A/N: Luego de más de cuatro meses, regresamos a esto. Mis más sinceras disculpas, surgieron varias cosas que me impidieron continuar en todo este tiempo. Me gustaría decir que no se va a repetir, pero me temo que no puedo prometer nada.
Pasemos a contestar reviews:
- faertios040: No, no es de la Mesa Redonda, ni siquiera de las Mitológicas Artúricas. Kiara por otra parte la veremos más temprano de lo que uno creería, pero está muy lejos de ser la monstruosidad que aparece en Extra y Grand Order.
- GustavoIVS: Sin esa escena, el personaje de Shirou prácticamente no existe. Me era imposible comenzar su verdadero desarrollo sin el auténtico gatillo que lo convirtió en lo que es.
- Dimihid: Oh, yes. Raikou would definitely approve of this Shirou on his way to become a swordsman with a lightning-like theme.
- u201820285: Gracias por tus palabras. Aoko, ¿eh? Tengo planes para ella, pero lamentablemente no la puedo tener muy seguido ya que no confío en saber manejarla tan bien.
- Franz Myers: La verdad es que eso es algo que me molesta un poco del Fandom hoy en día. Como engloban Mana, Od y Energia Magica en el mismo saco. Si bien no puedo decir que me apego del todo al Canon, intento respetar por lo menos los lineamientos más básicos.
Bueno, terminado con eso, pasemos al capítulo.
Recuerden, hay otra nota del autor hasta el final.
AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.
Clave:
'Pensamientos.'
"Diálogo."
Especial
"Voz sobrenatural/Resaltado"
"Taumaturgia."
Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ
Konton no Tatakai
Capítulo Diecinueve
"Tributo a la Hecatombe"
Monte Kurama - Kyoto.
11 de Noviembre de 1996. 10:57 PM
Odiaba ese lugar. Las pequeñas montañas que lo rodeaban, el bosque que plagaba el sitio y sobre todo el estúpido monte donde estaba todo localizado. Lo odiaba, lo odiaba con todas las ganas posibles. Cómo es que había logrado durar alrededor de cuatro meses sin volverse loco, seguramente se lo podría preguntar durante el resto de su vida sin tener una respuesta clara. No, pensándolo bien... Quizás el tiempo que había permanecido viviendo en el lugar si había terminado por quebrarle la cordura. De lo contrario. ¿Como podría explicar el hecho de que se estaba atreviendo a hacer esto?
Salir del templo había sido lo más fácil. Nadie vigilaba las entradas en la noche y la alacena de la cocina no tenía candado. Había sido una tarea sumamente sencilla escabullirse de su cuarto y recuperar la mochila con ropa extra, dinero acumulado y otras cosas que había ocultado debajo de unas tablillas en el suelo, y pasar por ahí para hurtar algo de comida solo por si acaso.
Entonces, abandonó el sitio por una de las escaleras laterales, y moviéndose a través del patio hacia una de las puertas escondidas en los matorrales, que le habían llevado hacia la parte actual y la más difícil: atravesar el bosque de noche.
Hace cuatro meses, había sido un estudiante regular por ahí. Amigos normales, gustos normales, familia normal. Lo máximo destacable suyo había sido algo de destreza en el béisbol durante un par de partidos locales.
Hasta que un buen día, unas personas le habían hecho una oferta a la que no se podría negar.
Demonios. ¿Si te ofrecieran la oportunidad de cambiar tu vida para entrar a un mundo oculto y obtener poder que podrías responder?
En ese tiempo, no sintió la menor pena por dejar atrás todo lo que conocía, y menos tras ver cómo la magia de sus amables benefactores en conjunto con uno que otro hilo manejado por ellos se encargó de borrar todo rastro de su existencia.
Pero de haber sabido que lo que le esperaba eran horas interminables de recitar versos que no entendía junto con labores domésticos que seguramente fueron comunes en el periodo feudal más largas caminatas a modo de ejercicio en la montaña y una vida sin nada remotamente divertido... Lo hubiera rechazado sin decir más.
Apretó los dientes al apartar las ramas de un arbusto que le bloqueaba el paso, mientras usaba el fastidio que le proporcionaban esos recuerdos a modo de impulso.
Más de un chico que había conocido en el templo venía de las mismas condiciones que él. Algunos se lo tomaban demasiado bien y tenía la sospecha de que la razón yacia en que no tenían otro sitio a donde ir mientras que otros intentaban buscar una forma de ignorar la incertidumbre que sentían al respecto. Pero ninguno con el valor suficiente para animarse a escapar.
Mucho menos por donde iba.
"No vayas al bosque de noche." Era la advertencia del señor. "Ni solo ni acompañado. Pon en práctica la prudencia."
Alguien había preguntado a modo de broma si de verdad existían monstruos ahí, a lo que el señor se había limitado a quedarse en silencio antes de desearles las buenas noches y retirarse.
Monstruos o no, el sitio si que era tétrico por la densa penumbra que lo envolvía. La oscuridad en él era tal que más de una vez estuvo a punto de tropezarse con alguna raíz traicionera y podría jurar que sus manos se habían introducido en el nido de alguna alimaña que lo había creado con la superficie de un árbol.
La luz de la luna que se colaba de a ratos por las rendijas entre las copas de los árboles servía como linterna, ya que no existía ninguna eléctrica en el templo y cargar con una de papel lo hubiera ralentizado demasiado.
Igual, presentía que debía de estar casi a la mitad del descenso del monte. Una vez que estuviera a suelo normal, solo tendría que seguir la carretera hasta la estación de autoservicio más cercana o si tenía mucha suerte, hacerle señas a cualquier vehículo que pasara por ahí.
Entonces, tendría libertad.
Ni de broma regresaría a su vida anterior. ¿Para qué? Con el único truco en el que había estado realmente interesado en aprender del templo bajo su control, podía hacer lo que quisiera. Ya se estaba incluso frotando las manos ante la sola visión de conseguir saciar cualquier deseo suyo, por mínimo que fuera.
Se detuvo para soltar un respiro cuando llegó a lo que parecía ser un claro. Apoyándose en el tronco de un árbol cercano, se relajo antes de extraer una masa de arroz de su bolsa de provisiones y roerla. Podría no tener un sabor específico, pero dado su estado emocional actual le supo a gloria pura.
Entrecerró los ojos, celebrando el próximo éxito de su atrevimiento antes de abrirlos cuando noto algo extraño.
Todos los árboles enfrente de él parecían estar cubiertos por una fina capa fantasmagórica que se le figuraba a neblina pero compuesta de tal forma que se asemejaba a algo sólido. Curioso, se acercó caminando por el claro hasta que...
Crack!
El crujido hizo que se sobresaltara antes de caer en cuenta de que venía debajo de él. Miro hacia el suelo, y pudo ver cómo sus pies descansaban ahora sobre una pila de ramas secas y blanquecinas apiladas entre maleza muerta y tierra.
Crack!
Otro crujido se escuchó a la distancia, obligándolo a voltear a ambas direcciones mientras que los latidos de su corazón se aceleraban. Inconscientemente, dio otro paso hacia adelante y...
Crack!
Se estremeció por el ruido provocado y miro como había pisado otra de las ramas... La cual terminaba en una extremidad con cinco zarcillos pálidos y que apestaban a podredumbre.
Esas no eran ramas. Eran huesos.
Nadie escuchó sus gritos en medio del sombrío bosque a esas horas de la noche.
xXx
Palazzo Vecchio - Misaki
12 de Noviembre de 1996, 3: 37 PM.
Que la reunión fuera en un restaurante italiano era una de las pocas cosas que Yuugo agradecía de esta. Aun si hubiera sido uno de alta clase japonés, el miembro de la Iglesia difícilmente se hubiera encontrado con un humor más tratable. En sus veintisiete años de vida, nunca le había agarrado el gusto a la gastronomía nacional luego de que su familia terminará por emigrar a Sicilia poco después de que él naciera. Aun si llevaba ya un par de años apostado en Japón, se sentía más como un extranjero que como parte del grupo de sus compatriotas.
El hecho de que no fuera él quien tuviera que sacar de su bolsillo el dinero de la cuenta ayudaba un poco... Pero bien podría decirse que eso era contrarrestado por el hecho de que quien estaba pagando la comida y yacía sentado enfrente de él no era precisamente alguien con quien quisiera pasar tiempo.
"Encontramos dos cadáveres, exactamente. El primero en el patio y sin un brazo, decidimos incinerarlo ahí mismo ya que no contábamos con los recursos para transportarlo. El segundo fue hallado en lo profundo del bosque, en un estado mucho más lamentable. Encerramos lo que quedó en un contenedor y lo sepultamos en uno de los agujeros que encontramos por ahí." Le dio pausa a su comentario para darle un bocado más a su lasaña y tras masticar por varios segundos, continuó. "Que el riachuelo que solía estar ahí se secara hace tiempo es bueno, de lo contrario alguien se quejaría eventualmente sobre una posible contaminación con mercurio corroído por lo que sea que había producido ese magus."
"Entiendo. ¿Y qué hay de los guardias drogados y el cadáver de la mano demoníaca?" Preguntó el hombre contrario, acomodando las gafas por encima del puente de su nariz.
"Dos de ellos tuvieron una sobredosis que bien pudo haber sido fatal. La Iglesia pagará el tratamiento de ambos en el hospital y un compañero mío se está encargando de inventar una historia para cubrir aquello." Le respondió Yuugo antes de resoplar. "El cadáver de esa aparición sufrió el mismo destino del primero que encontramos, ardió hasta las cenizas. Los daños a las instalaciones están siendo reparados y se ha enviado un comunicado oficial de que hubo un accidente en la academia... Fuga de gas. ¿Lo que tiene que añadir entonces, Tohno-san?"
"Ya veo." Comentó Makihisa, dejando que sus ojos se posaran fijamente en el hombre más joven. "Si, hay algo de mi parte que puedo decir."
Y terminó por extraer algo de su chistera; un sobre, que fue justo a parar a la mesa en medio de los dos. Yuugo alzó una ceja al verlo antes de tomarlo, con un impulso algo reacio.
Era demasiado pequeño para contener un informe escrito y una vez que lo abrió, comprendió el porqué del tamaño.
"..." No emitió sonido alguno mientras leía la cantidad de dinero anotada en el cheque, la cual fácilmente era comparable a su salario de un mes triplicado.
"Fue un evento desagradable, menos mal que quedara olvidado ahora que los responsables se encuentran ajusticiados." Continuó hablando Makihisa con un desinterés palpable. "Todo regresará a la normalidad en cuestión de unos días, el caso debería de estar cerrado. ¿No lo cree, Ando-san?"
No era necesario decir abiertamente lo que estaba ocurriendo, Yuugo reconocía un soborno cuando lo veía. Y si bien una parte de él no pudo evitar sentir una pizca de indignación ante aquello, la avaricia pudo más y lo obligó a guardar lo que le habían entregado en uno de sus bolsillos antes de asentir.
Estaba bien. Los Tohno eran una familia más influyente en lo mundano que en lo sobrenatural pese a su naturaleza herética, e intentar ir contra ellos sería estupido debido a la pobre influencia de la Iglesia en el país.
"Así parece ser, Tohno-san." Terminó por asentir, disimulando la poca indignación que le había sacudido levemente. Si el otro hombre advirtió algo, se limitó a permanecer en silencio mientras tomaba un sorbo de su té.
No le tomó mucho terminar su comida y anunciar su retiro del lugar tras levantarse. Recibiendo una despedida cortés de parte del mestizo, camino hacia la entrada del restaurante mientras intentaba pensar en todo menos en el sobre de su bolsillo, que ahora llevaba consigo un peso fantasmal.
Anduvo con la mirada perdida y los pensamientos desordenados, que estuvo a punto de tropezar con alguien.
"... Ah, cuidado." La voz de un niño le interrumpio, forzandolo a mirar hacia abajo, donde un par de ojos color ocre lo miraban, parpadeando. El niño se apartó del camino, siendo conducido por un hombre alto y de rostro serio, quien apenas le dirigió una mirada.
"... Una disculpa." Musito Yuugo con toda la cortesía que podía conjurar en aquellos momentos, y finalmente salió del establecimiento rumbo hacia donde había estacionado su auto.
Shirou parpadeo nuevamente y miró a su padre, quien se encogió de hombros. Ambos fueron interceptados entonces por uno de los meseros, quien les preguntó si gustaban una mesa.
"Nos espera alguien ya." Respondió Kiritsugu, antes de mirar hacia la mesa en la cual estaba sentado Makihisa, quien alzó ligeramente la taza de té que sostenía a modo de saludo.
En menos de un minuto, los dos Emiya estaban sentados ya enfrente de él.
"Buenas tardes." Los saludo, depositando su taza de regreso en la mesa. "Pueden ordenar lo que guste. Confío en que tengan bien presente nuestra conversación del día anterior."
Padre e hijo compartieron una mirada al escuchar aquello.
"Todo parece estar en orden." Comentó Kiritsugu, luego de haber leído el pergamino una y otra vez mientras observaba como Shirou hacía lo mismo. El día anterior, el antiguo mercenario la había pasado explicándole a su hijo en qué consistia un geis así como la versión más desalmada de este que era un contrato de autoimposición por medio de un texto como ese.
Shirou se había quedado entre aterrado y sorprendido por la existencia de tal cosa, muy para su alivio. Si bien por obvias razones no censuraria tanto los detalles más turbios de algunas experiencias suyas, Kiritsugu afortunadamente no había necesito contarle de cuales eran los peores escenarios de los que tenía conocimiento para dejarle en claro que clase de arma de dos filos eran.
"¿Shirou?" Preguntó al cabo de varios segundos, causando que su hijo apartara la vista del pergamino y asintiera.
"Si." Dijo, antes de señalar las primeras líneas y recitar. "De la familia Emiya, padre e hijo atenderán el servicio del Clan de los Tohno en relación a la preparación del Sagrado Elixir de Acala. La búsqueda de los recursos indispensables para tal ritual y la creación del brebaje deberán de concluir con la entrega del producto para que el servicio sea levantado."
Aparentemente según le había contado Kiritsugu, sería originalmente solo él quien hubiera terminado por firmar tal cosa. Pero luego del acuerdo al que había llegado con el señor Makihisa tras su jugarreta, él también estaba incluido.
"Y así será." Añadió el mestizo, del otro lado del escritorio mientras juntaba ambas manos. "Por mi parte, puedes comprobar que está escrito ahí lo mismo que voy a recitar ahora. En retorno por los servicios de la familia de los Emiya, el Clan Tohno entregará una porción del brebaje recibido a estos para el uso que deseen y garantizará la protección y prosperidad de la familia como pago."
Tanto Kiritsugu como Shirou asintieron, confirmando que efectivamente estaba escrito.
"En ese caso." Makihisa continuó, mientras presentaba un cuchillo simple que contrastaba enormemente con su imagen a la par que señalaba una pluma de ave negra apoyada a un lado del pergamino. "¿Sus firmas?"
Kiritsugu fue primero, haciendo un leve corte en la yema del pulgar y dejando caer poco más que unas gotas de sangre sobre un punto específico del papel, en el cual colocó también la tinta que impregnaba la pluma y escribió su nombre al mismo tiempo que canalizaba un leve pulso de energia magica.
Cuando terminó, le ofreció el cuchillo a Shirou quien parpadeo al reconocer los caracteres débilmente grabados en un costado.
'Nanatsu-Yoru. Siete noches.' Pensó, encogiéndose de hombros mientras lo tomaba. 'Qué nombre más raro.' Le dejó de tomar importancia al tomarlo del mango y se dispuso a imitar a Kiritsugu.
No teniendo mucha oportunidad de probar comida así de occidental, Shirou terminó por decantarse por unos gnocchis; bocadillos de harina y patatas aderezados con aceite y acompañados de algo que le parecían ser espárragos. Kiritsugu por otra parte, se había limitado a ordenar el spaguetti más simple.
Mientras comía, no podía evitar sentirse extrañado por el hecho de que podía ver a los dos adultos tener una de las conversaciones que días atrás ni de loco hubiera tenido permitido escuchar. No participaba aún, porque realmente no tenía nada que decir en aquellos momentos.
Makihisa y su padre por otra parte...
"La Iglesia no se meterá más en este asunto. En cuanto a ellos respecta, este incidente está por debajo de su atención." Informó Makihisa, quien de vez en cuando hacía una pausa para degustar su postre, una especie de trozo de pastel llamado tiramisú al parecer.
"¿Y eso por... ?" Si bien Kiritsugu había alzado una ceja al inicio, no tardó en que una sospecha se asentara en su mente y entornara los ojos. "Ah, ya veo... ¿Y cómo estás tan seguro de que se mantendrá fiel a eso solo por dinero? Hombre que traiciona por eso a la organización a la que sirve no tendría reparos en devolver el favor."
Makihisa resoplo. "Lo viste salir justo cuando los dos entraban, un hombre así no podría rechazar algo que bien podría ver como un regalo del cielo. Por lo tanto, no hay preocupación de que la Iglesia vaya a cavar más hondo en esto."
"Si tu lo dices." Respondió Kiritsugu antes de añadir. "Por mi parte, los papeles que tome de Kaburagi me resultaran de lo más utiles para mi propia investigación. Si lo que creemos termina por ser cierto, sera mas fácil de lo pensado."
"¿Los has revisado todos ya?" Esta vez fue el turno de Makihisa de alzar una ceja mientras le preguntaba.
"No." Negó Kiritsugu con la cabeza. "Solo una ojeada a algunos, todo lo que resta de esta semana los estaré leyendo antes de trazar un plan para el siguiente movimiento."
"Si así te parece, lo dejo a tu criterio." Comentó Makihisa una vez que terminó con su postre. "En la información que te di inicialmente, incluía algunos de los artefactos que encontré hace meses. Con que logres dar con el paradero de uno, me imagino que te estarás acercando."
"Me encargaré de eso entonces." Asintió Kiritsugu.
"Hmm... ¿Hay algo que pueda hacer yo?" Pregunto Shirou luego de haber esperado varios minutos, ganándose la atención de los dos hombres de inmediato. Tenía la sospecha de que si no hubiera hablado, los dos adultos lo habrían ignorado por el resto de la comida.
"Hmm. Ignoro cómo es el proceso del conocimiento que absorbiste, pero si yo fuera tú, me pondría a intentar descifrarlo tan pronto como pueda. Eso o intentar investigar de una vez como obtener el último requerimiento sin contar el recipiente y lo que tu padre busca."
Shirou frunció el ceño. "¿Fuego Verdadero de Samadhi?"
"He de admitir que casi estoy intrigado por cómo podrías conseguir tal cosa hoy en día." Admitió Makihisa, antes de regresar a su postre. La conversación continuó mediante cortos intervalos durante una media hora más, hasta que finalmente los tres se retiraron.
Makihisa salió primero tras pagar la cuenta, y se perdió tras la puerta. Los dos Emiya por su parte, tomaron un rato más para salir hacia el estacionamiento, donde les esperaba su nuevo medio de transporte.
El auto era uno comprado en remate hace poco, Kiritsugu había comentado que dada las circunstancias era viable tener uno a la mano en lugar de andar dependiendo de un taxi. La experiencia de uno, ciertamente se sintió medio novedosa para Shirou.
No tomaron mucho tiempo en llegar al lugar donde ahora vivían. A menos de unos veinte minutos de la mansión de los Tohno, prácticamente al lado de un predio ocupado aún por el bosque y con propiedades en renta u ocupadas rara vez por alguien que seguramente vivía en algún departamento opulento de Tokyo y alrededores.
Una casa de dos pisos en buen estado que ocupaba un terreno de cerca de doscientos metros cuadrados. Muy lejos de ser comparable a la de Fuyuki, pero les serviria a los dos por el momento.
Kiritsugu se estacionó enfrente de esta y salió del vehículo acompañado por Shirou. Padre e hijo entraron por la puerta principal y casi al mismo tiempo soltaron un suspiro de alivio al estar adentro.
"¿Entonces que investigaras ahora?" Se animó a preguntarle Shirou.
"La Marble Trading Company. Se trata de una compañía que tenía lazos con el traficante y a la que habíamos descubierto justo antes del incidente. " Terminó por contarle Kiritsugu antes de soltar otro suspiro. "Y antes de que lo preguntes, no."
"¿Ah?" Shirou alzó una ceja. "¿Cómo que no? No iba a decir nada."
"...Olvidado." Kiritsugu puso los ojos en blanco antes de continuar. "No vas a ayudarme con esto porque no tienes experiencia investigando cosas así y ahora no puedo enseñarte. Solo te lo digo porque es importante, ¿entiendes?"
"Ah... Está bien." Respondió Shirou, asintiendo. '¿Ya tengo tan baja la opinión?' Pensó antes de continuar. "... Entonces, ¿tengo que hacer lo que me comento Makihisa-san en el restaurante?"
"Pues es lo único que puedes hacer ahora, Shirou." Le comento Kiritsugu mientras tocaba uno de sus hombros con el índice. "Intentar entrenarte ahora cuando no ha pasado mucho tiempo desde tus heridas sería contraproducente, así es mejor ponte a revisar la información que tienes. Considéralo tu tarea, te recomiendo que vayas anotando en una libreta lo que te parezca más importante para irlo a investigar después, ¿si?"
"Oh, está bien." Asintió nuevamente Shirou antes de levantarse del sillón y subir las escaleras hacia el segundo piso, donde estaba el cuarto de los dos más un baño de uso compartido.
Una vez que llegó a su habitación y cerró la puerta detrás de sí, de inmediato abrió el cajón del escritorio que había en este y extrajo el cristal de Paracelsus de su lugar antes de colocarlo sobre la superficie de madera y suspirar.
Bueno, si necesitaba ayuda...
No le tomó nada activarlo y al cabo de unos segundos, la proyección ya se había manifestado.
"¿Shirou-kun?" Preguntó la Inteligencia Artificial. "Hola, buenas tardes. ¿Como has estado?"
"Bien, Caster." Respondió Shirou antes de caer en cuenta de que ni él se creía eso. La ceja alzada de la proyección le dijo todo lo que necesitaba saber, obligándole a admitir la verdad.
"Está bien... Está bien... Han sido cansados, mi padre y Makihisa-san están discutiendo de la investigación que él necesita, Waver-sensei se fue el día anterior, nos mudamos a una nueva casa y yo tengo que comenzar a estudiar la información que me diste."
"Hmm, ciertamente unos días bastante atareados." Comentó la proyección de manera simpática. "Lo que me recuerda... ¿Le has revelado a tu padre ya sobre mi existencia?"
Shirou apoyó su cabeza contra el escritorio, prácticamente respondiendo que no sin decirlo en voz alta.
"Deberias de hacerlo, honestamente." Le aconsejo Paracelsus antes de suspirar por su parte. "Y bueno, antes de revisar todo eso supongo que podría darte un pequeño empujón de apoyo."
Tras ver como Shirou revelaba su mirada, poniéndole atención, continuó.
"De lo que recuerdo, la formula de la creación del Elixir de Acala requiere cierto conocimiento y maestría sobre una taumaturgia de Zipango especifica, el Shugendou."
xXx
Iglesia Souya - Tokyo
12 de Noviembre de 1996, 9: 37 PM.
Desde 1858, la Iglesia Católica había adquirido cierto interés por tener un pie fuerte en Japón. Este era uno de los pocos recintos alejados de la influencia de su enemigo tradicional, la Asociación de Magos, quienes acababan de dar arribo al llamado "país del sol naciente" no hace mucho a diferencia de ellos, quienes habían tocado sus costas cerca de trescientos años antes.
Dicha influencia no era muy fuerte en la actualidad, pero había sabido mantenerse firme contra los embistes de otros grupos internacionales presentes en Japón del mundo iluminado por la luna, así como los locales.
La Iglesia de Souya era un ejemplo de dicha resistencia. En una oficina localizada en lo más recóndito de esta, Yuugou tamborileaba la mesa con sus dedos mientras escuchaba como alguien le hablaba por teléfono.
"Si, como se lo dije, monseñor." Habló finalmente con cortesía, aunque cualquiera que lo estuviese viendo hubiera podido identificar de inmediato que el hombre estaba a nada de perder la paciencia a juzgar por la expresión que tenía. "Los dos herejes que encontramos están muertos. Sus restos fueron incinerados y nada guardamos de ellos. ¿El cubil de este traficante? Lo revisamos a fondo, se encontraba en un pésimo estado y en su mayoría repleto de baratijas de poco valor o interés para la Iglesia. Confiscamos algunas de ellas y el resto fueron destruidas. Uno de los ejecutores empleo algo de taumaturgia para sepultar el subterraneo, nadie mas lo encontrara."
"¿Y has dado algún anuncio a las comunidades de esto?" Le preguntó una voz vieja pero firme desde el otro lado de la línea.
"Aun no, pienso terminar de redactar el informe para los archivos y posteriormente comentarle al Buró del Onmyou, a la familia Reiroukan y a los Lanlan lo que ocurrió, ellos se encargaran de propagarlo a sus respectivas zonas de influencia." Le informo Yuugo con sinceridad.
"Hmm, muy bien. Quedará entonces como un ejemplo. Que el Señor te bendiga, Yuugo." El hombre pareció satisfecho con la respuesta y daba por terminada la llamada.
"Lo agradezco, monseñor." Respondió Yuugo antes de desearle un excelente día y finalmente colgar, soltando un suspiro en el proceso.
Por fin libre. Solo tendría que terminar de escribir lo que había dicho, y el día de mañana se encargaría de enviar los mensajes respectivos. En cierto modo, estaba hasta agradecido con el acuerdo hecho con el señor Tohno.
Demasiado trabajo sería lanzar una investigación con aquellos elementos. Esa línea de pensamiento hizo que el fajo de billetes que no había abandonado el bolsillo de su chistera se sintiera mucho más liviano, ahora que lo pensaba.
Su compañero se estaba demorando ya en llegar, no le importaría mucho de no ser porque él era el encargado de traer la merienda.
Quizás debería intentar ver televisión o algo.
Ring. Ring. Ring. Ring.
Soltó un resoplido irritado al escuchar el timbre del teléfono sonar. ¿Era en serio? ¿Justo ahora?
Ring. Ring. Ring. Ring.
Tal parecía que a la persona del otro lado de la línea, tal cosa no podía importarle menos. Por lo que rápidamente agarró el teléfono y preguntó de mala gana.
"¿Diga?"
"¿Yuugo Ando?" Le pregunto la voz de una mujer algo joven del otro lado. Tal parecía que se trataba de alguien que le gustaba ir directo al punto, pudo notar la urgencia en su tono.
"Si, aquí presente. ¿Quien es y que se le ofrece?"
"Soy la abadesa, Riesbyfe Stridberg." Anunció la mujer, causando que Yuugo casi sufriera un infarto una vez que la reconoció.
"... ¿Qué puedo hacer por usted?" Pregunto Yuugo a pesar de que sospechaba ya cual seria la respuesta.
"Tengo entendido, por parte del monseñor Dilo que fue usted quien lidio con esta desagradable situación que tuvo lugar en la academia a mi cuidado." Continuó la mujer, prácticamente afirmando y no preguntando.
"Así es. El caso fue finalmente cerrado hoy, todos los detalles los puede consultar con el monseñor." Le sugirió Yuugo con el fin de cortar la conversación de raíz.
"Y eso haré en tanto me sea posible." La abadesa no sonaba satisfecha. "Pero me temo que el caso dista mucho de estar cerrado en lo que me concierne."
"¿Disculpe?" Yuugo por muy poco respondo con el peso de todo su fastidio.
"Este incidente presenta una marca en la institución que se puso a mi cargo. Eso es inaceptable para mí y más aún dada la naturaleza del siniestro. De no encontrarme atada a mis deberes actuales en Suecia, dándole caza al Apóstol Muerto del Lago iría yo misma a realizar mis investigaciones. Ordenó que esta se abra de nuevo y exijo una a fondo ejecutada por usted."
"Abadesa, con el debido respeto." 'Que no le tengo' Intentó hablar Yuugo. "Usted no posee la suficiente autoridad clerical para ordenar eso como una. Sería una historia distinta si viniera del monseñor."
"No estoy ordenando esto como abadesa." Respondió duramente la mujer. "Estoy haciendo facultad de mi autoridad como capitana de los Caballeros Vestales. Desde este momento, usted y su compañero, Berlusconi están bajo mi comisión. Esperaré informes dentro de una semana."
"Entendido, madame." Respondió finalmente con desgana Yuugo antes de colgar. 'Esta noche no puede ser peor.'
Y supo que no debía de tentar a la suerte, porque en ese momento se abrió la puerta y entró su compañero cargando bolsas de lo que parecía ser comida local a juzgar por el olor.
"Estos rollos de sushi estaban en oferta por hoy." Escucho al italiano comentar animadamente, ajeno a su pésimo humor en aquellos momentos.
'Odio este país.' Pensó Yuugo, reprimiendo un gruñido.
xXx
Biblioteca Municipal - Misaki
13 de Noviembre de 1996, 10: 46 AM
Padre e hijo miraron el edificio bien conservado cuyo enorme letrero delataba su función. Aunque aún sin este, bien hubieran sabido de que se trataba del lugar que buscaban a juzgar por como en las ventanas podían verse hileras de estanterías repletas de libros.
"Soy yo, ¿o es más grande que la de Fuyuki?" Preguntó Shirou, mientras ladeaba su cabeza un poco hacia su izquierda. Por su parte, Kiritsugu se encogió de hombros.
"Tengo entendido que la anterior que estaba ubicada en Shinto era del mismo tamaño. Pero eso no importa ahora, sigamos." Y empujó ligeramente a su hijo adoptivo mientras que ambos caminaban hacia la entrada.
No se toparon con muchas personas. La gran mayoría eran estudiantes de bachillerato saliendo de ahí con los rostros pálidos ante la noción de que se les había terminado el tiempo de estudio, y el portero que más bien parecía más entretenido en ver algo en la televisión portátil que llevaba en sus rodillas que cumpliendo su labor.
Una vez que atravesaron las puertas, pudieron ver ya como la biblioteca se encontraba medio llena a esa hora. Fuera de los estantes con múltiples pasillos separándolos, había zonas con largas mesas y pequeñas salas de estar con sillones de aspecto cómodo, y un pasillo más extremo que conducia a otra área.
Pero no estaban ahí para admirar la vista.
"Bien, Shirou. ¿Recuerdas en donde dije que buscaras?" Le preguntó Kiritsugu, provocando que él asintiera.
"Si, en religión o fantasía." Respondió Shirou mientras entornaba los ojos al mirar los pasillos. "¿De verdad crees que vaya a poder encontrar algo de esto del Shuugendou aquí? ¿No hay bibliotecas mágicas o algo así?"
Kiritsugu evito pensar en el mercado negro de Tokyo y en algunos posibles centros de Japon donde podria existir tal cosa, antes de responder. "Hay algunos sitios así... Pero ahora no tenemos forma de acceder a ellos, así que tenemos que trabajar con lo que hay. ¿De acuerdo?"
"Okay." Asintió otra vez Shirou. "Entonces, Shuugendou... Un tipo religion rara segun tu que usa una forma de taumaturgia."
"Las religiones y las creencias de ese tipo son lo que sostienen muchas formas de taumaturgia, Shirou. Se llaman Fundaciones Taumatúrgicas." Le reveló Kiritsugu antes de señalarle a uno de sus pasillos. "Waver te lo podría explicar mejor. Pero ahora, ve y busca. Estaré en las computadores buscando información de lo mio."
Y con eso, se separaron. Kiritsugu se dirigió hacia el pasillo externo mientras que Shirou hacia los estantes. No pasaron ni diez segundos, y el pelirrojo soltaba ya un suspiro.
A pesar de que su padre lo estaba disimulando, se notaba bien que no estaba del todo de buen humor, especialmente por lo de ayer.
Pero bueno... ¿Qué esperaba?
"¿Qué es lo que quieres mostrarme, Shirou?" Preguntó Kiritsugu extrañado, mientras que el ojiámbar tragaba saliva. Decidirlo minutos atrás había sido fácil. ¿Lo difícil? Hacerlo de verdad, pero no había marcha atrás.
"Veras..." Dijo, mientras extraía el cristal fotónico de su bolsillo mientras que su padre alzaba una ceja. "Sera mas facil si lo ves."
Fue lo que alcanzo a decir, antes de que los colores en el interior del cristal emitieran un parpadeo y la silueta de Paracelsus comenzará a dibujarse en el exterior hasta formarse por completo ante un Kiritsugu algo atónito.
"Muy buenas tardes, Kiritsugu Emiya-san." Le saludo el remanente del alquimista antiguo.
Kiritsugu por su parte fijó su mirada ahora en Shirou, quien nuevamente tragó saliva.
Fuera de un regaño de varios minutos tras la explicación, Kiritsugu parecía haber procesado lo que había ocurrido. Y si bien se había calmado, no era ninguna proeza el notar lo poco complacido que se sentía al respecto.
En cierto modo, no era del todo reconfortante para Shirou. Tras una pequeña lluvia de ideas (Acompañada de un interrogatorio a la Inteligencia Artificial por parte de Kiritsugu), los tres habían llegado a la conclusión de que lo esencial era recolectar información primero. Información que pudiera ser digerible para un niño con una inteligencia común para su edad como Shirou.
Ergo, la decisión de darle una visita a la biblioteca.
El pelirrojo esquivó a más de una persona deambulando por el pasillo mientras observaba los títulos. La sección era de "Fantasía" según y hasta el momento ninguno de estos parecía tener alguno que pudiera contarle lo que buscaba.
'¿Cuentos Rurales de Japón? No. ¿Mil y un Youkai? Tampoco. ¿El Fantasma de los Taira? Menos.' Sus ojos se posaban en cada uno de la sección, sin toparse por el momento con ninguno. No parecía que fuera a tener buena suerte en los primeros minutos de búsqueda.
Aburrido, miro hacia las secciones superiores con algo de curiosidad.
'Las Crónicas del Emperador Kanmu, Los Oni del Monte Oue, Chamanes Coreanos, Los Dioses y sus Cultos de Japón...' El último, un tomo semi-nuevo con el título escrito en una elegante tinta roja llamó su atención e hizo que se subiera a un banco cercano para poder extraerlo desde ahí. Caminó entonces hacia el espacio tipo sala de estar más cercano y se acomodó en el primer sillón que vio antes de abrir el libro y de inmediato toparse con el índice.
'Budismo en Japón.' Penso al ser lo primero que vio al inicio de este. En teoría esa era la religión que practicaba pero nunca de forma seria. Kiritsugu no era precisamente un devoto de esas creencias y los Fujimura tampoco.
Solo la amistad que tenían con los Ryuudou de Fuyuki, quienes eran la familia responsable del templo homónimo los conectaba con ese dogma. Si la memoria no le fallaba, estaba seguro de que el hermano mayor de Issei había comentado una vez que estaban afiliados a la escuela del Jōdo Shinshū o algo así.
Y según el índice, había alrededor de unas doce o más por ahí.
'Shingon, Tendai, Nichiren.' Pensó Shirou mientras las leía. Pero no parecía que ninguna de ellas podría decirle lo que necesitaba, así que se enfocó en la siguiente sección del índice marcada como Kami.
'Fuujin, Bishamonten, Amateratsu...' Leyó algunos al azar mientras trazaba con la punta de su dedo el número marcado de las páginas donde descansaba la información. No tomó nada en darse cuenta de que eran nombres de dioses.
Shirou tarareo en voz baja mientras seguía viendo la lista, hasta entornar los ojos cuando se topó con uno en particular: Acala.
Soltó un respingo, a la par que miraba que se encontraba en la página 143. Con sumo cuidado, comenzó a dirigirse hacia ahí hasta finalmente llegar y toparse con el grabado de una especie de demonio con la piel de un azul fuerte y oscuro, una expresión de miedo y blandiendo dos armas.
'Acala.' Rezaba el título de la página, y más abajo podía leerse una breve descripción.' Llamado en Japón como Fudō Myōō. Es un Rey de la Sabiduría y un Dharmapala; el protector furioso que remueve los obstáculos, reparte la justicia y extermina al mal.'
Parpadeo varias veces. '¿Rey de la Sabiduría? ¿Dharmapala?' Debería de haber tenido una libreta para apuntar cosas así. El último nombre parecía un trabalenguas.
Meneo la cabeza mientras continuaba con la lectura.
'Adorado especialmente en las variantes Zen, Nichiren y Shingon del Budismo, aunque es también popular en el Shugendou...'
Al leer lo último, Shirou sintió un vuelco en el corazón y todavía más cuando leyó en el pie de página una marca que rezaba: Para más información, ver la página 225.
No le tomó nada a Shirou recorrer las páginas hasta llegar a otra donde para su desilusión, se topó solamente con una serie de cuadros de varios colores con algunas ilustraciones. Una en un amarillo palido se titulaba Shuugendou y apenas contenia un parrafo de informacion.
'El culto que sincretiza las tradiciones de folklore local, la adoración a las montañas, el budismo y hasta el Shinto. Practicado por yamabushi, monjes de las montañas. Una de sus deidades más importantes es Acala.' Leyó Shirou, parpadeando nuevamente. "¿Que es sincretiza?" Se preguntó así mismo antes de asegurarse de memorizar bien ese término.
'Yamabushi, Monjes de Montaña. Yamabushi...' Repitió varias veces en su mente antes de asentir. Eso era, con eso podía intentar buscar algo más.
Rápidamente, dejó el libro que había estado leyendo en un carrito cercano mientras buscaba en otra sección, está enfocada más a la religión. Esta vez, no tomo mucho en encontrar algo que parecía ser un folleto titulado: Los Monjes de las Montañas.
Muy para su alivio, el interior tenía una sección enfocada al Shuugendou. Alivio que se desvaneció cuando está solo contaba su historia y no con muchos detalles. Alzó una ceja al leer como al parecer había sido una religión prohibida no hace tanto tiempo y como existían un par de comunidades alejadas que lo practicaban actualmente... Pero el folleto no decía dónde estaban.
Frunciendo el ceño, Shirou camino hasta al carrito dispuesto a dejar lo último, cuando se topo con un rostro conocido en el camino.
"Jinan-san." Saludo, sorprendido.
El curandero, quien había estado leyendo un libro mientras caminaba alzó la vista de este y parpadeo al verlo. "Shirou-kun, buenos días. ¿Qué estás haciendo aquí?"
"Lo mismo que Kiritsugu, investigando unas cosas. Aunque él está por las computadoras." Respondió el pelirrojo, señalando en aquella dirección.
"Ya veo." El curandero sabía mejor que preguntar detalles. "¿Cómo te encuentras después de unos días? Luces bastante bien, hasta podría decir que te encuentras a un nivel aceptable de salud a pesar de las heridas que recibiste."
"¿De verdad? Vaya." Shirou se encogió de hombros. A decir verdad, solo sentía un par de punzadas muy de vez en cuando.
"Deberías de poder incluso hacer cierto uso de tus circuitos mágicos en un par de días." Continuo Sougen.
"¿Eso significa que podría usar taumaturgia entonces?" Preguntó Shirou con los ojos muy abiertos. El curandero asintió tentativamente la cabeza antes de responder.
"En tanto no realices ningún esfuerzo pesado, debería de estar bien." Le advirtió serenamente antes de darse la media vuelta. "Dile a tu padre que puede pasar el fin de semana a la clínica por una nueva reserva de viales que necesita."
"De acuerdo, se lo diré." Asintió Shirou.
"Muy bien, en ese caso me retiro. Ten un excelente día." El curandero inclinó levemente la cabeza antes de dejar el libro que había estado leyendo en el carrito y caminar en la dirección opuesta, probablemente hacia la salida.
Shirou entonces se dirigió hacia donde debería de estar Kiritsugu tras preguntarle indicaciones a una mujer que ordenaba unos libros de jardinería en una pila. Esta le dio una serie de instrucciones que siguió, hasta que finalmente dio con una sala de computadoras, donde su padre era el único ocupante sin contar a un hombre joven que parecía estar jugando algo a juzgar por como miraba atentamente la pantalla y movía frenético sus dedos sobre el teclado.
"Viejo." Le dijo Shirou en voz baja mientras se acercaba. Kiritsugu alzó la vista de la computadora, sobre la cual rezaba la página de un periodico.
"¿Shirou?" El viejo mercenario alzó una ceja. "¿Qué pasa? ¿Lograste encontrar algo?"
"No mucho, pero si me tope con Jinan-san. Me pidió que te dijera que sí podrías pasar el sábado a recoger más viales."
"¿Sougen?" Kiritsugu se mantuvo pensativo por varios segundos antes de asentir. "Ya veo… ¿Encontraste algo por cierto?"
"Pues… Un par de cosas." Confesó Shirou.
Después de firmar la presta de los libros que había encontrado, salieron de la biblioteca en dirección hacia la casa. Tras dejar los libros en un pequeño taburete abandonado de la sala de estar, Shirou no perdió el tiempo en preparar una comida ligera para los dos.
Alrededor de unos cuarenta minutos de haber llegado, padre e hijo yacía en la mesa, devorando el respectivo platillo que ambos tenían.
"Yamabushi..." Kiritsugu entorno sus ojos al escuchar aquel término. "Se lo que son. Tienen varios enclaves en muchas partes del país donde se dedican a sus asuntos, lejos de la sociedad."
"¿Crees que podría aprender lo que necesito del Shugendou de alguno de ellos?" Preguntó Shirou, tras terminar de tragar un trozo de pescado.
Kiritsugu se encogió de hombros. "Es lo más probable, Shirou. Son los que más practican esa creencia, pero tengo que dejarte claro que probablemente no vean con buenos ojos a alguien que no pertenece a su grupo intentando aprender sus secretos."
"¿Ah? Pero si yo no quiero saber nada de sus familias ni esas cosas." Se extraño Shirou, causando que su padre meneara la cabeza.
"Incluso bajo estándares de los magi, son demasiado retraídos." Le reveló Kiritsugu mientras buscaba en su memoria algunos ejemplos que pudiera dar. "Estos en su mayoría son clanes que llevan siglos con ese estilo de vida y al verlo como religión también, puede llegar a portarse más que cortantes con otros."
Los yamabushi de Japón difícilmente eran los únicos en todo el mundo. Ciertas agrupaciones como los misteriosos Cimientos del Cielo o la Puerta del Dios en el continente americano mantenían un sistema de entrada y control demasiado riguroso contra extranjeros que intentaran empezar un asunto con miembros suyos. Era muy diferente al elitismo practicado por las ramas europeas de la Asociación de Magos, pero ninguno tan extremo como las incontables tribus de la Confederación del Amanecer o las que yacían en los archipiélagos de Oceanía.
"Entonces. ¿Qué es lo que hariamos?"
"Lo esencial sería primero investigar donde podríamos contactar con alguien que los conozca o que pertenezca a ellos, pero eso nos tomará tiempo, así que no hay que adelantarnos." Shirou asintió tras escuchar la sugerencia de su padre, a lo que Kiritsugu añadió. "Por ahora, leer lo que pudiste traer. ¿Puedes hacerlo?"
El pelirrojo asintió de nuevo, antes de realizar una pregunta. "Una cosa. ¿Puedo usar tu computadora cuando termine de lavar los trastes?"
Ahora le tocó su turno a Kiritsugu de extrañarse. Shirou nunca había pedido nada como eso antes.
"Claro que sí. ¿Pero para qué?" Le pregunto.
"Pues ya pasaron unos días. Iba a escribirle a Waver-sensei sobre todo lo que ha pasado últimamente." Respondió Shirou.
'Oh, ya veo.' Tenía sentido que fuera así. "Muy bien, mientras terminas de recoger entonces la ire a sacar de donde esta."
Y dicho y hecho, Kiritsugu recogió su computadora portátil de su cuarto y la colocó en un escritorio de la sala antes de regresar a este, dejándolo solo.
Shirou suspiro una vez que abrió la página y se dispuso a redactar lo que quería decir.
"Hola, Waver-sensei. Buenas tardes. ¿O serán noches cuando leas esto? ¿Cómo estás? Espero que muy bien.
Papá y yo lo hemos estado. Nos encontramos hoy con Jinan-jiji. Me dijo que estaría bien en unos días y que ya puedo usar taumaturgia. Fue porque fuimos a la biblioteca de aquí para buscar información sobre el Shugendou, es como un estilo de taumaturgia del que necesito saber unas cosas para poder realizar la poción. ¿Tu lo conoces de pura casualidad?
Ah, también firmamos un contrato con Makihisa-san."
Mientras se ponía a describir los eventos de los últimos días posteriores a su partida, Shirou no pudo evitar recordar cómo había sido esta. Al cabo de varios minutos, finalmente presiono la opcion de enviar y soltó un suspiro.
xXx
16 de Noviembre de 1996, 11:30 AM.
Los días posteriores continuaron con tranquilidad y terminaron por formar una especie de rutina para la familia Emiya, la cual consistía en lo mundano; mantener aseada la casa y encargarse de preparar la comida por un lado fuera de lo que concernia a lo personal. Y el oculto, el cual lidiaba con las respectivas investigaciones que ambos realizaban.
Por su parte, Kiritsugu podía llegar a pasar horas en su cuarto comparando la información de los documentos que llevaba consigo junto con la que había adquirido investigando anónimamente en la computadora de una biblioteca pública.
Mientras lo hacía, no podía evitar recordar las palabras de Makihisa al respecto.
"Bueno... Por algo el nombre se me hacía algo familiar, resulta que esta compañía es uno de los rivales en el ámbito comercial de una pequeña empresa dentro del área de influencia de los Tohno. Por fuera, son un negocio bastante sólido que se dedica a la exportación e importación de toda clase de mercancías en esta parte de Asia y el océano Pacifico, y que a pesar de originarse en América, tienen su sede en Singapur." Reveló Makihisa, haciendo una pausa para poder acomodar sus gafas.
"Y aquí viene el pero." Adivino, conociendo ya la tendencia del mestizo de soltar lo más impactante hasta el final.
Makihisa resopló sin humor. "No me extraña que el traficante los haya mencionado junto con esa mafia de ascendencia italiana que también se encuentra en América. La Marble Trading Company utiliza sus operaciones como tapaderas para toda clase de negocios sucios justo en su área de influencia."
"¿Como que exactamente?" Esta vez, fue Waver quien intervino.
"Transporte de substancias ilícitas sería el menor de estos, junto con ser participantes activos de la tala indiscriminada y por no decir ilegal en las selvas de Malasia e Indonesia." Makihisa suspiro y miro hacia una esquina, antes de añadir. "Y por supuesto, captura y transporte de pobres diablos rumbo a los agujeros hediondos de Laos y Tailandia donde el opio se encargará de apagar sus vidas en una semana, o a algún campo de trabajos forzados o centros industriales en alguno de esos países."
El mestizo ni siquiera necesitaba explicar a qué se refería con ello. Tanto Kiritsugu como Waver sintieron distintos grados de desagrado ante aquella noción.
Tráfico humano.
Sacudiendo su cabeza, Waver se animó a preguntar nuevamente. "¿Y no hay algo remotamente 'anormal' entre todo eso?"
Kiritsugu asintió al escuchar la pregunta. Eso era justo lo que necesitaba saber.
"Bueno, obviamente mi contacto no tiene ni la menor idea de todo este mundo oculto, pero si está enterado de un par de cosas lo suficientemente mundanas como para no quedar bajo el ojo de alguno de los que intentan mantener todo en secreto."
Algunos de los documentos de Kaburagi la mencionaban claramente, pero al encontrarse en un estado medio pobre la vasta mayoría de ellos, Kiritsugu tenía dificultades en armar mejor la imagen. Aún no había revisado todos, por supuesto.
Calculaba que el hacerlo le tomaría alrededor de casi un mes y medio, eso sin contar las investigaciones que tendría que realizar aparte. Pero eso estaba bien.
Aun si Makihisa había sobornado a un oficial de la Iglesia con que se hiciera la vista gorda, estaba seguro de que no faltaría alguien que intentara echar un vistazo por si las moscas. Valía la pena esperar por lo bajo.
Mientras que Shirou...
"¿Que diantres significa Skandha?" Preguntó en voz alta el pelirrojo una vez antes de buscar el diccionario más grande que pudo encontrar para intentar buscar la definición. La misma escena se repetía al menos una docena de veces en una hora cuando intentaba leer lo que había traído de material.
Mucho de este lidiaba demasiado con religión, estaba seguro de que ni siquiera Issei allá en Fuyuki conocia ni la mitad de los conceptos nombrados en los libros y eso sin mencionar otros de por ahí.
Uno de los libros que había agarrado en un impulso era sobre la tradición de los Oni. Pero tal y como era de esperarse, no existía mención alguna sobre una posible "cura" para estos. Aunque si noto como mas de una vez se comentaba de formas en las que mas de algun pobre desgraciado se había convertido en uno.
Shirou no pudo evitar sentirse mal tras leer el relato de un espadachín talentoso que tras haber perdido su honor, el rencor acumulado en su interior había sido suficiente para convertirlo en un demonio.
Paracelsus era ocasionalmente útil soltando uno que otro comentario, pero dejaba en claro que la única área donde podía llegar a brillar se trataba de la elaboración del elixir. Eso no le había impedido al remanente del alquimista legendario, recomendarle que cosas podía o debería de comenzar a leer si quería darse a la tarea de aprender a preparar un brebaje.
Los días transcurrieron más rápido de lo que pensaban y antes de que se dieran cuenta, estaban ya en Sábado. Y ese día, a pocas horas antes de la mitad de este, Kiritsugu estacionaba el auto enfrente de un edificio que los dos conocían bien ya.
"¿Cada cuánto necesitas una reserva nueva de esas botellas?" Pregunto Shirou, encontrando medio alarmante que pareciera ser más seguido de lo que pensaba.
"Depende mucho de lo que esté ocurriendo." Respondió su padre tras cerrar la puerta. "Pero si planeo usar mis circuitos magicos, no me pienso arriesgar a quedarme sin esta."
"Hmm." Shirou asintió antes de que una idea le llegará de la nada. "¿Crees que podría pedirle a Jinan-san que me enseñe a hacerlas en caso de alguna emergencia?"
La sugerencia hizo que Kiritsugu se detuviera antes de que pudiera alcanzar la puerta, volteandolo a ver.
"Digo, si voy a hacer el Elixir, debería de empezar a practicar de algún lado, ¿no?" Argumentó Shirou antes de que pudiera responder.
"¿Sabes? No me parece una mala idea." Kiritsugu se atusó su escasa barba mientras veía el mérito de esta. "Pero tendría que ser algo de meses, ya que tengo entendido que el proceso requiere de mucha práctica."
"Oh... Entiendo." Shirou se encogió de hombros, aceptando aquello.
Ninguno de los dos tuvo oportunidad de continuar la conversación, cuando la puerta se abrió y del otro lado se asomó una mujer joven.
De cabello corto; color oscuro con un toque medio grisáceo y una expresión apacible, los dos Emiya no pudieron evitar de inmediato notar que debía de ser tan solo un par de años mayor que Taiga.
"'¿Emiya-san y su hijo, cierto?" Preguntó la mujer, ganándose un asentimiento doble por parte de ambos. "Soy Tokie. Papá tuvo que salir a comprar unas cosas no hace mucho y me pidió que los recibiera si venían hoy."
'Ah, cierto.' Kiritsugu recordó tras unir los puntos en su memoria. 'Sougen mencionó que tenía una hija.' "Bien, gracias. Muy amable de tu parte."
La joven sonrió antes de invitarlos a pasar. "Por aquí, los viales que me pidió papá que les entregara están en un refrigerador. También me dijo que hay otras instrucciones sobre estos, me parece que las anoto por ahí."
Los tres caminaron por el pasillo, con Tokie a la cabeza seguida por Kiritsugu mientras que Shirou iba al último. Los dos primeros pasaron de largo de una puerta entreabierta, misma que se abrió antes de que Shirou pudiera cruzar y la persona que salió del otro lado terminara por chocar contra el.
"¡Auch!/¡Auch!"
El quejido doble de los dos llamó la atención de Tokie y Kiritsugu, quienes voltearon a ver, siendo testigos de cómo tanto Shirou como Kohaku se sobaban la cabeza luego de estrellarse... Otra vez.
Pero claro que ninguno de los dos pelirrojos lo veía con humor, especialmente la criada de los Tohno a juzgar por la mirada iracunda que mostraba debajo del flequillo rojizo que tapaba sus ojos mientras se sobaba la cabeza.
"¿Estas bien, Shirou?/¿Estas bien, Kohaku-chan?" Preguntaron Kiritsugu y Tokie al mismo tiempo, a lo que los dos pelirrojos asintieron antes de que Shirou se logrará incorporar, solo para ofrecerle la mano a Kohaku, quien la tomó sin titubear para alzarse.
Aquel gesto hizo que Tokie alzara una ceja antes de recordar algo.
"Ahh, cierto. Papá había mencionado que eran amigos. ¿Le parece si los dejamos un rato mientras vamos por los viales, Emiya-san?" Sugirió en voz alta, a lo que Kiritsugu accedió sin problemas.
Segundos después, los dos niños estaban solos en el pasillo.
"... ¿Porque siempre terminamos chocando?" Shirou escuchó a Kohaku quejarse en voz baja antes de voltearla a ver.
"¿Estas bien?" Le pregunto, a lo que ella asintió.
"Si, no pasa nada... ¿Cómo estás? No pensé que fueras a venir también..." Respondió su compañera ojiámbar, añadiendo lo último casi como un murmullo.
"Jinan-san fue quien me invitó y supuse que estarías aquí por tus lecciones." Continuó Shirou, quien sí había logrado escuchar lo de abajo. "Quería saludarte y ver como estabas." Añadió, sonriendo antes de caer en cuenta de que no había respondido su pregunta.
"... Ah, estoy mejor. Se supone que puedo usar taumaturgia ya y no me duele nada." Mencionó antes de ver como la pelirroja entornaba los ojos y se preparaba ya para seguramente repetirle que tuviera cuidado. "Si, ya lo sé. No te preocupes, Kiritsugu ya tuvo suficiente con decirmelo."
No pasó ni un segundo para que se pudiera escuchar un "¡Auch!"
Kohaku retiró su mano derecha de su frente, satisfecha con el golpe de su dedo índice a la sien de Shirou.
"Por si las dudas." Comentó a su vez, antes de suspirar. "Todo va bien de mi lado. Las cosas en la mansión andan más tranquilas y mi hermanita te manda saludos por cierto."
"Oh, me alegra." Shirou ladeo ligeramente su cabeza antes de decir. "Dile que le mando saludos de regreso. A ella y a los Tohno por si preguntan."
Kohaku se estremeció con lo último pero terminó por asentir, antes de preguntar. "¿Que has estado haciendo en estos días?"
"Hmmm." Shirou se tomó unos segundos para ordenar sus pensamientos, antes de continuar. "Pues... ¿Por dónde comienzo?"
Le habló de la despedida de Waver en el aeropuerto y de la comida que habían tenido con Makihisa además de el contrato que había formado con este en conjunto con su padre y por último, su visita a la biblioteca y la investigación que estaba realizando.
"Shuugendou." Kohaku entorno sus ojos antes de menear con la cabeza. "No, no me suena para nada. Pero puedo intentar investigar por mi cuenta cuando tenga tiempo."
"¿En serio? Muchas gracias, Kohaku." Respondió Shirou mientras que la pelirroja asentía.
"Por nada." 'Por ti' Penso la ojiámbar. "Dos cabezas piensan mejor que una y..."
Lo que fuera que estuviera a punto de decir fue interrumpido cuando una de las puertas al fondo del pasillo se abrió, revelando a Kiritsugu y a Tokie. El pelinegro llevaba una bolsa consigo ahora, que hizo que Shirou supusiera que contenía los viales.
"Ya es todo, vámonos Shirou." Le dijo a su hijo antes de saludar con una leve inclinación de cabeza a la pelirroja.
"Oh, me tengo que ir." Dijo Shirou, despidiéndose a su vez. "Cuidate, Kohaku."
"Claro, tú también." Asintió la criada con el fantasma de una sonrisa en sus labios mientras veía como su amigo seguía a su padre afuera de la clínica, rumbo al vehículo que usaban para transportarse por la ciudad.
"Ella lo sabe."
Aquella pregunta vino de la nada una vez que el auto comenzó a moverse por la calle y tomó por sorpresa a Shirou, quien se estremeció. Fue entonces que cayo en cuenta de que no era ninguna pregunta, era una observación.
"Si." Respondió, asintiendo. No veía porque ocultarlo, sabiendo que el gato se encontraba fuera del saco.
"¿Que tanto?" Interrogó Kiritsugu, sin apartar la mirada de enfrente.
El silencio de Shirou fue la respuesta suficiente, lo que provocó que soltara un suspiro.
"Shirou, hay cosas demasiado sensibles que no deben ser compartidas, mucho menos en los moradores del mundo de la taumaturgia." Sentenció secamente a modo de regaño antes de doblar la esquina. "Nunca sabes quien mas podria llegar a enterarse de estas."
"Ella jamas dira nada, es mi amiga." La defendió Shirou, esta vez atreviéndose a mirar a su padre adoptivo. "Confío en ella."
Kiritsugu bien pudo haber presionado el tema, pero desde el espejo retrovisor alcanzó a ver que la convicción de su hijo en este en específico era algo bastante fuerte. Pensó por un momento en la niña de rasgos similares a los de él y recordó cómo la había visto actuar alrededor de Shirou.
Sus pensamientos no pudieron evitar conjurar la imagen de otra mujer.
"Asegúrate de que sea así." Terminó por responder finalmente. El resto del trayecto fue en silencio hasta que llegaron a la casa.
"Esperame en el patio de atrás." Le instruyó Kiritsugu mientras cargaba su bolsa. "Iré a dejar esto en donde debe de ir."
Shirou asintió sin hacer mas preguntas antes de entrar a la casa y atravesar lo que le separaba de la rendija que daba al otro extremo: el "patio" trasero consistía en una especie de explanada de concreto que cortaba con una hilera de césped que a ratos parecía un jardín, rodeado por tres cercas de madera con uno que otro poste de metal, ninguna superando más de cuatro metros de altura.
Un cedro yacía cerca de una de las esquinas, teniendo ya una edad considerable a juzgar por la altura que presentaba.
Por todo lo demás, no era un mal sitio.
Fue en ese momento que Shirou sintió que algo era diferente y olfateó el aire por mero instinto.
Sniff, sniff.
Como si una gigantesca telaraña lo estuviera rodeando, su sentido anormal captó lo que parecía ser una red que cubria un área considerable por encima del patio y que era delimitada por la cerca.
'Ah, un campo delimitante.' Pienso Shirou, que ya había aprendido a identificarlos a estas alturas. 'Eso es nuevo.'
"Ya estoy aquí." La voz de Kiritsugu lo regresó a la realidad, causando que parpadeara antes de voltearse.
Su padre cerraba la rendija mientras llevaba su termo en una mano y le daba un sorbo mas, mostrando a través de un gesto que el sabor del brebaje seguramente era tan horrendo como siempre.
"Veo que ya notaste la barrera." Observó, mientras dejaba el termo en un taburete olvidado. "¿Waver o Caster te han enseñado ya como saber cuales son sus funciones?"
Shirou negó con la cabeza. "No, Waver-sensei solo mencionó detalles de estos y Caster no puede decir cosas tan complejas que no tengan que ver con el elixir."
Tampoco tenía una idea exacta de lo que iban a hacer ahí, solo esperaba que su padre adoptivo lo aclarase.
"Hmm, ya veo." Kiritsugu asintió antes de encender sus propios circuitos mágicos y alzar una mano hacia el cielo. A manera imposible de percibirse con los ojos desnudos, rápidamente enlazo con el campo delimitante y al instante este alcanzó a verse como una especie de domo azulado.
"Un dia de estos te enseñaré todo lo que puedas aprender de manera práctica de estos, pero hoy vamos a hacer otra cosa." Si es que lo primero no había sido suficiente para llamar la atención de Shirou, lo segundo atrapo su interés por completo.
"¿Qué cosa?" Pregunto, casi alzando la mano.
Kiritsugu no respondió al instante. Permaneció en silencio casi un par de minutos enteros, como preparándose para poder escoger bien sus palabras hasta el punto en que Shirou se sintió de lo más nervioso.
"Como dije antes, en vista de lo ocurrido no tengo de otra que tomarme con el triple de seriedad tu educación mágica." Comentó Kiritsugu de una forma estrictamente neutral, aunque su expresión delataba sus auténticos pensamientos al respecto. "Por tu propio bien. Voy a tener que hacer algo que nunca pensé que haría de nuevo y no creas en ningún momento que esto me llena de alegría."
No sabiendo qué decir, Shirou se limitó a asentir. Si tal respuesta le molesto o no a Kiritsugu, no se manifestó en ninguna reacción.
"El dicho de que "los magi caminan por la muerte" es algo literal, Shirou. Ese camino está lleno de sacrificios donde el menor tropiezo puede desembocar en tu muerte y eso es solo en el avance de tu arte. ¿Contra peligros de naturaleza más activa? Ya no es ninguna opcion mantenerte indefenso." Kiritsugu cerró los ojos antes de suspirar, como entendiendo que estaba haciendo demasiados desvíos para su gusto. "No te voy a enseñar taumaturgia en si. Te voy a enseñar a usarla como herramienta, te voy a enseñar cómo mantenerte vivo con esta y no es algo que te va a gustar. Creeme, tarde o temprano terminarás por mostrar un repudio."
"¿Vas a enseñarme a pelear como dijiste hace días entonces?" Preguntó Shirou, recordando aquella conversación en Fuyuki.
Kiritsugu resoplo. "No estás poniendo atención, Shirou. ¿Pelear? Esto no es como las películas. Aquí no existen los intercambios de golpes y las rondas. Está solamente evadirlos y asegurarse de escapar lo más intactos posibles de ahí. Eso, porque muchas veces tendrás que enfrentarte tanto con personas como cosas que cuentan con un poder descomunal comparado con el tuyo."
Un recuerdo azotó de la nada a Shirou.
"Dejame mostrarte porque nunca tuviste oportunidad, mocoso." Gruño el traficante antes de aplastar el cristal y exclamar de dolor cuando sus circuitos comenzaron a captar la nueva energía en el aire, absorbiendola dentro de él.
ᵀᵘ˒ ᵠᵘᵉ ᶰᵃᶜᶤˢᵗᵉ ᵈᵉ ˡᵃˢ ᵉᶰᵗʳᵃᶰ̃ᵃˢ ᵈᵉ ˡᵃ ᵀᶤᵉʳʳᵃ
"Anata, chikyū kara umareta." Comenzó a recitar con una voz que se volvía cada vez más gutural.
ᴮᵉᶰᵈᵉᶜᶤᵈᵒ ᶜᵒᶰ ˡᵃ ᶠᵘᵉʳᶻᵃ ᵖᵃʳᵃ ˢᵃᶜᵘᵈᶤʳ ᵃˡ ᴹᵘᶰᵈᵒ ᵈᵉ ᵘᶰ ᵍᵒˡᵖᵉ
"Sekai o yurugasu chikara de."
Shirou retrocedió al notar como la tierra misma se abultaba alrededor del traficante a la par que su energía mágica se extendía sobre esta. ¿Iba a intentar el truco de las paredes otra vez? ¿Iba a crear otra cosa?
Tuvo su respuesta dentro de muy poco.
ᵀᵉ ˡᵒ ʳᵘᵉᵍᵒ˒ ᵛᵘᵉˡᵛᵉᵗᵉ ᵐᶤ ᵃʳᵐᵃᵈᵘʳᵃ
"`Watashi no yoroi ni naru." Apenas pronunció aquellas palabras, la tierra misma se alzó sobre él, cubriéndolo como si de un caparazón se tratase, ahogando de paso el resto de las palabras de Kaburagi.
El caparazón comenzó a abultarse también hasta adoptar otra forma que Shirou había visto ya dos veces en el transcurso del día, salvo que esta era peor.
Mucho peor.
Un pez gato el doble de grande del primero que había enfrentado y provisto con cuatro patas que contrastaban horriblemente con su cuerpo terminó por manifestarse a pocos metros enfrente de él.
Y de su boca, surgió la voz de Kaburagi.
ᴬˢᵉᵈᶤᵒ ᵈᵉˡ ᴾᵉᶻ ᵈᵉ ˡᵃ ᵀᶤᵉʳʳᵃ
"Shingeki no Onamazu."
"... Lo entiendo." Respondió, teniendo muy de cerca la imagen de esa cosa en su memoria.
Kiritsugu lo miró y pareció captar lo que pensaba, por lo que añadió aunque sin cambiar el tono de su voz.
"Si, ya tuviste un encuentro así. Al menos tienes una idea ya de que es lo que te va a estar esperando." El antiguo mercenario alzó su mirada al cielo por un momento. "Por lo que me contaste, pudiste dejarlo en un estado así de lamentable porque le arrojaste dos piedras rúnicas que explotaron sobre él. Puedo intuir que te estaba subestimando claramente por tu edad y como puedes ver, no fue suficiente para ponerlo abajo."
Sacudió su cabeza, deseoso de continuar con lo verdaderamente importante.
"Lastimosamente, el mejor maestro siempre va a ser el conflicto. Ese dia mencionaste algunas cosas que hiciste, ahora quiero ver que es lo que sabes para que pueda darme una mejor idea de con qué trabajar." Lo miró fijamente antes de cruzarse de brazos.
"¿Y bien?" Preguntó al cabo de varios segundos.
Shirou se sobresaltó antes de respirar hondo y concentrarse en el gatillo mental que usaba.
"Trace on."
Treinta circuitos se activaron al instante, provocandole un leve cosquilleo. Lejos de darle mucha atención a la sensación, el pelirrojo se concentró ahora en visualizar cierta imagen que era ahora demasiado familiar para él.
La silueta se formó en su mano y rápidamente concentró la cantidad suficiente de energía mágica que requería en el molde, solo para finalmente pasar su otra mano sobre esta. En menos de unos cuatro segundos, sostenía ahora el kunai que había adquirido en aquel hostal de Fukuoka, poco más de una semana atrás.
Alzó la extremidad, para que Kiritsugu pudiera verlo.
"Hmm, una copia fiel de un cuchillo así. Que puedas crear uno de la nada ciertamente es útil, aunque me parece que mencionaste que reforzaste tu brazo en el muelle de Fuyuki para poder arrojarlo, ¿no?" Comentó su padre adoptivo, pensando de una vez en posibles planes de enseñarle a Shirou como usar uno en combate de manera efectiva.
"Si, pero tambien puedo hacer esto." Shirou no había terminado aún y lo demostró soltando el punzón en el aire. Pero, en lugar de precipitarse contra el suelo como cualquier objeto que uno dejara caer, este permaneció en el aire cuando Shirou retiró por completo su mano.
Sobraba decir que Kiritsugu no se lo esperaba a juzgar por cómo su expresión cambió ligeramente.
Shirou no pudo evitar sonreír con satisfacción antes de concentrar su mano en el punzón flotante y comenzar a dirigirlo con la mente, haciendo que este se moviera de un lado a otro por el aire, casi como si se tratara de un extraño caballito del diablo compuesto de metal.
"Ya veo. ¿Y eso es algo que puedes hacer con todo lo que proyectas?" Pregunto Kiritsugu con interés, teniendo ya una nueva serie de ideas basadas en las probabilidades positivas de lo que respondiera su hijo adoptivo.
"Al parecer, si." Respondió Shirou antes de concentrarse nuevamente en el proyectil y ponerlo de vista contra la cerca más lejana. "Aunque también puedo hacer esto."
Con un movimiento bastante brusco de su brazo, el punzón salió disparado como bólido por el aire hasta clavarse justamente en una de las tablas de la cerca.
Thud!
La madera que la compone se quejó cuando la punta del proyectil terminó por clavarse profundamente en esta, quedando con más de la mitad de la hoja en su interior.
Shirou suspiro, satisfecho antes de voltear hacia Kiritsugu.
"Ya había descubierto antes que podía moverlas con la mente y concentrando un brazo en ellas. ¿Pero ese día? Por accidente vi que podía arrojarlas también así. ¿Qué tal?"
"Lo admito, es impresionante." Concedió Kiritsugu antes de preguntar con un interés más clínico. "¿Pero tienes alguna idea de que tan rápido o fuerte las puedes arrojar de esa manera?"
"Hmmm." El pelirrojo lo pensó por unos momentos antes de encogerse de hombros. "Eh, no. Pero puedo intentarlo."
Kiritsugu lo detuvo con un gesto de mano. "No, no es necesario. Muéstrame otra cosa, mejor."
"Oh." Shirou miró al punzón abandonado y se dispuso a obedecer. Esta vez, la imagen que se disparó en su cabeza poseia unas dimensiones mucho más grandes y requería de cierto conocimiento adquirido hace no mucho para poder ser creada de mejor forma.
Recitando de memoria las partes y otras secciones de su cuerpo, la katana de los Touzaki se manifestó en sus manos. Esta vez, Shirou requirió de concentrarse en ambas para poder moverla con mayor facilidad.
Kiritsugu miró el arma con algo de curiosidad. Las espadas continuaban jugando un papel a ratos prominente en el mundo de la taumaturgia debido a su simbolismo y no era nada raro encontrarse con un código místico o un arma conceptual que tuviera la forma de una. Pero la que tenía enfrente de él se trataba de algo más mundano, por así decirlo.
Muy pocas personas la usarian como un arma sería hoy en día. Se atrevería a decir que servía más como una decoración medio vistosa de fondo.
Entonces vio como Shirou la tomaba nuevamente con ambas manos y parecía estar concentrándose en algo más. Ante sus ojos, noto como la forma de la espada comenzó a cambiar hasta que su hoja disminuyó de longitud pero aumentó su grosor.
Se trataba de una pieza bastante rudimentaria comparada con la anterior. Noto también como Shirou dejaba que su mano izquierda abandonara su empuñadura, demostrando que podía blandir aquella con una sola mano.
"Alteración." Comentó entonces Kiritsugu luego de extraer su conclusión. "Puedes usarla fácilmente de esa forma, por eso la cambiaste."
"Así es." Respondió Shirou antes de descargar un tajo contra el aire. "La otra era demasiado larga para mi. Se atoraba en las ramas y los arbustos."
Kiritsugu asintió, entendiendo.
"¿Querías demostrarme que podías usar Alteración en la espada de esa forma? ¿Porque no proyectaste directamente la que tienes?"
"..." Shirou se quedó callado antes de echarle una mirada de reojo a la cuchilla que sostenía y entonces regresó a mirar a su padre adoptivo.
"Eh... No se me ocurrió." Comentó, antes de caminar hacia el taburete y depositar la espada ahí. Entonces se concentró nuevamente, y proyectó una copia idéntica que luego le mostró a Kiritsugu.
Este la miro de cerca y después a la original, no logrando encontrar diferencia entre ambas.
"Tus atributos alineados siendo la causa de esto..." El hombre frunció el ceño antes de sacudir la cabeza. "No importa. ¿Hay algo más?"
"Hmm, dos cosas. La primera no creo poder usarla ahora con todo lo que acabo de usar como energía. ¿Pero la segunda? Ya veras." Shirou caminó hacia la espada original y plantó la punta de la nueva proyección en su cuchilla. Entonces, apretó los dientes a la par que trazaba algo en la superficie de metal.
Kiritsugu alzó una ceja, pero opto por no decir nada hasta ver en que consistia. Por su parte, Shirou terminó por trazar la runa en la hoja y dejó la copia en el taburete antes de tomar a la otra.
"Observa." Dijo, mientras canalizaba un poco de energía mágica a la espada, esperando ver el mismo efecto de hace días. Solo para abrir los ojos de par en par cuando en lugar de que la cuchilla se envolviera en un manto de zarcillos eléctricos, esta se limito a brillar como una lámpara.
"... ¿Una linterna de emergencia?" Preguntó Kiritsugu.
"No, no. Se supone que debía de ser una espada eléctrica." Protesto Shirou mientras agitaba inútilmente la proyección. "No entiendo que paso. Hice todo como la otra vez."
"Bueno, ya podrás mostrarme en otra oportunidad como era junto con lo que dijiste que necesitaba de más energía." Sentenció Kiritsugu, dando a entender que era su turno. "Por ahora, tengo una idea ya de que es lo que te pondre a hacer primero."
"¿Que?" preguntó Shirou, quien había aprovechado el tiempo para colocar la espada en el taburete.
"A partir del día de mañana, cuando hayas recuperado el od que perdiste hoy, quiero que proyectes el kunai lo más rápido que puedas. Tardaste de cuatro a cinco segundos, eso en una pelea es una eternidad." Comentó Kiritsugu, antes de añadir. "Una vez que pueda ver cómo puedes hacerlo a un ritmo más acelerado, pasaremos a algo más."
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Residencia Emiya - Misaki.
25 de Noviembre de 1996, 4:39 PM
Primero se aseguró de respirar profundamente, con el fin de poder captar toda la concentración posible sobre él antes de hacer el intento del día. Shirou se encontraba nuevamente en el patio trasero, sintiendo como la brisa de otoño acariciaba su rostro y entorno sus ojos, mientras miraba la palma de su mano derecha.
"Trace on."
El gatillo se activó, dejando que sus circuitos despertaran y se puso manos a la obra. La imagen salió disparada de la nada en su mente y al instante inyectó la energía mágica que necesitaba para darle forma en ambas manos, hasta que...
"¡AGH!" Protestó abiertamente, luego de que un orbe de energía azulado semejante a una centella terminara por soltar una serie de zarcillos a ambas palmas, haciéndole sentir como si se estuviera quemando.
Shirou agitó las dos manos, mientras reprimía otro quejido y frunció el ceño con el resultado. El cuarto intento, ese había sido su cuarto intento del día y el último.
Ni se molestó en mirar el cronómetro portátil que yacía en el cercano taburete como las veces anteriores, en esas al menos había logrado producir la copia... Solo que no dentro de la marca que esperaba.
Nada, se había sentido como un desperdicio.
Tendría que probar suerte el día de mañana, y otra vez con solo cuatro oportunidades si no quería terminar agotado. Estuvo a punto de retirarse en dirección hacia el cronómetro para poder apagarlo y regresar a la casa cuando tuvo otra idea más.
Se encargó de abrir un poco más sus circuitos mientras inspeccionaba el aire y apretó un poco sus dientes al sentir como el mana presente en el aire estaba siendo absorbido dentro de él y filtrado; un proceso que seguía siendo bastante desagradable en sus sensaciones a decir verdad.
Tras casi un minuto de suplicio, finalmente cedió y noto como sus circuitos estaban llenos con lo que parecían ser alrededor de casi tres unidades. Estaba bien, solo debía de agarrarse las dos restantes de la reserva de diez que no debía de tocar de acuerdo con Kiritsugu y tendría una oportunidad mas.
Soltando nuevamente un respiro, se volvió a preparar y dibujó en su mente la misma imagen antes de conjurarla y esta vez inyectar la cantidad de energía suficiente, solo para terminar por pasar la mano contraria por encima, solidificando así la silueta.
Casi tres segundos de acuerdo con el cronómetro, ya casi. Se permitió entonces sonreír satisfecho antes de notar como algunas partes del punzón se notaban medio borrosas. Teniendo una sospecha, lo arrojó contra el piso y soltó un quejido de fastidio cuando este se terminó por romper en múltiples fragmentos.
Al parecer, al intentar hacerlo tan rápido el Reforzamiento había sido solamente superficial.
"Demonios." Murmuró con desgana.
Una escena similar se había repetido todos los días alrededor de desde hace una semana en el mismo lugar. La tarea de proyectar cada vez más rápido y bien era demasiado difícil para él. De los cuatro segundos que normalmente le costaba hacerlo, la meta era reducir al menos a la mitad.
Sobraba decir que los avances habían sido muy poco prometedores... Y no por falta de esfuerzo.
A veces, lo intentaba y terminaba por atorarse en alguno de los pasos. La cuchilla terminaba siendo demasiado grande, la guarda quedaba torcida y eso sin contar la veces en las que se hacía pedazos luego de segundos sin haberles hecho nada.
Una vez al intentar forzarlo todo de golpe, casi se había cortado cuando lo único que produjo fue una cuchilla sin mango que terminó por ir a parar al suelo.
No ayudaba el hecho de que sus reservas de Od estaban limitadas. Treinta unidades. Cinco costaba realizar una proyección; aquello le dejaba con cuatro intentos, cinco como máximo si tenía deseos de sentirse demasiado agotado el resto del día.
Claro que a veces utilizaba el truco de robarse al menos lo que pudiera del ambiente para tener asegurado un último disparo. Pero la suerte seguía igual.
Como no podía seguir con ello por el día, se vio forzado a seguir con la otra tarea. Los libros de la biblioteca estaban casi terminados en aquel entonces, por lo que sería necesario hacer otro viaje un día de esos.
Lastimosamente, no solían ser tan útiles. Los pocos que contenían información referente al Shuugendou tenían la tendencia de parafrasear lo que otros decían de una forma tan sospechosa, que Shirou comenzaba a pensar que se habían copiado todos entre ellos.
En no Gyouja: La Leyenda del Místico era una de las excepciones y a la vez no. El libro era una biografía añejada que no estaba en tan buen estado, apenas lo abrió pudo ver como más de una página se había desprendido y los dibujos que tenía grabados estaban medio borrosos.
Por todo lo demás, contaba de una forma tan seca la historia del supuesto fundador de la práctica que tuvo que hacer un esfuerzo por no caer dormido.
Seguramente alguien más lo encontraría muy interesante, pero Shirou no podía llegar a entender cómo es que el resumen era hasta mejor. ¿Tal vez el autor estaba de mal humor en aquel entonces? De otra forma no podía explicarse cómo el relato de un hechicero exiliado de la Corte Imperial y resignado a vivir en las montañas tras ser acusado de controlar espíritus demoníacos podía ser un tremendo somnífero.
Eso y por un pequeño detalle. No había ningún detalle referente a las prácticas o otras cosas de la tradición. Ninguno. Se podía llegar a sentir peor porque parecía que no era el único que estaba atravesando la misma situación.
Waver respondía los correos usualmente a los tres o cuatro días de ser enviados. El primero había llegado el domingo de la primera semana y rezaba lo siguiente.
"Hola, Shirou. Me alegra que tu y tu padre se encuentren bien. Disculpa la demora, regresar a Londres y a la Torre fue... Tedioso y más tener que lidiar con todas las preguntas de mi partida.
Debo confesar que hasta que mencionaste el término, ignoraba su existencia. Tuve que revisar algunos documentos para ver que podía encontrar y desgraciadamente no había mucho más allá de las observaciones de uno que otro magus versado en tradiciones orientales. Hasta donde tengo entendido, incluso en Japón, se trata de un estilo taumatúrgico bastante raro que combina atributos de otros presentes en tu país.
Cada vez que tenga tiempo, intentaré investigar más a fondo, pero no creo encontrar detalles específicos."
Tras leer ese, Shirou había mandado otro donde agradecia el intento y aprovechaba para preguntar sobre el tema de la runa que había colocado en su espada proyectada... Y el porqué del efecto distinto que se había asegurado de describir de la mejor manera posible.
La respuesta le hizo sentirse estupido.
"Ay, Shirou. Te voy a pedir un favor, no vayas a utilizar la runa hasta que te envie unos textos de ese tipo de taumaturgia. Por obvias razones, jamás se debe de practicar con una sin tener instrucción ni saber lo que estás haciendo, pero con esos símbolos puede llegar a ser peor debido a los accesibles que son.
Lo que ocurrió es muy simple. Los hechizos rúnicos requieren de tres factores para ser ejecutados, especialmente los más simples.
1) El símbolo trazado con el conocimiento de su nombre verdadero.
2) Energía mágica que ha de rellenarlo y active su misterio.
3) Voluntad de la acción a realizarse en tanto esté conectada a alguno de los significados de la runa.
Cuando tu la usabas y generabas el elemento del relámpago era porque tenías la idea de que simbolizaba este y el poder de la runa lo interpreto de aquella forma. Lo que debiste hacer para obtener el efecto que usaste la vez anterior es visualizar lo que viste. El resultado debería de ser óptimo.
De lo contrario, sin una imagen clara, la runa simplemente ejecutara algo aleatorio. Quizas deberias de sentirte afortunado que no se encendió en llamas o emitio una luz cegadora."
Shirou había hecho caso de no usar nada referente a la runa. No era como si pudiera de igual manera, estando ocupado todos los días con la práctica.
Los días se fueron acumulando hasta convertirse en semanas, y la rutina se mantuvo. Noviembre llegó a su fin, dando paso a Diciembre donde los resultados... Se mantuvieron casi igual.
Para no perder tiempo, Shirou comenzó a reunir una colección impresionante de kunais que terminó por guardar en una caja. La reacción de Kiritsugu al toparse con esta en su cuarto fue una de incredulidad seguida por aceptación. Incluso aprobó que Shirou ocupará otra parte de su tiempo practicando su puntería al arrojar continuamente los punzones contra una diana recién comprada que habían colgado en el tronco del cedro en el patio.
Kiritsugu se había unido incluso un par de veces, aunque en lugar de probar su suerte con los kunai había optado por esgrimir en su lugar un cuchillo casi idéntico al que le había dado en los muelles (Que seguía siendo producto de su Alteración y había pasado todo el tiempo escondido dentro de un sombrilla), el cual había arrojado contra la diana, logrando estar muy cerca del anillo central.
Shirou había intentado arrojarlo también, pero estaba demasiado acostumbrado ya a los dardos y kunais. Arrojar algo más pesado y con una forma un tanto diferente no produjo obviamente los mismo resultados.
Y fuera de todo eso, tenía también días de respiro.
Todos los Sábados, pasaba a la clínica Jinan donde solía tomar un par de horas para hablar con su amiga en el tiempo que ella se tomaba también un respiro para ayudar al curandero. De vez en cuando, veía a Tokie por ahí también, aunque no solía intercambiar muchas palabras con ella.
Su tiempo con Kohaku se limitaba a hablar de lo que hacían en la semana al principio y de vez en cuando soltar piezas de ellos. Era bastante agradable ver a la normalmente retraída gemela pelirroja sonreír y emocionarse, y Shirou podía escucharla hablar durante casi toda una hora sobre su gusto por la jardinería, el cual existía desde que tenía memoria.
Por su parte, él contaba de su vida en Fuyuki mediante una que otra anécdota de la escuela o de su casa. Se notaba a leguas que el mismo interés que él le dedicaba era imitado por la ojiámbar. Pero no llegaban solo hasta ahí, pues eventualmente surgió la idea de preparar los almuerzos del otro cada sábado.
Era un gesto bonito, aunque por alguna extraña razón había terminado por convertirse en una especie de competencia entre ambos donde pugnaban por la supremacía culinaria frente al otro... Muy para el entretenimiento de Hisui, quien había venido una sola vez a saludar.
Al parecer, Akira había regresado a casa de sus padres hasta Aomori unos días después del Incidente de la Academia Reian, la cual apenas se estaba recuperando de lo ocurrido. Por el momento, Akiha permanecía en la mansión y le mandaba saludos según la ojiverde.
Un buen día, el veintiuno de Diciembre encontró a los dos pelirrojos sentados en uno de los sillones de la salita de espera del consultorio.
"¡Auch!"
Kohaku retiró el índice de su sien antes de cruzarse de brazos mientras le dedicaba una mirada a los de él.
"Debes de dejar de estar filtrando mana con tus circuitos mágicos tan seguido. Solamente te vas a lastimar." Le regaño, antes de señalar como la muñeca de la mano derecha presentaba una mancha rojiza.
Shirou se sobo la sien antes de suspirar. "Solo lo hago como dos o tres veces a la semana, no es para tanto."
Kohaku se limitó a recorrer su manga, revelando así una serie de manchas idénticas repartidas por su brazo y volver a mirarlo.
"Bueno, está bien... Intentaré no hacerlo." Concedió tras volver a suspirar. La ojiámbar por su parte asintió antes de acomodarse mejor en el sillon.
"Bien." Dijo, antes de que su semblante cambiara lentamente. "No conseguí encontrar nada, por cierto. Busque cada vez que pude en la biblioteca y lo maximo que vi fue un viejo libro de Houjutsu que no recordaba haber visto antes."
"¿Houjutsu?" Shirou alzó una ceja al escuchar el término.
"La forma japonesa de un tipo de taumaturgia china. Salvo que la de aqui lidia mas con espíritus y otras cosas, creo." Kohaku meneo la cabeza para no distraerse. "Pero nada de lo que dijiste, disculpa."
Se sobresaltó de la nada al sentir la mano de Shirou posarse en su hombro.
"Descuida, descuida. Gracias por intentar, ni siquiera Waver-sensei ha logrado encontrar algo." Suspiro antes de mirar a su otra mano y cerrar el puño. "Que dificil es hacerlo rapido. Por más que lo intento, termina saliendo mal."
Kohaku, quien estaba enterada ya de su prueba solo ladeo su cabeza hacia un costado. "¿Qué es lo que tienes que hacer normalmente?"
"Hmm... Lo primero que tengo que hacer es imaginar el objeto que quiero proyectar y después usar energía mágica para traer la imagen a mi mano... Entonces debo inyectar una adicional para rellenarla y por último, pasar mi otra mano encima para reforzarla. Toma de cuatro a cinco segundos." Le explico como pudo Shirou, antes de añadir. "El problema es que si lo hago rápido... Termina mal de una forma u otra, cuando no sale deforme se rompe apenas pierdo la concentración."
El pelirrojo suspiró, acomodándose contra el cojín. "Como estoy limitado a cuatro al día... Cinco si utilizo mana." Noto la mirada de Kohaku al escuchar eso último y se apresuró a decir. "Que procuraré no hacer... Es todavia mas dificil continuar, si tan solo tuviera mas energia quizas podria..."
Se quedó callado por unos instantes antes de volver a suspirar.
"Mas energia..." Kohaku murmuró antes de mirar su propia mano derecha y tocar su hombro con el índice de esta.
"¿Hmm?" La atención de Shirou regresó a ella tras sentir el toque.
"Estaba pensando en lo que dijiste y..." La gemela titubeo antes de finalmente soltarlo. "¿Te podría ayudar ya-sabes-que-cosa?"
Shirou no necesito pensar mucho para adivinar a qué se refería la pelirroja y rápidamente se apresuró a negar con la cabeza.
"No, no...Preferiría no tener que lastimarte. ¿Si?" Le dijo, mientras intentaba no recordar el grito que había escuchado de su parte antes de que hiciera la misteriosa cosa que no podía recordar, mucho menos explicar.
"Pero..." Kohaku intento insistir antes de detenerse y finalmente asentir. "Si lo llegas a necesitar algun dia, puedes pedirlo."
La expresión de Shirou prácticamente decía que el joven magus en aprendizaje preferiría no tener esa opción en la mesa de ser posible. La criada lo notó y suspiró a su vez mientras miraba hacia la pared. "Eso significa que vas a tener que armar una y otra vez la imagen en tu cabeza hasta tenerla completa, ¿no?"
'Armar la imagen en mi cabeza hasta tenerla completa, hmm.' Shirou se encogió de hombros mientras pensaba. 'Armarla hasta tenerla completa… Armarla hasta…Tsk, no es como un rompecabezas.'
Entonces sus ojos se abrieron como platos al considerar algo más.
"Kohaku." Dijo, llamando la atención de la pelirroja. "Eres una genio."
Lo único que recibió fue un parpadeo como respuesta a modo de interrogante.
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Residencia Emiya - Misaki
26 de Diciembre de 1996, 3:33 PM
Kiritsugu tenía un problema. Un problema que por más que intentaba sortear, regresaba a cerrarle el paso casi siempre. En el escritorio de su cuarto, estaban acomodados tres documentos diferentes.
El primero que yacía a la izquierda consistia finalmente en una copia del dichoso reporte de la autopsia de Saitou Reiroukan; elaborada claramente por autoridades mundanas. La muerte del hombre había sido producto de un infarto fulminante pero un par de notas comentaban que su interior parecía haber sido sometido anteriormente a una serie de fuertes traumas a juzgar por los indicios que habían encontrado.
Para Kiritsugu, bien podría haber sido producto de una maldición. Pero en ese caso. ¿De parte de quien?
¿Habría sido la misma persona que penetró en su taller? Su hipótesis dependia de serlo, pero Kiritsugu de verdad tenía sus dudas.
Waver inmediatamente quedaba descartado, lo cual dejaba a dos candidatos más de los que conocía su nombre: Tokiomi Tohsaka, quien sabia que habia sido el Master del extravagante Servant dorado y Kariya Matou, cuyo Berserker había sido el responsable de secuestrar a Iri.
También estaba la misteriosa Master de Archer con la cual solo había tratado una vez cuando todos se vieron forzados a cooperar después de que el segundo Servant anómalo manifestara una monstruosidad ajena a la realidad en el Rio Mion.
Pero intentar armar el rompecabezas que había sido el último día de la Cuarta Guerra del Santo Grial cuando ni siquiera tenía todas las piezas era bien un esfuerzo inutil, por lo que tuvo que pasar a algo más.
El siguiente documento que se encontraba en el mero centro eran los papeles entregados por Makihisa casi ya cuatro meses atrás que contenían todos los detalles referentes al caso en conjunto con la misteriosa nota entregada al mestizo que servía como advertencia de meterse en los asuntos de quien fuera el responsable del "saqueo".
Quien dudaba mucho de que se tratara de Kaburagi, debido a lo que estaba en el último documento. Una pila compuesta por los papeles que había extraído del subterráneo de este, todas con material bastante incriminatorio en relación a quienes debían de estar dirigiendo al traficante.
Compra y venta de diversos productos de índole esotérica. Por una parte, podía leer como dos cajas repletas de armas de fuego con municiones incluidas habían sido proporcionadas a cambio de un precio bastante... Curioso, por una compañía rusa de la cual ya había oído hablar antes. Por otra, estaba la venta de entrañas de bestias mágicas asesinadas a un gremio de alquimistas que se había apostado en las Filipinas.
La conexión del difunto con la Marble Trading Company era ya un hecho. ¿Pero eran estos los auténticos responsables de estar moviendo los hilos detrás de Kaburagi? Los motivos aparentemente siniestros de este no ayudaban.
Ojos Misticos, los había estado obteniendo de una u otra forma de varias partes del mundo. Y lo que había ocurrido en la Academia Reian había sido aparentemente otro intento por apoderarse de uno más.
¿Pero cuál era la razón? Después de ver esa máquina en la caja que había traído el Argo II desde Singapur dudaba mucho que se tratara de una colección que vender al mejor postor. Que tuviera conocimiento del Taller de Saitou Reiroukan no ayudaba a parar con las preguntas.
"Hmm." Kiritsugu meneo su cabeza. No, se estaba desviando demasiado. El punto era encontrar los dichosos Ojos Puros perdidos, pero eso lo llevaba a otro obstáculo. ¿Dónde buscar ahora?
Quizás debería de realizar otra excursión a Tokyo viendo que más de un mes había transcurrido desde el Incidente, pero dejar solo a Shirou por unos días en Misaki le parecía una receta perfecta para algún problema... Algo tendría que hacer al respecto. ¿Pero qué?
Toc-Toc-Toc
"Papá. ¿Estás ahí?" Hablando de Cao Cao, la voz de Shirou se escuchó del otro lado de la puerta después de que un par de golpes se manifestaran sobre la superficie de madera. "¡Lo conseguí! Ven a verlo."
Su tono estaba cargado de emoción. Tanto, que Kiritsugu no pudo evitar extrañarse al respecto. Abrió la puerta, encontrándose con Shirou del otro lado.
"¿Encontraste la forma de proyectar más rápido?" Le interrogó a su hijo adoptivo solo para que este asintiera, antes de tomarlo de la mano y arrastrarlo entusiásticamente hacia el patio trasero.
Una vez ahí, Kiritsugu se limitó a esperar de brazos cruzados mientras veía como Shirou respiraba e inhalaba un poco.
"Trace on."
Apenas el Aria del pelirrojo fue pronunciado, no tuvo ni tiempo de pestañear antes de que uno de los punzones a los que ya se había acostumbrado a ver apareciera levitando en la mano de Shirou y saliera disparado contra la diana.
Seguido de otro a una velocidad igual de envidiable, y un tercero más que igual fue a parar al tablero.
Kiritsugu no necesito ni mirar el cronómetro del reloj en su pulsera para saber que no habían transcurrido ni tres segundos desde que el primero de los proyectiles había sido proyectado.
"¿Que tal?" Escucho a Shirou preguntar, haciendo que volteara a verlo. El pelirrojo de su parte lucía de lo más alegre mientras desactivaba sus circuitos.
"¿Fue cuestion de practica o descubriste algo?" Pregunto entonces Kiritsugu, a lo que Shirou respondió señalando hacia la diana. El pelinegro siguió con la mirada a donde apuntaba el dedo, alzando una ceja tras ver que las cuchillas brillaban ahora por su ausencia.
"Hice trampa. En lugar de imaginar el kunai completo, lo hago vacío y después hago como si lo rellenara en mi cabeza con la energía extra. Entonces lo proyecto y le aplicó un reforzamiento simple porque ya lo he hecho tantas veces que se como hacer lo mínimo." Comenzó a explicar Shirou, antes de cruzarse los brazos y asentir. "No duran nada, pero el golpe que producen es real y puedo hacer hasta tres copias asi de rapido."
"Ya veo..." Kiritsugu pudo apreciar como en efecto, la diana mostraba marcas de haber sido perforada a pesar de que los objetos responsables brillaban por su ausencia. "¿Y una normal como te tomaría hacerla?"
Shirou soltó un suspiro. "Puedo seguir practicando... Pero me tomaría el mismo tiempo que lanzar las tres de ahora. Tendría que encontrar una mejor forma de combinar los pasos."
"Hazlo, por favor." Le pidió Kiritsugu mientras añadía. "Aun así, te felicito. Acabas de crear un derivado original tuyo, solo te quedaría ponerle un nombre... Pero antes creo que en vista de tu resultado, tengo una nueva tarea para ti."
"¿Hmm? ¿De qué se trata?" Pregunto Shirou. '¿Ponerle un nombre?'
Kiritsugu casi resoplo. "Regresar a la escuela."
A/N: Comenzamos con el nuevo arco. Toco abusar un poco de ligeros Time-Skips, pero eran necesarios porque ya pasamos demasiado tiempo atrapados en 1996 y es mi interés llegar a 1998 lo antes posible. Vemos muchas caras viejas en este capítulo junto con otras nuevas.
Shirou va progresando poco a poco en su taumaturgia personal, poniendo en práctica todo lo que ha aprendido desde los arcos anteriores, pero requiere de retos más intensos para poder brillar. Este Arco será el comienzo de un entrenamiento tanto marcial como mágico, mucho más notable así como de darnos un clavado en otra área del Nasuverse.
Solo tres más en Japón, recuerden. Este, el siguiente y un último que servirá como la conclusión más que apropiada para este "Primer Libro".
Después de estos, el resto del mundo. No soy tan arrogante como para afirmar que escribiré el mejor fanfic que explore el Nasuverso con Shirou como protagonista en habla hispana, pero sí que haré mi mejor intento por abarcar todo lo que pueda y divertirme en el intento.
Cinco libros están planeados ya antes de la eventual Guerra del Grial. Y para parafrasearme a mi mismo; no han visto nada aún.
Espero que hayan disfrutado este capítulo. Me pondré a trabajar de inmediato en el siguiente, ya que es mi meta terminar este Arco antes de Noviembre al menos.
Hasta la próxima.
Melqart - 6/09/22
