todo se volvió negro.

xXx

Kiritsugu contempló la copia del portafolio que había recibido de aquel detective que había hipnotizado y frunció el ceño. Conseguirlo había sido mucho más fácil de lo que pensaba y no lo decía por haber tenido que usar interferencia mental después de tanto tiempo, con un resultado sorprendentemente bastante positivo.

No, lo decía por lo vulnerable que había estado ante un truco tan básico de magi como ese. Porque había albergado el pequeño temor de que estuviesen protegidos de una forma u otra contra eso, cortesía de la autoridad mágica local.

Pero al final, tal parecía que aquellos temores habían sido solo ilusiones, y que no quedaba más que voltear la página.

Se encontraba otra vez en su cuarto frente a su escritorio, el cual esta vez estaba desprovisto de papeles con la excepción del documento mencionado. Apenas entraba la tarde, y Shirou no saldría de la escuela hasta dentro de un par de horas, lo cual le daba más que suficiente tiempo para leerlo y poder comprobar si lo que buscaba verdaderamente yacía en este.

Suspiro, antes de extraer la primera y dedicarle una mirada ilegible al contenido. El portafolio contenía los registros de asesinatos de Fuyuki de hace dos años. Si bien no era más que en su mayoría datos simples como nombres y fechas, era casi escalofriante la gruesa cantidad de estos.

Fácilmente llegaba a más de tres cifras, algo que Kiritsugu encontró difícil ignorar pero que tampoco elaboró mucho al deducir la causa principal: Los asesinatos en serie que habían sacudido Fuyuki durante la Guerra del Grial que habían llevado al supuesto alto al fuego temporal entre los Masters para cazar al responsable.

Finalmente, luego de haberlo pasado en alto más de dos veces alcanzó a encontrar el nombre de Saitou Reiroukan. Hombre de aproximadamente unos treinta y nueve años de edad, cuyo cadáver había sido encontrado en un bote de basura por las afueras de Shinto.

Se le había identificado bastante rápido y transportado al parecer a Tokyo donde seguramente se había realizado la autopsia y demás exámenes forenses, muy lejos de su alcance. Predecible, pero algo era algo.

Al menos sabía que efectivamente un cadáver había estado en Fuyuki perteneciente al pobre hombre. Ahora debía de descubrir cómo había terminado así.

Kiritsugu se acomodó en su silla antes de estirar su brazos. Aprovecho para mirar su reloj y comprobó que aún faltaba tiempo para recoger a Shirou a la escuela, y echó un suspiro al caer en cuenta de que hoy seria el dia en que le mostraría realmente cómo usar las dos taumaturgias que estaba casi completamente seguro de que podría aprender sin problemas.

Necesitarían ordenar mejor el cobertizo luego, ya que era el único lugar de la casa que era viable para practicar taumaturgia. Iri bien lo había dicho años atrás, razón por la cual había colocado el círculo mágico que le ayudaba a mantenerse estable. Puede que él no fuera un magus ortodoxo ni tuviera planes de que Shirou se convirtiera en uno, pero hasta el sabia que un buen taller era indispensable.

Sus ojos se abrieron de par en par al pensar en esa palabra, y cayó en cuenta de lo que necesitaba hacer.

Encontrar el Taller de Saitou Reiroukan, en el cual seguramente se encontraba lo que buscaba el Clan Tohno antes de ser robado. La búsqueda se disminuía con eso, pero la dificultad no bajaba. No, Kiritsugu sabía que buscar ese lugar le iba a costar más tiempo.

Afortunadamente ahora tenía una mejor idea de que camino seguir.

xXx

Decir que Shirou estaba emocionado por lo que iba a tomar lugar justo ahora era poco. El pelirrojo prácticamente había estado demasiado animado durante el día, muy para la perplejidad de sus compañeros de clase y profesores, que no estaban acostumbrados a verlo tan ansioso.

Incluso si aparentaba estar serio, se podía notar tanto en sus ojos como en su postura lo excitado que estaba, y pocos motivos tenía para no sentirse así. Pues finalmente, luego de varias semanas por fin iba a aprender magia de verdad.

'No, Taumaturgia,' Corrigió en su mente. Una de las primeras lecciones que Kiritsugu le había dado consistió en una amplia definición de cómo se llamaba exactamente lo que iba a practicar y cuál era su significado. Por supuesto que aun no comprendía del todo mucha de la jerga, pero la había anotado por ahí.

"Shirou, pon atención." Regaño el pelinegro, haciendo que se concentrara en mirar a su padre, que estaba separado de él por una mesa donde reposaban varios objetos; una tabla de madera, una larga caja cerrada y una esfera de cristal. Shirou había alzado una ceja al ver lo último, y se había preguntado en su mente si iba a aprender a ver el futuro o algo por el estilo con esa cosa.

"Hace más de un mes, te enseñé cómo canalizar energía mágica a un objeto, ¿lo recuerdas?" Al ver a su hijo asentir, Kiritsugu continuó. "Como ya sabes, no te enseñe realmente como era el hechizo. Solo te di un par de instrucciones vagas, y tu alcanzaste a deducir una parte del resto."

Shirou asintió otra vez. "¿Una parte del resto? ¿Osea que si lo estaba haciendo bien?" Pregunto, confundido.

"Si, y no. Observa." Kiritsugu colocó su mano sobre la esfera de cristal y casi al instante, una serie de patrones luminosos comenzaron a envolver la superficie de esta antes de desvanecerse. A simple vista, ningún cambio había ocurrido. El pelinegro sujetó la esfera y la colocó enfrente de él, mostrándose a Shirou. Y entonces la arrojó contra el suelo con algo de fuerza.

Shirou se estremeció por reflejo, ya que esperaba escuchar a la bola romperse en varios fragmentos en el suelo, solo para abrir los ojos cuando vio lo que sucedió.

La bola de cristal simplemente rebotó contra este y rodó algunos pasos hasta que Kiritsugu la detuvo con su zapato.

"¿Ves? Ni un rasguño. Compruébalo por ti mismo." Le dijo tras arrojársela como si se tratase de una pelota.

Shirou la atrapó sin mucha dificultad y miró como esta se hallaba intacta. Trazo sus manos por la fina y transparente superficie de la esfera y frunció el ceño.

"Es una de las taumaturgias más básicas que existen. Pertenece al campo de Transmutación Material, que consiste en hechizos que interfieren con las propiedades de un objeto." explicó Kiritsugu mientras Shirou dejaba la esfera sobre la mesa. "Se le llama Reforzamiento, y consiste en canalizar energía mágica para aumentar las características de algo. Como puedes ver, hice que esta cosa de cristal se volviera lo suficientemente fuerte como para no romperse tal y como lo haría normalmente."

"Wow." Fue lo único que Shirou alcanzó a decir antes de extender su mano hacia la tabla, solo para que Kiritsugu lo dirigiera hacia la caja.

Su padre la abrió, revelando que estaba llena de lápices. Varios lápices de madera, redondos, amarillos, con una goma de borrar en la parte superior, habían sido afilados y estaban colocados en la caja uno encima del otro. Cogió uno y se lo arrojó a Shirou, quien lo atrapó por reflejo sin apartar la mirada de la caja con confusión en su rostro.

"Dentro de esta caja hay más de cien lápices. Esta es la taumaturgia que aprenderás hasta que hayas logrado reforzar los lápices sin romperlos. Solo manejar uno no es suficiente. Hasta que puedas manejar al menos unos catorce lápices perfectamente reforzados en una fila, no vas a salir de esta etapa, ¿entiendes?" Preguntó.

Shirou asintió y continuó con su explicación.

"El Reforzamiento consiste en verter energía mágica en un objeto. Este objeto puede ser cualquier cosa, pero ciertos materiales son mejores para almacenar y conducir energía que otros. Al verterla en él, fortalece las imperfecciones y defectos de dicho objeto, pero agrega demasiado y se romperá debido a la sobrecarga de esta. Es por eso que necesita un equilibrio en la cantidad que usa. La mayoría de los magi ven los defectos como grietas que necesitan ser rellenadas. Esto ayuda a la visualización de la cantidad, pero también necesitas saber cómo fortalecer cuántos defectos tiene cada objeto y qué tan grande es cada uno de estos. La mejor manera de hacer esto es usando un agarre estructural en él. No obtienes una lectura muy precisa, pero te da una estimación. Lo último que necesitas saber es cómo un objeto reforzado afecta a un objeto mundano." Continuó durante varios minutos antes de mostrarle a Shirou reforzando un lápiz que luego trató de romper,sin aparentemente lograrlo. Hizo una pausa y adaptó una mirada pensativa. Luego continuó con lo que sea que lo había hecho detenerse.

"Uno de los trucos para volverse experto en el Reforzamiento es poder verter más energía mágica en un objeto sin romperlo. Esto suena ridículamente obvio, pero en la práctica está muy lejos de ser así. La mayoría de los magi simplemente vierte suficiente energía mágica para llenar el setenta u ochenta por ciento de los defectos o grietas, pero con suficiente práctica un mago puede llenar hasta el noventa. Entrena aún más y es posible llegar al noventa y nueve por ciento. Cuando hayas alcanzado este nivel, comenzarás a ver grietas dentro de las grietas que se pueden llenar. Esto puede seguir y seguir, pero una gran mayoría solo va por lo mínimo. Solo aquellos magi que se enfocan en el combate pueden decir que son unos expertos en el tema."

Shirou levantó la mano, como si estuviera en clases. "¿Como esos Sicarios de la Asociación de Magos de los que me hablas a veces?"

"Precisamente." Asintió el pelinegro, recordando bien las veces en las que sus encuentros con los matones de la Torre del Reloj se habían desenvuelto en un conflicto de intereses, pero eso era una historia para otra ocasión.

"Ahora, tu lección será tratar de reforzar todos estos lápices sin romper ninguno de ellos. Tienes tres horas antes de que Taiga llegue y quiera cenar, lo que te da aproximadamente dos horas y media antes de que tengas que empezar a cocinar para ella...Recuerda no sobrecargar tus circuitos."

Shirou tomó un lápiz de la caja y lo colocó en la mesa antes de poner su mano encima de este. Disparando el martillo en su cabeza, activó sus circuitos y se enfocó en el lápiz antes de murmurar lo que Kiritsugu le había dicho que se trataba de su Aria.

"Trace on."

Un par de líneas luminosas se extendieron por el lápiz a la par que el pelirrojo se esforzaba por intentar leer la estructura de este. Luego de un par de intentos, creyó localizar un par de fisuras que seguramente eran las fallas de las cuales hablaba Kiritsugu y comenzó a enviar energía mágica hacia estas. Invisible para el ojo, una fina capa comenzaba a rodear el objeto y modificarlo lentamente. Más resistente, más afilado, más duradero.

Unos segundos después de eso escuchó un crujido e hizo una mueca al comprobar como el lápiz se había partido a la mitad.

Tal parece que no iba a ser un día muy emocionante. Kiritsugu iba a tener que abastecerse de lápices la próxima vez que saliera de compras.

xXx

Tal como lo esperaba, no fue para nada fácil. Dos de los talleres eran las casas de las familias que residían ya en Fuyuki, por lo que buscarlos era una tarea inutil. Por otra parte, Kayneth Archibald El-Melloi había sido lo suficientemente predecible como para tomar residencia en los pisos superiores del Hotel Hyatt y transformarlos en una fortaleza mágica casi impenetrable.

Los talleres mágicos son territorios creados por magi con el propósito de practicar su taumaturgia. Se pueden establecer estructuras con el propósito de ser desarrolladas para adaptarse a las habilidades de una familia de magi o un espacio temporal dentro del cual establecer mejor la taumaturgia de uno.

Es algo que un magus ha creado después de años, décadas, generaciones de trabajo. Si una Cresta Mágica es un órgano artificial, entonces un Taller es como un mundo artificial.

Muchos magi prefieren tener sus talleres bajo tierra o en el punto más alto posible. Es una diferencia si quieres canalizar el poder de la Tierra o el poder de los Cielos. Por ejemplo, dadas algunas condiciones únicas de la isla de Gran Bretaña, la Torre del Reloj contaba con numerosos talleres subterráneos mientras que la Mansión Espiral del continente contaba con otras en las montañas de la cordillera de los Himalaya.

En resumen, no eran espacios que podían ser creados en cualquier lugar ni en cualquier momento. Por lo que había un número limitado de opciones en todo Fuyuki que bien podrían servir para aquel propósito.

Y aun así, Kiritsugu bien podría haber pasado meses enteros investigando cada uno de ellos. Por lo que tuvo que acortar forzosamente estas por medio de la distancia a la redonda de donde se había encontrado el cadáver de Saitou Reiroukan.

Y terminó por encontrarse con cerca de treinta. Edificios abandonados, bodegas vacías e incluso lo que parecía ser un centro comercial a medio construir con un estacionamiento subterráneo. Todos y cada uno de ellos eran buenas opciones, pero debía de ser más pragmático.

Finalmente se había decidido a explorar un par, solo para regresar con las manos vacías. El primero era un almacén donde se alojaba maquinaria pesada desde hace años mientras que el segundo operaba como una especie de bar clandestino.

Sobraba decir que el pelinegro no le encontraba la gracia a eso. Hubiera seguido con el mismo patrón durante días, de no ser por haber encontrado una opción prometedora por pura suerte.

En retrospectiva, debería haber sido su primera opción, honestamente. La ubicación estaba en las afueras de Shinto y era una mansión de estilo occidental en un claro del bosque que llevaba algo de historia íntimamente conectada con el lado oculto de Fuyuki.

Había sido construida por Kaarina Edelfelt, uno de los Masters de la Tercera Guerra del Santo Grial más de sesenta años atrás, después de todo y usada como su base de operaciones durante el ritual.

Todo el instinto de Kiritsugu le indicaba prácticamente que ese era el lugar, por lo que lógicamente debería comenzar a planear el investigarlo.

Pero había un problema.

Por medio de un uso liberal de Interferencia Mental y fisgoneando por los archivos de distintos departamentos de bienes raíces, se había enterado de que la propiedad estaba a nombre del Clan Tohsaka.

Meterse directamente dentro de los asuntos de los administradores de la ciudad no era prudente. Si bien Tokiomi Tohsaka estaba seis metros bajo tierra, su esposa parecía haber perdido una buena parte de sus facultades mentales y su hija era apenas una niña alrededor de la edad de Shirou, Kiritsugu bien que se había tomado la molestia de mantener una vigilancia leve sobre los Tohsaka, solo para descubrir una muy amarga sorpresa.

Las personas mueren cuando son asesinadas. Especialmente, cuando han terminado así por medio de un disparo al corazón.

Sobraba decir que ver a Kirei Kotomine aun entre los vivos le había provocado un escalofrío inmenso. Por medio de unos familiares, había estado monitoreando de la manera más discreta posible la Residencia Tohsaka, donde había descubierto que el Ejecutor acudía varias veces por semana y pasaba un par de horas dentro.

También había unas ocasiones en las que salía acompañado por una niña pelinegra con coletas y ojos azul verdoso, que había identificado como la heredera Tohsaka.

Tras recordar que aparentemente, Kirei Kotomine había servido como un aprendiz bajo el padre de ésta por unos tres años antes de la Guerra, Kiritsugu había deducido que el sacerdote había terminado por tomar el lugar del tutor de la hija.

Dada la cercanía de la iglesia de Fuyuki con el lugar que planeaba investigar y la conexión de este, era comprensible que Kiritsugu se mantuviera cauteloso de precipitarse.

De ser posible, lo ideal sería esperar una oportunidad adecuada como uno de los dos estando fuera de la ciudad, pero no tenía manera de anticipar algo así, dejándolo a la incertidumbre.

Kiritsugu se estiró en su asiento tras escuchar como Shirou tocaba la puerta, indicando que ya estaba lista la merienda.

El pelinegro caminó hasta el comedor y tomó asiento antes de agradecer por la comida y proceder a consumir lo que Shirou había preparado en aquella ocasión: atún glaseado al miso con ensalada de habas tiernas. Algo un poco más elaborado que lo usual, y cuya idea muy seguramente había provenido del programa de cocina de la tarde.

Nada mal, Shirou realmente estaba avanzando en sus habilidades culinarias.

Estaba terminando de comer, cuando noto que el pelirrojo parecía estar más concentrado mirando el control remoto de la televisión mientras mantenía una mano encima de este.

"Shirou, ¿qué estás haciendo?" Preguntó mientras alzaba una ceja.

"Nada, solo estaba viendo el interior del control." Respondió Shirou con tranquilidad, mientras separaba su mano de este.

Kiritsugu parpadeo.

"¿Viendo el interior? Oh, ya veo." Cayó en cuenta de que Shirou estaba usando análisis estructural en este.

"Puedo ver casi todo de esto cuando lo hago. Comencé a practicarlo con cada cosa que encontraba a cada rato cuando no estoy intentando practicar mi Reforzamiento." Explicó Shirou, antes de colocar otra vez su mano encima del control. "Mira."

Pudo ver como los circuitos de Shirou se activaron por un segundo, y como este fruncía un poco el ceño en señal de suma concentración. Pero no tuvo que esperar mucho, ya que el pelirrojo detuvo lo que estaba haciendo y sonrió.

"Cuando hago eso, una imagen de la cosa aparece en mi mente y me permite ver muchas de las cosas de este, por ejemplo puedo ver que uno de los botones no funciona porque una parte está torcida adentro y que hay un alambre roto." Comentó.

"¿Y has estado haciendo con cada cosa desde entonces? Vaya." Bueno, era otra de las formas de taumaturgia más básicas que difícilmente eran usadas más allá de forma elemental. Aunque, no era tan sorprendente que Shirou se hubiera emocionado con esta dado a que era la segunda taumaturgia que estaba aprendiendo y obviamente era más fácil de usar que el Reforzamiento.

Sintió pena por decir lo siguiente.

"Shirou, siento decirte que eso es algo un poco inútil." Al ver la expresión casi dolida del pelirrojo, se apresuró a explicar. "Es una pérdida de esfuerzo percibir la estructura con los ojos. Para un verdadero magus, no hay necesidad de comprender cada rincón de una estructura como lo acabas de hacer.

La batalla de uno de ellos consiste en leer el centro, el núcleo de las cosas instantáneamente, y cambiarlo más rápido que cualquier otra cosa.

Es por eso que leer la estructura es un esfuerzo inútil, ya que incluso si llegaras a comprenderla del todo, lo máximo que puedes hacer es determinar dónde se podría transmitir más fácilmente la energía mágica. Aunque pensándolo bien, eso debería de ayudarte mucho con tu práctica con el Reforzamiento."

Al escuchar aquello, la expresión de Shirou se tornó en una cansada que provocó que Kiritsugu se riera por dentro. Habían pasado varios días desde que había introducido al pelirrojo en aquella tarea, y ya se había visto forzado a comprar más lápices gracias a la cantidad que habían terminado por romperse de varias formas.

Debido a que su cuerpo seguía en su periodo de crecimiento, Shirou no tenía definido el límite de su producción de Od aun. Pero contando con treinta circuitos naturales y que habían sido abiertos a una edad temprana, el pelirrojo llevaba ya una cuenta de treinta unidades de energía mágica, con cinco puntos más arriba que un magus promedio de primera generación, y esta cifra aumentaría con los años hasta que alcanzara la madurez.

Aquello sumado a lo que su Cresta le podría brindar seguramente lo pondría varios niveles arriba de su propia capacidad como magus, pero Kiritsugu no deseaba abordar ese tema aún. Fuera de que no tenía idea de cómo enseñarle a Shirou a usar los posibles hechizos grabados en esta, el dilema mayor consistía en el frasco de gusanos que surgiría como consecuencia con el olvidado pasado de Shirou.

No, era mejor esperar. De igual manera, suficientemente entretenido estaba con eso para distraerlo con más cosas.

"Puedo intentar reforzar unos nueve lápices antes de que mis circuitos ardan bastante y me detenga." Confesó Shirou mientras apoyaba su rostro en sus manos. "Pero siempre termino rompiendo la mitad."

"Te dije que no sería fácil." Le recordó Kiritsugu. "¿Sabes que? Vamos a recoger la mesa y pongamos esto en orden, y entonces cuando vayas a practicar estaré ahí para darte una mano."

Fue como si hubiera encendido un interruptor, porque Shirou pareció animarse al instante y se apresuró a llevar los platos al lavadero, así como a limpiarlos.

En menos de quince minutos, ya estaban los dos dentro del cobertizo, con Shirou tomando uno de los lápices.

"Trace on." Murmuró, cerrando los ojos mientras analizaba la estructura del objeto bajo la atenta mirada de Kiritsugu, quien había tomado asiento del otro lado de la mesa.

No pasó ni la mitad de un minuto, antes de que una grieta se abriera en uno de los extremos del lápiz y Shirou lo soltara con una expresión nada contenta.

"Rayos." Gruño, dedicándole una mirada de pocos amigos al lápiz roto, como si este le hubiera insultado.

Kiritsugu se limitó a entornar los ojos. "Hazlo una vez más, creo que ya me di cuenta de que es lo que pasa, pero necesito estar seguro."

Shirou asintió, y tomó otro lápiz antes de repetir nuevamente el proceso.

"Detente ahí." Le llegó de repente, forzando a deshacer el intento de hechizo mientras volteaba hacia su padre con la duda escrita claramente en su rostro.

El pelinegro esta vez había estado mirando el intento de Shirou con análisis estructural, permitiéndole ver el flujo de energía mágica dentro del lápiz y a donde estaba siendo dirigido.

Así como el tamaño de este.

"Ya veo lo que está pasando. Estás dirigiendo demasiada energía mágica en uno o varios puntos del lápiz. Cuando esta logra rellenar la imperfección, aún sobra algo de energía y al no encontrar ningún lugar donde acomodarse, causa que se quiebre el cuerpo." Le explico, causando que Shirou frunciera el ceño mientras miraba sus manos.

Ese era otro problema común para quienes empezaban a aprender a manipular su energía mágica.

Esta por sí sola era difícil de manipular, requiriendo años de práctica con el fin de lograr controlar las corrientes dentro de uno mismo sin necesidad de recurrir a una teoría taumatúrgica o un hechizo.

Y si bien el Reforzamiento era uno, la propia teoría detrás de este era extremadamente vaga, lo cual tenía tanto sus ventajas como desventajas. Por una parte, su simpleza lo hacía extremadamente barato en términos de gasto de energía mágica así como fácil de aprender, pero del otro lado venía la intensa dificultad de ponerlo en práctica.

"¿Qué puedo hacer entonces?" Pregunto Shirou.

Kiritsugu había estado pensando justamente lo mismo. Estaba seguro de que había varios ejercicios para poder solucionar eso, pero el problema era que no se le ocurrían muchos o que de plano desconocía cómo usarlos.

Aunque ahora que lo pensaba, si tenía uno que más o menos podría servir para aquel propósito y que curiosamente era otra de las cosas que estaba seguro de que Shirou podría aprender.

"Te había hablado hace días sobre la Transmutación Material y como el Reforzamiento es parte de esta, pero no es la única taumaturgia que lo hace. Existe otra que en cierto modo, es una forma un poco más compleja de este." Kiritsugu señaló a uno de los lápices intactos y activó nuevamente sus circuitos antes de que una copia exacta de este apareciera en su mano. "Gradación de Aire se le llama, pero todos le dicen comúnmente Proyección."

"Wow." Shirou se quedó boquiabierto al mirar el nuevo truco.

"La Proyección es una taumaturgia que permite el materializar objetos de acuerdo con la imaginación del taumaturgo, mediante el uso de energía mágica." Continuó explicando Kiritsugu antes de colocar la copia del lápiz al lado del original." Se le llama 'Gradación' porque proviene del hecho de que el objeto creado se desvanece lentamente después de ser creado, y 'Aire' porque es una alusión al hecho de que dicho objeto al final está hecho de 'nada', míralo por ti mismo."

Y señaló a la copia, que parpadeo por unos segundos mientras su figura se tornaba transparente y terminaba por desaparecer sin dejar rastro alguno de su existencia.

"El artículo no es eterno, ya que el mundo lo reconoce como un fantasma que no pertenece al mundo natural, y se borrará como una inconsistencia." Kiritsugu sentenciado. "Sin embargo, cuanto mejor sea la imagen en la imaginación del magus, más estable y duradero será el objeto, y se puede mejorar aún más si se tiene conocimiento técnico de su construcción, como un plano, o si se tienen materiales para superponer la forma deseada encima de estos."

Shirou frunció un poco el ceño. "Para ser una forma más avanzada de Reforzamiento, suena un poco inútil." Comentó.

"Eso es porque en realidad lo es." Respondió Kiritsugu. "La mayoría de los magi modernos consideran que la proyección es una taumaturgia incompleta y en su mayoría inútil para cualquier otra cosa que no sean actividades inmediatas, como proyectar un objeto de sacrificio para que sea abandonado en un ritual. Por lo general, es más fácil y más práctico crear un objeto que no desaparezca con técnicas y materiales adecuados."

"Auch." Dijo Shirou mientras miraba el espacio vacío que antes ocupaba el lápiz falso. Quien fuera que hubiera inventado eso, seguramente había sido el hazmerreir de su tiempo.

"Y sí, aunque la Gradación de Aire es una forma más compleja de Reforzamiento, en última instancia es inferior y menos eficiente. Comparativamente hablando, si un magus usa Proyección para recrear algo como una espada mientras gasta alrededor de diez unidades de energía mágica en el proceso, lo único que conseguiría sería un arma con una fuerza total de tres o cuatro. Mientras tanto, si usara esa misma energía mágica para reforzar una espada que ya existe, obtendrá un arma con un poder de veinte o treinta." Dijo el pelinegro mientras reflexionaba. "Aunque recuerdo haber escuchado en alguna parte que también es posible aplicar Reforzamiento para mejorar las capacidades del elemento proyectado, aunque no es que lo haya intentado ni necesitado alguna vez."

"Ya veo. ¿Pero que tiene que ver todo eso con esto?" Pregunto el pelirrojo, pensando que seguramente se habían salido del tema.

"Es muy simple. Otro de los pocos usos que tiene la Proyección consiste en usarse para ayudar a los novatos a tener un mejor control de su energía mágica." Remarco Kiritsugu. "Por lo que te enseñaré a usarla para que puedas mejorar tu manipulación de esta en Reforzamiento."

"Oh, genial." Los ojos del pelirrojo se iluminaron ante el prospecto de aprender otro tipo de taumaturgia, aun si esta fuera tanto o incluso más inútil que el Análisis Estructural.

"Muy bien, la Proyección tiene tres pasos que puedes considerar como 'comandos'." Comenzó a explicar Kiritsugu mientras tomaba otro lápiz y lo colocaba en frente de Shirou. "Se deben realizar en orden o de lo contrario no servirá, pero no son nada difíciles de hacer realmente."

Los ojos de Kiritsugu se enfocaron en el lápiz por un momento antes de dejar que su mano derecha permaneciera centímetros arriba del espacio en la superficie de la mesa que yacía a un lado de este.

"Estos son 'Juzgando el concepto de creación', es decir, que identifiques lo que quieres proyectar." Continuó antes de que apuntará con su índice la superficie de la mesa debajo de su mano y girará este alrededor, como si estuviera trazando un círculo imaginario. "Después está 'Hipotetizar la estructura básica' o grabar la forma del objeto en tu mente, lo cual es lo más importante. Si no tienes lo que sostiene su existencia, no puedes manifestarlo."

Shirou escuchaba con atención, casi estando hipnotizado por el movimiento de la mano de Kiritsugu.

"Y por último, 'Proyectar el producto terminado', el cual no necesita ser explicado." Concluyó el pelinegro, mientras conjuraba otra copia del lápiz sobre la mesa.

"Ahora, es tu turno." Le animo.

Shirou asintió antes de encender nuevamente sus circuitos mágicos y murmurar su Aria. Repitiendo mentalmente los pasos que Kiritsugu le había indicado, miro los dos lápices enfrente de él y extendió su mano.

Un cuerpo delgado de no mas de diecisiete centímetros de color anaranjado salvo por la punta y el extremo opuesto donde yacía una pequeña funda de plástico que encasillaba una goma de borrar.

Dibujo esa imagen en su mente con algo de esfuerzo, y la empujo hacia el río de energía que fluía en su brazo, transportándolo hasta su mano, y entonces...

Un tercer lápiz, virtualmente idéntico a los dos anteriores se manifestó al lado de ellos.

Kiritsugu dio un leve aplauso que causó que Shirou sonriera.

"Muy bien, ahí está tu primera proyección." Le felicito con un orgullo no muy característico del pelinegro. "Con esto, puedes practicar una y otra vez el cómo distribuir energía mágica a lo largo de la estructura de un objeto sin tener que reforzarlo. En teoría, podrías mejorar en menos tiempo con algo así como ventaja."

"Muchas gracias, viejo." Agradeció Shirou mientras tomaba su proyección que ya empezaba a desvanecerse, y conservaba un brillo algo inusual en sus ojos al ver tal fenómeno.

xXx

Lentamente, una rutina comenzó a formarse en la Residencia Emiya, estando separada por las acciones respectivas de sus ocupantes.

A nivel mundano, Shirou iba a la escuela, realizaba algunas labores domésticas incluyendo el cocinar las tres comidas del día, entretenía a Taiga teniendo duelos de Kendou en el Dojo las veces que venía de visita y jugar videojuegos con ella. El hecho de que el pelirrojo recibía la vara con el extremo más corto en ambas cosas era omitido.

Del otro lado. Shirou continuaba practicando su Reforzamiento en los lápices dentro del cobertizo. Tal y como Kiritsugu lo había dicho, su empleo de Proyección había contribuido enormemente en ello, y la prueba yacía en el hecho de que ahora podía ser capaz de reforzar múltiples objetos simples de manera seguida sin romperlos a menos que estuviera distraído, cosa que Shirou evitaba seriamente, dándole mucha importancia a las lecciones de su padre adoptivo sobre el cuidado que tenía que tener al practicar Taumaturgia.

Por supuesto, eso no quería decir que estaba cerca de volverse un experto en aquella rama, pero el pelirrojo difícilmente se desanimaba. Incluso parecía haber adquirido una especie de fervor más intenso a la hora de practicar taumaturgia, ya fuera con seguir reforzando lápices una y otra vez o proyectar copias de estos, e incluso de otras cosas.

Kiritsugu lo había sorprendido una vez haciendo una especie de pirámides de esferas de cristal, como la que él había reforzado días atrás. A falta de juguetes, parecía que el pelirrojo había encontrado otra forma de entretenerse.

Por parte mundana de Kiritsugu, sin contar el acompañar y recoger a Shirou de la escuela, también se encargaba de manejar las finanzas de la casa y realizar las labores que su hijo no podía hacer.

Pero por otra parte, mantenía una vigilancia de lo mas férrea posible tanto sobre la Mansión Tohsaka como sobre la Iglesia de Fuyuki a la espera de cualquier movimiento que pudiera provenir de ambas.

Todo eso, mientras realizaba todos los preparativos posibles para su investigación de la antigua Mansión Edelfelt que muy probablemente había sido también la guarida de Saitou Reiroukan, su persona de interés durante la Cuarta Guerra.

Desde preparar un par de familiares con el fin de que sirvieran como exploradores, hasta incluso recuperar algunas piezas de su viejo equipo de cacería, mismas que estaban escondidas en una caja fuerte enterrada debajo de una escotilla en el cobertizo, que se había encargado de arrastrar hasta su habitación donde pudiera tenerlo a la mano y lejos del alcance de Shirou, quien seguramente lo hubiera encontrado tarde o temprano con su reciente afán de usar Análisis Estructural en casi todo lo que veía.

Los días no tardaron en acumularse hasta tornarse en semanas y antes de que alguno de los dos se diera cuenta, casi mes y medio había pasado desde el lío de Misaki.

Hasta que finalmente en un buen día, Kiritsugu recibió casi en bandeja de plata lo que estaba buscando.

Uno de sus familiares, apostado en un poste de la calle de la Residencia Tohsaka había alcanzado a avistar como tres personas abandonaban esta y abordaban un limosina; dos de ellas siendo el propio Kotomine y la heredera Tohsaka, quien empujaba la silla de ruedas de una mujer de un cabello negro con un tono verdoso y una mirada perdida, misma que Kiritsugu habia identificado como Aoi Tohsaka.

Otro familiar, colocado en la misma calle le había seguido la pista al vehículo hasta que este partió fuera de Fuyuki por una de las carreteras hacia la zona rural.

No tenía manera de saber cuánto tomaría ese viaje o la naturaleza de este, pero una oportunidad era una oportunidad y Kiritsugu no era alguien que la desperdiciara a menudo, si es que alguna vez.

Eso lo había llevado hasta ahí.

Caminar hasta un costado del parque cerca del Gran Puente de Fuyuki sobre el Rio Mion no le había tomado ni media hora. Tomar un taxi que lo condujera hasta el otro lado y de ahí a las afueras de Shinto mucho menos.

Había llegado a aquel lugar.

Tras unos minutos de caminar por un trecho de bosque, la silueta fantasmal en un claro de este de una construcción alta se había manifestado ante él como salida de algún cuento.

Incluso vista desde afuera, no podía negar que era un edificio con un porte muy singular, que si bien no podía compararse a otros como la Mansión Tohno, o el abandonado Castillo Einzbern que había quedado en ruinas, conservaba algo de orgullo en su figura. A simple vista, podía notar que poseía dos plantas y lo que parecía ser un ático a juzgar por algunas de las ventanas que veía a lo largo del tejado.

La última característica notable que podía ver era el par de chimeneas que se asomaban en la cima de su tejado.

Sin embargo tendría que entrar para poder averiguar más cosas sobre esta, lo cual lo llevaba a finalmente ponerse los zapatos que había planeado usar para rescatar a su hija. Y hablando de eso, activó sus circuitos mientras enviaba enviaba un pulso de energía mágica al ambiente con el fin de asegurarse de que lo que buscará se encontrara ahí.

Y no tuvo que esperar mucho para saber la respuesta.

Campos Delimitados.

Son un tipo de taumaturgia topográfica que consiste en tejer una red de energía mágica y esparcirla en el área de la base, como un terreno o un edificio, para crear una línea límite mística que separa el interior del exterior.

Una vez construida, la línea límite establecida delimitará el rango de los poderes del Campo Delimitado, pero es posible grabar sellos mágicos en el interior de este para expandir el área de efecto y fortalecerlo. La eliminación de los sigilos por parte de un tercero es posible siempre que la técnica utilizada para grabarlos no sea demasiado avanzada. En este caso, solo es posible obstaculizar temporalmente el Campo Delimitado disipando la energía mágica utilizada para activarlo, pero el creador de este siempre puede corregir eso simplemente volviendo a poner más energía mágica en él.

Sin embargo, también se pueden construir nuevos sellos mediante los efectos de un hechizo lanzado por el creador, lo que hace que el Campo Delimitado sea capaz de autorepararse a su debido tiempo.

Como su propósito original era la creación de refugios seguros, los efectos que se pueden establecer dentro de un Campo Delimitado son en su mayoría aquellos cuyo objetivo es proteger al taumaturgo. Existen variantes ofensivas, pero cómo funcionan a través de la interferencia mágica indirecta, su eficiencia contra aquellos que pueden protegerse mágicamente no es muy alta en la mayoría de los casos.

Los campos delimitados avanzados funcionan a nivel subconsciente para evitar que los espectadores los noten, pero colocarlos en un área grande aumenta las posibilidades de ser detectados por un magus entrenado. Un campo delimitado ideal es aquel que nadie puede detectar. Por otro lado, un campo delimitado que se puede notar fácilmente se ve como la marca de un magus de tercera categoría.

Y en el caso de Kiritsugu, quien había sido un Cazarrecompensas particularmente eficiente en el fino y destructivo arte de detectarlos y hacerlos pedazos, este pertenecía a una categoría distinta.

Había tenido razón, el lugar definitivamente le había servido como guarida a un magus hace tiempo. Ahora solo quedaba confirmar si efectivamente había sido la del Administrador de Tokyo.

Se concentró de vuelta en lo que había sentido.

En verdad había un gran campo delimitado rodeando el área alrededor de la Mansión Edelfelt y no era precisamente muy antiguo. Pero su complejidad era un tema aparte, de haber estado completo, Kiritsugu tenía sus dudas de que hubiera podido abrirse paso a través de este, teniendo mecánicas que a simple vista no podía discernir del todo y le recordaban a aquellos de los Einzbern en Alemania.

De haber estado completo, claro está.

El Campo Delimitado estaba destrozado, era como si una telaraña hubiera sido expuesta a una lluvia de piedras, capaz de desbaratar una buena parte de su estructura, y dejando atrás una maraña de fragmentos que se mantenían atados a su función como podía y que permanecerían como deshechos mágicos alrededor de la propiedad hasta que la energía ambiental de la cual se alimentaban se agotase.

Eso o alguien se tomara la molestia de destruirlos desde la raíz.

Ese alguien no sería él, pues no veía la necesidad de gastar energía mágica en un esfuerzo tan inútil, pues los remanentes del Campo Delimitado apenas y tenían poder para manifestarse.

Sin embargo, para estar seguro.

Kiritsugu dejó caer la mochila que llevaba colgando de un costado y tras abrir el cierre, extrajo de esta un frasco que conservaba un pequeño murciélago, el cual dejó en libertad y mandó a volar hacia la casa.

El familiar revoloteo por unos segundos en direcciones aleatorias hasta cruzar sin mucha dificultad los pocos metros que le separaban de la Mansión. No encontrando nada en el pórtico, Kiritsugu lo guió con un pensamiento para que ascendiera hasta una de las ventanas de la segunda planta. Nuevamente, el familiar permaneció ileso.

Aquello hizo que el pelinegro frunciera el ceño. Normalmente, una serie de hechizos ofensivos y demás protecciones letales hubieran reducido al pobre ratón con alas a una pequeña pila de cenizas en el suelo, pero tal parecía que ese no era el caso.

Intentado tentar a la suerte, mandó al murciélago a descender y revolotear lo más cercano posible a la puerta. Una de las alas del familiar alcanzó a rozar la superficie de esta y el morro del animal tocó la manija.

Nada.

Kiritsugu alzó una ceja. O los misterios grabados alrededor de la entrada de la casa habían perdido totalmente su poder y se habían terminado por disipar tras no poder sostenerse ni con la energía ambiental tras la muerte del taumaturgo que los coloco ahi, o estos eran lo suficientemente avanzados para no activarse con algo como un familiar.

Aunque Kiritsugu dudaba de ello.

En fin, solo quedaba acercarse.

Con suma cautela, el pelinegro caminó mientras seguía enviando pulsos de energía mágica durante unos intervalos de varios segundos con el fin de tratar de detectar otros hechizos que su familiar no había alcanzando a activar. Era una pieza simple de taumaturgia, pero muy efectiva.

Desarrollada por un Sicario bastante notable de la Asociación varios siglos atrás, era un hechizo fácil de aprender que permite detectar hasta cierto punto, varias formas de taumaturgia en un área. Una bendición para los magi como Kiritsugu, que carecían de un canal específico para detectarla con precisión como otros, que habían cultivado aquellos sentidos de generación en generación, descubierto una manera de implantarlos en uno o pasado años condicionando uno de sus sentidos para la tarea.

Pero sus preocupaciones fueron en vano, porque incluso cuando envió un par hacia el pórtico tras poner un pie en este, el único uso de energía mágica que podía detectar no era otro que el del familiar que volaba en círculos por el sitio, a la espera de nuevas órdenes.

Lo intento una vez más con la puerta, donde esta vez si alcanzo a notar algo. Una especie de protección, seguramente contra posibles intrusos había sido grabada en su superficie en respuesta de alguien tratando de abrirse paso.

El problema es que ese misterio había sido forzosamente suprimido por alguien mas usando una especie de hechizo desconocido, causando que ambos quedaran relegados a no ser más útiles que el campo delimitado que rodeaba la mansión.

Aquello confirmaba la sospecha que había estado rondando por su mente desde que comprobó los destrozos de la barrera. Alguien había atacado el lugar.

Por un instante, comenzó a pensar en alguno de los Servants de la Cuarta Guerra, pero descartó aquella sospecha tras dar nuevamente un vistazo a los alrededores. No, si bien habían transcurrido unos dos años desde ese evento y quizás la naturaleza hubiera reparado los destrozos que pudieran servir como indicios para aquella hipótesis, el estado casi prístino de la mansión echaba abajo la teoría.

Kiritsugu había experimentado en primera mano lo que era el paso de un Servant, con los daños colaterales que dejaban atrás en todo su esplendor.

Eso dejaba a uno de los Masters, ¿pero quien?

Kiritsugu no había estado al pendiente de los movimientos de todos ellos durante aquel tiempo, tendría que revisar sus notas e investigar más a fondo cuando tuviera tiempo, pero primero debía registrar la casa.

Abrió la puerta, encontrándose con un pasillo de estilo europeo cuyas paredes tenían varios cuadros y un par de puertas que seguramente conducían a la sala de estar, y quizás a un comedor. Más al fondo, del lado derecho se perfilaban unos escalones que conducían a la planta superior.

Y tal como esperaba, todo estaba cubierto de polvo y telarañas.

El pelinegro avanzó por el pasillo, no necesitando extraer la linterna que había traído en su mochila. Las numerosas ventanas de la casa, tal como pudo comprobar tras asomarse por una puerta proporcionaban una iluminación casi natural en esta.

Volando un par de metros frente a él, el familiar seguía en su rol de explorador y de vez en cuando emitía uno de sus característicos chillidos en respuesta a los pulsos que Kiritsugu enviaba con el fin de comprobar que no hubieran trampas dentro.

Exploro las habitaciones de la planta, encontrándose con poco más que toda clase de muebles hasta incluso una cocina de tamaño particular pero que había visto días mejores. De haberla visto, Shirou seguramente hubiera tenido espasmos antes de limpiarla de pies a cabeza.

... Y seguramente deprimirse al darse cuenta de que no podría llevársela a casa.

Kiritsugu meneo la cabeza. No, no podía darse el lujo de distraerse de esa forma en esos momentos.

Abandonó la cocina, dispuesto a aventurarse al segundo piso sin notar que una substancia blanca comenzaba a brotar por debajo del refrigerador.

No fueron muchos los escalones que tuvo que subir. La planta alta compartía un diseño similar al pasillo de la anterior, con todo y el número de puertas que conducían hacia las demás habitaciones.

Se acercó hacia la primera y frunció el ceño al notar el interior de esta.

A simple vista, era un cuarto sencillo con un tapiz rosado en las paredes, una alfombra con un patrón floral y un escritorio donde una bolsita color marrón descansaba.

Fuera de la cama, el último rasgo destacable de la habitación era la ventana. Kiritsugu caminó sobre la alfombra, y sintió como su pie tropezaba levemente con algo duro debajo de esta. Inclinó su vista, alcanzando a distinguir una protuberancia y levantó la alfombra, revelando así el cadáver pobremente conservado de un pájaro.

Kiritsugu frunció inmediatamente el ceño al ver el estado de este y concentró un pulso en este. Había tenido sus sospechas, y estas fueron prácticamente confirmadas con el hechizo que había usado.

Que un animal hubiera entrado a la casa era improbable, y más aún que hubiera muerto en un sitio así. Eso, y su estado de putrefacción no concordaba con el tiempo que debía de haber pasado. Varios días tenían que haber transcurrido para dejar el cuerpo de aquella manera, eso y que carroñeros como gusanos y moscas brillarán por su ausencia solo confirmaban lo que Kiritsugu había deducido.

Era un familiar abandonado.

¿Pero porque el magus de la casa lo había dejado ahí? No tenía sentido. Lo lógico hubiera sido apostarlo al menos cerca de la ventana, con el fin de que sirviera casi como una cámara de vigilancia improvisada.

Kiritsugu dejó al familiar debajo de la cercana cama, y se acercó al escritorio. Casi al instante, sus ojos se fijaron en la bolsita y se apresuró a desatar el cordón que la mantenía cerrada. Tomándola del otro extremo, la sacudió de manera que derramara el contenido.

Una miríada de colores bailaron ante su mirada cuando la luz del sol que se colaba por la ventana alcanzó a iluminar los objetos salidos de la bolsa. No eran pocas, a lo sumo alrededor de unas catorce y todas de distintas formas y tamaños.

Piedras preciosas o semipreciosas. Kiritsugu alcanzó a reconocer algunas como amatistas, malaquitas, ópalos hasta incluso lo que parecía ser un rubí. Pero todas compartían una sola característica: Tenían grabado un signo distinto en su superficie.

Signos que Kiritsugu reconoció casi al instante: Runas.

Si bien su conocimiento sobre ese tipo de alfabeto no era ni básico, el pelinegro estaba muy enterado de la importancia de estos en algunas escuelas de taumaturgia europeas.

Las piedras preciosas habían sido convertidas en Piedras Rúnicas, un tipo básico de Código Místico que hasta incluso las personas normales podían reconocer y admirar en lugares como museos o en una que otra película de fantasía medieval.

"El perfil de Saitou Reiroukan indicaba que tenía conocimiento de Runas." Musito Kiritsugu para sí mientras contemplaba las gemas. Tras pensarlo bien, comenzó a devolverlas a la bolsita una por una.

Estaba a casi nada por terminar, cuando se puso alerta tras escuchar un crujido en las escaleras.

Kiritsugu se paralizó antes de abandonar las gemas en el escritorio y rápidamente dejar caer su mochila al suelo tras extraer el arma que había traído. La figura de su revólver, el Thompson Contender especialmente modificado regresó a sus manos después de tanto tiempo.

Venía ya cargado, pero solamente con un cartucho de balas Springfield .30-06. De su munición especial, solo conservaba un puñado del cual había traído unas dos.

El pelinegro avanzó tentativamente hacia la puerta con el dedo en el gatillo, y rápidamente corrió hacia el pasillo mientras apuntaba, dispuesto a llenar de plomo al visitante inesperado.

Solo para que sus ojos se abrieran de par en par cuando alcanzo a ver de quien se trataba.

O mejor dicho, de que.

A varios metros de distancia, justo subiendo las escaleras yacía una mole de cerca de dos metros blanca y viscosa, pero con una apariencia indudablemente humanoide. Se sostenía en dos patas que terminaban en zarcillos entrelazados y que parecían estar formadas por ligamentos que servían de apoyo para el cuerpo que consistía en un pecho desproporcionado, cuyo tamaño le obligaba a quedar jorobado.

Poseía dos inmensos brazos, idénticos en apariencia a las piernas, cuya longitud alcanzaba el suelo gracias a su postura y que terminaban en tres extremidades tentaculadas a modo de dedos.

Por último, tenía una cabeza desprovista de cuello que bien parecía una especie de ampolla inmensa que también carecía de rostro con la excepción de tres motas negras, que parecían torpemente imitar unos ojos.

Un homúnculo. Familiares comunes en magi que desempeñaban diversos roles.

Entre ellos, seguridad.

Un homúnculo que lo estaba mirando fijamente, y que entonces comenzó a avanzar con pasos torpes y una intención indudablemente hostil a juzgar por el ambiente.

Kiritsugu no lo pensó más, y descargó fuego sobre el humanoide.

Varias balas fueron a parar al cuerpo blanco del homúnculo, causando un par de agujeros que le hicieron tambalear, pero que a la larga fueron poco más que rasguños que hicieron poco para detener su marcha.

Sabiendo que normalmente el núcleo de estos se hallaba en la cabeza, Kiritsugu se dispuso a disparar en aquella parte. Pero el homúnculo, que al parecer poseía la suficiente consciencia para protegerse colocó uno de sus brazos frente a él a modo de escudo.

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅!"

Las balas del revólver del pelinegro diezmaron horriblemente el miembro, causando que los zarcillos que lo componían comenzarán a desprenderse.

Apretando los dientes al ver lo inútil de la operación, Kiritsugu corrió de regreso hacia el cuarto, no sin antes cerrar la puerta con el seguro. Viendo que solo estaba el escritorio, se apresuró a levantarlo y colocarlo contra esta a modo de parapeto, algo que su cuerpo no se lo agradeció a juzgar por el gemido ahogado que soltó.

El vial que había bebido hace cerca de una hora había perdido sus efectos, la maldición nuevamente era libre de afectarlo.

Maldiciendo en voz baja, Kiritsugu corrió hacia la mochila y buscó frenéticamente en el interior, extrayendo uno de los que había traído consigo.

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅!"

Pero apenas alcanzaba a destaparlo, cuando un fuerte golpe contra la puerta le hizo estremecerse. Afuera desde el pasillo, un par de gemidos resonaban seguidos de golpes secos contra esta, que indicaban perfectamente que el homúnculo estaba justo del otro lado y planeaba abrirse paso por la fuerza.

Kiritsugu bebió el vial, dejando que el amargo líquido cayera por su garganta y lo arrojó lejos de él mientras trataba de elaborar rápidamente un plan.

Disparar a quemarropa contra el homúnculo no serviría mas que para desperdiciar sus balas. Este no era como los que él conocía de cerca de los Einzbern: Aquellos imitaban casi a la perfección el cuerpo humano, y eran casi tan frágiles como estos a menos que emplearan taumaturgia para defenderse.

Este por otra parte pertenecía a otro tipo que había visto ya algunas veces durante sus misiones. Eran una variante fabricada hoy en día solo por el Gremio de Alquimistas de Praga a modo de personal de músculo para desempeñar tareas pesadas, y que tienen cierto potencial para el combate.

Nada más allá que un hechizo particularmente potente o artillería más pesada sería suficiente para derribarlo. Y lastimosamente para Kiritsugu, ninguna de ambas opciones eran algo que él tuviera a la mano en aquellos momentos.

Lo máximo que alcanzaría a hacer el Thompson Contender con sus balas normales sería destruir el núcleo del homúnculo, el cual debía de estar en su cabeza. Una tarea que no había podido completar en el pasillo con este escudándose tras uno de sus brazos.

Kiritsugu recargó el cartucho del revólver justo cuando un crujido a sus espaldas le obligó a voltearse, solo para ver como la cabeza del homúnculo se asomaba por una abertura que expandía por medio de sus brazos.

No titubeo en asestar un par de disparos en el rostro desprotegido. Esta vez, las balas se hundieron en la espiral blanca que fungía como visaje del homúnculo, mutilando horriblemente mientras que la fuerza de los impactos le forzaba a alzar su cabeza hacia atrás, cuya superficie parecía estar sufriendo espasmos.

Kiritsugu siguió descargando un par de tiros más, no confiando en haber destruido el núcleo y se detuvo cuando el homúnculo abandonó su posición y comenzaba a tambalear como si estuviera borracho, antes de finalmente caerse de espaldas contra el suelo del pasillo.

"Listo," Comento el pelinegro para sí mismo mientras se acercaba a inspeccionar. Al estar bloqueado por el escritorio que había colocado, Kiritsugu trepó sobre este y echó un vistazo a través del boquete abierto en la puerta a la inerte figura del homúnculo, que había alcanzado a tener su cabeza recargada contra la pared opuesta.

Parecía que finalmente había llegado a su límite, lo cual era un alivio. Kiritsugu no creía haber podido destruirlo por cuenta propia en aquellas condiciones.

Menos mal se había presentado una oportunidad para volarle la tapa de los sesos fácilmente.

Puso sus ojos en la cabeza, y comprobó como esta efectivamente no se había regenerado. Donde antes estaba una superficie curva compuesta de zarcillos unidos y con tres 'ojos', ahora reposaba una especie de agujero cuya boca estaba compuesta por los zarcillos. Agujero que estaba emitiendo un leve brillo, ahora que se daba cuenta.

Fue en ese momento que un pesado olor a ozono llegó a su nariz, y que sus ojos se abrieron nuevamente al caer en cuenta de que…

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅!"

Apenas tuvo tiempo de esquivar la descarga de energía mágica que surgió del cañón improvisado. Misma que destruyó una parte más de la puerta y alcanzó a impactar contra una de las paredes del cuarto.

Kiritsugu aterrizó de espaldas y gruñó mientras se esforzaba por incorporarse, del otro lado de la puerta el homúnculo parecía estar haciendo lo mismo a la par de que su rostro terminaba por regenerarse.

"Maldita sea." Sentenció Kiritsugu. El núcleo del homúnculo no estaba en su cabeza. Estaba seguramente localizado en alguna parte de su cuerpo, protegido por la masa de este.

Lo único bueno era que quizás no podría emplear aquel disparo una segunda vez, o de lo contrario ya se hubiera encargado de usarlo para destruir lo que quedaba de la puerta y el escritorio para finalmente entrar en el cuarto.

... No era como si hubiese mucha diferencia con lo que estaba intentando hacer. Los largos y gruesos brazos del homúnculo golpeaban la madera con un ímpetu palpable, mientras que su cabeza palpitaba como si realmente fuera víctima de un frenesí.

No tendría ni un minuto entero antes de que cediera y quedará atrapado con este en la habitación. Le echó una ojeada a la ventana: Era una opción, podría saltar desde esta y amortiguar el golpe con los arbustos, pero el homúnculo podría tratar de seguirle la pista, desatando así una serie de eventos que no estaba seguro de querer sortear.

La sola idea de intentar destruirlo otra vez era inverosímil. ¿Con que? El Thompson Contender carecía del suficiente poder de fuego para matarlo y no tenía otra cosa que.. Se detuvo, antes de mirar un pequeño paquete que había caído de su mochila. Un paquete semitransparente en cuyo interior se podían apreciar dos balas de un calibre ligeramente inferior a las que el revólver tenía dentro en aquellos momentos.

Pero cuyo poder estaba centrado en otro aspecto, mucho más letal. Uno que bien podría ser capaz de parar en seco al homúnculo.

Sin embargo... Gastar un recurso así de valioso cuando bien podría salirle caro no tenerlo a la mano en el futuro.

CRASH

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅!"

Uno de los brazos del homúnculo se abrió paso con el extremo transformado en una garra monstruosa que busco alcanzarlo, obligando a Kiritsugu a moverse hacia atrás.

El pelinegro apretó los dientes. No tenía mucho tiempo para decidir, debía de apurarse y ya.

Y el homúnculo casi parecía estar leyendo sus pensamientos porque de inmediato alcanzó a emerger por lo que quedaba de la puerta, siendo meramente impedido por el escritorio muy para la molestia de este a juzgar por los alaridos que estaba emitiendo,

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅! ¡▂▂▃▃▄▄▅▅!"

Kiritsugu abrió el paquete y extrajo una de las Balas de Origen antes de insertarla dentro del compartimiento del revólver lo más rápido posible. Un ruido sordo dentro de esta confirmó que estaba lista para ser usada, y Kiritsugu apuntó hacia el escritorio dispuesto a terminar con todo.

CRACK

Solo para que este se partiera en múltiples pesados bajo la fuerza del homúnculo, y varios salieran disparados hacia el. Un trozo particularmente grande voló hasta su mano y derribó el revólver de la mano de Kiritsugu muy para el horror de este mientras que otro por poco y lo aturde al golpear su costado.

"Ugh." Gruño Kiritsugu mientras se llevaba una mano al hombro, donde otro fragmento por poco se queda clavado, mientras miraba con impotencia como el homúnculo se abría paso a través de los destrozos dentro del cuarto hacia el.

"▂▂▃▃▄▄▅▅"

El revólver estaba a un par de metros a su izquierda, tendría que arrastrarse lo suficientemente rápido como para sujetarlo, pero el homúnculo no le daría el lujo de esperar a que apuntara.

Eso era todo. Estaba jodido.

Si pudiera causar una distracción de varios segundos, quizás podría... Pero ese milagro no le iba a llegar.

Iba a morir en aquel lugar, sin siquiera haberse despedido de Shirou.

Sin haber logrado curar a Maiya.

Sin haber logrado salvar a Illya.

'Iri, Maiya, Illya, Shirou... Lo siento mucho.' Kiritsugu alcanzó a cerrar sus ojos mientras extendía su mano derecha, solo para envolverla alrededor de algo.

Con un brote de intriga, nacido de último minuto, Kiritsugu abrió los ojos y se fijó en lo que había agarrado. Un ópalo anaranjado, que llevaba grabado en blanco una efigie parecida a la letra "F" le devolvió la mirada: La Runa Ansuz.

Notando como el homúnculo aun no lo había alcanzado, una idea surgió en su mente. Era una apuesta desesperada, pero en aquellas alturas era lo único que podía hacer.

Kiritsugu agarró firmemente la piedra rúnica antes de arrojarla hacia el homúnculo quien la miro torpemente mientras está impactaba con su cuerpo.

Y entonces, el infierno se desató en la habitación.

Como si le hubieran dado un baño de gasolina y después prendido un fósforo encima, un sudario de fuego envolvió el cuerpo del homúnculo apenas los efectos de la piedra mágica se activaron.

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅! ¡▂▂▃▃▄▄▅▅!"

El homúnculo dejo escapar una serie de alaridos agonizantes mientras se retorcía sin control, tratando de apagar inútilmente las llamas, todo mientras Kiritsugu lo miraba casi en shock por el macabro espectáculo. Pero entonces se fijo en el revolver y se arrastró como pudo a por este mientras que su oponente fijaba su vista en él antes de tratar de perseguirle, solo para que las llamas intensificaran su ardor, haciendo que se cayera sobre sus rodillas.

Aun así, su cabeza comenzó a palpitar nuevamente y a tomar por segunda vez cierta forma.

La mano derecha de Kiritsugu se aferró al mango del revólver y sus dedos alcanzaron el gatillo mientras esté apuntaba. Justo a tiempo para ver como el homúnculo había transformado nuevamente su cabeza en aquel cañón y estaba tratando de cargar energía para un ultimo disparo.

"Trágate esto." Gruño Kiritsugu, antes de disparar.

La Bala de Origen penetró el cañón flameante cuando este parecía haber alcanzado su límite.

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅!"

El chillido que surgió esta vez fue comparable a alguien poniéndole un micrófono a una lija siendo arrastrada por una pizarra. El homúnculo pareció perder el control por completo de sí y golpeaba inútilmente el aire si es que no así mismo. Presa de un ataque que no alcanzaba a comprender y todavía siendo víctima de las llamas, comenzó a arrancarse trozos de sí mismo frenéticamente antes de súbitamente detenerse.

Su estructura pareció estar perdiendo forma, y lentamente comenzó a derretirse como si se tratara de la monstruosa parodia de un helado animado gigante.

Kiritsugu contempló la muerte del homúnculo fríamente pero en el fondo, no pudo evitar sentir una pizca de compasión por el final de este.

A pesar de tener la misma forma y cognición que los humanos, los homúnculos son, en última instancia, seres diferentes debido a que poseen un poderoso Circuito Mágico. Independientemente de lo frágiles que sean, sus Circuitos Mágicos hacen posible que el homúnculo alcance poderes que van más allá de los de un humano común. Fundamentalmente diferente a los magi que son humanos con Circuitos Mágicos, los homúnculos se definen mejor como "Circuitos Mágicos con forma humana". No "algo hecho para ser un magus", sino más bien "algo hecho para ser un Circuito Mágico".

Es por eso que eran existencias especialmente vulnerables contra su carta de triunfo.

Balas de Origen, armas conceptuales especiales que utilizan el Origen de Kiritsugu en toda su extensión actualizándolo dentro de un objetivo. Las balas fueron creadas a partir de su primera y segunda costillas en ambos lados que se cortaron, extrajeron de su cuerpo, se trituraron en polvo, se condensaron con taumaturgia para preservar su esencia y se sellaron dentro de sesenta y seis balas como núcleo.

No hay heridas ni sangrado cuando la bala hace contacto, pero el área o parte del cuerpo objetivo termina por sufrir algo parecido a la necrosis. Si bien parece haberse curado adecuadamente en la superficie, los nervios y capilares nunca se regenerarán adecuadamente y la función original se perderá para siempre. Si bien sería malo para un ser vivo ser golpeado por estas, como Arma Conceptual, esas balas representa una amenaza aún más grave para los magi en particular.

Las Balas de Origen afectarán inmediatamente a los magi al entrar en contacto con su taumaturgia. Al verse obligados a defenderse con esta, el impacto del Origen dentro de la bala afecta todo hasta los Circuitos Mágicos del practicante. Si los circuitos de un magus son un cable de alimentación de alto voltaje, entonces el impacto de la bala es comparativamente una gota de agua que se adhiere a un circuito eléctrico densamente colocado. Una vez que se adhiere un líquido conductor, la corriente del cortocircuito destruirá el circuito en sí, lo que provocará un daño permanente.

Cuanto más intensa sea la presión utilizada para reunir energía mágica densamente empaquetada para la defensa, más activos estarán funcionando los Circuitos Mágicos en el momento del contacto y más severo se volverá el poder destructivo de la bala.

De las sesenta y seis balas, se han usado treinta y siete , y ni una sola se desperdició después de destruir por completo a treinta y siete magi. Durante la Guerra del Grial, tuvo acceso a las doce restantes, y uno de los Masters fue víctima de la trigésima octava.

Solo quedan nueve. Y hasta ahora, solo una persona ha logrado anular sus efectos.

Pero en el caso del pobre homúnculo, cuya existencia prácticamente dependía de aquellos órganos, estaba condenado apenas la bala penetró su cuerpo.

Kiritsugu se levantó con algo de dificultad antes de caminar hacia lo que quedaba del cadáver para examinarlo de cerca.

Una especie de esqueleto derritiéndose en un líquido blanco que de vez en cuando terminaba en forma de bultos pequeños que a su vez, igual se derretían como estructuras de arena tras ser expuestas a una ola.

Grumos de Éter.

También se les describe como Arcilla Líquida, son intentos fallidos de materialización de Éter a través de la combinación con uno de los otros elementos. En circunstancias normales, el Éter sólo puede materializarse después de combinarse con uno de los otros elementos. Sin embargo, en algunos casos, principalmente cuando hay algún tipo de falla por parte del magus, tomará la forma física de una sustancia parecida a la arcilla.

Aparte de servir como conductor de energía mágica, es completamente inútil. Cualquiera que sea la forma que le dé un magus, si se deja inactivo durante el tiempo suficiente (es decir, sin energía mágica que lo atraviese), eventualmente volverá a su forma original de arcilla, tal como era el caso del homúnculo.

Pudo ver también varias astillas cristalinas; lo único que había quedado del ópalo anaranjado que servía como piedra rúnica.

"La alquimia también estaba citada dentro de los campos de Reiroukan." Cayó en cuenta Kiritsugu mientras fruncía el ceño. "¿Pero de donde salió este y que estaba haciendo?" Se preguntó mientras comenzaba a rastrear sus pasos por la escalera hasta la planta baja no sin antes haber recogido la mochila y el pequeño saco de piedras rúnicas que había ido a parar contra una de las paredes.

Por medio de un par de fragmentos de arcilla líquida que habían estado goteando del coloso, consiguió trazar más o menos el camino de este, comprobando que había surgido de la cocina a juzgar por un par de huellas que provenían de esta, pero fuera de eso, nada.

Tal vez debía de revisar el resto de las habitaciones de la planta alta antes de pasar al ático, razonó Kiritsugu mientras se recargaba contra la pared y dejaba escapar un suspiro.

CLICK

Debajo de las escaleras, una especie de entrada se abrió que conducía a unas escaleras que llevaban abajo. Una visión que hizo que Kiritsugu parpadeara antes de emitir un resoplo de exasperación.

Por supuesto que había un sótano secreto también. ¿Cómo se había olvidado de buscar una cosa tan obvia?

Meneando la cabeza, Kiritsugu se dispuso a descender por estas.

No le tomó mucho tiempo tocar fondo, y tampoco quedó tan impresionado por la estancia que servía como sótano que se extendía ante él.

"Bueno, este si es el taller de un magus." Confirmo para sí mismo, dando una mirada por los alrededores del cuarto. Este bien podría ser descrito con una sola palabra: Anacrónico.

Iluminado por una serie de cristales fluorescentes, el lugar era como una especie de laboratorio antiguo con varios estantes repletos de frascos, viales e instrumentos de todo tipo tales como cálices, candelarias y hasta un cráneo humano con unas inscripciones grabadas en su superficie... Pero cuya atmósfera medieval se rompía con cosas como un par de cuadernos desparramados por ahí e incluso un lápiz como los que Shirou intentaba reforzar con la punta rota.

El Taller era al menos tres veces más grande que la habitación de la segunda planta donde había encontrado al familiar y a las piedras, y se notaba que el magus a cargo de este bien se había encargado de mantenerlo bien.

Con la excepción de un escritorio adosado a una de las paredes, los estantes y lo que parecía ser un caldero gigantesco en un rincón, había demasiado espacio libre en el lugar.

Y cuando Kiritsugu posó su vista en el suelo, cayó en cuenta de la razón tras la cual el orden de la habitación se encontraba así.

Un enorme círculo mágico trazado en sangre, arcilla líquida y una serie de metales que no se molestó en identificar se encontraba justo debajo de él. Uno mucho más grande y complejo que el que Iri había dibujado en el cobertizo de la Residencia Emiya años atrás.

Y cuyo propósito estaba más que claro, había sido usado para invocar a un Servant.

"¿Fue aquí de donde saliste, Caster?" Se preguntó Kiritsugu mientras caminaba hacia el escritorio, donde descansaba uno de los cuadernos que había visto.

Justo en la primera página, alguien había tratado de dibujar dos figuras: La de una niña pelinegra y una especie de mujer con una bata blanca sosteniendo lo que parecía ser una poción con una mano, mientras que la otra sujetaba una de las de la niña.

Tras aguzar la vista sobre el dibujo, cayó en cuenta de que estaba justamente mirando la viva imagen del Servant del Hechizo de la Cuarta Guerra, ¿pero y la niña?

Obtuvo su respuesta tras cerrar el cuaderno y mirar escrito el nombre de su dueña: Misaya Reiroukan.

Ese apellido. Estaba prácticamente confirmado, había tenido éxito en su búsqueda.

Si tan solo la cabeza del pobre diablo que Makihisa buscaba recuperar se encontrara ahí, las cosas hubieran sido más fáciles, pero no. Aunque el avance era inmenso, no podía negarlo. Poder investigar de primera mano el último sitio donde la localización de dicho objeto había sido confirmada era invaluable.

Y hablando de eso.

Kiritsugu comenzó a repasar los detalles que sabía.

Saitou Reiroukan había utilizado la mansión como base de operaciones durante la guerra, y había invocado a Caster en ese mismo lugar. Aparentemente, se había sentido lo suficientemente confiado para poder tener a su hija cerca aun con la peligrosidad del evento.

¿Pero en algún punto, un Master se había abierto paso por sus defensas y alcanzado a asesinarlo? No, el cadáver había sido hallado fuera de esta. A menos que sus asesinos lo hubieran cargado hasta ahí para luego deshacerse de él, Kiritsugu dudaba que tal cosa hubiera transcurrido.

Pero de ser así... ¿Realmente había sido un Master el encargado de abrirse paso por el taller?

¿Y donde estaba Caster cuando había ocurrido todo eso?

Kiritsugu se paralizó al recordar que ese Servant había sido uno de los últimos en quedar en pie e incluso le había hecho frente a Saber, siendo el Rey de los Caballeros quien le había matado. En teoría, eso debería indicar que Saitou Reiroukan debía de haber estado vivo en aquellos momentos, siendo su Master.

... ¿Pero y si no hubiera sido así?

Meneo la cabeza. Quizás estaba exagerando, debía concentrarse más en averiguar el paradero de la cabeza, la cual debió de haber permanecido ajena al conflicto y en alguna parte de este lugar antes de haber sido robada junto con otras piezas.

Kiritsugu extrajo de su mochila un pequeño vial, mucho más pequeño que los demás y repleto de un líquido distinto. Un pequeño memento de su antigua mentora y madre adoptiva.

Y una herramienta tremendamente útil en casos como este.

Murmurando un par de palabras en un idioma del cual apenas tenía conocimiento, Kiritsugu dejó caer un par de gotas de líquido sobre el suelo. Un extracto elaborado con los fluidos refinados del cuerpo de una súcubo, es una herramienta poco ortodoxa de rastreo e identificación de firmas de energía mágica gracias a sus propiedades.

El líquido inmediatamente adquirió una tonalidad oscura, representando la firma de uno de los magi que habían estado presentes y comenzó a dividirse, formando una gota mucho más oscura y de volumen superior.

Estaba claro de que esta representaba a Caster.

Una tercera gota se separó de la primera, teniendo un tamaño minúsculo pero con una textura casi idéntica a su progenitora. Kiritsugu recordó de inmediato a la hija del Master de Caster, pero antes de que pudiera pensar más a fondo sobre ella, una cuarta gota se manifestó.

Siendo más grande que la primera, pero muy menor a la segunda, su tonalidad era completamente diferente de las tres. Hizo que el pelinegro entornara sus ojos mientras un tomaba un frasco vacío de la mochila y por medio de un hechizo simple, hizo que el líquido que formaba la gota fuera a parar dentro de este.

"Ahí estás." Sentenció, dándole una última mirada al interior antes de guardarlo en la mochila. Tenía ya lo que creía ser la firma de energía mágica del intruso de la guarida de los Reiroukan. Solo hacía falta compararla con el hechizo grabado en la puerta y estaría listo.

Pero por su parte, la cacería apenas iniciaba.

Era indispensable que buscara respuestas directamente en otro lugar y Kiritsugu ya tenía una buena idea de cual.

"Parece que tendré que ir antes de lo planeado a Tokyo."


A/N: Shirou recibe el "Como usar tus Circuitos Mágicos y Teoría de Maná y Od 101" fuera de texto. Termina por 'activar' sus circuitos mágicos, de los cuales posee tres extras debido a sus acciones y a juzgar por la cantidad de Od que están produciendo a tan temprana edad, es fácil adivinar que la calidad de estos es superior a la canónica. También finalmente aprende tres de los hechizos que puede usar canónicamente, con sus respectivas dificultades.

Se muy bien cómo funcionan dentro de Canon estos. Literalmente, cada vez que escribía partes del capítulo me iba a consultar todos los materiales referentes al tema para comprobar que no hiciera una tontería.

Sin embargo, debo de admitir que me terminare por tomar mis libertades con algunas mecánicas.

Por otra parte, Kiritsugu avanza bastante con su investigación. A decir verdad, tuve planeado inicialmente que la aventura de la Mansión Edelfelt tomará lugar el siguiente capítulo, pero preferí mejor incluirla en este. Tengo en mente que este arco no tome más allá de unos cuatro capítulos, y el siguiente va a ser demasiado largo con su tema de por sí.

Kiritsugu se nos va de viaje a Tokyo, mientras que Shirou se queda en Fuyuki bajo la 'atenta' mirada de Taiga. ¿Qué podría salir mal?

Ah, como una pequeña nota. La cosa que Kiritsugu enfrentó era un homúnculo de los que aparecen en Fate/Grand Order. No lo más amenazante, pero algo es algo.

Eso, y que a estas alturas es muy obvia la identidad del Caster de la Cuarta Guerra.

Sin nada más que decir. Me retiro por ahora.

Hasta el siguiente capítulo.

Sukracharya 03/08/21