A/N: Joder, regresamos justo después de dos meses aquí. Lamento muchísimo la demora. Entre mi cumpleaños, una mudanza a otro estado, trabajar en mi Tesis y soltar uno que otro proyecto mio, escribir este capitulo me tardo más de lo que me hubiera gustado. Pero aquí está.
Pasemos a contestar reviews.
- orocontra2012: Hazanken es el nombre japonés que recibe, pero nada tiene que ver con la Kusanagi. Su nombre verdadero y leyenda es algo que será mencionado en justamente dos arcos, pero que no veremos del todo hasta un futuro arco que tomará lugar en China.
- TheGamer24: Muchas gracias por tus comentarios, me alegra que te haya gustado hasta ahora mi trabajo.
- GustavoIVS: Yup, pobre Shirou. No tiene ni la menor idea de lo que le pasara en el futuro con sus problemas de mujeres. Aunque este arco es el último donde el "aprendizaje" de Shirou avanza a paso de caracol. A partir del siguiente, lo vamos a ver yendo un poco más rápido y aprendiendo nuevos trucos mientras refina los que tiene.
Bueno, terminado con eso, pasemos al capítulo.
Recuerden, hay otra nota del autor hasta el final.
AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.
Clave:
'Pensamientos.'
"Diálogo."
Especial
"Voz sobrenatural/Resaltado"
"Taumaturgia."
Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ
Konton no Tatakai
Capítulo Dieciséis
"El Bosque Asediado"
Raiga resopló luego de dejar reposar su pipa en un pequeño soporte de su escritorio tras ver como el rishiki que estaba apoyando había sido echado del círculo de la arena y el árbitro estaba anunciando ya la victoria de su contrincante.
Menos mal no había apostado ni un misero yen en la pelea, porque de haber sido así, hubiera sido dinero perdido. Iba a tener que pensarlo mejor para la próxima vez que viera una pelea así.
La pantalla se cambió a comerciales, lo que le hizo apartar su mirada de la televisión y tomar nuevamente su pipa. El amargo sabor del tabaco inundó nuevamente sus papilas gustativas, mientras dejaba escapar una leve bocanada de humo.
No tuvo ni un minuto para admirar la serenidad del ambiente, porque escuchó como justo alguien tocaba a la puerta.
"Adelante." Respondió, volviendo a colocar nuevamente la pipa en el soporte.
La puerta se abrió, revelando a Ryouta, quien rápidamente inclinó un poco su cabeza antes de hablar.
"Fujimura-dono, hay un hombre que pide verlo." Anuncio, causando que el oyabun alzara una ceja mientras juntaba ambas manos sobre la superficie de su escritorio.
"No tengo ninguna cita para el día de hoy, y menos aquí." Musito, extrañado, antes de realizar un gesto con su mano con el fin de recalcar sus palabras. "¿Quién es este hombre? ¿Dijo algo más?"
"Solo que era un asunto algo urgente y que requería su ayuda." Respondió Ryota antes de añadir. "Es un sacerdote cristiano, dijo que se llamaba Kotomine."
Requirió cada onza de auto-control que Raiga poseía para no soltar un respingo, y si subordinado alcanzó a notar algo, optó por ignorarlo mientras esperaba la respuesta de su jefe.
No podía ser ninguna coincidencia que alguien de ese apellido en Fuyuki se le acercara no pocos días desde aquel incidente. Pero Raiga Fujimura a su avanzada edad conservaba una voluntad bastante firme y sangre tan helada como el agua del río durante el invierno. No se acobardaba fácilmente, y menos cuando no había obrado nunca contra ellos.
"Hazlo pasar hasta aquí." Finalmente le instruyó a Ryouta, quien se limitó a asentir, antes de darse la media vuelta y caminar por el pasillo.
Raiga exhalo, dejando que la tensión se evaporara levemente de su cuerpo, con el fin de mantener una postura mucho más tranquila. Se permitió tomar su pipa una vez más con el fin de acelerar un poco el proceso de relajación. El tabaco hizo maravillas con él, logrando devolverle un poco de calma.
Justo a tiempo para escuchar unos pasos en el pasillo acercándose, así como la voz de Ryouta indicandole a la otra persona que podía pasar.
La puerta se abrió nuevamente, revelando a un hombre de cabello castaño, bastante alto, y con una cruz dorada colgando de su cuello. Como si el apellido no fuera suficiente, las facciones de su rostro fueron fácilmente reconocidas por él.
"Kotomine-san." Saludo cordialmente, antes de volver a dejar la pipa en su lugar. "Vaya que es la viva imagen de su padre."
Los ojos del hombre se abrieron ligeramente con algo de sorpresa, antes de regresar a su estado normal. "Fujimura-san." Respondió el saludo mientras se acercaba. "Creía recordar de mi padre que los dos se conocían vagamente, pero desconocía que tanto."
"Risei-san y yo no solíamos hablar mucho, pero nos conocimos más o menos cuando estaba alrededor de tu edad. La última vez que hablamos fue a eso de doce años, donde me comento que tenia otro hijo y te mencionó por nombre." Respondió Raiga, visiblemente más relajado, antes de añadir de manera solemne. "Mis condolencias por su partida, era un buen hombre."
"... El Señor lo llamó a su lado en el momento adecuado." Respondió Kirei antes de asentir. "Pero agradezco sus palabras, Fujimura-san."
"Por nada, Kotomine-san." Raiga señaló a una de las sillas enfrente de su escritorio. "¿Gustas tomar asiento?"
La mirada del sacerdote se posó en el asiento, antes de asentir. No le tomó mucho acomodarse enfrente de este, solo para juntar ambas manos y volver a hablar.
"Fujimura-san, esta no es una visita social." Comentó, dando una pausa antes de continuar. "Como le comente al hombre que me escoltó hasta su oficina, tengo un asunto de naturaleza urgente que tratar con usted."
"Ryouta-kun me lo comento." Respondió Raiga con calma, sin apartar la mirada en algún momento. "¿En que es lo que me incumbe?"
"Los registros de la Iglesia confirman que la cabeza del grupo Fujimura está más que al tanto de la parte del mundo que está oculta." Comentó Kirei, tomando una leve pausa antes de continuar. "Estoy seguro de que sabe a lo que me refiero, Fujimura-san."
'Obviamente.' Pensó Raiga antes de que su expresión mostrara algo de molestia. "Ah, se trata de algo así entonces. Mi padre me lo contó hace años, cuando estaba adiestrándome para tomar las riendas de la familia, pero siempre procure mantenerla alejada de esos asuntos."
"Veo que estamos casi en la misma página, entonces. Eso es bueno." Asintió Kirei. "Soy un Ejecutor, un miembro del brazo armado de la Santa Iglesia, que ha sido estacionado aquí tanto como sucesor de mi padre, quien era supervisor del área... Como también tutor y regente de la actual heredera a la administración bajo la autoridad mágica de la región."
"Oh, mis felicitaciones, supongo." Raiga fingió estar sorprendido, antes de presionar. "Pero sigo sin ver en que me concierne."
"Estoy aquí bajo el deber de ambos cargos, porque requiero su ayuda, Fujimura-san." Una de las manos del sacerdote tomó la cruz que le colgaba en el cuello antes de soltarla. "Estoy seguro de que ha escuchado hablar de aquel incidente en el puerto de hace unos días."
Gracias a que ya se había estado preparando para eso, Raiga se mantuvo impasible. El oyabun asintió levemente, luciendo de lo más natural. "Un par de veces, si."
"He realizado ya mis propias investigaciones, y es indudable el hecho de que ese incidente contó con varios elementos sobrenaturales en juego." Reveló con calma Kirei. "Siendo algo expuesto al público y que hubiera significado una brecha en el Status Quo que mantiene estas cosas en lo oculto, naturalmente la Iglesia tuvo que meter mano para manejar un control de daños. La heredera de los Tohsaka por otra parte, me pidió que investigara en su lugar, ya que ella es demasiado joven para poder realizar tal labor."
"Entiendo." Asintió Raiga, viendo ya cual era el propósito del sacerdote. Había estado en un par de situaciones así antes, pero por las dudas era mejor comportarse de una manera algo inexperta. "¿En que puedo ser de asistencia?"
"Fujimura-san. No soy un hombre de la ley del gobierno, mi deber se encuentra en otra escala." Respondió Kirei, cambiando la postura de sus manos. "No tengo ningún reparo en la naturaleza de los negocios que realice, por lo que no preguntaré detalles al respecto de ellos y en caso de ser necesario, haré un voto de no levantar testimonio ante las autoridades correspondientes. Lo único que requiero es información de parte del submundo."
'Así que era eso.' Raiga frunció el ceño. 'Menos mal.' "Indagare lo que pueda, Kotomine-san. ¿Buscas algo en especifico?"
El sacerdote meneo con la cabeza. "Cualquier rumor al respecto, incluso si es descabellado me sirve."
El día parecía estar bien, musito en su cabeza el oyabun tras asentir, menos mal.
"Aunque, ¿hay algo que sepa ahora al respecto?" Preguntó de pronto el sacerdote, haciendo que el pensamiento anterior se quebrara en mil pedazos como una ventana tras recibir el impacto de un ladrillo.
Debajo del escritorio, la pierna derecha de Raiga tembló un poco, afortunadamente oculta de los ojos del sacerdote.
El oyabun meneo con la cabeza, indicando lo contrario. "No, me temo que no he escuchado nada sobre el tema." Finalmente respondió, justo cuando sus ojos reposaron en una de las fotografías colocadas a un costado de la oficina, donde aparecía una Taiga sonriente sosteniendo una de las medallas que acababa de ganar, con un Shirou al lado.
Se aseguro de apartar la vista a tiempo, antes de que se notara que había estado mirando a aquel punto en particular.
"Hmm, ya veo." Asintió Kirei, quien no parecía haber terminado aún, pues extrajo desde el interior de su casaca, un objeto envuelto en un pañuelo que depositó enfrente suyo, en el escritorio. "¿Esto se le hace familiar de casualidad?"
Y retiro el trozo de tela, revelando así una especie de punzón de aspecto curioso, que parecía haber visto días mejores. Sin embargo, la figura que tenía no podía confundirse.
"¿Un kunai?" Raiga alzó una ceja, honestamente actuando de manera perpleja. "He escuchado rumores de sicarios con un cierto orgullo nacionalista que intentan recrear a los ninjas del pasado... O al menos la idea que tienen de estos, lo que incluye el llevar armas inspiradas en las que se dice que usaban. ¿Pero este de aquí? Luce casi real con lo antiguo que se ve."
"Sicarios, hmm." El sacerdote asintió por última vez antes de levantarse, solo para tomar el kunai, envolverlo nuevamente, y colocarlo otra vez en su bolsillo, del cual extrajo un trozo de papel en el que se podía apreciar un número escrito.
"Este es el teléfono de contacto al cual solicito que me llame en caso de que reciba información que considere que atañe al caso, gracias por su tiempo, Fujimura-san." Se despidió, caminando fuera de la estancia y cerrando la puerta detrás de sí.
Raiga creyó haber escuchado como intercambiaba incluso un par de palabras con Ryouta, antes de seguramente irse. Pero al oyabun no le podía importar menos.
Dejó escapar un largo suspiro, antes de tomar su pipa de nuevo, solo para dejarla en aquel lugar y mejor abrir el pequeño refrigerador ubicado a mano izquierda de su escritorio, de donde extrajo una lata de cerveza.
No. No iba a tirar abajo el autobús a Kiritsugu Emiya, a pesar de su cólera contra el hombre por lo que había ocurrido. ¿Se merecía recibir el inflexible puño de hierro de los que querían castigar lo que había pasado? Probablemente.
Pero el niño era inocente, y proceder con la primera acción lo podría afectar de las peores formas. Aun así.
"Espero lo estes pasando de perros, Kiritsugu." Comentó antes de darle un sorbo a la cerveza.
xXx
El auto se estaciono justo enfrente de la banqueta donde estaba colocada la entrada a un consultorio bastante familiar para dos de los pelirrojos que se encontraban sentados en los asientos traseros del vehículo.
La tercera, que era ajena a tal familiaridad, se apresuró a abrir la puerta y bajar, siendo seguida por los otros dos. El conductor por otra parte, asomo su cabeza por la ventana.
"¿Debo de esperar hasta que Jinan-san aparezca?" Preguntó, cortésmente, solo para que Hisui le respondiera.
"No hace falta, Seichi-san." Le aseguró la ojiverde, antes de señalar a la puerta. "Podemos esperar fácilmente ahí adentro."
El hombre alzó una ceja como si quisiera discutir, pero terminó por encogerse de hombros antes de acomodarse en el asiento de conductor y subir la ventana. "Muy bien. Conoces mi numero, Hisui-chan, en caso de que necesiten algo."
Shirou, quien ya había bajado, tras Kohaku, le echó una mirada al edificio y después a la calle, frunciendo un poco el ceño, pues recordaba bien lo que había pasado la última vez que puso pie ahí.
Corrió y corrió con toda la velocidad que le permitían sus piernas, haciendo caso omiso de la voz que lo llamaba desesperadamente. Shirou no tardó en atravesar por completo el pasillo y pronto había salido de la clínica, precipitándose contra la desolada calle donde no cesó ni por un segundo en su huida.
Siguió corriendo, esquivando transeúntes y uno que otro obstáculo en su camino, como si algo le estuviera persiguiendo. Las pocas personas en la calle que la recorrían en aquellos instantes le dedicaban miradas confusas, extrañados al ver un niño yendo por su cuenta y moviéndose a tal velocidad con una clara expresión de pánico en su rostro.
Pero Shirou no los estaba viendo a ellos. Su visión estaba más enfocada en un paraje diferente, y del que quería escapar a toda costa.
El fuerte olor a ceniza en el ambiente le acariciaba como un incómodo y pérfido recuerdo que hacía que su consciencia se llenara de pavor, y a su alrededor...
Un toque repentino de la nada lo sacó de ahí.
"¿Shirou?" Escuchó a Hisui hablar, y miró hacia su izquierda, donde yacía la ojiverde, mirándolo extrañada. "¿Estas bien?"
"... Si, perdón." Respondió tras titubear un poco. "Me perdí por un segundo."
"Aja..." Hisui asintió, antes de encogerse de hombros y caminar hacia la puerta. Pasó justo al lado de su hermana mayor, quien le dedicó una rápida ojeada a Shirou, solo para voltear apenas noto como su compañero ojiámbar le devolvía la mirada.
Sus intentos de disimular el cómo se apresuraba a entrar, no pasaron para nada desapercibidos para él.
Shirou suspiro, recordando lo que había hablado con Kiritsugu en la noche del día anterior, pero terminó por menear la cabeza antes de entrar también al consultorio donde se topó con las gemelas mirando al pasillo.
"¿Si vamos a esperar aquí, entonces?" Pregunto.
Para su sorpresa, fue Kohaku quien le respondió. "Tengo una llave para entrar a la casa. Esperen un momento mientras voy a abrir."
Y se adentro en el pasillo a paso de tortuga sin mirar hacia atrás, dejando a su hermana y a Shirou solos en la sala.
El niño agradecía que Hisui no se había dado cuenta de la brecha entre Kohaku y él, de lo contrario, hubiera sido más incómodo de lo que era en aquellos momentos.
"¿Estás contenta porque vas a ver a tu amiga?" Le pregunto de la nada, para cortar el silencio.
Afortunadamente, el buen humor de Hisui le hizo responder sin problemas.
"Si, hace tiempo que no veo a Akiha-sama. Ha de haberse sentido muy sola en ese lugar todo este tiempo." Mencionó animadamente.
Antes de que pudiera añadir algo más, escucharon desde el fondo del pasillo como un cerrojo quedaba clavado otra vez. Intercambiaron una mirada rápida, antes de correr hacia ahí.
"¿Que paso, nee-san?" Preguntó Hisui, mientras que Kohaku fruncía el ceño a la par que señalaba a la cerradura.
"Estaba abierto ya..." Mencionó la ojiámbar, perpleja. "Sensei nunca deja abierta esta puerta."
Y por si eso no sonara lo suficientemente extraño, desde el otro lado de la puerta, Shirou detecto cierto olor que estaba acostumbrado ya a localizar fácilmente.
"... Alguien está usando taumaturgia del otro lado." Susurro, provocando que las gemelas compartieran la perplejidad de la mayor.
"¿Qué hacemos entonces?" Preguntó Hisui en voz baja, mientras que una idea aparecía en la mente de Shirou.
"Trace on." Murmuró, mostrando sus circuitos mágicos, sólo para manifestar un palo simple, el cual reforzó como pudo, consiguiendo que se asemejara a uno real.
"Wow." Se asombró Hisui, alcanzando su mano para poder tocarlo. "¿Es de verdad?"
"Ahora no, Hisui-chan." La amonestó Kohaku con un susurro.
Sin embargo, los tres soltaron un respingo cuando de la nada, la puerta se abrió, revelando a un adolescente con una melena que parecía un nido de ratas en cuya mano izquierda sostenía una especie de galleta con queso untado.
Sagara Hyouma miro a los tres niños pelirrojos del otro lado del umbral y alzó una ceja.
"Eh… ¿Se les perdió algo, niños?"
xXx
"Tal y como lo dijiste, un helicóptero no es algo que se pueda esconder fácilmente y menos en toda el área metropolitana de Tokyo." Comentó Makihisa, mientras abría otro de los cajones de su estudio y examinaba el interior, intentando encontrar cual era la carpeta que buscaba, un proceso que no le demoró más allá de medio minuto. "Y conseguí una lista que se me envió por fax al igual que expedientes de procedencia de cada uno."
"¿Conseguiste una de todos los de Tokyo?" Pregunto Kiritsugu, alzando una ceja al escuchar eso.
"No." Makihisa negó con la cabeza mientras finalmente extraía unas tres carpetas del cajón y lo cerraba, solo para depositarlas en su escritorio, enfrente de sus dos co-conspiradores. "Es una de todos los del país."
Los ojos de Waver se abrieron como platos al escuchar eso, e hizo ademán de abrir su boca, solo para que la mitad inferior de sus mandíbulas se quedara paralizada por la sorpresa.
"... ¿De todo el país?" Musito.
"No fue tan difícil." Mencionó Makihisa, al tomar asiento y juntar ambas manos antes de continuar. "Japón posee aproximadamente unos 735 helicópteros de uso combinado militar y civil. En su mayoría son propiedad de entidades como las Fuerzas de Autodefensa de Japón, la policía, las fuerzas de socorro en casos de desastre, las agencias de extinción de incendios, la Guardia Costera de Japón y los operadores de servicios de aviación comercial. Todos estos pueden ser descartados, tienen un historial más que registrado."
Y entonces señaló a las carpetas. "Sin embargo, la cantidad de helicópteros civiles registrados en Japón aumentó en los últimos doce años de doscientos sesenta y ocho a trescientos treinta y tres unidades. Hay tres fabricantes nacionales, Industrias Pesadas Mitsubishi, Industrias Pesadas Kayou, cuyo consorcio está en la Federación Rusa y la Corporación Subaru, a partir de un par de favores, he conseguido obtener a las más de trescientas treinta que hay."
Kiritsugu y Waver le echaron una mirada a las carpetas, que ahora lucían ominosas en medio de la superficie de madera, antes de que el primero asintiera y agarrar la primera.
"Revisare entonces esta." Comentó, antes de que los otros dos siguieran su ejemplo.
"Yo tomaré esta, entonces." Respondió Waver, antes de abrirla. "No es como si hubiera otra cosa que hacer ya que ninguno de los niños está aquí. ¿A donde fueron, otra vez?"
"La Academia Privada Reian." Makihisa había comenzado ya a revisar la lista de la carpeta que había agarrado. "Mi hija, Akiha tiene una condición bastante curiosa que requiere un chequeo mensual de Sougen. Considere que sería ideal que viera a Hisui, quien es amiga suya. Kohaku y Shirou-kun van de paso, aprovechando el viaje."
Entonces añadió. "Conociendo lo animada que es Hisui, seguramente tratará de hacer que ellos dos y Akiha se lleven muy bien. No me extrañaría que terminara por forzar que tu hijo se vuelva otro amigo suyo, ¿eh Kiritsugu?" Se notaba a leguas que el mestizo jamás iba a dejar de encontrar una manera de querer molestar al pelinegro.
Kiritsugu se limitó a ignorarlo, mientras ponía los ojos en blanco.
"Me pregunto cómo se llevaría con Shiki, de paso."
xXx
"Oye, niño. Suelta ese palo, no es un juguete y vas a lastimar a alguien." Fue lo que dijo el joven de cabello rubio teñido apenas sus ojos se posaron en lo que Shirou sostenía en una mano.
Al notar la desconfianza que le tenían, dejó escapar un suspiro antes de añadir. "Mi nombre es Hyouma Sagara. Soy un paciente de Jinan-san que ha pasado aquí los últimos dias, me dijo ayer por la noche que tres niños pelirrojos iban a venir hoy a estas horas." Les dijo, antes de dar un par de pasos hacia atrás, invitándolos a pasar. "El viejo se ha de estar arreglando por ahí, aún no ha bajado. Vengan, entren y esperenlo aquí. A menos que quieran hacerlo ahí en el pasillo, que se yo."
Se encogió de hombros al decir eso, y dio media vuelta hacia el interior del cuarto.
Los tres pelirrojos intercambiaron miradas antes de imitar aquel gesto, y seguirlo.
"Trace off." Shirou hizo que el palo proyectado se disipara como si nunca hubiera existido, y terminó por cerrar la puerta detrás de sí.
En frente de ellos, estaba una estancia con una pequeña cocina y una mesa de barra sencilla, junto con un sofá medio viejo y un kotatsu justo en el medio.
Sagara yacía detrás de la mesa de barra, señalando un paquete de galletas.
"¿Se les antojan unos bocadillos? Con este queso quedan geniales." Les ofreció.
Mientras que Shirou y Kohaku titubearon, Hisui no parecía tener esas dificultades, y se acercó a la mesa, dispuesta a tomar una. Solo para quedarse paralizada al notar una figura no mas grande que un zapato pequeño, cubierta de un pelaje gris y con unos ojos negros y saltones, royendo alegremente una de esas galletas al lado del pie derecho de Sagara.
"¡UNA RATA!" Exclamó, aterrorizada por la impresión, causando que los otros tres se estremecieran en donde estaban parados.
El roedor emitió un chillido ininteligible en respuesta, causando que Sagara pusiera los ojos en blanco antes de murmurar algo que no se alcanzó a distinguir, y señalarlo.
"No. Muerta." Le ordenó, como si se tratara de un perro. Y al instante, la rata se calmó, y adoptó una postura tan inerte, que bien hubiera sido posible confundirla con un peluche bastante realista.
Shirou contempló a la rata, antes de recordar otra de las lecciones de Kiritsugu.
"Hay asistentes especiales utilizados por los magi. Dado que es natural que un magus se separe de la sociedad, el uso de creaciones capaces de realizar pequeños y sencillos recados se considera ortodoxo. Aunque son una entidad diferente, son vistos como una extensión del magus, ya que existe una conexión mental y física entre los dos." Le explico Kiritsugu, antes de continuar. "Pueden estar hechos de casi cualquier criatura: gatos, perros, pájaros y ratas se encuentran entre los más básicos... Se les llama..."
"Un familiar." Dedujo Shirou, señalando a la extensión de Sagara, quien lo miró con curiosidad.
"¿Oh? Mira, tenemos a otro magus aquí." Comento mientras asentía. "Correcto, esta rata es uno de mis familiares."
"Ah..." Shirou titubeo por un par de segundos antes de responder. "En realidad... No soy un magus." Terminó por admitir, causando que Sagara alzara una ceja antes de responder.
"¿Ah? Disculpa, niño. Pero eso es tonto." Dijo tranquilamente antes de morder su galleta y masticarla un rato. "¿Puedes usar taumaturgia?" Apenas vio cómo el pelirrojo asentía, se apresuró a terminar. "Entonces eres un magus. Fin."
"¿Que es todo este alboroto?" La voz de Sougen los interrumpió, y voltearon hacia otra puerta, tras la cual se encontraba el curandero, quien los examinó a los cuatro con su mirada antes de asentir. "Ah, veo que ya están aquí. Vamos niños, al auto de una vez. Shirou-kun, lleva esta bolsa por favor."
El pelirrojo cargó una bolsa de tela sin problemas, y salió de la estancia acompañado de las dos niñas, dejando a los dos hombres en la cocina.
"Sagara, confío en que no harás ningún desastre aquí." Le comento severamente Sougen, causando que el rubio teñido tragara saliva. "Y te deje en ese papel escritos los nombres de los niños, ¿lo olvidaste acaso?" Y justo señaló a una hoja en el rincón de la barra.
"Oh..." Fue lo único que alcanzó a decir Sagara, causando que Sougen soltara un suspiro mientras meneaba la cabeza.
"En fin. Encontraras por ahí los numeros de teléfono de emergencia que podrías llegar a necesitar." Comentó, antes de caminar hacia la puerta, solo para toparse con una de las niñas.
"¿Kohaku-chan?" Le pregunto.
La pelirroja sacudió la cabeza. "Nada, iba a preguntar si hay algo más que llevar al auto."
"No, nada." Le indico Sougen, conduciéndola hacia el pasillo antes de cerrar la puerta, dejando a Sagara finalmente solo con su familiar.
"Ughh." Se quejó, poniendo los ojos en blanco, mientras arrojaba el resto de su galleta hacia el suelo para que el familiar pudiera comérsela. Entonces miró a la hoja de papel y se encogió de hombros, antes de extender su brazo con el fin de alcanzarla.
"Hmmm, vaya, el teléfono celular de Tohno-san." Comentó, antes de notar los tres nombres escritos.
'Hisui.' Leyó el primero, y recordó a la pelirroja de ojos verdes que había gritado. 'Seguramente debió de ser ella entonces.'
'Kohaku.' Pasó al siguiente y frunció el ceño. 'Ah, es la que hablo al último con el viejo. Eso significa que el último es el del chico... ¿Que se llamaba Shirou, no?'
Sin embargo, apenas sus ojos se posaron en los caracteres que rezaban el apellido del chico, soltó un chasquido antes de caerse por detrás.
xXx
Otra hoja fue a parar a la mesa, tras ser desechada por Kiritsugu. En esta, se podía ver ya una pila de muchas similares, conformada por todas las que habían sido leídas ya por Waver y el. Por otra parte, en el escritorio de Makihisa, descansaba otra de menor tamaño.
Y aun así, estaba más que seguro de que no llevaban ni la mitad.
'Este helicóptero pertenece al Canal Fuji y no ha sido usado desde hace un mes, no puede ser este.' Pensó Kiritsugu, antes de desechar la hoja y tomar la siguiente.
"Tohno-san." Escucho de la nada a Waver hablar, seguramente llamando la atención del mestizo. "Una pregunta, ¿a que se dedica en específico?"
'¿Por qué la pregunta?' Pensó Kiritsugu algo extrañado, antes de caer en cuenta. Con el fin de que los tres no parecieran androides trabajando, el joven había decidido intentar sacar algo de platica. Bien por él, de igual manera el seguiría con esto.
"¿Hmm?" Tal parecía que Makihisa no tenía ningún inconveniente en seguirle el juego. Incluso parecía hasta darle la bienvenida a la distracción. "Los Tohno estamos en el negocio de los bienes raíces, y yo desempeño el puesto de jefe ejecutivo de la empresa, pero también tengo otros papeles en compañías financieras y de construcción."
Kiritsugu puso los ojos en blanco, pero evitó realizar cualquier otro gesto visible. Mientras más tiempo se tomarán en seguir el rastro del traficante, más tiempo tendría este para poner tierra de por medio de ellos y seguramente armarse hasta los dientes de una forma u otra.
Aunque también, trabajar bajo cierto estrés podría resultar contraproducente a la larga, y hablando de eso..
Realizó una mueca al sentir un leve eco de la desagradable onda de la maldición surtiendo efecto, y detuvo su lectura para poder extraer el pequeño termo en el cual había depositado el contenido de múltiples viales, antes de quitarle la tapa y beber un poco.
Sintiendo los efectos disiparse, continuó con esa línea de pensamiento. Fumar le vendría de maravilla para mantenerse concentrado, pero no solo lo tenía prohibido por Sougen, también Makihisa tenía una regla bastante estricta sobre el tabaco en su oficina.
Suspirando, escucho de reojo como Makihisa y Waver habían seguido con su conversación.
"Fue mi padre quien decidió regresar a los negocios a pesar de la carrera política del abuelo." El mestizo comento con algo de humor. "El enojo del anciano aún podía sentirse cuando era un adolescente, e intentó varias veces empujarme por aquel tramo. ¡Casi quiso que estudiara Leyes!"
"¿Y que terminó estudiando entonces?" Preguntó Waver, con curiosidad.
"Oh, Arquitectura, en la Universidad de Tokyo. Puedes ver mi diploma por allá." Por como lo decía, era obvio que Makihisa estaba señalando a algún punto de las paredes.
Si a Kiritsugu le hubieran dicho meses antes que terminaría por estar en esa oficina junto con uno de los Masters de la Cuarta Guerra del Grial, no lo hubiera creído nunca. Pero vaya que el tiempo se había encargado de burlarse de él.
Su relación con Waver Velvet era... Extraña, a decir verdad. Kiritsugu no lo consideraba un amigo, aunque de hecho, tenía poquísimas personas a las cuales catalogaba de esa manera, pero al menos no lo consideraba un enemigo potencial. El hecho de que hubiera recorrido medio planeta para defender la dignidad de un amigo fallecido y que tuviera un compás moral bastante bien definido le daba buen mérito a sus ojos. Kiritsugu no se engañaba, le tenía un respeto a su carácter.
Eso, y que le caía bien a Shirou, al parecer.
Hablando del pelirrojo, Kiritsugu no pudo evitar recordar como la noche anterior había venido a preguntarle de todas las cosas posibles por un problema con una niña.
De no ser porque Shirou lucía inusualmente serio, se hubiera reído más en aquellos momentos. No ayudaba el hecho de que el pelirrojo se rehusaba a dar detalles específicos, pero era bastante obvio de que no podía tratarse de nadie más que la gemela con ojos color ámbar.
Lo encontraba hasta adorable.
"Mira, Shirou." Le dijo."Lo único que te puedo aconsejar es que pidas perdón. Recuerda esto, los niños que hacen llorar a las niñas, tienen una vía directa hacia la ruina. ¿Oiste?"
'Y yo soy todo un experto en el tema.' Pensó, antes de menear la cabeza y regresar a leer la hoja. '¿Y este de donde es?'
Con el índice de la mano derecha, comenzó a rastrear las líneas del texto hasta toparse con un nombre que le hizo pararse en seco.
'¿Marble Trading Company? ¿Dónde he escuchado ese nombre antes?' Pensó, frunciendo el ceño.
Y de la nada...
"La Asociación de Magos no tiene tanta presencia en los Estados Unidos, así que algunos lugares ahí son un paraíso para varios magi que han escapado de las garras de esta. Hay fuerzas del submundo que cooperan fuertemente con ellas como la Familia Scladio o la Marble Trading Company, quienes alcanzan a los de mi tipo desde el otro lado del charco para conseguir recursos para sus protegidos." Kaburagi meneo la cabeza. "Por su interés,pensaba que sería un afiliado de alguna de ellas, pero tengo mis dudas."
Soltó un respingo que fue notado por los otros dos, quienes de inmediato voltearon a ver qué ocurría.
"¿Pasa algo, Kiritsugu?" Pregunto Makihisa, alzando una ceja.
El pelinegro señaló a la hoja que sostenía y se levantó, antes de caminar hacia el escritorio y colocarla en este.
"Este helicóptero y la compañía que lo manejan. ¿Crees poder averiguar rápidamente todo lo que puedas de esta?" Le pregunto.
Tenía una corazonada.
xXx
El trayecto en coche había durado alrededor de cuarenta minutos, mucho más que el que habían tomado el día anterior para ir a la residencia de los Touzaki. Igual habían salido de Misaki, en dirección hacia otra de las carreteras que pasaban a través del bosque, y tras ese transcurso, finalmente se internaron en un desvío mejor pavimentado que eventualmente los llevó a divisar a la distancia un complejo de edificios bastante extenso.
Tras acercarse a la entrada que conducía a lo que parecía ser un estacionamiento cuyos únicos ocupantes eran un par de motos, tres autos abandonados y un autobús estacionado en un rincón, pudieron advertir una placa clavada en un muro de hormigón que rezaba.
Academia Privada Reian.
Los cuatro salieron del vehículo, aunque apenas Shirou puso ambos pies afuera, sus ojos se abrieron ligeramente cuando una sensación lo golpeó de la nada.
Era como si una ventisca ligera se hubiera paseado sobre él por unas milésimas de segundo, pero teniendo un efecto más que suficiente para que la recordara bien.
"¿Shirou?" Preguntó Hisui al ver su reacción, a la par que Sougen y Kohaku volteaban a verlo. Pero solo recibió por respuesta el que Shirou alzara un poco su rostro y se concentrara.
Sniff, sniff.
Olfateo el aire, hasta finalmente detectar lo que creía haber sentido. Lo primero que pensó al encontrarlo fue...
'Es grande... Muy grande.' Comentó en su mente, apenas su olfato alcanzó a distinguir el enorme domo que parecía estar cubriendo un área amplia alrededor de todo el complejo de la academia y una parte del bosque.
Solo regresó a la normalidad tras sentir como un dedo impactaba contra su sien, obligándolo a abrir sus ojos, que de inmediato se cruzaron con los de Kohaku, quien tenía su mano derecha ya preparada para asestarle otro golpe con el índice de esta.
"¿Estas bien?" Pregunto en la voz más baja posible.
"Auch." Se quejó Shirou con una mueca antes de menear un poco su cabeza. "Si, si lo estoy... Es solo que pude oler un campo de fuerza alrededor de todo esto."
"¿Ah? ¿Un campo de fuerza?" Hisui miró a su alrededor confundida. "¿Donde?"
Antes de que Shirou pudiera siquiera intentar explicar cómo era la cosa, Sougen se le adelantó.
"Dirás campo delimitante, no de fuerza." Le corrigió el curandero, haciendo un gesto con su mano izquierda, como señalando hacia el cielo. "Hay uno rodeando todo el complejo que ha estado ahí desde hace unas décadas."
"¿Esta academia es entonces propiedad de un magus?" preguntó Shirou, perplejo, ocultando algo de pena al recordar que efectivamente el término era campo delimitante.
"No exactamente." Negó Sougen con la cabeza antes de elaborar. "Este campo pertenece a los llamados "naturales". Son barreras creadas por accidente gracias a residuos de energía vital mezclándose con la del ambiente, y que terminan por tomar forma gracias a las emociones y pensamientos concentradas en el sitio."
Se detuvo tras encontrarse con tres pares de ojos repletos de confusión y suspiró, meneando la cabeza en el proceso.
"Solo siganme." Les indico, antes de comenzar a caminar hacia la entrada del complejo, con los tres niños detrás de él.
No encontraron a nadie en el camino hasta llegar a una recepción donde una secretaria aburrida contemplaba una pantalla en su escritorio de la cual no despego la mirada, incluso cuando Sougen llamó su atención.
"¿Diga?" Le preguntó la mujer.
"Soy el médico particular de una alumna, tengo una cita con Tsukiji-san en unos minutos, seguramente me está esperando ahora en su oficina." Respondió Sougen.
La mujer alzó la vista por encima del monitor y se topó con los tres niños, pero antes de que pudiera preguntar, el curandero se le adelantó.
"Amigos suyos, tienen permiso del padre de mi paciente para estar aquí." Explico, pero los labios de la mujer se apretaron ligeramente, antes de que preguntara.
"¿Quién es el padre de nuestra alumna?"
"Makihisa Tohno." Sougen soltó con calma, y casi al instante, una miríada de emociones atravesó el rostro de la mujer, antes de que finalmente asintiera.
"Oh, ya veo. Lamento mucho la descortesía." Se disculpó, inclinando ligeramente su rostro. "La oficina de Tsukiji-san se encuentra en el tercer piso de este edificio, encontrarán las escaleras al fondo del pasillo a mano izquierda. Nuevamente, una disculpa, es casi la hora del almuerzo y no me he sentido muy bien hoy."
"No hay ningún problema, señorita. La entiendo." Asintió Sougen, antes de comenzar a caminar hacia la dirección indicada, siendo seguido por los niños. Una vez en el pasillo, y lejos del oído de otras personas, el curandero habló nuevamente.
"Este lugar es principalmente un internado exclusivo para niñas de familias con dinero con el fin de que tengan una educación muy privilegiada." Comentó, causando que Hisui asintiera. "Pero en realidad, tiene otro propósito que en cierta forma es el verdadero y también la razón de porqué está tan alejado de todo."
"¿Cuál?" Pregunto esta vez Shirou.
"Algunas de esas familias tienen lazos con el mundo iluminado por la luna más sutiles que los de los magos. Por sus historias curiosas, en miembros de estas a veces aparecen talentos muy poco apreciados, ya que causan más problemas de los que pueden llegar a generar, especialmente en estos tiempos." Comenzó a explicar Sougen.
Y esas palabras le sonaron bastante similares en parte a algo que justamente había escuchado el dia de ayer.
" Existen los Psíquicos, aquellos que tienen una mutación, una habilidad anormal obtenida como resultado de que su cerebro pueda comprender un "canal", una percepción de la realidad que no es nativa de los humanos. Es un tipo diferente de misterio que la taumaturgia, aunque de naturaleza similar.
Es una forma de interferencia de la naturaleza que para un psíquico es tan natural como respirar. A diferencia de la taumaturgia, que se puede enseñar y practicar, la habilidad inherente es una necesidad absoluta. Los poderes psíquicos son la última habilidad de los humanos, que se han convertido en una existencia independiente de la naturaleza."
Waver se detuvo para tomar aire, y añadió. "Ya conociste una de ellas; los Ojos Místicos. "
"... ¿Son como super poderes entonces?" Preguntó Shirou, mientras dejaba que la proyección se disipara en el aire. "¿Cada quien tiene uno y lo puede desbloquear?"
"Por muy cruda que sea la alegoría, son más o menos así." Le aclaro Waver antes de menear la cabeza. "No se sabe exactamente si cada persona tiene algo como eso en alguna parte de ellos...Pero si hay casos donde hay personas que sufrieron accidentes graves, y que como secuelas, desarrollaron habilidades clasificadas dentro de ese campo. La telequinesis es una de las más comunes, y consiste en básicamente poder mover objetos con la mente."
"¿Psíquicos?" Pregunto, causando que el curandero volteara a verlo fijamente. Ninguno de los dos noto como los ojos de Kohaku se abrieron ligeramente al escuchar aquel término de los labios del pelirrojo.
"... Si, en parte justamente algunas son niñas que tuvieron la mala suerte de heredar un poder así de su familia, pero no todas.." Continuo, confirmando aquello. "La energía que liberan a través de la presencia de sus poderes, sumada al ambiente del bosque fue lo que terminó por crear el campo que existe alrededor de todo. Fenómenos asi son comunes en sitios parecidos, y en otros."
"Ohhh." La verdad es que Shirou no lo entendía del todo, aunque estaba seguro de que ninguno de los tres lo había hecho. "¿Las traen aquí entonces para que no hagan nada malo con sus poderes?"
Supo que estaba en lo cierto, cuando vio por el rabillo del ojo a Hisui asentir.
"Las traen aquí no solo para que tengan esa educación privilegiada. También para que con lo estricta que es, puedan reprimir esos impulsos y tener vidas normales." Sougen suspiro, una vez que llegaron a las escaleras y comenzaron a ascender a través de ellas.
"¿Y no tienen algo más para ayudarlas con eso? ¿Como taumaturgia?" Shirou alzó una ceja, mientras preguntaba nuevamente. "¿No debería de estar un magus a cargo?"
Sougen resoplo. "Como se nota lo nuevo que eres aun en este mundo, Shirou-kun. Pero si, las personas detras de la administración de esta institución cuentan con algunos recursos de ese tipo, son de la Iglesia Católica."
"..." Esta vez no fue solo Shirou quien se quedó estupefacto ante aquella revelación.
"Niños." Sougen puso los ojos en blanco. "La actual directora es la Abadesa Riesbyfe. Lo ha sido desde hace un par de años, pero no se encuentra en estos momentos en el país, vamos a encontrarnos con el actual vicedirector, quien se trata de..."
No alcanzó a terminar, porque al final de las escaleras, apareció un hombre que a duras penas alcanzaba los treinta años, con el cabello castaño pálido muy bien peinado, y dos ojos grises atentos y penetrantes que los fulminaron.
Apenas estos notaron a Sougen, se abrieron ligeramente.
"Jinan-sensei." Lo saludo con una voz bastante suave con un pequeño toque de sorpresa. "¿A qué se debe el motivo de su...? Oh, cierto." Meneó ligeramente su cabeza, algo apenado. "Una disculpa, olvide por completo que teníamos una reunión."
"... No hay problema." Respondió Sougen, alzando una ceja. "¿Pero porque la prisa?"
"Souujurou me invitó a pasar unos días en Hokkaido. Solo que fue algo de último momento." Explicó el hombre, antes de reparar en los tres pelirrojos que se habían limitado a observar el intercambio en silencio. "¿Y ellos?"
"De parte de Tohno." Respondió Sougen, como si fuera suficiente explicación y lo fue para el hombre, quien se encogió entre hombros antes de dirigirse a ellos.
"Muy bien niños, disfruten su estadía aquí. Si me disculpan, ya me voy. Tengan una linda tarde." Les dijo, antes de bajar las escaleras y doblar la esquina, dejando a los cuatro en ese lugar.
"..."
"..."
"..."
"...Ese es Tobimaru Tsukiji, el vice-director." Finalmente habló Sougen. "El es completamente normal, pero tiene conocimiento de estas cosas."
Y apenas dijo eso, la cabeza del hombre se asomó por la esquina.
"Ah, casi lo olvido. Tohno-san debería de estar cerca de la cafetería, está en el primer piso del edificio del otro lado del patio."
Y desapareció sin decir ninguna otra palabra.
Sougen suspiro nuevamente. "Y sigue siendo tan distraído como siempre." Meneo la cabeza, antes de comenzar a descender las escaleras, rumbo a la nueva dirección.
Shirou se encogió de hombros mientras caminaba detrás de él, estaba más ocupado en pensar lo raro que se sentía al estar en un sitio a donde iban a la escuela personas con lo más cercano a superpoderes que existieran.
¿Que no había un cómic americano parecido? ¿Cómo se llamaba? ¿Los Hombres Z?
Y de ser así. ¿Había también gente que los quería cazar?
xXx
La camioneta que se estaciono a no poca distancia de una gasolinera adjunta a una parada de autoservicio no podía ser más corriente. Una Toyota 4runner del ochenta y nueve, pintada de un gris pálido y a la que en definitiva le hacía falta un buen lavado.
Pero al parecer, ninguno de sus ocupantes estaba remotamente interesado en esa parte del mantenimiento del vehículo, uno al tener ya sus objetivos claros, y el otro al carecer de las facultades necesarias para poder siquiera formular aquella noción.
Además, tampoco se habían detenido en aquel lugar para recargar combustible, ir al sanitario o mucho menos hincarle el diente a algún aperitivo en la tienda de la esquina.
Tras asegurarse de que nadie estuviera viendo, Kaburagi finalmente salió del vehículo y camino hacia la cajuela, abriéndola. Dentro de esta, se podía ver la escuálida figura de Togo sentada, mientras sostenía una caja bastante familiar entre sus manos, una siendo ahora una réplica de metal, usando otra idéntica de soporte.
Otro cambio en este, consistía en el extraño talismán que estaba pegado en su rostro. Una hoja de papel, recortada en una forma que desde arriba recordaría a uno de un pájaro en vuelo, con cinco orillas extendiéndose en direcciones opuestas, y en cuyo centro yacia grabado el dibujo de un ojo entornado.
Yōjū no Jufu, un Amuleto de Embrujo. Un objeto que había sido cortesía de los Yakou luego de que les comentara su problema de carencia de subordinados.
Un problema que justamente compartía con ellos. El incidente con el Asesino de Magos había cobrado la vida de más de veinte miembros del grupo de los Yakou, un número que no se podía ocultar bajo la alfombra, teniendo en cuenta de que era poco menos que una cuarta parte de la cantidad de hombres bajo el control de la familia.
Por lo que Akane había optado por elaborar ella misma ese talismán con el fin de que pudiera tener a Togo bajo su control por completo.
Un Yōjū no Jufu era una variante de kamifuda, pero con un propósito nada benevolente, pues solamente podían ser utilizados para fines nefastos, tales como catalizadores para colocar maldiciones y otras cosas de naturaleza siniestra.
El que estaba usando amplificaba los efectos de la interferencia mental con la cual sometía la mente de su subordinado de tal forma que no necesitaba invertir constantemente energía en el hechizo. Ciertamente, algo muy eficaz.
Salvo que el talismán era bastante llamativo, de ahí a que esperara que no hubiera testigos potenciales.
"Muévete, y carga eso. No lo sueltes." Ordenó, mientras él tomaba la otra caja, soltando un ligero jadeo a causa del peso. Intentar usar reforzamiento con ambas manos, teniendo una aún en proceso de recuperarse no le parecía prudente, de ahí su esfuerzo.
Togo, o al menos la imitación de un zombie suya, se arrastró fuera del vehículo antes de tomar el contenedor que Kaburagi le había ordenado y emitió un gruñido cuando la cajuela se cerró.
Los dos comenzaron a caminar hacia el bosque, a través de un trecho que al parecer Kaburagi conocía bien a juzgar por cómo se movía entre los arbustos y los árboles.
Hasta que luego de unos veinte minutos de caminar, terminaron por toparse con un edificio medio abandonado en medio de un claro. Una cabaña que había visto días mejores, y que seguramente nadie le dedicaría una segunda mirada a juzgar por su fachada ruinosa.
Aunque claro, aún si quisieran adentrarse a ella.
"Alto." Ordenó Kaburagi, haciendo que Togo se detuviese. Entonces activó sus circuitos mágicos antes de pronunciar un par de palabras que desactivaron momentáneamente los efectos de un campo delimitante colocado alrededor del claro, los cuales consistían en una poderosa sugestión que de inmediato incitaba a aquellos que entraran en él a salir corriendo en la dirección opuesta.
"Ya, sigueme." Le ordenó nuevamente a Togo, y ambos se abrieron paso por la cabaña, cuyo interior era exactamente igual de miserable por dentro.
Kaburagi apoyó su caja en el suelo, mientras volvía a murmurar. Al instante, una matriz compuesta por un par de caracteres se manifestó sobre una parte de la superficie, antes de desvanecerse y mostrar un cuadrado compuesto por hendiduras que indicaban la presencia de una escotilla.
La abrió sin mucha dificultad, revelando así unas escaleras que conducían a un subterráneo. Subterráneo a donde fue a parar junto con Togo, y donde dejó las cajas.
El sitio era realmente lúgubre, incluso más que el taller en el sótano de aquella mansión abandonada de Fuyuki. Era una estancia forrada completamente en piedra, con varios estantes desperdigados en un lado con toda clase de bagatelas, un pequeño depósito con cajas selladas de manera hermética, y hasta una mesa con dos sillas que las termitas habían roído desde adentro.
Lo más llamativo, era una caja con gemas de todo tipo que habían acumulado polvo.
Otra cosa destacable de esta, eran unos grilletes adosados a la pared, casi como salidos del calabozo de algún torturador.
"Deja la caja ahí." Le instruyó a Togo antes de ver como este la depositaba en una esquina junto a otras. Las piezas del Riel Observador, junto con los Ojos Místicos enviados desde Londres tendrían que quedarse ahí, ya que una oportunidad para llevarlos a esa maldita ciudad de Fuyuki no llegaría pronto. Eso, y que lo querían ahora en Hawai.
Kaburagi resoplo. Había pasado menos de una semana desde aquel desastre y su humor seguía siendo de perros. Todo por hacerle caso a Yukinobu en aquel bendito día.
Las consecuencias de eso le habían golpeado duro. Desde perder a sus subordinados más confiables, hasta salir malherido y para colmo, haber terminado en la cuerda floja con dos de los grupos con los cuales mejor relación tenía.
Había sido una muy mala jugarreta de la vida el que justamente el cliente que había traicionado residiera en Fuyuki y que fuera lo suficientemente hábil para causar tales estragos en sus planes.
... A menos que no fuera una coincidencia.
Kaburagi entorno los ojos al considerar los siguientes puntos.
Kiritsugu Emiya bajo un alias buscándolo directamente a él y mostrando interés en sus productos. Incluso si su atentado fuera por venganza, había cosas que no encajaban.
¿Por qué el interés en los Ojos Místicos?
Y luego estaba el otro renacuajo. Un hombre mucho más joven y extranjero... Británico de hecho, a juzgar por el acento.
No necesitaba ser un genio para unir las piezas. Y supo que estaba más o menos en lo correcto cuando sus ojos se posaron en el contenedor donde estaban aquellas cabezas guardadas.
Estaban tras su pista. Alguien estaba tras su pista, y había enlistado los servicios del Asesino de Magos. ¿Pero quién? ¿Dónde?
Una sonrisa sardónica se posó en su rostro. Bueno, ¿aquello no lograría acaso el que pudiera ganarse algo de gracia por parte de ellos? Solo debía de avisarles.
Claro, pero primero debía de realizar la tarea encomendada por el Señor Wagner.
"Ve hacia allá, de espalda contra la pared y no te resistas." Le instruyó, y Togo obedeció al pie de la letra. Kaburagi caminó entonces hasta llegar a su lado, y procedió a encadenar sus muñecas con los grilletes. La medida de precaución era algo que no podía pasar por alto, ya que desconocía cuáles serían los efectos que tendrían lugar.
"Hmm." Kaburagi abrió el segundo contenedor, revelando así una serie de viales de aspecto retorcido hechos de una especie de cristal rojizo, cuyo interior estaba compuesto de un líquido con un color similar. "Este debería de ser más potente que el anterior."
El traficante sería el primero en admitir que sus conocimientos de alquimia, tanto oriental como occidental difícilmente podían compararse con alguien mucho más dedicado en el arte, pero aun así era lo suficientemente capaz como para reconocer que el trabajo del señor Wagner era de primera calidad.
"Aquí vamos." Murmuró, tras tomar uno de los viales y dirigirse hacia la mesa, donde descansaba ya un estuche con algunas jeringas de las cuales agarró una, que procedió a cargar con el contenido del vial tomado.
Solo para avanzar hacia su subordinado encadenado mientras suspiraba. "Bueno Togo. Honestamente siempre te considere más músculo que cerebro, pero tenías potencial. Si sobrevives a esto, quizás tengas oportunidad aún de poder hacer algo." Y entonces, inyectó la jeringa justo en su brazo derecho.
Fue como si los efectos de un botón de pausa de una televisión hubieran terminado, porque casi al instante, el hombre bajo los efectos del hechizo profirió un gemido ahogado.
"¡AHHHHHHHHH!" Togo se retorció inútilmente contra sus amarres, mientras que Kaburagi observaba impasible la reacción. Sin embargo, fuera de los espasmos que estaba sufriendo el hombre, no parecía que nada estuviera cambiando, hasta que...
De la nada, una línea luminosa se manifestó a lo largo de su brazo derecho, donde la prótesis estaba atada al muñón de su herida, y se dividió en otras cinco que envolvieron el miembro hasta extenderse a una parte del torso. "¡AGHHHHHH!"
"..." Kaburagi sonrió sardónicamente al ver como seis circuitos mágicos, antes de una calidad tan mísera que ni siquiera podían ser activados, se manifestaban en su subordinado gracias a la fórmula de Wagner. "Funcionó, el líquido cefalorraquídeo mágico funcionó."
Solo tendría que reportarlo, y alguien vendría a recoger a Togo con el fin de que Wagner pudiera extraer sus conclusiones, pero su parte con eso estaba hecha.
"...¡UOOOOOOOOHHH!" Un gemido gutural que ni siquiera parecía humano llamó su atención, haciendo que se estremeciera desde donde estaba parado. Vio entonces como la piel de Togo enrojeció, como si estuviera dentro de un sauna con la temperatura al máximo a la par que sus movimientos se hacían cada vez más frenéticos.
"¿Que demon-?" Pregunto Kaburagi, antes de notar como los circuitos mágicos parecían estar cociendo el brazo derecho de Togo, en el cual podían verse las venas volviéndose cada vez más gruesas, junto con parches de la piel abultados.
CRACK
"¡AIEIEIEIEIEIEIEIEI!"
El crujir de los huesos siendo partidos hizo que sus ojos se abrieran de par en par detrás de sus gafas. Y lo que siguió después no fue mejor, pues contemplo como el brazo derecho se hinchaba horriblemente como un tumor antes de estallar, rompiendo así el grillete de aquella muñeca, solo para comenzar a convertirse en una especie de extremidad al menos el triple de larga y que recordaba más a la de un primate mucho más primitivo.
La prótesis de metal que sustituía a la mano aterrizó pocos metros a su izquierda, mientras que en la punta del brazo nuevo ahora estaba una especie de parodia de aquella extremidad con tan solo tres dedos que terminaban en unas zarpas retorcidas.
"¡AHHHHHHHH!" Bramo Togo, arañando inútilmente el aire con aquella garra, llegando a inquietar al traficante quien ordenó.
"Quieto." Gruño, canalizando algo de energía extra al talismán en su rostro, que milagrosamente no había resultado dañado por la reacción. Y para su sorpresa, los efectos de este siguieron funcionando sobre Togo.
Kaburagi jadeo, mientras inspeccionaba el resultado a distancia, tragando saliva al ver aquella aberración. ¿A cosas como estas era a lo que el señor Wagner se refería? La versión anterior apenas podía retirar algo de la polución en los circuitos mágicos de uno, provocando que la calidad de estos aumentará temporalmente... Pero esto se suponía que era permanente.
"¿Que hare contigo, hmm?" Se preguntó así mismo. El señor Wagner iba a querer estudiarlo, eso era obvio. ¿Pero lo necesitaba vivo? Tendría que consultarlo primero, solo que...
Puso los ojos en blanco al escuchar como el tono de llamada de su celular sonaba, y extrajo el aparato de su bolsillo antes de presionar la tecla para responder. Si era la mugre matriarca de los Yakou, exigiendo que se apresurara a entregar los benditos cristales de maná que venía a recoger de paso, iba a tener que aguantarse las ganas de decirle sus verdades.
"¿Si?" Pregunto, solo para sorprenderse al escuchar una voz que no era la anciana del otro lado de la línea.
"Kaburagi-san, soy yo."
"¿Hayama? ¿Sucede algo?" El traficante alzó una ceja, preguntándose qué querría su contacto local a esas horas.
"Me había comentado que estaría por la zona el día de hoy." Respondió Hayama. "Venia a comentarle si aún tiene interés en adquirir otros ojos de esos especiales."
"¿Cuales en específico?" Preguntó Kaburagi, estupefacto. "¿Y de donde?"
"Unos que pueden ver el futuro. La hija menor de la familia que los tiene está aquí mismo en la escuela y no está la directora, es el momento perfecto para que pueda raptarla," Informó Hayama, causando que el traficante frunciera el ceño.
"Imposible, no voy a arriesgarme a entrar ahí de todos modos. Demasiado arriesgado." Respondió Kaburagi.
"No es necesario que entre, Kaburagi-san." Hayama parecía haber ideado un plan ya. "Le sugerí que podría salir a jugar al bosque justo detrás de la escuela, directo hacia usted."
Aquello hizo que Kaburagi se detuviera, y soltara una risa algo inquietante. "Ya veo, ya veo. Muy bien, vamos a hacer esto."
"Excelente. Le llamaré en un rato para informarle de los detalles." Y Hayama entonces colgó, dejando al traficante solo con sus pensamientos.
"Hmm, secuestrar una niña con esos ojos por mi cuenta." Atusó su escasa barba antes de encogerse de hombros. "Si va al bosque, no sera difícil, pero aun asi preferiría que alguien lo hiciera por mi, solo que no hay nadi..." Se detuvo antes de echarle una mirada a Togo, y sonrió nuevamente.
Bueno, una nueva leyenda urbana de un monstruo con un brazo deforme secuestrando a una niña no estaba de más.
xXx
"Nunca me gusto la comida de este lugar." Escucho a Akira suspirar. Y si bien Akiha no mostró el mismo rechazo abiertamente a las viandas que servían en la cafetería, por dentro no podía estar más de acuerdo. Las dos niñas estaban sentadas en una mesa localizada en una esquina de la estancia, con su respectiva bandeja que contenía de dos a tres platos con alimentos del almuerzo.
Un tazón con poco menos de un par de porciones de arroz era el único perteneciente a aquella categoría en la bandeja de Akiha, quien estaba tentada ya a dejarlo ahí.
Pero no lo haría, ya que había una regla bastante estricta en la cafetería de nunca desperdiciar comida, y la pelinegra jamás tendría el humor adecuado para soportar el regaño de algún prefecto.
Así que sujetó con sus palillos un trozo del arroz y lo llevó a su boca, antes de tragarlo. Sabía tan simple, que imaginaba que una goma de borrar rayada sería mucho más apetitosa, lo cual estuvo a punto de provocar náusea, obligándola a tomar agua del vaso colocado en una esquina de la bandeja.
Trago saliva, sepultando por fin la sensación, advirtiendo entonces que su amiga había notado lo que había pasado, y comenzaba a reír levemente en respuesta.
"Jajaja, a ti tampoco te gusta."
"A nadie." Finalmente confirmó la pelinegra poniendo los ojos en blanco a modo de broma. Las dos eventualmente terminaron de comer, y casi soltaron un suspiro al mismo tiempo una vez que lo hicieron. Pero entonces, tuvieron que enfrentarse a otro dilema.
Akiha fue quien formuló esta vez la misma pregunta que se habían hecho a diario desde el inicio del puente.
"'¿Qué vamos a hacer hoy?" Sin embargo, se mostró perpleja cuando su amiga simplemente sonrió, antes de decir.
"Hayama-sensei me dijo que podíamos ir al bosque si queríamos." Contó Akira en un tono casi confidencial, pero que delataba su interés.
Akiha alzó una ceja. '¿El bosque?' Pensó, imaginando la inmensa área natural que rodeaba buena parte del lugar, donde ninguna de las niñas que conocía había entrado antes.
Naturalmente, lo primero que se manifestó fue algo de temor. "¿Pero no es peligroso?"
"¿Acaso tienes miedo, Akiha-chan?" Akira realizó un gesto con sus brazos en un intento por proyectar un aura terrorífica, pero cambió rápidamente al notar que podría llamar la atención indeseada con eso. "Vamos, no hay ningún animal salvaje más que pájaros. ¿Qué hay que temer?"
"Pero…" Cualquier cosa que fuera a decir la pelinegra murió antes de que pudiera continuar. Estaba harta y aburrida de estar atrapada ahí, necesitaba salir al menos una vez.
"Bueno, está bien. ¿Vamos para allá entonces?" Pregunto, a lo que Akira asintió. Las dos niñas recogieron sus bandejas y las colocaron en el área de desechos, solo para salir de la cafetería por el pasillo principal.
Ninguna tenía la mayor prisa, por lo que se limitaron a moverse lentamente a través de este. Como era de esperarse, no encontraron a nadie más en el trayecto. Con la vasta mayoría de las alumnas yendo de vacaciones con sus familias o de visita en las ciudades vecinas, y buena parte del personal siguiendo el ejemplo, el lugar se había tornado en casi un sitio fantasmal.
Agradecía mucho que Akira se hubiera quedado también… De lo contrario, se hubiera quedado sola. Más sola de lo que ya se sentía de por sí.
"... ¡¿?!" Akiha se paralizó una vez que sus ojos cerúleos se posaran en unos color ámbar bastante familiares debajo de un cabello rojo y corto, con una expresión algo vacía.
Ella conocía bien esa cara... Pero la razón de su parálisis yacía en el hecho de que no podía entender qué era lo que hacia ella aquí.
"... Ko-." Estuvo a punto de pronunciar su nombre, cuando un destello rojo ocupó su campo de visión y el rostro de la ojiámbar fue tapado por el de otra pelirroja, está con los ojos verdes y una sonrisa de oreja a oreja,
"¡Akiha-chan!"
'¡¿Hisui también?!' El golpe mental a la pelinegra fue peor, y solamente aumentó al escuchar como Akira soltaba un quejido y veía como daba un paso hacia atrás, en respuesta a ver a una tercera persona detrás de las dos gemelas.
'¿Un niño?' Su confusión ya le estaba provocando una jaqueca. Con la excepción de un par de maestros, un portero y el vice-director, no había muchos hombres en el internado. ¿Pero niños? Eran prácticamente inexistentes ahí.
Noto también que sus rasgos eran bastante similares a los de las dos gemelas que estaban al servicio de su familia, siendo pelirrojo también, pero con ojos de un color ocre algo brillante que la miraban con curiosidad.
¿Y quién era?
"Oh, vaya." Una voz, está perteneciente a un hombre maduro la sacó de sus pensamientos. "Estabas aquí entonces, Akiha-chan." Y era una que conocía.
"Jinan-san." Saludo con sorpresa la heredera de los Tohno al identificar al curandero que en ocasiones parecía estar en buenos términos con su padre. "Usted, Hisui-chan, Kohaku... ¿Que hacen aqui?"
"Venimos a visitarte." Respondió Hisui como si fuera lo más obvio del mundo, pero ganándose las miradas de todos los demás.
"Ah… ¿Hola?" Saludo tímidamente Akira, siendo saludada de regreso con un gesto de mano por el niño pelirrojo.
"Ehem." Sougen tosió para llamar la atención. "Vine para tu chequeo mensual, Akiha-chan. Pero estos tres vinieron en paquete. ¿Te parece si vamos a la enfermería para terminar eso lo antes posible?"
Y fue así como el recién formado grupo comenzó a caminar hacia otra dirección. Akiha fue de inmediato asediada por Hisui, quien le hacía toda clase de preguntas sobre su estadía en el lugar. Pudo notar como Akira miraba aquello, entretenida, mientras intentaba hacerle platica al niño misterioso.
Una vez que llegaron a las afueras del lugar, Sougen se dirigió a ellos apenas abrió la puerta y le pidió a Akiha que entrara.
"Ustedes pueden esperar aquí afuera, esto no tomará mucho." Les informo el curandero, antes de añadir. "Después pueden jugar y hacer lo que quieran, estaremos por aquí hasta muy tarde." Y cerró la puerta detrás suyo, dejando a los tres pelirrojos y la pelimorada enfrente de esta.
Los cuatro intercambiaron miradas, antes de notar el enorme sillón pegado a la pared del otro lado, y no tardó una en soltar la pregunta presente en la mente de todos.
"¿Nos sentamos ahí?"
Del otro lado del consultorio, Sougen suspiro mientras abría su bolsa, de la cual extrajo un pequeño estuche que colocó sobre la mesa.
Detrás de él, Akiha agitó sus piernas contra las piernas del taburete donde estaba sentada. Uno pensaría que probablemente a causa del típico nerviosismo que un niño tendría al estar siendo revisado por un médico, pero la verdad era que la actitud de la pelinegra encontraba su causa en otro tema.
"Hmm, Jinan-san..." Habló tímidamente, llamando la atención del curandero.
"¿Hmm?" Sougen respondió, mientras sostenía ahora una cucharita de plata. "¿Pasa algo, Akiha-chan?"
"Este..." Akiha apretó ligeramente sus manos, intentando reunir valor para realizar aquella pregunta. "¿Sabe algo de nii-san?"
Solo había una persona a la cual se podría estar refiriendo la niña.
"¿Shiki?" Sougen alzó una ceja al ver como Akiha asentia débilmente. "¿Pero porque me preguntas a mi? ¿No deberías de intentarlo con tu padre?"
Supo que había dicho algo insensible ante la temblorosa reacción de la niña, y no le tomó nada unir los puntos, provocando un suspiro de su parte.
'Ya lo ha hecho entonces, seguramente por medio de las cartas que usa para comunicarse con él aquí.' Dedujo en sus pensamientos, soltando un suspiro. "¿Makihisa no te dice nada?"
Akiha negó con la cabeza. "Otou-sama ha dicho que... No debería de hablar de nii-san, y que él no va a estar en la casa por mucho, mucho tiempo." La tristeza que sentía no era algo que el curandero podía ignorar, pero poco podía hacer al respecto... A menos que...
Sougen caminó hasta quedar enfrente de ella y colocó una mano en su hombro, antes de hablar. "Se que Shiki se encuentra actualmente bajo el cuidado de la familia Arima. Lo vi una vez hace tiempo, y parece estar mejor de salud... Pero." Se detuvo por unos segundos, escogiendo bien sus palabras antes de continuar. "Tu padre es un hombre duro, si... Pero en verdad se preocupa por los dos, y encima tiene que lidiar con la presión de tus tíos, ¿recuerdas?"
Eso… Tenía sentido.
Por muy estricto que fuera su padre, él jamás se había podido comparar en ese ámbito con sus otros parientes.
"Además, Hisui-chan vino justamente hoy porque pensó que eso te animaría." Comentó Sougen.
Akiha sonrió levemente al escuchar eso, cosa que le quitó un peso de encima al curandero, o al menos hasta que la pelinegra soltó otra pregunta. "¿Pero porque viene Kohaku?"
Aquello era algo que no podía entender, a decir verdad. Solo había hablado un par de veces con la callada hermana mayor de Kohaku, y dudaba mucho que eso fuera suficiente para que se preocupara por ella.
"Kohaku-chan está aprendiendo herbolaria desde hace un par de meses conmigo. Tu padre me lo pidio, por lo que normalmente me acompaña a casos asi, pero hoy vino a acompañar a su hermana y a Shirou-kun."
"¿Shirou-kun?" Akiha alzó una ceja, recordando entonces al niño que estaba presente con las gemelas. '¿Así se llama entonces?' "¿Quien es el?"
Sougen resopló con algo de humor. "Shirou Emiya. Su padre es conocido de Makihisa y están trabajando en algo actualmente. El y Shirou-kun son invitados de tu familia actualmente, y al parecer van a vivir un tiempo en Misaki. Vino con nosotros porque su padre no cree que es sano para él quedarse solo en la mansión."
La pelinegra parpadeo un par de veces, antes de asentir. Bueno, no los culpaba, a ella no le gustaría estar sola en aquella casa tan grande...
"Eso, y que también es un amigo de Kohaku-chan."
Si Akiha hubiera estado bebiendo agua en aquellos momentos, el peligro de haberse ahogado con esta no hubiera sido una posibilidad muy remota.
"¿Desde cuando tiene amigos?" Pregunto, incrédula.
xXx
"¿Entonces tú eras la mejor amiga de Akiha-chan antes de que ella viniera aquí? Que genial, deberíamos de ser amigas también." Dijo Akira, sonriendo de oreja a oreja.
"¡Claro!" Hisui imitó aquel gesto con emoción mientras juntaba ambas manos. "¿Cómo ha estado ella últimamente?"
Más o menos, la convivencia de los niños había consistido en algo casi idéntico durante los últimos minutos. Los cuatro estaban sentados en el largo sillón que había encontrado, con Akira tomando la sección izquierda, siendo seguida por Hisui. De los cuatro, estaba más que claro que ellas dos eran las más extrovertidas, y no se les hizo difícil el iniciar conversación y mantener las riendas de esta.
"¿De Aomori? Wow... Eso está bastante lejos, eres como Shirou aquí, él es de Fuyuki." Hisui no pudo evitar soltar aquel comentario, arrastrando al único niño a la conversación de aquella manera.
La atención de la pelimorada no tardó en centrarse en el. "¿Fuyuki? Ohhh, he estado ahí de vacaciones una vez. Kyuushu es hermoso, Emiya-kun."
"Jeje... Si, si lo es." Asintió Shirou. "Es diferente a Kanto, pero no conozco Aomori, así que no sabría decirte nada de ahí."
"Ah, Aomori es bastante frío, pero tiene vistas geniales y..." Akira no tardó en introducirlo a una larga lista de razones por las cuales su ciudad natal y la capital de dicha prefectura eran casi un paraíso sobre la tierra, con Shirou limitándose a asentir, siendo salvado ocasionalmente por las intervenciones de Hisui.
La dinámica hasta ahora consistía en las dos hablando, hasta que inevitablemente él tuviera que participar de una forma u otra. Lo cual no hubiera representado ningún problema, de no ser porque eran cuatro las personas sobre el sofá, y que la cuarta estaba justamente sentada entre Shirou y las otras dos.
Kohaku se había mantenido más callada de lo usual, solo hablando para presentarse y contestar con monosílabos. Eventualmente, Akira pareció entender que no era alguien de muchas palabras y se enfocó más en Hisui y a veces en Shirou.
Él sabía que ella estaba poniendo atención, porque más de una vez había volteado discretamente, solo para ver por el rabillo del ojo como su compañera ojiámbar apartaba la mirada. La única vez que la vio reaccionar fuera de ello había sido unos minutos atrás, cuando de la nada alzo un poco su rostro como si la hubieran llamado.
Ninguno supo cuánto tiempo pasó exactamente, hasta que la puerta de la enfermería finalmente se abrió de nuevo, revelando al viejo curandero y a Akiha.
"Bueno niños, son libres de hacer lo que quieran. Vamos a estar aquí hasta muy tarde." Les comento Sougen antes de suspirar. "Confío en que no vayan a hacer nada peligroso." Entonces vio como Akira levantó su mano.
"¿Si?" Le pregunto, alzando una ceja por el gesto.
"Uno de nuestros maestros que estaba por aquí, Hayama-sensei, nos dijo que podíamos jugar cerca del bosque." Reveló la pelimorada. "¿Eso está bien?"
De inmediato, fue objeto de cuatro miradas distintas provenientes de las niñas y Shirou, que la hicieron dar un paso hacia atrás.
"... Solo no se alejen mucho, y tengan cuidado, por obvias razones." Meneo la cabeza antes de dirigirse hacia el pasillo. "Yo estaré en la cafetería con una taza de té. Diviértanse."
Sus pasos dejaron de sonar a la distancia una vez que estuvo lejos del alcance de sus oídos.
Los cinco lo vieron irse, antes de compartir miradas. Pero ninguno se animó a decir algo hasta que Akira cortó el silencio. "¿Les parece bien el bosque entonces?"
Nadie se opuso, y en menos de diez minutos estaban ya afuera, habiendo atravesado el patio trasero hasta llegar al sitio indicado.
Para Shirou, despertó en parte un recuerdo.
El bosque, comparado con el que había atravesado con Waver para llegar a la mansión abandonada, era mucho más espeso. Las copas de algunos árboles eran lo suficientemente gruesas como para tapar buena parte de la luz del día, y varios de estos yacían demasiado juntos, en algunos casos formando pequeñas murallas de madera.
Pero también había un par de claros por ahí, algunos con arbustos de tamaño considerable, así como pequeños montículos de pedregales. Fue justamente en el más cercano que se detuvieron.
"¿Quieren jugar Kakurenbo?" Sugirió Akira.
Tres pares de ojos la miraron, perplejos, mientras que un cuarto los abría ligeramente, como recordando algo.
"Hace mucho que no jugaba eso." Dijo Shirou. A decir verdad, ni siquiera estaba seguro de que habían pasado meses o años desde la última vez que había participado en ese juego en algún recreo. Al ver como la atención de las niñas se volcaba a él, se ruborizó al caer en cuenta que le pedían que explicara. "Es un juego donde todos se esconden mientras uno cuenta hasta diez… Una vez que termina de hacerlo, les pregunta si ya están listos. Si escucha que le dicen que no, vuelve a contar hasta preguntar de nuevo, cuando le respondan que sí… Tiene que ir a buscar a los que están escondidos."
"Lo que Emiya-kun dijo." Akira asintió, antes de añadir. "Los que consigan llegar hasta el sitio donde el que que estaba contando lo hizo antes que él, ganan el juego y pueden elegir al siguiente que cuente. Pero si el que cuenta ve a alguien y llega hasta el lugar primero, el gana y el que encontró termina por ser el siguiente."
"Suena divertido." Comentó Hisui. "Hagámoslo."
"Vamos a tener que decidir quién será el que cuente entonces..." Akira no alcanzó a terminar, porque de inmediato, la ojiverde se ofreció de voluntaria.
"¡Yo quiero!"
'Eso fue rápido.' Fue el pensamiento colectivo de los otros cuatro.
"Muy bien. Aquí está bien." Sentenció Hisui al fijarse en un árbol cercano, donde empezó a contar con los ojos cerrados. Casi al instante, los demás huyeron del claro.
Shirou salió corriendo tan rápido como le permitían sus pies, y chasqueo sus labios apenas noto como no tenía tiempo para treparse a un árbol. Se sintió a salvo al ver uno de los arbustos e intentó mover las ramas, solo para suspirar de alivio cuando un boquete de tamaño considerable yacía detrás de estas.
"Aquí no me van a encontrar." Sentencio antes de internarse ahí, justo a tiempo para escuchar a la distancia a Hisui exclamar.
"Muy bien. ¡¿Están listos?!"
Shirou reprimió las ganas de estornudar y se estremeció al escuchar como una voz respondía bastante cerca de donde estaba.
"¡Aun no!" Y muy para el desmayo del pelirrojo, pronto escucho unos pasos acompañando a aquella voz, seguidos ahora de ramas moviéndose. Pronto, los ojos de Akiha se toparon con los suyos y ella se paralizó.
Para limar asperezas, justo escucharon la voz de Hisui anunciando que ahora sí iba a por ellos.
"Entra rapido." Susurro Shirou, a lo que Akiha accedió sin pensarlo mucho, dejando que las ramas ocultaran el boquete. Los dos niños se sentaron de cuclillas en el hueco sin decir ni una palabra por casi un minuto entero.
"Hmm." Naturalmente, ese silencio no iba a durar. Shirou volteo discretamente, topándose con Akiha al parecer queriendo decir algo. "¿Emiya-kun, cierto?"
El pelirrojo asintió, no entendiendo del todo donde iba eso. Aprovechando la cercanía, pudo notar un muy leve parecido a Makihisa en su rostro y el color de su cabello, pero era el de sus ojos lo que generaba un mayor contraste. Supuso que los había heredado de su madre.
"Este... Disculpa por no haberme presentado bien antes, Jinan-san dijo que nuestros padres se conocían." Finalmente habló la niña, elevando un poco su tono. "Akiha Tohno."
"Oh… Shirou Emiya" Shirou parpadeo'', permitiéndose el sonreír antes de responder. "No te preocupes. Me habían dicho que eres la hija de Makihisa-san, y él y mi papá son conocidos... Aunque la verdad es que yo creo que son amigos aunque ninguno lo acepta."
Ahora le tocó el turno a Akiha de parpadear como si fuera incapaz de siquiera procesar aquella noción. "¿Amigos...? Espera, ¿Makihisa-san? ¿Qué tanto conoces a Otou-sama?"
Shirou se quedó pensando por varios segundos antes de responder. "Hable con él un par de veces. Me dio un poco de miedo, pero me ayudo mucho cuando lo necesitaba."
'¿Miedo? Bueno, eso lo entiendo... ¿Pero ayudar?' Con cada respuesta que salía de la boca del pelirrojo, Akiha quedaba aún más confundida con lo que estaba pasando. "¿Eso hace cuanto fue?" Preguntó, con curiosidad.
"Hmmm, hace como dos meses." Shirou llevó inconscientemente su mano derecha hacia su nuca con algo de vergüenza. "Me perdí... Y terminé por ir a parar a tu casa. Fue coincidencia que Makihisa-san conociera a mi padre y pues me ayudó a reunirme con él."
"¿Pero cómo fue que terminaste en la casa?" Hasta Akiha podía señalar el enorme hueco en la historia, que hizo que Shirou se encogiera de hombros antes de admitir.
"Estaba lloviendo y tropecé con Kohaku que había salido de compras. Llevaba paraguas, y me ofrecí a acompañarla hasta donde tenía que ir."
"..." La boca de la pelinegra se quedó entreabierta, expuesta al riesgo de que algún insecto se colara por ahí. Simplemente, se quedó mirando al pelirrojo, absorta en sus pensamientos. Los cuales se limitaban a imaginarse la escena descrita por este.
"Hmm, ¿Tohno-san?" Shirou agitó una mano enfrente de su rostro luego de que hubiera pasado un minuto entero. "¿Estás bien? Siento que una mosca se va a meter a tu boca si no la cierras."
"¿Ah? Si, si..." Casi de inmediato, Akiha sacudió su cabeza levemente y parpadeó de nuevo. "Disculpa, "es solo que... Bueno, se me hizo muy extraño."
"Lo entiendo." Asintió Shirou haciendo una mueca. "A veces hasta pienso que ese dia fue como un sueño por lo raro que fue..."
"Aunque eso explica porque Jinan-san dijo que eres amigo de Kohaku." Aquel comentario provocó un respingo de sorpresa de parte del pelirrojo, quien alzó una ceja perpleja.
Las mejillas de Akiha se ruborizaron levemente al caer en cuenta del comentario que acababa de soltar. "Ah-ha... Disculpa, eso sono muy raro."
Shirou asintió levemente, estando de acuerdo. "Oh.. No fue nada..." Sin embargo, aquello sólo provocó un intervalo bastante incómodo durante el cual, ambos niños estuvieron en silencio, enfocándose en cualquier otra cosa menos ellos mismos.
"Ehem.." Akiha fingió toser, rompiendo la pausa. "Lo lamento, es solo que desde que la recuerdo... Kohaku siempre ha sido muy..." Hizo un par de gestos con sus manos, como intentando comunicar palabras que no se le veían a la mente.
"¿Callada?" Se aventuró a decir Shirou, sabiendo que una mentira eso no era.
Akiha pareció considerar el adjetivo antes de menear con la cabeza. "No solo eso... Ella siempre me pareció muy... Rara. Y no digo que este mal que sea tu amiga, solo que... Sería más normal si ella fuera Hisui, con lo simpática que es."
Shirou parpadeo y pensó en la ojiverde, eso y que sintió también una punzada en su mollera que le hizo sentir algo de molestia por la forma en que la pelinegra habla de la gemela ojiámbar.
"Ella es un poco callada, pero yo no creo que sea rara." La defendió, solo para entonces recordar esa conversación de ayer y como había terminado. "Ella solo es... Diferente." Término.
"Oh." Akiha pareció haberse quedado sin palabras al escuchar aquello. "Ya veo, disculpa por haber dicho eso."
"...Ah, descuida." Sacudió su cabeza. "No es nada."
Un silencio no menos incómodo se interpuso entre los dos, y que se extendió por casi dos minutos. Que se vio interrumpido cuando escucharon pasos demasiado cerca, causando que los dos contuvieran el aliento.
Pero para su mala suerte, las ramas del arbusto comenzaron a ser recorridas desde afuera, permitiendo ver de quien se trataba.
Los ojos verdes de Hisui se asomaron desde afuera del arbusto junto con una sonrisa. "Ohohohoho. ¡Los encontré!" Exclamó, justo antes de salir corriendo tan rápido como podía, dejando a los dos aun dentro del matorral.
Suspirando, ambos salieron de este. Se les había olvidado en su conversación que estaban jugando…
Intercambiaron una mirada justo cuando Akiha soltaba un resoplido. Resoplido que lentamente se convirtió en una risa que fue imitada por el pelirrojo mientras que ambos caminaban de regreso al claro.
"¿Porque estamos riendo?" Pregunto el ojiámbar luego de que finalmente se detuvieron para tomar aire.
Akiha se encogió de hombros. "No lo sé. Pero, creo que lo necesitaba." Dijo, sonriendo ligeramente.
"Oh. Menos mal entonces." Shirou le devolvió la sonrisa, antes de seguir avanzando. Los dos finalmente alcanzaron el claro, riéndose ocasionalmente. Fueron divisados al instante por Hisui, quien estaba apoyada en el tronco de un árbol. "Ya avise que ustedes dos perdieron." Comentó, burlona. "Muy mal, muy mal. ¿Cómo se les ocurre esconderse en el mismo lugar y encima hablar en voz alta?"
Tanto el pelirrojo como la pelinegra se ruborizaron en silencio, causándole otra risita a la ojiverde. Mientras tanto, pasos detrás de ellos indicaron que las niñas restantes habían llegado ya.
Ninguno noto como por un momento, la expresión de la peliverde sufrió un leve cambio al mirar a su hermana.
"¿Es en serio, Akiha-chan? Vas a tener que ponerte las pilas para la próxima." Se lamentó la pelimorada, antes de dirigirse hacia el único chico. "Y bueno, mucha suerte para la próxima, Emiya-kun. Aunque creo que la vas a necesitar más cuando nos intentes encontrar, fufu."
"Hmm, nope. Akiha-chan va a ser quien cuente en la siguiente ronda, Shirou." Sonrió Hisui muy para la sorpresa de todos, antes de realizar un gesto con su mano, anticipando la protesta del pelirrojo. "No es no. Sin peros."
"Ah… Pero…" Intentó protestar, solo para ser interrumpido esta vez por Akiha.
"No, está bien, Emiya-kun." Lo tranquilizo la pelinegra. "Tu fuiste quien se escondió primero."
"Pero…" Y experimentó por primera vez la terquedad del ojiámbar. La cual fue cortada en seco cuando Hisui tosió de nuevo.
"Ehem, ¿que parte de sin peros no quedó claro? Vayan a esconderse de una vez."
Akiha se tapó los ojos con las manos antes de apoyarse contra el tronco del árbol y comenzó a contar en voz alta. Apenas lo hizo, los cuatro niños salieron disparados en distintas direcciones.
Shirou, sabiendo que no podría usar el mismo arbusto de la vez anterior, corrió en la dirección opuesta, intentando buscar una mejor opción de escondite mientras escuchaba a la distancia como Akiha había terminado de contar y preguntaba si estaban listos.
"¡No! ¡Aún no!" Exclamó, mientras fruncía el ceño al no encontrar ningún lugar viable. Había dado vueltas en círculos, y ninguno de los arbustos era lo suficientemente grande para que pudiera meterse adentro, lo cual sólo dejaba...
"Pst." Escuchó detrás de él, haciendo que se estremeciera antes de darse la vuelta con un salto, pero sin ver a nadie. "Pst, pst."
La voz se le hacía familiar, pero estaba tan baja que no alcanzaba a reconocerla del todo.
"Aquí arriba." Finalmente, eso logró guiarlo. Shirou alzó su cabeza, y vio cómo de entre las ramas de uno de los árboles se asomaba la cabeza de Hisui, mirándolo desde las alturas.
"¿Que haces ahí abajo?" Le preguntó con urgencia. "¡Sube antes de que Akiha-chan termine de contar!"
Eso hizo espabilar al ojiámbar, quien rápidamente comenzó a trepar por el árbol con algo de esfuerzo, hasta finalmente alcanzar una de las ramas más grandes, justo del lado de donde Hisui estaba apoyada.
"¿Hisui? ¿Porque me llamaste hacia aquí?" Le preguntó, perplejo.
"Habla en voz baja, si no quieres que Akiha-chan nos encuentre como yo los encontré a ustedes." Susurro la ojiverde, antes de fruncir el ceño.
Shirou alzó una ceja antes de obedecer, preguntando de nuevo. "¿Entonces?"
"Mucho mejor." Asintió Hisui. ¿Sabes porque escogí a Akiha para contar en esta ronda en lugar de a ti?"
A decir verdad, la mente del ojiámbar estaba en blanco al respecto, por lo que negó con la cabeza. Algo que hizo que Hisui soltara un suspiro.
"Bueno, probemos otra cosa. ¿Cómo te pareció hablar con Akiha-chan?"
El rostro de Shirou prácticamente gritaba la pregunta de ¿A qué viene eso? mientras que él recordaba esa charla que había compartido con la hija de su anfitrión en el arbusto gigante.
"Ella es... " El ojiámbar pensó en cómo describir a la pelinegra por un par de segundos. "¿Elegante? No sé... Tiene como algo que la hace diferente, pero es agradable, supongo." Añadió.
Hisui inclinó su cabeza ligeramente hacia un costado, antes de decir. "Me alegra que te caiga bien. Todas vimos como estaban riendo mientras caminaban de regreso al claro, fue bonito."
"Eh... ¿Gracias?" La confusión de Shirou solo aumentaba minuto a minuto, y tal parecía que esa situación distaba mucho de terminar.
"Ahora, con todo lo que acabamos de hablar. ¿Te imaginas porque tras no haberte elegido a ti te invite a mi escondite?" Le pregunto nuevamente la ojiverde, solo para resoplar cuando lo único que recibió de respuesta fue la misma mirada confundida. "Niños." Protesto, suspirando. "Porque quería hablar contigo, duh."
"Ohhhhh." Shirou lucio sorprendido, pero seguía sin comprender a que quería llegar la gemela.
La mirada de Hisui adquirió un toque algo fastidiado. "Te daría un zape por ser tan lento, pero que remedio. Se que tu y nee-san tienen un problema." La hermana menor fue directo a la yugular y el respingo que Shirou emitió no le ayudó en nada.
"¿Como...?" Intento preguntar, siendo interrumpido por Hisui.
"Somos hermanas, puedo saber cuando algo la está molestando." Dijo la ojiverde, antes de suspirar nuevamente y confesar. "Eso y que ayer vino a mi cuarto a preguntarme si es normal molestarse con tus amigos."
'Ah, es verdad.' Shirou recordó como lo último que le había dicho su amiga el día anterior era que iba a hablar con su hermana. Y entonces reparó en que ella sabía que la razón del porque la actitud de Kohaku era por su culpa.
"Lo siento, fue mi error." Se disculpó, sorprendiendose cuando Hisui asintió.
"Si no lo lamentarás, te empujaria hacia el suelo." Añadió ella tranquilamente, provocando un ligero escalofrío en la columna vertebral del ojiámbar, que no desaparecio incluso cuando ella sonríe serenamente.
"No me dijo que pasó exactamente, pero sí que le afectó. Y aun si no me lo hubiera dicho, ver cómo se comportaron los dos todo este día me lo hubiera avisado." La ojiverde meneo la cabeza. "Eres un buen chico, Shirou. Y estoy segura de que no hiciste con malas intenciones lo que pasó, pero se un poco más sensible, ¿si?"
"¿A qué te refieres?" Pregunto Shirou con total honestidad, al no entender de que estaba hablando Hisui, quien suspiro por enésima vez.
"La única persona de su edad sin contarme a mi con quien Nee-san ha logrado llevarse bien o al menos hablar, eres tu. ¿Sabes lo mucho que significa para ella eso?" Hisui meneo la cabeza. "Cuando yo jugaba con Akiha-chan y sus hermanos, ella prefería quedarse adentro... A veces juraría que podía verla mirándonos desde una ventana."
Aquello sonaba increíblemente solitario para Shirou, quien intentó imaginar una escena similar en su mente. Algo como un campo verde en un día soleado, donde versiones más jóvenes de Akiha y Hisui jugaban con dos niños... Mientras que a la distancia, un par de ojos como los suyos los miraban a la distancia.
Pero Hisui no había terminado aún.
"Nunca lo ha dicho, pero estoy segura de que a nee-san jamás le ha podido agradar Akiha-chan, creo que porque sentía que no podía estar cerca de nadie con ella al lado." Continuó explicando la ojiverde, antes de resoplar mientras lo miraba fijamente. "Y eso nos lleva a lo de ahora. Ella y tú, riendo a la vista de todos. ¿Entiendes ahora porque te pregunté sobre ella?"
Esta vez, no fue necesario que ella le tuviera que explicar. Todas las piezas comenzaban a acomodarse, y Shirou sintió un vuelco en el corazón al ver como encajaban.
La imagen que tenía en su mente fue sustituida ligeramente; en lugar de dos niños, ahora estaban Akira y él. Pero Kohaku seguía estando lejos, mirándolos.
Algo debió de haberse mostrado en su expresión, porque Hisui asintió.
"¿Lo entiendes ahora?" Le preguntó, justo antes de que el ojiámbar repitiera el gesto, sintiendo aun ese vuelco en su pecho. "Bien, pues ya sabes que hacer."
"¿Eh?" Y la confusión regresó a su mente con eso, causando que la ojiverde pareciera tener ganas de darle un zape.
"Ve a hablar con ella." Prácticamente le ordenó.
"¿Ah? ¿Ahora?" Pregunto Shirou, solo para cubrirse por mero reflejo con ambos brazos al ver la mirada de la ojiverde, que seguramente hubiera asustado hasta Kiritsugu.
"Gana esta ronda. Si logras llegar hasta el tronco antes que Akiha-chan, tu podras elegir a la siguiente persona en contar." Le instruyó Hisui mientras asentía. "Elige a Akira-chan. Así podrás encontrar a nee-san y hablar con ella, como lo has hecho conmigo y Akiha-chan."
Shirou parpadeo ante ese plan y alzó una ceja antes de preguntar. "... Aun si la sigo, ¿como se supone que la voy a encontrar si me esta evitando?"
"Oh, eso es fácil." Hisui sonrió, antes de revelar. "Una pequeña pista. Como gemelas, solemos pensar igual. Ahora, ve." Y aprovechando como Shirou aún se cubría con sus brazos, la ojiverde lo empujó del pecho haciendo que este cayera de espaldas contra un arbusto. La densa capa de hojas y follaje amortiguo su caída, pero el susto momentáneo igual fue una molestia, lo que le llevó a mirarla irritado desde abajo.
"..." Estuvo a punto de decir algo, cuando escuchó pasos a la distancia sobre las hojas secas, y rodó hacia el costado opuesto, alcanzandose a ocultar detrás del tronco del árbol.
Por el rabillo del ojo y apenas asomándose por un instante, pudo ver a Akiha de espaldas a él mirando otro arbusto. Algo que le hizo tragar saliva antes de mirara hacia arriba, solo para toparse con Hisui tapándose la boca mientras negaba con la cabeza.
Una excelente forma de decirle que estaba por su cuenta.
El pelirrojo consideró sus acciones, mientras procuraba guardar todo el silencio posible. Sus ojos observaron todo lo que tenía enfrente, pero no hallaron nada. Ni una triste piedra que pudiera aventar para desviar la atención de la niña.
A menos que...
'Un momento...' Shirou reprimió las ganas de darse un golpe ahí mismo. '¿Puedo usar taumaturgia, no?'
Y no menos de varios segundos después, la viva imagen de una piedra común y corriente que había sido reforzada para poder ser más o menos duradera tal y como sus primeras proyecciones modificadas lo eran yacía en la palma de su mano.
Se atrevió a mirar otra vez detrás del tronco, y vio como Akiha parecía haber terminado ya con ese lado y estaba dispuesta a seguir con el de donde estaba, obligandolo a apresurarse. Preparándose para arrojar, se concentró en un punto a la distancia del lado izquierdo, y arrojó la proyección con todas sus fuerzas.
CRACK
La piedra falsa chocó contra el tronco de otro árbol, unos catorce metros a la distancia, llamando la atención de Akiha, quien al instante miró hacia aquella dirección y comenzó a trotar a su encuentro, dejandole la vía libre a Shirou.
El pelirrojo no se hizo esperar, y se dispuso a correr de regreso al claro. Pero el sonido de sus pasos fue captado por Akiha, quien de inmediato volteo y alcanzó a distinguir su silueta de espaldas, corriendo lejos de ella.
"¡TU!" Exclamó ella, antes de comenzar a perseguirlo. Sin embargo, los segundos de ventaja que el pelirrojo había ganado al final marcaron la diferencia, permitiéndole poder alcanzar el claro y tocar el tronco con su mano derecha mucho antes que la pelinegra.
"¡Gane!" Exclamó a todo pulmón, y se volteó, topándose con Akiha jadeando del cansancio por el esfuerzo y a la distancia, a Hisui saliendo del bosque con una sonrisa complacida.
"... Vaya, retiro lo dicho, Emiya-kun." Escucho a Akira hablar del otro lado, y pronto miro a la pelimorada salir de detrás de otro arbusto. "No necesitabas suerte…"
"Tramposo." Murmuró en voz baja la pelinegra.
"..." Shirou estuvo apunto de decir algo, pero noto como Hisui le guiñaba el ojo e intentó sonar algo burlón. "Gracias, pero creo que quien va a necesitar la suerte eres tú. Te toca." Dijo, sonriendo mientras entrecerraba los ojos.
Pero para sorpresa general, Akira no pareció molestarse. Al contrario, hasta su expresión se tornó casi feral ante aquel prospecto. "¿Oh? Muy bien."Y se encaminó hacia el tronco.
Discretamente, Shirou logró ver en qué dirección corría Kohaku una vez que Akira comenzó a contar, y corrió lo más cerca posible sin lucir obvio. Tenía que darse prisa, ya que con el rodeo que planeaba tomar, corría el riesgo de perderla de vista y si de por si tener que buscarla mientras Akira se estaba preparando iba a ser difícil, hacerlo al mismo tiempo que él se escondía iba a ser difícil.
Claro, también era más fácil decirlo que hacerlo. El ojiámbar pensó en ello mientras aguzaba la vista como podía, esperando detectar un destello rojo entre todo lo verde. Eso al menos era una pequeña ventaja que podía aprovechar.
¿Con ese color de cabello y ahí? Algo era algo.
Dio vueltas alrededor de un tramo con varios arbustos y uno que otro árbol por ahí, sin el menor éxito hasta ahora. Lo peor era que debía de apresurarse, pues ya escuchaba a Akira a la distancia preguntando si estaban listos.
"Ughh." Protesto en voz baja. En momentos así, le gustaría que su olfato "especial" resultará ser más útil. ¿No debería de poder ayudarle a rastrear a otras personas por su olor o algo así?
Shirou sacudió su cabeza, intentando a toda costa abortar la inevitable imagen mental que tendría de él como un perro gracias a ese pensamiento. Frunció el ceño mientras recordaba entonces las palabras de Hisui.
"Como gemelas, solemos pensar igual."
"¿Eso qué quiere decir?" Parpadeo, antes de mirar uno de los árboles. A este paso, le seria mas facil subirse a uno para esconderse e intentar mirar desde arriba, si. No sería una mala idea después de todo.
'Ese de ahí es bastante grande, como el que Hisui y yo usamos.' Pensó, mientras comenzaba a caminar hacia este, solo para parar en seco al caer en cuenta de lo que acababa de decir.
'¿Será posible?' Pensó, antes de trepar el tronco como pudo, y alcanzar una de las ramas más gruesas.
Casi se termina por caer cuando justamente se topó esos ojos que buscaba, mirándolo desde una rama más alta. Si Kohaku estaba sorprendida de verlo, el único signo de ello consistia en haber inclinado ligeramente su cabeza hacia la izquierda por unos segundos.
"Hmm, ¿hola?" Intento saludar Shirou, estremeciéndose por dentro al caer en cuenta que tan mal había sonado eso.
Sin embargo, tal parecía que Kohaku encontraba más interesante el mirar a cualquier lado menos a él, porque lo único que le recibió fue un silencio incómodo.
'Ugh...' Pensó viendo como no estaba saliendo nada bien. '¿Qué es lo que dijo Kiritsugu otra vez?' Y de la nada, fue transportado a una memoria de la noche anterior.
Shirou estaba seguro de que la expresión de su rostro era de molestia pura, pero tal parecía que su padre se la había tomado con humor, pues se echó a reír levemente.
"Papa, esto es serio." Comentó al cabo de varios segundos. Luego de haber hablado con Waver, se había dirigido a la habitación que le habían prestado hasta que una hora después, Kiritsugu había aparecido, al parecer tras regresar de donde había ido junto con Makihisa.
Le había comentado que Waver le había pasado el mensaje de que quería verlo y ahí estaban. Después de hablar un rato de lo que habían hecho durante el día, Shirou finalmente se había animado a preguntar cómo podía arreglar un problema con una niña.
Lamentablemente, si esperaba seriedad, debió de recordar que su padre adoptivo a veces tenía sus ratos bonachones.
"Papa..." Protesto otra vez.
Kiritsugu finalmente dejó de reírse mientras retiraba algo de sus ojos y murmuraba algo por lo bajo que sonó sospechosamente igual a "crecen tan rápido".
"Mira, Shirou." Le dijo. "Lo único que te puedo aconsejar es que pidas perdón. Recuerda esto, los niños que hacen llorar a las niñas, tienen una vía directa hacia la ruina. ¿Oiste?"
"¿Que significa eso?" Pregunto el pelirrojo, más confundido que antes. La respuesta que recibió consistió en que le dieran una palmada en la cabeza, y que Kiritsugu añadiera.
"Ruega por nunca saberlo, Shirou. Ruega por nunca saberlo."
No había resultado tan útil como esperaba, la verdad. Pero al menos tenía una opción que seguir. El pelirrojo suspiró, y se preparó para pedir perdón, pero antes de que pudiera abrir la boca.
"Hisui-chan te mando, ¿verdad?" La pregunta fue tan certera, que lo dejó sin palabras por varios segundos, y ni oportunidad tuvo de responder, ya que la otra ojiámbar pareció deducir exactamente con solo mirarlo. "Lo sabía."
"... Venia a pedirte perdon..." Comenzó Shirou, pero tal parecía que Kohaku no estaba de humor.
"¿Porque?" Le pregunto de la manera más cortante posible causándole un respingo. Su mirada se volvió bastante dura, pero por dentro, hasta ella se estremeció por el enojo que estaba demostrando.
"... Ya sabes, por lo de ayer…" Intentó decir, solo para añadir. "Y por haberlo pedido hasta ahora."
La pelirroja no lucía impresionada en lo absoluto. "¿Eso es todo?"
"No." Shirou pareció haber ganado valor, y admitió. "Perdón, en serio. No sabía que tanto te iba a molestar, soy muy malo para esas cosas. Le pedí ayuda a Kiritsugu anoche para saber que hacer, pero el solo me dijo que me disculpara…"
Difícilmente era lo más elocuente que se podía haber dicho, pero pareció ser suficiente para que la cólera de la ojiámbar viera su intensidad ser disminuida. Sin embargo, esta distaba de desaparecer del todo ya que aún había algo de lo que quería asegurarse.
"Dime una cosa, Shirou." Si bien se había calmado ligeramente, se notaba a leguas que estaba muy lejos de estar de buen humor. "¿Tienes aun la loca idea de meterte en los asuntos de tu padre?"
Shirou sintió un nudo en la garganta al escuchar esa pregunta. Una parte traicionera de su mente le incito a mentir… Pero otra, que sospechosamente sonaba como la hermana de quien tenía enfrente le advertía que al hacer aquello… Quizás causaria algo irreparable.
"... Si." Respondió sinceramente, casi sintiendo de una vez el látigo que sería la respuesta.
Supo que estaba en lo correcto al ver pasar en los ojos de Kohaku el destello de la decepción. Dos pasos para adelante, tres pasos para atrás.
"Entonces no puedo perdonarte." Sentenció, mirando hacia abajo casi como si no pudiera soportar verlo. "Y pensar que casi lo hago."
"Sabes que no puedo simplemente no hacer nada mientras…" Intento argumentar Shirou, pero la ojiámbar no se lo permitió.
"Ya se que tu padre se está arriesgando la vida, pero eso es para protegerte a ti." Lo interrumpió casi como un reproche. "Mirate, te secuestraron unos locos y te lastimaron por eso. ¿Qué crees que te va a pasar si intentas meterte tú? ¿Que no puedes entender que es por tu bien que tienes que estar alejado?"
"¡Es también porque no sabía nada de esto que a Fuji-nee y a mi nos paso eso!" Respondió el pelirrojo, subiendo ya un poco el tono de su voz. "No quiero que vuelva a ocurrir…"
"¡Eso es justo lo que va a pasar y peor si insistes!" Kohaku contraatacó subiendo también su tono.
"¡¿Por qué sigues con eso?!" Pregunto Shirou, ya al borde de la frustración.
"¡Porque me preocupas, niño tonto!" Exclamó Kohaku, alzando ya la voz sin importarle si alguien oía o no. Salvo que otra cosa fue escuchada primero por ambos.
"¡AHHHHHHHHHH!"
Un grito espeluznante se disparó desde el bosque, poniendo en alerta a los dos niños. Lo peor, es que era de una voz que ambos reconocían. ¿Cómo no hacerlo? Era la de la niña que había estado contando en aquella ronda.
Fue difícil saber cuál de los dos palideció primero.
A/N: Creo que soy la primera persona del Fandom que usa a Sagara Hyouma como algo más que un personaje de relleno en dos escenas. Pero es que yo tiendo a aprovechar las cosas canónicas a las que no se les dieron tanto uso, con el fin de reservar cosas más importantes para otros personajes después.
No le digan adiós aún, que su rol en este Arco aún no culmina.
Escribir a las gemelas y a Shirou interactuando al mismo tiempo es un dolor de cabeza debido a las dinámicas entre los tres, me es más sencillo hacerlo con una y otro. Perdí la cuenta de cuántas veces escribí las interacciones de todos ellos.
Añadir a Akiha y Akira Seo no ayudó, pero por algún lado hay que empezar.
Aun si no estoy satisfecho del todo, considero que deje el escenario preparado para el clímax del arco en el siguiente capítulo, el cual afortunadamente tengo bien planeado ya en mis notas y quizás no me tomé meses hacerlo. Y creanme, va a ser mucho más intenso que el anterior.
Espero lo hayan disfrutado, nos vemos en la siguiente entrega.
Y los dejo con un teaser del siguiente capítulo: Takemikazuchi.
- Sukracharya 19/03/22
