A/N: Tengo sentimientos encontrados con este capítulo. Por una parte, me esperaba que fuera más extenso, pero termine por morder más de lo que podía masticar. Es por eso que mejor decidí dividirlo en dos partes.

Hubiera tomado como un mes en terminar de lo contrario, y me niego a volver a esos días donde ocupe como cuatro meses en subir solamente dos capítulos.

Nuevamente, a responder Reviews:

GustavoIVS: Como siempre, aprecio mucho tus comentarios. Kiritsugu me pareció inicialmente, alguien difícil de escribir en estas circunstancias, pero luego de que por fin lograra 'cambiar' un poco su enfoque gracias al prólogo, me es más fácil llevarlo. Hasta lo voy a extrañar siendo el protagonista de la 'primera parte' de esta historia, ya que dentro de unos arcos, será Shirou quien tome el timón.

maxtime: No solo será Kiritsugu quien se de cuenta, pero ya llegaremos a eso… Espero.

Alv, qué coincidencia xD

Pues, Shirou parece que se salvó este capítulo de meterse en problemas. Pero teniendo una suerte de rango E, es obvio que estos lo van a venir a buscar xD

Giuseppe: Hmm, lo concedo nuevamente. Análisis Estructural suena mejor.

Uno de mis propósitos en este Fic es explorar y agarrar cosas del Nasuverse que rara vez son utilizadas. Y es por eso que casi nunca veremos un OC por ahora, especialmente cuando existe algo ya canónico que pueda cumplir con ese rol.

Y sobre Kiritsugu 'looteando' el Taller que encontró. Pues, solo se llevó un par de cosas para su investigación. Pero de que conseguirá cosas para el entrenamiento de Shirou, lo hará.

Eventualmente.

NERO1002: Si te refieres a la otra forma de Taumaturgia de Transmutación Material, si. Shirou aprenderá Alteración muy pronto, pero primero tendrá que trabajar con lo que tiene.

Y sobre la segunda pregunta, nope xD


AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.


Clave:

'Pensamientos.'

"Diálogo."

"Voz sobrenatural."

"Taumaturgia."

Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ


Konton no Tatakai

Capítulo Seis

"Ciudad de Sombras"


"¿Otra vez?" Alcanzó a preguntar Shirou, cuyo tono no disimulaba para nada su decepción, haciendo que Kiritsugu suspirase. La noticia de que el pelinegro debía de partir por unos asuntos en Tokyo no había sido una sorpresa para todas las personas cercanas a la familia Emiya, quienes ya se habían acostumbrado al hecho de que Kiritsugu tenía la costumbre de partir en al menos unos dos o tres viajes al año.

Shirou había aceptado el hecho, pero se notaba que por dentro no estaba muy complacido con ello. Eso, y que lo había casi regañado dos días antes en la noche, cuando alcanzó a llegar a la casa casi muerto de cansancio y al parecer "oliendo como el cobertizo cuando el terminaba de practicar su taumaturgia", pero peor.

Ese día Kiritsugu había aprendido dos cosas nuevas aparte de los avances de su investigación.

Primero, que la arcilla líquida de éter era algo extremadamente difícil de lavar. Segundo, que Shirou al parecer tenía un canal abierto que le permitía detectar distorsiones provocadas por energía mágica e incluso vestigios de esta...

En su nariz.

No tenía manera de saber si era algo innato o producto de la taumaturgia de su familia biológica, pero la pragmática mente del pelinegro ya podía ver los numerosos usos de aquel sentido alterado de su hijo. Era muy temprano para comprobar que tan efectivo era comparado con el hechizo que él empleaba (lo cual le hizo acordarse de que debía de realizar un examen con eso algún día), por lo que tampoco era como si Shirou hubiese obtenido un poder digno de un magus de primera categoría.

Pero regresando a aquel descubrimiento.

Shirou prácticamente lo había interrogado hasta el punto en que Kiritsugu se vio forzado a revelar una parte de sus actividades. Aquello hizo que el pelirrojo retrocediera un poco en su asalto, pero que igual terminará demostrando su indignación.

Eso puso a Kiritsugu en una situación difícil, ya que si bien había prometido eventualmente contarle casi todo a Shirou, aun quería mantener varias cosas debajo del agua.

Así que tuvo que irse por la siguiente mejor opción.

Lo cual los había llevado ahí, a la estación de trenes de Fuyuki.

"No tardaré mucho, Shirou. No te preocupes." Dijo mientras revolvía el cabello del pelirrojo. "Además de que esta vez, voy mucho mejor preparado." Confesó mientras señalaba a la maleta de mayor tamaño que traía consigo.

Shirou echó una mirada a esta y frunció el ceño, aguantándose las ganas de activar sus circuitos mágicos y emplear su Análisis Estructural para ver el contenido. Cosa que no hizo porque estaban en un sitio repleto de gente, y Kiritsugu aun no le había enseñado a ocultar la visibilidad de estos.

De igual manera, tenía una pequeña idea de que era lo que estaba adentro de esas maletas en base a las cosas que Kiritsugu le había contado.

"Solo cuídate, viejo. Cuídate mucho." Respondió Shirou, mostrando una preocupación palpable antes de pasarle el equipaje de mano que él había estado cargando.

"Estar bien, chico." Kiritsugu recibió la pequeña mochila antes de colocarla en su hombro. "Tu por otra parte, quedas bajo los Fujimura. Recuerda lo que te dije..."

"No uses taumaturgia a menos de que estés seguro de que nadie te vaya a descubrir." Terminó Shirou antes de que Kiritsugu pudiera continuar. "Lo sé, lo sé. Además de que no creo que tenga tiempo de practicar si voy a estar pegado a Fuji-nee." Señaló hacia un punto a su derecha.

Kiritsugu le siguió el dedo y alcanzó a ver la figura de la castaña formada en la fila de la caja de una tienda de autoservicio dentro de la estación. Conociéndola, seguramente el hambre le había ganado y obligado a comprar un bocadillo para ella y Shirou.

Menos mal, porque les daba un momento para hablar a solas.

"También deberías de tomarte un descanso de eso." Aconsejo Kiritsugu. "Usar mucho tus circuitos te puede lastimar y de por si, casi te han provocado una fiebre más de una vez. Tómalo como un premio por haber hecho tan buen avance en tan poco tiempo."

La mirada que Shirou le dedicó no podía ser más seca.

"Viejo, sigo rompiendo mas lápices de los que puedo reforzar." Reclamo Shirou antes de entornar ambos ojos. "¿Estás seguro que esta taumaturgia me queda?"

'Ay, Shirou. Me pregunto lo mismo todos los días.' Pensó Kiritsugu con un dejo de ironía. Honestamente, otra de las razones por las cuales se había tomado tanto en planear que y como enseñarle a su hijo adoptivo era debido al enigmático muro que estaba enfrente de él.

Muro que representaba el elefante en la habitación del potencial sorcerico de Shirou: Sus atributos alineados.

Elemento y Origen siendo ambos Espada. La marca de lo que la Asociación de Magos denominaban como Encarnaciones. Los casos eran extremadamente raros, más aún que los que nacían con una afinidad para los cinco elementos clásicos y la información al respecto que era conocimiento general era escasa.

Los elementos, siendo las sustancias básicas que dan forma al mundo, juegan un papel importante en la Taumaturgia.

Pues cada uno de los Elementos cuenta con ciertas características que los alinean con el uso de distintas formas de taumaturgia. Eso significa que para los magi, el Elemento es una indicación de cuáles de estas son las escuelas o disciplinas mágicas en las que pueden destacar.

Aunque es importante notar que tener un solo Elemento no es impedimento para aprender de otras escuelas que sean ajenas a este, ya que al final del día cada uno de estos estaba conectado de una forma u otra.

De ahí el problema.

Espada era un Elemento increíblemente único que no poseía la menor relación con los cinco clásicos observados en Occidente. Era por esa razón que Kiritsugu estaba casi completamente seguro de que Shirou no podría ejecutar taumaturgia alineada bajo dichos elementos por su cuenta.

Y en cuanto a cuales podría usar de manera decente o incluso destacar, no tenía ni la menor idea. Los únicos que podrían responder esa pregunta serían los expertos instructores de la Torre del Reloj, y Kiritsugu antes se disparaba en el pie que enviar a Shirou a aquel nido de víboras.

La Transmutación Material era de las taumatúrgicas más básicas no solo por la simpleza de las mecánicas y la teoría alrededor de esta. También pertenece al número extremadamente bajo de las que no estaban alineadas dentro de ningún Elemento.

Era casi una bendición que tuviera el conocimiento suficiente para poder enseñársela a Shirou. Pero fuera de esta, tenía sus dudas de como podría hacer lo mismo con otras de las taumaturgias consideradas 'básicas' como la creación de familiares, la erección de campos delimitados y la interferencia mental... Cuando todas esas dependían hasta cierto punto de pequeños aspectos de los elementos comunes.

"Te había comentado que mi conocimiento de taumaturgia no es mucho." Le recordó Kiritsugu con calma. "Ni mi padre ni Natalia me enseñaron mucho, y tampoco tuve interés en aprender más allá de lo que necesitaba para mi trabajo. Por ahora, eso es lo único que puedo enseñarte."

"Hmm, ya veo." Respondió Shirou. "¿Supongo que seria mucho pedir conseguir un mejor maestro o ir a esa escuela de la que hablabas en Inglaterra?" Pregunto algo esperanzado.

Solo para recibir un resoplo por parte de Kiritsugu.

"Shirou, las cosas que pasarías ahí no se las desearías ni al niño con quien te llevas mas mal de toda tu escuela." Recalcó seriamente el pelinegro. "Y lo otro sería demasiado arriesgado. Voy a tener que hablarte un poco más de la naturaleza de los magi cuando regrese."

Al notar como el pelirrojo quedaba cabizbajo, suspiro. "Y aprovechando que voy a Tokyo, donde está la mayor presencia mágica del país, quizás pueda conseguir algo de material que te ayude a aprender más." En parte era verdad, ya que iba a realizar el viaje y hundirse hasta el cuello en el lado de la ciudad que estaba dentro de las sombras del mundo iluminado por la luna, lo menos que podía hacer era aprovechar.

Aquello llamó la atención del pelirrojo, cuyos ojos dorados brillaron ante aquel prospecto causando que Kiritsugu se riera.

"¿En serio?" Pregunto, con la emoción mostrándose en su cara.

"Así es. Pero debes prometerme que te portaras bien, y harás caso a lo que Raiga o Tomio te digan, ¿si?" Dijo, solo para que Shirou asintiera. "Muy bien, debo irme ya. Diviértete con Taiga." Sonrió mientras que el pelirrojo dejaba escapar una mueca. Mueca que se tornó casi desesperada cuando la voz de cierta adolescente alcanzó sus oídos.

"¡KIRITSUGUUUUUUU!"

"Habla del tigre y se te aparecerá." Murmuró Shirou, justo cuando sentía una mano apoyarse firmemente en su hombro derecho.

"Oh, Taiga-chan. Ya me tengo que ir." Comentó Kiritsugu, sonriéndole a la castaña, quien sostenía una bolsa de plástico con su mano libre. "Te encargo a Shirou. Ya sabes como es, solo asegúrate de que no se meta en muchos problemas."

"Jajaja, descuida Kiritsugu. Puedes dejármelo a mi." Respondió Taiga, mientras pasaba el otro brazo del otro lado de la cabeza del pelirrojo, y lo abrazaba contra ella. "Shirou-chan estará muy seguro conmigo y el abuelo. Nos vamos a divertir mucho." Término, mientras dejaba escapar una risita animada.

Kiritsugu correspondió a la risa mientras cerraba los ojos, en un intento por evitar ver la mirada de traición que Shirou le estaba dirigiendo desde abajo, casi parecía como si le estuviera rogando telepáticamente que lo llevara con él.

'Lo siento Shirou, pero no.' Pensó Kiritsugu mientras acomodaba la correa de su mochila. 'Y si tenemos suerte, nunca tendrás que hacer esto.'

"Estoy seguro que así será y..." Se detuvo tras escuchar la llamada de uno de los altavoces, anunciando que el tren estaba ya a pocos minutos de partir. "Bueno, hora de irme. Regreso como en dos o tres días." Confirmó antes de dar media vuelta y caminar hacia el tren, todo mientras su hijo adoptivo y estudiante le miraban desde donde estaban parados, despidiéndose a su vez.

"¡Adiós, viejo!"

"Ten un buen viaje, Kiritsugu. ¡Tráeme un souvenir!" Exclamó Taiga, haciendo que el pelinegro se volteara una última vez antes de subir al vagón y se despidiera con la mano. Eventualmente, terminó por entrar y se perdió con los pasajeros.

Taiga llevó a Shirou de la mano hasta el estacionamiento de la estación, donde les esperaba uno de los subordinados de su abuelo junto con un coche sencillo.

"¿Hacia la casa del jefe, Fujimura-sama?" Preguntó el hombre tras abrir la puerta para que Shirou pudiera entrar.

"Nah, a la de los Emiya." Respondió Taiga antes de subirse también. "Después iremos con el abuelo, primero hay algo que tenemos que hacer."

Toda clase de alarmas comenzaron a sonar en la cabeza de Shirou al escuchar eso.

"Hmm, Fuji-nee." Se animó a preguntar. "¿Por qué vamos a mi casa otra vez si ya tengo mi maleta aquí? No se me olvido nada."

"Pues veras, mi pequeño saltamontes." Respondió Taiga mientras lo sujetaba de ambos hombros. "El Dojo de tu casa me gusta más que el de la mía, fufufufu."

Los ojos de Shirou se abrieron como platos al entender a donde quería llegar Taiga. Su angustia pareció ser detectada por la castaña, quien meramente se limitó a reír sardónicamente mientras su rostro adoptó una expresión que sólo podría ser descrita como sanguinaria, muy para la desesperación de Shirou quien parecía estar considerando seriamente el abrir la puerta y saltar hacia la calle.

"¿Creíste que no te escuche diciendo la palabra prohibida? Fufufufu, muy mal Shirou-chan." Continuó Taiga, casi adoptando el semblante de un demonio famélico. "Voy a encargarme de que recuerdes porque no debes llamarme nunca así."

Desde el espejo retrovisor, el conductor no pudo evitar reírse por lo bajo. Pobre chico.

xXx

El viaje no había sido tan largo como el que había tomado con Shirou rumbo a Misaki, pero aun así Kiritsugu estaba cansado. El sol estaba apenas descendiendo, y las calles estaban llenas de gente por lo que podía ver a partir de la ventana de su hotel, en algún punto de Shinjuku.

Todo había salido bien por ahora. Con la excepción de un pequeño incidente en el que uno de los hechizos de su maleta había sufrido un leve fallo temporal y casi había expuesto las armas ocultas dentro de esta, Kiritsugu no había atravesado ningún otro problema desde su llegada a la capital del país.

Y el centro oficial que la Asociación de Magos poseía en este, aunque no era realmente la única organización mágica o con lazos sobrenaturales presente en Japón.

Había nacionales, como el Buró del Onmyou que había perdido su anterior influencia con la modernización del país y había sido relegado a poco más que un pequeño comité nacional de asuntos sobrenaturales así como antiguas agrupaciones de monjes y exterminadores de demonios.

Así como otras internacionales... Principalmente las dos que provenían del continente, en China. La Mansión Espiral siendo el ejemplo principal.

El equivalente a la Asociación de Magos de Asia Oriental, era una organización que bien podría competir en poder contra su contraparte occidental, ya que mantenía una cantidad mucho mayor de miembros afiliados que todas las fuerzas combinadas de la Torre del Reloj y las otras dos ramas como el Instituto Atlas y el Mar Errante.

Y eso sin contar a la otra, de la cual solo se conocía su nombre: el Tribunal de la Cumbre. Una supuesta organización menor en tamaño a la anterior, pero que se mantenía de lo más oculta en algún punto de China.

Japón había sido un país en donde la influencia de dicha civilización siempre había sido muy fuerte, por lo tanto había sido inevitable el hecho de que buena parte del legado de conocimiento y prácticas mágicas del Sol Naciente provinieran de China. Si no le fallaba la memoria, incluso el Onmyoudou que era llamado el mayor Sistema Taumatúrgico de Japón podía rastrear sus bases hasta algunas escuelas de pensamiento chinas.

La presencia de la Mansión Espiral quedaba relegada a una buena parte de la costa occidental del país, mientras que la nacional y la de la Asociación ocupaban el resto.

Pero era Tokyo el sitio donde una buena parte de las tres se encontraba.

Kiritsugu carecía de mucha información sobre la estructura de la ciudad más allá de que los Reiroukan habían sido aparentemente la familia nombrada por la Asociación como los administradores de la tierra, por lo que tendría que sacar la información por su cuenta.

El caso era que buscar a un informante tomaría tiempo y esfuerzo preciosos, además de que le ponían en riesgo de llamar la atención dentro de un territorio desconocido.

Por fortuna, tenía el contacto de alguien que podría señalar hacia la dirección correcta.

Tras marcar el número que había guardado en el teléfono del cuarto, le llevó hacia su oído y esperó unos segundos hasta que finalmente alguien contestó.

"¿Diga?" El timbre sardónico de Makihisa se escuchó del otro lado de la línea.

"Tohno," Saludo Kiritsugu de la forma más seca posible.

"Ah, eres tú. Vaya, han pasado ya casi... ¿Dos meses? Desde la última vez que hablamos." Respondió Makihisa de una manera que hizo que Kiritsugu encontrará imposible el no imaginarlo posando de la misma manera en como lo había visto hacer aquella vez en su estudio.

"Ya estaba hasta albergando la sospecha de que habías deshecho nuestro pequeño acuerdo, hmmm." Continuó la voz del mestizo, haciendo que el pelinegro casi pudiera ver la sonrisa feral que seguramente estaba adornando sus labios. "Después de todo, aun no hemos firmado ese contrato de geias del cual hablaste."

Kiritsugu puso los ojos en blanco. Incluso con los asuntos que más seriedad debía de mostrar, tal parecía que Makihisa Tohno no planeaba cambiar nunca su actitud. Pero bueno, bien por él.

"Conseguí rastrear y encontrar el Taller que Saitou Reiroukan utilizó en Fuyuki durante la Cuarta Guerra." Anunció, secamente.

"..." Por unos segundos, no creyó escuchar nada del otro lado de la línea, lo que interpretó como Makihisa tratando de procesar lo que acababa de escuchar.

"... Eso fue rápido." Finalmente comentó el mestizo con una ligera nota de admiración. "Usualmente son de los lugares más recónditos y aislados en la faz de la tierra. Ni yo, que controlo más de la mitad de estas tierras, sé con exactitud en qué parte de estas se encuentra el Taller de Hachiro Aozaki."

"Fácil no fue." Admitió Kiritsugu mientras reprimía un suspiro. "Me tomó tiempo tratar de buscar opciones probables para el lugar, y más aún el momento adecuado para investigarlas sin llamar la atención de a quienes tengo de vecinos."

"Ah, si." Makihisa parecía estar asintiendo desde el otro lado. "Con la excepción de aquella vez que te mencione casi un siglo y medio atrás, el Clan Tohno muy rara vez ha tenido contacto con los administradores de aquella región, el Clan Tohsaka. De hecho, no se mucho de ellos más allá de su estatus como terratenientes de Fuyuki y alrededores, y la conexión que tienen con la Iglesia Católica, algo ciertamente muy inusual para una familia de magi, creo que solo conozco otro ejemplo en la ya caída Familia Fujimiya."

Kiritsugu resoplo. "Sus actuales miembros son una mujer que bien debería estar en un hospital debido a su estado mental, y una niña que dudo sea mayor que Shirou. No son ellos realmente de quienes me preocupo." Señaló.

"Hmm, ya veo. Había escuchado un par de rumores de que la Iglesia también mantenía un ojo en aquella ciudad, y si tienen algo apostado ahí que te obliga a actuar de la forma más cautelosa posible..." Makihisa musito por un par de segundos. "Pero bueno, lograste sortear eso. ¿Y qué es lo que lograste encontrar?"

"Después de investigar bastante mientras mantenía una vigilancia muy férrea sobre los Tohsaka, aproveche el viaje repentino de estos fuera de Fuyuki para ponerme en acción." Continuo Kiritsugu. "Su Taller estaba localizado dentro de una mansión construida por una vieja Master de la Tercera Guerra, Kaarina Edelfelt."

"Edelfelt," Makihisa pareció probar aquel apellido. "Ese nombre me suena, pero no recuerdo de donde lo escuche."

"Una familia magi noble de Finlandia que ha estado en el negocio de los soldados de la fortuna por varias generaciones. Dos hermanas pertenecientes a esta participaron durante la Tercera Guerra pero fueron derrotadas." Le informo Kiritsugu antes de añadir. "Y seguramente recuerdas el nombre porque un miembro de esa familia estuvo en aquel pequeño grupo que juntaste todos estos años atrás esa vez."

"... Ya veo." Sentenció Makihisa en un tono que indicaba que no quería escuchar nada relacionado a ello.

"En fin." Continuo Kiritsugu. "Hace dos días pude finalmente investigar el lugar. Apenas llegué, mis sospechas sobre si efectivamente lo era solamente aumentaron cuando pude detectar los restos de un campo delimitado alrededor de la propiedad, que encima era algo reciente. No tuve ningún problema en entrar porque los hechizos que habían sido colocados por ahí a modo de protección habían perdido su poder o simplemente se habían terminado por desvanecer."

"¿Y entonces?"

"No encontré nada en la primera planta que fuera de origen sobrenatural, pero en uno de los cuartos de la segunda encontré un pájaro muerto oculto debajo de una alfombra que rápidamente identifique como un familiar abandonado, así como una bolsa de cuero con piedras mágicas. Estaba confirmado que el lugar había sido habitado por al menos un magus durante un tiempo no muy lejano, pero aun así no podía encontrar todavía el taller de este o alguna prueba directa que lo conectara con Saitou Reiroukan, entonces..." Kiritsugu tomó asiento en el borde de la cama más cercana. "Un homúnculo me atacó."

Se escuchó un respingo del otro lado de la línea, que el pelinegro ignoró.

"Era uno grande, y me fue difícil matarlo, pero al final conseguí deshacerme de él y salir ileso en el intento." Continuó, reprimiendo las ganas de resoplar, de haberle puesto las garras (o tentáculos) encima, el homúnculo le hubiera quebrado el cuello como a un pollo. "Logre rastrear los pasos de este, y pude descubrir una entrada secreta a un sótano. Una vez que llegue ahí, me tope finalmente con el tan buscado taller.

Era bastante espacioso. Un laboratorio típico, completamente abandonado y con varios implementos que nadie quiso llevarse."

"Bajo tierra, que típico." Comentó Makihisa con algo que Kiritsugu creyó identificar como sarcasmo. "Y supongo que fue ahí donde identificaste el sitio como el cubil de Saitou, o de lo contrario no me estarías llamando."

"Encontré dos cosas que despejaron todas mis dudas al respecto." Contestó Kiritsugu. "En medio del lugar y grabado en el suelo, había un enorme círculo mágico. Del tipo que solo puede ser usado para invocar algo extremadamente poderoso, y una libreta donde estaba escrito el nombre de una niña, Misaya Reiroukan.

Recordé vagamente que habías mencionado que el hombre tenía una hija.

Misma que sospecho que estuvo también en ese lugar..."

"¿Misaya-chan?" La voz de Makihisa sonó confundida por un par de segundos. "Ese hombre sí que la adoraba. La señorita era la perla de sus ojos, casi hasta me inquietaba a veces. Lo último que supe de ella sin contar aquella llamada de la cual te conté, es que su madre la mandó al mismo internado donde envié a mi hija hace meses.

Ignoro si estuvo con él en ese tiempo, pero me sorprende que hubiera sido capaz de llevarla consigo."

"Ya veo." Kiritsugu no había pedido aquella pieza de información, pero se aseguro de memorizarla."Investigue todo lo que pude del taller, pero no pude encontrar indicio alguno de la cosa que quieres. Use un medio mío que raras veces empleo para poder averiguar cuántos magi habían estado en el sótano, y pude captar que eran cuatro.

Dos eran parecidos, pero con uno menor en poder al otro, de ahí mi sospecha de la hija de Reiroukan estando ahí.

El tercero era un Servant, Caster."

"¿Y el cuarto?" Pregunto Makihisa, súbitamente interesado.

"No lo sé. Pero, su firma de energía mágica era casi idéntica a la que fue usada en un hechizo que suprimió los que protegían la entrada de la casa. Por lo que no queda duda que fue el responsable de robarse lo que mencionaste." Al decir eso, Kiritsugu entorno los ojos. "Sin embargo hay algo que no concuerda."

"¿Hmm?"

"Para poder localizar el lugar, me base en una lista de sitios que cumplieran ciertas características óptimas para que un magus considerase establecer un taller, pero todos estando dentro de un radio a cierta distancia del sitio donde se encontró el cadáver de Saitou Reiroukan." Comentó el investigador. "Y a menos que su asesino se hubiera dedicado a cargarlo un kilómetro y medio desde la Mansión Edelfelt hasta un bote de basura, tengo mis dudas sobre si se trató de la misma persona."

"Por lo que se me informó, Saitou Reiroukan fue asesinado y lo que estaba en su poder durante esos días nunca fue recuperado." Sentenció Makihisa severamente. "Ignoro todos los detalles al respecto y ..." De repente, se quedó callado.

"¿Sucede algo?" Pregunto Kiritsugu, extrañado.

"... ¿Habías mencionado que Misaya-chan probablemente estuvo durante la Guerra?" Preguntó el magnate, a lo que Kiritsugu asintió por costumbre antes de estar a punto de preguntar el porqué de ello, hasta que cayó en cuenta de que era lo que el mestizo parecía estar a punto de proponer.

"¿Interrogar a una niña, en serio?" Preguntó exasperado. "Eso es bajo, incluso para ti."

"Te aseguro que no tengo en mente ponerle un dedo encima." Pareció protestar Makihisa. "Pero no puedes negar que es una opción bastante obvia para averiguar más de esto."

Kiritsugu suspiro. "Prefiero dejar eso como última opción. Algo que podría investigar ahora sería la naturaleza de la muerte del padre de ésta, pero los archivos de Fuyuki no decían mucho ya que al parecer el cuerpo fue transportado rápidamente a Tokyo una vez que se le identificó. Esperaba que pudieras ayudarme a saber a donde lo llevaron."

"Hmm, se supone que quien debe de investigar eres tú." Comentó Makihisa con algo de sorna. "Eso y que te dije que prefería mantenerme lo más alejado posible para no provocar que nuestro amigo oculto decida actuar de manera agresiva, pero..."

"¿Ah?" Kiritsugu presionó.

"Lo concedo, no es algo que creo que puedas averiguar por tu cuenta sin gastar demasiado tiempo." Añadió el mestizo a regañadientes. "Vete preparando para venir a Tokyo un día de estos apenas lo consiga."

"Ya estoy ahí de hecho." Confesó Kiritsugu. "Me encuentro en Shinjuku. Tenía en mente investigar de una vez eso."

"... Vaya." Makihisa comentó, antes de añadir rápidamente."Lamento decepcionarte, pero si quiero ser discreto el obtener esa información me va a tomar días, ¿que se supone que planeas hacer durante ese tiempo?"

"Voy a tomar otra ruta al mismo tiempo. El hecho de que quien te amenazo sabía que estabas relacionado con estos objetos indica que era alguien que tenía conocimiento de asuntos de la familia de este." Afirmó Kiritsugu con un dejo de sospecha en su voz. "Es por eso que voy a averiguar todo lo que pueda del Clan Reiroukan en Tokyo: sus actividades, sus socios y también, los posibles rivales de estos."

"... Eso sí que es extremo." Comentó Makihisa. "¿Pero cómo piensas hacerlo? Tokyo es un laberinto inmenso, y corres el riesgo de meter tu nariz en un lugar peligroso."

"Ese es justo uno de los motivos principales de mi llamada." Respondió Kiritsugu. "Veras, necesito saber de algún informante al que pueda acudir."

"..." Makihisa no respondió inmediatamente, tomándose hasta un par de minutos para responder.

"Espero hayas traído mucho dinero, porque hay uno que conoce el submundo como la palma de su mano." Reveló, antes de añadir con algo que el pelinegro identificó con repugnancia. "Pero de una vez te lo advierto, es una rata de la peor calaña."

xXx

Los antros, Kiritsugu decidió, definitivamente no eran su sitio favorito.

La vida de un cazarrecompensas en el mundo iluminado por la luna no solía ser muy larga. Si bien los peligros estaban ahí también para los magi encerrados en sus cubiles y completamente enfrascados en cultivar sus artes y seguir con las investigaciones de sus familias, los riesgos que corrían difícilmente podían compararse con lo que los mercenarios tenían que lidiar.

Solo los sicarios y los ejecutores podían afirmar el tener la misma suerte, al servir como primera línea de defensa contra las cosas que tenían que enfrentar por las órdenes que habían recibido o para ganarse el pan sobre la mesa.

Las maneras de morir eran muchas y variadas. Taumaturgia, Armas Conceptuales, Códigos Místicos, Escrituras, Apóstoles Muertos, Especies Fantasmales, Espíritus, Magi Heréticos, Demonios, Elementales, Familiares, Marionetas, Psíquicos, y demás peligros de naturaleza mundana o demasiado horripilantes como para ser mencionados.

Los que alcanzaban a sobrevivir sin llegar a volverse locos, terminaban por buscar alguna forma de ahogar sus penas y miedos. Substancias narcóticas y demás tipos de droga que ayudará a amplificar ligeramente sus habilidades era una de las más predilectas.

Otros como él, habían optado por el tabaco al encontrarlo relajante, y que además algunos podían darse el lujo de evitar el deterioro de sus pulmones al poder pagar a algún curandero para que se encargara de eso a fuerza de taumaturgia médica.

Y por último, estaba la más común de todas: el alcohol.

Y no podían faltar los lugares atiborrados de este.

El pelinegro se encontraba justo afuera de uno de los cuales estaba mas que seguro que aborrecía: Un kyabakura. Kiritsugu estaba muy lejos de ser un santo, pero tampoco había sido una persona muy aferrada a los vicios de uno, considerándolos una pérdida de tiempo en su vida y un potencial riesgo para sus trabajos.

Estaba familiarizado con lugares así, por supuesto. Eran sitios donde a veces había tenido que acudir en calidad de compañero junto con Natalia y para reunirse con un posible cliente o víctima. Y era justamente por el segundo ejemplo que se cuidaba de actuar en lugares así.

Los posibles elementos de seguridad que existieran no le preocupaban, lo hacían los patrones de este, muchos de los cuales seguramente estaban hinchados ya de toda clase de bebidas alcohólicas y con un exceso de sangre en sus cabezas. El verdadero peligro eran los borrachos, pues al tener sus mentes nubladas podían llegar a actuar de manera impulsiva, y esas actitudes siempre cortejan a la desgracia.

Makihisa le había dado un nombre y una lista de lugares donde podría encontrarlo. A partir de esta y a juzgar por la hora, Kiritsugu inmediatamente había deducido a cuál de ellos debía de acudir. Y así lo hizo apenas cayó la noche.

Un bar de poca muerte con un par de letreros escritos con pésima caligrafía que anunciaba una especie de oferta de bebidas.

El pelinegro descendió por unas escaleras que comunicaban con la entrada subterránea del bar. Apenas había llegado hasta el fondo de estas y se disponía a dirigirse hacia la puerta, cuando se topó con un gorila de un metro y ochenta de estatura con los brazos cruzados y una expresión de pocos amigos.

"Debo registrarlo, reglas de la casa." Informo con una voz profunda.

Kiritsugu asintió antes de mirarlo fijamente. "Eso no será necesario, puedo pasar."

El matón lo miró confundido por un par de segundos, antes de que sus ojos se nublaran ligeramente y asintió. "Si, puede pasar. Disculpe la molestia."

El pelinegro le agradeció con una leve inclinación de cabeza, y se dispuso a entrar al antro.

Fue una suerte que nadie más estuviera a punto de entrar al establecimiento en aquellos momentos. Usar Interferencia Mental en el guardia con testigos hubiera sido problemático.

Obviamente Kiritsugu venía armado. Sin contar a su fiel Thompson Contender, llevaba también un pequeño cuchillo de caza reforzado que raras veces se había visto forzado a utilizar, pero que bien sabía blandir si la ocasión lo requería.

Solo esperaba no tener que utilizar ninguna de las dos, pero conocía de sobra su mala suerte para tener esperanza alguna.

El lugar por dentro era justamente como se lo imaginaba. Entre varias mesas y sillas ocupadas por toda clase de hombres y una que otra mujer vestida de manera sugestiva, lo único que destacaba eran dos televisiones que mostraban respectivamente una pelea de sumo y un partido de béisbol, los cuales mantenían la atención de buena parte de los clientes pegada a las pantallas.

Eso, y una barra ocupada solamente por uno que ya se había desplomado sobre esta, y el barista quien limpiaba un vaso con un trapo viejo tranquilamente.

Kiritsugu se dirigió hacia ahí sin mucha prisa y tomó asiento, lo más alejado posible del otro borracho.

"Buenas noches." Saludo.

"Buenas noches." Respondió el hombre del otro lado de la barra. "¿Qué le puedo servir?"

"Un awamori." Pidió Kiritsugu, antes de extraer de su cartera un par de billetes que depositó encima de la barra.

"En seguida." Asintió el barista antes de voltearse hacia uno de los estantes detrás de él y abrir un pequeño refrigerador de donde sacó una botella. Con todo su arte, la abrió sin ningún problema y vacío una parte de esta en un vaso que colocó enfrente de Kiritsugu, justamente a un lado del dinero, el cual comenzó a recoger antes de fruncir el ceño al notar la cantidad del dinero.

Pero antes de que pudiera preguntarle al pelinegro al respecto, este se le adelantó.

"Es algo extra. Puede quedárselo," Comentó Kiritsugu antes de tomar un sorbo de su bebida. "Estoy buscando a alguien."

El barista entendió al instante y guardó el dinero en su bolsillo antes de echar una mirada discreta a los alrededores, cuidándose de que no hubiera alguien escuchando. "¿Quien?"

"Me dijeron que puedes encontrarlo por aquí." Continuó Kiritsugu, agradecido que el hombre pareciera ser razonable. "Nezumi-san."

Al oír ese nombre, el rostro del barrista se torció ligeramente como si le hubieran hablado de algo desagradable, pero asintió. "Oh, si. Quien sea el que le habló del tipejo hizo su tarea, porque está justamente por ahí." Señaló con la mirada a una esquina, Kiritsugu discretamente volteo y se topó con la singular escena de una mesa estando ocupada por un grupo de jóvenes.

"¿Uno de ellos?" Pregunto Kiritsugu, alzando una ceja.

"Si necesita privacidad, hay un almacén a mano derecha de la cocina. Puedo decirle a la rata que quiere hablar con él." Sugirió el barista, haciendo que Kiritsugu asintiera tras meditarlo un poco.

Terminó su bebida antes de levantarse de la silla en la barra, y caminó hacia donde el hombre le señalaba. Alcanzó a ver por el rabillo del ojo como este le ordenaba a una mesera que se dirigiera a aquella mesa. La joven, cuyo rasgo más llamativo era su pelo de un color verde pálido se apresuró a dirigirse hacia ahí.

El pelinegro finalmente alcanzó el lugar, una especie de cuarto repleto de cajas con botellas e iluminado por un foco que se sostenía de un cable medio roído en el techo.

No tuvo que esperar mucho, pues al cabo de un par de minutos, un fuerte olor a tabaco alcanzó su nariz, avisando que alguien se acercaba.

"Ughh, al menos esto me libro de tener que estar escuchando a ese idiota de Katsuo." Pudo escuchar a una voz gangosa, antes de que alguien entrara por la puerta.

Lo primero que vio fue el pelo. Una cabellera que bien parecía un matorral muerto, teñido de rubio a juzgar por el tono de este, demasiado brillante para ser natural. Después fue el colgante y los brazaletes, que eran poco mas que plástico pintado o oro de tontos que se hubiera lucido mejor con un atuendo diferente, y por último era la camiseta y el chaleco que parecían haber visto tiempos mejores.

Era un adolescente, al menos un año o dos mayor que Taiga, pero cuyos manierismos y atuendo parecían hacerle lucir algo mayor. Tenía pinta de ser un maleante de poca monta, un vagabundo con delirios de dandy.

"Bueno, viejo. No tengo tanto tiempo, así que pasemos a los negocios." Informó el joven mientras se deshacía de la colilla de cigarro que había estado sosteniendo. "¿Quien diablos eres y para que me necesitas?"

"¿De verdad eres Nezumi-san?" Pregunto Kiritsugu con algo de incredulidad. "Luces muy joven para ser un fisgón recomendado."

"Oh, anda a chupar una verga." Respondió crudamente el llamado fisgón. "¿No estas muy grande para venir a estos sitios, vejestorio? Tengo mi reputación bien formada, claro que sí." Y entonces entornó ligeramente sus ojos antes de añadir.

"Y ni se te ocurra tratar de repetir ese truco que hiciste con ese zoquete de Kuma en la entrada." Advirtió mientras mostraba como en la palma de su mano derecha se dibujaba una especie de carácter que brillaba de manera oscura. "Que a diferencia de estos, yo si que puedo morder de regreso."

"Ya veo." Respondió Kiritsugu, comprobando que efectivamente el tipo era de quien Makihisa le había hablado. "Llámame Ken, necesito un par de cosas y alguien muy confiable me dijo que puedes ayudarme a conseguirlas."

"Bien, bien. Estamos empezando mejor." El joven magus se calmó y bajó su mano antes de hacer una especie de reverencia burlona. "Sagara Hyouma, a tu servicio. A saber quién demonios fue el cretino que pasó el chisme, porque no tengo ni la menor idea de en qué cosa puedo ayudarte, pero te aseguro que no hay nadie mejor en lo que hago en esta pequeña y linda ciudad."

"Entiendo." Continuó Kiritsugu, quien por dentro seguía manteniendo un claro escepticismo. Makihisa no había elaborado mucho en el perfil de la persona, pero había afirmado que a pesar de ser prácticamente una basura, hacía bien un trabajo que podía realizar gracias a cierto legado.

"Soy un consultor de cierta familia que tiene en mente el mudarse a esta ciudad, pero desconoce cómo son las aguas aquí. Es mi trabajo recopilar toda la información que pueda del lado oculto de Tokyo y llevársela a mis empleadores."

Hyouma se rio por lo bajo al escuchar aquello. "Tus empleadores han de tener los bolsillos muy profundos o ser muy ambiciosos para querer meterse a este laberinto. No es raro que haya familias que vengan a instalarse aquí al menos una vez al año, pero no suelen durar mucho." Comentó mientras se cruzaba de brazos. "No suelo hacer muchas preguntas, pero tengo dos en estos momentos. ¿Qué es lo que quieren saber los distinguidos señores, y cuánta pasta tienes?"

Kiritsugu no lo pensó mucho, venía preparado para algo así. De uno de los bolsillos de su gabardina extrajo un fajo grueso de billetes que le arrojó a Sagara, quien lo atrapo torpemente antes de echarle una mirada.

"Oh, mierda. ¡Estos son verdes americanos!" Exclamó, visiblemente complacido mientras los olfateaba. "Buen trabajo, viejo." Comentó, guardándolos en su bolsillo. "Ahora pregúntale al buen Sagara lo que necesites."

"Mis empleadores solo tienen un conocimiento superficial de los asuntos de Tokyo. Son una familia que apenas alcanzó a afiliarse con la Mansión Espiral, pero que consideran prometedor el asentarse aquí, algo lejos de los ojos de esta." Continuó Kiritsugu, manteniendo una expresión sumamente estoica. "¿Que tan viable sería para una familia de cuatro generaciones extranjera el prosperar aquí?"

"Hmm." Hyouma adoptó una pose pensativa antes de responder. "La Mansión Espiral, ¿dices? Esos sucios come gatos no son muy bien vistos por muchos aquí. Les convendría más quedarse en algún lugar como las Islas Oki donde ellos tienen el control, porque si de por si nuestro glorioso Buró del Onmyou está en pleito con la Asociación de Occidente desde siempre, ambos mantienen su relación de amor y odio con los chinos."

"¿La Asociación de Magos es la facción sobrenatural más fuerte de Tokyo?" preguntó Kiritsugu, permitiéndose mostrar un poco de sorpresa ante aquella revelación.

"Duh, ¿Quién mas? Te aseguro que no son los raritos de los cristianos." Se burló Hyouma mientras extraía otro cigarrillo de su bolsillo. "Aunque no es porque los jefazos del reloj gigante tengan su nariz metida hasta el fondo aquí, no." Encendió el cigarro y se dispuso a fumar tranquilamente, sin importar que el humo comenzara a esparcirse por la habitación. "Es porque le dieron demasiada autoridad a los administradores de todo el lugar."

"El Clan Reiroukan." Término Kiritsugu asintiendo levemente. "Solo había escuchado el nombre y ese dato."

"Los magníficos perros en carne y hueso." Hyouma retiró el cigarrillo de su boca y escupió en el suelo, con un disgusto nada disimulado. "Un montón de engreídos y patanes oportunistas que en mi humilde opinión y la de media comunidad de magi, deberían hacer las maletas y largarse a su preciosa Europa." Resoplo, manteniendo en bajo la cólera en su voz.

"Supongo que hay una gran historia al respecto."

"Oh, no tienes ni la menor idea." Continuó Sagara antes de regresar a su cigarrillo. "Pagaste buena pasta, por lo que supongo que puedo darte una versión rápida del chisme. Hace muchos años, la gran mayoría de las familias de magi que vivían en este país practicaban puras cosas locales o de China, pero no faltaban los que se interesaron por las cosas que los exploradores y comerciantes europeos traían.

Supuestamente, los Reiroukan estaban entre ellos. Esas familias no eran bien vistas ni por las más tradicionalistas ni por el Shogunato mismo, algo que las volvió el fondo del barril. " Dejó escapar una risita falsa, que luego apagó justo cuando se deshacía de la nueva colilla.

"Pero todo cambió cuando vinieron los americanos a demandarle al shogunato que el país se abriera al comercio. Pues con ellos vinieron como si se tratara de una conga internacional las comadrejas europeas, y naturalmente la Asociación también, queriendo mantener una mayor presencia en el aislado territorio."

Kiritsugu, quien realmente jamás había sido la persona más versada en la historia del mundo iluminado por la luna, desconocía varios detalles de ese suceso histórico, pero no podía negar que estaba muy sorprendido.

"Y supongo que el Clan Reiroukan de aquel entonces se alió con la Asociación." No era una pregunta.

"Yep, así fue." Confirmó Hyouma con algo de sorna. "Causaron que los sicarios de la Asociación que habían sido enviados exterminaran a varias de las familias más poderosas de la región, y se apoderaron de lo que quedó de ellas. En recompensa por sus servicios, un Lord de la Torre los designo como los nuevos administradores de Tokyo y alrededores."

"Eso no debió terminar bien."

"Oficialmente, los Reiroukan unieron pacíficamente a las familias de magi que quedaron y consiguieron que las tradicionales dejarán de tratar como basura a las que habían adoptado las enseñanzas occidentales. En realidad, comenzaron a cobrar un impuesto por practicar taumaturgia en su territorio y reservaron el acceso a las Líneas de Ley para ellos." Hyouma ignoró el comentario antes de suspirar. "Han sido unos tiranos desde aquel entonces para las familias que viven aquí."

"No entiendo." Kiritsugu preguntó genuinamente. "Incluso con el acceso cortado a la energía de la tierra, ¿Cómo es posible que las familias no se hayan rebelado? A menos que el Clan Reiroukan sea muy numeroso, no veo cómo no los podrían abrumar a menos que la propia Asociación de Magos interfiera en favor de ellos, algo que muy rara vez hace en esta parte del mundo."

Hyouma resoplo a modo de burla. "Los Reiroukan son los más fuertes de aquí en términos de poder mágico. Son una familia de siete generaciones, y que ha probado más de una vez que no tienen ese título de adorno." Pasó una mano por su flequillo antes de continuar. "Antes de que comenzara la Gran Guerra, hace como unos sesenta años, hubo una bronca tremenda en la capital contra los mugres alemanes y el propio ejército imperial.

Fueron los Reiroukan quienes dirigieron la defensa de la ciudad contra ambos. Claro, no lo hicieron por caridad, aprovecharon también para mostrar que seguían siendo los dueños de los traseros de aquí. Eso, y tampoco son estúpidos."

"¿Hmm?"

"No son un Clan muy grande, y es cierto que si todas las demás familias de magi que quedan por aquí llegaran a unirse por algún milagro y decidieran ir contra ellos, podrían derrotarlos en teoría. Pero los Reiroukan tampoco están solos." Admitió Hyouma, cruzándose de brazos. "Unas dos familias más están aliadas con ellos. Un pequeño recuerdo de los tiempos en las que las tres eran prácticamente los perdedores del barrio, o al menos eso es lo que todos piensan, porque igual son tratadas como sus perros."

"Ya veo. Utilizan a otras dos como sus lugartenientes, me imagino." Comentó Kiritsugu, haciéndose una idea de cómo funcionaba el régimen de estos. "Y supongo que estas reciben ciertos beneficios a cambio de su lealtad."

"Si, cada una tiene la tarea de supervisar ciertas áreas de la ciudad y a las familias que viven en ellas. No son una bola de cretinos como sus jefes, pero igual menean la cola cuando se les ordena. Son una bola de maricas, si me lo preguntas." Hyouma busco recargarse con la pared cercana. "Se llaman Sajyou e Isemi. Y junto a los Reiroukan, son la sagrada trinidad de las autoridades mágicas de Tokyo, es con ellos con quienes tendrá que lidiar la familia para la que trabajas, si se deciden el venir a vivir aquí."

Ambos nombres le sonaban en parte a Kiritsugu, pero no recordaba de dónde. Los memorizo para investigarlos después, por ahora seguiría viendo qué más cosas podría extraer del fisgón.

"¿Qué otras familias están en Tokyo?" Pregunto.

"Hmm, actualmente son alrededor de unas nueve contando a las tres de arriba." Comentó Hyouma, algo pensativo. "Los Sagara, que es la mía, hemos estado aquí desde la Era Taishou. Hay otras como los Sakagami, los Jinga y los Kuruoka que siguen activas y parece que se han resignado a vivir bajo el yugo de los Reiroukan. También están las que se han marchado desde hace tiempo y aparentemente han prosperado como los Tokitou, las que se han ido y nadie sabe que paso con ellas como los Myourenji y las que han dejado atrás el ser magi como los Fujimiya y los Shisigou.

No son realmente las más unidas, pero se conocen entre sí y no suelen gustarles los cambios. De por si hubo tensión por la muerte del administrador hace unos dos años."

"Saitou Reiroukan. Me dijeron que había muerto en una especie de duelo de magi en alguna parte de Kyushu." Comentó Kiritsugu alzando una ceja. "Personalmente sospecho que esa es la razón por la cual mis empleadores tienen interés en asentarse aquí, con la pérdida de la cabeza del sitio y esperando un posible vacío de poder."

Una carcajada vino de parte de Hyouma como respuesta.

"JAJAJAJAJAJA, mucha suerte con eso. Como ya dije, aquí no les gustan los cambios. El viejo Saitou se murió, y créeme que yo no llore cuando escuche que pateó la cubeta, pero la influencia de su familia sigue igual de fuerte." El rubio meneo la cabeza. "Demonios, mi madre trabajó un tiempo como criada en la villa principal de ellos y me contó que la hija es un demonio peor que su padre. Mis respetos por los pobres diablos que intenten meterse con ella cuando crezca.

Las otras dos familias siguen con ellos, y no planean soltarse por miedo a ser reemplazadas, y la Asociación no parece tener interés alguno en revocarles su título de administradores y representantes suyos en la tierra. "

Kiritsugu resopló con algo de humor. "Me asegurare de comunicarle las buenas noticias a mis empleadores. Ahora, tengo un par de preguntas más que no están tan relacionadas con ellas. Es mas, son algo personales."

"¿Ah? Seguro, igual estoy de buen humor por todo el dinero. ¿Qué es lo que buscas?" Pregunto Hyouma, con la curiosidad prácticamente escrita en todo su rostro.

Kiritsugu adoptó un semblante mucho más severo antes de continuar. "Mi profesión requiere de ciertos implementos que preferiría evitar adquirir directamente de mis empleadores o de sitios donde estoy seguro que voy a tener que concurrir a menudo." Sutilmente, posó su mano derecha en su cintura, dándole una pequeña palmada.

Hyouma siguió aquel gesto con la mirada, inicialmente confundido pero rápidamente pareció entender a que se estaba refiriendo el pelinegro a juzgar por cómo asentía.

"Ah, ya veo." Comentó mientras parecía morder su labio inferior pensativamente. "Bueno, no se que clase de bienes vayas a buscar de manera especifica, pero te puedo confirmar que el mejor mercado negro del mundo se encuentra justamente aquí y todos se hacen la vista gorda al respecto." Informo con su peculiar risita. "Voy tres veces por semana a conseguir materiales y siempre los encuentro sin problemas. Desde restos de bestias mágicas hasta libros viejos, es casi una tesorería para cualquier magus."

"Excelente." Comentó Kiritsugu antes de preguntar. "¿Como puedo entrar?"

"No tan rápido, Rambo." Lo detuvo Hyouma. "Para los foráneos, hay una bonita cuota de entrada que te saldrá cara a menos de que vengas recomendando. Además de que el sitio es un jodido laberinto que a veces parece trampa mortal incluso para clientes habituales."

"¿Entonces qué es lo que sugieres?" Kiritsugu no tuvo ni porque fingir su molestia, veía desde una milla que era lo que el joven iba a sugerir.

"Ven conmigo mañana, por un módico precio no solo te guiaré por el sitio sino que podrás entrar a tus anchas sin que los matones de la entrada decidan practicar boxeo con tus huesos." Hyouma sonrió abiertamente, exponiendo una hilera de dientes amarillentos por el tabaco. "¿Que dices, amigo?"

Makihisa había tenido razón. No solo era una rata de la peor calaña, hasta se parecía a una y todo ahora que se fijaba bien.

xXx

En la pared del fondo había una gran televisión que mostraba una competición de luchadores de sumo.

Y en el sofá frente al televisor, con un puro en una mano y una botella de sake en la otra, Raiga Fujimura gritaba de emoción ante el deporte de los dos hombres empujándose. "¡Vamos! ¡Está débil a su izquierda! ¡Baja y pon tu maldito peso en él!" Momentos después, uno de los colosos perdió el equilibrio debido a un empujón bien colocado y cayó fuera del ring, lo que hizo que el anciano se pusiera de pie de un salto y vitoreara. "¡Yata! ¡Eso sí que es un espíritu de lucha!" Exclamó antes de tomar un largo trago de su alcohol.

Si bien algunos se hubieran quedado atónitos al ver al oyabun local actuando como un gamberro deportivo que encontrarías en cualquier estadio (particularmente otros japoneses), la vista era extrañamente familiar para Shirou. Ya estaba familiarizado con la fiebre deportiva y había estado expuesto a los gustos particulares del abuelo de Taiga desde hace tiempo.

La pasión que este tenía por los torneos de Sumo era el más conocido. Y si bien Shirou no era realmente ningún fan del deporte, estaba algo entretenido por ver a los dos luchadores tratando de derribar al otro.

Se notaba tanto su buen humor, que ni siquiera se había quejado de que Taiga (quien estaba sentada al lado suyo) había terminado por recargarse contra él tras haberse quedado dormida. El Sumo no era algo que le llamara la atención, la verdad.

Y parece que corría en la familia, ya que sus padres tampoco compartían el interés, motivo por el cual habían decidido mejor ir al cine que quedarse a ver el torneo en la pantalla.

"Ja, ya no los hacen como antes." La voz rasposa de Raiga lo distrajo, haciendo que parpadeara mientras veía como el anciano meneaba la cabeza. "Hasta yo podría tumbar a uno de un puñetazo seguramente."

Shirou echó una mirada a la figura de Raiga y luego otra hacia el rikishi que estaba posando en la pantalla, y se encogió de hombros. En su cabeza, se dibujó automáticamente una escena de Raiga tirándole un golpe, y este siendo interceptado por el voluminoso vientre del luchador, como si fuera de goma.

"Ah, Shirou-kun. Despierta a Taiga cuando quieras moverte de ahí." Raiga finalmente le habló directamente. "Dile que empaque sus cosas, porque mañana vamos a hacer un viajecito por el campo. La temporada de caza acaba de comenzar."

El pelirrojo solamente alzó una ceja en respuesta.

Bueno, al menos eso sonaba mejor que más lecciones de Kendou con Taiga.


A/N: Bueno, empezamos el capítulo con un buen Fanon "Shirou puede 'oler' energía mágica/hechizos" algo que si no mal recuerdo, popularizó Gabriel Blessing en "In Flight."

Es falso. Fui a consultar todos los materiales referentes al tema y en ninguno se mencionó tal habilidad como muchos piensan que funciona. En Unlimited Blade Works, Rin directamente afirma que Shirou no puede "detectar energía mágica", pero que por medio de su olfato puede llegar a "oler" ciertas "distorsiones en el ambiente", que es como detecta la presencia del Bloodforth Andromeda inactivo mientras que en Hollow Ataraxia, Shirou comenta durante una de sus conversaciones con Rider que a lo sumo puede "detectar" una especie de flujo en el ambiente.

Pero como no estamos en Canon, me tome mis libertades. Este Shirou posee directamente en su sentido del olfato un canal que le permite oler hasta cierto punto cambios en el ambiente provocados por energía mágica. No es ninguna super nariz ni nada por el estilo, es solo algo ocasionalmente útil que tiene dos propósitos específicos.

Que no voy a revelar aquí.

Nos vamos con lo siguiente.

Ya desde el prólogo lo había mencionado. El término de 'Encarnación', que como un lector comentó, es otra pieza de Fanon, está siendo acuñada por Third Fang en "From Fake Dreams", donde para bien o para mal terminó por esparcirse para el resto del Fandom.

Lo conservo aquí, porque francamente el nombre le queda a los casos que representa. Solo que tampoco será algo que voy a idolatrar cada capítulo ni que planeo exagerar como ha sucedido en ciertas historias.

Vemos la ya esperada introducción de Taiga, a quien la verdad quiero prometer que voy a escribir mejor, ya que es de mis personajes favoritos y no quisiera arruinar su imagen.

También el retorno de Makihisa así como una dosis bastante grande de world-building del Fic.

Me tiré a investigar todo lo que pude sobre la información canónica que hay del Mundo de la Magecraft en Japón, pero predeciblemente, no encontré mucho. Según Kara no Kyoukai, hay organizaciones mágicas en el país, pero la única que encontré es relativamente reciente: La Cuarta División de Taumaturgia del Ejército Imperial Japonés, de Fate/Type Redline y que considere no utilizar por el momento.

Así que me tocó inventarme algo de Lore.

Dato curioso. El Buró del Onmyou fue un departamento del gobierno japonés real antes de la Era Meiji, donde fue desmantelado con el Onmyoudou siendo tachado de superstición. Aquí, dentro del Lore del Fic, igual perdieron una influencia brutal, pero siguen vivos por ahí.

No hable mucho de las dos organizaciones mágicas que hay de China que sabemos que existen, porque:

Apenas tenemos información de ellas, y quiero evitar inventarme lo más que pueda.

Ya jugué bastante con el Lore de las familias mágicas de Tokyo.

Eso no quiere decir que no vaya a tocar el tema en el futuro.

Hablando del segundo punto. Pueden ver ahí un guiño a grupos que existen en Canon. Como este mundo comparte ciertas características con otros de Fate, es probable que las circunstancias de estos no sean las mismas, así que no se sorprendan si algo no concuerda.

Sagara Hyouma teniendo un rol en este arco era algo que tenía planeado desde el comienzo. El fallido Master de Assassin of Black de Apocrypha no es aún (por completo) la escoria de ahí y es probable que su personaje tome un rumbo diferente. Lo veremos en un lejano futuro, pero por ahora es el compañero temporal de Kerry.

Y sobre la escena final, francamente era algo que tenía que agregar para que no se sintiera tan seca la conclusión. Eso, y sirve como un aviso de a donde va a ir a parar Shirou en el siguiente capítulo.

En fin. Eso sería todo lo que puedo decir por ahora.

Nos vemos en el siguiente capítulo. Espero lo hayan disfrutado.

- Sukracharya 10/08/21