A/N: Regresamos, después de casi diez días. Huh, nada mal. Creo que ya le estoy agarrando al ritmo, y lo mejor es que cada vez me siento más satisfecho con lo que escribo.

Con el capítulo anterior, llegamos ya a las 100,000 palabras. Me sorprende, pensé que me tomaría al menos unos doce o trece capítulos para poder llegar a esa marca, pero ahora veo que tengo la meta de llegar a 200,000 dentro de varios meses a lo sumo. También note que ha sido el capítulo que más reviews ha recibido hasta ahora, lo cual me alegra mucho.

En serio, no hay cosa que más anime a un escritor que recibir comentarios de su trabajo. No puedo terminar de agradecerle a todos los que se molestan en dejar una Review.

Es por eso, que voy a responder todas las que que fueron escritas desde que su público el capítulo anterior:

Giuseppe: Para escribir esa parte, tuve que pasar al menos un par de días recorriendo todas las menciones de armas de fuego dentro del Nasuverse, darme una vuelta por un par de fanfics que lidiaban con el tema y sacar mis conclusiones.

Dentro del Lore de mi Fic (Por así decirlo), es posible encantar armas de fuego, pero no realmente fácil ni dos justificaciones, pero no las expandí mucho:

a) Las armas de fuego al final del día son un mecanismo relativamente simple derivado de tecnología, y que cuentan con varias piezas hechas de materiales cuyo conducción de energía mágica (Aun si no es en forma de hechizos) es muy pobre. Junta la reacción de las distintas firmas de prana de estas con las de la pólvora, y obtienes una bonita explosión.

Se requieren de procesos muy largos, costosos y difíciles el poder crear un arma de fuego que cuente con varias modificaciones mágicas, y que no vaya a explotar cuando la uses xDDDD

Procesos que pocas personas estarían interesadas en invertir dinero, recursos, tiempo, esfuerzo y habilidad.

b) Porque hay un rechazo simbólico de por sí latente a las armas de fuego normales por parte de la cultura de los magi. Esto está justificado en cierta forma por ese viejo comentario de Nasu de que "las armas de fuego diezmaron la posibilidad de los Espíritus Heroicos siendo creados".

Eso, y porque sería algo muy gamebreaker a estas alturas del Fic. Pero, esta historia va a ser muy larga y va a avanzar poco a poco hasta que tenga mis garras en buena parte del Nasuverse.

Así que no será la última vez que el tema de estas armas sale a relucir.

maxtime: Puedes respirar tranquilo, porque te garantizo que no vamos a ver nada remotamente monstruoso de escala Fate/Grand Order hasta dentro de mucho tiempo aquí. Concuerdo con que el Nasuverse brilla más dentro de la atmósfera de sus orígenes y no pienso descuidar eso.

Pero, soy un fiel creyente de que las cosas deben evolucionar gradualmente dentro de una historia de este tipo. Por lo que el viaje de Tonton no Tatakai nos conducirá inevitablemente hacia lo más extremo, solamente cuando todas las condiciones estén ya establecidas.

No antes.

Y si, no he jugado el Remake aun (Pero quiero), solo me he dado una vuelta por Beast Lair para ver los spoilers, y vaya que valió la pena esperar tanto.

GustavoIVS: Gracias, gracias. Lo que más me apasiona de la idea de estar escribiendo esto es la oportunidad de expandir el de por sí ya rico mundo del Nasuverse y conectarlo aún más. Algo que sólo Case Files y su secuela, así como Strange Fake parecen estar haciendo fuera de Grand Order.

Es en parte, irónico. Es el Submundo Mágico, la entrada de este Fic a su trama. Quiero creer que mi originalidad es apreciada.

Who-Cares-About-That: Wow, gracias. Es la segunda vez que han comentado por aqui que les recordó a From Fake Dreams xD

No voy a negar que ese Fanfic me ha inspirado hasta cierto punto, y tiene sentido. Es el más largo del Nasuverse (O bueno, Fate en específico) que existe en este sitio, sigue actualizándose desde hace diez años y que ha logrado concluir la Quinta Guerra del Grial dentro de la trama. Amado por unos, odiado por otros, las opiniones difieren.

Pero la influencia que tiene este sobre mi historia no es más que por un par de detalles que otras historias han adoptado. Respeto enormemente el trabajo de Third Fang y me gusta pensar que tengo más creatividad que solamente imitar lo que él ha creado ya.

Agradezco enormemente lo que has dicho. Me motiva el seguir escribiendo.

The King of Fakers: Concuerdo con lo segundo que dices.

Sin contar The Saga of Shirou's Summons de Pallan Minerva, una colección de relatos cortos de Shirou con otros Servants aparte de Saber Arturia (Muy excelente, recomiendo leerla), son muy pocas las historias donde el pelirrojo cuenta con otro Servant.

He visto con Okita, con Jeanne, con Nero (Joder, vaya mar de Saberfaces), con el trio de las valquirias, con Scathach y hasta con Jack the Ripper.

Y sobre lo primero. Yep, Yamata no Orochi, o al menos una facsímil suya que Shirou alcanzó a ver dentro del Kunai de Chiyome debido a la maldición de su Clan.

Pero te puedo garantizar que esa kunoichi no sera Servant de Shirou en la Quinta Guerra del Grial.

Ya, vamos a empezar con el capítulo.


AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.


Clave:

'Pensamientos.'

"Diálogo."

Especial

"Voz sobrenatural/Resaltado"

"Taumaturgia."

Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ


Konton no Tatakai

Capítulo Ocho

"Bala Demoníaca"


Rin Tohsaka no necesitaba reflexionar mucho para saber en qué momento su vida había alcanzado a tomar el rumbo que tenía ahora.

Nueve años atrás había nacido en una muy buena familia con padres amorosos y un año después había obtenido una cariñosa hermana menor. Con todo lo anterior, uno creería que su infancia sería increíblemente feliz y durante los primeros seis años así fue.

Hasta que un día, su padre había anunciado a la familia que su hermana dejaría de ser parte de la familia y pasaría a ser adoptada por otra.

Fue ese mismo día en que se le había revelado al alcance real de la naturaleza de su familia. Una de magi, una de buscadores de conocimiento y practicantes de las artes mágicas.

Y no una cualquiera. Los Tohsaka, el Clan en el que había nacido tenían el honor y deber dual de gobernar la tierra y sus propiedades mágicas de toda la ciudad y un par de regiones a la redonda, así había sido desde hace casi doscientos años.

Pero una posición así requería poder, y tal poder conllevaba una responsabilidad. Una responsabilidad de cargar con preceptos tradicionales que no podían ser rotos.

Su padre lo explicó de la mejor forma posible. Dentro de una familia de magi, solo puede haber un heredero que cargue con los frutos del trabajo de sus antecesores y a pesar de haber sido bendecido con dos hijas, cada una teniendo un potencial superior al suyo, no cambiaba nada el hecho de que tendría que renunciar a una.

Pero, una familia cercana que fungía como viejos aliados de la suya había ofrecido adoptar a su hermana menor debido a la falta de un su padre, aquello había sido como un regalo del cielo.

Esa fue la última vez que vio a su hermana, y tuvo que pasar un año entero para acostumbrarse a su ausencia. Año durante el cual su padre finalmente la había iniciado a los misterios de la taumaturgia y las prácticas cultivadas por sus ancestros.

Pero eso tampoco duró.

Su padre debía de cumplir con un deber más como la cabeza del Clan Tohsaka en el ritual que era la Guerra del Santo Grial.

El mismo evento por el cual su familia había sido creada. La razón por la cual se habían adentrado al mundo iluminado por la luna.

Ninguna de las partes del nombre estaba de adorno. Verdaderamente había sido una guerra, y si estas eran horripilantes de por sí, una siendo librada por magi no podía ser más que una auténtica pesadilla.

Una que se llevó a su padre, y le arrebató el brillo a su madre.

Dos años habían pasado desde aquello.

Su madre, Aoi había sido una mujer serena y afectuosa en el pasado. Ahora, era difícil saber en qué estaba pensando dado el caso en que había terminado con un trauma lo suficientemente intenso como para dejarla en un estado invalido, tanto físico como mental.

Naturalmente, no podía ser una ama de casa en ese estado, por lo que una parte del capital del Clan Tohsaka había sido destinado a contratar a una mucama con el fin de que el cuidado y aseo de la residencia de estos no fueran descuidados.

Y en cuanto a quién realizaba aquellas decisiones, bueno.

"Rin." Alzó la cabeza al escuchar la voz del guardián designado por su padre. Se topó con el rostro permanentemente estoico de Kirei Kotomine, quien se dirigía a ella de la misma forma de siempre. "Debo discutir un par de cosas con tu abuelo. ¿Por qué no te das un paseo por ahí? No es muy sano para una niña de tu edad el permanecer quieta en un rincón."

"Como si te importara mucho, sacerdote falso." Respondió la niña con coletas, solo para que el hombre meneara la cabeza sin que su expresión cambiara en lo más mínimo, muy para la molestia de Rin, quien en los cuatro años de conocerlo jamás había conseguido sacar ni una queja de este.

Kirei Kotomine. Su guardián legal y la persona responsable del Clan Tohsaka, o al menos hasta que ella se convirtiera en adulta. Un antiguo aprendiz de su padre que en su testamento, había sido nombrado como la persona a quien le confiaba los asuntos de su hacienda y otras cosas.

Entre ellas, la educación mágica de su hija.

Recibir instrucción por parte de él era muy diferente a como había sido con su padre. Kotomine era crudo, clínico y hasta mecánico en su tarea, estando más interesado en contemplar sus prácticas más que en leer la teoría. Nada que ver con los consejos de su padre y las sugerencias de acudir a ciertos libros.

No era un mal maestro y Rin honestamente podía decir que si aprendía bajo el.

Pero su sola presencia era suficiente para despertar su molestia. ¿Qué lo causaba? Rin no tenía la menor idea, pero era un hábito suyo que no planeaba cambiar.

"Tch." Rin se levantó y salió de la sala donde había estado sentada, internándose en uno de los pasillos del hostal. Los padres de su madre, que vivían en Fukuoka desde hace muchos años, tenían varios amigos en el municipio, entre ellos la familia Chiyoujo que eran los dueños del Ryokan tradicional.

Con el fin de intentar aliviar un poco el estado de su madre, sus abuelos habían pedido que la trajeran a su hogar de la infancia.

Sin embargo, ver la condición de su hija empeorando no le había sentado bien a la pareja mayor. Eso había llevado a dejar a Aoi Tohsaka bajo su cuidado, mientras que Kirei y ella se hospedaban en el hotel en lo que algo de la tensión se disipaba.

Llevaban ya unos tres días ahí, y Rin estaba cansada y con ganas de regresar a Fuyuki. Aun si fuera solo para ir a la escuela y seguir tolerando el entrenamiento del falso sacerdote.

Estaba por terminar de cruzar el pasillo, cuando se paralizó tras notar como su colgante brillaba y emitía un ligero y agudo silbido. Sus ojos se abrieron de par en par antes de tomar el medallón de la cadena y abrir la tapa.

"¡¿Eh?!"

La imagen familiar y el mecanismo continuo de la brújula de energía mágica llevaba casi siempre consigo le devolvió la mirada desde adentro, con la aguja apuntando hacia el oeste frenéticamente luego de dar vueltas alrededor del círculo.

La brújula había sido un regalo de cumpleaños adelantado de su padre luego de un accidente en el cual por poco termina recibiendo la maldición de un grimorio en el taller del sótano de su casa, cuando tenía seis años. Al parecer, pese a su extraordinario talento natural como magus, Rin carecía de una buena aptitud para poder detectar energía mágica de manera innata, por lo que su padre considero darle ese pequeño código místico con el fin de que pudiera leer fuentes de energía mágica o despliegues de esta a la redonda.

Al ser una de las últimas cosas que había recibido de su padre y también la única que había usado aquella vez que se había aventurado a Fuyuki durante la Guerra del Grial con el fin de salvar a su amiga, la bruja se había convertido en un amuleto casi inseparable para ella, que solo retiraba cuando estaba practicando taumaturgia o siendo 'entrenada' (torturada) por Kirei.

Desafortunadamente, se había roto durante su desventura y ya no funcionaba tan efectivamente como antes. Al ser un Código Místico bastante simple, Rin estaba segura de que podría repararlo si se empeñara en aquella labor.

Pero una punzada de nostalgia muy poco característica de ella le impedía proseguir con tal plan.

"¿Qué? ¿Una fuente de prana, aquí?" Se preguntó en voz alta Rin antes de ruborizarse y taparse la boca de inmediato con una mano mientras que con la otra sostenía la brújula, cuya aguja seguía marcando detenidamente el oeste luego de varios intervalos de dar vueltas y vueltas.

Algunos objetos contaban ya con energía mágica propia, ya fuera por un hechizo que se les hubiera aplicado o por sus propiedades. Los numerosos códigos místicos heredados de su padre y algunos de los grimorios que el Clan Tohsaka había acumulado por décadas pertenecían a esa categoría.

Pero Rin dudaba que la brújula hubiera sido puesta en alerta por algo así, pues la reacción hubiera ocurrido apenas hubiera entrado al lugar, días antes. Lo cual dejaba la otra alternativa.

Alguien había desatado un pulso de energía mágica para realizar un hechizo.

Eso quería decir que había otro magus cerca.

Los Tohsaka tenían su dominio en Fuyuki y una parte de Kyushu, que incluía a Fukuoka. Pero hasta donde ella sabía, ninguna familia de magi estaba asentada en el lugar, los Zenjou, que eran la de sus abuelos habían perdido la capacidad de manifestar circuitos mágicos un par de generaciones atrás, por lo que era imposible que fueran ellos. Tampoco tenían otros hijos, sobrinos o nietos.

"Tsk, ¿Quién se cree que es?" Rin entorno los ojos mientras soltaba un bufido molesto. "Haciendo algo así en un lugar lleno de gente, debería darle vergüenza." Y se fijó en la dirección a la que apuntaba la aguja nuevamente antes de comenzar a caminar hacia esta, dispuesta a decirle un par de palabras a la persona esa.

... Desafortunadamente, esa determinación pronto se convirtió en una frustración cuando la brújula decidió dar vueltas aleatoriamente , causando que la pelinegra maldijera por lo bajo, tratando de seguir el rastro como podía.

Luego de varios minutos y de haber recorrido al menos un par de pasillos varias veces sin suerte alguna, la brújula pareció recuperar algo de su precisión y la condujo hacia una especie de sala de juegos, desprovista de ocupantes.

Rin arqueo una ceja cuando la brújula se detuvo, indicando que ese era el lugar de origen de la distorsión, pero no apuntando a ningún lugar en específico.

"Hmm." Si tan solo hubiera aprendido algún hechizo que le permitiera identificar que clase de taumaturgia había sido utilizada en un lugar. Sin embargo su conocimiento mágico actual no era realmente el más variado: cosas como los fundamentos generales, taumaturgia elemental básica y joyería mágica familiar.

Nada del primer campo incluía algo parecido, lo más cercano serían hechizos para detectar energía mágica, lo cual sería redundante para ella. Lo segundo era prácticamente inútil, mientras que lo tercero era algo que no podría usar aun si quisiera.

Pues no había traído sus joyas consigo por razones obvias.

Que fastidio.

Rin caminó por el lugar, intentando buscar pistas pero era inútil. La estancia era a todas luces un lugar completamente ordinario.

Estaba a punto de rendirse, cuando una voz sonó a sus espaldas.

"Ahh, disculpa. No sabía que alguien estaba adentro."

Tan inmersa había estado en sus pensamientos Rin, que la presencia de otra persona siendo anunciada de forma tan repentina causó que se sobresaltara.

"¡Kyah!" Exclamó, antes de voltearse.

La persona era un niño de su edad, quien dio un par de pasos hacia atrás al ver su reacción. Lo primero que noto fue el color de su cabello, un rojo que con la luz de la lampara parecía adoptar un tono casi anaranjado, lo segundo fueron unos ojos color ocre que la miraban con una mezcla de preocupación, y de duda.

Rin decidió que no le gustaba aquella mirada, y se lo hizo saber al pelirrojo casi al instante.

"Me asustaste." Prácticamente gruñó mientras se cruzaba de brazos, causando que el niño diera un par de pasos hacia atrás, con una mirada perpleja por su reacción.

"O-oye, pero si ya dije perdón." Señaló, algo confundido, causando que Rin resoplara en respuesta.

"No es cierto, te disculpaste." Tacho la pelinegra, señalándolo de manera acusatoria.

"... Son la misma cosa." El pelirrojo inclinó su cabeza ligeramente hacia la derecha, mirándola de la misma forma en como estaba segura de que ella lo hacía cada vez que Kirei decía algo que le daban ganas de disparar un Gandr en su rostro.

Rin se ruborizó nuevamente antes de menear la cabeza. "¡Eso fue lo que me asustó!"

"Oh, bueno. Perdón." Soltó el niño a regañadientes mientras ponía los ojos en blanco, causando que la pelinegra asintiera satisfecha antes de cruzarse de brazos.

"Y que no vuelva a pasar." Exigió, pero muy para su indignación, el niño pareció ignorarla mientras se dedicaba a recorrer el cuarto, como si estuviera buscando algo.

"Si, está bien." Respondió después de manera distraída, antes de encogerse de hombros tras no haber encontrado nada, provocándole algo de curiosidad a Rin.

"¿Que viniste a hacer aquí, de todas formas?" Pregunto, no esperando realmente que el niño respondiera, solo para equivocarse cuando este habló nuevamente.

"Mi hermana me pregunto si podia venir aquí a revisar si no había dejado nada." Respondió, echándole un último vistazo a sus alrededores. "Pero, parece que no. Menos mal."

"Viniste con tu familia aquí, supongo." Dedujo Rin ignorando la puñalada que esa palabra causó en su pecho, a lo que el chico asintió.

"Su abuelo quería participar en la cacería, pero mi hermana y yo nos quedamos aquí junto a Moritoki-san." Comentó, causando que Rin parpadeara. Recordó a un chico alto, alto apuesto, pero con una actitud algo temblorosa que se intensificaba cada vez que Kirei pasaba al lado, y que también era el hijo del dueño y heredero del lugar.

Para que el niño que tenía enfrente se refiriera a él por su nombre en lugar de su apellido, significaba que no era cualquier persona. ¿Quizás era de una de las familias importantes de Fukuoka?

"Ya veo, ¿Cómo te llamas?" Preguntó, decidida a satisfacer su curiosidad.

El pelirrojo parpadeo antes de inclinar nuevamente su cabeza hacia un costado. "¿No es de mala educación preguntar sin presentarse primero?" Pregunto de regreso, causando que Rin se ruborizara nuevamente al darse cuenta de que tenía razón.

"Hnn, bien." Concedió, cerrando sus ojos mientras miraba hacia un costado. "Tohsaka, Rin Tohsaka."

"Oh, lindo nombre, Rin." Comentó el niño despreocupadamente antes de responder. "Me llamo Emiya, Emiya Shirou."

Quizás no se dio cuenta, pero sus palabras anteriores fueron como si le hubieran tirado un balde de agua helada a la pelinegra

Shirou miro el reloj en la pared y palideció, como si hubiera recordado algo

"Ay no, ya me tengo que ir." Dijo, antes de caminar hacia la puerta, pero no sin antes voltear. "Fue un gusto, Rin."

Y hubiera salido sin problemas tras abrir la puerta, de no ser porque casi se tropieza con alguien del otro lado.

"Owww." Shirou se detuvo y alzó su rostro, topándose con la máscara imperturbable de Kirei Kotomine. El sacerdote simplemente se hizo a un lado, dejando que el pelirrojo pudiera pasar.

Este asintió levemente con la cabeza a modo de agradecimiento, y no tardó en perderse por el pasillo, lejos de la mirada de la pelinegra, la cual se enfocó en su guardián.

"¿Qué quieres?" Prácticamente exigió Rin, poniendo ambas manos en su cintura, mientras mantenía aquella mirada desafiante sobre Kirei, quien tardó algo en responder tras notar el estado del rostro de la niña.

Y cuando lo hizo, fue con otra pregunta.

"¿Haciendo amigos por fin, Rin? Impresionante." Comento con el mismo tono seco de siempre, pero que delataban un par de tenues remanentes de burla. "Ya era hora de que hablaras con niños de tu edad."

"No es mi amigo, sacerdote falso." Refunfuño Rin rápidamente. "Es solo un niño tonto que me encontré por aqui y con quien hable un rato. Nada más."

"Ya veo, ya veo. Intuyo que salió huyendo aterrado de ti." Kirei meneo la cabeza a modo de desaprobación. "Pobre alma en desgracia. Me asegurare de ofrecer un par de plegarias para su consuelo."

"Muy divertido, Kirei." Fue la sarcástica respuesta de Rin. "Como si lo fuera a volver a ver alguna vez. Lo único que sé de él es su nombre y que vino a acompañar a su abuelo o algo así."

"¿Oh?" Kirei Kotomine era como una langosta. Increíblemente tenaz cuando atrapaba algo, negándose a soltarlo. "¿Me podrías conceder el favor de decirme el nombre de quien tuvo la desdicha de estar en tu compañía sin la protección del Señor?"

"Shirou, Shirou Emiya o algo así." Respondió Rin, haciendo un gesto de mano que mostraba lo poco que le importaba tal cosa.

Esperaba que el sacerdote respondiera de inmediato con otra de sus oraciones condescendientes, pero muy para su sorpresa, lo único que sucedió fue un silencio algo tenso.

Rin miró a Kirei y casi sintió un escalofrío recorriendo su espalda cuando cayó en cuenta de que la expresión del sacerdote ya no era la misma.

Había algo en su mirada, una especie de brillo que la pelinegra jamás había visto, pero que estaba segura de que le inquietaba.

"Oye, ¡despierta!" Trató de llamar su atención, causando que el sacerdote parpadeara como si hubiera sido liberado de un trance. Y en lugar de responder, le dedicó una mirada al pasillo donde se había perdido el pelirrojo.

xXx

Regresar a aquel andén del metro luego de haber estado expuesto a un submundo tan literal como figurativo se sintió como todo un alivio para Kiritsugu. Al menos casi media hora les había tomado desde que salió de la tienda de Kaburagi el llegar hasta ahí, recorriendo exactamente la misma ruta por donde habían entrado.

"Bueno, Nakamura-san." Finalmente habló Hyouma mientras se recargaba contra la pared. "Con esto se termina el trabajo por el que me pagó. Fue un placer hacer negocios con usted, pero debo pintar mi raya e irme."

Kiritsugu asintió. El fisgón que Makihisa le había recomendado ciertamente había tenido su uso. El joven no le agradaba en lo más mínimo, pero estaba claro que pese a su personalidad, parecía cumplir con ciertos requisitos profesionales que el pelinegro bien podía llegar a respetar al menos.

"Así parece, Sagara-san." Respondió mientras daba media vuelta y comenzaba a caminar hacia las escaleras que conducían hacia la salida.

El rubio teñido lo miró irse y pareció querer decir algo más, pero se encogió de hombros mientras extraía el paquete de cigarrillos de su bolsillo y se disponía a sacar uno.

El paquete se desplomó sobre el suelo de la estación, mientras un quejido sordo proveniente de Hyouma se escuchaba.

El rubio cayó inconsciente sobre las baldosas, no teniendo siquiera noción de lo que había ocurrido.

Y entonces, lejos de la vista de otras personas, su cuerpo comenzó a ser arrastrado hacia las vías del metro, dejando solamente un paquete de cigarrillos como testigo, así como una rata muerta.

Completamente ajeno a todo lo anterior, Kiritsugu camino por las calles de Shinjuku con sumo cuidado mientras intentaba a toda costa el no perderse en las muchas preguntas que se estaba haciendo en su cabeza.

Demasiadas preguntas. Algunas que podría contestar el en base a lo que sabía o había aprendido recientemente, otras que podía llegar a deducir a partir de los factores anteriores, otras que podrían ser respondidas por alguien más, y otras que eran sin lugar a dudas las más enigmáticas del grupo.

Por fortuna, algo podía hacer sobre las terceras.

Le tomó alrededor de veinte minutos divisar la silueta del hotel donde se hospedaba, y al menos la mitad de ese tiempo el adentrarse en este y llegar hasta su habitación.

Una vez ahí, lo primero que hizo fue darse una ducha. Aquello sirvió para limpiar el hedor del subterráneo con el que su cuerpo había quedado casi impregnado luego de una estancia de múltiples horas abajo, y como un medio para relajarse.

No le tomó ni cinco minutos el terminar y cambiarse a algo más casual, pero no tenía intenciones de salir a la calle tan pronto. En lugar de eso, tomó un asiento en el borde de la cama mientras tomaba el teléfono y marcaba el número de Makihisa.

Un par de segundos transcurrieron antes de que una voz se escuchara del otro lado de la línea.

"Residencia Tohno." Hablo un timbre suave y casi apagado, uno que Kiritsugu identificó como el de una niña. "¿Quién es?"

"Mi nombre es Kiritsugu Emiya." Respondió el pelinegro, antes de elaborar. "¿Se encuentra Makihisa Tohno disponible? Tengo un asunto que tratar con él."

Escucho un respingo del otro lado de la línea que le hizo alzar una ceja. "Deme un momento, Emiya-san." Le comunicó, antes de desaparecer, seguramente yendo a buscar al señor de la casa.

Kiritsugu esperó un par de minutos en línea, alcanzando a escuchar voces distorsionadas del otro lado hasta que finalmente, la de Makihisa surgió.

"Hola, Kiritsugu." Saludo el magnate del otro lado con naturalidad. "Kohaku estaba limpiando un par de cosas aquí, menos mal. Me hubiera perdido de tu llamada si ella hubiera estado en otro lado."

'Kohaku' Kiritsugu entorno los ojos mientras recordaba aquel nombre. Ya, eso lo explicaba. Una de las criadas gemelas de Makihisa, y la que había terminado por forjar una amistad con Shirou. Eso explicaba el porqué el nombre le había resultado familiar.

"Ya veo." Respondió, queriendo dejar ese tema de lado. "Hice un contacto exitoso con el hombre del que me hablaste. No me dijiste que era un joven." Señaló, a modo de comentario.

"¿Acaso es importante?" Respondió Makihisa. "Te hubiera recomendado a su padre si siguiera vivo. ¿Conseguiste lo que buscabas con él o te embaucó?"

"Me dio la información que necesitaba, y algo más." Concedió Kiritsugu. "Le pague para que me llevara por el mercado negro de nuestra clase de Tokyo, fue educativo." Comentó secamente, causando que Makihisa emitiera una risita del otro lado de la línea.

"Oh, así lo creo." Respondió el mestizo de una manera que hizo que Kiritsugu casi pudiera verlo meneando la cabeza. "He oído del lugar por parte de algunos asociados míos, suena como un sitio lúgubremente encantador."

'Igual que tu casa.' Pensó Kiritsugu haciendo un esfuerzo por no poner los ojos en blanco. "¿Quieres decir que jamás has ido? Vaya, uno creería que te sentirías hasta a gusto ahí."

Esta vez fue una carcajada la que se escuchó del otro lado. "Ja, debí haberme esperado eso. Siento decepcionarte, pero no. En mi vida tengo planeado poner un solo pie dentro de ese lugar." Hizo una pausa por un par de segundos antes de añadir. "Para eso es que le pagó a otros."

"En fin." Continuó Kiritsugu antes de que se desviaran más del tema. "Gracias a Sagara-san, pude darme una vuelta por el lugar. Tratando de seguir una ruta alternativa tal y como te lo había comentado en nuestra última conversación, busqué acercarme a algún vendedor de armas para poder indagar más de cerca."

"¿Armas mágicas?" Pregunto Makihisa, algo extrañado. "Comprar Códigos Místicos y Herramientas Conceptuales de ese tipo nunca fue lo tuyo, a menos que..."

"No exactamente." Kiritsugu lo corto. "Hablo del mismo tipo que mi Contender."

"Ya veo." Respondió Makihisa. "Estoy enterado que hay más de un lugar donde se fabrican cosas así, pero no es un mercado del submundo tan extenso que digamos."

"Logre encontrar a un hombre, que tenía una colección bastante peculiar." Continuó Kiritsugu, ignorando olímpicamente a Makihisa. "Desde restos de especies fantasmales, toda clase de armas de fuego mejoradas con taumaturgia, drogas mágicas de dudosa procedencia y grimorios que muy seguramente salieron de alguna familia caída.

El sujeto era todo un comerciante, y se nota que le va bien en sus un par de cosas de él y conseguí que me mostrara un par de sus productos más exóticos."

"¿Cual es su nombre?" Casi exige Makihisa.

"Kaburagi." Respondió Kiritsugu, esperando la reacción del mestizo y lamentando no estar frente a él para poder ver lo que su rostro comunicaba ante esa revelación.

"Hmmm." Makihisa se quedó callado por varios segundos antes de responder. "Ese sujeto entonces."

"¿Es seguro suponer que lo conoces?" Pregunto Kiritsugu, mientras extendía su mano libre con el fin de alcanzar una botella de agua que reposaba al lado del teléfono.

"No realmente." Respondió Makihisa con confianza. "Sé de su nombre y algunas acciones, pero nunca he lidiado con él directamente. Se que era un magus de Taiwán que vino al país hace un par de años en calidad de traficante y se ha asentado aquí desde entonces."

"Tenía por completo la pinta de otros que he visto antes." Comentó Kiritsugu. "Pero aquí está lo interesante de él."

"¿Oh?"

"Sus productos más exóticos, según el incluían cosas interesantes. Embriones de homúnculos listos para ser usados por quien sea que los compre, frascos llenos de polvo de hadas por los cuales más de una familia de la Torre del Reloj pagaría una fortuna por obtener y una bóveda repleta de Ojos Místicos."

"... ¿Dijo algo sobre esos?" Pregunto Makihisa, quien al parecer haber llegado a la misma conclusión que él.

"Le comente que mi empleador estaba interesado en seguir uno de rango dorado, y de inmediato reveló que poseía más de uno en su colección." Comentó Kiritsugu."Tengo arreglado ir a comer con él esta tarde para discutir los detalles."

"De la nada sacaste una pista nueva. Estoy impresionado." Le felicito Makihisa. "Y hablando de eso, conseguir lo que me pediste de forma tan limitada me está llevando más tiempo del que me gustaría."

"¿Cuándo crees que podrías conseguirlo, exactamente?" Pregunto Kiritsugu, imperturbable.

"Siendo generosos, un par de semanas si quiero ser discreto." Admitió Makihisa con un dejo de molestia muy notable.

"En ese caso, tendré que seguir este caso." El antiguo cazarrecompensas meneo la cabeza. "Y tener mucho cuidado con este hombre si resulta estar conectado a esto."

"Si esto resulta conducir a lo que te contrate para lo que buscaras, cumplirás de manera estupenda tu parte, Kiritsugu." Respondió Makihisa, sonando un tanto optimista. "Asegúrate de traérmela de regreso, y yo haré todo lo posible en mi poder para que sigas respirando."

"O que mi hijo esté seguro." Le recordó el pelinegro.

"Eso es algo aparte." Respondió el mestizo del otro lado de la línea. "Hice un juramento por el honor de mi familia. Se bien que entre los matones como tu y esa mujer no existe tal cosa, pero para los Tohno, no hay cosa más preciosa que el valor de nuestra sangre y nuestra palabra."

"... No dudo de tu promesa ni del acuerdo que hicimos." Respondió Kiritsugu secamente. "Honestamente, no creo llegar a vivir a ver el final de la década y estoy bien con eso. Todo lo que estoy haciendo ahora no es por mi, es por Shirou."

"Y yo lo entiendo, más allá de lo que tú crees." Dijo Makihisa de una forma casi paternal. "Aun así, un trato es un trato. En tanto consigas mi propiedad, yo pondré a tu disposición mis recursos con tal de que sobrevivas. Me importa muy poco si quieres morir."

Kiritsugu resoplo. "De acuerdo, también quería preguntar por la 'seguridad' de la cual me hablaste."

"¿Qué pasa con él?" Pregunto Makihisa.

"Quisiera tenerlo cerca por precaución." Continuo Kiritsugu. "Si es tan viable como dices, me vendría bien tener ayuda extra."

"... Lo contactare de inmediato. Pero hacerlo llegar hasta Tokyo tomará tiempo, casi tanto como conseguir la información que me pediste." Comentó Makihisa, causando que el pelinegro suspirara antes de asentir.

"Muy bien. Entonces tendré que tener el doble de cautela, nada nuevo." Concluyó antes de prepararse a colgar. "Te mantendré al tanto de mis avances."

Y colgó antes de que el mestizo pudiera contestar.

Dejó que pasaran varios minutos, durante los cuales reflexiono sobre lo que acababa de pasar. Su relación con el patriarca de los Tohno jamás sería completamente positiva, pero al menos ambos hombres sabían cumplir sus partes de un acuerdo.

No era su trabajo averiguar porque buscaba la cabeza de un hombre con Ojos Puros, pero tenía un mal sabor de boca cada vez que recordaba aquel detalle. No era por simple repugnancia, tal cosa era algo que bien había aprendido a reprimir desde su adolescencia.

Cada vez que miraba la fotografía que mostraba el rostro inerte del hombre muerto, sentía algo que no podía llegar a describir del todo dentro de él.

Kiritsugu meneo la cabeza. Se estaba desconcentrando.

Suspiro nuevamente antes de levantarse para tomar el papel donde estaba escrito el número proporcionado por Kaburagi, el cual marco en el teléfono luego de sentarse.

A diferencia de con Makihisa, no tuvo que esperar mucho.

"¿Bueno?" Preguntó la voz que reconoció como la del traficante.

"Buenas tardes." Saludo Kiritsugu cordialmente. "Soy Nakamura, llamo para preguntar en donde y cuando será la reunión de la cual habíamos hablado en su sitio hace como una hora."

"Oh, ya veo." Respondió Kaburagi tras reconocerlo. "Bueno, verá Nakamura-san..." Trato de decir mientras que una serie de ruidos podía escucharse en el fondo, causando que Kiritsugu alzara una ceja, perplejo por la interrupción.

"¿Hay algún problema?" Pregunto de manera conciliadora.

"Surgió un asunto que requiere de mi atención, Nakamura-san." Respondió Kaburagi de una manera que casi parecía apenada. "Me temo que tendremos que posponer para el día de mañana, si no tiene ningún inconveniente, claro está."

"No tengo ningún problema, Kaburagi-san." Respondió Kiritsugu, inconscientemente meneando la cabeza. "Lo llamaré más tarde para preguntar lo mismo."

"Por supuesto, lamento lo imprevisto." Terminó el comerciante, antes de colgar.

Kiritsugu dejó el teléfono en su lugar y se acercó al escritorio de la habitación, donde había dejado sus nuevas adquisiciones. Ignoro los cuatro paquetes de balas con la pólvora alterada, optando por mejor concentrarse en la pistola negra.

Más pequeña que su Contender, y el doble de letal. El pelinegro no ocultó su sonrisa de satisfacción cuando colocó su mano sobre el mango de esta y activaba sus circuitos, enviando una pequeña fracción de energía mágica a la pistola por medio de Reforzamiento.

Casi al instante, la apariencia de esta cambió hasta adoptar una forma idéntica a la que Kaburagi le había mostrado, horas antes. Inspeccionó las funciones del arma reforzada, y retiró el hechizo, revirtiéndola a su estado normal.

Una vez que estuvo en este, Kiritsugu comenzó a desarmarla. Incluso si era una actividad que ya no realizaba diariamente, los continuos años de práctica la habían tornado en un hábito del que era difícil olvidarse.

Con todo su arte, Kiritsugu terminó por desmontarla y se tomó su tiempo e inspeccionar cada una de las partes. Aprovechando que sus circuitos estaban activos, desató una variante leve del hechizo que utilizaba para detectar misterios.

Los resultados fueron de esperarse. Al menos un noventa por ciento de las piezas tenían aplicadas una fórmula taumatúrgica que parecía conectarlas. Eso, y que la red que las unía contaba con un par de hechizos que parecían soportar y redirigir el flujo de energía mágica de manera más estable.

De no existir aquella cosa, si hubiera intentado reforzar la pistola y disparado. En el mejor de los casos, se hubiera quedado sin una mano, y en el peor la metralla lo hubiera matado.

Natalia había sido muy clara al respecto durante sus lecciones sobre armas de fuego siendo usadas por los de su tipo. Energía mágica, más metales no aptos para conducirla, más madera menos apta para soportarla, más pólvora era la receta perfecta de un desastre esperando ser desatado por cualquier incauto.

Kiritsugu había tenido la oportunidad de ver como un hombre, estando desesperado al ver que ninguno de sus hechizos alcanzaba a derribar a una especie de troll, tomó una de las pistolas de su cinto; un trabuco recortado boca de dragón y lo reforzó con energía mágica antes de apretar el gatillo.

El troll salió ileso con la excepción de algo de metralla quedando clavada en partes de su torso. Pero en cuanto al cazarrecompensas, nada quedaba de la mitad superior de su torso, de cuyo boquete se asomaba la fragmentada columna vertebral y un par de restos deshechos de la caja torácica.

No era una visión agradable para alguien de catorce años.

El arsenal de Natalia era mundano en su mayoría, igual que el suyo. Pero de la misma forma que había comisionado su Contender, ella había adquirido también una pistola con las mismas modificaciones años antes. Una monstruosidad llamada Bodahko con la cual había matado a tiros a un magus que se escondía dentro de un golem como un villano del anime que Shirou veía cuando creía que nadie lo estaba viendo.

Lamentablemente, dicha arma se había perdido durante el último trabajo que habían hecho juntos. Y si es que la explosión del lanzacohetes que había disparado contra el avión no había destruido la pistola, está seguramente permanecía hundida hasta el fondo del río Hudson.

Se preguntó qué hubiera pensado su mentora y madre adoptiva de lo que estaba sosteniendo antes de menear la cabeza. Natalia seguramente hubiera comprado más cosas, e intentado seducir al traficante para poder tener una ventaja más.

Y después se hubiera asegurado de que nadie encontrara su cadáver.

Kiritsugu comenzó a re-armar la pistola, y en menos de tres minutos la regresó a su estado normal. Satisfecho con su trabajo, concentró su atención en uno de los paquetes de municiones y abrió uno. Extrayendo al menos media docena de balas, las colocó dentro del compartimiento de la pistola, dejándola lista.

Más vale prevenir que lamentar. Tenía planeado salir al rato y encontrar algún sitio donde pudiera probar una de ellas para asegurarse de que funcionaran bien. Estar expuesto sin conocer el arma que llevabas era fácil un boleto para una tumba temprana.

Aunque quizás sería mejor esperar hasta más tarde.

Dicho eso, Kiritsugu pasó las siguientes horas armando y desarmando la pistola una y otra vez, tomándose solamente descansos para tomar agua así como un vial de Sougen tras darse cuenta de que no había bebido otro desde la mañana.

Antes de darse cuenta, el sol ya se estaba poniendo y todo parecía indicar que era hora de que saliera a realizar su práctica.

Estaba a punto de tomar sus cosas e irse, antes de darle una última mirada al teléfono y entonces caer en cuenta de algo más.

Kiritsugu marcó el número de la casa de los Fujimura y esperó un rato, esperando ser atendido por uno de los subordinados de Raiga o hasta por Taiga, solo para sorprenderse cuando quien le respondió del otro lado resultó ser nadie más que Shirou.

"¿Hola?" Escucho al pelirrojo preguntar.

"Shirou, buenas noches." Saludo Kiritsugu, de una manera animada. "¿Cómo estuvo tu día?"

"Ah, hola viejo." Respondió Shirou al reconocerlo. "Raiga-jiji nos llevó a Taiga y a mi de paseo a un pueblo llamado Fukuoka. Regresamos hace como una hora."

"¿Fukuoka?" Preguntó perplejo. ¿Por qué irían ahí?

"Raiga-jiji dijo que era temporada de caza, nos llevó al lugar donde se hace ahí." Continuó Shirou, intentando explicar la inesperada excursión.

El corazón de Kiritsugu casi dio un vuelco al escuchar eso. Claro, sabía de la afición que tenía el oyabun por la cacería... ¿Pero eso quería decir que Shirou había...?

"¿Raiga te llevo de cacería?" Pregunto seriamente. El manejo de armas de fuego a decir verdad era uno de esos temas que más preocupaban al pelinegro a decir verdad. Si bien, fundamentalmente no había mucha diferencia entre enseñarle a Shirou como aprender y practicar taumaturgia básica y enseñarle a disparar un arma de fuego, el estigma contra estas últimas era demasiado fuerte.

No era realmente supersticioso, a pesar del poder que dicha creencia conllevaba, pero no podía evitar pensar que sería un paralelismo incómodo entre Shirou y su yo del pasado. Paralelismo que quisiera evitar a toda costa.

Irónicamente, ese era un campo en el cual sería el maestro perfecto para su hijo. Pero si Raiga lo había introducido ya...

"¿Ah?" Shirou sonó confundido del otro lado de la línea. "¿De qué hablas? El fue solo con tres de sus acompañantes. Yo me quede con Taiga y Moritoki-san, el hijo del dueño del hostal."

"Oh, menos mal." Kiritsugu pareció recuperar su semblante. "¿No le diste muchos problemas a Taiga?"

"Viejoooo." Protesto Shirou de buena manera. "No, solo vi como intentaba jugar a los dardos en una sala de juegos y fallo cada tiro."

"Jajaja, debió de haber sido divertido." Respondió Kiritsugu, intentando imaginar aquella escena. "¿Y tú jugaste?"

"Si, Moritoki-san me enseño." Shirou parecía lucir animado. "Me gustó mucho. ¿Podríamos conseguir algo así para la casa?"

Si bien la pregunta, y la intención eran inocentes. Kiritsugu solamente pudo imaginarse a Shirou arrojando cuchillos. Digo, era otra habilidad que tenía bajo su cinturón. Tal parecía que el pelinegro estaba condenado a siempre mostrar en su mente los peores escenarios.

"Claro que sí." Aseguró Kiritsugu, al menos serviría como un hobby algo más normal para el pelirrojo.

"¡Genial!" Se emocionó Shirou, antes de preguntar. "¿Cómo te ha ido en Tokyo? ¿Qué estás haciendo?"

'Metiendome en el mercado negro y comprando armas, poca cosa.' Pensó sombríamente el pelinegro. "Un par de cosas para ese trabajo que tuve que tomar." Respondió, pensando en una forma de distraer del tema a su hijo. "También, me di un paseo por uno de los sitios mágicos de la ciudad. Creo poder encontrar al menos mañana un par de libros que puedan ayudarte con lo tuyo."

"Wow." Como esperaba, eso fue suficiente para llamar la atención de Shirou.

"Si, así es. Aunque tampoco te emociones mucho, Shirou." Le recordó Kiritsugu."Cosas así a pesar de no ser tan difíciles de adquirir, tienen cosas que sí complican mucho el intentar aprender de estas."

"Hmm." El ánimo del pelirrojo no parecía haber decaído mucho. "No importa, puedo esperar si me sigues ayudando." Añadió, causando que Kiritsugu sonriera.

Padre e hijo siguieron platicando por varios minutos más, hasta que Shirou anunció que iba a dormir y se despidió de Kiritsugu, deseándole buenas noches.

Tras colgar, el pelinegro dejó escapar un suspiro y tomó sus cosas antes de dirigirse hacia la puerta. Tenía planeado al menos pasar un rato probando las municiones y el arma para poder despejar su mente.

xXx

No estaba lloviendo como en Londres, algo que agradeció de todo corazón, lo que menos necesitaba era eso para ponerlo de peor humor.

Tomar cerca de dos vuelos, y un tren no le había hecho ningún favor. Se sentía como si todo un estante de grimorios se le hubiera caído encima, y no precisamente por el dinero que había tenido que invertir, eso no había sido el problema.

El hambre, la sed, el cansancio y la incertidumbre eran tan solo partes más de la miríada de pesares que le azotaban en aquellos momentos, y lo más irónico era que se los había auto-impuesto.

Afortunadamente, la estación contaba con un servicio de taxi. Camino hasta donde un gerente le había indicado, y terminó por subirse a uno de ellos.

"Where to?" Le pregunto en un inglés marcado por un fuerte acento japonés el conductor, causando que Waver se estremeciera en su asiento.

"Hotel Hyatt Fuyuki." Respondió en un japonés que no era mucho mejor que el intento del taxista, quien sin embargo pareció entender tras asentir y arrancar el auto.

Durante los viajes sabáticos que había realizado por todo el mundo luego de la Cuarta Guerra, el aprender otros idiomas se había tornado en algo casi indispensable. Había un par de formas de taumaturgia que permitían la traducción de ciertas lenguas, e incluso había escuchado de rituales y pociones que hasta conseguían el que uno adquiriera el conocimiento de estas directamente sin necesidad de pasar tiempo estudiándolas.

La parte más pragmática como magus que se había forzado a cultivar desde aquel evento que cambió su vida le decía que lo más viable hubiera sido aprovechar tales cosas. Pero la otra parte, la que había desarrollado como un hombre y no un niño asustado y engreído se negaba a aceptar tal cosa.

Aprender era una experiencia invaluable, y el esfuerzo era una recompensa en sí.

El Alemán era popular en la Torre del Reloj, dada la influencia que aquella nación había tenido en la historia moderna de la sede junto con en menor medida, el Francés. Waver poseía un dominio básico de ambos junto con algo de Griego, Latín y hasta Árabe.

Sus conocimientos de Japonés habían sido adquiridos más por su afición a los videojuegos provenientes de dicho país, y realmente necesitaba pulirlos.

Apenas del taxi salió del estacionamiento de la estación y se internaba en las calles de Shinto, el se permitió relajarse en su asiento mientras dejaba que su mirada se perdiera en los alrededores de la ciudad que había visitado por última vez hace dos años.

'No puedo creer que esté haciendo esto.' Pensó sombríamente mientras el taxi se dirigía hacia su destino. 'Y pensar que juré no volver nunca a Japón después de lo que pasó aquí. Pero, de nuevo…' El hombre hizo una pausa en sus pensamientos cuando notó que se acercaban a un puente rojo muy familiar.

'Lo conocí aquí ...' Pensó. '... En este país, en esta ciudad, me encontré y luché con mi Rey aquí. Murió aquí, y aquí me dijo que viviera, viviera y contara su historia .' Suspiró y respiró hondo.

'Sin embargo, aquí estoy, persiguiendo pistas y una vez más metiendo mi nariz en algo más grande que yo.' Sonrió despectivamente mientras acomodaba sus gafas.

Tanto tiempo había pasado inmerso en sus pensamientos, que no noto como el auto se había detenido en frente de su destino.

"Hotel Hyatt de Fuyuki, señor." Anunció el conductor, prácticamente cobrando su cuota al mismo tiempo.

El hombre asintió y extrajo su billetera, de la cual sacó el dinero justo en yenes japoneses. Una vez terminado de pagar, emergió del auto y abrió la cajuela, sacando su maleta de ahí. Apenas la cerró, el taxi se puso en marcha y no tardó en perderse a la distancia, dejándolo solo en la entrada de un edificio inmenso.

Dejó escapar un silbido de apreciación al notar como era idéntico al que había sido destruido dos años atrás, e instintivamente le dio una palmada al frasco reforzado que estaba en su bolsillo.

Otra prueba más de la habilidad de su antiguo y fallecido maestro el haber alcanzado a sobrevivir un evento así relativamente ileso.

Se adentro a la recepción y luego de confirmar su reservación y recibir la tarjeta de su cuarto, utilizó el ascensor para alcanzar el séptimo piso, donde se encontraba la habitación.

Una vez dentro, dejó escapar un pesado suspiro mientras dejaba descansar su maleta en una esquina, antes de dirigirse al baño.

Se detuvo frente al espejo y lavó su rostro, como si intentara deshacerse del cansancio. Tras secarlo con una toalla, contempló su reflejo.

Los dos años que habían transcurrido desde la Cuarta Guerra del Santo Grial le habían sido favorables a Waver. El adolescente de diecinueve años, escuálido y con un pulso que pondría verde de envidia a un perro chihuahua era ahora un joven adulto de veintiún años. Había crecido un par de centímetros más, alcanzando la altura de un metro sesenta y tres, su cabello llegaba ahora hasta más allá de su cuello y estaba recogido en una coleta, mientras que un par de flecos caían sobre su rostro, que ahora mostraba rastros de haber estado expuesto a los elementos.

Las gafas de borde rectangular que estaban encima de sus ojos ahora eran un toque nuevo. Luego de su desventura con Barzan, Waver había decidido comisionar un par de Represores de Ojos Místicos en forma de esas gafas, las cuales usaba cuando se encontraba fuera de la aparente seguridad de la Torre del Reloj.

Antes muerto que volver a caer preso de algo como Ojos Místicos de Atadura. Eso, y viendo la razón por la cual estaba de regreso en el país, iban a resultar indispensables si no quería sufrir un destino funesto.

Waver meneo la cabeza y salió del baño en dirección hacia la única cama del cuarto, donde decidió acostarse. Su mano se extendió hacia el control remoto que descansaba en la mesita de noche, pero se detuvo apenas lo rozó.

"Hagámoslo de una vez, si no después será peor." Comento para si antes de tomar el teléfono que se encontraba al lado y marco un numero.

No tuvo que esperar mucho para que alguien le respondiera, y era justamente la persona que sabía que lo haría.

"¿Diga?" Escucho a alguien preguntar del otro lado.

"Soy yo, Melvin." Respondió Waver, cerrando los ojos mientras se preparaba para la tormenta que estaba a punto de cernirse del otro lado.

"¡Waver! ¿Ya estás en Japón? ¿Ya llegaste a Fuyuki? ¿Dónde estás?" Una oleada de preguntas surgieron del teléfono, haciendo que Waver apretara los dientes antes de soltar un suspiro de exasperación.

"En orden. Si, estoy en Fuyuki ya, en el hotel donde dije que haría mi reservación." Respondió, cortándolo antes de que tuviera oportunidad de sepultarlo con más preguntas. "No tuve ninguna complicación en llegar, ¿todo está bien de tu lado?"

"Todo bien de mi... Ugh." La voz de Melvin se cortó repentinamente cuando tosió de la nada, causando que una mueca de disgusto atravesará el rostro de Waver. En persona, evitaba esas reacciones, sabiendo lo difícil que era vivir con esa condición para Melvin, pero viendo que se encontraba a medio mundo de distancia, podía tomarse ese lujo.

"Agh, olvide mi pastilla." Gruño Melvin, antes de continuar. "Bueno, Gaurika no se encuentra muy feliz. Dijo que "eres un patán incompetente que debería dejarlo algo así a los profesionales y que sabia que unirse a tu pequeño proyecto era una perdida de tiempo", claro que con un lenguaje mucho mas colorido. Uy, ¿Quién lo diría? Esos labios tan sabrosos son mas negros que el morador promedio del Congo."

Waver intento no suspirar decepcionado, fracaso. "¿Eso quiere decir que se fue?"

"Precisamente, se largó a continuar su tesis en la Facultad de Arqueología." Melvin confirmó sus sospechas con la misma manera cruda que usaba para dar nuevas. "Tengo el presentimiento de que si te vuelve a ver, vas a recibir una maldición en las gónadas."

"Tsk." Meneo la cabeza Waver ante la noticia. Un paso hacia adelante, dos hacia atrás. Pero era de esperarse, hacer algo como esto era el colmo de la irresponsabilidad y la imprudencia. "¿Qué hay del profesor Shardan?"

"El continua con esto. Aunque sinceramente, no parece estar muy afectado por tu partida repentina." Respondió Melvin. "No lo culpo, sabes bien que él y el profesor Kayneth se llevaban tan bien como agua y aceite. De seguro se está frotando las manos ante el prospecto de ser el nuevo dueño de su aula si tu pateas la cubeta."

Waver no tardó nada en notar un leve dejo de desaprobación en el tono de Melvin. "Déjame adivinar, ¿tu también estas en contra de que haya hecho esto?"

"Y el cielo es azul." Respondió Melvin sardónico. "Por supuesto que no estoy de acuerdo. ¿No podías dejarlo en manos de la Facultad de Ley?"

"Sabes perfectamente tan bien como yo que esas víboras apenas le echaron una mirada al caso antes de descartarlo como inútil." Hasta Waver se sorprendió del veneno que cargaba su voz.

"Evelynn es una profesional." Protesto Melvin, antes de toser. "¿Y qué necesidad había de que abandonaras el trabajo de tres meses para ir hasta la otra punta del Mundo, siguiendo un rastro que probablemente no lleva a ninguna parte?"

"¿Quien más lo haría?" Disparo Waver de regreso. "¿Tu?

"James era mi amigo también, Waver." Le recordó Melvin. "Créeme que la noticia de su muerte me golpeó a mi también, pero aun así."

"James no murió, Melvin." Le interrumpió Waver mientras su rostro adoptaba una máscara de ira pálida. "Ni siquiera fue asesinado como tal, fue..."

"Lo sé, lo sé muy bien." Melvin suavizó su tono, en un intento por mostrar de manera más abierta que no se había recuperado aún de su luto. "¿Pero realmente debes de continuar con ese reguero de sangre? Ni siquiera sabes si esa información que Evelynn sacó de los muelles era viable."

"La rama de Francia con la cual contacte me lo confirmo." Respondió Waver. "Ese barco llegó a Burdeos y todo el cargamento fue mandado a París. Todo, menos un solo contenedor."

"¿Y que con eso?"

"Ese contenedor fue a parar a Nápoles, y después a Estambul." Recinto casi mecánicamente Waver, que había memorizado de memoria los detalles de su investigación. "De ahí salió por Bahréin y partió al Golfo Pérsico. Le seguí la pista hasta Singapur y de ahí hasta a Taiwán. Verificando la lista de barcos que partieron, y en base al nombre que proporcionó ese traficante después de haber sido interrogado por tu novia, pude determinar que llegara aquí dentro de dos o tres días."

Casi podía ver a su amigo parpadear perplejo del otro lado de la línea.

"Muy bien, déjame cambiar la pregunta. Supongamos que todo tu juego de detective está en lo correcto. ¿Cómo planeas encarar a quienes quieren recibir ese cargamento?"

"Ya no soy tan impulsivo como antes, Melvin. Tengo en mente como usar mis preparativos, y además." Waver añadió, colocando una de sus manos por encima de su bolsillo. "Me traje 'ya sabes que' del viejo cuarto de suplementos del aula."

"... ¿Siquiera sabes usarlo? No tienes ninguno de los elementos de su creación." Señaló Melvin con un escepticismo muy marcado. "Te recuerdo también que todas las veces que experimentamos con otras cosas, solo pudiste hacerlo tan bien porque yo estaba al lado, usando mi violín."

"Practiqué varias veces desde que lo encontramos, Melvin. Una y otra vez hasta conseguir que pudiera obedecer órdenes sencillas y aun si usara mana para dirigirlo, funciona." Le aseguro Waver. "Será rápido. Me asegurare de que no se apoderen del cargamento, me esconderé un par de semanas de ser necesario, y huiré lo más rápido posible de regreso a Londres."

"... Está bien, solo trata de no lastimarte mucho, ¿si?" Le pidió su amigo antes de añadir. "El único que puede hacer tal cosa, soy yo."

"Jajaja, adiós Melvin. Trata de no ensuciar mucho la alfombra." Waver terminó la llamada, alcanzando a escuchar el quejido indignado de Melvin y meneó la cabeza mientras dejaba el teléfono en su lugar.

Se relajó contra las almohadas, mientras fijaba su vista en el techo.

"Voy a recuperar lo que te quitaron, James." Hablo para nadie en particular, mientras apretaba el puño a modo de mostrar su convicción. "No dejaré que se salgan con la suya."

El cuarto volvió a quedar en silencio por varios segundos, hasta que Waver se animó a encender el televisor. El canal de la pantalla parecía estar proyectando una película, por lo que Waver decidió dejarlo, necesitaba despejarse un poco.

Lo iba a necesitar para realizar otra llamada en un rato. No había venido solamente a Japón para arrebatarles a esos criminales lo que le habían quitado a su amigo. Tenía otra razón también.

Una que podría decirse que era de familia.

xXx

Una mosca zumbando a la distancia era el único sonido que podía escucharse en el dojo, y era ignorada por las dos personas que lo estaban ocupando en aquellos momentos.

Shirou, ataviado con un Men, el casco con rejilla que protegía su cabeza, respiró profundamente mientras blandía su shinai, teniendo ambos brazos cubiertos con su respectivo Kote, el protector de estos, así como un par de guantes de tal con tal de que el sudor no estropeara el equipo.

Del otro lado, Taiga se encontraba vestida de la misma manera. Ambos llevaban también puesto el , la ligera pieza de armadura que protegía el tórax.

Habían caminado hasta la residencia Emiya temprano en la mañana con el fin de poder usar el Dojo de ahí para la práctica de Taiga. Uno de los torneos estatales estaba próximo dentro de cuatro meses, y la castaña necesitaba toda la práctica posible fuera de su Club particular.

Lo que dejaba a Shirou como el voluntario perfecto para servir como blanco de práctica. Blanco de práctica que podía defenderse y tuviera una resistencia respetable.

A falta de árbitro, Taiga había decidido empezar el duelo por su cuenta, dejando al pelirrojo tensó, mientras esperaba el primer movimiento de la adolescente.

El que ella se moviera hacia adelante mientras alzaba su shinai sobre su hombro derecho fue el único aviso que recibió antes de que Taiga descargara un tajo sobre él.

Shirou se movió hacia atrás con un salto, evitando que el shinai colisionara contra su cabeza y repitió la misma acción hacia su izquierda, cuando Taiga levantó la espada desde abajo buscando tomarlo por sorpresa.

Aprovechando el movimiento de la castaña, Shirou paso a la ofensiva mientras acometía a Taiga con una estocada que busco el pecho de su oponente. Pero su shinai fue interceptado desde arriba por el de ella aprovechando su fuerza.

Taiga, desvió en un solo movimiento el shinai de Shirou hacia la izquierda, como queriendo desarmarlo. Pero el pelirrojo, quien ya había sido víctima de ese truco más de una vez en el pasado, aumentó la intensidad de su agarre en el mango y aprovechó el impulso para asestar una serie de tajos contra Taiga.

La fuerza de estos no tuvo el mismo efecto que el de alguien que pesaba más del doble que él, pero pudo hacer que ella diera un paso atrás. Esto le permitió extender su shinai en un camino directo hacia su estómago, pero Taiga paró el golpe mientras usaba su impulso para lanzar una estocada rápida hacia su pecho.

Apenas pudo retraer su espada a tiempo para guiar el shinai de Taiga lejos de su cuerpo y luego golpear su pecho con una estocada diagonal que falló, obligándolo a bajar su shinai nuevamente.

Fue bloqueado una vez más y el shinai de la adolescente descendió sobre su hombro, propinándole un golpe.

Era el final del combate.

"Ugh." Se quejó Shirou mientras meneaba la cabeza dentro del casco. "Otra vez."

"Duraste casi un minuto esta vez." Comentó Taiga, honestamente sorprendida. "Mi precioso Shirou, no ha pisado nunca un club profesional de Kendou y ya es suficientemente bueno para aguantar una ronda conmigo, estoy tan orgullosa." Dijo mientras se quitaba el Men, revelando su rostro sonriente y cubierto de sudor.

"Ughh, no te contienes para nada, Fuji-nee." Shirou retiró también el casco de su cabeza, pero a pesar de haberlo dicho en un tono que delataba molestia, su expresión mostraba que estaba animado.

"Shush." Taiga lo picoteo en el pecho con la punta de su shinai. "Esas son solo caricias, Shirou. Créeme que no quieres estar del otro lado cuando voy con todo, ¿recuerdas a Aoyama?"

El pelirrojo asintió con una mueca penosa. Claro que recordaba a una chica esbelta de cabello negro que había sido la rival de Taiga un año antes durante un torneo en Kumamoto. La chica había encontrado divertido burlarse de Taiga un par de veces por sus calificaciones.

Pero apenas ambas estuvieron en la Arena, pues…

Shirou tenía un compañero en su clase que era primo de ella. Apenas se había enterado de su relación con Taiga, este lo evitaba como la plaga.

"¿Era necesario casi romperle el brazo?" Preguntó secamente, causando que Taiga se encogiera de hombros.

"Meh, quizás no." Dijo, antes de quitarse el pectoral y dejarlo en su lugar. "Pero se lo merecía."

"Si, Fuji-nee." Respondió Shirou, aguantando las ganas de decirlo sarcásticamente.

"Buen chico." Taiga revolvió su cabello antes de caminar a la puerta del Dojo. "Bueno, iré a ducharme. Neko-Chan va a recogerme dentro de unas horas para ir a la comida de la que te hablé hace rato."

Y salió del lugar, dejando al pelirrojo solo.

Shirou de verdad disfrutaba el Kendo. Sostener el shinai y realizar los movimientos era algo que le gustaba hacer, lo único que lo mermaba a veces era que Taiga no tuviera mucho autocontrol. Pero fuera de la molestia de la cual le había hablado un par de veces a Kiritsugu, el pelirrojo apreciaba sus sesiones con Taiga.

Pero un duelo de Kendo es cosa de dos personas. Lo máximo que podía hacer por su cuenta era practicar katas individuales y corregir su postura, tal y como le había indicado Taiga.

Pero, Shirou no tenía ganas de hacer eso en aquellos momentos. Recogió el shinai de Taiga y fue a colocarlo junto con el suyo con los demás. Apenas terminó con eso, miro uno que estaba algo separado de la pila y un pensamiento extraño se le vino a la mente.

'¿Cómo sería si pudiera arrojarlo?' Pensó con humor antes de menear la cabeza ante lo ridículo que sonaba eso solo para detenerse tras recordar los dardos con los que había jugado el día anterior.

Fue entonces que una idea más se le vino a la cabeza. ¿Cómo es que no lo había pensado antes? La respuesta había estado ahí todo el tiempo enfrente de él.

Shirou imagino el martillo siendo disparado en su cabeza, dejando que sus circuitos se activaran. Suspirando, pronunció su Aria antes de comenzar el hechizo más simple que conocía así como también el que mejor podía utilizar.

"Juzgando el concepto de creación." Murmuró Shirou, mientras imaginaba el mismo dardo que había arrojado. "Hipotetizando la estructura básica." La pequeña forma del proyectil, desde su punta a su cola se hizo presente en su imaginación, y finalmente.

"Proyectando el producto terminado."

Un leve destello de energía mágica se manifestó de manera etérea por un par de segundos en su mano derecha, y luego se disipó revelando una copia idéntica del dardo en esta.

Shirou sonrió, mientras jugaba con este. Para ser una taumaturgia completamente inútil de acuerdo con Kiritsugu, tenía sus usos para él. Era divertido crear copias de cosas, aun si estas se desaparecían lentamente.

Shirou se concentró en un punto de la pared y adoptó la misma postura que Moritoki le había enseñado.

Sostuvo el dardo con tres dedos mientras separaba un poco sus piernas y colocaba su pie derecho hacia adelante, permaneció firme mientras dirigía su otro pie hacia un costado, y con sus ojos trazó una línea imaginaria hasta el punto donde estaba decidido a enviar el dardo.

Colocó su brazo derecho enfrente de él, y lo dobló con tal de que su mano quedara a la altura de los ojos antes de elevar ligeramente la punta del proyectil.

Cerró su ojo izquierdo mientras se concentraba en el centro y apretó un poco más el dardo con sus tres dedos. Lentamente, comenzó a doblar su brazo ligeramente hacia atrás, dejando que la cola del dardo quedará a escasa distancia de su ojo.

Los latidos de su corazón casi podían escucharse a medida que balanceaba el proyectil entre sus dedos.

'La muñeca, no debo olvidar la muñeca.' Recordó mientras le dedicaba una última mirada certera a su objetivo.

Entonces Shirou movió el brazo hacia adelante sin olvidarse de inclinar la muñeca, soltando así el dardo que salió disparado en dirección hacia el sitio.

Solo para romperse en una miríada de partículas de luz apenas rozó la superficie, muy para la molestia de Shirou, misma que se vio manifestada en la mueca que su rostro formó.

Ese era el problema con las proyecciones. Eran cosas muy frágiles, al ser solo imágenes de objetos creadas con energía mágica, en cierta forma no muy diferente de ilusiones.

Shirou suspiro mientras se cruzaba de brazos. Bueno, no sería la primera vez en la que había intentado experimentar qué tan duraderas las podía volver.

"Trace on." Murmuró, dispuesto a proyectar un segundo dardo y comenzar de nuevo.

xXx

Kurumazushi era el nombre del restaurante donde Kiritsugu había sido citado. No era un sitio muy elegante, pero al menos estaba un par de pasos arriba del bar de mala muerte donde había hecho contacto con Sagara Hyouma.

Kiritsugu se había presentado lo más temprano posible al establecimiento. Por obvias razones, armado. Sin contar a su Contender y la MDJ-09 que había adquirido el día anterior, contaba también con el pequeño cuchillo de caza reforzado, escondido en su bota. Se había asegurado de beber el vial antes de partir, y llevaba otro dentro de su gabardina por si las dudas.

Al haber entrado, un par de hombres sentados en mesas distintas se pararon antes de encararlo, solo para ser detenidos por otro más, que se introdujo como Haisaki y que trabajaba para unos asociados del señor Kaburagi, quien le estaba esperando en un comedor privado.

Eso lo había llevado hasta ahí, sentado en una mesa con el traficante, mientras comía lo que se había servido de la fuente en medio de esta. Acción que había sido repetida por Kaburagi y la tercera persona que les acompañaba. Un hombre a punto de entrar a su tercera década de vida, con un rostro serio y cabello negro, cuyo rasgo mas característico yacía en el fleco que contrastaba horriblemente con su buen peinado e iba a parar mas allá de su frente.

Por alguna extraña razón, aquel rostro se le hacía familiar.

"Kaburagi-san," Hablo Kiritsugu. "¿Va a presentarme a nuestro acompañante?"

"Jejeje, Nakamura-san, conozca a un socio mío, Yukinobu Yakou." Respondió el traficante mientras le propinaba una palmada en la espalda al hombre, quien meramente se limitó a asentir de manera estoica, con sus ojos no perdiendo de vista en ningún instante a Kiritsugu.

'Yakou, Yakou.' Kiritsugu pensó. '¿En dónde he escuchado ese apellido?'

El pelinegro no encontraba para nada agradable tal cosa. Se podía hasta oler la desconfianza que aquella persona estaba proyectando en él y algo así era casi un preludio para la fatalidad.

"Ken Nakamura, un placer." Respondió a su vez con una cordialidad estrictamente neutral, causando que el hombre emitiera un gruñido bajo y asintiera de una manera tan leve, que uno creería habérselo imaginado.

"Lo traje aquí, porque es por medio de sus recursos que estoy transportando una entrega muy especial." Explicó Kaburagi antes de llevarse un trozo de sushi a la boca. "Entrega que contiene al menos uno de los productos que comentó que su patrón estaría interesado."

Ante aquella revelación, Kiritsugu asintió mientras recordaba el guión que había inventado la noche anterior, con el fin de seguir con la mascarada.

"Excelente." Comentó antes de tomar un sorbo de su té. "Tuve una llamada con él anoche después de la que realice con usted. Él me confirmó su interés, pero espera que observe el producto en persona y le proporcione mi opinión antes de que él venga a hacerlo."

"Oho, ¿vendrá aquí entonces si todo sale bien?" Era difícil no notar la avaricia del hombre, quien asintió complacido. "Muy bien, muy bien. El barco que lo transporta debería de llegar a más tardar el día de mañana."

"¿Aquí?" Pregunto Kiritsugu. Sería más rápido de lo que esperaba, y de igual manera, no era como si tuviera un tiempo límite a juzgar por Makihisa diciendo que le tomaría una semana conseguir la información que necesitaba para poder continuar con la primera ruta de su investigación.

"No, en un puerto mucho más al sur." Respondió Kaburagi mientras continuaba con su comida. "Transporto demasiadas cosas directamente hacia aquí por la bahía, no soy un hombre que tome demasiados riesgos. Así que esta vez enliste la ayuda de Yukinobu-kun aquí, quien está más que dispuesto a apoyarme por el precio adecuado, ¿no es cierto? Jejeje."

Si Yukinobu encontraba divertido lo que sea de lo que Kaburagi se estaba riendo, no lo estaba demostrando. De hecho, en sus ojos se manifestó la sombra de la molestia, así como la fuerte señal de la impotente frustración, sensación con la que Kiritsugu estaba más que acostumbrado.

"Ya veo, lo entiendo." Asintió Kiritsugu, terminando con el primer platillo antes de servirse un poco más de pescado de un cuenco lleno de este. "A propósito, quería aprovechar para preguntar si entre sus productos cuenta con manuales de taumaturgia que no sean tan exóticos."

El traficante parpadeo antes de llevarse una mano a la cabeza, rascando su escasa cabellera. "Hmm, manuales de taumaturgia." Musitó para sí antes de bajar su mano. "Cuento con varios grimorios, algunos viejos y algunos nuevos. Son de los pocos productos de los que no tengo un proveedor fijo, se los compró a quienes quieren deshacerse de ellos pero como rara vez se venden como tal, le pagó a alguien para despedazar las páginas y las vendo a quienes necesitan materiales así, como esos que se dedican a construir Golems."

Grimorio era el nombre que se les daba a los libros que tenían escritos hechizos dentro de sus páginas, así como toda clase de conocimiento mágico. Había varios tipos de estos, aunque en su mayoría se limitaban a ser solamente lo equivalente a un diario de trabajo para un magus. Si bien podían ser encantados, tal proceso a la larga resultaba ser casi innecesario debido a su naturaleza.

"¿Algunos ejemplos de que contienen?" Pregunto otra vez Kiritsugu. Ya que le había prometido a Shirou encontrar algo para mejorar su educación mágica, por lo menos podría intentar adquirir algo del traficante con quien estaba lidiando.

"Son notas de taumaturgia local que no sirven para nada en su mayoría. Aunque algunos tienen instrucciones para la creación de amuletos y otras cosas." Respondió Kaburagi mientras atusaba su barba. "Creo recordar uno que tenía unos hechizos de Houjutsu, pero fuera de eso son las mismas cosas de siempre: alquimia china y europea, herbolaria, astrología y conjuros tan básicos que son obsoletos o demasiado obscuros para que alguien se moleste en intentar ponerlos en uno. Lo mejor que podría ofrecerle son un par de libros de una familia caída, que me vendió un Sicario de la Asociación luego de llevarse el premio gordo."

"Me sirven." Respondió Kiritsugu. A decir verdad, todo parecía indicar que quien tendría que terminar por aprender no sería solo Shirou, también él. Esperar que su hijo aprendiera taumaturgia por su cuenta era inverosímil, a menos que fuera un prodigio único dentro de varias generaciones. Eso solo dejaba como opción que tuviera que estudiar con el fin de intentar instruir mejor a Shirou.

Un prospecto que realmente no le emocionaba. Eso, y que estaba asumiendo que Shirou pudiera encontrar una forma de taumaturgia más compatible para él en las cosas que él le trajera.

Había una opción más, una que el pelinegro había estado evadiendo hasta ahora y con buena razón. La Cresta Mágica de Shirou era una variable desconocida, si bien él estaba casi seguro de que podría intentar analizarla sin riesgo de que la maldición del Grial pudiera afectar a Shirou, Kiritsugu no quería arriesgarse.

Eso y que desconocía si la Cresta contaba con algún mecanismo de defensa en respuesta a alguien ajeno al linaje de está intentando entrometerse con sus funciones. Estas eran prácticamente órganos artificiales e igual de frágiles.

Seguramente, al estar conectado con la Cresta, Shirou podría usar sin problema alguno los hechizos que había heredado de sus ancestros. El caso era que, aprender a usar una Cresta dependía de instrucción por parte del predecesor o especialistas y todo mientras el portador era supervisado.

Kiritsugu, quien había heredado tan solo una mísera parte de la Cresta Emiya, no había tenido nada de dificultad en aprender cómo manejar los pocos hechizos grabados en esta, el verdadero rato había sido el cómo combinarlos con el fin de poder usarlos de manera efectiva.

De ahí el origen de su aplicación personal del Control de Tiempo Innato de los Emiya. Dudaba mucho que Shirou tuviera tanta suerte como él con lo primero.

'Sougen quizás sea una opción.' Pensó. El viejo curandero podría supervisar sin problemas el acceso de Shirou a su Cresta, pero no sería de mucha ayuda en lo demás. Quizás lo más irónico es que tampoco la opción que Shirou había mencionado sería muy viable.

Conseguir un maestro de Taumaturgia no era algo tan extraño. Había visto y oído de casos donde un joven magus servía como aprendiz dentro de una familia a cambio de cumplir ciertas condiciones, o donde otro era contratado por una con el fin de servir como tutor en ciertos aspectos.

... El problema radicaba en que un magus ajeno al linaje manipulando la Cresta de este no solo era un tabú entre los tabúes, también estaba el hecho de que el desconocer la familia original de Shirou era prácticamente la receta de un desastre listo para ser preparado.

Decisiones, decisiones. Todas complicadas, que fastidio.

Kiritsugu evitó mostrar señal alguna en su expresión de la molestia que le había azotado, mientras seguía comiendo en compañía de los otros dos hombres. La conversación se tornó algo más amena, con Kaburagi presumiendo de sus negocios y uno que otro producto que había adquirido, mientras Yukinobu se limitaba a asentir, gruñir, negar con la cabeza y servirse porciones cada vez más grandes.

Uno creería que estaba intentando mantener su boca el mayor tiempo posible con tal de hablar en lo más mínimo. Eso hubiera sido incómodo, de no ser porque el traficante parecía estar plenamente satisfecho con cómo se encontraba el ambiente.

Terminaron todos los platillos en la mesa, pero Kaburagi no tardó en ordenar un par más a un mesero, quien le dedicó una mirada a Yukinobu, como buscando su aprobación. El hombre, sin cambiar en ningún momento su expresión se limitó a asentir, causando que el mesero se estremeciera antes de salir del lugar dispuesto a comunicar la orden.

Aquello captó el interés de Kiritsugu, pues una reacción así solo era posible por un nerviosismo bastante intenso... ¿Pero que lo había causado?

La orden de Kaburagi, que consistía en platillos más dulces no tardó en llegar, y tanto el pelinegro como Yukinobu se abstuvieron de degustar dicha comida, dejando al traficante el doble de contento.

Kiritsugu contempló con disgusto esa escena, casi comparando al traficante con un cerdo dentro de su mente.

Pasaron varios minutos antes de que Kaburagi terminará con su comida, y dejará escapar un fuerte eructo, demostrando lo satisfecho que había estado.

"Je, estoy completamente lleno." Comentó antes de propinarle una nalgada a su estómago. "¿Disfruto la comida, Nakamura-san?"

Kiritsugu asintió. "Estuvo deliciosa, Kaburagi-san. Le agradezco bastante."

"Oh, no es nada. Todo por un buen negocio." El traficante se levantó, seguido por Yukinobu quien por primera vez en toda la reunión, pareció demostrar una emoción más que una severa apatía, un breve resplandor de satisfacción recorrió su mirada.

Los instintos de Kiritsugu siguieron en alerta apenas notó eso, pero se guardó de mostrar una reacción visible.

"Entonces, supongo que he de esperar hasta que su cargamento llegue hasta aquí para poder ver el producto." Comentó Kiritsugu, mientras se dirigía hacia la puerta. "En ese caso, esperaré una semana. Tengo ese tiempo suficiente para permanecer aquí sin problemas."

"De hecho, el día de ayer me ocupe teniendo que mover unas cosas de uno de mis almacenes." Respondió Kaburagi. "Entre ellas, había un par de cosas interesantes, incluidos un par de ojos de rango dorado." Dejó caer la revelación.

Kiritsugu se detuvo en el umbral y volteo. Algo andaba mal, podía sentirlo. "¿En serio?" Preguntó, manteniendo el interés en su voz con el fin de no romper la fachada.

Aparentar indiferencia a esas alturas sería desechar por completo la vía más directa hacia el segundo (y a regañadientes más probable) rastro que había encontrado, también dejaría una mancha permanente dentro de su historial con el traficante, lo cual no podría ser nada bueno.

Debía de seguir jugando con aquella parte, razono.

Kaburagi asintió gustoso. "Hay otras cosas por ahí, libros y otros grimorios incluso. Es un sitio pequeño dentro de este edificio, pero con el suficiente espacio para guardar cosas que no me sirven."

'Que terriblemente conveniente.' Pensó Kiritsugu, entornando los ojos mentalmente mientras que en su cabeza ya se estaba preparando para el peor escenario. "Muy bien, me gustaría verlo entonces." Respondió, a lo que el traficante asintió antes de caminar hacia el umbral y salir del cuarto luego de que Kiritsugu lo hiciera.

Yukinobu, aun en su estoico silencio los siguió.

El pasillo se extendía hasta una puerta con un par de letreros que impedían el paso a los clientes. Al lado de esta, se encontraba el hombre que había recibido a Kiritsugu, Haisaki quien se levantó de su silla y abrió la puerta.

Del otro lado de esta, se extendía otro pasillo que terminaba en unas escaleras, por las cuales descendieron en silencio.

"Este lugar le pertenece a la familia de Yukinobu." Explicó Kaburagi, "Tuvieron la generosidad de rentarme el lugar a un módico precio."

"Veo que se encuentran en muy buenos términos." Comentó Kiritsugu, sintiendo los ojos del hombre silencioso prácticamente clavándose en su nuca.

"Es una buena relación, si." Respondió Kaburagi con una amplia sonrisa. "Yo proporciono, ellos compran. Y me aseguro de darles descuentos a cambio de los favores que me hacen."

'Eso definitivamente no sonó ominoso.' Pensó Kiritsugu.

Siguieron caminando hasta llegar a un sitio que parecía haber sido un estacionamiento antes a juzgar por la estructura y el espacio. Un par de paneles estaban alzados por ahí, sostenidos con cajas y contenedores de tamaño considerable. Para Kiritsugu, no era más que el cubil de un contrabandista, algo que ya había visto varias veces en el pasado.

Incluso Fuyuki tenía un par, un recuerdo de los días en los que el Grupo Fujimura había tenido tal actividad como uno de sus negocios más lucrativos.

Haisaki se adelantó, trotando hasta detrás de uno de los paneles mientras que Kaburagi le indicaba que le siguiera.

Kiritsugu hizo caso, y caminó hasta llegar al otro lado de la pared de plástico donde pudo ver al hombre al lado de algo cubierto por una manta, pero eso no fue lo que llamó la atención del pelinegro.

Lo hizo la sonrisa maliciosa en el rostro de Haisaki, que lucía todavía peor por su mejilla picada por la viruela.

Activo sus circuitos mágicos justo cuando la alarma de su mente sonó a máxima potencia, solo para poder ver como una barrera de un color violáceo parecía extenderse desde el techo hasta el suelo.

"¿Cuál es el significado de esto, Kaburagi-san?" Pregunto Kiritsugu, aunque en su mente parecía tener ya la respuesta.

La carcajada del hombre sonó detrás de él, haciendo que volteara. El panel se había tornado transparente, y mostraba al traficante y a Yukinobu del otro lado.

"No es nada personal, Nakamura-san." Respondió este mientras se encogió entre hombros. "O debería decir, ¿Kiritsugu Emiya-san?"

Kaburagi sonrió de una manera tan siniestra, que incluso el brillo de su diente de oro parecía haberse oscurecido, mientras que Kiritsugu dio un paso hacia atrás tras escuchar eso.

"¿Sorprendido? Seguro que sí." Continuó mientras se frotaba las manos. Kiritsugu ya estaba harto de escuchar la voz de ese hombre. "¿Cómo es que lo sabe?"

"No lo hacía, honestamente." Sorprendentemente respondió el traficante con un dejo de sinceridad. "Pero Yukinobu-kun aquí reconoció tu rostro. Me lleve una sorpresa a decir verdad, no todos los días recibes la visita de una celebridad."

'¿El otro?' Pensó Kiritsugu antes de fijar su mirada en él. Perturbadoramente, Yukinobu contaba ahora con una sonrisa siniestra mientras que en sus ojos se hallaba un brillo complacido que delataba lo mucho que estaba disfrutando la situación.

"Yukitori Yakou, ¿lo recuerdas, Asesino de Magos?" Gruño el hombre desde el otro lado del panel.

Kiritsugu parpadeo mientras ese nombre deambulaba por su conciencia, intentando conectarse con algún recuerdo de este, algo que consiguió luego de varios segundos, causando que el pelinegro abriera los ojos ligeramente de par en par.

Yakuza de Tokyo, Yakou.

Ahora recordaba porque el apellido Yakou se le hacía tan familiar, y porque creía haber visto un rostro parecido al de aquel hombre antes.

Salvo que el rostro era demasiado parecido, y lo había visto unos tres años antes, en uno de sus raros trabajos que había tomado antes de la Guerra con el fin de no haber perdido sus habilidades.

"1993, se me contrató para poner fin a su operación." Recordó, hablando más para él mismo que para los otros dos. Aquella respuesta pareció enfurecer más a Yukinobu, quien apretó los dientes.

Solo para que Kaburagi se le adelantara.

"No me molesta que mis clientes usen identidades falsas." Comentó tranquilamente como si todo se tratara de un malentendido. "Son gajes del oficio después de todo, y si nos estuviéramos en estas circunstancias, no me vería forzado a hacer esto, pero sin embargo." Dramáticamente señalo a Yukinobu antes de añadir. "No puedo en mi consciencia alienar a mis socios más cercanos por alguien a quien apenas conozco."

"Ya veo, entonces la solución es asesinarme aquí para que este pueda tener su vendetta." Kiritsugu resopló, mientras se preparaba para extraer cualquiera de sus armas en menos de un par de segundos.

"Así es, Emiya-san." Asintió Kaburagi antes de darle un par de palmadas a Yukinobu en la espalda y dar media vuelta en dirección hacia una puerta. "En fin, me retiro. Tengo un cargamento que recibir. Por muy breves que hayan sido, fue un placer haber hecho negocios con usted, no se preocupe por su Contender. Se lo comprare a buen precio a Yukinobu antes de que decida convertirlo en una especie de trofeo, jejeje."

El traficante se detuvo y le dirigió una última mirada a Kiritsugu mientras acomodaba sus gafas. "Me imagino que su cadáver ocupará ese puesto."

Y cerró la puerta detrás de sí, dejando a Kiritsugu solo en la estancia con Yukinobu, Haisaki y lo que sea que estuviera debajo de aquella manta.

Kiritsugu no tenía idea de que tan fuerte era el campo delimitante que lo separaba de Yukinobu y por ende, de la salida. Y antes de que pudiera siquiera extraer la pistola y descargar un tiro sobre este para averiguarlo, pudo ver cómo el hombre se tronaba los dedos mientras que un par de líneas luminosas alcanzaban a verse en sus brazos, mostrando que había activado sus circuitos mágicos.

El hombre mantuvo aquella sonrisa sardónica mientras caminaba hacia la barrera. "Vas a pagar por mi tío, Emiya. Te aseguro que voy a matarte." Declaró, mientras apretaba sus puños, dejando que estos quedaran envueltos en un halo de energía mágica llameante. "Por supuesto, después de extraer la verdadera historia de porqué estás aquí. Y voy a encargarme personalmente que te cueste sangre revelarla."

Kiritsugu no respondió. Su fachada había sido descubierta, y la única opción que tenía era pelear y huir.

"Haisaki, quítale esa cosa a la rata, se ve ridículo." Ordenó Yukinobu de la nada. Su esbirro obedeció sin titubear, y retiró el trozo de tela de lo que cubría, revelando así una figura amordazada y atada a una silla, con la cara cubierta de moretones.

A pesar de estar manchado de sangre, vómito y otras cosas que prefería no identificar, el pelinegro alcanzó a reconocer ese cabello teñido y algo del rostro de Hyouma Sagara, que parecía haber sido usado como saco de boxeo por horas y horas.

"Hmmp." Intentó gemir detrás de su mordaza el joven apenas sus debilitados ojos se posaron en la figura de Kiritsugu, quien entorno los suyos.

"El no tiene nada que ver con esto. Solo le pagué para que me condujera hacia el mercado." Comentó fríamente hacia Yukinobu tras dirigirle una mirada igual de gélida a Haisaki mientras este daba un par de pasos hacia atrás, intimidado, lo cual generó un resoplido de disgusto por parte del matón principal.

"No me importa. Igual estaba metiendo sus narices demasiado en donde no le convenía, nadie aquí lo va a extrañar y además..." Yukinobu atravesó la barrera como si esta no existiera en primer lugar. "Hasta ese cerdo de Kaburagi lo ordenó, y esta vez nada tengo en contra de esa orden."

Aquello reveló algo muy peculiar y que Kiritsugu había estado sospechando desde que contempló el nerviosismo de aquel mesero cuando Kaburagi pidió su postre.

"Ya veo, entonces no estás asociado con Kaburagi." Comentó Kiritsugu, dirigiéndose hacia Yukinobu antes de acusar de manera certera. "Trabajas para él."

De ser posible, el yakuza pareció enfurecerse aún más a juzgar por la expresión fuera de sí en su rostro, y que sus puños ahora estuvieran completamente cubiertos con una capa fogosa, que despedía chispas y lenguas llameantes.

"¡Cállate!" Grito encolerizado mientras doblaba ambos brazos hacia arriba antes de voltear hacia Haisaki, quien ya no se atrevía a moverse al estar presa de la tensión que envolvía el lugar. "Y tu, ejecuta a esa rata de una vez, no te quedes parado."

"Si, j-jefe." Casi tartamudeó el hombre mientras reveló una navaja de su bolsillo, la cual abrió y se proponía a dirigir contra el cuello de Hyouma con el fin de cortarlo.

El rubio se retorció como pudo mientras le dedicaba una mirada suplicante a Kiritsugu, prácticamente rogando por su vida. Sus ojos, llorosos y cansados tanto por la tortura que habían infligido en el como por el hecho de que estaba a punto de morir.

Un joven de clase dudosa, un criminal en potencia y un magus del rango más bajo. Un extraño no lo vería como nada más allá de eso, un extraño no lamentaría su muerte. A un extraño no le podría afectar.

De ser la primera vez de encontrarlo, quizás no hubiera sentido más allá de una pena pasajera por una muerte tan temprana, por algo más allá de su control.

Pero siendo encarado por ese visaje lloroso, y habiendo estado expuesto a la presencia de ese joven que solo había estado intentando ganarse la vida. Kiritsugu no lo pensó dos veces antes de extraer a la velocidad del rayo la pistola que recién había adquirido y descargó un disparo hacia la mano que sostenía la navaja.

BLAM!

Haisaki emitió un grito de dolor cuando la bala penetró la carne de su mano, forzándole a soltar la cuchilla que cayó al suelo, antes de que la carga explotara, dejando la extensión de su miembro convertida en un muñón medio carbonizado y supurante.

"¡GAHHHHH!" Gimió, agonizante antes de tropezar con su rehén y caer de rodillas, presa del suplicio de sentir la herida que Kiritsugu le había infringido.

Aquel movimiento había hecho que la silla a la cual estaba atado el rubio teñido se cayera también, causando que

El pelinegro estaba a punto de correr hacia Hyouma con el fin de liberarlo cuando sintió una oleada de calor golpeándolo repentinamente y se vio forzado a saltar hacia atrás antes de que una bola de fuego aterrizara en el lugar donde había estado parado un segundo antes.

"¡Bastardo!" Grito Yukinobu, teniendo un brazo con la mano abierta extendido. "¡Voy a quemarte hasta los huesos! ¡Gokuensō: Kaen!"

De la mano envuelta en llamas surgió lo que parecía ser una efigie con la cabeza de un tigre deforme que abrió las fauces antes de despedir otra bola de fuego que salió disparada contra Kiritsugu, quien se vio forzado a saltar hacia otro lado nuevamente con el fin de evitar el proyectil.

'Taumaturgia de Interferencia Elemental, de tipo Fuego' Pensó Kiritsugu mientras se preparaba para dispararle a Yukinobu, solo para verse obligado a moverse otra vez cuando una segunda bola de fuego fue disparada hacia el.

Y luego otra, y otra y otra.

Una miríada de proyectiles fogosos surgían durante un intervalo de tan solo un par de segundos de la mano derecha del yakuza, mientras que este lanzaba todo tipo de insultos contra Kiritsugu, no dándole ni un solo segundo de respiro. Pronto, una buena parte del lugar dentro de la barrera estaba cubierto con restos de las llamas generadas por los impactos de los proyectiles, dejándole poco espacio a Kiritsugu para moverse.

El pelinegro apretó los dientes, antes de esquivar nuevamente otra bola de fuego. Sin molestarse en apuntar, disparo con el fin de terminar de estar a la defensiva.

El perdigón fue interceptado por otra de las balas de fuego, causando una explosión que cegó a ambos por varios segundos, y que Kiritsugu aprovechó para descargar un par de tiros más a ciegas, con la esperanza de que alguno alcanzará su objetivo.

No tuvo tanta suerte. Yukinobu se vio forzado a saltar hacia su izquierda con el fin de evadir las balas, y apenas alcanzó a enviar otra bola de fuego a Kiritsugu, quien le disparó. Otra explosión, más intensa que la anterior despidió una onda de choque que empujo a los dos, causando que perdieran el equilibrio.

Kiritsugu se recuperó primero y estuvo a punto de disparar una última vez, aprovechando que Yukinobu se encontraba vulnerable, solo para detenerse al ver como este portaba una expresión victoriosa...

"¡Gughh!" Gruño Kiritsugu cuando un par de brazos lo rodearon por detrás, causando que dejara caer su pistola. El que uno en lugar de mano se tratara de un muñón horriblemente quemado delató la identidad del responsable.

"¡Jefe! ¡A-aqui l-lo tengo!" Exclamó Haisaki frenético mientras mantenía inmovilizado a Kiritsugu de ambos brazos con los suyos, obligándolo a permanecer en ese mismo lugar, estando completamente expuesto a un ataque por parte de Yukinobu.

"Jajaja, por fin te tengo." Se mofo el yakuza antes de comenzar a murmurar algo en voz baja. Al instante, una oleada de energía mágica envolvió la estancia y causó que las llamas en el suelo comenzaran a alzarse.

Como si se tratara de una procesión, todas flotaron hasta alcanzar la palma extendida de Yukinobu donde se arremolinaron hasta formar una gruesa esfera de fuego.

Kiritsugu se retorció contra su captor, intentando escapar de su agarre, pero este solamente lo intensificó, decidido a evitar que se soltara por todos los medios posibles.

El pelinegro apretó los dientes, no cesando en ningún momento de sus intentos de zafarse, mientras veía como la esfera de fuego se retorcía mientras emitía un brillo más intenso, iluminando el rostro de Yukinobu de una manera que lo hacía lucir casi diabólico.

"No lo voy a hacer rápido." El hombre detuvo el canto de su hechizo para amenazar más a Kiritsugu. "Vas a sentir como tus órganos se vuelven cenizas."

En respuesta a aquella declaración, la esfera palpitó hasta producir una especie de cabeza de dragón que intentaba abrir las fauces, concentrando dentro de estas una esfera más que amenazaba con expandirse.

Tratar de zafarse con fuerza bruta era imposible, el hombre que lo tenía atrapado era mucho más fuerte que él. Si llegara a ser mas rápido, quizás podría intentar escabullirse de sus brazos antes de que el hechizo de Yukinobu lo golpeara, pero su condición física ya no era lo que había sido hace años, ni en su mejor momento el hubiera alcanzado tal proeza a menos que...

Sus ojos se abrieron de par en par al caer en cuenta de que si tenía una manera de hecho, una que no había considerado hasta ahora. Recordaba cómo usarla, claro. Estaba literalmente grabado dentro de él, en la Cresta de su espalda.

Pero... No solo era algo que no había usado desde hace tiempo, era también el responsable del pobre estado en el que su cuerpo se encontraba. Eso, y que tampoco tenía la menor idea de que clase de efecto podría surtir sobre él con su maldición, aun si se encontraba bajo los efectos del vial de Sougen.

Era como una ruleta rusa, salvo que todos los casquillos salvo uno estaban cargados, y solo quedaba tirar del gatillo.

¿Realmente podía hacerlo?

Sin embargo, ver cómo la esfera en las fauces del pequeño dragón creado por Yukinobu se hacía cada vez más grande, era una clara señal de que no tenía opción. Kiritsugu cerró sus ojos momentáneamente, mientras imaginaba al martillo de la pistola siendo disparado justo cuando el yakuza gritaba.

"¡Muere de dolor! ¡Gokuensō: Enyari!"

El dragón terminó por tragarse la esfera, antes de liberar un torrente de llamas que fluyó por el aire hacia Kiritsugu. Su cuerpo, compuesto de lenguas fogosas que azotaban el espacio, predecían una horrida muerte a medida que se acercaba.

Pero el pelinegro no se concentró en este, en su lugar optó por fijar su atención en el patrón desordenado de su espalda, cuyos circuitos que tenía como compuestos se activaron, emitiendo un leve brillo mientras que el hechizo contenido y configurado dentro de estas volvía a ser usado luego de tanto tiempo.

"Time alter..." Recito en voz baja, antes de abrir los ojos y encarar el torrente de fuego a un escaso metro de distancia de él. "Double Accel."

BA-BUMP

Todo pareció detenerse por un momento. El hombre que lo estaba sosteniendo firmemente, el que estaba desatando un hechizo de fuego sobre él, e incluso la propia forma de magia que estaba a casi nada de carbonizarlo vivo.

Pero no, el tiempo no se había detenido. Era todo lo contrario, el flujo temporal alrededor de su cuerpo había sido acelerado hasta el punto en que desde su perspectiva, todo quedaba estático. Un truco útil, pero que no duraría más que un par de segundos.

Apenas Kiritsugu noto como a su alrededor todo parecía estar recuperando lentamente la movilidad, aprovechó la velocidad conferida por el hechizo para zafarse del agarre de Haisaki y se echó al suelo, dando una vuelta en este hasta quedar fuera de la trayectoria del torrente de fuego.

BA-BUMP

"Release Alter." Carraspeo, preparándose para lo peor apenas soltó el hechizo.

Un par de metros a su derecha, las llamas de Yukinobu golpearon de lleno a Haisaki en el vientre con suficiente fuerza para enviarlo hacia atrás.

"¡GAHAHAHHHHHHH!" El hombre soltó un alarido tremendo mientras era rápidamente cubierto por las llamas en el suelo, donde se retorció desesperadamente.

Atonito ante aquella visión, Yukinobu terminó el hechizo y se quedó pasmado por unos instantes antes de reparar nuevamente en Kiritsugu, quien intentaba incorporarse.

El pelinegro ignoró los gritos del hombre que estaba siendo quemado, mientras apretaba los dientes ante la sensación de tener metralla en sus articulaciones. El dolor muscular que acompañaba el usar ese hechizo se manifestó en en forma de punzadas a lo largo de su cuerpo, pero que no se comparaban en nada a la agonía que le causaban los efectos de la maldición, la cual afortunadamente no había surtido efecto.

"¡¿Cómo es que sigues vivo, bastardo?!" Grito Yukinobu iracundo, mientras extendía nuevamente su palma. "¡Gokuensō: Kaen!"

Nuevamente, otra de las bolas de fuego que había sido inicialmente usadas contra él salió disparada de ésta en dirección a Kiritsugu, quien torpemente alcanzó a hacerse a un lado antes de que esta pasara por donde había estado antes.

Notando la lentitud de sus movimientos como consecuencia del Control de Tiempo Innato, Kiritsugu rápidamente extrajo la otra arma de fuego que llevaba.

El Contender, blandido firmemente por el Asesino de Magos pareció adquirir un brillo siniestro al ser iluminado por las llamas, y disparó la bala que llevaba en la cámara apenas Kiritsugu apretó el gatillo.

Yukinobu abrió los ojos de par en par y disparó a su vez otra bola de fuego, la cual a duras penas alcanzó a interceptar la bala de Kiritsugu, generando otra explosión que le afecto por medio de la onda expansiva.

Aprovechando eso, Kiritsugu se dispuso a disparar de nuevo, solo para que el clink tan reconocible que indicaba la falta de munición en la cámara alcanzará sus oídos.

"Tsk." En ese momento, había olvidado que el Contender solo poseía espacio para una sola bala. Era la MDJ-09 la que contaba con varias balas en su interior, pistola que se encontraba a cerca de trece metros a distancia de donde estaba. Y apenas retiró sus ojos de ahí, se topó con los de Yukinobu, inyectados en sangre.

Este descargo una llamarada más, cortándole el paso hacia la pistola, muy para la molestia de Kiritsugu, quien se vio forzado a moverse hacia atrás como pudo, con el fin de evitar proyectil llameante tras otro.

Las tornas habían cambiado, y esta vez Kiritsugu no podía estar más en desventaja.

Mientras que antes había tenido la otra pistola para poder atacar e interceptar una que otra bola de fuego, ahora se veía forzado a esquivar como pudiera, sin poder siquiera acercarse al arma tirada en el suelo.

Y Yukinobu estaba al tanto de eso, motivo por el cual disparaba cada vez más rápido, produciendo proyectiles más pequeños, pero precisos que incendiaban el suelo alrededor del lugar, buscando atrapar a Kiritsugu para poder darle el tiro de gracia.

'Maldición, no alcanzó.' Pensó el pelinegro, esquivando otra bola de fuego. '¿Tendré que usar ese hechizo de nuevo?' Sus ojos se abrieron de par en par cuando sintió el calor acercándose de nuevo, y apenas alcanzó a moverse hacia la derecha, evitando por poco un proyectil más. '¡Demonios!'

"¡QUÉDATE QUIETO!" Rugió Yukinobu antes de descargar una de mayor tamaño, que alcanzó el espacio a la derecha de Kiritsugu, dejándolo cercado por dos hileras de fuego y con el único espacio libre estando enfrente de él, que era justo donde se encontraba su oponente.

"Al fin." Gruñó satisfecho mientras fijaba su palma directamente en Kiritsugu, dispuesto a terminarlo todo en un último disparo. "Ahora sí, no más juegos, no más milagros."

El pelinegro no se dignó a contestar, optando por tener listos sus circuitos mágicos para emplear el hechizo de los Emiya una vez más, a pesar de las consecuencias.

'3, 2, 1...' Pensó, sintiendo el Od fluir dentro de sus circuitos. "Time..."

"¡Gokuensō...!" Se preparó para gritar Yukinobu.

Pero una tercera voz sonó de la nada, con su propio hechizo.

"¡Sokōshō!"

Los ojos de Yukinobu se abrieron por la sorpresa, haciendo que perdiera la concentración en su hechizo y emitió un quejido seco luego de que algo impactara su espalda.

"Ughh..." El yakuza cayó de rodillas mientras que su puño derecho vio sus llamas apagarse y se llevó la mano izquierda hacia el pecho. "¡Aghhhh!" Gimió de dolor mientras se retorcía en el suelo, antes de desplomarse como un títere al que le habían cortado los hilos.

Kiritsugu parpadeo antes de mirar a la figura que estaba detrás de Yukinobu. Con la mano extendida, y aún luciendo como si lo hubiera atropellado un camión de basura, Sagara Hyouma le dedicó una mirada cansada antes de bajar la mano.

"N-Nakamura-san, o E-emiya-san, supongo..." Saludo con algo de pena con la voz quebrada.

"Sagara-san." Asintió Kiritsugu mientras se levantaba, mirando cómo las llamas que cubrían partes del suelo comenzaban a disiparse, al igual que la barrera que había estado manteniendo aislado el lugar. "Gracias por la ayuda." Ofreció, no sabiendo realmente que decir dada lo incómodo de la situación.

El rubio teñido meneo la cabeza, mientras que sus ojos se endurecian. "¿T-tiene la m-menor idea de cuánto tuve que p-pasar por su culpa?" Trato de gruñir, solo para que aquella oración saliera más seca que la arena de un desierto.

Kiritsugu meneo la cabeza a modo de respuesta, causando que el rostro lleno de moretones de Hyouma adoptara una expresión indignada. Abrió la boca para decir algo, solo para escupir sangre.

El pelinegro se acercó cautelosamente, como intentando demostrar que no planeaba hacerle daño. Solo para que Hyouma lo detuviera con el gesto de una mano.

"Ughh... Voy a necesitar un médico." Escucho musitar al rubio, antes de que este alzara la cabeza. "No lo salve solo p-por caridad. E-exijo una c-compensación por esto." Prácticamente demandó, haciendo que Kiritsugu pusiera los ojos en blanco antes de darse media vuelta y comenzar a caminar hacia donde se encontraba su otra pistola. "¡Oiga! Le estoy hablando."

Kiritsugu recogió el revólver y comprobó que estuviera en buen estado, antes de voltearse para encarar a Hyouma, solo para quedarse paralizado apenas vio cómo detrás de este, saliendo de la puerta por donde había visto a Kaburagi salir se encontraba uno de los matones del restaurante.

El hombre, cuya pálida piel hacía resaltar todavía más los tatuajes que tenía sostenía un celular en una mano. Y apenas su mirada se posó en el cuerpo inerte de Yukinobu, dejó escapar un grito hacia el celular.

"¡Mataron al jefe! ¡Mataron al jefe!" Repitió, antes de que una bala fuera a parar a su sien, matándolo al instante.

Kiritsugu soltó una maldición, cuando escucho como a la distancia se escuchaban docenas de pasos acercándose hacia el almacén, y le echó una mirada a Hyouma quien ahora si lucia atemorizado.

"¿Una tregua hasta salir de esto?" Ofreció.

"Por favor." Respondió el rubio sin titubear.

xXx

"Trace on." Shirou recito su Aria por sexta ocasión, mientras creaba nuevamente otra proyección de uno de los dardos. Esta era virtualmente idéntica a las anteriores en todo.

Mismo tamaño, misma forma y también.

La arrojó contra el punto que se había convertido en su blanco no oficial, solo para que esta se deshiciera en forma de partículas de luz.

Tal y como las otras cinco, igual de frágil.

Shirou refunfuño mientras desactivaba sus circuitos, sintiendo ya cómo estos comenzaban a calentarse más de lo debido. Por ahora, no había tenido ningún avance y tenía ya su límite por todo el día estando cerca.

Antes de abrir sus circuitos mágicos, Kiritsugu le había hablado a Shirou sobre el nivel de Od que uno tenía adentro en forma de unidades de energía mágica. Después de haberlos abierto, su padre le había pedido usar reforzamiento en varios lápices hasta pedirle que se detuviera si se sentía muy cansado o sus circuitos ardían.

En base a eso, Kiritsugu había hecho unos cálculos que indicaban más o menos que su nivel de Od actual constaba de treinta unidades de energía mágica, un número equivalente al que tenía de circuitos mágicos.

Kiritsugu le había ordenado estrictamente que no intentara usar sus circuitos hasta el día siguiente, y él obedeció. Fue al día siguiente que le pidió hacer lo mismo, salvo que en aquella ocasión Shirou apenas había alcanzado a reforzar una tercera parte de los lápices antes de sentirse agotado.

Lo que había servido para que Kiritsugu dedujera que algo llamado "la tasa de recuperación de Od" suya fuera de alrededor de diez unidades por día.

Como los dos días anteriores no había usado sus circuitos más que para aquel Análisis Estructural de aquel Kunai, algo cuyo costo era variable, pero jamás tan elevado, el día de hoy lo había empezado con sus treinta unidades completas.

De las cuales, había gastado dieciocho ya, dejándolo con doce de las cuales a lo sumo solo podría usar unas ocho si no quería desmayarse.

Lo que significaba, solo suficientes unidades para dos proyecciones más.

Ese límite era bastante odioso, a decir verdad. Pero según Kiritsugu, el límite de su capacidad de Od sería definido por completo cuando llegara a ser un adulto, por lo que estaría atrapado con treinta unidades de energía mágica hasta que entrara a la Secundaria.

"Hah, si tan solo existiera una manera de poder tener más energía que la mía." Comentó en voz alta Shirou mientras suspiraba. El pelirrojo se aseguro de que todo en el Dojo estuviera en orden, y salió de este en dirección hacia la casa.

Respiro el aire puro del ambiente, y pudo llegar a sentir a través de su nariz algo de la energía ambiental de la cual Kiritsugu le había hablado en sus lecturas...

Shirou se detuvo al caer en cuenta de algo y dio media vuelta en dirección hacia el cobertizo. Una vez adentro y tras asegurarse de haber cerrado la puerta se dirigió a uno de los cajones más recónditos del cual extrajo el cuaderno que había estado utilizando para tomar notas durante las lecturas que le daba Kiritsugu.

Lo colocó en la mesa donde descansaban un par de lápices que habían sido reforzados, y lo abrió.

"¿Dónde estaba? ¿Dónde estaba?" Repitió en voz baja mientras pasaba las hojas cubiertas de notas y dibujos sencillos, hasta finalmente llegar a una página con una nota que se había encargado de subrayar.

"Los magi utilizan libremente el Maná en el aire con el propósito de usar hechizos que exceden su nivel de Od personal, pero la cantidad que pueden utilizar al mismo tiempo se correlaciona con la capacidad de sus circuitos mágicos. Si no hay Maná disponible, sólo pueden utilizar hechizos a pequeña escala con sus reservas." Leyó Shirou, antes de pasar a la siguiente página, donde continuaba la nota. "De hecho, es una práctica común entre los magi iniciar sus hechizos con Od y luego mantenerlos funcionando con Maná, hmm."

El pelirrojo leyó las otras notas que había tomado sobre el tema y los engranajes de su cabeza comenzaron a rotar a medida que una idea parecía estar surgiendo de ellos.

En teoría, si abría sus circuitos mágicos y se quedaba un tiempo al aire libre podría 'recolectar' un poco de energía ambiental para poder compensar la que había gastado, y sin tener que esperar un par de días para que esta volviera a quedar completa.

El problema era que... Jamás había intentado hacer tal cosa antes, y honestamente no tenía idea de cómo se hacía.

Shirou se encogió de hombros y se dispuso a leer más, intentando captar todo lo que pudiera. Paso varios minutos revisando el cuaderno una y otra vez, hasta finalmente creer haber encontrado la forma de realizar el proceso.

El pelirrojo dejó el cuaderno sobre la mesa y caminó hacia afuera hasta terminar en medio del patio. Abrió sus circuitos mágicos, y dio un largo suspiro mientras se concentraba tanto en estos como en el ambiente a su alrededor, mientras que por medio de su olfato intentaba detectar la dichosa energía natural.

Sus circuitos, a pesar de estar activos, se relajaron al no estar siendo usados para un hechizo, dejando a Shirou en un estado bastante sereno que le motivó a cerrar los ojos.

Sniff, sniff.

El pelirrojo hizo una mueca cuando su nariz finalmente alcanzó a detectar algo. No podía verlo y mucho menos escucharlo, era un fuerte aroma que le recordaba al del campo de Fukuoka que había visitado el día anterior, salvo que mucho más fuerte.

El aroma a vegetación se acercó más y más, obligando a Shirou a recordar el siguiente paso. Con sus circuitos abiertos, alcanzó la fuente de ese aroma y la sujetó firmemente antes de arrastrarla hacia estos.

Apenas lo hizo, la tranquilidad de sus circuitos fue sustituida cuando sintió un ardor en estos, como si una botella de aceite estuviera siendo derramada dentro de el, forzándolo a apretar los dientes y emitir un quejido antes de que cortara la conexión.

"Auch." Gruño Shirou mientras sacudía su cabeza, solo para mirar como algunos de sus circuitos seguían manifestándose en sus brazos y estaban cargados con energía mágica a juzgar por el brillo que emitían. Y como no se sentía cansado, era lógico asumir que esta había venido del ambiente.

"¡Lo logre!" Exclamó Shirou, antes de taparse la boca de la nada al recordar donde estaba. Ruborizándose un poco, regresó hacia el cobertizo y cerró la puerta nuevamente detrás de sí.

Honestamente, no tenía manera de saber cuántas unidades de energía mágica había ganado pero viendo que estas se encontraban ocupando sus circuitos en aquellos momentos, solo necesitaba usar un hechizo para comprobarlo.

"Hmm, Trace..." Estuvo a punto de recitar su Aria mientras imaginaba el primero de los comandos para crear una Proyección, solo para detenerse.

'Ya proyecté seis veces el mismo dardo, todas las veces usando tres unidades de energía mágica.' Pensó antes de menear su cabeza. '¿Quiere decir que necesito usar más?'

Tres unidades había sido el costo que Kiritsugu le había comentado para la proyección, cada una por su respectivo comando siendo aplicado.

Lo único que podía 'mejorar' la calidad de la proyección de acuerdo a las notas que había tomado era tener una mejor imagen del objeto en su imaginación, pero eso solo sería posible si tuviera el objeto real a la mano o supiera cómo había sido construido, o algo así.

Se acercó nuevamente hacia la mesa y abrió el cuaderno, decidido a buscar algo más. Tuvo que ir a las últimas páginas donde había escrito algo, hasta finalmente encontrar una pequeña nota donde estaban escritos los tres pasos de la Proyección, el costo de estos y cuando tiempo duraban las copias.

Estuvo a punto de cerrar el cuaderno, cuando algo escrito en la esquina llamó su atención.

"También es posible aplicar Reforzamiento para mejorar las capacidades del artículo proyectado." Leyó en voz alta, antes de que sus ojos fueran a parar a uno de los lápices que había reforzado de manera exitosa unos días atrás, y se entornaran.

El costo de reforzar algo de manera sencilla consistía en dos unidades de energía mágica, apenas por debajo del de una Proyección, lo cual de acuerdo con las notas, coincidía con lo que le había dicho Kiritsugu acerca de que la Gradación de Aire era una forma algo más avanzada de Reforzamiento.

¿Podría ser esa la respuesta a su dilema? Solo había una forma de comprobarlo.

"Trace on." Shirou completó su Aria esta vez, y dejó que la energía en sus brazos fluyera hasta sus manos donde comenzó a manipularla.

"Juzgando el concepto de creación." En su mente, apareció nuevamente la silueta ya familiar del dardo que había proyectado seis veces.

"Hipotetizando la estructura básica." Tal y como estaba en su imaginación, manejo por medio de sus pensamientos la forma de este, volviéndolo idéntico en apariencia.

"Proyectando el producto terminado." Una serie de chispas y centellas aparecieron en el espacio entre sus dos manos y chocaron en un vórtice brillante, antes de finalmente revelar la pequeña forma del dardo en la mesa.

Sin embargo, Shirou se limitó a colocar su mano derecha encima de éste en lugar de levantarlo y recitó su Aria nuevamente antes de enfocar un Análisis Estructural leve a lo largo del dardo. Divisó con facilidad la pequeña estructura, y se sorprendió al ver lo distinta que era de los lápices y otras cosas que había Reforzado.

Era tenue, muy tenue. La silueta del dardo parecía estar parpadeando desde adentro y podía ver ya como un par de parches minúsculos aparecían a lo largo de esta, y se hacían cada vez más grandes.

'¿Esa es la degradación de la que el viejo hablo?' Penso Shirou mientras contemplaba el fenómeno, antes de menear la cabeza por haberse distraído, tenía algo que hacer. Concentró un poco más de la energía mágica de sus brazos en el dardo y por medio de la práctica adquirida, comenzó a dirigirla hacia el proyectil.

La energía mágica cubrió los parches y boquetes de este, y detuvo el parpadeo mientras que el pelirrojo se concentraba con tal de evitar de que metiera la pata.

Al cabo de varios segundos, la estructura del dardo pareció estabilizarse y Shirou soltó el hechizo.

A simple vista, nada había cambiado, pero desde el Análisis Estructural, no podía ser más diferente. El dardo, parecía haberse tornado mucho más sólido.

Shirou finalmente lo recogió y balanceó un rato entre sus dedos antes de posar sus ojos en una tabla de madera pegada a la pared.

Al encontrar incómodo el lugar donde estaba parado, se hizo a un lado y adoptó la posición de lanzamiento. Arrojo el dardo, y vio la trayectoria de este hacia la tabla, casi esperando como apenas rozara con esta se rompiera en mil fragmentos de luz como todas las veces anteriores,

Pero eso no pasó.

El dardo quedó firmemente clavado en la madera, muy para la sorpresa del pelirrojo. Sorpresa que se tornó en alivio, y después en satisfacción.

"¡Genial!" Exclamó mientras caminaba hacia el dardo y lo tomaba, antes de usar Análisis Estructural nuevamente en él para poder mirar la estructura.

Varias grietas se habían formado a lo largo de esta, revelando la naturaleza hueca del dardo y tras forzar un poco más el hechizo, alcanzo a notar como la degradación parecía seguir surtiendo efecto, aunque a un ritmo mucho más lento.

Pero lo había conseguido en cierta forma, proyectar dardos más resistentes.

Shirou regresó hacia el lugar donde había estado parado antes tras desactivar sus circuitos mágicos, y arrojó la saeta otra vez contra la madera. El espolón se quedó clavado a menos de un centímetro de la anterior marca, muy para la satisfacción de Shirou, quien tuvo que recoger el dardo nuevamente para poder seguir con el juego.

"Ugh, tal vez debería de proyectar varios." Dijo en voz alta, luego de que repitiera la acción por cuarta vez. Viendo que realizar la proyección y el reforzamiento había agotado toda la energía que había sacado del ambiente, la respuesta de cuanto costaba una nueva proyección eran cinco unidades de energía mágica.

En un buen día, podría proyectar hasta cinco sin ningún problema, eso era más que suficiente para entretenerse un rato. Algo distraído, arrojó el dardo con un poco de más fuerza, e hizo una mueca cuando este en lugar de quedar clavado contra la madera, terminó por chocar contra la pared e ir a parar hacia el suelo.

Shirou caminó hasta donde había caído, y contempló cómo se había roto y comenzaba a desvanecerse ya, no sin que antes pudiera ver como se encontraba hueco por dentro, como todas las proyecciones que había hecho.

Aun si las reforzaba, lo único que se volvía más resistente era la cubierta exterior. Pero el interior, permanecía vacío.

"¿Tal vez debería intentar averiguar cómo solucionar eso?" Se preguntó mientras veía como desaparecía por completo.

"¿Shirou?¿Estás ahí?" Escucho la voz de Taiga acercándose al cobertizo, haciendo que abriera los ojos con sorpresa antes de mirar como el cuaderno con sus notas seguía abierto sobre la mesa.

Shirou corrió hacia esta y apenas alcanzó a cerrarlo antes de que Taiga abriera la puerta.

"Aja, ahí estás." Declaró la castaña, quien lucía más arreglada de lo normal, causando que Shirou parpadeara, presa de la perplejidad.

"¿Si vas a salir entonces con Neko-nee, Fuji-nee?" Pregunto el pelirrojo con curiosidad, solo para que Taiga negara con la cabeza.

"Neko-chan tuvo que trabajar de turno en el bar de su padre." Respondió Taiga mientras negaba con la cabeza. "Pero tengo que ir a comer con un amigo de mi profesor de inglés como parte de mi servicio social."

"Oh, ya veo." Asintió Shirou, ya adivinando lo que iba a pasar. "¿Y tengo que acompañarte para que no te quedes sola, verdad?"

"Awww, que listo eres." Taiga se acercó a abrazarlo mientras revolvía su cabello. "Ya lo conozco desde hace unos meses, es un australiano que ha vivido muchos años en Fuyuki junto a su esposa, y su nieto vino de visita desde Inglaterra. Son los Mackenzie, a la mujer la viste una vez en el cumpleaños de mi mamá hace un año, Martha."

"Ohhhh." Shirou asintió, recordando a una mujer de edad avanzada con un cabello color naranja pálido y mirada amable, que se había llevado a escondidas dos botellas de cerveza cuando creía que nadie estaba mirando. "Ya recuerdo, ¿y el amigo de tu profesor y su nieto?" Pregunto.

"Glen, el abuelo lo conoce." Respondió Taiga casi al instante tras soltarlo. "¿El nieto? Hmm, ahora que me dices, no recuerdo bien su nombre."

'Que sorpresa.' Pensó Shirou, no atreviéndose a decirlo en voz alta mientras ambos salían del cobertizo en dirección hacia la casa. Si iba a acompañar a Taiga a otro lugar, primero debía darse un baño y cambiarse.

"Ah, ya recordé." Dijo Taiga antes de exclamar. "Waver."


A/N: ¿Recuerdan ese detalle de que Kirei & Rin salieron de Fuyuki en el quinto capítulo? Chan chan chan, pues no fue solo algo aleatorio.

Creo que nadie se esperaba que tuviéramos un capítulo iniciando con el punto de vista de Rin tan pronto. Pero aquí lo tienen, el debut oficial de nuestra tsundere favorita dentro de la historia, junto con el inigualable Kotomeme KireiGOD.

Vimos el retorno de Kohaku… Por un par de segundos antes de que Makihisa apareciera otra vez. Pero no se desesperen, la besto maid regresará más pronto de lo que creen.

Algún día.

Quizás.

Probablemente.

¿Tal vez?

Nah, estoy jodiendo. La verán en el siguiente Arco.

Lo cual nos lleva a la siguiente 'sorpresa'. Desde el día uno, su nombre ha estado en la etiqueta del Fanfic, por lo que su llegada era inevitable. ¿Pero cuántos esperaban que tomará lugar en este capítulo?

Denle la bienvenida al buen Waver a Tonton no Tatakai, y viene con todo… Salvo por el hecho de que aún no es Lord El-Melloi aquí, y tampoco es el amargado experimentado de Case Files sino una transición del superviviente de la Cuarta Guerra al gran instructor que será nueve años después.

Su desarrollo fue virtualmente el mismo de Fate/Zero, ya que pese a las diferencias de esa guerra con las de la de esta historia, no hubo mucho cambio en torno a Waver.

Ah, pero eso no significa que no sea otro testigo de lo que ocurrió realmente ahí junto a Kiritsugu, Kirei… Y otros.

Esperen revelaciones inquietantes.

Tenemos también el primer vistazo al Kendo que Taiga práctica, y Shirou demostrando que sabe al menos como sostener un shinai, dar estocadas y desviar un par de golpes… Como todo un principiante con al menos un par de meses de experiencia en sus hombros.

Quisiera aclarar que Shirou no está usando Tracing aun. De hecho, el uso y mecánicas de este es algo que ha sido sujeto a modificaciones por el bien de la narrativa, ya se verá cuando termine este Arco y en el siguiente.

Eso nos lleva a lo más importante del capítulo.

Yukinobu Yakou y su Clan, así como la yakuza que controlan son elementos introducidos por el segundo volumen de la secuela de Case Files. Fue una coincidencia muy curiosa que justo cuando andaba divagando con el submundo mágico de Tokyo, Sanda sacase información canónica al respecto.

Pero fuera de los nombres, me tome una libertad tremenda con los demás elementos. Lo digo para que no se confundan los que decidan irse al leer el volumen y vean que el sujeto no puede hacer las cosas que le puse aqui xD

Kaburagi revela sus verdaderos colores y Kiritsugu se encuentra en aprietos. Ah, pero en compañía de Hyouma, quien se volvio el caballo negro del Arco.

¿Cómo saldrán de esta? ¿A qué vino Waver a Fuyuki? ¿Porque las personas mueren cuando son asesinadas?

Descúbranlo en el siguiente capítulo, hasta la próxima.

- Sukracharya 06/09/21