A/N: Casi tres meses, tres meses extremadamente estresantes que no me dejaron ni tiempo ni ganas de seguir esto. Menos mal me encuentro de vacaciones ahora, lo que me permitió el poder terminarlo, ugh. Quería sacarlo el Viernes, pero tuve que hacer varias correcciones y lo que empezó como una tarea sencilla se fue alargando hasta hoy. Horror.

Pasemos a contestar reviews:

- khronus8091: Shirou es un niño de apenas diez años, cuyas reservas de Od consisten en apenas treinta unidades de energía mágica. La Cresta solo cambia cuántas de estas es capaz de manipular al mismo tiempo, no aumenta su reserva. Gradualmente por este arco vamos a comenzar a experimentar como sus reservas crecen, pero no alcanzarán su límite hasta dentro de varios años.

- GustavoIVS: Oh, si. Tu querida hija, si bien no tiene un rol tan prominente que digamos en este arco, está aquí para quedarse.

- orocontra2012: Jsjsjs, quizás si, quizás no (?)

- Alexander0220: Me alegra mucho que te haya gustado.

Bueno, terminado con eso, pasemos al capítulo.

Recuerden, hay otra nota del autor hasta el final.


AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.


Clave:

'Pensamientos.'

"Diálogo."

Especial

"Voz sobrenatural/Resaltado"

"Taumaturgia."

Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c҉̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ


Konton no Tatakai

Capítulo Veintiuno

"Enclave de Ermitaños"


Sakyou-ku - Kyoto

21 de Marzo de 1997, 11: 30 AM ...

"¿Se supone que esta es la oficina del Buró?" Pregunto Shirou, alzando una ceja al mirar el edificio que estaba dentro del inmenso parapeto antiguo, en cuyo frente atravesaba un canal poco profundo sobre el cual se encontraba un puente de madera en excelentes condiciones con cuatro campanas de bronce colocadas en los postes. Del otro lado del umbral, se podía ver un complejo que daba más la apariencia de un templo que de un centro administrativo y tras haber escuchado el dia anterior como se suponía que esa organización no solo era la más fuerte de todas las de magi del país, sino que tenía sus cuarteles generales en Kyoto... Bueno, tenía que admitir que esperaba algo mas grande.

"No, Shirou." Respondió Kiritsugu mientras le daba una palmadita en la cabeza. "Esta sería su oficina en este distrito. Tienen al menos una en cada sección de Kyoto y me parece que la principal se encuentra en el centro, esta de aquí aparentemente solo lidia con lo que se encuentra en el área, lo que incluye el monte Kurama y al sitio a donde necesitamos ir."

Los dos comenzaron a cruzar el puente y no tardaron en llegar a la otra orilla, donde Shirou se detuvo a olfatear el campo delimitante en la entrada que le recordó perturbadoramente al mismo que estaba en los alrededores del cubil de Kaburagi, por el bosque.

"¿Ocurre algo?" Le preguntó Kiritsugu tras ver su reacción.

"Nada, es solo que la barrera de aquí se parece mucho a la de aquel bosque." Vagamente soltó Shirou, antes de encogerse de hombros.

Kiritsugu por su parte alzó una ceja antes de activar brevemente sus circuitos y enviar un pulso de energía mágica hacia donde percibió que debía de estar la pared invisible.

"Ah, es porque es exactamente el mismo." Le confirmo, antes de explicar. "Este tipo de campos delimitantes es uno estándar que casi todos aprenden eventualmente. Se coloca en un sitio y contiene un efecto que en el menor grado planta una sugestión que hace que los que pasen por ahí lo eviten o que de plano sean repelidos, en tanto no circulen energia magica por sus circuitos por supuesto por el método de Resistencia que ya conoces."

"Oh, ya veo." Shirou recordó entonces los efectos del del bosque.

Y estuvo a punto de avanzar cuando de la nada sintió como una sensación espectral lo golpeó y por puro instinto, olfateo el aire.

Sniff, sniff.

Si, ahí estaba. Un campo delimitante rodeando el área y a juzgar por toda la energía mágica que olía de este, estaba activo.

Shirou encendió sus circuitos e intentó de nuevo, solo para comprobar que la sensación ya no existía. Entonces comenzó a caminar hacia la cabaña antes de voltear hacia atrás y notar como Kohaku parecía reacia a seguirlo.

"¿Por qué no vienes?" Le pregunto.

La pelirroja titubeo antes de responder. "N-no se si sea buena idea, algo me dice que deberíamos ir a otro lado."

Aquello hizo que Shirou entornara los ojos antes de recordar la sensación y entonces sugerirle. "¿Podrías activar tus propios circuitos mágicos, por favor?"

"¿Por qué?" Pregunto la ojiámbar, confundida.

"Solo hazlo, confía en mí."

Encogiéndose de hombros, Kohaku obedeció y entonces parpadeo al sentir cómo aquello había desaparecido. "¿Qué fue eso?"

"Creo que el campo delimitante tenía una especie de hechizo que te decía que no pasaras por aquí." Respondió Shirou antes de señalar a la cabaña. "¿Vamos para allá? Podemos escondernos de esas cosas ahí mientras pensamos qué hacer."

Finalmente entraron al patio exterior del complejo; mismo que estaba compuesto de una serie de edificios tradicionales, casi todos de una planta salvo uno que servía a modo de torre. Una especie de jardín ornamental yacía por el centro, donde notaron la sombra de alguien que parecía estar meditando a la sombra de un árbol, pero pasaron de largo.

Un joven con una expresion de preocupacion algo prominente en su rostro, y teniendo una coleta con una forma que les recordó a una piña salió de una especie de cobertizo, cargando unos trozos de madera cubiertos por talismanes y camino hasta entrar a un pasillo exterior, deteniéndose en una puerta antes de entrar y perderse de vista.

"¿Debería ser por ahí, no?" Pregunto Shirou, señalando el edificio aledaño a aquel pasillo.

"Supongo." Kiritsugu entorno sus ojos antes de acercarse para poder revisar uno de los letreros arriba de las puertas.

"¿El Buró del Onmyou en Kyoto?"

"Es muy importante que vayan a la oficina de Sakyou-ku." Indicó Kuchime, antes de elaborar un poco más mientras dejaba descansar el estuche de su guitarra en su regazo. "El edificio administrativo es el principal. De inmediato encontrarán un pasillo donde a mano derecha estarán una serie de puertas con números. Vayan hasta la sexta y una vez que estén ahí, pregunten por la señorita Utahime. Normalmente atiende casi toda la tarde hasta las siete y toma sus almuerzos en su propio cubículo, así que sería muy raro que no estuviera presente... Una vez que estén con ella, preguntenle por una audiencia con el representante del Clan Tokitou quien está siempre los viernes ahí atendiendo asuntos suyos en la ciudad."

El joven les habia informado de todo eso el dia anterior y efectivamente, Kiritsugu no tardo en toparse con un seis elegantemente trazado en tinta roja sobre un campo negro en la puerta que les indicaba que ese debia de ser el lugar. "Por aquí." Le indico a Shirou antes de tocar la superficie de esta unas dos veces, para abrirla. El otro lado no era bastante diferente a decir verdad; un pasillo un tanto austero pero bien cuidado en cuyo costado derecho rezaba un escritorio con un hombre de mediana edad con anteojos de media luna leyendo unos papeles. Recordando las instrucciones del guitarrista, Kiritsugu se acercó a él preguntando por el nombre dado. El hombre no se molestó ni en mirar por encima de sus papeles, limitándose a carraspear antes de apuntar con el dedo del índice hacia el fondo del pasillo, donde se abría una especie de umbral.

Sabiendo que no obtendrian nada más, padre e hijo se dirigieron hacia tal lugar, que resultó ser un espacio algo más vasto con una serie de cubículos estratégicamente colocados de modo que cada uno tuviera un área propia sin empinarse contra el otro.

"... ¿De verdad los magi trabajan asi aqui?" Pregunto Shirou de la nada, antes de caer en cuenta de que seguramente debió de haberlo hecho en un tono mas bajo. "Parecen oficinas normales."

"Ni siquiera los que se dedican al estudio y la práctica de la taumaturgia se libran de la burocracia." Sentencio Kiritsugu, antes de comenzar a caminar hacia el cubiculo mas cercano. Para fortuna de los dos, este resultó ser el indicado debido al cartel que colgaba de una de las paredes.

Utahime. Iori.

El interior se componia de un escritorio con un librero en la parte trasera, teniendo en medio una silla donde estaba sentada una mujer bastante joven de cabello negro y lacio, ataviada en un hakama rojizo, con un haori blanco encima. Cuando alzó la vista, el remanente de una quemadura un tanto vieja pudo apreciarse en el costado derecho de su rostro.

"¿Si?" Preguntó con un tono que si bien podía aparentar ser cortés, no alcanzaba a ocultar del todo lo cansada que se sentía su dueña.

Shirou titubeo inicialmente, por lo que Kiritsugu se le adelantó. "Buenas tardes. Un conocido nos comentó que por medio de usted podríamos solicitar una audiencia con el representante del Clan Tokitou. ¿Sería posible realizar tal cosa ahora?"

La mujer entornó sus ojos por un momento. "Tokitou… ¿Motivo de la audiencia?"

"Una pequeña consulta." Revelo Kiritsugu, a lo que la señorita asintió.

"Hmm, un momento por favor." Su mano derecha alcanzó una especie de libreta situada en su escritorio, la cual procedió a abrir mientras daba vuelta a las páginas a la búsqueda de algo en esta. Finalmente pareció encontrarlo, por que se dispuso a arrancar una forma que extrajo de uno de los cajones que abrió, la cual comenzó a llenar antes de colocarla frente a Kiritsugu en el escritorio, junto con la pluma que había usado para llenarla.

"Por favor, sus nombres y sus firmas aquí... Oh, solo la de usted, señor." Indicó la mujer, sonriéndole amablemente a Shirou en lo que Kiritsugu realizaba aquello. Una vez que la señorita se vio satisfecha con el resultado, estampó un sello en tinta roja de aprobado sobre la hoja antes de entregarsela al mayor. "Las indicaciones para llegar al estudio de Yoshinori-dono se encuentran ahí. Si tiene algún problema, puede preguntárselo a cualquier transeúnte. Tengan una buena tarde."

"Gracias, igualmente." Agradeció Kiritsugu antes de salir de ahí con Shirou yendo detrás de el. El nuevo trayecto fue algo más largo que el anterior, ya que de acuerdo a lo escrito en la forma, el sitio parecía estar en la otra ala, forzandolos a tomar un enorme desvío durante el cual vieron cosas como un patio interior con un pequeño estanque de hojas de loto donde flotaban también una serie de linternas con las efigies de rostros enojados, una sala con al menos ocho armaduras de samurai apostadas contra las paredes como si se trataran de centinelas solemnes, y hasta lo que parecía ser la entrada de una biblioteca de donde salió un hombre con el rostro cubierto con tantos vendajes, que lo único que quedaba expuesto era su boca.

Finalmente llegaron al lugar; una estancia de dos pisos ocupada por oficinas particulares a las cuales se les podía notar un mayor nivel de sofisticación, dejando más o menos en evidencia que quienes las ocupaban, tenían un rango mayor en la jerarquía del lugar.

"Debería ser justamente ahí, en teoría." Murmuró Kiritsugu tras echarle una ojeada más a

la hoja, donde estaba escrito que debía de ser el cuarto compartimiento del lado izquierdo. Apenas se acercaron ahí, Kiritsugu tocó la puerta a lo que desde el interior una voz algo suave indicó que podían entrar.

"Adelante."

El hombre terminó por abrir la puerta, dando paso a un cuarto de interior tradicional ocupado por una sola mesa y un cuadro plegable donde se podia apreciar un atardecer sobre un paisaje montañoso. Del otro lado de la mesa, y fumando una pipa se encontraba nn hombre alto yesbelto, cuyo rostro arrugado y saturnino con cejas finas, ojos negros como cuentas y una nariz afilada. Su cabello era lustroso y negro, con solo unas pocas mechas plateadas, y retrocedia desde su frente en un fleco.

"Ahh, veo que hay un recado. ¿No me digan? Viene de la bella Iori." Comentó el hombre apenas los vio entrar, divisando de inmediato la hoja que Kiritsugu había estado sosteniendo, y levantándose para poder recibirla, cosa que hizo de una forma demasiado rápida para una persona de su tamaño.

"Hmm." Miro la forma mientras que Kiritsugu permanecía en silencio, esperando que el hombre no se tratara de alguien que se hiciera ideas con su nombre, luego del tema de los Yakou de hace meses, lo último que Kiritsugu necesitaba era encontrar una enemistad vieja. Pero tal parecía que todo andaba bien por ahí, ya que el hombre se limitó a alzar una ceja.

"Yoshinori Seigen Tokitou, al servicio de ambos, Emiya-san." Se presentó el hombre a lo que Kiritsugu asintió, aliviado porque había salido bien.

"Tokitou-san, un joven llamado Kuchime de Shinjuku nos recomendó ir con usted para un análisis de Cresta Mágica más a fondo cuando fuimos inicialmente con el ayer." Le comento.

"Ajajaja, Kuchime-kun. ¿Eh? Solía tomar clases de ajustamiento de crestas hace unos años conmigo antes de que se mudara a Tokyo, si." Respondió Yoshinori tras reconocer el nombre. "Un poco distraído y con una puntualidad horrible, pero buen chico. Me sigue mandando posibles clientes aun, ja."

Padre e hijo compartieron una mirada antes de reir nerviosamente debido a la personalidad un tanto desbordante de carisma del hombre, quien de inmediato depósito su pipa sobre una especie de estuche en la mesa.

"¿Les menciono algo más?" Pregunto.

"Algo de que venir aquí para necesitar un permiso especial para Kakurezato, si no me falla la memoria." Respondió Kiritsugu, a lo que Yoshinori rió animadamente.

"Ah, muy bien, muy bien. Siempre trabajo mejor en mi verdadero estudio, siganme."

xXx

Monte Kurama - Kyoto.

12: 10 PM ...

"Ah, estamos cerca." Indicó Yoshinori mientras señalaba a cierto punto más adelante del camino, justo a donde tanto Shirou como Kiritusugu entornaron los ojos para intentar divisar algo que indicara tal cosa. Llevaban alrededor de veinte minutos caminando por una especie de vereda que atravesaba el bosque a la cual habían entrado por una salida lateral del recinto administrativo, misma que miraba a las faldas de la montaña. "Se encuentra justo al lado del desvío."

Shirou parpadeo tras notar una enorme piedra semienterrada en el suelo de la cual pudo oler ciertos residuos un tanto tenues de energía mágica pero bastante... Vieja, si tuviera que describirlo, le figuraba como a un edificio un tanto antiguo. Muy diferente al del campo delimitante natural que parecía estar envolviendo el costado del monte y que había logrado detectar desde el momento en el que habían entrado al bosque.

"Aquí." Informó el hombre antes de apoyar su mano derecha sobre la superficie rocosa y murmurar levemente mientras que el tenue brillo de sus circuitos mágicos se manifestó levemente en dicha extremidad. Casi al instante, un segmento en la formación se manifestó por medio de una serie de líneas rectas, antes de separarse y moverse hacia la izquierda luego de que Yoshinori hubiera retrocedido un paso, revelando así un boquete sobre el peñasco que conducía hasta un camino en el bosque que no era visible desde afuera. Shirou echo un vistazo doble para asegurarse y olfateo un poco más el aire, sintiéndose un tanto perturbado al caer en cuenta de que no podía detectarlo por medio de este tampoco.

Recordó entonces que Waver le había comentado que dicho sentido no era infalible. Había muchas cosas que podían llegar a confundirlo, sumado a su inexperiencia con este.

"Me imagino que esta es la única entrada y salida autorizada." Escucho a Kiritsugu comentar una vez que se agachaba ligeramente para poder evitar el tope de la puerta secreta mientras entraba al pasadizo.

"Intentar pasar directamente del bosque activaría toda clase de alarmas tanto en el enclave como en el Buro." Le respondió Yoshinori una vez que entró después de Shirou, y tras él se pudo escuchar a la losa de piedra moverse de nuevo hasta su lugar. "No envidio al pobre sujeto que creyó que aquello sería una buena idea. De igual manera, la firma de energia magica de todos los que usan el pasadizo queda registrada para la posteridad."

El camino continuaba en una serie de escaleras de piedra, rodeadas por una cerca de madera vieja a ratos adornada con linternas que contenían una especie de fruto adentro que emitía un brillo fogoso. Shirou le dedico a uno una mirada un tanto curiosa antes de animarse a preguntar. "¿Y cuánto tiempo lleva esto aquí?"

"Siglos." Respondió Yoshinori, subiendo las escaleras de una manera que indicaba que estaba más que acostumbrado a hacerlo todos los días. "Hace mucho tiempo, muchos practicantes de una variante un poco... Extraña del Budismo fueron perseguidos cruelmente por el gobierno por tener la mala suerte de no encontrarse en Yoshino, más al sur donde eran más numerosos los de su credo. Los que pudieron, huyeron de la ciudad y vinieron aquí a las montañas con la esperanza de poder vivir en paz. "

El hombre señaló a cierto punto a la distancia en la altura. "Crearon este camino y lo ocultaron como pudieron, antes de establecerse en una pequeña meseta en el monte que les servía perfectamente para vivir. Con el tiempo, fundaron su propia aldea la cual recibía de vez en cuando más refugiados de su tipo así como otros marginados no solo de Kyoto, sino de otras provincias también."

"¿Marginados?" Pregunto Shirou, alzando una ceja.

"Quiere decir rechazados, Shirou." Le informo Kiritsugu, quien se había detenido para tomar un sorbo del vial con el cual ya estaba familiarizado. "Personas no aceptadas."

"Monjes en desgracia principalmente, pero también titiriteros, adivinos y uno que otro Onmyouji excomulgado del Buro o independiente que no encontró fortuna en la vida." Yoshinori se encogió de hombros antes de casi resoplar. "Fue casi irónico que hace casi ciento cincuenta años, el propio Buró tuvo que reformarse y entre sus cambios decidió contactar con la comunidad en un intento por alcanzar un acuerdo."

Justo cuando decía aquello, llegaban al final de los escalones donde les recibía una puerta torii con el característico tono rojizo y las tejas de un verde musgoso. "He aquí la entrada a la aldea oculta, Azumi."

'Residencia segura'. Pensó Shirou al entender el significado del nombre. Apenas cruzó el umbral, no pudo evitar parpadear algo emocionado tras ver exactamente un espacio entre las montañas donde reposaban varios edificios tradicionales, con la vasta mayoría separados por bardas con jardines interiores y hasta una especie de riachuelo cruzado por dos puentes. El más cercano siendo uno por el que pasaron encima y que emitió un ligero quejido ante el peso.

Del otro lado se extendía una calle apenas pavimentada con unos adoquines extraños en cuyos extremos descansaban dos de los edificios, con tejas negras y múltiples puertas que daban a la calle, algunas de ellas entreabiertas y por las cuales, tanto Shirou como Kiritsugu pudieron divisar a personas sentadas de cuclillas en aparente concentración por un lado, y lo que parecía ser una gigantesca campana dorada del otro.

Yoshinori pareció haber notado sus miradas, porque no tardó en volver a hablar. "Hay varias familias viviendo aquí, y debido a circunstancias distintas. Hay algunos como los Sakagami que eran originalmente de Kyoto, pero fueron colocados aquí bajo las órdenes del Buro con señal de buena fe."

'Y naturalmente para servir como informantes.' Pensó Kiritsugu.

"Si se ofrecieron de voluntarios o hubo algo más, eso solo lo sabrá el patriarca." Continuó Yoshinori antes de señalar al edificio en cuyo patio se había podido ver la campana, solo para enfocarse ahora en el anterior y después señalar hacia el otro extremo, donde un remanente de bosque se extendía sobre la meseta, ocultando la vista de su interior. "Otros como los Sessyoin y los Myourenji llevan siglos aquí de acuerdo con lo que dicen. Aunque no suelen ser muy abiertos."

Quizás fue su imaginación, pero Shirou creyó haber escuchado algo raro en la forma en la que lo decía el hombre.

"Y por último, nosotros los Tokitou decidimos emigrar desde nuestro asiento original por problemas con otras familias." Terminó por informar, antes de detenerse en un desvío de la vereda principal que conducia hacia una mansión bastante amplia que de inmediato le trajo recuerdos a los dos Emiya de su casa de Fuyuki. "Es aquí. Un poco grande, pero entre mis hijos y yo es algo que necesitamos indispensablemente."

No les tomó mucho entrar después de retirarse los zapatos, naturalmente a un pasillo que dividía dos patios internos, y conectaba con una amplia sala de estar que a su vez se dividía en su extremo más alejado en tres distintos pasillos de los cuales, Yoshinori se terminó por decantar por el de la derecha hasta llegar a una puerta algo más elegante, la cual procedió a abrir.

Ciertamente, la habitación era mucho más ostentosa que la mostrada en el recinto administrativo, aunque no tanto como la de Makihisa Tohno. Adornada a un estilo más tradicional en acorde con la casa, contaba con un tapiz que mostraba una serie de relieves montañosos sobre los cuales revoloteaban las siluetas de unas aves negras entre el crepúsculo, así como dos elegantes jarrones de colores opuestos y una estatuilla budista descansado en un pequeño nicho con una pequeña vela prendida enfrente suyo. Fuera de ello, había varios libreros adosados a una pared, así como un escritorio con dos sillas y una especie de taburete en medio del cuarto.

"Muy bien. ¿Están familiarizados ya con la técnica del análisis?" Pregunto Yoshinori antes de señalar al asiento, como indicandole a Shirou que debía de ocuparlo. El pelirrojo asintió antes de dirigirse hacia ahí y responder. "Si, un par de veces pero más para circuitos."

"Muy bien, muy bien." El hombre parpadeó antes de preparar su mano derecha, a lo que Shirou preguntó.

"¿Es necesario que me levante la camiseta?" Recordó las veces anteriores en la Clinica Jinan, pero recibiendo en su lugar la visión de Yoshinori negando con la cabeza.

"No, no es necesario. Solo concentrate en tu cresta y dejamelo a mi." Dijo, antes de murmurar nuevamente, activando sus circuitos. Shirou quiso alzar una ceja antes de mirar a su padre quien asintió con aprobación, y suspiro antes de seguir la corriente que había aprendido a asociar ya con los circuitos foráneos a los suyos.

Por un momento, una figura vagamente enroscada brillo en su espalda, permitiéndole a Yoshinori identificar donde debía de colocar su mano, cosa que no tardó en hacer al mismo tiempo que se desplegaba un círculo mágico etéreo que mostraba un reflejo de los circuitos mágicos de acuerdo a lo que veía el hombre, entonces de la nada este soltó una exclamación de sorpresa que puso en alerta tanto al padre como al hijo.

"¿Ocurre algo?" Pregunto Kiritsugu primero con un toque de cautela.

"... No, no es nada." Respondió Yoshinori con un tono que indicaba todo menos ello. "Hay algo... Curioso aquí con estas marcas..." El hombre frunció el ceño mientras examinaba de nuevo por medio del círculo mágico el interior de la cresta de Shirou. El patriarca de los Tokitou murmuró algo mas entredientes, acercando un poco mas la visualización proyectada antes de que pudiera abrir sus ojos en visible señal de sorpresa y se estremeciera un poco, algo que naturalmente fue motivo de tanto intriga como de alarma para Kiritsugu, quien a su vez se limitó a mirar también la proyección, pero no logro distinguir nada en sus detalles que le pudiera proporcionar una idea de porque el hombre estaba reaccionando de aquella forma.

"¿Ocurre algo?" Pregunto una vez que Shirou alzó una ceja, seguramente teniendo curiosidad por lo que estaba ocurriendo con su cresta.

"No es nada grave." Respondió finalmente Yoshinori mientras alejaba un poco la proyección del círculo mágico, antes de señalar a la imagen de la maraña de circuitos y realizar un gesto que hizo que esta se retirara en la imagen exponiendo algo que yacía debajo de esta y que ninguno había visto antes. Se trataba de una serie de siete cuadrados acomodada de cierta forma que se asemejaba a una estrella de seis puntas. "El caso es esto que hay aquí."

Shirou miró por encima de su hombro la proyección, sin llegar a entender su significado mientras que Kiritsugu lucía sorprendido. "¿Un nudo de la suerte chino?" Pregunto con algo de confusión, a lo que Yoshinori resopló antes de aclarar.

"Si, tiene la forma de uno, pero se trata de algo muy específico." Dijo antes de hacer una pausa. "Esto parece ser la fundación de la cresta mágica y al mismo tiempo, no la marca del todo como una."

"¿Qué?" Fue difícil saber cuál de los dos hizo la pregunta primero, pero fue Shirou quien en definitiva la continuó. "¿Como que no es una Cresta Mágica del todo? No lo entiendo."

"Es una Llave Filosofal." Declaró el patriarca de los Tokitou, causando que esta vez fueran los ojos de Kiritsugu los que se abrieran de par en par ante la revelación. Y como era de esperarse de Shirou, el término bien hubiera podido estar en otro idioma.

"¿Qué es eso?" No tardo nada en hacer la pregunta.

"Básicamente, crestas mágicas pero usadas por asiáticos, Shirou." Le explico Kiritsugu, habiéndose recuperado un tanto de la impresión. Por un momento había tenido el temor de que el hombre analizará más a fondo y se topara con lo que no quería que viera. Pero tal parecía que su temor estaba deprovisto ahora de validez.

"No, no exactamente." Yoshinori negó con la cabeza mientras apuntaba a la estrella de las seis puntas en la proyección. "El principio parece ser casi idéntico, pero hay una diferencia enorme entre ambas. Una Cresta Mágica es la acumulación del conocimiento sorcerico producido por una familia de magi al grabar todos los misterios desarrollados por ellos en los circuitos mágicos que sacrifican para las crestas, pero este permanece ahí. ¿Una Llave Filosofal? No contiene ningún tipo de misterio en su interior, hace algo más."

"¿Eh? ¿Qué cosa?" Se animó a preguntar Shirou.

Yoshinori casi sonrió por la curiosidad del pelirrojo, antes de elaborar. "La mayor parte de la taumaturgia en Occidente se activa a través de las fundaciones talladas en las Líneas de Ley y la fórmula del hechizo a emplear si se encuentra en esta. En el caso de las Llave Filosofales, son tarjetas directas que van hacia la Fundación Filosofal bajo el mismo principio. Es como una especie de permiso que te permite utilizar ciertos hechizos o rituales de acuerdo al nivel de la Llave. Las más valiosas pueden ir a una profundidad llamada Dominios Privilegiados, con la taumaturgia más maravillosa que ha existido en toda esta parte del mundo."

"Oh, wow." Se sorprendió Shirou al caer en cuenta de que tenía algo asi dentro de él. "¿Pero qué hace ahí?"

"No es raro que varias familias de magi en este país hayan tenido o tengan en su posesión una Llave Filosofal. Especialmente teniendo en cuenta si practicaban taumaturgia antes de la llegada de la influencia occidental." Comentó Yoshinori a la par que murmuraba de nuevo y mostraba sobre el dorso de su mano derecha una figura casi idéntica a la de la proyección. "Sin embargo. ¿Que alguien las haya colocado una sobre la otra? Eso no es algo que pueda decir que recuerde haber leído antes."

"Entendemos." Asintió Kiritsugu antes de regresar al tema inicial. "¿Pero qué hay de la Cresta en sí?" El misterio recién revelado podia esperar.

"Hmm." Yoshinori resopló nuevamente antes de notar la expresión de Shirou y ajusto la imagen de la proyección de modo que pudiera mostrar nuevamente a la maraña de circuitos mágicos, de la cual se pudo apreciar cuatro cosas. Una especie de tres esferas repartidas en lugares aleatorios así como un prisma un tanto alejado de estas.

"La Cresta en sí tiene un par de irregularidades, para empezar. Estas cosas... El prisma es una fuente de datos que parece haber sido inoculada recientemente a algunos de los circuitos y está fuertemente encriptada. No puedo decir nada de ella." Comenzó el hombre, a lo que Shirou habló.

"No pasa nada, se lo que es eso. ¿Pero qué hay de lo otro?" Preguntó refiriéndose a las esferas.

"Cada una parece contener un hechizo en su interior. Pero dos de ellos se encuentran encriptados también con una especie de seguro que supongo que es una de las funciones de la cresta para evitar que sea hurtado." Explicó Yoshinori un tanto extrañado por algunos detalles de lo que estaba viendo.

"¿Hurtado?" Shirou preguntó. "¿Se pueden robar hechizos de una cresta?"

"Una cresta mágica es un tesoro debido a su potencial y el misterio que contiene. Para muchos, es fácil apoderarse de una e implantar trozos de esta en la suya de modo que aumente su propio poder y de paso obtenga más conocimiento que no podría desarrollar por su cuenta." Le respondió Kiritsugu, recordando bien como la Asociación de Magos siempre pagaba un precio más que justo por una aun si no se encontraba entera. Personalmente, tenía la noción de haber sido cómplice en la entrega de alrededor de unas veinte crestas mágicas a lo largo de su carrera, de las cuales, él había vendido siete al mejor postor tras asegurarse de que no fueran peores que los monstruos de cuyos cadáveres las había arrebatado. Naturalmente, el número que había destruido ya fuera por preservación propia o mera ética, era mucho más alto. El orgullo de los Archibald y el remanente de los Zepter eran ejemplos suficientes de ambos.

"Efectivamente." Señalo Yoshinori antes de enfocarse en una de las esferas. "Esta sin embargo... Se encuentra por así decirlo, abierta. El hechizo parece que fue usado incluso ya."

Había llegado la hora de la verdad. Shirou asintió más para sí mismo, listo para escuchar el veredicto. Podía presentir bien en su interior de que iba a tratarse.

Yoshinori por su parte, repitió las mismas palabras del conjuro para poder leer mejor el contenido. Sin embargo no transcurrio mucho desde que se detuvo para poder leer mejor y frunció nuevamente el ceño.

"Esto es... Extraño." Admitió finalmente al cabo de casi un minuto. "Puedo reconocer que clase de taumaturgia es, pero la escuela bajo la cual opera. No puede hacerle ni pies ni cabeza." Dijo, mientras intentaba atisbar nuevamente tras murmurar una oración más que hizo que el círculo mágico emitiera un pulso al ver el reflejo que tenía que ser ajustado continuamente.

Shirou se retorció algo nervioso en donde estaba sentado, procurando no pensar en aquella explosion en el bosque. El señor Tokitou no tardaría nada en encontrar la cosa que le había ayudado en conjunto a la energía vital de Kohaku arrancada forzosamente a destruir a la armadura de piedra contra la cual no había podido hacer nada.

"Numerología. Veo una fuerte influencia budista, seguramente quien configuró el hechizo lo hizo bajo aquel dogma, pero al mismo tiempo alguien agregó no hace mucho varios parches de la misma taumaturgia... Pero me parece que esto es Gematria." Finalmente habló Yoshinori, sonando incluso más confundido que antes.

"Gematria... Hebreo." Kiritsugu se le unía en el sentimiento a juzgar tanto por su tono como su expresión.

"¿Numerología?" Pregunto Shirou.

"Un tipo de taumaturgia global que lidia con la creencia del poder de los números y las cosas." Respondió de inmediato Yoshinori, mientras despejaba la imagen en el reflejo. "Cosas como palabras equivalentes en ciertos números sirviendo como claves mágicas, o cálculos que pueden ser capaces de controlar hechizos. Hay muchos que creen que incluso puede usarse para adivinar el futuro y casi cada cultura ha desarrollado una variante. ¿Pero esto de aquí?" El hombre sacudió la cabeza. "No entiendo el propósito de esto más allá de que trataba de combinar propiedades de dos corrientes. ¿Para qué o cómo?"

"¿No hay nada ahí sobre un relámpago?" Pregunto Shirou, alzando una ceja. De acuerdo al hombre, ese era el único hechizo de la cresta cuyo 'seguro' había sido roto recientemente, por lo que todo debía de apuntar a que la respuesta yacia ahí. Era lo más lógico.

"¿Un relámpago?" Esta vez fue el turno de Yoshinori de alzar una ceja antes de negarlo. "Hechizos de ese tipo, Interferencia Natural les dicen muchos, son los más fáciles de identificar por la 'esencia' del elemento presentes en su configuración."

"..." Shirou recordó todos los detalles que podía de la escena. Cargando la espada con todas las runas posibles a la par que esta era distorsionada severamente hasta convertirse en algo que bien podría ser el resultado de fusionar una lanza corta con un taladro y de la nada, como había gritado algo que no podía por lo más que quería recordar… Y entonces un pequeño cataclismo en conjunto con el grito ahogado de un hombre siendo fulminado en vida. Entonces cerró los ojos por un momento, antes de abrirlos y soltar un suspiro. "Eso fue lo que creí haber hecho hace meses… De la nada, cayó del cielo y… Y…"

Logró calmarse cuando Kiritsugu colocó una mano encima de su hombro. "Shirou, por favor ve afuera y espera un rato." Por la forma en la que lo dijo, se notaba a leguas que no le estaba preguntando. El pelirrojo no dijo nada, limitándose a asentir antes de salir del sitio.

xXx

Azumi no Kakurezato - Monte Kurama.

Unos momentos después…

Esperar.

Shirou había comenzado a agarrarle una especie de rencor a esa palabra, si es que no a todo el concepto que representaba. ¿Que se suponía que había estado haciendo los últimos casi cinco meses aparte de eso? Los viajes a la biblioteca y las investigaciones que realizaba tenían un avance de a paso de tortuga por una parte, y daban resultados de lo más pobres.

Ni siquiera el desvío había servido de algo, para empezar. Si, habían encontrado un sitio donde pudieran revisar su cresta, y encima en una aldea oculta entre las montañas. Pero lo que habían encontrado había traído más preguntas que respuestas.

Aquella escena tan vivida no era una que apreciaba recordar. Al borde de la desesperación por lo que ese hombre iba a hacer y sintiéndose perdido, había utilizado lo que le habían confiado en un último intento por hacer algo… Solo para recibir un milagro en su lugar, uno que había estado seguro que provenía de él al menos aunque no pudiera entender como o que exactamente. ¿Pero ahora? Al parecer se trataba de una causalidad inexplicable, lo cual no ayudaba en cómo se sentía.

'Llave Filosofal, Numerologia.' Pensó Shirou, apoyándose contra la pared mientras entrecerraba los ojos y alzaba un poco su cabeza, intentando poner orden a lo que se estaba acumulando dentro de esta. 'Demonios. ¿Porque todo tiene que ser tan difícil?' Se quejó, cerrando los dedos de su mano derecha.

No se estaba haciendo ilusiones, fuera de las prácticas que había realizado con su proyección y reforzamiento, nada había cambiado en su nueva meta.

Y si la maldición de Kiritsugu pudiera ser removida a punta de golpes con una cuchilla, las cosas serían muy diferentes, claro está. Pero por desgracia no era así y Shirou estaba teniendo un acercamiento que no le gustaba para nada a la noción del tiempo.

Tres años, habían dicho... Y ahora eran como dos y siete meses por llevar. Tenía que hacer algo y pronto o...

Sniff sniff

"¿Hmm?" Se detuvo al percatarse de algo más.

El sitio tenía ya un par de campos delimitantes cerca, pero el aroma de algo nuevo le llegó de la nada. Para intentar distraerse un poco, optó por seguirlo y camino a través del pasillo anexo al jardín interior, guiándose por su olfato. Eventualmente, logró escuchar la voz de alguien lanzando pequeños gritos, así como el sonido de un par de cosas arrastrándose y ocasionalmente de algo cortando el aire. Entornando sus ojos, Shirou terminó por llegar hasta un segundo patio interior mucho más grande donde se topó con...

"¿Eh? Shirou ladeo su cabeza hacia un costado tras ver a siete figuras rodeando a un niño. Todas cubiertas con harapos y portando sombreros de paja que seguramente había visto tiempos mejores, así como poseyendo extremidades rígidas y segmentadas de cuyos extremos alcanzo a distinguir la forma de cuchillas curvadas que cruzaban el aire a la par que los brazos que las movían .

"... ¿Espantapájaros?" Se preguntó Shirou tras verlos desde atrás de una columna. Recordaba ver imágenes de estos alguna vez, pero era su primera vez teniendo a uno cerca.

Clang!

Quedó en alerta, cuando uno de los muñecos gigantes se estremeció como si hubiera sido golpeado, apartándose y permitiéndole a Shirou poder ver cómo otro niño sonreía satisfecho mientras yacía en medio y blandía un... ¿Tazón?

"¿Ah?" Shirou ladeo ligeramente su cabeza hacia la derecha al ver tal cosa siendo usada como un arma. No tardó en parpadear cuando de la nada, otros dos de los muñecos intentaron atacar al niño quien rió de una manera bastante temeraria antes de esquivar ambos embistes con una agilidad bastante envidiable que casi parecía hipnótica. Tirando una patada tras dar un salto hacia uno de los hombros del primero de los espantapájaros le había permitido impulsarse hacia atrás y dar una voltereta en el aire hasta aterrizar detrás del segundo, el cual procedía a ver su espalda siendo introducida a otra patada que lo envió contra el primero, derribando a ambos como dos piezas de boliche. Era como ver un espectáculo de circo bastante bien practicado, hasta que…

El tazón se movió por el aire a la misma velocidad de los dardos que él podía arrojar, antes de cruzar una trayectoria imposible, golpeando a dos de los espantapájaros solo para que de la nada el disco regresará hasta su mano. Rápidamente, Shirou captó un paralelismo enorme con algo con lo que estaba demasiado familiarizado.

"¿Qué?" Se le escapó decir en voz alta.

"¡¿Ah?!" El niño exclamo antes de voltearlo a ver y alzar una ceja en señal de sorpresa, solo para que uno de los espantapájaros de la nada alzara uno de sus brazos, armado con una larga y curva cuchilla con la que estaba a nada de empalarlo por detras.

"¡Cuidado!" Esta vez fue el turno de exclamar de Shirou a modo de advertencia, lo cual sirvió para que el otro niño consiguiera reaccionar a tiempo, mirando al muñeco gigante mientras alzaba su mano libre y gritaba. "¡ALTO!"

Al instante, los siete espantapájaros detuvieron sus movimientos de la nada, yaciendo tan inertes como sus contrapartes normales lo harían. Shirou no pudo evitar soltar un suspiro de alivio al ver aquello. No necesitaba utilizar Análisis Estructural para adivinar que si aquella hoja hubiera conectado con la espalda del niño, el resultado no habría sido... Agradable de ver, y hablando de eso...

"Ahhh, disculpa." Shirou inclinó levemente su cabeza. "¡No era mi intención distraerte! Escuche un ruido y pase por aquí, entonces me quede viendo y-y..." Fue justamente a media declaración que el pelirrojo cayó en cuenta de que solamente estaba cavando su propia tumba cada vez más hondo con lo que decía.

"Ah-ha, no pasa nada, no pasa nada." Le aseguró el otro niño mientras agitaba ambas manos en una especie de gesto conciliador. "Debí de haber estado poniendo más atención a mi alrededor de lo que estaba haciendo."

Por desgracia para Shirou, su boca se le adelantó ya que su subconsciente no parecía estar satisfecho con la disculpa. "Aun así, es bastante maleducado estar espiando a alguien dentro de su propia casa, perdón por eso."

"Oye, oye, calmate un poco." Intentó tranquilizarlo el otro niño antes de acercarse un poco más al espantapájaros que justamente había estado cerca de golpearlo y llevó la palma de su mano libre hacia la punta de la cuchilla, aplicando un poco de presión. Muy para el asombro de Shirou, cuando la retiró no tenía ni un rasguño. "Ninguno tiene hojas afiladas, tienen una propiedad que sólo causa un piquete molesto pero tendrían que golpearte con mucha fuerza para poder lastimarte de verdad."

"Oh." Shirou dijo inteligentemente antes de parpadear y sentir ligeramente algo de pena por su reacción, a lo que el niño rió un poco antes de hablar.

"Como dije, no pasa nada..." Dijo antes de imitar el mismo gesto con sus ojos y adoptar una expresión un tanto curiosa. "Nunca te había visto por el enclave. Soy Jiroubou, por cierto."

"No soy de aqui." Respondió Shirou negando con la cabeza antes de añadir mientras señalaba a la dirección donde recordaba estaba el estudio del señor Tokitou. "Vine de afuera con mi padre para revisar unas cosas de mi cresta mágica, él está ahí hablando con el señor Tokitou."

"Ah, nuestros padres entonces están en el estudio del mío." Jiroubou al instante captó la localización de la que hablaba el pelirrojo, quien casi parpadeo de nuevo antes de caer en cuenta de que con quien estaba hablando se trataba de uno de los... Muchos hijos del señor Tokitou, más de trece de acuerdo con lo que había mencionado hace un buen rato. Shirou intentó imaginar tener tantos hermanos, y su mente conjuro una bizarra imagen de múltiples Taigas de varias formas y tamaños... Casi se rió con eso, hasta que noto también a una que otra niña con el flequillo partido, y rasgos parecidos a los suyos, que le obligó a dejar de concentrarse en aquella visión, lo cual fue bueno porque Jiroubou había hablado otra vez.

"¿Cresta mágica, eh? Que genial." El niño soltó un chiflido de admiración ante aquel dato. "Mi padre tiene una desde que tengo memoria y creo que casi todos los hermanos mayores están locos por la idea de heredarla."

"Una cresta mágica es un tesoro debido a su potencial y el misterio que contiene." Había dicho Kiritsugu en el estudio durante el análisis, a Shirou ya no le extrañaba que fuera algo tan deseado.

"Y eso de que esté con tu padre, dime. ¿Le gusta beber?" Preguntó, guiñando el ojo, a lo que Shirou respondió negando con la cabeza. "No que yo lo recuerde, a decir verdad." 'Sé que solía fumar, eso sí.'

"Pues no tendrá de otra, seguramente mi padre ya le introdujo al sake especial de la tía Higashima." Bromeo Jiroubou, realizando una mueca de disgusto de broma antes de reír un poco más. Algo que le contagió a Shirou, pues no tardó en unirsele.

"Dices que estabas practicando. ¿Qué cosa, exactamente?" Preguntó Shirou, súbitamente interesado por lo que había visto.

"Eh, la rutina usual de mis katas y esta técnica que llevo intentando dominar desde hace tiempo." Respondió Jiroubou, jugando con el disco que no había dejado de soltar en todo el rato que llevaban hablando. "Es buena para mis reflejos y estos de aquí, sirven como ayuda." Dijo, tocando con uno de los bordes del tazón el brazo del espantapájaros.

"Oh, es la segunda vez que veo a alguien más poder mover un objeto a distancia con taumaturgia." Comentó Shirou, mirando el tazón un poco intrigado.

ᵀᵃᶻᵒ́ᶰ ᵛᵒˡᵃᵈᵒʳ

"¿Sabes usar la técnica del Hihatsuhou entonces?" Jiroubou se vio bastante sorprendido de escuchar aquello. "A ver."

"¿Hihatsuhou?" Shirou le dedicó una mirada perpleja antes de negar con la cabeza. "Ah, no creo." Respondió antes de concentrarse un poco.

"Trace on." Como una máquina recién aceitada, sus circuitos mágicos se activaron al instante, poniéndose a trabajar conforme la orden que les daba. La fiel imagen de un dardo común reforzado debidamente tardó apenas unos tres segundos en manifestarse entre los dedos de su mano derecha, muy para el asombro de Jiroubou.

Los ojos dorados de Shirou se fijaron en uno de los espantapájaros situado unos pocos metros desde donde estaba, antes de dirigirse hacia Jiroubou mientras señalaba al monigote con la otra mano. "¿Puedo?" Pregunto, pidiendo permiso.

"Oh, adelante." Le animo Jiroubou, asintiendo.

'Recuerda, no lo arrojes. Concéntrate primero.' Pensó Shirou, antes de tomar un largo respiro y entornar sus ojos. Primero soltó ligeramente el dardo mientras enfocaba toda su atención en este y de inmediato, deseó con todas sus fuerzas que se moviera por el camino que deseaba. El proyectil entonces zumbo por el aire antes de dar un ligero desvío, y clavarse en el rostro de tela del muñeco, muy para la expresión anonadada de Jiroubou, quien terminaría por llevarse otra sorpresa cuando Shirou se concentró de nuevo y abrió su mano. 'Regresa a mi.'

El dardo tembló un poco para liberarse de donde había sido enterrado, y no tardó en desplazarse por el aire hasta ir a parar a la mano abierta del pelirrojo, que lo sujeto por un momento antes de disiparlo por la fuerza.

"... Wow. Eso ni siquiera podría hacerlo así de rápido aunque memorice todo mi mantra." Admitió Jiroubou tras ver la demostración.

"¿Mantra?" Pregunto Shirou ante el término. "¿Cuál?"

Acto seguido, Jiroubou presentó su tazón a vista cercana. Se trataba de un cuenco casi plano elaborado de un metal marrón que tenía grabada una oración escrita en caracteres a modo de relieves en todo el borde. Shirou intentó leerlos, pero se perdió tras no poder identificar ni siquiera la primera palabra.

"El Hihatsuhou funciona cuando uno simpatiza por completo con lo que está grabado en nuestros tazones, permitiéndonos moverlo conforme más apegado tenemos al mensaje, pero toma mucho tiempo poder llegar a hacerlo y a mi casi siempre se me olvida una parte o me trabo cuando estoy haciendo otra cosa." Intento explicar Jiroubou mientras chasqueaba los dedos, pensando que no había sido muy claro. "Agh, no puedo decirlo bien."

"No, lo mío no es nada parecido." Le respondió Shirou con honestidad mientras se encogía de hombros. "Es solo Proyeccion."

"¿Proye-que?" Pregunto Jiroubou, ladeando su cabeza hacia un costado, un tanto confundido ahora por el término recién usado.

"Ah, ¿Gradación de Aire?" Sugirió Shirou, utilizando el nombre apropiado, pero solo recibió una mirada desconcertada a modo de respuesta. "¿Transmutación Material?" Intento con el nombre del sistema en sí.

"Ah, Taumaturgia Occidental seguramente." Declaro Jiroubou con un gesto de mano. "No, no sé nada de eso. Ese es solamente mi padre y quien sea el afortunado que se quede con la Cresta, eso si. Mis hermanos y yo somos solo de Shugendou."

"..." Los ojos de Shirou por un momento casi adquirieron el mismo tamaño del tazón del otro niño tras escuchar dicho término.

"De lo que recuerdo, la formula de la creación del Elixir de Acala requiere cierto conocimiento y maestría sobre una taumaturgia de Zipango especifica, el Shugendou."

"Entonces, Shuugendou... Un tipo religion rara según tu que usa una forma de taumaturgia."

'El culto que sincretiza las tradiciones de folklore local, la adoración a las montañas, el budismo y hasta el Shinto. Practicado por yamabushi, monjes de las montañas. Una de sus deidades más importantes es Acala.'

"Yamabushi..." Kiritsugu entorno sus ojos al escuchar aquel término. "Sé lo que son. Tienen varios enclaves en muchas partes del país donde se dedican a sus asuntos, lejos de la sociedad."

"¿Crees que podría aprender lo que necesito del Shugendou de alguno de ellos?" Preguntó Shirou, tras terminar de tragar un trozo de pescado.

Kiritsugu se encogió de hombros. "Es lo más probable, Shirou. Son los que más practican esa creencia, pero tengo que dejarte claro que probablemente no vean con buenos ojos a alguien que no pertenece a su grupo intentando aprender sus secretos."

"¿Ah? Pero si yo no quiero saber nada de sus familias ni esas cosas." Se extraño Shirou, causando que su padre meneara la cabeza.

"Incluso bajo estándares de los magi, son demasiado retraídos." Le reveló Kiritsugu. "Estos en su mayoría son clanes que llevan siglos con ese estilo de y al verlo como religión también, puede llegar a portarse más que cortantes con otros."

Y entonces cayó en cuenta. Entre el señor Tokitou mencionando que eran prácticamente una familia de monjes de la montaña, que vivían literalmente en una aldea escondida del resto del mundo... También en una montaña. ¿Era en serio? Meses de estar buscando y buscando a través de libros solo para ir a parar de la nada a justo uno de esos lugares y hablar casualmente con un practicante. Shirou casi sentía las ganas de gritar a los cuatro vientos.

"¿Shugendou?" Pregunto con el interés claramente marcado. "¿Toda tu familia lo practica?"

"Oh, claro que sí." Respondió Jiroubou mientras asentía, casi alegre por estar de vuelta en el campo que conocía. "¿Por qué? ¿Te interesa?"

Shirou devolvió el gesto casi al instante. "He pasado meses intentando investigar sobre este... Pero no encontraba nada... Nada, en serio."

Jiroubou soltó una risita. "Estaría muy sorprendido si lo hicieras, porque como que la mayor parte de todo lo que hacemos es pura tradición moral... ¿O era oral? Es raro que hayan cosas escritas y todavía más raro que las tengan quienes no practican como nosotros."

Bueno, eso tenía bastante sentido si lo veía así. Shirou no podía creer la oportunidad de oro que había caído a su regazo desde el cielo, pero antes de que pudiera volver a hablar, Jiroubou se le adelantó.

"Hmm, como veo que quieres saber un poco más. ¿Qué te parece si jugamos una ronda? Por lo que vi, has de ser bastante bueno arrojando esas cosas. ¿Qué dices?" Le sugirió amablemente el niño antes de añadir en un tono algo burlón. "De paso, podrías decir tu nombre. ¿Sabes?"

Una pena un tanto familiar invadió a Shirou de la nada al caer en cuenta de que efectivamente, no se había presentado.

xXx

Residencia Tokitou - Azumi no Kakurezato

Al mismo tiempo…

"¿Sake?" Le ofreció Yoshinori una vez que terminó de extraer de un cajón una botella que procedió a abrir antes de depositar un poco del contenido; un líquido semi-espeso y pálido cuyo aroma le golpeó de la nada, sobre un pequeño vaso de cerámica. El hombre hizo ademán de señalar al segundo recipiente que yacía no a mucha distancia del primero.

"Por favor." Respondió Kiritsugu, sabiendo que una bebida no podría venirle mal en aquellos momentos. Yoshinori procedió a asentir sin necesidad de dar explicaciones y terminó por llenar el segundo vaso antes de colocarlo enfrente de su contrario. Segundos después, ambos hombres le habían dado un sorbo a la embriagante bebida y aprovechado para relajarse un rato.

"Hubo un tiempo en el que era común que uno que otro magi adoptará a un heredero de otra familia al carecer de uno si es que la familia original había terminado por sufrir una tragedia y no hubiera un conflicto entre otros parientes." Mencionó de pronto Yoshinori, depositando su vaso sobre la superficie del escritorio, su sed saciada por el momento. "Casos similares quedan hoy en día, pero con familias enteras. Los Toobori que viven al pie de la montaña de aquí literalmente solicitaron al hijo de una familia de la ciudad como su heredero designado hace algunos años."

"Tal vez sea así, pero no soy un magus y jamas he tenido la intención de que Shirou continúe la carrera taumatúrgica de mi familia." Respondió tranquilamente Kiritsugu mientras depositaba también su vaso. 'No es como si yo lo hubiera hecho o si pudiera.'

Norikata no había hablado mucho de las historia del linaje Emiya más allá de que provenían de una de las provincias centrales de Japón y tenían menos de doscientos años en existencia. Una familia prácticamente irrelevante durante unas tres generaciones hasta que su padre, bendecido con un intelecto un tanto superior había logrado avanzar sus investigaciones hasta el punto de desarrollar una teoría de lo más ambiciosa, cuyos remanentes bastardizados podía utilizar con menos de la mitad de una Cresta todavía más mutilada y vandalizada. Si la memoria no le fallaba, la mayor parte de esta seguramente debía de estar bajo posesión de la Torre del Reloj.

Lo que significaba que preservada en un frasco relleno de almíbar y probablemente debajo de la cama de algún pobre archivero despistado, como solía ocurrir con la mayoría de las muestras recuperadas de las Designaciones de Sellado.

"Cazarrecompensas entonces." Comentó Yoshinori tras una breve pausa mientras juntaba ambas manos sobre su escritorio. "Lo suponía por el porte."

Kiritsugu resopló sabiendo que no podía negar dicha cosa. "La Cresta es algo único de Shirou, teníamos la esperanza de que al verla se pudiera identificar alguno de los misterios que contenía para poder utilizarla mejor como herramienta en lugar de esta navegando a oscuras, pero ya podemos ver aquí que con la excepción de esa configuración que encontro, nada habla del extraño fenómeno que él dice haber experimentado."

"Un relámpago monstruoso cayendo de la nada, hmm." Yoshinori frunció el ceño mientras intentaba recordar algo, pero de su vasta memoria apenas pudo encontrar un atisbe ligeramente similar a lo que había descrito vagamente el niño pelirrojo a quien había examinado. "Lo más remotamente cercano que recuerdo es que en algunos miembros del Clan Minamoto entre sus múltiples ramas, se manifestaba un raro talento en su alineación elemental de Fuego tan potente que en lugar de conjurar llamas, terminaban por generar electricidad misma o el llamado 'suspiro del rayo' , supuestamente una vieja herencia del legendario Minamoto no Yorimitsu del Periodo Heian, quien podía hacer lo mismo de manera natural a consecuencia de su sangre divina según algunos rumores."

"Dudo mucho que Shirou descienda del Clan Minamoto." Le respondió Kiritsugu secamente. ¿Cuáles eran las probabilidades? Además de que estaba medio claro de que de alguna forma, el pelirrojo poseía sangre extranjera gracias a sus facciones difícilmente endémicas de Japón.

"Solo comentaba lo único que se me ocurría." Respondió Yoshinori, encogiéndose de hombros. "Hechizos que manipulan el clima e invoquen rayos del cielo para que golpeen un determinado lugar, los hay por doquier, pero incluso encriptadas las tres configuraciones de la Cresta Mágica, podía notar que ninguna de ellas tenia Interferencia Natural como base, lo cual deja la posibilidad de que fuera algo de la Llave Filosofal."

Otro quebradero de cabeza imprevisto.

"Tengo curiosidad." Continuó Yoshinori al cabo de varios segundos. "¿Su hijo tiene en mente continuar la carrera taumatúrgica de su familia, entonces? Por lo que pude ver, es una herencia bastante extensa. No soy tan apegado a las tradiciones, pero hasta yo creo que sería una pena si los dejara de lado."

"No sabría decirlo." Respondió Kiritsugu con una honestidad que le sorprendió hasta a él. "Fuera de que desconoce cual es, no tiene ninguna memoria de ellos debido al mismo incidente que suponemos lo dejó huérfano."

"Valgame." Yoshinori palideció al escuchar aquello mientras asentía. "Entonces fue un rescate, ya veo. Mi más sentido pésame."

El sentimiento fue bienvenido, pero Kiritsugu realmente no supo qué hacer con él. Quienes fueran los padres de Shirou, el descuido que habían tenido por llevar a su hijo y heredero a una literal zona de batalla como lo era Fuyuki durante la Cuarta Guerra del Grial... No tenía palabras para describirlo, aunque ahora que recordaba, aparentemente Saitou Reiroukan había llevado consigo a su hija durante el ritual. Que esta hubiera sobrevivido mientras que a él le habían asesinado figuraba como una ironía mórbidamente apropiada.

"Entonces. ¿Qué es lo que quiere como magus, ya que todo parece indicar que quiere ser uno?"

La pregunta le tomó por sorpresa.

"Porque es un pobre niño que no entiende el mundo que lo rodea y está convencido de que puede cambiar lo que no le parece solo por creerlo." Es lo que quizas debio de haber dicho, pero naturalmente Kiritsugu se lo reservo. ¿Cómo hubieran sido las cosas si no habría descubierto jamás el hecho de que su intento por enseñarle erróneamente a Shirou había derivado en un descuido con potenciales consecuencias fatales? ¿Acaso él hubiera intentado continuar inútilmente intentando abrirse paso por el dominio de los Einzbern hasta caer en cuenta de que era inutil y sentir de cerca la vida que se le escapaba? ¿Shirou habría pasado cuantos años continuando con ese hábito hasta rendirse? ¿Cuales eran las probabilidades de que como había dicho Sougen todos esos meses atrás alguno de los incómodos paquetes que había dejado terminará por atraer consecuencias inesperadas contra él?

Algo debió de haberse mostrado en su rostro, porque Yoshinori al instante adquirió un tono algo más conciliador.

"No me interesa hurgar, me tomo muy en serio el secretismo con los que recibo en consulta." Explicó alzando un poco las manos a modo de convencerlo. "De igual forma, se firmará un contrato por lo que mis labios están sellados."

Para ser un magus, el patriarca de los Tokitou tendía a ser bastante honesto. Uno se preguntaba cómo era que podía lidiar con las intrigas que acompañaban obligatoriamente a la vida de uno.

"Debido a ciertos incidentes." Se relajo un poco Kiritsugu. "Tanto él y yo nos encontramos bajo el servicio de una familia un tanto poderosa hasta que terminemos una comisión, sin embargo temo por mi esperanza de vida y lo hago aún más por su seguridad a pesar de las promesas de dicha familia."

"Ah, lo entiendo muy bien." Asintio Yoshinori, quien había tomado en algún punto su vaso de nuevo para poder rellenarlo. "Yo también temería por mis hijos si me encontrara bajo riesgo."

"Por lo que en este tiempo que me queda, me gustaría poder otorgarle todas las herramientas y conocimiento posibles a Shirou, por su propio bien." Término Kiritsugu, antes de añadir. "Incluida la taumaturgia que supuestamente necesita aprender."

"¿Oh?" Yoshinori lucio repentinamente más interesado. "¿Cuál?"

xXx

Residencia Tokitou - Azumi no Kakurezato

Al mismo tiempo…

"Ah, Kyuushuu. ¡Dicen que hace mucho calor ahí!"

"Comparado con aquí, si."

Llevaban varios minutos teniendo una conversación así en tanto continuaban su 'juego' y en el proceso, preguntas se habían hecho y respondido sobre el otro, todo mientras los espantapájaros no cesaban en atacarlos.

Siete contra dos a quienes superaban en altura también, pero difícilmente en habilidad y velocidad de reacción. Las cuchillas de guadaña que tenían adosadas en los extremos de sus brazos no tenían filo, pero un golpe directo igual dolería si lograba conectar, de ahí a que fueran evadidas como pudieran por los dos niños.

Los ojos color ámbar de Shirou se entornaron apenas dos intentaron rodearlo con el fin de atraparlo en un movimiento de pinza. Moviéndose torpemente, las armas surcaron el aire estando a escasos centímetros de colisionar contra su cuerpo de no ser porque la mano izquierda del pelirrojo sujeto firmemente la cuchilla, parandola en seco mientras que con la derecha...

Clang!

Un kunai sólido se había materializado en su mano, con el cual alcanzó a desviar la guadaña tras propinarle un empujón. Al mismo tiempo, tiró con todas sus fuerzas del primer espantapájaros, mandándolo a rodar contra el suelo. Libre del primer enemigo, Shirou concentró su atención en el segundo, soltando el punzón que sostenía antes de que este con un silbido metálico se clavara justo en medio de su cabeza rellena de paja. La marioneta se tambaleó antes de caer al piso y el kunai proyectado regresó a la mano de Shirou, quien se aseguró de blandirlo firmemente al encuentro de un tercer espantapájaros, quien parecía estar intentando girar como una peonza. Una peligrosa peonza de madera con dos cabezas de garrote en lugar de manos que se acercaba rápidamente, dándole sólo la opción de echarse para atrás a menos de que...

Clang!

Sus ojos se abrieron un poco más de la sorpresa cuando el disco de Jiroubou pasó volando a una velocidad envidiable hasta asestar un golpe de lo más certero en el rostro tejido que detuvo los movimientos de la marioneta. Aquello le hizo voltear por encima de su hombro, para ver cómo el chico estaba... ¿Bailando?

No había mejor forma de describir lo que estaba pasando a pocos metros de distancia suyo. Rodeado de cuatro de los espantapájaros, Jiroubou se movía diestramente en el espacio que tenía disponible, desviando una que otra acometida con una gracia casi imposible de creer a la par que propinaba varias de su tipo. No tardó en ver como el disco seguía una trayectoria de regreso hacia su mano derecha, que se alzó a un extremo casi expectante, logrando atraparlo sin problemas.

'... Vaya.' Pensó Shirou, mientras que Jirobou descargaba ahora una patada mientras que se impulsaba hacia arriba pese a no tener nada sólido bajo su pie contrario, solo para descender en picada contra otra de las marionetas como si de una ave de presa se tratara.

'¿Acaba de flotar o es mi imaginación?' Shirou no tuvo tiempo de pensarlo de más, puesto que de inmediato una de las marionetas, que se había recuperado de caer al suelo, intentó tomarlo por sorpresa con un tajo en diagonal que supo esquivar al hacerse a un lado. Si bien Shirou no podía decir que contaba con mucha experiencia peleando, luego de su encuentro con los familiares de Kaburagi que le atacaban en grupo en el bosque, tenía lo suficiente para saber qué hacer y no quedarse paralizado.

Salvo que los espantapájaros difícilmente eran tan peligrosos como los escorpiones hechos de tierra. Estos compensaban su corto tamaño con números y una especie de viciosidad artificial que les hacía utilizar sus tenazas y picos diestramente como herramientas de tormento. Tan solo la extraña fusión de algunos de ellos que había tomado forma humanoide y que había despachado con su espada "eléctrica" había representado una amenaza mayor que las tres marionetas aparentemente creadas como medios de entrenamiento con las que estaba peleando.

Clang! Clang!

De vez en cuando, el filo del kunai y el de una de las guadañas alcanzaba a chocar, pero la fuerza de Shirou terminaba imponiéndose sobre la de la frágil construcción, quien terminaba por ver su acometida desviada.

Pelear con solo un kunai como arma hubiera sido imposible contra los escorpiones en el bosque. Con un alcance tan corto y no lo suficientemente fuerte como para infringir el daño suficiente para desbaratar a uno individualmente a menos de que lo arrojará... Si lo hubiera intentado, habría terminado con un enjambre de estos sobre él y...

Al mismo tiempo, la katana Juunijirou Touzaki que había proyectado igualmente le había sido algo inutil pero por la razón contraria. Demasiado larga y pesada para que la pudiera blandir adecuadamente tanto en condiciones normales como en la foresta, donde bien se hubiera quedado atorada en una rama o arbusto a cada rato, con consecuencias potencialmente fatales. Menos mal que había tenido justamente la idea de utilizar Alteración para ajustar su forma a algo que pudiera usar mejor y el hecho de que poco tiempo después le hubiera colocado la única runa que supiera usar y con ello creado un arma más o menos viable, era un bono adicional.

Pensó inicialmente en utilizar al menos la espada normal, sin embargo tras un par de minutos en la 'pelea' había caído en cuenta de que no la necesitaba realmente, ni siquiera para mantener a raya a los espantapájaros, ya que el kunai servia bien como arma y también...

Casi sonrió con satisfacción pura cuando nuevamente utilizó su mano libre para detener otra guadaña con la palma desnuda, sin que ni el borde ni el golpe le hicieran cosquillas. Las dos líneas que emitían un brillo fluorescente debajo de su piel servían como la suficiente evidencia de su seguridad. Su entrenamiento con reforzamiento, pese a no ser exactamente de cuerpo completo como el que Kiritsugu le había estado usando no estaba nada mal.

Con solo tener ambos brazos bajo dicha protección y una sola proyección a su disposición, estaba más que listo para enfrentarlos. No necesito ni voltear tras escuchar la risa animada de Jiroubou para saber que el chico local se estaba divirtiendo de lo lindo, pero si que lo hizo cuando escuchó una exclamación de sorpresa de su parte.

Noto entonces como la mirada de Jiroubou era hacia arriba, por lo que no tardó en seguirla, y tampoco el encontrar la razón de tal reacción.

"¿Ah?" Fue lo único que alcanzo a decir inteligentemente en respuesta de lo que estaba apostado encima del patio.

Lo primero que notó, fue la nariz. Endemoniadamente larga y pintada de un rojo chillón, quedando unida a una máscara que imitaba un rostro con ojos saltones, cejas pobladas y un bigote mal pintado, cuyas arrugas estratégicamente colocadas le daban un aspecto malhumorado. Después fue el par de alas negras con plumas extendidas de modo paralelo en su espada, así como la ropa todavía más vieja que la de los espantapájaros. La figura estaba suspendida como una enorme cometa monstruosa en el aire casi observandolos de una manera expectante.

"¿Y eso es?" Pregunto Shirou, sin soltar en ningún momento su kunai.

"¿Juegas videojuegos? Imagina que ese es el 'Jefe'." Le sugirió Jiroubou mientras suspiraba algo agotado. "Se me olvido que ese espantapájaros no lo han sellado desde la semana pasada."

"¿Y qué es lo que hace?"

Los dos parecieron notar que los espantapájaros se habían quedado inertes de la nada, y Shirou en particular comenzó a detectar una nueva firma de energía mágica reaccionando de una forma que no había encontrado antes.

Antes de que Jiroubou pudiera responder, la marioneta en el aire emitió una especie de chillido desgarrador antes de que una serie de caracteres se iluminarán en su larga nariz y de esta se desprendiera una especie de orbe semi-transparente que salió disparado hacia ambos.

"Eso." Fue lo único que pudo decir Jiroubou antes de saltar hacia el lado opuesto, con Shirou imitandole desde el suyo. El proyectil golpeó las baldosas del suelo, antes de desvanecerse a la par que liberaba bandas de aire comprimido cuyo impacto alcanzó a notar el pelirrojo aun a distancia.

Maravilloso, disparaba bombas de viento, o algo así.

"¡Haaaah!" Familiarizado ya con la marioneta, Jirobou salto hacia un pequeño taburete donde tomó impulso, antes de saltar de nuevo a una distancia que Shirou no estaba ni seguro de igualar aun con reforzamiento, en eso pudo ver claramente como de la nada el pie derecho de Jiroubou pareció encontrar una especie de escalón oculto en el aire porque de la nada tomó un segundo impulso más, casi deslizándose por las alturas al encuentro de su oponente ante la atónita mirada de Shirou, quien prácticamente soltó su kunai de la sorpresa.

"... ¿Qué?"

Desafortunadamente para Jirobou, la marioneta no parecía ser tan predecible como los espantapájaros, porque de inmediato agito sus alas para maniobrar hacia otro costado y encima se encargó de disparar otro proyectil de aire, justamente hacia Shirou mientras que Jiroubou aterrizaba con algo de dificultad y una expresión de molestia en su rostro. Reprimiendo una maldición, Shirou se apartó de la trayectoria de la bala a la par que conjuraba rápidamente la imagen que tenía en la mente.

"Trace On, Phantom Bullet!" Exclamó, dejando que en su mano apareciera una tenue imagen de su proyectil favorito el cual procedió a arrojar contra la bala de aire, solo para ser destrozado ante la presión de esta , pero causando que se disipara a medio viaje. Sin embargo, la marioneta no parecía impresionada por ello, ya que de inmediato mandó otro proyectil contra el de un modo casi sádico, provocando que Shirou pusiera los ojos en blanco mientras se concentraba en el enlace del kunai caído que fue a parar de inmediato a su mano derecha antes de ser arrojado contra el nuevo ataque aéreo.

Fue en eso que Shirou recordó que esa proyección si era sólida.

Clang!

El kunai emitió un quejido doloroso al estrellar contra la bala de aire comprimido solo para regresar por donde había venido dando vueltas sin control sobre sí mismo muy para el pánico del pelirrojo, quien de inmediato puso ambas manos enfrente de él como si pudiera conjurar una barrera.

"Trace off!"

La proyección se disipó inofensivamente en partículas de luz a dos metros de distancia, provocando que suspirara de alivio. Alivio que se desvaneció apenas retiró sus manos y vio como la marioneta se preparaba para otra descarga mas, hasta que emitió un quejido que casi sono indignado cuando de la nada, Jirobou pareció haber saltado justamente debajo de esta... Y alcanzando a sujetarla de los tobillos.

La imagen resultaba un tanto hilarante a decir verdad, con el niño pelinegro siendo zarandeado desde abajo mientras intentaba hacer descender a la marioneta, con esta buscando deshacerse de él a la par que batía sus alas emitiendo chillido tras chillido.

"Tsk." Shirou conjuro de inmediato un kunai más que se encargó de dejar vacío a propósito antes de inyectar el interior con energía mágica sin forma. "¡Trágate esto! Trace Bullet!"

Sin necesidad de arrojarlo, el punzón se disparó solo desde el espacio donde había sido proyectado, atravesando rápidamente la distancia que le separaba de su objetivo, y rápidamente clavándose en medio de la máscara roja que llevaba, ahogando los chillidos indignados.

"¡Woahhh!" Exclamó Jiroubou al sentir como la marioneta comenzaba a descender forzosamente cabeza abajo y se cuidó de saltar en el último momento apenas esta se estrelló contra el suelo, solo para aterrizar por su cuenta... Justo encima de la pobre cabeza.

"Vaya, que interesante." Comentó al observar las piezas de metal que habían conformado la proyección disipándose de la nada. "He visto hechizos que crean armas a partir de elementos o formas ilusorias de energía mágica, pero que salgan así como lo haces tú, wow."

"Lo tuyo es bastante genial." Respondió Shirou, muy impresionado antes de inclinar levemente su cabeza hacia un costado. "Pero fuera de la técnica del tazón, no consigo entender del todo como es taumaturgia. ¿Usas reforzamiento o algo así?"

"Reforzamiento, hmmm." Por un momento Jiroubou pareció quedarse pensativo antes de encogerse de hombros con una expresión un tanto extraña. "Ah, no se como podria explicartelo bien. Quizás mis hermanos o mi padre serían de más ayuda en eso, siento que es solo algo que tú puedes entender cuando lo entrenas, ¿captas?"

A decir verdad, Shirou tenía el presentimiento de que no lo hacía. "¿Y cuánto tiempo lo llevas practicando?"

"Soy solo un novi-... ¿Cómo era esa palabra? ¿Como era?" Se preguntó Jiroubou mientras tronaba sus dedos en un esfuerzo por intentar recordarla, pero realizó un gesto con dicha mano apenas vio a Shirou abrir la boca. "No, no me digas." Lo detuvo antes de finalmente rendirse. "Novato, pues. Llevo como unos cuatro o cinco, creo."

'¿Cuatro o cinco?' Shirou parpadeo por un momento. "¿Cuatro o cinco meses? Vaya."

"No, no." Le corrigió rápidamente Jiroubou. "Años."

Por un momento, Shirou sintió como si el suelo hubiera desaparecido debajo de sus pies a la par que su mandíbula se abría hacia abajo ante la sorpresa. '¡¿Cinco años?!'

"Jajajajaja." Jiroubou se rió un poco dando a entender que le estaba tomando del pelo. "Debiste ver tu cara... En realidad llevo solo unos dos con esto, aunque es cierto que desde que tengo como cinco años ya había hecho cosas en la montaña, pero nada que requiriera mis circuitos mágicos, eso sí."

Jiroubou sacudió su cabello, dejando que un par de trozos de paja que habían quedado atrapados ahí finalmente cayeran al suelo. "Toda mi familia practica esto desde hace mucho tiempo, al igual que otras. Los Tokitou somos en realidad la rama de otro clan mucho más grande y viejo, los Seigen. Hemos vivido aquí en Azumi desde hace mucho tiempo también, pero no somos los únicos. Del otro lado de la montaña está el Clan Myourenji, con quienes no nos llevamos tan bien que digamos." Añadió en un tono que probablemente para él sonaba confidencial.

"Y en cuanto a esto que use... No puedo decirte exactamente cómo funciona porque bueno, tienes que entenderlo tú mismo por tu cuenta." Continuó el niño antes de juntar ambas manos, activando así sus circuitos mágicos. "Se le llama el Vuelo del Cuervo, una vez que la aprendes ganas básicamente una mejora en todos tus movimientos cuando la usas... No, más bien te vuelves más ágil y aparte obtienes esto de aquí." Jiroubou dio un ligero salto, solo para elevarse un poco más en el aire al plantar su pie derecho sobre este por un momento. "Por un breve instante, es como si pudieras caminar en el aire... Aunque mi padre mencionó que en el pasado, hubo gente tan talentosa que podía ser capaz de casi volar por medio de esto."

Ciertamente, se veía como algo bastante útil. Pero para Shirou había llegado el momento de la verdad, debía de preguntar lo que necesitaba ahora o nunca. "... Hay algo que debo de hacer, es una especie de trabajo muy especial." Comenzó a contar no queriendo exponer tanto por la palabra propia de Kiritsugu. "Me dijeron los que me dieron las instrucciones que para obtener dicha cosa, tenía que aprender Shugendou y para otros detalles."

"¿Qué cosa, exactamente?" Pregunto Jiroubou, con sus ojos casi brillando por la curiosidad.

"... " Shirou primero trago saliva, preparándose para contarlo. "¿Cómo puedo obtener el Fuego Verdadero de Samadhi?"

Casi sintió como si el propio concepto de sonido hubiera sido arrancado de cuajo de la atmósfera en aquellos instantes, porque Jiroubou se quedó completamente callado con una expresión extremadamente desconcertada en su rostro, como si estuviera viendo algo que no entendiera a pesar de seguir con aquello.

"..." El pelinegro parpadeo entonces antes de hacer un esfuerzo por hablar, y finalmente preguntó. "... ¿Fuego Verdadero de Samadhi?"

Shirou asintió, teniendo un mal presentimiento por la reacción de Jiroubou. "Si, eso decía la información. Fuego Verdadero de Samadhi."

"... Que me vistan con la hakama de mi mama, no estás bromeando." Finalmente respondió Jiroubou bastante extrañado, solo para soltar una leve risa nerviosa. "Dime, Emiya. ¿Alguna vez pudiste hacer que las cosas cambien de tamaño sin quererlo de la nada?" Le pregunto.

No viendo a qué venía el caso, Shirou naturalmente se sintió confundido por la pregunta. "No, ¿por qué?"

"¿Flotaste de la nada un dia? ¿Hiciste qué animales te obedecieran de la nada? ¿Pudiste ver algo que podía pasar y terminó sucediendo momentos antes de que ocurriera?" Las preguntas se estaban volviendo cada vez más extrañas.

"No, nada de eso. ¿Por qué?" Le preguntó Shirou a su vez tras terminar.

Jiroubou asintió mas para si mientras escogía sus palabras con cuidado. "Emiya, para que puedas obtener esa cosa por tu cuenta tendrías que dedicar el resto de tu vida al estudio y práctica del Shugendou. El fuego es un poder especial que blanden seres inmortales que han sido iluminados, así como otros que abandonaron su humanidad, pero el caso es que ambos caminos requieren de muchísimo tiempo, creo que como cien años de dedicación según algunos."

La forma en la que hablaba Jiroubou era una bastante seria, y quizás fue por eso que Shirou la sintió peor. Anteriormente por el comentario del tiempo había sentido que el suelo desaparecía debajo de él... Por lo que acababa de escuchar, más bien ahora se sentía como si de la nada se estuviera hundiendo en un pozo sin fondo.

¿No tenía sentido entonces? ¿Había sido todo por nada? No, era hasta más cruel. Casi una forma en que la realidad le dijera que la probabilidad de lograrlo nunca estuvo al alcance. ¿Cien años? Shirou a duras penas llegaba a los diez, de los cuales apenas sentía que podía recordar tres de ellos. Bien podían ser hasta catorce mil y no habría diferencia alguna ante lo desgarrador que se sentía. Casi sentía como sus rodillas parecían estar a punto de ceder y la verdad era que...

"No se como fue la instrucción que recibiste, pero dudo que se refería a que tu la tuvieras por tu cuenta, eso no tiene sentido." La voz de Jiroubou le regresó a la realidad. El pelinegro lucía algo más pensativo por lo que acababa de decir. "No, de hecho creo que eso es lo que tiene más sentido, vaya."

"¿Hmm?" Shirou salió de su estupor al ver aquello. "¿Qué cosa?"

"Veras." Comenzó de nuevo Jiroubou. "Intentar adquirir el poder de generarlo por uno mismo es casi imposible, pero es por eso que está la opción de lograr convencer a alguien o algo de hacerlo por ti."

"..." El pelirrojo parpadeo al no poder entender a que se estaba refiriendo su nuevo... ¿Conocido?. "¿A qué te refieres?"

"Veras..." El dedo índice de la mano derecha de Jiroubou fue a parar hacia la figura inerte de la marioneta Karasu. "¿Has escuchado hablar de los Tengu?"

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Residencia Tokitou - Azumi no Kakurezato

Al mismo tiempo…

"Hace casi mil trescientos años, En no Gyouja fue desterrado de la corte imperial bajo cargos de abuso de taumaturgia de acuerdo a uno que otro oficial. Aparentemente fue exiliado a la isla de Izu Oushima unos meses después, pero antes de que abandonara la tierra recopiló una serie de creencias suyas que dividió entre cuanto discípulo había logrado tener hasta aquel tiempo, quienes terminaron por retirarse a las montañas para llevar una vida espiritual más sencilla, lejos de los templos de la capital y otras ciudades... O al menos así cuenta la leyenda más florida sobre el origen de los practicantes del Shugendou." Comenzó a narrar Yoshinori antes de encogerse de hombros y añadir. "Aunque claro, también está la historia de monjes budistas que merodeaban el país y se tomaron sus libertades en predicarle a la plebe que vivía en las zonas más remotas con el fin de volver más fácil la comprensión de estos a su doctrina, pero los Shugenja tendemos a ser romanticos de corazon por lo que es un poco obvio el que preferimos la primera versión de la leyenda."

"Yamabushi, había escuchado algo de ellos un par de veces." Comentó Kiritsugu mientras hacía un leve esfuerzo por buscar en su memoria. "Pero hasta hoy jamas habia conocido a uno o visitado un enclave habitado por ellos."

Era un poco divertido si caía en cuenta, el le habia comentado algo asi unos meses antes a Shirou sobre lo aisladas que eran aquellas comunidades y que no debían de adelantarse en tratar de buscar una, solo para que terminaran por caer de manera accidentalmente justamente en un sitio que los albergaba.

"Bueno, siempre hay una primera vez." Yoshinori soltó una leve risa mientras se acomodaba mejor en su asiento. "El Shugendou es precisamente eso, un camino hacia el poder y un estilo de vida que nos marca desde que decidimos aprenderlo. Las montañas son para nosotros la barrera natural entre el mundo que conocemos y el espiritual, es cruzando a través de estas donde logramos encontrarnos a nosotros mismos y entendernos a la par que conseguimos cultivar cierta armonía que a ratos se manifiesta en la forma de poder, taumaturgia en buena parte del tiempo pero también en otras cosas que más de uno encontraría... Interesantes."

"Es bastante raro ver hoy en día a gente que sigue utilizando el apelar a deidades para el empleo de la taumaturgia de una manera tan... Devota." Kiritsugu escogió sus palabras con cuidado. Debido a sus experiencias, difícilmente podría tener una buena opinión de la religión incluso si sabía por medio de una que otra enseñanza que supuestamente en algún pasado distante, los seres que los mitos llamaron dioses existieron alguna vez sobre la faz de la tierra.

"Jajaja, le aseguro que no es nada tan sofisticado de hecho." Yoshinori pareció encontrar divertido lo que Kiritsugu había dicho a juzgar por cómo su expresión cambiaba ligeramente. "¿Dioses? Nadie ha visto a uno más allá en sueños desde hace siglos, pero te aseguro que los tengu aún rondan por aqui y si bien la probabilidad de encontrarlos naturalmente es rara, imposible no es. Me parece que los occidentales los clasifican como Elementales y el Shugendou está íntimamente relacionado con ellos."

"En Europa se dice los mismo de las hadas y otras especies fantasmales." Kiritsugu recordó bien las tradiciones que se manejaban aún al respecto de dichos seres. "¿Cual es el caso especial de estos?"

"Los tengu incluso en tiempos de antaño, no solían interactuar a menudo con los humanos. Pero de vez en cuando, podían ser capaces de otorgar ciertos regalos como cuentan unas cuantas historias rurales, siendo estos objetos mágicos comúnmente, pero difícilmente los únicos." Yoshinori levantó el dedo índice de su mano derecha. "Conocimiento de artes secretas y hasta bendiciones también. Por medio de canalizar lo aprendido en nuestras prácticas ascéticas y dedicarles ciertas ofrendas, es posible ganar hasta cierto punto su favor para que te concedan algo que consideren equivalente a lo que has entregado."

Intercambio equivalente: la regla principal de la taumaturgia.

En esencia, esta es simplemente la manifestación de cosas que ya existen o que ocurren en la realidad, aunque con un ligero desprecio por el tiempo y los materiales necesarios. Los fenómenos que no son de este universo son imposibles de reproducir. Para crear algo, se debe dar otro objeto como precio o se modifica un objeto existente. La base de toda taumaturgia es el uso de energía mágica para producir algo que ya existe o puede existir. Aquello que cae en la categoría fantasmal, algo hecho completamente de imágenes y que quizás ya no exista de forma natural, eventualmente será eliminado por el mundo por estar en conflicto con esta regla.

Incluso en la Era de los Dioses, aquel principio existía en otra forma. Cuando la habilidad para recrear de manera artificial los milagros le pertenecía en su mayoría solo a aquellos con sangre divina en sus venas, los que dedicaban sus vidas a la adoración de tales seres no tenían otra opción que entregar o sus cuerpos en señal de penitencia o ofrecer tanto ofrendas como sacrificios con la esperanza de complacer a sus patrones y que estos proporcionaran el poder restante para el empleo de sus artes o yendo más allá, les otorgaran un don para alzarse por encima de sus semejantes.

"Considero que es la alternativa más viable para su hijo, Emiya-san." Continuó Yoshinori habiendo llegado al punto crítico de la conversación. "Ignoro la maestría de Shugendou que aparentemente requiere para el ritual que menciona, pero si busca el Fuego Verdadero de Samadhi mas le valdria irse por el camino de cultivar el favor necesario para pedirle tal cosa a un tengu. Es más probable que dedicarse a estudiar con la esperanza de convertirse en un Sennin como lo llamaríamos aquí, en un Xian como le dirian en el continente."

"¿Utilizar las prácticas ascéticas del Shugendou con el fin de sobornar a un espíritu de la naturaleza?" Kiritsugu se notaba dudoso y con buena razón. Seres de aquella naturaleza inhumana, con formas de pensamiento y valores casi alienígenas podían contar con humores un tanto volátiles y mezquinos. "No me parece francamente una opción muy segura." Ya tenían un trato que los ataba a un demonio, técnicamente. ¿Intentar iniciar otro con uno que realmente pertenecía a esa especie? Bueno, aquel que cometía el mismo error dos veces se merecía el destino deplorable que se le avecinaba, aquello hubiera dicho Natalia.

"Todo depende realmente de que practica siga y como destaque en ella. Los caminos son varios y cada uno con sus obstáculos respectivos que algunos encuentran fáciles, otros difíciles y unos más de plano imposibles. No son cosas de las que pueda hablar yo, ya que el punto es que el iniciado las descubra por su cuenta... Llamar la atención de los tengu es una cosa, convencerlos es el verdadero lio, aunque puedo asegurarle que están muy lejos de ser particularmente maliciosos porque sí o al menos así es el caso con los que no son tan arcaicos." Continuó Yoshinori, antes de comentar. "Si se trata de algo ligado a la supervivencia de uno, no debería de ser tan complicado presentarles un argumento del porque lo necesitan. No es exactamente un acuerdo como el que se hace con otras apariciones en Occidente."

"¿Y cómo se realiza exactamente el contacto?" Kiritsugu seguia aun reacio y quien tuviera su percepción de lo propuesto dificilmente podria culparlo. "¿No me estará diciendo que se tiene que tomar una pequeña excursión al Lado Reverso, verdad?"

"Pffft. Hay maneras mas faciles de cometer un suicidio, Emiya-san." Yoshinori resopló tras escuchar eso mientras que con un gesto de mano, desbarataba aquella noción. "No, para nada. Es un fenómenos más... Unico."

Para las especies fantasmales, seres de naturaleza imposible para el orden lógico y más comunes en mitos y leyendas que en la realidad, existir en el mundo moderno era inaudito. La mayor parte de estas habían emigrado hacia el recóndito y misterioso mundo oculto detrás del ordinario, en la dimensión metafísica llamada por los magi como el Lado Reverso de la Tierra. Normalmente inaccesible, pero siempre inexplorable e inmisericorde para aquellos ajenos a este.

"¿Entonces? Tengo entendido que los últimos sitios que poseen grietas y forman espacios que permiten a habitantes de este colarse a aquí se encuentran o en las entrañas de la tierra, en el fondo de los océanos y también en zonas tan remotas y deshabitadas que nadie ha querido pisar jamás." Kiritsugu alzó una ceja, recordando la única ocasión en la que había contemplado algo así.

Una serie de cuevas ubicada por la rivera del Rhin y a nombre de los Einzbern, quienes mantenían una celosa guardia del sitio así como enviaban de vez en cuando un equipo completo de homúnculos para extraer ciertas cosas ahí. Incluso él había tenido sus dudas de la existencia de los dragones alguna vez, hasta que presenció el cadáver de un wyvern siendo desollado y descuartizado por partes para la elaboración de ciertos implementos a petición de Jubsteich.

"No exactamente." Yoshinori pareció componer sus pensamientos por un momento antes de proseguir. "Había mencionado anteriormente que para nosotros en el Shugendou, las montañas son de lo más sagrado al representar una barrera entre el mundo natural y el espiritual... Aquello no es una simple metáfora, ya que en ciertas fechas y con ciertos rituales por así decirlo, es posible causar que la cumbre de estas se alinee perfectamente con sus contrapartes del otro lado y permitan llamar a una 'burbuja', por así decirlo."

"Ya alcanzo a entenderlo más. Suena bastante conveniente, un lugar con los posibles beneficios del Lado Reverso y ninguno de sus peligros." Para Kiritsugu, no cabía duda de que los magi más ambiciosos y sin la tradición suficiente de la Torre del Reloj o Norteamérica sentirian como sus bocas se convertían en agua ante tal prospecto. "Pero fuera de todo eso, hay una cosa más que no me queda clara."

"¿De qué se trata?"

"¿Exactamente qué es lo que gana si accedo a que Shirou estudie Shugendou con usted?" 'Y eso sin contar si él está de acuerdo'. Como era lógico, nada que sonara tan bien podría ser la mitad de benevolente como se escuchaba en realidad.

Yoshinori respondió. "Podría decir muchas cosas. Que siento un deber noble por socorrer a una familia navegando por lo que no conocen, que tengo el suelo de seguir propagando la práctica de mi familia hasta lejos de esta o que se yo, pero la verdad es por la misma que acepte de inmediato luego de escuchar que Kuchime-kun me mencionó."

"¿Y esa es?" Si bien Kaburagi había sonado un tanto profesional y hasta paternalista, el hecho de que se tratara de un truhán hizo que Kiritsugu no confiara de pleno en él. ¿Yoshinori Tokitou? Por todo lo que había visto de él, Kiritsugu no tenía idea realmente de como poder clasificarlo.

"Lo que todos quieren, dinero." Se encogió de hombros Yoshinori. "Si haces algo bien, jamás lo ofrezcas como cortesía. Mi propio padre nunca tuvo que trabajar un solo día de su vida porque el suyo daba unos masajes del Nirvana y al parecer así fue como conoció a su esposa, ja."

Ah, era una de esas personas. Kiritsugu podía trabajar con alguien así. Y como ya había mencionado desde hace tiempo, lo que menos le preocupaba era tener dinero suficiente para sufragar costos así. Encima, Yoshinori no había terminado aún.

"El Shugendou no es como la taumaturgia única de una familia y si bien hay una que otra cosa como una técnica selectiva, sería casi imposible que pudiera aprenderla. Por lo que no hay nada de que preocuparse por ese frente."

Claro, si se trataba de eso, no era ninguna sorpresa entonces que el hombre actuara de una forma bastante relajado sobre un tema así.

"Lo único que queda sería preguntarselo a su hijo."

En ese momento, la puerta se abrió revelando a un niño que no podía ser otro que uno de los muchos hijos de Yoshinori de acuerdo con lo que había dicho casi una hora atrás... Acompañado de Shirou.

"Oye papá. Creo que tenemos a alguien interesado en aprender." Señaló Jiroubou, mientras Shirou lucía un tanto pensativo.

La sorpresa de los dos hombres fue algo casi cómico, especialmente cuando Kiritsugu soltó un suspiro. 'Por supuesto que esto termina por ocurrir.'

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Iglesia Souya - Tokyo

1:20 PM…

Cinco meses, alrededor de casi cinco meses de trabajo y los resultados de dicha investigación bien podían verse en una miserable hoja con poco menos de cuatro cuartillas de texto y una que otra fotografía adjunta a modo de evidencia. Todo aquello reunido tras un centenar de interrogaciones y otros desvíos en el camino que le habían provocado más de una jaqueca. No estaría nada sorprendido si se enterara que los que atendían la tienda de autoservicio a la vuelta de la esquina lo tenían identificado ya como el hombre que solía adquirir productos con cafeína extra al menos unas dos veces por semana.

Sumado aquello al trabajo que de por si mantenía, su rutina había consistido en un sádico malabar de sus deberes donde no se atrevía a descuidar ninguno, el primero por su sentido de trabajo mientras que el segundo porque...

"Este incidente presenta una marca en la institución que se puso a mi cargo. Eso es inaceptable para mí y más aún dada la naturaleza del siniestro. De no encontrarme atada a mis deberes actuales en Suecia, dándole caza al Apóstol Muerto del Lago iría yo misma a realizar mis investigaciones. Ordenó que esta se abra de nuevo y exijo una a fondo ejecutada por usted."

Yuugo no se hacía ilusiones sobre lo que llegaría a pasar si la abadesa tomaba las riendas del misterio una vez que regresara. No tenía ni la menor duda de que la mujer rápidamente lograría encontrar todo lo que se le escapó a él y llegar a la conclusión de la razón auténtica por la cual se había visto reacio a reabrir el caso. Siendo una capitana de los Caballeros Vestales, debería de ser lo suficientemente inflexible como para sentenciarlo a un destino muy poco deseable.

Primero fue directamente a la pista del supuesto traficante muerto en aquel lugar. El lado mundano reveló el perfil de un gangster más con toda una serie de fechorías que iban desde el transporte de mercancía robada o ilícita, hasta la extorsión a funcionarios de aduanas y otras autoridades relacionadas en conjunto con dos o tres lazos a muertes tachadas como 'misteriosas'. Como alguien que trabajaba para los medios que se encargaban de eliminar o disimular las consecuencias de elementos del mundo iluminado por la luna siendo filtradas a la realidad normal por un descuido o un incidente algo notable, Yuugo reconoció de inmediato las señales de empleo de taumaturgia.

¿Del otro lado? Era bastante conocido en el mercado del submundo por sus contactos y su muerte había tomado por sorpresa a más de uno que otro comerciante o comprador, aunque no había conseguido averiguar la reacción de la única persona que había reconocido como un contacto de la Iglesia; Ritsuka Suse.

Una mujer joven perteneciente a una de las familias del país practicantes de taumaturgia que habían servido a la Fe desde hace varios años, podría haber sido una aliada favorable de no ser por el ligero hecho de que se trataba de la oveja negra de su linaje también. Se había separado del camino eclesiastico para unirse a las filas de la Asociación de Magos en la Torre del Reloj de Londres, para colmo en el Departamento de Maldiciones mostrando claramente como aspiraba convertirse en una maestra de Brujeria.

Yuugo no quería ni imaginar la decepción que debían de sentir sus padres ante aquellas noticias, le bastaba con la suya propia. Vaya desperdicio de carrera y de vida.

Pregunto por las posesiones del predio de Kaburagi después, recibiendo múltiples respuestas. Aparentemente, un joven alquimista había jurado que compartían un lazo sanguíneo y que al menos una parte de los bienes debían de ir a parar con él pese a la falta de un testamento que pudiera aclarar la situación. Por otra parte, el traficante había estado rodeado de uno que otro acreedor que exigia una liquidación de estos con el fin de sufragar las deudas. A ellos se les unía una horda de interesados, muchos de ellos queriendo aprovechar la confusión al respecto para descender como aves de rapiña sobre el metafórico cadáver putrefacto del hombre y hacerse con lo que pudieran. Escuchó también que un prominente Clan afiliado al Buró del Onmyou había querido meter mano también.

Al final, por medio de la familia Lanfan, que habían tenido ciertas relaciones con el hombre, le comentaron que un compatriota suyo había terminado por tomar las riendas, pero no parecía que sabían nada concreto de él. Intentar averiguar por otros medios le habían traído un nombre tan ordinario que Yuugo no pudo evitar entornar los ojos ante la tan obvia fachada: Wu.

Con aquel trayecto conduciendo a ningún lado, Yuugo había puesto su mirada entonces en las víctimas. Dos eran las que tenía nombradas y con una siendo el objetivo de aquel hombre de acuerdo al testimonio que Makihisa Tohno le había comunicado de los presentes. Akira Seo de nueve años, hija menor de la familia Seo, quienes manejaban un comercio un tanto destacable de licores en Aomori... Atisbar del otro lado le había informado que se trataba también de un linaje con el raro talento de la Precognición, que al parecer se manifestaba en algo similar a un par de Ojos Místicos a veces en miembros de la familia. Una habilidad valiosa y codiciada por muchos, al parecer los Seo la consideraban mas una carga y por eso habian encomendado a sus hijas al cuidado de la Academia Reian con el fin de que la Iglesia supiera como mantenerlo reprimido a modo de permitirles una vida mas normal. Naturalmente, la Iglesia eventualmente demandará la entrega de un descendiente para servir como uno de sus agentes, así era como funcionaba la ayuda de la Fe a los desamparados de aquel tipo. Que el traficante tuviera la idea de secuestrarla por su habilidad tampoco se le hacía extraño, pero en vista a otra cosa que había descubierto mientras leía los informes era el interés de este en Ojos Místicos.

Supuestamente, había tenido una trova extensa de estos por su predio en el mercado subterráneo, aunque intentar hallar una lista de potenciales compradores interesados era una epopeya en sí. También solo para estar seguro, había echado un ojo a la segunda víctima nombrada solo para retroceder inmediatamente: Akiha Tohno de igual nueve años, la hija y heredera preciada de Makihisa y todo su consorcio. No, Yuugo prefería mantenerse lo más alejado posible del mestizo y su familia.

Al final, la hipótesis que había formulado y que estaba seguro que tenía que ser lo que habría que ofrecerle a la abadesa con el fin de calmar su indignación era el responsable de traer a semejante personaje a los confines de su preciosa academia. Kaburagi debió de haber tenido un informante entre el personal de la institución.

La abadesa tenía la costumbre de comunicarse por medio de una llamada una vez al mes con el fin de pedir avances y la última vez, él le había presentado con el tema de la familia Seo, cosa que había hecho todo menos impresionar a la abadesa. (Yuugo imaginaba una decepción bien marcada en su rostro mientras le dedicaba palabras de lo más severas por su 'incompetencia'). Se acercaba la fecha prometida de Marzo y el planeaba contarle lo nuevo con el fin de contenerla al menos.

¿Que la seguía demorando luego de cinco meses? Seguramente nuevas órdenes luego del fracaso de la cacería del Apóstol Muerto del Lago en Escandinavia. Con la excepción de las campañas en Europa del Este que servían para contener a las hordas de no-muertos que pululaban cuando alguno de los chupasangre actuaba demasiado caótico en su intento por entrar/salir del dominio extraoficial de estos, las expediciones de exterminio de un Apóstol en específico duraban como máximo tres meses, y eso solo en el caso de los llamados Ancestros con excepciones realmente notables.

Ver la caída del Duque de la Depredación. Bizancio, Mayo de 1182 D.C. Un dia de los mas negros en los anales de la historia de la Iglesia que pocos se atrevian a estudiar.

Pero sabía que no sería suficiente para la siguiente vez, lo que lo llevaba a...

"Mucho me temo que esto es un laberinto. Incluso si entrevistamos a cuatro personas al día, demorariamos meses." La suave voz del hombre de cabello plateado le devolvió a la realidad. Alzando una ceja, Yuugo le dirigió una mirada agotada antes de suspirar.

`Uno diría que al menos no estoy solo en esta miseria, pero con compañeros como este... ¿Realmente se trata de una bendición?' Pensó con toda la molestia que era capaz de demostrar en su mente mientras que por fuera, su semblante apático y usual no cambió para nada.

Karius Berlusconni, nacido en Milán y egresado de su seminario local con méritos decentes para entrar a las filas burocráticas de la Iglesia a falta de talento y crédito suficiente para internarse a las Órdenes Caballerescas o al Cuerpo de Ejecutores. Un hombre joven llamado simple, dedicado y sereno. También la viva imagen en la tierra para Yugo de que el Señor tenía un sentido del humor.

Porque mientras que el a falta de haber sido criado bajo otros valores y lejos de sus raíces japonesas no podía encontrarle la apreciación a la cultura de su país, Karius por otro lado...

"¿Estás seguro que no quieres comer, Yuugo?" Le preguntó su compañero mientras ágilmente sostenia los palillos y llevaba uno de los rollos de arroz y pescado envueltos en un alga lamosa a su boca, claramente disfrutando la comida. El castaño por su parte negó con la cabeza mientras intentaba concentrarse en el siguiente informe.

Karius parecía tener una curiosidad que rayaba ya en lo excéntrico por la cultura japonesa, misma que había aumentado desde que había dado arribó a Tokyo un año atrás. Yuugou podría entenderlo si se trataba de algo como la comida o los paisajes... ¿Pero el teatro, la ropa y las tradiciones? Parecía una mala broma a veces.

Su compañero no tenía ni la menor idea de en que se había metido, lo que le había dicho era en cierto modo la verdad: La abadesa Riesbyfe había ordenado que el caso se mantuviera abierto debido a un conflicto de intereses. Pero la tarea para dos hombres era de lo más titánica, pero afortunadamente Karius parecía haber tenido una posible idea que Yugo hubiera querido denegar por el riesgo pero sus manos estaban atadas ante una posible sospecha. Enlistar la ayuda de algún miembro de la Iglesia apostado en Japón cuyos deberes no se vieran tan importunados. Aunque dicho número era escaso y apenas llevaban un par de días discutiendo sobre los perfiles que tenían disponibles, cada uno siendo una oportunidad más distante que el otro. Muy para su humor reconoció entre los primeros a las dos hijas de la familia Suse con la mayor siendo por obvias razones un rotundo no mientras que la menor oficiaba en alguna parte de China en una peregrinación que dudaba mucho que pudieran interrumpir. Otro nombre que apareció fue un tal llamado Eiri Fumizuka que había sido celebrado en la Asamblea del Octavo Sacramento y la ultima vez que se había agregado datos suyos al informe, estos mencionaban que las autoridades a cargo de Misaki le declaraban persona non-grata y que llevaba un tiempo examinando una serie de posibles reliquias de la fe encontradas en Shimousa, por último...

"Risei Kotomine. También de la Asamblea, pero apostado en Fuyuki desde 1934." Comentó Karius, entornando los ojos mientras intentaba recordar algo. "Me parece que lo vi en Turín hace unos seis o siete años."

"Y lleva la mitad de eso muerto." Resoplo Yuugo, habiendo reconocido el nombre. "En buena hora decidieron nominarlo como el supervisor de la Iglesia en ese ritual más profano que nada donde aparentemente usan una copia falsa de la copa del Señor para invocar los espíritus de los héroes de leyenda con el fin de pelear. Que sobreviviera una vez fue un milagro. ¿Dos veces?" El castaño meneo la cabeza.

"Aquí dice que su hermano se encuentra en una de las misiones en Iraq y tiene relaciones bastante cordiales con el Baluarte, huh." Karius leyó el nombre con un poco de dificultad. "¿Shiro? Parece."

"El punto es que sea alguien que se encuentre aquí en estos momentos." Le recordó Yuugo, a punto de tomar otra carpeta.

"Y creo que ya lo encontré." Karius no había terminado. "Su hijo, Kirei Kotomine está a cargo de la misma iglesia en Fuyuki desde 1994 y su único deber adicional es servir como tutor de la heredera de los Tohsaka."

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Residencia Tokitou - Azumi no Kakurezato

2:00 PM…

"¿Entonces, te interesa convertirte en un Shugenja para poder cumplir con tu objetivo?" Pregunto Yoshinori, un tanto sorprendido de que después de la conversación que había tenido con el padre del niño que había revisado no hace tanto, este se acercara en compañía de su hijo más joven para preguntar por la posibilidad de formar parte de lo mismo que él le había sugerido a su padre. Una ojeada rápida al hombre confirmó que él también lucía bajo los efectos de la sorpresa, aunque pudo notar una especie de toque de resignación en sus ojos apenas perceptible. Tal curioso gesto le hizo preguntarse exactamente qué vivencias habían experimentado padre e hijo juntos.

Fuego Verdadero de Samadhi. Llamas tan calientes que el agua era incapaz de apagarlas y que bien podrían brillar por toda la eternidad si el que las había llegado a conjurar así lo decidía. Normalmente la propiedad de seres más allá del alcance de la humanidad y aun así, se trataba de un privilegio un tanto raro de llegar a utilizar, si es que a observar en sus vidas. Él mismo y algunos de sus hijos mayores eran capaces de utilizar el elemento fuego por medio de interferencia familiar de una manera un tanto más potente, pero compararlo con el especial sería como competir una hoguera contra un incendio forestal.

La forma en la que había hablado Kiritsugu Emiya así como el hecho de que cada cierto tiempo bebía de un vial que llevaba consigo, en conjunto con la aspiración del niño a obtener lo anterior como pudiera... Las semillas de la sospecha habían sido plantadas en Yoshinori, quien era un hombre curioso por naturaleza. Por un lado, no tenía ningún inconveniente en instruirlo en las artes del camino, encima viendo que sacaría algo de dinero a cambio. ¿Quién podría decirle que no a eso? Si llegaba a descubrir la razón, bueno aquello haría más interesantes las cosas.

"Si, señor." Respondió Shirou asintiendo de forma respetuosa mientras no podía evitar ocultar su entusiasmo. "Si me lo permite, por supuesto." Se apresuró a añadir con algo de nerviosismo en su tono.

'Es educado.' Señalo Yoshinori en su cabeza. La verdad es que solo debía de aceptarlo y darlo todo por concluido mientras discutía los detalles siguientes, pero tan solo para mantener las apariencias lo alargo un poco más. "No se trata de algo que hayas experimentado antes. He de decirte que el camino del Shugendou está lleno de obstáculos, y con muchos que la fuerza bruta no es suficiente para sortear. Vas a llegar a sentirte muy frustrado a veces y conforme aumenta la dificultad, estoy seguro de que pensarás en que te arrepientes. Por eso lo pregunto de nuevo. ¿Estarás bien con eso?"

Esta vez no hubo palabras, Shirou se limitó a asentir mientras que sus ojos casi emitían un brillo determinado. El color de aquellos orbes hizo que Yoshinori se quedará en pausa por algunos segundos, casi perdiéndose en ellos.

'Ojos color ámbar'. ¿Dónde había leído algo de ellos?' Pensó por un momento antes de rendirse. "Muy bien." Finalmente respondió antes de dirigirse a su hijo. "¿Jiroubou?"

"Bueno, padre. Tiene ya una buena forma y encima logró derribar a Karasu a pesar de ser su primera vez. ¿Eso tiene que contar para algo, no?" Fue lo que dijo Jirobou mientras se encogía de brazos. "Estaba a punto de hacerlo yo, pero me falló el salto y tuve que quedarme sujeto de sus tobillos, jaja."

Yoshinori no pudo evitar conjurar una imagen de lo que debió de haber sucedido en su mente, y no tardó en acompañar a su hijo en la leve risa. "Ah, Karasu. Chiasa olvido guardarlo en la bodega antes de irse de viaje a Izumo, debí de haberlo hecho yo ahora que lo pienso."

Todas las marionetas de espantapájaros utilizadas de vez en cuando en entrenamientos ligeros habían sido creadas por un amigo que vivía en el enclave y se dedicaba a la elaboración de artilugios así, tanto mundanos como esotericos. Pero entre ellas, Karasu había sido como una especie de broma que le jugaba de vez en cuando a quienes estaban en medio de realizar su rutina. Aunque al parecer requeria de cierto mantenimiento desde hace meses...

"Bueno, Emiya-san. Parece que tu hijo es lo suficientemente capaz como para encargarse bien de un obstáculo que a menudo le tomó a varios de mis hijos unos dos o tres intentos por superar." Y se había asegurado de captarlos a todos en video, los cuales se encargaba de mirar a solas en su reproductor para reirse un rato con sus caídas. Jiroubou en particular había terminado por aterrizar justo en medio del estanque artificial, espantando de muerte a las pobres carpas que habían estado nadando apaciblemente.

Kiritsugu asintió, sin embargo su cabeza estaba en otro lado. La extraña coincidencia aparte, el hecho de que Shirou fuera convencido tan rápidamente le preocupaba, pues con eso confirmaba que se estaba formando un patrón del cual no estaba muy seguro al respecto. Desde hace ya más de medio año había notado como su hijo adoptivo tendía a elegir la opción que representaba la única posibilidad disponible... Sin conocer los riesgos que esta tenía. Lo que había hecho con Makihisa había creído ser una excepción nacida de desesperación pura. ¿Esto? Era casi como la secuela.

"¿Estas completamente seguro de esto?" Le preguntó, sintiéndose como un disco rayado en la misma caja que Yoshinori Tokitou, y encima creyendo saber ya la respuesta.

"Lo estoy." Tal y como lo temía. Kiritsugu tendría ahora que tener otra platica a fondo con el luego de esto... Aunque viendo lo que había mencionado Yoshinori, los pasos que se conducían no eran necesariamente un contrato faustiano con esos seres, sino literalmente una serie de ofrendas con cierta recompensa adecuada. Oh. ¿A quién quería engañar? Shirou terminaría por recibir ese sermón.

"Entonces. ¿Cuándo y cómo empezaría esto?" Finalmente preguntó el pelirrojo, sintiéndose de lo más determinado por no dejar que sus esfuerzos se volvieran agua.

Yoshinori y su hijo compartieron una mirada que a Kiritsugu no le gustó.


A/N: Este Arco, siempre estuvo planeado de esta forma. Ya que estamos por los siguientes dos arcos y medio atrapados en el infierno llamado Japón sin poder conocer el resto del mundo, toca explorar todo lo que se pueda de este. En este caso, las comunidades más rurales del submundo mágico japones conformadas por los yamabushi y otros. Hola Jiroubou, fuiste un personaje bastante divertido en Case Files, pero se olvidaron de ti rapidísimo. Disfruta tu estadía junto con tu padre a quien Sanda no se digno a ponerle nombre, cue me toco a mi hacerlo.

Shirou, como siempre. No tiene idea en que se está metiendo, es muy temprano para poder comentar del camino que está tomando. Solo puedo decir que finalmente después de casi tres arcos de desarrollo, esta historia puede pasar más a la acción seguida.

Por último. ¿Creyeron de verdad que me había olvidado de Kotomine, visto por última vez hurgando por Fuyuki? Nope, para nada. Los pobres Emiya y él no tienen idea de lo que viene.

Esto fue todo por el capítulo de hoy, espero que les haya gustado. Nos vemos en el siguiente.

A Shirou le va a tocar jugar algo que no le va a gustar mucho o.o

Melqart (20/12/22).