A/N: Regresamos con nuestra programación habitual. Dije probablemente que este capítulo iba a ser la conclusión de este arco, pero tal parece que nos era así. Demasiadas cosas que ver en uno… Pero les aseguro que este preludio para el final vale mucho la pena.

Antes que nada. Les agradezco profundamente todo el apoyo que le han dado a este Fic hasta ahora, créanme que me emocioné como pocas veces al ver todos los comentarios y demás reacciones que salieron por el capítulo pasado.

Son lo mejor, en serio.

Voy a responder Reviews:

karma12: Mi mejor amigo pensó lo mismo cuando le mostré la versión sin editar de esa parte xD

YingYangLeon: Van a tener un bonito desarrollo que abarcara buena parte de esta historia. Tengo mucha ilusión por escribirlo.

Y en cuanto a lo segundo, vale. Tengo ya en mente el cómo introducir la parte de los hechizos y demás términos a explicar del Fic.

maxtime: Que gusto verte de nuevo.

Pues, acabas de mencionar a varias personas con quienes nuestro pelirrojo favorito va a tener relaciones muuuuy interesantes y duraderas por aquí. Tal vez me vaya por una ruta canónica con algunas, tal vez no, decisiones, decisiones.

Solo voy a confirmar que Kirei en definitiva va a ser un tremendo dolor de cabeza para los Emiya.

Giuseppe: Me alegra verte por aquí otra vez.

Y, bueno. Kerry va a aprender por las malas que las balitas tétricas no son la respuesta a todo (?)

NERO1002: Will do, don't worry.

Ngl, this made me chuckle. Shirou with a giant pet spider named Kerry? That's some comedy gold. Omake quality idea.

He will get a couple of familiars at some point, though.

GustavoIVS: Pues, parece que no todo salió mal en este (?)

Pero en el próximo… *Risas malévolas*

La familia original de Shirou va a ser algo que tomará varios arcos, pero a decir verdad la identidad de esta no es nada comparada con las circunstancias de la vida pasada del pelirrojo.

Who-Cares-About-That: Veo que esa parte si gusto xD

Y ya, está decidido que lo haré.

nanox876: Will do. Both elements from the original series and the remake will be present.

Erwing-Alberto-Hernandez-Rodriguez: Gracias, gracias.

zed2121: Si es que la deje en hiatus, seria solo por un par de semanas xD

The King of Fakers: A mi también, mijo. A mi también.


AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.


Clave:

'Pensamientos.'

"Diálogo."

Especial

"Voz sobrenatural/Resaltado"

"Taumaturgia."

Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ


Konton no Tatakai

Capítulo Diez

"Carga de los Sueños"


"Cuidado con la cabeza, ughh."

"Pesa mucho... ¿Cuánto comió?"

"Abre la puerta, rápido… No aguanto."

El cuerpo de Taiga fue depositado gentilmente en la cama de la habitación de huéspedes, muy para el alivio de los dos, quienes habían tenido que cargarla con todas sus fuerzas desde el sillón donde Waver la había dejado bajo su hechizo.

La castaña les había provocado un tremendo susto cuando había comenzado a roncar de la nada, y por poco Shirou la soltó al estremecerse. Pero afortunadamente, Waver había conseguido aguantarla bien el tiempo suficiente para que el pelirrojo se recuperara y retomara con su esfuerzo.

"¿El hechizo que le pusiste te permite elegir el sueño?" preguntó Shirou con curiosidad, al ver lo apacible que estaba Taiga en la cama.

"No, eso depende ya de la persona." Respondió Waver, mientras desactivaba sus circuitos. "Lo que sea que está viendo, es solo de ella."

Shirou parpadeo. "Ya veo, y oye. ¿Que era eso que estabas haciendo con tus manos? Pude oler como estabas usando tus circuitos ahí."

"Solo Reforzamiento." Waver miró sus manos y movió los dedos de estas. "No suelo cargar personas dormidas a menudo, ¿sabes? Una cosa es transportar libros y cajas, otra es esto."

"¿Se puede usar Reforzamiento en uno?" Pregunto Shirou boquiabierto, causando que Waver dejará escapar otro gruñido exasperado mientras se llevaba una mano a la sien.

"¿Cuándo te empezaron a enseñar taumaturgia? ¿Hace un mes?" Preguntó, cortando a Shirou antes de que pudiera responder. "Pensándolo bien, no respondas. Mejor te ayudo de una vez mientras nos vamos."

El pelirrojo asintió. Y los dos no tardaron en salir de la casa, no sin antes de que Shirou se asegurará de cerrar con llave.

"Muy bien, sé que Shinto está del otro lado del río. Pero de ahí para ese lugar, no conozco el camino. ¿Tras el mapa?" Preguntó Waver, a lo que el ojiámbar respondió mostrando la hoja que había guardado en su bolsillo. "Bien hecho, pues toca caminar hasta el puente."

Comenzaron a caminar por la calle al principio en silencio debido a los transeúntes que se encontraban por ahí, pero eventualmente llegaron a una calle desprovista de gente, algo que Waver aprovechó para iniciar su lectura.

"¿Cuánto tiempo llevas aprendiendo Reforzamiento?" Pregunto Waver.

"Casi dos meses." Respondió Shirou, mientras recordaba las primeras cosas que hacía con este. "Kiritsugu me puso a reforzar lápices, y dijo que no me enseñaría nada hasta que no pudiera hacer eso con catorce seguidos sin romper uno."

"Eso es algo bastante básico." Respondió Waver, recordando como uno de los ejercicios más básicos de la Facultad de Fundamentos Generales consistía en canalizar flujos de energía mágica en objetos simples una y otra vez hasta adquirir un mejor dominio sobre estos, antes de pasar a concentrarse en cómo afectaban la estructura. "¿Y sabes porque el Reforzamiento funciona como un hechizo?"

Shirou entorno los ojos, recordando sus notas. "Hmmm... ¿Porque la energía mágica vuelve más fuerte la cosa cuando es aplicada en esta?"

"Bueno, al menos captas la idea, pero no es tan simple." Comenzó a explicar mientras alzaba el dedo índice de su mano derecha. "Todas las cosas que existen tienen fallas. Y no me refiero a cosas como partes rotas o que estén incompletas, es algo más allá. Podría decirse que la idea misma de esas cosas, o su alma para que puedas entenderlo un poco mejor, tiene 'huecos', y estos aparecen a lo largo de la cosa."

Shirou parpadeo, pero asintió esperando a que Waver elaborará más, cosa que el pelinegro hizo. "Bien, supongo que sabes como usar Análisis Estructural, ¿no?" Al ver cómo el pelirrojo asintió de nuevo, continuó.

"Cuando lo usas en un objeto, ¿qué es lo que ves?"

"Su forma." Comenzó a recitar Shirou, recordando el control remoto con el que solía practicar. "Las partes que tiene y el estado en el que está."

"¿Solo eso?" Pregunto Waver, presionándolo un poco antes de detenerse al ver el semáforo enfrente de ellos en verde.

Shirou entorno sus ojos, concentrándose en aquel proceso con el cual se había familiarizado por semanas. "Veo como grietas... Veo otra capa de la cosa, que parece una ventana a punto de romperse."

Waver sonrió y asintió, satisfecho. "Eso es justo de lo que hablaba. El Reforzamiento consiste en cubrir esas líneas con la energía mágica, consiguiendo que la cosa sea mucho mejor que antes. ¿Hasta ahí me sigues?"

"Si, ¿pero como es lo mismo si lo haces en ti?" Pregunto Shirou, algo desconcertado. "No es como si fuera un lápiz también."

Waver resoplo de buena gana. "¿Sabes porque es difícil reforzar una cosa que puedas tocar? Porque no todos los materiales de algo son buenos soportando la energía mágica, y porque resisten la invasión de esta. ¿Cuál es la diferencia con uno? Es muy simple, lo estas haciendo en tu propio cuerpo, uno que ya conoce esa energía y te deja que la canalices a través de este."

Shirou alzó una ceja. "¿Pero no que tener nuestros circuitos mágicos abiertos nos lastima?"

"Es un caso muy distinto." Waver meneo su cabeza. "Tener tus circuitos activados significa que estás dejando pasar od por ellos. Eso solamente puede llegarte a lastimar si estos se sobre-calientan por tenerlos así durante mucho tiempo, o si estas pasando mas energía mágica por estas de la que pueden soportar."

"¿Ah? ¿Como que más de la que puedan soportar?" Pregunto Shirou.

"Tus circuitos mágicos son como cables, tienen también su propia calidad que determina cuanta energía mágica en forma de unidades pueden aguantar cada uno." Continuó Waver, mientras hacía una mueca al recordar la calidad de los suyos. Rango E, siendo apenas capaces de soportar diez unidades de energía mágica sin dañarse, sumado a la cantidad de estos y su cuenta personal de Od estando en veinticinco unidades. "Lo mismo pasa si intentas usar un hechizo que no conoces muy bien o está fuera de tu alcance.

Reforzamiento en ti mismo tiene otros riesgos, pero eso es solo si exageras o no te concentras en donde ni como estas enviando la energía mágica. ¿Entiendes?"

Los ojos color ámbar de Shirou comenzaron a brillar de un modo que hizo que Waver apartara la mirada, inquieto.

"Si refuerzo mis piernas, ¿podría correr más rápido entonces?"

"No solo eso." Waver recordó haber visto a un par de Enforcers en acción. "Un Reforzamiento en tu cuerpo, no importa que tan débil sea, te permite el superar tus límites físicos. ¿Ves las Olimpiadas? Si pusiéramos de la escala de uno al diez a una persona absolutamente normal, que esta use Reforzamiento la coloca al mismo nivel de un atleta sin problemas, y si uno de estos usara ese hechizo, su nivel seria muchísimo mas alto."

"Wow." Tras decir eso, Shirou se estremeció como si hubiera experimentado una pesadilla, algo que hizo que Waver alzara una ceja, como preguntando qué sucedía.

"Nada, solo que me imagine a Fuji-nee usando Reforzamiento cuando practica Kendou." Por la manera en como lo decía el pelirrojo, Waver intuía que consideraba aquel escenario algo de temer.

"Solo seria mas rápida, fuerte y resistente, no creo que sea la gran cosa." Respondió Waver, encogiéndose de hombros. Solo para toparse con una expresión vacía por parte de Shirou, quien se limitó a levantar cuatro dedos de su mano derecha.

"¿Que con ese número?" Pregunto el pelinegro.

"Es la cantidad de costillas que Fuji-nee le rompió a la última persona que derrotó en un torneo aquí."

Waver trago saliva.

"Pensándolo bien, tienes razón." Concedió, a lo que Shirou respondió asintiendo sabiamente antes de detenerse al ver otro semáforo. Del otro lado de la calle, se extendía un parque a la orilla del río que conducía hacia el extremo del Gran Puente de Fuyuki que conectaba ambas mitades de la ciudad.

Tras cruzar la calle, atravesaron el parque en silencio mientras se dirigían a uno de los costados del puente por donde planeaban llegar a Shinto.

Debido al silencio, Waver terminó por quedar inmerso en sus pensamientos mientras le dedicaba una mirada al Rio Mion. Bajo la luz del sol, cuyo descenso por el atardecer aún no había llegado a su fin, las aguas de este lucían apacibles.

Muy diferentes a las dos veces en las que él había tenido la oportunidad de verlas antes. Ambas de noche, y ninguna con un buen recuerdo para acompañarlas.

La primera vez había sido una pesadilla violácea y brumosa. Toda el área había estado cubierta con una densa neblina que atontaba los sentidos, provocando la sensación de ahogarse en tierra y en cierta retorcida forma, la fortuna de cubrir los ojos de los pobres habitantes de Fuyuki que habían estado presentes.

Pues en medio del río, se había alzado una especie de cosa. Waver aún tenía problemas recordando con exactitud la apariencia del ente de sustancia carnosa cuya piel se abultaba constantemente, emitiendo pálidos brillos fluorescentes y venenosos, que delataban su procedencia ajena a la naturaleza.

Pero recordaba bien los tentáculos, si. Tentáculos que la majestuosa carroza de guerra de Rider había tenido dificultad de atravesar una y otra vez.

¿Por qué no había sido una buena experiencia?

Quizás porque él había estado atrapado en la carroza, teniendo que soportar en primera fila los embistes del embravecido demonio marino, mientras que los esfuerzos de los otros Servants que se habían dignado a unir fuerzas podían escucharse y sentirse a su alrededor.

Las afiladas ventiscas blandidas por el Rey de los Caballeros partiendo el aire y los monstruosos apéndices como una cuchilla al rojo vivo a una barra de mantequilla. Las dos lanzas de esplendida artesanía y linaje del primero de los Caballeros de Fianna, haciendo frente a los horrores que brotaban de aquellos tentáculos partidos. El aluvión de flechas que caían de todas partes tras ser disparadas por aquel arquero de habilidad incomparable. Los propios elementos siendo manejados a través de cristales oscilantes que flotaban, desatando la furia de la naturaleza sobre el invasor y hasta los proyectiles que surgían de la silueta envuelta entre las sombras, que saltaba y reptaba por el horrendo espectáculo como la embajadora de la muerte que era.

Todo eso, mientras que otros dos se batían en duelo en las alturas, ajenos al carnaval de locura y guerra que se estaba luciendo en las aguas.

Waver suspiro cuando terminó con aquella memoria, y frunció el ceño cuando Shirou y él terminaron por llegar al costado del puente. Esta vez, se encontraba a tan solo unos pasos de donde había ocurrido la escena que más impacto había tenido en él.

A medida que caminaban, Waver comenzó a sentir como si sus pies se estuvieran convirtiendo en plomo. Lentamente, sus alrededores se convirtieron en un reflejo confuso hasta cambiar la atmósfera a algo más.

No estaba a un costado del puente, sino en medio de este. Pero el tráfico brillaba ahora por su ausencia, y del otro lado podía ver aquella escena. Casi como si fuese reproducida como una película.

El sonido del metal cortando viciosamente el aire junto con el de las descargas danzando sobre este y el relincho de Bucéfalo formó una intensa cacofonía que amenazaba con hacer sangrar a sus oídos.

Pero aun así, él no hubiera podido apartar la mirada del tremendo espectáculo teniendo lugar en frente de él. Se sentía como un espectador en las gradas del Coliseo, contemplando un duelo a muerte como ningún otro salvo por el hecho de que era el único testigo y se encontraba en la misma arena.

"¡ALALALALALALALA!" Rugiendo a los cuatro vientos, Rider cabalgó a través de la tormenta de muerte que se cernía sobre él desde las alturas, en la forma de remolinos dorados de cuyas profundidades emergían toda clase de instrumentos de guerra.

Fieras espadas, ricamente trabajadas de hierro y bronce con incrustaciones de oro y brillantes. Lanzas y jabalinas preciosamente trabajadas que emitían un brillo comparable al del rayo mismo. Tremendas y pesadas hachas de adamantina y plata cuyo peso hubiera hecho gemir a varios hombres. Lujosas dagas con inscripciones en la hoja que hablaban de leyendas arcaicas y desconocidas. Mazos y martillos de apariencia inaudita forrados con joyas y con mangos de madera exótica.

Mil y un armas de poder, riqueza y gloria eran fastuosamente exhibidas desde los portales antes de ser lanzadas como si se tratasen de poco más que meras flechas.

La lluvia mortal de saetas y arietes descendía en picada desde los cielos, como una tormenta de bólidos dispuestos a brindar destrucción divina sobre la tierra que habían osado pisar aquellos que se granjearon la ira del soberano absoluto.

Cientos, si es que no miles de hombres hubieran perecido ante aquel asalto. Escudos, armaduras, y formaciones sirviendo menos que papel ante la encarnizada furia de la Puerta de Babilonia.

Pero aun así, Rider avanzaba ante la calamidad.

Soberbio, implacable, imbatible.

Con una mano sujetando las riendas, guiando a su corcel por entre la tormenta y teniendo la espada en la otra, descargando tajo tras tajo ante la horda de proyectiles que buscaban su cabeza.

Lanzas, espadas, guadañas, alabardas, flechas y cuchillos. Donde el hierro griego que empuñaba con la ferocidad de un león acometia, uno más de los tesoros del Rey Dorado era desviado de su trayectoria.

El Rey de los Conquistadores respondía a la guerra eterna de este con su poderosa voluntad que había unido huestes enteras a la conquista del mundo conocido en vida.

Y el de los Heroes respondió en turno, intensificando el aluvión de oro y plata con creces.

"¡NGHHHHH!" Bucéfalo relincho con agonía luego de que numerosas armas que Rider no había alcanzado a desviar lo empalaron viciosamente desde múltiples lados. Saltando desde su fiel montura, que cayó herido de muerte, Iskandar emitió un alarido embravecido mientras corría con todas sus fuerzas, enfrentándose solo ante la tempestad de metal, rumbo al encuentro de su oponente, quien lo esperaba a pocos metros de distancia.

Una lanza perforó su costado. Un hacha se clavó en su hombro, una daga inutilizo su brazo izquierdo, una espada curvada fue a parar a sus muslos. Pero aun así siguió adelante.

Dando un último grito de guerra, Rider se abalanzó sobre su enemigo con la espada en alto, dispuesto a apostarlo todo en un último y único ataque.

A pesar de haber visto esa escena tantas veces en sus sueños, Waver se encontró deseando una vez más que el resultado fuera distinto.

Pero el pasado no puede cambiarse, y la espada de Chipre blandida por el Rey de los Conquistadores no alcanzo ni a rozar la sien del soberano de la capital dorada, cuyos ojos del mismo color del rubí se clavaron fijamente en la figura de Rider, atado por unas cadenas de aspecto regal antes de mostrar la mano con la cual blandía aquella cosa infernal con la cual había destruido sin esfuerzo alguno al ejército de su rey.

"No..." Waver alcanzó a decir, e intentó moverse. Pero sus pies no le obedecían. "No, no..." Intentó mover futilmente sus brazos, pero estos parecían haber sido soldados a sus costados.

Gilgamesh de Uruk, el Servant que se había declarado como el más fuerte de todos los que habían acudido a la llamada del Santo Grial durante aquella guerra meramente sonrió, antes de mover su brazo hacia delante.

"¡RIDEEEEEEEER!" Exclamó Waver, apenas vio como la punta de la espada absoluta blandida por el Rey de los Héroes atravesaba sin esfuerzo la armadura de Iskandar, cuya silueta aún envuelta por esas cadenas terminó por deshacerse en cientos de fragmentos que se perdieron con el viento de la noche.

"Señor Velvet, señor Velvet."

Waver regresó a la realidad tras escuchar como Shirou le llamaba mientras sacudía su brazo derecho.

"¿Está bien? Se quedó parado ahí mirando el puente y parecía muy asustado." Comento el pelirrojo con algo de nervios.

El pelinegro asintió tras titubear un poco, y miró hacia el lugar a donde se había perdido su vista. Los daños por los proyectiles disparados por la Puerta de Babilonia habían sido reparados ya hace mucho, dejando a aquel lugar como un sitio más.

Pero no para él.

"Si, no fue nada... Solo recordé algo." Respondió, antes de seguir caminando. Shirou le siguió el paso, pero en su rostro se podía ver que no le creía para nada.

El puente permaneció igual, con quienes lo cruzaban a diario siendo ajenos a que había sido el escenario del duelo de dos reyes.

xXx

Después de varias llamadas, Kaburagi al fin alcanzó a localizar a alguien del grupo Yakou.

"¿Yukinobu?¿Yukinobu?" Pregunto, solo para casi soltar un respingo cuando lo que le contestó del otro lado de la línea no fue el yakuza y ni siquiera un hombre. Fue la voz de una mujer de edad avanzada.

"Kaburagi-san, apreciaría si no intentara contactar a mi familia repetidas veces ahora." Le respondió la mujer con un tono particularmente severo, que hizo que el traficante apretara los dientes.

"Yakou-dono." Se tragó las ganas de responder de mala gana. "Tengo una situación delicada aquí, y necesito que su hijo me confirme algo. Estoy a ciegas con lo que sea que haya pasado desde que salí de Tokyo."

"El mismo sitio que te permitimos usar como uno de tus almacenes, eso fue lo que sucedió." La mujer le cortó, con un tono que delataba lo irritada que se sentía con aquella noticia. "Más de treinta de nuestros hombres muertos, y destrozos por doquier."

El corazón de Kaburagi dio un vuelco al escuchar eso. "¿Que demonios paso ahí?"

"Usted estuvo ahí antes de que esa masacre se desatara, seguramente sabe más que yo." Sentenció la mujer. "Por ahora solo tenemos a Yukinobu-kun como uno de los sobrevivientes, pero se encuentra herido de gravedad."

"... Un hombre se me acercó ayer interesado en comprar armas. Hicimos un buen negocio, pero uno de los Hornets pareció reconocerlo y se lo reportó a Yukinobu." Admitió Kaburagi, meneando la cabeza. "Este demandó que usará la reunión que tenía para hoy con el para emboscarlo, y yo me retire a Fuyuki. Eso fue hace horas."

"... ¿Quién era ese hombre?" Preguntó la mujer, Kaburagi casi podía escucharla entornar los ojos del otro lado de la línea.

"Un viejo mercenario bien conocido, Kiritsugu Emiya." Reveló el traficante, no estando preparado para la reacción de la mujer, la cual se manifestó como un alarido colérico.

"¡Ese maldito hijo de mil zorras!" Kaburagi cerró los ojos, aturdido por el volumen del grito. "¡Mató ya a uno de mis hijos y casi se lleva al otro!"

"..." Kaburagi sudo frío al caer en cuenta de algo, y se animó a preguntar. "¿No encontraron su cuerpo entonces?"

"Los hombres que acudieron al llamado de los que estaban en el almacén solo encontraron los cadáveres y a mi hijo en mal estado. Se encuentra en el hospital y no parece que vaya a salir en unos días."

"... Escapo o escaparon entonces." Kaburagi apretó uno de sus puños mientras se recargaba en la pared más cercana.

"¡¿HABÍA ALGUIEN MÁS?!"

"El único que queda de la camada de los Sagara. Hyouma creo que se llamaba." Reveló Kaburagi. "Era el guía de Emiya por el mercado, lo atrapamos cuando se separaron y lo mantuvimos casi todo un día para que soltara la sopa."

"Esa rata." La ira de la mujer no parecía estar cerca de calmarse. "Tendré a mis hombres buscando todo Tokyo por ellos, pueden correr, pero no esconderse. No vuelva a llamar aquí, yo misma me encargaré de hacerlo."

Y colgó de la nada, muy para la molestia de Kaburagi. Sin embargo, esta resultó ser meramente pasajera comparada con el sentimiento de incertidumbre que le invadía.

El no se había mantenido vivo tanto tiempo por no hacer caso a sus instintos. Trabajar en el negocio donde se encontraba era caminar sobre la superficie congelada de un río, buscando llegar desesperadamente a la otra orilla. Uno debía de estar atento al menor ruido, y cuidar en donde colocaba sus pies.

Suficiente presión en un solo sitio, y era fácil, tremendamente fácil el caer hacia el frío abismo que yacía debajo, para nunca volver a salir.

Kaburagi no se engañaba. Muchos de los individuos y grupos con quienes trataba le consideraban poco mas que un peón mas. De ahí a que hiciera uno de sus objetivos tempranos el intentar volverse de lo más invaluable para muchos de ellos.

Matar a la gallina que pone los huevos de oro no es buen negocio después de todo.

Compraba y hurtaba lo que le pareciera raro o valioso, y vendía o intercambiaba por precios aquellas cosas. Había comenzado con lo mundano, como muchos otros, aprovechando sus dotes sorcericas.

No ser un heredero de una familia de magi te da dos caminos en la vida. Permanecer afiliado a esta y convertirse en la cabeza de una nueva rama, o separarte y encontrar fortuna por tu cuenta. Kaburagi había elegido la última.

Con algo de dinero en su mano y las ropas que llevaba, partió hacia Taiwan y se involucró con una triada local hasta que luego de varios años de trabajo duro, terminó por adueñarse de una de sus secciones.

Una vez con eso, aprovecho el conocimiento que tenía para forjar toda clase de conexiones con el fin de adquirir mejores productos, o dirigirlos a quienes estuvieran interesados.

Y en todo ese tiempo, más de una vez había estado cerca de ver la muerte muy de cerca. Demasiado, para su gusto. Eso le había permitido el poder cultivar un buen sentido de saber cuándo era que corría un riesgo tremendo.

Y lo estaba sintiendo justo ahora.

Marcó un número más en su teléfono. "Idate, llévate a uno para que nos acompañe. Iremos a revisar un par de cosas en la ciudad."

"¿Kaburagi-dono?" La voz de su subordinado se escuchó confundida. "¿Y qué harán ellos entonces?"

"Que terminen de cargar las cosas que colocaron ya en las cajas, y vayan a esperarnos en el mismo sitio donde dejamos la camioneta." Ordeno.

xXx

Atravesar el puente luego de aquella escena fue incómodo, y más para Waver. Por fortuna, ambos permanecieron en silencio hasta llegar al otro extremo, donde Shirou extrajo el mapa y señaló a una dirección en particular.

Se adentraron en otra calle y retomaron su camino, ignorando a las demás personas que caminaban por esta. De acuerdo con los cálculos del pelinegro, les tomaría al menos unos cuarenta minutos de caminata el alcanzar el lugar al ritmo que llevaban y sin contar las desviaciones.

Era de agradecer que su compañero pelirrojo no quisiera continuar con la conversación, aunque...

"Señor Velvet." Hablo demasiado pronto, al parecer. Waver volteo a su derecha, por donde caminaba Shirou quien le miraba con esos ojos tan peculiares.

"Waver está bien, Shirou." Respondió. Honestamente, se sentía raro cuando le decían señor viendo que tampoco era tan grande. "¿Qué sucede?"

Shirou mordió su labio inferior mientras fruncía el ceño, como escogiendo bien qué palabras debía de usar para decir lo que quería. "Eso que paso en el puente, digo... ¿Fue porque estaba recordando algo que le pasó en la Guerra esa del Real?"

Waver se detuvo y sus ojos se nublaron como si le hubieran dado un golpe. Miro los ojos de Shirou, preguntándose cómo es que había dado en el clavo tan rápido, y meneó su cabeza, intentando sacudir sus pensamientos y relajarse.

"Es Guerra del Santo Grial." Respondió de una manera inusualmente severa. "Y respondiendo a tu pregunta, si. Pero no es algo de lo que quiero hablar, la verdad."

Shirou mantuvo su mirada y le sorprendió al encontrar algo que no esperaba en ella. Waver podía imaginarse el haber visto cosas como incredulidad, curiosidad y hasta molestia por su negativa, pero comprensión era lo que más emitían aquellos orbes.

"¿Que rayos paso ahí?" Le escuchó preguntar, pero por la forma en que lo hacía, parecía como si el pelirrojo no se dirigiera a él en específico.

Waver suspiro, viendo como el crepúsculo a la distancia comenzaba a formarse. "¿Tu padre no te ha contado nada de eso, supongo?"

Shirou negó con la cabeza. "Me dijo que una familia le pagó para que los representara en una guerra entre magos aquí, pero que todo salió mal."

"Ya veo." El pelinegro frunció el ceño. 'Al parecer el Asesino de Magos no le contó ni del Grial ni los Servants.' Siendo temas bastante complejos y que hasta el, teniendo ya un par de años acostumbrado a elementos del mundo iluminado por la luna había encontrado difíciles de creer a los diecinueve años, no podía ni imaginarse el efecto que causaría aquel conocimiento en un niño como él.

"Si tu padre no te lo contó, debe ser por una buena razón." Señaló, en un intento por hacerle soltar aquel interés fantasmal. "¿Realmente quisieras saberlo?"

"... No lo sé." Shirou respondió honestamente mientras bajaba su mirada. "Solo que..."

Se detuvo al notar que estaba cerca de la orilla de la calle, justo cuando el semáforo estaba en verde. Al cabo de unos segundos, este cambio de color y los dos cruzaron el paso peatonal antes de doblar hacia la derecha y continuar con el trayecto.

El pelinegro esperó a que Shirou retomara lo que iba a decir por varios minutos, pero parecía que este había decidido mejor ahorrárselo.

Tal conclusión fue desechada apenas lo escuchó hablar de nuevo.

"Lo primero que recuerdo son las llamas." Dijo Shirou de una manera que sonaba tanto apagada como triste. "Lo único que podía ver a mi alrededor era fuego y más fuego."

Waver arqueo una ceja al escuchar eso, mientras volteaba a mirarlo, pero el pelirrojo continuó imperturbable.

"El cielo estaba rojo por estas y negro por todo el humo que sacaban. Vi como casas y edificios se caían, y los árboles se quemaban también." Continuó, mientras su mirada se perdía a la distancia. "Y, vi gente, mucha gente sufriendo lo mismo..."

Un hueco se abrió en el estómago de Waver cuando el pelinegro creyó reconocer a que exactamente se estaba refiriendo Shirou, y sus ojos se abrieron de par en par al caer en cuenta del significado de eso.

"Creo que estaba corriendo al principio." Inconscientemente, Shirou comenzó a apretar uno de sus puños. "No lo sé... Solo recuerdo que camine y camine, intentando esquivar el fuego que estaba en todas partes mientras me tapaba los oídos... Porque podía escucharlos."

Waver había estado en Miyama, del otro lado de Fuyuki aquella noche. No se enteró hasta la mañana siguiente de lo que había ocurrido por las noticias, y obviamente quedó horrorizado por el desastre.

Pero una cosa era ver un resumen de aquel evento narrado horas después en la pantalla de la televisión, y otra el escuchar a alguien que había experimentado ese infierno en carne propia.

"Había muchos gritos ahí. Muchos, muchos, muchos." Shirou cerró sus ojos, como si aún pudiera escuchar aquellas voces taladrando su mente. "Gritaban de dolor, lloraban por que alguien que conocían murió ahí... Y también pedían ayuda."

Waver cerró los ojos y meneó la cabeza mientras recordaba como aquella mujer había dicho que tarde o temprano, algo así de horrible se desataría en Fuyuki a consecuencia de la guerra. Sus ojos verdes le habían dedicado a Rider una mirada furiosa, antes de que Archer la recogiera y se marcharan.

Y ahora estaba escuchando a una de las víctimas de lo que sea que fuese la conclusión de ese festín de violencia inaudita.

"Me tapé los oídos..." Shirou reveló, mientras se tensaba aún más.

"Me tapé los oídos para no seguir escuchándolos, pero seguían haciéndolo." Gimió, recordando bien como incluso había sacado fuerzas de quien sabe donde y corrido una vez más, huyendo de todos ellos. Del fuego, de los escombros que seguían cayendo, y de las personas que pedían ayuda a gritos, a las cuales dejaba atrás. "N-no q-quería hacerlo... Pero n-no s-sabia que hacer. Solo seguí caminando y-una y o-otra vez h-hasta que no p-pude más y me caí."

Pocas nubes había en el cielo, el cual había sido coloreado con una miríada de tonos anaranjados debido al atardecer, pero para Shirou bien podrían haberse tornado grises y dejar caer densas gotas de lluvia, pues era esa la escena que veía en su mente.

"Comenzó a llover un poco, y los gritos desaparecieron. Estuve ahí mirando el cielo por mucho tiempo, la garganta me ardía y mis piernas no querían moverse, pero entonces..." La expresión de Shirou pareció iluminarse un poco. "Kiritsugu me encontró ahí y me salvo... Me adoptó a los pocos días, y me confesó que era un magus."

Así que esa era la historia. O al menos, una parte de esta de como se habían cruzado los caminos del niño pelirrojo y el fúnebre mercenario al que Waver había temido.

Pero tal parecía que Shirou no había terminado aún.

"... Descubrí un par de cosas recientemente, muchas que no me gustan." Admitió, mientras soltaba el puño que tenía apretado. "Pero antes de eso, solo podía pensar... ¿Porque yo fui el único que tuvo que vivir después de eso? ¿Porque solo corrí y corrí? ¿Qué pasó antes de todo?"

Waver permaneció en silencio, reconociendo que Shirou necesitaba descargar eso, y sospechaba que nunca antes había encontrado un momento para decir eso.

"No recuerdo nada de eso." Shirou se abrazó a sí mismo. "Nada... Mi nombre, mis padres, mi edad... Los doctores se disculparon y me consolaron como pudieron por eso, pero yo... Solo podía recordar a quienes dejé atrás ese día para p-poder s-salvarme..."

Una vez dicho eso, Shirou terminó de hablar y fijó su mirada hacia adelante, dejando al pelinegro conmocionado por lo que acababa de escuchar.

Quizás, porque una buena parte de eso resonaba con algo que Waver había experimentado ya, y que de hecho seguía haciendo en menor medida.

"Tenía un maestro." Waver habló de repente, causando que Shirou volteara a mirarlo. "No había mejor magus que el de todos los que conocía. Lo tenía todo: fama, riqueza, buena familia, habilidad, carisma y muchos otros talentos."

Resoplo mientras meneaba la cabeza. "No era tampoco muy agradable de tratar, pero se tomaba muy en serio su labor como maestro, y yo era demasiado arrogante en esos días." Admitió, recordando la vez en que Kayneth lo había puesto en evidencia frente a toda el aula. "... Eso hizo que intentara probar por la fuerza que yo tenía razón y fuese reconocido como un grande. Por pura casualidad, escuché de la Guerra del Santo Grial de Fuyuki, y que mi maestro iba a participar en esta."

Waver contuvo las ganas de darse una palmada en su sien debido a la estupidez de su yo del pasado. "Me robé una cosa de este, y decidí participar para dejarlo en ridículo. Conseguí ser elegido, y parti directamente hacia aquí apenas pude, dispuesto a competir y ganar... No tienes ni idea de como me arrepentí cuando vi contra que iba."

La muerte cayendo desde el cielo en forma de toda clase de armas que parecían más obras de arte que emergían de portales dorados.

Alcantarillas repletas de horrores carnosos y húmedos, reptando sobre pilas de cadáveres horriblemente mutilados con alevosía.

Una abominación surgida de algún pozo sin fondo más allá de la comprensión humana ocupando buena parte del río.

La descarga luminosa de una espada sagrada pasando a escasa distancia de él, pero reduciendo a cenizas la magnífica carroza de guerra de Asia Menor.

¿Y cómo olvidarlo?

Una fosa abriéndose de la nada en las arenas del paisaje manifestado por la voluntad colectiva de los vasallos de Rider, que se tragó al ejército entero y resquebrajó la realidad misma.

"Pero sobreviví." Admitió mientras se llevaba una mano a la nuca. "No por habilidad ni por inteligencia, fue una mala broma de la suerte que lo hiciera... Pero mi maestro no."

Shirou soltó un respingo.

"Cuando me enteré... No supe qué pensar, para mí él era casi invencible... Cuando me vio en la primera pelea, estaba atemorizado por lo que dijo que me haría cuando me pusiera las manos encima." Waver soltó una ligera risa que carecía de humor. "La sola idea de que yo estaba vivo y el no... No podía creerlo, ¿por qué? ¿cómo era posible que eso pasara? No tenía sentido…"

El fantasma de una sonrisa se posó sobre su rostro. "Pero fue entonces que recordé algo más." Al notar la atención de Shirou, continuó. "Alguien muy importante quien conoci ahi, me enseñó muchas cosas y creyó en mí me dio una sola orden. Que viviera."

Shirou inclinó ligeramente su cabeza a la izquierda, no entendiendo lo que estaba diciendo el pelinegro.

"No se que puedo decirte, Shirou. Escuche lo que contaste y me recordó un poco a como me sentí con algo un poco parecido. Destino, azar, buena suerte... Porque vivimos cuando otros no, no tengo manera de responderte eso." Waver suspiro antes de colocar una mano en el hombro del pelirrojo. "A mi se me ordenó vivir, y pase un par de años viajando por ahí mientras pensaba qué hacer con eso, y al final decidí enseñar a otros. No te puedo decir que hacer, eso es algo que debes de averiguar por tu cuenta."

"..." Shirou bajó la mirada y después la alzó antes de asentir. "Gracias, señor Waver."

"No fue nada." El pelinegro le dio un par de palmadas en el hombro antes de continuar con la caminata.

Tuvieron que revisar el mapa un par de veces, al no encontrar la forma de cruzar por ciertos lugares, hasta que finalmente dieron con un callejón que terminaba en una cerca medio vieja, en cuyo lado opuesto se extendía el bosque.

El forraje de los árboles y la demás vegetación era demasiado denso, ocultando cualquier vista del claro que según el mapa, se encontraba en algún punto en medio de este.

Escabulléndose a través de una rendija, los dos lograron alcanzar el bosque y pronto terminaron por internarse en este.

"Todos los bosques aquí se parecen, huh." Comentó Waver notando como hasta el momento, el lugar lucía idéntico al sitio donde había invocado a Rider. Salvo por el detalle de que dicho suceso había tomado lugar en Miyama, al otro lado del río.

"¿Cómo lo sabe?" Preguntó Shirou, curioso. Sin contar la vez en la que había salido con Raiga-jiji a Fukuoka, su experiencia con los bosques se limitaba a darse un paseo junto con Issei en el que rodeaba el Templo Ryuudou.

"Tuve que acampar una noche en el bosque durante la guerra." Respondió Waver, haciendo una mueca. "Fue... Incómodo."

Shirou resopló con humor al escuchar eso, antes de sacar el mapa otra vez y fruncir el ceño. "Debería estar cerca, ¿no? Pero sólo veo árboles y más árboles."

Waver le echó una mirada a este y se encogió de hombros. "No es como si hubiera un camino por aquí. Solo sigamos caminando, probablemente esté por detrás de unos."

Asintiendo, Shirou retomó la caminata.

El pelinegro no se equivocaba, pues tras pasar varios minutos, terminaron por llegar al borde del claro, y en medio de este se podía ver perfectamente la dichosa mansión.

Waver había visto demasiadas casa parecidas en sus viajes, y estaba muy al tanto de que las familias de magi acaudaladas procuraban tener una de esas. No necesitaba usar el hechizo que detectaba misterios para deducir que ese lugar efectivamente había sido el taller de un magus.

Sniff, sniff.

Shirou olfateó el aire y entornó los ojos al detectar algo raro, por así decirlo. Eran como seis o siete cosas que olían idénticas, pero provenían de direcciones distintas. A falta de una analogía mejor, era como si alguien hubiera arrojado trozos de helado en distintas partes.

"Hay uno de esos campos de fuerza alrededor." Le informo a Waver, antes de añadir. "Pero lo huelo extraño, es como si estuviera en pedazos."

Waver entorno los ojos antes de activar sus circuitos y extender su mano, pronunciando una oración en griego. A sus ojos, los remanentes del campo delimitante que rodeaba la propiedad se manifestaron.

"Es campo delimitante, bounded field." Le comento antes de asentir. "Y está medio roto. Alguien debió de haber usado un hechizo muy fuerte para abrirse paso."

"¿No deberíamos de entrar ya?" Pregunto Shirou.

Waver meneo con la cabeza. "Primero hay que asegurarnos de que es seguro pasar, quizás haya otros hechizos..." No alcanzo a terminar la oración al ver como la puerta de la casa se abría.

"¡¿?¡" Rápido como el rayo, Waver se quedó callado y se ocultó detrás del arbusto, arrastrando a Shirou consigo. El pelirrojo le dedicó una mirada confundida y estuvo a punto de abrir la boca para reclamar, cuando Waver se la cubrió con una mano y murmuró.

"No digas nada."

Los ojos de Shirou se pusieron muy abiertos cuando escucho bien como voces a la distancia se estaban acercando, siendo acompañadas por el sonido de pisadas por la hierba.

"Tsk, ¿qué le habrá pasado al jefe? Estaba bien cuando llegamos." Escucho una ronca.

"A saber, ¿viste su cara? Se puso como si hubiera visto al fantasma de su madre."

"Es un mago, no creo que algo así le asuste. Seguramente podría ver un demonio y tomarse una cerveza en paz."

Los pasos se acercaban cada vez más, y para el horror de Waver y Shirou, se detuvieron justamente a escasa distancia de donde se encontraban.

"Como sea, el punto es que ya terminamos con esa jodida cosa. Solo queda llevar esto al estacionamiento y listo, esperamos a que el jefe nos recoja y ya."

"Hey, ¿pero no tienes curiosidad de saber porque se puso asi?" Lo único que dividía a los dos de esas personas eran varios centímetros de densa vegetación. Si a alguno de esos dos se le ocurría buscar algo entre ese arbusto, los encontraría al instante, muy para el horror mutuo de Waver y Shirou.

La otra voz no tardó en responder.

"Tiene que ver con el lío ese de Tokyo y los Yakou, ya sabes." Dijo, mientras que el dueño se apoyaba en el tronco de un árbol que estaba al lado.

"¿El tal Nakamura ese a quien querían muerto? Conociendo a los muchachos de ese perro de Haisaki, seguramente lo trataron como puerco en el matadero durante sus últimas horas, ¿que con eso?" Preguntó con curiosidad la voz ronca.

"Era un tipazo de la misma calaña que el jefe, salvo que este era medio distinto." Mencionó la más cercana. "Un tal Asesino de Magos o no se que."

Se requirió toda la fuerza de voluntad de los dos que estaban escondidos para no reaccionar ante aquel comentario.

"Pfffff." La ronca resopló con burla. "¿Qué es eso? ¿El Terminator de las brujas o qué?"

"JAJAJAJA." Se burló la otra voz. "No lo sé. Pero sospecho que ese tipo se escapó de los Yakou y es por eso que el jefe quiere largarse lo antes posible de aquí. No me sorprendería que fuera a Taiwan de regreso, o a Hong Kong."

"Ugh, no quiero regresar ahí." Se quejó la voz ronca. "Las putas de Taipei son unas embusteras, prefiero las de Okinawa antes que ellas."

"Como si tuvieras tanta plata para empezar." Se mofó la otra. "Anda, a darnos prisa, que lo último que falta es que el jefe se la tome contra nuestro dinero si no estamos ahí."

El sonido de las pisadas regresó, dando a entender de que los dos hombres seguían en movimiento.

"Aghh, ¿por qué? No es como si el Argo fuera a llegar más temprano. El barco llega mañana, le guste o no al jefe."

"Oh, cállate. No voy a perder mi salario por ti."

Las voces se hicieron cada vez más distantes hasta perderse en la distancia. Aun así, tanto Shirou como Waver encontraron prudente permanecer un par de minutos en ese lugar por si las moscas.

Pasados unos cinco y estando seguros de que no había moros en la costa, se levantaron de los arbustos y compartieron una mirada.

"Argo…" Murmuró Waver, reconociendo el nombre del mismo barco que esperaba antes de reprimir las ganas de darse una bofetada. "Por supuesto…"

"... ¿Qué rayos?" Pregunto Shirou, robando las palabras de Waver antes de que él pudiera pronunciarlas. "Kiritsugu dijo que estaba en Tokyo... ¿Pero esto? ¿Qué está pasando?"

Waver entorno los ojos mientras meneaba la cabeza. "Investigando el paradero de ese contenedor, me tope un par de veces con ese nombre, Yakou. Son una mafia de aquí, creo que ustedes les dicen yakuza."

"Oh." Shirou lució algo incómodo por un momento. "Como la familia de Fuji-nee."

"Si, como la familia de Taiga." Confirmó Waver mientras intentaba poner en orden sus pensamientos, antes de caer en cuenta de lo que el pelirrojo había dicho. "Espera... ¿Como la familia de Taiga?"

"... Ups." Shirou se ruborizó antes de mirar hacia un lado. "No debí decir eso... Se supone que es medio secreto."

Waver puso los ojos en blanco antes de menear la cabeza. "Muy bien... Entonces, tenemos la vía libre para el lugar. Hay que darnos prisa."

"Ok." Shirou olfateó el aire nuevamente y negó con la cabeza. "Fuera de ese campo delimitador del que hablas, no puedo oler nada más por ahí."

"Dejalo." Waver hizo un gesto con la mano antes de comenzar a caminar hacia la entrada, siendo seguido por Shirou. "Ya comprobé también que no hubiera nada más, pero gracias por la iniciativa."

Tras abrir la puerta, los dos se toparon con un pasillo que tenía unas escaleras en el costado de la derecha que conducían a la planta superior.

Ver la capa de polvo que lo cubría causó que Waver estornudara, mientras que Shirou hacía una mueca con disgusto en respuesta.

"Nadie ha vivido aquí por un tiempo." Comentó.

"Pero sí que han entrado, mira." Señaló Waver al notar un par de manchas en la madera de las escaleras: pisadas. Pisadas blancas con una forma vaga y que seguian un rastro hasta el segundo piso.

"Hmm. Vamos a ver algo ahí." Dijo, antes de subir los escalones, mientras que Shirou se encogía de hombros al seguirlo.

No tomaron mucho en llegar a este, y se toparon con que la primera habitación tenía un problema con su puerta. De hecho, esta brillaba por su ausencia.

Pues lo único que quedaba eran un par de trozos sujetos de manera incómoda en el marco.

Waver, que había visto una vez como una quimera se soltó en la Facultad de Zoología, bien podía comparar el destrozo que había infligido a una ahi con eso.

Sniff, sniff.

Shirou olfateó nuevamente el aire y entornó los ojos. "Huele justo como Kiritsugu lo hizo unos días antes de que saliera de viaje."

Justo al mismo tiempo, un olor se manifestó también en la nariz de Waver, haciendo que este se dirigiera hacia la habitación. Una vez adentro, no tardó en encontrar la fuente del olor.

"Arcilla líquida de Éter, alcohol y sal." Comentó mientras se cruzaba de brazos. "Ya veo, un homúnculo."

"¿Un que?" Shirou alzó una ceja al escuchar esa última palabra.

"Homúnculo." Repitió Waver antes de comenzar a explicar. "Imagina que son como robots mágicos. Solo que a diferencia de los que ves en las películas, estos son más como seres vivos que máquinas. Sirven como asistentes de algunos magi, y hay varios tipos de estos."

Le echó una mirada inquisitiva a los restos del que yacía en el suelo y resopló. "Este de aquí por ejemplo, es uno de los más simples que hay de hacer."

Shirou olfateó nuevamente la masa blanca carcomida por las quemaduras e hizo una mueca. "Parece como si alguien hubiera peleado con un pastel y le hubiera prendido fuego."

"Un hechizo de ese elemento fue lo que causó todo esto." Comentó Waver antes de hincarse para inspeccionar más de cerca la masa. "Debió de haber sido uno muy fuerte para poder destruirlo, hmm. Los homúnculos suelen ser bastante resistentes."

En base a todo lo que habían descubierto hasta ahora, el pelinegro comenzó a intentar armar el enigmático rompecabezas en su mente con las piezas de las que estaba seguro que existían.

Un barco llamado Argo, transportando un cargamento con Ojos Místicos robados con destino a Fuyuki.

Una mafia japonesa con conexiones con el mundo iluminado por la luna.

Kiritsugu Emiya buscando una cabeza con estos que le pertenecía a un Reiroukan, siendo pagado por un tal Makihisa Tohno.

Una mansión abandonada en el bosque que había servido de Taller para el tal Reiroukan.

Demasiadas piezas regadas en varios lados, y todas apuntando a una imagen mucho más vasta y compleja, que no estaba seguro de poder comprender si llegara a armarla.

En algún punto de sus reflexiones, Shirou se aburrió de mirar la masa del homúnculo y se dispuso a explorar la habitación por su cuenta.

'Reiroukan.' Caster se había presentado junto con su Master en una ocasión a Rider y el. Si bien el hombre había permanecido distante, solo comunicándose por medio de su Servant, Waver había adquirido la impresión de que era justo como alguno de los Lords de la Torre del Reloj.

Es decir, arrogante a más no poder.

Waver no creía en las coincidencias. Era obvio que este lugar había sido la guarida del hombre durante la Guerra. Y estaba seguro de que Kiritsugu Emiya no había descubierto aquel dato durante esta, de lo contrario no hubiera estado investigando su paradero recientemente.

¿Había sido él quien asesinó al homúnculo? Waver estaba seguro de que sí, aunque hasta donde él sabía, el Asesino de Magos empleaba solamente armas de fuego.

Inspeccionando un poco más la masa, parpadeo al encontrar pequeñas astillas cristalinas de un anaranjado opaco. '¿Qué?' Pensó mientras alcanzaba a sostener una para mirarla más de cerca.

"Señor Waver, mira lo que encontré." Escucho a Shirou hablarle, obligándolo a voltear hacia un costado, topándose al pelirrojo sosteniendo una gema roja cubierta con algo de polvo y con algo escrito en la parte de arriba.

Waver alzó una ceja y sopló el polvo de esta, antes de soltar un respingo al notar que se trataba de un rubí. Su sorpresa fue mayor cuando reparó en el signo grabado: Una 'Z' colocada en diagonal y retorcida, que en cierta forma evocaba a un relámpago.

No era una de las taumaturgias en la que él había dedicado su tiempo, pero si sabia un par de detalles. Eso, y que dicho símbolo era casi universalmente reconocido por cualquier magus europeo.

Sól. La Runa del Joven Futhark que representaba al astro rey mismo, así como otra miríada de significados tales como energía, poder y destino.

Que hubiera sido grabada en una gema como esa, con propiedades para almacenar tanto energía mágica como taumaturgia en bruto solo podría significar una cosa.

"Una Piedra Rúnica." La identificó Waver antes de tomarla de las manos de Shirou. "¿Dónde la encontraste?"

El pelirrojo señaló hacia la esquina inferior del escritorio de la habitación. "Estaba justo ahí, abandonada. Olfatee una vez mas, y conseguí oler algo pequeño."

"Ya veo." Waver miró la piedra una vez más y de repente se fijó en los fragmentos cristalinos del homúnculo. Sumando dos más dos en su cabeza, sonrió mientras deducía la causa.

"Alguien usó una similar con un hechizo de fuego para causarle daño al homúnculo." Declaro, haciendo que Shirou parpadeara mientras miraba a la piedra.

"¿Esas cosas pueden usar hechizos?" Preguntó con curiosidad.

Waver meneo con la cabeza antes de señalar a la runa. "Si y no, lo hacen por medio de esta cosa que ves ahí."

"Huh." Shirou la miro. "Creí que era un rayo mal dibujado... ¡Auch!" Se quejó luego de que el dedo índice de Waver fuera disparado hacia su frente. "¿Y eso porque?"

'Venganza por lo de la sombrilla.' Pensó Waver, sintiendo una especie de placer culposo en poder someter a un pelirrojo más bajo que él al mismo tratamiento que Rider solía usar en él. "Ese rayo mal dibujado, como tu lo llamas es un símbolo antiguo que tiene gran importancia mágica."

"Pero... Sigue pareciendo un rayo." Señaló Shirou.

"... Si, está bien. Parece un rayo, porque también simboliza eso." Concedió antes de añadir. "Se llama Sól, y es una Runa. Son letras antiguas, partes de un alfabeto del Norte de Europa que existen desde hace un par de miles de años."

"¿Y son mágicas?" Shirou tocó el signo con su índice. "¿Qué es lo que hacen?"

"Hay varios tipos de estas, pero su uso al final del día es el mismo." Comentó Waver. "Al escribirlas en un lado y canalizar energía mágica a través de su forma, es posible que estas hagan varios efectos de acuerdo con lo simbolizan. Taumaturgia de Runas consiste en usarlas en combinación para poder realizar hechizos."

"Wow." Shirou tomó el rubí y jugó con él, admirando la piedra preciosa. "¿Pero por qué en un diamante? ¿No sería más barato hacerlo en una piedra normal?"

"Eso es un rubí, de hecho." Waver disfrutaba enseñar, y a decir verdad comenzaba a acostumbrarse a tener que explicarle las cosas a Shirou de una manera más simple, era casi refrescante. "Piedras y metales tienen propiedades mágicas también. Y cosas como las joyas y las gemas son especiales, porque 'atrapan' energía mágica dentro de ellas y permiten grabar hasta hechizos en ellas."

"¿Entonces le pusieron esta runa a la piedra roja para crear un hechizo? ¿Es como lo que dijiste de que usaron una con fuego para destruir esa cosa?" Shirou señaló al cadáver del homúnculo a modo de referencia.

"Exactamente." Waver asintió, satisfecho. "Las Piedras Rúnicas tienen una función muy simple. Se guarda energía mágica dentro de ellas, y esta es liberada cuando alguien activa la runa grabada en ellas. No es difícil, solo tienes que decir su nombre y ya."

"¿Solo eso?" Shirou lució algo sorprendido con lo simple que sonaba. "¿No se tiene que hacer nada más?"

"Bueno, por obvias razones tienes que saber también qué significa la Runa." Respondió Waver. "Sé algo de ellas, pero sinceramente no le he dedicado mucho tiempo al estudio. "

Shirou adquirió un brillo en su mirada que el pelinegro reconoció rápidamente como interés. "¿Es posible aprender este poder?" Preguntó, mientras guardaba la piedra en su bolsillo.

"No vendra jamas de un japonés." Respondió Waver. "Pero muchos magi en Europa las usan. Hay varios libros que hablan del tema, y hasta los que no son mágicos tienen mucha información dentro."

Antes de que el pelirrojo pudiera responder algo, los dos se quedaron paralizados en su sitio al escuchar como la puerta de la casa se abría y alguien entraba.

El color pareció desaparecer de las mejillas de Waver cuando reconoció la voz ronca de uno de los hombres que habían escuchado antes.

"Te digo que deje mi teléfono en algún lugar de aquí."

"Y yo te digo que eres un idiota por haberlo hecho. Olvídalo y ya, puedes comprate otro" Le respondió su compañero, quien no se escuchaba de buen humor.

Shirou pareció recuperarse de la impresión primero, y señaló a la cama del otro lado de la habitación. Por medio de señas, Waver entendió que le decía que debían esconderse y asintió mientras activaba sus circuitos.

Rápidamente, los dos alcanzaron a meterse debajo de la cama justo cuando escuchaban a las voces acercándose por las escaleras.

"Te digo que lo deje por aquí arriba, estoy seguro."

Shirou se tapó la boca mientras Waver murmuraba algo en la voz más baja posible.

El pelirrojo casi suelta un respingo al ver las piernas de los dos hombres entrando por el umbral de la habitación. Debajo de la cama y desde donde estaban, no eran visibles.

Pero si uno de esos dos tenía la idea de revisar bajo esta o siquiera agacharse, podrían verlos sin problemas.

Motivo por el cual, Shirou se tenso cuando uno de ellos hizo justamente eso y miró directamente hacia donde estaban los dos.

Pero solamente meneo con la cabeza antes de levantarse y dirigirse hacia el escritorio. Shirou no alcanzó a poder sorprenderse por lo que acababa de pasar, pues su nariz detectó una barrera como la había llamado Waver colocada en frente de ellos.

No necesitaba ser un genio para poder intuir que esa cosa había sido la razón de porque el hombre aún no los había descubierto.

"Tsk, no está aquí." Se quejó otra vez con desgana.

"Por idiota." Remarco el otro, quien no se había molestado en moverse del pórtico. "¿Y ahora que? Yo me largo, el jefe va a llegar cuanto antes para regresar al Hyatt."

Waver casi suelta un resoplido al escuchar eso.

"Debe estar en alguna parte, estoy seguro." El hombre de la voz ronca afirmó, aunque se notaba a leguas que estaba desesperado.

"Agh, vete a la mierda." El otro finalmente se dignó a irse, diciendo desde el pasillo. "Como no vengas, el jefe te va a aventar hasta el fondo del Argo."

"Fondo... Fondo." Repitió el hombre, antes de parecer haber caído en cuenta de algo. "¡Por supuesto! El sótano de aquí." Dijo, antes de salir corriendo escaleras abajo, muy para el alivio de los dos que estaban escondidos y había evitado ser descubiertos por segunda vez por los mismos sujetos.

"Puedes hablar ya." Dijo Waver. "La barrera que coloque solo muestra una imagen del fondo sin personas, pero es incapaz de bloquear el ruido. Ahora que esos dos se fueron, no hay peligro."

"Hablaron de un sótano... ¿Es ahí donde está el Taller que Kiritsugu estaba buscando entonces?" Pregunto Shirou, mientras se arrastraba para salir de la cama, siendo seguido por el pelinegro.

"Supongo. ¿Sabes que es un Taller para un magus?" Pregunto, y al ver como Shirou asentía con algo de dudas, continuo. "Mira, un Taller no es solo un sitio donde practicas taumaturgia. Es donde guardas tus cosas, realizas tus estudios y donde tu tienes el control.

Para evitar que otros vayan por tu trabajo, te encargas de proteger y armar tu Taller.

Hay quienes usan un castillo entero como uno." Mencionó, recordando un par de ejemplos tan solo en Gran Bretaña.

"Es muy común que un magus use una casa tan grande, y que encima tenga dicho lugar en su sótano." Concluyó, mientras caminaba con cautela hacia el pasillo. "Tendremos que esperar a que ellos se vayan para poder investigarlo."

"¿No podríamos bajar ya?" Sugirió Shirou. "Podríamos escondernos en la sala que está del otro lado de las escaleras con tu hechizo ese, y de paso ver cómo se van desde la ventana."

Waver estuvo a punto de negar eso hasta caer en cuenta de que realmente no era una mala idea.

"Muy bien, solo que hay que hacerlo con cuidado." Dijo, mientras caminaba hacia las escaleras. Ambos descendieron por estas hasta llegar a la planta baja y cruzaron por el umbral de la sala, donde el pelinegro activó nuevamente sus circuitos y levantó la misma barrera.

Justo a tiempo, pues ambos se tensaron al escuchar un ruido aparte.

CLICK

El sonido de varias tablas y un par de poleas moviéndose los puso alerta, siendo seguido por el de pisadas. Al cabo de unos segundos, vieron a los dos hombres caminar por el pasillo sin siquiera voltear en su dirección, y uno de ellos cargaba un teléfono.

"Lo había dejado en ese escritorio, sabía que estaba por ahí." Comentó, y fue identificado de inmediato por ellos como el de la voz ronca.

"Como sea, vamonos rápido de aquí." Dijo el otro, antes de abrir la puerta y salir. El de la voz ronca puso los ojos en blanco y meneó la cabeza antes de escupir. "Ese bastardo gordo de Kaburagi no estará vivo por mucho. El jefe real dijo que una vez terminado con esto, me dará lo que quiero."

Salió finalmente de la casa, cerrando la puerta detrás de sí. Y desde la ventana, Shirou y Waver alcanzaron a ver su silueta perdiéndose entre el bosque antes de compartir una mirada.

"Ya, es seguro." Confirmo mientras soltaba la barrera y los dos caminaban a la dirección donde habían visto salir a los dos. Justo a tiempo para poder ver como una puerta secreta debajo de las escaleras comenzaba a cerrarse.

"Huh, no parece requerir taumaturgia." Comentó Waver mientras la analizaba de cerca. "Es una puerta secreta ordinaria."

"¿Ordinaria?" Shirou alzó una ceja mientras toqueteaba la madera. "¿En Inglaterra tienen puertas secretas en todos lados o que?"

"En el pasado las personas no le confiaban su dinero a los bancos." Respondió Waver, buscando cualquier indicio de algún botón o algo parecido. "Así que en casas grandes como esta, no era raro que construyeran un cuarto oculto para meter cosas... Lo tengo." Declaró de manera triunfal al finalmente toparse con el interruptor, el cual presionó.

La puerta se abrió nuevamente, revelando unas escaleras ocultas que descendían varios metros hacia abajo.

Shirou hizo una mueca cuando un olor distinto golpeó su nariz esta vez, obligándolo a cubrirla. "Ugh, ¿y esto'"

Por su parte, Waver se vio todo menos afectado. "Cosas que se usan en alquimia. Si quieres, puedes quedarte arriba." Dijo mientras comenzaba a bajar tranquilamente, dejando al pelirrojo atrás.

"Ey, espérame." Shirou se apresuró a seguirlo, sin querer pisando una placa de presión que accionó el mecanismo para cerrar la puerta.

No sería hasta que tocaran fondo, que esta se cerrará nuevamente, dejándolos sumidos dentro del sótano.

"¿Es un requisito para los Talleres el verse como escenas de películas de terror?" Pregunto Shirou tras echarle un vistazo al interior de este.

Waver resopló al escuchar eso. "No, no lo es. Pero no te sorprendas si alguna vez llegas a ver otro y que sea parecido." Comentó, antes de añadir. "Mantén tu olfato al tanto de todo, y evita por favor tocar algo. Estos lugares están siempre plagados de hechizos."

Shirou, que había estado a nada de acercarse a un estante con un par de tubos de ensayo, dio un paso hacia atrás al instante tras oír eso.

El pelinegro suspiro antes de menear su cabeza. "¿Cuando me convertí en un niñero?" Se preguntó, mientras se acercaba al escritorio. Recordó vagamente que uno de los hombres había mencionado ese mueble, y entornó los ojos al notar que estaba desprovisto de objetos.

Esos hombres habían saqueado ese lugar, entonces. Y Kiritsugu Emiya había visitado anteriormente la casa. ¿Pero había descubierto dónde estaba el Taller?

¿Cómo lo habían descubierto esos hombres entonces?

Los escenarios que Waver tenía en su cabeza no eran muy agradables. Y menos para Shirou, si uno de ellos resultaba ser cierto.

"Oye, señor Waver." Hablando del pelirrojo, se volteó para encarar lo que sea que había llamado la atención de este, solo para palidecer cuando noto el inmenso círculo mágico trazado en el suelo. Mucho más elaborado que el que había usado dos años atrás, pero el propósito de este era el mismo.

Caster había sido invocado ahí, no cabía la menor duda.

"¿Qué es ese garabato enorme?"

Y debían de regresar ya.

xXx

Llegar a Fuyuki nunca antes le había causado mayor alivio. Aunque no debería de sentir dicha cosa en esos momentos, no cuando la persona a quien buscaba darle caza rondaba en alguna parte de aquella ciudad.

Había anochecido ya afortunadamente, por lo que se le haría fácil el moverse por la ciudad con plena penumbra. Salvo que tampoco tenía planeado llevar la pelea al traficante y a su posible séquito tan pronto, no. Estaba cansado, y no tenía ningún plan para enfrentarlos por el momento.

Tendría primero que descansar antes de planear sus movimientos. Lo que significaba, moverse directamente hacia la casa y rezar porque Shirou hubiese hecho la cena ya. Lo primero que necesitaba era una ducha, después comida caliente.

No teniendo ganas de caminar desde la estación hasta Miyama. Opto por tomar un taxi desde esta.

El Argo. Un pequeño carguero fijado para atracar en el puerto exactamente dentro de veinticuatro horas. Desconocía la compañía con la cual estaba afiliada, pero estaba claro de que esta, o al menos el capitán de la embarcación tenía un lazo con el Clan Yakou.

Y hablando de esos. Kiritsugu había tenido que hacer un esfuerzo inmenso para intentar recabar en su memoria lo que recordaba del único miembro que había conocido de esta antes de la desventura de Tokyo.

"¡Aghhh!"

"¡Aieeehhh!"

Los gritos de esos hombres fueron ahogados cuando una granada fue a parar al interior del camión blindado donde habían tomado refugio y terminó por estallar, matándolos al instante con su explosion.

De paso, el cargamento de este quedó arruinado por completo, lo cual cumplía uno de los objetivos dentro de su misión. Pero los otros dos, distaban de estar completados.

Y hablando de eso.

Kiritsugu disparó de manera inflexible sobre dos de los yakuza que habían intentado vengar la muerte de sus compañeros. Plomo y hierro fueron a parar en sus vientres, y un tiro más certero que otros terminó por volarle la tapa de los sesos a uno más que había intentando huir despavorido.

Con esos, ya no deberían de quedar más de la pandilla. El encargo era uno proveniente de la cabeza del Grupo Fujimura de Fuyuki, Raiga. Si bien los suyos habían abandonado violencia de dicha magnitud desde hace un tiempo, lo mismo no podía decirse de otros grupos de yakuza a lo largo del país.

Un par de pandillas ajenas a Kyuushu se habían aventurado en este con la intención de apoderarse de algunos de los mercados locales, y se habían vuelto cada vez más agresivas y hasta osadas en sus avances.

Molestos por la situación que amenazaba el Status Quo que los capítulos de Kyushuu compartían entre sí pero no queriendo escalar a un conflicto que atrajera la atención de las autoridades, más de uno de los grupos había optado por contratar silenciador para limpiar el problema doméstico.

Kiritsugu había sido uno de ellos. Y su encargo era bastante simple en esencia: Liquidar a toda la pandilla que había estado acosando a un pequeño pueblo costero, destruir la mercancía que traficaban y especialmente.

Ejecutar a su cabecilla. Un tal Yukitori Yakou.

Kiritsugu no tardó en encontrar a su último objetivo, intentando arrastrarse lejos de ahí como pudo.

"¡A-aléjate!" Balbuceo el hombre mientras levantaba débilmente una mano e intentaba conjurar una especie de estrella que le recordaba a un copo de nieve.

El pelinegro esquivó sin ningún problema el gélido proyectil y meramente se limitó a apuntar con su revólver a la cabeza del yakuza, quien no podía lucir más aterrorizado. "¡N-no! N-no..." Intentó suplicar por su vida mientras que gruesas lágrimas recorrían sus mejillas. "¡Te p-pagaré! ¡T-te pagaré el d-doble-AGH!"

Ni siquiera alcanzó a terminar su propuesta, pues unos buenos milímetros de plomo fueron a parar a su sien, perforando brutalmente su cerebro.

Los Fujimura le habían encargado a ese hombre específicamente, porque aparte de ser un criminal, era un magus también. En retrospectiva, había sido algo estúpido el nunca haber investigado si pertenecía a una familia de estos.

Tendría que preguntarle a Raiga sobre los Yakou lo antes posible. Eso, y contar con su ayuda para tener listo el puerto para su emboscada.

Pasó tanto tiempo en sus pensamientos, que no noto como el taxi había llegado ya a la residencia Emiya.

Kiritsugu le pagó al conductor y le deseó las buenas noches antes de salir del vehículo y caminar hacia el pórtico. Vio desde afuera como las luces estaban prendidas, y se dispuso a abrir la puerta.

Solo para encontrarse con que estaba cerrada. Alzando una ceja, Kiritsugu extrajo desde su bolsillo la llave que tenía y abrió.

"Estoy en casa." Anuncio como siempre, encontrándose con un pasillo vacío. Normalmente, Shirou lo hubiera recibido, o Taiga si se encontraba ahí.

Pero parecía que no había nadie.

'¿Habrán salido?' Se preguntó Kiritsugu mientras fruncía el ceño. 'No, ¿porque dejaron las luces encendidas en ese caso? Hay algo más.'

Camino a través del pasillo, echando un vistazo a la sala de paso así como a la cocina. Pero tampoco había nadie por ahí.

Preocupado, Kiritsugu se dirigió hacia la habitación de Shirou, asegurándose de tocar primero. Tras no recibir respuesta, abrió la puerta. En el interior de esta, la presencia de alguien más brillaba por su ausencia.

Pasó hacia la siguiente habitación, la de huéspedes y repitió el mismo proceso. Esta vez, alcanzó a escuchar una serie de ronquidos emitidos por una voz familiar que le hicieron sentir algo de alivio.

Se topó con la desparramada silueta de Taiga sobre la cama, sumida en un sueño muy profundo.

Kiritsugu suspiró y meneó la cabeza antes de hablarle. "Taiga, despierta." Dijo, antes de sacudirla levemente.

Sin embargo, la castaña no dio indicio alguno de querer salir de su letargo. Lo que obligó a Kiritsugu el sacudirla nuevamente. "Taiga, ¿puedes despertar por favor?"

"zZZZZZzzZZZZ." Casi como si fuera a propósito, los ronquidos de Taiga se intensificaron un poco, muy para la molestia del pelinegro, quien repitió la misma acción por tercera vez. "Taiga, me voy a molestar mucho si no lo haces."

"zZZZZZZZZZZZZZ."

"Muy bien." Suspiro el pelinegro antes de tomar las mejillas de la adolescente y comenzar a estirar y frotarlas. Normalmente, Taiga se hubiera despertado con eso y hubiera demostrado su indignación al instante.

Pero la castaña siguió adormecida, y una punzada de sospecha recorrió la columna de Kiritsugu, quien activó sus circuitos de inmediato y pronunció el hechizo de detección de estos. Su temor fue rápidamente confirmado, cuando alcanzó a localizar uno de sueño siendo colocado en Taiga desde hace rato. Emitió un pulso de energía mágica por error mientras se hacía para atrás.

Shirou no podía haber sido, por obvias razones. No le había enseñado aún ni lo básico de la Interferencia Mental, y esto no era tampoco obra de un aficionado. Pero entonces... ¿Quién y cuándo?

Un escalofrío le hizo sentir un vuelco en el corazón al caer en cuenta de las posibilidades una vez que estas comenzaran a dispararse por su mente. Un magus había entrado aquí, puesto a Taiga bajo hipnosis y ...

"¡Shirou!" Exclamó aterrorizado, recordando que no había rastro alguno de su hijo por la casa. Esto era malo, muy malo. ¿De todos los peores escenarios tenía que ser este? ¿Cómo había pasado? ¿Que iba a hacer ahora?

Sintió una punzada en su pecho mientras se esforzaba por recuperar el control de su respiración, apagando sus circuitos en el proceso.

¿Quién? ¿Como? ¿Donde?¿Cuando? ¿Por qué? Esas y toda una miríada de docenas de preguntas más se arremolinaban dentro de su mente, sepultándolo debajo de un mar de dudas que amenazaban con corroer su consciencia.

¿El culpable? Solo había tres magi en Fuyuki, y se suponía que los tres estaban fuera. ¿Quién más podría haber sido?...

Los ojos de Kiritsugu se abrieron de par en par mientras apretaba los puños. No, no podía ser posible. ¿Acaso había descubierto que el residía en Fuyuki y habían ido tras Shirou? ¿Había sido venganza o algo más? No existían suficientes palabras para el que pudieran describir cómo se sentía ante la incertidumbre de aquel escenario.

¿Qué podía hacer? ¿Qué podía hacer?

Se tensó en su lugar cuando le pareció escuchar una voz desconocida a la distancia, una que venía del pasillo principal. Enfriando sus nervios, extrajo la pistola que había comprado y caminó con cautela hacia el segundo pasillo, teniendo cuidado de no hacer el menor ruido.

Una vez afuera, se apoyó contra la pared mientras arqueaba su antebrazo, teniendo lista la pistola.

"¿-guro de que cerraste?" Escucho la misma voz, en un japonés con un acento muy marcado que lo identificaba claramente como un extranjero. Eso lo puso más en alerta e hizo que colocara su dedo en el gatillo, estando preparado para descargar un tiro en un instante.

"Nunca me olvido de cerrar." La voz de Shirou alcanzó sus oídos, haciendo que se quedara paralizado. ¿Qué? ¿Pero cómo? ¿Qué estaba pasando?. "¿Se habrá despertado Fuji-nee?"

¿Sabía que Taiga estaba bajo un hechizo? Más preguntas que respuestas surgían en la mente de Kiritsugu, quien permanecía pegado a la pared.

"No lo sé, pero estoy seguro de que no cerraste." La otra vez continuó antes de soltar un suspiro. "Dios mio, no siento las piernas..."

"Tu fuiste quien quiso que camináramos desde la mansión embrujada." Señaló Shirou con algo de humor. "¿Necesitas descansar, abuelo?"

"¿Tienes idea de lo que que cuestan los taxis en este país, pequeño demonio?" Se quejó el hombre, muy para diversión de Shirou.

"Tacaño."

"¡No estoy hecho de dinero!"

Kiritsugu parpadeo. Eso no sonaba como el diálogo de un secuestrador y su víctima, parecía más el de un tutor y su alumno que apenas podían superar el hecho de que no se llevaban bien.

Bajo la pistola, y camino dispuesto a encararlos en busca de respuestas, solo para que al doblar la esquina terminara por tropezar con alguien que venía del otro lado.

"¡Ughh!"

"¡Aghh!"

"¡Waghh!"

Kiritsugu quedó aturdido por el golpe y tuvo que sacudir su cabeza y parpadear un par de veces antes de poder ver bien a Shirou y su acompañante. Este era un hombre al menos unos diez años más joven que él, claramente europeo y con un cabello algo largo que llegaba hasta su nuca.

"Ughhh." Se quejó el hombre mientras se sobaba la sien, claramente aun sintiendo los efectos del golpe.

"¿Papa?" Se volteó hacia Shirou tras escucharlo hablar. "¿Que no estabas en Tokyo? ¿Cuando llegaste?" Pregunto en rápida sucesión antes de parpadear y señalar acusatoriamente. "¿Y porqué luces como si hubieras ido dos rondas con Fuji-nee en Kendou?"

"Shirou..." Kiritsugu tenía demasiadas preguntas en ese momento, pero solo alcanzó a decir una cuando abrió la boca nuevamente. "¿Porque estás acompañando a un magus?"

"¿Que es una tradición de su familia el ocultarse y golpear desprevenidos a otros dentro de su casa?" Respondió el hombre tras retirar su mano de su rostro. "Primero Shirou y su sombrilla y ahora usted."

"¿Que Shirou que?" Pregunto Kiritsugu, no pudiendo imaginar al pelirrojo atacando a alguien.

"¡Oye! Es tu culpa por hipnotizar a Fuji-nee, superalo." Reclamo Shirou, dirigiendo su dedo acusatorio hacia el hombre, quien se hizo hacia atrás con una indignación muy marcada en su rostro.

"Oh, madura niño." Se cruzó de brazos. "Después me amarraste como si fuera prisionero de guerra y me dejaste en un ático. ¿Qué clase de mocoso hace eso?"

Shirou se ruborizo, antes de cruzarse de brazos también, con una actitud retadora. "¿Y qué? ¿Quieres que lo vuelva a hacer?"

"Me gustaría verte intentándolo." Respondió Waver a su fanfarroneo. "Esta vez no vas a noquearme de la nada."

"¿Oho? ¿Estás seguro?" Shirou se frotó las manos, casi como si pudiera conjurar aquella sombrilla para infringir su castigo.

Durante todo ese tiempo, Kiritsugu había estado mirando de un lado a otro a medida que los dos hablaban, siendo incapaz de reaccionar ante la surreal escena que acontecía frente a sus ojos.

Hasta que finalmente tuvo suficiente y carraspeó, llamando la atención de los otros dos.

"¿Qué?" Respondieron al mismo tiempo, de una manera que el pelinegro hubiera encontrado cómica en otra ocasión, pero que bastó para hacerle retroceder un paso.

"¿Que demonios esta pasando aquí?" Pregunto, de una manera que daba a entender que la confusión había causado estragos en su paciencia.

Shirou y Waver compartieron una mirada antes de que el pelirrojo asintiera y se dirigiera a él.

"Papá... ¿Qué es esto de que te estas peleando con mafiosos mágicos?" Pregunto.

Aquellas palabras surtieron un efecto casi comparable en él como los golpes que recibió en aquel almacén de Tokyo. Sus ojos se abrieron de par en par, ciertamente no esperando esa pregunta por parte de Shirou.

"... ¿De qué estás hablando?" Trato de responder, pero Shirou rápidamente contraataco con artillería más pesada.

"¿Y porque estas buscando unos ojos mágicos por encargo de Makihisa-san?" Pregunto otra vez Shirou, y a juzgar por el leve titubeo que mostró, se notaba que la idea no le era agradable.

"... ¿Como?" Pregunto, impactado. Solo para que esta vez, la voz del otro hombre interviniera.

"Revisando sus notas, dimos con la mansión en el bosque del señor Reiroukan y escuchamos a dos hombres mencionar su título." Dijo con un tono de voz muy neutral. "Un Asesino de Magos en singular justamente en Tokyo y en busca de ojos místicos metiéndose con una banda que busca tomar un cargamento de estos que llega mañana no me parece una simple coincidencia."

"... ¿Mis notas?" Preguntó, mientras los puntos se conectaban en su mente a la par de que notaba como el campo delimitante en la puerta de su habitación estaba hecho añicos. Un rayo de cólera recorrió su cuerpo y le hizo dar un paso hacia delante, cargado con una intención difícilmente benevolente.

Pero antes de que pudieran pasar a mayores, una cuarta voz los interrumpió.

"Hmmm... Kerry... ¿Eresh tu?..." Taiga habló entre bostezos mientras salía del pasillo, avanzando con pasos tambaleantes que parecían a los de una momia de las películas.

Su repentina aparición puso a los tres varones en un estado similar a la parálisis.

"Ohhhhh, ya conocishte a Waveeeeer...zZZZZZ." Taiga abrió nuevamente la boca, dejando escapar un bostezo mucho mayor. "¿Pero comosh esh posible...zZZZZ? Kerry eshta en Tokyo despuesh de todo...zZZZ"

'¿Waver?' Pensó mientras intentaba encontrar alguna manera de lidiar con la situación, pero tal parecía que Shirou estaba un paso adelante.

"Noooo, Fuji-nee. Tienes que ir a dormir si quieres comida." Le dijo, esperando que también se marchara antes de susurrar. "Es sonámbula, diganle que vaya a dormir."

"Esto es un sueño, Taiga." Dijo Waver de manera algo apresurada mientras hacía un par de gestos con sus manos, como si quisiera ahuyentarla. "Estas soñando, para despertar tienes que regresar al cuarto a dormir."

Taiga se detuvo y se frotó los ojos lentamente antes de protestar, aun sumida en aquel trance. "¿Eshtoy soñando? zZZZZ Pero no quierosh dormir zZZZZ otra vezZZZZZZ"

"Taiga-chan." Kiritsugu habló. "Ve a dormir, por favor."

"Ughsh, eshta bien zZZZZZ." La castaña dio automáticamente la media vuelta y caminó con aquellos pasos de borracha hasta la habitación de donde había salido, y por puro instinto cerró la puerta detrás de sí, dejando a los tres solos nuevamente, y sin ninguna distracción ahora.

Kiritsugu y Waver no tardaron en cruzar miradas otra vez, pero antes de que pudieran regresar a la tensión anterior, Shirou levantó la mano tímidamente, como si estuviera en un salón de clases y pidiera permiso para hablar.

"Eh... ¿No preferirían que preparara un té para cada uno antes de que se pongan a pelear?" Preguntó, haciéndose muy pequeño cuando la mirada de los dos adultos se posó en su figura.

Varios minutos después, los tres estaban apostados ahora en la sala y cada uno teniendo una pequeña taza entre sus manos, cortesía de Shirou.

La atmósfera inquietante que los había atenazado no se había desvanecido del todo, pero al menos no había riesgo de que se librara una escena violenta dentro de aquellas cuatro paredes...

... Por el momento, claro.

Cada uno de ellos yacía en un asiento distinto, con Shirou ocupando la mecedora usual de Kiritsugu, mientras que los otros dos habían tomado los sillones opuestos.

"¿Quien eres y qué estás haciendo aquí?" Kiritsugu fue directo al grano. Si bien la cólera brillaba por su ausencia en su expresión, la pregunta cargaba un tono particular de amenaza que bien servía como advertencia en caso de que el hombre más joven intentara algo contra Shirou y el.

"No me sorprende que no me reconozca." Respondió Waver tras darle un sorbo a su te. El líquido bien que le había ayudado a calmar sus nervios al recordarle en parte al que solía tomar en su café favorito. "Aun si ha pasado un tiempo, dudo que me haya podido recordar."

"¿Lo conozco?" Pregunto Kiritsugu, alzando una ceja. Había conocido a varios magi en el pasado, siendo la gran mayoría de Europa, pero muy raras veces recordaba a uno que no hubiera sido peculiar en algún aspecto que él hubiera notado.

"No creo habernos cruzado frente a frente alguna vez. De hacerlo, dudo mucho estaría en frente de usted. " Waver resoplo sardónicamente mientras dejaba su taza en la mesa enfrente de él y se cruzaba de brazos. "

"¿Hablamos alguna vez?" Pregunto Kiritsugu.

"Oh, si." Waver asintió. "Por teléfono, no fue una conversación muy larga, y usted preguntó por mi. Taiga mencionó mi nombre, supuse que quizás eso sería suficiente pero veo que me equivoque."

'Waver.' Repitió mentalmente Kiritsugu, entornando los ojos en el proceso. '¿De donde conozco ese nombre?' Pensó, buscando de manera casi frenética en su memoria. Fue entonces que cayó en cuenta de lo que había dicho el joven.

"Por teléfono, no fue una conversación muy larga y usted preguntó por mi."

Kiritsugu se fijó en las facciones del otro pelinegro de cabello largo, y se lo imaginó con este más corto, siendo más delgado y bajo, así como definitivamente teniendo un aire menos maduro.

"Waver Velvet." Finalmente dijo, provocando que el joven asintiera.

Irónico, había estado investigando algo cercano al Master de Caster de la Cuarta Guerra, y había terminado por toparse con el de Rider.

"... ¿Cómo conoces a Taiga?" Fue la primera pregunta que se le vino a la mente ante la familiaridad que el joven tenía con la adolescente hiperactiva.

Waver parpadeo ante la pregunta, mostrando que no se esperaba esta pero igual respondió sin dificultad. "Una noche durante la Guerra, Rider y yo nos la topamos por casualidad tratando de salvar un perro de ahogarse. Una cosa llevo a otra y pues..." Se encogió de hombros.

"Un momento." Shirou intercedió. "¿No habías dicho en casa de los Mackenzie que había sido un señor llamado Alexander? ¿Rider es su apellido o que?"

Se detuvo al ver como los dos adultos lo miraban severamente, y pareció encontrar repentinamente bastante interesante el interior de su taza.

"Shirou." Kiritsugu habló en un tono algo cansado. "Por favor, ve a tu habitación. No te preocupes por los trastes."

"Pero..." Intentó protestar el pelirrojo, antes de notar la expresión de su padre adoptivo, y se dispuso a levantarse de su asiento y retirarse, antes de que Waver intercediera en su favor.

"Emiya-san." Dijo el joven mientras hacía un gesto con su mano. "No soy nadie para bloquear su autoridad como padre, pero créame que necesita a Shirou aquí para que los dos podamos darle una explicación satisfactoria."

"..." Kiritsugu lo pensó por casi un minuto, antes de asentir, indicándole a Shirou que podía regresar a la mecedora.

Cruzándose de brazos en su lugar, Kiritsugu se dirigió nuevamente hacia Waver y habló, como un juez a punto de declarar una sentencia.

"Muy bien. Ahora dime qué es lo que buscas en Fuyuki que está relacionado con lo mío, ¿y cómo fue que eso te condujo hasta mi casa?" Pregunto fríamente.

Waver suspiro, dedicándole una rápida mirada a su taza vacía, casi deseando que estuviera llena nuevamente para darle más valor. Pero aun así, entrecerró los ojos y se dispuso a comenzar.

"Todo empezó hace un par de meses en Londres." Dijo, y por buena parte de la siguiente hora, narró el caso de la serie de asesinatos en la ciudad que servía como corazón extraoficial de la más grande sociedad de magi así como el rasgo más peculiar de estos, y la investigación que la Facultad de Leyes realizó al respecto.

Kiritsugu encontró el detalle del robo de las cabezas bastante perturbador, pero se limitó a escuchar en silencio.

Waver continuó con su decisión de tomar cartas en el asunto, y el rastreo del cargamento que había comprobado que era el que contenía las cabezas de las víctimas, incluida la de su amigo asesinado. Entró en un par de detalles más, tales como los medios que había usado para seguirle la pista al contenedor, las personas con quienes había tenido que hablar, y por supuesto, los lugares a los que había viajado.

En Singapur, alcanzó a determinar que el cargamento se encontraba en un barco con rumbo a Japon, o más en concreto a Fuyuki, y a pesar de sus sentimientos sobre el lugar, había decidido continuar con su expedición.

"Sabía que el barco no llegaría hasta dentro de dos días, por lo que intenté relajarme un rato y aproveche el viaje para visitar a los Mackenzie, quienes me hospedaron durante la guerra y un par de semanas después de esta." Explicó Waver antes de soltar un suspiro exasperado. "Me invitaron a comer hoy en su casa y dijeron que les iban a acompañar dos alumnas de Glen. Salvo que se presentó solo una, y acompañada de Shirou."

"Taiga." Dedujo Kiritsugu rápidamente.

"Así es." Waver asintió. "Ella me reconoció, y yo lo hice después de un par de segundos. Pasamos un par de horas conviviendo, y fue por ahi que me enteré por coincidencia suya que usted seguía aquí y era conocido de ella, así como el padre de Shirou."

Casi se había atragantado con el agua que había estado bebiendo en aquellos momentos con solo enterarse de aquella pieza de información.

"Fue entonces que mi mente me jugó la mala pasada de sospechar que estaba relacionado con mi caso, y pues aproveche su ausencia para investigar más de cerca." Waver hizo una mueca cuando la mirada de Kiritsugu se tornó más severa. "Taiga me invitó a pasar hacia esta casa para ayudarla en un proyecto escolar. Acepte, y conseguí hacer que se durmiera con un poco de hipnosis... No queriendo exponer a Shirou a eso, intente hacer lo mismo pero termine topándome con un cuaderno suyo donde había anotado términos mágicos. Eso hizo que dedujera que era un magus también y entonces..."

Shirou intercedió ahí.

"¿Recuerdas mi olfato mágico?" Le pregunto a Kiritsugu antes de añadir. "Adivine qué Fuji-nee tenía un hechizo que la hacía dormir y que el señor Waver había sido el culpable. Me escondí y reforze una escoba para defenderme antes de oler sus circuitos mágicos en el pasillo, y le di un golpe en la cabeza por detrás."

Kiritsugu parpadeo, mientras en su cabeza imaginaba a un Shirou chibi blandiendo una sombrilla gigante y moliendo a palos a una figura caricaturesca de Waver... Y que por alguna razón que no comprendía, Taiga estaba en el fondo echando porras.

El pelirrojo se ruborizo tras narrar lo que pasó después.

"... Ehm, este... No supe qué hacer, así que lo amarre y arrastre al ático y me quedé ahí a vigilarlo con la sombrilla."

Era oficial, Taiga estaba siendo una mala influencia en Shirou.

"... ¿Y no se te ocurrió llamar a Raiga?" Preguntó como si fuera lo más obvio del mundo. Claro, meter al abuelo de Taiga en la situación hubiera abierto otro frasco de gusanos y seguramente hubiera terminado por complicar la cosa de una manera quizás peor.

"Tenía miedo de que despertara y se liberará si me iba al teléfono." Respondió Shirou.

Kiritsugu concedió eso, tenía sentido.

El pelirrojo continuo con el relato, contando cómo había sido el diálogo entre Waver y el (Algo que incluyó varias interrupciones por parte del joven), pasando por la historia que este le había contado, la conmoción que Shirou había sentido por esta y su deseo de ayudarlo con tal de limpiar el nombre de Kiritsugu del caso.

Algo que el pelinegro sintió muy hondo, pero que luego fue fuente de enojo tras escuchar lo que había pasado después.

Luego de varios minutos más, en los que tanto Waver como Shirou contribuyeron ampliamente y cubrieron por completo su recorrido desde la casa hasta la mansión oculta, su exploración de esta y el retorno, Kiritsugu noto que finalmente habían terminado.

Francamente, luego de la montaña rusa de sorpresas, enojos y toda clase de emociones que había experimentado mientras escuchaba todo el relato, no sabía cómo sentirse en concreto.

No era ni de lejos el peor escenario posible que se hubiera imaginado una hora antes, pero distaba también de ser ideal.

Pero, era lo que tenía y al menos podía hacerse una idea de cómo trabajar con esto.

"Shirou." Llamo, "Por favor, ve a tu cuarto ahora sí."

El pelirrojo pareció quedarse con las ganas de protestar por un momento, pero terminó por asentir y se levantó antes de caminar fuera de la sala.

Waver lo vio irse por el rabillo del ojo, y suspiro. Shirou había actuado como una cuchilla, cortando la tensión del ambiente entre los dos, pero ahora quedaba desamparado ante el terror que era el Emiya.

"Tengo una sola pregunta, Velvet-san." Dijo, llamando la atención del contrario. "¿Por qué no acudió al Administrador de Fuyuki?"

Waver lució incómodo por un momento antes de contestar. "Porque esto no es nada oficial de la Torre de Reloj. De hecho, yo ni siquiera debería de estar aquí. Pedir apoyo de la autoridad local y arriesgarme a quedar en deuda con esta es algo que quisiera evitar… Eso, y que honestamente no quiero nada que ver con los Tohsaka."

'Ya veo.' Kiritsugu estaba algo convencido luego de eso. "No confío en ti, y harías bien en no hacer lo mismo." Sentencio secamente mientras abandonaba su propia taza.

"Pero reconozco que gracias a lo que acabo de escuchar, tengo una imagen mas clara de lo que busco así como de quienes creo que son enemigos de los dos."

"¿Oh?" Waver alzó una ceja. "¿Consideraría entonces el cooperar contra ellos conmigo, Emiya-san?"

"No te adelantes, Velvet-san." Respondió Kiritsugu mientras juntaba ambas manos. "Contaré una parte del lado de mi historia, y me temo que eso bastará para que se dé una idea de en qué clase de juego se está metiendo, y reflexione si vale la pena entrar a este."

Aquella advertencia resultó bastante ominosa, pero no fue suficiente para acobardar a Waver, quien meramente se limitó a asentir.

Satisfecho con su reacción, Kiritsugu dio inicio.

"Hace cerca de dos meses debido a un pequeño incidente, termine por hacer contacto con un asociado mio que me propuso un trabajo a cambio de algo que no mencionare aqui." Comenzó a contar el pelinegro, dedicandole menos de un nanosegundo de mirada a la mecedora. "Fue bastante insistente en que lo tomara debido a una conexión que tenía con un elemento de este, y lo termine aceptando después de discutir bastante. Consistia en investigar el paradero de cierto objeto que le pertenecía a él, que fue dado a Saitou Reiroukan y se perdió hace dos años."

"Esa cabeza con Ojos Místicos..." Dedujo rápidamente Waver.

"Puros, en realidad." Kiritsugu meneo la cabeza ligeramente. "Desconozco la procedencia de esa cosa y tampoco es de mi incumbencia. Mi conocido descubrió hace relativamente poco que se encontraba en posesión de un extorsionador y busca recuperarla, pero no puede actuar de manera directa por temor a que esta se pierda nuevamente o peor."

"... ¿Su asociado es el hombre llamado Makihisa Tohno, no?" preguntó Waver, entornando los ojos.

Kiritsugu asintió. "Tomé toda la información que tenía disponible sobre el caso e intenté investigar lo que pude. Con muy pocas pistas, me decidí a rastrear la guarida de Saitou Reiroukan aquí, el sitio donde la cabeza había estado por última vez antes de desaparecer.

Logre encontrarla después de varias semanas, y confirme que un magus aparte de Caster, Reiroukan-san y su hija habían estado en el taller dentro de esa casa y que había sido el responsable de la destrucción de las defensas alrededor de estas."

"Si, note que la barrera principal estaba hecha pedazos." Mencionó Waver, más para él que para Kiritsugu. "¿Y entonces?"

"Intente ir por otro angulo."Respondió el pelinegro. "La muerte exacta de Saitou Reiroukan durante la guerra. Eso solo lo podía encontrar mediante la autopsia de su cuerpo, en Tokyo. Por lo que partí hacia ahí varios días atrás con la intención de averiguarlo.

En el trayecto, se me ocurrió investigar a su propia familia y me interne en una parte del submundo mágico de Tokyo con el fin de buscar respuestas así como algo de equipo nuevo."

"¿El submundo mágico de Tokyo?" Waver parpadeo. "Recuerdo haber oído en Singapur que es la comunidad de magi más grande del país."

"Bastante extensa." Comentó Kiritsugu. "Me termine por topar ahí con un hombre llamado Kaburagi."

Los ojos de Waver se abrieron de par en par ante aquella revelación. "¡Ese mismo nombre fue mencionado por uno de los hombres que vimos en la mansión!"

Kiritsugu resopló mientras sonreía sardónicamente. "Así que de verdad está aquí entonces. Se presentó como un mercader, pero viendo sus productos y tras consultarlo con Tohno-san, averigüe que es un traficante de objetos mágicos robados y armas modificadas con taumaturgia. Le compre un par de cosas y me hice pasar por el sirviente de una familia de China que buscaba asentarse en Tokyo próximamente con el fin de ver que tan hondo llegaba con sus productos... No me esperaba que tuviera una bóveda repleta de Ojos Místicos a la venta y todavía afirmara que tenía muchos más esperando. "

Waver apretó inconscientemente uno de sus puños mientras se esforzaba por mantener la cólera alejada de su voz. "Ese maldito..."

"Intente averiguar más, pero uno de los asociados de Kaburagi me reconoció y me tendieron una emboscada." Kiritsugu hizo una mueca algo adolorida antes de continuar. "Los Yakou, unos yakuza de Tokyo con lazos mágicos muy fuertes guardaban rencor hacia mi por haber liquidado a uno de ellos hace años. Logré escapar de puro milagro y huir, pero logré enterarme de que Kaburagi había partido a recoger un cargamento. Gracias a unos documentos que me robé de los Yakou, di con el puerto y el barco. Fuyuki, y el nombre de este era..."

"Argo." Término Waver antes de sacudir sus hombros con grima. "Es verdad que en el mundo iluminado por la luna la semblanza de los nombres y el simbolismo tienen una importancia particular, pero esto es ridículo."

"¿A qué te refieres?" Pregunto Kiritsugu, confundido por aquel comentario repentino.

"Mire el nombre. ¿No le suena de algún lado?" Señaló Waver, causando que Kiritsugu comenzará a repetirlo una y otra vez hasta finalmente tratar de adivinar lo que creía que era la respuesta.

"¿El barco de los argonautas de la mitología griega?" Pregunto Kiritsugu. "¿Que tiene que ver eso con esto?"

"No, pero viene del mismo origen." Waver negó con la cabeza. "El nombre del barco, Argo tiene una 'S' al final en documentos oficiales como una marca nautica. Eso reza Argos por completo, como el gigante que servía a la diosa Hera y poseía cien ojos, recibía también el título de Panoptes o "Que todo lo ve"."

"Ya veo." Kiritsugu puso los ojos en blanco. "Un coloso cargando varios ojos entonces. Todo parece indicar que Kaburagi los adquiere de una u otra forma antes de venderlos al mejor postor y no tiene miedo de ir contra gente influyente con tal de sacar beneficio."

"Y esta aquí, en Fuyuki esperando por su cargamento." Waver se relajó, leyendo un poco mejor el ambiente. "¿Pero por qué aquí? ¿Por qué ahora?"

"Dices que viste a hombres suyos en la guarida de Reiroukan." Continuó Kiritsugu mientras adoptaba una pose pensativa. "Puedo intuir que quizás haya recibido información del lugar de quien sea que se robo la cabeza."

"Y no puede haber sido el propio Kaburagi." Añadió Waver, intentando unir nuevamente las piezas. "Si él fue quien la robó hace años, hubiera saqueado el lugar mucho antes. Y si la cabeza resurgió recientemente, es porque la adquirió hace poco, lo que significa que..."

"Apenas ha entrado en el tráfico de Ojos Místicos." Término Kiritsugu asintiendo. "Esa podría ser la respuesta de lo primero y quizás no la sea, pero estoy más seguro de la de la segunda."

"¿Por qué ahora?" Pregunto Waver.

"La familia Tohsaka no debería estar en Fuyuki en estos momentos." Reveló Kiritsugu. "Aproveche su ausencia el día en que fui a explorar la mansión esa para poder hacerlo sin problemas y no regresaron cuando me fui a Tokyo. Es posible que estén afuera aun, y Kaburagi esté enterado de ello para poder movilizarse en la ciudad sin tener que preocuparse de que lo vean."

"... Eso tiene sentido." Waver asintió mientras daba un último suspiro. "Se está haciendo muy tarde Emiya-san, ¿hay que pasar al punto, le parece?" Pregunto.

"Adelante." Respondió Kiritsugu.

"Muy bien." Waver lo miró fijamente antes de hablar. "Tenemos un oponente en común aquí y ambos buscamos algo de él. ¿Aceptaría el cooperar para poder encargarnos de esto?"

"Tu buscas los restos de tu amigo, y yo información de la procedencia de la propiedad de Tohno." Sentenció Kiritsugu, asintiendo. "Conseguimos ambas cosas, y partimos por rutas distintas. Esto jamás ocurrió y no divulgaras para nada palabra alguna de mi ni de Shirou, esos son mis términos."

"Los acepto." Dijo Waver mientras se levantaba y extendía su mano. Kiritsugu lo miro un par de segundos, antes de extender la suya y darse un apretón.

"Utilizare mis contactos de aqui para preparar el área del puerto donde atracara el Argo y poder tomarlos con sorpresa." Dijo Kiritsugu. "¿Que harás tu?"

"Escuché que estaban hospedados en el Hyatt, que es mi hotel." Respondió Waver tras soltar su mano. "Usaré a los empleados del hotel para poder sacar algo de información sobre Kaburagi y sus hombres. ¿Le parece si vengo mañana algo temprano para poder discutir los avances?"

"Hecho." Dijo Kiritsugu, soltando algo de su semblante severo. "Buenas noches en ese caso."

"Igualmente, Emiya-san." Se despidió Waver, caminando hacia la puerta, siendo acompañado por Kiritsugu. Tras abrirla, volteo su cabeza una última vez, y dijo. "Y a propósito, siento bastante las molestias."

Cerró la puerta detrás de sí, dejando al pelinegro solo en el pasillo y con sus pensamientos, siendo la mayoría de estos muy poco agradables.

"Vaya cosas que tengo que hacer." Dijo, antes de suspirar. "Me siento el doble de viejo."

El futuro era igual de incierto para él con todos los cambios que habían ocurrido en tan solo un día. Estaba avanzando por un pasillo minado a oscuras, y tarde o temprano se toparía con un obstáculo que no sería capaz de sortear. Sabía que llegaría un día en el que no sabría que hacer, y lo iba a lamentar.

"Pero eso es algo que he hecho siempre, lamentarme." Comentó, antes de caminar hacia el cuarto de Shirou. Al menos, por el momento sabía que podía hacer mientras.

Iba a tener una larga charla con su hijo.


A/N: Las conversaciones entre Shirou y Waver han sido mi favorito de escribir hasta ahora. Y viendo que aún no han pasado por los eventos que los caracterizan más, tengo la via libre de jugar como quiera con ello. Es muy obvio que voy por la ruta de maestro y alumno, pero esta no ha empezado aún.

Shirou solo ha recibido un par de comentarios por parte de Waver, no ha sido expuesto aun al talento que este tiene para encontrar las fortalezas de uno como magus y saber cómo trabajarlas. También, pues tienen un pequeño rato para formar un vínculo con ser supervivientes de un evento fuera de su control y la culpa del sobreviviente.

Y si, Shirou tiene su trauma. Solo que este no se ha manifestado tan fuerte como el canónico, porque tal cosa ocurre tras la muerte de Kiritsugu.

Waver tampoco es un psicólogo y puede ayudarlo con eso. Esperen que sea una parte más de la travesía de nuestro protagonista.

Ya que hablamos de eso. Si se fijan en los recuerdos de Waver, verán más pistas de la Cuarta Guerra del Fic.

Tenemos el esperado encuentro de nuestros tres protagonistas, y este parece haber salido relativamente bien… Por ahora.

Disfruten la tranquilidad, porque todo se va al carajo en el siguiente capítulo. Y así podemos pasar a lo que todos queremos.

Espero que les haya gustado. Nos vemos en el siguiente capítulo.

Sukracharya (2/10/21)