A/N: Es como si todo el universo hubiera conspirado para que me tardara en sacar este capítulo. Primero tuve una semana pesada por problemas de la plataforma de mi universidad que casi causa que mi reinscripción fuera tardía, después vino un huracán a golpear buena parte de mi estado y por último, se borró una parte del documento que me tomó días volver a escribir.

Afortunadamente, lo alcance a terminar antes de que el mes llegase a su fin, lo cual es un alivio, honestamente.

Nuevamente, a responder Reviews:

GustavoIVS: Voy a esforzarme lo más que pueda para actualizar seguido. Como mencioné en una nota anterior, me niego a repetir la experiencia de sacar dos capítulos cada cuatro meses. Aunque muy para mi molestia, me he dado cuenta de que aun con esa velocidad, seguir la estructura que tengo ya planeada tomará mucho.

Es por eso que me estoy tomando mi tiempo con este arco. Para poder agilizar la transición a los otros y poder llegar a las partes buenas.

maxtime: Es justamente lo que dices. Salvo que en el Lore de este Fic, ese sentido de Shirou es un poco más desarrollado, y no de origen realmente natural.

Y los dos Emiya se han salvado por otro capítulo más. Pero de una vez garantizo que meter su nariz donde no deben les va a golpear como tren de carga cuando lleguemos al clímax del Arco.

Giuseppe: Tener una Reality Marble pone a Shirou en la misma escala de poder de al menos un magus de rango Grand, si es que no arriba por el mero hecho de que puede replicar misterios cristalizados como Noble Phantasms.

El problema es que:

a) Shirou cuenta con circuitos mágicos canónicamente de mala calidad (Cada uno se daña si trata de mantener más de diez unidades de energía mágica) y una reserva de Od promedio: Veinticinco a Treinta unidades.

b) Sus atributos alineados como Espada lo vuelven prácticamente incompatible con el 90% de las Escuelas Taumatúrgicas que existen, ya que no puede usar magecraft alineada con los elementos comunes con precisión.

c) Shirou canónicamente es incompatible con la Asociación de Magos por su ideología.

Irónicamente, no le iría nada mal en la Iglesia.

Ya, vamos a empezar con el capitulo.


AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.


Clave:

'Pensamientos.'

"Diálogo."

"Voz sobrenatural."

"Taumaturgia."

Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ


Konton no Tatakai

Capítulo Siete

"Bajo el Agua"


El olor fue lo primero que Kiritsugu advirtió. Si bien el Metro de Tokyo era considerado uno de los más pulcros del mundo, algo que él podía atestiguar gracias a sus viajes, su impecable ambiente no era absoluto.

Pues este difícilmente se extendía hacia los subterráneos, donde justamente se encontraba.

No había tenido que esperar mucho antes de que Hyouma Sagara apareciera otra vez, ataviado con un atuendo prácticamente idéntico al que había usado la noche anterior. No, era el mismo a juzgar por las arrugas en la tela que alcanzó a notar, algo que hizo que el pelinegro se preguntará si el joven realmente poseía otra camiseta, o es que se sentía demasiado apegado a ella.

"Muy bien, Ken-san. Sígame." Indicó Hyouma, guiándolo a través de una puerta que conducía a unas escaleras, por las cuales descendieron por un par de minutos hasta alcanzar un cuarto pésimamente iluminado donde había una sola mesa con una televisión mostrando una especie de telenovela.

Y un hombre de mediana edad sentado enfrente de esta, con una cerveza en sus manos, manteniendo su atención sobre la pantalla. O al menos hasta que Hyouma tosió.

"Oye, jiji." Gruño el rubio teñido con un dejo de molestia en su rostro. "Pon atención al fuerte, necesitamos pasar."

El hombre se sobresaltó y sacudió su cabeza ante la sorpresa, antes de comenzar a balbucir algo que Kiritsugu no alcanzó a escuchar. Se levantó de su silla y caminó hacia la pared más cercana y desierta, donde colocó su mano derecha.

La silueta fantasmal de un círculo mágico se manifestó por un breve instante por la pared, mientras que los ladrillos de esta comenzaban a cambiar de lugar, revelando así un pasaje secreto que se extendía hasta un corredor en forma de "T".

"Ya veo, así que aquí está la entrada." Musito Kiritsugu antes de seguirle el paso a Hyouma, quien ya se había adentrado en esta. No caminaron más de cinco pasos cuando escucharon como los ladrillos regresaban a su posición normal, sellando la entrada.

"Una de ellas, la más cercana de hecho." Confesó Hyouma mientras extraía un cigarrillo de la cajita de estos que se asomaba por su bolsillo. "El camino de aquí al mercado es seguro, o al menos casi siempre lo es."

"¿Casi siempre?" Interrogó Kiritsugu, alzando una ceja mientras trataba de no pensar en el pequeño arsenal que escondía bajo su gabardina.

"Se venden muchas cosas en este lugar, y nunca falta un maníaco que quiera pasarse de listo de una forma u otra." El rubio se encogió de hombres, dejando escapar una bocanada de humo en el proceso. "Las riñas en el área de los comerciantes no están permitidas, a la mínima señal de conflicto, los matones a sueldo de estos interfieren y doblegan a los agitadores. Es por eso que los pleitos casi siempre toman lugar por estos pasillos."

"Ya veo." Kiritsugu optó por mantenerse alerta, fijándose en el pasillo en el que acababan de entrar, casi a la espera de que surgiera alguien con intenciones no precisamente benevolentes, dispuesto a abalanzarse sobre ambos.

"Oye, oye. Tranquilo, viejo." Hyouma rio nerviosamente. "Tampoco es que sea tan común, los cielos. ¿Todos los de tu tipo son así de paranoicos? Tsk, ni loco quisiera ser un cazarrecompensas."

'Si esa es la actitud que tienes.' Pensó Kiritsugu con sorna. 'Créeme que te estas haciendo un favor enorme.' No conocía mucho del rubio, pero hasta donde alcanzaba a ver, no tenía madera para ese trabajo. Y eso estaba bien.

Tampoco es como si le deseara mal para incitarlo a una muerte segura y temprana.

Jóvenes impresionables que apenas iniciaba la carnicería, terminaban por salir corriendo como pollos sin cabeza, volviéndose un estorbo para incluso los profesionales.

Supuso que no haría daño darle un pequeño trozo de sabiduría terrenal, estaba interpretando ese mismo papel después de todo.

"Y haces bien, estoy seguro de que tus padres te lo agradecerían." Comentó, recibiendo un resoplido por respuesta de Hyouma, quien se había deshecho de la colilla de su cigarro, tirándola al suelo.

"Ja, eso si que seria algo." Rio Hyouma sin mucho humor a juzgar por la mueca que acompañaba su rostro. "Mi madre seguramente lloraría un tiempo, y luego iría a cobrar el seguro sin pensárselo dos veces. ¿Mi viejo? Ja, yo mismo iría a preguntarle cómo se siente."

No era necesario elaborar porque había dicho eso. Un leve reflejo de simpatía atravesó el corazón de Kiritsugu, pero se cuidó de no alterar su expresión imperturbable.

"Mis condolencias por eso." Comento el pelinegro.

"..." Hyouma no respondió al instante ni después, meramente limitándose a encender otro cigarrillo y llevárselo a la boca, donde le mantuvo un buen rato antes de dejar escapar una ligera bocanada.

La caminata fue en silencio durante varios minutos, con un ambiente que sería terriblemente incómodo para alguien más, pero Kiritsugu se había acostumbrado a situaciones así hace mucho tiempo.

Hubieran seguido sin parar de no ser porque la silenciosa atmósfera que los envolvía se rompió de repente cuando un ruido más se manifestó a la distancia.

Pasos.

Lentos y calculados, que se escuchaban cada vez más cerca y justo a la vuelta de la esquina.

Kiritsugu entorno los ojos, y llevó una mano hacia sus bolsillos, en un cauteloso intento por no quedar en desventaja si terminaba por sufrir una emboscada.

Una silueta se perfiló enfrente de ellos, alcanzando a detenerse apenas notó la presencia de los dos hombres.

Un hombre, algo mayor que el peinado impecablemente y vestido con un elegante traje negro que le daba un aura de lo mas respetable. Fuera de un rostro firme, con los pómulos bien marcados, el rasgo mas destacable que llamo la atención de Kiritsugu no fue la expresión, el doble de severa que la suya sino el bulto negro a un costado de su cintura.

"Oh, Suzurigi ¡Compadre!" Saludo Hyouma, su actitud dando una vuelta de ciento ochenta grados apenas pareció reconocer al individuo. "Qué coincidencia, justo te encuentro cuando voy a entrar."

"Sagara-san." Correspondió el hombre, cruzándose de brazos mientras mantenía su mirada fija en el rubio. "No esperaba verlo en esta ocasión." Sentenció fríamente.

"Si, si, seguramente." Hyouma parecía hacer caso omiso a la severidad presente en el tono del hombre. "Me imagino que viniste para poder comprar lo que buscabas."

El hombre asintió de una forma tan leve, que uno podría casi creer que se trataba de un producto de la imaginación de uno. "No estaba aquí, pero los Yakou me aseguraron que podrían conseguirlo sin muchos problemas en tanto estuviera dispuesto a pagar."

"Oh, vamos. No es como si el dinero fuera un problema para esos para quienes trabajas." Señaló Hyouma. "Además de que brebajes como esos no son fáciles de hacer aquí. Y te aseguro que querer comprarlas directamente de nuestros amigos de China les saldría el doble de caro con las tasas de interés que estos le ponen a sus productos."

"Quizás." Respondió al hombre, antes de advertir nuevamente en la presencia de Kiritsugu quien no desvió la mirada en ningún momento.

"¿Amigo tuyo?" Pregunto.

"Nah, solo viene conmigo para el mercado. Es un perro viejo, pero nuevo por estos rumbos." Respondió Hyouma, encogiéndose de hombros.

"Akitaka Suzurigi." Se presentó de la forma más seca posible, casi parecía un gruñido.

"Ken." Respondió el otro pelinegro de una manera más neutral, causando que el hombre asintiera levemente a modo de aprobación.

Dejando caer sus brazos de su pecho, pasó de largo de los dos y comenzó a caminar hacia la salida sin mirar hacia atrás.

"Mira que suerte, salió justamente uno de los más razonables." Comentó Hyouma una vez que lo perdieron de vista. Al sentir la pregunta invisible del pelinegro, se apresuró a explicar. "Él es una de las muchas caras que han pasado años visitando este lugar. Tiene pelotas, si me lo preguntas. El tipo no es un magus, y aun así se mete voluntariamente en un lugar plagado de ellos."

"¿No es un magus?" preguntó Kiritsugu, no pudiendo ocultar del todo su sorpresa ante aquella revelación.

"Nope, cien por ciento normal." Sentía el rubio teñido. "Era un yakuza antes, pero parece que se consiguió un mejor empleo bajo el servicio de una vieja familia de Mifune que hasta donde yo sé, tienen un par de lazos con este pequeño mundo de nosotros."

"Entiendo." Posiblemente una familia de magi que había perdido su potencial sorcerico, o quizás algún clan de mestizos como los Tohno que habían alcanzado a sobrevivir los turbulentos cambios de la sociedad. "No es raro que los del submundo y aquellos que vagan por el mundo iluminado por la luna cooperen entre sí. Es algo que ha ocurrido desde hace siglos, pero no ves todos los días a una persona normal hundiéndose en este."

"Uy, viejo. Pues mejor preparate, porque vas a ver cosas bien locas aquí abajo." Comentó Hyouma, retomando la caminata. "Sígueme, que ya estamos cerca."

Kiritsugu camino detrás de él, advirtiendo como los alrededores parecían estar cambiando. El fisgón no había exagerado cuando la noche anterior había llamado al lugar un laberinto, porque realmente no había otra palabra que describiera de mejor manera la naturaleza de este.

Pasillos largos y llenos de tuberías, puertas que no conducían a ningún lado y una que otra habitación abandonada. Incluso pasaron por un puente subterráneo que se alzaba por encima de un canal lleno de desperdicios. Kiritsugu juró el escuchar los chillidos de unas ratas tratando de luchar contra la corriente que las arrastraba, pero prefirió concentrarse en el último pasillo por el cual Sagara lo conducía.

Mismo que concluía en una especie de corredor abierto con un barandal de rendija.

Hyouma se había detenido sobre este, y apoyó sus manos en el borde, echándole una mirada hacia lo que había debajo.

Kiritsugu se tomó su tiempo en llegar hasta donde estaba. Era una gran cámara subterránea, fácilmente midiendo el doble de dos canchas de deporte de tamaño considerable y teniendo una altura de unos veinte metros, siendo sostenido por tres hileras de pilares de concreto reforzado, dándole la apariencia de un sombrío Partenón subterráneo y urbano.

Pero apenas alcanzó el borde, su atención fue inmediatamente robada por algo más.

"Deleita tus ojos, anciano." Anunció Hyouma con una sonrisa de oreja a oreja, como si se tratara de un guía turístico. "Y contempla el tesoro del submundo de Tokyo."

Debajo de ellos, ocupando buena parte del suelo de la inmensa cámara subterránea, se perfilaban numerosas tiendas y puestos de varios colores y tamaños. Combinando estilos orientales y occidentales, era todo un espectáculo surrealista, y más viendo los pequeños detalles que los ojos de Kiritsugu le permitieron poder detectar.

El pelinegro frunció el ceño al notar una especie de jaula cubierta con una manta gruesa, así como grupos de lo que parecían ser guardias vestidos completamente de negro y cargando armas de fuego.

"Bueno, ¿vamos? No tengo todo el día."

xXx

Taiga parecía estar jugando el contar cuantas granjas alcanzaba a encontrar a lo largo de la carretera. Shirou se había rendido cuando llegó hasta la quinta, optando por admirar el paisaje desde la ventana.

No llevaban más de dos horas desde que habían salido de Fuyuki en dirección hacia un pequeño pueblo llamado Fukuoka, donde se encontraba un coto de caza al que Raiga asistía un par de veces por temporada.

Shirou recordaba vagamente el haber escuchado que solía ser una de las actividades favoritas del abuelo de Taiga, pero nunca había tenido la oportunidad de acompañarlo en una de las salidas que esté hacia.

Los dos Fujimura y él estaban acompañados por unos tres subordinados suyos, siendo uno el conductor y otros estando sentados en los asientos de en medio de la camioneta.

"Ughhh, ¿ya llegamos?" Se quejó Taiga una vez que finalmente pareció aburrirse de su juego.

"Falta poco, Taiga-chan." Respondió Raiga, quien había sustituido el atuendo con el que se le veía normalmente por una indumentaria más apropiada para un área rural. Lo único que conservaba era su chaleco de piel de tigre.

El oyabun le había contado al pelirrojo que había sido un trofeo ganado a un viejo rival suyo que estaba metido en aguas más turbias, tras haberse encargado de que no regresará a Fuyuki jamás.

Seguramente la historia tenía más detalles, pero luego de las cosas que Kiritsugu le había contado, Shirou había aprendido la lección de mejor no tratar de meterse más en asuntos parecidos.

Opto por seguir mirando por la ventana, hasta toparse con un letrero que rezaba el nombre del sitio al que querían llegar.

"Raiga-dono, ya estamos entrando a Fukuoka." Anunció el conductor, un tipo a quien Shirou había visto ya un par de veces y cuyo nombre era Ryouta.

"Excelente." Sonrió el oyabun, de una manera que el pelirrojo encontró increíblemente parecida a Taiga. "Estamos justo a tiempo para la mejor hora. No deberíamos de tardar ni diez minutos en alcanzar el Ryokan."

'Ah, cierto.' Pensó Shirou, recordando como Raiga había mencionado ayer que el establecimiento de caza estaba justo al lado de un pequeño hotel tradicional que también servía como restaurante y zona de descanso.

La camioneta no tardó en seguir la carretera hasta adentrarse a un pueblo en muy buen estado que parecía conservar un poco de sus antiguos vestigios. A Shirou le pareció bonito.

Y tal como Raiga lo había afirmado, no había pasado mucho tiempo cuando la camioneta se detuvo dentro de un estacionamiento. Los dos subordinados del Grupo Fujimura se bajaron primero y sostuvieron las puertas, siendo seguidos por Ryouta, Raiga, su nieta y Shirou.

"Al fin, tierra firme. Mis piernas me estaban matando." Taiga se estiró, cerrando los ojos apenas tocó suelo.

'Solo fueron dos horas, Fuji-nee.' Pensó Shirou, poniendo los ojos en blanco. Echo un vistazo a su alrededor, topándose con un estacionamiento siendo ocupado por varios coches, camionetas, remolques y hasta una limusina.

O la cacería era más popular de lo que creía, o el hotel lo era.

Y hablando de este, era casi como se lo imaginaba. Al menos unas dos veces más grande que su casa y contando con un segundo piso, era un edificio tradicional que parecía haber sido muy bien cuidado desde su construcción.

Aunque también tenía construido un par de piezas más modernas que rompían la imagen conservadora que intentaba transmitir. Fuera de eso, estaba rodeado de una buena parte de bosque cercado con toda clase de letreros que estaban demasiado lejos para que él pudiera leerlos claramente.

Sacudió su cabeza levemente tras escuchar cómo la cajuela de la camioneta era abierta, y volteo para mirar como Raiga y sus hombres extraían de estas un par de estuches largos. Camino hasta ahí y tomó su mochila antes de preguntar si podía ayudar con cargar algo, recibiendo una bolsa con un par de cajas a modo de respuesta.

Los seis comenzaron a caminar hacia el hotel y no tardaron en llegar a lo que parecía ser la recepción. Un hombre joven sentado detrás del escritorio inmediatamente se levantó al verlos, aparentemente reconociendo a Raiga.

"Fujimura-dono." Saludo, haciendo una leve reverencia. "Llego bastante temprano."

"Ah, Moritoki-kun. ¿Tomando las riendas del negocio ya? Buen chico." Felicito Raiga. "Y si, no quería perderme la oportunidad de cazar a los primeros esta vez, fu."

El ya revelado Moritoki sonrió cortésmente. "Mi padre decidió que finalmente era tiempo de que subiera de responsabilidad aquí, y hasta ahora ha sido muy refrescante."

"Ya lo creo, Moritoki-kun, ya lo creo." Asintió Raiga en un tono conocedor antes de hacer un gesto con su mano, indicándole a sus acompañantes que se acercaran. "Ya conoces a mis muchachos, pero aquí tienes a Taiga-chan, mi nieta."

"¡Hola! Un placer." Saludo la castaña entusiásticamente, causando que el joven ampliará su sonrisa y sus mejillas se ruborizaran levemente.

"E-El placer es mío." Respondió, tartamudeando, solo para ser interrumpido por Raiga, quien le alzó una ceja mientras que los tres yakuza se reían por lo bajo.

"Y este es Shirou-kun. El hijo de un amigo mío que tuvo que salir de viaje y lo dejó a mi cuidado." Continuo el oyabun. El pelirrojo se acercó y alzó una mano a modo de saludo, causando que el pobre joven mantuviera su sonrisa pese a la avergonzada expresión que se reflejaba en su cara.

"Hola, bienvenido al Ryokan Chiyojo." Saludo Moritoki amablemente. "¿Pero no eres muy joven para venir de cacería?"

Shirou rio nerviosamente. "No creo que pueda, solo vine para acompañar a Raiga-jiji."

"Es muy chico para cargar un arma. Quizás cuando sea mayor, pero puede aprovechar para darse un paseo por el campo." Comentó animadamente el abuelo de Taiga.

"Es verdad, aunque no hay muchos niños por aquí para jugar con ellos." Musito Moritoki pensativamente.

"¡No hay problema!" Exclamó Taiga, quien en algún punto de la conversación se había movido para quedar detrás del pelirrojo. "Yo estaré con él para que no se aburra." Anunció mientras colocaba sus manos en los hombros de Shirou, quien a esas alturas se había acostumbrado ya a ese gesto.

"Oh, si. No tengo ni la menor duda de eso, Taiga-chan. Pero primero quisiera ir a hacer las rondas con los muchachos, y ustedes dos vienen con nosotros." Dijo Raiga antes de dirigirse nuevamente hacia el joven. "Y hablando de eso, ¿cómo está mi reservación?"

"Completamente disponible, Fujimura-dono." Contestó sin titubear Moritoki. "La tercera área es completamente suya durante las próximas horas. Es la que tiene más jabalíes de todas las que hemos revisado los últimos meses, y hay de los gordos." Terminó haciendo un gesto con ambas manos para intentar demostrar el tamaño de uno de esos animales.

"Excelente. Iremos en seguida al coto entonces." Anunció Raiga, indicando a sus hombres que era hora de moverse.

Ryouta se detuvo para susurrarle algo a Moritoki, cuyos ojos se abrieron ligeramente antes de asentir. "Puedo acompañarlos hacia allá." Y entonces volteo hacia un empleado del hostal que pasaba por ahí. "¡Keiichi! Hazte cargo de la recepción por un momento, voy a atender a unos patrones muy importantes." El pobre hombre apenas tuvo tiempo de asentir antes de que Moritoki prácticamente lo empujara al sitio donde había estado sentado, y luego caminó hasta quedar a la altura de Taiga.

Parpadeando ante aquel espectáculo, Raiga prosiguió con su caminata. El grupo atravesó un largo pasillo que eventualmente les condujo a una terraza. Al lado izquierdo, esta se extendía como una parte más del restaurante pero al aire libre, mientras que a la derecha terminaba en unas escaleras que llevaban a una especie de prado con un par de árboles, rodeado por una cerca con varias puertas.

Shirou no tardó en notar que era la misma que él había alcanzado a ver desde el estacionamiento, y esta vez sí que podía leer los letreros. Había varios, la gran mayoría siendo de colores llamativos como amarillo y rojo y sus mensajes se limitaban a cosas como PRECAUCION, ZONA DE CAZA, NO ENTRAR SIN AUTORIZACION, aunque también habían otros que se limitaban a mostrar dibujos de animales como ciervos y lo que parecían ser cerdos grandes.

"Ahí es donde va a entrar Fujimura-dono, Shirou-kun." Comentó Moritoki, causando que el pelirrojo volteara a verlo. El joven señaló hacia la cerca. "Detrás de eso, es puro monte. Solo se tiene permitido el que entren personas tras haber pagado un poco para poder cazar dos veces al año."

"¿Porque solo dos veces al año?" Preguntó Shirou, extrañado.

"Me alegra que preguntes." Sonrió Moritoki. "Veras, es para que los cazadores tampoco vayan a matar más animales de la cuenta. La cacería no es solo un deporte, también es algo muy importante aquí."

"Shirou-kun, ¿podrías pasarnos la caja que estás cargando?" Preguntó otro de los subordinados de Raiga, quien el pelirrojo recordó que se llamaba Hajime. Miró hacia sus brazos, recordando que seguía sosteniendo aquel objeto y camino hacia los demás, quienes habían dejado sus estuches en una especie de mesa.

Le entregó la caja a Hajime, quien asintió a modo de agradecimiento antes de colocarla en un espacio libre, solo para poder abrirla.

Shirou soltó un respingo al ver el interior.

Balas, todas acomodadas con un orden envidiable dentro del recipiente y brillando, como si fueran nuevas.

CLICK

Escucho como se abrían los demás estuches, y alcanzo a ver a Ryouta y al tercer subordinado extraer de cada uno una forma larga de color cafe, que sostuvieron confiadamente con sus brazos.

"Ah, Ruger Mini-14." Escucho a Raiga comentar. El pelirrojo se volteó, viendo como el abuelo de Taiga sostenía el suyo, casi idéntico a los otros dos salvo por el hecho de que poseía el extremo inferior algo ornamentado con la forma del patrón de las rayas de un tigre.

Se requirió cada onza de la fuerza de voluntad de Shirou el no voltear a ver a Taiga. Por cosas como esas, era inevitable que la pobre estuviera condenada eternamente a estar atada a su apodo.

"Preciso, ligero y fiable. Tal como me gusta, son perfectos para la caza." Declaró Raiga, satisfecho con su rifle antes de dirigirse a sus hombres. "Bueno muchachos, el juego nos espera."

xXx

Las escaleras que conducían hacia el mercado eran bastante largas, algo que provocó que los dos tomarán más tiempo del que pensaban en bajar. El hecho de que estas estuvieran siendo ocupadas por otras personas que buscaban subir no ayudó.

De acuerdo con el reloj de Kiritsugu, aquello había tomado alrededor de unos tres minutos.

Y apenas pusieron un pie en el mercado, el pelinegro pudo advertir que más de una mirada se había posado en él. Algunas eran disimuladas, pero una vasta mayoría habían abandonado toda sutileza en favor de estar completamente atentas a los movimientos de su presencia.

Era de esperarse. De acuerdo con el rubio, era un lugar transcurrido usualmente por casi la misma clientela, por lo que un rostro nuevo se convertiría inevitablemente en un catalizador de atención. Tendría que tener el doble de cuidado ahora.

Si bien Hyouma había comentado que la violencia dentro de las instalaciones no era tolerada, Kiritsugu no había sobrevivido tanto tiempo por descuidar sus instintos de auto-preservación.

Matando inflexiblemente cualquier fragmento de nervios dentro de él, se limitó a mantener su expresión usual, cultivada por la experiencia.

"El chisme es también una buena moneda de cambio aquí." Comento sabiamente Hyouma, quien lucía completamente inafectado por la reacción de las personas que les ponían atención.

"Hablando por experiencia." Kiritsugu mantuvo la sorna en su tono al mínimo, pero igual bastó para que el rubio resoplara con humor.

"Dinero es dinero." Se encogió de hombros Hyouma antes de comenzar a caminar por uno de los pasillos. "Ahora sígueme a menos que quieras permanecer ahí parado como atracción de circo, hmm."

Kiritsugu le hizo caso tras dedicarle una última mirada a quienes no parecían tener intenciones de apartar la suya, y no tardó en adentrarse en el mismo sitio que el rubio.

El pelinegro durante sus viajes había estado ya en varios bazares esotéricos y lugares similares. Al menos, en casi cada ciudad grande del mundo donde hubiera una comunidad mágica se podía esperar que uno o más sitios así fueran establecidos, si es que no lo estaban ya, como era el caso de los más antiguos.

Estaba enterado de la existencia de alrededor de dos docenas repartidos a lo largo de todo el mundo, y justamente con uno en cada continente.

En Europa, existía uno bastante famoso debajo de París en las partes más recónditas de sus notorias catacumbas llamado Royaume des Morts así como otro en Rusia, que era el más grande de los cientos que se encontraban en los territorios anteriormente bajo la influencia de la ya fragmentada Unión Soviética.

En América, había un par en los Estados Unidos cuyo principal exponente se encontraba en algún punto de la ciudad de Nueva York, así como otro con una fama de mala muerte en la Ciudad de México.

En África estaba uno que peculiarmente era un secreto abierto. Akodessewa, en Togo, catalogado oficialmente como "el Mayor Mercado de Brujería y Vudú del Mundo". Cómo es que la Asociación de Magos había tolerado su existencia era un misterio sin resolver aún, aunque Kiritsugu recordaba haber escuchado por ahí que al Instituto Atlas no podía importarle menos tal cosa.

Oceanía contaba con uno bastante famoso en alguna parte de Australia, el cual aparentemente servía también como uno de los mayores centros de compra y venta de especies fantasmales y demás seres sobrenaturales.

Y Asia, pues.

El más famoso se encontraba debajo de la ciudad de Estambul en Turquía pero también había otro en Calcuta, la India y naturalmente, uno que era probablemente el más grande de todos localizado en Shanghai, China.

De todos esos, Kiritsugu había estado en cuatro sin contar algunos más pequeños de Europa y Asia como el que estaba visitando en aquellos momentos. Algunas veces con Natalia, y otras por su cuenta y con Maiya.

Todos compartían una serie de características que los volvían parecidos a sus contrapartes mundanas hasta cierto punto, hasta que uno le echaba un vistazo a los productos, que eran la razón principal de la divergencia.

Cada puesto tenía una mesa, estantes y otros muebles donde ofrecían sus productos. Los que tenían una carpa o una tienda más grande, parecían guardar más cosas de la vista del cliente.

Y vaya que había variedad.

En las mesas reposaban pilas de huesos alargados y retorcidos que a ratos desprendían un brillo ominoso, bolsas que contenían toda clase de polvo y hasta cristales diminutos, cosas como cálices y talismanes de todas las formas y tamaños, y no podían faltar los restos conservados de varios animales.

Los ojos de un tanuki disecado habían sido reemplazados por dos orbes de un metal brillante y sus fauces estaban abiertas de par en par como si estuviera a punto de emitir un alarido.

Arriba de él y colgada como si se tratara de un adorno, había una especie de mano pequeña y rojiza, como si se le hubiera desollado, que se retorcía inútilmente contra sus ataduras.

Del otro lado, había un inmenso y ornamentado espejo, decorado con relieves de dragones y corrientes de aire, que en lugar de mostrar el reflejo de los dos de forma normal, proyectó una especie de ente monstruoso con dos cabezas que se disipó apenas pasaron de este.

Y en frente de ellos, un puesto que parecía más una especie de invernadero exhibía un árbol pequeño que parecía ser normal a simple vista.

Ilusión que rápidamente se quebró cuando el hombre que lo atendía arrojó un ratón a las raíces de este, y estas se alzaran como si fueran serpientes y empalaran al roedor, quien lentamente parecía perder el color a medida que el árbol chupaba su sangre.

Un puesto tenía toda clase de botellas y viales, algunos casi idénticos a los que había visto en el Taller de Saitou Reiroukan así como lo que parecía ser un enorme caldero detrás y hasta un refrigerador.

Lo atendía un joven con facciones andróginas y un cabello descuidado que alcanzaba su cuello, que saludó en silencio a Hyouma.

"Seiji Jinga." Informo el rubio una vez que estuvieron a varios metros de distancia de ese puesto. "Su familia se especializaba en alquimia local, pero han intentado aprender sobre la occidental últimamente. Es un imbécil que se cree la segunda venida de Abe no Seimei, pero tiene buen ojo para la preparación de pociones y otros brebajes, le ayuda el que no suele cobrar tan caro comparado con otros de aquí."

Interesante, pero teniendo ya familiaridad con Sougen, quien tenía experiencia en el campo de los brebajes con fines curativos, Kiritsugu dudaba mucho de tener que requerir a alguien más.

"¿Conoces a todos los que tienen negocios aquí?" Pregunto Kiritsugu con curiosidad.

"Nah, estoy familiarizado con varios." Confesó Hyouma. "Pero estoy seguro de que hay más de un par con quienes jamás he tratado, directa o indirectamente.

De lo que sí estoy al tanto es de sus nombres y ocupaciones, pero no me costaría mucho aprender sus movimientos más importantes o recientes."

"Ya veo." Respondió Kiritsugu. "Este lugar sí que tiene cosas. Creo poder encontrar lo que necesito aquí en lugar de tener que ir de regreso al continente."

"Ughh, que pesado seria eso." Comento el rubio con una mueca. "Y bueno, nunca fuiste muy claro con lo que andas buscando, así que no se a donde apuntarte. Pero descuida, solo vamos a algunos de mis puestos favoritos y con gusto podré decirte a donde puedes perderte."

"¿Y esos son?" Kiritsugu alzó una ceja.

"Justo a la vuelta de la esquina." Indicó Hyouma, y tal y como lo había dicho, ahí se alzaba una carpa algo más grande que el resto. Estaba siendo vigilada por dos hombres apostados en la entrada que tenían cara de pocos amigos, misma que no cambió cuando Hyouma se les acercó para pedir permiso para entrar, cosa que accedieron.

El interior estaba cubierto de jaulas y tanques de vidrio, cada uno con una criatura distinta dentro de este. Lagartijas, monos, serpientes, sapos y toda clase de artrópodos eran exhibidos, como si se tratara de un zoológico o una tienda de mascotas algo exótica.

Salvo por el detalle de que había más de un animal que era todo menos normal.

Una araña con las patas desproporcionadas tan grande como una silla que parecía estar devorando lo que quedaba de un perro.

Un ave grotesca sin plumas ni ojos que trataba de chillar sin éxito alguno en una jaula.

Un tanque de cangrejos color marrón pálido cuyos caparazones parecían tener grabados los rostros de hombres enojados.

Y otros animales de origen claramente sobrenatural.

"Bienvenido al emporio de Nurarihyon." Anuncio una mujer de pelo negro vestida con un suéter color naranja pálido. "¿Algo que pueda ofrecerles, caballeros?..." Alcanzó a decir antes de fruncir el ceño tras posar su vista en Kiritsugu, quien de inmediato sintió una alarma sonando en su cabeza, forzándolo a llevar una mano hacia su cintura.

"Sagara." Gruñó la mujer, cruzándose de brazos. "Y yo que pensaba que las únicas ratas de aquí eran las que tengo en las jaulas."

El rubio había palidecido por un momento antes de alzar una ceja, al parecer reconociendo a la mujer también. "¿Ritsuka?"

"Suse-san para ti." El tono de la mujer no podía ser más severo. Estaba claro que un pleito había tomado lugar entre ambos en el pasado y no parecía haberse resuelto. "Preguntaría qué haces aquí, pero es obvio."

"... No sabía que estabas en Tokyo... O que trabajabas aquí." Rio nerviosamente el rubio, intentando romper la tensión que se estaba formando en el ambiente.

"Llegué hace dos días." Ritsuka comentó, sin cambiar ni su tono ni su postura. "El viejo es un conocido de la bruja de Kuonji-san y se fue de viaje a Hokkaido para capturar a un youkai mas para su colección, hasta que el regrese, estoy a cargo de su negocio."

"Ya veo." Hyouma se mordió el labio inferior antes de continuar. "Mira, lamento mucho el que..."

"Me abandonaste en la alcantarilla con esa estúpida quimera." Gruño Ritsuka. "¿Tienes la menor idea de lo difícil que fue escapar de ahí mientras me perseguía esa cosa? ¡Tome horas para poder salir, y encima cubierta de tanta mugre que ni siquiera con taumaturgia logre deshacerme del hedor por unos días!"

Para su crédito, el rubio se lució avergonzado por un momento antes de suspirar. "Si, lo sé. Me quedé paralizado cuando pasó y solo pensé en huir... Pero, ¿estas bien, no? Cuando te encontré después, no estabas herida y la quimera finalmente se había muerto."

"Me. Dejaste. Ahi." Remarco Ristuka señalándolo acusadoramente mientras que de la punta de su dedo índice comenzaba a brotar una llama púrpura haciendo que Hyouma retrocediera. "Y me las vas a pagar, Sagara..."

Kiritsugu decidió que ya era suficiente y dejó escapar un estornudo falso con el fin de llamar la atención de la mujer, quien volteo a verlo sin soltar el hechizo que estaba a punto de disparar.

"No se que problema tenga con él, pero fue mi inversión pagarle para que me condujera por este lugar." Declaró tranquilamente Kiritsugu. "Y para eso, lo necesito preferiblemente en buen estado. ¿Sería posible que aplazara su desquite con él hasta cuando termine el mío aquí?" Pregunto.

Ritsuka pareció meditarlo por casi un minuto y bajó la mano, solo para dispararle una pequeña bala mágica a Hyouma, quien no alcanzó a esquivarla y dejó escapar un leve gemido de dolor cuando esta alcanzó su vientre.

"¡Agh!" Se quejó, y alzó su cabeza con una expresión adolorida. "¿Por qué?"

"No exageres." Respondió Ritsuka, cuya mirada no podía ocultar el placer que había sentido con eso. "Fue la más débil que puedo conjurar. Ni que hubiera sido un Gandr."

"Ugh, bruja." Musito Hyouma meneando levemente su cabeza. Ritsuka optó por ignorarlo antes de dirigirse otra vez hacia Kiritsugu.

"Muy bien, ¿algo que pueda ofrecerle, señor...?" Preguntó la mujer.

"Ken." Respondió Kiritsugu antes de menear la cabeza y señalar al rubio. "Lamentablemente, el que tenía un asunto aquí es el. Me dijo que una vez que terminara con este y otro, podíamos pasar al mío."

"Ya veo." Ritsuka frunció el ceño levemente antes de asentir. "Bueno, siéntese libre de mirar los productos, Ken-san. Quizás a alguno le llegue a interesar. Iré a conseguir lo que la rata de alcantarilla quiere."

"¿El viejo si accedió a venderlo?" Pregunto el rubio, algo sorprendido recibiendo como respuesta a la pelinegra asintiendo fríamente.

"Está en la parte de atrás. Sígueme." Continuó, antes de caminar hasta perderse entre una hilera de jaulas, seguida por Hyouma y dejando al pelinegro rodeado por las fieras.

Viendo que no tenía nada más que hacer aparte de esperar, se dispuso a echarle un vistazo a sus alrededores para pasar el rato.

Lo que mas estaba cerca era el tanque de los cangrejos, quienes parecían amontonarse entre ellos sin ningún cuidado y cuyos ojos negros no le perdían de vista.

'Shirou probablemente se preguntaría cómo se cocinan.' Pensó con algo de humor, antes de mirar al siguiente tanque donde se encontró con cuatro pares de ojos devolviéndole la mirada fijamente.

La araña gigante parecía haberse comido lo que quedaba del perro desde hace rato a juzgar por la sangre en sus colmillos y los restos brillando por su ausencia. Por ahora se limitaba a permanecer quieta en medio de su prisión.

Las arañas eran animales usados como familiares por algunos magi y en varias ocasiones, estos se encargaban de modificarlas extensivamente por medio de taumaturgia con el fin de moldearlas a su antojo como eficientes herramientas para matar. Natalia le había contado de un magus de su país natal que al caer en desesperación por haber sido etiquetado como Designación de Sellado, se había convertido en una especie de Apóstol Muerto con atributos arácnidos tras haber experimentado con el mismo y los familiares que usaba.

El rastro que los Sicarios de la Asociación y un grupo de Cazarrecompensas siguieron eventualmente les condujo a una escuela en alguna parte de Polonia, donde se encontraron con el horror: el lugar estaba prácticamente infestado con telarañas de proporciones gigantescas y una cantidad masiva de arañas que habían estado devorando los cadáveres de los niños y usándolos como nidos para colocar sus huevos.

Destruir al Apóstol no había sido nada comparado con la titánica tarea de evitar que ninguno de esos animales mutantes alcanzara a escapar bajo el riesgo de causar una masacre peor.

Kiritsugu se preguntó si la araña que estaba viendo en aquellos momentos era algo parecido.

"Vaya que eres fea." Comento, y el arácnido casi pareció haberle escuchado, pues apenas colocó una mano sobre la pared del tanque, esta se alzó sobre sus patas traseras, esgrimiendo sus colmillos mientras escupía una pasta blanquecina contra el.

"Ah, veo que le llamó la atención Kidomaru." Escucho la voz de Ritsuka detrás de él, obligándolo a voltearse. La mujer ya había regresado y lucía algo más calmada.

"Kidomaru." Kiritsugu repitió, echando una rápida mirada a la araña demoníaca quien emitió una especie de gruñido desde su lugar.

"Un Tsuchigumo de dos años. Nurarihyon, el dueño del lugar lo encontró en los bosques aledaños a Yokohama tras seguir un par de leyendas urbanas de una araña gigante vagando por ahí. Al no ser muy grande en ese tiempo, no le costó mucho atraparlo y desde entonces está aquí como una de sus piezas favoritas." Informó Ritsuka antes de señalar a la araña. "Aunque a veces me da escalofríos, creo que mi parte menos favorita es tener que alimentarlo una vez al día."

Kiritsugu asintió. "¿Tsuchigumo? ¿Cómo la araña de la leyenda? Pensé que estaban extintas."

"Si te refieres a las arañas gigantes de antaño clasificadas como Bestias Monstruosas, lo están." Asintió Ritsuka. "Kidomaru pertenece a las que descienden de Oni que se transformaron en una. Podría decirse que es más una especie de demonio con forma de araña pero es más fácil decir que es un Tsuchigumo."

"... Entiendo. ¿Y está a la venta?" Continuó preguntando Kiritsugu.

"Si, si lo está. Pero no envidio la cuenta bancaria del que quiera comprarla." Ritsuka se acercó y le dio una palmadita al tanque. "Este pequeño bastardo tiene un precio arriba de las seis cifras, y la verdad es que le conviene más al viejo tenerlo aquí y cobrar por aprovechar lo que genera."

'Ah, ya veo.' Pensó Kiritsugu. Era lógico, partes de especies fantasmales eran algo muy valioso para magi, y siempre estaban dispuestos a pagar por tener siquiera un trozo de ellas. "¿Y qué es lo que sacan de este?"

"Bueno, la seda es un excelente conductor de energía mágica y es increíblemente resistente. Y su veneno es bastante apreciado por sus propiedades, una amiga de la Facultad de Botánica de la Torre del Reloj casi vende su riñón para comprar suficiente de este como para envenenar a un departamento entero." Comento con algo de sorna.

Aquello llamó algo la atención de Kiritsugu. "La Facultad de Botánica... ¿Usted estudió ahí?"

"Un par de años." Confesó Ritsuka con orgullo. "Sin embargo, no destacaba mucho ahí. Tuve que pasarme a la Facultad de Maldiciones, donde conseguí graduarme bajo el profesor Grazilier con el Rango Cause. ¿Usted estudió en la Torre del Reloj también?"

Kiritsugu negó con la cabeza. No estaba mintiendo, realmente. "No, llevé un curso básico de Fundamentos Generales en Singapur hace muchos años, pero mi potencial sorcerico jamás fue tan alto como para adentrarme más. Trabajo como un consultante para una familia algo influyente del continente."

"Oh, ya veo. Un ex-cazarrecompensas." Dedujo Ritsuka, recibiendo un leve asentir de cabeza como respuesta. "No es raro ver a los de su tipo por aquí, aunque usualmente están en busca de cosas como armamento y esas cosas para sus cacerías."

Kiritsugu reaccionó a eso. "¿Sabría decirme a quién podría dirigirme aquí? Mi asunto va más hacia un equipo de esa categoría."

Ritsuka sonrió. "¿Sabe que, Ken-san? Tengo en mente a la persona indicada para eso."

xXx

Raiga y sus hombres se habían adentrado ya al predio hace más de media hora, siendo acompañados por uno de los empleados del establecimiento. Eso dejaba a Shirou con la compañía de Taiga y Moritoki, quien a ratos se ausentaba cuando algún otro empleado solicitaba su atención, pero siempre regresaba, intentando sacarle conversación a Taiga con poco éxito.

El pelirrojo por su parte, quedaba relegado a ser la tercera rueda.

Algo que quisiera hacer para entretenerse sería practicar su taumaturgia, cosa que no podía hacer en aquellos momentos por obvias razones.

Pensando un poco sobre eso, Shirou dejó escapar un suspiro mientras recordaba que tanto había cambiado su vida desde aquella visita a Misaki.

Si bien no extrañaba para nada la inquietante aurea del señor Makihisa Tohno y tampoco era que había desarrollado un apego por su mansión, no podía olvidar un par de ojos parecidos a los suyos mirándole fijamente mientras le hacían prometer algo.

"¿Regresaras alguna vez?"

Bueno, Kiritsugu le había comentado que tal vez en el verano podrían darse un paseo de regreso hacia ahí, algo que Shirou veía con ilusión.

Pero no estaban ni en Abril aún y el final de Julio se veía muy distante. Así que solo quedaba esperar y seguir con lo suyo.

Para distraerse, enfocó su atención en el paisaje, admirando la diferencia entre lo urbano de Miyama y lo rural de Fukuoka. Podría haber pasado casi una hora mirando la vegetación, antes de que Taiga finalmente dejará de reprimir uno de sus instintos más básicos.

"... Guh, estoy aburrida." Refunfuño la castaña, apoyando su cabeza en una mano.

Moritoki, quien al parecer había estado hablando de una película se quedó callado de golpe al caer en cuenta de que la chica no le estaba poniendo atención y se ruborizó aún más fuerte, muy para la confusión de Shirou.

"¿Qué quieres hacer, Fuji-nee?" Pregunto el pelirrojo.

"Mou, tu deberías de haber preguntado eso antes." Protesto Taiga, usando su índice para picotear una de las mejillas de Shirou. "No se como pudiste quedarte todo este tiempo sin decir nada ahí."

El ojiámbar se encogió de hombros. Había estado aburrido, si, pero en lugar de protestar había preferido mejor descansar ahí.

Algo que Taiga, tan hiperactiva como siempre jamás podría saber apreciar, pero bueno, su pérdida.

"Eh... Hay una sala de juegos en el hostal." Comentó de repente Moritoki. "Casi nunca se usa, pero hay muchas cosas ahí para divertirse, por si quieren ir." Ofreció.

Algo que Taiga inmediatamente aceptó sin darle oportunidad a Shirou de decir algo.

Los tres regresaron dentro del edificio y siguiendo las indicaciones del joven, se dirigieron hacia un segundo pasillo que eventualmente los dejó en una habitación algo grande que estaba llena de sillones y toda clase de asientos.

Era una estancia que contrastaba enormemente con la atmósfera tradicional del hostal, pues casi todo en esta era moderno. Con la excepción de un par de adornos, como un jarrón chino en la entrada y cosas como una serie de máscaras noh colgadas en las paredes, no se parecía nada más al resto del lugar.

Un librero adosado a una pared estaba lleno de revistas viejas, tomos de manga y al menos dos hileras enteras de películas.

Del otro lado, una diana colgaba en la pared y tenía clavada ya un par de dardos en su superficie.

Dos mesas, separadas por varios metros y rodeadas de sillas ocupaban el centro, teniendo muy cerca de ellas una serie de cajones que seguramente guardaban estuches y tableros de juegos de mesa.

Y por último, Shirou distinguió la silueta de una máquina de hockey de mesa idéntica a las que estaban en la Galería de Fuyuki.

"Oh, wow." Taiga exclamó, antes de reparar en un sillón que más bien parecía ser una almohada gigante y se abalanzó sobre este, aterrizando en su esponjosa superficie. "¡Yuju!"

"¿Siempre es así?" Le susurro discretamente el joven a Shirou quien simplemente se limitó a asentir, causando que Moritoki cerrara los ojos antes de preguntar otra vez. "Bueno, ¿algo que quieran hacer aquí para quitarse el aburrimiento? ¿Ver una película o algo? Creo que tenemos casi todos los volúmenes de Yu Yu Hakushou por ahí si no mal recuerdo."

Shirou le dedicó una mirada al librero, pero prefirió mejor enfocarse en la mesa de hockey, la cual señaló.

"¿Podemos jugar?" Pregunto y Moritoki asintió en respuesta. "Oye, Fuji-nee. ¿Quieres jugar ahora hockey de mesa conmigo?"

Taiga casi inmediatamente se levantó de su cómodo asiento, y caminó junto con Shirou hacia la mesa mientras Moritoki encendía el interruptor que activaba la máquina.

No pasaron ni tres minutos antes de que Shirou terminará por ser aplastado bajo el marcador de siete puntos en favor de Taiga contra sus tres, consecuencia de los movimientos frenéticos de la castaña quien lograba atinar dentro de la ranura del pelirrojo el disco casi siempre, pese a los esfuerzos de Shirou por bloquear sus asaltos.

Moritoki jugó después de él, tomando su lugar y la situación dio una vuelta, pues esta vez le tocó a Taiga estar a la defensiva contra los disparos certeros de Moritoki, quien al parecer había estado practicando con esa mesa desde su niñez. Shirou, quien servía como árbitro glorificado y apoyo moral de la castaña. ni tuvo que interferir conforme el joven ganaba punto tras punto, muy para la desesperación de Taiga.

El pelirrojo tampoco tuvo mucho para reírse, pues apenas su hermana postiza perdió, le tocó experimentar en carne propia las descargas de Moritoki.

Pasó casi una hora desde que comenzaron a jugar y el joven local se había coronado como el campeón indiscutible luego de ganar más de nueve juegos seguidos, siendo derrotado solamente por pura suerte una vez por Taiga, muy para el júbilo de esta quien además pareció olvidar el número de triunfos de Moritoki como si el suyo hubiera sido el único.

Y decidió cobrarlo con insistir en realizar otra actividad.

Cuando Moritoki pregunto qué otra cosa quisiera hacer, Taiga se limitó a señalar a la diana en la pared.

El joven había recogido los dos dardos aún clavados en esta, y extrajo de un cajón un estuche el cual terminó por colocar en una de las mesas antes de abrirlo, mostrando que era el contenedor de estos.

"¿Y alguno de los dos sabe jugar esto?" Pregunto Moritoki mientras sostenía uno de los dardos. Taiga asintió rápidamente mientras que Shirou negó con la cabeza, causando que el joven dejara escapar un suspiro. "Muy bien, puedes pasar primero Fujimura-san." Dijo, tras entregarle uno de los dardos.

"Fíjate bien, Shirou." Comentó la castaña, preparándose para arrojar el proyectil antes de morder ligeramente su lengua. "Así es como se logra un tiro al blanco perfecto. ¡Heeeya!"

El dardo salió disparado por el aire, y terminó por clavarse en medio del segundo círculo, para nada cerca del centro de la diana, muy para la sorpresa de Taiga.

"¡¿Ahh?!" Exclamó, quejándose. "¡Dame otro, por favor!" Exigió a Moritoki, quien se encogió de hombros antes de darle uno más.

Taiga frunció el ceño y su rostro adoptó una máscara de concentración casi absoluta mientras sostenía el dardo y lo arrojaba.

Solo para que este fuera a unirse con el primero en el mismo círculo, como si se estuviera burlando de ella.

Taiga dejó escapar un gruñido casi feral y extendió su mano derecha, donde Moritoki depósito otro dado.

Ni diez segundos después, una tercera saeta le hacía compañía a las otras dos en la diana.

Y luego una cuarta.

Y quinta.

Y la sexta.

Y así sucesivamente hasta llegar hasta las dos cifras. La diana ahora estaba plagada de dardos, y ninguno estaba remotamente cerca del centro.

"Bwaahhhh." Taiga se quejó con los ánimos bajos al ver aquello. "¿Que me pasa el dia de hoy?"

Shirou se limitó a darle palmaditas en la cabeza, mientras Moritoki iba a recoger los dardos. "Bueno, Fujimura-san. Creo que puedo decir con seguridad que hoy no fue tu día." Comento, y era obvio que se estaba aguantando las ganas de reírse.

"Buuuuu." Lloriqueo la castaña en respuesta.

"Bueno, Shirou-kun." El pelirrojo se volteó al escuchar a Moritoki dirigirse hacia él. "¿Quisieras intentarlo?"

El asintió y caminó hasta donde el joven le indicó. Este se colocó a un lado de él y puso uno de los dardos en tres dedos de su mano derecha. "Separa un poco tus piernas, más o menos tanto como el ancho de tu cadera, ¿si?"

Shirou obedeció al instante, haciendo que el joven sonriera. "Muy bien, ahora coloca tu pie derecho delante del otro e imagina una línea de este hacia la diana señaló, una vez que lo hayas hecho, haz que tu otro pie apunte hacia otro lado."

Alzando un poco la ceja, Shirou hizo caso otra vez. Moritoki se llevó su mano libre a su mentón, como si estuviera analizando algo y añadió. "Mantén los hombros y las caderas rectos. No te encorves o muevas las caderas hacia atrás, piensa que eres una estatua."

Al ver como Shirou había hecho caso, asintió antes de usar ambos brazos para hacer que el pelirrojo doblara su derecho y tuviera el dardo a la altura de sus ojos. "No agarres el dardo con demasiada fuerza ni lo pongas tenso. Lanzar un dardo no se trata de tener fuerza, se trata de tener control. Y por último, eleva la punta del dardo ligeramente hacia arriba." Indicó, guiándolo con una de sus manos hasta quedar satisfecho.

"¿Y ahora qué?" Pregunto Shirou una vez que Moritoki dejó de dar instrucciones.

Este solamente apuntó hacia la diana. "Ahora, debes lanzarlo."

Los ojos color ámbar del pelirrojo se posaron sobre el punto blanco en medio de la diana mientras se movía lentamente su mano hacia atrás, y finalmente arrojó el dardo.

Este atravesó rápidamente la distancia que lo separaba de la diana y se clavó profundamente en el cuarto círculo, debajo de la meta que él había visualizado.

"Tsk." Se quejó el pelirrojo al ver aquello, sólo para escuchar como Moritoki daba un pequeño aplauso junto con Taiga. "¡Muy bien hecho Shirou!" Le felicito la castaña.

"Nada mal para ser tu primer intento." Admitió el joven con algo de sorpresa. "¿Por qué la cara larga?"

"Quería dar en medio del blanco." Refunfuño Shirou, frunciendo el ceño, causando que Moritoki soltara una risita.

"Ay, chico. Dar en el blanco no es tan fácil, se requiere mucha práctica o una cantidad absurda de suerte para lograrlo." Comentó, antes de señalar discretamente hacia la castaña. "Y esta a veces no sirve, como ya pudiste ver."

Taiga asintió sabiamente, antes de caer en cuenta de que el joven se refería a ella, causando que se ruborizara de la vergüenza.

"Oye, como si tú pudieras hacerlo." Bufo, mientras se cruzaba de brazos indignada.

Moritoki simplemente asintió con una sonrisa jovial antes de tomar uno de los dardos y ocupar el lugar donde Shirou había realizado su intento.

Entonces adoptó una postura idéntica a la que le había indicado al pelirrojo, pero en lugar de mover su mano hacia atrás, simplemente arrojo el dardo tras inclinar su muñeca.

Este viajó a una velocidad envidiable y terminó por quedar fijamente clavado en el mero centro de la diana.

Si la mandíbula de Taiga no hubiera estado pegada a su cráneo, seguramente hubiera ido a parar al suelo tras ver eso.

"..." Una mosca perfectamente hubiera podido haber entrado por ahí y ninguno de los presentes pudiera haber podido evitarlo.

"Wow." Exclamó Shirou.

"¿Te fijaste en lo que hice?" Pregunto Moritoki mientras recogía el dardo. "Hice todo igual que tu, salvo por una sola cosa."

"Tu brazo." Señaló Shirou, "Nunca lo moviste. Solo arrojaste el dardo y ya."

"No exactamente." El joven sostuvo el dardo, adoptando una posición casi idéntica mientras movía levemente su muñeca. "¿Ves? El truco está ahí. Es verdad que debes mover el brazo hacia abajo para arrojar el dardo, pero es la muñeca la cosa que verdaderamente te ayuda a llevarlo hasta ahí."

Entonces se lo pasó a Shirou.

"Ahora inténtalo de nuevo."

El pelirrojo asintió, sosteniendo el dardo con tres dedos mientras se colocaba en la misma posición. Dando un ligero suspiro, separó un poco sus piernas y coloco su pie derecho hacia adelante, permaneció firme mientras dirigía su otro pie hacia un costado, y con sus ojos trazó una línea imaginaria hasta la diana.

Colocó su brazo derecho enfrente de él, y lo dobló con tal de que su mano quedara a la altura de los ojos antes de elevar ligeramente la punta del proyectil.

"La muñeca, nunca descuides la muñeca." Le recordó Moritoki.

Shirou cerró su ojo izquierdo mientras se concentraba en el centro y apretó un poco más el dardo con sus tres dedos. Por un breve instante, la habitación de juegos del hostal y sus demás ocupantes desaparecieron, dejándolo solo en medio de un espacio en blanco, teniendo solo a la diana de compañía.

Lentamente, comenzó a doblar su brazo ligeramente hacia atrás, dejando que la cola del dardo quedará a escasa distancia de su ojo.

Los latidos de su corazón casi podían escucharse a medida que balanceaba el proyectil entre sus dedos.

Entonces Shirou movió el brazo hacia adelante sin olvidarse de inclinar la muñeca, soltando así el dardo que salió disparado y terminó por clavarse dentro del círculo blanco del centro.

El ojiámbar se quedó boquiabierto al ver aquello mientras sentía como Taiga lo abrazaba por la espalda, felicitándolo. "¡Muy bien hecho, Shirou!"

"Gracias, Moritoki-san." Agradeció el pelirrojo, solo para que el joven negara con la cabeza. "No hay de que. Llevo años jugando con estas cosas, no veo porqué no compartir lo que he aprendido hasta ahora con alguien más."

"¿Oh?" Taiga inclinó levemente su cabeza a un costado mientras soltaba a Shirou. "Los que juegan contigo han de maldecir lo bueno que eres."

"Jajaja, ojala." Respondió el joven mientras se llevaba una mano a la nuca. "La verdad es que era muy raro que alguien lo hiciera. Al menos en arrojar dardos, la mayoría de las veces yo era el único con quien podía jugar. A casi nadie le interesaba."

"¿Ah? ¿Por qué? Si es divertido." Pregunto Taiga, un poco confundida.

Viendo que los dos parecían estar enfrascados en una conversación, Shirou se encogió de hombros y caminó hasta la diana, de donde sacó el dardo que había arrojado, sonriendo satisfecho por su resultado.

Se dirigió hacia la mesa donde estaba el estuche con los demás dardos, y estuvo a punto de dejar este con el resto de la pila cuando alcanzo a ver una silueta más en el fondo de este. Intrigado, se asomó y pudo apreciar un dardo muy distinto al resto.

Tenía un mango muy largo, completamente envuelto en un trozo de tela vieja con un anillo en la cola, y la punta era una hoja triangular y lisa que parecía conservar su filo.

Más que un dardo, era más una especie de cuchillo y que por alguna extraña razón se le hacía realmente familiar.

Lo agarró del mango antes de levantarlo y comenzó a inspeccionarlo con curiosidad, llamando la atención de los otros dos.

"Shirou,¿que tienes ahí?" Pregunto Taiga, antes de que sus ojos se posaran en el cuchillo y lo reconociera. "'¿Un kunai?"

"Ah, esa cosa vieja." Moritoki suspiro al verlo. "Olvidé que estaba ahí. Solía ser parte de la decoración de una sala de estar hace años, pero mi madre lo saco de ahi y fue a parar junto con el resto de los dardos."

"¿Dónde lo compraron?" Pregunto Shirou, aun inspeccionando la daga.

"No lo sé. Ha sido parte del hostal desde siempre, mi bisabuelo coleccionaba antigüedades y este kunai aparentemente era parte de las que él compraba. Mi abuelo me contó que una vez su viejo afirmó que era de sus piezas más antiguas, pero la verdad es que jamás hemos creído eso."

"¿Será que si es de verdad?" Taiga apoyo uno de sus dedos en la hoja de este. "Tal vez fue el arma que un valeroso ninja usó en su última misión." Bromeo, mientras fingía tomar el cuchillo y arrojarlo tal y como había visto en una película vieja.

"Jajajajaja, lo dudo mucho." Moritoki meneo con la cabeza. "Los kunai eran en su mayoría herramientas de jardinería y albañilería. Lo fueron desde mucho antes que los ninja existieran y lo siguieron siendo cuando estos desaparecieron. Lo más probable es que fuera la herramienta de algún siervo que se perdió hace años y la encontró cualquier embaucador, que luego se la vendió a mi bisabuelo."

Al notar como Taiga lo estaba agarrando, añadió. "Además, a diferencia de lo que las películas muestran, los kunai no eran armas arrojadizas. Por su forma, son más útiles para apuñalar algo."

"¿Ahh? ¿O sea que no sirven?" Era como si a Taiga le hubieran destrozado una ilusión.

"Eh, alguien que haya practicado cientos de veces con eso quizás pudiera usarlos así." Ofreció el joven de manera pensativa. "Pero siendo sincero, no veo a alguien haciendo eso sin desesperarse."

"Oh, ya veo." Asintió la castaña, aunque se notaba que estaba ahora algo decepcionada por la revelación.

Moritoki entornó los ojos por un minuto en lo que una idea se formaba en su mente, y asintió para sí mismo, aparentemente satisfecho con el resultado.

Colocó una mano en el hombro de la castaña y dio una palmadita sobre este.

"Ya, ya." La consoló. "Vamos, déjame invitarte una bebida, ¿quieres?"

Poco le faltó para saltar de alegría cuando Taiga aceptó la propuesta.

"Shirou, ahora regreso. ¿Vas a querer algo?" Le pregunto al pelirrojo quien negó con la cabeza. "Esta bien, guarda esto y los demás dardos mientras, ¿si? No tardo."

El ojiámbar se quedó solo en la sala de juegos y se encogió de hombros mientras dejaba el kunai en la mesa, y comenzaba a meter los demás dardos dentro del estuche.

No le llevó ni un minuto acomodarlos en este, y estaba por hacer lo mismo con el kunai.

'¿Serás de verdad o no?' Pensó, mirando al viejo cuchillo con curiosidad. Moritoki había dicho que lo más probable era que no, pero no tenía forma de averiguarlo.

Pero Shirou si.

Era algo que había descubierto por accidente mientras estaba cocinando. En una de sus muchas lecturas sobre la Taumaturgia de Reforzamiento, Kiritsugu le había dejado claro que los efectos de este no se limitaban solo a amplificar los atributos físicos de un objeto.

Si, lo más básico era hacer que una hoja de papel se volviera lo suficientemente dura para que la punta de un lápiz se rompiera si intentaba apuñalarla con este, pero esa era solo la punta del iceberg.

Kiritsugu había cambiado un foco viejo del cobertizo con ayuda de Shirou, y el pelirrojo por pura curiosidad había intentado reforzarlo.

Aparte de que este no se rompió (Un buen testamento de que sus esfuerzos en la práctica no habían sido en vano), la luz emitida por este era mucho más brillante que incluso la del nuevo.

Aparentemente, Reforzamiento aplicado a la comida podría aumentar el sabor. Y era obvio que con solo saber eso, el que Shirou lo llegara a intentar era inevitable.

Sin embargo, cuando intentó emplear Análisis Estructural para leer la estructura del platillo que acababa de reparar, se llevó una sorpresa enorme cuando este se enfocó en el cuchillo que había dejado a un lado. Y lo que estaba leyendo no era la familiar forma de este, sino todas las veces que él lo había manejado para cortar algo así como un par de veces en las que Taiga o Kiritsugu lo habían hecho.

Viendo que Kiritsugu había comentado que el Análisis Estructural era algo bastante inútil, Shirou razonó que no valía la pena contarle a su padre tal cosa. Viendo su historial, quizás era algo normal y que Kiritsugu había asumido que ya había descubierto.

Pero el pelirrojo había quedado algo sorprendido por este, e intentó hacer lo mismo con otros objetos, obteniendo una gama de resultados diferentes.

Leer uno de los lápices que había usado para sus prácticas no le dio nada más que el haber sido sostenido por él y Kiritsugu un par de veces así como haber sido expuesto a un flujo de energía mágica.

Leer la mesa de la sala de estar fue confuso, y solo alcanzo a captar un par de veces en las que alguien había dejado algo encima de esta.

Leer la manija de la puerta del baño le había dejado ver cuántas veces había sido abierta en los últimos días.

Pero, cuando intentó hacer lo mismo con la shinai de práctica que usaba en Kendou contra Taiga, fue como si pudiera revivir todas las veces en las que había sostenido la espada de madera, casi tan claro como si lo hubiera visto en video.

Experimento lo mismo con las demás shinai del lugar, y pudo ver en menos grado las veces en las que él las había agarrado, así como Taiga e incluso Kiritsugu. No tan vivido como con su predilecta, pero servía de pista suficiente para que el pelirrojo pudiera notar un patrón.

Si se esforzaba un poco, era capaz de leer algo de la historia de objetos en los que usaba Análisis Estructural. Pero a menos que se concentrara mucho, esta salia desordenada y le daba detalles que no entendía.

Sin embargo, algunos de esos problemas desaparecían si intentaba hacer lo mismo con cosas que parecieran tener una hoja o al menos con cuchillos y al parecer, espadas de madera.

No era como si de golpe pudiera saber todo sobre el objeto, pero si obtenía una vista más ordenada de su historia.

Y viendo que un kunai no era más que un cuchillo glorificado, Shirou confiaba en poder resolver el enigma de su historia sin muchos problemas.

La puerta estaba cerrada, y Taiga y Moritoki tomarían en regresar. El solo tenía que activar sus circuitos y concentrarse en el kunai, no debería de tardar ni un minuto.

El martillo del revólver se disparó en su mente, causando que la cálida sensación de sus circuitos mágicos envolviera su cuerpo, pero lejos de dejar que le distrajera, el pelirrojo se limitó a colocar su mano sobre la hoja del kunai antes de recitar su Aria.

"Trace on."

Sus ojos miraron la cuchilla sin parpadear y se entornaron, como si quisieran perforarla solo con la vista, y entonces se adentro al abismo de la historia del kunai.

Pudo ver sin problemas como el y Taiga lo habían agarrado, así como una imagen borrosa de alguien metiéndolo dentro del estuche, seguido de eso alcanzó a ver una silueta más sosteniéndolo varias veces como si se tratara de un juguete al igual que lo dejaba abandonado en un estante.

Shirou frunció el ceño, y presiono el análisis con tal de leer más.

El kunai fue cambiado de manos varias veces más, y una de las imágenes menos borrosas que vio no fue otra que esté siendo usado como un clavo improvisado para una viga, lo cual le hizo suspirar.

Bueno, misterio resuelto. Tal como Moritoki lo había afirmado, no había nada de especial en la historia de este.

Estuvo a punto de soltar el análisis, de no ser porque las imágenes nubladas comenzaron a sufrir de algo que comparó con la estática de una televisión.

'¿Ah?' Pensó Shirou, perplejo ante el fenómeno que nunca antes había experimentado.

Docenas de imágenes en estática se manifestaron hasta finalmente revelar una medio clara que mostraba al kunai tener una cuerda atada en su anillo y ser arrojado contra una pared.

Alguien pareció ascender por medio de esa cuerda como si practicara alpinismo y una mano pálida y cubierta con vendajes y pliegues negros recogió el kunai de donde estaba clavado.

La cuchilla pareció chocar con las hojas otras mucho más largas, siendo manejada hábilmente por su portador, quien luego la arrojó como un dardo hacia alguien, logrando apuñalar su brazo.

Solo para tirar de la cuerda, acercándolo rápidamente al portador quien...

Shirou dejó escapar un respingo ante la brutal escena que acababa de ver.

Otras escenas mostradas eran casi iguales. El kunai siendo usado como un arma contra otras y una herramienta más para escalar e incluso cegar la vida de alguien.

Pero entonces, estas parecieron arremolinarse y lentamente su atmósfera se tornó en algo más.

Comenzó con el color. Un rojo profundo inundó el ambiente de cada memoria, hasta el punto en que Shirou no veía nada más que una pantalla carmesí que parecía estar goteando como si se tratara de un charco de sangre.

Shirou intentó soltar el análisis, pero este parecía haber quedado inmerso en la visión de tal manera que no podía desactivarse, dejando al pelirrojo a la deriva de un mar escarlata.

Un escalofrío recorrió la espalda del ojiámbar cuando pudo sentir a algo más moviéndose en ese mismo mundo.

No podía verlo y mucho menos escucharlo, pero tenía un presentimiento de que estaba ahí, y lo estaba viendo.

"̵̘̘̫̌̾ş̵͕̠̱͕́̈́̾S̷̮͔͕͔̘̐͗͊̓͘͜͝s̸̠͇̮͉̞̙̟̥̎͌̂͊̅͝S̷̨̤̜̙͎̻̟̈́͒͊̈́̉̚s̷̹͎͓͙̒́͗͝S̶̮̩̀̐̃͛̾ṣ̷̪̹͉̌́̍͂S̷̗̙̚s̶̩̳͍̙̻̝̼͒́̏̓͒̏̈̈́ͅṢ̶̘̳͚̏͊͌̏̅s̷̥͚̤̗̄̉~̸̢͓̀͑"̶͚̙͖̥̩̖̲̋̇̈́̀͊͋̕͘

Un siseo monstruoso resonó por toda la estancia, haciéndole apretar sus dientes mientras intentaba soltar el análisis otra vez sin éxito alguno.

"̵̘̘̫̌̾ş̵͕̠̱͕́̈́̾S̷̮͔͕͔̘̐͗͊̓͘͜͝s̸̠͇̮͉̞̙̟̥̎͌̂͊̅͝S̷̨̤̜̙͎̻̟̈́͒͊̈́̉̚s̷̹͎͓͙̒́͗͝S̶̮̩̀̐̃͛̾ṣ̷̪̹͉̌́̍͂S̷̗̙̚s̶̩̳͍̙̻̝̼͒́̏̓͒̏̈̈́ͅṢ̶̘̳͚̏͊͌̏̅s̷̥͚̤̗̄̉~̸̢͓̀͑"̶͚̙͖̥̩̖̲̋̇̈́̀͊͋̕͘

El siseo regresó, con el doble de fuerza, llenándolo de un pánico inmenso que solamente aumentó al sentir como ese algo se estaba acercando.

"̵̘̘̫̌̾ş̵͕̠̱͕́̈́̾S̷̮͔͕͔̘̐͗͊̓͘͜͝s̸̠͇̮͉̞̙̟̥̎͌̂͊̅͝S̷̨̤̜̙͎̻̟̈́͒͊̈́̉̚s̷̹͎͓͙̒́͗͝S̶̮̩̀̐̃͛̾ṣ̷̪̹͉̌́̍͂S̷̗̙̚s̶̩̳͍̙̻̝̼͒́̏̓͒̏̈̈́ͅṢ̶̘̳͚̏͊͌̏̅s̷̥͚̤̗̄̉~̸̢͓̀͑"̶͚̙͖̥̩̖̲̋̇̈́̀͊͋̕͘

Cerró los ojos, tratando de conjurar una y otra vez en su mente la imagen del martillo siendo disparado a medida que el pavor amenazaba con hacer estallar su corazón.

No quería mirar, no quería mirar.

"̵̘̘̫̌̾ş̵͕̠̱͕́̈́̾S̷̮͔͕͔̘̐͗͊̓͘͜͝s̸̠͇̮͉̞̙̟̥̎͌̂͊̅͝S̷̨̤̜̙͎̻̟̈́͒͊̈́̉̚s̷̹͎͓͙̒́͗͝S̶̮̩̀̐̃͛̾ṣ̷̪̹͉̌́̍͂S̷̗̙̚s̶̩̳͍̙̻̝̼͒́̏̓͒̏̈̈́ͅṢ̶̘̳͚̏͊͌̏̅s̷̥͚̤̗̄̉~̸̢͓̀͑"̶͚̙͖̥̩̖̲̋̇̈́̀͊͋̕͘

La sorpresa hizo que abriera sus ojos, topándose con la misma pantalla roja y sin señal alguna de algo más.

Pero entonces...

"̵̘̘̫̌̾ş̵͕̠̱͕́̈́̾S̷̮͔͕͔̘̐͗͊̓͘͜͝s̸̠͇̮͉̞̙̟̥̎͌̂͊̅͝S̷̨̤̜̙͎̻̟̈́͒͊̈́̉̚s̷̹͎͓͙̒́͗͝S̶̮̩̀̐̃͛̾ṣ̷̪̹͉̌́̍͂S̷̗̙̚s̶̩̳͍̙̻̝̼͒́̏̓͒̏̈̈́ͅṢ̶̘̳͚̏͊͌̏̅s̷̥͚̤̗̄̉~̸̢͓̀͑"̶͚̙͖̥̩̖̲̋̇̈́̀͊͋̕͘

El infernal siseo sonó una vez más, pero no provenía detrás de su espalda ni de ambos costados.

Venía desde arriba.

Shirou alzó su rostro y se topó con el horror.

El cielo, si es que así se le podía denominar a la espesa cortina rojiza que lo cubría todo estaba siendo ocupado por una mole inmensa y negruzca de la cual surgían ocho cuellos titánicos y abultados que terminaban en ocho cabezas igual de repulsivas que abrían sus fauces de par en par, mostrando las hileras de colmillos y los abismos a los que conducían.

"̵̢̢̢̳̞͇̜̥̯̮͔̣͔̼̤͕͈̳̼̼̹̙̫̜̘̳̗̖͔̲̳̹̳͙̅̽͋͗̈́̅̀͊̌͒̎̅́͑̋͋̋̂̄̈́̄̈́̿͜ś̵̛̗̳̺͓͙̱̙͉̤̩̲͈͙̠̩͙͎̼̃̍̋̇̄͛̓͂͆̆̐̓̊̀̇̄͛̉̂͒͛͝ͅŞ̸̧̢̞̜̺͔̘̯̹̙̟͍̺͕̮͎̼̗̩̞̝̹̲̣͙̳͓͔͎̦̞̩̟̣̯̟̰͕̞̼̆͌̏̓͗͒̆͗̃̌̔̀̐͌̓̔͂̆̈́̌̒̑̐̋̊̏̕̕͜͜͝͝͝͝͝ͅs̸̨̢̡̛͇̦̣͎͚̝̪͙͕̬̟̳̮̠͉͎͉̳̤͍̪̭̬̻̱̠̫̤͖̲̞̳̦̪̪͖͑͆̋̇͆͆̈́̀̾́̀̊̒̓̓̀̉̋͊̌̃̑͐̓̀̀̈͒̈́̽̇͒̔̇̚͘͘͘͘͘͜͝ͅͅŜ̷̺̺̥̞̩͍̣̜̝̫͕̝̤̥͈̝̖̳͙̜̘̱̱̪͕͚͉͖͚̗̭͚̱͈͍̝̦̲̱̖̩͚̰̯͍̈́̽̂́̇̽͌̏̽̂̈́͊̔̈̽͂̉̓̎̔͛̊̀̈͛̋͋̍͊͌̏́̒̑͘͝͝s̸̡͖̱͔̙̺̙̔̉̅̈́̒̓̃̏̈̍̍͋̈̿̓͑̃͗͊͘͝S̴̢̨̢̨̡̬̣͓̩̻̟̠͈͕̱͖̗͈̝̱̺̺̬̼̫̣͈̖͚̫̘͗̾͜s̴̨̧̡̡̧̛̪̪̥̝͎͖͉̪̞͎̗͚̮̠̙͖̗̻͔̣͔͚̜͉͕̱̭͉̮͇̝͙̳̻̰͕̯̲̠͇͗̍̑̐͛̈́͛̀̐̑͑̄̍̋̓̐͑̇̏̓̾̀͛̑̃̒͒͊̔́̅̎̈͊́̕͘̕̚̚͜͝͠͝Ş̴̤̙̣͕̟̱̽͊͊͑̋̾̈́̈́s̵̛̬̪͖̣͔̪̖͇̲̤͓͕̟̩̪̺͕͍̦̣͍̭̞̩͓̱͐͐̌̽̔̓̔͂̈́̐̾̎̃͆̅̒̈́͝Ş̷̡̜̯̺͖͇̦̳̜̩̱̟̘̤̯͇͓̥̱̯̼̖̙̰̬͙̟̜̈́̎̉͂͊̓͜͠ͅͅs̵̢̨̢̻͓̥̱͎̖̘̯̙̣͍͎̪̬̤̳̮̻̲̫̥̝̯͈̪̒͆͐̀̾̄͛͛̑̄̍͝͝ͅ~̷̢̧̢͚̣̝͍̠͕͍̲̱̻̺̫͈͇̗̱̫̘͕̙̜̖̦̜̹̤̲̼̯͍̳͋̽̄̇̑̈̓̓͝͝ͅ"̵̢̢̧̨̧̧̢̧̻͈̝̯͙̣̮̩̙̠̘̻̣̩̱̣̟̘̝̫̬̫͖͓̭͉̺̥̦̮̝͉̦̺͔͌̆́̍̽̔̕̕͜͝͝

Sisearon las ocho cabezas, antes de descender desde las alturas rápidamente, todo mientras Shirou no podía hacer nada más que gritar y gritar...

"Ugh." Shirou abrió los ojos de golpe y dejó caer el kunai sobre la mesa. Aparentemente, en algún punto de la visión lo había agarrado y levantado frente a él.

"¿Que rayos fue eso?" Se preguntó mientras se rascaba la sien, algo adolorido por la sensación. Primero había estado viendo un poco de la historia reciente del kunai, pero luego esta le había mostrado escenas violentas de uno de sus dueños quien al parecer había sido un ninja y de la nada...

Todo se había vuelto rojo, y él había quedado atrapado ahí con la visión de una serpiente demoníaca de múltiples cabezas...

¿Qué demonios significaba eso? ¿Qué tenía que ver esa cosa con el kunai? Más que encontrar respuestas, Shirou se había topado con más preguntas.

Su cabeza le ardía, era como si hubiera contraído fiebre de la nada o...

Sus ojos se abrieron como platos al darse cuenta de que sus circuitos mágicos seguían activos y emitiendo una constante firma de energía mágica. Firma que si bien nadie normal podría notar, alguien con un sentido como el suyo o acostumbrado a lidiar con temas así lo captaría de inmediato.

Rápidamente, desactivo sus circuitos tras imaginar el gatillo en su mente y dejó escapar un suspiro de alivio cuando este funcionó, a diferencia de como en aquella visión.

Y hablando de ello.

Shirou echó un vistazo más al kunai que yacía sobre la mesa con una mirada algo angustiada. Había mordido más de lo que podía masticar con eso, y si bien no le había pasado nada más allá de un susto, no debía de tentar su suerte la próxima vez.

"Voy a tener que contarle a Kiritsugu." Razono con una mueca, mientras suspiraba una vez más. Qué día, justo cuando había pensado que todo iba a ser normal en este.

Justo en ese momento, la puerta se abrió revelando a Taiga.

"Shirou, vamos a comer. El abuelo regresó hace rato, y puso a cocinar el jabalí que cazo."

El pelirrojo vio su interés aumentar y camino hacia la castaña, a decir verdad, si tenía algo de hambre.

Estaba a medio camino, cuando parpadeo al ver en su mente aparecer un nombre de la nada, uno que parecía haber venido de las memorias borrosas del kunai.

Chiyome.

xXx

"¿Kaburagi?" Hyouma entorno los ojos tras escuchar ese nombre. "No me extraña que Ritsuka sepa de él. Muchos de sus proveedores son gente que practica la Brujería y otras formas de Magia Negra. Aunque no creo recordar haberle vendido algo alguna vez."

"¿Sabes en dónde encontrarlo?" Pregunto Kiritsugu. Habían salido ya de la tienda hace varios minutos, luego de que el rubio entregará un fajo de billetes a la joven y refunfuñara sobre el alto precio de lo que sea que había comprado.

"Está lejos de esta zona, pero si." Respondió Hyouma, frunciendo el ceño mientras echaba una ojeada a otra tienda cercana que estaba llena de gente.

"¿Pasa algo?"

"No, nada. Solo esperaba echar una parada en otro puesto para preguntar si tenían algo que preferiría tener que comprar que hacerlo yo mismo, hmm." Hyouma meneo su cabeza antes de encogerse de hombros. "Bueno, no importa. Los que atienden ese lugar parece que están bajo asedio, puedo venir otro día."

Caminaron hacia otro pasillo ocupado por puestos similares a los que Kiritsugu había visto ya pero con una que otra diferencia. Vio un biombo que mostraba un paisaje paradisiaco, que rápidamente se torno en uno grotesco apenas alguien colocaba una mano en su superficie, una especie de muñeco esquelético adornado con harapos negros y teniendo un talismán negro con un ojo abierto en medio así como también a una serie de jarrones que parecían estar hechos de cráneos enormes y burdos, con colmillos gruesos y deformes.

"Hechos a base de un oni." Le comento Hyouma tras notar que los estaba viendo. "Qué desperdicio, en mi opinión. Ni sirven como pisapapeles."

Kiritsugu resopló, imaginando el comprar uno solo para enviárselo a Makihisa. La reacción de este al recibir algo así sería memorable... O quizás el magnate optaría por colocarla en la parte más recóndita de su estudio como un adorno exótico.

Tal vez debería intentarlo.

Todo rastro de humor desapareció de su mente cuando una silueta se perfiló enfrente de él de la nada. Un hombre alto, ataviado con un impermeable táctico color negro, con un cinturón rodeado de varios compartimientos y unos guantes pesados del mismo color, teniendo solo sus bordes de un amarillo vibrante. Pero su rasgo más distintivo, estaba en la parte superior de su cuerpo.

Justo donde se abría el cuello del impermeable, una especie de casco cubría por completo su cabeza, no dejando ni un solo centímetro de piel expuesta. La mitad superior de este era la de una esfera color amarillo con dos protuberancias colocadas en el mismo lugar de los ojos así como con dos líneas de agujeros de forma rectangular apostadas de forma diagonal varios centímetros arriba de estas.

Pero era el visaje debajo de la mitad inferior del casco lo que hizo que Kiritsugu se pusiera en alerta.

Por debajo de esta, sostenida por una estructura color gris opaco se extendía una especie de mandíbula decorativa con los dientes de un dorado opaco, que era separada por dos segmentos estratégicamente colocados hacia el frente, casi como provocando la ilusión de que se trataba de tres bocas. El que tres puntas se extendieran desde su mentón no ayudaba al inquietante visaje que mostraba.

Kiritsugu también pudo ver al menos cuatro tubos surgiendo desde la nuca del casco y descendiendo dentro del impermeable.

Para terminar, la persona sostenía con ambas manos un rifle de asalto que el pelinegro identificó como un AMP-69 de manufacturación húngara y que había recibido un par de alteraciones en el cañón y la culata.

El hombre no pareció advertir su presencia y meramente continuó con su caminata por el pasillo.

"Ya estamos cerca." Comentó Hyouma tras ver como este se perdía entre los transeúntes.

"¿Qué fue eso?" Pregunto Kiritsugu en voz baja.

"La razón por la que dije que ya nos falta poco para llegar con ese hombre." Respondió el rubio de una forma inusualmente cautelosa. "Esos solo están en los alrededores de su sitio, que nos hayamos topado con uno nos lo confirma."

Dejó escapar un suspiro antes de continuar. "Son los que mantienen el orden en el predio de Kaburagi. Aparecieron hace un par de meses, al parecer como un grupo de mercenarios bajo su sueldo y que además sirven para hacer demostraciones de algunos de sus productos. Les llamamos Hornets." Admitió, como si tuviera ganas de escupir.

Kiritsugu volteo discretamente, como si todavía pudiera ver la silueta del que había visto y frunció el ceño.

No tomaron mucho tiempo hasta que se toparon con otro, prácticamente idéntico al anterior salvo por el detalle de ser más bajo por un par de centímetros.

Este no les hizo caso alguno, permaneciendo apostado a un lado de una pared, pero fue el único que siguió con aquella actitud.

Pues cuando llegaron al final del pasillo, que conducía a una carpa mucho más grande que otras, de ambos lados de este surgieron otros dos que se quedaron parados en los costados de la entrada, siguiendo cada movimiento de ellos, muy para la molestia de Hyouma, quien señaló hacia esta.

"Aquí es." Anuncio. "Te sugiero que entres ya, seguramente esta con otros clientes y mientras mas te tardes, mas vendran otros."

"¿No vas a seguirme adentro?" Pregunto Kiritsugu, algo extrañado.

"No gracias, me pone nervioso estar cerca de los Hornets. Estaré viendo qué cosas hay cerca. Si te tomas mas de una hora, me largare, eso te lo dejo claro." Respondió Hyouma mientras colocaba ambas manos en sus bolsillos y comenzaba a caminar a lo lejos.

El pelinegro suspiro, pero internamente se sentía algo aliviado. Si bien había mantenido constantemente la fría faceta que solía llevar como el Asesino de Magos desde su primer encuentro con el rubio, también se había tomado la libertad de alterar un poco sus manierismos con el fin de lucir como una persona un poco diferente.

No creía poder darse el lujo aquí.

Ignoró a los guardias que parecían mantener su atención en él pero sin emitir sonido alguno, y se dirigió hacia el interior tras abrir la puerta.

Si el Emporio de Nurarihyon había sido grande, esta tienda era prácticamente inmensa.

Al igual que la otra carpa, está también tenía animales de origen sobrenatural en exhibición. Con el detalle de que no solo no estaban en jaulas, también estaban muertos.

Disecada y colocada en una pared, estaba una criatura del tamaño de un adulto promedio que parecía tener el cuerpo de un gran felino de aspecto feroz, el cual se tornaba grotesco con la mitad del cuerpo de una cabra estando unido del costado derecho de este, y para rematar la naturaleza del cadáver, en lugar de colca no tenía otra cosa que el cuerpo de una serpiente de escamas verde sucio y unas fauces amenazantes.

Había pasado tiempo desde que había visto una, pero Kiritsugu inmediatamente la reconoció como una quimera.

Del otro lado del lugar y siendo no menos terrible, otra bestia disecada se encontraba contra la pared. Una mole de músculos de cuatro patas que bien podría ser confundida por un oso pálido y barbado, de no ser por los cientos de pliegues y tentáculos lamosos que brotaban de su cabeza, algunas partes de sus piernas y su cola, así como la falta de ojos pero la presencia de una boca perturbadoramente parecida a la humana.

Una bestia demoníaca, estaba seguro de eso. Pero Kiritsugu no tenía ni idea de que podía ser más allá de eso.

Otras cosas podían verse a lo largo de la estancia. Lo que parecía ser una puerta de piedra con incrustaciones de hierro forjado que formaba una especie de patrón geométrico y la efigie tallada de una calavera con dos tibias cruzadas. Un estante con libros de varios colores, con algunos emitiendo un aura que era mejor ignorar. Un maniquí con cableado roto que colgaba de una viga como si se tratara de un ahorcado. Una especie de anillo formado con segmentos cúbicos con un patrón luminoso en sus caras que daban vueltas sobre su propio eje como si se tratara de un giroscopio, y un tanque lleno con un líquido viscoso que contenia una esfera carnosa con tentáculos inertes.

Kiritsugu ignoró todas esas cosas, y se abrió paso por el laberinto de mercancía hasta alcanzar lo que parecía ser un escritorio cubierto con parafernalia mágica y otros objetos que no alcanzó a reconocer, a diferencia de lo que estaba colgado en la pared: Armas de fuego.

Pistolas, rifles, escopetas y toda clase de piezas de artillería de varios países estaba en exhibición, y no podía reconocer una buena parte, lo que significaba que o eran productos nuevos y recientes o estaban extensamente modificados.

"¿Puedo ayudarle con algo?" Escucho una voz pomposa hablar.

Con calma, Kiritsugu volteo hacia su derecha, topándose con un hombre fornido de mediana edad, bien vestido y con unas pequeñas gafas circulares. En una mano llevaba una botella de cerveza a medio consumir, mientras que en la otra un celular.

"Kaburagi-san, ¿cierto?" Pregunto el pelinegro cortésmente, a lo que el hombre asintió.

"Ese soy yo, pero me tiene en desventaja... ¿Señor?" Interrogó Kaburagi.

"Ken Nakamura." Respondió sin titubear Kiritsugu, causando que el otro hombre frunciera el ceño.

"Nakamura, Nakamura. No recuerdo a nadie con ese apellido agenciando una cita recientemente." Kaburagi musito más para sí antes de encogerse de hombros. "Pero si entro aquí con mi nombre ha de ser por algo. ¿Qué se le ofrece?" Pregunto una vez que se abrió paso hasta quedar detrás de su escritorio.

"Vine aquí a revisar equipo nuevo para mi trabajo." Respondió Kiritsugu serenamente. "Me dijeron que usted es el único de este lugar que puede venderme lo que busco."

Y entonces extrajo de su gabardina por el cañón la familiar forma de su Thompson Contender, el cual depositó en el escritorio enfrente de él.

Kaburagi le echó un vistazo mientras alzaba una ceja, y una sonrisa complacida se posó sobre sus labios al caer en cuenta de que se trataba.

"Ah, ya veo. Tengo justo lo que necesita aquí, Nakamura-san." El comerciante dejó escapar una risita mientras comenzaba a inspeccionar el revólver. "Hmm, esto si que es algo que no se ve todos los días." Comentó antes de sostener el arma tras asegurarse de que tuviera el seguro puesto.

"Americana del 1967, una Thompson Contender de un solo tiro para competencia deportiva." Recito Kaburagi, pasando una mano por el cañón. "Tiene algunas modificaciones a lo largo de este que permiten usar varios tipos de municiones y parece que una buena parte de los mecanismos complejos fueron tuneados. ¿Usted fue quien hizo los ajustes?"

Kiritsugu negó con la cabeza. "No, solo comisione a un armero para que la alterara según mis especificaciones, pero tengo una idea sólida de cómo manipular algunas de sus funciones."

"Ya veo, ya veo." Kaburagi chasqueó los dedos, activando un pequeño campo delimitado que bloqueara sonidos fuertes y sostuvo y apuntó con el revólver a la pared de su izquierda. Apretó el gatillo, y casi al instante la pistola estuvo a punto de escaparse de su mano por la fuerza del disparo.

El perdigón quedó clavado en un punto de la pared, donde dejó una serie de grietas.

"Nada mal." Comentó el comerciante, antes de preguntar. "'¿Con que estaba cargada?"

"Balas .30-06 Springfield." Fue la corta respuesta del pelinegro.

Los ojos de Kaburagi se abrieron ligeramente detrás de sus gafas antes de depositar el revólver sobre la superficie del escritorio.

"Eso explica las modificaciones. Es un arma brutal, tendrá capacidad para un solo tiro, pero este garantiza un daño máximo contra el pobre diablo que lo reciba." Kaburagi meneo la cabeza. "Un buen disparo de esta seguramente perforaría una defensa taumatúrgica promedio por puro poder bruto."

Kiritsugu asintió. Bueno, una de ellas había bastado para atravesar un par de capas de mercurio reforzado del Código Místico de Kayneth.

"No es la única pieza de trabajo que tengo, pero sí la más viable. Me imagino que podrá intuir porque."

"Me lo imaginaba." Kaburagi abrió un cajón en su escritorio del cual extrajo un pequeño estuche, cuyo contenido se reveló como unas balas de calibre algo menor. En silencio, abrió el compartimiento para munición del Contender y colocó una de estas dentro antes de presentárselo a Kiritsugu y señalar hacia la pared donde él había disparado momentos antes.

El pelinegro sostuvo su revólver con su posición acostumbrada de disparo, y apretó el gatillo. Un segundo perdigón formó un boquete pequeño en la pared apenas lo hizo.

"Balas de última generación modificadas con taumaturgia que cuando son expuestas a un pulso ignífugo, activan un hechizo que que endurece su volumen y les permite alcanzar una fuerza de impacto muy por encima de su calibre normal." Explicó Kaburagi con una sonrisa casi feral. "Yo las llamo Doryuuga. Pero si es quisquilloso con eso, su nombre real es Svyagotor Gvozd."

"¿Tienen un límite de mejora?" preguntó Kiritsugu, intrigado por la naturaleza de las balas mágicas.

"Uno puede verter algunas unidades de prana en su interior para potenciar los efectos del hechizo." Respondió el comerciante antes de encogerse de hombros. "Sin embargo, existe el riesgo de que la bala explote y se convierta en metralla si la energía mágica resulta contraproducente cuando se dispara."

Era mucho pedir que fueran así de confiables, aunque en retrospectiva tenía sentido. Había una razón real por la que las armas, los cañones y otras piezas de artillería no combinaban bien con la taumaturgia. Algunos dirían que era el resultado de que las armas de fuego fueran una de las herramientas más modernas y un símbolo de la era actual, la del misterio que enfrenta su declive, sin embargo, esa no era toda la verdad.

La pólvora en sí fue un invento nacido de la taumaturgia. Una sustancia que fue registrada por primera vez en la historia durante los primeros siglos del primer milenio de la era común de la antigua China por un alquimista, que también estaba fuertemente implicada como un producto del pasado lejano.

Sin embargo, el desarrollo de armas con pólvora negra fue cuestión de tiempo, y les tomó milenios declarar virtualmente obsoletas a las espadas, lanzas, arcos y otras formas de armamento antiguo en materia de conflictos militares.

Sí, era cierto que se podía decir que las armas de fuego, que eran uno de los bordes sangrantes de la modernización, eran el arquetipo del asesinato del misterio global y que cualquier magus orgulloso de las tradiciones estaría en todo su derecho a despreciarlas, sin embargo, la verdadera razón por la que no era apreciadas yacía en factores más prácticos.

Las armas de fuego eran objetos complejos con estructuras y mecanismos únicos. Una pistola se puede encantar y convertir en un código místico, o incluso crearse como tal desde el principio. Sin embargo, las muchas piezas que llevan no son aptas para canalizar energía mágica y eso provocó desastres que fueron una pérdida de esfuerzo, materiales e incluso algunas vidas.

Tratar de usar una pistolas mejoradas con taumaturgia sonaba fácil en papel. Aplicarlo en práctica con la misma eficacia o esperando resultados mejores, era un fastidio tremendo.

"Ya veo." Respondió Kiritsugu. "¿Sería posible comisionar balas de ese tipo con el calibre que acostumbro a usar?"

"Hmmm." Kaburagi se atusó su escasa barba pensativo. "Sería muy costoso si no hay demanda de estas. Los Doryuuga no son precisamente municiones baratas y los fabricantes tendrían que ajustar las medidas que utilizan para estas. Por un precio, podría comentarle tu sugerencia a un contacto mío y se podría llegar a un acuerdo."

'Oh, estoy seguro.' Kiritsugu pensó, reprimiendo las ganas de poner los ojos en blanco. El comerciante sí que parecía tener una amplia experiencia en su negocio. El pelinegro reconocería en donde sea un intento como ese de sacar dinero fácil.

"¿Y usted qué me recomienda?" Preguntó, colocando una zanahoria metafórica frente al otro hombre, cuyos ojos emitieron un leve brillo teñido con el fantasma de la avaricia.

"Su Thompson Contender es una excelente herramienta de caza, eso no lo niego." Afirmó Kaburagi mientras se volteaba, examinando la hilera de armas de fuego que tenía colgadas ahí, buscando una en particular. "Carga con un golpe muy intenso, y estoy seguro de que con varias de las balas que tengo en mi surtido, sería una cosa de temer, pero..."

"¿Hmm?" Silenciosamente presiono Kiritsugu.

"Francamente Nakamura-san, es un fósil. Es demasiado pesada, está limitada a ciertos tipos de munición y sus mejoras implantadas apenas son suficientes para permitirle disparar balas mágicas. Eso y que solo permite un disparo por carga." Kaburagi meneo la cabeza con desaprobación mientras finalmente encontraba lo que estaba buscando, y lo colocaba a un lado del Contender. "Permítame presentarle a esta belleza."

Kiritsugu miró hacia abajo y admiro la forma de una pistola completamente forrada en pintura negra. De no ser por el mango de esta y algunas partes de la culata sin alterar, no se hubiera dado cuenta de que clase era gracias a las modificaciones a las que había sido sometida en su cañón.

"M1911." La identifico el pelinegro, pasando su índice por el mango. "¿Qué tan diferente es de una normal?"

"Su nuevo cañón permite disparar balas de calibre superior sin problemas. El casquillo es muy sólido, y no requiere de mucho mantenimiento." Comenzó a señalar Kaburagi. "Posee también una corretera alargada en la guarda, que permite el agarrarla fácilmente incluso en un clima extremo, pero esos son solo los detalles mundanos."

El comerciante sonrió nuevamente antes de colocar su mano sobre la pistola. Casi al instante, esta emitió un leve brillo y pareció casi burbujear mientras que para la atónita mirada de Kiritsugu, comenzaba a cambiar forma.

El cañón se hizo un par de centímetros más largo y hasta más ancho, al igual que el resto de la pistola. En menos de un minuto, era un arma de fuego fundamentalmente diferente.

"Conozca a la MDJ-09. La más reciente de las armas de fuego que han conseguido tener un hechizo de reforzamiento positivo estable en toda su estructura." La levantó antes de ofrecerla a Kiritsugu, animándolo a probarla con sus propias manos.

"..." Ahora Kiritsugu honestamente estaba sorprendido. Literalmente había estado pensando en las razones por las cuales las pistolas jamás habían sido ampliamente difundidas entre usuarios de taumaturgia solo para que minutos después le presentaran algo que había creído imposible.

De haber tenido una herramienta así durante sus días como el Asesino de Magos, sobraba decir que varios de sus trabajos no hubieran sido tan difíciles.

"El reforzamiento aplicado en esta, ¿Qué tan fuerte es?" Pregunto nuevamente.

"Su resistencia es impresionante, podría soportar varias toneladas encima sin recibir el menor rasguño. También la velocidad de cambio de las balas es muy superior, y lo mejor es que el hechizo no causa problemas con su manejo, ni siquiera usando balas mágicas." Afirmó Kaburagi. "Ya he tenido varios clientes comprando paquetes enteros de estas, y todos han estado muy impresionados con su desempeño. Y no es la única, tengo en mi inventario otros tipos con modificaciones parecidas."

El recuerdo de un rifle de asalto semiautomático modificado en manos del primer Hornet que había visto llegó a la mente de Kiritsugu, quien parpadeo antes de preguntar. "Me imagino que los que portan esos guardias de usted pertenecen a esa categoría."

"Ah, mis preciosos avispones." Kaburagi asintió. "Si, aunque esos rifles húngaros que llevan son más un experimento que cosas a la venta. Estoy seguro que en un mes o dos los tendré al alcance de posibles compradores interesados de aquí."

"No envidio a quienes tengan que enfrentarse a una lluvia de balas disparada por esos sujetos." Comentó Kiritsugu, "Especialmente si son como las Doryuuga."

"Oh, no. Claro que no." Kaburagi se permitió soltar una carcajada. "Las Doryuuga son bastante especiales. No creo que alcancen a disparar una sola sin que el cañón explote desde adentro. Están equipadas con otro tipo de balas que igual cumplen bien su propósito."

"Entiendo." Asintió Kiritsugu. "Estoy interesado en la MDJ-09, pero antes quisiera saber que otro tipo de municiones tienes a la venta."

"Buen hombre, con mucho gusto." Kaburagi casi de inmediato abrió otros dos cajones. "Amplia variedad tengo aquí. Balas hechas a base de dedos de magi muertos y plagadas con maldiciones, perdigones perforadores que pueden desmantelar taumaturgia básica, balas de bruja que atrofian los órganos desde adentro y hasta viejas balas de plata que solo los cristianos parecen usar últimamente... Pero aquí tengo algo que estoy seguro que le va a interesar."

Extrajo otro estuche con cartuchos de bala algo anticuados. Abrió uno de ellos, revelando el polvo negro que rápidamente se pudo identificar como pólvora y lo señalo. "Esto es algo más simple, pero bien puede ser hasta mejor que casi cualquier otro tipo de bala."

Kiritsugu, que conocía muy bien el hedor de esta no tomó mucho en captar cómo había algo diferente en la que emitía la que el comerciante le estaba ofreciendo. "¿Que le hicieron a la pólvora?"

"Tiene partículas de éter mezcladas encima. Eso amplifica brutalmente la combustión si se le aplica una carga." Explicó Kaburagi con una sonrisa conocedora. "Y si tiene algun hechizo simple de fuego, el resultado es decenas de veces mejor."

"¿Qué tan fuerte?" Pregunto Kiritsugu.

"Un par de disparos con esto pueden matar a una bestia demoníaca de clase baja, incluso si es natural." Aseguro el mercader antes de señalar a la bestia disecada del lado opuesto de la quimera. "Con solo tres de estos bebés, esa cosa mordió el polvo."

El pelinegro le echó un vistazo a la criatura y dejó escapar un silbido de apreciación. "Me estaba preguntando qué era esa cosa, creía que era el experimento fallido de alguien que terminó por ser cazado."

"No, son un tipo raro de bestias demoníacas que aparecen solo en algunas partes de América del Norte. Son fáciles de controlar para alguien experimentado y sirven bien como guardianes." Explicó Kaburagi antes de añadir. "La compra y venta de especies fantasmales vivas no es mi mercado, ese dudoso honor le pertenece al viejo Nurarihyon aquí y seria un desperdicio que llegará a meterme, pero eso no significa que no pueda adquirirlas muertas y venderlas a quienes las pidan."

"Pude notarlo." Comentó Kiritsugu señalando a otras partes de la tienda. "Su negocio igual parece que es bastante amplio."

"¿Pensaba que solo me dedicaba a la venta de armas mágicas?" Preguntó divertido el comerciante. "No ha de haber pasado mucho tiempo aquí entonces, soy el mercader mas prospero de la region, seria tonto que me dedicara a una sola cosa."

"Mi 'guía' no lo menciono. Solo me indico donde estaba este lugar y se marchó a otro lado." Negó con la cabeza el pelinegro. "Y vaya colección hay aquí. Hace tiempo que no suelo ver uno, pero eso de ahí es un autómata europeo de los viejos. Pensé que habían sido casi todos destruidos." Señaló al maniquí colgado.

"Se lo compré a un magus griego que huía a Australia." Respondió Kaburagi antes de añadir mientras señalaba a las dos bestias disecadas. "Es un bonito adorno junto con esos dos. Aunque las dos fieras son más un trofeo de que mis ventas producen resultados."

"¿Y qué más tiene a la venta?" Preguntó, mirando con particular atención a otras partes como el estante repleto de libros que o estaban encantados o bien podrían contener información valiosa mágica.

"Algunos grimorios y otros libros de hechizos, como puede ver ahí." Señaló Kaburagi al estante. "Restos de especies fantasmales, especialmente de bestias demoníacas en buen estado, y productos más exóticos."

Kiritsugu no ocultó su interés en lo último. "Ya veo, ¿y sería posible que me mostrara algunos? Aun si no captan mi interés, quizás mis empleadores despierten uno cuando vaya a reportarme. ¿Y quien sabe? Puede que consideren contactarle para hablar de negocios."

"Jejeje, sabía que usted me caería bien, Nakamura-san." Kaburagi casi estaba frotándose ambas manos, seguramente imaginando una pila de dinero en camino. "Sígame, que tengo maravillas que mostrarle." Dijo antes de caminar fuera de su escritorio y presionar un botón en la pared que Kiritsugu no había alcanzado a notar.

Un par de segmentos de la pared se separaron, mostrando un boquete que conducía a una habitación secreta que a juzgar por algunas de las cajas apiladas de manera ordenaba en un rincón, parecía servir como una especie de almacén.

Las paredes de este tenían aberturas cerradas tras paneles de vidrio tras los cuales reposaban otros objetos que no había visto para nada en la tienda.

El más cercano contenía viales de cristal con el fondo esférico y un corcho como tapa, que contenía un líquido demasiado rojo para ser sangre con algo parecido a un feto diminuto reposando en medio.

Otro panel contenía botellas con una forma algo más recta cuyo interior era un polvo brillante color dorado con uno que otro destello rosado.

Pero fue un tercero, al que Kaburagi se acercaba, el que llamó más su atención. Detrás de un panel más reforzado que el resto, yacía una hilera entera de viales con una forma extraña. Más que contenedores transparentes con una forma definida y hasta estética, parecían estar tallados del mismo cristal de una manera burda. La cubierta era un punzón de metal dorado, igual de pobre trabajado y el interior...

Un líquido vibrante de un rojo ponzoñoso estaba contenido dentro de estos, provocándole un mal presentimiento a Kiritsugu apenas le puso la mirada encima.

"¿Eso es?"

"Líquido cefalorraquídeo mágico." Respondió Kaburagi, dándole una palmada al panel. "Es una droga experimental capaz de mejorar temporalmente la calidad de los circuitos mágicos. No tengo muchos viales en la reserva porque al menos unos seis han sido comprados ya por algunos de mis clientes predilectos."

"¿Mejorar la calidad de los circuitos? No me extraña, conozco familias que pagarían una fortuna por un cargamento entero de viales así." Kiritsugu entorno sus ojos mentalmente. "Quien sea el artífice de esta fórmula, seguramente ha de estar amasando una cantidad insana de dinero."

"No tengo ni idea de quién se trata." Kaburagi acomodo sus gafas en la punta de su nariz. "Uno de mis proveedores es quien me las suministra y se queda con la mitad de los ingresos. Es política mía el no hacer muchas preguntas de igual manera."

"Una medida más que cautelosa." Aprobó Kiritsugu, mientras le echaba una mirada más a los viales. "Es un producto bastante llamativo Kaburagi-san, y estoy seguro de que mi empleador principal estará más que interesado en este. ¿Tiene algo mas por aquí que pueda comentarle?"

"Bueno, esos de ahí son homúnculos en blanco de Europa Central." Dijo señalando a los frascos que contenían embriones. "No se requiere de un alquimista para activarlos y con solo exponerlos a una fuente de prana, se volverán sumamente obedientes al magus que coloque su firma sobre ellos."

Kiritsugu les echó una mirada, y meneó ligeramente la cabeza en señal negativa. Sin contar al que había matado en la Mansión Edelfelt, el pelinegro honestamente no creía que pudiera manejar a esos seres luego de su historial con Iri.

"¿No?" Kaburagi señaló al panel siguiente, donde rezaban los frascos rectangulares con el polvo brillante dentro de estos. "Polvo dejado atrás por las alas de hadas de Europa. De primera mano, se lo aseguro."

Eso hizo que Kiritsugu alzara una ceja. Productos provenientes de las hadas no eran realmente comunes, y mucho menos en Asia. El precio de algo así sería mucho mayor de cualquier cosa que quisiera comprar y honestamente, era bastante inútil para alguien como él a menos que quisiera venderlo.

Cosa que solo atraería atención equivocada sobre él, y eso era algo que por obvias razones planeaba evitar a toda costa.

"Interesante, irá a la lista de cosas que mi empleador seguramente tendrá deseos de adquirir. ¿Seria esto todo?"

Por un momento, parecería que era así y estaba casi preparado para salir del almacén y proceder a comprar la pistola y algo de munición con el fin de poder largarse.

Pero Kaburagi simplemente sonrió antes de frotar la gema en medio de su anillo. Un compartimiento más se abrió detrás de él en dos secciones, exponiendo su contenido.

Y le tomó cada onza de su voluntad a Kiritsugu el no lucir extremadamente sorprendido.

Porque lo que le devolvió la mirada del otro lado de la bóveda fueron docenas de ojos distintos, conservados dentro de frascos perturbadoramente familiares y ornamentados. Y a juzgar por el color de la iris de todos así como uno que otro patrón único en ellos, no quedaba duda alguna de que se trataban de...

"Ojos Místicos..." Prácticamente declaró Kiritsugu, dando un tentativo paso hacia adelante.

"Una pequeña parte de mi colección." Continuó Kaburagi, claramente orgulloso por el hecho. "Poseo de Encantamiento, de Ilusión, de Compulsión, de Atadura, de Flama y hasta de contrato aquí. Todos excelentes, y dispuestos a ser vendidos o intercambiados por otros de mayor calidad."

"¿Oh? Mi maestro siempre ansío el llegar a poseer uno de rango dorado bastante raro." Comentó Kiritsugu, adoptando una expresión casi zelote que lucía completamente antinatural en su rostro. "Kaburagi-san, seré recompensado generosamente si logro tener mano en conseguirle uno y estoy seguro de que usted recibirá un justo pago."

"¿Uno de rango dorado?" Kaburagi dejó escapar otra carcajada. "Nakamura-san, poseo más que solo uno de esos en mi posición. Consígame una audiencia con su empleador si este mantiene su interés, y será todo un placer ayudarle." Afirmó, mientras comenzaba a caminar hacia la salida siendo seguido por el pelinegro.

"Me parece perfecto." Respondió Kiritsugu. "Confío en que el surtido selecto cuente con opciones prometedoras para mi señor." Término, antes de señalar a la caja de balas cargadas con pólvora alterada.

"Quisiera cuatro estuches de estas, y la MDJ-09." Se decidió antes de echarle una mirada al paquete olvidado de las Doryuuga. "Aunque considere que regresare en el futuro por estas."

"Ja, estoy seguro de eso." Respondió Kaburagi antes de empezar a sacar cuentas de los productos que el pelinegro se había decidido comprar. "Serian unos 486,332 yenes por todo."

Un precio bastante razonable, Kiritsugu pensó mientras extraía un fajo más de billetes verdes del interior de su gabardina y los colocó a un lado de sus adquisiciones.

Kaburagi los tomó antes de murmurar un hechizo en voz baja y observar detenidamente los billetes. Transcurrido casi un minuto, se vio satisfecho con el resultado y los aceptó antes de indicarle a Kiritsugu que ya podía tomar sus compras.

"Ahhh, como adoro el olor a verdes americanos frente a mi." Suspiro Kaburagi antes de guardar celosamente a estos dentro de una caja fuerte debajo de su escritorio. "No es por despreciar a nuestra ilustre moneda, pero los dólares siempre serán bienvenidos aquí. Puedo esperar buenos negocios si los clientes están dispuestos a pagar en estos."

"Debe realizar bastantes con los americanos en ese caso." Comentó Kiritsugu, mientras guardaba la pistola y los dos estuches dentro de su gabardina.

"La Asociación de Magos no tiene tanta presencia en los Estados Unidos, así que algunos lugares ahí son un paraíso para varios magi que han escapado de las garras de esta. Hay fuerzas del submundo que cooperan fuertemente con ellas como la Familia Scladio o la Marble Trading Company, quienes alcanzan a los de mi tipo desde el otro lado del charco para conseguir recursos para sus protegidos." Kaburagi meneo la cabeza. "Por su interés, pensaba que sería un afiliado de alguna de ellas, pero tengo mis dudas."

Fue el turno de Kiritsugu de menear la cabeza. "No, no trabajo para ninguno de los grupos de América y tampoco estoy con la Asociación."

"Ya veo. La Mansión Espiral entonces, porque los del Buró del Onmyou en un presupuesto establecido por el gobierno." Dedujo el mercader. "Y como no luces como uno de sus matones, has de ser un consultante de alguna de las familias de ahi, ja."

"Precisamente." Asintió Kiritsugu. "Y me aseguraré de informarles de sus productos. Si me disculpa, me retiro de aquí. Agradezco su tiempo."

"Por nada, hombre. Regrese pronto si requiere de algo." Respondió Kaburagi, apenas el pelinegro se daba la vuelta hacia la salida, solo para detenerse en seco cuando escuchó como este le hablaba otra vez.

"Espere un minuto. ¿Qué le parecería ir por unas cervezas en la tarde para poder discutir negocios luego de que le haya informado a sus patrones?"

Kiritsugu se volteó, encarando al traficante y pareció considerar la propuesta por un par de minutos antes de asentir.

"Me parece bien." Respondió, pero por dentro sintió un hueco en su estómago.

'Voy a tener que tener una larga llamada con Makihisa.'


A/N: Originalmente, este capítulo iba a concluir la estadía de Kiritsugu dentro de Tokyo, pero viendo que faltaban tres escenas más, lo consideré innecesario y preferí mejor el alargar el Arco un poco más con el fin de refinar detalles de este.

Puedo decir que la escena final iba a ser la introducción de otro de los protagonistas de la historia, eso sí. Pero me temo que su llegada a Tonton no Tatakai tendrá que esperar.

Mientras tanto, este capítulo ha introducido una miríada de personajes de varias entradas del Nasuverse. Algunos tendrán un rol en la historia, otros serán solo cameos, ¿quién sabe?

El mayordomo principal de los Ryougi, quien personalmente es uno de mis favoritos de Kara no Kyoukai pese a no tener mucho tiempo en pantalla.

El magus que invocó a Hassan of the Serenity en Fragments, y que murió al instante por tocarla. Se me hizo muy gracioso darle una pequeña interacción con Hyouma, pues ambos fueron 'Masters' de un Servant Assassin que los mato antes de que pudieran participar en sus respectivas Guerras del Santo Grial xD

Tienen que apreciar la ironía.

Ritsuka Suse de Mahoutsukai no Yoru, un personaje bastante olvidable, pero que decidí meter aquí para no romper mis lineamientos sobre OCs. No esperen mucho de ella por ahora.

Y también, Kaburagi y los Hornets que muchos reconocerán seguramente de la Singularidad de Shinjuku de Grand Order. ¿Qué puedo decir de ellos? Pues, o amaran lo que estoy planeando, o lo odiaran.

Hablando de eso, desde Kara no Kyoukai se nos ha hablado del submundo sobrenatural del Nasuverse, y pese a los acercamientos de Case Files, Adventures of Lord El-Melloi y Strange Fake, jamás hemos tenido una vista muy clara de este.

Así que nuevamente me ha tocado tomar la pluma de inventarme Lore, como pueden ver con este pequeño mercado negro de Tokyo así como los demas mencionados por Kiritsugu.

Sobre la ultima escena de Shirou, pues.

La idea original era que fuera introducido al tiro al arco aquí, pero deseche eso por la complejidad. Pero igual necesitaba algo similar, y pues surgió este Sub-Plot que me dio varias cosas: Una introducción del pelirrojo a los proyectiles, otra a las cuchillas y un pequeño guiño a algo que voy a explorar en un futuro arco.

Y de paso, dejar mas o menos claro como funciona una parte del Análisis Estructural empleado por Shirou, el cual en muchos Fanfics lo dejan como un Plot Device que a veces es un Hax y en otras es convenientemente olvidado.

Hay otras cosas que quisiera mencionar del capítulo. Pero honestamente, estoy agotado. Así que dejaré la nota hasta aquí.

Espero hayan disfrutado el capítulo. Nos vemos en el siguiente.

- Sukracharya 26/08/21