A/N: Bueno, después de un mes, regresamos. Me hubiera gustado haber podido sacar esto antes, pero la montaña de trabajos de la universidad simplemente me lo impidieron.
Al final, menos mal que logré sacarlo antes de que terminara el año. Siento mucho la espera.
Pasemos a contestar reviews.
- Josegeronimo Lujan: A estas alturas, es inevitable que Shirou interactúe con más personajes de Tsukihime, Ciel y Shiki incluidos. ¿Cómo será su relación con ellos? Está por verse. Gracias por tus buenos deseos.
- maxtime: Me alivia que sientas que todas esas interacciones hayan fluido de manera natural. Sufrí mucho al escribir un par por no estar convencido xD
Felices fiestas de Diciembre.
- orocontra2012: La respuesta la verás en este capítulo.
- GustavoIVS: Ese barco va a tener unos buenos ocho años para ser armado (?) ¿Logrará zarpar? Solo el futuro podrá decirlo.
Makihisa es también mi favorito de escribir. Si tuviera más tiempo, hasta consideraría llevar un fanfic aparte con su historia, tipo Gaiden.
Bueno, terminado con eso, pasemos al capítulo.
Recuerden, Nota más grande hasta el final.
AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.
Clave:
'Pensamientos.'
"Diálogo."
Especial
"Voz sobrenatural/Resaltado"
"Taumaturgia."
Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ
konton no Tatakai
Capítulo Catorce
"Dioses y Demonios"
El patio principal que se extendía frente al templo poseía una buena vista. La atmósfera que se manifestaba sobre el lugar seguramente inspiraría una serenidad inmensa normalmente durante el día. Pero de noche, era un caso muy distinto.
Más opuesto no podía ser, ya que el ambiente estaba envuelto por un silencio sepulcral. Uno demasiado prolongado para ser natural y que probablemente ya le hubiera puesto los pelos de punto a más de una persona ajena a todo lo que estaba ocurriendo ahí..
Incluso entre los cuatro hombres que entraron y que caminaban ya hacia este, no podían negar que hasta cierto punto se sentían algo inquietos por la ausencia de ruido.
Aun si todos ellos estaban inmersos en lo oculto.
Kaburagi noto como el campo delimitante que absorbía el sonido parecía estar más que activo y se preguntó cuántos otros y de qué tipo estaban desplegados a lo largo del lugar. Los Yakou protegían celosamente sus posesiones, y realizaban un esfuerzo doble para mantener sus actividades lo más recónditas posibles de los ojos de la familia que poseía el derecho de gobernar la región.
Barreras, hechizos de defensa y protección, familiares sirviendo de patrulla y por supuesto...
Casi oculta por la penumbra, detrás de uno de los pilares del edificio central del templo, alcanzó a ver la silueta apostada de una persona sosteniendo un arma de fuego. El casco amarillento que terminaba en unas mandíbulas fue más que suficiente para que pudiera identificar de qué se trataba.
"Somos nosotros." Le habló uno de sus acompañantes, dando un paso hacia adelante con tal de que el Hornet lo viera. El guardia meramente se limitó a mirarlos por un par de segundos antes de asentir y regresar a su puesto.
Fuera de aquella leve interrupción, no tuvieron ningún problema en entrar y atravesar la cámara del templo hasta llegar a un patio interno en medio del complejo.
Desde la poca altura sobre la cual se encontraba, Kaburagi alcanzó a divisar el inmenso círculo mágico dibujado en el suelo con sangre, tinta y otras cosas que no reconoció. El círculo en cierta forma podría decirse que era una obra de arte; una efigie de gran tamaño que poseía numerosos grabados de caracteres muy poco usados y cadenas de sellos ornamentados.
En medio de esta, podía apreciarse la imagen de una especie de humanoide de gran tamaño cuyos rasgos más peculiares consistían en tener cuatro dedos en cada mano, con las cuales sostenía un saco sobre su cabeza así como los ojos grandes y saltones que recordaban a un sapo que poseía, y los colmillos de fiera que se asomaban de sus gruesos labios.
Pero el traficante no se quedó a apreciar más la imagen. En su lugar, camino hasta llegar al patio y se dirigió hacia la figura de una mujer anciana, vestida con un kimono negro que lucia al menos mas de un siglo de edad, que le estaba esperando al borde del dibujo.
"Yakou-dono." La saludo con una leve reverencia.
"Kaburagi-san." Akane Yakou se volteo a encararlo y entorno la mirada al ver sus manos vacías. "¿Y el producto?"
"Los hombres que usted envió a escoltarme lo están cargando." Le reveló antes de voltear a ver a los tres que ya se estaban acercando. "Lo puede ver aquí mismo."
Ella asintió, pero no mostró ningún signo de estar satisfecha. Apenas sus ojos se posaron en el maletín metálico, emitió una sola orden.
"Abranlo y muestrenmelos." Exigió a sus subordinados, quienes se apresuraron a obedecer. Uno de ellos sostuvo el medio mientras otro desabrochaba la cubierta y lo abría, revelando así el contenido para la anciana.
Unos cuatro cristales de un color azul pálido que emitían un brillo fantasmal pudieron apreciarse sobre un interior tapizado con un rojo acolchado, cada uno contando con un áurea que podía confirmarle incluso a aquellos que no tenían ni un ápice de aptitud sorcerica, que eran de naturaleza indudablemente mágica.
"Cuatro cristales de maná completamente puros e intactos. Directamente comprados a los Galliasta." Confirmó Kaburagi, mientras hacía un esfuerzo por evitar pensar en los de menor tamaño que tenía en su bolsillo. Tener que desprenderse de cuatro de ese calibre le dolía, pero a veces uno tenía que hacer sacrificios.
"Muy bien. Coloquenlos cuatro en donde yo les indique." Les instruyó antes de señalar cuatro puntos exactos en el borde del círculo mágico. Más de uno reparó en que se trataba de las cuatro direcciones cardinales, pero no lo comento mientras terminaban aquella labor.
"Ahora, ustedes dos vayan hacia ese altar. Encontraran ahí un baúl ricamente adornado, tráiganlo aquí, es imposible que lo confundan con otro." Señaló hacia una parte del complejo, antes de añadir mientras se dirigía al tercero una vez que los otros dos se pusieron en marcha, "Mientras tanto, ve hacia este otro y dile a ese arrastrado de los Isemi que traiga a mi hijo."
El hombre asintió algo tembloroso antes de caminar hacia donde le había indicado su empleadora, dejando a los dos, solos.
"¿Un Isemi aquí?" Kaburagi alzó una ceja mientras echaba una mirada algo cautelosa a sus alrededores. "Mencionaste en la llamada que tenían a Yukinobu en uno de sus hospitales... ¿Pero tener uno aquí con este proceso? ¿Es eso prudente viendo a quienes sirven?"
"Los Isemi son unas cucarachas. Solo saben esconderse, arrastrarse ante la menor señal de problemas, alimentarse de los desperdicios de los demás y rehusarse a morir." Resoplo Akane con desprecio, antes de que la comisura de su labio se torciera en una sonrisa. "Pero tienen una buena cualidad, se prostituyen con cualquiera que quiera pagar por sus servicios."
"Pero si son las putas de los Reiroukan. ¿Que les impide irse con el chisme a sus amos y que estos lo tomen como excusa para hacer lo mismo que hicieron hace más de cien años?" Pregunto Kaburagi.
"Simple. Que nosotros somos quienes más les damos beneficios actualmente." Reveló Akane, impasible. "El interés propio es la causa más pura de todas, y también la más confiable. Las personas pueden traicionar sus creencias, a sus amigos y hasta a la familia, pero pocos son quienes tienen el valor de hacer lo mismo con lo que desean."
"Oh." Aquel dato fue guardado meticulosamente en la mente de Kaburagi, pero cuya perplejidad aún estaba lejos de terminar. "Aun así, tengo mis dudas. ¿Que les detiene de ir aun con el chisme y usar la ira de los Reiroukan y posiblemente los Sajyou y las demás familias para poder apoderarse de los bienes de tu Clan?"
"Que son unos cobardes." Sentenció la anciana con algo de burla. "El perro que conoce al amo que solo le da un hueso al mes no posee la suficiente fuerza de voluntad para traicionar a quien le da uno cada semana, menos si sospecha que seguirá recibiendo esa miseria de ración. Además, siempre es bueno tener material de sobra para asegurar que algunas bocas permanezcan cerradas."
El traficante captó el mensaje oculto de inmediato y asintió. No era necesario que preguntara más; era obvio que los Yakou estaban chantajeando a los Isemi con algo suficientemente comprometedor para asegurar la cooperación de estos. Probablemente se trataba de los tratos que habían estado haciendo por debajo de las narices de los Reiroukan, que de ser descubiertos, pondrían a los Isemi en una posición terriblemente incómoda, cuyo peor escenario sería básicamente que estos fueron aventados desde el pedestal que tenían, directo al mar del submundo de Tokyo, donde las demás familias los acosarían como tiburones tras detectar sangre en el agua.
Huh, creativo.
Miro a la distancia como se acercaban los dos hombres que la anciana había enviado en busca del cofre, y pudo apreciar como lo estaban cargando entre ambos. Era su primera vez viéndolo, por lo que no era de extrañar que la forma en la que había sido descrito le pareciera terriblemente simple.
Era un cofre de ébano, exquisitamente ornamentado con relieves de remolinos grabados en plata y con incrustaciones de jade estratégicamente colocadas en diversos puntos. El centro de este, llevaba plasmada una efigie algo borrosa que era idéntica a la del dibujo del círculo mágico, y los bordes del baúl terminaban en un par de abrazaderas con las formas de unas garras plateadas.
En resumen. Era más parecido a algo que debería de estar en un museo que nada.
Los hombres lo depositaron al lado de la mujer antes de realizar una reverencia y que ella los mandara lejos con un gesto de mano.
"Así que ese es el famoso Cofre Negro, ¿eh?" Cemento, echándole una mirada desde donde estaba. "Bonito recipiente. Me imagino que los otros siete igual tienen paquetes así de lujosos."
"Es una pena que los Utsumi, la Familia Real y el Buró del Onmyou te ejecutarían si tan solo mencionaras aquel término enfrente de alguno de ellos." Respondió Akane burlonamente mientras pasaba su mano por encima de la cubierta del cofre. "Esta caja es solo un código místico relativamente útil, pero nada más. Lo único importante que tiene es la habilidad para preservar lo que está en su interior."
Y le propinó una ligera palmada, como si se tratara de una mascota o un niño pequeño.
"Ja, como si se me ocurriera meterme con alguno de ellos." Respondió con un mismo humor el traficante, pero se quedó callado cuando vio como la silueta de Yukinobu avanzaba desde el templo, siendo escoltado por el subordinado que ella había enviado a buscarlo, así como por un hombre relativamente joven por cuyo cabello marrón sucio y sus ojos color miel identificó como un Isemi.
"Yukinobu-kun, mi hombre." Intentó saludar amistosamente, pero este meramente le dirigió una mirada de pocos amigos antes de soltar un gruñido y seguir caminando hasta dirigirse con su madre, quien lo tomó del brazo y se lo llevó algo lejos para hablar con él.
"Sería lo mejor que no intente hablar con él, Kaburagi-san." Escucho como el Isemi le hablaba. "Su humor no ha sido el mejor, incluso tras haberse estabilizado. Por lo que Akane-dono me comento, es indispensable que permanezca relajado durante este ritual si se desean mayores probabilidades de éxito."
"Tsk, muy bien Isemi-san." Respondió a regañadientes.
"¿Ah? ¿No me recuerda?" Preguntó el hombre con algo de perplejidad antes de comentar para sí. "Claro, olvidé que estaba usando mascarilla y un gorro la última vez que nos vimos."
Kaburagi resopló al escuchar eso antes de detenerse y pensar por un momento de que estaba hablando el hombre. Se fijó un poco más en sus facciones y recordó cuál era su apellido así como de dónde había salido.
"Tu eres..."
"Masao Isemi." Respondió imperiosamente el médico tras asentir. "Si, en la madrugada cuando usted acudió a una de las clínicas del hospital, fui yo quien atendió su mano. ¿La siente algo mejor?"
El traficante miró su extremidad aún cubierta por una venda, pero que al menos se encontraba lo suficientemente bien como para mover sus dedos. "No me arde, si es lo que preguntas."
"Eso es un alivio." Masao suspiro mientras meneaba la cabeza. "Pocas veces me ha tocado ver heridas así de profundas. Menos mal que tanto la Cresta Mágica que tiene como algunos de nuestros métodos consiguieron llenar el boquete y prevenir una infección."
"¿En cuanto tiempo crees que se podría recuperar del todo?" Pregunto Kaburagi.
"Un par de meses, aproximadamente." Masao lucio pensativo por un par de segundos antes de darle una respuesta más exacta. "Evite labores pesadas o que impliquen mucha presión en la mano por un tiempo, y estará como nuevo en unos tres. Eso o podría ir directamente con algún magus especializado en la manipulación de tejido para poder solucionarlo."
"Entiendo." 'Regalado se me hace caro.' Concluyó el traficante mientras estudiaba un poco más cerca al médico. "Masao... ¿Eres otro de los hijos de Shizuri? Creí que eran solo dos."
El hombre negó con la cabeza abruptamente. "No, el tío Shizuri no tuvo más hijos. Mi padre es uno de sus hermanos. Por ahora, mientras el pequeño Aro adquiere la suficiente edad, soy yo quien representa en su mayoría al Clan."
"Ya veo." Kaburagi guardó silencio, mientras veía como Akane conseguía que su hijo reposara en medio del círculo mágico. Osea que no eran uno que otro miembro de los Isemi los que sostenían tratos con los Yakou, era literalmente la cabeza de facto de su Clan.
Aquello no iba a terminar nada bien para quien resultara ser el perdedor de la contienda que se avecinaba.
"¿Planea hacer el trasplante desde ahí, Yakou-dono?" Le preguntó Masao, algo escéptico por la posición. "Me resulta increíblemente incómodo."
La respuesta de la mujer consistió en realizar un gesto con los dedos de su mano derecha, de modo que una parte del suelo sobre la cual estaba recostado Yukinobu se alzara hasta un metro y medio de altura.
"Oh." Comentó, antes de cruzarse de brazos. "Entonces... ¿Vamos a comenzar?"
"Solo hay que realizar un solo preparativo." Confirmó la anciana, mientras desabrochaba la yukata simple que vestía su hijo, alcanzando a exponer su vientre. Colocó su mano sobre este y murmuró algo que no alcanzaron a escuchar, pero dada la repentina aparición de circuitos mágicos en sus brazos, era obvio que se trataba de tu Aria.
"¿Qué cosa?" Preguntó por su parte Kaburagi.
"Esto." Akane no dejo de mirar por un solo segundo a su hijo antes de recitar algo más. "Enma-ō no utsuwa kara. Ooku no jigoku no saibankan ga. Shusai dete kite, kuroi hitsugi (Desde la vasija del Rey Enma. Presidida por los muchos jueces del Averno. Surge de tu sepultura, Cofre Negro)"
Un cuadrado negro luminoso se dibujo en el vientre de Yukinobu, antes de adquirir un brillo violáceo del cual comenzó a surgir lentamente una especie de cubo completamente opaco. Parecía más un trozo de oscuridad hecho forma que un objeto en sí.
"Aquí esta, el Cofre Negro." Declaró la mujer antes de voltearlos a ver. "Masao-kun, voy a necesitar que sostengas algo cuando te lo pida. Kaburagi san, usted va a levantar el cofre hasta que termine de cortar lo que está adentro."
"¿Yo?" El traficante alzó una ceja antes de echarle un vistazo al baúl. Viendo que le había tomado a dos hombres moverlo, no debía de ser algo tan fácil… Y justamente le habían dicho que no hiciera nada pesado con las manos.
"Solo será por menos de un minuto." Le aseguro la anciana como si leyera sus pensamientos. "Pero le advierto que emplear algún hechizo mientras los toca puede tener consecuencias fatales."
Kaburagi la maldijo mentalmente antes de asentir y caminar hasta quedar detrás del contenedor, esperando a que le dijeran cuándo hacerlo. Masao se colocó del lado opuesto de la mujer, y le echó un vistazo al círculo mágico.
Akane por otra parte se limitó a colocarse en el borde del círculo y acercar ambas manos, antes de realizar un aplauso.
Un aplauso simple y no muy fuerte.
Que fue seguido por otro, y otro.
Los dos hombres presentes guardaron silencio mientras la anciana separaba sus manos para extraer algo de una vaina que llevaba colgada en su cinto.
Desenfundo tranquilamente una silueta del tamaño de un cuchillo de cocina normal, pero cuya forma no podría ser más distinta. En medio de este yacía un mango sinuoso que parecía imitar el diseño de una columna y que en su superficie tenía grabado un patrón de valles y montañas con nubes. El extremo superior terminaba en un anillo con una media luna de ampollas; que a su vez servían como el intento de collar de un rostro fiero con orejas alargadas y una joya en su frente, que poseía otros dos colocados en diagonal.
El inferior por otra parte, exhibía una esfera forrada con escamas doradas que mostraba tres cabezas de dragones colocadas en paralelo con los rostros del lado opuesto y que de sus fauces emergían tres cuchillas unidas en una sola, que le daban a la punta la apariencia de una estaca.
"Un Phurba." Escucho Kaburagi a Masao, refiriéndose al implemento. "Hace años que no veo a uno."
El traficante le echó un vistazo de más cerca al cuchillo, y reparó en los motivos budistas de este, pero no tuvo mucho tiempo para hacerlo, pues Akane terminó por hacerse un corte en la palma de su mano izquierda con este.
"Masao-kun, sostenlo." Le dijo antes de pasarselo a él, liberando sus manos así de estorbos.
Fue entonces que dio un paso más hacia el frente, y aplaudió una vez más mientras comenzaba a recitar.
"Anata wa kūki no omodesu
Sandā no Kyōdai. Kumo no Kishi (O' Señor del Aire
Hermano del Rayo. Jinete de la Nube Gris)"
El movimiento causó que más de una gota de sangre cayera hacia el círculo, y esa parecía ser la intención de Akane pues dio una palmada más, logrando que más sangre cayera.
Y que el círculo comenzará a iluminarse, despidiendo un fuerte olor a ozono y metal mezclados a la par que se iba coloreando a medida que la sangre comenzaba a cubrir cada una de las líneas dibujadas, buscando alcanzar los cuatro cristales.
"Anata, fushigi no mahō no fukuro no kyōryokuna furumai
Anata no kamikaze de Seifuku-Sha no guntai o Kamikaze anata (Tu, el poderoso portador del Saco de las Maravillas
Tu, quien detuvo las huestes del Conquistador con el Viento Divino)"
Akane dio una última palmada, dejando que cayeran un par de gotas más mientras que continuaba con su rezo.
"¡Anata no chikara o uketsuida kenkyona bokutachi wa, aete sore o utsusu yō ni tanomimasu (Los miseros sirvientes que heredaron tu poder, osan exigir que este sea transferido)!"
Un segundo brillo, mucho más intenso que el actual se manifestó sobre el círculo y de este comenzó a surgir una especie de neblina verdosa que lentamente floto hasta extender un brazo fantasmal compuesto de bruma hasta el cofre.
Al sentir la mirada de la anciana sobre el, Kaburagi entendió que esa era la señal y se agacho un poco para sujetar los bordes del baúl antes de comenzar a levantarlo con algo de esfuerzo.
Akane meramente colocó una mano sobre el cofre y este se abrió de manera automática, revelando así algo que hizo que el traficante abriera su boca de asombro.
Ver órganos, ya fueran humanos o no era algo común en su oficio. Pero normalmente estos poseían casi todas las mismas características, a menos que se trataran de los restos de algún organismo exótico como una especie fantasmal.
Recordaba bien cómo había puesto sus ojos en la pira de granito inexpugnable que había sido el corazón de un troll. Un más que digno ejemplo de lo que estaba hablando.
Pero lo que estaba adentro del cofre, hacía palidecer a todo lo que había visto.
Era un hígado, claramente era un hígado. Salvo que de un tamaño descomunal y de un color cían muy fuerte, que casi lo haría confundirlo con una gigantesca piedra preciosa. La tonalidad y textura que tenía era tal, que compararlo con uno de los cristales de maná sería como poner un vidrio común con un diamante pulido.
Un pequeño trozo faltaba en un extremo, pero poco importó pues la bruma verde penetró en el cofre y se abrazó con el hígado, que entonces para sorpresa de Kaburagi, quien estuvo a punto de soltar el cofre, comenzó a palpitar.
Akane extendió su mano derecha, recibiendo casi al instante el mango del cuchillo ceremonial que Masao había estado sosteniendo y lo alzó antes de murmurar algo por lo bajo, dejando caer sobre el órgano, apuñalandolo.
Con calma y una habilidad impresionante, la anciana corta aproximadamente el triple del espacio que el trozo que faltaba ocupaba, y lo desprendió del hígado.
Entonces tomó aquel pedazo que acababa de cortar y lo ofreció al aire, dejando que otra parte de la niebla verdosa se arremolinara alrededor de este.
"Tōi kuni de umare, yaban hito ni hakoba reta hondo no hito ni saiyō sa re, anata no namae ga henkō sa remashita anata wa meikai ni tabi shi, gurētomazā ni yōshi engumi sa remashita (Nacido en una tierra distante, fuiste trasladado por bárbaros impíos. Aceptado fuiste por los del Celeste Imperio y tu nombre cambió. Viajaste hasta el Inframundo y adoptado fuiste por la Gran Madre.)"
Comenzo a caminar entonces hacia la silueta de Yukinobu, mientras acercaba el órgano hacia el cubo negro, con sus intenciones siendo mas que claras.
"Kanojo no shitai o kurushimeta sen-ri no uchi anata to anata no kyōdai dake ga nadzuke raremashita kare wa kaminari to inazuma no sonzaideshita (De los mil demonios que plagaban su cadáver. Solo tu y tu hermano fueron dignos de recibir un nombre. El es un ser de rayo y trueno)..."
La anciana finalmente depositó el trozo de hígado divino dentro del cubo antes de colocar su mano sobre la superficie de este, mientras esperaba a que la niebla se acercara más.
"Soshite anata wa kaze to kūki no hitoridesu korekara kono kontena o uke iretekudasai...¡Fūjin! (Y tu eres uno de aire y viento. Acepta este contenedor por el momento...¡Fūjin!)"
Y entonces, con un movimiento rápido y preciso, termino por empujar el cubo dentro del vientre, causando que este se hundiera por completo, dejando solamente un cuadrado negro encima de este. Cuadrado que emitió un brillo exactamente igual al del órgano y que terminó por succionar por completo toda la neblina a la par que Yukinobu dejaba escapar un grito de dolor, mientras hacía esfuerzos sobrehumanos para no retorcerse.
Al cabo de unos segundos, el cuadrado luminoso terminó por desvanecerse y el círculo mágico perdió su brillo.
"Masao-kun, por favor." Indicó Akane.
El Isemi asintió antes de acercarse y murmurar un par de cosas con sus circuitos activados. Frunció el ceño, mientras que el misterio le mostraba una diagnosis sobre el cuerpo de Yukinobu y no creyó haber visto nada raro.
Al cabo de varios minutos, ceso con su tarea y volteo hacia la matriarca de los Yakou.
"Su hijo se encuentra estable, Yakou-dono." Le informo antes de apartarse. "¿Pero es realmente indispensable que tenga que tomar Mana de la Línea de Ley ahora?"
"¿Hay algún problema?" Preguntó la mujer. "El proceso no ha terminado, debe de sintonizarse con el aliento de la tierra misma."
Masao entorno sus ojos antes de suspirar. "Muy bien… Solo que en caso de que su estado cambie, debe de abortar eso de inmediato."
"Y-yo seré el juez de eso…" Gruño Yukinobu, quien comenzaba a levantarse de la pequeña plataforma. Sus pies tocaron el suelo, permitiéndole por fin alzarse por completo, haciendo gala de su inmensa altura, que bastó para intimidar al Isemi, quien dio un par de pasos hacia atrás.
Yukinobu se concentró por un momento, y abrió sus circuitos mágicos. Teniendo ya una práctica extensa con el proceso, no tardó en alcanzar el río etéreo que era la Línea de Ley y emitio un bramido de cólera y dolor cuando el maná comenzó a invadir sus canales.
El despliegue de energía fue tal, que los demás podían verlo perfectamente. Un áurea de un color verde arremolinándose alrededor de él mientras continuaban sus bramidos, que de no ser por las múltiples barreras, podrían haber sido escuchados por otros.
"... ¿Por qué tiene que hacer eso?" Pregunto Kaburagi.
"La consciencia de Fuujin dentro de su órgano requiere formar una conexión con la tierra." Explicó Akane. "Se necesita una Línea de Ley, y esta es la única que podemos usar sin que los Reiroukan se enteren, sólo porque es la más pequeña de las tres que pasan por aquí."
"¡HAAAAAAAAAGH!" Yukinobu soltó un alarido mucho más intenso a la par que el aura comenzaba a tomar la forma del ente ogresco por encima de él como si se tratara de una segunda piel. Imitando sus gestos, cuando Yukinobu alzó los brazos, la aparición hizo lo mismo.
Casi al instante, una especie de vendaval se desató haciendo que los tres testigos tuvieran que hacer un esfuerzo para mantenerse de pie… Pero no duró más que medio minuto, pues el aura de Yukinobu se desvaneció junto con la figura y este comenzó a jadear antes de soltar una maldición.
"... ¿No funcionó?" Pregunto Masao, y la mirada de pocos amigos que le dirigía la matriarca fue respuesta suficiente para que se quedara callado.
xXx
Lo primero que sintió al despertar, fue una agradable sensación tibia envolviendo la atmósfera de la alcoba. Dos ojos, de un azul claro se abrieron y contemplaron el blanco techo del cuarto, antes de notar como el aire acondicionado que colgaba de una esquina se encontraba prendido y con la opción de la calefacción activada.
Menos mal que estaba encendida, pues de haber estado bajo la temperatura ambiental, ni envolverse con todas las sábanas le hubiera servido para cobijarse del frío.
El invierno se acercaba a pasos agigantados, y ella realmente no lo estaba esperando con ansias. Odiaba el frío hasta la médula, prefería por mucho el calor... Aunque
"¿Hmm? ¿Ya te despertaste, Akiha-chan?" Escuchó una voz somnolienta dirigiéndose a ella, que la obligó a voltear hacia la cama a la derecha del cuarto. En esta, pudo ver a una niña de su edad que se esforzaba para parpadear.
Sabiendo que era inútil fingir estar dormida a esas alturas, Akiha suspiro antes de confirmar la pregunta. "Si, ya desperté Akira-chan. ¿Dormiste bien?"
Akira asintió antes de abrir la boca y dejar escapar un bostezo, finalmente consiguiendo abrir sus ojos. Aquellos orbes, con una iris de un verde muy oscuro la miraron mientras que su dueña pasaba su mano por su corto cabello de color morado.
Hija menor de una familia acaudalada en el negocio de los licores.
Akira Seo. Su compañera de cuarto desde Agosto y por el momento, la única amiga que había hecho durante todos los meses que había estado en aquel lugar.
Lugar que se trataba de no más que la ilustre Academia Privada Reien. Un internado exclusivo para mujeres que iba desde los siete hasta diecinueve años. Cuando se había enterado de aquel dato, ella casi había roto en llanto ante la idea de tener que pasar once años encerrada ahí.
Hasta que su padre le aclaró que muy probablemente solo estaría unos tres. Claro que una sentencia era una sentencia, y por muy bonita que fuera la cárcel, eso difícilmente negaba lo que era.
"¿Akiha-chan?" La llamo nuevamente Akira, haciendo que la pelinegra se ruborizara antes de menear la cabeza.
"Disculpa, me perdí por un momento." Se disculpó, antes de finalmente alzarse lo suficiente para sentarse al borde de la cama y apoyar sus pies en las pantuflas colocadas estratégicamente debajo de esta.
"Te pregunte si estás lista para pasar estos días con casi todo la escuela para nosotras dos." Respondió la pelimorada, mientras se abrazaba a sus piernas y miraba hacia la ventana.
Al recordar aquel detalle, Akiha frunció el ceño. Gracias al aniversario de la fundación de la academia, había un puente desde el fin de semana que abarcaría hasta el miércoles, y buena parte de las alumnas habían aprovechado la ocasión para escribirle a sus casas para poder salir con unas merecidas vacaciones.
... Pero no todas habían tenido la misma suerte, pues tanto Akiha como Akira habían recibido una carta de sus padres que literalmente les ordenaba quedarse en la escuela.
"¿Sabes quienes mas se están quedando?" Le preguntó Akiha, a lo que Akira parpadeo un par de segundos antes de llevar una mano a su mentón y fruncir el ceño.
"Hmm. Bueno, pues la directora Riesbyfe se está yendo de aquí. Escuche que se va de vacaciones a Europa o algo así. Tsukiji-sensei por otra parte se queda." Respondió la pelimorada, luciendo algo aliviada. "Pero no recuerdo a ninguna alumna."
Akiha trató de buscar en su memoria a alguien con aquellas características pero negó con la cabeza. "Ya veo."
"Voy a extrañar a nee-san... Pero mamá dijo que ella se merecía vacaciones ya, y se fue a Osaka junto con Azaka-nee."
La pelinegra ladeo ligeramente su cabeza al escuchar el segundo nombre, antes de relacionarlo con una joven mucho mayor que ella que se llevaba bastante bien con la hermana de Akira. Recordaba haber hablado un par de veces con ella y en general, la encontraba como alguien bastante agradable.
Por alguna extraña razón, hasta parecía recordarle a alguien.
"También me alegra que Misaya se haya ido también." Escucho a Akira decir.
"¿Ouji-senpai'" Preguntó Akiha, alzando una ceja con curiosidad. La joven, mayor por dos años que Azaka y la hermana de Akira era muy estricta, pero hasta donde ella sabía, Akira jamás había tenido ningún problema con ella.
"No, no. Ella no." Negó con la cabeza Akira, haciendo una mueca de disgusto. "Reiroukan, la que está en nuestra clase."
"¿Quien?" Akiha la miró confundida, causando que Akira pusiera los ojos en blanco antes de comenzar a describirla.
"Agh... ¿Pelo negro mucho mas perfecto que el tuyo? ¿Ojos rojos? ¿Pálida como fantasma?" Comenzó a listar Akira. "¿Ninguna de esas te suena?"
Como si estuviera armando un rompecabezas en su mente, Akiha acomodo todas las piezas disponibles y entornó los ojos, antes de finalmente caer en cuenta de quién estaba hablando.
"Misaya Reiroukan-san." Musito, antes de dirigirse hacia Akira. "Si, se quien es. Pero no sabía que te cae mal."
Akira tembló. "Ella me aterra. ¿Recuerdas mi...?" Señaló a sus ojos, dejando la pregunta en el aire. Algo que hizo que Akiha le dedicara una mirada más simpatética antes de asentir.
"¿Te esta causando problemas?" Le pregunto, temiendo que experimentara otra caída.
Akira negó con la cabeza. "No, me encuentro bien, Akiha-chan... Es solo que a veces cuando ella pasa cerca de mi... Siempre termino viendo imágenes muy feas."
"... ¿Como que?" Pregunto Akiha, tanto con curiosidad como con preocupación.
La pelimorada templo una vez más. "Pesadillas, es por eso que me alegra que se haya ido a Tokyo, según escuche."
"Si te sientes así... ¿No deberías de hablarlo con la directora cuando regrese?" Sugirió Akiha, sabiendo por su padre que la mujer que administraba la institución era más de lo que parecía y quizás podría ayudar a su amiga.
"Tal vez. Pero mejor hay que pensar en algo más alegre. Como que es lo que vamos a hacer hoy." Sugirió en cambio Akira, causando que Akiha sonriera débilmente.
Distraerse era bienvenido. Lo necesitaba más que nada.
xXx
No le gustaban los autos, y más aún con el hecho de que eran cosas que requerían de refacciones y otras cosas para las cuales era demasiado viejo como para querer aprender a hacer. Pero no podía negar que eran condenadamente útiles, especialmente para alguien como el que más de una vez había necesitado transportarse de un lugar a otro lo más rápido posible.
Ese era uno de esos días en los que tenía tal tarea por realizar, y tras hacer sus preparativos y cargar con todo lo que necesitaba en el vehículo, se había puesto en marcha con dirección hacia otro lugar donde tenía que estar antes.
El trayecto no le tomó mucho y antes de que se diera cuenta, estaba acercándose ya a la acera junto a la entrada principal a los terrenos de los Tohno. Estaciono el auto a un costado y se bajó, antes de caminar hacia la verja, la cual afortunadamente estaba abierta.
De ahí, tocaba caminar un buen trecho hasta la mansión que se extendía en el centro del lugar, uno que le tomó un buen par de minutos. Rodeó la fuente que yacía en medio del jardín, y finalmente alcanzó el pórtico principal, donde llamó a la puerta.
Esta se abrió, revelando a Kohaku, quien lo miró desde abajo antes de saludarlo.
"Buenos días, Jinan-sensei." Dijo la pelirroja.
"Buenos días, Kohaku-chan." Respondió Sougen tras asentir y preguntarle. "¿Estas lista?"
Ella asintió por su parte, pero pareció titubear mientras veía a algo a su derecha que no alcanzaba a ver, causando que alzara una ceja. Pues cuando movió la puerta, casi se estremeció al ver a dos personas más al lado de la pelirroja y podía sentir una migraña formándose en su cabeza.
"Sougen." Saludo Kiritsugu con suma calma, mientras que a su lado, Shirou emitía un saludo similar en voz baja. "¿Tienes un momento para hablar?"
La migraña llegó mucho más temprano de lo que él hubiera gustado. Pero igual evitó realizar un gesto de desagrado enfrente de los dos niños, por lo que asintió antes de ser guiado por el Emiya hasta una sala cercana, pero lo suficientemente lejos también para que su conversación no fuera escuchada.
"Recibí la llamada de Makihisa." Informó el curandero apenas llegaron ahí, a lo que Kiritsugu reaccionó con apenas levantar una ceja.
"¿Qué tanto te dijo?" Preguntó, mientras que en su mente comenzaba a intentar predecir cuánto sabía ahora el otro hombre.
"Aparte de lo obvio, que necesitabas ayuda para mantener a tu hijo distraído de lo que sea que sea la cosa a la que te metiste a petición del señor de la casa." Respondió Souge secamente. "Normalmente hubiera dicho que no, pero estás de suerte por justamente este día."
"¿Entonces?" El pelinegro du directo al punto, causando que Sougen soltara un suspiro.
"Si, Emiya. Para tu fortuna, estoy seguro de que podré mantener a Shirou-kun alejado de lo tuyo por hoy, y quizás hasta mañana también." Terminó por confirmar.
Kiritsugu asintió en agradecimiento, antes de regresar al pórtico a despedirse de su hijo. Y varios minutos después, pudo ver desde la ventana como los tres se dirigían hacia la puerta exterior del complejo.
Suspiro aliviado, antes de dirigirse hacia las escaleras, rumbo al estudio de Makihisa, al cual llegó al poco tiempo. Dentro de este, le esperaban los otros dos co-conspiradores, cada uno sentado en su respectivo lugar.
"Está hecho." Les comento, intentando ignorar la expresión satisfecha en el rostro del magnate. "¿Podemos empezar ya?"
"Fabuloso. Te dije que esa pequeña llamada sería suficiente." Comentó el hombre, antes de acomodarse detrás de su escritorio. "Espero que estén listos para esta pequeña sesión de hoy. Sobra decir que estoy depositando demasiado confianza en ustedes dos con esto."
Lo último pareció estar más dirigido hacia Waver, quien no se acobardó.
"Nada de lo revelado aquí saldrá de mis labios." Aseguró mientras se cruzaba de brazos. "Si es necesario, tomaré un Geias como muestra de buena fe."
"¿Oh?" Makihisa alzó una ceja con una curiosidad casi depredadora. "Viendo que había pactado algo similar con Kiritsugu hace unos meses pero nunca lo concluimos del todo, a lo mejor podríamos abordar eso después."
"Si, después." Interrumpió Kiritsugu, regresandolos al tema. "Ahora, la razón por la cual hablaste ayer."
"Que impaciente." Comentó Makihisa sin malicia alguna antes de descansar ambas manos sobre la superficie de su escritorio. "Antes que nada. ¿Kiritsugu te ha revelado que soy, Velvet-san?" Le preguntó al joven, quien no dudó ni un segundo en responder.
"Un mestizo." Declaro burdamente. "Descendiente de un linaje que se mezcló en algún punto de su pasado con una especie fantasmal."
"Si, si. ¿Pero mencionó alguna vez de que criatura en específico?" El magnate casi parecía disfrutar la confusión de Waver antes de que este respondiera que no, no lo había hecho. "En ese caso, ¿ha escuchado hablar alguna vez de los Oni?"
"¿Oni?" Waver alzó una ceja mientras intentaba buscar en su memoria si conocía aquella palabra, pero terminó por menear la cabeza. "Recuerdo el término, pero no qué significa exactamente... Me parece que se supone que son una especie de duendes de Japón."
"Cerca." Asintió Makihisa, mientras juntaba sus manos. "Son más parecidos a los ogros o trolls a los que están acostumbrados los occidentales, pero su clasificación ordinaria no es otra que demonios."
"Y usted y su familia descienden de uno." Dedujo Waver, habiendo ya unido los puntos en su cabeza.
Makihisa se quedó callado por un tiempo, antes de volver a hablar.
"Los registros de la existencia de los Oni más antiguos datan del Periodo Kofun, y esos son solo de los que tengo conocimiento gracias a lo que mi familia ha acumulado tras un par de siglos." Reveló con cierta calma, antes de dejar salir algo de duda. "¿Pero de donde salieron? Bueno, nuestra versión más popular del mito consiste en que eran poco más que habitantes del Yomi que lograron escapar de alguna manera y pues terminaron por irse a sembrar desastres en la tierra, hay quienes dicen que eso ocurrió en algún punto del primer milenio antes de la Era actual, durante el ocaso de la Era de los Dioses mientras que otros señalan que ocurrió mucho antes."
Parecía encogerse de hombros, antes de resoplar. "Y por supuesto, hay quienes dicen que no son más que Rakshasa de la India que fueron a parar aquí de una forma u otra, pero vamos a ignorar eso."
"Tohno-san, los registros de la Asociación de sus primeros siglos reportan muy bien que una buena parte de las Especies Fantasmales continuaron existiendo tras la caída de la Era de los Dioses, y a pesar de que sus números fueron diezmados severamente con el paso de la historia, aún quedan grupos de éstas en lugares remotos." Comentó Waver. "No veo ningún misterio, si forman parte de esas razas es lógico asumir que simplemente subsistieron un tiempo en este país a pesar de que el misterio comenzó a perder su potencia."
"Quizás, pero me parece que no me di a entender con lo primero que dije." Respondió Makihisa, antes de recalcar. "Los Oni son fundamentalmente demonios. Demonios de ese tipo."
Eso hizo que los otros dos hombres lo miraran sin decir nada, causando que resoplara mientras se llevaba una mano a la sien.
"Ugh, déjenme terminar entonces." Comento con algo de molestia tras retirar su mano. "Lo más fiel de esos registros es que un conflicto entre oni y humanos era inevitable. Estos solían asaltar asentamientos humanos para saquear todo lo que pudieran y devorar a sus habitantes, mientras que la corte imperial y uno que otro señor feudal levantaban ejércitos enteros con el fin de que pudieran matar a esos monstruos a como diera lugar, buenos tiempos."
El toque de humor negro no paso desapercibido e hizo que Kiritsugu pusiera los ojos en blanco.
"La piel de un oni es dura como la piedra, sus huesos son tan resistentes como el metal y eso sin contar los poderes aleatorios que uno que otro se decía que tenía. Para el soldado u hombre promedio, incluso ayudado con taumaturgia, enfrentar a un Oni era una excelente manera de ser enviado seis metros bajo tierra, y eso si es que aún quedaba lo suficiente del cadáver para llenar el ataúd." Señaló morbosamente Makihisa. "Y si bien ocasionalmente surgía uno que otro héroe capaz de matarlos como los Cuatro Reyes Celestiales de Yoritomo o el general Tamuramaro, ese hecho no cambiaba, así que hubo quien decidió tomar una alternativa bastante drástica para poder solucionar el problema de los Oni."
La manera en la lo dijo no pudo sonar más ominosa para los dos, y Makihisa pareció darse cuenta de ello porque no se detuvo.
"Mas de un clan había hecho un juramento por su honor el no descansar hasta que dicha amenaza fuera erradicada de Yamato. Juramento que llevaron al extremo cuando decidieron mezclarse con demonios capturados para así dar luz a una generación de cazadores superiores." Finalmente reveló Makihisa, casi disfrutando las reacciones de los dos. "Sabían que era posible ya que el ultraje a más de una mujer a manos de un demonio había producido en el pasado un bastardo con un vigor envidiable, y ese fue el origen de los clanes de mestizos."
"¿Y eso fue hace cuanto?" Pregunto Waver, intuyendo que la historia apenas estaba iniciando, pero cuya relativa ignorancia sobre la historia japonesa se estaba mostrando y le impedían hacerse una mejor idea en su cabeza de qué trataba.
El magnate se recargó mejor en su silla. "Fue hace alrededor de unos mil años, durante el periodo Heian. Pasaron un par de generaciones durante las cuales la amenaza de los oni fue reprimida brutalmente gracias al poderío cultivado por los clanes de mestizos y aquello permitió un avance mayor en la sociedad medieval del país."
"Aquí es donde viene el 'pero'." Intervino Kiritsugu por su lado. "¿No es así?"
"Bueno, alguien tan desgraciado como tú seguramente lo vio venir desde una milla." Comentó Makihisa, no molesto por la interrupción. De hecho, el magnate lucía casi complacido por esto. "Con los oni repelidos y el país ahora envuelto en una que otra guerra civil tan bonita, los clanes tuvieron que cambiar de profesión bastante rápido."
"¿Cazadores de especies fantasmales tuvieron que pelear en una guerra normal?" Waver realizó una mueca de desagrado. "Debió de haber sido una masacre."
"Y lo fue." Asintio Makihisa, mientras soltaba una risita. "¿Han escuchado hablar de Tomoe Gozen? ¿La famosa onna bugeisha de las Guerras Genpei? Pues resulta que ese viejo dicho de que era una guerra que valía por mil hombres no era una exageración... Porque da la casualidad que contaba con una fuerte dosis de sangre de Oni corriendo por sus venas."
El nombre no significó nada para Waver, pero Kiritsugu por otra parte se mostró sorprendido por un segundo antes de regresar a su semblante neutral. Por dentro, se preguntó si la anécdota de Tomoe Gozen retorciendo la cabeza de Onda no Hachirou Moroshige con una sola mano también era real dado lo que acababa de revelar Makihisa.
"Fue durante aquellos conflictos que más de uno de los mestizos adquirió una sed de sangre que luego se volvió demasiado literal, y terminaron por entrar en frenesí. El fenómeno que se le conoce como Impulso de Inversión se manifestó en ellos y los convirtió en prácticamente abominaciones monstruosas que no tenían mucho que envidiarle a las bestias que sus ancestros habían exterminado." Makihisa resoplo, esta vez sin humor. "Que aquel que lucha contra monstruos, tenga cuidado de no acabar como uno. Una pena que Nietzsche vivió unos setecientos años después y en otro continente, porque aquella advertencia les hubiera ido de maravilla."
"Fue ahí cuando comenzaron a ser cazados, ¿no?" Pregunto Kiritsugu, viendo ya a donde quería llegar Makihisa.
"Los cazadores se habían convertido en los lobos, y fueron sujetos a la misma cortesía que le habían ofrecido a los Oni anteriormente. Hubo clanes que optaron por cometer un seppuku en masa para poder conservar algo de su honor, pero fueron una minoría comparados con los que terminaron por ser presa de sus nuevos instintos y huyeron de las vidas que tenían para ocupar el lugar de los Oni." El patriarca de los Tohno hizo pasar el índice de su mano izquierda por su mejilla antes de reír sardónicamente. "Y aquí viene la mejor parte; las leyendas solían contar que aquellos que morían con rencores inmensos o que habían sido unos auténticos monstruos en vida, terminaban por convertirse en Oni y hubo uno que otro caso aislado antes de toda esta locura... ¿Pero después? Los dioses y los budas han de guardar un sentido del humor bastante mórbido, porque esos casos comenzaron a propagarse como una peste a lo largo del país."
Esa revelación hizo sacudir a Waver cuando finalmente cayó en cuenta de a qué cosa en específico había querido referirse.
"... Por eso te referías a ellos como demonios, entonces." El joven murmuró por lo bajo. "El Sexto Factor Imaginario... Demonios, son un fenómeno también."
"Eh, retira la terminología mágica incomprensible y diste en el blanco." Respondió Makihisa antes de responder. "Irónicamente, la solución al problema de los Oni terminó por darle la rienda suelta a uno peor. Así que se tuvieron que plantear soluciones."
"... ¿Como cuales?" Waver alzó una ceja.
"Hubo algunas familias que se dieron a la tarea de darles caza a los Clanes de Mestizos y las abominaciones que surgieron de ellas. Terminaron por convertirse en una organización enfocada directamente en su monitoreo y exterminio... Pero la peste seguía y seguía, así que el Shogunato encargó al Buró del Onmyou y a cuanta organización o templo remotamente conectado a lo místico del país buscar una solución más 'mágica' al problema. Intentaron muchas cosas: Exorcismos en masa, sacrificios de todo tipo, extravagantes hechizos que eran viejos cuando los Emishi aún rondaban el norte del país y quién sabe qué otras cosas tan turbias." Makihisa decidió que era un buen momento para retirar sus gafas de su rostro y colocarlas en el escritorio. "Intentaron descubrir alguna forma de erradicar dicha plaga, pero ninguna de las cosas que intentaron pareció dar resultado... Hasta que un buen día, hace como unos trescientos años un Onmyouji del Clan Miyahira declaró haber encontrado uno capaz de curar el mal de un Mestizo y purgar por completo cualquier rastro de esencia demoníaca de su interior."
"¿Y resultó ser cierto?" Pregunto Kiritsugu con curiosidad.
"Oh, si." Asintió Makihisa, antes de fruncir el ceño. "El método funcionaba demasiado bien... Tanto, que fueron los celos de sus compañeros y de uno que otro noble ambicioso junto con el temor y la cólera de algunos clanes de mestizos lo que consiguió que toda la familia de ese hombre junto con él, fueran exterminados brutalmente y el método se perdiera."
"... " Waver guardó silencio mientras reprimía las ganas de exclamar de indignación por una cosa tan estúpida como esa.
"El conflicto con los clanes de mestizos continuó unos doscientos años más, hasta que finalmente el número de rivales fue diezmado por la carnicería y la peste terminó por desvanecerse. Con la eventual modernización del país, una parte de los mestizos decidió abrazarla y busco dejar su sangriento legado atrás... Los Tohno fuimos parte de estas." Los ojos grises de Makihisa parecieron emitir un brillo fantasmal tras decir eso, pero su expresión se tornó seria. "Lamentablemente, nada de eso podía cambiar la esencia de nuestro linaje. Generaciones de cargar con sangre así de inhumana y espesa tenía sus consecuencias, y nos condenó a toda clase de problemas graves que amenazaban con dañar irremediablemente nuestra imagen."
Si es que su expresión no era suficiente, el tono de su voz delataba una amargura muy marcada.
"Intentar buscar una forma de remediar eso se convirtió en casi una obsesión del Clan. De ahí a que mi ancestro fuera atraído por el Grial de Fuyuki, convencido de que esa cosa podría cumplir su deseo de liberar a los Tohno de nuestra carga maldita." Su boca se torció en una mueca. "Bueno... ¿Eso no funcionó, o si?"
Waver le dedicó una mirada casi simpática, mientras que Kiritsugu a duras penas reprimió el resoplar.
"Intentaron buscar ese método viejo desaparecido, me imagino." Adivino, creyendo haber captado la trayectoria de las revelaciones de Makihisa. "No lo hubieras mencionado si no fuera importante."
"Con nuestro fracaso en la Segunda Guerra del Grial de Fuyuki, nuestra obsesión nos volvió más desesperados. Así que enfocamos buena parte de nuestros recursos en intentar hallarlo y pasaron décadas antes de que pudiéramos encontrar una pista." Concedió el magnate tras asentir. "Una sola, tras chantajear a un monje que era un agente del Buró del Onmyou, nos condujo a la tesorería de un templo de Kyoto donde se decía que se hallaba una copia de los manuscritos de la familia Miyahira, quienes habían sido patrones destacados de su interior. Hace unos sesenta y dos años aprovechamos un tumulto en el área para adentrarnos en la tesorería y hurtar todos los documentos que pudimos; la gran mayoría eran genealogías, poemas y una que otra carta inútil..."
Makihisa meneo la cabeza antes de continuar, como si de solo recordar aquella experiencia se estuviera mareando. "Fue mi padre quien terminó por encontrar un viejo pergamino cuyo contenido causó que mi abuelo perdiera el conocimiento ahí mismo... Se trataba de una copia, una copia perfecta y original del método usado en aquel entonces."
El mestizo abrió uno de los cajones de su escritorio y extrajo de este un rollo de papel añejado y atado por un cordón de seda, antes de deshacer este y extender la vieja pieza sobre el escritorio.
"Permítanme presentarles, la única muestra de cuya única existencia estoy seguro, de la receta del Sublime Elixir de Acala." Les invito a acercarse, mientras descansaba su mano en el centro de este. "Reuniendo ciertos ingredientes listados en una parte de aquí, siguiendo los pasos escritos y cumpliendo una que otra condición, es capaz de crear una poción milagrosa que lleva ese nombre."
"... Acala, creo haber escuchado ese nombre alguna vez. ¿Una deidad budista?" Pregunto Waver, mientras se acercaba a inspeccionar el pergamino.
"¿Está familiarizado con esas tradiciones, Velvet-san?" preguntó Makihisa con algo de sorpresa. "Es raro de ver en un occidental."
"No, no. Solo estuve de paso una vez en la India, y se me grabaron un par de nombres." Confeso el británico. "No estoy para nada versado en esas fuentes."
Cuido de pasar sus dedos sobre el papel y parpadeo un par de veces al notar como la escritura de este no estaba limitada a algo que parecía ser una especie de japonés arcaico. También pudo apreciar otros caracteres más exóticos, así como algo que reconoció como sánscrito... O al menos parecía serlo.
"¿Y qué es lo que hace exactamente este llamado Elixir?" Le pregunto a Makihisa.
"El Elixir es una sustancia sagrada. Miyahira no se contentó con estar en Japón solamente estudiando lo que sus antecesores habían intentado hacer, pidió autorización real para salir del país y puso rumbo a Corea y después a China con la intención de realizar una investigación mucho más avanzada." Comenzó a narrar. "Cuando regresó, utilizó todo el conocimiento que había adquirido así como materiales de lo más exóticos que trajo consigo de su viaje y que el Shogunato alcanzó a proporcionarle. Juntando todo lo anterior, creó un brebaje que al ser tomado por un mestizo, purgaba hasta el menor ápice de esencia demoníaca de su cuerpo... Se declaró que era comparable a una bebida milagrosa, con la capacidad de contrarrestar y despedazar cualquier dolencia causada por dicha influencia en uno."
Mientras decía lo último, le guiñó el ojo a Kiritsugu quien alzó una ceja antes de unir los puntos y tener que fingir no haber sido víctima de la sorpresa.
"... ¿Exorcismo extremo en una botella?" Waver casi resoplo. "La Santa Iglesia declararía una cruzada por una reacción enorme de esa cosa."
"... Los Ojos Puros." Musito Kiritsugu de repente, llamando la atención de los dos.
"¿Disculpa?" Preguntó el joven, solo para ser ignorado por el Emiya.
"Los Ojos Puros." Repitió, encarando a Makihisa. "Lo que quieres recuperar... Lo que llamaste un tesoro invaluable para los Tohno, son uno de los ingredientes de esta receta."
No era una pregunta, y tal parecía que el mestizo se esperaba que dijera eso, ya que la sorpresa brilló por su ausencia en su rostro.
"Precisamente." Admitió mientras asentía. "Ojos Puros de la más alta calidad, contienen una esencia única que ha de ser destilada y añadida a la mezcla en uno de los pasos. Es uno de los tres elementos esenciales para que el Elixir pueda ser creado... Y afortunadamente, el hombre a quienes le pertenecían accedió a vendérmelos cuando llegara el momento de su muerte."
Su rictus se partió a uno casi melancólico por un momento. "Lastimosamente... Hubo una complicación que culminó en una tragedia y no me quedó de otra que tener que hurtar lo único que quedó de su cadáver profanado."
El rostro de Waver se puso verde al recordar aquella fotografía con la cabeza que lucía arrancada de cuajo en lugar de haber sido cortada, mientras que Kiritsugu permaneció estoico, antes de hablar.
"Entonces, esa entrega a Reiroukan y ese trato del cual hablabas..."
"Mi abuelo le encargó a mi padre que consiguiera que aquella receta fuera completada, y este lo intentó por todos los medios posibles antes de pasarme dicho deber a mi." Lo interrumpió Makihisa, echándole una mirada al pergamino. "El haber conseguido tan solo los Ojos Puros se sintió como una victoria... Pero todo lo demás era casi imposible de reunir, y todavía estaba el tema de que necesitaba a alguien que pudiera prepararla de forma exitosa. Sabes bien mi postura sobre los magi, ya sean de la Mansión y la Asociación."
Waver quiso tomar ofensa, pero la mirada severa del mestizo lo paró en seco.
"Fue en ese entonces que Saitou Reiroukan solto la bomba de la Guerra del Santo Grial y como tenía en sus manos un poderoso catalizador que le garantizaba el poder invocar a nadie más que al mismo Paracelsus von Hoheinham como un Ghost Liner" Makihisa finalmente reveló. "Así que realice un trato con él al suministrarle todos los recursos que me pidió, mientras que yo le pedía que empleara las dotes prodigiosas del gran alquimista para poder crear el Elixir y le confié los Ojos Puros y una copia del pergamino... Creo que no necesito mencionar que fue lo que paso despues."
Casi se le hubiera podido haber confundido a lo último con sarcasmo por la manera en como lo había dicho.
"Esta es la razón, Kiritsugu, Velvet-san." Continuó con una calma muy poco natural. "Es la razón por la cual necesito esos Ojos de vuelta. Podría preocuparme después en como continuar con este deber mío una vez que los tenga, pero me niego a desprenderme de algo así y menos cuando estoy al tanto de que siguen por ahí en manos de alguien que bien podría usarme para obtener lo que quiere."
Ahí estaba.
En parte, Kiritsugu tenía sus dudas sobre Makihisa. Demasiadas de hecho, las contadas veces en las que había tenido que lidiar con el hombre había manchado para siempre su percepción de él hasta colorearla como algo muy poco grato.
Pero verlo hablar de tal manera luego de haber contado una historia así... Era difícil hasta no poder simpatizar con el. ¿Un monstruo? Si, uno producto de cientos de años de karma acumulado fuera de su control.
"Si obtuviera el Elixir...¿Acabaría con la sangre demoníaca de su familia entonces?" Pregunto Waver.
"Por supuesto." Dijo con firmeza Makihisa. "Los Tohno perderían para siempre esa maldita herencia. Ha sido el sueño de más de seis generaciones. Mis hijos y yo estaríamos libres de esa carga. ¿Las demás familias? A menos que tuviéramos una fuente tan grande, no consideraría siquiera ofrecerles la misma cosa."
Y con eso se rompió la imagen compasiva que Kiritsugu había estado conjurado sobre el magnate. Nuevamente, regresaba a la inflexible que ya conocía.
"... ¿Eso no es algo cruel luego de todo lo que contó?" preguntó Waver, perplejo ante aquel cambio.
"Difícilmente." Resoplo Makihisa antes de explicar. "Hay dos razones por las cuales lo haría. La primera es que dos de las familias aledañas poseen sangre demoníaca tan liviana que es posible que desaparezca en una generación o dos, sería un desperdicio usarla en ellos."
"Oh, bueno. Eso tiene sentido." Concedió Waver, antes de preguntar. "¿Y la segunda?"
"Que hay otras dos que jamás se libraría de esa herencia." Respondió, casi con sorna. "La aprecian demasiado para desprenderse de esta... Para bien y para mal."
xXx
"Muy bien, pueden aprovechar ahora para preguntar lo que se mueren de ganas por preguntar." Salto de la nada Sougen, mientras conducía, tomando por sorpresa a los dos pelirrojos en los asientos traseros, cosa que pudo ver gracias al espejo retrovisor y se los hizo saber casi al instante. "Por el amor de Buda. Soy viejo, no tonto. Está totalmente escrito en sus caras."
Shirou y Kohaku compartieron una mirada, antes de que el primero se animara a hablar.
"¿Fue usted quien le dijo a Kiritsugu cual era mi Elemento, no?" Pregunto, no esperando que el curandero pusiera los ojos en blanco mientras pisaba ligeramente el freno, con tal de no saltarse una luz roja.
Sougen suspiro tras escuchar aquello. "Dejame adivinar. ¿Terminaste por descubrir esa cosa por lo que sea que ocurrió que los trajo aquí, no?" La pregunta era casi retórica, pero igual asintió el ojiámbar, provocando otro suspiro por parte del curandero, quien meneó la cabeza antes de soltar el freno y atravesar la avenida.
"Típico Emiya, tiene la mala costumbre de ocultar las cosas por debajo de la alfombra y no lidia con ellas hasta que alguien se tropieza con eso. Y yo creí que había aprendido." Les echó una mirada a través del espejo y finalmente lo admitió. "Si, así es. Yo fui quien sacó tu Elemento hace meses cuando vinieron a verme... ¿Y estás seguro que quieres hablar de algo tan delicado con un testigo, Shirou-kun?"
Kohaku no necesito que la mirara fijamente para saber qué se refería a ella, y mordió su labio inferior con incomodidad mientras que en su rostro se perfilaba ya algo parecido a la vergüenza.
Cosa que pareció intensificarse a la par con algo sospechosamente cercano a la alegría cuando Shirou la señaló. "¿Kohaku? Ya lo sabe, y confío en ella." Declaró sin más, no teniendo ni la menor idea de que la pelirroja pareció tener un cortocircuito al escuchar eso.
Sougen por su parte, se limitó a alzar una ceja tras escuchar eso. 'Bueno, parece que esa impresión que tuvieron en el otro hace meses no es unidimensional.' Pensó, pero no le tomo mucha importancia. Los niños, niños son al fin y al cabo.
"Para intentar asegurarnos de que nada raro hubiera afectado tus circuitos, propuse revisar tu Elemento." Comenzó a contar mientras doblaba la esquina. "Pero para nuestra sorpresa, literalmente el método que uso para poder leer esas cosas no mostró ninguno de los elementos conocidos: ni Fuego, ni Agua, ni Tierra, no Viento, no Éter , ni Madera y mucho menos Metal. Eso le hubiera dicho a cualquiera que el tuyo era uno Imaginario entonces, de no ser por el detalle de que estos se revelan al instante... Así que solo había una opción, y esa era..."
"Mi Origen." Lo interrumpió de la nada Shirou, quien luego se ruborizó al ver lo que había hecho y se apresuró a disculparse. "Ay, disculpe."
"Si, tu Origen." Sougen volvió a menear la cabeza mientras murmuraba algo que sonó sospechosamente como 'estoy demasiado viejo para esta mierda'. "De no ser porque tu padre ha visto cosas más impactantes, de seguro se hubiera desmayado ahí mismo."
"... Hmm." Kohaku se animó a hablar por primera vez y levantó la mano tímidamente. "Sensei... ¿Porque no me mencionó nunca nada de esa cosa cuando me habló del Elemento?"
"Por dos simples razones, Kohaku-chan." Reveló Sougen, deteniéndose nuevamente para darle el paso a un trailer. "En primera, porque te estoy instruyendo como una curandera, no una magus. El Elemento es de lo más fundamental si te ves forzada a recurrir a la taumaturgia pero nada más, el Origen está pasos más adelante y te catapulta directamente como una estudiante más inmersa en lo oculto."
"¿Y la segunda?"
Sougen pareció reflexionar por unos segundos sobre que decir, antes de dirigirse a Shirou. "Cuando tu padre te reveló eso... ¿Mencionó algo en particular sobre los Orígenes?"
El pelirrojo solo tuvo que recordar esa parte de la conversación.
"¿Origen? ¿Como un principio?" Pregunto Shirou, alzando una ceja.
"Algo así, solo que mucho más vago." Kiritsugu suspiro mientras continuaba con su explicación. "Imagina que cuando nace alguien, se le da un concepto o una idea de algo en lo más profundo de su ser."
"¿Oh?"
Su padre miró el kunai aun en el regazo de Waver y lo señaló. "¿Ves eso de ahí? El original está hecho de metal, es muy duro y fue calentado en un horno. Imagina que tiene un alma, y esta se llama 'Perforar' porque la herramienta sirve para eso.¿Lo entiendes?"
Esta vez, él pudo asentir.
"Bueno, ahora imagina que esa alma es el Origen y aplícala con una persona. Es una idea que nace contigo y te acompaña durante toda tu vida, influyendo hasta cierto punto como eres." Continuó Kiritsugu. "Dentro de la Taumaturgia, el Origen cuenta detalles específicos de uno y permite realizar cosas junto con tu Elemento o hasta a veces por separado."
Su expresión se tornó un poco grave. "Pero intentar usar tu Origen puede ser peligroso, porque estás básicamente jugando con una parte de ti. Aquellos que se adentran demasiado, terminan por 'despertarlo' y la influencia de este se vuelve muy fuerte, a veces con resultados no muy lindos."
"He oído casos de personas con un talento mágico muy bajo pero con un Origen muy fuerte, que les permitía poder realizar taumaturgia fuera de sus límites." Añadió Waver. "Pero también, otras que no sabían que estaban haciendo y terminaron mal."
"Kiritsugu y Waver-sensei dijeron que era algo peligroso de tocar, porque puede causarte daño desde adentro." Respondió.
"¿Waver-sensei?" Preguntó más para sí el curandero, antes de menear su cabeza, dejando eso de lado. "Ahí lo tienes, el Origen es básicamente jugar con un trozo de tu alma. Solo los magi más atrevidos o experimentados tienen en mente esa idea, de ahí que no sean algo tan estudiado. Yo mismo solo conozco del tema porque tuve la oportunidad de conocer a uno que me platico algo de este hace como año y medio."
"Hmm, ya veo." Asintió Shirou antes de quedarse callado, pero a juzgar por la mirada que tenía, se notaba que otras dudas estaban ocupando su mente. Siendo incapaz de luchar con su sentido del deber, Sougen suspiro para sus adentros antes de preguntarle.
"¿En que piensas?" Le pregunto.
El ojiámbar suspiro por su parte antes de soltar otro de los muchos pensamientos que llevaban royendo su mente desde que había salido de Fuyuki. "... ¿Porqué Espada? ¿Que significa siquiera eso siquiera?"
'Hmm, entonces no sabe sobre esa Vaina aún.' Fue lo que alcanzo a detectar por lo que acababa de decir, cosa que no sabía si le preocupaba o no. Yendo más allá, no tenía ni la menor idea de cómo podría salir una revelación así.
Avalon. La vaina mágica del Rey Arturo, un artefacto místico de gran poder que los patrones de Kiritsugu habían encontrado de puro milagro y se lo habían presentado. Incluso en la otra punta del planeta, la leyenda del llamado Rey de los Caballeros era conocida y esa herramienta tampoco era un elemento tan obscuro que digamos.
Había teorizado que al introducirla en Shirou y dejarla ahí, esta había servido como un catalizador dentro de él que por medio de los misterios que contenía, había culminado por alinear el Origen de Shirou con su Elemento.
"Nadie escoge los Orígenes de uno." Respondió con sinceridad. "Se nace con ellos y ya. Se puede vivir toda una vida sin saber que existen y fallecer cuando llega la hora, solo para que el Origen vaya a pasar a otra persona que acaba de nacer. ¿Pero quienes se enteran de ellos? Pasan esa vida siendo influenciados de una u otra forma por eso... Y a veces, dependiendo si los despertaron o no, son consumidos."
Viendo las expresiones de los niños, se apresuró a responder. "¿Pero lo tuyo? Parece ser que lo único que pasó fue que se apodero de tu Elemento y ya. ¿Qué pasará con eso? Supongo que lo que sea que hagas con tus dotes mágicas. Solo tienes que evitar obsesionarte con eso, lo más probable es que no te pase nada así como estas."
Aquello pareció tranquilizar a Shirou, quien se acomodó en el asiento antes de añadir. "Waver-sensei dijo más o menos lo mismo... Pero gracias, necesitaba escuchar algo más."
"Por nada." Concedió Sougen mientras salían de Misaki por medio de una carretera que se internaba en el bosque. Los pelirrojos miraron a través de las ventanas con curiosidad, viendo aparecer árboles de todo tipo a los lados, así como una gasolinera con una tienda de autoservicio.
Sougen resopló con algo de humor al caer en cuenta de algo, llamando la atención de los dos. "¿Saben? Es un poco curioso que mencionaras tus atributos alineados de Espada... Cuando vamos justamente a la casa de una familia bastante relacionada con esos objetos."
"¿Ah?" Shirou preguntó inteligentemente, mientras que Kohaku entornaba los ojos antes de murmurar. "Los Touzaki."
Al oírla, Sougen asintió. "Precisamente, los Touzaki. Son una de las ramas de los Tohno que viven por aquí, tienen un antepasado que se interesó por la herrería y desde hace como un siglo y tanto terminaron por convertir esa actividad en la principal de la familia."
"¿Fabrican espadas?" Pregunto el pelirrojo, algo extrañado.
"A veces." Admitió Sougen. "Lo mantienen como una tradición, pero al igual que los demás dentro del círculo de los Tohno tienen una mano en otros negocios. Pero no es raro que de vez en cuando alguien interesado les pague para que forjen una, o lo hacen simplemente por costumbre."
Finalmente, se internó en un camino a la izquierda.
"¿Que venimos a hacer exactamente, Sensei?" Preguntó Kohaku, intuyendo que se estaban acercando ya al lugar.
"Bueno, yo vengo a realizarle una sesión de acupuntura a Naomi-chan, la hija mayor de la familia." Respondió Sougen. "Tu vas a observar cómo es que lo hago y me pasaras las agujas, nos tomaremos como una hora aproximadamente. Shirou-kun, por otra parte, va a tener que esperar un buen rato. Terminando eso y si el señor de la casa se siente generoso, quizás nos inviten a comer."
Una vez dicho eso, el camino los llevó a parar a un claro donde yacía otra mansión japonesa con un aspecto algo más rústico.
"Muy bien, ya llegamos, niños." Les dijo mientras se estacionaba al lado de un tronco justo donde el camino llegaba a su fin. "Kohaku-chan, saca el bolso verde de la cajuela por favor."
La pelirroja asintió antes de salir del vehículo y abrir ese compartimento, solo para que Shirou le ofreciera su ayuda. Al ver aquello, Sougen suspiro antes de indicarle al ojiámbar que podría ayudar llevando otra bolsa, de un color azul.
Tras cerrar la cajuela, el trío se puso en marcha hacia la casa. Teniendo la estructura cada vez más cerca, pudieron apreciar uno que otro detalle de esta que servía como un indicador de que el edificio era bastante antiguo, en definitiva, mucho más que la Mansión Tohno.
"Recuerden dejar sus zapatos afuera." Comentó Sougen, mientras estaban a poco menos de veinte metros del pórtico y se acercaban cada vez más. "Y portense bien, los Touzaki son más estrictos que los Tohno dentro de su casa."
Antes de que Shirou pudiera preguntarse si la persona que iban a ver era más aterradora que Makihisa, Sougen había llamado ya a la puerta, y esta se abrió, revelando así a una joven al menos de la edad de Waver.
Era una mujer en algun punto de sus veinte, con ojos color cafe, el cabello negro y sedoso recogido en una coleta, y facciones bastante finas.
"Jinan-san. Lo estábamos esperando." Lo saludo amablemente antes de reparar en los dos niños y preguntar. "¿Y ellos son?"
"Una es mi aprendiz." Respondió Sougen apresuradamente, y teniendo intenciones de mantener la farsa, no tardó en añadir. "¿Se encuentra tu padre en casa? Me temo que he de hablar con él, Naomi-chan."
Naomi entorno los ojos por un momento, antes de asentir. "Se encuentra ahora, síganme por favor."
Tras retirar los zapatos que llevaban y dejarlos fuera, los tres se adentraron a la casa, siguiendo a la mujer por un pasillo que los condujo eventualmente hasta una pequeña sala con una mesa en el centro rodeada de asientos. Dos de las paredes eran paneles corredizos, que seguramente conducían a otras partes de la estancia, mientras que en una tercera reposaba un objeto que llamó de inmediato la atención de los niños. Una espada.
"Los niños pueden esperar aquí." Sentenció la mujer con un gesto antes de dirigirse al curandero. "Jinan-san, por favor sígame."
"Recuerden lo que les dije." Les indico por última vez Sougen, antes de dejarlos solos en la estancia en lo que tomaban asiento.
Y de ahí, un silencio incómodo. Silencio que no duró ni un minuto antes de que Kohaku lo rompiera.
"¿De verdad estás bien?" La pregunta lo tomó por sorpresa y causó que soltara un suspiro. No estaba muy acostumbrado a que le preguntaran más de una vez la misma cosa, especialmente cuando había dado una respuesta ya la primera vez.
Kohaku parecía estar esperando pacientemente su respuesta a juzgar por como no despegaba su mirada de él. Una acción que hizo que se sintiera algo incómodo mientras pensaba que responder.
Podría mentir, claro está. Si lo hacía, quizás la pelirroja no presionaria en el tema, aunque eso los dejaría con un silencio incómodo hasta que el curandero o Naomi regresaran de donde estaban. Pero por otra parte, el solo pensar en mentir cuando su compañera estaba preocupándose por él, pues...
"No lo sé." Admitió, encogiendo los hombros. "Todo ha sido muy confuso últimamente. Taumaturgia, rufianes, magi... A veces siento como si estuviera en uno de los anime que Fuji-n..." Su voz se ahogó un poco al recordar a la chica castaña a la cual no vería por un tiempo.
"Hmm." Asintió Kohaku, mientras depositaba ambas manos en su regazo. "¿Lo sientes pesado?"
"Eso también." Concedió el ojiámbar, frunciendo el ceño. "Tener que mudarse de la nada y por esto... Bueno, si estoy algo molesto, pero más triste." Se detuvo luego de sentir la mano de ella sobre su hombro, como una muestra más de solidaridad.
Volteo a mirarla, y si bien se topó con su rostro marcado solamente por un semblante casi permanentemente preocupado que había aprendido a identificar con ella, pudo notar como en sus ojos se dibujaba una simpatía que le hizo sentirse mejor.
"No se que decirte realmente, Shirou." Le confesó. "Pero... Tu, tu padre y tu maestro están bien, yo creo que eso es suficiente para alegrarse."
"Hmm, supongo que tienes razón." Respondió el pelirrojo asintiendo, antes de sonreír un poco. "Gracias Kohaku, eres una amiga genial."
'Amiga, amiga, amiga.' Kohaku por fuera se limitó a asentir, mientras que por dentro parecía estar teniendo problemas dirigiendo el timón. "... No es nada, Shirou." Finalmente respondió a la par de que intentaba disimular el mini ataque de pánico que había tenido por unos segundos.
Ajeno a lo que pasaba por su cabeza, Shirou continuó. "También... Ugh, Kiritsugu y Waver-sensei básicamente me dijeron ayer que no iba a poder ayudarlos con esa cosa."
Aquella oración bastó para poner en orden los pensamientos de Kohaku, quien lo miró como si un tercer ojo le hubiera brotado en la frente antes de hablar. "¿Qué?"
"... No es justo, ellos dos encima me dijeron anteayer en que estaban metidos porque merecía saberlo, pero luego me dicen que eso es todo." Shirou realizó una mueca mientras se cruzaba de brazos.
La pelirroja no dijo nada por casi un minuto, hasta que retiró lentamente la mano que había dejado en el hombro de Shirou antes de alzarla con tal de que alcanzara su cabeza y una vez que posiciono los dedos a la altura de su sien, disparó el índice contra esta.
"¡Auch!" Se quejó Shirou, sobandose el área. "¿Ahora tu?"
"¿No habíamos quedado en que no ibas a hacer tan descuidado ayer?" Le recordó Kohaku mientras retiraba su mano mientras lo señalaba con esta. "Si tu padre te está diciendo que no tienes porque meterte, te lo está diciendo por una buena razón."
"Ugh." Shirou casi gruñó y entrecerró los ojos mientras meneaba su cabeza. "Pero yo no me puedo quedar aquí sentado fingiendo que todo está bien mientras que él y Waver-sensei salen a estar en peligro."
"Pero ellos son adultos, tú eres un niño." Señaló Kohaku, sintiendo un toque de molestia ante el razonamiento del pelirrojo. "¿Tu que vas a hacer que ellos no puedan?"
"Hmm... No sé, ayudarlos como la otra vez." Sugirió Shirou, también levantando un poco el tono de su voz. "Cualquier cosa, menos no hacer nada."
"Hmm..." Musito de manera ininteligible la ojiámbar antes de contrarrestarlo. "Ahí lo tienes, ya hiciste algo por ellos. ¿Qué más tienes que hacer?"
"¡Eso no es suficiente!" Exclamó Shirou, demostrando nuevamente lo terco que era. "Aún no han terminado con ese caso. Puede que necesiten más ayuda."
"¡Tú no sabes eso!" Hasta ella se sorprendió con lo frustrada que estaba sonando. ¿Qué le pasaba? Era casi como un enojo que no sabía que podía llegar a tener. "¿Porque insistes en querer arriesgarte cuando no lo necesitas? ¡Nadie te está pidiendo que hagas nada!"
"¡Porque Kiritsugu lo está haciendo por mi!" Finalmente lo soltó Shirou, solo para caer en cuenta de lo que había dicho y cerrar la boca mientras palidecía.
La pelirroja por otra parte, estaba reprimiendo las ganas de asestarle un golpe en la cabeza para callarlo cuando se paralizó tras escuchar eso.
"... ¿Qué?" Preguntó, inclinando su rostro ligeramente hacia la izquierda.
"... La noche anterior a la pelea en los muelles, Kiritsugu me habló sobre el trabajo que Makihisa-san le dio." Reveló Shirou, viendo que no iba a poder negar tal cosa. "No, más bien, me habló de una sola cosa que tiene mucho que ver con eso."
Respiro hondo, tratando de recuperar el aliento.
"¿Recuerdas cómo hace meses pasó todo ese relajo de que me escape tras oír cosas que no me gustaron que Kiritsugu no me había contado? Pues desde que regresamos a Fuyuki, comenzó a intentar remediar sus errores poco a poco, intentando enseñarme mas del mundo iluminado por la luna y de taumaturgia." Tras ver como Kohaku asentía, decidió continuar. "Dijo que no quería que terminara siendo una víctima más de todo eso por no saber nada... Pero esa noche, reveló otra cosa."
"... ¿Que fue?" Kohaku se sintió mal por preguntar, viendo como el recuerdo no parecía ser precisamente agradable, pero sentía también que Shirou necesitaba sacarlo.
"Meterse a conseguir lo que Makihisa-san quiere es peligroso, como pude ver después... Y encima, Kiritsugu tiene un problema mágico que vuelve la cosa más difícil... Así que, si le llega a pasar lo peor..." El pelirrojo trago saliva, intentando desesperadamente no imaginar tal escenario. "El trato que tiene con Makihisa-san lo obliga a él a protegerme a mi."
Fue como si le hubieran dado un golpe en el estómago a la pelirroja. ¿A eso había llegado el padre de Shirou? ¿Acaso tenía la menor idea de que podría significar eso para ese hombre? Si Shirou sentía un pavor enorme ante aquel escenario, en la pelirroja despertó una angustia de lo más horrenda, de solo pensar en que él estaría también en las garras del hombre...
"... Es por eso que quiero ayudarlo." Opto por terminar Shirou, mientras miraba hacia el suelo. "No, es por eso que necesito ayudarlo. No quiero que tenga que estar haciendo eso por mí, solo."
Así que era eso.
'... ¿Quieres arriesgar tu vida por tu padre y otra persona?' Pensó ella con el ceño fruncido, mientras que intentaba poner orden nuevamente a sus pensamientos, sin mucho éxito, y más cuando uno especialmente traicionero casi le susurro.
'¿Y no es eso lo que TU estas haciendo?' Se preguntó así misma, causando que apretara un trozo de su falda, mientras mordía su labio inferior. '¿Cuál es la diferencia?'
Entonces suspiro, en un intento por frenar esa línea de pensamiento de Shirou antes de que hiciera algo que lo dejaría mal.
"No te entiendo, Shirou." Le confesó, meneando la cabeza por su cuenta. "Vamos a suponer que puedes ayudarlos... ¿Qué vas a hacer? Eres solo un niño y ellos dos son adultos y encima magi, además de que tu padre es un cazarrecompensas."
Esperaba que respondiera nuevamente con que no sabia que hacer, para que ella pudiera seguir presionando desde ese ángulo. Con algo de suerte y tras insistir por mucho tiempo, quizás conseguiría distraerlo lo suficiente.
Si, eso debía de funcionar.
Pero desafortunadamente para ella, la confianza que tenía se derribó como un castillo de naipes cuando esas palabras sirvieron para encender el ventilador de la confianza de Shirou.
"... Pero si puedo hacer algo." Murmuró el pelirrojo mientras miraba sus manos. "Puedo usar taumaturgia... Solo tengo que estudiar y entrenar más duro con lo que se."
Kohaku abrió ligeramente la boca, viendo como su 'plan' se descarrilaba al instante. "... N-no me referia a eso..."
"Hmm, puedo arrojar dardos y hasta un kunai como ese bastante fuerte y lejos si refuerzo mi brazo." Shirou la ignoró, mientras comentaba para sí las cosas que se le ocurrió que podía hacer. "¡Oh! También Kendou, si pudiera combinar reforzamiento con eso como Waver-sensei me dijo, quizás pueda..."
Se detuvo tras ver como Kohaku lo miraba casi aterrada y alzó una ceja en respuesta antes de preguntarle. "¿Qué?"
La pelirroja parpadeo varias veces antes de suspirar y murmurar algo que no alcanzó a escuchar, entonces respiro hondo y volvió a mirarlo con su expresión preocupada usual.
"Shirou. ¿Quién te va a enseñar todo eso? ¿Velvet-san? ¿Tu padre?" Le preguntó, decidida a no rendirse aun con su tarea. "Dudo mucho que quieran hacerlo viendo lo que deseas hacer tu... Y aun si lograras engañarlos, se terminarían por dar cuenta."
"... Oh." Shirou frunció el ceño al caer en cuenta de eso, y recordó entonces como Waver le había dicho bien que no podía ni iba a enseñarle nada más por no tener ningún propósito como magus al no querer convertirse en uno.
Un tema que le llevaba carcomiendo la cabeza desde esa tarde.
Viendo como se quedaba callado, Kohaku sintió cerca la victoria y procedió a rematar el tema, decidida a terminar ahí. "¿Lo ves? Lo mejor es hacerle caso a tu padre y ya."
"¿Ah? Entonces solamente trabajaré en lo que conozco." Le arrebató las palabras de la nada, al parecer no decidido a rendirse. "Se las instrucciones ya de lo mágico y solo necesito entrenar una y otra vez lo demás. ¡Puedo empezar cuando quiera!"
Kohaku tuvo que reprimir las ganas de arrancarse el cabello y resopló. Tal parecía que las tornas habían cambiado.
"¿Y qué vas a hacer entonces? ¿Crear copias de cualquier objeto filoso que veas y arrojarlo?" Preguntó con un sarcasmo que no sabía que tenía, antes de señalar a la espada de adorno que estaba colgada en una pared. "Mira, ahí tienes a una."
Y supo que había cometido un error cuando Shirou volteo en aquella dirección, y se levantó, antes de comenzar a caminar hacia ahí.
"Oye, no vayas a tocar eso." Le advirtió mientras se levantaba tan rápido como podía, teniendo la intención de evitar que hiciera alguna tontería.
"No necesito tocarla de hecho. Observa." Comentó Shirou mientras le echaba una mirada a la espada a la par que sus circuitos se activaban. "Trace on."
Queriendo tener un mejor punto de apoyo, señaló a la espada mientras se concentraba en esta. Pronto, logró tener una imagen algo fiel de esta en su mente.
Con eso bajo su control, comenzó la parte divertida mientras proyectaba la forma etérea de la espada para darse una idea de como hacerlo mejor antes de dejar que esta se deshiciera.
Entonces, repitió el mismo proceso antes de colocar su mano en la hoja fantasmal y usar Alteración para poder rellenar la forma. Para terminar, hizo recorrer su mano por encima, aplicando el Reforzamiento, y tras retirarla, tuvo una copia idéntica de la espada.
Que terminó por caerse al suelo al no tener nada para sostenerla en el aire, causando que Shirou saltara hacia atrás mientras Kohaku ponía los ojos en blanco.
"Niño tonto." Murmuró, meneando la cabeza mientras caminaba hacia donde estaba la espada y la miraba, antes de hacer lo mismo con la original en la pared. Tras una breve comparación, se agacho para tomar el mango con una mano y emitió un quejido al notar que esta pesaba bastante para su tamaño.
"Ugh... ¿Y cómo se supone que vas a usar algo así? No sé nada de Kendou, pero juraría que estas cosas no se usan ahí."
"Nope, solo usamos shinai. Están hechas de madera." Respondió Shirou mientras rascaba su nuca. "Hmm, ¿podría intentar hacerla menos pesada? Voy a probar."
Se concentró en la proyección reforzada y alzó ligeramente su mano. En paralelo a eso, la espada comenzó a levantarse desde el suelo ante la mirada incrédula de Kohaku, quien soltó su mango mientras daba un paso hacia atrás.
La proyección levito hasta quedar a la altura de Shirou y comenzó a tambalearse en el aire mientras que el pelirrojo intentaba hacer que se quedara quieta, cosa que consiguió luego de un par de segundos.
"... ¿Puedes hacer eso?" Kohaku le preguntó, asombrada por lo que parecía ser telequinesis.
"... Primera vez que lo hago." Respondió Shirou, igual de sorprendido mientras movía levemente su mano, haciendo que la posición de la espada en el aire cambiará también de acuerdo a ese movimiento.
Entonces la hizo descender y al concentrarse un poco más en la forma, consiguió que la espada girara sobre su propio eje.
"Wow." Fue lo único que consiguió decir Shirou, mientras hacía que aquel movimiento se detuviera, y ahora la transportará hacia la izquierda, guiándola con el brazo que ahora estaba extendido. "Parece que si me concentro de esta manera, puedo hacer que se muevan aun si no las estoy agarrando."
Pero no pudieron averiguar más, pues el sonido de pasos caminando por el pasillo los puso en alerta de inmediato.
"Trace off." Musito Shirou, dejando que la proyección se disipara tan rápido como pudo. Justo a tiempo, porque un par de segundos después Sougen se asomó a través de la entrada de la estancia y los miro.
"Muy bien, siguen aquí." Dijo, antes de dirigirse a la pelirroja. "Kohaku-chan, sigueme por favor. Y trae las dos bolsas." Le instruyó, causando que ella asintiera antes de agacharse a tomar ambos objetos y caminar hacia donde estaba su mentor, pero no sin antes voltear hacia atrás y guiñarle el ojo a Shirou.
Ajeno a eso, Sougen se dirigió ahora a él. "Quédate ahí por ahora. No tardaremos mucho."
Y ambos desaparecieron por el pasillo, dejándolo solo en el cuarto. Tras asegurarse de que nadie estuviera cerca, Shirou activó nuevamente sus circuitos mágicos y no tardó en proyectar nuevamente otra copia de la espada en el suelo.
Esta vez, concentró ambas manos en la imagen mental que tenía de esta y pensó con todas sus fuerzas que se levantara de donde estaba. Tal y como la vez anterior, la espada tambaleo un poco en el aire mientras iba ganando lentamente algo de altura, y no tardó en llegar hasta el mismo nivel de su estatura.
Aun usando las dos manos, comenzó a mover sus brazos de la derecha a la izquierda, consiguiendo que la espada imitara dicha trayectoria de una manera perfectamente paralela.
Tuvieron que pasar varios minutos de Shirou experimentando de esa manera para asegurarse de que no iba a dejarla caer de la nada y que finalmente se animara a retirar una de las manos, dejando que la espada fuera controlada solo por una.
Repitio el mismo proceso una y otra vez con esas condiciones, y entonces pareció sentirse convencido. Fue entonces que reparó en su otra mano y una idea más se manifestó en su mente.
'¿Y si intento hacerlo con dos?' Se preguntó con algo de duda. Duda que no tardó nada en convertirse en una curiosidad bastante expectante e hizo que quisiera ponerlo a prueba.
"Trace on."
Luego de haberlo hecho dos veces antes, no le fue nada difícil proyectar por tercera ocasión la espada, cuya imagen fue a parar al suelo, desde donde Shirou hizo que se alzara por medio de su mano libre, hasta alcanzar la misma altura que su predecesora.
Usando ambas manos esta vez, Shirou hizo que se movieran por el aire, casi como si estuvieran danzando e incluso se atrevió a hacer que cruzaran cuchillas. Con movimientos algo torpes, intento que se dieran un par de golpes como si se estuvieran batiendo en duelo, pero la coordinación que tenia difícilmente permitia tal cosa a pesar de lo mucho que se estaba concentrando.
Lo suficiente para no caer en cuenta de que alguien mas había entrado en la estancia desde hace no mucho rato y lo estaba viendo con un interés casi divertido.
"Ese truco se ve bastante interesante, pequeño magus." Escucho Shirou de la nada, causando que perdiera la concentración sobre las espadas y estas se cayeran al suelo, causando un pequeño estrépito que le hizo estremecerse. Se volteó para encarar al dueño de la voz, y terminó por toparse con un hombre mayor, de cabello largo y cuidadosamente recogido en una coleta, vestido a usanza tradicional con un yukata ligero con diseños de remolinos y espirales.
"Ah... Ah, disculpe... Yo." Intento explicar.
El hombre soltó un resoplido con humor mientras se cruzaba de brazos y lo cortaba. "Tranquilo niño, Sougen me comento de tu presencia aquí hace rato. Un invitado de Makihisa, ¿no? ¿Cual es tu nombre?"
Viendo que no parecía estar en problemas, Shirou se relajo antes de responder. "Shirou, Shirou Emiya."
"¿Shirou Emiya, eh?" El hombre atusó su barba antes de asentir gravemente como si estuviera resolviendo un rompecabezas. "El segundo hijo guarda el palacio. Un buen nombre." Comentó, antes de añadir. "Yo soy Amakuni Touzaki, y se bienvenido a mi casa."
El pelirrojo inclinó levemente la cabeza en señal de respeto, y entonces reparó en cómo las espadas seguian en el suelo, donde afortunadamente no había causado ningún daño. Amakuni le siguió la mirada y arqueo una ceja.
"Vaya, ¿que tenemos ahí?" Comento con curiosidad antes de señalar a la más cercana. "¿Podrías pasarme esa, Emiya-kun?" Le pidió.
No viendo ninguna razón para no hacerlo, Shirou obedeció antes de concentrarse nuevamente en esta y hacerla levitar hasta quedar enfrente de Amakuni, quien la tomó del mango. El pelirrojo soltó su agarre inmaterial sobre esta, pero el hombre la sostuvo sin esfuerzo alguno antes de acercarla más con tal de examinarla mejor.
Fue en ese entonces que Shirou recordó que Sougen había dicho que los de esta familia eran herreros de espadas.
Y le echó una mirada a la original antes de tragar saliva. No sabia que representaba la espada que había proyectado ya que encima, ni se le había ocurrido mirar su historia... ¿Y si era algo importante para el hombre? ¿Quizás hasta una que él mismo había hecho? ¿Cómo se sentiría en ese caso?
Shirou dudaba que viera con buenos ojos que básicamente había hecho una copia de su trabajo, sin embargo, Amakuni no parecía mostrar ninguna otra emoción mientras sus ojos inspeccionaban todos los detalles que podía ver en la espada, y dejaba pasar su mano por uno de los lados planos de la hoja.
Entonces, se limitó a caminar un poco y dejarla sobre la mesa antes de dirigirse nuevamente hacia el. "¿Me puedes pasar la segunda ahora, por favor?"
Arqueando una ceja, el ojiambar se encogió de hombros al no poder detectar nada ni en su tono ni en su rostro, así que se limitó a hacer lo que le pedía. Tal y como la vez anterior, acerco por medio del aire la espada y la solto una vez que Amakuni la agarro.
El herrero la inspeccionó igual que la otra por casi un minuto antes de comentar. "Es idéntica." Fue entonces que la tomó con ambas manos y dio un par de pasos hacia atrás mientras la mecía gentilmente de un lado a otro, solo para levantarla sobre su cabeza y descargar un tajo de la nada contra la mesa y justo sobre la otra espada.
¡CLANG!
Metal chocó contra metal y un tintineo intenso surgió en un instante, que hizo que Shirou saltara hacia atrás, tomado de sorpresa por el movimiento. Amakuni por su parte, miró como el borde de la katana había impactado con la hoja de la que había apoyado en la mesa y frunció el ceño tras retirarlo y echarle un vistazo.
Ahí, justo en el área del golpe se podía notar un leve rasguño, que le hizo dejar la otra espada a un lado de esta, y tomarla en su lugar mientras dejaba escapar un silbido de apreciación.
"Nada mal." Concedió, mientras balanceaba la espada en su mano izquierda. "Es resistente, tan resistente como la que está en la pared. Esta herreria tuya es bastante fuerte, Emiya-kun."
"¿Herreria?" Shirou lo miró perplejo tras escuchar eso. "Pero lo que yo hago es Taumaturgia, no herreria." Señaló inocentemente, causando que Amakuni resoplara nuevamente antes de mirarlo con el fantasma de una sonrisa en sus labios.
"Te sorprenderías de lo íntimamente relacionadas que están la magia y la herrería. O yendo más allá, de cómo lo están muchas cosas en el mundo que no parecen tener conexión entre sí." Le respondió, mientras dejaba la espada que estaba sosteniendo de vuelta en la mesa. "La herrería consiste en fundir el metal y darle forma a martillazos antes de pasar cuchillo y cincel sobre lo que esculpimos. ¿Qué es lo que haces tú?"
"Hmm, yo, bueno..." Shirou mordió sus labios, preguntándose porque siquiera estaba haciendo todo eso. "Veo el objeto en mi mente y creó una imagen de este... Entonces la relleno y finalmente la vuelvo dura."
"Y ahí lo tienes." Amakuni le remarcó. "Usas tu energía vital para darle luz al material que necesitas y lo vas moldeando de acuerdo a tus deseos. Sin una forja, sin fuego, sin anvil y sin martillo quizás, pero es herreria pura y dura."
Viéndolo desde aquella perspectiva, que el pelirrojo intentaba comprender, el hombre parecía tener razón. Pero Shirou tenía una última carta bajo su manga que jugar.
"Pero... No las cree por mi cuenta, las copie de algo que ya existía." Señalo, esta vez con algo de nervios.
Amakuni se encogió de hombros y miró a las dos espadas. "¿Y porque fue que las copiaste en ese caso?" Le pregunto.
Viendo que el hombre seguía estando sereno, Shirou perdió algo más de la tensión que lo estaba atenazando y suspiro mientras que su mente vagaba a los momentos en como minutos atrás había tenido una discusión al respecto con Kohaku.
"... Yo, descubrí hace poco que es lo único en lo que parezco ser bueno, y quisiera ayudar a mi papa en algo, pero no quiero ser un estorbo." Admitió con desgana, mientras repetía el mismo gesto que el hombre. "Según mi maestro, lo que puedo hacer con cosas afiladas como esa espada y otra cosa, se debe a algo único con mi taumaturgia y quiero volverme mejor en eso."
"¿Crear espadas?" Amakuni lució sorprendido y no tuvo pudor en demostrarlo. "Bueno, he oído de quienes invocan o crean diversas construcciones con magia de una u otra forma, pero esto que acabo de probar no se parece en nada a eso." Comento mientras le daba una palmada a las espadas.
"Apenas estoy comenzando a probarlo... Fue hace un par de días que descubrí como hacerlo." Admitió Shirou.
"Hmm." El herrero miró las espadas como si estuviera inmerso en una reflexión bastante profunda y le dedicó otra mirada al pelirrojo antes de asentir. "¿Te gustaría ver otra espada más?"
"¿O-otra?" Pregunto Shirou, alzando una ceja, a lo que Amakuni asintió mientras recorría uno de los paneles que formaba parte de la pared a su izquierda de la estancia, revelando así otra habitación algo más ornamentada a juzgar por los jarrones que yacían en un rincón, un cuadro tradicional que mostraba unas golondrinas en vuelo, y otra espada descansando en la pared de hasta el fondo.
Incluso a esa distancia, el pelirrojo podía notar como era muy diferente a la que había proyectado. Esa era una pieza relativamente simple, con un mango negro y una larga hoja casi inmaculada.
Lo que reposaba del otro lado y que era la fuente de atención de sus ojos, estaba en una liga aparte. Lo único que tenían en común era básicamente su tamaño, pero fuera de eso, la cuchilla con grabados borrosos en el metal, el anillo de la guardia con decoraciones que no alcanzaba a distinguir, así como el pomo ligeramente grueso, terminaban por delatarla.
"Junichiro Touzaki." La presentó Amakuni mientras caminaba hasta ella antes de tomarla de su lugar y regresar. "Lleva ya un par de décadas con nosotros, fue forjada por un tio mio cuando era mucho más joven y desde entonces ha estado aquí. ¿Qué te parece?"
"Wow." Shirou la admiro, mientras acercaba su mano antes de detenerse y mirarlo. "¿Puedo?" Pregunto, pidiendo permiso.
"Adelante." Lo permitió Amakuni, dejando que el pelirrojo pasara su mano por la hoja, teniendo especial cuidado con acercarse al borde. No tenía idea de cómo era tocar una espada así hasta ese momento, y la sensación del metal sobre la yema de sus dedos le transmitió una especie de escalofrío, hasta que finalmente se detuvo.
"Es distinta." Finalmente confesó mientras parpadeaba.
"Intenta copiarla." Sugirió Amakuni.
"¿Ah?" Inteligentemente respondió Shirou ante lo que acababa de escuchar.
"Te doy permiso de hacerlo." Añadió el hombre mientras asentía, por lo que el pelirrojo terminó por acceder.
"Trace on." Shirou rápidamente se dedicó a escanear la estructura de la espada, y frunció el ceño cuando se topó con algo más. La primera era metal, puro metal sin contar por obvias razones las partes de madera como el mango y la guardia, y estaba seguro de que dicho metal era acero.
Pero tambien habia algo mas en este que no creia haber leido hasta ahora. Ese era un problema con el Análisis Estructural, si bien le permitía ver la estructura de un objeto así como identificar sus partes e incluso sus materiales, de alguna forma u otra estaba limitado a lo que él conocía.
Pensándolo bien, debería de haberle preguntado eso a Waver.
Frunció el ceño ante el material, pero desechó ese pensamiento antes de concentrarse en seguir con la proyección. Por esa interrupción, demoró un poco más de lo que normalmente le tomaría.
Y al final, terminó por presentar una copia de Junichiro a Amakuni, levitandola por medio del control que tenía sobre la proyección. El hombre la inspeccionó desde ahí, asintiendo un par de veces, antes de preguntarle.
"¿Crees poder mantenerla en el aire por un minuto?" Shirou titubeo por un par de segundos, antes de reforzar el control sobre la espada, haciendo que esta permaneciera suspendida de una manera mucho más rígida. Tal acción no fue ignorada por Amakuni, quien la interpretó como la respuesta.
"Muy bien." Sentenció, antes de asegurarse de dar un par de pasos hacia atrás, y sin previo aviso, descargó un golpe certero justo en medio de la espada proyectada.
Y esta vez, Shirou se estremeció al ver como la copia era partida a la mitad y ambos fragmentos iban a parar al suelo a consecuencia de haber perdido la concentración.
"Frágil, bastante frágil comparada con las anteriores." Declaro Amakuni. "Supongo que algo paso."
"Eh..." Shirou recordó lo del material a lo largo de la espada fundido con lo que el Análisis Estructural le había dicho que era acero y lo pensó por unos segundos.
"Lo sabes, ¿no?" Eso no pasó desapercibido del herrero, quien casi parecía haberle leído los pensamientos.
"Hmm, cada vez que he escaneado algo asi, me dice que es metal y solo metal." Finalmente confesó el ojiambar, algo confundido aún por ese dilema. "Pero cuando lo hice con esta espada, pude ver algo más que no sabía que era, así que solamente la copié con metal."
"Vaya." Amakuni atusó su barba una vez más, antes de plantar la espada en el suelo, y apoyar sus manos en el pomo. "Cuando Sougen me comentó que vería del niño que le acompañaba aquí algo interesante relacionado con el arte de mi familia, me sentí intrigado. ¿Pero esto?"
"¿Jinan-san dijo eso entonces?" Pregunto Shirou, alzando una ceja.
"Junto con otras cosas." Continuó el hombre, antes de señalar a la espada. "Dijiste que esto es lo único en lo que eres bueno. Si este es el poder que está a tu alcance, estudiarlo a fondo será tu deber en tanto quieras seguir con ese propósito tuyo."
'Proposito.' Esa palabra se sintió como una mariposa revoloteando a un lado suyo apenas la escucho. ¿No era eso lo que?... El pelirrojo sacudió ligeramente su cabeza con el fin de no distraerse. "¿Como?"
"No se como funciona tu hechicería, pero es más que seguro que necesitas entender lo que quieres replicar. Y si son espadas, pues de las espadas tendrás que aprender. Quizás más de lo que crees."
Entonces, dejó escapar una sonrisa que Shirou no estaba seguro si le aterraba o no.
"Menos mal que hay alguien enfrente que te puede dar una mano."
A/N: Antes que nada, debo de confesar que no estoy del todo satisfecho con este capítulo. Originalmente iba a incluir unas cuatro escenas más, que concluirán directamente esta parte del arco y nos llevarian directamente al evento principal de este.
Pero luego de la pausa de tres semanas, reparé en que ese plan no estaba muy en acorde con lo que llevaba, así que tomé la decisión de dejarlo hasta aquí, lo cual significa que habrá un capítulo extra en este arco.
La cosa del Clan Yakou teniendo el órgano de un dios en su posesión no me lo invente yo. Literalmente sale en el segundo volumen de Las Aventuras de Lord El-Melloi II. Una revelación de que existen alrededor de ocho órganos similares por todo Japón, que con la fundación de algunas formas de Taumaturgia Japonesa y deben de ser preservados de una forma u otra con el fin de mantenerlas.
Los Yakou emplean un Cofre Negro. Lo sellan dentro de un miembro de su clan a lo Jinchuuriki de Naruto.
¿Y la identidad de este dios es? Pues se nos menciona que es uno de origen griego traído por Alejandro Magno que fue a parar a Japón y hay un solo candidato: Fuujin, el Ogro-Dios japonés que es hermano gemelo de Raijin y porta un saco con el cual controla los vientos.
Por otra parte, tenemos un vistazo a la historia y origen de los clanes de mestizos entre humanos y Oni contada con Makihisa, así como finalmente la aparición del bonito plot device que pone en marcha la llamada 'Primera Parte de la Historia'.
Y finalmente, el bonito primer conflicto entre los amigos que se acaban de volver a encontrar. ¿A dónde nos va a llevar esto?
Bueno, lo verán muy pronto.
Espero hayan disfrutado el capítulo. Nos vemos hasta la próxima.
- Sukracharya (15/12/21)
