A/N: Bueno, once días para soltar un nuevo capítulo cuando me tomó unos nueve escribirlo me parece honestamente razonable. Calculo que a este ritmo, podría sacar alrededor de unos tres cada mes, lo cual es excelente.

Porque eso significa que para Julio podríamos potencialmente alcanzar los cuarenta capítulos y por ende, estar ya en Arcos máaaaas interesantes que estos. Pero bueno, tampoco hay que adelantarnos tanto.

Un gusto estar de regreso. Veo que salieron igual muchas Reviews por el capitulo pasado, así que como de costumbre iré a responderlas ahora:

Who-Cares-About-That: Yup, F por Taiga.

Axel466: Gracias, gracias. Yo que tu comienzo a armar la teoría, porque he dejado demasiadas pistas para ser legal (?)

altron15: Gracias. Y pues… Sospecho que me van a acusar de odiar a Rin luego de ver toooodo lo que tengo planeado para ella en esta historia jsjsjs

GustavoIVS: Como mencioné por ahí anteriormente, tener a Taiga amnésica o ignorante de lo que iba a ocurrir simplemente no iba a servir en esta historia, menos con el rol de soporte (Que adivinaste) que le quiero dar.

Tendremos Taiga para rato. Ella es amor, ella es vida.

Soy un escritor generoso. Vas a tener suficientes interacciones entre Shirou y Kohaku en este Arco, hasta aburrirte.

Y Makihisa, no olvidar a Makihisa.

Franz Myers: Literalmente me anda preguntando porque comentabas en ingles xd

Y respondiendo. Este Fic literalmente nació porque pensé un día que estaba paseando al perro: "¿Y si Kiritsugu tuviera cerebro y quisiera ser un mejor padre?"

Sumale a eso varias otras ideas, y pues aquí estamos.

karma12: Viendo como es Taiga… No se me ocurrió mejor forma de escribir su reacción luego de todo esto sin romper su personaje que esa xd

Segunda persona que menciona eso, hmm. Pues en vista de eso, voy a mencionar algo: Hay una relación bastante ligera, pero les aseguro que no es por ni como se lo imaginan.

orocontra2012: Yup, Taiga con T de testaruda. Sobre lo que preguntas.

En este capítulo tienes la respuesta. Y Shirou conocerá al Potter destructor de sillas algún día.

Y no será la única vez que crucen caminos.

Bueno, terminado con eso, pasemos al capítulo.

Recuerden, Nota más grande hasta el final.


AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.


Clave:

'Pensamientos.'

"Diálogo."

Especial

"Voz sobrenatural/Resaltado"

"Taumaturgia."

Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ


Konton no Tatakai

Capítulo Trece

"Retorno al Cubil del Diablo"


"La siguiente parada es Mifune. Pasajeros que tengan como destino a Misaki, pueden bajar por la salida indicada." Anunció el conductor.

Acto seguido, los que habían estado esperando aquel mensaje comenzaron a levantarse lentamente de sus asientos mientras aseguraban sus pertenencias, y esperaban a que quienes estuvieran más cerca de los escalones de la puerta del autobús descendieran ya.

Kiritsugu, Waver y Shirou se encontraban entre los últimos, cada uno arrastrando una maleta. Sorteando a la multitud, se adentraron a la terminal de la estación donde quedaron expuestos a una sala de espera en cuyo extremo alcanzaron a divisar un dispensador de agua, del cual bebieron con el fin de no tener que comprar una botella de agua.

Finalmente, al cabo de unos minutos alcanzaron la salida de la terminal y se sentaron en una de las bancas más largas.

"Ugh, y yo que creía que el vuelo de avión era pesado." Comentó Waver, mientras se acomodaba mejor en la banca. "Fueron dos viajes de tres, dos."

"Y un autobús." Añadió Shirou, mientras apoyaba su nuca contra la pared. "¿Pero porque esta vez no pasamos por Tokyo?"

"En vista de lo que pasó cuando yo fui y para no tomar ningún riesgo, decidí que lo mejor sería evitar una parada en esa ciudad." Comentó Kiritsugu. "Desde Fuyuki fuimos a Nagoya, y de ahí a Chiba, donde no había ningún tren a Misaki pero por fortuna estaba el autobús."

"Y menos mal que había un puesto de comida a un lado de la central de autobuses." Comentó Waver. "Me estaba muriendo de hambre."

"Esa es tu culpa por no haber desayunado." Señaló el pelirrojo, esta vez viendo venir el dedo de Waver y haciéndose a un lado antes de que alcanzara a tocar su frente. "Ja."

"Niños, dejen de pelear." Los separó Kiritsugu, suspirando. Uno era por lo menos arriba de diez años menor que él y podía ser bastante maduro, calmado y perceptivo... Pero a veces cuando interactuaba con Shirou, parecía revertirse a un adolescente.

Quizás si no estuvieran en una situación algo grave, hubiera hasta disfrutado lo hilarantes que eran las 'peleas' entre los dos.

Y hablando de la situación.

"Afortunadamente, la casa estará bien y conseguí avisarle a otros amigos y contactos de Fuyuki que estaremos afuera un tiempo." Entonces le dedicó una mirada a Shirou."Y no creas que te vas a salvar de no ir a la escuela, chico."

El ojiámbar trago saliva, mientras abrazaba su maleta, cosa que hizo que Waver alzara una ceja al mirar el tamaño de esta, así como el de la del mayor.

"¿En serio solo se llevaron ropa y zapatos? ¿Nada más?" Pregunto. "Ni cuando me largue de la casa de mis padres tras venderla tenía tan pocas cosas."

"Yo tengo más que eso aquí adentro." Kiritsugu le dio una palmada a la suya. "Y a menos que sugieras que no lleváramos hasta los electrodomésticos, pues no había razón de cargar de más."

"Oh, buen punto." Waver pareció estar satisfecho mientras veía el estacionamiento que se extendía a poco más de veinte pasos, tras descender unos escalones. A la distancia, varios edificios pequeños y casas se perfilaban por el horizonte, pero todos rodeados por un bosque frondoso que ascendía alrededor de algunas montañas cubiertas con niebla.

Todo parecía indicar que era una población más centrada en el campo que Fuyuki, y la propia atmósfera lo continuaba. Incluso no siendo tan sensible a la energía ambiental, Waver podía detectar que está en Misaki era mucho más densa.

"O estamos cerca de una de las Líneas de Ley, o estas son más fuertes que las de Fuyuki." Comentó.

"Lo segundo, más o menos." Respondió Kiritsugu mientras fruncía el ceño. "Hay múltiples líneas que intersectan aquí y al parecer gracias a un ritual que se hizo hace mucho tiempo, a veces se convierten en el territorio espiritual más grande del país."

"¿En serio?" Preguntó Waver, algo sorprendido con ese dato. "No sé mucho de Japón, pero me imaginaba que un lugar así estaría en un sitio con más historia."

"Y no te equivocas." Kiritsugu lo confirmó. "Supuestamente, la más poderosa de todas está en algún punto de la Prefectura de Kyoto, pero Misaki es más reconocida por la Asociación debido al ritual que se hizo aquí, Fuyuki le sigue y pues Tokyo está en tercer lugar."

"¿Cuál fue el ritual?" Preguntó Waver, mientras que Shirou les escuchaba con curiosidad.

"Me sorprende que no lo sepas. Es la única razón por la cual la Asociación reconoce que Japón no es una esperanza perdida como China." Añadió Kiritsugu con algo de humor antes de finalmente revelar la cosa. "Fue aquí donde la entonces cabeza del Clan Aozaki consiguió abrir un camino hacia la Raíz, y adquirió la última Magia Verdadera conocida hasta ahora."

"¿Ah?" Shirou inclinó su cabeza hacia un costado, mientras que Waver sentía como sus ojos se abrían como platos.

"... ¿Fue aquí?" Preguntó en voz baja. "... Aozaki, con razón entonces."

"Es la segunda vez que escucho ese nombre." Interrumpió Shirou. "¿Quienes son ellos y porque son tan importantes?"

"Son los administradores del lugar, Shirou." Respondió Kiritsugu, volteándolo a ver. "Existen familias a quienes la Asociación de Magos y otras organizaciones nombran como los Segundos Dueños de cierta área. Son quienes por así decirlo, gobiernan el lugar y sus recursos mágicos, y mantienen un orden con las demás familias de magi que viven ahí."

"¿Que el señor Makihisa no era el administrador de Misaki?" Señaló Shirou un poco confundido. "Ni él ni los Tohno son magi."

"Eso le gustaría creer, Shirou." Kiritsugu negó tal hecho. "Actúa como el guardián a veces, pero por mucho poder que tenga sobre el lado oculto de Misaki, bastaría una sola orden del Clan Aozaki para que tuviera que inclinarse ante su autoridad."

Shirou recordó la aterradora aurea del hombre, y se preguntó quienes tendrían que ser las personas esas para que el señor Tohno no tuviera de otra que hacerles caso.

"¿Y si no les obedeciera?" Se animó a preguntar.

"Pues el señor Tohno es lo bastante temerario, o estúpido para considerar eso." Waver respondió. "Aozaki es el único apellido afiliado a la Asociación que viene de oriente y tiene un peso bastante fuerte. La generación actual consiste en dos hermanas, las cuales son monstruos más allá de los estándares de los magi modernos."

"¿Por qué? ¿Qué hacen?" La curiosidad de Shirou parecía aumentar con cada pregunta, pero eso distaba mucho de llegar a molestar a los dos adultos.

"La mayor fue una estudiante genio en la Torre del Reloj hace varios años. Causó especial furor cuando recibió el rango Grand, el máximo que uno puede recibir como magus en la Asociación que denote tus habilidades como uno. Ni siquiera los Lords que la gobiernan pueden alcanzarlo fácilmente, pero ella pudo." Recordó Waver. Touko Aozaki había estado afiliada con las Facultades de Creación y Arqueología, llegando a ser aprendiz de la mismísima decana del primer departamento, y era una leyenda en toda la Torre. Melvin y Gaurika, que venían respectivamente de aquellas facultades, la tenían en especial estima junto con varios de sus conocidos. "Lastimosamente, tuvo una pelea bastante fuerte con un comité de ahí y terminó por ser declarada una Designación de Sellado, eso hizo que escapara de la Asociación y se le perdiera el rastro."

'¿Designación de Sellado?' Shirou memorizo aquel termino, pensando que le seria útil después. "Pero... Si la andan persiguiendo, ¿cómo es que sigue teniendo autoridad aquí si son los de la Asociación los que se la dan?" Pregunto, algo confundido.

Waver se rió por lo bajo. "Ahí es donde entra la hermana menor. Ella también estudió en la Torre del Reloj, y tiene dos apodos que hacen que muy pocos mago consideran meterse con ella. La Pistolera Mágica, porque es capaz de disparar balas de energía increíblemente potentes a una alta velocidad con las cuales podría ser capaz de destruir una montaña."

"..." Shirou trago saliva al escuchar aquel dato, pero aun así se animó a preguntar sobre el segundo. "... ¿Y el otro apodo?"

"Es uno que provoca terror en aquellos que lo escuchan, mucho más que el primero." Waver Comentó gravemente antes de responder de una manera bastante ominosa que le hizo sentir como si estuviera preguntando conocimiento prohibido. "La Azul."

"... ¿La Azul?" Cualquier sensación de suspenso que hubiera estado construyéndose por la reacción del joven, quedó prácticamente arruinada por esas dos palabras.

"Si, la Azul." Repitió Waver mientras comenzaba a asentir como si en aquella respuesta descansaran todos los pesos del mundo.

"La Azul." La mirada de Shirou era equivalente a la de alguien a quien habían estafado y tenía en frente a quien le había vendido tal cosa.

"Si, ya lo dije." Waver soltó, con un dejo de molestia.

"¿Ese es su otro apodo? ¿El más terrible?" Shirou se cruzó de brazos. "¿A quién rayos le da miedo un color?"

"Shirou." Kiritsugu lo llamó, haciendo que se volteara y terminara por toparse con el semblante sumamente serio de su padre. "Waver no te está tomando el pelo. Esa mujer es temida y famosa por una buena razón, y ese apodo está ligada a ella."

"¿Es más peligrosa que tú y ese tal Kaburagi?" Pregunto Shirou, causando que Waver resoplara mientras que el mayor soltaba una carcajada ahogada.

"Mira, Shirou." Kiritsugu le habló una vez que consiguió calmarse. "Imagina que Waver, Kaburagi, yo y la gran mayoría de magi que existen como armas de fuego. Algunos serían pistolas, otros escopetas y quizás uno que otro es un cañón. ¿La Azul? Es un avión de combate que carga misiles. ¿Ya tienes clara la diferencia?"

"... Okay. Entiendo, entonces el señor Tohno básicamente no puede hacer lo que quiera aquí, ya veo." Asintió Shirou luego de procesar lo que acababa de escuchar.

"Bueno, afortunadamente para él, la Azul raras veces aparece por aquí. Hay rumores de que viaja por el mundo como una aventurera y evita sus responsabilidades como administradora." Comentó Kiritsugu, encogiéndose de hombros. "Así que, mientras no haga nada que llame la atención de los demás Aozaki que viven aquí, supongo que todo bien por él."

El silencio envolvió a los tres nuevamente, siendo ocasionalmente roto por algún transeúnte caminando hacia el estacionamiento.

Hasta que fue roto por Shirou.

"Un momento, si la Asociación de Magos le da a una familia autoridad sobre un territorio mágico... ¿Fuyuki tiene una?"

Waver alzó una ceja mientras lo miraba estupefacto, y luego le dirigió otra a Kiritsugu antes de decir. "... ¿En serio jamás le dijiste quienes son los administradores de la ciudad donde vive?"

Para su crédito, Kiritsugu pareció quedarse paralizado una vez que cayó en cuenta de que se le había olvidado contarle aquella cosa tan fundamental a Shirou en los dos meses durante los cuales había comenzado a enseñarle seriamente.

"... Honestamente, se me pasó con todo lo que tuve que investigar." Admitió no con poca pena, causando que Shirou luciera impactado mientras que Waver... Waver se limitó a soltar un suspiro de exasperación y descansar una de sus manos en el hombro izquierdo de Shirou.

"Me compadezco de ti, niño. Me compadezco de ti." Repitió como si fuera un mantra. El ojiámbar se limitó a ignorarlo a la tercera vez, y mantuvo su mirada sobre su padre, buscando aún respuestas. "Esta bien viejo... ¿Pero todo este tiempo hubo otra familia de magi viviendo en la misma ciudad que nosotros? ¿Quienes son?"

"Dos." Le corrigió Kiritsugu. "En realidad, hay dos familias de magi actualmente residiendo en Fuyuki desde hace mucho tiempo. Una de ellas son los administradores de aquí y una buena parte de la zona que colinda alrededor. Son los Tohsaka."

'Tohsaka, Tohsaka.' Aquel apellido se le hizo familiar por alguna razón, pero no le tomó importancia. "¿Y los otros?"

"Matou. Son un linaje más viejo que los primeros, que vinieron desde alguna parte del continente a Japón en el pasado." Kiritsugu se detuvo mientras fruncía el ceño. "Tenia entendido que estaban en decadencia hace unos años, pero al parecer hay un miembro de esta que vive en su casa mientras que el patriarca..."

"¿Kiritsugu Emiya?" Los tres escucharon a alguien hablar y se paralizaron, antes de ver a un hombre bien vestido con una gorra que señalaba a un auto que se había estacionado justo al borde de la acera enfrente de ellos. "Vine recogerlo a usted, a su hijo y a un tal señor Velvet de parte de Tohno-sama."

"...Ah, así que estábamos esperando un conductor." Comentó Waver. "Menos mal."

Los tres caminaron hacia el coche y colocaron sus maletas en la cajuela antes de subirse. Minutos después, este arrancó y salió del estacionamiento rumbo a la calle.

El auto tenía asientos similares a los de una limusina, y aislaba al conductor de donde estaban sentados, dándoles algo de privacidad.

Cosa que aprovecharon al cabo de unos minutos de viaje, cuando Waver rompió el silencio.

"¿Qué clase de persona es Makihisa Tohno?" Le pregunto a Kiritsugu, mientras Shirou miraba por una de las ventanas.

"¿Alguna vez has visto a una hiena?" Le respondió el mayor con otra pregunta que lo dejó perplejo. "Imagínate a una, pero disfrazada de un hombre maduro. Es oportunista, tenaz y guarda una mordida muy viciosa. Suma eso a lo que tiene a su disposición, y tienes a una persona muy peligrosa."

Waver tragó saliva antes de hablar. "No parece que te agrade mucho."

"Y no lo hace." Sentenció severamente Kiritsugu. "No tengo nada contra él. Solo que conozco demasiado bien a los de su tipo y sé lo peligroso que es estar cerca de él, estes en buenos términos o no."

Miró entonces a Shirou, antes de dirigirse a él. "Shirou, ¿algo que le puedas decir a Waver aquí sobre el hombre?"

El pelirrojo volteo hacia el joven y parpadeo. "Da miedo. Makihisa-san da miedo, incluso cuando está siendo amable."

"Muy bien...Entonces un hombre de negocios conectado a lo sobrenatural, es aterrador y no es un magus, entiendo." Comentó Waver mientras se rascaba la nuca. "¿Qué falta? ¿Que también sea un Esper?"

"Pues no es humano." Respondió Shirou, haciendo una mueca cuando Waver lo volteo a ver.

"... ¿Entonces?"

"Tiene sangre de un ser mágico en sus venas. Toda su familia la tiene." Reveló Kiritsugu, casi disfrutando la incomodidad de Waver. "Es un Mestizo de ese tipo."

La palidez que se reflejó en el rostro de Waver le hizo el día.

xXx

Con sumo cuidado, cultivado tras varias veces de haber practicado tal acción, Hisui transportó la bandeja con las tazas y la tetera a través del pasillo. Suspiro aliviada tras ver como la puerta del estudio del maestro estaba a poco menos de unos diez pasos de distancia, y no tardó en recorrer aquel trayecto.

"Makihisa-sama." Llamó desde afuera. "Traigo el té de la tarde." Informo más por costumbre, antes de abrir la puerta y adentrarse en la habitación.

Rápidamente visualizo la mesa rodeada por sillones que yacía cerca del centro de la estancia, y camino hasta ahí solo para depositar la bandeja. Una vez terminada aquella tarea, miró a su alrededor para encontrar al amo de la casa, y lo terminó por divisar parado frente a la ventana, mirando al jardín.

"¿Makihisa-sama?" Le pregunto, pensando que no había notado su presencia.

"Ah, Hisui. Justo a tiempo." Respondió el hombre sin voltearse. "Mis invitados parece que acaban de llegar, viendo que tu hermana sigue atareada en la cocina. ¿Serías tan amable de recibirlos y conducirlos hasta aquí?"

La ojiverde reconocía una orden cuando se le presentaba y asintió, antes de dar media vuelta y salir de ahí, de regreso al pasillo el cual atravesó mucho más rápido al carecer de una carga como la primera vez.

Suspiro mientras bajaba las escaleras, pero aun así saludo silenciosamente a una de las criadas que había llegado recientemente de parte de los Touzaki, que parecía estar arreglando la posición de un cuadro.

Los últimos meses habían sido algo más tranquilos en la mansión. El ánimo del patriarca de los Tohno parecía haberse tranquilizado lo suficiente para permitir el regreso de algunos de los sirvientes que las ramas de la familia habían proporcionado para servicio en la casa, lo cual realmente había sido un alivio para las dos gemelas pelirrojas, quienes apenas podían realizar una octava parte de las labores domésticas por su cuenta.

De por sí, su hermana una parte de la tarde durante los fines de semana en la clínica del viejo Sougen. De no ser por el retorno de los demás sirvientes, la pobre Hisui hubiera tenido que ver su propia carga de trabajo ser aumentada hasta el punto de que la aplastaría bajo su inmenso peso.

Tarareando una melodía que había escuchado en la radio, la pelirroja atravesó el segundo piso y llegó hasta el pasillo principal que terminaba en la escalera que lo unía con la entrada de la planta baja.

Y lo hizo justo a tiempo, porque escuchaba ya a alguien tocando el timbre del otro lado de la puerta.

Cuando Makihisa-sama les había comentado en la mañana que recibirían la visita de un amigo suyo y dos acompañantes de este, las dos habían tenido claro de que sería un día pesado. Pero cuando éste reveló que se trataba de no otro que Kiritsugu Emiya, el padre del chico perdido que había ido a parar a la mansión hace como dos meses, y que justo este era uno de los acompañantes, Hisui concluyó que este pasaría de pesado a interesante.

Recordaba un poco a Shirou. Un chico pelirrojo, con ojos de un ocre brillante y bastante educado para su edad, todos rasgos algo destacables, pero que estaban muy lejos de ser la verdadera razón de porque tenía una renta gratuita en su memoria.

Había sido hasta ahora la única persona de su edad capaz de sortear de alguna manera el muro invisible e invencible que parecía rodear las veinticuatro horas del día a su hermana mayor. ¿Cómo lo había hecho? Ni idea, pero Hisui le estaría agradecida por volverse un amigo de Kohaku.

Lo cual sería mejor si no viviera hasta la otra punta del país, pero que al menos viniera de visita supondría un alza al ánimo de su hermana.

Abrio la puerta, y se topo del otro lado justamente con Shirou, el hombre alto, de cabello negro y puntiagudo junto con un semblante serio que reconoció como su padre, y también un joven europeo con una cabellera que alcanzaba su nuca y lentes.

"Bienvenidos a la residencia Tohno. Makihisa-sama los está esperando." Saludo con una leve reverencia que también había sido practicada numerosas veces. Shirou pareció intentar saludar, pero el hombre que recordaba como su padre se le adelantó, y no deseando hacer esperar de más al hombre de la casa, los condujo directamente hacia su presencia.

Terminaron por llegar al estudio, el cual era justo como Kiritsugu y Shirou lo recordaban, con todo y el dueño.

"Kiritsugu, Shirou-kun, bienvenidos." Les saludo Makihisa, esta vez dignándose a voltear mientras mantenía ambas manos cruzadas en su espalda. Sus ojos grises los escanearon detrás de sus lentes, antes de reparar en Waver. "Y me imagino que tu eres Velvet-san, ¿no es así?" Se dirigió en inglés con un acento muy poco marcado.

El joven británico asintió antes de responder. "El mismo. Es un placer, Makihisa-san."

causando que el mestizo aparentara estar satisfecho antes de indicarles los sillones. "Siéntense, hay té listo para ustedes." Les comento, antes de dirigirse a Hisui. "Regresa dentro de media hora. Voy a requerir de algo de privacidad ahora con ellos."

La ojiverde asintió, y se despidió de Shirou con una mano antes de salir del estudio, cerrando la puerta tras de sí.

Una vez que estuvieron solos, el semblante del hombre cambió ligeramente. "Muy bien. Ahora pueden contarme porque están aquí."

Tres pares de ojos lo miraron sin pestañear, pero fue Kiritsugu quien habló. "¿A qué te refieres? Si te lo conté en la llamada de ayer."

"Si, lo recuerdo." Concedió Makihisa. "Pero requiero más detalles. Tengo el presentimiento de que los voy a necesitar."

Realizó una pausa mientras los acompañaba a sentarse, y le dedicó una mirada a Shirou. "Especialmente porque Shirou-kun está aquí sentado, lo cual me dice algo bastante interesante."

"¿Como que?" Pregunto el pelirrojo, causando que el mestizo mostrará su sonrisa usual antes de responder.

"Tu padre fue muy claro con que no iba a aislarte del todo de este mundo con tal de que no corrieras riesgos, pero dada la situación el que tu estés aquí claramente significa que terminaste por estar involucrado." Junto ambas manos en su regazo, como animando a que lo corrigieran. "¿O acaso estoy equivocado?"

"No, no lo estas." Kiritsugu parecía conservar su poca paciencia en todo lo relacionado con el hombre, porque lo cortó en seco. El mayor no había tocado siquiera su taza de té, prefiriendo mantener los brazos cruzados y la mirada fija en Makihisa. "¿Desde dónde quieres que empiece?"

"Me parece que desde que regresaste a Fuyuki estaría bien." Asintió el magnate, quien tenía su taza ya lista y parecía estar esperando que comenzara el relato.

"Pues ponte cómodo, entonces." Resoplo Kiritsugu antes de comenzar. "Logré llegar a Fuyuki horas después de haberte hablado por última vez, en la noche. Cansado, medio muerto y ansioso por prepararme para ir contra Kaburagi con el fin de no perder ese rastro, llegue hasta mi casa solo para encontrarme con la hija de mis vecinos profundamente dormida y bajo los efectos de un hechizo de sueño."

"... ¿Porque estaría la hija de tus vecinos dentro de tu casa?" Preguntó Makihisa, algo perplejo ante aquel dato mientras ignoraba olímpicamente lo demás.

"Porque era quien se encargaba de cuidar de Shirou mientras yo estaba ausente." Explicó Kiritsugu, algo molesto por la interrupción. "Tras no encontrarlo en la casa, asumí lo peor y justamente termine por encontrarme a estos dos entrando."

Shirou tuvo la sensibilidad de ruborizarse tras escuchar aquello mientras que Waver pareció encontrar bastante interesante el contenido de su taza de té. Las reacciones de ambos elicitaron que Makihisa se riera por lo bajo, imaginando cómo pudo haber sido la reunión.

"Ya veo, entonces hay un lado oculto de la historia que tu hijo y Velvet-san protagonizaron." Dedujo mientras llevaba su mano izquierda a su mejilla y comenzaba a recorrer el pómulo de esta con su índice. "Supongo que es aquí donde uno de los dos nos la cuenta."

Incluso sin tener que mirarlo, Waver sabía que los ojos del hombre estaban prácticamente clavados en él. Respirando hondo, se dirigió hacia este, y comenzó a hablar.

Le tomó casi unos veinte minutos contar toda su parte. Desde el caso de los asesinatos en Londres, pasando por la investigación que había realizado y su llegada a Fuyuki, hasta la desventura que había tenido durante su segundo día ahí, cortesía por la intervención de cierto pelirrojo.

Quien estaba reprimiendo las ganas de decir que el catalizador de que los dos terminarán por llegar a un acuerdo había sido prácticamente el noquearlo con una sombrilla y tenerlo prisionero en un ático.

"Ahora entiendo." Comentó Makihisa una vez que terminó. "Por pura coincidencia, Velvet-san y Shirou consiguieron unir una parte del caso de Kiritsugu con lo que este buscaba. Eso llevó a que ustedes dos decidieran cooperar, hmm."

Sin embargo, frunció el ceño.

"Pero por lo que me contaste, algo salió horriblemente mal."

"Use un código místico viejo para espiar a Kaburagi y conseguir información extra de este por si acaso." Confesó Waver, sumamente apenado. "Sin embargo, este lo descubrió de alguna manera y cambió de plan sin que lo supiéramos. Cuando yo y Emiya salimos rumbo a los muelles a emboscarlo, hizo que sus hombres secuestraran a Shirou y su niñera."

La mueca que se postró en el rostro del hombre fue del todo menos agradable, algo que hizo que Kiritsugu recordará que por muy retorcido que fuera Makihisa Tohno, algo que se tomaba muy en serio era el bienestar de sus hijos. Incluso un ejemplo que no iba al caso no le sentaría bien.

"¿Y qué fue lo que sucedió?"

"Un desastre." Respondió Kiritsugu, resoplando mientras recordaba el desastre que había sido la pelea en el puerto. "Nos tenían amenazados con Shirou y ella, y superados en número. Lo peor fue cuando Kaburagi directamente le apuntó a Shirou, pero entonces..."

"Shirou uso algo peligroso que definitivamente nadie le enseñó." Intervino Waver con un toque de exasperación. "Causó una explosión que nos permitió a Emiya y a mi ponerlos a salvo mientras nos enfrentabamos a los traficantes, y acabamos con la mayor parte de estos. Sin embargo, Kaburagi alcanzó a huir con el último de sus subordinados, y con la carga que le trajeron en una lancha."

"Para limar asperezas. La niñera de Shirou resulta ser la nieta del oyabun local, quien no se tomó la noticia de su secuestro ni de que fue nuestra culpa bien, para nada." Término Kiritsugu.

Antes de que alguien pudiera comentar algo, escucharon a alguien tocar la puerta.

"Makihisa-sama, me pidió que regresara en este tiempo. ¿Requiere de algo?" El claro tono de Hisui sonó desde el pasillo.

El hombre estaba a punto de decirle que no necesitaba nada, cuando pareció tener una mejor idea tras mirar a Shirou.

"Hmm, ahora que lo dices. ¿Tendrías la amabilidad de guiar a Shirou-kun hacia la cocina?" Le pregunto. "Me imagino que alguien ahí estará muy alegre al verlo otra vez."

Kiritsugu parpadeo antes de caer en cuenta de que era lo que quería hacer Makihisa. "Shirou, sal por favor."

El pelirrojo se encogió de hombros antes de levantarse, y hacerle caso. Tras cerrar la puerta de la estancia, se topó con la criada ojiverde del otro lado.

"Hola Hisui." Saludo animadamente.

"Shirou-san." Respondió la niña pelirroja. "Sígueme, por favor." Le dijo antes de señalar al pasillo que conducía a las escaleras.

"Aja, Shirou está bien. No te molestes." Comentó con un gesto de mano antes de comenzar a caminar por donde le indicaba. "¿Cómo estás? Tiempo sin vernos."

"Hmm, muy bien. Shirou, entonces." Asintió la ojiverde una vez que llegaron a las escaleras. "Y estoy muy bien, gracias por preguntar. ¿Cómo estás tú?"

Shirou hizo una mueca ante la pregunta y lució algo incómodo, mientras intentaba disimular. "Eh, bien… Supongo." Dijo. "¿Y cómo está tu hermana?"

Hisui no pareció haber notado el súbito cambio de humor del pelirrojo. "Oh, ¿por qué no le preguntas? No nos tomará mucho llegar a donde está." Le sugirió mientras llegaban al segundo piso.

xXx

Cocinar no era algo que disfrutara hacer realmente.

Aunque, el número de cosas que disfrutaba bien podría contarse con una mano, y aún así sobrarían un par de dedos. Era más un deber para ella que debía realizar todos los días, y con lo que más contribuía en las labores domésticas sin contar la parte en la cual ella tenía que salir al menos unas dos veces a la semana a comprar provisiones para la alacena.

No era tan diestra para la limpieza como su hermana menor ni poseía las dotes serviciales de poder recibir invitados a la puerta. Así que, quedaba relegada a la cocina.

Parpadeo un par de veces al ver como de una de las ollas comenzaba a brotar un aroma particularmente delicioso, y se acercó tras subir un pequeño escalón para examinar el interior de esta. Lo que la recibió abajo no era otra cosa que el estofado, por cuya textura y olor parecía estar listo, por lo que apagó aquella sección de la estufa y se permitió soltar un suspiro de alivio. Con ese, ya solo quedaban dos cosas por terminar.

El hombre de la casa le había ordenado que fuera una comida occidental, cosa que hizo que tuviera que pasar el doble de tiempo de lo que solía en la cocina, intentando preparar los platillos que había elegido tras echarle una mirada a la alacena y concluido que podría tener listos antes de que fuera más tarde.

Debería sentirse hasta molesta por la cantidad extra de esfuerzo que estaba realizando. Pero ese sentimiento brillaba por su ausencia dentro de ella, muy para su sorpresa.

De hecho, notaba como había algo más en sus movimientos. No, era en su actitud realmente; al cabo de varios minutos de estar reflexionando al respecto, había llegado a la conclusión de que se trataba de una fuente de motivación.

Realmente no veía otra explicación fuera de esa.

Se acercó al enorme tazón que contenía una ensalada, y vacío con sumo cuidado un par de gotas de aceite de oliva sobre el plato ligero. Satisfecha, usó una cuchara algo descomunal para revolver los vegetales de esta y los pocos frutos secos que la receta había indicado que llevaban.

"... ¿Le hará falta sal?" Se preguntó así misma, y le echó una mirada al recipiente que contenía el mineral, el cual yacía un par de metros a su izquierda, en un estante.

Tras debatir mentalmente si debía alcanzarlo a no por cerca de un minuto, terminó por menear la cabeza en negativa y se enfocó en seguir revolviendo la ensalada.

La razón de ese peculiar despertar en su actitud el día de hoy podría rastrearse desde la mañana, cuando aquel hombre había invocado a todos los sirvientes disponibles en la casa en aquellos momentos, y les había informado que recibirían visitas en algún punto de la tarde.

Había asumido que sería alguno de sus parientes más cercanos, como los Kugamine o los Touzaki, o quizas algun cliente importante suyo u alguno colaborador, pero cuando mencionó el apellido Emiya, fue difícil para ella no poner atención extra a lo que Makihisa decía.

Kiritsugu Emiya, acompañado de un asociado suyo y su hijo, vendrían a Misaki en unas horas, y tenían un asunto que tratar con él.

El motivo de la visita fue algo que se le escapó a la pelirroja, se había quedado atrapada ante la noticia de que aquel chico iba a regresar ese mismo día.

Fue como si se le hubiera inyectado azúcar en su sistema, porque prácticamente una oleada de energía la había inundado, causando que cumpliera con sus deberes con los ánimos sorprendemente altos. Un intento de su cuerpo para mantener ocupada a su mente durante todo ese tiempo.

Claro, tras dos meses de no tener noticia alguna de él, era lógico que estuviera ansiosa por saber que le había pasado. ¿Cómo estaba? ¿Que había estado haciendo? Y quizás una última que rondaba demasiado por su mente, para bien y para mal... ¿Se acordaba de ella?

"Oh, debo irme ya." Dijo, dirigiéndose hacia ella una última vez antes de comenzar a caminar en dirección hacia su padre. Sin embargo, no alcanzó a dar más de un par de pasos cuando Kohaku sujetó el borde de su camiseta.

"¿Ah?" No alcanzó a preguntar qué ocurría, pues ella se le adelantó.

"¿Regresaras alguna vez?" Pregunto, algo cabizbaja. Aun así, alcanzó a verlo voltear antes de hablar.

"Si logro convencer a mi papa de venir aquí o al menos dejarme viajar, podría venir otra vez." Musito, mientras sus ojos se encontraban con los de ella.

"¿Lo prometes?" La forma en que ella lo preguntaba le sorprendió.

Shirou sonrió, haciendo que ella soltara su camiseta, pero continuará mirándolo, y extendió su mano derecha, dejando que el meñique quedará alzado.

Ella entornó sus ojos antes de entender y extender su mano contraria. Los meñiques de ambos se entrelazaron mientras Shirou asentía.

"Lo prometo."

En respuesta, ella dejó que la sonrisa que había mostrado anteriormente se mostrará en sus labios por un momento, antes de soltar su mano.

Ese recuerdo invadió su mente de la nada, causando que se mordiera un labio. Segunda vez... Era la segunda vez que le hacía prometer a alguien que regresaría a verla.

Claro que la diferencia entre ambos casos no podía ser más marcada.

Mientras que por cerca de dos años había mantenido un diálogo silencioso a fuerza de miradas distantes con el primero, con el segundo había establecido una cadena de ayuda mutua y algo parecido a la confianza que no creía haber podido desarrollar nunca con nadie que no fuera su hermana en menos de un día.

No debería de ser capaz de afectarle para nada... Pero lo hacía, aquella incertidumbre que parecía estar entreteniéndose con asediarla desde la mañana.

Quizás lo peor era que había conservado un memento, entregado por el mismo el día de su partida. Memento que se había encargado de limpiar y mantener en una esquina de su habitación, que encima había sido usado no pocas veces durante aquellos dos meses.

¿El tendría algo remotamente parecido? No conocía la respuesta.

El sonido del horno, indicándole que lo que estaba dentro de este había alcanzado su tiempo límite ahí la saco de sus pensamientos, haciendo que se acercara a apagarlo y abrirlo.

La carne en el recipiente que descansaba en una de las bandejas lucía en el mejor punto de su cocción, y procedió a retirar la bandeja tras colocarse unos guantes, y depositarla en una pequeña plataforma de madera, con el fin de que no se dañara la cerámica de la superficie de la mesa central.

Viendo que los tres platillos estaban listos, se permitió el poder sentarse en un taburete mientras suspiraba.

Sabiendo que Sougen Jinan estaba familiarizado con el pelirrojo, había aprovechado las lecciones que tomaba los fines de semana con él para tratar de preguntar un par de veces por información sobre él de la manera más discreta posible.

... Lastimosamente, el curandero estaba en realidad más familiarizado con el padre, y que solo había conocido la existencia del chico hasta ese mismo día. Con tal de evitar momentos incómodos, Kohaku había optado por mejor no decir nada y limitarse a esperar.

Dos meses después, ahí estaba. Ahora sabía que iba a venir... ¿Pero qué iba a hacer? ¿Tendría que saludarlo primero? ¿Esperar a que él lo hiciera? Ugh, era muy confuso.

Tal vez tendría que preguntárselo a Hisui-chan... Cosa que le llenaba de vergüenza, pues siendo ella la mayor, lo normal era que los papeles fueran opuestos.

Como fuera. Había terminado con su deber ahí, por lo que el paso siguiente sería lógicamente salir de la cocina y preguntar por más instrucciones. Si, eso estaría bien.

Al menos podría mantener su mente ocupada con eso.

Planeando seguir con aquel curso, se levantó del asiento y caminó hasta la puerta. Tomó la manija y la movió hacia un lado, consiguiendo abrirla y camino hacia enfrente...

"¡Waghh!"

Solo para terminar tropezando con alguien parado justo del otro lado. Antes de cerrar los ojos instintivamente, Kohaku creyó pero un destello rojo que le hizo deducir que se trataba justamente de Hisui.

Meneo su cabeza al estar algo aturdida por el golpe y parpadeo un par de veces.

"Ugh." Escucho, causando que se quedara quieta mientras miraba hacia el frente. Aun con la visión algo borrosa, pudo distinguir una figura parada a menos de medio metro de distancia, que estaba también meneando su cabeza.

Movimiento que abandonó, solo para mirarla.

Bueno, el cabello era rojo como el de Hisui... Pero los ojos estaban muy lejos de ser color verde, eran de un dorado algo pálido, parecidos a los suyos.

Y la voz era de chico.

Su visión finalmente se aclaró y la identidad de la persona se le hizo obvia.

"... Auch. ¿Porque siempre que nos encontramos nos tenemos que tropezar?" Se preguntó Shirou, recuperándose ya de estar aturdido mientras parpadeaba. "Y, hola Kohaku."

La pelirroja parecía haberse quedado sin hablar, pues no hacía nada más que mirarlo fijamente. Era como si su cerebro estuviera intentando reiniciarse.

"Ah... ¿Está todo bien?" Pregunto el ojiámbar, mientras pasaba una mano a poca distancia de su rostro y la agitaba enfrente de ella. "¿Hola? ¿Tierra a Kohaku?"

En aquellos momentos, bien podría decirse que ella era una astronauta vagando por la inmensidad del espacio y la voz de su compañero pelirrojo le estaba hablando a miles de kilómetros desde la Tierra.

"Okay, empiezo a pensar que tienes un hechizo." Escucho decirle, y parpadeo tras ver cómo murmuraba algo y una serie de líneas luminosas envolvían el brazo que tenía extendido. Líneas que supo identificar al instante como circuitos mágicos, pues había desbloqueado los suyos hace más de un mes.

Antes de que la mano se acercara, ella la detuvo por la muñeca, causando que Shirou desactivara sus circuitos tras ver cómo había reaccionado.

"Hola. ¿Ahora estás bien?" Le pregunto.

"..." Kohaku asintió, mientras buscaba reprimir a toda costa la ola de nervios que le había invadido de la nada. '¿Qué digo? ¿Qué digo? ¿Qué digo?' Se preguntó una y otra vez en su cabeza, antes de abrir la boca y decir lo primero que se le ocurrió.

"Shirou... ¿Qué haces aquí?" Le pregunto, deseando casi al instante haberse quedado callada tras escuchar lo que acababa de decir. 'Tierra, trágame por favor.' Pensó.

Shirou inclinó su cabeza hacia un costado de una manera curiosa antes de responder. "Oh... Pues, Kiritsugu, Waver-sensei y yo llegamos hace como media hora aquí y estuvimos un rato en el estudio de Makihisa-san. Él le pidió a Hisui que me trajera aquí para saludarte."

'¿Hizo eso?' Kohaku desecho esa pregunta en favor de otra. "¿Hisui-chan? ¿Dónde está ella entonces?"

"¿Ah? ¿Que no está detrás de-... " Shirou se dio la vuelta, esperando encontrar a la gemela ojiverde, solo para toparse con un comedor desprovisto de gente, salvo para ellos dos. "... Mi?" Término, algo perplejo por su súbita desaparición.

Al voltearse, dejó al descubierto una curita sobre su labio que llamó al instante la atención de Kohaku. No solo por su forma, sino que también por el hecho de que ocultaba pobremente una herida similar a una que había visto recientemente.

El fin de semana anterior, lo había pasado en la clínica de Jinan-shishou y había visto como este había atendido a una mujer con un moretón algo más grande en la comisura de sus labios. Uno que había sido causado por un golpe directo en esta.

Que Shirou mostrarse uno casi igual dejaba una sola idea en su mente. Alguien le había golpeado ahí, y no hace mucho tiempo.

"Estás herido." Ella señaló, causando que Shirou se volteara y la mirara antes de ver a donde estaban dirigidos sus ojos. Se rasco la nuca algo incómodo, y entonces habló.

"Ah, eso. Fue algo de ayer, no te preocupes." Le dijo, pero la pelirroja solamente se acercó y levantó el índice de su mano izquierda, viendo que aún tenía la derecha ocupada, sosteniendo la muñeca del ojiámbar.

"Quédate quieto." Le instruyó, y antes de que pudiera protestar, la punta del dedo de Kohaku reposo sobre su herida y muy para su asombro, vio como unas líneas luminosas aparecían sobre el brazo de la chica.

Circuitos Mágicos.

Kohaku se concentró en la pequeña herida y mandó un leve pulso de energía mágica mientras murmuraba la pequeña oración que había memorizado. Siguiendo aquellos comandos simples, enfocados a cerrar algo así de simple sin muchos problemas, el hechizo cobró resultado, muy para su satisfacción.

Al cabo de medio minuto, retiró finalmente su dedo mientras desprendía gentilmente la curita, revelando la piel de Shirou sin aquella marca a simple vista. Claro que muy por dentro aún había uno que otro punto sin unir, pero estos se cerrarían solos en cuestión de horas o un día entero, posiblemente.

"Oh." Shirou llevó su mano libre hacia donde tenía la cicatriz y recorrió con sus dedos la zona, no sintiendo ni el menor ardor. "Ya no me molesta. Gracias, Kohaku. ¿Eso fue taumaturgia médica?"

La pelirroja asintió, sintiendo una punzada algo agradable tras escuchar ese agradecimiento. "Si, es una de las pocas cosas que he aprendido últimamente. Jinan-shishou me ha estado entrenando para ser curandera desde hace unos dos meses."

"Oh, eso es genial." La felicito Shirou, visiblemente alegre. "Parece que también estás aprendiendo taumaturgia. Seguramente lo harás de maravilla."

"Bueno..." Kohaku titubeo por un par de segundos. "Realmente no tanto... Jinan-shishou me enseña mas Kanpō, medicina tradicional con hierbas, brebajes y otras cosas. La taumaturgia es lo que menos toca."

"Ya veo." Comentó Shirou. "Ha de ser interesante, ¿tu quieres ser una curandera cuando seas grande, entonces?"

"Debido a su naturaleza, a los Tohno y sus parientes les conviene más este tipo de medicina que casi todo lo moderno." Respondió la pelirroja mientras se encogía de hombros. "El señor piensa que será útil tener a una mucho más cerca de la familia."

"Oh." Shirou parpadeo, notando como la expresión de la chica se endurecía por un minuto. "¿Y has estado haciendo eso estos últimos meses entonces? Yo solo fui a la escuela y Kiritsugu comenzó a enseñarme seriamente algo de taumaturgia, jeje."

No se le escapó a Kohaku como el pelirrojo lucio por un segundo algo entristecido antes de soltarlo, y nuevamente las semillas de la sospecha terminaron por plantarse en su cabeza.

"... ¿Algo pasó relacionado con eso para que te lastimaran?" Le pregunto con cautela, y supo que había dado en el blanco cuando Shirou se estremeció.

Y entonces cayó en cuenta de lo intrusiva que acababa de sonar, y soltó su muñeca mientras daba un paso hacia atrás. "Perdón, no debí de preguntar eso." Se disculpó.

Shirou desvió su cabeza y echó un suspiro. "No pasa nada." Le respondió antes de intentar sonreír. "La verdad, es que sigo sin saber qué pensar de todo eso. Todo sucedió tan rápido y..."

Se quedó callado, provocando que Kohaku mordiera uno de sus labios inferiores. En su mente, comenzaba a unir los puntos.

Recordó de aquella conversación que hubiera preferido mantener sepultada en el fondo de sus memorias. Una con el señor, que le había dicho que el padre de Shirou había tomado un trabajo para él.

... Que él estuviera aquí con su hijo, y en una reunión con el hombre.

"¿Qué sucedió?" Se animó a preguntar.

El pelirrojo soltó un último suspiro mientras se encogía de hombros. "No puedo decirte todo porque no lo se, pero voy a intentar contar una parte."

Kohaku asintió, y pronto quedó inmersa en el relato del chico. Ninguno de los dos noto como un par de ojos verdes los estaban espiando desde la puerta del comedor, y la dueña de estos asentía satisfecha tras ver cómo interactuaban.

Hisui se separó finalmente de ahí y se permitió el sonreír, antes de dar la media vuelta y caminar por el pasillo de vuelta al tercer piso. Por muy bonito que fuera ver a su hermana mayor convivir con alguien de su edad, aún tenía deberes que cumplir.

xXx

"Ahora que el chico no está, puedes soltar lo que estabas esperando para decir." Sentenció Makihisa tras asentir, viendo como la expresión de Kiritsugu no cambiaba, lo que indicaba que había dado justo en el clavo.

Waver los miro a los dos, como intentando comprender a que se estaban refiriendo antes de entornar sus ojos, captando un mensaje oculto.

"Debido a que mi relación con los Fujimura es tensa en estos momentos, lo mejor sería tener que trasladarnos a vivir un tiempo en Misaki." Admitió Kiritsugu con un toque de molestia que el mestizo se limitó a ignorar, mientras alzaba una ceja. "Tómalo como un cobro por adelantado de la segunda condición de nuestro acuerdo."

"¿Oh?" Makihisa lució algo sorprendido por un par de segundos, pero su interés pudo más. "¿Vamos a pasar a esa medida tan rápido? Fue más temprano de lo que esperaba. ¿No te parece apresurado?"

"No será como tu crees, no me iré a ninguna parte." Declaro firmemente Kiritsugu. "Solo que después de lo que sucedió ayer, Shirou va a necesitar estar más que protegido."

"Entiendo, entiendo." Makihisa lo detuvo con un gesto de mano. "Debió de ser una experiencia terrible, pero en mi opinión ese hombre enfocaría más su ira sobre ti al ser responsable de 'arruinar' su operación, entre otros estragos que le infringiste según lo que me has contado."

"Tohno, Shirou le atravesó la mano casi por completo con un cuchillo y lucía completamente fuera de sí cuando lo vio. Mientras siga respirando aun si no lo perseguimos, buscará la forma de desquitarse, esos hombres son todos iguales." Kiritsugu respondió secamente. "Prefiero no tomar ningún riesgo. Y si eso significa tener a Shirou bajo la égida de tu territorio, que así sea."

Waver tuvo que reprimir un ligero escalofrío cuando su anfitrión se quedó callado. Cuando Kiritsugu y Shirou le habían hablado de Makihisa Tohno, se había hecho una idea de que se trataba de un hombre cuyo aspecto era la viva imagen de un hombre de negocios de mediana edad. Más o menos tomando de referencia las apariencias de varios hombres de la Torre del Reloj.

Pero a quien tenía a pocos metros de distancia... Estaba bastante alejado de aquella idea que había conjurado. Makihisa Tohno era mucho mayor que Kiritsugu Emiya, eso podía notarlo a simple vista.

Pero aun así conservaba cierto estilo en sus facciones que le daban una apariencia que no se veía mermada del todo por la edad. Estas eran afiladas, tanto como para evocar en Waver la sensación de identificarlo casi como alguien peligroso.

Aunque eso tenía sentido, viendo que le habían dicho que se trataba de un Mestizo, y uno con la sangre de demonios en sus venas.

Se sintió casi mal cuando cayó en cuenta de que le recordaba extrañamente a Melvin... Si este fuera mucho más mayor, maduro y hubiera cultivado una especie de aura que lo volviera más imponente.

"Pues espero que tengas en mente una estrategia para mantenerlo distraído, pero muy bien. ¿Esa es la única razón?" Cuestiono Makihisa, quien era lo suficientemente taimado para detectar que aún faltaban cosas que decir.

"No." Kiritsugu negó con la cabeza. "Aprovechando la cercanía, confío en que pueda contar esta vez con uno que otro recurso tuyo para terminar con este trabajo."

Y le dedicó una mirada hacia Waver. "¿Dices que puedes estar al menos una semana más aquí? Porque vamos a tener que aprovechar todo ese tiempo al máximo."

"Ah-ha, mas o menos." Admitió mientras se rascaba la nuca. "Si hago un par de llamadas, quizás logre quedarme hasta un mes."

"No tengo ningún problema en proporcionarte alojamiento y a tu hijo. Demasiadas habitaciones sobran en esta casa, y hay más de una propiedad en la ciudad a mi nombre que puedo ofrecer como renta." Respondió Makihisa, mientras acomodaba sus gafas. "Recursos por otra parte, eso es de lo que tengo mis dudas."

Se tomó una pausa de varios segundos antes de explicar. "Viendo que ahora la persona que persigues tiene una cara identificada y que encima vas a estar cerca, me parece que convertiría nuestra conexión en un secreto abierto." Parpadeo mientras fruncía el ceño, con un gesto que le recordó a Waver a una especie de felino disgustado. "Recordarás como te comente todos esos meses atrás que lo último que necesitaba era que nuestro misterioso oponente aplicara presión sobre mi."

"No lo olvide." Respondió Kiritsugu antes de presionar. "Y es por eso que pido que nos asistas ahora. Si actuamos lo suficientemente rápido y esta vez nos encargamos de recuperar lo que tu quieres, mas aparte despachar a Kaburagi o a quien sea que te amenazo, terminaríamos todos bien."

Se dirigió hacia Waver directamente. "Y por supuesto, tú recuperarias lo tuyo tambien y puedes tener tu desquite."

"Solo busco llegar al fondo de esto, nada más." Aclaro Waver, cruzándose de brazos. "Si quisiera sumergirme en intrigas y tretas así de peligrosas, me metería a la política de la Torre."

"Todo eso es muy alentador, si." El tono casi sardónico de Makihisa sonó nuevamente, llamando la atención de los dos. El patriarca de los Tohno naturalmente no parecía estar convencido del todo, y la expresión que portaba era un fiel testamento a ello, pues se podía notar a todas luces lo escéptico que se sentía. "¿Pero poseen realmente ahora alguna pista del paradero de ese hombre o están intentando vender oro de tontos?"

Kiritsugu y Waver compartieron una mirada antes de que el mayor asintiera. "Hay una. Sabemos que Kaburagi vino en helicóptero desde Tokyo, y escapó por una lancha. Si quería salir de Fuyuki lo más rápido posible, es lógico asumir que seguramente intentó llegar hasta este apenas pudo. Viendo en qué medio de transporte estaba, y las cosas que tenía que cargar..."

"Es probable que el sitio esté cerca de algún cuerpo de agua que conecte con la bahía de Fuyuki." Completo Waver. "Desconozco la cantidad de lugares con helipuertos cercanos a la redonda de Fuyuki, pero ya desde ahí tenemos un rastro prometedor."

"Interesante conclusión, Velvet-san." Concedió Makihisa de una manera que le fue incapaz de detectar si se trataba de sarcasmo o no. "Sin embargo, mucho me temo que omitieron un pequeño detalle. Ese presunto rastro está justo en la otra punta del país. ¿Que acaso se proponen regresar ahí a investigarlo?" Levantó una ceja, haciendo ademán de mostrarse perplejo.

"Esa es solo una mitad." Intervino Kiritsugu en ayuda del joven. "El helicóptero salió de Tokyo, de eso no hay duda. Y seguramente hay un número limitado de estos, y dicha cifra desciende más con los registros que hay en alguna oficina de la metrópoli. Con solo saber cual de ellos partió para Fuyuki hace unos dos días tenemos ya el rastro en nuestras manos... Y se pone mejor si resulta que este está de regreso en Tokyo."

Tras escuchar aquello, el semblante de Makihisa pareció cambiar lentamente hasta adoptar una expresión que sólo podía ser descrita como complacida una vez que unió los puntos.

La sonrisa, de casi fiera que adorno sus facciones no pasó para nada desapercibida y bastó para comunicarle a los dos que parecían haberse ganado algo más del apoyo del hombre.

"¿Qué tendría que hacer, entonces?" Preguntó, con una anticipación bastante marcada.

"Intentar investigar por alguno de tus empleados la lista de helicópteros de Tokyo, legal o no sería un buen comienzo." Respondió Kiritsugu, antes de recordar otra cosa. "A propósito. ¿Aún sigues con lo otro que te pedí?"

"¿Que cosa?" Makihisa parpadeo, preguntándose a que se refería el antiguo mercenario, hasta que finalmente se dio cuenta. "Ah, ya veo. Los papeles de la autopsia oficial de Saitou Reiroukan. Se donde están, pero no he tenido la oportunidad de obtener una copia de estos."

"Ya veo." Asintió Kiritsugu, mientras que Waver reaccionó a aquel nombre, tras recordar lo relacionado con este que había vivido.

"¿Reiroukan? ¿El Master de Caster?" Pregunto.

"Era una de mis primeras pistas para empezar." Comentó Kiritsugu antes de resoplar. "Vine a Tokyo para intentar seguirla, pero por un golpe de suerte termine por cruzar caminos con Kaburagi y ya sabemos como termino eso."

Makihisa por su parte, le dedicó una mirada algo extrañada a Waver tras escuchar sus preguntas.

"¿Familiarizado con la Guerra del Santo Grial?" Pregunto con curiosidad, atrayendo la misma emoción por parte del joven.

"Más que eso." Respondió Kiritsugu con un toque de humor. "Waver Velvet fue el Master del Servant Rider hace dos años. Imagina mi sorpresa al volverlo a encontrar."

"Otro participante de ese ritual, hmm." Makihisa emitió una risa por lo bajo al enterarse de ese dato como si le hubieran contado un chiste. "La sangre llama a la sangre. Es como si estuviera atrayendo a quienes entraron a esa carnicería, debería estar empezando una colección a este paso."

"¿Ah? Digo... ¿Que?" Waver sacudió la cabeza, perdiendo un poco de su compostura.

"Uno de sus ancestros tuvo la fortuna de participar en la Segunda Guerra, según el." Le aclaro Kiritsugu sin cambiar su tono. "Lo que sea que les paso ahí, fue suficiente para que decidieran no intentar tentar su suerte otra vez."

"Y eso es algo que voy a conservar." Sentenció Makihisa, antes de juntar sus manos otra vez y mirar a los dos. "Caballeros, ¿hay algo más que tengamos que discutir aquí?"

Waver hubiera respondido que no y esperaba que la conversación llegara a su fin ahí por el momento, pero ver como Kiritsugu abría la boca mató aquella expectativa.

"Una cosa más, Tohno." Kiritsugu endureció su expresión. "Hace tiempo dijiste que si traía resultados, hablarías de la razón."

"¿Razón?" El mestizo ladeo su cabeza hacia un costado, mientras que sus ojos grises perforaban su silueta.

"El porque quieres esos Ojos Puros. Tanto que los llamaste un tesoro incalculable para los Tohno." Presiono Kiritsugu.

"Ah, si. Es verdad." Reconoció Makihisa. "Prometí eso hace tiempo."

"¿Y entonces?" Kiritsugu entonces miró a Waver. "¿O quieres que sea algo que solo lo escuche yo?"

Makihisa resoplo. "Sería lo ideal por tu propio bien, pero como lo prefieras. No te lo contare de todas formas. Te lo voy a mostrar."

La forma en que lo dijo no podía haber sonado más ominosa. De ahí a que los dos parpadearan cuando añadió.

"Mañana, por supuesto."

"¿Qué?" Kiritsugu lo miró extrañado. "¿Por qué no hoy?"

"Porque no me apetece tener que pasar justamente ahora un tiempo en mi biblioteca privada para extraer solo esa cosa. Además, tengo algo de hambre ya y es la hora del almuerzo."

xXx

Kohaku escuchó lo que estaba segura de que era el resumen de una historia bastante fascinante. Más de una vez noto como su compañero pelirrojo titubeaba en algunas partes, así como también omitió uno que otro detalle, pero dejó eso de lado.

Bien le había dicho que no podría contarle y ella podría respetar ello.

Se limitó meramente a asentir, parpadear y ladear su cabeza hacia un costado ocasionalmente, para mostrar que estaba poniendo atención. Y ciertamente le era difícil no quedar enfrascada con lo que Shirou estaba contando.

Descubrir un día de la nada como un magus de los que te había advertido tu padre estaba en tu casa y había puesto un hechizo en tu hermana. Se estremeció de solo pensar cómo actuaría ella en las mismas condiciones.

El ojiámbar por su parte, había logrado no solo mantenerse lo suficientemente cuerdo para no ser presa de aquella persona, sino que encima había conseguido incapacitar al magus, saliendo ileso en el acto.

Ser expuesto a una conspiración que había ocurrido del otro lado del mundo y a la que posiblemente su padre estaba implicado.

Ayudar a dicho magus a resolver un misterio que involucraba ir a una casa embrujada.

Ser secuestrado por una banda de criminales mágicos junto con tu hermana. Y tener que pelear como pudiera para escapar de ahí, pero no sin antes usar taumaturgia aprendida para electrocutar a los criminales... Y aparentemente atravesar la mano del jefe de ellos con un cuchillo arrojadizo generado con magia.

Una vez que Shirou hubo terminado, se topó con el rostro de Kohaku reflejando una miríada de emociones distintas, entre las que reconoció asombro, temor, preocupación... ¿E indignación?

No tuvo ni tiempo de porqué preguntar el porque de lo último, pues la pelirroja simplemente alzó su mano a la altura de su frente, y disparó su dedo índice, asestándole un golpe en la sien con este.

"Auch." Se quejó Shirou, creyendo por un segundo haber escuchado la voz de Waver en forma fantasmal riéndose de él. "¿Y eso porque fue?"

Kohaku parpadeo nuevamente antes de retirar su mano. "Me contaste que ese joven que es tu sensei te hace esto a menudo, quería probarlo."

Una excusa sacada en último momento para no tener que decir que más de una parte del relato le había preocupado, y pues se vio con la necesidad de desquitarse de una forma.

Shirou alzó una ceja, como prácticamente diciéndole que no le creía. Tuvieron un enfrentamiento de miradas que duró medio minuto, hasta que Kohaku terminó por ceder, y se sorprendió al hacerlo.

"Fuiste muy descuidado... Tienes que preocuparte más por ti." Admitió, mientras miraba hacia un costado, intentando evitar su mirada. "No porque puedas disparar rayos significa que puedas actuar así."

"..." Shirou reprimió inconscientemente el impulso de querer morder su labio, antes de reclamar. "¡Pero si tuve cuidado! Solo que..." Frunció el ceño, recordando aquella sensación de impotencia que había sentido el día de ayer demasiadas veces para su agrado.

"No te estoy regañando." Comentó Kohaku tranquilamente, volteándolo a ver nuevamente. "Solo ten mas cuidado, ¿si?"

"Vale, lo haré." Respondió Shirou antes de menear la cabeza. "Y no, no puedo disparar rayos. Ni que fuera Raiden."

La pelirroja frunció el ceño. "Pero... Eso me dijiste que hiciste. ¿Entonces qué fue lo que paso?"

La respuesta que recibió consistió en Shirou encogiéndose de hombros. "No se ni que rayos hice." Comento con algo de humor al ver que acababa de hacer un juego de palabras. "Solo paso, y Waver-sensei me regaño por usar una taumaturgia que no conocía."

"Hizo bien." Asintió Kohaku mientras levantaba el índice de su mano derecha. "Se supone que lo que menos debes hacer con la taumaturgia son cosas que no conoces. Te puedes lastimar."

"Lo se, lo se." Shirou meneo la cabeza, algo molesto. "Solo que no tenía de otra en esos momentos...Fue lo único que se me ocurrió."

Al escuchar eso, Kohaku recordó justamente cual escena había sido esa del relato y sintió una punzada en su mente, sospechando que algo había mantenido oculto de esta.

"Y claro, tambien me regaño con la otra cosa que hice." Suspiro Shirou, mientras alzaba un poco su cabeza. "Pero luego casi se le cae la mandíbula cuando dedujo que lo hizo porque mis dos 'atributos taumatúrgicos' son la misma cosa según él y papa."

"¿Que?" Kohaku lucio perpleja al escuchar eso último. "¿Cómo es eso?"

Shirou puso los ojos en blanco antes de respirar hondo. "Mis atributos taumatúrgicos, Elemento y Origen son la misma cosa. ¿Sabes que son esos?" Le pregunto, sospechando entonces que quizás era como él hasta el día de ayer e ignoraba ese dato.

Pero Kohaku le probó lo contrario al instante.

"Se lo que es el Elemento." Respondió mientras asentía. "Jinan-shishou me habló de este hace unas semanas y me dijo cuál era el mío. Agua."

Entonces meneó la cabeza antes de añadir. "Pero no se que es lo segundo. Es la primera vez que escucho de eso."

"Ah, ya veo." Shirou mordió nuevamente su labio mientras pensaba en una manera de cómo explicarle ese concepto a la pelirroja. Al cabo de casi un minuto, creyó tener en su mente la respuesta. "Mira, ¿ves como un Elemento te dice en qué clase de magias puedes ser bueno?" Vio como Kohaku asentia, antes de continuar. "Pues hay otra cosa que es más especial. Tu Origen."

Frunció el ceño cuando llegó a la parte difícil. "Es un... Hmmm, ¿cómo lo digo? Imagina que tu alma tiene una etiqueta con el nombre de una cosa. Y que esa cosa te representa, mas o menos."

"Okaaaay." Kohaku alzó una ceja, intentando dibujar en su cabeza lo que estaba entendiendo.

"El Origen a veces es tan fuerte que puede ser tu Elemento también." Comentó Shirou. "Y pues, ese es mi caso. El mio de alguna forma se convirtió en mi Elemento."

"¿Y qué es entonces?" Le pregunto Kohaku con mucha curiosidad.

"Espada." Respondió Shirou. "Eso me dijo Kiritsugu. Mi Origen es Espada, y mi Elemento también. Creo recordar que Waver-sensei llamó a eso ser 'Una encarnación' o algo así."

"¿Espada?" Kohaku tocó su mano con un dedo. "... Eso es único. Escuché que para los chinos existe Metal como elemento, pero no así. ¿Pero qué tiene que ver eso con la otra cosa que dijiste que hiciste?"

"¿Quieres que te lo muestre?" Ofreció Shirou, causando que ella asintiera luego de pensarlo por unos instantes.

"Muy bien." El pelirrojo dio la vuelta hacia su derecha y extendió su brazo de ese costado mientras abría la mano de este. "Trace on."

Kohaku miro como sus circuitos mágicos se manifestaban en su brazo, y parpadeo tras ver como una silueta algo larga y de contextura etérea comenzaba a perfilarse sobre su mano, y soltó un respingo cuando ésta tomó la forma de un cuchillo bastante extraño que parecía estar ganando color.

Entonces, Shirou pasó su otra mano por encima de la longitud de este, dejando atrás una figura mucho más real. Una vez que terminó, en su mano reposaba dicho cuchillo. Cuchillo que Shirou le ofreció tras mover su mano con cuidado, indicandole que podía tomarlo de su mango.

"Adelante, solo ten cuidado con el filo." Le dijo.

La pelirroja envolvió el mango, y lo retiró con mucha cautela de la mano de su compañero antes de acercarlo a ella. Hizo pasar el índice de su mano opuesta por la aplanada hoja y se maravillo con lo que estaba sintiendo.

"Se siente... Real." Admitió con sorpresa, mientras acercaba ahora otro de sus dedos a la punta, y colocaba con algo de cuidado la yema de su pulgar ahí. Procuro no presionar mucho con tal de no herirse, y sintió como sus ojos se abrían de par en par al comprobar que de empujar más, podría cortarse. "No... Es real. ¿Qué hechizo es este? ¿Invocaste esta cosa o que paso?"

Shirou negó con la cabeza, rechazando dos puntos de lo que había dicho ella.

"No, no es real. Es solo una copia." Admitió, antes de tocarlo con uno de sus dedos. "Está hecho con Proyección."

"¿Proyección?" Kohaku miró el cuchillo con sospecha, y dirigió dicha mirada al pelirrojo. "No te creo. Aprendí eso hace unas semanas y solo te permite crear una ilusión de algo que no dura ni un minuto y no se puede tocar."

"Ah, es que también tiene otros dos hechizos." Añadió Shirou, mientras retiraba su dedo de la Proyección. "Alteración y Reforzamiento para poder rellenar su forma y volverla más dura. Funciona bastante bien."

Y entonces dejó escapar un resoplido exasperado. "Pero luego viene Waver-sensei a decirme que combinar tres hechizos distintos en una sola cosa en tu primer intento no es posible. Y resulta que según él, solo pude hacerlo porque esa cosa es más o menos parecida a una Espada."

"Oh." Dijo Kohaku mientras le daba una palmada al cuchillo, antes de que un pensamiento invadiera su mente cuando lo miro bien. "Un momento... ¿Esto fue lo que le aventaste a esa persona?"

"Sip, proyecte una igual y la arrojé con todas mis fuerzas desde donde estaba." Comentó Shirou mientras asentía.

"..." Kohaku le echó una mirada al pelirrojo, después a su brazo y por último otra al cuchillo. "Tienes mucha fuerza en ese entonces... Y buena puntería."

"Ahm... En realidad, sólo reforze mi brazo para poder arrojarla... Y bueno, empecé a practicar tiro con dardos hace unos días." Admitió Shirou, rascando su nuca ante aquel comentario, ignorando como Kohaku lo estaba viendo como si le hubiera cambiado el color de la piel y el cabello de la nada.

"Eso es... Wow." Comentó, tras no saber exactamente qué decir. Meneo la cabeza para poder sacudir sus pensamientos, y miro entonces al cuchillo. "Y oye... ¿Cuánto tiempo dura esta cosa? ¿No estás gastando energía al mantenerla aquí?"

Shirou parpadeo antes de comprobar que sus circuitos estaban apagados, y meneó la cabeza. "No, no estoy haciendo nada."

"Oh, bueno. ¿Podrías hacer que desaparezca entonces?" Le pidió mientras se lo pasaba. "No creo que sea buena idea que alguien pase por aquí y vea esto."

"Ah..." Shirou se quedó callado cuando se dio cuenta de que hasta ahora, jamás había pensado en cómo deshacer una de esas proyecciones especiales. "Bueno, es que... Nosecomohacerlo."

Confesó, causando que Kohaku alzara una ceja, incrédula ante la respuesta.

"... ¿Como que no sabes? Tu lo hiciste." Señaló ella, como si fuera la cosa más obvia del mundo.

"Si, pero es la tercera vez que hago una de estas." Admitió Shirou mientras protestaba. "Jamás pensé cómo deshacerme de ellas, normalmente se van solas... Y antes solo proyectaba unos dardos y después los reforzaba. Se terminaban rompiendo después de arrojarlos unas cuatro o más veces."

"Pues entonces, vas a tener que inventar una manera ahora." Se cruzó de brazos la pelirroja. "Eso, o tendremos que esconderlo en la cocina y rezar que nadie lo note."

Shirou pareció considerar lo último por un segundo, antes de menear la cabeza y mejor colocar su mano en el kunai, frunciendo el ceño mientras intentaba pensar en algo.

"Ugh." Se quejó. "No tengo idea de qué hacer."

"¿No puedes comandarle que desaparezca o algo asi?" Sugirió Kohaku.

Shirou se encogió de hombros antes de activar nuevamente sus circuitos mágicos y concentrarse en el cuchillo. desvanecete." Ordeno, pero lo único que recibió fue como el cuchillo seguía perfectamente descansando en su mano, casi como burlándose.

"... Al menos lo intentaste." Le animo Kohaku tras ver aquel fallo. "Prueba de nuevo. ¿No tienes algún hechizo que cambie el objeto o algo así?"

"Podría intentar reforzarlo más... Pero eso solo lo rompería, y ahora tendríamos que lidiar con los trozos aquí." Admitió Shirou, estando tentado a hacer eso o usar mejor Alteración para convertir el kunai en algo más conspicuo como una esfera de metal o que sabía el.

"¿Y no hay como una forma de regresarlo a como era antes de que le pusieras esos hechizos?"

Aquella nueva idea pareció convencer a Shirou, y lo hizo enfocarse nuevamente en el kunai. Intento mirar la capa del reforzamiento, pero solo encontré más agujeros que podían ser llenados... Muy para su molestia.

Kohaku supo que lo que decía no era posible con solo ver su expresión.

"Hmm, eso es más difícil de lo que pensaba." Admitió ella, preguntándose si esa sería la taumaturgia que Shirou se vería forzado a usar. "Supongo que vamos a tener que recurrir al plan B. Ojala fuera como un fantasma y se fuera."

'Fantasma' Shirou escuchó aquella palabra, y creyó recordar como las primeras proyecciones que había visto cuando Kiritsugu le mostro el hechizo respondian mas o menos a ese nombre.

¿Seguirian siendo casi lo mismo las suyas a pesar de estar reforzadas y alteradas?

'Bueno, hay solo una manera de averiguarlo.' Concluyó Shirou antes de colocar nuevamente su mano en la hoja.

"Trace on." Murmuró, enviando un pequeño pulso de energía mágica que le mostró nuevamente una pantalla en su mente con la estructura de la proyección. Pero no era ningún detalle lo que quería ver.

No, no. Lo que él necesitaba era algo más alejado...

Se concentró en toda la silueta, y pasó su mano sobre la hoja, como intentando averiguar más.

'Esto no es real.' Pensó, casi como si estuviera intentando convencerse a pesar de saber que no estaba equivocado. 'Es creado por mi. No es real, debería ser capaz de desaparecerlo.'

Fue en ese instante que la imagen de su silueta comenzó a parpadear débilmente, y dos palabras llegaron a su cabeza.

"Trace off." Musito, y como por arte de magia, el kunai en su mano se disolvió en motes de luz, como si nunca hubiera existido.

Kohaku dio un ligero aplauso al mirar aquello. "Ah, lo lograste." Lo felicito.

"Jejeje, gracias." Dijo, mientras sonreía.

Fue en eso que escucharon los pasos de varias personas acercándose por el otro extremo del pasillo, y trataron de actuar con normalidad antes de ver a Makihisa, Waver y Kiritsugu entrar por la puerta, siendo acompañados por Hisui.

"Oh. Y justo aquí encontramos al hijo pródigo." Comentó Makihisa una vez que sus ojos reposaron en los dos. "Kohaku, confío en que la comida ya esté lista."

La pelirroja asintió antes de hacerle una seña a su hermana, y ambas se dirigieron a la cocina, solo para regresar con los recipientes de esta, los cuales colocaron en la mesa ya preparada en la cual se sentaron los adultos y Shirou.

La comida no tomo tanto, y consistió en parte en una conversación cuya mayor parte trato de Makihisa acribillando de preguntas a los tres de cosas casuales, pero el foco de su atención, muy para el entretenimiento de Shirou fue no otro que Waver, quien parecía sentirse como un tenista contra un cañón de pelotas, intentando desviar todas las que podía, pero siendo golpeado por más de una en el proceso.

Durante todo ese tiempo, las gemelas permanecieron paradas en un rincón, observando a la espera de instrucciones. Y una vez que el almuerzo llegó a su fin, las recibieron.

"Una vez que hayan terminado de recoger todo esto y lavarlo, tienen libre el resto del día." Anunció Makihisa, sintiéndose magnánimo por el momento. "Iré a hacer unas cosas y luego estaré en mi estudio y por favor, que nadie me importune si no hay alguna emergencia." Pidió.

Una vez dicho eso, el hombre de los ojos grises se retiró del comedor con pasos muy calmados.

Las sirvientas pelirrojas se apresuraron a comenzar a cargar con las cosas que había en la mesa, y dirigirse hacia la cocina donde yacía el fregadero. Shirou estuvo a casi nada de ayudarlas por mero reflejo, pero fue detenido por Kiritsugu cuando esté colocó una mano en su hombro.

Al voltear a ver a su padre, se topó con este negándo con la cabeza. "Shirou, no."

"Pero..." Intentó protestar, siendo cortado en seco por Kiritsugu.

"Ese es su trabajo, Shirou. Está bien que quieras ayudar, pero ahora no." Kiritsugu endureció un poco la mirada hasta que Shirou finalmente pareció resignarse, y sonrió, antes de darle una palmada en la cabeza. "Buen chico."

Shirou puso los ojos en blanco al ver a Waver reírse por lo bajo. "¿De que hablaron con Makihisa-san mientras no estaba?"

"Cosas que tenemos que hacer para terminar ese trabajo." Suspiro Kiritsugu, aun no consiguiendo acostumbrarse a la idea de que tenía que ser más abierto en el caso con su hijo. Pero los mendigos no pueden permitirse el lujo de ser exigentes, así que ahí estaban, para bien y para mal. "Por ahora pues, Tohno va a tener que ponerse las pilas mientras mueve a las pobres personas a las que les paga para que investiguen cosas que necesite saber."

El pelirrojo parpadeo, en parte decepcionado por no recibir tantos detalles. "¿Solo eso?" Pregunto, no consiguiendo mantener fuera de su voz tal sentimiento, cosa que no pasó desapercibida para Kiritsugu.

"Shirou." Le hablo mientras suspiraba. "No vas a meterte más en esto, sabes lo peligroso que es. Si te dijimos esas cosas en Fuyuki es porque después de lo que pasó, te merecias al menos eso. .. Pero ya, estas demasiado chico para estar más involucrado en algo así."

"... Pero, quiero ayudar." Protesto el ojiámbar, causando que Kiritsugu esta vez resoplara mientras escogía sus palabras con cuidado. Volvió a colocar una de sus manos en su hombro, y finalmente habló.

"Ya hiciste suficiente, Shirou." Le dijo. "De no ser por ese hechizo con la piedra rúnica, la hubiéramos pasado muy mal. Y también, con arrojar la proyección hacia Kaburagi, evitaste que me pudiera disparar."

Shirou pareció sonreír al escuchar eso, pero aun así intentó insistir una vez más. Solo para que Waver interviniera.

"Déjale esto a los adultos, Shirou. Un niño no tiene nada que hacer en algo así. ¿Quién te crees? ¿Batman?" Comentó de buen humor el joven.

Con eso, Shirou terminó por resignarse y emitió un suspiro propio antes de preguntar. "Bien... ¿Nada más hablaron de esa cosa entonces? ¿Qué es lo que vamos a hacer aquí? ¿Qué es lo que voy a hacer aquí?"

"Bueno, pues parece que si vamos a tener que vivir en Misaki un tiempo." Finalmente lo confirmó Kiritsugu con algo de exasperación. "Probablemente sean unos meses. ¿Cuántos? No lo sé la verdad."

"Oh..." Shirou ya había escuchado la probabilidad de que eso terminara pasando, pero era muy diferente recibir la confirmación de frente. "Eso es..." Se quedó callado, al ver que no sabía realmente cómo sentirse ante la noticia.

Muy en parte para evitar pensar en Fuyuki y en Fuji-nee. Se preguntó cómo estaba ahora, y poco le faltó para que un aura depresiva se formará sobre su cabeza.

"A mi tampoco me gusta, pero aquí estamos." Comentó Kiritsugu, interpretando la reacción de Shirou como desagrado ante la noticia. "Descuida, no será por mucho y estoy seguro de que te gustara el lugar."

Shirou asintió. "¿Dónde vamos a vivir entonces? Dudo que vaya a ser aquí, no quiero ni imaginar cómo te sentirías al convivir todos los días con Makihisa-san."

Muy para el asombro de tanto él como Waver, Kiritsugu se estremeció como si un escalofrío hubiera recorrido su espalda.

"Nunca." Respondió mucho más rápido de lo que quería. "Quizás más tarde, cuando finalmente termine de desocuparse de lo que sea que está haciendo ahora, podré revisar con el algun lugar de aquí que nos pueda servir como casa."

"Y no te olvides que Shirou necesita ir a la escuela." Recordó Waver mientras encontraba súbitamente bastante interesante el tapiz de la pared, ignorando así la mirada traicionada que el pelirrojo le estaba dirigiendo.

"Es cierto." Dijo Kiritsugu. "Bueno, menos mal que mañana empieza el fin de semana. Es tiempo suficiente para investigar cuáles escuelas hay aquí e inscribirte en una, así entrarias a clase en algún punto de la siguiente semana."

"Ugh." Shirou emitió un quejido ininteligible.

Fue en eso que escucharon como una puerta se abría, y vieron como Kohaku y Hisui salían de la cocina, agotadas. A juzgar por más de una parte de sus manos y brazos, era lógico asumir que habían lavado todos los platos.

"Shirou. " Hisui le habló, llamando su atención. "Kohaku quería preguntarte si quieres ver una película con nosotras." Le ofreció, mientras sonreía pícaramente al notar como su hermana mayor apartaba la mirada.

Shirou parpadeo ante el ofrecimiento, y le dirigió una mirada a Kiritsugu, prácticamente preguntándole en silencio si podía.

"Claro, adelante." Lo animó el pelinegro, dándole otra palmada en su cabeza. "Diviertete un poco."

El pelirrojo sonrió antes de voltearse a ver a las gemelas y asentir, y fue en ese instante como sintió como la ojiverde agarraba uno de sus brazos con una mano, mientras que con la otra sujetaba uno de los de su hermana.

"¡Muy bien, vámonos entonces!" Exclamó, antes de prácticamente comenzar a correr hacia la entrada del comedor, arrastrando a los otros dos pelirrojos, muy para el entretenimiento de Waver.

"Bueno, parece que no va a ser realmente un problema el mantener distraído a Shirou ahora, ¿eh?" Comento, mientras que Kiritsugu se permitía el resoplar.

"Algo es algo. Además de que necesita amigos de su edad." Sentenció por su parte. "Menos mal que aquí parece tener ya dos."

Del otro lado del pasillo, Hisui se estaba dirigiendo ya hacia la escalera hacia el segundo piso. Naturalmente, había soltado a los otros dos, sabiendo por experiencia que intentar arrastrarlos escaleras arriba bien podría terminar con alguno tropezando.

Kohaku y Shirou por su parte, estaban intentando recuperar su aliento luego de la carrera improvisada, y estar subiendo escalón tras escalón realmente no les favorecía.

"Ugh... Escaleras." Se quejó por lo bajo el ojiámbar, mientras que a su lado, su compañera pelirroja asentía y murmuraba algo que bien hubiera sido una especie de maldición arcaica.

"Ay, no exageren." Les recalco Hisui una vez que llegaron a la segunda planta. "Ya casi llegamos de todos modos."

"¿Tienen un cuarto de televisión especial?" Preguntó Shirou, recordando lo grande que era la mansión. La idea de tener una habitación destinada a un solo televisor... Se le hacía un poco rara, era como una especie de cine casero a sus ojos.

"Makihisa-sama compro la televisión más grande que vio una vez en un comercial, y remodeló uno de los cuartos especialmente para tenerla ahi." Le respondió Hisui, causando que Shirou alzara una ceja mientras le echaba una mirada tentativa a Kohaku, como esperando que confirmara el dato.

La pelirroja asintió en silencio mientras llevaba el dedo índice de su mano derecha a ese costado de su cara, y comenzaba a hacerle girar.

Shirou trago saliva y asintió por su parte. "Okaaaay. Eso es raro. ¿Y que tan grande es entonces?"

Hisui sonrió mientras miraba por encima de su hombro. "Ahora la vas a ver."

Y fue en ese entonces que abrió una puerta a la izquierda y reveló una habitación donde lo primero que llamó su atención fue un gigantesco sofá donde fácilmente cabían unos tres adultos.

Los niños entraron antes de cerrar la puerta detrás de sí, y tuvieron que parpadear luego de que Kohaku encendiera la luz. Fue en ese entonces que Shirou miró del otro lado de la habitación y casi dio un paso hacia atrás cuando se topó con la inmensa pantalla que yacía ahí.

"... ¿Estás segura de que la compró de un comercial y no de una sala de cines?" Le pregunto a la ojiverde, causando que esta se riera.

"A veces me pregunto lo mismo, Shirou. A veces me pregunto lo mismo." Le respondió antes de saltar hacia el sofá y aterrizar cómodamente en el lado izquierdo, donde le dio una palmada al cojín principal, invitándolos a sentarse.

"Vengan." Dijo, antes de comenzar a buscar el control remoto, el cual halló debajo de una almohada luego de un par de segundos. "Aja... Ah, lo olvidaba, hay bolsas de palomitas en ese mueble y un microondas arriba." Señaló.

Shirou miró hacia la dirección donde apuntaba, y vio como en un rincón del cuarto estaba dicho mueble, con ese electrodoméstico encima y un par de cajones. Miró entonces a Kohaku, antes de preguntarle.

"¿Tu vas a querer?"

Ella pareció pensarlo un rato, y terminó por asentir, causando que el comenzara a caminar hacia el mueble para prepararlas, solo para ser detenido por la pelirroja.

"Deja que yo lo haga. Ve y siéntate." Le ordenó, casi hasta empujándolo contra el sofá mientras ella caminaba. Shirou protestó ligeramente, pero terminó por suspirar antes de sentarse del lado opuesto del sofá.

Noto como Hisui se estaba riendo nuevamente por lo bajo, algo que no dejo de hacer aun después de ver cómo la había descubierto, y alzó una ceja.

"¿Qué?" Le preguntó la ojiverde mientras jugaba con el control remoto. "Verlos interactuar a los dos es divertido. Nee-san me recuerda a veces a un pez fuera del agua cuando tiene que hablarte."

"Te estoy escuchando, hermanita." Comentó Kohaku del otro lado de la habitación, mientras veía como la bolsa de palomitas dentro del microondas daba vueltas y vueltas.

La forma en la que hablo sumado al comentario de Hisui, que le hizo imaginarse una carpa roja con ojos dorados, causó que Shirou también se riera, lo que le valió que Kohaku lo mirara, como si quisiera regañarlo, provocando que este se riera un poco más fuerte, muy para el entretenimiento de Hisui.

"Ay, justo a eso me refiero." Dijo, mientras se limpiaba una lágrima imaginaria de sus ojos y encendía la televisión. "Bueno, a ver que hay para ver hoy."

El canal en el que se encendió la pantalla mostraba las noticias de la tarde, cosa que le valió ser cambiado al siguiente que estaba reproduciendo uno de pesca.

Kohaku finalmente se les unió, y tomó asiento en medio de los dos, dejando un cuenco con palomitas en su regazo, del cual Hisui se apresuró a tomar un puñado.

Shirou intentó hacer lo mismo, solo para sentir la mirada ojiámbar de Kohaku plantada en él de una forma muy inquietante.

"Eh-jejeje." Rio Shirou, mientras acercaba tentativamente su mano. "¿Puedo?"

"No." Respondió al instante Kohaku, ganándose un zape por parte de su hermana. "Auch."

"Nee-san, no seas asi." La regañó Hisui, consiguiendo que Shirou tomara también una parte de las palomitas. La ojiverde siguió cambiando de canal en canal mientras fruncía el ceño. "¿En cual pasaban buenas películas?"

"Creo que en Medakiku." Comentó Shirou, tomando otro puño de palomitas. "¿Pero cuál es el numero aqui? En Fuyuki es el diecisiete."

"Oh, es el veinticuatro aquí." Respondió Hisui antes de apretar los botones con aquellos números. Justo estaba iniciando una, cuyo título rezaba ya en la pantalla.

"¿Parque Jurásico?" Los tres alzaron una ceja antes de compartir miradas, y casi encogerse de hombros al mismo tiempo.

"Bueno, ¿por qué no?"

Varios minutos después, habían quedado inmersos ya en la película. Ni siquiera estaban conversando, y su silencio era ocasionalmente roto por el sonido de las palomitas.

Todo parecía indicar que el resto de la velada sería así, hasta que Hisui lo rompió cuando soltó un suspiro.

"Extrañaba hacer estas cosas en grupo." Mencionó, mientras se acomodaba mejor en el sillon. "Raras veces lo hago con nee-san, y antes…" Se quedó callada.

El ojiámbar supuso que se estaba refiriendo a los hijos de Makihisa-san, y terminó por decirlo en voz alta, para la sorpresa de la ojiverde.

"Recuerdo que Kohaku me había hablado de la hija, y que estaba en una escuela privada o algo así." Comentó Shirou.

"¿Akiha-sama?" Hisui tomó un puñado de palomitas. "Ah, si. Ella está en la Academia Privada Reien, muy afuera de Misaki. Pero no ha regresado a vivir aquí desde que Makihisa-sama la mandó para allá."

Shirou asintió, preguntándose si lo que ella sentía iba a ser parecido a lo que él iba a tener que experimentar ahora que estaba lejos de su casa. Terminó por comer un par de palomitas más, mientras veía como en la pantalla el programador gordo estaba saboteando algo en un panel de control.

"El otro hijo, pues sigue con una familia un poco lejana ya que está delicado de salud." Hisui suspiro, mientras intentaba concentrarse en lo que estaba viendo en la pantalla, pero se notaba que el tema se lo impedía. "Shiki-san. Normalmente sería el heredero de la familia, pero..."

"El señor supuso que sería muy duro poner tal responsabilidad en alguien enfermo." Añadió Kohaku. "Así que ese puesto fue a parar a la señorita mientras que el fue adoptado por los Arima."

"El nombre de la familia relacionada con los Tohno, supongo." Dedujo Shirou. "¿Son algo así como primos?"

Hisui abrió la boca para responder, y casi de inmediato la cerró al darse cuenta de que no tenía una respuesta concreta. "... Ahora que lo dices, no tengo ni la menor idea de cómo están emparentados. De hecho, no se ni siquiera lo están todas las demás ramas familiares de los Tohno."

"Los Kugamine son primos directos. El heredero de estos es hijo del hermano del señor." Añadió Kohaku, intentando ayudar.

"¿Ramas? ¿Hay más de una?" Shirou no pudo evitar alzar una ceja al escuchar aquello.

"Muchas." Continuo la ojiámbar. "Sin contar a los Arima y los Kugamine, estan los Touzaki, los Saiki y los Kishima."

Shirou no pudo evitar imaginarse a un ejército de Makihisas posando para una foto familiar tradicional, y luego añadió a Kiritsugu en la imagen, teniendo espasmos.

Fue en ese entonces que la película reflejó la escena del tiranosaurio haciendo su primera aparición, y que por una coincidencia la puerta se abriera, revelando a Makihisa.

Tres pares de ojos lo voltearon a ver, mientras que el hombre de la casa le echaba una mirada a la película, solo para alzar una ceja.

"Veo que se divierten." Comentó, antes de encogerse de hombros. "Una vez que hayan terminado, lleven a Shirou-kun a una de las habitaciones vacías después de que hayan tomado el equipaje que quedó en el primer piso. Disfruten de su película."

Y terminó por cerrar la puerta e irse, causando que los tres soltaran un respiro de alivio que no sabían que estaban conteniendo.

"... Momento, ¿osea que tu, tu padre y el amigo ese si van a pasar la noche aquí?" Pregunto Hisui.

Shirou se encogió de hombros. "Según el viejo, que mañana Makihisa-san le ayudará a encontrar un sitio donde viviremos mientras tanto."

"¿Oh? ¿Mañana?" Hisui se volteó hacia su hermana. "Es sábado, ¿no? Te toca ir con Jinan-jiji."

Kohaku asintió. "Si, dijo que íbamos a hacer una entrega."

"¿Una entrega?" Pregunto Shirou, con curiosidad, a lo que la ojiambar comenzó a intentar explicarle en qué consistia lo que iba a hacer con el curandero. En todo ese tiempo, evito pensar en la actitud de aquel hombre así como en la sospecha que tenía sobre qué era lo que había estado haciendo.

xXx

Makihisa caminó lentamente por el pasillo hasta finalmente alcanzar la escalera que lo conducía hacia la tercera planta. Había casi una serenidad en sus pasos que hasta un monje podría llegar a envidiar, y que a simple vista podrían hacerle creer a un observador casual que se trataba de una persona con la consciencia plenamente tranquila.

Cuan equivocado estaría.

Él raras veces estaba tranquilo, y más durante la noche. Toda clase de punzadas y demás sensaciones desagradables se cernían sobre su conciencia en aquellas horas. Intentando distraerse de estas, se concentró en algo lo suficientemente efímero para que no quedará consumido por aquello.

Su mirada se fijó en los escalones que estaba recorriendo, y se preguntó cuántas veces los había cruzado en sus casi cuarenta años de vida. Demasiadas veces para poder contarlas, seguramente. Demasiadas.

No tenía nada más que hacer luego de su pequeña visita al sótano. Karin, la criada que su tío le había enviado, tenía una instrucción parecida con los dos adultos a la que él le había dado a las gemelas.

Solo quedaba sacar lo que necesitaba.

Aquello alcanzó a salvarlo, pues no tardó en llegar hasta su destino. El pasillo del tercer piso no podía lucir más desolado, tal y como él prefería.

Era casi una norma no escrita que en ese lugar solo podían estar quienes la cabeza de la familia permitia que andarán. Procuro no distraerse más, y finalmente llegó hasta su estudio.

Más por costumbre que por precaución, cerró la puerta mientras le echaba una mirada a la estancia. Sus ojos reposaron por un momento en el escritorio que alguna vez había conectado íntimamente con su padre, y meneó la cabeza. El lugar detrás de este le pertenecía a él, y solo a él, al menos hasta que muriera.

Alguno de sus hijos podría sentarse detrás de este en el futuro...

"Tsk." Gruño, algo irritado al solo pensar en eso. "Concentrate a lo que viniste." Habló consigo mismo, mientras daba una vuelta hacia su izquierda y comenzaba a caminar a uno de los libreros.

Los estantes estaban repletos de diversos tomos, algunos no precisamente muy modernos, y una que otra pieza de parafernalia que conservaba. Escaneo los títulos que alcanzaba leer de estos, mientras buscaba el que necesitaba.

Tropezó con más de un libro de arquitectura e historia, que se limitó a adornar hasta que finalmente encontró el que buscaba.

"Rashōmon." Musito, extendiendo su brazo para sacarlo de su lugar. Depósito el libro en otra parte del estante, topándose con un pequeño ídolo que tenía una forma grotesca; una silueta antropomorfa con rasgos monstruosamente exagerados así como colmillos y cuernos sobre una piel verrugosa.

Pero a Makihisa poco le importó la apariencia de la figurilla, pues se limitó a morder la yema de su pulgar, hasta que de la herida surgiera una gota de sangre. Acto seguido, estampo ese dedo en la boca de la figurilla y espero pacientemente.

El sonido de algo deslizandole le indico que estaba hecho, y retiró la mano, de ahí antes de ver como una parte del librero se había recorrido hacia un lado, revelando así un compartimiento secreto detrás de este.

No era muy grande. Apenas media alrededor de unos tres metros de largo y unos dos de ancho y altura, pero contenía lo suficiente. Unos dos cofres de tamaño respetable descansaban en frente de él, y más de una caja fuerte permanecía adosada contra la pared.

Makihisa acarició su mentón, como intentando recordar cuál era el que debía abrir hasta que finalmente se decantó por el de la derecha, solo para reparar en el candado que lo mantenia firmemente cerrado y del cual no tenía la llave.

"Tsk." Maldijo por lo bajo antes de notar cómo la herida de su dedo no se había cerrado. Concentrándose, logró que una cantidad mayor de su sangre brotará y cubriera su mano.

Pero lejos de ser derramada en el suelo, pareció cobrar vida y repartirse equitativamente entre los dedos de Makihisa hasta alcanzar las puntas de estos.

Entonces este arañó el candado con esa mano en un brutal movimiento que bien pudo haber cortado el aire. El sonido del metal quebrándose se escuchó, y los restos del candado de hierro cayeron al suelo.

Makihisa contempló la garra improvisada que había formado, y suspiró antes de concentrarse un poco. Al cabo de unos segundos, toda la sangre regresó por donde vino y la pequeña herida se cerró y desapareció, casi como si nunca hubiera estado ahí.

La poca calma que había conseguido mantener durante meses, se había desvanecido en tan solo un acto, pero así era la vida. Lo que fácil llega, fácil se va después de todo.

Meneo su cabeza antes de finalmente abrir el baúl y echar un vistazo hacia el interior. Lo que le esperaba allí era una colección de cajas antiguas y uno que otro objeto de apariencia singular.

Ignoró olímpicamente una especie de cráneo que era demasiado grande para haberle pertenecido a una persona y finalmente sonrió triunfalmente cuando encontró un pergamino enrollado en uno de los rincones.

Lo levantó con sumo cuidado y salió del compartimiento, solo para colocar el libro en su lugar y que este quedara oculto una vez más.

Entonces caminó hacia su escritorio y depositó el pergamino en este, antes de abrirlo. El papel era viejo, increíblemente viejo, y no necesitaba ser un experto para saber que la edad de este superaba con creces la de su linaje, y eso sin contar que el contenido que tenia escrito facilmente poseía más de un milenio en existencia.

Con uno de sus dedos, comenzó a apuntar a una de las oraciones de este hasta terminar en una especie de grabado en el centro, el cual tocó más de una vez. No era ni de broma capaz de entender mucho del pergamino, pero sí que conocía bien su propósito.

"El Sublime Elixir de Acala." Dijo en voz baja.

Todas las familias viejas del país conservaban reliquias así de una forma u otra. Los Tohno no eran la excepción y de hecho, se habían aferrado de una manera casi desesperada a esta.

Quién sabe, a qué cosas lo habían hecho otros.

xXx

El auto se detuvo en frente de la acera, sobre la cual se abría un camino que conducía a unos escalones anticuados, pero que permanecian en buen estado. De este descendió Kaburagi, vestido de una manera más formal, seguido de otros dos hombres a una usanza tradicional.

"¿Está aquí?" Pregunto de manera imperiosa mientras examinaba el lugar con una expresión cuidadosamente neutral.

"Asi es, Kaburagi-san. Aquí es donde Akane-sama ha designado como el sitio para el ritual." Le informó uno de los hombres, causando que el traficante mordiera su lengua antes de señalar a la cajuela del vehículo.

"En ese caso. Saquen eso de ahí." Les ordenó antes de comenzar a caminar hacia los escalones.

Los hombres obedecieron sin decir palabra alguna, y terminaron por cargar un maletín metálico, herméticamente sellado.

Fue entonces que el grupo de cuatro subieron las escaleras, hasta llegar a la entrada de un edificio mucho más antiguo que estás, cuya estructura delataba por completo cuál era su función.

Un templo.


A/N: ¿Que podemos decir de este capítulo? Pues tenemos nuestro retorno a Misaki donde tomará lugar el resto del Arco. Este consistirá en básicamente atar los cabos que quedaron sueltos en el anterior y servir como otro de los pilares fundamentales de la historia.

Más de un evento que tome lugar aquí va a ser sumamente importante en el futuro.

Se nos vienen una que otra revelación, un poco de World-building y la aparición de más de algún personaje del Nasuverse conectado al sitio. Ponganle un condon, porque se viene.

Algunos comentarios míos del capítulo, pues.

Sep, el dúo Emiya va a residir en Misaki por un tiempo. Nada como otra excelente forma de tirar el canon por la ventana.

Luego de lo que hice en el prólogo, ya no tengo problemas escribiendo a nadie que haya usado ya. De hecho, hasta lo disfruto.

Pasar por las interacciones de Shirou y las gemelas fue mi parte favorita. Pero igual se que tengo aún mucho que aprender y mejorar.

Espero que hasta ahora, les haya gustado como va la historia.

Porque tengo planes muy grandes para esta, y quiero hacerlos realidad aun si me toma años.

Nos vemos en el siguiente capítulo.

- Sukracharya 13/11/21