A/N: Bueno, regresamos luego de dos semanas bien ocupadas, y con un capítulo que ya supera al anterior en tamaño. Veo que el último atrajo más seguidores que antes, cosa que agradezco mucho, especialmente tomando en cuenta que lo hice con mucho entusiasmo.
Este tampoco fue la excepción, ahora que finalmente estoy empezando con lo intenso del Fanfic,se notan mas mis ganas de escribir cada vez más. Aunque admito que debido a algunas ideas y reflexiones, me veo obligado a sustituir o eliminar arcos de la historia con el fin de mantener el orden progresivo.
Eso es algo que jamás me gustó de From Fake Dreams, por ejemplo. Toma un solo Arco previo a la Quinta Guerra y listo, nada mas. Pero pasa alrededor de un millón de palabras y más de cinco años lidiando con la Guerra.
Yep, no gracias. Lo mas irónico es que siendo catalogada como "muy Shounen" (Pese a que eso es más una demografía que un género), no cumple con un lineamiento básico de los ejemplos más populares de estos: Contar con varios arcos que vayan construyendo los eventos más impactantes de esta.
Y si bien yo no quiero convertir mi interpretación del Nasuverse en eso, si que me voy a tomar mi tiempo explorando varios escenarios de este. Pero, serán en orden y con un nivel.
Vamos a seguir la lógica del RPG, pero a largo plazo.
Nivel 1: Encontrar el gatito perdido.
Nivel 1000: Matar a dios.
Ya, a responder Reviews:
GustavoIVS: Gracias, gracias. Ya hasta creo que alcanzaré el doble dentro de poco. Me sorprende mucho.
El entrenamiento de Shirou es parte fundamental de la historia. Ya he dicho que me tomaré mis libertades con algunas cosas, pero todo con el propósito de que su crecimiento se sienta natural.
Shippeo a Waver con Taiga desde el Día #1. Así que vamos a verlos interactuar muuuuucho.
The King of Fakers: Thanks. Gracias por el apoyo.
Guest: Son niños. Muchas cosas pueden cambiar con el paso del tiempo.
Los intereses románticos de Shirou ya aparecen en mis notas, pero falta mucho para que el pelirrojo tenga esos pensamientos y viceversa.
Aunque puedo confirmar que no esperen que todas las relaciones canónicas que tiene terminen igual aquí.
Who-Cares-About-That: Tampoco yo, y por nada.
Ya, vamos a empezar con el capítulo.
AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.
Clave:
'Pensamientos.'
"Diálogo."
Especial
"Voz sobrenatural/Resaltado"
"Taumaturgia."
Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ
Konton no Tatakai
Capítulo Nueve
"Eumenes y Ptolomeo"
"Waver, dios mio. Como has crecido."
Waver sonrió, o al menos lo intentó, pues las manos de Martha sujetaban sus mejillas de tal manera que su expresión lucia de lo más distorsionada, se sentía como si estuviera otra vez en el dentista.
"Si, ya el abuelo me lo comento." Alcanzó a decir. La anciana sonrió dulcemente tras soltar sus mejillas, solo para darle una palmada a su estómago. "¡Auch! ¿Y eso porque fue?"
"Nada, nada." Martha rió mientras meneaba la cabeza. "Finalmente has logrado ponerte fuerte, seguramente ese golpe hace unos años te hubiera mandado al suelo."
Waver resoplo de buen humor, pero no negó que tal cosa hubiera pasado. Comparado a su aspecto escuálido y acomodado de antes que se aventurara a la Guerra del Santo Grial, podría decirse que estaba en buena forma.
Darse un paseo por la cuenca del Mediterráneo había bastado para obligarlo a mejorar su condición. Y si bien, esta ni de broma estaba al nivel de un magus dedicado al trabajo de campo o de un Ejecutor de la Asociación, comparada a una buena parte de los integrantes de la Torre del Reloj, era decente.
"El trabajo duro y la buena comida me han ayudado." Comentó, antes de echarle una mirada a la mesa. "Y hablando de eso, ¿hay algo que pueda hacer para ayudar? ¿Y porque hay cinco lugares en la mesa? ¿Vamos a meter más invitados?"
"Precisamente, Waver." Habló finalmente Glen quien había estado sentado en uno de los sillones de la sala de estar con una cerveza en la mano, pero que había caminado hasta estar parado a un lado de su nieto. "¿Recuerdas que te comente que solía tener un pequeño trabajo como maestro en una escuela de idiomas de aquí? Un colega, Gotou se fue a trabajar como profesor de inglés en la escuela Homurahara y un par de veces lo sustituí.
Conozco a varios de sus alumnos, y una de ellas va a venir hoy con una amiga a realizar su servicio social, seguro lo entiendes."
"Oh, ya veo." A decir verdad, Waver si que lo entendía. Eran pocos los que sabían que antes de entrar a la Torre del Reloj, él había atendido la preparatoria en Birmingham y la había completado antes de que su madre Camille, falleciera a causa de leucemia.
Ella había deseado que atendiera la Universidad Aston cercana, y se deslindara por completo de su interés en introducirse al mundo de la taumaturgia. Sobraba decir que Waver había hecho caso omiso, pues vendió todas sus posesiones apenas pudo y se marchó hacia Londres en busca de fama y fortuna, buenos tiempos.
Así que si, a pesar de la diferencia cultural y de sistemas escolares, entendía lo importante que era para las dos chicas.
"Y supongo que yo esté aquí es otra razón para que vengan, ¿no? Ya que soy de Inglaterra, y podría ayudarles." Dedujo. "¿Como se llaman?"
"Otoko Hotaruzuka y Taiga Fujimura." Glen le dio una palmada con su mano libre a Waver, casi causando que este emitiera un quejido. "Veo que esas novelas de detectives que te recomendé si te están sirviendo de algo."
'No tienes ni la menor idea, viejo.' Pensó Waver mientras reía nerviosamente. Esa afición suya se remontaba a los días que pasó en la casa de los Mackenzie al término de la Cuarta Guerra una vez que se aburrió de jugar Admirable Great Tactics VI. Encontrando en un estante un libro que recopilaba historias de Sherlock Holmes, se dispuso a leerlo.
Para ser historias escritas por un autor y basadas en las experiencias de una figura popular de su país natal, Waver nunca antes había demostrado interés alguno en estas. Eso cambió luego de terminar todo el libro en unos tres días y apenas regresó a Londres, dedicarse a comprar todos los demás.
Durante sus viajes en el año sabático que se había tomado, se había visto enfrascado en un par de asuntos que le habían obligado a inconscientemente imitar cosas que había aprendido de dichas historias en conjunto con un creativo uso de taumaturgia. No podía decir que era un genio deductivo como Holmes, pero sí que su intelecto en ese campo distaba mucho de ser común.
De no estar dispuesto a convertirse en un conferencista o quizás profesor en la Torre de Reloj, con el fin de continuar algo del legado de su profesor fallecido, probablemente hubiera buscado una carrera como agente de la Facultad de Ley.
El timbre sonando le impidió que dijera algo.
"Yo abro." Se ofreció antes de que Martha y Glen pudieran moverse. Waver atravesó rápidamente el pasillo en dirección hacia la puerta mientras recordaba los dos nombres que su abuelo había mencionado.
"Otoko y Taiga, hmm." Musito con algo de humor. "¿Por qué me suena el segundo nombre?" Su mano alcanzó la manija de la puerta antes de abrirla.
"Hola, soy Waver, el nieto de Glen y Martha. Encantado de conocerlas." Se presentó, solo para toparse con una adolescente castaña y un niño de al menos unos diez años con el mismo color de cabello que cierto Rey de los Conquistadores, y un par de ojos de un color ocre brillante."
"Hola, soy Taiga Fujimur... ¡¿Aehhhhh?!" Trató de introducirse la chica antes de exclamar mientras lo señalaba con mucha sorpresa. "¡¿Tu?!"
"¿Waver? ¿Qué sucede?" Preguntó Glen, acercándose por el pasillo, solo para ser ignorado por los presentes.
"¿Quién? ¿Yo?" Waver alzó una ceja, no menos sorprendido, aunque mucho más confundido por aquella reacción.
"¡Si, tu!" Exclamó la castaña antes de acercarse y comenzar a picotear su frente con su dedo índice, haciendo que el pelinegro retrocediera. "¡¿Que no me reconoces?! Nos vimos hace dos años y pasamos casi toda una noche juntos."
Tanto Glen como Waver soltaron un respingo, y el niño pelirrojo se quedó boquiabierto mientras le dirigía una mirada atónita a la chica.
El pelinegro pareció recuperarse de su estupor primero y meneó la cabeza. "L-lo siento, creo que me está confundiendo con otro."
Lamentablemente para él, tal parecía que la chica era tan testaruda como una mula. Y vaya que su memoria era muy buena (O increíblemente conveniente).
"¡No mientas!" Insistió antes de añadir. "Te recuerdo más bajo, con el pelo corto, sin lentes y vestido como ñoño. También estabas acompañado por un hombre gigante, pelirrojo y barbudo."
"¿Alexander?" Preguntó Glen, claramente reconociendo a la persona que describía la chica.
Waver igualmente se quedó atónito e iba a responder cuando entorno los ojos mientras se enfocaba en el rostro de la castaña, y lo comparó con uno prácticamente idéntico que recordaba de sus memorias.
Si hubiera podido haberse dado una bofetada, lo hubiera hecho. ¿Cómo había podido ser tan ciego?
"Taiga Fujimura, Taiga Fujimura... " Repitió antes de darse una palmada en su sien. "¡Ya te recuerdo! Eres la chica que se tiró al río para salvar a ese perro."
Taiga se ruborizó al recordar eso pero no lo negó. En su lugar, se limitó a asentir alegremente.
"Se me hacia familiar tu nombre, jejeje." Comentó mientras se rascaba nerviosamente la nuca. Se detuvo y parpadeó como si hubiera recordado algo y puso ambas manos en el hombro del niño pelirrojo antes de colocarlo enfrente de ella. "Oh, este es mi hermanito Shirou. Neko-ch... Otoko tuvo que ir a atender el bar de su padre así que no pudo venir, así que lo traje a él."
"Hola." Saludo animadamente Shirou.
Waver lo saludo con una sonrisa, mientras tomaba en cuenta las facciones de este y entornaba un poco los ojos, solo para menear la cabeza para sus adentros.
"Entonces, ¿podemos pasar?" Pregunto Taiga.
Un par de minutos después, estaban los cuatro en la mesa y probando la comida elaborada por Martha. Esta consistía en platillos de corte occidental, la mayor parte siendo australianos. Aunque viendo que una de las raíces más notables de la gastronomía de ese país provenía de Gran Bretaña, Waver encontró un par de guisos algo similares a los que solía ver a menudo en Londres.
La conversación era bastante animada, y básicamente consistió en aclarar cómo era que Taiga y Waver se habían conocido, muy para la vergüenza de esos dos y la diversión de la pareja de ancianos, así como de Shirou, quien en parte pasó un tiempo admirando la comida que yacía sobre la mesa, una que era prácticamente diferente a toda la que había intentado preparar hasta el momento.
Pareció conectar rápidamente con Martha, quien lo recordaba vagamente de una fiesta y contestaba alegremente todas sus dudas respecto a la cocina.
Al cabo de una hora, habían terminado la comida. Martha recogió los trastes, siendo ayudada por Shirou y los llevó al fregadero con el fin de lavarlos, cosa con lo que el pelirrojo también ayudó. Los otros tres se trasladaron a la sala de estar, donde siguieron con su conversación.
Waver comento que había terminado prácticamente su educación superior en Londres, y estaba haciendo preparativos para poder ser reconocido como un asistente de profesor mas en la institución a la que estaba afiliado, muy para el asombro de Taiga, quien añadió que recordaba aquella sugerencia de hace años de convertirse en maestra, algo que hizo que el pelinegro sonriera al recordar.
Con el fin de que la conversación fuera más productiva para ella, esta estaba siendo ejecutada en inglés. Si bien los tres acentos no podían ser más diferentes, podían entenderse sin ningún problema.
Eventualmente, Glen tuvo que retirarse por un vaso de agua a la cocina, dejando a los dos conocidos solos en la sala.
"Tu inglés es muy bueno, Taiga." Reconoció Waver. "Se nota que has estudiado duro."
"¿En serio? Aww, gracias." Respondió Taiga, claramente alegre por esa noticia. "En serio, gracias a ti. De no ser por tu consejo, no sabría qué más hacer conmigo más allá de dedicarme al Kendo. Ah, y del señor Alexander también. Hablando de él, ¿sabes dónde se encuentra? Quisiera verlo una vez más para poder agradecerle."
El pelinegro se acomodo en el sillón antes de responder. "El... Está en Macedonia desde hace un par de años, pero si lo veo alguna vez, me aseguraré de decirle."
"¿Lo harías? ¡Genial!" Exclamó Taiga. "Me gustaría que Shirou lo conociera. Lo adoro y todo, pero a veces me preocupa lo distinto que es de otros niños de su edad."
"Bueno, " Dijo Waver. "No seré Alexander, pero si puedo dar un par de consejos. ¿Cómo que es distinto?"
Taiga resoplo. "Shirou no es un mal chico... Solo que es un poco raro. ¿No te fijaste? Rápidamente se puso a ayudar en la casa."
Waver le echó una mirada al pasillo que conducía hacia la cocina y se encogió de hombros. "A mi me pareció un gesto muy educado. Rayos, lo que daría por que mis antiguos compañeros de clase tuvieran la misma cortesía."
"Si, eso es lindo... Pero." Taiga respiro hondo antes de continuar. "El siempre quiere hacer todos los deberes domésticos, hasta se deprime cuando lo mandó a jugar o distraerse. ¿Qué clase de niño de nueve años encuentra entretenido barrer?"
Waver alzó una ceja, mientras que en su mente se imaginaba a Shirou con la apariencia de un Brownie irlandes, arreglando todo el piso de un edificio londinense y se contuvo la risa.
"Ya veo. Pues si, es raro." Concedió. "¿Acaso lo obligaban a hacer esas tareas de pequeño y se le quedó condicionado?"
Taiga resopló, pero no con mucho humor. "De hecho no, es algo que aprendió por su cuenta. Aunque, Kiri era y es un inutil en esas tareas, así que tampoco es que sea muy sorprendente que Shirou las haya tomado.
Quiso aprender a cocinar después de que el quemara arroz y casi incendiara la cocina."
"¿Kiri?" preguntó Waver al escuchar el nombre.
"Ah, es el padre de Shirou. Está de viaje, por lo que el pequeño queda a cargo de mi familia y yo." Respondió Taiga. "También fue uno de mis tutores de inglés."
"Ohh, creí que era tu hermano, o medio hermano." Confesó Waver algo apenado. Debió de haber considerado aquella opción, viendo que los dos no se parecían para nada.
"Oh, no. No estamos emparentados." Admitió Taiga. "Pero hemos sido muy cercanos desde hace un par de años. Así que lo considero mi hermanito en todo lo que cuenta y viceversa."
"Entiendo." Asintió Waver. "El señor Kiri ha de estar bien versado en el idioma para poder enseñarte bastante."
"Lo es, Kiritsugu sabe de varios idiomas." Confirmó Taiga mientras se volteaba con el fin de alcanzar un plato con botanas en el centro de la mesa en la sala.
Y no viendo como el rostro de Waver palidecía con aquel nombre.
'Seguro es solo una coincidencia, ¿cuantas personas en este país han de llamarse así?' Pensó, intentando calmarse. Alcanzó un vaso de agua en la mesa y se dispuso a tomarlo, cuando Taiga habló de nuevo.
"Creo que una vez dijo que un Emiya siempre habla más de tres lenguas."
GLUGLUGLUG-
Waver estuvo a un paso de atragantarse con el agua tras escuchar el apellido.
xXx
BLAM! BLAM! BLAM!
Kiritsugu alcanzó a esquivar por un pelo los disparos antes de tomar refugio detrás de un contenedor. El olor a pólvora en el aire, así como el sonido de las descargas y el ocasional grito de dolor taladraban sus oídos, pero eso no le impidió sujetar la pistola que había hurtado de uno de los cadáveres, y correr rápidamente hacia el siguiente contenedor, mientras disparaba a los matones que le venían siguiendo el rastro.
"¡Agh!"
"Uggh!"
Alcanzó a escuchar y vio como sus disparos habían sido certeros, clavándose en el pecho de dos de los hombres, con uno perforando el pulmón izquierdo y el otro seguramente destrozando el corazón.
Los dos yakuza se desplomaron sin vida sobre el suelo, mientras que el tercero, armado con un rifle de asalto lanzó un alarido encolerizado antes de apuntar contra Kiritsugu.
Este estuvo a punto de dispararle nuevamente con el fin de matarlo antes de que tuviera la oportunidad antes de que.
Clink
"¡MUERE!" Gritó el yakuza, abriendo fuego sobre él.
"Tsk, Time Alter: Double Accel." Gruño para sus adentros, activando el hechizo de control temporal innato.
Thump, Thump.
Las balas comenzaron a moverse en cámara lenta, permitiendo al pelinegro evadir la trayectoria sin tanta dificultad y correr hacia el hombre a un costado de esta.
"Release Alter." Recito, soltando el hechizo.
Aguantando las ganas de gritar por el dolor que sus articulaciones sufrían, Kiritsugu descargó un golpe vicioso con la culata de la pistola sobre el sorprendido rostro del hombre, propinándole un martillazo que destrozó su nariz y le hizo caer junto con sus compañeros.
"Hah... Hah..." Kiritsugu jadeo, mientras tomaba el rifle y disparaba en la sien del hombre, asegurándose de rematarlo, solo para correr con el fin de ponerse a salvo de nuevos disparos.
Al menos unos quince yakuza habían acudido en la oleada inicial luego del que había matado reportara el asesinato de Yukinobu Yakou. Unos quince, de los cuales al menos nueve portaban armas de fuego mientras que el resto traían navajas, tonfas y hasta cadenas de bicicletas.
Kiritsugu se había puesto a cubierto detrás de un par de cajas, y había alcanzado a matar a unos dos, antes de que estos comenzaran a disparar contra él y Hyouma.
Lo cual los había llevado a separarse y moverse a través del inmenso laberinto de cajas y contenedores, que les servía tanto como para refugiarse de los disparos, como de escondites para los exploradores que enviaban para liquidarlos.
Había conseguido matar al menos a siete a punta de disparos y puñaladas, cuando noto que varios más se habían unido al asalto. Lo que le había llevado a saquear las armas de un par, con el fin de no malgastar las municiones especiales de la MDJ-09 que llevaba.
Con los tres que había matado, su cuenta actual era de diez.
Escucho pasos detrás de él y alcanzó a voltearse, viendo como otro más había intentado escabullirse y darle un golpe con un grueso garrote, solo para que su expresión se distorsionara por el dolor, deteniéndose.
Cosa que el pelinegro aprovecho para llenarle el estómago de plomo.
"¡Oye! ¡Oye! Cuidado," Se quejó Hyouma, detrás del sujeto muerto. El rubio teñido igual seguía viéndose en un estado lamentable, así como con un fastidio tremendo.
Al verlo, Kiritsugu bajó el arma y se permitió el dejar salir un suspiro de cansancio. "Llevo ya diez, once con este. A este punto, no me sorprendería que toda la gente de este edificio este aqui, intentando matarnos."
"Oh, ¿Y de quien es la culpa?" Protesto Hyouma, mientras comenzaba a arrastrar el cadáver del hombre hacia un pequeño espacio, dejando un reguero de sangre debajo de él. "¿Algún excelente plan, señor Asesino de Magos?"
Kiritsugu ignoró el sarcasmo de su voz, mientras consideraba sus opciones. La más directa consistía en abusar del Time Alter con el fin de encontrar la salida, evadiendo así a los matones. El problema yacía en que hacer eso, dejaría demasiados cabos sueltos, incluido el tema del negocio de Kaburagi y los Ojos Místicos, el cual necesitaba saber, siendo la pista con más avances de su investigación.
Eso, y que usar el Time Alter de aquella manera bien podría dejarlo paraplejico, si es que no está muerto.
Cooperar con Hyouma era indispensable. El joven era un magus, algo que lo volvía ya superior a los yakuza de los Yakou, y a juzgar por la maldición con la cual había matado a Yukinobu, quien como magus era mucho más fuerte que Kiritsugu, tampoco es que fuera completamente inútil.
"¿Tienes alguna forma de desatar tu maldición esa contra un grupo?" Interrogó Kiritsugu, mientras revisaba cuantas balas le quedaban a la pistola que había hurtado.
Hyouma negó con la cabeza. "¿Quién te crees que soy? Apenas puedo usarla hasta el nivel en el que sea una bala mágica. Disparar una oleada de estas o proyectarla a varios objetivos está más allá de lo que puedo."
Kiritsugu resoplo. 'Retiro lo dicho.' Pensó, antes de que sus sentidos se pusieran en alerta y disparara hacia arriba, alcanzando a asestarle un tiro en el rostro a un yakuza, que al parecer había trepado al contenedor y tenía planeado asesinarlos desde arriba.
Hyouma se sobresaltó con eso, pero continuó arrastrando al muerto hasta finalmente dejarlo en un lugar que considero adecuado y soltarlo, llamando así la atención de Kiritsugu, quien entorno los ojos al mirar aquella escena.
"¿Qué estás haciendo?" Preguntó, mientras mantenía el rifle lo suficientemente saludable como para descargarle un disparo si fuera necesario. Habían salvado las vidas de ambos de manera mutua y eso prácticamente los había dejado más o menos a mano.
Pero eso no significaba que el tipo no podría matarlo si considerara que debía hacerlo.
"¡Woa, no me apuntes con eso!" Exclamó Hyouma, mientras se agachaba y levantaba ambos brazos, mostrando que no tenía intención de ir contra el. "Esta es mi solución para salir vivos de aquí."
Kiritsugu no dijo nada, su sola expresión prácticamente le indicaba que continuará.
Hyouma trago saliva. "Por mi cuenta, no puedo usar hechizos tan fuertes, mis circuitos no son malos, pero ninguno de los que conozco funcionan a esa escala. Es por eso que voy a realizar un ritual pequeño para activar el único hechizo que nos podría ayudar."
El pelinegro finalmente contempló el cadáver del yakuza que había estado arrastrando y su mirada se quejo fija por unos segundos en el charco de sangre debajo de este. Prácticamente, los engranajes en su cabeza casi podían verse a medida que conectaba los puntos.
"Claro, maldiciones y un sacrificio humano." Musito Kiritsugu, ocultando el desagrado que sentía. "Prácticas Magia Negra."
"Brujería para ser específicos." Corrigió Hyouma mientras escupía sobre el cadáver antes de murmurar algo ininteligible y extendía su mano. "Voy a necesitar varios minutos para que esto esté listo y no puedo perder la concentración."
"Supongo que necesitas que no te interrumpan, entonces." Razono Kiritsugu antes de resoplar. "Voy a tener que enfrentarme a más de ellos de forma casi directa. ¿Cómo se que apenas tenga su atención no piensas huir?"
"No lo sabes." Añadió Hyouma sin humor. "Velo de esta manera, los dos terminamos con una buena dosis de plomo en nuestras cabezas si esto no sirve, ¿que tienes que perder?"
"Más de lo que te imaginas." Gruño Kiritsugu, antes de asentir con dificultad. "Bien, asegúrate de tener tu truco listo, o morimos aquí los dos."
"Si, si, lo que digas, jefe." Hyouma puso los ojos en blanco antes de abrir por completo la mano que tenía extendida. "Dete kite, gaichū. Nozomashikunai nanji obutsu no baai wa (Come forth, vermin. Thou of the undesirable. Approach light, if of filth)"
El carácter de 鼠 (Nezumi) aparecio en la palma de su mano y brillo, antes de que un par de hebras de luz surgieran de esta y alcanzaron a tocar el cadáver, comenzandolo a cubrir con múltiples segmentos y patrones de caracteres demasiado pequeños para poder ser leídos.
"Jūyōdenai mono kara kieru (Be vanished from the immaterial)." Continuó, entornando los ojos a la par de que un círculo mágico comenzaba a dibujarse alrededor de él, y teniendo en el centro al cuerpo.
Pero Kiritsugu no se quedó a admirar el espectáculo. Notando un par de cajas, trepó por encima de ellas hasta alcanzar la cima del contenedor, donde sorprendió a otro yakuza, este armado con una navaja intentando hacer lo mismo del lado contrario. Las miradas de ambos hombres se cruzaron por un instante antes de que el otro le arrojara su navaja.
La cuchilla, siendo arrojada torpemente por alguien en una posición así pasó a un costado de su rostro, rozando la mejilla derecha por menos de un milímetro. Pero no pudo compararse al disparo que Kiritsugu soltó, cuya bala fue a parar a la sien del criminal, matándolo al instante.
El hombre se desplomó del borde, causando un par de gritos de confusión entre los que estaban apostados del otro lado. Arrastrándose como pudo, Kiritsugu se hizo camino por la cima del tanque, y asomo el cañón del fusil antes de comenzar a disparar a lo aleatorio con el fin de dispersarlos.
El sonido de más disparos provenientes de abajo lo distrajo de escuchar a unos sugiriendo el rodear por el sitio por los múltiples lados, causando que Kiritsugu apretara los dientes. Si hacían eso, estaría no solo atrapado entre fuego cruzado, sino que lograrían entrar al lugar, matando a Hyouma.
La parte más fría de su mente consideró aquel escenario, imaginando que podría aprovecharlo para escapar, pero...
"Tsk, Sougen va a matarme por esto, Time Alter: Double Accel."
Thump, Thump.
No se molestó en asomarse por el borde, aun si estaba protegido por el hechizo. Directamente saltó sobre este, teniendo una vista privilegiada de al menos unos siete yakuza, de los cuales al menos dos alzaron su cabeza y consiguieron llegar a percibirlos boquiabiertos.
Kiritsugu aterrizó un par de metros atrás de ellos y rápidamente disparó con el rifle, matando al único que parecía estar armado con una pistola e hiriendo de gravedad a otro. Notando como este se había quedado sin balas, reaccionó rápido, arremetiendo contra el más cercano, usando el rifle como una macana improvisada.
Su oponente, un joven escuálido que sostenía una tubería a duras penas pudo defenderse con esta e intentó torpemente bloquear el golpe, solo para que Kiritsugu le metiera un puñetazo en el estómago desprotegido. Distraído por este, Kiritsugu le asestó un cabezazo, derribándole por tierra mientras que ya acudían los otros cuatro en su auxilio.
Dejando caer el rifle, Kiritsugu extrajo la pistola robada y descargó cuatro tiros, con cada uno teniendo la intención de segar sus vidas. Desafortunadamente, solo uno consiguió dicho propósito, pues dos alcanzaron a evadir las balas mientras que el tercero sonrió, permitiendo a Kiritsugu notar un pliegue negro debajo de su cuello.
'Chaleco anti-balas' Pensó el pelinegro, lo que faltaba. Los tres yakuza lo rodearon desde distintos ángulos, buscando atraparlo causando que tuviera que defenderse con la pistola como un arma improvisada.
Esquivó como pudo los golpes improvisados de estos, y procuro evitar ser rodeado lo más posible. Una tarea para nada sencilla, pues estos le atacaban de maneras tan distintas, que le era complicado el poder predecir sus trayectorias.
"Ugh," Kiritsugu gruño tras recibir un derechazo por parte de uno tras haber bloqueado el golpe de otro. Sus ojos se abrieron al ver como el tercero alzaba una tonfa, dispuesto a descargar un golpe sobre su cráneo y sin pensárselo dos veces, arrojó la pistola hacia su cara.
"¡Agh!" Alcanzó a quejarse el hombre.
"¡Dosu!" Gritó uno de los otros dos, quien sostenía una navaja y la esgrimió amenazante contra el. "¡Hijo de put...!" A duras penas alcanzó a terminar antes de que una cuchilla se clavara en su tráquea, soltando un reguero de sangre.
"Ughhjhh." Alcanzó a decir, antes de que Kiritsugu retirara el cuchillo de caza que se había apresurado a extraer desde su bota y le propinara una patada que lo envió a morir al suelo. Los otros dos, el del chaleco anti-balas y el de la tonfa que había derribado se quedaron en shock un momento, dándole el tiempo necesario a Kiritsugu para intentar terminar el trabajo.
Corrió hacia el del chaleco y le hizo una finta con tal de que bajara la guardia del costado opuesto y pudiera descargarle una puñalada. Pero el hombre lo vio venir y bloqueó su apuñalada con su propia navaja.
Esta era un cuchillo nuevo y bien cuidado, que a juzgar por cómo estaba siendo sostenido, no era como las demás armas de los yakuza que había matado ya. Kiritsugu presiono, aprovechando su fuerza física superior y busco propinar otra puñalada, solo para verse forzado a bloquear una del sujeto, quien estaba dispuesto a impedir que conectara sus golpes.
Esta vez, el pelinegro estaba a la defensiva y se veía obligado a bloquear y desviar las puñaladas que su oponente amenazaba con asestar. Kiritsugu sabía manejar bien el cuchillo si la situación lo requería, pero muy pocas veces habían sido en las que había estado obligado a pelear cuerpo a cuerpo, y de esas eran mucho más escasas las que consistían en él teniendo la ventaja.
Slash!
El cuchillo de su oponente cortó el aire, fallando en alcanzar su pecho gracias al rápido salto hacia atrás que Kiritsugu había dado. Poco le duró el respiro, porque rápidamente tuvo que defenderse de una lluvia de golpes que venían de ambos lados a un ritmo cada vez más rápido.
"¡Mantenlo ahí, Oboro!" Gruñó el otro, habiéndose recuperado del golpe en su cabeza mientras se levantaba y blandía peligrosamente su garrote, caminando hacia Kiritsugu, quien demasiado ocupado estaba para poder defenderse de ambos al mismo tiempo.
"¡Time Alter!" Prácticamente gritó, antes de que los movimientos del cuchillo se hicieran más lentos, justo cuando el garrote estaba a casi nada de impactar con su cabeza.
Thump, thump.
Kiritsugu se colocó fuera de la trayectoria del primero y se disponía a acelerar para evadir el garrote, "¡Double Acc-...!"
De la nada, una sensación peor que un millar de alfileres al rojo vivo siendo clavados desde adentro de su cuerpo le asaltó. Un fuerte espasmo recorrió sus articulaciones, paralizandolo en el aire y deshaciendo el hechizo antes de que pudiera terminarlo.
"¡Aghh!" Gimió el pelinegro, solo para sentir como el garrote golpeaba su vientre y lo enviaba a volar un par de metros contra un contenedor.
CRASH!
El estruendo de su cuerpo impactando contra el contenedor del tanque lo aturdió tanto como el golpe, pero no era nada comparado a la horrible sensación de estar quemándose vivo, y que encima le impedía levantarse.
"Aghh..." Kiritsugu se retorció mientras colocaba ambas palmas en el suelo, intentando incorporarse, pero sin éxito alguno a causa del dolor. "¿Q-que r-rayos?"
Los efectos más nocivos del Control de Tiempo Innato eran dolor, si al igual que una hemorragia y riesgo de ruptura en sus huesos. Pero nunca algo tan así de intenso, ni siquiera tras haberlo abusado de peor manera.
Era algo peor. Mucho peor.
"K-kuh... L-levanta-te..." Gruño, solo para finalmente separarse del suelo, pero con el detalle de que no había sido por mano suya. "¡Aghh!"
Dosu, el yakuza de tamaño considerable que le había golpeado con el garrote lo levantó con algo de esfuerzo como si se tratara de una viga, solo para arrojarlo un par de metros del otro lado.
"¡Kughhh!" Kiritsugu aterrizó sobre el asfalto, estando seguro de que podía escuchar al menos a una de sus costillas crujiendo, y a aquella infernal sensación intensificando su malestar hasta el punto de volverse insoportable.
Fue entonces que cayó en cuenta.
'¡L-la maldición! D-demonios, j-justo ahora.' Los efectos santificadores del vial de Sougen no podían haberse terminado en un peor momento. Y justo cuando había estado usando ese hechizo, para empeorar.
Escupio sangre sobre el suelo, mientras se esforzaba en intentar levantarse otra vez. 'R-rápido... N-no p-puedo...'
Pero nuevamente fue interrumpido cuando Dosu le propinó una patada desde ahí, dejándolo sin aire. Y luego otra, y otra y otra.
Esta última, con mucho más fuerza, pues consiguió hacerle rodar al menos unos cinco metros, así como casi provocarle el vómito.
"Jejeje, ya tenemos a uno, Oboro." Escucho la voz de Dosu al igual que sus pasos acercándose.
"Así parece, Dosu." Dijo el otro. Kiritsugu alcanzó a alzar su cabeza lo suficiente para poder ver a los dos a poco más de un metro de él, ambos con sonrisas igual de siniestras en sus rostros.
Sonrisas que se ampliaron cuando se escucharon un par de pasos más así como unas voces a la distancia.
"Yo, Oboro. ¿Que mierda paso aquí?" Una voz grave interrogó detrás de Kiritsugu, quien apenas alcanzó a voltear su cabeza como pudo desde el suelo para mirar a unos cinco yakuza más entrar al almacén. Los lideraba un tipo con una bandana negra y el tatuaje de un dragón a lo largo de su brazo, y que llevaba una pistola colgada del cinto.
"Lo que estás viendo, Tokage." Oboro meneo la cabeza antes de señalar a la estancia, que estaba llena ya de los cadáveres de los yakuza que habían perecido. "El jefe pateó la cubeta y vinimos todos los que estábamos aquí para liquidar al responsable y verificar que fuera cierto. Pero este cabrón..." El yakuza le escupió al pelinegro, antes de continuar. "Mató a Homura y a los demás."
Al escuchar eso, el tal Tokage miró con una expresión incrédula a Kiritsugu mientras se acercaba. El pelinegro le devolvió la mirada desafiante, pero poco pudo hacer cuando el nuevo matón le propinó una patada en la cara.
"¿Este enclenque hizo toda esta carnicería?" Se mofó mientras meneaba la cabeza. "No parece ni que pudiera levantarse de la cama."
"Es uno de ellos, idiota." Añadió Oboro, claramente irritado. "Uno como el jefe, a saber que podía hacer, pero nos estaba masacrando antes de que le diéramos a palos."
"No me jodas." Comentó Tokage, esta vez más sorprendido. "Uno fenómeno como el jefe, ¿eh? Al menos nos hizo el favor de matar al pez gordo."
Casi todos los yakuza soltaron una carcajada ante aquel comentario mientras Tokage meneaba la cabeza nuevamente antes de mirar a Oboro y a Dosu. "Ustedes dos, levantelo y mantenganlo sujeto. Quiero ver que fetiches se cargaba este Houdini."
Kiritsugu no se pudo resistir cuando los dos yakuza lo levantaron por la fuerza y fijaron en aquel lugar, mientras Tokage se volteaba hacia su grupito de cuatro y señalaba a uno.
"Godou, trae tu trasero aquí y registralo." Ordeno.
El que había sido seleccionado se sobresaltó al haber escuchado su nombre de la nada. "Mierda, no. Hazlo tu, cabrón. Ya estás ahí."
"Si lo hago yo, te voy a hacer lo mismo que le vamos a hacer a este tipejo cuando acabemos con el." Amenazó Tokage, y a juzgar por la expresión de Godou, no parecía estar bromeando.
Godou se acercó a regañadientes y extendió la gabardina de Kiritsugu, ahora sucia por el polvo y la mugre del lugar. Introdujo su mano en uno de los bolsillos, y extrajo la MDJ-09 de este, presentandosela a Tokage.
"Una de las cosas de esa morsa de Kaburagi, y viene cargada."
"Bah, de esas ya tenemos aquí. Quedatela." Sentenció Tokage, muy para la sorpresa de Godou quien se la guardó en el cinto tras ponerle el seguro. Después, registró el bolsillo del lado opuesto y extrajo el Contender.
Al verlo, los ojos de Tokage se abrieron de par en par mientras prácticamente le arrebataba el arma a su subordinado y la miraba con interés.
"Que pistola mas linda, ¿es tuya?" Pregunto con burla a Kiritsugu, solo para guardarla en su cinto, del lado opuesto de la otra que llevaba. "Que mal, ahora es mía."
'S-solo n-necesito el vial.' Pensó, a pesar de la agonía a la que estaba siendo sometido. 'U-n s-solo sorbo.'
Pero, como si necesitara más pruebas de que definitivamente ese no era su día, Godou terminó por extraer justamente el vial que tenía guardado y se lo pasó a Tokage, quien frunció el ceño al verlo.
"¿Y esto que mierda es?" Preguntó tras abrirlo, antes de acercarlo a su nariz antes de olerlo. "Puaj, huele a rayos."
Algo debió de haberse notado en el rostro de Kiritsugu, pues Tokage sonrió maliciosamente mientras señalaba al vial. "¿Qué? ¿Lo quieres?" Pregunto, acercándose a Kiritsugu solo para retirarlo en el último momento y dejarlo caer, derramando su contenido sobre el suelo.
"Ups." Se burló Tokage al ver la desesperación del pelinegro y meneó la cabeza. "Ja, si tan solo pudieras verte. Pareces perro pateado, hombre. ¿Cómo te llamas? Me va a dar pena matarte sin siquiera saber eso."
"¿Que no es el tal Nakamura que comió con el jefe y el Kaburagi hace como una hora?" preguntó Godou alzando la ceja.
"Ah, ese. Y hablando de eso... ¿Que no teníamos a alguien más aquí? Recuerdo que Haisaki colocó a la rata en este lugar."
"Sagara." Oboro gruño antes de maldecir. "Olvide que esa sabandija también le estaba ayudando. Los dos se escondieron en ese lugar." Señaló a la pila de contenedores, "Íbamos a matarlos viendo que estaban encerrados ahí, pero este se nos escapó y casi nos mata."
"¡¿Está aquí?!" Pregunto encolerizado Tokage. "Vayan a sacarlo, imbéciles. ¿Qué están esperando? Si se escapó, me las van a pagar."
"Oye, oye, tranquilo Tokage." Oboro trato de calmarlo. "¿Qué va a hacer? Llamamos a todos los chicos que viven cerca y ellos ya sabían que lo teníamos aquí. Si lo ven huyendo por la calle, lo van a liquidar ahí mismo si es que no lo atrapan y lo traen de regreso."
Tokage estuvo a punto de decir algo cuando de la nada.
"SKREEEEEEEE."
Un chillido gutural rodeo toda la atmósfera, deteniendo en seco a los yakuza quienes miraron hacia todos lados.
"¿Que mierda?" Pregunto Tokage mientras desenfundaba su pistola original junto con el Contender.
"SKREEEEEEEE."
El chillido regresó con furia, y esta vez parecía que la fuente se había multiplicado, pues se escuchó alrededor de ellos.
"Wowowowowo..." Dosu se estremeció antes de posar su mirada sobre Kiritsugu, soltandolo. "Mierda, mierda. ¡Es un maldito mago, seguramente hizo esto!"
Al escuchar eso, Oboro soltó también al pelinegro como si este lo hubiera picado y se apartó de un salto, dejándolo caer.
"Ugh." Se quejó Kiritsugu, aun adolorido y encima desesperanzado tras ver como el vial que llevaba había sido desperdiciado. Por dentro, no pudo evitar el maldecirse una y otra vez por su descuido. Tenía otros viales, claro.
Pero estaban en el cuarto de su hotel, que bien podría estar localizado en la Luna a esas alturas. Sus posibilidades de escabullirse con vida del lugar, y arrastrarse como pudiera hasta su habitación a varias calles de distancia eran prácticamente cero. Estaba perdido, era fin del juego.
El sonido del martillo de una pistola siendo disparado y la visión familiar del cañón de su Contender siendo colocado a pocos centímetros de su cara solo confirmaban aquel resultado.
"Detén esto, maldito. ¡Detén esto!" Ordeno Tokage colérico, mientras sus dedos se acercaban peligrosamente al gatillo. Kiritsugu se preguntó si era así cómo se sentían todas sus víctimas antes de ser terminadas por él.
La sensación, era terriblemente apropiada.
Le dedicó una mirada cansada al yakuza antes de cerrar los ojos, se negaba que lo último que él viera fuera a esa escoria. En su lugar, prefirió imaginarse algo que no existía, con el privilegio que tienen los condenados a morir para tejer las fantasías más dulces.
La misma casa en la que había residido durante los últimos dos años. La sala de estar, rebosante de vida y ocupada por varias personas.
Podía verse a él, sentado en su mecedora favorita mientras que Iri ocupaba el sillón, teniendo a Illya en su regazo mientras le sonreía. Del otro lado, Maiya comía un trozo de pastel con el fantasma de una sonrisa en su rostro, mientras que de la cocina surgía Shirou siendo escoltado por Taiga, y cargando una bandeja de bocadillos.
Era una imagen bonita, indigna de pertenecerle. Pero definitivamente, lo mejor que podía ver antes de morir.
Kiritsugu se permitió sonreír, mientras esperaba ya el final.
'Adiós, Shirou. Me alegra mucho haber sido tu padre... Y disculpa, por dejarte tan pronto.'
"¡Tsk, vas a mor-!" Tokage estuvo a punto de presionar el gatillo cuando el chillido sonó por tercera vez.
"SKREEEEEEEEEEEEEE."
Y mucho más fuerte que antes... Y cerca.
"J-jefe..." Escuchó a Oboro decir de forma temblorosa y se volteó a ver como este señalaba a uno de los contenedores cubiertos con una lona. Una lona que parecía estar abultandose por dentro, como si algo amenazara con querer salir.
CRACK!
La tela se rasgó, y una cosa negra y peluda surgió de la grieta. No podía ser más grande que un zapato, pero definitivamente era gruesa, muy gruesa.
"Tsk, es solo una estupida rata." Declaro Tokage con sorna, antes de que el roedor pareciera fijarse en él y pararse en dos patas, solo para abrir sus fauces y emitir el mismo chillido.
"¡SKREEEEEEEEE!"
Y este en turno fue respondido por seis o siete más, muy para los nervios de los yakuza que inconscientemente dieron un paso hacia atrás a la par de que varias otras ratas parecían estar surgiendo de entre los contenedores. Negras, grises, pardas y hasta amarillentas. Todas cubiertas de mugre y con parches de pelo descuidados, así como emitiendo un hedor que hacía ver al de una alcantarilla como el de perfumes caros.
Solo habían dos detalles que las volvían diferentes, por no decir inquietantes.
Grandes grupos de ratas permaneciendo completamente quietos definitivamente no era algo natural. El que sus ojos emitieran un leve brillo púrpura tampoco.
"S-son solo ratas." Continuó Tokage mientras apuntaba con su pistola a una y disparaba. El perdigón salió volando y le dio de lleno a una, haciéndola explotar en vísceras y pelos. Pero lejos de huir despavoridas, las ratas parecieron fijarse en él al mismo tiempo, y entonces.
"SKREEEEEEE."
Chillo la primera que había aparecido antes de comenzar a correr rápidamente hacia ellos, siendo seguida por todas las demás. Prácticamente, más de cien roedores rabiosos se abalanzaron desde sus escondites sobre los yakuza, que trataron de correr despavoridos ante tal macabro espectáculo.
"¡No huyan, cobardes!" Grito Tokage, fuera de sí mientras disparaba contra las ratas frenéticamente. "¡Los matare a todos!"
El hombre descargó disparo contra disparo, matando a miembros del mar de la plaga uno por uno. Pero por cada rata que parecía matar, dos tomaban su lugar, y pronto se encontró sitiado por estas.
"¡AGHHH!" Chillo, luego de que una trepara por su zapato y le asestara una mordida a su tobillo, forzándolo a sacudir esa pierna con el fin de quitársela de encima. Craso error, pues otras tres aprovecharon para asaltar la otra pierna y comenzar a roerla, haciéndole perder el equilibrio.
Kiritsugu aprovecho para arrastrarse, intentando evitar que las ratas se fijaran en él, sólo para sorprenderse cuando ninguna de ellas le dedicó siquiera una mirada.
A lo lejos, los otros otros seis hombres que incluían a Godou, Oboro y Dosu no habían alcanzado la lejana puerta luego de que el camino hacia esta estuviese ocupado por tres docenas de ratas más que se les abalanzaron sin misericordia. Los matones, que habían soltado sus armas gritaban de terror mientras los roedores les mordían los pies y comenzaban a subirseles desde los brazos y la espalda, clavando sus dientes y garras en la piel.
"¡AGHHHHHHHH!" Escuchó a su izquierda y volteo, topándose con un espectáculo de lo más mórbido. Tokage, quien había sido derribado por las ratas se retorcía en el suelo mientras que al menos unas quince cubrían su pecho, el cual mordían y rasguñaban como podían.
Tenía ya varias heridas abiertas de las cuales brotaba sangre con la cual se cebaban las ratas, pero lejos de calmarse su frenesí, este pareció intensificarse hasta el punto en que los animales parecieron más demonios.
"¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Aghhhh!" Gimió de dolor a gritos el hombre, mientras intentaba incorporarse. Pero las ratas no lo dejaron, y más de una se acercó peligrosamente hacia su rostro. "¡Ayuda-aghhhhh!" Fue lo último que alcanzó a decir luego de que una se introdujera forzosamente dentro de su boca y mordiera viciosamente su lengua, mientras que otras dos comenzaron a roer su rostro, concentrándose en las mejillas.
Al cabo de varios segundos, sus piernas y brazos dejaron de retorcerse y las ratas lo cubrieron por completo.
Kiritsugu sintió ganas de vomitar, y no precisamente por el grotesco acto. A la distancia, vio a los demás hombres sufrir el mismo destino, o al menos aquello le pareció luego de que todos cayeran.
Se permitió suspirar, aun si fuese como si inhalara azufre. Le dolían las articulaciones, le dolía la cabeza, le dolía el estómago, le dolía prácticamente todo.
Pero estaba a salvo, o al menos eso creía.
Escuchó un par de pasos familiares a la distancia y no se molestó en voltearse para saber quién era.
"Fiu, justo a tiempo, ¿no?" Escucho la voz de Hyouma comentar. El rubio teñido le echó una mirada a su alrededor y meneó la cabeza antes de ofrecerle la mano para ayudarlo a levantarse.
Kiritsugu la aceptó, y soltó un gruñido cuando sus piernas se quejaron por el esfuerzo. Pronto, ambos estaban de pie.
"Ratas." Comentó Kiritsugu con la garganta seca antes de toser. "¿Esto fue lo que llamaste?"
"Son los animales rastreros más comunes en las ciudades, y tremendamente más útiles de lo que uno imagina." Se encogió de hombros Hyouma, mientras chasqueaba los dedos. Al instante, los animales se apartaron de los cuerpos de los yakuza y comenzaron a retirarse a los rincones de los cuales habían salido, muy para el alivio de Kiritsugu, quien caminó hasta el cadáver de Tokage, del cual extrajo su Contender y guardó en su gabardina.
"Solía usar murciélagos como familiares." Kiritsugu no supo porqué dijo eso, pero no le tomó mucha importancia. Camino con algo de dificultad hacia la figura de Godou, dispuesto a recuperar su MDJ-09 solo para parpadear cuando noto que este aún respiraba.
"Oh, se les escapó uno." Dijo Hyouma antes de tocarlo con la punta de uno de sus zapatos. "Oye imbécil, ¿dónde guardo tu jefe mis cosas?"
"G-hug..." Godou intentó abrir el único ojo que le quedaba e hizo un gesto con su mano izquierda que ninguno de los dos alcanzó a entender. "P-pudrete... S-sagara."
"Tsk, va de nuez." El rubio gruñó antes de menear la cabeza. "Cuando desperté, no tenía ninguna de mis cosas encima y llevaba una molesta pulsera que distorsionaba el flujo de mi od. Estoy seguro de que están en alguna parte de este lugar, hmmm."
"No creo que tengas tiempo para revisarlo." Comentó Kiritsugu mientras respiraba lentamente, en un intento por controlar la agonía de su cuerpo. "Dijeron que viene más de su gente hacia aquí."
"Demonios." Se quejó Hyouma. "En ese caso, ayúdame a buscar."
Kiritsugu se negó con la cabeza. "Debo ir a mi hotel y salir lo más pronto posible."
"¿Y como lo harás si lo que dices es cierto?" Interrogó Hyouma con humor. "No te ofendas viejo, pero luces como alguien que debería de residir en un hospital, permanentemente."
Aquello dejó al pelinegro en pausa mientras reflexionaba, eso era cierto. No había forma en que pudiera llegar al hotel así...
"Hagamos un trato." Sugirió. "Te ayudo a buscar tus cosas aquí, y tú me consigues la manera de llegar a mi hotel. Si alcanzamos el lugar, te daré la 'compensación' que quieras."
La sonrisa de Hyouma bien podría ser comparable a la de una de sus ratas.
xXx
"Y esta es la sala de estar, aquí podemos hacer la entrevista sin nadie interrumpiéndonos, ya que Shirou fue al cobertizo a limpiar." Indicó Taiga. Waver asintió, dedicándole una mirada de apreciación a la estancia donde se encontraban, en la Residencia Emiya.
Era un sitio acogedor, con una atmósfera muy serena que él podía admirar bien como un sitio para relajarse. "'Ya veo. ¿Puedo sentarme?" Preguntó mientras señalaba al sillón más cercano, a lo que Taiga asintió. "Gracias."
"No hay de que." La castaña lo imito, y se sentó justamente al lado de él, dedicándole su sonrisa más radiante, que hizo que el pelinegro se sintiera incómodo. Y no solamente por la cercanía de Taiga.
Uno creería que después de un par de desventuras que habían concluido con el en el corazón del cubil de una persona peligrosa, debería de estar acostumbrado ya. Pero tal parecía que la experiencia nuevamente le probaba lo contrario.
Una de las fotos que alcanzo a ver colgada en la pared mas cercana incluía a Taiga, un Shirou un año menor asi como un hombre de cabello revuelto y negro, los rastros mas tenues de una barba y mirada amable. Uno que Waver alcanzó a reconocer muy bien.
Kiritsugu Emiya. Por si el nombre que Taiga le había dado no hubiera sido pista suficiente, una imagen suya bastaba y sobraba para confirmar la sospecha inicial que había surgido en su cabeza luego de que la castaña hablara de él en la casa de sus abuelos.
Un hombre que era familiar con su abuelo y que llegó a residir en una casa vecina de ellos dos años atrás, justo tras la conclusión de la Cuarta Guerra.
Waver no creía en las coincidencias. El hecho de que una persona tan peligrosa como él estuviera en ese sitio a pesar de que debería de haber concluido con sus asuntos ahí años antes era sospechoso. Sumado aquello al rastro que venía siguiendo...
El hombre había salido de viaje unos dos días antes, supuestamente a Tokyo, y justo en la misma semana en la cual el cargamento iba a arribar a Fuyuki. Increíblemente conveniente.
Cuando Taiga le había preguntado si podría hacerle una entrevista como un hablante de inglés natural en la casa de Shirou, había aceptado de buena gana, para poder confirmar aquellas sospechas y de ser posible, acelerar la investigación.
"Muy bien, ¿cómo vamos a hacer esto?" Pregunto Waver, notando el cuaderno que Taiga llevaba así como la pluma en su mano derecha. "¿Tienes las preguntas ya hechas o las vas a escribir mientras me las haces?"
"Lo segundo, ¿no hay problema, verdad?"
"Claro que no." Respondió Waver, meneando la cabeza mientras cerraba los ojos y se concentraba en su gatillo mental. El sonido del oleaje distante y una costa pálida y brumosa se manifestó en su mente, activando así sus circuitos mágicos. Cuando abrió los ojos, los fijó directamente en los de Taiga antes de preguntar. "¿Pero no te parece muy cansado?"
La castaña inclinó su cabeza levemente a un costado, antes de imitar el gesto de Waver a modo de decir que no. "Nah, no es nada. Tenemos toda la tarde."
"Claro." Asintió Waver, mientras concentraba energía mágica en sus cuerdas vocales, configurando de mejor manera el hechizo con el fin de que este surtiera efecto de manera más rápida. "Igual estoy seguro de que será algo agotador al final."
Esta vez, los ojos de Taiga parecieron nublarse ligeramente mientras asentía con algo de duda. "A-ahora q-ue l-lo dices, s-si."
"¿Estás cansada, Taiga? Luces cansada." Presiono gentilmente Waver, notando como los efectos finalmente estaban dando fruto.
"Si, tengo sueñooooo." Asintió Taiga antes de bostezar de tal manera que el pelinegro no pudo evitar comparar al del tigre del zoológico de Londres que había visto en su última visita a este.
"Anda, tomate una siesta y no despiertes, ¿si?" Sugirió Waver, solo para que la castaña sonriera y cerrara los ojos antes de dejarse caer encima de su hombro, muy para la vergüenza del pelinegro.
"Uhhh." Waver la tomó gentilmente de los brazos y se levantó del sillón, para poder acomodarla bien sobre este. Con tal de que estuviera cómoda, colocó una almohada debajo de su cabeza.
Inspeccionó su trabajo con un mal sabor en su boca, y colocó una mano en su frente.
"Cuando te acuestes, no tendrás miedo, cuando te acuestes, tu sueño será dulce." Recito, actualizando un hechizo simple para dormir, y retiró la mano antes de desactivar sus circuitos.
La Interferencia Mental era uno de los campos de taumaturgia donde más había mejorado a lo largo de los años, especialmente comparado con la habilidad que había mostrado años antes con su hipnosis medio fallida en los Mackenzie.
Gastando alrededor de unas cinco unidades de energía mágica, podía usar el Comando: La forma de sugestión reforzada con energía mágica que implantaba una orden en la mente de alguien más. Claro, no era para nada tan simple como sonaba,
Aún sin un despliegue de energía mágica, controlar la mente de otra persona era una proeza difícil. Lo máximo que podría hacer uno por el medio más simple era dar un solo comando que no podría ser negado gracias a la serie de sugestiones anteriores.
Tratar de aplicar lo mismo con otro magus hubiera sido casi imposible. Pero afortunadamente, Taiga parecía ser una persona completamente ordinaria.
"Discúlpame." Hablo en voz baja tras inclinar levemente su cabeza. Terminado con ello, Waver se dispuso a salir de la sala en dirección hacia el pasillo.
El segundo hechizo que había usado era un Sacramento. Un misterio de origen cristiano que había aprendido en Grecia hace un año, que empleaba como catalizador uno de los versículos del Libro de los Proverbios. No era un hechizo tan complejo, meramente garantizaba un sueño apacible a quien fuese sometido a este cuando estuviera dormido.
El hombre que se lo había enseñado era un viejo sacerdote que le había contado que solía ser usado para mantener tranquilas a las víctimas de una posesión demoníaca.
Medio inquietante, pero no sorprendente viniendo de la Iglesia.
Waver atravesó el pasillo hasta alcanzar el patio de la casa, donde divisó la estructura de la cual le había hablado Taiga: Un cobertizo de tamaño considerable y construido de manera moderna, lo cual contrastaba enormemente con la silueta tradicional de la casa.
Shirou debía de estar ahí. Y Waver tenía planeado someterlo a la misma hipnosis que Taiga, con el fin de que pudiera investigar la propiedad tranquilo. Sintió un dejo de culpa en su pecho por involucrar a un niño inocente en ese juego, pero lo mató con una mueca de desagrado mientras meneaba la cabeza.
No les estaba haciendo ningún daño. Al contrario, estaba haciendo todo lo posible dentro de sus facultades para mantenerlos a salvo, además de que ni lo recordarían luego de que se encargará de borrar las memorias.
Camino hacia el lugar y tocó la puerta, sin recibir respuesta alguna. Alzando una ceja, la abrió y se adentro en el lugar.
Si tan solo hubiera esperado un par de segundos, hubiera alcanzado a ver la figura de Shirou salir del Dojo en el lado opuesto, y caminar hacia la casa con total tranquilidad, sin tener ni la menor idea de que estaba pasando.
Ajeno a eso, Waver parpadeo al notar la pobre luminosidad dentro del lugar y busco a tientas un interruptor de luz. Finalmente, alcanzó uno y lo presionó, encendiendo así un foco colgado.
El lugar parecía ser más grande por dentro que por fuera, y estaba lleno de varios objetos y cajas viejas. El pelinegro alcanzó a divisar un par de cajones adosados a la pared, así como una mesa muy cerca de ellos, flanqueada por dos taburetes.
En la mesa descansaba un cuaderno que llamó su atención un momento, antes de que le diera una vuelta más al lugar y comprobará que el pelirrojo no se encontraba en el lugar.
"Tsk." Rechisto antes de dirigirse hacia la puerta, dispuesto a buscar en la casa, solo para echar una última mirada hacia atrás y encontrarse con aquel cuaderno.
No pudiendo aguantar su curiosidad, caminó hacia la mesa y lo abrió.
Tal como esperaba, estaba en japonés. Fue recorriendo las primeras páginas, encontrando todo tipo de anotaciones de las cuales a duras penas alcanzaba a entender siquiera un carácter. Pero entornó los ojos al ver una serie de garabatos, así como un par de notas en alfabeto latino.
Y detallando palabras que él conocía muy bien.
Od, Mana, Circuitos Mágicos, Flujo de Energía, Gatillo, Reforzamiento y varias otras. Eso, sumado a la escritura claramente infantil del cuaderno indicaba una sola cosa.
Shirou Emiya era un Magus. Y era probablemente el heredero del Asesino de estos debido al apellido.
Las cosas se habían complicado ahora.
Waver cerró el cuaderno y entornó los ojos mientras activaba sus circuitos y murmuraba un hechizo más. Este inmediatamente iluminó los rastros de energía mágica del lugar, y alcanzó a divisar un par de partículas en un punto en la pared. Acercándose para inspeccionarlo, noto que había un hueco en esta, elaborado con una punta.
'Un proyectil. ¿Una bala de magia puntiaguda?' Pensó antes de menear la cabeza. No, el Asesino de Magos no era conocido por usar misterios en sus trabajos, empleaba armas de fuego, lo cual lo había calificado como un hereje más.
Murmurando algo, cambió el enfoque del hechizo hacia fuera del lugar y alzó una ceja al detectar algo más. Claro, que descuidado había sido de su parte el no haber intentado leer la presencia de un Campo Delimitante en el sitio.
Manteniendo su respiración bajo control, Waver salió del lugar y se dirigió hacia la casa, actuando con naturalidad. Debía de tener sumo cuidado con cómo actuaba.
No tenía ni la menor idea de cuáles eran las facultades mágicas del niño pelirrojo, y tampoco tenía planeado el subestimarlas. Debía acercarse con confianza en sus movimientos, encontrarlo y dejarlo fuera de combate sin infligirle daño alguno.
Una vez que hiciera eso, podría comenzar a investigar ya, y cruzaría el puente de qué hacer después tras haber terminado.
Alcanzó finalmente el pasillo y se dispuso a regresar a la sala mientras mantenía sus circuitos y listos para ser utilizados.
Pasó por la cocina y alcanzó la sala cuando de la nada.
BONK!
"Ughh." Waver puso los ojos en blanco antes de desplomarse sobre el suelo tras haber recibido un fuerte golpe en la cabeza por detrás, y perdió el conocimiento.
Shirou, sosteniendo una sombrilla que había reforzado le dedicó una mirada que era una mezcla de entre pocos amigos y nerviosismo, antes de soltar el arma y sujetarlo de los tobillos. Con mucho esfuerzo, el pelirrojo comenzó a arrastrarlo mientras apretaba los dientes.
xXx
Si creía que el hedor del subterráneo que conducía hacia el mercado negro era malo, el de las alcantarillas era peor. Como si alguien hubiera licuado en cantidades industriales una mezcla de huevos y leche podrida, excremento y los cadáveres en descomposición de varias ratas.
Y luego hubiera vertido todo bajo tierra.
Kiritsugu trataba de respirar lo más mínimo, con el fin de no oler tanto del aroma mientras avanzaba por la cloaca, siendo guiado por Hyouma, quien tampoco disfrutaba la sensación.
Tras salir del almacén, los dos recorrieron las habitaciones aledañas a este en el edificio, intentando buscar las cosas del rubio. Luego de varios minutos de búsqueda frenética y que estuvieron a nada de calificar como inútil, finalmente dieron con una especie de oficina donde encontraron no solo los implementos de Hyouma muy para el júbilo de este, sino toda clase de documentos y parafernalia.
Mientras que el rubio verificaba que todos los suyos se encontraran ahí, y los depositara dentro de un morral que había encontrado, Kiritsugu se acercó a los papeles y comenzó a inspeccionarlos.
Pedimentos, formas de multas, registros, inventarios y hasta un organigrama. Papeles muy reveladores que en las manos de una autoridad competente, servirían como el fin para esos yakuza. Pero Kiritsugu no estaba interesado en aquella labor.
Busco frenéticamente entre la montaña de papeles los que pudieran estar relacionados con barcos, y terminó por hallar una carpeta entera, la cual abrió y comprobó que estaba casi repleta de más formas.
En lo que buscaba, Hyouma le había alertado de que escuchaba voces y gritos a la distancia, lo cual indicaba que los refuerzos de los cuales habían hablado los malandros habían llegado ya.
Maldiciendo, Kiritsugu había guardado todo lo que pudo de la carpeta en otro morral antes de salir corriendo junto a Hyouma. Ambos fueron a parar a una especie de sótano justo cuando un matón los divisó y alzó la voz de alarma, antes de que Kiritsugu pudiera silenciarlo.
Hyouma había estado a punto de intentar usar un hechizo para esconderlos, cuando divisó la tapa de una alcantarilla. Con esfuerzo, ambos hombres la habían levantado antes de introducirse en la cloaca.
Habían pasado al menos una media hora en esta, avanzando lo más humanamente posible lejos del edificio de los Yakou.
"Aquí debería ser suficiente." Mencionó Hyouma tras detenerse cerca de una rejilla. Siendo ayudado por Kiritsugu, los dos alcanzaron a retirarla viendo lo desgastada que entraba, y entraron a un pasillo que conectaba a una zona de basura.
"El hotel que dijiste está justamente arriba." Indico el rubio, a lo que Kiritsugu gruño mientras subía por una escalera clavada en la pared, solo para encontrarse con una cocina.
Tras algo de hipnosis y escabullirse por unos minutos, alcanzaron la puerta de la habitación que había reservado. Milagrosamente, en toda la desventura del día no había perdido la tarjeta de esta.
"Fiu, que lindo lugar." Admiro Hyouma tras echarle un vistazo a la suite, pero Kiritsugu se limitó a ignorarlo mientras se abalanzaba prácticamente sobre el vial que había dejado la noche pasada en el escritorio, y lo abrió antes de beberse todo el contenido de un solo trago.
El amargo sabor del líquido invadió su boca y viajó hasta su garganta, provocandole un leve ardor hasta que la agonía de su cuerpo finalmente cesó.
Dejó escapar un suspiro mientras dejaba el morral con los documentos que había hurtado en el escritorio y tomaba el teléfono.
"No digas nadas hasta que yo te lo indique." Advirtió con severidad, haciendo que el rubio tragara saliva, pero asintiera.
Con eso aclarado, Kiritsugu comenzó a marcar el número de Makihisa.
Esta vez no tuvo que esperar nada, porque fue el propio hombre quien respondió.
"¿Diga?"
"Tohno, soy yo." Se identificó rápidamente mientras cerraba los ojos, ignorando como los ojos de Hyouma se abrían de par en par al escuchar aquel apellido. "¿Estás seguro de que no eres psíquico? Porque estuve a punto de patear la cubeta hace una hora."
"... ¿Qué demonios sucedió?" Pregunto Makihisa, con un tono que delataba seriedad absoluta, y Kiritsugu parecía tener el mismo aire.
"Veras, asistí a la reunión con Kaburagi tal y como te dije. Fue en un restaurante que más tarde supe que pertenecía a uno de sus asociados." Comenzó a narrar. "La comida fue de hecho con uno de ellos, Yukinobu Yakou."
Makihisa soltó un suspiro del otro lado de la línea. "Oh no."
"No reconocí el apellido, pero era el mismo de un capo que liquide a petición del Grupo Fujimura hace unos tres años, uno de mis últimos trabajos independientes." Comentó Kiritsugu mientras meneaba la cabeza. "Lo que desconocía es que fueran una familia auténtica de magi."
"¿Y estaban en cohortes con el traficante?" preguntó Makihisa, claramente escéptico. "Sabía que eran una familia caída, pero creí que tendrían más dignidad."
Kiritsugu le dedicó una mirada aún más severa a Hyouma, quien se sobresaltó. "Pues parece que la persona que me recomendaste olvido mencionarlos en el reporte por el que le pague."
"Oye, nunca me dijiste que incluyera a todas las familias." Protesto Hyouma al escuchar esa injuria contra el. "¡Solo mencione a las más notorias que recordaba!"
"...¿?" El otro lado de la línea quedó atrapado en un silencio incómodo, antes de que Makihisa preguntara. "Un momento... ¿Qué? ¿Está esa rata ahi contigo, Kiritsugu?" La expresión confundida que Makihisa seguramente tenía hubiera valido oro.
Y antes de que Kiritsugu pudiera decir algo, Hyouma avanzó hacia el teléfono y se lo arrebató rápidamente, solo para dirigirse hacia Makihisa con el tono más indignado que podía producir.
"Y para tu información, esta rata tuvo que soportar que nueve gorilas lo usaran como saco de boxeo al menos unas trece horas por estar involucrado con el Asesino de Magos a quien deseaban colocar su cabeza en una pica. ¡Exijo una compensación por eso, tu grandísimo cretin-!"
No pudo terminar el insulto, pues Kiritsugu le arrebató el teléfono y suspiró antes de dirigirse a Makihisa. "Los Yakou me identificaron y al parecer secuestraron a Sagara apenas nos separamos ayer. Lo encontré hoy en el almacén donde me llevaron a 'mostrarme el producto', e intentaron asesinarme ahí."
"¡Trece malditas horas!" Repitió Hyouma, cruzándose de brazos molesto.
"¿Y no podías asesinarlo?" Fue la pregunta de Makihisa, haciendo que Kiritsugu cerrara los ojos y resoplara, mientras que la expresión de Hyouma se tornaba aún más indignada.
"Oye, tu. ¡¿Quien carajos te crees que eres?!" Casi gritó al teléfono.
"Hmm, un arquitecto, empresario, millonario, padre de familia y un patrón de las artes teatrales. ¿Y tú?"
"¡GAHHHAHA!" Gruño Hyouma, colérico.
"¿Podrían parar ya?" Preguntó Kiritsugu mientras se llevaba una mano a la sien. Los dos le estaban provocando una jaqueca terrible.
"Muy bien. Empieza desde el inicio Kiritsugu." Indicó Makihisa, antes de dirigirse hacia el otro. "Comparta sus observaciones, sólo si son indispensables, Sagara-san."
Hyouma resopló, pero evitó el emitir comentarios al respecto.
Kiritsugu suspiro antes de comenzar. Tuvo que pasar al menos una media hora para que pudiera contar todo lo que había sucedido, omitiendo tan solo un par de detalles sensibles que prefería no revelar en aquellas circunstancias, con Hyouma interviniendo un puñado de veces para poder añadir un par de puntos.
Una vez que concluyeron, Makihisa pareció tomarse un par de minutos para asimilar todo lo anterior. "Bueno, que me parta un rayo." Comentó. "Vaya que fue un día de perros."
"Usted lo ha dicho, Tohno-san." Comentó Hyouma antes de saquear la reserva de botellas de agua que el hotel proveia. El rubio había tenido sus sospechas sobre la identidad de la persona del otro lado de la línea, y estas le habían sido confirmadas una vez que Makihisa se presentó directamente.
Ver el rostro de Hyouma palidecer con un terror auténtico al caer en cuenta de a quien había insultado había sido casi educativo.
"¿Qué planeas hacer ahora, Kiritsugu? Lo que me pediste no es algo que vaya a conseguir pronto, y esta pista se te ha escapado." Pregunto Makihisa, ignorándolo.
"Kaburagi mencionó que el cargamento precioso del que hablaba llegaba el día de mañana en un puerto hacia el sur, siendo dirigido por un barco afiliado al grupo de los Yakou." Comentó Kiritsugu mientras abría el morral del cual extrajo la carpeta que había robado. "En alguno de estos documentos debe estar el dichoso barco."
"¿Y conoces el nombre?" Pregunto Makihisa. "Dudo mucho que puedas descubrirlo antes de que toque puerto."
"No necesito hacerlo." Kiritsugu respondió mientras abría la carpeta en la última página. "A veces, la respuesta más simple es la solución."
"... ¿Me estás jodiendo?" preguntó Hyouma, alzando una ceja antes de acercarse con curiosidad.
Una serie de nombres podía verse a lo largo de esta. Guiándose por las casillas y algunos de estos, así como los números colocados a un lado, Kiritsugu comprobó que se trataba del nombre de los barcos, su cargamento, su fecha de llegada y finalmente, su destino.
"Isonade, una tonelada de Polvo Real, el 11 de Abril, no." Kiritsugu lo descarto antes de mirar la siguiente opción. "Umibozu, cuarenta series de partes robadas, el 14 de Abril, tampoco."
Tacho mentalmente ese de la lista, y se dirigió hacia el tercero, mientras que Makihisa permanecía en espera y Hyouma le echaba una vistazo a la página.
"... Cargamento de armas compradas en las Filipinas, 19 de Abril, ugh." Gruño Kiritsugu tras tachar el doceavo de la lista.
"¿Ya terminaste?" Pregunto Makihisa sardónico del otro lado de la línea.
"No, aún no. Está en esta lista, y se que puedo encontrarlo." Aseguro, solo para que el magnate soltara un suspiro.
Hyouma apuntó a otro nombre. "¿Y este? El Argo, no menciona carga específica."
Kiritsugu alzó una ceja antes de menear la cabeza. "Llegó ayer, el 16 de Abril, no puede ser ese."
Esta vez fue el turno de Hyouma de alzar una ceja antes de frotarse los ojos y limpiar un poco la mugre del papel. "Pero si este es un 18, no un 16."
"..." Kiritsugu se detuvo antes de preguntar. "¿Qué?"
"Si, es un 18. El Argo, llega mañana sin un cargamento específico a un puerto muy en el sur."
"¿Cual es la ciudad?" Pregunto Makihisa.
Hyouma entorno los ojos antes de fijarse en el anexo, y respondió sin saber los efectos de aquella revelación en ambos hombres.
"Fuyuki."
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"El Argo llegará mañana a eso de las siete de la tarde, señor." Uno de sus subordinados a sueldo le confirmó tras colocar el teléfono en su lugar. "Hay un buen clima en el mar, y no ha habido problemas con la guardia marítima que se ha topado."
"Muy bien, muy bien." Kaburagi sonrió mientras terminaba de comer el cóctel de camarones que había ordenado. "¿No hay nada que reportar?"
El hombre hizo una mueca antes de asentir. "Un par. Algunas de las cosas que transporta el barco terminaron por llamar la atención de un par de apariciones en el mar. No hubo ninguna pérdida, ya que consiguieron repelerlos con las armas que nos suministró ella."
Kaburagi asintió con algo de desagrado reflejado en su mirada. "Algo bueno tenía que salir de hacer negocios con esa zorra. ¿Que parte del cargamento fue lo que los atrajo?"
Se encontraban en una de las terrazas adosadas a una de las habitaciones localizadas en la planta más superior del Hotel Hyatt de Fuyuki. Esos pisos distaban mucho de ser como el resto, eran prácticamente casas más que cuartos de hospedaje, y el precio de alojamiento era obscenamente astronómico.
Una cifra difícilmente fuera del alcance de Kaburagi y los cuatro subalternos que había traído consigo.
"Me parece que se trató del Proyector de Éter, señor. El que fue robado de esa familia de Mónaco un par de meses atrás." Respondió el hombre, antes de encogerse de hombros. "Me tomé la libertad de ordenarle al capitán que lo mantuvieran dentro de un contenedor de plomo con el fin de mantener aislado lo que pueda emitir y no atraiga más apariciones o otros espíritus."
"Buena iniciativa, Idate." Lo felicito el traficante antes de levantar el índice de su mano derecha. "Pero tengo que señalarte algo. Utilizar tanto espacio solo para un artículo no siempre es viable. En este caso, lo mejor hubiera sido simplemente cubrir el Proyector con uno de esos mantos de tela irlandeses que reprimen el misterio. Tenemos varios de reserva tras comprarlos a aquella familia de Belfast."
Idate se estremeció y mordió su labio inferior al recibir aquel comentario, pero se limitó a asentir. "Si, señor Kaburagi, lo tendré en cuenta."
"Asegúrate de eso. Ve y dile a los muchachos que vayan preparándose para ir de excursión a ese lugar dentro de una media hora." Kaburagi se recargó en el camastro mientras se acomodaba las gafas de sol que llevaba, no molestando ni en ver como Idate asintió por última vez antes de retirarse.
El traficante se permitió el relajarse un par de minutos, mientras disfrutaba la vista desde las alturas. Pero todo tiene que terminar, y fue por eso que tomó el teléfono que descansaba en el buró a un lado del camastro y se aseguró de marcar un número.
"¿Bueno?" Preguntó la voz del otro lado de la línea, que parecía pertenecer a un hombre viejo y de un humor muy poco agradable.
"Buenas tardes, Genji." Saludo Kaburagi, no pudiendo resistir el sonreír abiertamente al escuchar un respingo del otro lado de esta, clara señal de que el hombre lo había reconocido. "Estamos teniendo un buen día, ¿no?"
"Ningún día es bueno cuando tu tocas a la puerta." Sentenció con voz áspera el llamado Genji.
"¿Esa es la forma de referirte a quien está consiguiendo la medicina que tu y tu esposa buscan desesperadamente, hmm?" El traficante claramente sabía que botones podía presionar del hombre, pues este se quedó callado por varios segundos, antes de añadir.
"¿Qué es lo que quieres, Kaburagi?" Pregunto Genji a regañadientes, granjeándose el que el traficante asintiera satisfecho.
"Mucho mejor." Concedió antes de continuar. "Verás, este pequeño favor que te pedí que me hicieras, está a nada de concluirse."
Viendo que Genji no decía nada, siguió con lo que decía.
"El barco de los Yakou, el Argo, llega mañana en la tarde al puerto de Fuyuki. Transportar el contenido por el que se me pagó para llevar al punto específico nos podría tomar toda la noche, y cargar el resto de contrabando en el tren tampoco será trabajo ligero." Sentenció mientras entornaba los ojos. "Es menester que mantengan a su adorable nieta, la futura Administradora con ustedes el mayor tiempo posible. ¿No queremos que sus ojitos vean cosas que no deberían de ver, verdad?"
"Rin-chan no tiene ni la menor idea de todo esto, y nunca la tendrá si el Cielo me libra." Confirmó Genji, cuyo tono no podía evitar traicionar la pena que sentía por lo que estaba haciendo. "Es ese hombre de la Iglesia el que es difícil de mantener distraído."
"No me importa que tengas que hacer para mantener a ese perro con sotana alejado de Fuyuki mientras hago mis operaciones." Declaró fríamente Kaburagi. "Solo hazlo, créeme que más difícil es lidiar con las personas que conozco que podrían preparar lo que necesitan para que la pequeña Aoi vuelva a ser como antes."
"... Aun si lo hago, no podrás hacer un movimiento de tal escala en ese lugar sin ser vigilado." Añadió Genji con un temor inusual. "No mientras él esté ahí. Acércate a ese sitio, y te estarán viendo muchos ojos..."
"¿Ese vampiro?" Kaburagi se burló. "El hombre que paga los billetes grandes me aseguro que no intervendrá en esto y si es que lo intenta, mis muchachos lo pondrán unos seis metros bajo tierra. Sólo cumple tu parte del trato y yo haré la mía, vejestorio."
Y colgó ahí mismo.
El traficante admiro la vista un par de minutos más, antes de levantarse y dirigirse hacia adentro. Tenía un sitio que revisar.
xXx
Como si fuera un tapete, la figura inmóvil de Waver Velvet yacía en el 'ático' de la Residencia Emiya. Una habitación extra que ni como bodega servía debido a la existencia del cobertizo en la propiedad, pero que Shirou había encontrado increíblemente conveniente para dejar a quien había hechizado a su hermana postiza.
Por medio de cuerdas y hasta un par de cadenas que había encontrado un par de días antes, se había asegurado de tener completamente amarrado al pelinegro. Claro, como Shirou no era ningún experto en el tema, había preferido no arriesgarse y mejor colocar un candado en los extremos que conectaban las cadenas, con el fin de mantener aún más sujeto a su 'prisionero'.
Sentado en un taburete a un metro de distancia, Shirou sujetaba la sombrilla mientras contemplaba nerviosamente a la persona que había noqueado.
Y recordaba de paso como había ocurrido eso.
Shirou había estado a punto de dirigirse al cobertizo varios minutos antes, hasta que creyó recordar el no haber terminado de dejar ordenado el dojo y fue hacia allá. Para su alivio, el lugar se encontraba en buenas condiciones, lo cual le hizo asentir con satisfacción antes de dirigirse de regreso a la sala con la intención de preguntarle a Taiga y al señor Velvet "Llamame Waver, por favor" si querían algo de tomar.
Solo para encontrarse con una Taiga durmiendo plácidamente en uno de los sillones. Meneando la cabeza, Shirou había intentado despertarla llamando su nombre, después le tocó la frente, después sujeto y alargó sus mejillas como ella lo hacía usualmente, y fue ahí cuando comenzó a preocuparse.
Pues en todo ese momento, Taiga no emitió respuesta alguna.
Shirou trató de abrir sus párpados gentilmente, solo para casi dar un salto hacia atrás cuando unos ojos nublados y ausentes, parecidos a los de los pescados del mercado le devolvieron la mirada.
Estuvo a casi nada de salir corriendo y gritar de pánico, cuando cayó en cuenta de que Waver brillaba por su ausencia.
Y fue en ese entonces que algo alcanzó a llegar a su nariz, proveniente de Taiga.
Era tenue y un poco distinto al que estaba acostumbrado, pero indudablemente pertenecía a la misma categoría de olores que su nariz identificaba cuando 'olía' algo que tuviera que ver con energía mágica.
Un hechizo, alguien le había puesto un hechizo a Taiga.
Shirou se sintió de repente muy pequeño, mientras que las palabras de Kiritsugu regresaban a sus oídos. Recordó entonces lo que sabía de Waver, y se estremeció aún más.
'Es maestro en una escuela de Londres y es un magus...' Pensó el pelirrojo mientras que las piezas prácticamente se estaban acomodando solas en su cabeza. 'Es de Inglaterra y es un magus. Es de Inglaterra y es un magus. Es de Inglaterra y es un magus.'
Aquella oración se repitió múltiples veces en su mente como si se tratase de un mantra, pero lejos de calmarlo, surtía el efecto contrario. Tuvo que darse una bofetada con el fin de espabilar, y mantener tanto sus ojos como su nariz muy atentos.
Todavía podía estar dentro de la casa.
Shirou caminó de puntillas hacia el pasillo, todo mientras olía tras un par de segundos el aire, intentando detectar energía mágica. Se quedó pegado contra la pared, no atreviéndose a mirar por la esquina, hasta oler unas dos veces.
El pasillo estaba vacío, pero eso difícilmente le impidió el moverse cautelosamente por este hasta alcanzar el lugar donde dejaban las sombrillas.
Tomó la suya con el corazón en la boca, y camino hacia la cocina, teniendo sumo cuidado de no pisar el sitio donde había una tabla que crujía. Internándose en el lugar, se abrazó al paraguas y espero mientras trataba de respirar normalmente.
Miro la sombrilla que sostenía. No, algo así no podría servirle si tenía que defenderse de otro magus. Una de las series que había visto con Taiga el día de ayer irónicamente le dio la respuesta.
'Fuego con fuego... Magia con magia.' Shirou cerró los ojos mientras colocaba su mano derecha en la sombrilla y murmuró lo más bajo posible su Aria tras activar sus circuitos.
Analizar la estructura de la sombrilla no le llevo ni tres segundos, el transmitir energía mágica dentro de esta con el fin de reforzarla, ni uno. El paraguas se veía exactamente igual, salvo que ahora el plástico que lo conformaba se había vuelto tan duro como el metal.
Sintiéndose más seguro, Shirou lo sujetó como si se tratara de un shinai y casi dio un salto más tras oler una firma de energía mágica que no venía de él, acercándose por el pasillo.
Tragando saliva, se quedó lo más quieto posible mientras se preparaba para dar el golpe. Solo tenía una oportunidad, si no lo lograba...
Contuvo la respiración mientras olía como la firma se acercaba rápidamente por el pasillo, y mantuvo los ojos muy abiertos cuando vio una sombra perfilarse.
Apenas vio la silueta de Waver de espaldas con él, y siendo la fuente de la firma de acuerdo con su nariz, corrió y descargó un golpe en su cabeza desprotegida, logrando derribarlo.
Le había tomado bastante el arrastrarlo desde el pasillo hasta el ático, y aún más el buscar las cosas necesarias para mantenerlo de esa manera. Había tenido que quitarle los lentes también.
El pobre pelirrojo honestamente no sabía qué hacer. Se había dejado llevar por el miedo, y ahora tenía a un magus amarrado dentro de su casa y con Taiga bajo un hechizo que había sido colocado por este.
'Ughh, de todos los días en los que Kiritsugu no está.' Pensó Shirou mientras meneaba la cabeza. Lo peor es que no podía hablarle porque no sabía el número del hotel donde estaba hospedado, y mucho menos lo que estaba haciendo. Aun si lo supiera, ¿qué pasaría si el magus se despertaba?
Shirou no tenía ni la menor idea de qué cosas podía hacer Waver más allá de hipnotizar gente. Kiritsugu hablaba muy poco de las distintas formas de taumaturgia que poseían otros magi, y los ejemplos que daba eran muy específicos.
Desde poder controlar insectos mutantes, pasando por disparar ondas de fuego concentrado y hasta tener bajo control a una masa de metal líquido que parecía haber salido de la película de Terminator. ¿Que le garantizaba que Waver no se pudiera soltar por su cuenta? No, Shirou no tenía de otra que permanecer ahí y estar preparado para noquearlo otra vez.
... De ser posible, tendría que incluso quedarse ahí todo el día.
'Esto no puede ser peor.' Pensó Shirou con una mueca, y fue entonces que recordó como Issei le había contado que nunca debía de desafiar a los espíritus de la ironía, pues estos siempre están escuchando y están más que dispuestos a probarles lo contrario a quienes digan eso.
"Ughhh..." Escuchó un quejido que le hizo ponerse en alerta, y mirar como Waver se retorcía con sus ataduras antes de abrir lentamente sus ojos, solo para encontrarse a Shirou quien tenía la sombrilla lista.
Waver miro a Shirou.
Shirou le devolvió la mirada a Waver.
Waver parpadeo.
Shirou parpadeo también.
Y entonces, Waver se permitió dar un grito de pánico.
"¡AAAAAAAHHHHHHHH!"
Grito que provocó que el pelirrojo no pudiera hacer otra cosa que imitarlo.
"¡AAHHHHHHH!"
"AHHHHHHH!"
"AHHHHHHHH!"
"AHHHHHHHH!"
"AHHHHHHHHHH!"
"¡AHHH- AUCH!"
BONK!
Antes de que Waver pudiese seguir gritando, Shirou le descargó un golpe en el costado con la sombrilla, causando que este se quejara por el dolor.
El pelinegro meneo la cabeza, antes de soltarle una mirada venenosa al pelirrojo, quien le regresó una plenamente desafiante.
'Condenado mocoso, te vas a enterar...' Waver sonrió maliciosamente para sus adentros al notar que podía usar sus circuitos y los activos antes de hablarle, sin romper el contacto visual.
"Eso me dolió mucho, Shirou. ¿Porque no me sueltas?"
La sugestión fue lanzada de golpe, e impactó contra el pelirrojo de tal forma que hizo que su mirada se nublara.
'... ¿Porque lo amarre?' Pensó Shirou, sintiendo una tranquilidad inmensa en una parte de su cabeza. '¿Debería soltarlo, no? Es un invitado...'
Dio un par de pasos hacia adelante mientras que con su mano libre extraía la llave del candado, haciendo que Waver sonriera victorioso. 'Haber sido noqueado por un niño, de esto nadie se va a enterar, lo juro.' Pensó.
'Es un invitado, si... ' Pensó Shirou, quien ya se había agachado. 'Un invitado de Taiga...' Fue ahí cuando sus ojos se abrieron de par en par tras recordar que la castaña seguía bajo los efectos del hechizo, y que había sido Waver quien la había colocado en este.
"La hipnosis, el lavado de cerebro y todos los hechizos que consisten en la manipulación de la mente y los sentidos se llaman Interferencia Mental." Recordó a Kiritsugu hablarle una vez. "Es conocimiento considerado básico, y en mi opinión una de las armas más efectivas de un magus. Una mala persona que sepa cómo usarla, puede causar mucho daño."
"Que horror." Recordaba haber dicho el. "¿Y no hay nada que se pueda hacer para que eso no pase?"
"Hay muchas, pero la más sencilla es circular energía mágica a través de tus circuitos apenas detectas los efectos."
El martillo de la pistola en su mente salió disparado, mientras que las treinta líneas luminosas que representaban sus circuitos se manifestaron en su cuerpo, rechazando los efectos del hechizo de Waver, quien abrió los ojos al caer en cuenta de su error.
'Mierda, Resistencia.' Un poder inherente a cualquier persona con Circuitos Mágicos, la capacidad de resistir hechizos que tienen como objetivo controlar al objetivo por medio del medio espiritual. Al hacer circular la energía mágica dentro de los circuitos de uno, se puede rechazar la energía mágica exterior que intenta invadir su yo. Por lo tanto, es posible interrumpir un hechizo antes de que pueda completarse. Una forma de defensa muy eficiente, hace que sea difícil afectar incluso a magi menores. Además, aquellos que no son magi pero aún poseen circuitos mágicos pueden protegerse inconscientemente de esta manera. Por eso, la mayoría de los magi usan hechizos capaces de interferencia física en lugar de sólo espirituales.
Y tal parecía que el pelirrojo podía hacerlo sin problemas.
Shirou parpadeo, libre de la influencia de este y esta vez se encargó de darle un zape a Waver aprovechando la cercanía. "Vuelve a intentar eso, y te golpeo." Amenazó.
Waver resopló sin humor desde el suelo. "Tengo miedo. Mucho miedo. Un enano furioso me está amenazando." Respondió con todo su sarcasmo, y si hubiera podido cruzarse de brazos, lo hubiera hecho.
"¿Ah?" Shirou se quedó confundido. "¡¿A quien le estas diciendo enano furioso?!"
Waver parpadeo antes de dedicarle una mirada seca. "¿A quién más, mocoso? ¿A la persona invisible que nos ha estado viendo desde hace minutos?"
"No me llames mocoso, viejo baboso."
"¡¿Como me dijiste, idiota?!"
"¡El que lo dice lo es!"
"¿Cuanto tienes? ¡¿Seis años?!"
"¡Tengo nueve!" Declaro Shirou indignado antes de añadir. "¡Y al menos yo no fui el que terminó noqueado!"
"..." Waver se paralizó al escuchar aquello, antes de responder. "¡Me tomaste por sorpresa, eso no cuenta!"
"Mi timisti pir sirprisi." Repitió Shirou mientras lo picoteaba con un dedo en la sien. "¿Quién es el que está amarrado en el suelo de los dos?"
"Pff, que orgulloso debe estar tu padre." Sentenció Waver. "Nueve años y ya puedes capturar a un magus. ¿A qué edad te enseña a destruir una Cresta Mágica?"
"¡¿Qué demonios es una Cresta Mágica?!" Exclamó Shirou antes de caer en cuenta de lo que había dicho el pelinegro."... Espera, ¿que dijiste?"
"¡Que orgulloso ha de estar tu padre, eso dije!" Grito Waver de regreso, sintiendo ya los comienzos de una jaqueca tomando raíz en su cabeza. "Ya sabes, el Asesino de Magos, Kiritsugu Emiya."
Shirou trago saliva. Kiritsugu le había contado ya algo de su pasado, y si bien había dejado claro que no era algo que le enorgullecía, difícilmente cambiaba lo infame que había sido. Ese título que Waver había usado para referirse a su padre había sido mencionado ya una vez por él.
El pelinegro sonrió triunfante. "Ah, veo que sabes de lo que hablo, ¿no? ¿Y que me harás? ¿Vas a mantenerme aquí como tu prisionero en lo que llega tu padre, o me llevarás con él al puerto donde está escondido para cuando llegue el cargamento?"
Sin embargo, la expresión de Shirou no podía ser más confundida.
"¿De qué rayos estás hablando? ¡Yo solo quiero que le quites tu hechizo a Fuji-nee y te vayas!"
"¡¿Y porque me noqueaste y amarraste?!" Pregunto Waver indignado.
"¡¿Por qué pusiste a dormir a mi hermana por la fuerza?!" Le respondió con la misma voz, Shirou.
Los dos siguieron intercambiando gritos e insultos durante un buen tiempo, sin dar indicios de acabar pronto.
xXx
"Bueno jefe, tenía razón." Declaró uno de sus subordinados al contemplar el frente de la Mansión Edelfelt en medio del bosque. "Si que es un tremendo pedazo de edificio."
"Vender una pieza así le daría a uno suficiente capital para financiar una docena de operaciones sin problemas." Señaló Idate mientras asentía. "Eso, o bien podría ser una estupenda guarida para guardar viandas en caso de que los almacenes no estén disponibles. ¿Porque los que la tienen a su nombre no hacen algo con ella?"
"Muchachos, si algo aprendí de mi querido padre antes de largarme de la familia es que los magi sacrifican su inteligencia por la capacidad de tener engendros con sangre mágica más fuerte que ellos." Reveló Kaburagi, meneando la cabeza mientras fumaba un cigarrillo. "No traten de imaginar cómo piensan esos ñoños, acabarán con dolor de cabeza."
Aquello último fue acompañado de una carcajada que fue imitada por Idate y los otros tres hombres.
Se encontraban a poca distancia de la casa en medio del claro. El recorrido desde el hotel hasta ahí por medio de una camioneta que habían rentado no les tomó mucho tiempo. Como no había ningún camino por el bosque hasta la mansión, habían tenido que dejar la camioneta estacionada a unos seiscientos metros al noreste.
"Bien, muévanse." Ordenó, antes de caminar hacia esta. "No se molesten con la puerta, los maleficios que estaban ahí fueron bloqueados ya."
Eso aun así no consiguió que los malandros se animaran a tocarla, optando por seguir a su jefe en silencio. Entraron al pasillo, y más de uno dejó escapar un silbido de apreciación al ver el interior, que pese a estar descuidado por años de abandono, aún parecía mantener algo de su porte.
"Ustedes dos." Kaburagi le indico a los que iban detrás. "Revisen este piso, estoy seguro de que ese tipo dejó cosas aquí. Cuando hayan terminado, vayan arriba. Y no se les ocurra tocar nada sin avisarme antes, ¿entendieron?"
Los dos asintieron, causando que Kaburagi diera una palmada complacido. "Buenos muchachos, vayan a trabajar."
Una vez que estos se adentraron en la sala, se volteo a encarar a Idate y al cuarto. "Ustedes dos, conmigo. Vamos a darle una visita a la sala grande de una vez."
El traficante caminó hasta la escalera y pasó su mano por la superficie de su base tentativamente, hasta encontrar lo que buscaba. El interruptor secreto fue presionado, activando el mecanismo que ocultaba la entrada subterránea.
"Muy bien, tal y como lo dijo." Murmuró más para él que para los otros dos. Kaburagi, seguido de sus subordinados descendió por las escaleras recién reveladas, siendo asaltado por el olor a subterráneo y humedad mohosa, al igual que a otras substancias con las cuales estaba algo familiarizado ya.
Su familia se dedicaba a la alquimia tradicional asiática, pero desde la generación de su padre había intentado combinar sus conocimientos con las tradiciones occidentales, lo cual le había expuesto a ciertos elementos cuyo hedor había quedado bien grabado en su memoria.
Azufre, cromo, óxido de cadmio, pirita, aceite y mercurio, por no decir varios más.
Kaburagi lo ignoró, así como los estornudos que sus subalternos estaban emitiendo. Ellos podrían haber estado expuestos antes a substancias no menos intensas como cristales y metanfetaminas, pero entre los productos baratos de la negra industria de las drogas modernas y los de la taumaturgia, había mundos de distancia.
Finalmente llegaron al lugar, y era tal y como Kaburagi esperaba que fuera.
"Lo mismo que les dije a esos dos." Les indico a sus hombres. "Registren el lugar, y avísenme si encuentran algo interesante. Pero ay de ustedes si se les ocurre tocar algo sin que lo hayan visto primero."
"S-si, jefe." Respondió Idate antes de dedicarle una mirada a su compañero, quien se limitó a asentir. Los dos caminaron en direcciones opuestas, dejando a Kaburagi el frente del lugar.
Este caminó hacia el escritorio, mientras que sus ojos se fijaron en algo grabado en el suelo que le llamó la atención. Al seguir la forma de este, cayo en cuenta de que se trataba de un círculo mágico de gran tamaño y complejidad.
"Ah, ya veo. Claro que uno grande se necesita para ese ritual." Musito, meneando la cabeza antes de finalmente acercarse al escritorio. Este, tal y como lo esperaba se encontraba desprovisto de cosas realmente impresionantes.
Un cáliz ornamentado de cobre yacía en una esquina, acumulando polvo y telarañas. No valía la pena tomarlo, con solo darle un vistazo era obvio que no tenía ni un ápice de misterio o calidad destacable siquiera para ser fundido y empleado por algún alquimista.
Un frasco con un polvo blanco que rápidamente identificó como sal purificada tampoco le servía. Sin ningún hechizo que conservara sus propiedades, tal material era de plano inútil para él. Podría vender las cosas a precios elevados, pero tenía también estándares de calidad de estos.
"¿Hmm?" Miro un cráneo viejo y blanqueado, que tenía grabados en su frente y la superficie de su cabeza varios sigilos. Lo sujeto para inspeccionarlo mas de cerca, y comprobó que se trataba de un potente catalizador para una variante de astrología ligada con la brujería, conocimiento más allá de lo que él era capaz, pero que quizás algún otro magus podría encontrar útil.
Tendría que consultarlo con alguien más especializado antes de decidir el precio.
Estaba a punto de colocarlo en su lugar, cuando el sonido de pasos bajando por las escaleras rápidamente y la voz de uno de sus subordinados llegó hasta sus oídos.
"¡JEFE! ¡JEFE!" Escucho, y alcanzó a voltearse solo para toparse a este jadeando al pie de las escaleras, haciendo que Kaburagi alzara una ceja al ver su estado. "¡Encontramos algo en una de las habitaciones del piso de arriba!"
"¿Qué?" Pregunto.
"Será mejor que lo vea por su cuenta."
Kaburagi corrió de vuelta hacia la primera planta, y subió las escaleras a la segunda, siendo guiado por el hombre quien señaló a una de las habitaciones, que tenía su puerta destruida al igual que una buena parte de su borde.
Pero esos destrozos palidecían comparados con los del interior del cuarto.
Desde tablas rotas, hasta varios parches del piso y las paredes estando quemados, hasta la masa blanqueada y deforme que vagamente recordaba a una silueta humana en medio de esta.
Si es que la familiar forma no bastaba para que Kaburagi reconociera de que se trataba, el inconfundible hedor de la arcilla líquida producida por los cúmulos de éter asaltó su nariz y sirvió para confirmarlo.
"¿Un homúnculo?" Se preguntó antes de agacharse e inspeccionar el cadáver con un ojo crítico. "Uno idéntico a los que él me vendió y que salió de aquí... Y que fue destruido recientemente..."
"¿Qué significa esto, jefe?" Preguntó tembloroso el subordinado.
"Que alguien mas entro aquí." Sentenció Kaburagi, antes de escupir con un desagrado visible en su rostro. "Termina de revisar este piso, y después reportame todo lo demás que encontraste, pasale el mensaje a los otros tres."
El hombre asintió y se apresuró a salir, casi tropezándose, pero Kaburagi le ignoró. El traficante optó por morderse el labio mientras contemplaba lo que pudo haber ocurrido.
'El no pudo haberle vendido el secreto a alguien más, no le creo capaz.' Pensó, mientras meneaba la cabeza. 'Es reciente, y no pudo haber sido ese ejecutor o la mocosa Tohsaka... ¿Habrá sido ese vampiro? No, no puede ser... Pero entonces, ¿quién?'
Su mirada se cruzó nuevamente con los restos del homúnculo, y entornó los ojos al analizar los daños. 'Fuego, fue sometido a un hechizo ignífugo que le dañó bastante, pero estos homúnculos son muy resistentes, eso no pudo haber sido suficiente.'
Acercándose un poco más, alcanzo a notar algo brillando en medio de la carcasa. Lo retiró de un grumo de éter, y sus ojos se abrieron de par en par al notar que se trataba de una bala fragmentada.
"Springfield .3060." Comento con algo de humor, "Justo como la de ese Conten..."
De repente se paralizó tras caer en cuenta. Recordó por ahí un rumor algo viejo, una de las pocas veces en las que había escuchado directamente del Asesino de Magos, algo sobre él participando en el ritual de la Guerra del Santo Grial de esa misma ciudad...
"Rayos y centellas." Maldijo Kaburagi, antes de extraer su teléfono de su bolsillo y marcar un número familiar. "¿Yukinobu?¿Yukinobu? Responde, grandísimo energúmeno."
Sin embargo, nadie contestaba del otro lado de la línea.
xXx
"Déjame ver si entendí." Shirou tenía la boca seca luego de haber gritado ya varias veces, pero por obvias razones no se atrevía a ir por un vaso de agua. "Viniste del castillo del reloj ese de Inglaterra aquí porque eres un detective mágico y crees que el viejo es el tipo que buscas, ¿no?"
"Es Torre del Reloj, niño." Gruño Waver. "No lo creo, lo sospecho. Si tan solo supieras realmente lo temido que es el Asesino de Magos entre una buena parte de la comunidad mágica."
Shirou puso los ojos en blanco. "Kiritsugu ya dejó atrás esa vida, señor Velvet. Y si tan solo supieras como ha sido aquí desde que lo conozco."
Lo único que recibió como respuesta fue un resoplido molesto, que se detuvo cuando el pelirrojo alzó de manera amenazante la sombrilla.
Luego de haber gritado por varios minutos, eventualmente a Waver se le habían escapado un par de cosas que hicieron que Shirou le imitara inconscientemente, lo cual había llevado a un silencio incómodo entre los dos, que condujo a un diálogo algo más civil.
... O al menos si así se le podría considerar a uno que consistía en una persona teniendo una sombrilla a la mano y otra amarrada y en el suelo.
Aquel intercambio le había permitido a Waver tener una mejor vista sobre Shirou, lo cual le había llevado a sacar un par de conclusiones en base a lo que podía observar de sus manierismos: El pelirrojo no estaba actuando o poseía una máscara como otros niños de familias de magi, a quienes se les enseñaba el juego de las políticas desde que se consideraba que podían aprenderlo.
Eso, y que le tenía una gran estima a la figura de Kiritsugu Emiya, como un hijo a un padre amoroso. Había subestimado ese pedestal, porque intentar decir algo contra este le valía una mirada de pocos amigos por parte del pelirrojo.
"Bueno, lo admito." Concedió antes de suspirar. "Si, me deje llevar por el temor. ¿Pero qué querías que hiciera, niño? El riesgo es real, así que actúe de la manera más rápida que podía."
"¿Hipnotizando a Fuji-nee e intentando hacerme lo mismo a mi?" Shirou alzó una ceja mientras lo miraba con esos ojos color ámbar cargados con escepticismo.
Waver suspiro nuevamente, luchando con las ganas de querer rascarse la nariz. "No era mi intención hacerles daño. Puse a Taiga a dormir, y hasta le coloque un hechizo que da buenos sueños. Iba a hacer lo mismo contigo, y intentar investigar aqui si habia relacion entre quienes persigo y tu padre."
"Como que eso no es mucho mejor." Señaló Shirou con una mueca, provocando que el pelinegro cerrara los ojos y se esforzaba por no alterarse.
"Estamos perdiendo tiempo... Mira, ¿podrías dejar que me suelte? Te prometo que le quitaré el hechizo a Taiga, solo necesito saber si mi sospecha es cierta." Ofreció, solo para recibir un rotundo no por parte de Shirou.
"¿Como se que no me hipnotizaras apenas lo hiciera? No." Respondió el pelirrojo con desconfianza, aunque podía notarse una pequeña sombra de duda en sus ojos.
"Es urgente, es muy urgente." Casi suplico Waver mientras cerraba los ojos. "No lo haré, pero necesito saber la verdad. Ya se perdieron vidas por eso..."
Shirou soltó un respingo y se hizo para atrás, como si le hubieran clavado una espina. "¿Q-que?" Preguntó con voz temblorosa.
Waver suspiro una vez más. "Es una larga historia, y no es bonita." Admitió antes de mirar fijamente al pelirrojo. "Hace varios meses, ocurrieron una serie de asesinatos en Londres, todos de magi o gente relacionada con nosotros."
"Que horrible." Comentó Shirou.
"Tenía un amigo, James Cavendish." Continuó el pelinegro, mientras fruncía el ceño al recordar. "Estudiamos juntos un par de años en la facultad principal de la Torre del Reloj, y entramos al mismo departamento. Estábamos trabajando en una cosa cuando de repente..."
Waver cerró los ojos.
"Él fue la última víctima."
"Lo lamento mucho." Era imposible no notar la sinceridad en el tono de Shirou, algo que Waver agradeció, pero de igual forma continuó con su relato.
"Hay autoridades de los magi que revisan estos casos, y siguieron este por un tiempo antes de abandonarlo." Apretó los puños, con una cólera apenas contenida. "No le tomaron más importancia, y yo..."
Waver miró fijamente a Shirou, casi como si él hubiera sido el responsable. "La novia de un amigo era de los que trabajó investigando, no encontró mucho aparte de un rumor de que un barco estaba cargando algo perteneciente a las víctimas, incluido James."
"... ¿Algo de todos ellos?" Shirou preguntó, sintiendo un vuelco en el estómago, presintiendo que la respuesta no le iba a gustar para nada.
Tampoco ayudó el recordar que Kiritsugu había estado ya un par de meses antes en Europa
Waver titubeo un poco, pero trago saliva. "Todas las víctimas fueron decapitadas..."
El pelirrojo se puso verde al escuchar eso. "...Entonces, ¿s-sus c-cabezas?"
El pelinegro asintió sombríamente antes de continuar. "Todos los cuerpos aparecieron sin una, el de James no fue la excepción."
"... ¿Por qué alguien haría algo tan espantoso?" Pregunto Shirou, aterrado solo con la idea.
"Todos ellos, incluido James tenían algo especial." Reveló Waver. "Ojos Místicos. Imagino ojos que tienen poderes, son muy raros y valiosos."
Shirou se puso verde al caer en cuenta de a donde iba el pelinegro. "¿Les querían robar esos ojos?"
"Así es." Sombríamente asintió Waver. "Conseguí cazar la fuente de los rumores, y logré dar con el barco en el cual habían sido entregadas las cabezas... Pero este había salido ya."
"¿Y entonces?" Pregunto Shirou.
"Hace un par de años, hice muchos viajes por el mundo." Comentó Waver. "Aprendí varias cosas, y conseguí un par de contactos. Use todo lo que tenía a mi disposición, cobre favores y hasta soborne a otros, todo con el tal de seguirle la pista al contenedor que tenía las cabezas adentro.
Fueron meses bastante infernales, tuve que viajar desde Londres y por poco pierdo el rastro... Pero alcance a descubrir que el último barco que transporta el contenedor, atracara aquí el día de mañana.
Lo demás... Es solo mi sospecha."
Waver suspiro, y apartó la mirada.
"No confías en mí, y haces bien en no hacerlo. Los magi no somos las personas mas honestas, pero hasta nosotros tenemos códigos. Nuevamente, te pido permiso de que me dejes investigar, por favor." Le suplico, antes de añadir. "Solo necesito saber. Estoy dispuesto a jurar un geias de que no haré nada contra tu padre, o tu o Taiga. Apenas vea lo que tenga que ver, me iré a recoger el legado de mi amigo y regresaré a Inglaterra sin mirar atrás."
"Yo..." Shirou apretó los puños apenado por la escena, y terminó por inclinar la cabeza. "No sé qué está pasando, pero no me gusta. Voy a dejarte hacer eso, pero quiero estar al lado."
Waver suspiró aliviado. "Te lo agradezco mucho."
"Solo tengo una pregunta." Añadió Shirou.
Waver alzó una ceja. "¿Adelante?"
"¿Qué es un Geias?"
El pelinegro reprimió las ganas de estrellar su frente contra el suelo.
xXx
Si el esfuerzo simple fuera todo lo que se necesitará para maldecir a alguien, el conductor del autobús seguramente hubiera muerto ya con la intensa mirada que Kiritsugu le estaba dirigiendo desde su asiento, con esta siendo camuflajeada con las gafas de sol que había tomado.
Faltaba todavía un par de horas para llegar a Kobe, y de ahí tendría que tomar el tren más próximo hacia Fuyuki. No le gustaba para nada, necesitaba ir más rápido.
Se acomodó en su asiento, recordando la conversación que había tenido en ese cuarto.
La revelación del lugar a donde el traficante que Kiritsugu perseguía siendo Fuyuki fue una sorpresa tanto para él como Makihisa, y ninguno de los dos hombres la pudo contener.
"¡¿Qué demoni-?!"
"¡Imposibl-!"
Hyouma alzó una ceja antes de señalar al manifiesto. "Lo dice ahí bien claro. Argo, 18 de Abril de 1996, Fuyuki, Kyushu."
Y en efecto, ahí estaba. Kiritsugu se pregunto que clase de mala broma era esa, antes de menear la cabeza y soltar un suspiro cargado con exasperación pura. "Ahí lo tienes, Tohno. ¿Que decías?"
"Si quieres seguirle la pista, tienes que regresar lo más rápido posible entonces." Advirtió Makihisaa desde el otro lado de la línea. "No creo que tenga que decírtelo, pero si yo fuera tu, partiría de inmediato."
"Eso tengo en mente." Respondió Kiritsugu, cerrando la carpeta y dirigiéndose hacia su maleta.
"¡Oigan, oigan!" Hyouma se hizo notar. "Un respiro para el que no sabe qué carajos están haciendo ustedes. ¡¿Qué hay de mi?! Los Yakou van a pasar el chisme de que me buscan por el submundo, y media comunidad de Tokyo me vendería por cinco yenes."
Kiritsugu resopló, antes de mirar el teléfono. Conociendo a Makihisa, seguramente este le pediría que lo asesinara y se olvidara de este, por lo que se sorprendió cuando el mestizo respondió.
"No le tengo ni la menor estima, Sagara." Comentó secamente Makihisa. "Pero tu padre y tu familia sirvieron bien a la mía un par de veces. Así que supongo que puedo ayudarte a salir vivo de esta situación."
"¿Ah?" Hyouma hizo una mueca al escuchar eso y entornó los ojos.
"Hay una estación de autobuses muy cerca de Shinjuku que es propiedad de mi sobrino, Tonami. Le haré una llamada, y me encargaré de asegurar un pasaje para ti hacia Misaki. El te proporcionará la dirección de un asociado mío, Sougen Jinan." Informó Makihisa. "Siga mis instrucciones, y me encargare de que su pellejo siga en una pieza."
"D-de a-acuerdo." Respondió Hyouma.
"Bien, ahora salga de ese lugar y déjeme hablar solo con Kiritsugu." Ordeno fríamente, lo que causó que el rubio teñido se estremeciera antes de salir de ahí, dejando al pelinegro solo.
"¿Y ese gesto de amabilidad?" Pregunto.
"No pienses mucho en eso." Desvió la pregunta Makihisa. "En la misma estación, encontraras uno que podrá llevarte a Kobe. De ahí, puedo conseguirte un boleto de tren a Fuyuki, pero nada más."
"Me vendría bien tener mano armada." Musito Kiritsugu. "Pero dudo que tengas disponible a la persona que mencionas a menudo para un viaje así de inmediato."
"No, no lo tengo." Makihisa confesó. "Pero finalmente conseguí dar con él, estará apostado muy cerca de Misaki por las próximas semanas en caso de que lo necesite."
"Muy bien." Asintió Kiritsugu. "Entonces iré. Con algo de suerte, podré aprovechar lo que conozco del terreno para tenderles una emboscada. Estoy muy familiarizado con los muelles de Fuyuki."
Aquel último comentario tenía un toque de humor sombrío, que Makihisa detectó y le hizo suspirar.
"Esperaré una llamada cuando estés ahí."
Kiritsugu había colgado y recogido sus cosas después de eso. Tras entregar el cuarto, había partido en un taxi proporcionado por el hotel a la estación mencionada por Makihisa junto con Hyouma, a la cual habían llegado tras varios minutos.
Durante los cuales vieron más de un auto blindado pasando de manera recelosa por las calles, lo que hizo que el rubio se pusiera pálido.
Pero afortunadamente, no hubo ningún problema en llegar al lugar, donde los dos se habían separado por autobuses distintos.
Lo que lo llevó a donde estaba ahora.
Kiritsugu frunció el ceño detrás de las gafas de sol. Ya tenía hasta hambre.
Se preguntó qué estaba haciendo Shirou en esos momentos.
xXx
"Agh, libre al fin." Waver estiró los brazos una vez que se incorporó con ayuda de Shirou.
El pelirrojo parpadeo antes de guardar la llave en su bolsillo y se encogió de hombros. "No era necesario hacer ese tal Geiser."
"Geias." Corrigió Waver. "O Geas, como prefieras llamarlo. Pero definitivamente no Geiser. Dios, ¿que te ha estado enseñando tu padre?"
El pelirrojo estuvo a nada de abrir su boca, causando que el pelinegro suspirara nuevamente. "No respondas, por favor. ¿En qué estaba pensando? Seguramente estás recibiendo instrucción de un Spellcaster y como uno."
"¿Y eso con que se come?" Shirou inclinó la cabeza ligeramente hacia la derecha al escuchar aquel término.
"Un Spellcaster es el nombre que deciden aquellos que saben Taumaturgia, pero no sigue el camino de los magi." Explicó Waver, mientras salía del lugar siendo seguido por Shirou. "Te lo voy a poner así. Un Spellcaster conoce un hechizo y lo usa para hacer algo, pero no está interesado en estudiarlo o encontrar formas de modificarlo. ¿Lo captas?"
Shirou asintió. "Oh, ya veo. ¿Y que es un magus entonces?"
El fantasma de una sonrisa se formó en el rostro de Waver. "Si tuviéramos tiempo de sobra, te respondería esa pregunta. Pero seria mejor que terminara lo que vine a hacer lo antes posible."
Shirou frunció el ceño, pero no dijo nada. Se limitó a guiar al joven adulto por el pasillo hasta finalmente llegar a la puerta que conducía al cuarto de Kiritsugu, donde raras veces había estado antes.
Extendió su mano con el fin de abrirla, sólo para sorprenderse cuando esta se resistía a moverse. Intentó forzarla un par de veces sin éxito alguno, pero solo pudo emitir un leve gruñido por el esfuerzo.
"Esta como bloqueada." Se quejó, solo para que Waver entornara los ojos antes de murmurar el hechizo de detección que usaba a menudo.
"Hay un campo delimitante imitando la forma de la puerta." Comentó. "Solo se activa cuando está cerrada y alguien la intenta abrir por fuera. Es una defensa bastante simple, pero efectiva contra alguien que no sepa nada de taumaturgia."
Entonces captó la mirada confundida de Shirou, quien lucía como si le hubiese estado hablando en sumerio antiguo.
"Déjame adivinar, ¿tampoco sabes que es un campo delimitante, verdad?" Pregunto, sintiendo algo de grima cuando Shirou asintió en respuesta. "¿Sabes que? En compensación por lo que estoy haciendo, voy a darte un par de consejos cuando termine, empezando por ahora."
"¿En serio?" Los ojos de Shirou brillaron momentáneamente ante ese prospecto. "¿Que voy a aprender?"
"Antes que nada, intenta encontrar la barrera." Señaló Waver a la puerta. "Ahora, es común para los practicantes el poder desarrollar una forma de detectar energia magica a través de los año-"
"Ya está." Anunció Shirou mientras olía el aire enfrente de esta. "Es como una tabla pegada por completo a la puerta."
"..." Waver parpadeo, antes de fruncir el ceño. Tenía planeado que el pelirrojo no pudiera hacerlo, con el fin de que el canalizara energía mágica sobre esta con tal de volverla visible.
Pero tal parecía que había más en el ojiámbar que a simple vista. Captó el cómo usaba la nariz y entornó los ojos.
"¿Puedes detectar energía mágica a través del olfato? Eso es muy útil." Comentó, honestamente sorprendido.
"Un poco, creo." Admitió Shirou mientras rascaba su nuca. "Puedo oler cosas en el aire a veces."
"Ah, ya veo. Fue así cómo pudiste saber que me estaba acercando." Dedujo Waver al recordar que tenía sus circuitos mágicos abiertos cuando caminaba por aquel pasillo antes de que Shirou le golpeara con la sombrilla. "Parece ser que tienes una afinidad para encontrar distorsiones en el ambiente, pero no se si está limitada a aquellas con energía mágica. Eso es algo muy útil."
Shirou asintió, antes de mirar al punto donde sabía que la barrera se encontraba.
"¿Ahora que?" Pregunto.
"Muy sencillo. Coloca tu mano por la puerta, te voy a enseñar cómo destruir un campo delimitante de este tipo." Afirmó Waver, tras ver cómo el pelirrojo obedecía y apoyaba su palma sobre la madera.
"Concéntrate en la forma que viste, y canaliza energía mágica a esta. No es necesario que la controles, solo 'golpea' la barrera con esta." Le instruyó.
Shirou asintió antes de murmurar.
"Trace on."
Las líneas que representaban sus circuitos recorrieron su brazo, simbolizando el flujo de energía mágica que Shirou estaba recolectando de su Od. Dirigiendo aquel río interno, el pelirrojo concentró un pulso sobre su palma y lo extendió sobre la barrera.
La superficie de la puerta parpadeó levemente, mostrando una capa transparente encima de ella que comenzó a mostrar grietas a lo largo de su estructura, hasta terminar por caer y romperse en docenas de pedazos de luz que se disolvieron en el aire.
Waver dio una palmada ligera al contemplar aquello. "Muy bien hecho. Ahora la puerta debería de poder abrirse."
Y efectivamente, Shirou esa vez pudo mover el pomo.
"Wow, de verdad sabe mucho, señor Velvet." Dijo el pelirrojo asombrado.
"Bueno, doy lecturas en una de las aulas de la mayor escuela de taumaturgia del Mundo y aspiro a ser un profesor." Afirmó Waver con un orgullo poco característico de su parte. "Es natural que sepa mucho, aunque recuerda Shirou, ¿puedo llamarte Shirou, si?"
El pelirrojo asintió.
"No intentes hacer eso con cada campo delimitante que te encuentres. Este que rompiste era uno de los más simples y no tenía ninguna defensa." Instruyó Waver. "Hay otros que pueden darte un toque y mandarte a volar, entre otras cosas."
Shirou alzó una ceja, antes de señalar al interior del cuarto.
"Ya veo... ¿Entramos entonces?"
Waver asintió, haciéndolo mientras le echaba una mirada a la espartana alcoba, soltando un silbido de apreciación en el proceso. "Si alguien me hubiera dicho hace un año que registraría el sitio donde el Asesino de Magos duermen, me hubiera reído."
"¿Kiritsugu de verdad era tan aterrador cuando era un cazarrecompensas?" Preguntó Shirou, un poco perplejo. Si bien su padre había hablado ya un par de veces de su reputación, y Makihisa había añadido también lo suyo durante aquella conversación que tuvo con el Tohno meses atrás, el pelirrojo aun desconocía mucho del impacto de las actividades de su padre en el pasado.
Waver mordió su labio inferior, debatiendo cuál era la mejor forma de decirle al niño. Honestamente, su sentir sobre Kiritsugu Emiya había quedado plantado en temor desde su supervivencia de la Cuarta Guerra, difícilmente desprecio o rechazo por su estilo de vida.
Le parecía también curioso el que Shirou parecía estar hasta cierto punto consciente de la identidad del hombre, lo cual le hacía preguntarse qué había pasado para que el mercenario hubiera decidido criarlo.
"Asesinos de magos'' es un término que se le da a quienes son excelentes en cazar a magi. Pero tu padre era conocido con ese título en singular, porque era excelente en su trabajo." Comentó antes de añadir. "Te estaría mintiendo si dijera que se mucho de él, pero hace un par de años por muy poco muerdo el polvo por estar en su lado contrario."
"Espera, espera... ¿Peleaste con Kiritsugu hace dos años?" Esta vez Shirou estaba impactado. "¿Como?"
Waver resoplo. "No exactamente, fue hace justo ese tiempo que un evento tuvo lugar aquí, una pelea increíblemente peligrosa entre magi..."
Los ojos de Shirou se abrieron de par en par mientras recordaba las palabras de Kiritsugu en aquel relato.
"Acepté un último trabajo de cierta familia.
Me contrataron como un representante para un evento integrado por ellos y otras dos familias. Un ritual lo llamaban ellos, pero realmente no era otra cosa que una guerra.
Una guerra entre magos, y algo más."
"Esa guerra entre magi..." Shirou murmuró antes de señalar a Waver exclamando. "¡Tu eras uno de los que estaban ahí."
Ahora era el turno de Waver de quedarse perplejo. "¿Sabes de la Guerra del Santo Grial?" Pregunto, extrañado.
El pelirrojo parpadeo al escuchar eso. "¿La que?"
Waver suspiro. "Veo que tu padre te contó lo básico de lo básico. Si, fui uno de los magi que estuvieron aquí hace dos años, y él también. Fuimos Masters ahí."
"¿Masters? ¿Maestros en inglés?" Shirou alcanzó a reconocer la palabra. "¿De que eran maestros? ¿Que fueron a hacer ahí?"
Waver apartó la mirada. Eso si que era algo que no quería compartir, y por buenas razones. Pero la mirada que el pelirrojo le estaba dedicando hizo flaquear aquella fortaleza.
"Es una historia mucho más larga que la otra." Comentó antes de suspirar. "Terminemos con esto, y te contare una parte, ¿si?"
Después de varios segundos, Shirou pareció estar convencido con eso y asintió.
Los dos terminaron por entrar al cuarto, y casi de inmediato se dirigieron hacia el lugar más obvio de registrar: el escritorio.
En este descansaba una taza de café olvidada y un bolígrafo, pero sus cajones estaban a la vista. Antes de que cualquiera de los dos pudiera intentar abrirlos, Waver detuvo a Shirou.
"Trata de olerlo, para ver si puedes detectar algún hechizo en este." Le sugirió.
Shirou olfateó el aire mientras cerraba sus ojos, pero terminó por menear la cabeza. "No, no puedo oler nada."
"Hmm, quizás no encontró necesario proteger ese lugar." Comentó Waver antes de abrirlo. Tal como lo esperaba, el interior estaba repleto de folders y carpetas.
"He visto espacios en la Facultad de Leyes con menos documentos." Musito Waver, mientras sacaba el primero y lo abría. La vista de un documento que parecía oficial, obviamente escrito en japonés le devolvió la mirada, haciendo que pusiera los ojos en blanco y se quejara.
"¿Pasa algo?" Shirou preguntó al ver aquella reacción.
"¿Podrías traducirme esto, por favor?" Pregunto Waver. "Puedo hablar y escuchar decentemente japonés, pero leer se me dificulta mucho."
El pelirrojo alzó una ceja antes de tomar la hoja, y frunció el ceño al leer lo que contenía.
"Esto es una lista de edificios y direcciones de aquí." Comentó, mientras señalaba uno. "Ese es el centro comercial que acaban de remodelar, Verde."
'¿Huh?' Waver parpadeo mientras le pasaba la siguiente hoja a Shirou. "¿Y esta de aquí?"
"Es lo mismo. Una lista de direcciones de aquí, creo que esa es la de un edificio al lado del bar del padre de Neko-nee."
"¿Neko-nee?" Waver alzó una ceja.
"Una amiga de Fuji-nee." Respondió Shirou como si eso lo respondiera todo.
"Ah." Waver meneo la cabeza y le paso la siguiente hoja.
Aquella rutina se repitió al menos unas cinco veces, con la carpeta sostenida por Waver luciendo cada vez más ligera, mientras que una pila compuesta por las hojas revisadas por Shirou comenzaba a formarse ya en el escritorio.
"Ughh." Waver casi se frotó los ojos con su mano libre al advertir que la siguiente hoja tenía clavado un mapa de Fuyuki, junto con la foto de una mansión vieja de estilo europeo en medio del bosque. Se la pasó a Shirou, quien no lucía menos fastidiado mientras comentaba. "Esta parece ser distinta..."
Shirou le echó un vistazo y adoptó una pose pensativa antes de exclamar. "¡Oh, es la casa embrujada de Shinto!"
"¿Casa... Embrujada?" Aquello llamó la atención de Waver. "¿Conoces ese lugar?"
Shirou meneo su cabeza. "Nunca he ido, pero un par de chicos en mi clase dijeron que en ese sitio hay fantasmas. Que según nadie se acerca porque les tienen miedo."
'Fantasmas.' Waver frunció el ceño antes de tomar de regreso la hoja y mirar aquel mapa. Notó entonces algo escrito en tinta roja en el pie de la foto de la casa, y se la pasó nuevamente a Shirou. "¿Qué es lo que dice ahí?"
Shirou leyó lo primero. "¿Edurufetu?" Intento pronunciar con dificultad. "Creo que es un nombre extranjero, el otro es Reiroukan."
Al escuchar aquel apellido, Waver se estremeció, y una página se cayó de la carpeta, yendo a parar a los pies de Shirou, quien la levantó antes de echarle una mirada.
"¡AHHHHHHHH!" Prácticamente grito de terror puro antes de saltar hacia atrás, dejando caer la hoja en el suelo.
"¿Que paso?" preguntó Waver mientras su corazón daba un vuelco, pero el pelirrojo se limitó a cubrir su boca con una mano mientras señalaba la hoja.
Hoja que el pelinegro recogió y volteo con el fin de ver su contenido, solo para toparse con la foto de la cabeza de un hombre encerrada dentro de un frasco.
A pesar de haber visto escenas tanto o más grotescas, Waver no pudo evitar sentirse mal y su rostro adquirió una coloración verdosa.
Pero lo que terminó por llamar la atención, fue el par de orbes inusualmente brillantes que ocupaban las cuencas.
Ojos Místicos.
"T-tenias r-razón." Escucho decir a Shirou, quien lucía destrozado por aquella visión. "K-Kiritsugu f-fue e-el q-ue..."
Waver dejó la hoja sobre el escritorio e inclinó su rostro mientras tomaba al pelirrojo de los hombros. "Shirou, mírame." Le dijo, causando que este se detuviera. "No se que esta pasando, pero te juro que encontraré la respuesta.
Algunas cosas no son realmente lo que parecen. Hay más en esa pagina que solo esa imagen, ¿si? Necesito tu ayuda para saber qué es lo que dice."
Shirou asintió débilmente, mientras que Waver tapo la imagen de la página y mostraba el resto al pelirrojo, quien se dispuso a leer-
"Ojos Puros... Robados de Reiroukan..." Tradujo Shirou con algo de esfuerzo, antes de detenerse al leer lo siguiente. "M-Makihisa Tohno... Los busca... ¿Tokyo?"
"¿Makihisa Tohno?" preguntó Waver mientras pensaba en lo primero que había leído. Reiroukan, el apellido del Master de Caster en la Cuarta Guerra, y unos Ojos Puros robados a este.
El caso parecía haberse complicado mucho más.
"Es un...Conocido de Kiritsugu que vive en Misaki." Dijo Shirou, mientras apartaba la mirada.
"Al parecer, tu padre fue contratado por él para buscar unos Ojos Puros que le robaron a Reiroukan..." Waver conecto los puntos antes de preguntar. "¿Es un magus?"
Shirou negó con la cabeza. "No es normal."
La manera en como lo dijo hizo que a Waver se le pusieran los pelos de punta. Miro la hoja que contenía el mapa y una idea surgió en su mente.
"Tengo que ir a ese lugar." Afirmó. "Estoy seguro de que puedo encontrar más respuestas ahí. Lamento much-..."
"Voy contigo." Le interrumpió Shirou.
"... Espera, ¿qué?" Waver se paró en seco al escuchar eso, no creyendo haber oído bien.
"Dije que voy contigo." Declaró el pelirrojo mientras se cruzaba de brazos, indicando que no iba a aceptar un 'no' por respuesta.
"No." Waver se negó. "Eres un niño, no tienes porque meterte en esto, además…"
"Kiritsugu está metido en un problema, y no me pienso quedar aquí sin hacer nada." Los ojos color ámbar de Shirou se quedaron clavados en los de Waver, retándole a decirle que no. "Además, aunque tengas el mapa, no puedes leerlo porque está en japonés, y tampoco sabes a donde ir."
"... Buen punto." Waver entrecerró los ojos, preguntándose porque siempre tenía que lidiar con pelirrojos testarudos. "Pero tienes que entender esto: hazme caso en todo momento, no te separes de mí, y sobre todo, no intentes usar taumaturgia a menos que te lo indique, ¿hecho?"
Shirou sonrió. "Muy bien, solo que hay que hacer algo antes de irnos."
"¿Y eso sería?"
Shirou señaló al pasillo. "¿No deberíamos de mover a Fuji-nee de ahí?"
A/N: Las cosas se han complicado en este capítulo. Parece que al final del día, todo regresa a Fuyuki. El juego ha comenzado.
Por un lado tenemos a Kaburagi, quien parece estar ligado a cosas más siniestras, decidido a recoger algo que le mandaron desde Londres.
Del otro está Waver, quien le sigue inconscientemente la pista, y ha enlistado de manera involuntaria a Shirou.
Y por último, viene Kiritsugu con todo.
Probablemente el siguiente capítulo sea la conclusión de este arco, lo cual es un alivio enorme porque no quiero seguir atrapado en estas partes de la historia.
El siguiente va a ser muuuuy interesante, y originalmente iba a ser el último en Japón por un buen tiempo. Pero ya decidí cambiar eso, porque aun hay cosas que pienso explorar de ese país entre Arco y Arco.
Eso me lleva a una pregunta.
¿Les parecería bien que en esta sección escribiera los detalles de hechizos y notas informativas de cosas originales del Fic?
Pueden dejar respuesta en las Reviews, o en una encuesta que haga en el perfil.
Dicho esto, nos vemos en el siguiente capítulo.
Espero que hayan disfrutado este.
Sukracharya 21/09/21
