A/N: Regresamos después de casi tres semanas a esto. Aprecienlo mijos, porque este capítulo es no solo enorme… Es jodidamente intenso también. No es la conclusión del arco, ese es el que viene, pero cierra de una manera bastante estruendosa su clímax.

Pasemos a contestar reviews.

- SG: Vale, muchas gracias. Me alegra que te esté gustando.

- Nitrax631: No siempre se trata de acción y Lore, . Es divertido escribir pequeños momentos así.

- GustavoIVS: Con este capítulo puedes ver la respuesta.

Bueno, terminado con eso, pasemos al capítulo. A propósito, disfruten de un par de nuevos cambios en el formato.

Recuerden, hay otra nota del autor hasta el final.


AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.


Clave:

'Pensamientos.'

"Diálogo."

Especial

"Voz sobrenatural/Resaltado"

"Taumaturgia."

Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ


Konton no Tatakai


Capítulo Diecisiete

"Takemikazuchi"


Academia Privada Reian - Cafeteria

Varios minutos antes…

Un llamativo cartel con las bebidas y la lista de precios yacía justo enfrente de él, pero Sougen no parecía decidirse entre todos los que estaban ahí.

"Hmm, Matcha, Sencha, Sobacha... Decisiones, decisiones." Musito mientras que sus ojos iban de una opción a otra sin poder decantarse por alguna de estas.

"Ah, disculpe la intromisión, señor. Pero yo le recomendaría que decidiera pronto, ya que la cafetería cierra como en veinte minutos." Escucho una voz muy amable hablándole a su izquierda.

Sougen volteo hacia aquella dirección y se topó con un hombre vestido con una camiseta de cuello abierto de un color naranja claro, que complementaba su cabellera parda recogida en un estilo partido. Los rasgos de una escasa barba podían verse en su mentón y junto con su expresión amable, le daban un aura que prácticamente gritaba 'profesor'.

Noto también que llevaba un vaso repleto con un te de un color negruzco. Al sentir la mirada del curandero, el hombre miró a su bebida antes de sonreír y añadir.

"Ah, ¿este? El Gobocha de nuestra cafetería es una auténtica delicia. Las propias raíces vienen del bosque. Se lo recomiendo mucho, señor..."

"Sougen, Sougen Jinan." Respondió el curandero con una leve inclinación de cabeza.

"Hideo Hayama, enseño Teoría Social en los cursos superiores aquí." Se presentó.

El anciano terminó por finalmente pedir su bebida, la cual le fue entregada en poco menos de tres minutos. Finalmente, los dos hombres se sentaron en una de las barras, continuando con su conversación.

"¿Que le trae por aquí, Jinan-san?" Preguntó Hideo luego de darle un sorbo más a su té. "Es raro que haya adultos aparte de los guardias a estas horas y en estas fechas. La gran mayoría de nuestro personal ha seguido el ejemplo de nuestras alumnas y ha decidido aprovechar los días de asueto para tener vacaciones."

"Si, lo había notado." Comentó Sougen, recordando como Tobimaru se había ido casi tan pronto como lo había visto. "Soy el médico particular de la familia de una alumna de aquí, Akiha Tohno. Su padre me pidió que realizara su chequeo mensual hoy."

"Tohno..." Hideo murmuró antes de asentir. "Oh, la conozco. Ella y su amiga, Akira Seo-chan son de las pocas que se quedaron aquí. De hecho, creo que son las únicas niñas que están en este momento en el complejo."

Sougen resopló con algo de humor. "No, por ahora no. Su padre me pidió que trajera de visita a una amiga suya, que trajo a su hermana consigo. Todos están jugando ahora cerca del bosque en estos momentos."

Al tomar un sorbo de su té, entrecerró los ojos, y no pudo ver así como la expresión del profesor cambiaba ligeramente al oír aquello.

"¿Oh? Muy bien por ellos, no me gusta admitirlo, pero el ambiente de la Academia tiende a ser bastante estricto incluso con las más pequeñas." Asintió el profesor con una expresión empática. "Es bueno que puedan tener la oportunidad de divertirse normalmente así."

"Ya lo creo." Fue la respuesta del curandero. "Planeo retirarme hasta dentro de un par de horas para darles el tiempo suficiente, yo creo que hasta eso de las cinco o seis de la tarde estaría bien."

Hideo miró discretamente el reloj en su pulsera y alzó un poco sus cejas. "Oh, vaya. Cuatro horas. ¿Pero que planea hacer todo ese tiempo? ¿Va acaso a verlos de cerca afuera?"

Sougen resoplo. "Oh, no. Para nada, que se diviertan ellos. Yo probablemente me conforme con dar un paseo por aquí."

"Le puedo recomendar ir a la biblioteca y sacar un libro o dos antes de que cierren, a eso como dentro de casi una hora." Sugirió el profesor, antes de parpadear como si hubiera recordado algo. "Y hablando de ello, debo retirarme ya. Acabo de recordar que mi esposa me está esperando para una salida."

"No le quito su tiempo, adelante y que tenga un buen dia." Lo despidió el curandero a lo que Hideo sonrió mientras asentía.

"No, no. Primero he de ir a entregar unos papeles en mi oficina, pero me iré rumbo a Mifune apenas termine." Respondió. "Fue un placer, Jinan-san. Espero tenga también un buen día."

Y se levantó de su asiento, dirigiéndose hacia la salida no sin antes tirar el vaso desechable en uno de los botes de basura indicados. Una vez en el pasillo, sin embargo, su semblante amable se desvaneció en favor de uno difícilmente simpático.

Hideo puso los ojos en blanco mientras soltaba un resoplido silencioso apenas comenzaba a caminar. Como le enfermaba actuar de esa manera.

Pero al menos algo de valor había obtenido con aquella conversación, y era cierto que aún no se iba... Primero debía de entregar un par de cosas, pero no eran ni papeles y muchos menos en su cubículo.

De un bolsillo interior a su camiseta, extrajo un estuche semi-esférico con el interior repleto de unas pastillas blancas cuya visión le hizo sonreír.

La tarea no le llevó más de veinte minutos y una vez que terminó, se dirigió tranquilamente hacia el estacionamiento. Un Porsche rojo le esperaba en una esquina, bajo la sombra de un pequeño árbol. Apenas entró, se aseguro de encenderlo antes de tomar su celular y marcar el número más reciente. No necesito esperar mucho por una respuesta.

"¿Si?"

"Kaburagi-san." Se dirigió a su asociado. "Acabo de salir de la academia. He confirmado que la niña de la que le hable está jugando en el bosque justo en el suroeste del complejo, si no me falla la memoria, eso no está tan lejos de donde está ese sitio donde guarda sus cosas."

"Hmm, ¿estás seguro de eso?" Cuestiono el traficante del otro lado de la linea, provocandole una sonrisa sardónica al profesor.

"Da la casualidad que justamente hable con el médico particular de una niña que es amiga de esa mocosa. Ella, junto con otras estan jugando por ahi y segun el anciano ese, estaran hasta como a las cinco o seis." Le informo maravillandose de su buena suerte. "Incluso convencí al viejo de que vaya mejor a la biblioteca y se ponga a leer un libro en cualquier lado en lugar de estar como chaperón."

"Ya veo." Kaburagi se quedó quieto por unos segundos antes de añadir. "¿Cuántas personas hay en el lugar? ¿Que hay de los guardias de seguridad?"

Hideo soltó una leve carcajada mientras que extraia nuevamente aquel frasco de su bolsillo. "Las píldoras esas que me dio, me tomé la libertad de meter un par en los garrafones de los suministros de agua. Y conociendo a esos holgazanes, tarde o temprano terminarán por tomar un vaso de ahí, lo cual los dejará dormidos por un buen tiempo."

Se echó a reír aún más fuerte, sacudiendo la cabeza en el proceso. "Está todo listo, Kaburagi-san. Espero mi corte dentro de esta semana."

"Muy bien, de acuerdo. Apenas tenga asegurada a la niña, yo mismo te transferire lo que te mereces." Sentenció el traficante. "Ahora, te sugiero que te vayas de ahí lo antes posible, lo que va a pasar no es algo con lo que te quieras ver involucrado."

"Claro, claro. Hasta luego, entonces. Pero casi lo olvido, la niña es imposible de confundir, tiene el cabello de color morado." Hideo colgó antes de finalmente comenzar a conducir fuera del estacionamiento y no tardó en llegar hasta la carretera donde se perdió a la distancia.

Del otro lado de la línea colgada, Kaburagi contempló el teléfono antes de resoplar y lo dejó en la mesa.

Del otro lado de la habitación y libre de sus grilletes sólidos, la figura de Togo con todo y aquel grotesco brazo mutante yacía completamente dócil, solo temblando ligeramente mientras miraba detrás del talismán que cubría su rostro algún punto a la distancia, completamente perdido.

El traficante consideró sus opciones. Salir el mismo era naturalmente la opción más efectiva, capturar a una niña incluso con un poder así no sería ningún problema aun con la herida que llevaba.

Pero por otra parte... ¿Arriesgarse a hacerlo por su cuenta? No, mejor no. No cuando tenía ya justo un recurso a la mano para hacerlo por él, tal y como se le había ocurrido antes.

"Hmm." Miro la figura inmovil de Togo mientras comenzaba a planear. En teoría, ordenarle que buscara a una niña pelimorada y la trajera hasta ahí debería de ser simple, pero...

Luego de ese trauma por haberle inyectado el suero modificado del Señor Wagner sumado a haber pasado unos días con su mente bajo su control, Kaburagi dudaba que las facultades mentales de Togo fueran tan ágiles como antes.

Estaba la opción de manejarlo a control remoto como si se tratara de algún juguete electrónico, pero aquello tendría un costo de energía mágica que le parecía innecesario, no. ¿Por qué no simplemente mejor implantarle la orden directamente con instrucciones específicas y enviar cada cierto determinado instante un pulso de energía mágica para poder estimular la orden?

Si, eso podía servir. Mientras tanto, él podría estar revisando cosas en el lugar. Incluso podría aprovechar para transportar los dichosos cristales de maná hasta la camioneta de una buena vez para tenerlos listos.

"Sígueme." Le ordenó, y comenzó a subir las escaleras hasta salir por la escotilla, y de ahí a fuera de la cabaña. Togo no tardó mucho en llegar hasta donde estaba y se detuvo un par de pasos detrás de él.

"Quiero que vayas al bosque en esa dirección." Señaló Kaburagi, apuntando hacia noreste desde donde estaba. "Encontrarás un montón de edificios pero no entres ahí, busca en toda el área alrededor hasta encontrar a una niña pelimorada. Quiero que la atrapes y la traigas hasta acá, tienes prohibido dañar su cabeza bajo ninguna circunstancia." Recalcó severamente, canalizando un pulso más.

"-" Un gruñido ininteligible fue todo lo que recibió por respuesta, pero fue suficiente para el traficante. En ese entonces, recordó que su asociado había mencionado otras niñas por ahí.

Bueno, ¿para qué quería potenciales testigos sueltos cuando tenía los medios para silenciarlos rápidos y fácilmente?

"Una cosa más." Añadió mientras juntaba ambas manos. "Si encuentras a otras personas, quiero que las mates. Ahora, ve a por ello."

Como un perro de caza que acababa de ser soltado luego de no comer por horas, Togo salió disparado a una velocidad sorprendente, perdiéndose entre el follaje dentro de poco.

Kaburagi resopló, satisfecho. "Como me gustan los trabajos fáciles."

xXx

Bosque Reian.

El día había sido mucho más entretenido de lo que hubiera esperado, honestamente. Ese era el pensamiento general de Akira mientras entornaba los ojos, intentando aguzar su vista con el fin de detectar el menor rastro de alguien escondido por sus alrededores.

'Esos arbustos se ven muy espesos... ¿Alguien andará por ahí? No debo quitarle la vista de encima para que no se me escape entonces.' Pensó mientras se acercaba de puntillas procurando hacer el menor ruido posible. Entonces apartó las ramas del arbusto, y se topó con prácticamente nadie ahí.

"Tsk." Chasqueó los labios en señal de desaprobación mientras meneaba la cabeza. Otro intento fallido, pero ni modo.

Volteo hacia una serie de árboles a la distancia y comenzó a caminar hacia ellos mientras pensaba un poco más en como se sentía.

'Es la primera vez que veo a Akiha-chan así de animada en varios meses.' Pensó, sonriendo al recordar cómo la había escuchado reír varios minutos atrás. 'Muchas gracias a su padre por dejarlos venir.'

Hablando de ellos, su expresión se tornó más alegre al pensar en dos de los que habían venido de visita. Hisui era una niña bastante amable y con quien de inmediato supo que se llevaría de maravilla, no le extrañaba que hubiera sido amiga ya de Akiha.

Que fuera tan o hasta mas extrovertida como ella solo lo hacía mil veces mejor. Akira estaba seguro de que iba a disfrutar bastante esta nueva amistad.

Y en cuanto al segundo... Emiya-kun se le hacía un niño bastante simpático pese a no hablar tanto como Hisui. El que hubiera podido llevarse bien con Akiha pese a no conocerla desde antes solamente le daba más puntos en su libro.

Solo que...

'Juro que te voy a encontrar primero, Emiya-kun.' Refunfuño la pelimorada mientras apartaba una rama en su camino. '¿Qué es eso de ponerme a contar a mi cuando le ganaste a Akiha-chan? Te vas a enterar para la proxima...' Prometió en su mente, disfrutando ya de una fantasía donde ella ganaba el juego.

Pero de la nada...

"¡¿...?!" Akira se paralizó cuando sintió como un escalofrío recorría su espalda y que en tan solo un instante, todo el ambiente a su alrededor se tiñó de un rojo muy espeso. Una densa película de un carmín que recordaba perturbadoramente al color de la sangre coagulada.

Una oleada de terror la azotó de pies a cabeza cuando reconoció los síntomas de que se trataba y agitó su cabeza, queriendo despertar de aquella pesadilla.

"No... No... No." Balbuceo mientras sujetaba su rostro angustiada, en el cual estaba más que segura que uno de sus ojos verdes debajo del lente se habían tornado a un color idéntico al del hórrido mundo a donde había quedado atrapada ahora.

Sus padres se lo habían explicado desde la primera vez que le sucedió. Cuando pudo ver como el perro de los vecinos sería atropellado por la camioneta de su padre, tal y como sucedió horas después.

Nadie sabía cómo o cuándo, pero los Seo poseían desde muchas generaciones atrás la capacidad de poder "ver lo que había pasado" así como "lo que ocurriría" en forma de imágenes que aparecían en parajes desolados. Sonaría como una bendición injusta de no ser por el hecho de que no tenían control de estas... Y que muchas veces mostraban cosas que preferirían no haber visto, incluso si no lograban entenderlas.

Se manifestaba siempre en uno de los ojos y era las razones de porqué las mujeres de su familia acostumbraban usar siempre lentes de contacto.

Pero... ¿Qué era lo que le quería mostrar su visión?

La respuesta le llegó de la peor manera posible, en la forma de un aullido bestial que le heló hasta los huesos.

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅!"

Akira se estremeció e intentó moverse, pero sus piernas no la obedecían. La situación empeoró cuando el aullido se manifestó una vez más, y podía escuchar encima el sonido de ramas y otras partes del follaje crujiendo al ser apartadas bruscamente.

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅!"

La pelimorada jadeo, casi sintiendo lágrimas deslizarse por sus mejillas mientras gritaba de terror al ser incapaz de siquiera poder correr.

Y aquel grito solamente aumentó cuando justo de los arbustos de enfrente, brotó un brazo gigantesco y deforme que terminaba en una garra retorcida que...

De la nada, la visión se cortó en miles de fragmentos, regresando el color al paraje. Pero Akira se sentía de todo menos a salvo, no quería estar ahí. No quería estar ahí con esa cosa por ahí... Era una visión del futuro, tenía que serlo.

Tenía que salir de ahí, y rápido.

Casi tropezó con una raíz cuando dio media vuelta y se echó a correr tan rápido como podía. Esquivo otras ramas, y evitó a toda costa mirar a los arbustos, como temiendo que de ellos brotara aquella cosa espantosa y la atrapara...

Casi creía el escuchar pasos a la distancia que le dieron un impulso más, temiendo que se tratara del monstruo que venía en persecución tras ella.

Pero entonces...

"¡Akira!" Escucho una voz familiar, y apenas pudo distinguir dos destellos rojos enfrente de ella, antes de chocar contra uno de ellos. Su visión se tornó medio borrosa por el choque, hasta que lentamente pareció recuperarse lo suficiente como para poder distinguir el rostro que tenía adelante. El de una niña pelirroja de su edad que la miraba fijamente con algo de temor.

"¿H-hisui-chan?" Balbuceo, aun aturdida tanto por el golpe como la impresion.

La niña negó con la cabeza y con ese gesto, Akira pudo ver que sus ojos no eran verdes, sino de un ámbar brillante, lo cual sólo dejaba a...

"Kohaku, déjame verla." Hablo Shirou, cuyos ojos del mismo color pero una tonalidad diferente la miraron preocupados. "¿Qué te pasó? ¿Estas bien?" Le pregunto. "Escuchamos tu grito. ¿Que tienes?"

'Ah... Es la gemela callada.' Penso, todavía algo ida. Las preguntas del pelirrojo pasaron volando por su mente, pero para ella bien podrían haber sido formuladas en otro idioma al poder escucharlas pero no entenderlas del todo. ¿Que había pasado?

Justo de los arbustos de enfrente, brotó un brazo gigantesco y deforme que terminaba en una garra retorcida que...

Sus ojos se abrieron de par en par al recordar y se apartó de los dos, dando un par de pasos hacia atrás por puro impulso. "Corran..." Les dijo, y al ver como solo la miraban perplejos, agitó ambos brazos para recalcar su punto antes de apartarlos bruscamente y correr otra vez. "¡Corran!" Repitió cuando estaba ya a como diez metros de ellos.

Tanto Shirou como Kohaku intercambiaron una mirada antes de correr tras ella, y los tres no tardaron mucho en llegar al claro donde se habían reunido la primera vez.

Vieron como la pelimorada intentaba apoyarse en el tronco mientras jadeaba, pero la expresión que tenía en su rostro de terror puro fue lo que más llamó la atención de los pelirrojos, quienes se acercaron no menos inquietos por lo que estaba pasando.

"Akira... ¿Qué está pasando? ¿Porque nos pediste que corrieramos?" Pregunto Shirou, teniendo un muy mal presentimiento de lo que había pasado. A su lado, Kohaku se mantuvo tan callada como siempre, pero la expresión que tenia era todo menos tranquila.

La ojiverde meneo con la cabeza mientras intentaba abrir su boca con el fin de hablar, pero de inmediato la cerraba, presa de un miedo que le atenazaba la garganta.

"¡Akira-chan!" Escucharon a alguien exclamar detrás de ellos, obligándolos a voltear. Del bosque, salió Akiha corriendo, más pálida de lo acostumbrado, seguida por Hisui, quien compartía la misma expresión que su hermana mayor.

Las dos no tardaron en incorporarse al medio círculo alrededor de la pelimorada apoyada en el tronco, quien seguía sin hablar.

"¿Que paso?" Interrogó Akiha, inmediatamente dirigiéndose a los dos pelirrojos que habían llegado antes que ella. Mientras que Kohaku retrocedió levemente, Shirou tomó la palabra.

"No sabemos. Escuchamos el grito y la terminamos por encontrar en el camino así." Dijo mientras le echaba una mirada rápida a Akira. "Tropezó con Kohaku y le pregunté si estaba bien y que había pasado... Pero solo nos dijo que corriéramos, y así lo hizo hasta llegar aquí..."

Akiha parpadeo y miro a su amiga, notando como ella había alzado su mano derecha y temblando, señalaba al ojo de ese lado. Un gesto que ella reconoció de inmediato y que le hizo palidecer aún más, pareciéndose más a un espectro de las nieves que a una niña.

Aquel gesto no pasó desapercibido por Hisui, quien finalmente intervino. "¿Qué es lo que sabes, Akiha-chan? ¿Que simboliza eso?" Pregunto, más atemorizada que curiosa.

Consciente de todas las miradas que estaba atrayendo, Akiha casi tragó saliva mientras intentaba reprimir un ataque de pánico propio. Rápidamente, su conciencia comenzó a jugar un peligroso juego sobre qué decir y que no...

'Se supone que esto es algo de lo que no tengo que hablar...' Pensó, mordiendo la mitad inferior de sus labios mientras intentaba llegar a una decisión.

Y entonces...

"... Akira-chan puede... No." Meneo con la cabeza, escogiendo mejor sus palabras. "Akira-chan tiene un poder especial... ¡En su familia, las mujeres nacen siempre con un ojo mágico que les permite ver el futuro!" Finalmente lo reveló.

Los tres pelirrojos parpadearon al unísono con aquella revelación, y ella se preparó para que le reclamaran de una vez que dudaban mucho de eso, llevándose una sorpresa cuando lo primero que escuchó fue...

"¿Es una psíquica entonces? ¿Tiene un Ojo Místico?" Pregunto Shirou, lo cual fue para Akiha como si le hubieran dado un golpe en la frente con lo bizarra que era la escena.

"... ¿Como sabes eso?" Pregunto, solo para que Hisui respondiera por él al instante.

"Shirou puede usar magia."

"¿Magia? Entonces eres..." Intentó decir, pero Shirou se le adelantó.

"Eso no importa ahora." Dijo, más preocupado porque Akira parecía aún sumida en aquel trance angustiado. "¿Qué fue lo que le pasó entonces? ¿Vio algo?"

Akiha meneo con la cabeza, no sabiendo la respuesta. Miro entonces a su amiga, quien asintió débilmente y finalmente intentó hablar.

"Yo... Yo... Estaba muy por alla." Dijo, señalando a una dirección particular del bosque que les hizo mirar hacia allá. "... Y de la nada, pues..."

En un instante, todo el ambiente a su alrededor se tiñó de un rojo muy espeso. Una densa película de un carmín que recordaba perturbadoramente al color de la sangre coagulada.

Una oleada de terror la azotó de pies a cabeza cuando reconoció los síntomas de que se trataba y agitó su cabeza, queriendo despertar de aquella pesadilla.

Se estremeció nuevamente al recordarlo e intentó describirlo lo mejor que pudo, notando como las expresiones de las tres niñas y el niño se convertían en máscaras de terror también por lo que acababan de escuchar.

"Solo alcance a ver aquella garra cuando se cortó..." Finalmente terminó. "Está aquí... Esta aquí..."

"... No puede ser cierto." Hisui fue la primera en hablar, como intentando convencerse de que seguramente no era nada. "Vamos... ¿No fue solo una pesadilla? No creo que haya algún monstruo aquí." Dijo, aunque sabiendo en el fondo que ni ella misma se estaba creyendo lo que decía.

Shirou mordió su labio mientras intentaba calmarse también, pero no podía conseguirlo ya que justo en aquellos momentos, su cerebro pareció querer jugarle la mala pasada de enviarle un recuerdo de las primeras cosas que le había revelado Kiritsugu.

"Los monstruos existen en este mundo, Shirou." Su padre le habló seriamente. "Y no, no hablo de personas desagradables. Desafortunadamente, me refiero a cosas que simplemente existen solo para hacer daño y aparecen en tus pesadillas."

El pelinegro hizo una pausa entrecerrando sus ojos antes de continuar. "Los fantasmas, los duendes, los ogros, los vampiros y hasta los demonios. Todos ellos y muchos otros más existieron tal y como se les menciona en muchas historias, y a veces son peores de como fueron descritos. Lo que es peor, es que lo que queda de ellos aun andan por ahí en estos días, en sitios alejados de la gente y conservando aún las peores intenciones para las personas."

¿Cuales eran las probabilidades de que una de esas cosas anduviera justamente ahí y ahora? ¿Por qué tenía tan mala suerte?

Todos esos pensamientos se arremolinaban en su mente en aquellos momentos, haciéndole desear que su padre estuviera ahí.

Pero...

"¡¿?!" Shirou se estremeció cuando de la nada, un pulso fue captado por su olfato a la distancia, poniéndolo en guardia. Ninguna de las niñas pareció notarlo, salvo Kohaku, quien le echó una ligera mirada al notarlo diferente.

"¿Que tienes?" Le preguntó en voz baja.

Shirou la ignoró, optando por concentrarse en aquel pulso mientras cerraba los ojos e intentaba localizarlo mejor.

Sniff, sniff.

Evito hacer todo contacto con la energía del propio ambiente que estaba desperdigada por ahí y allá, y profundizó en sus esfuerzos, logrando finalmente dar con algo que le confundió, por así decirlo.

Era casi como si el hedor de algo putrefacto le golpeara las narices, obligándolo a retroceder por mero impulso.

"¿Emiya-kun?" Parpadeo al escuchar esta vez a Akiha decir su nombre mientras lo miraba preocupada al mismo tiempo que las otras tres, hasta que Hisui entorno los ojos tras recordar algo.

"... Es lo que estabas haciendo cuando llegamos aqui, asi fue como encontraste el ese campo de fuerza alrededor de todo." Dijo, señalandolo.

"¿El que?" Akiha preguntó, solo para que Kohaku interviniera.

"¿Qué es lo que pudiste oler?" Le preguntó temblorosa. "¿Que fue?"

Shirou trago saliva sabiendo que dijera lo que dijera no podía ser nada bueno. "Hay algo mágico aquí... Y se está moviendo, pero no se que es... Solo sé que huele peor que cualquier cosa." Admitió finalmente. "Pero no está tan cerca y..."

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅!"

Lo peor de aquel bramido gutural que rápidamente hizo que todos se pusieran casi cadavéricos y que Akira pareciera estar a punto de colapsar, es que fue acompañado del inconfundible sonido de maleza siendo agitada bruscamente y ramas partiendose bajo la fuerza de algo que no parecía tener intenciones precisamente gentiles.

Casi como si compartieran mente, los cinco salieron disparados fuera de aquel claro, siendo presa por completo de un inmenso terror que los consumía.

Apenas divisaron el patio trasero de la academia, redoblaron sus esfuerzos, logrando atravesarlo a una velocidad admirable, y fueron a parar a una de las entradas, donde finalmente se detuvieron para poder recuperar el aliento.

"... Hah... Hah... ¿Qué era eso?... Hah." Hisui fue la primera en formular la pregunta, solo para recibir puros jadeos como respuesta.

"¿Que es todo este alboroto?" Una voz muy conocida y grave se escuchó más a fondo del pasillo, y no tardaron en advertir la presencia de Sougen, quien mantenía una ceja alzada mientras sostenía lo que parecía ser un libro de artes marciales chinas en la mano derecha.

"¿Bueno?" Les pregunto otra vez al ver que nadie le contestaba. "¿Cual es el problema? ¿Están bien? Parece como si hubieran visto al fantasma del emperador Sutoku."

Casi al instante se topó con las voces de tanto Shirou , como las gemelas, Akiha y Akira intentando decir más o menos lo mismo, pero que no alcanzaba a escuchar con claridad.

El curandero suspiro mientras hacía un gesto con su mano libre. "A ver, uno por uno. Tu primero, Shirou-kun."

"Hay un monstruo en el bosque." Rápidamente informo Shirou de la forma mas seria posible, causando solamente que Sougen le dirigiera una mirada extraña, antes de responder.

"¿Aja?" Pregunto, delatando por completo que no creía para nada en eso. "¿Ahora dime que paso en verdad?"

"¡Es verdad!" Hisui interrumpió, asintiendo rápidamente. "El pudo olerlo haciendo lo mismo cuando encontró ese campo de fuerza de cuando llegamos."

Eso llamó la atención del curandero, quien fijó su atención nuevamente en el pelirrojo, quien asintió, confirmando las palabras de la ojiverde.

"Muy bien, pudo detectar algo mágico en el bosque. ¿Pero porque creen que se trata de un monstruo?" Les pregunto, aun mostrando sus dudas. "'¿Acaso lo vieron?"

"Yo... Yo lo vi a través de mi ojo." Añadió tímidamente Akira, dando un paso al frente al mismo tiempo que señalaba a ese orbe.

Sougen parpadeo, antes de preguntar. "¿Eres de esa familia Seo, no?" Apenas vio cómo asentía, suspiro. "¿Qué fue lo que viste?"

Una vez que Akira terminó de relatar lo mismo que había narrado en el claro, el curandero vio como todos los demás asentian. Entonces Akira añadió algo más que les puso los pelos de punta a los demás niños.

"Ese aullido... Es el mismo que escuche en la visión." Confeso.

Sougen asintió. "Vamos para ella, entonces." Dijo, comenzando a caminar hacia el patio, poniendo dirección rumbo al bosque.

"Espere... ¿Que?" Hasta Kohaku exclamó algo así al escuchar aquello. Pero el curandero se les había adelantado ya, llegando justo hasta el límite del bosque.

"No hay nada aquí." Les dijo, meneando la cabeza. "¿Lo ven?" Señalo a la maleza detrás de el.

Pero ninguno de los niños estaba convencido, y menos Shirou. El ojiámbar de inmediato se concentró nuevamente en su olfato.

Sniff, sniff.

... Y contuvo casi una arcada cuando el hedor se manifestó mucho más fuerte y cubriendo casi todo lo que había enfrente del bosque.

"¿Puedes olerlo?" Le preguntó Kohaku en voz baja, y las otras tres niñas lo miraron ansiosas, con el fin de que les pudiera revelar la respuesta.

Shirou les dedicó una mirada preocupada mientras asentía. "... Está en todos lados... Es como si hubiera estado caminando por todo el suelo del bosque."

Aun en el límite de este, Sougen suspiro. "Los oni ya no existen aquí de todas formas. ¿Qué más podría haber sido?"

Craaaaack.

El sonido de una rama partirse hizo que el corazón de los seis diera un vuelco y entonces Shirou comprendió con horror que el hedor no venía de abajo.

Venía de arriba.

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅!"

De la copa de uno de los árboles más altos, la grotesca silueta de un brazo desproporcionadamente largo y retorcido se asomo antes de dar paso a un cuerpo que se abalanzó desde las alturas contra Sougen, decidido embestirlo con la enorme garra igual de viciosa que se agitaba en el aire, como la cola de un escorpión.

xXx

Residencia Tohno - Estudio.

Kiritsugu y Waver llevaban ya un tiempo sentados en sus respectivos lugares, mientras veían a Makihisa escuchar hablar a alguien por el teléfono. A juzgar por las expresiones del mestizo, buena parte de lo que le estaban diciendo seguramente no era de su agrado en lo absoluto.

Tras explicarles el porque le había pedido tal cosa al magnate en base al nombre que había reconocido de una de sus conversaciones con el traficante antes de que pasaran directamente a la situación de hostilidad abierta en la que estaban, Makihisa se había dedicado a llamar a uno de sus contactos con el fin de recopilar información.

Casi perdió la cuenta de todas las veces que le vio fruncir el ceño, así como de decir cosas como "Ya veo" o "No es suficiente" y hasta "Elabora más".

Al cabo de casi media hora, Makihisa finalmente colgó y se dio el gusto de resoplar con una irritación latente, que hizo que Kiritsugu optara por mejor mantenerse callado.

Waver a su lado, sabiamente decidió en seguir su ejemplo.

Los ojos grises de Makihisa se fijaron en ellos a la par que su dueño suspiro, mostrando un breve lapso en el cual lucía como alguien de su edad.

"He conseguido reunir bastante información sobre la Marble Trading Company." Comentó, antes de juntar ambas manos sobre la superficie de la mesa. "Pero lastimosamente, no nos dice nada en específico sobre este caso."

"¿Qué es lo que le dijeron?" Pregunto Waver.

"Bueno... Por algo el nombre se me hacía algo familiar, resulta que esta compañía es uno de los rivales en el ámbito comercial de una pequeña empresa dentro del área de influencia de los Tohno. Por fuera, son un negocio bastante sólido que se dedica a la exportación e importación de toda clase de mercancías en esta parte de Asia y el océano Pacifico, y que a pesar de originarse en América, tienen su sede en Singapur." Reveló Makihisa, haciendo una pausa para poder acomodar sus gafas.

"Y aquí viene el pero." Adivino Kiritsugu, conociendo ya la tendencia del mestizo de soltar lo más impactante hasta el final.

Makihisa resopló sin humor. "No me extraña que el traficante los haya mencionado junto con esa mafia de ascendencia italiana que también se encuentra en América. La Marble Trading Company utiliza sus operaciones como tapaderas para toda clase de negocios sucios justo en su área de influencia."

"¿Como que exactamente?" Esta vez, fue Waver quien intervino.

"Transporte de substancias ilícitas sería el menor de estos, junto con ser participantes activos de la tala indiscriminada y por no decir ilegal en las selvas de Malasia e Indonesia." Makihisa suspiro y miro hacia una esquina, antes de añadir. "Y por supuesto, captura y transporte de pobres diablos rumbo a los agujeros hediondos de Laos y Tailandia donde el opio se encargará de apagar sus vidas en una semana, o a algún campo de trabajos forzados o centros industriales en alguno de esos países."

El mestizo ni siquiera necesitaba explicar a qué se refería con ello. Tanto Kiritsugu como Waver sintieron distintos grados de desagrado ante aquella noción.

Tráfico humano.

Sacudiendo su cabeza, Waver se animó a preguntar nuevamente. "¿Y no hay algo remotamente 'anormal' entre todo eso?"

Kiritsugu asintió al escuchar la pregunta. Eso era justo lo que necesitaba saber.

"Bueno, obviamente mi contacto no tiene ni la menor idea de todo este mundo oculto, pero si está enterado de un par de cosas lo suficientemente mundanas como para no quedar bajo el ojo de alguno de los que intentan mantener todo en secreto." El mestizo tamborileo la mesa con los dedos de su mano izquierda entonces. "Hubo un escándalo hace unos años que lograron mantener en silencio tras soltar un jugoso soborno a múltiples autoridades. El hallazgo del pecio de uno de los juncos de la célebre Flota del Tesoro del almirante de la dinastía Ming, Zheng He... Que justamente vio su contenido ser saqueado por una tropa de piratas."

"No sabia que siquiera se hubiera encontrado tal cosa. "Comentó Kiritsugu, comprendiendo el porqué Makihisa había dicho que tal cosa había sido silenciada. "Supongo que el saqueo vino realmente de mercenarios a sueldo de la compañía."

Makihisa asintió. "Meses después, las aduanas de Singapur encontraron en un almacén del puerto varios objetos que fueron identificados por un arqueólogo chino como como posibles remanentes del tesoro saqueado del barco hundido. Entre jarrones de porcelana con un valor incalculable y cofres repletos de dinares de oro sólido, y hasta incluso una flauta hecha de jade púrpura que había pertenecido a la propia Yang Guifei."

Kiritsugu tuvo una mala sensación. "¿Y qué fue lo que ocurrió?"

Makihisa resoplo. "El arqueólogo terminó por sufrir un accidente en un restaurante local. Me dijeron que varias espinas del pescado que estaba comiendo terminaron por causarle un daño extremo a su garganta y a pesar de ser llevado al hospital lo antes posible, falleció horas después. ¿Y el caso? Completamente olvidado. Pero resulta que la flauta permanece ahora justo en las oficinas centrales de la compañía en Singapur. Irónicamente, a menos de cuatro calles del dichoso restaurante donde el pobre hombre tuvo su ultimo almuerzo."

El mestizo meneo la cabeza antes de suspirar. "Lo demás simplemente desapareció sin dejar el menor rastro detrás."

Estaba claro que la compañía operaba también el lucrativo negocio de tráfico de antigüedades, el cual no era otra cosa que una tapadera para disputas y arreglos entre varias organizaciones mágicas, ansiosas por hacerse con aquellos objetos. Era una práctica más común de lo usual y que había visto su punto álgido en el siglo XIX.

Pero regresando al tema, tal y como Makihisa lo había dicho al principio, por muy ilustrativo que fuera, no les ayudaba en nada con el tema.

Hasta que Waver se estremeció como si le hubiera dado un toque eléctrico, llamando la atención de los otros dos.

"¡El barco!" Exclamó.

"¿Que?" Makihisa alzó una ceja al escuchar aquello. "¿Que barco?"

Pese a no decir nada, la expresión de Kiritsugu indicaba que también estaba formulando aquella pregunta en su mente.

Waver agitó la cabeza. "El Argos que atracó a Fuyuki que esperaba Kaburagi. ¡A ese barco yo le seguí la pista desde Taiwan! ¿Pero saben justamente de donde venia antes de salir de la isla? De Singapur."

Fue como si un foco se hubiera iluminado sobre la cabeza de Kiritsugu, quien de inmediato vio la oportunidad.

"Ahí tenemos una posible conexión entonces. Solo tenemos que confirmarla antes de ir a por donde fue la última vez que se usó el helicóptero de Tokyo afiliado a ellos." Comento, y Makihisa parecía estar de acuerdo.

"Caballeros, prepárense para un pequeño viaje. Porque investigar algo así va a requerir un ambiente más especializado." Dijo mientras se levantaba.

"¿A dónde vamos?" preguntó Waver, perplejo.

"A mi oficina, por supuesto." La sonrisa del mestizo no podía ser más amplia. "¿Acaso pensaba, Velvet-san que trabajaba aquí?"

Kiritsugu puso los ojos en blanco y suspiró. Bueno, al menos hasta ahora el día parecía estar tranquilo.

'Hmm, me pregunto cómo andara Shirou ahora. ¿Se estará divirtiendo?'

xXx

Academia Privada Reien - Patio Trasero.

Minutos antes…

En definitiva, esto no era para nada divertido.

Las niñas y Shirou miraron horrorizados como aquella cosa aterrizaba a poco menos de veinte metros de donde estaban parados ellos justo a la par que soltaba otro de sus espantosos bramidos. Ya que estaba cerca, ahora tenían una imagen clara de lo que era.

Y no podía estar más alejado de la visión de alguna especie de Oni que su mente había conjurado a partir de una pintura que recordaba haber visto hace mucho. En lugar de un ogro de tamaño mayor al de un hombre adulto, con cuernos brotando de su frente y colmillos de morsa junto con una espesa barba descuidada, lo que estaba ahi no podia ser mas alto que el propio Sougen y con contar el brazo monstruoso que tenía, se veía relativamente normal.

Una persona andrajosa y cubierta con trozos de vegetación, cuyo otro rasgo más destacable aparte de la extremidad consistia en una extraña pieza de papel parecida a un talismán del Templo Ryuudou pegada a su cabeza, impidiendo que se pudiera distinguir su rostro.

Un segundo escalofrío recorrió su espalda una vez que aquel rostro cubierto se volteo hacia ellos, como si pudiera mirarlos pese a tener los ojos vendados. Y en eso…

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅!"

Agitando el brazo monstruoso, la cosa comenzó a arrastrarse rápidamente hacia ellos, provocando gritos de terror de las niñas, solo para que de la nada, el libro que Sougen había estado sosteniendo terminará por ir a parar a su cabeza, consiguiendo que detuviera su marcha, confundido.

CLACK!

Los niños miraron entonces como el anciano gruñía a la par que que una serie de líneas luminosas se manifestaban en sus puños, y más de una podía verse encendida debajo de sus pantalones. Era obvio que se trataban de circuitos mágicos para Shirou y Kohaku, siendo los únicos en el grupo con el conocimiento del término.

"Reforzamiento en el cuerpo..." Murmuró Shirou, reconociendo lo que estaba haciendo Sougen al recordar que el también lo había hecho en su brazo derecho justo en los muelles.

Sougen sin embargo, no se estaba limitando a un solo miembro, mientras que adoptaba una pose que intuyo que se trataba de algún arte marcial. Justo a tiempo para que el gigantesco brazo fuera desplegado contra él como la guadaña de un segador.

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅!"

Sin embargo, en una muestra de agilidad imposible de encontrar en una persona común de su edad, Sougen le asestó una patada al monstruoso miembro con tanta fuerza, que hizo retroceder al monstruo un par de pasos.

"¡¿Qué hacen ahí parados?!" Les grito cuando advirtió que seguían en donde estaban. "¡Corr-!" Intento decir antes de que el brazo del monstruo nuevamente se cerniera sobre él, obligándolo a retroceder para poder huir de su enorme alcance.

Si bien Shirou noto como las niñas se preparaban a huir, también pudo advertir cómo a lo largo de aquel brazo brillaban también una serie de líneas idénticas a las que Sougen tenía... Así como a las que había visto en Kohaku, en Waver, en Kiritsugu y en el mismo.

Más circuitos mágicos. Esa cosa literalmente tenía circuitos mágicos en su brazo, y algo le decía que eran la razón de porqué tenía esa apariencia tan grotesca.

Pero también estaba ese hedor de podredumbre...

Sniff, sniff.

Asqueado por tenerlo tan cerca, Shirou lo ignoró mientras se concentraba en olerlo mejor. Un flujo de energía mágica normal corría a través del brazo... Pero había otra cosa, justo en la cabeza del hombre-cosa. Una especie de nube oscura que se retorcía como una especie de erizo de mar rabioso y que de solo percibirlo, parecía darle dolor de cabeza.

... El hedor venía de ahí, y lo único que podía ser responsable era justamente…

"¡EL TROZO DE PAPEL! ¡ES EL TROZO DE PAPEL!" Exclamó, llamando la atención de todos.

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅!"

Sougen por su parte, estaba concentrado.

Tres veces el brazo monstruoso fue agitado contra él, y las tres veces lo evadió al saltar en zig-zag tras predecir el patrón. A la cuarta vez, estaba listo para contraatacar.

SLAP!

Para la cuarta acometida, un derechazo reforzado repelió el ataque. Su Bajiquan estaba lejos de ser considerado al nivel de un maestro, pero complementado con una taumaturgia tan simple como esa, se volvió una herramienta digna de temer en manos de cualquiera.

SLAP! SLAP!

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅!"

Dos ataques más fueron desviados a fuerza de golpes, meramente encolerizando aún más al monstruo, quien asestó un latigazo más contra el suelo. En sus movimientos no había nada de coordinación ni habilidad, solo un dinamismo salvaje que buscaba aprovechar como pudiera aquella extremidad que parecía haber salido de un manga de terror.

Lo que le decía al curandero que no había nacido con ella y que no tenía mucho tiempo con esta en su cuerpo. Pero en esos momentos no se estaba haciendo aquellas preguntas, estaba más preocupado por repeler a la cosa que de averiguar su naturaleza, una tarea que era más fácil de decir que de hacer. Por el rabillo del ojo pudo ver cómo los niños estaban casi alcanzando el edificio más cercano, lo cual le hizo sentirse aliviado de que al menos estuvieran lejos de la cosa.

Entorno los ojos al escuchar lo que Shirou había dicho y se fijó justamente en esa pieza.

Supo reconocer un Kamifuda cuando lo veía... Pero ese diseño no se parecía nada a los que conocía, y por alguna razón le producía una sensación inquietante con solo ver aquel ojo.

Debía de retirarlo. Forzosamente.

'Hmmm...' Se concentró en la siguiente oleada de ataques a la par que esquivaba la mitad, mientras que repelía la otra. Acercarse suponía un riesgo debido al alcance del brazo... ¿Pero y si pudiera evitarlo y entrar a un alcance corto?

La respuesta le llegó con otro latigazo contra el suelo, que hizo llover algo de tierra y césped a los alrededores. Sus ojos se abrieron ligeramente al detectar la entrada, y esquivó el ataque así como el siguiente a la espera de poder aprovechar la embestida.

Apenas el brazo azotó a la tierra por segunda vez desde que había figurado aquel patrón, Sougen salto encima de este y repitió el acto con el fin de abalanzarse contra el torso de su oponente, quien no se espero aquel movimiento e intento torcer su extremidad con el fin de capturarlo.

Pero era demasiado tarde ya. Soltando un alarido, Sougen le propinó un fuerte derechazo al rostro cubierto por el talismán, consiguiendo arrancarlo de cuajo de donde estaba, y encima asestó una patada a su pecho que aprovechó como impulso para poder saltar hacia atrás y aterrizar unos metros a la distancia.

"¡▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅▂▂▃▃▄▄▅▅!"

Los bramidos de la cosa fueron reemplazados por un alarido que sonaba más humano que hizo que Shirou se quedara paralizado en donde estaba por segunda ocasión, y volteara a mirar. Al verlo detenerse, las niñas siguieron su ejemplo y miraron la escena.

La persona, que había caído de espaldas con el golpe se incorporó soltando toda clase de gruñidos ininteligibles, provocando que buena parte de los mechones de su cabello fueran a parar a su rostro. Sacudiendose y moviendo su desproporcionado brazo, soltó una maldición con una voz que a Shirou se le hizo perturbadoramente familiar.

'... N-no puede ser.' Pensó.

Finalmente, la persona logró enderezarse por completo y su rostro pudo ser revelado. Aún con marcas de cicatrices y una expresión de lo más salvaje, ese visaje pudo ser reconocido por Shirou, quien dio un paso hacia atrás inconscientemente ante el temor primal que reptaba por su columna cuando vio como su peor pesadilla se había vuelto realidad.

Recuerdos nada agradables invadieron su mente.

"¡Tu!" Gruño el hombre mientras lo apuntaba de manera acusatoria con un cuchillo más grande que el que Kiritsugu le había dado. "¡Tú me hiciste esto!" Gritó, levantando su otra mano, cuya sola visión bastó para que tanto él como Taiga sintieran náuseas.

Su lugar lo ocupaba una cosa horriblemente quemada cuyos dedos así como más de la mitad de la palma brillaban por su ausencia.

Y también.

Shirou se arrastró tan rápido como pudo mientras intentaba incorporarse, y sus dedos abrazaron el mango del cuchillo que se le había caído, consiguiendo levantarse con torpeza, solo para encontrarse con Togo quien le miraba sadísticamente.

"Ah, ¿así que vas a pelear eh?" El matón jugó con su navaja antes de hacer que apuntara hacia arriba e inclinara ligeramente su rostro a un costado. "Será duelo a muerte con cuchillos."

"... ¿Duelo a muerte... Con cuchillos?" Pregunto Shirou, mientras intentaba sostener de manera amenazadora el suyo, causando que Togo se riera más fuerte.

"¡Déjalo en paz, maldito!" Grito Taiga desde arriba, solo para ser ignorada por el matón, quien meramente se limitó a lanzar un tajo hacia Shirou, quien saltó hacia atrás.

"Ojo, ¿te gusta bailar entonces?" Togo asestó otro, que el pelirrojo esquivó al hacerse para un lado. "Muy bien, bailemos entonces."

Su única mano sana atravesaba el aire una y otra vez, buscando alcanzar el pecho de Shirou o alguna otra parte de él, todo mientras Taiga miraba horrorizada desde arriba.

No era ninguna pelea, o un duelo como el hombre había dicho. Era más bien un juego. Un macabro juego del gato y el ratón, donde el más grande tranquilamente se contenía, disfrutando el esfuerzo del pequeño mientras cultivaba ansiosamente el momento de darle fin.

"Jejeje, ¿que pasa?" Togo intentó apuñalarlo por séptima vez, burlándose de cómo el ojiámbar comenzaba a jadear ya del esfuerzo. "¿Te estás cansando? Eso no es bueno amiguito, si te cansas ahora... ¡Morirás!" De la nada, el cuchillo salió disparado hacia el frente y de puro milagro alcanzó a ser bloqueado por el que Shirou tenía, el cual estaba sosteniendo con ambas manos.

Sacudió su cabeza para poder librarse de eso solo para tragar saliva cuando advirtió que los ojos de Togo, inyectados en sangre como los de un animal salvaje iracundo, se acababan de posar en el.

'...'

Para Togo, su mente se sentía como un remolino de aguas negras cuando trataba de levantarse. Toda clase de sensaciones y pensamientos que no reconocía del todo vagaban por ahí junto con un aguijón que perforaba sus memorias y le hacía sentirse tanto impotente como eufórico.

Reparó en la cosa enorme y asquerosa pegada en el lugar donde debería estar su brazo y la miró atontado, sintiendo como si sus venas ardieran dentro de aquella cosa. Y no era lo único que le dolía, sentía una presión en el pecho como si hubiera recibido el golpe de un martillo y su rostro, su rostro.

Ardía como si una lija bañada en agua hirviendo se hubiera dado un paseo por allí, y sentía también la humedad de la sangre en sus mejillas.

¿Que estaba haciendo... ¿Qué había pasado? No recordaba... No recordaba. En su mente aparecía la imagen de una niña con el cabello morado, pero no entendía que tenía que ver con todo ello. ¿Donde estaba siquiera? Lo último que recordaba eran esos muelles en la ciudad costera y...

Sus ojos divisaron a un niño con facciones bastante curiosas; pelo rojizo y ojos de un ocre brillante que lo miraban a la distancia con algo que reconoció como temor y que le causó un placer inmenso.

Y entonces recordó.

Esa maldita piedra roja que cayó de su bolsillo y la recogió solo para que explotara después, arruinando su mano para siempre.

Como lo persiguió hecho una furia a él y a una chica castaña a través de contenedores y estaba a nada de apuñalarlo.

Como ese mocoso había usado magia para convertir su cuchillo en una espada y lo había obligado a huir.

Como... Como...

Pero ahora tenía su mano devuelta y mejor, y el niño estaba ahí sin nada en sus manos que pudiera usar como un arma.

"... Tu." Gruño con una voz ronca y que encajaba a la perfección con su actual aspecto. "Tu eres ese niño... ¡TE MATARE! ¡AGHHHHHHHHH!" Bramo a los cuatro vientos, solo para que sintiera como su brazo monstruoso se abultaba aún más al mismo tiempo que los circuitos mágicos aumentaban su brillo.

SPLOCH!

En un espectáculo verdaderamente repugnante, el grosor de la extremidad aumentó mientras ganaba un segmento más, muy para el horror de todos los presentes.

"¡GAHHHHHHHHHH!" Como si se tratara de un grito de batalla, Togo comenzó a correr hacia Shirou torpemente, mientras intentaba balancear su enorme extremidad mutada. El pelirrojo escuchó los gritos de terror de las niñas seguidos por sus pasos al comenzar a correr en dirección opuesta, pero por más que intentaba imitarlas, sus pies no le obedecían.

'Muevete... Muevete... ¡Muevete!' Penso, casi mordiendo su lengua por la frustración cuando noto como sus piernas temblaban.

"¡MUY TARDE PARA CORRER!" Bramo nuevamente Togo mientras se preparaba para soltar su brazo. "¡VOY A-AGHHHH-!" Su voz se cortó en un quejido al recibir una patada en el costado derecho por Sougen que lo mandó rodando un par de metros en aquella dirección.

"¡¿Que estas haciendo?!" Le gritó el curandero. "¡Muevete ya! ¡Sal de aquí!" No pudo dar otra advertencia, al verse forzado a emplear ambas manos para detener un golpe con la garra de aquel brazo, la cual en algún punto del frenesí de Togo ahora había adquirido dos zarpas más.

"¡TU! ¡TU! ¡TU!" Grito Togo fuera de sí mientras escupía sangre y tierra. "¡MUÉRETE Y DEJA DE ESTORBAR!" Y con otro alarido, consiguió empujar al curandero quien logró aterrizar forzosamente de pie, pero jadeando ante el esfuerzo.

No tuvo ni un segundo de descanso, porque tuvo que esquivar otro ataque de Togo, quien se limitaba a agitar sin ningún tipo de control el brazo demoníaco al mismo tiempo que profería cientos de insultos.

"¡Shirou! ¿Qué haces? ¡Vete!" El pelirrojo escuchó a Kohaku de todas las personas hablarle a la distancia, pero la ignoró. Jadeando y con el pulso tembloroso, contemplo como a menos de unos veinte metros, tanto Togo como Sougen se batían en un duelo de golpe contra golpe.

¿Por qué estaba ese tipo aquí? ¿Qué demonios le había pasado a su brazo? ¿Porque tenía esa cosa con el hedor en su cabeza? Todas esas y muchas otras preguntas más desfilaban por su mente sin posibilidades de tener la respuesta pronto.

Apretó finalmente el puño de su mano derecha mientras tomaba una decisión. No, no podía correr ni esconderse. No cuando alguien así ya había demostrado que le gustaba lastimar a otros andaba suelto y encima armado con algo como esa cosa.

¿Pero qué podía hacer desde donde estaba?...

Sus ojos se entornaron al notar la distancia y como Togo estaba de espaldas contra él. Casi como un blanco perfecto.

"¡Shirou!" Escucho a Kohaku nuevamente, seguido por una exclamación de sorpresa al ver como en su mano derecha se manifestaban chispas.

"Trace on." Murmuró, disparando el martillo en su cabeza. Rápidamente se enfocó en el recuerdo de la cuchilla que había usado ya y manifestó la vaga silueta de su aspecto en dicha mano, solo para rellenarla con energía mágica y pasar entonces su otra mano sobre ella, permitiéndole adquirir la dureza de la real.

El kunai del Ryokan de Fukuoka brillo levemente, a la par que Shirou lo sostenía mientras que usaba el índice de su otra mano para señalar al blanco. Tomando un respiro para concentrarse, visualizo el objetivo mientras que sus dedos soltaron ligeramente el agarre sobre el mango que estaba ya casi a la altura de su ojo derecho.

Y de la nada lo arrojó con todas sus fuerzas.

La proyección del punzón surco el aire a una velocidad envidiable, atravesando en casi nada la distancia que lo separaba de su objetivo, solo para terminar clavándose en el hombro izquierdo de Togo.

"¡AGHHHHH!" Bramo de dolor al sentir la punta perforando su piel. Por la sorpresa, su brazo se agitó de una manera inesperada por Sougen, logrando empujarlo más de lo que le hubiera gustado mientras que Sougen retiraba el proyectil de su hombro con su otra mano.

Sonriendo siniestramente, lo arrojó contra el curandero, quien logró evadirlo por un pelo, pero no pudo bloquear a tiempo otra acometida del brazo monstruoso, que lo mandó hacia atrás.

Aprovechando eso, Togo volteo hacia Shirou, revelando así su expresión casi demoniaca y solto cruelmente. "Ohohohoho... ¡Ahora si te tengo!" Saboreo, como si de un lobo famélico se tratara, antes de comenzar a abalanzarse contra él, reptando por el suelo como una especie de araña deforme.

El pelirrojo escuchó los gritos despavoridos de tanto las niñas como Sougen mientras veía como el rufián se acercaba cada vez más a él, asemejándose a una bestia salvaje con cada paso que daba.

Y por muy raro que sonara, sintió como si su propia percepción del tiempo se ralentizará. No detuviera, aun podía notar los movimientos de todo a su alrededor, junto con los suyos.

Era como ver una película en cámara lenta.

Ba-Bump! Ba-Bump!

Escuchar los latidos de su corazón a esa frecuencia, por otra parte, no estaba seguro de si era desagradable o no. Pero no le debería de importar menos en aquellos momentos, y más viendo que a lo sumo sólo tenía segundos para hacer algo antes de que aquella garra cayera sobre él.

No podía correr, para cuando diera la vuelta tanto hacia atrás o tan solo a un lado, Togo ya lo habría capturado.

Eso solo le dejaba una opción.

Logro visualizar la forma nuevamente, y comenzar a insertarle energia magica para que no quedara vacía. Pero en eso, su percepción regreso a la normalidad.

"¡SHIROU!" Escucho al mismo tiempo que el alarido de Togo se escuchaba a menos de quince metros de distancia.

"¡YA TE TENGO!" Grito, fuera de sí mientras se preparaba para extender todo su brazo contra el. La forma en la que habló hizo que el pelirrojo se estremeciera y con ello, inyectara el triple de energía en la proyección de lo usual, causando que esta le quemara cuando pasaba su mano para reforzarla.

Catorce.

Trece.

Doce.

Once metros. La cercana silueta de aquel brazo demoníaco se volvía cada vez más amenazante cuando las zarpas que cubrían la garra descendían ya.

No había tiempo para arrojarla, tenía que enviarla de otro modo. ¿Pero cómo? ¿Como? ¿Como?

El kunai comenzó a brillar peligrosamente mientras levitaba sobre la palma de su mano y de la nada, su silueta empezo a girar también.

Diez metros.

Soltando un alarido propio, Shirou concentró cada onza de su voluntad en la cuchilla proyectada, mientras que en su mente se disparaba nuevamente la imagen del martillo de una pistola siendo accionado.

Nueve metros.

El kunai salió disparado como una bala de su mano hacia la garra de Togo, quien se limitó a soltar una carcajada al ver tal cosa. Pero apenas la punta de la cuchilla hizo contacto con la piel rugosa de la extremidad...

¡BOOM!

"¡AGHHHHHHHHHHH!" Gimió de dolor cuando la cuchilla explotó justo en su garra, mutilando horriblemente las zarpas con el estallido y encima dejando regadas a docenas de piezas de metralla clavadas a lo largo del brazo. "¡AGHHHHHH!"

Shirou jadeo, no dando crédito a lo que sus ojos veían. "... ¿Que rayos?" Se preguntó. ¿Cómo es que había explotado? Ninguna de sus proyecciones había hecho antes. ¿Qué era lo que había hecho?

Se quedó conmocionado, mientras que a pocos metros de distancia Togo estaba retorciéndose en el suelo junto con su brazo herido, agitándose como una serpiente malhumorada. Y no era el único que se había quedado sin habla.

Varios metros más atrás, las niñas miraban la escena... Todas con una expresión que no ocultaba para nada la sorpresa que sentían.

Incluso Kohaku se había quedado con la boca abierta.

Por otro lado, Sougen se acercó antes de dirigirse a Shirou. "Si puedes crear algo más grande. Hazlo ahora." Le pidió.

El pelirrojo sacudió su cabeza antes de asentir y se concentró en la imagen de la espada que le había servido de muestra el día anterior.

La silueta de Junichirou Touzaki se manifestó en el aire y logró hacerla levitar hacia el curandero quien rápidamente la tomó del mango con una familiaridad notable y descargó un tajo tremendo hacia el brazo monstruoso, provocando un chillido mucho peor que todos los anteriores por parte de Togo.

"¡AGGAHAHAHAHAHAGHHAHAHA!" Sangre mezclada con una especie de bilis negro comenzó a chorrear de ambos muñones mientras que el hombre sujetaba su hombro mutilado en un inutil intento por frenar el torrente. "¡DUELE! ¡AGHHHHG! ¡DUELE MUCHO!"

Ninguno de los presentes se movió, estando demasiado ocupados observando el lamentable espectáculo. Estaban demasiado asqueados y en shock como para siquiera considerar hacer algo por el.

"¡AGHHH!" Gimió patéticamente Togo, sintiendo como todo su interior estaba ardiendo. Su sangre era como brea en sus venas y sus órganos estaban siendo cocinados vivos. "¡AGH-JAGHAJAAA!"

Togo intentó arrastrarse como pudo en el césped ante un Shirou aterrorizado por lo que estaba mirando y alzó su cabeza, dirigiendole una última mirada llena de rabia mientras intentaba decir algo más, con sangre brotando de la comisura de sus labios.

"Tu… Tu…" Gruño a la par que extendía su otro brazo casi como si pudiera imaginar el cerrar su mano sobre su cuello. "... Te matare… Te matare.."

Finalmente terminó por desplomarse por completo, como un títere cuyos hilos habían sido cortados mientras que un charco de sangre comenzaba a formarse debajo de él.

"No vean." La voz de Sougen declaro solemnemente mientras que clavaba la espada en el suelo, a un lado suyo y de Shirou. Las niñas por otra parte apartaron la mirada, obedeciendolo.. Mientras que el pelirrojo lucía perdido.

Pensaba una cosa. Una sola cosa, y no tardó en decirla en voz alta.

"Tenemos que llamar a Kiritsugu." Repitió Shirou sin apartar su vista del cadáver de Togo. "Tenemos que llamarlo y ahora."

"Claro que voy a llamar a sus padres." Resoplo Sougen, algo mortificado. "Esto pudo haber sido peor."

Pero lejos de calmar al pelirrojo, este solamente negó con la cabeza antes de añadir. "No lo entiende… En serio tenemos que llamar a Kiritsugu."

De todos los presentes, Kohaku fue la única que notó su inquietud mayor. "... ¿Porque parecía como si te conociera?" Pregunto, llamando de inmediato la atención de todos.

"... Porque este sujeto era uno de los de Fuyuki." Confesó Shirou, causando que la ojiámbar se paralizara.

"¿De qué están hablando ustedes dos?" Intervino Hisui, haciendo que el único niño intentara pensar en que era lo que podía decir cuando de la nada algo más tomó su atención.

Sniff, sniff.

En ese momento, aquel hedor infernal regresó momentáneamente.

¿Pero cómo? Si el brazo había caído ya. ¿De dónde más podía surgir?

"¡Agh!" Protesto Sougen antes de caer de rodillas con su expresión tornándose a una perdida, haciendo que los niños gritarán.

Detrás de él, el talismán estaba flotando en el aire a pocos metros enfrente de ellos, y con aquel ojo pintado en su centro emitiendo un brillo diabólico.

"¿Tengo su atención ahora, pequeños?" Pregunto burlonamente otra voz que Shirou igual reconoció e hizo que su sangre se helara. "Si, pueden llamar a Kiritsugu Emiya cuando quieran, claro que pueden."

No, no podía ser él…

El ojo parecía moverse, antes de quedarse fijo en el ojiámbar que permanecía enfrente de las niñas y encima había tomado la espada clavada en el suelo.

"Y miren nada mas a quien tenemos aquí." Kaburagi continuó. "¿No estás un poco lejos de casa, mocoso? Me sorprende verte vivo después de haberte medido contra esta basura. ¿Cómo estás? Cuéntame."

"¿Conoces a ese?" Escucho a Akiha susurrar a sus espaldas, mientras que Kohaku siseaba para hacerla guardar silencio.

El temor de Shirou dio paso momentáneo a un leve destello de valor. "... Estoy bien." Dijo, antes de contraatacar. "¿Cómo está su mano, por cierto?"

El ojo brilló con un áurea violacea apenas aquellas palabras fueron registradas por la persona que controlaba el talismán, era obvio que la provocación había resultado.

"Mi mano está mucho mejor, mocoso. Gracias por preguntar." Respondió el traficante con un tono más irritado, antes de añadir. "Pero me temo que ni tu o tus amigas y ese viejo lo estarán una vez que les ponga las manos encima."

"¡Dejalos en paz! No tienen nada que ver con esto." Exigio Shirou.

"¿Tienes idea de lo que tu y tu padre me costaron, pequeño demonio?" Reclamo el traficante. "Oh, no sabes como voy a disfrutar haciéndote sufrir a ti y a estas."

Shirou no necesito no voltear para saber que las pobres estaban temblando de terror con aquella amenaza.

"De hecho..." La voz del traficante pudo escucharse nuevamente. "Originalmente vine aquí para poder apoderarme de esos bellos ojos de tu amiguita de cabello morado. Hasta consegui que los guardias fueran drogados y todo." Akira se sintió enferma al escuchar el comentario mientras que el resto reacciono con disgusto. "Pero acabo de encontrar algo mas interesante aqui."

Como disfrutando de la incomodidad de los niños se tomó su tiempo en continuar.

"Te propongo un juego, mocoso." Sugirió mientras que el talismán comenzaba a acercarse. "Ya que parece que te preocupan tanto ellas y este anciano, no les pondré ni una mano encima en tanto se larguen a donde quieran y tú entres al bosque. Vamos a jugar a las escondidas."

Si es que aquello no podía sonar más ominoso.

"No puedes salir. Si lo haces, no solo te atraparé sino que también iré tras ellas. ¿Qué dices? Es un trato justo, ¿no?."

A decir verdad… A Shirou le parecia hasta razonable y estaba a punto de responder cuando alguien se le adelantó.

"No, no lo hagas, Shirou." Kohaku inmediatamente le recrimino. "No."

Por el rabillo del ojo, alcanzó a mirar como ninguna de las otras tres niñas parecía estar de acuerdo y frunció el ceño, sabiendo que tendría que convencerlas.

… Pero no tenía tiempo.

"Acepto." Respondió, casi sintiendo una patada cuando la mirada de Kohaku adquirió un tinte de traición.

"¡¿Qué?!" Esta vez le sorprendió que viniera de Akiha, quien casi le señaló acusatoriamente. "¡¿Te crees un héroe o algo así?!"

"¡Akiha-chan!" Protesto Hisui, quien también le dirigía una mirada que mostraba que no estaba para nada de acuerdo con su decisión.

"Huyan y mejor pidan ayuda." Susurro Shirou en un intento por calmarlas mientras que se tensaba al saber que el talismán seguía levitando por ahí.

"¿A la policía?" Pregunto Akira.

"Si llaman a la policía, se rompe también el acuerdo." Comentó Kaburagi, escuchando aún su conversación.

"No." Shirou. "Makihisa-san está casi siempre con mi papá estos días, llamenlo a él… Díganle que el traficante está aquí." Les instruyó antes de mirar al curandero que parecía estar en el limbo. "E intentan sacarlo también de aquí…"

Al escuchar eso, Hisui asintió antes de llevar a su hermana y Akira a intentar ayudarle a incorporarse al curandero. Shirou estuvo a punto de voltearse a encarar al talismán cuando escuchó como la última niña le hablaba.

"Emiya." Akiha dijo sin honorífico. "¿Por qué no estás asustado?... ¿Que no tienes miedo?" Le pregunto.

Era una pregunta muy fácil de responder para él.

"Tohno-san." Hasta él se sorprendió de lo aparentemente calmado que sonaba cuando por dentro temblaba como si estuviera muerto de frío. "También tengo miedo... Pero no quiero que ustedes terminen mal por mí… Así que…"

Apretó el mango de la espada mientras intentaba sonreír de manera conciliadora. "Voy a pelear."

La pelinegra solo parpadeo con una expresión que decía a todas luces que no lo entendía… Pero asintió apenas oyó como Akira la llamaba para que las ayudaran.

"Ten cuidado." Le advirtió, sólo para irse junto con las demás.

Shirou suspiro, mientras blandía la proyección de la espada de los Touzaki. Encaro tanto al talismán flotando, y el límite del bosque detrás de él.

Y entonces avanzó hacia este sin mirar atrás.

Del otro lado de la línea, Kaburagi miró satisfecho lo que estaba pasando en el interior de su cubil y sonrió. Se iba a divertir bastante con el maldito mocoso antes de regresarle lo que quedará a su padre.

Como adoraba cuando las cosas salían bien.

Tarareando una vieja canción que había escuchado en el radio, tomó un par de cristales de mana de una de las cajas y los guardó en los bolsillos de su chaqueta antes de ascender por las escaleras. No tardó en salir de la cabaña y dirigirse también al bosque, donde arrojó uno de los cristales contra el suelo mientras que se preparaba para recitar algo.

ᶜʳᵉᵃᵈᵒˢ ᵃ ᵗʳᵃᵛᵉˢ ᵈᵉ ˡᵃ ˢᵃᵇᶤᵈᵘʳᶤ́ᵃ ᵈᵉ ˡᵃ ᵗᶤᵉʳʳᵃ ᴵˡᵘˢᶤᵒᶰᵉˢ ᶰᵃᶜᶤᵈᵃˢ ᵈᵉˡ ᴹᵃᶰᵈᵃˡᵃ ᵈᵉ ˡᵃ ᴱˢᵗʳᵉˡˡᵃ

"Hoshimandara kara umareta, chikyū no chie kara umareta gensō." Entono preparando así el hechizo mientras que varios caracteres conformados por la energía mágica se manifestaban en el suelo.

ᴼᶜʰᵒ ᵛᵉᶜᵉˢ˒ ᵈᶤᵉᶻ ʰᵉʳᵐᵃᶰᵒˢ ˢᵘʸᵒˢ ᶜᵒᶰᵠᵘᶤˢᵗᵃʳᵃᶰ

"Anata no kyōdai no uchi no ya-ri wa juu-bai ni narimasu." Continuó, antes de suspirar mientras soltaba una palmada.

ᴮᵘˢᵠᵘᵉᶰˡᵒˢ˒ ᴾˡᵃᵍᵃˢ ᵈᵉˡ ˢᵘᵉˡᵒˑ ᴱˢᵃ ᵉˢ ᵐᶤ ᵛᵒˡᵘᶰᵗᵃᵈˑ

"¡Chikyū-chū shōkan!"

Una vez que vio como Shirou estaba ya en el bosque, se dispuso a cortar la conexión con el talismán antes de fijarse en el brazo inerte y mutado de Togo debajo de él.

Si... ¿Por qué no? Siempre había querido crear uno de esos. El talismán entonces cayó encima del miembro, y el ojo dibujado en el centro terminó por cerrarse.

Justo al mismo tiempo que los circuitos mágicos del brazo se activaban con un fulgor renovado, y que los músculos comenzaban a retorcerse levemente así como adquirir una extraña coloración rojiza.

xXx

Academia Privada Reian - Primera Planta del Edificio Central.

Cuatro niñas de las cuales ninguna superaba más de los diez años de edad cargando a un hombre que tenía cinco veces aquel número de esta hubiera sido una imagen bastante hilarante para cualquier espectador exterior... Pero ninguna de ellas pensaba lo mismo.

Si es que sus expresiones no podían estar más atemorizadas, terminaron por toparse encima con uno de los guardias desplomado contra una pared a quien de inmediato terminaron por intentar despertar, solo para que este no mostrara ningún signo de poder salir de su letargo.

"... Si están drogados, dijo la verdad." Había declarado Kohaku, y siendo la ojiámbar la única entre todas ellas que tenía al menos un conocimiento remoto de estas cosas, lo tomaron como válido.

Finalmente luego de varios minutos, alcanzaron el mismo pasillo donde habían estado horas antes, y terminaron por entrar a la enfermería, que era justo como Akiha la recordaba.

Con algo de esfuerzo, terminaron por colocar a Sougen en una camilla. Ayudaba mucho el hecho de que lo que sea que el hombre que los había amenazado le había hecho, no lo había dejado inconsciente del todo.

"Nee-san. ¿Puedes hacer algo por el?" Le preguntó Hisui a su hermana, quien de inmediato se volvió el centro de atención de las tres. La ojiámbar, aún bajo la angustia que sentía, igual experimentó un dejo de incomodidad por la posición y estuvo a punto de morder su labio de puro nervio antes de asentir débilmente.

"Lo intentare..." Respondió mientras se acercaba y levantaba su mano derecha. Cerrando sus ojos, intentó imaginar el gatillo que había creado. El sonido de la lluvia contra el pavimento y de una sombrilla abrirse se manifestó en su mente, justo a la par que los doce circuitos que poseía brillaron en sus brazos.

A pesar de haber visto ya aquel fenómeno con Sougen, Shirou y hasta ese monstruo, las tres niñas igualmente se quedaron impresionadas por el despliegue.

"Wow..." Musito Akira.

Ajena a eso, Kohaku acercó su mano mientras se concentraba en enviar un leve pulso con el fin de que el 'Reiki' surtiera efecto. Pero al cabo de unos segundos, desactivo sus circuitos.

"¿Que pasa?" Pregunto Hisui. "¿No resultó?"

Kohaku negó con la cabeza. "Es una maldición... No se como quitar esas cosas."

Akiha resopló ante aquella respuesta antes de comentar. "Genial, estamos perdidas."

Hisui noto justo a tiempo como la expresión de su hermana sufría un leve cambio y de inmediato realizó control de daños. "¿Nada se ṕuede hacer?" Pregunto, rogando por alguna respuesta positiva antes de que comenzaran a pelear.

"... Las de ese tipo, se acaban solas y no parece que lo está lastimando." Mencionó la ojiámbar con algo de duda. "Debería de irse en unas horas."

"Para ese tiempo, ese loco podría ya haberle hecho cosas horribles a Akira-chan y Emiya-kun." Protesto Akiha, mostrando indicios de estrés bastante notables.

La pelimorada se estremeció y casi se abrazó a sí misma, antes de decir. "... Tenemos que salir de aquí... ¿Pero y Emiya-kun?"

De ser posible, los ojos de Kohaku se entornaron aún más pero decidió mantenerse callada apenas vio algo que llamaba la atención en un rincón suyo. En silencio, caminó hasta ese lugar y comenzó a inspeccionar la bolsa.

La expresión de Hisui era igual de dolida. "No podemos llamar a la policía..."

"Aun si pudiéramos... ¿Que les vamos a decir? ¿Que un hechicero nos amenazó con no hacerlo?" Pregunto Akiha casi con desdén, sorprendiendo a las dos.

Akira pareció recuperarse antes, pero era obvio lo incómoda que se sentía con esa tensión. "... Dijo debíamos llamar a tu padre... Akiha-chan o al padre de Emiya-kun… Aunque no entiendo porque a él." Frunció el ceño.

"El padre de Shirou es un freelancer... " Kohaku habló de repente, llamando la atención de las tres. La gemela mayor ahora se encontraba abriendo los cajones de uno de los muebles y sacando cosas como frascos y botellas, las cuales dejaba apiladas en uno de los estantes antes de meter el resto en la misma bolsa que Akiha y Hisui identificaron como la que Sougen traía consigo. "... Es un cazador de magos... Por así decirlo, si llamamos al señor y le decimos lo que pasa, él vendrá con el..."

"¿Como sabes todo eso?" La interrogó Akiha, mientras que las otras dos le dirigían miradas igual de extrañadas. Agradeciendo estar de espaldas para que no vieran su expresión, Kohaku se mostró reacia a añadir.

"... Shirou me contó que algo paso en Fuyuki con unos traficantes el dia que el, su padre y su maestro llegaron a la mansión." Admitió, mientras terminaba de guardar las cosas. "... Y no se ni el tampoco como... Pero son los mismos."

"¿En serio te conto todo eso, nee-san?" Decir que Hisui estaba sorprendida era poco. Pero entonces, comenzó a unir los puntos en su cabeza y se le escapó. "¡Entonces la razón por la cual estabas enoja-!"

"Ahora no, Hisui-chan." La interrumpió bruscamente Kohaku antes de dirigirse a las tres. "Tenemos que llamar a la casa y rápido... ¿Hay algun telefono cerca?"

"... Si..." Titubeo Akira antes de asentir. "Hay uno en una oficina que nunca está cerrada a mano derecha por el pasillo."

"Pues vamos para allá." Las incitó Kohaku antes de llevarse la bolsa en el hombro y dirigirse hacia la puerta, antes de que Akiha se plantara frente a ella. Ambar brillante se enfrentó a cerúleo gélido mientras que la pelinegra hablaba.

"¿A dónde crees que vas?" Le pregunto a la gemela mayor.

"..." Kohaku se limitó a mirarla, antes de ladear ligeramente su cabeza hacia un costado. "... ¿Estás sorda?"

"¿Como me dijiste?" Akiha dio un paso hacia enfrente, solo para que Hisui se interpusiera entre las dos.

"Deténganse, ya." Les dijo, sonando mucho más irritada de lo que le creían capaz. La ojiverde las miro con una molestia pura, antes de continuar. "Lo que dice nee-san está bien. Tenemos que llamar a la casa para poder pedir ayuda de tu padre, Akiha-chan y del de Shirou."

"... Pero..." Akiha se resignó, antes de apuntar hacia un Sougen quien yacía aún inconsciente sobre la camilla. "¿Y qué haremos con Jinan-san?"

"..." Las otras tres voltearon a ver al curandero, y casi al mismo tiempo tomaron una decisión que a ninguna le sentó bien.

Cerrando la puerta con la llave, que milagrosamente colgaba de un gancho de la enfermería, las cuatro salieron del lugar siguiendo a Akira, quien fungía como guía. Más de una vez, tanto Akiha como Hisui miraron la bolsa que cargaba Kohaku, pero cuando intentaban preguntarle porque llevaba esto, ella se limitaba a colocar un dedo en sus labios.

Finalmente, alcanzaron la dichosa oficina.

"Es aquí." Indicó Akira, señalando a una mesita donde descansaba el teléfono.

Hisui agradeció silenciosamente antes de caminar hacia allí, y comenzar a marcar un número mientras Akiha se acercaba.

"¿Sigue siendo el mismo?" Pregunto.

Hisui casi resopló con humor. "Desde los últimos diez años, si." Dijo una vez que terminó y se llevó el teléfono al oído.

Sin embargo, pasó casi medio minuto y no hubo respuesta alguna.

"¿Nada?" Pregunto Akira mientras que Kohaku alzaba una ceja al mismo tiempo que comenzaba a sacar cosas de la bolsa y mezclarlas del otro lado de la mesa.

Hisui negó con la cabeza.

"Prueba de nuevo." Sugirió Akiha, y la ojiverde asintió antes de marcar otra vez. Pero tal como la ocasión anterior, ni estática podía escucharse del otro lado de la línea.

"... ¿Qué significa esto?" Pregunto Akira, temerosa.

"Que no hay nadie ahí..." Reveló Hisui, pálida. "No hay nadie en la casa en estos momentos para atender la llamada."

"¿Como que no hay nadie?" Casi exigio Akiha. "¿Y los demás criados?"

"... Este... Makihisa-sama apenas le permitió regresar a un par hace no mucho tiempo, pero estos días no los ha querido en la mansión." Respondió Hisui, algo reacia a revelar eso.

"Puedo marcar a la casa de Sensei." Sugirió Kohaku mientras se acercaba. "¿Recuerdas que el señor de las ratas está ahí, Hisui-chan? Vi como Sensei le dejó una nota con nuestros nombres y el teléfono celular del señor en caso de que lo necesitara."

"¿Señor de las ratas?" Era difícil saber quien se sentía más asqueada por esa noción, Akiha o Akira. Kohaku puso sus ojos en blanco, antes de dirigirse hacia el teléfono cuando..

SCRATCH

"¿Qué fue eso?" Murmuró Akira mientras que las otras tres se quedaban paralizadas. El sonido había sido fuerte y lo peor, cercano.

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Como si algo inmenso se azotara contra el suelo, la intensidad de este solo aumento. Con cautela, se escondieron detrás del escritorio antes de mirar por los agujeros de este a lo que se acercaba por el pasillo.

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Lo primero que vieron fueron los dedos. Gruesos y deformes, encima en parte descarnados. Cinco de ellos que se aferraban a las baldosas del piso como las patas de una gigantesca araña, antes de que la mano carmesí a la que estaban unidos se levantara y se dejará caer contra el suelo, azotandolo.

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Vieron entonces una muñeca igual de gruesa y abultada se inclinaba, dando paso a un brazo inmenso de fácil unos tres metros de largo y alrededor de unos veinte centímetros de grosor.

... Pero lo que casi hizo que ellas soltaran un respingo de no ser porque habían cubierto sus bocas con las manos, fue el hecho de que el brazo se arrastró sin estar unido a nada.

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Esperaron un rato a que el sonido se perdiera a la distancia solo para que este se detuviera de la nada. Entonces, Kohaku se arrastró silenciosamente antes de echar un vistazo al pasillo.

Indicó con señas que se acercaran en silencio, y pudieron ver entonces como la inmensa mole de este se había detenido varios metros a la distancia.

Ninguna de ellas se atrevió a hablar, el problema era demasiado obvio. Intentar llamar con el teléfono desde ahí teniendo aquella cosa iba a ser imposible.

"¿Hay algun otro telefono?" Susurro Kohaku a Akira quien asintió antes de señalar hacia el techo, indicando que tendrían que ir al segundo piso. Compartiendo miradas entre ellas, asintieron antes de salir lo más silenciosas posibles al pasillo.

Una por una, lo hicieron. Con Kohaku yendo primero sin soltar su bolsa, seguida por Hisui. Akiha fue la tercera y miró nerviosamente hacia el brazo monstruoso, sintiendo algo que no podía explicar de este.

Por último, Akira tragó saliva antes de salir de la oficina y caminó con pasos lentos y calculados hacia donde estaban ellas. Parecía que iba a lograrlo, cuando de la nada...

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El sonido del azote fue como una pesadilla para las cuatro quienes se paralizaron en donde estaban, con sus expresiones formando máscaras aterrorizadas. Akira volteo por encima del hombro y vio como la mano del brazo comenzaba a trepar ahora sobre la pared, levantando la extremidad.

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La mano entonces cayó al suelo del pasillo antes de comenzar a dar la vuelta. Y entonces de la nada, saltó contra Akira, provocando que esta gritara de terror.

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La pelimorada fue arrastrada tanto por Akiha como Hisui a unos metros hacia su izquierda, poniéndola a salvo de ser atrapada por la mano gigante que se estrelló contra las baldosas del pasillo principal.

"¡CORRAN! ¡CORRAN!" Exclamó Hisui, y ninguna se tardó en hacerle caso, pues comenzaban a atravesar el pasillo principal, con la mano siguiéndoles la pista al intentar saltar repetidas veces, usando su antebrazo como un grotesco resorte improvisado.

Dieron una vuelta a la izquierda al notar un cruce y la mano fue a estrellarse contra un espejo, rompiendo el cristal en docenas de fragmentos que se clavaron en su piel.

Casi como si estuviera irritado, el brazo se los sacudió como una serpiente furiosa antes de continuar con la persecución.

"¡Por allí!" Señaló Akira a unas escaleras del lado derecho con lo que parecía ser un mapa al lado de ellas. "¡Hay unas del otro lado también!" Les informo antes de subir por ellas, estaban ya por llegar a la segunda planta cuando...

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Los gruesos dedos de la mano se asomaron por el pie de estas, y pronto comenzaron a intentar subirlas, muy para el horror de todas ellas.

La esperanza les llegó cuando justo a la entrada del segundo piso se toparon con un carrito de limpieza, el cual procedieron a empujar hacia abajo. Este se tambaleó por entre los escalones, hasta ir a parar contra el monstruo, provocando un escándalo.

Pero lejos de hacerle retroceder, solamente pareció enfurecer aún más a la cosa, porque retomó sus esfuerzos por trepar con un ímpetu casi desenfrenado.

"¡¿Que se supone que es esa cosa?!" Pregunto Hisui.

"¡¿Cómo lo voy a saber?!" Respondió Akiha, mientras que las cuatro aprovechaban al menos el tiempo de ventaja para correr por el nuevo pasillo.

Doblaron la esquina con el siguiente, hasta que Akira señaló a una puerta, la cual se apresuraron a abrir, escuchando a la distancia ya los azotes de la mano monstruosa.

Por fortuna, la puerta cedió y las cuatro se internaron dentro antes de cerrarla y correr hacia distintos escondites dentro de la oficina. Kohaku directamente sacó unas cosas de su bolsa y tomó algo de una de las mesas, todo mientras intentaba mantener la calma.

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El azote pasó cerca, pero continuó varias veces hasta eventualmente, irse a otra dirección.

Hisui y Akira suspiraron, mientras que Akiha temblaba.

"Eso era..." Comenzó a hablar. "¿El brazo de esa persona, no?"

No necesitaban preguntar a quién se refería, era obvio que al hombre que había visto morir en el patio y que se había enfrentado a Shirou y Sougen.

"... Tenemos en serio que llamar a mi padre y al de Emiya-kun..." Continuó Akiha, agitando su cabeza antes de dirigirse hacia donde la había visto por última vez. "Kohaku... ¿Podrías?"

Soltó un respingo al ver como la otra pelirroja brillaba por su ausencia en la oficina, pero un montón de botellas de cristal repletas de pañuelos y algo líquido junto con una cajita pequeña.

"¿Nee-san?" Preguntó Hisui al acercarse, antes de notar que había también un papel con algo escrito al lado de estas. Lo tomo para leerlo y esa vez ella fue quien soltó el respingo.

"¿Qué dice?" Pregunto Akiha, antes de tomarlo.

Un número de teléfono estaba escrito, junto con una pequeña nota.

"Solo prendan las vendas y arrojen las botellas si necesitan defenderse. Lo siento, Hisui-chan.

... Voy a hacer algo muy, muy estupido.

- Kohaku."

Y las tres miraron como la puerta estaba entreabierta.

xXx

Bosque aledaño a la Academia Privada Reian

Con la espalda contra la madera del tronco de uno de los árboles más frondosos, Shirou se permitió descansar por unos segundos mientras jadeaba. El filo de la katana que blandía fue a parar contra el suelo mientras que el pelirrojo no dejaba de soltar el mango, sabiendo que podría pasarle lo peor si terminaba desarmado.

Aunque no era como si de por sí tener esa cosa le garantizara salir ileso. Un par de marcas de pellizcos y moretones alcanzaban a verse en sus talones a modo de ejemplo.

El ojiámbar gruño al mirar su arma. En definitiva, no era nada como usar un shinai, y mucho menos la espada improvisada a base del cuchillo que había usado en los muelles.

La katana era larga y encima pesada. Tendría que ser mayor para siquiera poder usarla bien...

SNAP! SNAP! SNAP!

Se paralizó contra el tronco al escuchar esos chasquidos acercándose a la distancia e intentó moverse fuera de ahí antes de que lo alcanzaran.

SNAP! SNAP! SNAP!

'Ay no.' Pensó, una vez que vio como salían tres siluetas de uno de los arbustos y no tardó en reconocerlas como más de esas criaturas que lo habían estado asaltando desde hace ya varios minutos desde que entró al bosque.

Si Shirou tuviera que describirlos, diría que se trataba de la cruza poco exitosa entre una langosta, una serpiente y un gallo. ¿Por qué lo decía? Por el cuerpo deforme que terminaba en una cola que se agitaba, teniendo dos tenazas viciosas en los costados y con la cabeza de un pájaro con una cresta y todo.

Pero no eran animales. Para empezar, sus cuerpos estaban hechos de cúmulos de tierra con vegetación seca, así como con carcasas de bichos y otros animales pequeños muertos, que emitían un olor desagradable.

No, estaba seguro de que eran una forma de familiares. Pero aunque claro, no era como si saber que eran exactamente le ayudará a deshacerse de ellos.

Los bichos se acercaban, arrastrándose por la hierba mientras chasqueaban sus pinzas.

SNAP! SNAP! SNAP!

Acercándose en tres direcciones distintas y con él contra el árbol, estaba acorralado. Había logrado matar ya a unos dos de ellos con la espada, pero solo por pura suerte y separados.

¿Tres al mismo tiempo y encima con eso? Si, como no.

No tendría tiempo para proyectar tres dardos distintos. Incluso si sabía que ahora era capaz de dispararlos desde el aire... Apenas alcanzaría a reforzar uno a tiempo.

'Piensa, Shirou. Piensa.' Pensó, casi apretando los dientes al mismo tiempo que intentaba blandir torpemente la espada con ambas manos. 'Ugh, si tan solo no fuera tan larga para poder manejarla mej...'

Una idea pasó por su mente al recordar justamente el cuchillo que había utilizado contra Togo, y presionó su mano contra la hoja de la espada.

"Trace on." Murmuró al activar sus circuitos y concentrarse en la proyección. Al ser algo creado por él, se le hizo enormemente fácil leer su estructura, y más aún el inyectar algo de energía mágica en esta con el fin de poder manipularla.

Lentamente, la hoja se dobló sobre sí misma casi como si el metal fuera plegable, disminuyendo su longitud por la mitad, pero aumentando el grosor a cambio. El resultado fue una espada de diseño algo más tosco que recordaba más a una dao corta y si bien Shirou no tenía la menor idea de saberlo, con la excepción de una guarda más elaborada, era casi idéntica a una espada mariposa.

Jadeando, Shirou no soltó en ningún segundo el mango mientras veía venir a los familiares, ajenos al cambio de su arma.

SNAP! SNAP!

Al contrario, la mera cercanía parece afectar a uno de ellos, que de la nada se abalanzó contra él, haciendo que el pelirrojo le asestara un tajo en medio del aire.

La cuchilla partió limpiamente la tenaza derecha y cortó buena parte de la cabeza, que emitió un chillido inaudible antes de que la fuerza del golpe enviara el resto del cuerpo contra una roca, dañandolo aun más.

Sorprendido por lo eficaz que había sido, Shirou se distrajo por unas milésimas de segundo y los familiares se lo cobraron caro.

SNAP! SNAP!

El de la izquierda reptó rápidamente por el suelo como una víbora al acecho y le asestó un fuerte pellizco a uno de sus talones, provocando un gemido de dolor por parte de Shirou, quien le propinó una patada que lo mandó volando.

Solo para que el de la derecha aprovechará su punto ciego para subir hasta sus espaldas, usando tanto su pico como sus tenazas para herirlo.

"¡AGH!" Esta vez gritando, Shirou se retorció mientras intentaba por puro reflejo apuñalar a la criatura en su espalda, apenas consiguiendo rozar su caparazón de tierra con esta. Luego de asestarle finalmente un golpe que hizo que se soltara y cayera a menos de un metro, aplastó la cabeza con su pie antes de propinarle un tajo al segundo familiar, que se había recuperado de la patada y había intentando saltar desde donde estaba.

La criatura cayó muerta al suelo luego de que el filo de la Junichirou Touzaki alterada destrozara su cabeza, dejando a Shirou jadeando nuevamente mientras sentía ya un ardor en su tobillo y detrás.

SNAP! SNAP! SNAP!

El ojiámbar resopló al escuchar el chasquido familiar a lo lejos. "¿Cuántas de estas cucarachas sobrealimentadas hay aquí?" Preguntó con un fastidio poro característico de él. "¿Cien? ¿Doscientas?"

SNAP! SNAP! SNAP! SNAP!

Casi como si alguien allá arriba se estuviera burlando de él, el sonido se triplicó y encima venía de todas las direcciones. Shirou miró hacia cada lado del claro donde estaba, sabiendo que esta vez vendrían por cualquier punto y dudaba mucho que pudiera destruirlos a todos con la espada.

Apenas y había podido con esos tres. ¿Cuántos venían en camino?

Casi como respondiendo a su pregunta, escucho tanto ramas como hojas crujiendo a su alrededor, lo que indicaba que el número ciertamente era mucho mayor de lo esperado.

Blandió su espada, mientras giraba de vez en cuando, con el pánico latente en su pecho mientras pensaba qué hacer.

'Son demasiados... No puedo enfrentarme a todos. Necesito algo más fuerte.' Pensó, frunciendo el ceño. 'Ojala supiera un hechizo que pudiera atacar a muchos. No sé, cómo disparar bolas de fuego o un rayo como el del muelle, pero no tengo una piedra rúnica aquí.'

Su mente reflejó una imagen de aquel rubio que había encontrado y le había salvado la vida. Si tan solo tuviera algo así, aun si no sabía exactamente como lo había hecho, ya que según Waver no había sido posible..

"Yo..." Frunció el ceño mientras recordaba aquel momento lo mejor que podía, pero lo único que alcanzaba a ver eran sus desesperados intentos por dibujar sin manos aquella letra mágica, solo para después activarla y darle rienda suelta a aquel desastre. "... No lo sé, de verdad. Solo lo hice y sucedió."

"Así no es como funciona la taumaturgia, Shirou." Waver meneo la cabeza en desaprobación. "Hay reglas que dictan lo posible, hay pasos que tienen que seguirse, hay cosas que tienen que prepararse y hay datos que tienen que saberse. Algo con poder que suceda porque si no es taumaturgia, es hechicería. ¿Qué fue lo que pensaste mientras dibujabas y activabas la runa? Tienes que haber tenido a fuerzas una imagen en tu mente."

Eso era algo que Shirou podría responder fácilmente. "Un rayo, como tu me dijiste. Me imagine un rayo cayendo del cielo."

"Hmmm." Esta vez fue el turno de Waver de fruncir el ceño mientras lo miraba pensativo. "Bueno, eso explica la explosion. De alguna forma u otra, alcanzaste a abrir una conexión con la piedra rúnica que liberó la energía que tenía almacenada en forma de eso cuando activaste la runa, y encima con tu sangre, hah." El pelinegro meneo la cabeza mientras se llevaba una mano a la sien. "Me vas a provocar una jaqueca. Un consejo Shirou, antes de que se te ocurra usar runas, te recomiendo que primero estudies sobre ellas, o terminarás por sufrir un accidente cuando menos te lo esperes."

Ese recuerdo en su mente le hizo entonces pensar en el símbolo de poder grabado en la piedra preciosa. ¡La runa! Eso era.

Aun si no conocía todo de ella, sabía que Sól tenía que ver con el rayo ya que eso había llamado. ¿Pero cómo usarla? La vez anterior claramente no había sido normal y como ya lo había mencionado, aun si quisiera hacerlo, no tenía los mismos materiales.

SNAP! SNAP! SNAP! SNAP!

Los chasquidos no le dieron el lujo de pensarlo más a fondo.

Con la punta de la espada, comenzó entonces a trazar una y otra vez el relámpago chueco que recordaba con el fin de formar un círculo de gran tamaño alrededor de él. Una parte de su consciencia que sonaba sospechosamente similar a Waver le gritaba que estaba haciendo una locura y probablemente tenía razón, pero Shirou realmente jamás había destacado por ser normal.

SNAP! SNAP SNAP!

Y tiempos desesperados requieren medidas desesperadas.

Apenas estaba por trazar la última hilera, cuando las tenazas y los picos de al menos tres docenas de esos familiares se asomaron de entre las raíces y los arbustos en los límites del claro, seguidos por toda una legión de aquellas criaturas que chasqueaban sus tenazas al unísono.

No tenían nada remotamente parecido a los ojos, pero Shirou sabía que lo estaban viendo. Y así fue como avanzaron.

Shirou apretó los dientes mientras terminaba de trazar la última runa y pensaba en lo que quería hacer. Si, estaba muy al tanto de que no tenía ni idea de que si iba a resultar o no. ¿Pero qué opción tenía a esas alturas?

SNAP! SNAP! SNAP!

Y al menos unas nueve de las criaturas estaban cerca, y casi poniéndose listas para saltar sobre él. Una de ellas, particularmente desagradable al tener el cráneo de un ciervo junto con una tenaza más descomunal que la otra siseo, revelando una serie de pedipalpos en su pico mientras dirigía la marcha.

"Perdon, Waver-sensei." Musito Shirou antes de activar nuevamente sus circuitos mágicos y apoyar su mano cerca de una de las runas mientras exclamaba el nombre del signo. "¡SÓL!"

En recuerdo a aquella vez en el muelle, casi se desató un pandemónio idéntico apenas aquellas palabras salieron de sus labios. Su od desplegado contra la tierra fue avidamente bebido por la primera marca y de inmediato absorbido casi con un deseo primal por el resto que conformaba el círculo, las cuales adquirieron una coloración azul oscuro, antes de que...

KRAKOOOM!

Docenas de zarcillos de un color azul brillante brotaron entonces del círculo rúnico antes de dispararse contra todas las criaturas a la redonda. Siendo un ataque demasiado rápido como para que sus mentes primitivas pudieran siquiera detectar, las golpeó a todas y cada una de ellas, logrando incluso matar a un vasto número de estas así como aturdir al resto.

Sus cuerpos compuestos de tierra y adoquines eran presa fácil para la electricidad al ser altamente conductivos, y fácilmente vieron sus componentes desperdigarse, inutilizandolos.

El ataque duró apenas poco más de unos cuatro segundos, cuando Shirou cortó de la nada el flujo de energía mágica tras sentir un intenso dolor plagar sus brazos. Jadeando, comprobó entonces para su sorpresa como eso le había costado demasiadas unidades de od.

... Demasiadas para su gusto, ni siquiera proyectar la espada le había costado tanto.

El pelirrojo sudo frío entonces al considerar el hecho de que su cuenta de od seguramente andaba ya baja... Y si se agotaba, Kiritsugu había sido muy claro en lo que pasaría.

No podía permitirse aquello. No si quería sobrevivir al traficante.

Miró entonces a su alrededor, recordando que estaba en un bosque y rápidamente olfateo energía ambiental en este. Recordando como lo había hecho la vez anterior, activó sus circuitos una vez más mientras se concentraba en la sensación natural a la distancia.

Como si estuviera intentando capturar una mariposa que revoloteaba, imagino algo como una red para atraparla y la atrajo hacia sí mismo. Con eso, sus circuitos se calentaron al recibir una nueva fuente de energía la cual consiguió meter por la fuerza a su cuerpo hasta que el ardor de estos comenzó a volverse insoportable.

No se sentía lleno, advirtió. Y era obvio, Kiritsugu bien le había comentado que el maná del ambiente era limitado en una zona. Había ganado más unidades de energía mágica que en su casa de Fuyuki por ejemplo, pero estaba seguro de que apenas era la tercera parte de lo que había gastado con las runas.

Hablando de eso, Shirou miró el círculo chamuscado a su alrededor, casi maravillado por los resultados de su experimento. ¿Había resultado?

'No puedo esperar a contarselo a Waver-sensei' Pensó con un marcado optimismo, antes de soltar un quejido. 'Aunque siento que me va a estrangular...'

SNAP! SNAP!

Los chasquidos lo sacaron de sus pensamientos, haciendo que volteara hacia su derecha y viera como un puñado de las criaturas que habían sobrevivido milagrosamente al ataque eléctrico intentaban arrastrarse. Alzó una ceja al ver que justo una de ellas era justamente la que poseía la tenaza más grande que la otra, y que a pesar de tener buena parte de su costado horriblemente chamuscado... Casi parecía tener una fijación más intensa con él.

Shirou blandió la espada nuevamente con ambas manos mientras retrocedía, no eran más que unos cinco sin contar al grandote y encima estaban malheridos. Si los separaba y apuñalaba uno por uno, seguramente podría ganarles sin problemas.

O al menos eso pensó hasta que vio como los seis parecían juntarse y sus ojos se abrieron de par en par cuando los cuerpos de los familiares comenzaron a fusionarse.

"... ¿Es en serio?" Pregunto, al ver como ahora tenía en frente a más o menos una especie de cosa humanoide con una altura similar a la suya y compuesta por todas las criaturas sobrevivientes. Las piernas eran dos de ellos, horriblemente deformados junto con el cuerpo formado por otros tres, teniendo por brazos la unión de las tenazas de estos el derecho, mientras que el izquierdo lo conformaba la descomunal del más notable de los familiares, que a su vez había terminado por ser la cabeza.

Era como una especie de mecha compuesto por tierra y maleza moribunda... Y no sabía si pensar si era morbido o ridículo.

La criatura dio un paseo tambaleante a la par que Shirou retrocedía, y luego otro mientras esgrimía su enorme tenaza con la cual pellizcaba el aire. No queriendo experimentarla de cerca, Shirou le asestó un tajo buscando dañarla, solo para que este fuese desviado por la extremidad, la cual era mucho más dura de lo que aparentaba.

... Y el dueño no era menos fuerte, pues el golpe fácilmente hizo retroceder al pelirrojo, quien casi soltó una maldición mientras se hacía para atrás.

Tenía que correr. Esa cosa era todo menos algo normal y no podría destruirlo solo con esa espada.

Obviamente realizar el mismo hechizo de antes no era ninguna opción, sabiendo que lo dejaría agotado y seguramente a merced del traficante que rondaba por ahí.

'Si tan solo pudiera hacer esta espada más fuerte... ' Pensó, casi mordiéndose el labio. Pero ni con reforzamiento podría por el simple hecho de que ya lo había aplicado en esta. Usar reforzamiento en una proyección que había sido alterada le permitía llevar la imitación hasta el punto de que fuera al menos tan resistente como la real, pero solo eso. De haber tenido la original por otra parte, con reforzamiento la hubiera hecho mucho mejor.

La criatura se tambaleó de nuevo, soltando tajos en el aire que le recordaron a los movimientos de una mantis. Recordando sus lecciones de kendou, Shirou intentó bloquear algunos, solo consiguiendo retroceder aún más.

En uno de esos, fue bloqueado nuevamente por la tenaza y al intentar librarse, la criatura logró propinarle un golpe en el abdomen con el dorso de esta, mandandolo un par de metros contra una roca.

"¡Ugh!" Se quejo con el impacto, y la espada se cayó al lado de una pequeña piedra triangular. A la distancia, la criatura intentaba avanzar torpemente con su tenaza en lo alto.

"Maldición..." Gruño mientras intentaba incorporarse al mismo tiempo que extendía su mano para recoger la espada. "... Necesito un arma más fuerte..." Las runas habían servido mejor de lo esperado. ¿Y si intentaba solamente dibujar un par y enfocarlas en un ataque contra este?

No. Tendría que agacharse para tanto crearlas cómo activarlas. Tenía que ser instantáneo... Si tan solo pudiera hacer lo mismo con la espada...

Sus ojos se iluminaron ante la idea apenas su mano derecha rodeo el mango del arma, y se fijaron en la piedra al lado de esta. Recogiendola con la mano izquierda, rápidamente utilizó la parte más filosa para intentar grabar la silueta del rayo deforme en la hoja, y la arrojó contra la criatura a modo de ataque preventivo.

Este sintió el impacto del pedregal en el pecho pero no mostró señales de dolor. Al contrario, los pedipalpos de la cabeza sisearon casi triunfales mientras éste continuaba su lento pero seguro avance.

Shirou por otra parte, esgrimió la espada antes de activar nuevamente sus circuitos. "Trace on."

Pero apenas la energía mágica paso a la espada, la runa se activó instantáneamente, envolviendola en un áurea del mismo color del relámpago que despedía cientos de zarcillos diminutos.

La sola visión de eso casi hizo que Shirou la soltara, estremeciéndose. Parecía casi como algo salido de Mazinger.

El siseo de la criatura lo devolvió al asunto urgente y se mantuvo firme mientras esperaba el inevitable ataque. No tuvo que hacerlo por mucho tiempo.

La tenaza vino desde arriba como el hacha de un ejecutor, solo para enfrentarse al filo azulado por el manto eléctrico que esta vez corto sin esfuerzo alguno la dura coraza de la extremidad muy para la sorpresa de la criatura, que de inmediato intentó atacar con su otro brazo.

ZOOM!

Esta vez, fue más de la mitad de la extremidad la que fue cercenada con solo un golpe, causando que la criatura se tambaleara hacia atrás, siseando esta vez de terror.

Maravillado por el poder de lo que acababa de lograr, Shirou tomó el valor recién adquirido y corrió hacia su oponente, asestandole un tercer tajo, esta vez en el torso que le abrió un inmenso boquete del cual comenzaba a caer tanto tierra como piedras.

Siseando nuevamente, esta vez la criatura no pudo soportarlo y se fue de espaldas.

Jadeando por el esfuerzo, Shirou troto del lado derecho de su cuerpo y levantó la espada, antes de apuñalar justamente el centro de la cabeza.

"Kikikkiikiki..." Fue el último siseo del familiar cuando la hoja reforzada por los poderes de la runa comenzó a deshacer su rostro hasta dejar solo una pila de tierra en su lugar.

Shirou levantó nuevamente la espada y suspiró al verla.

"Wow." Pensó, antes de sentir el ardor en sus circuitos que le indicaba a uno que se estaban sobrecalentando y los desactivo. Sin embargo, la espada no perdió su aura.

"¿Pero que rayos?" Se preguntó, antes de mirarla desde una distancia lo suficientemente respetuosa como para no ser electrocutado por los zarcillos. Fue en ese entonces que pudo ver a la runa grabada en la hoja, teniendo al menos tres cuartas partes de su silueta coloreadas de azul mientras que la última lucía normal.

"¿Eso significa que si le doy una sola unidad de od está se queda encendida hasta que se apague?" Se preguntó Shirou con sorpresa. "Wow."

Eso iba a resultar tremendamente útil para después.

SNAP! SNAP!

"¿Es en serio?" Gruñó al escuchar otra vez ese chasquido infernal. Miro hacia el frente, de donde habían provenido los ruidos mientras esgrimía la espada mejorada por la runa. Oh, cómo lo iba a disfrutar...

Y en efecto, no tardó en salir una de las criaturas reptando a una velocidad mucho mayor hacia el.

ZOOM!

No llegó ni a reaccionar cuando la espada cerceno entonces su cabeza junto con buena parte de su costado derecho, y se detenía al quedar inutilizada.

Shirou rápidamente levantó la espada, dispuesto a repetir el gesto con el siguiente, solo para ver atónito como otra de las criaturas aparecía... Con la mitad de su cuerpo envuelto en llamas.

Sin pensárselo dos veces, arremetió también contra esta, matándola en un instante. Escuchó entonces a ramas moverse y alzó nuevamente la espada, solo para paralizarse cuando se topó con dos ojos casi idénticos a los suyos.

"¡Ahhhh!" Exclamó Kohaku al ver la espada eléctrica que sostenía. "¡No me apuntes con eso, por favor!"

La gemela ojiámbar yacía a un par de metros de él con una expresión de lo más cansada, y encima cargando una bolsa que recordaba haber visto en manos de Sougen antes.

Lentamente, Shirou bajo la espada mientras la miraba perplejo. Como media docena de preguntas se arremolinaron en su mente en aquel momento, y siendo incapaz de decidirse por una, apenas abrió la boca...

"¿Kohaku? ¿Qué haces aquí? ¿Que pasó con las demás? ¿Como me encontraste?" Prácticamente la asaltó con una oleada de preguntas que hicieron que la ojiámbar casi se mareara.

"¿Estás herido?" Le pregunto, mientras que su expresión se tornaba de lo más preocupada. "... Es una larga historia."

Hasta Shirou alcanzó a notar la culpa que sentía en aquellos momentos.

xXx

Academia Privada Reian - Segunda Planta.

Minutos antes…

"Esa niña..." La expresión furiosa sobre el rostro de Akiha bien podría recordar a la de un oni grabada sobre una máscara de teatro noh. "¡¿Como se le ocurre?!" Poco le faltó para casi gritar, pero afortunadamente conservaba el sentido suficiente para saber que no podían darse el lujo de llamar tanto la atención con algo como esa cosa rondando en algún punto cerca de ellas.

"Shhh, baja la voz, Akiha-chan." Le recordó Hisui a su lado mientras apoyaba ambas manos en sus hombros. A juzgar por su expresión más preocupada, la ojiverde en definitiva no creía que el tono de la pelinegra no fuera tan audible para la cosa esa.

"¡¿Cómo puedes estar tan tranquila, Hisui?!" Siseo entonces Akiha, lejos de estar calmada, solo para que la pelirroja negara con la cabeza.

"¡No estoy calmada, Akiha-chan! Creeme, no lo estoy." Respondió hasta con enojo. "¿Como crees que me siento sabiendo que nee-san esta ahi afuera con esa mano y ese loco por ahi? ¡Ya me sentía mal por Shirou!"

Antes de que Akiha pudiera responder, Akira las interrumpió, haciendo que ambas niñas la voltearan a ver.

"Kohaku-chan nos dejó al menos algo muy útil." Les dijo mientras veía detrás de las botellas. "Aqui hay curitas y un desinfectante... ¡Y están estas cosas!"

"¿Y que se supone que son?" Preguntó Akiha mientras que Hisui ladeaba ligeramente su cabeza hacia un costado con igual curiosidad.

Akira pareció lucir apenada por un momento. "Cócteles Molotov."

"¿Que?" La pelinegra parpadeo, no entendiendo el término. "¿Tienen alcohol? ¿Son para beber?" Su expresión se torno a una de disgusto, ya que el olor de esa substancia jamás había sido de su agrado.

"No." La pelimorada negó con la cabeza. "Son como bombas... Les prendes la mecha, las arrojas y se quedan encendidas."

"... ¿Y como se sabes eso?" Preguntó Hisui, quien tampoco las conocía.

Akira se encogió de hombros tímidamente. "Cuando nuestros padres no estaban en casa... Nee-chan me dejaba ver películas violentas con ella."

Ah, eso lo explicaba. Y de hecho, les hizo mirar las botellas con una luz nueva. Si funcionaban tal y como Akira lo decía, se podría decir que tenían ahora algo con que defenderse de la mano gigante.

"Eso explica la caja de cerillos entonces..." Sentenció Akiha, mirando el pequeño recipiente de cartón. "Kohaku hizo algo bien... Pero aun asi no debio de haber salido corriendo."

"Espero que ella esté bien..." Añadió Hisui, antes de volver a mirar la nota. "Tenemos que llamar a la casa de Jinan-san, pero ya. Necesitamos ayuda urgente."

Y apenas dijo eso, se dirigió al teléfono dispuesta a prenderlo para poder marcar el número escrito, solo para ver con horror como este no respondía. Revisando que el cable estuviera conectado, se dio cuenta de que estaba roto.

"¿Qué sucede?" Pregunto Akira, antes de que la pelirroja señalará al cable, provocando un resoplido casi resignado de parte de Akiha.

"Tenemos que ir a otra oficina entonces." Las demás asintieron, y salieron al pasillo no sin antes haberse asegurado de recoger las cosas que Kohaku había dejado y meterlas en una bolsa de plástico abandonada en un rincón, la cual fue cargada por Akira.

Pero no alcanzaron a dar más de dos pasos cuando se quedaron quietas al escuchar aquel temido ruido a la distancia.

SCRATCH!

"Rápido." Susurro Akiha, y se dirigieron hacia la segunda puerta, la cual Hisui intento abrir sin mucho éxito al estar cerrada desde adentro.

SCRATCH! SCRATCH!

Para limar asperezas, el sonido se repitió nuevamente y alcanzaron a ver como a la vuelta de la esquina detrás de ellas se asomaban los dedos rojizos de la mano.

SCRATCH! SCRATCH!

La inmensa mole de la extremidad finalmente llegó al pasillo y pareció tamborilear el suelo con sus dedos antes de avanzar nuevamente, claramente pudiendo detectarlas. Aquello provocó un grito de horror por parte de las tres, quienes se apresuraron a correr hacia otra puerta.

SCRATCH! SCRATCH!

Akira se detuvo por algunos instantes, sosteniendo una de las botellas con su boca mientras encendía uno de los cerillos a la par que la mano continuaba su avance.

SCRATCH!

"¡¿Akira, que haces?!" Pregunto Akiha, mientras esta vez era ella quien intentaba forzar la siguiente puerta.

Apenas consiguió una pequeña lumbre en la punta del que había sacado, Akiha dejó caer la cajetilla mientras tomaba nuevamente la botella y encendía la venda en un extremo, antes de arrojarla contra la mano, muy para la sorpresa de la pelinegra.

La botella, cuyo contenido estaba encendido ya por las chispas, fue a parar justamente encima de uno de los nudillos, derramando el líquido ardiente sobre esta. Aquello generó una reacción peculiar en la mano, la cual comenzó a retorcerse, pero prosiguió su avance aun si era a una velocidad menor.

"Tsk." Akira casi escupió, antes de tomar otra botella de la bolsa y encender la mecha. "¡Toma esto!" Exclamó, antes de arrojarla con toda la fuerza que tenía.

Esta fue a parar justo en medio de dos de los dedos, frenando el avance de la mano, la cual comenzó a retorcerse sobre sí misma, mientras que el fuego comenzaba a arder ya con un furor mucho más intenso sobre esta.

"¡Akira-chan!" Escucho a Hisui llamarla, y volteo, viendo como ella y Akiha habían logrado abrir otra puerta. Trotando tras ellas, le echó un último vistazo a la mano, la cual continuaba con aquellos frenéticos movimientos que daban la impresión de un baile bastante alocado. Entonces cerró la puerta detrás de ella, y noto como las otras dos niñas se habían colocado en el extremo izquierdo opuesto de un sofá en la estancia, con la intención de empujarlo contra la puerta.

"¡Ayúdanos!" Le pidió Akiha, y Akira no tardó en desechar el cerillo y dejar la bolsa en una silla, antes de unirseles. Con mucho esfuerzo, las tres trasladaron la pieza justo a donde querían, a modo de barrera improvisada.

Apenas lo vieron, las tres se permitieron caer sobre sus rodillas mientras soltaban un suspiro colectivo.

Al cabo de como medio minuto, no escucharon nada mas y se permitieron relajarse.

Hisui entonces se acercó al nuevo teléfono y comprobó que el cable estuviera bien, antes de comenzar a marcar el número escrito por su hermana. Una vez que terminó, se lo llevó a su oído derecho mientras esperaba a que la línea se conectará.

Tamborileo el suelo con uno de sus pies, nerviosa porque estaba tomando demasiado, y soltó un suspiro de alivio apenas escuchó ruido del otro lado.

"¿Hmm, diga? El doctor Jinan no se encuentra, por si acaso." Le respondió la misma voz medio gangosa que recordaba como la del hombre que había visto en la cocina del curandero con una rata.

"¿Hola? Soy Hisui, es urgente." Le dijo apresuradamente, consiguiendo que un resoplido confuso le respondiera.

"¿Quien?" Pregunto Hyouma. "¿Es una broma telefónica o algo así?"

Hisui puso los ojos en blanco. "Soy una de las niñas de esta mañana. Grité cuando vi a su rata."

"¿Ah? Ohhhhhh." Por la forma en que habló, parecía que el hombre la había reconocido ahora. "Ya tu eres la gemela ojiverde... ¿Pero por qué estás llamando? ¿Hay algún problema? ¿Dónde está el viejo?"

"Jinan-san le dejó una nota con nuestros nombres y el número de teléfono de Tohno-sama." Presiono Hisui. "¡Lo necesitamos por favor! ¡Estamos en peligro y solo él puede ayudarnos!"

"'¿En peligro? ¿Que estas diciendo?" Hyouma pareció hasta preocupado. "¿Dónde está el viejo? ¿Por qué no llaman a la policía?"

Hisui estuvo a punto de gritar cuando de la nada...

SCRATCH! SCRATCH! SCRATCH!

Detrás de la puerta, se podía escuchar a algo enorme golpeando la madera de esta con un ímpetu tremendo, provocandole un terror enorme a las tres.

"¡¿Que demonios fue eso?!" Casi demandó Hyouma del otro lado de la línea.

"¡Un monstruo!" Respondió Hisui, antes de volver a insistir. "¡Por favor pasanos el número o llama al señor Tohno antes de que sea demasiado tarde! ¡DILE QUE SU HIJA CORRE PELIGRO!"

"¡Dejame buscar el papel! ¡Voy!" Respondió Hyouma, entendiendo por fin la urgencia de la situación. "¡¿Que clase de monstruo es?!"

"¡Es una mano! ¡Una mano roja gigante!" Respondió esta vez, Akiha, quien se había escondido detrás del escritorio junto con Akira quien miro a donde había dejado la bolsa con los cocteles.

"¡¿Una mano roja gigante?! Es un Akateko. ¡Tienen a un Akateko tras de ustedes!" Declaro Hyouma, mientras que se escuchaba de su lado como se movía de un lugar a otro.

SCRATCH! SCRATCH! SCRATCH!

"¡¿Qué demonios es un Akateko?!" Pregunto esta vez Akira.

"¡Son youkai del rango más bajo!" Respondió el rubio. "Se forman con los brazos y las manos cortadas de personas horrendas que murieron consumidas por la rabia o estando en contacto con energía mágica fétida, transformándose así en demonios pequeños."

SCRATCH! SCRATCH!

Casi como respondiendo a eso, otro golpe de la mano hizo abrir una grieta sobre la puerta, haciendo que Akira gritara.

"¡¿Y eso de que nos sirve?! ¡¿Cómo la detenemos?!"

"¡Cualquier magus podría encargarse de una con un par de hechizos ofensivos!" Respondió Hyouma, antes de añadir. "¡¿Que no tienen al mini Emiya por ahí para eso?!"

"¡ESTÁ AHÍ AFUERA CON MI HERMANA HUYENDO DE UN LOCO LLAMADO KABURAGI." Esta vez si grito Hisui. "¡¿NO TIENE NINGUNA DEBILIDAD?!"

" ¡¿KABURAGI AHI?! ¡NO! ¡Solo adoran el calor porque eso es lo que le roban a sus víctimas!" Exclamó el Sagara, antes de apretar algo como papel. "¡Aqui esta el nu-!"

CRAAAACK!

Buena parte del centro de la puerta cedió con un nuevo golpe, y trozos de madera cayeron en múltiples direcciones, mientras que del boquete se asomaron los dedos en posición vertical de la mano, la cual comenzó a adentrarse lentamente en la estancia.

"¡¿Qué sucede?! ¡¿Oigan?!" Hyouma intentó hablar nuevamente, pero Hisui había soltado el teléfono ya y se colgó. La pelirroja corrió hacia las otras dos, y se abrazaron entre sí mientras que miraban como la mano demoníaca finalmente lograba entrar del todo en la oficina.

… Y con la única arma que tenían revelándose como algo inutil encima

Pero Akiha no estaba viendo a la mano... Ni siquiera la persona que había peleado contra Jinan-san y Emiya-kun. No, el lugar de ese monstruo lo ocupaba otro del cual solo recordaba unos ojos inyectados en sangre así como unas garras monstruosas que de la nada se lanzaban contra ella.

Sangre... Tanta sangre. Jamás había visto tanta sangre. Y lo peor era la silueta de quien estaba desplomado en frente de ella, con curvas cuchillas de un rojo diabólico clavadas en su pecho.

"¡NII-SAN!" Recordó haber gritado fuera de sí, todo mientras que la fiera se reía bestialmente a la par que se arrastraba como la alimaña que era debajo de aquella fachada de cordero inocente.

Otra vez.

Otra vez.

Otra vez iba a suceder.

A pesar de estar a muy pocos metros de enfrentar algo que había sido consumido por las llamas, la pelinegra solo podía sentir aquel frío que había permanecido con ella desde aquel día.

"Tohno-san." Recordó de la nada a cierto pelirrojo. "También tengo miedo... Pero no quiero que ustedes terminen mal por mí… Así que…" Vio como apretaba el mango de la espada mientras le sonreía de una forma que solo había visto antes una vez de otro niño que no podía ser más distinto. "Voy a pelear."

Fue también como una llama para ella, pero el calor emitido por esta era todo menos abrasador.

Y recordó también cómo en aquel entonces... También se había negado a permitir que aquello pasara.

"Akiha-chan..." Escucho a Akira gimotear mientras que su mano se entrelazaba con la suya y al poco tiempo sintió también la de Hisui realizar lo mismo. El calor de las tres por fuera y el de aquel recuerdo transferido por las palabras de quien acababa de conocer logró juntarse dentro de ella.

... Y se liberó en la forma de otro.

Las hebras de su largo y sedoso cabello negro comenzaron a arder, sorprendiendo a las otras dos a la par que se apartaban con los ojos muy abiertos apenas vieron como su color comenzaba a tornarse de un rojo palido que vibraba.

Como la enredadera en la cabeza de la medusa, distintas partes de su cabello se agitaron en el aire justo cuando unas llamas fantasmales, distintas tanto en substancia como en apariencia se manifestaron sobre este. Sus ojos, que no habian cambiado de color se fijaron entonces en la mano, que se habia detenido al detectar un cambio en el aire, y de sus labios salio una sola palabra en una voz que no podia ser mas distinta a la que tenia.

"Muere."

Y las hebras de su cabello se lanzaron contra la mano como puntas de lanza, clavándose con fuerza en la descarnada piel. La extremidad emitió una especie de chillido sin forma, mientras que lentamente comenzó a perder su color y fuerza a medida que todo el calor que poseía era raptado por el cabello de Akiha, quien se mantuvo inflexible ante el sufrimiento de la abominación.

En menos de un segundo, solo quedaba una carcasa inerte con forma de la extremidad, que se desplomó sin volver a realizar el menor movimiento.

Para Akiha... Aquel frío que la había atormentado, era solo un ligero e inofensivo copo de nieve ahora cuyo inmenso volumen había sido reducido gracias al abrasador meteoro que había entrado de la nada a su cuerpo.

Suspirando, se relajo desde donde estaba mientras dejaba que las hebras de su cabello disminuyeran su tamaño y comenzarán a perder poco a poco aquel fogoso efecto, regresando a su coloración normal.

Volteo por encima de su hombro, dedicándoles una sonrisa conciliadora.

"¿Están bien?" Les preguntó, sintiéndose terriblemente cansada de repente. Espero ver temor en el rostro de las dos y en efecto estaba ahí… Seguido con una preocupación enorme por ella y alivio por estar a salvo.

"... Si…" Titubeo Hisui mientras Akira asentía.

"Me alegra." Respondió Akiha plenamente satisfecha, antes de desmayarse.

xXx

Misaki - Residencia y Clínica Jinan

"Mierda, mierda, mierda." Desde que Makihisa Tohno lo había recibido en Misaki, el magus había tomado asilo en la casa del curandero que se había encargado de ayudarle a recuperarse de varias de las heridas que había recibido a manos de "los amorosos tratos" de matones de los Yakou. Sougen Jinan era un hombre estricto, pero preocupado por sus pacientes como todo buen practicante de su labor y le había mostrado una tolerancia que Hyouma apreciaba bastante.

... Y ahora ni siquiera estaba seguro de que le había pasado. Entre el pánico de las niñas que había escuchado y ese atronador sonido que creía haber identificado como un Akateko tras escuchar la descripción que le dieron y con la llamada colgada, el rubio solo podía esperar lo peor.

Encima, se había quedado paralizado al escuchar el nombre de Kaburagi. Primero por miedo y después por cólera tras recordar lo que había pasado por culpa de ese gordo bastardo.

¿Pero ahora? Un terror inaudito estaba asolando todo su cuerpo al caer en cuenta de la gravedad de la situación.

"Mierda, tengo que llamar a Tohno-san." Dijo mientras miraba el papel donde estaba el número y se dispuso a marcarlo con prisa, rogando por que contestara rápido.

"¿Bueno? ¿Sougen?" Escucho la voz de Makihisa del otro lado de la línea, confundido. "¿Qué necesitas? Es muy raro que llames a este número."

"¡Tohno-san!" Exclamó Hyouma. "No, soy Sagara. ¡Hay una emergencia!"

Hasta de su lado de la línea pudo notar la sorpresa del magnate al escuchar tal cosa así como los murmullos de otras dos voces que no alcanzó a distinguir bien.

"¿Sagara?" Pregunto Makihisa con una confusión bastante marcada. "¿Sigue escondido en el ático de Sougen? Pensé que se había largado ya con el dinero que le pague a Taiwan."

Si Hyouma tenía ganas de lanzar una respuesta sarcástica en aquellos momentos, estas murieron ante el enorme pánico que seguía sintiendo. "¡Escúcheme! Esto es serio, es sobre su hija."

Aquello bastó para hacer que el tono de Makihisa pasara a uno de seriedad absoluta, cuando una gelidez repentina lo invadió.

"¿Qué es lo que sucede, Sagara?" Pregunto fríamente antes de añadir. "¿Y cómo lo sabe?"

"Esta mañana, unos tres niños vinieron a la clínica y salieron con el viejo. Este me dio un papel con sus nombres por si me tocaba recibirlos y en donde también estaba anotado este número." Comenzó a explicar el magus intentando matar sus nervios. "Y de la nada, hace casi menos de cinco minutos recibo una llamada a la casa donde una de las niñas me gritó que estaban en peligro. Intente preguntarles que paso con el viejo pero no pudieron responderme eso, solo decían que su hija estaba en peligro y de la nada escuche un golpe monstruoso del otro lado de la línea y los gritos de terror de tres niñas... Me describieron que justamente una cosa las perseguía, y yo la identifiqué como un Akateko..."

Escucho entonces como una de las voces preguntaba "¿Qué es un Akateko?" solo para ser silenciada por otra que creyó reconocer.

"Les dije entonces que cualquier magus con un hechizo ofensivo podría encargarse de estas... Y esta mañana, uno de los niños que vi al parecer es uno. Pensé que con él entre ellas podrían hacer algo... Pero una de las que hablo me dijo que él estaba en el bosque con su hermana... ¡Huyendo de Kaburagi!"

Con aquella revelación, escuchó una especie de forcejeo del otro lado de la línea antes de que la voz que había creído reconocer se revelara.

"¿Dijeron algo más?" Interrogó Kiritsugu Emiya, haciendo que a Hyouma le diera un vuelco en el corazón una vez que confirmó las sospechas de que el niño y este estaban emparentados.

"... No, eso fue todo lo que dijeron antes de que escuchara como algo se rompía y la llamada se colgara. Llame entonces a este numero tan rápido como pude."

Un silencio incómodo se produjo por varios segundos, antes de escuchar nuevamente la voz de Makihisa, esta vez coloreada con algo de pánico.

"Tenemos que ir. Tenemos que ir y rápido."

"¡Oigan! ¡Oigan! Un segundo." Intervino Hyouma. "¿Qué demonios está pasando? ¿Desde cuanto estas aqui, Emiya? ¿Por qué el gordo bastardo de Kaburagi está yendo tras niños? ¿Dónde siquiera están?"

La estática que escucho momentáneamente le indico que estaban a punto de colgar, por lo que realizó un intento desesperado.

"¡OIGAN! Si van a llevar pelea contra ese, llévenme a mí. ¡Necesitan a todos los magi posibles!" Insistió, casi esperando que se cortara la línea, sólo para sorprenderse cuando escuchó a Makihisa hablar.

"Sal dentro de quince minutos, y si tienes cosas que necesitas. Tomalas ya."

Y la línea se colgó finalmente.

Hyouma se quedó atontado mirando el teléfono antes de soltar otra maldición y correr hacia el cuarto donde se hospedaba a por sus cosas.

Del otro lado y varios kilómetros a distancia, Makihisa y Kiritsugu caminaban agresivamente fuera del edificio mientras que un Waver con una expresión de lo más preocupada los seguía.

"¡Hey! ¿Qué creen que están haciendo?" Les pregunto, casi sintiéndose agotado por el esfuerzo. "¡¿No deberíamos de realizar un plan o algo antes de ir allá esperando lo peor?!"

"Tendremos tiempo suficiente para hacerlo en el camino." Sentencio Kiritsugu apenas llegaron al coche que Makihisa había conducido para llevarlos hasta su oficina. "¿Cuanto tiempo es de aqui para alla?"

"Normalmente una hora." Respondió Makihisa apenas subió al auto. "Pero como iremos en línea recta y lo más rápido posible... Cuarenta minutos." Añadió con algo de disgusto. "¿Estas armado?"

Kiritsugu se limitó a darle una palmada a una parte de su gabardina, haciendo que Makihisa asintiera. "¿Y usted, Velvet-san?"

"¿Yo?" El joven britanico se puso pálido antes de tragar saliva, y entonces extrajo algo de su bolsillo.

"Bien, porque lo vas a necesitar." Makihisa resopló entonces mientras apretaba su puño con tanta fuerza que los nudillos palidecieron. "En marcha."

xXx

Bosque aledaño a la Academia Reian

"Hmm, ¿a donde se metio ese mocoso?" Gruño Kaburagi mientras examinaba la extensa red de familiares que había dispersado por buena parte del bosque. Por medio de enlaces con estos y la habilidad de compartir percepción, era capaz de observar lo que un par de ellos veían. Naturalmente no todos al mismo tiempo, ya que dicha cosa era imposible para el cerebro de una persona.

... Aunque podía recordar como los alquimistas de Atlas usaban ciertas técnicas para abrir múltiples canales de pensamiento y percepción al mismo tiempo en sus mentes, permitiéndoles así realizar toda clase de cálculos asombrosos para sus experimentos.

Proyectando una especie de holograma en el suelo, noto como de los ochenta puntos desperdigados por todo el hexagono, había más de una cuarta parte que estaban borrosos. Estos representaban a los familiares creados, y que hubiera puntos en ese estado solo podía significar que habían sido destruidos.

Los Amikiri eran criaturas fantásticas mencionadas por Toriyama Sekien en su famosa obra Gazu Hyakki Yagyō. Ilustradas como animales voraces que eran la cruza entre una culebra, un crustáceo y un ave de corral, las criaturas eran temidas como la perdición de los pescadores al tener la afición de cortar las redes y los cestos con sus terribles pinzas.

Solo había un pequeño detalle.

No existían.

No había tal cosa como un espíritu o una especie fantasmal como los Amikiri. Habían sido inventados por algún autor sin nombre hacía mucho tiempo y se hubieran quedado así como una mera ilusión.

De no ser porque un magus particularmente avispado había descubierto menudo detalle y utilizado algo de Onmyoudou con el fin de establecer una conexión con aquella ilusión, creando así un hechizo que se aprovechaba enormemente de aquella creencia.

ᴼ' ᴬˡᶤᵐᵃᶰ̃ᵃˢ ᴿᵃˢᵗʳᵉʳᵃˢ˒ ˢᵘʳʲᵃᶰ ᵈᵉ ˡᵃ ᵀᶤᵉʳʳᵃ

Dato no Tsume

Ciertamente, un hechizo bastante confiable. Sacrificando un solo cristal de maná y recitando la encantación de tres versos, la configuración del hechizo permitia la creación de los elementos del suelo en las mismas criaturas fortalecidas por los temores y creencias de aquellos que conocían a los monstruos.

Lo mejor era que del mismo rico ambiente del suelo se sacaba la mayor parte del precio, y el resultado eran docenas de familiares particularmente resilientes y fáciles de controlar.

Ciertamente, ninguno de ellos por su cuenta sería un problema para un solo magus. ¿Pero con su inmenso número? De ahí a que le pareciera bastante extraño que un niño fuera capaz de acabar con tantos.

"Hmm." Se concentró en el enlace de unos pocos, solo obteniendo obscuridad de los que estaban borrosos. Finalmente, logró conectarse a uno cerca de estos solo para notar como estaba prácticamente inutilizado.

"Tsk." Maldijo antes de fijarse en otro punto algo más grande, parpadeando al caer en cuenta de lo que era. "¿Uno de los grandes? ¿En serio?"

Algunos de los Amikiri habían recibido a propósito más energía mágica que el resto, convirtiéndose en mastodontes entre sus números que bien se podría decir que estaban a la altura de una bestia mágica menor. Que uno de ellos hubiera caído también a manos del mocoso...

"De seguro es un maldito entrenado por su viejo." Farfulló, antes de notar que había otro activo y con algo en su consciencia artificial que reconoció como memorias. Curioso por ver qué había ocurrido, se conectó a éste y su visión fue asaltada de inmediato por un carnaval de descargas azules.

"¿Que demonios?" Se preguntó, sacudiendo su cabeza antes de revisar a otro y encontrarse con una visión similar. Fue entonces que recordó como en el muelle una explosion similar, pero mucho más intensa que había sido conjurada por el niño.

"Tsk, entonces usa taumaturgia elemental de tipo rayo." Dedujo, antes de que recordará también como le vio dibujar con su propia sangre en el suelo un símbolo. "Runas entonces. Y también puede arrojar cuchillos."

Ese último recuerdo hizo que mirara a su mano aun herida e intentara apretarla. ¿Porque siquiera estaba ahí jugando con ese pequeño bastardo y no iba tras él directamente? Le había ganado la satisfacción antes, las ansias de torturar al engendro lentamente... ¿Pero realmente era necesario? No tenía ni idea de que hacía el niño ahí o donde estaba su padre.

"Ah, cierto." Recordó aquel 'acuerdo' que hizo de respetar a las niñas y ese anciano de que no les pondría un dedo encima... Aunque nunca dijo nada de su pequeño amigo. "Hmmm. veamos que ha hecho ese Akateko."

Intento buscar aquel enlace abandonado sin mucho éxito muy para su sorpresa hasta caer en cuenta de que no estaba ya. Pero eso era imposible, él recordaba bien no haberlo eliminado y la otra opción era que...

"Malditos niños de hoy en dia." Escupió al considerar esta última solo para menear la cabeza. "Ya está, los voy a..." Se detuvo al notar como más puntos se estaban volviendo borrosos rápidamente en el hexágono e intento conectarse a uno para poder mirar qué era lo que estaba sucediendo. Pero apenas lo hizo, corto rápidamente la conexión cuando lo primero que percibió fueron llamas rodeando todo el cuerpo del familiar.

"¿Ahora que?" Gruño, enfocándose en otro algo alejado del primero. Por fortuna, este estaba encima de una rama y a salvo del fuego, permitiéndole poder ser espectador de una escena bastante peculiar.

Dos niños pelirrojos, uno de ellos que reconoció como el engendro de Emiya y la otra como una de las que había visto antes huir en medio de un claro mientras eran rodeados por al menos seis Amakiri desde varias direcciones, con al menos unos cuatro derribados ya, uno que reconoció como el anterior ardiendo en llamas.

¿El resto?

¡ZOOM!

Una espada que no se parecía en nada a la katana que había visto al niño recoger estaba siendo blandida por este, y el filo se encontraba cubierto con una capa azul eléctrica cuya fuente identificó como la runa grabada en un costado que brillaba levemente.

Con cada Amakiri que intentaba abalanzarse contra ellos, el pelirrojo le asestaba un golpe que les causaba estragos en sus cuerpos compuestos de tierra o que de plano los destruía si iba por la cabeza.

Por otro lado, su compañera se limitaba a arrojar botellas de cristal repletas con algo que apenas hacía el menor contacto con una chispa de la espada eléctrica del pelirrojo, ardía en llamas.

Y con eso, fácilmente se cargaron a otros más. Tanta fue la sorpresa de Kaburagi, que soltó accidentalmente el control sobre el Amikiri que estaba controlando. Este, un esclavo de su programación se abalanzó desde las alturas intentando sorprenderlos, y antes de que el traficante pudiera reaccionar, un tajo propinado por el pelirrojo ya lo había partido a la mitad.

"¡AGH!" Se quejó Kaburagi, sintiendo el dolor fantasmal de tal cuchillada. Simulación o no, había sido desagradable.

¿Qué demonios había sido todo eso? Ahora habían dos niños por ahí diezmando a sus familiares... Y que una de ellas fuera parte del grupito que estaba seguro de que terminarían por ser horriblemente estranguladas por su Akateko hubiera logrado pasar desapercibida hasta ahora.

"Debí haber pensado erigir un campo delimitante alrededor de todo el lugar." Se maldijo por su imprudencia, y como si alguien se estuviera burlando de él, detectó como alguien había activado justamente el campo delimitante del claro que rodeaba su cubil.

... Y tenía ya una sospecha de quién se trataba.

"¡Maldición!" En un arrebato de ira, golpeó con su mano lastimada la corteza de un árbol. Estaba lejos de ahí, pues había preferido dar una caminata antes de encontrarse con el engendro para su diversión.

Con un gruñido, dirigió a todos los Amikiri que quedaban hacia su cubil mientras comenzaba la lenta caminata de regreso.

... Cuando les pusiera las manos encima.

xXx

Bosque aledaño a la Academia Reian.

Varios minutos antes…

Con todos los horrores que había pasado a pesar de su corta vida, Kohaku creía haber experimentado ya toda la angustia posible. El mayor motivo por el cual se había retraído hasta el punto de ser poco más que una muñeca ajena a al sentir de su alrededor.

... Que desde hace un par de meses aquella máscara estuviera presentando grietas no cambiaba aquello del todo. Pero aun así...

Desde que vio cómo aquel hombre, monstruo o lo que fuera reptando con una intención asesina contra Shirou mientras esgrimía ese horrendo brazo contra el, la ojiámbar sintió como su corazón se detuvo.

Poco a poco regresó a su posición normal tras ver lo que había ocurrido y no sintió ninguna lástima por esa cosa al verlo agonizar durante sus últimos segundos de vida antes de caer muerto contra el suelo. No, sus pensamientos estaban dedicados a algo mucho más importante a su parecer.

Él está bien. Él está bien, repitió como un mantra tantas veces en su cabeza.

Después vino lo peor. Ver como probablemente el único adulto que le inspiraba confianza era arremetido por una maldición de por si había sido devastador para ella.

El terror de que la persona que era justamente el responsable de lastimarlo a él y los estuviera amenazando alegremente fue una cosa. El que Shirou se viera obligado a apostarse a sí mismo mientras que ellas eran enviadas lejos por otra parte.

No. No. No.

Incluso dejó de lado que le dedicara unas palabras a esa niña.

Ese sentimiento de impotencia se asentó plenamente en su mente aun cuando ayudaba a las otras tres a cargar a su mentor. Y fue en la enfermería donde tomó finalmente su decisión mientras hacía sus preparativos.

Iba a regresar.

Iba a regresar.

La desventura con la mano fue desesperada, pero irónicamente le terminó por servir para escaparse apenas pudo no sin antes dejar lo que ellas necesitaban para ponerse a salvo.

Escabullirse hacia la primera planta fue lo más complicado... Entrar al bosque no tanto, pero eso la llevaba a donde estaba ahora.

Y sobre eso pues...

Kohaku se preguntó si así como se sentía ella era justo como él se había sentido tanto ayer como hoy, cuando habían tenido su pequeña discusión en aquel árbol.

Por si la mirada que Shirou le estaba dedicando no fuera lo suficiente, terminó por ver como este alzaba su mano libre y la colocaba sobre su frente, antes de asestarle un leve golpe con el dedo índice.

... Tal y como ella lo hacía.

"Auch." Murmuró.

"¿Cómo es que me regañas a mi cuando tu hiciste esto?" Le recrimino Shirou, sonando más fastidiado que nada. Los dos se habían movido ya de aquel claro hace varios minutos, durante los cuales la pelirroja había insistido en examinar las heridas del ojiámbar y contar lo que había pasado.

"... Yo, yo." Intento decir algo, pero Shirou la interrumpió.

"En serio… ¿En qué estabas pensando tu?" Meneo su cabeza antes de añadir. "Otra cosa que me molesta es que las dejaste solas. ¿Además como demonios siquiera lograste colarte por esa mano monstruo además?" Le pregunto, causando que Kohaku parpadeara antes de responder.

"Fui en la dirección contraria y baje por las mismas escaleras por las que subimos. La escuche a la distancia, pero jamás de cerca." Suspiro, antes de añadir. "Hisui-chan y las demás estarán bien. Podrán contactar a tu padre con el número que les deje y ademas tienen esto para defenderse."

Eso último fue señalando la bolsa que llevaba, algo que hizo que Shirou le echara una mirada mientras fruncía el ceño al reconocer que eran esas cosas.

"¿Cócteles Molotov? ¿Como sabes siquiera hacerlos?"

Kohaku murmuró algo que sonaba sospechosamente como "Lo vi en una película" en respuesta, solo para alzar la voz nuevamente y decir.

"Y hay otra razón. Akiha."

Shirou parpadeo de nuevo al recordar a la chica pálida, pelinegra y de ojos azules y la miró, confundido. "¿Ella? ¿Que hay con eso?"

"¿Alguna vez te preguntaste exactamente de dónde viene la sangre rara de los Tohno cuando te dije la vez que nos conocimos que no eran humanos del todo?" Le pregunto Kohaku seriamente, antes de finalmente soltar el secreto. "Es de Oni. Es de demonios."

"..." Shirou la miro, mientras recordaba como mucho antes se había imaginado a Togo como uno de esos ogros monstruosos, pero era incapaz de comparar a Akiha con uno. ¿Qué demonios tienen de parecido? Le había parecido una chica muy tranquila, quizás algo seria y mandona, pero no como para identificarla con un demonio, literalmente.

'Makihisa-san, por otra parte.' Pensó casi con algo de humor, antes de finalmente reaccionar. "¿Como que de Oni? ¿Acaso Tohno-san tiene los poderes de uno o algo así? ¿Cómo sabes eso?"

"... Los mestizos de Oni heredan poderes raros gracias a la sangre demoníaca que tienen." Le confirmo la pelirroja mientras asentía. "El señor tiene un par por ahí... Y sus hijos también, ella logró sobrevivir al accidente del verano gracias a uno. Estos se activan de la nada cuando están en peligro."

'Eso suena demasiado igual a lo de los psíquicos que menciono Waver-sensei.' Pensó Shirou, pero Kohaku todavía no había terminado.

"Les deje a las tres lo suficiente para estar a salvo, y estoy segura de que ella otra vez lo usará si llega a pasar algo." Respondió mientras asentía. "Por eso no estoy preocupada por Hisui-chan y Akira-san... ¿Y como se tanto de esto? Es porque el señor me ordenó convertirme en la futura curandera de los Tohno, alguien que sabe lo que son y cómo tratarlos."

"¿Ah? ¿Makihisa-san te ordeno eso?" Si es que Shirou no podía sentirse más perplejo. "¿Porque?"

Kohaku inclinó levemente su rostro hacia un costado antes de añadir. "Jinan-sensei no trabajara mucho tiempo más y su hija no sigue su profesión. Otros curanderos están lejos y no son de confianza para el maestro. El cree que sería mejor tener a uno de los sirvientes."

"..." Shirou no supo realmente que responder a eso. De por si se le hacía extraña la idea de sirvientes. Estuvo a punto de hablar antes de que cierto ruido que ninguno de los dos extrañaba se hiciera presente.

SNAP! SNAP! SNAP!

Los dos se pusieron en alerta casi al instante, y no tardaron en escuchar el crujido de hojas secas siendo aplastadas a la distancia.

"Otra vez esos." Casi gruñó Shirou mientras miraba en todas las direcciones, como queriendo adivinar de dónde podían venir sus perseguidores. Y no tardaron en salir como unos siete de entre los arbustos, todos esgrimiendo sus tenazas en dirección a los dos.

"¿Qué son esas cosas?" Pregunto Kohaku detrás de él.

"¡Ni idea!" Exclamó Shirou, blandiendo la espada que había permanecido milagrosamente encendida hasta ahora. "Solo que no están vivos. Son como familiares, pero hechos de tierra y plantas muertas."

Y descargó un tajo contra el primero que se acercó más de la cuenta, cortando su tenaza derecha de un golpe y buena parte de su cara. Pero rápidamente fue sustituido por otros dos, y luego tres, que buscaban abrumarlo con sus números, forzando a los dos a retroceder mientras que otros más surgían de los arbustos.

¡ZOOM!

Por más que Shirou blandía una y otra vez la espada, era casi como si estos se multiplicarán por cada que cortara. Y hubiera continuado así, de no ser porque de la nada Kohaku arrojó una de las botellas contra estos, haciendo que el cristal se rompiera y derramara su contenido.

"¡Apunta esa cosa ahí!" Le sugirió y por mero reflejo, Shirou obedeció. Un par de chispas brotando del filo fueron a parar al alcohol e hicieron que este ardiera, expandiendo las llamas por un buen número de las criaturas.

Estas, confundidas por el súbito incremento de temperatura se desperdigaron en múltiples direcciones, quemando aun mas a los integrantes de sus números mientras que otras eran víctimas directas de los tajos de Shirou.

Al cabo de unos segundos, no quedaba ninguna en pie.

Shirou suspiro de alivio antes de que...

"¡Cuidado!"

Por el rabillo del ojo, alcanzo a ver como otra de esas cosas caía desde arriba como intentando emboscarlos, y le asesto un último tajo que la parto limpiamente por la mitad.

CHINK

Pero que también hizo que la proyección terminara por romperse y que sus fragmentos fueran a parar al suelo antes de desvanecerse.

Shirou definitivamente no soltó un quejido al ver aquello, sabiendo que el costo de crear otra igual lo iba a dejar peor con su cuenta de od. Y lo peor es que ni tiempo tuvo de lamentarse, porque de la nada...

SNAP! SNAP!

"¡Corre!" Le dijo a la ojiámbar antes de tomar forzosamente una de sus manos y comenzar a moverse fuera de ahí, antes de que quedaran indefensos ante la siguiente oleada.

"¿Ahhhhhh?" Exclamó Kohaku ante el repentino tirón, pero no tardó en seguirlo mientras le preguntaba. "¿Qué haces? ¿Y esa espada que estabas usando? Parece salida de uno de los mangas leídos por la hija de Jinan-sensei."

"Parece que eso es todo lo que aguantaba." Respondió Shirou con dificultad, mientras evadian un árbol en medio del trayecto que tomaban. "¡Ni siquiera sabia que seria tanto!"

"¡¿Como que ni siquiera sabías?!" Pregunto Kohaku, esquivando una rama. "¡¿Un hechizo así seguramente te costó aprenderlo, no?!"

"¡Invente esa cosa de la nada! ¡No me veas a mi!" En su defensa, eso fue lo único que se le ocurrió decir.

"¡¿Que inventaste que?!"

Eventualmente, los dos llegaron hasta otro claro donde intentaron reponer fuerzas. Habían corrido como diez minutos seguidos al azar y por lo menos, no podían escuchar los chasquidos molestos.

Shirou alzó la mirada y se topó con una cabaña medio caída del otro lado que le hizo alzar una ceja. "Oye, mira."

Y estuvo a punto de avanzar cuando de la nada sintió como una sensación espectral lo golpeó y por puro instinto, olfateo el aire.

Sniff, sniff.

Si, ahí estaba. Un campo delimitante rodeando el área y a juzgar por toda la energía mágica que olía de este, estaba activo.

Shirou encendió sus circuitos e intentó de nuevo, solo para comprobar que la sensación ya no existía. Entonces comenzó a caminar hacia la cabaña antes de voltear hacia atrás y notar como Kohaku parecía reacia a seguirlo.

"¿Por qué no vienes?" Le pregunto.

La pelirroja titubeo antes de responder. "N-no se si sea buena idea, algo me dice que deberíamos ir a otro lado."

Aquello hizo que Shirou entornara los ojos antes de recordar la sensación y entonces sugerirle. "¿Podrías activar tus propios circuitos mágicos, por favor?"

"¿Por qué?" Pregunto la ojiámbar, confundida.

"Solo hazlo, confía en mí."

Encogiéndose de hombros, Kohaku obedeció y entonces parpadeo al sentir cómo aquello había desaparecido. "¿Qué fue eso?"

"Creo que el campo delimitante tenía una especie de hechizo que te decía que no pasaras por aquí." Respondió Shirou antes de señalar a la cabaña. "¿Vamos para allá? Podemos escondernos de esas cosas ahí mientras pensamos qué hacer."

Ella asintió, y no tardaron en llegar a la entrada del pequeño edificio.

xXx

Misaki - Calle Central.

El coche se desplazaba a una velocidad tremenda sobre las calles de Misaki, que era casi un milagro que alguna patrulla no los hubiera detenido ya. Incluso estuvieron cerca de atropellar a un pobre perro callejero que por fortuna alcanzó a correr tan rápido como sus patas le permitían hacia la banqueta un par de segundos antes de que el auto atravesara la sección en donde había estado echado.

"¿Entonces eso fue lo que pasó?" Pregunto Hyouma desde uno de los asientos traseros, con Waver a poca distancia de este. "¿Tu y Emiya pelearon contra Kaburagi en Fuyuki luego de que este secuestrara a tu hijo? Mierda, eso debió de haber sido intenso."

El rubio meneo su cabeza antes de añadir. "¿Pero por qué demonios ese gordo bastardo está aquí justo ahora?"

"Ojala supiéramos la respuesta." Respondió Kiritsugu, quien extrajo de su gabardina el termo donde guardaba el brebaje de Sougen y le daba un trago. Ni siquiera el horrendo sabor del líquido le afectaba comparado a la preocupación que moraba en su mente en aquellos momentos.

A su lado y conduciendo, Makihisa tenía un rictus sumamente severo a la par que conducía hacia la salida del sitio.

"¿Hay algo de especial en ese lugar?" Se animó a preguntar Hyouma. "Es una coincidencia bastante rara, tiene que haber algo más."

"La academia privada Reian es por fuera un internado para las hijas de familias extremadamente bien acomodadas." Sentenció Makihisa entonces antes de añadir. "Pero en realidad es a donde algunas pertenecientes a ya sabes que envían a las hijas que gozan de talentos raros y en su mayoría indeseables para sus familias."

Hyouma, quien no era un ignorante en el linaje de algunas familias de ese tipo, no tardo en comprender el mensaje.

"Eso lo explica." Asintió mientras lo decía en voz baja. "Puede ser que haya aparecido por ahí para secuestrar a una niña perteneciente a una de esas familias. Hay catalizadores y otras cosas que solo pueden ser elaboradas con las partes del cuerpo de un mestizo o un psíquico."

Al notar como las miradas de los otros tres hombres - Incluida la de Makihisa a través del espejo retrovisor - se enfocaban fijamente en él luego de aquel comentario, realizó un gesto de manos antes de aclarar.

"¡Un momento! ¡Un momento! Yo utilizo solamente animales rastreros para mi taumaturgia. No me vean a mi." Y por si aún quedaban dudas, continuo. "Yo saco lo que necesito de un solo lugar, Emiya esta de testigo."

"Entre las partes que Kaburagi vende o compra. ¿Hay Ojos Místicos?" Preguntó el ex-mercenario aprovechando la mención.

"Si, hay rumores de que andaba reuniendo una colección de estos para después venderla al mejor postor." Respondió Hyouma mientras intentaba recordar todos los detalles posibles al respecto. "Unos meses antes, una mujer extranjera llamada Leandra se reunió con él para hablar de negocios. Se rumoreo que se marcho del mercado negro con una caja llena de estos."

Al escuchar aquello, Waver habló por primera vez, dirigiéndose al propio Makihisa. "¿Qué probabilidades hay de que justo en ese internado haya alguien con ojos místicos que el traficante estaría interesado en adquirir?"

Siendo honesto, el joven britanico de por si encontraba bizarra la idea.

Makihisa no respondió al instante.

"... Es una probabilidad bastante alta." Finalmente admitió.

"Bueno, mierda." Hyouma comentó mientras agitaba su cabeza. "Va a ser difícil si tiene a sus hombres ahí. Esos Hornets suyos no parecen nada inofensivos."

"¿Hornets?" Pregunto Waver.

"Un tipo de guardias uniformados de Kaburagi." Le respondió Kiritsugu, quien en algún punto había sacado su Thompson Contender y se dedicaba a retirar algunas de sus piezas. "Los tenia en su predio en el mercado negro de Tokyo, pero ninguno de ellos le siguio a Fuyuki."

"No son realmente de él." Respondió Hyouma, corrigiendolo. "Son soldados de la fortuna a sueldo de otros contratados por él como guardias. Tenía como cinco o cuatro esbirros por ahi, creo."

Kiritsugu y Waver recordaron justamente a los del muelle.

"Tenía unos en Fuyuki." Respondió Kiritsugu sin tener que decir cual había sido el destino de estos.

Hyouma chasqueó sus labios. "Conocí a uno de ellos, un tal Togo. Era un imbécil prepotente con delirios de grandeza y el coeficiente intelectual de una garrapata. Pobre traumado que no superaba la idea de que su familia no tuviera circuitos mágicos desde hace ya un par de generaciones."

Aquello llamó la atención de Waver. "¿Quieres decir que los matones del traficante eran de linajes caídos?"

"Sep, al parecer si." Confirmó el rubio. "El tipo una vez que estaba pasado de copas juro y perjuro que una cosa que su patrón había conseguido le permitiriá ser un magus. Tremendo daño le hizo el sake a su cerebro, si me lo preguntan."

Rascando su cabeza, se relajo un poco mientras continuaba. "Entonces ya que esos están muertos, a menos que se haya traído a otros de alguna manera o que los Hornets pudieran ser movilizados... Probablemente solo esten ahi el gordo bastardo y unos familiares suyos."

"¿Cuáles son las habilidades de este hombre?" Interrogó Makihisa, hablando después de varios minutos.

"Taumaturgia de Interferencia Natural, Elemento Tierra." Respondió Kiritsugu, recordando bien su pelea contra este en el muelle. "Sus hechizos no requerían de Aria, por lo que seguramente eran de una cresta mágica. Solo reconocí dos porque igual pronunció sus nombres. Uno que le permite generar paredes y barreras del suelo, protegiéndose así de disparos... Otro que sacudía el suelo desde abajo, creando mini-terremotos a su alrededor."

"Y no solo eso. Desde su mano izquierda, podría generar un círculo mágico del cual escupía proyectiles concentrados de una substancia lo suficientemente corrosiva como para derretir contenedores metálicos en segundos." Complemento Waver con sus propias memorias. "También debió de haber sido de su cresta mágica, porque no utilizaba ninguna encantación para lanzarlo seguido."

El joven tragó saliva antes de añadir. "Los tres hechizos eran asiáticos. Los de tierra, japoneses y el otro, chino. Por lo que es obvio que estaba usando fundaciones taumatúrgicas de esas culturas."

"Japonesa, usa tradicional japonesa." Intervino nuevamente Hyouma, antes de comenzar a explicar. "Si, es cierto que tenemos aquí cosas como el Onmyoudou, el Shuugendou, el Houjutsu, y el Kidou y vete a saber qué otras cosas más... Pero al final del día, la fundación misma de la taumaturgia japonesa depende de una sola cosa, los kami."

"¿Los dioses?" Waver parpadeo antes de sonar algo más sarcástico de lo que le hubiera gustado. "Los últimos restos de su Era se fueron al caño hace mucho tiempo. ¿Cómo va a seguir dependiendo su fundación de estos?"

Hyouma resoplo. "Como se nota que eres un gaijin. Kami no es lo mismo que dios a pesar de que los dichosos diccionarios lo digan. Un Kami es un espíritu, puede ser tan insignificante como uno nacido de los pensamientos de un moribundo al que le hacen una ofrenda y termina logrando de alguna forma que la suerte de alguien aumente... O puede ser algo como Amateratsu Okami. Ustedes los occidentales basan su taumaturgia en cosas como fórmulas, enseñanzas y principios que graban en las Líneas de Ley haciendo quien sabe que mierda, obtienen su poder con la creencia, difusión y expansión de esas teorías y listo... ¿Pero aquí? Directamente uno se comunica con los espíritus y las creencias que moran por ahi en forma de sus leyendas. Así ha sido siempre, me creas o no."

"Es verdad." Para sorpresa de todos, aquello vino de Makihisa quien tenía los ojos entornados. "Los Tohno muchas veces tuvieron que pelear contra los hechiceros de aquí mucho antes de que los occidentales trajeran su influencia... Cosas como el kashiwade y las danzas del Kagura era lo que se utilizaba para utilizar taumaturgia." Aclaro.

"Pero cosas como las que Sagara-san mencionó tales como el Houjutsu, el Onmyoudou y el Shuugendou eran más comunes de usarse."

"Eso quiere decir que Kaburagi está usando como función de sus hechizos tradicionales a algún rito de Kami o una leyenda relacionada con estos e íntimamente conectada a la tierra." Comentó Hyouma. "Pero no se me ocurre un carajo."

Kiritsugu y Waver tampoco supieron qué decir. El britanico más ya que no era su cultura, mientras que el mayor entorno de repente sus ojos.

"¿Podría ser algo relacionado con los terremotos?" Pregunto, intentando limitar las opciones.

Los ojos de Makihisa brillaron ante aquel comentario. "Se me ocurre justamente una. Pero dado a que mis conocimientos de taumaturgia no son tan vastos, no tendría ni idea de que es factible o no."

"¿Cuál?" Preguntaron los tres al mismo tiempo.

xXx

Bosque aledaño a la Academia Reian - Cabaña Abandonada.

El interior de la cabaña no era precisamente ningún lugar acogedor para los dos, en lo absoluto. Lo que no estaba cubierto por una espesa capa de polvo, estaba lleno de matorrales y telarañas que evidenciaban que en definitiva nadie había estado viviendo ahí por mucho tiempo.

... O eso era lo que creería alguien normal. Shirou había visto ya en Fuyuki un sitio casi idéntico y tenía sus sospechas. Aun así, el niño pelirrojo inspeccionó cuanto pudo, buscando cualquier cosa que remotamente le pudiera servir como un arma para proyectar. Pero fuera de un palo roído por termitas y un par de botellas de cristal rotas, no parecía haber nada.

"Ughhh." Se quejó, antes de oler inconscientemente el aire de la cabaña.

Sniff, sniff.

"¿Shirou?" Escucho a Kohaku preguntarle.

Entorno sus ojos cuando justo detectó ya la familiar sensación de otro campo delimitante, esté mucho más pequeño debajo de sus pies. Mirando hacia abajo, se topó con un suelo absolutamente normal.

"Hay un campo delimitante imitando la forma de la puerta." Comentó Waver. "Solo se activa cuando está cerrada y alguien la intenta abrir por fuera. Es una defensa bastante simple, pero efectiva contra alguien que no sepa nada de taumaturgia."

Entonces captó su mirada confundida

"Déjame adivinar, ¿tampoco sabes que es un campo delimitante, verdad?" Pregunto, mientras que él asentía. "¿Sabes que? En compensación por lo que estoy haciendo, voy a darte un par de consejos cuando termine, empezando por ahora."

"¿En serio?" Shirou no pudo ocultar su emoción. "¿Que voy a aprender?"

"Antes que nada, intenta encontrar la barrera." Señaló Waver a la puerta. "Ahora, es común para los practicantes el poder desarrollar una forma de detectar energia magica a través de los año-"

"Ya está." Anunció mientras olía el aire enfrente de esta. "Es como una tabla pegada por completo a la puerta."

"..." Waver parpadeo, antes de fruncir el ceño.

"¿Puedes detectar energía mágica a través del olfato? Eso es muy útil." Comentó, honestamente sorprendido.

"Un poco, creo." Admitió él mientras rascaba su nuca. "Puedo oler cosas en el aire a veces."

"Ah, ya veo. Fue así cómo pudiste saber que me estaba acercando." Dedujo Waver. "Parece ser que tienes una afinidad para encontrar distorsiones en el ambiente, pero no se si está limitada a aquellas con energía mágica. Eso es algo muy útil."

Shirou asintió, antes de mirar al punto donde sabía que la barrera se encontraba.

"¿Ahora que?" Pregunto.

"Muy sencillo. Coloca tu mano por la puerta, te voy a enseñar cómo destruir un campo delimitante de este tipo." Afirmó Waver, tras ver cómo el obedecía y apoyaba su palma sobre la madera.

"Concéntrate en la forma que viste, y canaliza energía mágica a esta. No es necesario que la controles, solo 'golpea' la barrera con esta." Le instruyó.

Shirou asintió antes de murmurar.

"Trace on."

Las líneas que representaban sus circuitos recorrieron su brazo, simbolizando el flujo de energía mágica que Shirou estaba recolectando de su Od. Dirigiendo aquel río interno, el pelirrojo concentró un pulso sobre su palma y lo extendió sobre la barrera.

La superficie de la puerta parpadeó levemente, mostrando una capa transparente encima de ella que comenzó a mostrar grietas a lo largo de su estructura, hasta terminar por caer y romperse en docenas de pedazos de luz que se disolvieron en el aire.

Ignorando a Kohaku, Shirou colocó su palma en el suelo y repitió aquel mismo proceso. En menos de un par de segundos, la barrera estuvo desnuda a la vista antes de quebrarse.

Revelando así la escotilla debajo de esta.

"... ¿Estaba eso ahí?" Preguntó Kohaku, parpadeando al ver aquello.

"Pude olerla, y si no me equivoco, deberían de haber cosas ahí que nos puedan ayudar." Respondió Shirou antes de abrirla. Aquel comentario solo hizo que Kohaku parpadeara antes de preguntar.

"¿Y que se supone que es ahí?"

"La guarida de un mago." Shirou echó un vistazo a las escaleras y frunció el ceño cuando el olor a tierra lo golpeó por completo. No pudo ver como los ojos de Kohaku se abrían de par en par y estuvo a punto de detenerle de descender de no ser porque a la distancia los dos escucharon lo que habían aprendido a odiar ya.

SNAP! SNAP! SNAP!

Ni tarda ni perezosa, Kohaku había descendido ya por las escaleras, cerrando la escotilla detrás de si.

No tuvieron que bajar mucho hasta llegar a lo que parecía ser un almacén subterráneo que en efecto lo recordó a Shirou al que estaba debajo de aquella mansión abandonada de Fuyuki.

Fue en eso, que Shirou se fijó en una caja de los estantes y se acercó para inspeccionarla, solo para reprimir las ganas de saltar de alegría al ver que estaba repleta de piedras rúnicas. Cargándola desde ahí hacia la mesa, se fijó también en otras cajas bastante grandes que le fueron familiares.

"¡Este tiene que ser la guarida de Kaburagi!" Exclamó mientras las señalaba. "Estaban en el muelle de Fuyuki, las recuerdo. Y mira, hay hasta lo que parece ser un mapa aquí."

Y en efecto, un mapa amarillento que parecía haber visto días mejores estaba al lado de donde Shirou colocó la caja de las piedras preciosas, y que se ganó la atención de Kohaku. La ojiámbar observó cómo la cabaña figuraba en este, así como la parte más alejada de lo que parecía ser el internado en una esquina. Y que atrás de la cabaña a un buen tramo, corría una carretera.

Pero su atención se desvió cuando una piedra brillosa de un color verde sucio y que tenía grabada la efigie de una letra "t" fue a parar a una parte del mapa. La pelirroja volteo, y vio a Shirou hurgando en la caja con una expresión insatisfecha que llamó su atención.

Y más cuando lo escucho murmurar algo como: "Esta no." o "No me sirve."

"¿Qué estás haciendo?" Le pregunto, alzando una ceja.

La respuesta le vino en forma de otra piedra; esta vez una que era irónicamente un ámbar con la efigie de una "S" medio torcida. El ámbar fue colocado del otro lado de la caja, junto con otra que parecía ser un ópalo pero con el mismo símbolo.

"Son Piedras Rúnicas." Explicó Shirou mientras señalaba el ámbar. "Alguien les puso energía mágica adentro antes de grabar una runa, una letra mágica como esa que vez ahí. En teoría si las activo antes de arrojarlas, funcionan como bombas mágicas."

La ironía de la analogía no se perdió con Kohaku quien nuevamente parpadeo. "¿Pero porque dices que no te sirven muchas?"

Se sorprendió cuando las mejillas de Shirou se ruborizaron levemente.

"... Es que no se que hacen ni como funcionan las demás." Admitió muy para su vergüenza. "Solo conozco esta de aquí, Sól. Es la que me ha permitido hasta ahora usar rayos."

Siguió entonces buscando otras, antes de añadir.

"... Tampoco me queda mucho od. Use ya mucho con todo lo de hoy y no quiero terminar desmayado o peor si gasto mas de lo que tengo." Confeso con una pena aún mayor. "Lo que gasto activando una piedra rúnica no será mucho comparado a la energía que tienen estas, por eso necesito más. No creo poder crear otra espada como esa así como estoy ahora."

Aquello dejó a Kohaku pensando mientras que él seguía con su búsqueda.

'¿Od bajo?' Se preguntó en su mente, mientras que una nueva idea se formaba en esta. Idea que le hizo mirar a la bolsa que seguía cargando, y de la cual comenzó a buscar algo que estaba segura que había guardado.

Ajeno a eso, Shirou se estaba desesperando un poco ya. Encontraba de todo, menos piedras rúnicas con Sol grabadas en ellas. Solo hasta que se topó con una verde, que reconoció como un jade y que tenía el símbolo, soltó un suspiro de alivio. Tenía tres ya.

La depositó junto con el ámbar y el ópalo, antes de parpadear cuando se topó con algo más, bizarro, por falta de una palabra mejor, en el fondo de la caja. No era una gema, más bien parecía un cristal.

Un cristal largo y semi-transparente que al mismo tiempo parecía que reflejaba un destello arcoiris en su superficie. Estaba roto también, ya que le faltaba la mitad inferior... ¿O era superior?

"¿Y tu que eres?" Le pregunto, antes de oler como los circuitos mágicos de alguien que solo podía ser Kohaku se activaron, y saco por puro reflejo el cristal de la caja antes de colocarlo con las otras piedras y voltearse.

Lo primero que vio fue el bisturí que Kohaku sostenía con su mano derecha, mientras que en el dedo índice de la izquierda tenía una mancha roja de la cual comenzó a emerger una gota del mismo color.

"¿Kohaku?" Le pregunto, esta vez confundido.

"Shirou." La pelirroja intentó lucir sumamente calmada, antes de continuar a hablar. "Tengo algo que puede ayudarte con tu problema de od..." Mencionó, mientras señalaba a su índice sangrante con la punta del bisturí.

"... ¿Qué es y porque te cortaste?" Pregunto el ojiámbar, mirando nerviosamente la herida.

Kohaku pareció tener un debate con ella misma sobre qué era lo que debía de decir y que no, pero al final las ansias la consumieron.

"Hisui-chan y yo somos psíquicas." Confesó, y Shirou no pudo evitar abrir ambos ojos por la sorpresa.

"¿Que?" Pregunto ante aquella revelación, solo para que Kohaku continuará, habiendo agarrado ya un poco de más valor.

"... Los Fujou tenían otros poderes aparte de practicar taumaturgia. Este es uno de ellos." Reveló mientras daba un paso hacia adelante. "Podemos crear 'contratos' que le permiten a otros tomar prestada nuestra fuerza vital, nuestro od... Pero para hacer eso, primero necesitamos una conexión que solo existe con líquidos de vida... Tienes que beber mi sangre, y yo tengo que beber la tuya."

"... ¿Como los vampiros?" Pregunto Shirou, no pudiendo evitar el sentirse algo verde al respecto. Kohaku por su parte, asintió. Pero él podría jurar que no se veía asqueada por el tema... Más bien preocupada, lo cual despertó una sospecha en él.

"¿Qué es lo que pasa, exactamente?" Le pregunto.

"La sangre que vas a beber tiene energía mágica mía. Al mismo tiempo, tengo que beber sangre tuya que tenga lo mismo." Explicó Kohaku antes de soltar una especie de quejido confundido. "Es como un... ¿Ancla? que forma un camino entre las energías de los dos... Con eso formado, solo necesitas concentrarte en el ancla y jalaras mi propio od a ti... Llenando tus reservas de nuevo."

"... ¿Y no te lastima a ti?" Pregunto nuevamente Shirou. La expresión sumamente neutral, casi de muñeca de Kohaku fue todo lo que necesito para saber la respuesta de eso.

"... Puedo intentar tomar mana del aire otra vez..." Sugirió, sabiendo bien que eso era improbable. ¿Salir afuera cuando probablemente estaban ahí las criaturas esas las cuales no le darían ni un segundo para poder realizar aquello? Inverosímil.

Pero Kohaku solamente dio otro paso al frente, mientras le ofrecía el bisturí.

"Shirou, por favor." Casi le pidió. "Confía en mí."

Y la gota de sangre pareció casi brillar en respuesta, provocando que el pelirrojo se estremeciera mientras libraba una dura batalla con su consciencia... Que terminó con él aceptando el bisturí con su mano izquierda antes de perforar levemente con la punta la yema de su índice.

Activando su gatillo, hizo pasar energía mágica por los circuitos y una vez que vio la gota formarse, asintió.

"Esta bien." Dijo, y se acercó también al mismo tiempo que extendía su brazo con el fin de alcanzar la boca de su contraria justo cuando el dedo de esta estaba realizando lo mismo a la suya.

Fue casi algo sincronizado como ambas gotas cayeron al mismo tiempo seguidas por otras más, que dejaron un amargo sabor metálico sobre los labios de los dos. Al cabo de unos segundos, los dos apartaron sus manos.

"¿Ahora que?" Le preguntó Shirou no sintiendo nada diferente.

"No apagues tus circuitos aun." Respondió Kohaku, instruyendolo. "Quiero que encuentres algo como un anzuelo que tienes clavado en mi... Jalalo, y no te detengas hasta que yo te diga."

La instrucción no podía ser menos vaga, pero Shirou no estaba en ninguna posición de ser exigente. De por si, lo que estaba haciendo no le generaba nada agradable.

Se concentró en la descripción de su amiga, y no tardó en justamente detectar algo que parecía salir de él y desembocaba en Kohaku.

Suspirando, sabiendo que iba a ser algo que no le iba a gustar... Tiro de esta al desearlo... Y casi al instante, algo más se desprendio directamente de Kohaku rumbo hacia el.

"Ugh..." Se quejó cuando de la nada, un torrente dorado inundó sus circuitos como si fueran canales y sus aguas fueron a parar a un gran pozo ubicado en el centro de la nada.

Era imposible para Shirou poder describir cómo se sentía en aquellos momentos. Lo más parecido, era aquella vez que había reforzado su brazo en el muelle... Pero ahora en todo su cuerpo y desde adentro.

... Se sentía como si pudiera repetir aquel truco con el círculo de las runas al menos unas cinco veces más.

"¡K-kuh...!"

Un quejido interrumpió aquella euforia, haciendo que abriera los ojos al caer en cuenta de que había pasado.

"¡Kohaku!" Exclamó, preocupado antes de cortar de golpe la conexión tras ver como la pelirroja se estremecía. De la nada, Shirou separó la escasa distancia que los unía y arrojó el bisturí hacia las piedras, haciendo que el cristal se recorriera levemente contra el borde.

Sin saber que hacer, Shirou la abrazó en un intento por calmarla, solo para que ella se retorciera entre sus brazos y lo rasguñara en una mejilla.

"Tranquila, tranquila. ¡Soy yo! ¡Soy yo!" Repitio a pesar del ardor en su mejilla. "Tranquila."

La pelirroja finalmente pareció calmarse, y respiro entrecortada antes de mirarlo con algo que no reconoció.

"... T-te dije que hasta que yo te dijera..." Casi le reprocho, inconscientemente apretandolo ahora con sus brazos.

"¿Contigo asi? Ni hablar." Le respondió Shirou. "¿Estas bien?"

Kohaku asintió algo reacia, antes de echarle una mirada a sus brazos. "... Al menos, funcionó."

"¿De qué hablas? ¿Oh?" Shirou miró también como estos estaban cubiertos ahora con todos sus circuitos mágicos, de los cuales había muchos otros brillando debajo de su camiseta y pantalones. Todos y cada uno de ellos, lleno con od.

Tink

Ambos escucharon un tintineo y voltearon hacia atrás, justo a tiempo para ver como aquel cristal bizarro se caía de la mesa.

"¡Lo tengo!" Exclamó Shirou mientras extendía su mano derecha, algo teñida ahora por la sangre que seguía chorreando en hilillos desde su índice, y sujetaba el cristal antes de que este cayera al suelo.

Entonces...

La sangre de su mano comenzó a ser absorbida por el cristal, haciendo que los dos se sobresaltaran y no tardó en sentir como algo de od de su mano iba a parar al interior de este.

"¿Que demo-?" Shirou no alcanzó ni a terminar de hablar, cuando un toque eléctrico recorrió su brazo y del interior del cristal comenzará a brillar una especie de segmento en diagonal que giraba sobre sí mismo a una velocidad mucho mayor. Entonces, una luz se proyectó de este contra la pared y comenzó a adoptar una apariencia semi sólida.

"¿Hmm? ¿Niños? Agradezco mucho quien haya sido de los dos el que otorgó su sangre y od al cristal fotónico." Habló una voz bastante tranquila que logró calmar sus ansias. De la proyección entonces, alcanzaron a ver el rostro de una mujer... No, un hombre de apariencia androgina cuya piel era bastante palida, que poseia un largo y sedoso cabello negro recogido en una coleta atrenzada que caia sobre su hombro derecho y que al igual que ellos, poseia unos ojos color ambar.

Ojos que se fijaron en ellos dos, y que estaban llenos de una calidez que podía ser transmitida a pesar de ser una proyección. Para Shirou, era parecida a la mirada del maestro que todos querían en la escuela.

"Ah... Creo que fui yo." Respondió, ganando la atención de la proyección del hombre.

"Te lo agradezco mucho, querido niño. Una suerte que hayas sido un joven magus." Asintió el rostro antes de añadir. "Me parece casi un milagro como este cristal pudo aguantar sin recibir energía mágica luego de días... Y encima en este estado. ¿Puedo preguntar por tu nombre?"

A pesar de sonar de lo más amigable, Shirou tenía sus dudas. Era algo que parecía pensar por su cuenta y lo había hallado en la guarida de un traficante mágico... ¿Quién sabe qué cosas podría hacer?

"Ah... Mi padre me dijo que no debería de darle mi nombre a extraños." Respondió, sintiendo grima por ser la excusa más tonta que se le ocurrió.

La proyección del rostro parpadeó, perplejo antes de asentir muy para su sorpresa. "Oh, es verdad. Lo lamento mucho. En ese caso, permítanme introducirme a mí mismo... Y si bien no es algo muy ortodoxo dado el caso, no tengo el corazón para ocultarle la verdad a dos niños como ustedes. Mi nombre es Paracelsus, y soy el Servant Caster de este curioso ritual de Zipango que es la Guerra del Santo Grial."

Si bien el rostro de Kohaku solo pudo mostrar confusión, el de Shirou en cambio era uno de sorpresa tremenda.

"... ¿Eres un Servant?" Pregunto, completamente impactado.

"¿Qué es eso?" Susurro Kohaku, solo para recibir un "Te lo cuento después".

"¿Ohhh? ¿Estás familiarizado con los Ghost Liners?" Pregunto Paracelsus con algo de sorpresa. "No... ¿Pero si con este ritual, verdad? Curioso, pensé que la hija de mi Master seria la unica infante pegada a este conflicto."

"... Pero la Guerra se supone que terminó hace dos años." Señaló Shirou confundido. "Mi papá y mi maestro estuvieron en ella y eso dijeron..."

"... ¿Hace dos años dices? Imposible." Respondió Paracelsus. "Pareciera que fue casi hace unos días que mi original trasplantó todas sus notas sobre el trabajo encargado por el maestre Reiroukan."

Aquel nombre despertó un recuerdo en Shirou.

Ojos Puros... Robados de Reiroukan..." Tradujo con algo de esfuerzo, antes de detenerse al leer lo siguiente. "M-Makihisa Tohno... Los busca... ¿Tokyo?"

"¿El nombre de tu Master era Reiroukan?" Pregunto. "¿Eso tenía que ver con unos ojos mágicos o por encargo de alguien con el apellido Tohno?"

La proyección abrió un poco más los ojos antes de susurrar.

"... Efectivamente..." Confirmó con asombro. "¿Pero cómo sabes eso? ¿Qué ha ocurrido? ¿Tienes alguna relación con el maestre Reiroukan? Recuerdo vagamente escuchar que sus vasallos tenían hijos."

"... Tohno contrato a mi padre para buscar unos ojos mágicos. Encontré una nota que decía que habían sido robados de alguien llamado Reiroukan... Y al parecer estos los tiene o los tuvo un traficante mágico llamado Kaburagi... Quién nos está persiguiendo porque odia a mi padre y estamos justo en su guarida escondidos."

"Dios bendito." Respondió el holograma antes de parecer tragar saliva y quedarse callado por casi un minuto antes de preguntar. "¿Podrías hacerme un favor, jovencito? Sigue sosteniendo el cristal asi y dime tu nombre."

El pelirrojo parpadeo y compartió una mirada con Kohaku quien había permanecido en silencio hasta ahora, no teniendo ni la menor idea de que estaba pasando, y terminó por encogerse de hombros.

Tomandolo como aprobación, Shirou alzo una ceja antes de hablar.

"¿Okay?" Respondió con algo de dudas a la par que seguía sosteniendo el cristal que resultaba contener al fantasma de una de las cosas que habían surgido por una guerra mágica de años atrás.

"Codigo Tattva. Amarillo, Plateado, Rojo, Azul, Purpura. Transferencia de vasallaje a Shirou Emiya." Recito la proyección justo a la par que los colores nombrados brillaron desde adentro del cristal. Entonces la proyección se torno algo borrosa como si tuviera estática, antes de volver a estabilizarte al mismo tiempo que Shirou sentía un leve ardor en el dorso de su mano derecha, hasta que noto como la efigie carmesí de una sola flecha aparecia ahi, antes de desvanecerse como si nunca hubiera existido.

"¿Qué fue eso?" Pregunto, con algo de más brusquedad de lo que le hubiera gustado.

"Lamento mucho haber tenido que recurrir a algo como esto, Shirou-kun." La voz de Paracelsus nuevamente pudo escucharse. "Mucho me temo que hay cosas que aclarar. No soy el Servant Caster Paracelsus invocado en el Ritual del Sentimiento del Cielo... En realidad, podrías decir que soy más bien algo que podríamos llamar una Inteligencia Artificial."

"¿Una que?" Esta vez vino la pregunta de los dos niños.

"No, un familiar más bien. Soy una mezcla de pensamientos aleatorios del Paracelsus invocado dos años atrás de acuerdo con ustedes, que fueron finalmente acomodados con el fin de crear un guardián y administrador de la información recopilada por el original para el encargo del maestre Reiroukan." Intento explicar mejor la proyección. "No soy una copia ideal del original ni cuento con todos los rasgos de su personalidad y mucho menos su conocimiento. Fui creado solo con las funciones más básicas y encima con límites... Mi único propósito es preservar y mostrar lo que el original pudo descifrar de aquel enigmático pergamino que indica la preparación del Sagrado Elixir de Acala."

El término pasó de largo por la mente de los dos.

"¿Y eso es?" Pregunto Shirou, alzando una ceja.

"De acuerdo con la información proporcionada por maestre Reiroukan que seguramente vino de Tohno-san, se trata de un brebaje místico elaborado cientos de años atrás que aparentemente cuenta con la propiedad única de purgar forzosamente la polución del linaje demoníaco de aquellos que desciendan de estos seres." Respondió Paracelsus o mejor dicho, la I.A basada en él. "En términos más sencillos... Es capaz de ponerle fin a la existencia de las familias de Zipango que sufren de este mestizaje."

"... Imposible." Esta vez la voz vino de Kohaku quien sonaba sumamente escéptica ante aquella revelación. "¿Y eso de que explica que le hayas puesto esa marca a Shirou luego de pedir su nombre?"

Para su lado bueno, el rostro de Paracelsus mostró algo de pena. "Lo lamento, pero era necesario... Si es que no fuera lo suficientemente obvio, este cristal fotónico se encuentra roto. Al parecer, durante el curso de dos años, el sistema alojado en este ha sacrificado docenas de volúmenes de información registrada con el fin de mantener el resto con vida. Mi directiva busco la forma mas rapida de terminar con este canibalismo... Y determinó con el rico od encontrado en la sangre de Shirou-kun que la más viable era estableciendo un contrato formal de administración sobre esta unidad a cambio de energía... ¿Que fue eso?"

Se cortó de repente al escuchar algo a la distancia que fue captado por los dos pelirrojos también. Venía de las paredes, y se estaba acercando.

RUMBLE! RUMBLE! RUMBLE!

El olor le llegó también a Shirou, quien rápidamente pudo detectar una fuerte distorsión que venía desde la derecha. "Sostén esto, por favor." Le pidió a Kohaku mientras depositaba el cristal en sus manos.

"Trace on." Murmuró, concentrándose en llamar de nuevo a la espada. Junichirou Touzaki se manifestó al cabo de unos segundos con todo el esplendor que podría tener como una copia apenas Shirou término de reforzarla... Y casi al instante, inició el proceso de alteración para convertirla en el arma que necesitaba.

"Wow..." Se sorprendió Kohaku con el nuevo proceso, mientras que la proyección de Paracelsus miraba con algo de interés.

"¿Transmutación Material aplicada? Vaya, ciertamente algo singular."

'Necesito algo con que grabar la runa... ¿Pero qué?' Pensó Shirou, antes de fijarse en el bisturi abandonado sobre la mesa y tomarlo. La cuchilla, aun cubierta en sangre, logró dibujar forzosamente la silueta de la letra mística a la cual Shirou dio vida apenas canalizo energía mágica a esta.

Al mismo tiempo, la misma pared de la que había tenido sus sospechas colapso cuando algo parecido a un taladro rudimentario hecho de piedra se asomó detrás de esta, seguido por el cuerpo de una de las criaturas que habían visto, pero con proporciones enormes.

"... Hola, mocoso." La voz de Kaburagi se escuchó desde el pico de la monstruosa ave de lodo y tierra que tenía por cabeza. "¿Quien te dio permiso de jugar con mis cosas?"

Shirou en respuesta, guardó el bisturí en su bolsillo antes de colocar ambas manos en el mango y blandió la espada, un par de metros enfrente de él.

"Hmmm." La otra garra de la criatura que el traficante parecía estar controlando directamente soltó un chasquido cuando los ojos, que eran nada más ni nada menos que cuarzos, se posaron en la proyección que surgia del cristal. "¿Qué tenemos aquí? Ese cristal fotónico roto se suponía que era una basura que solo estaba en el fondo de la caja. ¿Como lo activaste, engendro?"

"Kohaku, corre." Respondió Shirou mientras se esforzaba en no temblar mientras que sus ojos iban desde la descomunal tenaza en su flanco derecho hasta el taladro en el izquierdo.

"¿A donde?" Pregunto la ojiámbar, sosteniendo aún el cristal, mientras que la bolsa había quedado ya en un rincón, abandonada.

"Aquellas escaleras serían una buena opción..." Intentó ofrecer la I.A de Paracelsus, solo para ser interrumpidos por la risa del traficante, la cual sonaba increíblemente bizarra desde la boca de su familiar.

"Jajaja... No iran a ningun lado." Respondió, mientras hacía girar el taladro antes de dar un par de pasos hacia Shirou. El pelirrojo por otra parte, retrocedió mientras esperaba que hiciera el primer movimiento.

... Esto no iba a ser como con la otra cosa que había fusionado a cinco. Ni siquiera iba a ser como un duelo de kendou contra Taiga.

No, era algo como contra ese tal Togo cuando su brazo estaba mutado en algo horripilante. Una pelea de verdad y Shirou estaba bastante seguro de que no era algo que disfrutar.

"¡AJA!" Se jacto Kaburagi antes de lanzarle una acometida con su tenaza, la cual se cernio sobre él como una tijera gigantesca. Shirou evitó el golpe al saltar hacia atrás justo a tiempo para evitar un embiste con el taladro rotatorio que hizo despedir chispas en todas las direcciones, con más de una yendo a parar a su piel y haciéndole sentir leves quemaduras.

"¡Agh!" Se quejó.

"¡Shirou!" Exclamó Kohaku, angustiada desde donde estaba, pero impotente para poder hacer algo.

"¡JAJAJAJAJA! Hey, mocoso. ¡Prueba esto!" Continuó mofándose Kaburagi antes de aprovechar la posición para intentar descargar otro golpe con su tenaza.

Solo para que...

¡ZOOM!

En un endemoniado ejemplo de agilidad, Shirou alcanzó a desplazarse hacia aquella dirección por abajo, evadiendo no solo el golpe sino que descargando también un tajo contra la sección inferior de la tenaza, cortandola limpiamente.

La criatura artificial retrocedió antes de ver cómo la extremidad estaba arruinada, y la risa del traficante volvió a escucharse.

"JAJAJAJAJAJA. Buen intento, chico."

Y para el horror de los dos niños, la tenaza comenzó a repararse a partir de la misma tierra que componía el resto del cuerpo. La pinza soltó un chasquido, antes de que Kaburagi preparara un truco más.

"¿Qué te parece esto mejor?"

El taladro volvió a girar, antes de clavarse en el suelo y disparar en todas direcciones varios trozos de este y tierra de los cuales, más de uno estuvo a punto de causarle heridas tanto a Shirou como a Kohaku, quienes los evadieron respectivamente al moverse de un lado para otro y al esconderse detrás de un contenedor.

... Pero que cumplieron el propósito de hacer que el ojiámbar apartase la vista de su oponente y que en consecuencia...

"¡Ughh..!" Aun cuando lo intentó bloquear, el impacto de un costado de la tenaza lo empujó con tanta fuerza que casi le hizo perder el aliento.

"Oye, Paracelsus..." Shirou se dirigió a la proyección. "¿No puedes echarme una mano con esto?"

"... Es algo increiblemente similar a mis elementales artificiales." Respondió la Inteligencia Artificial. "Pero burdo en todos los aspectos. Es como si alguien hubiera cosido forzosamente varios familiares dentro de uno solo y luego los controlara directamente."

"¡¿Eso de que le sirve?!" Pregunto Kohaku, antes de soltar un respingo al verlo moverse hacia otro lado luego de que Kaburagi intentará embestirlo por segunda vez con el taladro.

"Bueno... Al ser una entidad de la tierra, el rayo de tu espada debería de ser viable contra este... A menos que el otro inyecte energía mágica una y otra vez en las zonas afectadas... Y pues..."

"¡Cierra la puta boca!" Exclamó el traficante, antes de que la espalda de la criatura se abultara y aquel maldito sonido se escuchara de nuevo.

SNAP! SNAP! SNAP!

Una, dos, tres de aquellas cosas brotaron desde ahí y se arrastraron en dirección de Kohaku.

"¡Vete al carajo!" Shirou intervino, antes de conseguir saltar para interceptarlos y logró matar a uno de un tajo. Solo para que Kaburagi gruñera y lo asaltara esta vez con la cola que hasta entonces, ninguna de las criaturas había usado.

Kohaku por otra parte, corrió para evitar a las dos que aún la perseguían, y sus ojos se fijaron de inmediato en la bolsa que había llevado desde que la pesadilla inició.

Por otro lado, el peculiar combate entre el niño y el familiar ya había causado innumerables destrozos en el lugar. Amplias estanterías con sus cajas con todo y contenido habian caido, desperdigandose en múltiples direcciones mientras que Shirou se esforzaba por intentar causarle el mayor daño posible con su espada eléctrica a la cosa, solo para que este se recuperara en cuestión de segundos y arremetiera con mayor ímpetu.

"¡¿Alguna idea que me pueda servir?!" Pregunto, esquivando de puro milagro el taladro que aplastó sin misericordia un mueble de madera sobre el que había estado apostado medio segundo antes.

"Una descarga eléctrica lo suficientemente poderosa y concentrada en una parte de su cuerpo podría ser la solución." Escucho a la proyección hablar. "Un pararrayos o cualquier pieza de metal sería ideal..."

MUY TARDE, CHICO!" La cola de la criatura intentó emboscarlo desde abajo, con la intención de hacerlo tropezar. "¡NO TIENES AQUÍ ALGO COMO ESA PIEDRA APESTOSA!"

'¡Piedra! ¡Piedra!' Los ojos de Shirou se fijaron en la mesa en la cual todavía reposaban las que había encontrado y una idea se le vino a la mente. Pero al parecer algo debió de haberse mostrado en su rostro, porque la criatura se interpuso en su camino y arremetió de nuevo, forzandole a moverse hacia su flanco derecho con el fin de pasar de largo.

Del otro lado, Kohaku había llegado ya a la bolsa y se había subido a un estante, con los dos bichos siguiéndole la pista.

"¿Qué haces? No creo que con un cerillo puedas doblegarlos" Pregunto Paracelsus al ver a la chica prendiendo uno, solo para entonces dejar caer una de las botellas con la mecha encendida sobre las criaturas, que quedaron envueltas en llamas al instante y cayeron al suelo, siendo carbonizadas.

"... Ingenioso." Comentó la proyección, solo para ver como la ojiámbar aún no había terminado y que de hecho, se preparaba para encender muchas más... Con un objetivo claro a la vista, y muy grande.

Alrededor de tres botellas, todas las que quedaban impactaron desde atrás a la criatura que vio aquella mitad inferior cubierta por las llamas.

"¡¿QUE MIERDA?!" Protesto Kaburagi mientras perdía el control de su familiar, el cual se desplazaba ahora sin rumbo fijo por el desolado lugar y con cuyos impredecibles movimientos, consiguieron de pura suerte hacer que Shirou no alcanzará a bloquear bien un golpe y fuera enviado contra una pared.

"... Agh." Se quejó el pelirrojo, dejando caer la espada mientras intentaba recuperarse del impacto. Sintió algo perforar uno de sus bolsillos, y miró hacia abajo como la punta del bisturí que había tenido en estos se asomaba. Entonces recordó.

"Cualquier pieza de metal sería ideal."

Le echó una mirada a la espada con la runa aún brillando en un tono azulado bañado con el carmín de la sangre impregnada en la cuchilla usada para grabarla... Y una nueva idea recorrió su mente.

Tomando el bisturí tras levantarse, lo reforzó levemente y arrojo justo en medio del cuerpo del familiar, quien a duras penas sintió tal impacto pero logro recordar la existencia de su oponente en cambio.

"... Tu..." Escuchó a Kaburagi gruñir nuevamente, mientras que Shirou se concentraba en levitar la espada y apuntaba justo al cuerpo.

"¡SÓL!" Gritó con la intención de dispararla, solo para que un auténtico relámpago emergiera en su lugar de la cuchilla envuelta por aquel manto azulado e impactara con una furia brutal el bisturí clavado en esta.

"¡AGHHHHHHH!" Grito Kaburagi antes de que el rayo se disipara y quedará solamente una pila enorme e inutilizada de tierra... Con la excepción de la cabeza que milagrosamente parecía haber sobrevivido con varios daños.

"...Voy a por ti, mocoso. Voy a por ti. No se como le hiciste para que tus amiguitas pudieran matar a mi Akateko... Pero esto de aquí es lo último. Intenta correr si puedes, pero voy a por ti-AHG."

Shirou clavó la espada en el centro de la cabeza, reduciendola a añicos y suspiro.

Kohaku se acercó cargando el cristal mientras lo miraba con una mezcla de asombro y preocupación.

La inteligencia artificial por otra parte...

"... Hmm, parece que escogí bien al guardián de esta unidad."

xXx

Academia Privada Reien - Estacionamiento.

Makihisa ni se molestó en estacionar bien el auto en algún punto enfrente del edificio. Las puertas se abrieron y rápidamente todos los pasajeros salieron del vehículo antes de mirar el lugar.

"¿Debería de lucir así de abandonado o es idea mía?" Pregunto Hyouma, intentando evadir la tensa atmósfera de los cuatro.

"Justo en un dia como este... No, hay algo más raro. Vamos." Indicó Makihisa sin elaborar a que se refería. Ninguno se atrevió a discutirle a la par que entraban por lo que parecía ser la puerta principal que daba paso a una recepción en la que no había nadie.

"Está demasiado tranquilo." Comentó Kiritsugu, extrayendo de una vez desde su gabardina la MDJ-09, la cual parecía estar cargada ya. "No me gusta. No me gusta para nada." Y logró asomarse en un pasillo antes de paralizarse al ver algo en este. "Vean esto."

Los otros tres lo siguieron, y pudieron ver a un hombre uniformado desplomado contra el suelo. Afortunadamente, había ido a parar justo a una sección donde se encontraba una alfombra, ya que de lo contrario la caída hubiera traído consigo consecuencias probablemente fatales.

Kiritsugu se acercó antes de agacharse y sacudirlo solo para darle la vuelta y entornar sus ojos, reconociendo los síntomas.

"Fentanilo." Sentenció, antes de elaborar. "Es un opioide cincuenta veces más potente de lo normal que es usado como analgésico a veces... Pero tiene un uso como somnífero bastante eficaz, dejando a quienes se lo toman más como un cadáver que como una persona."

"¿Cuales son las probabilidades de que encontremos a todos los guardias y otras autoridades de aquí en ese estado?" Pregunto Makihisa.

Kiritsugu realizó una mueca. "No tenemos ni siquiera inteligencia de que fue lo que paso. Solo que de alguna manera, Kaburagi apareció por aquí y terminó por perseguir a Shirou y una de las gemelas por el bosque... Mientras que tu hija y la otra eran perseguidas por un youkai."

"Y ni siquiera sabemos dónde está el viejo..." Hyouma añadió antes de quedarse callado y de la nada abrir su bolsa, de la cual sacó algo peludo que se movía.

Kiritsugu reconoció de inmediato a una de sus ratas familiares.

"¿Qué haces?" Pregunto Waver.

"Esta cosa recuerda el olor del viejo, podría llevarnos hasta él si se lo ordeno." Explico el rubio antes de gruñir algo que ninguno alcanzó a escuchar con claridad. La rata respondió con un chillido antes de olfatear el aire, y comenzar a correr hacia el otro lado del pasillo.

En el proceso, encontraron un par de guardias más también tumbados y justo al lado de un depósito de agua. Kiritsugu noto los vasos derramados muy cerca de ellos y comento. "Alguien coloco el fentanilo en el agua."

Casi por puro instinto, ninguno de los tres se atrevió a acercarse a los charcos.

Ajeno a ellos, el familiar continuó con su recorrido llevándolos a otro cruce de caminos en el cual se toparon con varias marcas de golpe contra las baldosas.

"¿Que rayos?" Preguntó Waver, al ver como una de ellas había grabado una marca sospechosamente parecida a la de los cinco dedos de una mano.

"Ay no... Eso sí que es un Akateko." Sentenció Hyouma con una mueca. "Y es grande, el condenado."

"¿La mano demoniaca de la que hablaste?" El britanico fruncio el ceño al ver los golpes. "Parece que estuvo persiguiendo a alguien."

En eso, la rata chilló de nuevo y la vieron perderse por la esquina. Una vez que la alcanzaron, esta se encontraba arañando la puerta. Arriba de esta, un cartel rezaba: Enfermería.

Makihisa fue directo a abrirla, sólo para descubrir que estaba cerrada y gruño al intentar forzar la manija.

Kiritsugu por otra parte activo sus circuitos mágicos antes de colocar su mano en esta y comenzó a canalizar energía mágica poco a poco, hasta hacer que esta se rompiera, pudiendo abrir así la puerta.

Los cuatro entraron a la nueva estancia, topándose con un Sougen tendido en una camilla e inerte.

Hyouma fue el primero en acercarse y soltó un suspiro de alivio. "Esta vivo al menos... Solo que bajo una maldición. ¿Alguien puede ayudarme? Creo que se como quitarsela."

Waver dio un paso hacia el frente mientras activaba sus circuitos. "¿Qué debo de hacer?"

"Sostén a la rata primero." Le instruyó, causando que los tres alzaran una ceja. Waver recogió al familiar quien no opuso la menor resistencia y la colocó entre sus manos.

"¿Asi esta bien?" Hyouma asintió, mientras activaba los suyos. "Mantén tu od sobre tus manos como un escudo y no lo retires de ahí, no te va a gustar. Creeme." Le advirtió.

Y entonces hizo que un par de caracteres que Kiritsugu y Makihisa alcanzaron a identificar como 呪い (Maldición) flotaran por encima del curandero a la par que murmuraba algo. Entonces, una especie de masa de un púrpura oscuro con matices carmesí terminó por surgir del cuerpo de Sougen hasta ser atrapada por la red de caracteres.

Y entonces de la nada, esta fue a parar a la rata en las manos de Waver quien emitió un chillido al sentir la maldición ahora en su cuerpo antes de desplomarse débilmente.

"... ¿Que?" preguntó Waver luego del espectáculo.

Kiritsugu y Makihisa por otra parte se limitaron a observar la escena en un raro momento de ponerse de acuerdo.

"... Ugh, es posible remover maldiciones de algo o alguien solo si se la pasas a otra cosa casi al instante." Una quinta voz se escuchó apenas Sougen abría los ojos y los miraba con un humor peor.

"Si no fuera una cosa grave diría que esta es una pesadilla, viendo a quienes tengo reunidos aquí." Sentenció amargamente, antes de mirar a Waver y añadir. "Tu no, hijo. Y suelta esa cosa. No querrás tener una rata impregnada con una maldición cerca de ti, ¿o si?"

Acto seguido, Waver la dejó caer.

"Sougen." Kiritsugu habló. "¿Que demonios paso aquí?"

El curandero resoplo. "¿Aparte de que tu suerte de perros es contagiosa y se le pasó al pobre de Shirou-kun? Es una larga historia... Pero ni de loco tengo tiempo de contartela. ¡Ve al bosque y rápido! Tu hijo está ahí jugando a las escondidas con ese loco con quien te peleaste en Fuyuki."

"¿Qué hay de Akiha y las gemelas?" Intervino Makihisa.

"Se que ellas y su amiga salieron de aquí. Escuché que iban a llamar por teléfono a tu casa y salieron de aquí." Sougen meneo con la cabeza. "Estaba al tanto de lo que pasaba... Pero la maldición no me dejaba ni hablar... Ugh."

Intento apoyar sus pies contra el suelo, solo para gruñir cuando este cedieron.

"Agh.." Se quejó.

"Sagara, tu vienes conmigo." Sentenció Makihisa antes de añadir. "Vamos a seguir el rastro de esas marcas en las baldosas. Ustedes dos pueden ir al bosque a por Kohaku y tu hijo, Kiritsugu."

"¿Kohaku?" preguntó Sougen incrédulo. "¿Como que ella esta tambien en el bosque?"

xXx

Cabaña Abandonada - Almacen Subterraneo de Kaburagi

Quemaduras y moretones de ese tipo eran afortunadamente muy fáciles de curar para Kohaku, quien estaba por terminar con las últimas que tenía Shirou justamente en su brazo derecho mientras que este por fin acababa de contar que era un Servant y le daba un mejor contexto de qué cosa había estado hablando con la proyección, quien seguía activa y apoyada en el suelo.

Un dispositivo mágico que podía invocar las almas de siete héroes legendarios del más allá y ponerlos a competir entre sí mientras hacían equipo con otros siete magi. Decir que estaba perpleja era poco.

Que la proyección fuera al parecer una copia de la personalidad de uno de los siete héroes y que contuviera información de algo que él buscaba desesperadamente adquirir, no ayudaba tampoco.

Casi como si supiera sus pensamientos, la proyección se dirigió a ella.

"Hmm, ¿Kohaku-chan, si?" Preguntó la I.A a lo que ella asintió tímidamente. "Veo que tienes aptitud para taumaturgia curativa, eso es bueno." Hasta le sonrió y todo, pero solo le causó un escalofrío.

"Y eso es básicamente todo lo que sé, Kohaku." Finalmente terminó Shirou, suspirando de nuevo mientras veía como su espada eléctrica seguía encendida. En serio, necesitaba averiguar cómo hacer algo mejor que eso algún día.

Aunque primero, necesitaban salir de ahí en cuanto antes.

"Shirou-kun." Alzó un poco su cabeza al escuchar a la I.A dirigirse a él. "Antes de que fuéramos interrumpidos por este malhechor, te había comentado que ahora actúas como el administrador de esta unidad. En tanto tu firma biomágica esté ligada a mi base de datos, eres la única persona viva o muerta capaz de acceder a esta. ¿Es reversible? Tendría que realizar un mantenimiento que me dejaría inerte para averiguarlo."

"¿Y cuánto tomaría eso?" Pregunto Shirou.

"Una hora y media a más tardar." Respondió la I.A, antes de añadir a la par que fruncía su ceño. "A propósito... Sugiero que los dos evacuen ese sitio antes de que ese hombre llegue. Si bien la destrucción de un familiar en el cual un magus ha mantenido un control directo puede dejarlos heridos, mucho me temo que la tenacidad de este es tal que aquel tropiezo no lo retrasara mucho."

"¿Crees que podría ganarle si peleo con el asi?" Pregunto Shirou, casi sabiendo que la respuesta iba a ser negativa.

"Lo dudo mucho, honestamente." Si tenía alguna esperanza, está se fue al caño apenas escuchó aquello. "Aun con la cantidad de energía mágica que tienes a tu disposición, puedo notar que eres un inexperto. No llegas ni siquiera al nivel de un magus de rango Frame."

"¿Frame?" Pregunto Kohaku, siendo ignorada por la I.A

"Entonces tenemos que salir de aquí." Continuó Shirou, antes de que su vista reposara en el mapa que afortunadamente no se había visto dañado durante la pelea. "Y eso nos puede servir."

Siguiendo su mirada, Kohaku lo tomó antes de acercarlo con el fin de que ambos y la proyección del cristal pudieran verlo.

"Si seguimos todo derecho en esta dirección... Vamos directo a una carretera, ¿no?" Sugirió Kohaku, antes de que el índice de la mano derecha de Shirou apuntara a otra parte.

"Esto parece ser como una gasolinera. Podemos llegar por ahí y pedir ayuda para que nos lleven a Misaki, pero..." El ojiámbar frunció el ceño. "Si hacemos eso... ¿No sería como dejar a las demás y a Jinan-san aquí atrás? ¿Qué tal si este va tras ellos?"

"No creo que estén siquiera en la escuela..." Respondió la gemela mayor. "Eso que dijo el hombre de que le hicieron algo a una cosa que estoy segura de que fue su humano también nos ayuda... Quizas lograron contactar ya al maestro o a tu padre con el número que les deje."

"Secundo la moción, y les recomiendo que lo hagan cuanto antes." Añadió por su parte la I.A antes de parpadear. "Entrare en letargo nuevamente. Les deseo la mejor de las suertes y... Activame igual que esta vez, Shirou-kun… Usa el Sello de Comando."

Apenas dijo eso, la proyección cesó y el cristal perdió todo su brillo.

"... No me agrada." Escuchó a Kohaku decir y no pudo evitar resoplar con eso.

"A mi se me hace raro, pero no puedo dejarlo aquí si es importante para Makihisa-san." Mencionó Shirou antes de recogerlo y dejarlo en su bolsillo. Se acercó también a la mesa donde estaban las tres piedras rúnicas que había recolectado antes, y las colocó también en este.

Por último, recogió la espada en el suelo y le ofreció su mano libre a la pelirroja. "¿Vamos?"

Ella asintió, echando un último vistazo al subterráneo y los dos no tardaron en ascender por las escaleras. Menos de un minuto después, estaban fuera de la cabaña.

"... Vaya." Comentó Shirou al notar el enorme agujero en la tierra de una parte del claro. Obviamente el sitio por donde había cavado aquella cosa que Kaburagi había usado para atacarlos.

Pero no se quedó mucho tiempo a admirarlo, porque sintió como Kohaku jalaba su mano, instándole a avanzar a la dirección contraria. Los dos pelirrojos se internaron en otra parte del bosque, mirando el mapa que Kohaku llevaba, mientras que se mantenían atentos a cualquier ruido llamativo.

Shirou incluso olfateaba el aire ocasionalmente, intentando detectar algo único. Pero nada más allá de energía ambiental era lo que alcanzaba a oler.

Intento mirar a su alrededor también, pero solo veía árboles, arbustos y uno que otro peñasco en medio de la nada. A su izquierda, un grupo de cuatro de ellos se perfilaban casi como velas triangulares o aletas.

Sentía que la vegetación se estaba volviendo bastante asfixiante y eso le inquietaba, a decir verdad.

Llevaban caminando varios minutos ya en silencio cuando de la nada, escucho a Kohaku hablar.

"¿Sabes? Estaba mal, Shirou." Comentó de repente, causando que el pelirrojo alzara una ceja antes de preguntar.

"¿En que?"

"Creí que no sabías pelear, solo que tenías uno que otro truco… ¿Pero todo esto?" Continuó Kohaku mientras fruncía el ceño. "No se que pensar."

Esta vez fue su turno de alzar una ceja al escuchar como Shirou se reía nerviosamente.

"¿Pelear? La verdad es que solo he tenido suerte… Además de que me ayudaste ahí abajo contra esa cosa, ¿no?" La respondió, encogiéndose de hombros. "Yo digo que hasta ahora ha sido cosa de los dos… Trabajamos bien, ¿no?"

"... ¿Ah?" Un escalofrío distinto recorrió la columna de la pelirroja al escuchar aquello. Estuvo a punto de responder cuando…

CRACK!

Aquello no había sido natural. Shirou olió el aire y alcanzó a detectar una fuente de energía mágica distorsionada detrás de ellos, volteo y miro al grupo de peñascos que había visto antes.

... ¿Porque eran tres? ¿Dónde estaba el cuarto?

La respuesta le llegó demasiado pronto cuando la tierra a un par de metros de distancia comenzó a temblar de una manera que recordaba haber visto antes.

"... Kaburagi, puede crear terremotos." Murmuró.

Sintió como la mano de Kohaku apretaba la suya y se dirigió a ella.

"Corre." Fue lo único que él alcanzó a decir, antes de que en algún punto a veinte metros de distancia la tierra se abultara y de esta surgiera justamente aquel peñasco, que ahora sí parecía una aleta.

Y entonces comenzó a moverse a una velocidad preocupante justo hacia la pequeña colina de una forma que le recordaba a Shirou al tiburón asesino de una vieja película americana que había visto con Taiga.

Ambos corrieron colina abajo, logrando llegar a lo que parecía ser el banco desértico de un antiguo riachuelo el cual cruzaron rápidamente hasta la otra orilla, decididos a internarse nuevamente en el bosque.

SPLOCH!

Por el rabillo del ojo, Shirou alcanzó a ver fragmentos de tierra y algo de lodo volar en múltiples direcciones y terminó por voltearse para ver qué clase de cosa había salido de la colina.

Del boquete recién creado se asomo un morro rectangular con unas fauces sin dientes abiertas de par en par cuyo dueño se deslizó fuera del túnel permitiéndoles a ambos identificar cuál era el anime cuya forma había adoptado.

Desde el cuerpo largo y hecho de tierra y piedras que formaban un crudo tapiz que imitaba escamas, hasta las pequeñas aletas en ambos costados bastante próximas a la cabeza y la aleta desproporcionada en el lomo... Lo que terminó por delatarlo era el par de bigotes hechos con raíces muertas que brotaban de partes aleatorias de su morro.

"Pez gato." Los dos dijeron al mismo tiempo, mientras que la nueva bestia artificial emitía un gemido gutural y soltaba un latigazo con su cola en el suelo antes de clavar su morro en el suelo y comenzar a sumergirse nuevamente, casi como si estuviera nadando en la tierra.

... Hacia ellos.

Shirou tomó su decisión de inmediato, sacando el cristal de su bolsillo y entregándolo a Kohaku. "Corre hacia allá. ¿Debería de ser todo derecho, no?"

"¿Qué? ¿Otra vez, Shirou?" Protesto Kohaku, antes de ver como la aleta del pez gato de tierra se perfilaba por el lecho del riachuelo seco, acercándose.

"¡No vamos a ir a ningún lado si esa cosa nos sigue!" Le reclamo, atento a los movimientos de la cosa. "Seguiré detrás de ti. Creo que ya se como inutilizar estas cosas, no te preocupes."

"Pero..." Intentó protestar de nuevo.

"Confia en mi." Utilizó las mismas palabras que ella había usado cuando le ofreció aquel método en el subterráneo.

Kohaku pareció calmarse antes de asentir y correr hacia el bosque, dejándolo a él solo con el nuevo oponente.

El mismo maleante que lo había amenazado en los muelles de Fuyuki con un brazo mutante. Una pila de escorpiones-cosas que se habían fusionado en uno humanoide. Otra que se había convertido en uno gigantesco y con un taladro como mano, y ahora un pez gato compuesto de la misma cosa de los anteriores.

Shirou se sentía como si estuviera jugando un videojuego.

'No, concentrate.' Pensó, apretando la empuñadura de la espada eléctrica. Afortunadamente, no parecía que el traficante estuviera dirigiendo personalmente al familiar porque este no le había atacado ya y mucho menos hablado.

... Fue entonces que reparó que no veía a la aleta por ningún lado, lo cual le llevó a olfatear el aire para intentar localizar su firma de energía mágica.

Sniff, sniff.

Palideciendo al sentirla a menos de un metro a su izquierda.

Apenas pudo reaccionar, saltando hacia atrás antes de que el morro del pez gato surgiera del sitio donde había estado parado segundos atrás. Contempló con horror como la boca de piedra se cerraba sobre nada con un crujido, sabiendo bien que ese espacio pudieron haber sido sus pies.

Pero el miedo dio paso a la rabia, y Shirou aprovechó para descargar un tajo contra el dorso del familiar.

ZO-!

*THUCK!

La hoja del sable, amplificada por la electricidad generada por la runa apenas pudo propinarle un corte medio a la coraza de piedras que tenía.

Para colmo, cuando este finalmente aterrizó, busco descargar un latigazo contra Shirou, quien logró esquivarlo al saltar hacia arriba la primera vez, pero la segunda logró empujarlo desde atrás, haciendo que casi perdiera el equilibrio.

"¡Agh!" Protesto al recibir el golpe, viendo como el familiar se daba la vuelta para buscar embestirlo con su morro. Alarmado, Shirou saltó sobre este y aprovechó para clavar la espada en su lomo, solo para ser detenido nuevamente por la coraza de piedra.

"¡Rayos!" Maldijo Shirou antes de tambalearse una vez que el pez se sacudió violentamente, intentandolo hacer caer, solo para sumergirse violentamente otra vez y propinarle un tercer latigazo que Shirou logró repeler a duras penas con un tajo.

Sabiendo que si se quedaba quieto en un solo lugar la iba a pasar mal, Shirou corrio en círculos por el área mientras olfateaba el sitio, intentando detectar donde estaba el condenado familiar.

Esto no era como los otros dos, que ni de broma había estado tan protegidos. ¿Debería de intentarlo lo de antes? ¿Proyectar un bisturí y arrojarlo como pararrayos antes de sobrecargar el poder de la runa como lo hizo con el otro?

El problema era que si la cosa esa se hundia y se perdia el bisturi, iba a desperdiciar energia a lo tonto. No, tenía que intentar algo más.

Miró su espada mientras recordaba como esta había logrado cortar algo de las escamas, pero no había conseguido hundirse más.

"Es filosa, si..." Razono, antes de caer en cuenta. "Pero yo no soy tan fuerte... ¿Y si lo fuera?"

Atento a la firma del pez, reforzó primero el brazo con el que sostenía la espada, luego de cambiarla hacia el otro para imitar el gesto.

Sniff, sniff

Casi como si estuviera al tanto de sus acciones, el familiar nuevamente buscó arremeter contra él desde abajo de la tierra. Saltando hacia atrás, vio como el morro surgía a menos de tres metros enfrente de el abriéndose de par en par y aprovechó para saltar hacia adelante, descargando directamente un mandoble a este.

ZOOM!

Con su nueva fuerza, esta vez la espada partió a la mitad buena parte del hocico haciendo que el familiar se confundiera antes de intentar saltar contra él a modo de embiste.

"¡Haaah!" Saltando encima de él, Shirou nuevamente propinó otro tajo al lomo, creando esta vez una hendidura mucho mayor en este que solamente irritó aún más al familiar, causando que este se hundiera nuevamente aprovechando el movimiento para descargar un latigazo contra él.

ZOOM!

Que corto la punta de la cola limpiamente, inutilizandolo aún más.

Shirou jadeo en el suelo, preparado para el siguiente ataque y no tuvo que esperar mucho cuando el pez surgió de un salto mucho mayor, como buscando querer aplastarlo con su mole.

Apartándose, el pelirrojo propinó esta vez una cuchillada en el vientre que pareció hacerle perder el equilibrio al familiar, que cayó de un costado y se retorció, intentando recobrar el balance.

"¡¿Porque no te muere, maldita sea?!" Protesto Shirou, saltando de inmediato contra él mientras le propinaba múltiples tajos a su lomo con una ferocidad casi bestial a la par que el familiar buscaba recuperarse y agitaba la tierra con su cola, en un esfuerzo inutil.

Shirou finalmente se cansó y retrocedió varios pasos, sin perder de vista a la criatura artificial que había sido horriblemente mutilada por aquella afrenta.

El morro era casi irreconocible, sólo quedaba un boquete medio derruido que daba como la impresión que más de la mitad de la cabeza del pez había sido cortada.

Y tal parecía que iba a tener que decapitarlo por completo, porque simplemente no se moría. ¿Qué tenía que hacer? ¿Destruirlo por dentro o que? ¿Y como?

El peso de algo en su bolsillo sumado al boquete le dio una idea entonces y se propuso a extraer una de las piedras rúnicas, mientras veía como el familiar se hundía nuevamente en la tierra.

Maldiciendose por haber tardado, Shirou finalmente extrajo una de ellas, justamente el ópalo y canalizó un poco del od que tenía en sus brazos para el reforzamiento a esta, sintiendo cómo vibraba.

Sniff, sniff.

Corrió hacia su izquierda apenas detectó al familiar, y tras escuchar cómo emergió del suelo se volteó y arrojó la piedra rúnica hacia su boca.

"¡Trágate esto! ¡SÓL!" Gruño.

Ni medio segundo paso para que una detonación de energía mágica terminará por volar en pedazos la mitad restante de la cabeza del pez gato a la par que dañaba horriblemente el resto de su cuerpo por dentro.

Con un chasquido, este se desplomó sobre el suelo para no moverse nunca más.

Clap, clap, clap.

No tuvo ni tiempo de disfrutar de su victoria porque apenas escuchó esos aplausos se puso pálido.

"Nada mal, niño. Nada mal. ¿Ibas a ser asesino de magos como tu padre también? Pues vaya que tenías un futuro prometedor." La voz de Kaburagi pudo escucharse, y esta vez sin ninguna distorsión... Lo cual significaba una sola cosa.

Shirou se volteo, topándose con la siniestra figura del hombre fornido, medio calvo y con gafas de sol que recordaba del muelle, sonriéndole de oreja a oreja desde la orilla del bosque.

No era una ilusión, no era una proyección. Era el traficante real, y aquella realización hizo que Shirou sintiera los pies muy pesados.

Tenía que correr. Podía perderlo seguramente en el bosque antes de huir por donde le había dicho a Kohaku, si.

Tenía otras dos piedras rúnicas en el bolsillo, podría usar una como distracción o intentar lastimarlo más. Pudo ver la venda en la mano que él recordaba haber perforado con el kunai, así que en teoría tenía una ventaja más.

¿En tanto no peleará directamente contra él estaría bien, cierto?

Se puso tenso donde estaba, poniendo nuevamente ambas manos en el mango de la espada mientras lo miraba desafiante.

"¿Vas a correr o pelear entonces, chico?" Le preguntó Kaburagi a modo de burla antes de apartarse donde estaba, dejando ver algo que hizo que a Shirou se le helara la sangre. "Antes de que decidas, déjame mostrarte algo."

Otro par de ojos color ámbar igual de aterrorizados lo miraron impotentes desde varios metros de distancia, pero la dueña no pudo emitir palabra audible alguna gracias a la mordaza que tenía puesta.

... Una que hacía juego con una especie de pañuelo extraño que mantenía sus manos atadas.

"¡Kohaku!" Exclamó, horrorizado por lo que estaba viendo, lo que causó una carcajada más por parte del traficante.

"Atrape a tu hermana o amiga cuando tu estabas jugando con mi namazu." Se burló Kaburagi mientras ladeaba su cabeza hacia un costado. "Fue tan fácil, pero como ya estoy harto de que ustedes niños sean unos fenómenos, me encargue de cubrir sus manos y boca con una bonita tela que aísla el uso de energía mágica. ¿Útil, no?"

'¿Eso de ahí?' pensó Shirou al fijarse en los pañuelos. '¿Qué rayos es? No, no te concentres ahora en eso.' "Dejala ir, maldito." Intento sonar lo más amenazante posible antes de añadir. "¡Te voy a patear ese trasero!"

"Hilarante." Comentó Kaburagi mientras meneaba su cabeza. "Niño, ¿acaso no viste como estuve a punto de matar a tu padre? ¿Cómo crees que vas a poder contra mi?"

"Te arruine esa mano cuando lo intentaste." Le recordó Shirou con más malicia de la que el creía que podía emitir. "¿Qué? ¿Tienes miedo? Que gallina."

Una parte del pelirrojo pensaba que intentar irritarlo era muy mala idea, pero estaba demasiado asustado para tener otra mejor.

Kaburagi resoplo, claramente fastidiado por los comentarios, pero terminó por sonreír sardónicamente antes de asentir. "Bien, mocoso. ¿Quieres una pelea de magi? Te la voy a dar, pero antes..." Extrajo de su propio bolsillo un objeto que Shirou reconoció bien.

El cristal de Paracelsus.

"¿Cómo se activa esto?" Interrogó el traficante, solo para ser ignorado. Chasqueando su lengua, caminó hasta la atemorizada Kohaku y lo depositó entre sus manos atadas no sin antes advertirle.

"Si lo dejas caer o intentas escapar. Voy a matarlos a los dos." Le gruño, causando que la ojiámbar asintiera atemorizada.

Entonces se volteó de nuevo contra Shirou mientras activaba sus propios circuitos magicos, los cuales eran más de los que el pelirrojo se imaginaba a juzgar por cómo sus ojos se abrieron al mirar las múltiples líneas verdes apareciendo en el cuerpo del traficante.

ᴼʳᵇᵉ ᵈᵉ ᵀᶤᵉʳʳᵃ ⁻ ᴱᵐᵖᵃˡᶤᶻᵃᵈᵃ ᵈᵉˡ ᴵˡᵘˢᵗʳᵉ ᴾᵃˡᵃᶜᶤᵒ

"¿Listo?" Se burló Kaburagi. "Comenzamos, ¡Chikyū: Kyūden no Kabe!" Gruño mientras chasqueaba un dedo.

Shirou apenas pudo reaccionar cuando la tierra debajo de él se elevó en una plataforma de un cuarto de metro, haciendo que se tambaleara y que de la nada otra sección del suelo enfrente de él se alzara solo para curvarse de una manera imposible y embestirlo hacia atrás.

"¡Aghhh!" Protesto Shirou, quien no había tenido ni tiempo de bloquearlo.

El golpe lo envió rodando un par de metros hacia atrás y fue acompañado directamente por otra plataforma de tierra que se alzó debajo de donde estaba, como preludio a dos en direcciones opuestas que le golpearon en ambos costados al mismo tiempo.

"¡AGHHH!" Esta vez el alarido de dolor si logró escucharse y causó que Kohaku se agitara en donde estaba ante aquel macabro espectáculo.

"Jejeje, ¿estas atorado, niño? No te preocupes, ahora te suelto." Sádicamente, el traficante chasqueó nuevamente sus dedos, haciendo que la plataforma descendiera a una velocidad aún mayor, pero con las otras dos atenazando aun al pelirrojo, provocando que sus costados fueran rasgados por la tierra.

"Ughhh..." Protesto apenas lo soltaron, teniendo que esquivar la embestida de otra. Una segunda lo acometió por el frente, justo a tiempo para que lograra propinarle un tajo que destruyó buena parte de su estructura, pero...

Sniff, sniff.

Shirou salto hacia atrás por reflejo puro apenas pudo oler como toda el área del suelo estaba impregnada con energía mágica que podía suponer que era de Kaburagi y que de vez en cuando había uno que otro pulso surgiendo de la nada, justo como...

Sniff, sniff.

Logró saltar hacia la izquierda, evadiendo otra de las paredes que se alzaban y prestó singular atención a su olfato especial, sabiendo que dependía de este.

Sniff, sniff.

¡Ahí!

Shirou salto segundos antes de que otra plataforma apareciera debajo de él y aterrizó firmemente en esta ante la atónita mirada de Kaburagi. "¿Q-que rayos?" Tartamudeo el traficante, apenas dándole crédito a lo que sus ojos veían, solo para menear la cabeza mientras chasqueaba sus dedos de nuevo. "¡La suerte no te va a proteger siempre, mocoso!"

Sniff, sniff.

Shirou entonces comenzó a detectar uno, dos, tres, cuatro... Seis pulsos aleatorios en medio del campo y no tardó en advertir cómo la tierra se abultaba en varios puntos de este.

El primero se disparó como una especie de pilar mugriento contra el que logró evadir a la par que esperaba el segundo. Pero fuera de esquivarlo, saltó sobre este para usarlo como plataforma mientras esperaba a los siguientes.

Sniff, sniff.

Un tercero se alzó como una plataforma con estalagmitas de aspecto vicioso como deterrente, pero Shirou meramente la evadió por un costado justo a tiempo para saltar antes de que otra pared intentara golpearlo desde abajo, otorgandole un impulso mucho mayor.

Muy para el asombro de Kohaku y la rabia de Kaburagi quien apretó los dientes.

"¡¿Cómo demonios puedes saber de dónde vienen?!" Demandó, chasqueando los dedos de su mano sana una y otra vez, provocando que muchas otras paredes comenzaran a alzarse, casi formando un laberinto.

Oculto de la vista, Shirou extrajo otra de las piedras rúnicas; el jade y lo activó antes de correr fuera del camino de dos de las paredes que estuvieron a nada que aplastarlo.

Dio media vuelta entonces, subiendo a las dos caídas y saltó desde ahí, arrojando el jade con todas sus fuerzas hacia el traficante.

"¡SÓL!" Grito.

En pánico por el repentino ataque y reconociendo lo que representaba, Kaburagi exclamó a su vez que chasqueaba sus dedos.

ᴼʳᵇᵉ ᵈᵉ ᵀᶤᵉʳʳᵃ ⁻ ᴱᵐᵖᵃˡᶤᶻᵃᵈᵃ ᵈᵉˡ ᴵˡᵘˢᵗʳᵉ ᴾᵃˡᵃᶜᶤᵒ

" ¡Chikyū: Kyūden no Kabe!"

Una muralla de tierra endurecida se alzó enfrente de él segundos antes de que la piedra rúnica lo alcanzara, y esta terminó por impactar en la barrera, explotando así.

CRACKOOM!

Una descarga eléctrica recorrió cuanto pudo del muro terrenal, dejando estragos en buena parte de este pero logrando escudar al conjurador de todo daño.

"Jeje, fallaste mocoso." Se burló Kaburagi. "Falla-¡!"

ZOOOM!

Una parte del filo del alfanje eléctrico sostenido por Shirou alcanzó a perforar la debilitada barrera, quedando a escasos centímetros del rostro de Kaburagi quien exclamó horrorizado mientras se hacía para atrás.

ᴮᵘˢᵠᵘᵉᶰˡᵒˢ˒ ᴾˡᵃᵍᵃˢ ᵈᵉˡ ˢᵘᵉˡᵒˑ ᴱˢᵃ ᵉˢ ᵐᶤ ᵛᵒˡᵘᶰᵗᵃᵈˑ

"¡Maldito engendro!" Gritó fuera de sí mientras añadía."¡Chikyū-chū shōkan!"

SNAP! SNAP!

Shirou se vio forzado a retirar su alfanje de la barrera y saltar hacia atrás cuando dos las molestas criaturas se manifestaron debajo de esta e hicieron ademán de querer atenazarlo.

"Tsk." Chasqueando sus labios, asestó varios tajos en el aire para intentar repelerlos, pero estos meramente se concentraron en hacerle retroceder.

"¡Ahora te vas a enterar!" Escuchó a Kaburagi maldecir, y vio como este murmuraba algo por lo bajo mientras comenzaba a manipular la forma de la barrera semi-destruida.

Sniff, sniff.

Detectó también como en el suelo, toda la energía mágica que había utilizado para sus paredes estaba siendo transferida a donde estaba el y pudo ver como la barrera está tomando una forma vagamente familiar.

Otro pez gato.

Shirou no podía dejar que aquello ocurriera, pero primero debía de llegar hasta ahí.

Apenas una de las criaturas saltó creyéndolo distraído, la destrozó de un tajo antes de fijarse en la otra mientras corría hacia el traficante ocupado con su hechizo.

"¡Hijo de put...!" Masculló el contrario al verlo venir y ladro una palabra que no alcanzo a reconocer.

El morro del pez gato cobró vida y de este fue disparado un proyectil de lodo concentrado que Shirou y esquivo, solo para cortar el siguiente.

Maldiciendo, Kaburagi interrumpió su hechizo momentáneamente mientras aplaudía.

ᴮᵘˢᵠᵘᵉᶰˡᵒˢ˒ ᴾˡᵃᵍᵃˢ ᵈᵉˡ ˢᵘᵉˡᵒˑ ᴱˢᵃ ᵉˢ ᵐᶤ ᵛᵒˡᵘᶰᵗᵃᵈˑ

"¡Chikyū-chū shōkan!"

SNAP! SNAP! SNAP! SNAP!

Esta vez fueron cuatro de los familiares los que salieron despedidos de la masa de lodo y tierra dispuestos a interceptarlo, siendo todos el doble de grandes de los normales y con uno teniendo una tenaza desproporcionada.

No dejandose acobardar, Shirou corrió al encuentro de estos mientras extraía la última piedra, justamente el ámbar y descargaba la primera cuchillada sobre el más cercano.

SNAP!

El segundo intento atacarlo desde el otro lado, recibiendo entonces una patada que lo puso al alcance de un arco en reversa a la par que el pelirrojo activaba la piedra, dejando que la runa grabada en esta se iluminará.

Un tercero salto, siendo esquivado por Shirou que aprovechó su confusión para cercenar directamente la mitad de su cuerpo, antes de encarar al último con la tenaza más grande.

SNAP!

Pero era demasiado tarde ya, ante la expresión colérica de Kaburagi, él arrojaba ya el proyectil y gritaba el nombre de la magia en este.

"¡SÓL!"

Como el ojo de una furiosa deidad del trueno, una centella se manifestó en el lugar de la piedra amarillenta antes de soltar numerosos zarcillos contra el hechizo de Kaburagi y el mismo traficante, que soltó un alarido de dolor cuando uno alcanzó justamente su mano lastimada.

"¡AGHHHHHHHH!" Aulló incluso después de que la centella se disipara, dejando detrás una pila de lodo inservible y una inmensa cantidad de energía mágica que se desvanecía poco a poco.

"Haaah... Hah..." Shirou jadeo antes de reparar en que el último familiar aun seguía de pie, y descargó un mandoble sobre este, destrozándole la cabeza.

Esos últimos minutos habían sido los más intensos de toda la vida... Se sentía como si hubiera corrido un maratón entero y entonces noto como algo rojo y húmedo cubría los costados de su camiseta. ¿Sangre?

'Ah... Cierto.' Pensó, recordando como dos de las paredes habían sido rasgadas contra él. Sus ojos se toparon nuevamente con los de Kohaku y le dedicó una sonrisa cansada.

¿Quién lo diría? Había ganado...

"... M-maldito..."

Él y su bocota.

"M-maldito bastardo..." Gruño Kaburagi mientras lo miraba maniaticamente, señalandolo con la mano anteriormente vendada pero que ahora lucía como un pollo rostizado a juzgar por la epidermis calcinada y roída. "Ahora si..."

Con su otra mano extrajo entonces otra cosa de su chaqueta, otro cristal que Shirou reconoció bien.

'Oh no.' Pensó tras recordar cómo con uno de esos obtuvo energía mágica extra en Fuyuki. ¿Y este? Era al menos el doble de grande.

"Dejame mostrarte porque nunca tuviste oportunidad, mocoso." Gruño el traficante antes de aplastarlo y exclamar de dolor cuando sus circuitos comenzaron a captar la nueva energía en el aire, absorbiendola dentro de él.

ᵀᵘ˒ ᵠᵘᵉ ᶰᵃᶜᶤˢᵗᵉ ᵈᵉ ˡᵃˢ ᵉᶰᵗʳᵃᶰ̃ᵃˢ ᵈᵉ ˡᵃ ᵀᶤᵉʳʳᵃ

"Anata, chikyū kara umareta." Comenzó a recitar con una voz que se volvía cada vez más gutural.

ᴮᵉᶰᵈᵉᶜᶤᵈᵒ ᶜᵒᶰ ˡᵃ ᶠᵘᵉʳᶻᵃ ᵖᵃʳᵃ ˢᵃᶜᵘᵈᶤʳ ᵃˡ ᴹᵘᶰᵈᵒ ᵈᵉ ᵘᶰ ᵍᵒˡᵖᵉ

"Sekai o yurugasu chikara de."

Shirou retrocedió al notar como la tierra misma se abultaba alrededor del traficante a la par que su energía mágica se extendía sobre esta. ¿Iba a intentar el truco de las paredes otra vez? ¿Iba a crear otra cosa?

Tuvo su respuesta dentro de muy poco.

ᵀᵉ ˡᵒ ʳᵘᵉᵍᵒ˒ ᵛᵘᵉˡᵛᵉᵗᵉ ᵐᶤ ᵃʳᵐᵃᵈᵘʳᵃ

"`Watashi no yoroi ni naru." Apenas pronunció aquellas palabras, la tierra misma se alzó sobre él, cubriéndolo como si de un caparazón se tratase, ahogando de paso el resto de las palabras de Kaburagi.

El caparazón comenzó a abultarse también hasta adoptar otra forma que Shirou había visto ya dos veces en el transcurso del día, salvo que esta era peor.

Mucho peor.

Un pez gato el doble de grande del primero que había enfrentado y provisto con cuatro patas que contrastaban horriblemente con su cuerpo terminó por manifestarse a pocos metros enfrente de él.

Y de su boca, surgió la voz de Kaburagi.

ᴬˢᵉᵈᶤᵒ ᵈᵉˡ ᴾᵉᶻ ᵈᵉ ˡᵃ ᵀᶤᵉʳʳᵃ

"Shingeki no Onamazu."

Shirou no se espero mas, proyecto y reforzó a medias el bisturí de que había usado en el subterráneo antes de arrojarlo con su mano libre contra la cabeza mientras apuntaba con la espada.

"¡SÓL!" Grito.

Tal como la otra vez, de la espada surgió un relámpago que siguió fielmente al bisturí, logrando impactar en el morro del enorme pez de piedra.

... Pero apenas se disipó, a duras penas vio daño sobre este.

"¿Eso fue todo?" La voz del traficante sonaba mucho más maliciosa por ese medio. "Mi turno."

Y entonces agitó su cola contra el suelo haciendo temblar el área y con ella a Shirou, quien no pudo defenderse cuando de la nada el monstruoso pez lo embistió.

"¡Ughh!" Shirou jamás había sido atropellado, pero tenía la sensación de que más o menos así se sentía. El golpe de las paredes no era nada en comparación a esto.

No tuvo ni tiempo de levantarse cuando nuevamente el morro del pez gato lo empujó, esta vez hacia arriba con la suficiente fuerza para sacarle el aire y encima recibió un coletazo desde ahí que lo mandó de regreso al suelo.

".- Aghh..." Shirou escupió algo en el suelo que se dio cuenta de que era sangre, antes de aferrarse a su espada con todas sus fuerzas y descargar un tajo contra el morro de la criatura que nuevamente se acercaba para repetir la acción.

CHINK

La hoja eléctrica fue capturada por el morro del pez que cerró ambas mitades de su boca antes de realizar presión y ante los ojos de Shirou, la rompió en dos pedazos antes de golpearlo de nuevo.

"¡...!" Shirou rodó como un muñeco de trapo, sintiendo como su pecho ardía y de inmediato pasó su mano por su boca, embarrando así sus dedos de sangre antes de intentar dibujar en el suelo la silueta de la runa, pero...

"¡NO!" Kaburagi se lo impidió, esta vez golpeándolo con la cola y mandándolo mucho más atrás con su golpe.

Aquello último hizo ver a Shirou rojo mientras caía espalda arriba, con toda clase de dolores punzantes en su cuerpo.

A lo lejos, Kohaku se retorcia nuevamente mientras que lagrimas se asomaban ya por sus ojos.

"Jejejejejeje... ¿Lo has visto ya, gusano?" La voz de Kaburagi había recuperado ya su tinte más arrogante. "Esta es la diferencia entre un niño como tú y un hombre como yo. Es una lastima que no podía usarla bien en Fuyuki... De lo contrario, tu maldito padre y ese otro joven hubieran terminado sepultados. Gracias a lo que me hiciste no puedo usar ahora mi otro disparo especial, así que supongo que es más que justo."

Shirou no respondió, estaba demasiado adolorido para siquiera poder pensar en claro.

El reforzamiento en sus brazos había cedido ya y cobraba su precio con la forma de más agonía en estos que se sumaba al resto. Su cabeza se sentía como un panal de avispas enloquecidas que ahora perforaban con su aguijón a la colmena desde adentro.

'... Ah... ' Pensó, mientras abría los ojos. '... Perdí...'

"Diste pelea al menos, niño. Alégrate por eso, eres el primer mocoso que veo que logro hacer que me preocupara por un momento." Continuó hablando el traficante desde aquella armadura impenetrable con la que se había refugiado. "¿Runas en serio? Niño tonto, si tan solo supieras que estas jamas seran del todo efectivas en esta tierra."

'Intente todo lo que sabía...' Continuo pensando Shirou en aquel limbo. 'No tengo piedras rúnicas ya... Ni siquiera sé cuánto od del que Kohaku me dio queda aún... '

Al pensar en la pelirroja, se forzó a abrir los ojos y alzar un poco su cabeza, pudiendola ver a la distancia. A pesar de que un hilillo de sangre cubría uno de sus ojos, la pudo ver con total claridad.

Lo suficiente para saber que estaba derramando lágrimas.

'Esta llorando...' Pensó, sintiendo una puñalada. 'Ah... Soy de lo peor... ¿Que no me había dicho papá que los que hacen llorar a las niñas terminan mal?...'

"Me sorprendiste con eso de que pudieras predecir a mis muros de tierra. Pero no eres clarividente, tendrias que ser bien estupido para serlo y aun así terminar donde estas, jajaja."

Por alguna razón, Kaburagi seguía hablando... Aunque más parecía que era consigo mismo que con alguien más.

'... Tenías razón, papá... Tenías razón...' Siguió pensando amargamente, mientras que sus ojos comenzaban a cerrarse y presentía que caería inconsciente.

"Mi camioneta está cerca, si. Será fácil arrastrarlos a los dos a Tokyo y divertirme con ustedes antes de pasarselos a los Yakou y que contacten a Emiya. Haré que me den una fotografía de su cara cuando reciba las cabezas de los dos... Sin ojos ni lengua, por supuesto."

THUMP!

Algo muy distinto se apoderó de Shirou apenas escuchó aquello. Una rabia que le brindó una falsa adrenalina que llenó sus venas ante aquella amenaza.

... Que Kohaku, quien nada tenía que ver con todo eso más allá de su su amiga tuviera que terminar así por su culpa era... Inaceptable.

No, tenía que hacer algo para impedirlo. ¿Pero qué?

'No, no... Pero ya no tengo nada mas, ya intente todo... ¿Que mas puedo usa-?' Detuvo aquella línea de pensamiento cuando recordó entonces lo que había usado contra ese tal Togo.

El kunai salió disparado como una bala de su mano hacia la garra de Togo, quien se limitó a soltar una carcajada al ver tal cosa. Pero apenas la punta de la cuchilla hizo contacto con la piel rugosa de la extremidad...

¡BOOM!

"¡AGHHHHHHHHHHH!" Gimió de dolor cuando la cuchilla explotó justo en su garra, mutilando horriblemente las zarpas con el estallido y encima dejando regadas a docenas de piezas de metralla clavadas a lo largo del brazo. "¡AGHHHHHH!"

'La proyección explotó...' Recordó. 'La proyección explotó casi como una piedra rúnica, solo que... Sin ningún efecto.'

Sus pensamientos se aceleraron mientras se esforzaba en recordar todo lo que podía, fue ahí cuando cayó en cuenta de que cuando estaba inyectando la energía mágica para la alteración... Se le había ido de la mano.

'... Bien, tiene que ser más rápido entonces.' Pensó decidido. 'Muy rápido.'

"Trace on." Murmuró, concentrándose en manifestar el kunai en el suelo a poca distancia de él. Colocando una mano encima, envió el doble de lo que usualmente usaba y apenas lo reforzó. Para terminar con mucha dificultad, trazar con un dedo que apenas podía levantar la runa con sangre.

Concentrándose como podía, lo levito por encima de él e imaginando una bala siendo disparada, lo soltó a toda la velocidad que podía conjurar contra Kaburagi.

"... Sól." Apenas murmuró justo cuando el kunai fue a parar al morro de Kaburagi, explotando en metralla y electricidad sobre este, causándole un quejido de dolor.

"¡¿Qué demonios?!" Bramo el traficante antes de fijar los ojos de pedregal en él. "¡¿Qué hiciste?!"

'... Más grande, más fuerte.' Pensó Shirou, mientras que conjuraba ahora la única espada que conocía bien. Junichirou Touzaki apareció enfrente de él, con la hoja apuntando hacia el objetivo mientras que estaba siendo sobrecargada también y nuevamente otra runa iba a parar sobre su hoja.

"¡¿Qué estás haciendo?!" Demandó Kaburagi tras ver aparecer la espada y se pudo notar la sorpresa en su tono al verla levitar. "¡¿Que rayos es eso?!"

"... ¡Sól!" Gruño Shirou apenas la disparó de la misma manera que el kunai y avanzó a una velocidad algo menor.

"¡DESGRACIADO!" Protesto Kaburagi antes de asestarle un golpe con la cola, solo para que la explosion terminara por destruir una parte de esta y encima varios de los fragmentos fueran a clavarse a la cabeza donde atrajeron a los zarcillos eléctricos. "¡AGHHHH!"

"... Una mas... Una mas... Tiene que ser mas fuerte, mas rapida..." Shirou casi se mordió la lengua para que el dolor le hiciera espabilar más mientras que se concentraba en proyectar a Junichirou Touzaki.

Clang!

La espada se manifestó en el suelo lista para ser alterada. No había tiempo para hacerlo después, el pelirrojo de inmediato trazó la runa esta vez múltiples veces sobre la hoja antes de colocar ambas manos sobre esta mientras canalizaba energía mágica y...

"¡...!"

Sintió un sudor frío cuando apenas una unidad entró en la espada, lo suficiente para rellenarla pero no para sobrecargarla como lo necesitaba... Y mucho menos para reforzarla.

... Ya no tenía suficiente od.

"... Hah... Hah... Voy a arrancarte esos brazos primero..." Escucho a Kaburagi maldecir a la distancia mientras que pisoteaba intensamente el suelo, como un toro particularmente vicioso dispuesto a embestir a quien había tenido la pésima fortuna de granjearse su mal genio. "... Voy a romperte las piernas después para que no puedas correr..."

¿Que iba a hacer? ¿Que iba a hacer? ¿Que iba a hacer?

Filtrar energía mágica del ambiente no era una opción con lo mucho que tardaba necesitaba algo ahora, y lo necesitaba ya. Fue en su pánico cuando reparó que aquella "ancla" de la que Kohaku había hablado seguía ahí.

... ¿Debía de hacerlo?

"Confia en mi." El recuerdo de Kohaku vino a su mente y justo se fijó en la pelirroja que no tenía otra opción que mirar todo aquello. En un instante, los ojos de ambos se cruzaron y Shirou tomó su decisión.

"... Lo siento." Apenas pudo murmurar antes de jalar con todas sus fuerzas aquel anzuelo.

"¡AGHHHHHHHHHHH!"

Justo cuando Kaburagi estaba a punto de iniciar su carga, aquel grito desconsolado le distrajo y obligó a voltear hacia su prisionera. "¿Que demonios?"

Entonces muy para su sorpresa vio como varios circuitos mágicos se habían activado en los brazos de la niña quien se retorcía donde estaba parada, con la mordaza de su boca yaciendo en el suelo completamente quemada... Algo que le estaba ocurriendo a los grilletes improvisados que tenía.

"¡AGHHHH!"

Otro grito, esta vez claramente masculino le obligo a centrar nuevamente su atención en aquel molesto mocoso y sus ojos se abrieron de par en par cuando vio como todos sus circuitos mágicos brillaban al mismo tiempo mientras que sus manos estaban apoyadas en una espada que había conjurado.

"¡¿QUE ESTÁN HACIENDO?!" Grito, completamente histérico mientras se preparaba para cargar una vez más decidido a ponerle fin a aquella locura.

Shirou sentía que se quemaba.

No, eso era algo que conocía ya. ¿Esto? Apenas tenía palabras para describirlo.

Era como si un tonel entero de lava hubiera caído encima de él. Se sentía como metal a punto de ser fundido y encima siendo propinado numerosos martillazos en cada parte de su ser.

Ya no era un torrente de energía mágica lo que corría a través de él, era un mar. Un mar que estaba llenando todos y cada uno de sus circuitos mientras que amenazaba con apoderarse por completo de la presa en el centro de su corazón.

Concentrándose, la empujo a patadas hacia la proyección logrando finalmente que esta adquiriera no solo su volumen ideal sino que se expandiera.

'... Más rápida...' Ese pensamiento fue como una orden absoluta hacia la espiral de energía que se cernio sobre la proyección, girando sobre sí misma de una manera que le recordó al mismo taladro que había enfrentado.

Eso.

Mas ligera, mas suave, mas rapida.

La forma de la espada cambió. Su orgullosa silueta se tornó en algo más aerodinámico que recordaba a un tornillo bizarramente estético pero que irónicamente, deshizo las runas trazadas con sangre en su superficie, la cual se desperdigo por toda la cuchilla alterada como una especie de pintura.

'Mas... Mas fuerte...' Gruño, mientras utilizaba entonces la energía para grabar forzosamente por medio de la Alteración múltiples veces el mismo símbolo a lo largo de esta.

Ahora solo quedaba... No pudo ni acercar sus mano, sintiendo como algo la repelía, lo cual le forzó a hacerlo a distancia. Estaba bien, tenia energia de sobra, estaba bien.

CHINK!

La energía que formaba la ilusión del metal se volvió autentico metal aun en medio de aquella espiral, pero...

Shirou apretó sus dientes al caer en cuenta de que la presa estaba llena. Tenía demasiada energía, demasiada.

Demasiada. Demasiada. Demasiada.

Su piel comenzó a arder a medida que sus circuitos eran forzados a contener más de lo que podían. Mas y mas energía se acumulaba adentro de ellos, como agua en pipas y bajo el riesgo de hacerlas estallar.

"... ¡AGHHHHHHHH!" Gritó a todo pulmón, sintiendo como experimentaba el dolor más grande que jamás había creído poder llegar a sentir.

"¡HRRRRR!" Escucho a la distancia como Kaburagi finalmente cargaba contra el.

En su mente, pudo ver entonces como la presa se desbordaba a raíz del mar y eso lo dejaba como...

Tocó fondo y su corazón dio un vuelco cuando algo más se manifestó dentro de él.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve líneas luminosas idénticas a sus circuitos brillaron de la nada, despertando algo en su interior que había permanecido inerte con la excepción de tres remanentes suyos que en un intento desesperado había logrado activarlas.

Doce, trece, catorce, quince, dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte.

Veinte nuevos circuitos mágicos se añadieron a los treinta que brillaban sobre el cuerpo de Shirou, con estos formando un extraño patrón en su espalda.

Los veinte nuevos canales absorbieron gustosos cuánta energía pudieron de los agotados restos, logrando activar las funciones del artilugio que componían.

Pero aun asi habia mas y mas por venir. La Cresta tomó una decisión inmediata y la canalizó a la tierra misma en un nuevo intento por preservar la vida de su anfitrión.

Y al hacerlo, los misterios de esta entraron en contacto con lo que fluía en las profundidades. El poder de las supersticiones y las tradiciones de generaciones enteras grabado en la tierra que constituía una Fundación que jamás había visto su poder mermado.

?ᅩᄉ̧͖͙͐͂̄?ᅩᄉ̬̺͍̲͙̤̟͉͉̲̤̖̈͑̔̈́̍̑̽͘͜ͅ?ᅩᄋ̜̠̱̗̖̰̤̯̳͔̟̯̈́͋̄̕?ᅩᄡ̤̥̥̗̾̈́̍̀̂̆͋̅́̚͝?ᅩᄉ̺̜̟͚̝̭̫͓͚̥͉͍̓͐̌̈́̂̌̄̆̈́̌͗͜͝͠ͅ?ᅩᄌ̧̼̹̝̜͕̫̹͍̗̝̍̾̌̊̈̈́͂̇̆͊͋̿̈́̿̇?ᅩᄌ͙̙̈̾͛͑?ᅩᄋ̢̡̻̲̲̹̰̦͖͐̾̐̐̾̓̚͠?ᅩᄡ̘͚̩̠̮́̍̅̎̏͌ ̶̡̺̀͑̌͒͒͊̏̈́͘͝?ᅩᄉ̢̣̤̮͈̰̘͍̈́̽̀̋́́̇͆̃̓͠?ᅩᄋ̨͉̳̩̱͌̃͝?ᅩᄌ̢̢̤͕̺͈̟̣̍͊̎́͂̄͋̍̉̋̎͑̍̕̚ͅ?ᅩᄡ̡̘̥͚̟͔̰̻͒̐̄͒̐̽͋͒͑̒̀̏͝?ᅩᄋ̛̳̙͛̐́̊̉̈͒͝?ᅩᄡ̥̱̠̖̈́̂͆̎̓̈́̚̕?ᅩᄡ̡̢̰̪̺̥͐̾̐̀́̽̏͐̉͊͊͂?ᅩᄊ̠̳͛̄ que dio luz. El fuego del infierno siendo el horno perfecto de una mena. La esencia de la tierra purificada y trabajada hasta su máximo potencial.

M͌́͑͐͒̊̎ͮ҉̴̴̴̵̧̯͔̰̟̭͔̝͜͜ͅȇ̋̋̇́̔ͧ̚͞͏̢̧͘͡͏̬̱͚̭̳͓̜͕͟t̴̡͉̣̮̪̯̮͓̻͒ͥͧ̆̎̽͑ͤ́͟͡͞͡͝a̢̓̏̽̓̊͛ͪ̆̕͜҉̴̵͍̼̲̩͉͈̜̱̀́l̵̢̑͐̆ͨ̈́ͭ̿̀̚҉̴̭͖̞̟̖̟͉̞́͘͞ ̷̨̟̜̹̮̲̙̞̙͐ͩ̓̀͋̓ͦ́̀̚͢͢͞͡q̨͒ͩ͛ͣ̆̂ͨ̏͢҉̡̧̪̲͕̲̻̗͖͖̕͟͜u̶̶̧̢̘̘̳͖͈͈͚͙ͯ̿ͮ̉̾ͨ̒̓́́̀͜ę̡̉ͨ̄͂ͯ͂̐͊͘͏̸͘͢͏̻̣̘͇͚͓̘̤ ̶̴̧̢̛̟̖̯͓͚̭̺͔̿́̆̔͌ͣ̉̒̕͠͠s̷̵̵̢͕̳̱͖̟͍̠̩̋̓̓ͥ̀̇̄͛̀͟͝͡ȩ̶̷̶͙̯̗͙͔̗̹͍̏͆͗̏̉̅͊ͭ͢͟͡͡ ̶̴̡̺͈̝̙̼͓̭̠̈́̂ͧ͌̇́͑̚͘͢͢͟͡v̨̢̛̹̬̭͖̰̗̣̮̅̿̌̉ͪ͆̃̈́́͘͜͝͞uͣ͑̍̔͆̃̏̈҉̵̨͉͕̦̟̠̟̹̦͘͘͡͞͡ę̴̸̴͎̫͍͖͇͔̖̅̍̉͌̈́ͪͣͥ́́́̕ͅl̶̴̵̡̨̛̛͇͎̰͇̫̯͎̟̿ͫͯ̀̃͌͌͊͟v̶́͌̎̈̐͛̅̅́͜҉̢̟̝̪̟̫͈̙̱́̀̀ȇ̵̡̛̛͇̯̜͇̖͓̦͍̈ͣ̎͊̄͗͌́͜͞͝ ̶̡̨̞͙̦̭̥̮̻̙̃ͭ̌̃̈́̀̽̌̕͝͝͞͝ą̷̶̢͈͖̥͍̲̱̝̖̀̏͌̅̌̓̀̈̕͘͠͠c̑̌̃ͮ͌͂̃͛҉̨͢͏̶̦͚̳̫̮̼͕̲́͟͝ę̴̴̧ͩ̆̈́̀͊ͦ̍̃̀̕͘҉͕̤̳͖̜̥͇̲r̿͑̈́ͧ͒̽ͮ͊͡҉̸̷̢̬̪̣̹̼̭͙͜͞͠ͅò̵̴̵̡̙̹̹̞̤̯̟̠ͬ̃̎ͦ̋ͤ̽̕͡͝͞.̵̷̞̦̰̥̠̰̖̦̂̂̅ͮ͊̔̐̿̀͘͢͟͟͝ ̴̴̶̡̱̺͎̤͖͎͔͚̀̈́͗ͬ͊̆̇̆́̕͜͞A̸̷̐̉̒̌͑̀̋̏͟͡͏̵̸͈̻̹̣͕̟̣̹͡c̡̢̛̛̛̙̻̗̜̞̪̝̟̎̉ͣ̅̊ͥ̒̽͘͝͡e̸̡ͥͫͨ͂̾̇̈́ͨ͡͝҉̢̡̙̝̘͇̻̣͈͝ͅr̴̢̢̢̛̹̘͍̲͙̗̤̺͂͛ͭͨ̋͋̅̀̚͘͞ǫ̶̶̵̌̐ͭ̈́̊ͤͥ͘͝͞͏͉͕͙̝̝̹̥̖ ̶̴̴̴̢͙̥͍̭̤̳̝̖͂̓̅ͪ͐̀̋͗͘̕͢q̵̶̸̱͓̮̜̻̜̬̙͆̈̾̋̉̿ͦͯ̀͟͠͠͞u̐̌̈́ͣͤ͑̽͛̀͝͞͏̸̡͖̳͖͍̣̖̞͈̕͟e̴̶̶̢̠͉̤̫͎̻͖̐ͤ̌̅͂̊̑́͟͠͝͠ͅ ̴̡̣͇͓͇̭͔̯͚̊̓̋̿̈ͦ̇ͧ́̕͠͝͠͡s̶̨̛̛̊̒ͦͦ͛̓ͦ̚҉̢͏̛͉̰̯͍̙̗̤ͅĕ̵̴̸̢͔̞̖̙̪̻̼̖ͨ̃͆ͨ̊ͤ́̚͜͞͠ ̸̡̧̧͌͒̓̈́͛ͧ̾̈́̀͘͡͏͕͕͖̫̞̱̼̤v́͌̋ͧ̉ͦ̎ͩ̀͜҉̢̨̛̼̼͇̠̪̪͍̝͢͠űͥͭͣ̇̉͂͋͝҉̶̧̛͉͇͖̗̼̗̗͓̀͘͢ę̵̴̴̦͎̜͈̣͉͍͗ͧ̎̆͋̓̋̓̀̀͘͟ͅl̶̷̷̡̧̧̛̝̭͔̭̳̩̤͛̉̋̾̏͆̎̒͞ͅv̶̵̵̴̨͖͈̙͇̲̹̹̣͒͊ͣͤ̎͌̔͗̀͜͝ē̓̍͆̉̔̈̚͏̷́͢͟͝͏͏̠̜̥͎̞̣͇͔ ̸̧̛̛͖̗̳̖͔̫̲̹͌͒̋͊ͦ̉̄ͨ́̀͟͢ư̴̷̡̛ͫ͆ͮ͋̽̔̍̀̚͝͏̬̠̝̰͓̞̳̼n̡̾ͯ͗ͩͧͣ̑̈́҉̢̢̨͕̺͉̣̘̩̝̱̕͝͞a̶̵̶̶̶̔̓̇͊̉̿͊̚͏͞҉̥͍̤͉̯̞̫̹ ̴̧̡̉͋̑̓̋̈̿̈́́́͞҉̴̙̳̜̱̠͍̭ͅę̴̡̾͒ͤͦ͗̋̅̈̕͏҉̡̫̭̪̼͙̟͍̙͟ş̴̶͗̆̓̋ͦ̄ͯ̚͟͝͏̷̨͖̟̤̖̮͔͖̣p̢ͯͣ͛ͮͣ͂̈͋̕͏̢̛̻̱̜̙̹̝̞̩̀͟͝a̡̧̢̹̩̰̹̠̖̞̮̋͌͗̍̔̽̂ͨ͢͟͝͡͝d̷̨͊ͦͬͭ͛̔ͯ̏҉̢̡҉̞̜̹̭̥͔͍͢͡ͅa̸̶̵̶̧̛̠̖͉͙̼̺̦̅̇ͩ̓̔̃̿̿́͞ͅ.̶̸̴̴̺͍̼̭̯̮͈̞͌ͥͭ̍ͦ͌ͬ̒́̀͜͜

Una espada alimentada por el máximo símbolo divino que iluminaba los tormentosos cielos.

Una bestia de la tierra que cortejaba la calamidad.

Aun si el misterio que canalizaba dicho poder era burdo, incompatible e inaceptable... ¿Acaso las condiciones no eran perfectas?

El pago en el preciado líquido de la vida y la energía entregada a la tierra era más que aceptado. Y a cambio, la bendición de la fundación fue entregada a través de la Cresta y rumbo a los circuitos del joven magus, viajando hasta lo que tenía entre sus manos, uniendo su fuerza con la de este.

Shirou finalmente soltó la proyección que flotaba en el aire a la par que gritaba.

ᵀ̶̡̥̜̯̹̳͓̙͖̪͈͎̟̹̙̪̔̊̌͜ᵃ̵̢̝͈̬̞̫̭͓͈̰̫̬̪̬̒͆́̈́̐͊͗͂͒̐̽̎̋́͘͜͝͝ᵏ̵͕̙͍͖̦̲̾̊͑͛͒͗͜ᵉ̴̨̬͓̫͉͊̈́́̊̇͋̋̃́͂̉͋͝ᵐ̵̤̭͍͚̠̼͇̟̾̂͐͂̾́̓͌̇̀̇̃̐̕͜ᶤ̴̨͙̹̼̪͙̙̩͖͋̾͗̕͜ᵏ̴̥̻͎̘͖͉̺͈̲̝̟͓̣͙̔́̓̾̎͛͑̀͜͠ᵃ̴̛̮̱̼̈́̑̿̀̓̈́̔̾̑́́̂̈͝ᶻ̵̩̟̝̂̑͂̽̕ᵘ̴̖̐͗̇̏̉͌̋̈́̎͐̎͗͗̀̃́͝ᶜ̸̨͉͈̱̥̗͇̩̄̍̐͋͗̎͒̓̐̀͝͝ʰ̷̮̩̥̗̲̩̭͆͒̀̽̀̉̽͝͝ᶤ̷͎͙̰͚̬̜͔̿̌̀̽͂͒̓̀̀͝ ̷̹͈̫̩̺̖̖͉̙̻͉̣̮̭̹̺̓̀̿̀̀̽͆̎͌̊̚͝͝⁻̵̡̗̺͉̼̲͎͖̙̲͍̜̒̀̍͌̃̓̈́̈́͠ ̵̨͍̞̹̤̊̆̒̈́̓͊̃̂̓̽͛̑͐̈́̕͠͝ᴱ̶̹̙̼̞̾̇͗ˡ̶̺́̀̆͋͗̄̌͐̏̕͝͠ ̴͓̻̳̺̦̇̍̑̂̐̑̓̌̊̉͊̈͆̓̃̏ᴿ̴̰̣̤̝̌̈́͂̽̈́̄͒̂̆͋̿͘͝ᵉ̶̢̨̨̢̢̹͕̱͎̱̼̟͓̭̩͎̋͝ˡ̷̘̬̾͋͛̉̋̄̋ᵃ̸̵̡̨̧̧̨̢̡̧̡̣̝̯̣̫͈̮̮͉͔̩̣͍̃̏̏̆̈́̒̿̿͒́̊̄̊̆͒͋̃̿̇̄͆̇̈́͝ᵐ̵̢̞̻͈̙̣̭̂̄̏̽̔̈͐̒̐͆̽͊̔̅͘͝͝ᵖ̷̧̯̺̳̘̥̗̘̪̙̜̱͚̂ᵃ̵̛̯̟̬̐̓̓̊̈́̓̍͌̽̊̿̚͠ᵍ̷̼̙͈͍̲͔̦̣̞̲̺̖̲̞̳̈́͛̽̄̒̓͒͠͠͝ᵒ̸̞̦͓͕̳̭͚̬͍̙̣̞̒͛̆͗̄ ̶̡̡̛̘̤͇̘̞̹̟̖̬̥̼̦̋̂̿̇̋͋͐̋̀̎̈́̄͊̍̈́͆ᵠ̵̨̹̖̪̘̘̪̜̱͖͚͉̽̎̄ͅᵘ̸̳̂͊͂̈́͑̃̌̉̿̈́̉̿̚̚͝͠ᵉ̶̢̣͇̖̣͐͋̾̀̍͛́̔͋̉̒̕ ̸͕̬̤̞̖͔̹͚̣̻̘̦̪̺̥͝ͅͅᴱ̷̨̲̟̘̺̳̣̳̯̱̰̳̃́̽̈͊̎̽̊͆̃̑͌̀͒̆͠͝ˢ̷̡̨̛͎͈͉̻͎̺̹͍͎͙͐̒̓̎̋̽̚͘͝͝ ̵̹̗͕̀ᴱ̵̗̮̼̭̅̔̍ˢ̵̧̨̛͉̳̭͕͙̭̖̪̩͇̰̣̅̎͑̂̆̀͑̔̕͝͝͝͝ᵖ̶̨̲̼̫͇̤̬̀̀̐̽̎̂͛̃̚ᵃ̵̨̛͙̹̱͚͖̼̦̖̗̜̐̀́̿͌̌ᵈ̸̧̡̨̘͚̱͙̤̲͕̭͍̫͎̄̃̒̊̑̀̔̋͋͌̅͜͠͝ᵃ̴̛͚̫͌̽͊̚͘͠ ̵͚̤̹͙͋͌͊͂̏̑͂̎̊̂̈́̊̑̑̂ᴰ̴̫͍͓̘̔̏̍ᵉ̵̡̡̛͖̰͕͕̭̻̱̝̝͔̳̝̔̔̈́̌̊̎̒̈́̌̚͝ˡ̴̫̍̽̇̄̓͗̊̈́͝͝ ̵̠̘̮̺̰͈̹̻͉̲̱͇̋͛̐͒̾́ͅᶜ̸̨̣͍̪̳͕̳̮̤͇͍̭̝͆̕̚͝ᶤ̴̧͓͍̰͓͚̌̈́ᵉ̵̯͔̲͔͉̭̼̻̪̔́̿̄͆͗͑̌͆̀ˡ̶̯̰͙͎̳̟̰͈̣̳̄́͗̃̎͛̓͗̂̽̃͜͜͠ᵒ̸̛͕́̈́͆͋̌̎̄̇͌̚

"̵̟̺͔̺̝̥̺̯̑̿͌̾̇̇̐̃̿͆̂͒͂͌̋̚͘¡̷̡͐S̶̗͇̘͍̗̰̤̱̤̾̄̿̓̀́̕Ō̴̻̠̺͇̙̭̯̟͉̼̓͌ͅL̸̟̺͈̲̼̰̪͉̩̦͛̎̌̿̏̾̐̀͛͊̏̊̎̃͐!̷̘̗̜͇̲̰̗̳͈̰̝͆̚͜"̶̡̡̢̭̻͍͙̤̞͖̜̙͓͉̝̌̓͌́̽

Y el proyectil salió disparado como un bólido contra Kaburagi quien no tuvo ni tiempo de abrir sus ojos de par en par cuando...

KRAKROOMMMMM!

Como si el rayo más poderoso hubiese surgido desde la tierra antes que caer desde el cielo, todo a la distancia se iluminó.

… Permitiéndole a dos hombres encontrar lo que buscaban finalmente.

"¡Shirou!" Exclamó Kiritsugu, pálido como la muerte mientras corría por el bosque siendo seguido por Waver, quien no podía lucir más estupefacto.


A/N: Iremos por partes.

El rol del OC Togo siempre iba a ser este. No había ningún escenario en mi cabeza donde no terminará siendo uno de los primeros personajes con múltiples escenas en estirar la pata, que tuviera una copia china del brazo pajero de Hanam/True Assassin de Stay Night también estuvo planeado… Que este se convirtiera en un youkai Akateko (Que son reales, por cierto) fue una idea descartada inicialmente ya que el plan era que Kaburagi le sustituyera el muñón por uno de estos (Que por cierto tuvo un cameo en el capítulo 7 "Bajo el Agua") y que usando la mano demoniaca se volviera un mini-antagonista que Shirou tendría que superar para poder dar sus pasos como protagonista.

Al final del día, fue más o menos así. Salvo que el Akateko sirvió para darle un poquito de desarrollo a Akiha, que tendrá consecuencias después.

A propósito, el personaje canónico que introduzca en esta historia es personaje que tendrá un uso definido. No escojo nunca nada al azar.

Continuando. Vemos el auge del Broken Phantasm, o al menos la versión más burda que Shirou es capaz de usar con su prototipo de Tracing, pero con un pequeño twist. Shirou coloca la única runa que medio conoce en las proyecciones con el fin de darles algo de poder extra.

Hasta pudo crear una espada eléctrica, que no es algo tan impresionante como algunos pensaran. Más adelante explicaré el porqué.

Para reirme un poco, diré que quería meter una referencia a Star Wars pero no estaba seguro de que si en los 90's era algo tan difundido en Japón, así que tras consultarlo con unos amigos, opté por mejor dejarle algo de Mazinger.

La relación de Shirou y Kohaku avanza y es puesta a prueba de la peor forma posible aquí. Sobra decir que si ya se tenían aprecio desde el primer arco, de aquí en adelante van a tener sus caminos unidos de una forma u otra.

Shippeadores, contengan sus caballos. Son niños que apenas llegan a los diez años. Ni se les ocurra pensar en romance hasta mínimo los catorce, xdios.

Y luego de casi dos arcos, la Cresta de Shirou finalmente hace su aparición. ¡Voila! Esa cosa no se queda solo como un Mcguffin y por fin hace algo en la historia.

Hablando de eso, es hora de hablar del elefante en la habitación: El cristal fotónico con la I.A de Paracelsus. Voy a ser honesto, se siente un poco como un Deus Ex Machina, si.

Y eso que deje varias pistas en capítulos anteriores de su existencia. Esta cosa es introducida aquí como un Plot Device que nos va a acelerar un poco la historia al ritmo que la quiero llevar.

Vamos a ver más de eso en el siguiente capítulo, no crean que es un gamebreaker ni nada. Y ya que estamos.

Nos vemos en el siguiente, quizás más pronto de lo que uno espera.

Siguiente entrada. La Voluntad del Acero.

- Sukracharya - 7/04/22